The New Life Mission

Sermones

Tema 24: SERMONES PARA LOS QUE SE HAN CONVERTIDO EN NUESTROS COLABORADORES

[24-63] < Génesis 27:1-29 > Dios bendice a la gente como Jacob

< Génesis 27:1-29 >
“Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí. Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte. Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza; y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera. Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer. Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera. Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte. Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño. Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y vé y tráemelos. Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba. Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos; y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo. Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas. Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí. E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: 
Mira, el olor de mi hijo, 
Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; 
Dios, pues, te dé del rocío del cielo, 
Y de las grosuras de la tierra, 
Y abundancia de trigo y de mosto. 
Sírvante pueblos, 
Y naciones se inclinen a ti; 
Sé señor de tus hermanos, 
Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. 
Malditos los que te maldijeren, 
Y benditos los que te bendijeren.”
 
 
La Biblia está escrita para enseñarnos acerca de la remisión de los pecados. Esto es absolutamente importante para todos los seres humanos. Por eso la Biblia nos enseña a todos los seres humanos a cómo recibir la remisión de nuestros pecados de Dios. Por tanto, es la única guía para nuestra salvación, el plan de la salvación y el manual de la salvación. Trata la salvación de todos los individuos de varias maneras.
Si así, ¿por qué habla la Biblia de la salvación de varias maneras? ¿Por qué habla la Biblia de la salvación a través de tantos eventos? La respuesta es porque la gente que vive en este mundo está siendo engañada por Satanás de muchas maneras diferentes. Por eso nuestro Dios nos habla de maneras diferentes para que podamos alcanzar la salvación mostrándonos estos varios eventos para que nos salve de todas las ataduras de varias situaciones a causa del Diablo.
 
