The New Life Mission

Sermones

Tema 24: SERMONES PARA LOS QUE SE HAN CONVERTIDO EN NUESTROS COLABORADORES

[24-61] < Génesis 27:1-29 > Todas las bendiciones que se nos han dado también vienen de nuestro Seño

< Génesis 27:1-29 >
“Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí. Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza; y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera. Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer. Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera. Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte. Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño. Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y vé y tráemelos. Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba. Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos; y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo. Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas. Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí. E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: 
Mira, el olor de mi hijo, 
Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 
Dios, pues, te dé del rocío del cielo, 
Y de las grosuras de la tierra, 
Y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, 
Y naciones se inclinen a ti; 
Sé señor de tus hermanos, 
Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. 
Malditos los que te maldijeren, 
Y benditos los que te bendijeren.”
 
 
El pasaje de las Escrituras de hoy que hemos leído juntos describe cómo Jacob escuchó el consejo de su madre, se disfrazó con pieles de cabra y se acercó a su padre para que le bendijese en el nombre de su hermano. Cuando algunas personas leen este pasaje, creen que es raro que Isaac bendijese a Isaac y maldijese a Esaú, diciendo que Jacob era un mentiroso sin escrúpulos. A sus ojos, la gente como Jacob es mentirosa, mientras que la gente como Esaú es honesta.
Sin embargo, la intención de Dios en este pasaje es revelar Su providencia profunda y escondida. En otras palabras, Dios nos está diciendo Su Verdad profunda escondida en este pasaje. El pasaje de las Escrituras de hoy nos enseña que las bendiciones terrenales y celestiales solo vienen de nuestro Señor.
Mientras bendecía a Jacob, Isaac olió la ropa de su hijo y dijo: “El olor de mi hijo es como el olor de un campo que Jehová Dios ha bendecido”. ¿De quién reciben los santos la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu? ¿De quién viene la fertilidad bendita de la tierra y el Cielo? Se recibe a través de Jesucristo, quien nos ha salvado para siempre para siempre a través de Su justicia.
Está escrito en la Palabra de Dios:
“Mira, el olor de mi hijo, 
Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 
Dios, pues, te dé del rocío del cielo, 
Y de las grosuras de la tierra, 
Y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos,
Y naciones se inclinen a ti; 
Sé señor de tus hermanos, 
Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. 
Malditos los que te maldijeren, 
Y benditos los que te bendijeren” (Génesis 27:27-29)
Esto significa que al darnos q conocer la justicia de Dios, nuestro Señor está dándonos todas las bendiciones de la salvación y la tierra. La bendición de la salvación fue traída a este mundo por Jesucristo, y Dios nos ha hecho predicarla por todo el mundo.
Entonces, ¿a través de quién vienen nuestras bendiciones? Han venido a través de la justicia de Jesucristo, nuestro Señor, de la misma manera en que Jacob las recibió por el olor de la ropa del primogénito de Isaac, que implica la justicia de Jesucristo, el primogénito de Dios Padre.
Sin embargo, la mayoría de los cristianos están erróneamente intentando recibir bendiciones de Dios haciendo cosas carnales. Esto es lo mismo que Esaú hizo al intentar ser bendecido saliendo al campo para cazar, cocinar un plato sabroso y ofrecérselo a su padre. Esaú era el primogénito de Isaac. Esto significa que, como primogénito, tenía el privilegio de recibir todas sus bendiciones, más que sus hermanos. Como era costumbre en la antigüedad en Corea, en el antiguo Israel, el primogénito solía heredar la mayor parte de la propiedad por el derecho del primogénito, mientras que otros hermanos casi no recibían herencia. Esto se debe a que el primogénito tenía que suceder a su padre. Así que, según una costumbre israelí, Esaú, el primogénito, tenía el derecho de heredar la riqueza y las bendiciones de Isaac.
Pero, a pesar de esta convención en el mundo, ¿qué dice el pasaje de las Escrituras de hoy? ¿No ocurrió lo contrario? Está escrito que las bendiciones de Isaac no fueron a Esaú, el primogénito, sino a Jacob, el segundo hijo.
 
 
¿A quién otorga Dios Sus bendiciones espirituales?
 
Mis queridos hermanos, deben recordar que en la fe cristiana las bendiciones de Dios que vienen de arriba no son otorgadas a los que intentan conseguirlas por su cuenta, sino que son otorgadas a los que creen en la justicia de Dios. Podemos conseguir la mayoría de las cosas del mundo a través de nuestros esfuerzos carnales. Sin embargo, debemos darnos cuenta de que todas estas bendiciones espirituales del Cielo solo pueden conseguirse una vez cuando son salvados correctamente, y deben darse cuenta de que hay otras bendiciones que se reciben solo si creen en la justicia del Señor y viven por fe. En el pasaje de las Escrituras de hoy, Jacob se acercó a su padre disfrazado de su hermano Esaú con pieles de cabra, y fue bendecido en nombre de su hermano mayor. Esto implica que podemos ser bendecidos cuando hemos recibido la remisión de los pecados al creer en la justicia del Hijo primogénito Jesucristo y confiar en Su Nombre.
Todas las bendiciones que hemos recibido vienen de nuestro Señor. El Señor nos ha dado a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu bendiciones como rocío del Cielo y las bendiciones de la fertilidad de la tierra. “El olor de un campo que el Señor ha bendecido” se refiere a la fragancia de los nacidos de nuevo que poseen el Evangelio del agua y el Espíritu. La Biblia testifica que los santos de Cristo también tienen Su fragancia (2 Corintios 2:14-15).
Nuestro Señor es el que nos ha dado a conocer la justicia de Dios al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu para que seamos bendecidos. Como Jesús es el Hijo de Dios y el Dios Todopoderoso, es quien nos hace estar exaltados sobre las demás criaturas con el Evangelio del agua y el Espíritu, quien nos bendice en todo lo que hacemos y nos da todas las bendiciones de la tierra también. El Señor es quien ha convertido nuestras vidas en vidas benditas con el Evangelio del agua y el Espíritu. En realidad, nuestro Señor nos ha permitido que tengamos todas estas bendiciones en la justicia de Dios. La justicia de Dios en sí es el instrumento que ha borrado todos nuestros pecados. Al haberse convertido en nuestro Buen Pastor, Jesucristo nos está llevando por el buen camino. De hecho, gracias a nuestro Señor, todas las bendiciones espirituales han venido a nosotros. No hay nada celestial que hayamos conseguido a través de nuestros esfuerzos.
Debemos leer el pasaje de las Escrituras: Aunque Esaú, el primogénito de Isaac, intentó recibir las bendiciones de su padre a través de sus esfuerzos carnales y devoción, fracaso y acabó siendo excluido de todas las bendiciones de su padre. En contraste, Jacob recibió todas estas bendiciones, no a través de sus esfuerzos carnales, sino al obedecer a su madre.
Si es así, ¿a través de quién pueden los seres humanos recibir todas estas bendiciones? A través de la justicia de Jesucristo, quien nos ha salvado del pecado, podemos recibir todas las bendiciones espirituales del Cielo. ¿Cómo podemos recibir todas las bendiciones de Dios? Solo podemos recibirlas a través de la justicia de nuestro Señor y por la fe y disfrutar de las bendiciones celestiales ofrecidas por Dios. En otras palabras, por la justicia del Señor y por la fe de podemos recibir todas las bendiciones espirituales del Cielo de Dios padre y de la gordura de la tierra.
 