 
Esto ocurrió cuando los ojos de Isaac se quedaron ciegos
 
Cuando Isaac envejeció y sus ojos se quedaron ciegos, se dio cuenta de que su muerte estaba cerca. Y por eso llamó a su primogénito Esaú y le dijo: “Vete al campo y caza algo para mí. Prepárame mi plato sabroso favorito y tráemelo. Entonces me lo comeré y te daré todas mis bendiciones”.
Pero, de entre todas las cosas, ¿por qué dice la Biblia que Isaac quiso bendecir a su hijo cuando se estaba quedando ciego? Si quería bendecir a su hijo, ¿por qué no lo hizo cuando todavía tenía la vista bien? Esto hace referencia a la remisión de nuestros pecados.
Debemos seguir leyendo el siguiente pasaje de las Escrituras. Cuando Isaac estaba hablándole a Esaú, la mujer de Isaac, Rebeca, escuchó a escondidas esa conversación. Pero Rebeca amaba a su segundo hijo Jacob más que a su primer hijo. Y por eso, al escuchar lo que su marido le estaba diciendo a su hijo mayor, llamó a Jacob rápidamente y le dijo: “Vete al patio y tráeme dos cabritos buenos”.
Jacob le preguntó a su madre: “¿Qué vas a hacer con ellos?”.
Contestó: “Tu padre le ha dicho a tu hermano mayor que le lleve su plato favorito. Le ha dicho que se lo comerá y después le dará a Esaú una oración de bendición por última vez”.
Entonces Jacob le contestó: “Entonces, ¿todo lo que tengo que hacer es traerte esos dos cabritos?”.
Ella le contestó: “Sí, haz lo que te digo”.
Jacob dijo entonces: “Lo entiendo”.
De esta manera, Jacob terminó la conversación con su madre, y como se lo pidió, le llevó dos cabritos buenos. Entonces la madre los sacrificó y empezó a quitarles la piel y a cortar la carne. Rebeca, que conocía el gusto de su marido perfectamente, preparó su plato favorito como a él le gustaba y le dio la comida a Jacob. Todas estas cosas estaban teniendo lugar en esa casa mientras el hijo mayor, Esaú, estaba cazando. Para cazar algo para su padre, salió armado con un arco, con un abrigo puesto, un cinturón ajustado y botas para cazar.
Pero dentro de esa casa la madre ya había preparado el plato de comida y se lo había dado a su hijo Isaac diciendo: “Hijo mío, lleva este plato a tu padre. Dile que eres Esaú y así recibirás las bendiciones de tu padre”. Jacob le dijo a su madre: “Mi piel es muy suave, pero mi hermano tiene mucho pelo. Si finjo ser Esaú, se dará cuenta enseguida y me maldecirá. Mientras hablaba su madre lo vistió con la ropa de Esaú y envolvió su cuerpo con la piel de dos cabritos. Entonces le dijo a Jacob: “Date prisa, llévale este plato sabroso a tu padre y dile que eres Esaú”. Entonces Jacob le dijo: “Querida madre, no puedo hacer esto”. Entonces Rebeca le aseguró: “Si te descubre y te quiere maldecir, yo recibiré esa maldición por ti. No te preocupes”. De esta manera, Rebeca dijo que recibiría esa maldición por él si estuviese a punto de ser maldecido. Por tanto, no había ningún motivo por el que no pudiese ir ante su padre ahora que su madre le había ofrecido esa garantía.
Y por eso, Jacob tuvo confianza firme en las palabras de su madre y por eso fue a su padre y le dijo: “Querido padre, ¿estás descansando bien? Soy Esaú, tu hijo mayor. He salido a cazar como me lo has mandado. Y te he preparado tu plato favorito y te lo he traído. Por favor, te suplico que te levantes, comas tu plato favorito y me bendigas todo lo que quieras”. Entonces, Isaac preguntó: “¿Cómo es que has encontrado caza tan rápido?”. Jacob le contestó: “Porque Dios Padre me la ha mandado”. Entonces, Isaac le dijo: “Por favor, acércate. Quiero tocarte para ver si eres mi hijo Esaú o no”. Después de tocar a Jacob, Isaac dijo: “La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú”. Isaac pensó que Jacob era Esaú porque estaba disfrazado y al final bendijo a Jacob. Como las manos tenían mucho pelo, tenía que ser cierto que era su hijo Esaú. Esaú era un hombre muy peludo. El padre no podía ver bien a causa de su edad, pero cuando confirmó que era peludo al tocarlo, pensó que este hijo era Esaú claramente. Y por eso, Isaac se comió el plato sabroso que Jacob le había llevado y le bendijo.
Al principio de este sermón, he dicho que todos los eventos descritos en la Biblia son manuales para que los pecadores lleguen a su salvación. Pero la pregunta es por qué Dios permitió que esto pasase cuando Jacob se quedó ciego. ¿Por qué registró este suceso? ¿Y por qué nos permitió que escuchásemos acerca de este suceso? Lo preparó así para hablarnos de la Verdad esencial de la remisión de los pecados.
 