 
Las bendiciones no se consiguen a través de nuestros esfuerzos, sino que el Señor nos las da
 
Debemos darnos cuenta claramente de que todas las bendiciones de Dios se reciben solamente a través de la justicia de Jesucristo. La mayoría de las personas de este mundo están intentando conseguir las bendiciones a través de sus esfuerzos haciendo algo por su cuenta, aunque se hayan separado de la justicia del Señor. Esto es una confusión total. La realidad es que esto es lo que muchas personas están intentando hacer hoy.
Pero piensen profundamente en esto durante un momento. Cuando nos examinamos detenidamente podemos ver que lo hemos recibido todo solo a través de la justicia de Dios. Si examinamos si hay o no una sola bendición en nuestras vidas que hayamos recibido por nuestros esfuerzos, nos daremos cuenta fácilmente de que no hay ninguna bendición así. Hemos recibido la bendición de la remisión de los pecados de Dios al creer en Su justicia, pero ¿es esto algo que hayamos conseguido por nuestros propios esfuerzos? No, no es así. No estamos sin pecados por nuestros propios esfuerzos. Y los pecados tampoco fueron eliminados por nuestros propios esfuerzos. El que nos hayamos convertido en hijos de Dios en este mundo, el que hayamos sido bendecidos y protegidos por Dios y el que estemos viviendo en este mundo con buena salud y prosperidad, no es por nuestros propios esfuerzos. ¿No es esto cierto?
Por mucho dinero que hayan acumulado con su trabajo duro, toda esta fortuna puede desaparecer en un momento como le pasó a Job. Por mucho dinero que hayan ahorrado hasta ahora, si enferman, no tendrán más remedio que gastarse todo su dinero en médicos. En otras palabras, por mucho dinero que hayan ganado con su trabajo duro, pueden quedarse sin nada de repente si algo va mal.
Mis queridos hermanos, gracias a la justicia de nuestro Señor hemos podido vivir una vida así, disfrutar de la riqueza, servir a la justicia del Señor y prosperar en cuerpo y espíritu. También gracias a la gracia de nuestro Señor hemos sido bendecidos con la gordura de la tierra. Todo lo que se consigue viviendo en este mundo, y la razón por la que estamos llevando a cabo nuestros ministerios a pesar de las dificultades es gracias a que el Señor nos está ayudando con sus bendiciones en nuestras vidas diarias. ¿Creen en esto?
Dios nos ha bendecido a Sus santos. Estas bendiciones son el olor del campo bendito de Dios Jehová. Nuestro Señor ha bendecido todo lo que hacemos. Ha bendecido todas las cosas, las cosas celestiales y las terrenales. Por tanto, no estamos viviendo por nuestros propios esfuerzos. Estamos llevando a cabo nuestras vidas así porque Dios nos ha bendecido, porque nos ha dado las bendiciones ricas del Cielo y las de la gordura de la tierra. Todos debemos entender esto correctamente.
¿Qué significa cuando digo que Dios nos ha bendecido? Significa que Dios nos ha hecho prosperar. La Biblia dice que cuando un grano de trigo cae el suelo y muere, dará muchos frutos. Esta es la bendición de Dios de la fertilidad de la tierra. Debemos asumir aquí que hemos plantado una semilla. ¿Cómo de impacientes nos sentiríamos si solo nos diese un fruto esta planta? La Biblia nos dice que si plantamos una semilla, no solo dará un fruto, sino múltiples frutos. Aunque sigamos recolectando y comiendo esos frutos, podremos seguir recogiendo frutos abundantes, ya que las flores vuelven a florecer y salen frutos nuevos sin cesar. Estas son las bendiciones que el Señor nos ha dado. En otras palabras, aunque nuestro trabajo no parezca mucha cosa, Dios seguirá haciendo que Sus bendiciones aumenten y abunden en nosotros.
 
 
Las bendiciones de nuestro Señor son mucho mayores que nuestro trabajo
 
Hay demasiadas personas en este mundo que no saben cuántas bendiciones Dios les ha dado. Aunque los seres humanos estemos viviendo en este mundo gracias a las bendiciones del Señor e iremos al Cielo por Sus bendiciones, muy pocas personas saben que estamos viviendo por la justicia bendita de Dios ofrecida por el Señor. En realidad, nuestro Dios nos ha bendecido con la riqueza del Cielo y la gordura de la tierra. Y estamos viviendo en estas bendiciones. ¿Estamos viviendo nuestras vidas por nuestras fuerzas carnales? No, por supuesto que no. Aunque es cierto que estamos intentando vivir una vida merecedora, esto se debe a que Dios nos ha bendecido sin tener en cuenta nuestros esfuerzos.
Los logros del hombre son escasos. No pueden lograr muchas cosas en un día aunque trabajen todo el día. Si Dios nos dijese: “Tomad tanto como hayáis trabajado” no habría mucho que tomar. De hecho, el que vivamos con prosperidad nuestras vidas, que nuestras almas hayan recibido la remisión de los pecados y que nos hayamos convertido en hijos de Dios y vivamos con gozo y paz, es toda una bendición de Dios. Nuestro Señor nos ha dado estas bendiciones a los que creemos en la justicia de Dios. Pero, a pesar de esto, hay muchas personas en este mundo que no se da cuenta de que estas bendiciones son las bendiciones de Dios.
En el pasaje de las Escrituras de hoy, Isaac bendijo a Jacob y estas bendiciones no son ordinarias. Dijo: “El olor de mi hijo es como el olor de un campo bendecido por el Señor”. ¿Qué significa esto? Esto significa que el Señor Dios contestará todos los deseos sinceros de Sus hijos e hijas, todo lo que nosotros queramos. Esto es cierto. Cuando los santos ponen su mente en el Señor, Él protegerá nuestros corazones, nos guiará y nos bendecirá para darnos los deseos de nuestros corazones. En otras palabras, el Señor es quien bendice nuestras almas y nuestras vidas diarias en este mundo. Estas bendiciones maravillosas no las recibe cualquiera. Estas bendiciones se reciben y se disfrutan solo cuando se ha recibido la remisión de los pecados del Señor en el corazón. Dicho de otra manera, solo los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en la justicia de nuestro Señor pueden recibir Sus bendiciones. Por tanto, si buscamos a Jehová Dios tranquilamente, contamos las bendiciones que Dios nos ha dado, pedimos cosas al Señor y le oramos sin cesar, Él nos dará lo que le pidamos.
 