 
Dios quiere enseñarnos algo importante a través de este pasaje de las Escrituras
 
Hay lecciones que Dios quiere enseñarnos. Si leen este pasaje de las Escrituras, verán cómo Jacob recibe esta bendición y no Esaú. Recibió esta bendición de su padre al disfrazarse como hermano mayor. ¿Preparó el plato Jacob con caza salvaje? No. La carne que utilizó para esta comida era algo que se preparó dentro de esa casa. Aunque su padre le había pedido a Esaú claramente que le llevase un plato sabroso con carne de caza, Jacob se disfrazó de Esaú y preparó comida que había en la casa. Asimismo, fue ante su padre disfrazado con la ropa de su hermano mayor. Y utilizó el nombre de Esaú. Jacob no utilizó nada suyo. No había nada suyo, absolutamente nada.
Pensemos en esto. Si Jacob hubiese dicho: “Querido padre, soy Jacob”, ¿podría haber recibido la bendición de su padre perfectamente? No.
Los israelitas solían bendecir a sus hijos mayores. Y solían dar prioridad a sus hijos mayores. En otras palabras, el derecho del primogénito era una costumbre del antiguo Israel. En nuestro país teníamos esta misma tradición. En Corea, el hijo mayor ofrecía ritos ancestrales cuando sus padres habían muerto, y por eso heredaba la mayoría de la riqueza de sus padres. Asimismo, en el antiguo Israel, muchas de las cosas que tenía el padre eran heredadas por el hijo mayor. La porción del hijo mayor era siete partes de diez.
Debemos leer el pasaje de las Escrituras de nuevo. Cuando observamos a Jacob recibiendo esta bendición de su padre, vemos que no trajo nada suyo. Fue a su padre simplemente con la ayuda de su madre. Jacob recibió la bendición de su padre al hacer lo que su madre le pidió. ¿Qué significa todo esto? Significa que recibió la bendición simplemente por creer en las palabras de su madre.
Lean este pasaje de las Escrituras detenidamente. Jacob mintió desde el principio hasta el fin. Le dijo a su padre: “Sí, soy Esaú, tu primogénito” cuando le preguntó “¿Eres Esaú?”. Era un mentiroso. ¿Mentirían ustedes a sus padres?
Pero ¿qué dice la Biblia acerca de esto? Nos dice que el mentiroso recibió la bendición de Dios. Esto es lo que la Biblia dice que ocurrió aquí. Entonces, ¿nos enseña este pasaje que Dios nos dice que mintamos? La Biblia nunca haría esto. Debemos observar la vida de Jacob. No solo dijo una mentira. No solo fingió ser su hermano, sino que además la comida sabrosa también era una mentira, y la piel de cabrito alrededor de sus manos y cuello también era una mentira. Jacob mintió desde el principio hasta el fin. Con una serie de mentiras, utilizó el nombre de su hermano mayor, se vistió con las pieles de cabras, le llevó la comida sabrosa que su madre había preparado a su padre y así recibió las bendiciones de su padre.
¿Qué significa esto? ¿Qué nos está intentando decir la Biblia aquí? Nos está hablando de nuestra salvación. Si hubiese ido en su propio nombre, no habría recibido la bendición de su padre. Esto también es cierto de nosotros. Si vamos ante Dios con nuestra justicia propia, no podremos recibir las bendiciones de Dios. Debemos estar vestidos con la fe que cree en Jesús y Su nombre. De esta manera, debemos ir ante Dios para ser bendecidos. Debemos presentarnos ante Dios creyendo en todas las obras de Jesucristo cuando descendió a esta tierra encarnado en un hombre y no solo en parte de ellas. Si hacemos esto, Dios olvidará todos nuestros pecados, nuestros fallos y nos bendecirá perfectamente.
 
 