 
La diferencia entre los que han sido salvados de sus pecados y los que no
 
Cuando examinamos las vidas de Esaú y Jacob como aparecen en los pasajes de las Escrituras, podemos decir que Esaú es el representante de los que no han sido salvados, mientras que Jacob es el representante de los que han sido salvado de los pecados. Jacob fue bendecido por Dios allá donde fue. Por el contrario, Esaú vivió su vida confiando siempre en el poder de su propia espada. Las circunstancias de Esaú eran tales que si no vencía a sus enemigos por su cuenta, tenía que morir y por eso, durante toda su vida, Esaú intentó defenderse a sí mismo, pero acabó muriendo. Incluso ahora, las personas como Esaú todavía están confiando en las fuerzas de su carne para vivir.
Así, debemos entender la justicia de Dios en primer lugar. Y debemos creer en esto. La justicia de Dios se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu. Podemos ver claramente lo grande que es la diferencia entre los que conocen a Dios y han sido salvados de los pecados y los que no han sido salvados. Hablando espiritualmente, quien no conoce la justicia de Dios y no ha sido salvado del pecado, es como la paja que se va volando con el viento, por muchos méritos que tenga esa persona. Aunque los seres humanos alardeas de sus méritos carnales, no son nada. ¿Cómo puede alguien vivir solo confiando en sus fuerzas carnales cuando el Señor no le ha dado la bendición de la remisión de los pecados? Miren a la gente de este mundo que se considera rica. En vez de ser rica, vemos que todos los días están luchando por sobrevivir.
Pero, ¿qué hay de los que han recibido la remisión de los pecados en sus corazones al creer en la justicia de Dios? Aunque parezca que no son nadie por fuera, están viviendo en este mundo en gozo como si todos los días fueran un banquete. Así es la diferencia entre el campo del corazón que ha sido bendecido por Jehová y el campo del corazón que el Señor Dios no ha bendecido. Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu somos campos de Dios bendecidos.
Vemos que la gente con estudios en este mundo, a pesar de tener varias licenciaturas, no tiene gozo en sus corazones, y por eso intenta encontrar gozo al hacer buenas obras. Intenta encontrar gozo al ayudar a los demás, pero esto es lo mismo que un hombre que pasa por una sequía intentando encontrar agua fría para calmar su sed temporalmente. ¿Qué le pasa a esta gente al final? Aunque pase por muchas fuentes, no puede encontrar ninguna buena y cuando se encuentra con un charco de agua tiene que beber de él para calmar su sed un momento. De hecho, los que no han encontrado la justicia de Dios, no tienen justicia en sus corazones. Aunque hagan buenas obras e intenten ser buenos para tener paz en sus conciencias, tienen sed todos los días, porque no tienen gozo verdadero.
¿Qué hay de ustedes, los nacidos de nuevo? Cuando pensamos en la justicia de Dios que el Señor nos ha dado, tenemos gozo y alabanzas automáticamente. Cuando pensamos en estas bendiciones de la justicia de Dios, es decir, cuando pensamos en cómo Dios ha eliminado todos nuestros pecados y nos ha salvado, estamos llenos de gozo, aunque no tengamos nada más. Estamos llenos de gozo cuando pensamos en entrar en el Reino del Señor. Cuando se nos recuerda el hecho de que no tenemos pecados e iremos al Reino del Señor, estamos llenos de gozo una vez más. Por tanto, debemos darnos cuenta de cuántas bendiciones nos ha dado el Señor y debemos disfrutarlas completamente en nuestras vidas.
Sé muy bien que soy un hombre muy bendecido. Le doy gracias a Dios por esto. Las bendiciones que Isaac le dio a Jacob me han llegado a mí hoy, y a todos nuestros santos. Que Dios haya eliminado todos nuestros pecados es suficiente para estar infinitamente agradecidos, pero también nos ha bendecido con la gordura de la tierra. ¿Cómo de maravilloso es esto? ¿Qué maravilloso es que Dios no solo nos haya salvado de los pecados cuando estábamos destinados a ir al infierno, pero además nos haya bendecido en cuerpo para que vivamos bien en este mundo? ¿Se dan cuenta de lo maravillosas que son nuestras bendiciones? A través de nuestros esfuerzos no podemos conseguir nada, pero gracias a la justicia del Señor hemos sido salvados. Cuando pensamos en esta bendición de la salvación, no podemos evitar dar gracias al Señor. Y estamos obligados a dar gracias.
 
 
Deben darse cuenta de que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu son personas benditas
 
Recuerden esto. Incluso los nacidos de nuevo pueden ir por el mal camino cuando se dan cuenta de que no han sido bendecidos abundantemente por Dios. Hablando espiritualmente, todos somos Jacobs. El Dios Todopoderoso perdió contra Jacob en una lucha y le bendijo. Jacob luchó contra Dios y ganó. Cuando Jacob oró: “Protégeme en este mundo, guárdame y bendíceme” un ángel se le apareció a Jacob y luchó con él. Sin embargo, mientras luchaban, se hizo de día y el ángel quiso irse. Pero Jacob se negó a dejar ir al ángel diciendo: “No puedo dejar que te vayas sin bendecirme”. Así que Dios le dijo a Jacob: “He perdido y tú has ganado. De ahora en adelante tu nombre será Israel. Y te daré todo lo que quieras”.
Mis queridos hermanos, ¿creen que Dios Todopoderoso perdió contra Jacob porque no era lo suficientemente fuerte? No, por supuesto que no. Esto nos está enseñando que Dios quiere darnos las bendiciones a los nacidos de nuevo en Su justicia. De hecho, el que hayamos sido bendecidos por Dios no se debe a que tengamos ninguna cualificación especial. Jacob recibió las bendiciones del Cielo y las bendiciones de la fertilidad de la tierra porque había escuchado el consejo de su madre. De la misma manera, es por nuestra fe en la justicia de Jesucristo que hemos recibido las bendiciones que nos permiten acercarnos a Dios. Como personas que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos vivir dándonos cuenta de que somos los que hemos recibido la salvación de Dios. No hay nada más penoso que vivir sin darnos cuenta de esto.
Cuando se dan cuenta de que son personas bendecidas por Dios, podrán orarle al poner su fe en Su justicia, y por esta fe vivirán una vida bendita. Si, por el contrario, no se dan cuenta de que son personas benditas, al final no tendrán más remedio que vivir una vida maldita. Así que, mis queridos hermanos, todos debemos vivir con valor, dándonos cuenta de que hemos recibido las bendiciones de la salvación de Dios. Entonces, Dios cumplirá todo lo que queramos y cumplirá todos nuestros deseos. Es absolutamente imperativo que nos demos cuenta de quiénes somos a los ojos de Dios. Debemos vivir por fe, creyendo que nuestro Señor nos ha dado todas Sus bendiciones con Su justicia. Esto no significa que debamos dejar de esforzarnos. Significa que las bendiciones de Dios serán otorgadas encima de nuestros esfuerzos. Si las bendiciones del Señor no se reciben además de nuestros esfuerzos, ¿cómo vamos a ser bendecidos en nuestras vidas? En nuestras vidas podemos vivir en prosperidad solo si recibimos las bendiciones de Dios.
Dios ha bendecido a todos los que creen en la justicia de Jesucristo y han dedicado todas sus vidas a predicar el Evangelio de la justicia. Los ha levantado para que sean los líderes en sus familias. Dios les ha dado estas bendiciones. Cuando una persona cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibe la remisión de los pecados ante toda su familia, se convertirá en una persona de influencia en esa familia. Todo tendrá lugar de la misma manera en que Jacob se convirtió en cabeza de su casa.
En mi familia, mis parientes solían decir que era la oveja negra. Sin embargo, nuestro Señor me ha puesto a la cabeza de mi familia. Nadie me puede decir nada. Todos mis conocidos también dicen que soy un hombre bendecido por Dios. De esta manera, el Señor nos ha exaltado entre todo el mundo. Nos ha bendecido completamente. Todas las bendiciones que hemos recibido son del Señor.
¿Cómo de trágico sería si hubiese algunas almas que estuviesen sufriendo en vez de aferrarse a estas bendiciones? Mis queridos hermanos, los creyentes creen en la justicia de Dios y Sus bendiciones. Caminen por fe, confíen en que Dios les ha dado todas las bendiciones. Aunque seamos insuficientes y débiles, Dios nos ha dado todas Sus bendiciones a través del Señor. Así que les pido que vivan por fe en la justicia de Dios y no confiando en sus propias obras carnales. Les pido que vivan por fe en todos los aspectos de sus vidas. Entonces el Señor les llenará con todas Sus bendiciones. Sin embargo, si no tienen fe en la justicia de Dios y Su Iglesia, no podrán disfrutas de estas bendiciones. Nuestro Señor ya nos ha bendecido y estas bendiciones siguen descendiendo sobre nosotros hasta este momento. Así, debemos esperar las bendiciones del Señor con paciencia, confiando en Él y siguiéndole por fe. Quiero decir que debemos tener esperanza en nuestros corazones, caminar por fe confiando en la justicia de Dios y siguiendo al Señor.
Debemos vivir por fe. La fe es indispensable para todos los aspectos de la vida; ya estemos trabajando, estudiando, trabajando en nuestras empresas o sirviendo al Señor, debemos tener fe. En otras palabras, debemos vivir por la fe en que el Señor nos ha dado todas Sus bendiciones.
Jacob, en el pasaje de las Escrituras de hoy, somos nosotros. Esaú, por otro lado, se refiere a alguien que intenta ser bendecido por sus propios esfuerzos en vez de aceptar la salvación de Dios. Aunque Jacob no tenía ninguna cualificación, recibió las bendiciones de su padre, todo porque escuchó a su madre. Este Jacob somos nosotros, los que recibimos la remisión de los pecados en nuestros corazones al creer en la Verdad del Evangelio del Señor. Debemos creer en todas estas cosas en nuestras vidas. Debemos vivir por fe solo.
 