Dios bendice a los que son insuficientes y no tienen virtudes
 
La gente suele decir: “Los seres humanos han cometido y cometerán muchos pecados durante todas sus vidas, ¿cómo podemos ser justos y cómo pueden desaparecer nuestros pecados? ¿Acaso no se lamentó el Apóstol Pablo en Romanos 7, 24 diciendo: “¡Qué desgraciado soy! ¿Quién va a librar a este cuerpo de la muerte?”. Y como demuestra tan gráficamente este pasaje, los seres humanos somos así de malvados e insuficientes. ¿Cómo podemos convertirnos en personas justas? Están diciendo cosas que no tienen sentido”. Por supuesto, solo es normal que la gente que no se haya dado cuenta de la Verdad de la remisión de los pecados tenga estos pensamientos tan confusos.
Sin embargo, la Palabra de Dios no nos enseña esto. Todo el que ha recibido la remisión de los pecados y las bendiciones de Dios era insuficiente como Jacob. En otras palabras, las personas que recibieron la bendición de Dios eran la gente que se presentó ante Dios con la fe que cree en la justicia de Dios, aunque sea insuficiente, mentirosa, malvada, engañosa, lujuriosa y sucia. No eran el tipo de personas que se presentaba ante Dios al haber vivido perfectamente, virtuosamente, con un corazón simple y honesto. Esto es cierto. Solo los que van ante Dios al creer que Jesucristo descendió a este mundo y eliminó todos sus pecados al ser bautizado y al eliminar todos esos pecados cuando dijo: “Está acabado” mientras moría en la Cruz, pueden recibir la perfecta bendición de Dios. Dios nos bendice porque encuentra gozo en nuestra fe que cree en Su justicia en vez de nuestras acciones justas. Cualquier persona que haya recibido la bendición de Dios hace una confesión de fe así. Este tipo de personas dice: “Aunque sea insuficiente, Jesucristo mi Señor, fue bautizado por Juan el Bautista en mi lugar y murió en mi lugar en la Cruz. Al recibir el bautismo de Juan el Bautista en el río Jordán, Jesús tomó todos mis pecados sobre Sí mismo. Y por eso no tengo más pecados. Sé que Jesús me ha salvado perfectamente mediante el Evangelio del agua y el Espíritu”.
Esta justicia de Dios es lo que la Biblia nos está enseñando a través del pasaje de las Escrituras de hoy. Nos enseña que solo los que se presentan ante Dios al creer que Jesús vino a este mundo y eliminó todos sus pecados que habían cometido en el futuro con Su Evangelio del agua y el Espíritu reciben esta bendición. Solo estas personas reciben la salvación y todas las bendiciones de la tierra y las espirituales del Cielo, aunque sean insuficientes, débiles, llenas de faltas, suelan mentir y engañar.
Queridos hermanos, hay miles de millones de personas en este mundo que intenten recibir esta bendición de Dios al vivir con amabilidad. La mayoría de cristianos intentan recibir esta bendición de la salvación al intentar evitar decir mentiras y al convertirse en personas éticamente rectas. Pero todas estas cosas no son más que esperanzas carnales. Los seres humanos somos criaturas que, aunque hayan vivido con cuidado durante toda su vida, están llenas de fallos y carencias. En este mundo no encontrarán a ninguna persona que sea perfecta ante la justicia de Dios. Si alguien intenta recibir esta bendición de Dios al intentar convertirse en una persona recta, esa persona no podrá recibir esta bendición, aunque se meta en la tumba por otra persona.
 