 
Lo que necesitamos en nuestras vidas es la Iglesia de Dios y la fe que cree en la justicia de Dios
 
La fe es todo lo que necesitamos en nuestras vidas. No se queden de brazos cruzados. Lo que tienen que hacer es creer en confesar en sus vidas diarias que el Señor ya les ha bendecido. Y al hacer esto, deben disfrutar de todas estas bendiciones, darle gloria a Dios y orarle en sus vidas.
Precisamente por esta razón la Iglesia de Dios es absolutamente indispensable para nosotros. Si una persona nacida de nuevo no tiene la Iglesia de Dios, esta persona no puede recibir todas las bendiciones de Dios ni disfrutarlas. La Iglesia de Dios es absolutamente esencial para todos los que creemos en la justicia de Dios. Esto se debe a que todos los santos pueden recibir todas las bendiciones de Dios solo a través de la Iglesia de Dios.
Echen un vistazo más al pasaje de las Escrituras de hoy. Jacob no pudo haber recibido estas bendiciones si su madre no se lo hubiese guiado. Hablando espiritualmente, la madre de Jacob, Rebeca, se refiere a la Iglesia de Dios. Esto nos demuestra lo importante que es la Iglesia de Dios para los santos y lo indispensable que es la Iglesia para ellos. Aunque han sido salvados de todos sus pecados, no pueden recibir todas las bendiciones de Dios por su cuenta. Solo a través de la Iglesia de Dios pueden recibir las bendiciones de Dios.
Hemos sido salvados del pecado claramente a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Digamos que después de nacer de nuevo no pueden vivir su fe. En estas circunstancias, ¿podríamos vivir nuestras vidas creyendo que Dios nos ha bendecido o acabaríamos confiando en nuestras propias fuerzas y sabiduría carnal? Si un santo no vive en la Iglesia de Dios, intentará vivir por su cuenta confiando en las fuerzas de su carne. Este santo llevará una vida corrupta intentando sobrevivir en este mundo tan duro.
Por tanto, todos los santos nacidos de nuevo deben vivir en la Iglesia de Dios. Solo cuando se dan cuenta de esta sabiduría de Dios a través de la Iglesia y cuando viven en este mundo con esta sabiduría, pueden vivir una vida justa, recta y próspera.
Nosotros hemos recibido estas bendiciones de Dios completamente. Les pido que crean en esto mientras viven sus vidas. No se preocupen si su carne es insuficiente. Tengan fe en que Dios escuchando Su Palabra y viviendo a la Iglesia de Dios, escuchando Su Palabra y dejando que los líderes de su Iglesia les guíen. Si hay algo que desean en sus corazones, oren a Dios. Entonces contestará todas sus peticiones. Sean cuales sean sus circunstancias, el Señor también les da Su protección. Si el Señor no les hubiese protegido y bendecido, estarían en situaciones diferentes ahora. Todo se cumple solo si el Señor les bendice.
Nuestro Dios nos ha bendecido para siempre. Lo ha cumplido todo en el Señor. Dios nos ha dado todas Sus bendiciones a todos y cada uno de nosotros.
Le doy gracias a Dios.