 
Cuanto más crecemos, más nos sentimos como personas horribles
 
Al vivir nos damos cuenta de que somos personas horribles. Cuanto más vivimos, más nos damos cuenta de que estamos llenos de fallos y carencias. Solo cuando la gente así se conoce a sí misma puede ir ante el Dios Todopoderoso con la fe que cree en la justicia de Dios.
Queridos hermanos, entre nuestra propia justicia y la justicia de Dios, debemos decidir por cuál vivir. La justicia de Dios dice que Jesús vino a este mundo, tomó todos nuestros pecados al ser bautizado, fue a la Cruz y fue juzgado en nuestro lugar, y así eliminó todos nuestros pecados. ¿Deberíamos ir ante Dios con esta fe que cree en la justicia de Dios o deberíamos ir ante Él convirtiéndonos en personas justas con nuestras propias acciones? Entre las dos opciones, debemos escoger una ante Dios. ¿Cuál escogerían? ¿No deberían ir ante Dios cargando con la ofrenda de la fe en la que el Padre se complace?
Jesucristo vino a este mundo y tomó todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista. Así, cargó con todos los pecados del mundo hasta la Cruz en Su cuerpo carnal, murió en la Cruz por nosotros, fue enterrado y fue resucitado. Esta Verdad nos enseña que deberíamos ir ante Dios y ser bendecidos con esta fe que cree en Jesús, quien fue juzgado por todos nuestros pecados en nuestro lugar. Al saber esto, ¿van a seguir intentando acercarse a Dios para recibir esta bendición de Dios utilizando esfuerzos humanos para hacer sus obras perfectas, o van a utilizar su fe que cree en la justicia de Dios en la que Dios Padre se complace? Debemos escoger claramente entre estas dos opciones.
¿Cómo dice la Biblia que podemos recibir la bendición de Dios? Nos enseña que, si vamos ante Dios al hacernos virtuosos por fuera, no podremos recibir esta bendición, aunque intentemos hacerlo todo durante toda nuestra vida. Por eso la Biblia nos muestra que Jacob recibió la bendición cuando Isaac estaba ciego por su edad. Esto es lo que nos está diciendo el pasaje de las Escrituras de hoy.
Nuestra Dios Padre envió a Su único Hijo a este mundo e hizo que tomase todos nuestros pecados al hacer que fuese bautizado por Juan el Bautista. Y al hacerle recibir el juicio por todos nuestros pecados en la Cruz, Dios anuló el juicio que estaba destinado para nosotros. ¿Qué significa la justicia de Dios? Significa que Dios ignorará todos sus pecados que han sido eliminados por el Evangelio del agua y el Espíritu. No mira nuestros pecados y fallos al igual que Isaac no pudo distinguir a Jacob por su ceguera.
¿Qué es lo que Dios quiere que veamos? Mediante Su bautismo, Jesucristo tomó sobre Su carne todas las cosas sucias como nuestras obras malvadas, errores, debilidades, engaños, lujuria, carencias y todo tipo de pecados. De esta manera, nuestro Padre Dios mira para ver si tenemos esta fe que cree en la justicia de Jesucristo. Quiere encontrar esta fe arraigada en nuestros corazones. Y en cuanto a los que tienen esta fe que cree en Su Hijo, Dios los adopta como Hijos Suyos, por muy insuficientes que sean en cuanto a la justicia humana. Dios da estas bendiciones a este tipo de personas.
Lo que estoy diciendo es que Dios no mirará nuestros fallos ni la amabilidad que hayamos tenido hasta ahora. Si Dios mirase si tenemos una vida recta y amable, ¿qué nos haría? ¿Nos daría bendiciones a los que pecamos todos los días? No. Si Dios solo mirase nuestras acciones externas, nos perseguiría con un látigo para pegarnos. Si Dios grabase todos los detalles de nuestras vidas con una cámara y nos enseñase esta grabación, veríamos claramente que hay muchas cosas por la que nos debería castigar, mientras que hay pocas cosas por las que nos alabaría. Pero piensen profundamente en esto durante un momento. ¿Han hecho algo malvado alguna vez? Sí, tienen estos fallos. Tenemos envidia de los demás cuando las cosas les van bien, y por eso queremos hacer que esas personas sufran. Los seres humanos son así. Esto es algo que todos sabemos muy bien, aunque no hable más de ello.
Sí, esto es correcto. Los seres humanos somos insuficientes a los ojos de Dios. De la misma manera en que Jacob recibió la bendición al engañar a su padre y su hermano, no se puede encontrar ninguna justicia en nosotros. Para los seres humanos no hay perfección en nuestras acciones. Lo que los seres humanos hacen mal es mucho más que lo que hacen bien. En realidad, somos como Jacob ante Dios. Sin embargo, el que recibió las bendiciones espirituales del Cielo era Jacob. Este es el Evangelio de Dios preciso que se nos muestra en la Biblia. Si intentamos recibir estas bendiciones con nuestro engaño, recibiremos una maldición; y los que intentan entrar en el Cielo viviendo con virtud, irán al infierno. Entonces, ¿quiénes son los que reciben estas bendiciones de entrar en el Cielo? Precisamente la gente que se da cuenta de que es insuficiente, escucha detenidamente la Palabra de la remisión de los pecados entregada por la Iglesia de Dios, y entonces cree en ella de todo corazón.
 
 
Hay villanos importantes reunidos en el Cielo
 
Y así, muchas personas malvadas en este mundo que son famosas por sus obras malvadas están reunidas en el Cielo. Cuando Jesús fue crucificado en la Cruz para ser juzgado, tenía a cada lado un ladrón siendo crucificado. En aquel entonces el castigo de la crucifixión se imponía solamente a los extremadamente malvados. Por supuesto, aunque nuestro Jesús no cometió ningún pecado, recibió el castigo de la crucifixión porque había tomado todos nuestros pecados a través de Su bautismo. Pero los ladrones que había a cada lado de Jesús eran los ladrones más atroces del país. Sin embargo, Jesús salvó perfectamente a uno de estos ladrones que habían confesado la fe verdadera.
¿Qué ocurrió cuando Jesús estaba ante la corte de Pilato? En Israel había un día de celebración llamado Pascua. Y había una tradición arraigada de mostrar misericordia en ese día a los criminales, de manera similar a la amnistía que se proporciona en el Día de la Independencia de Corea. Pero, cuando Jesús estaba acusado de alta traición, el pueblo judío pidió que liberasen a Barrabás en vez de a Jesús. ¿Qué significa esto? Esto significa que Dios nos dio la salvación a los que estamos llenos de pecados como Barrabás, uno de los criminales más atroces de sus tiempos.
Sí, esto es cierto. La gente que intenta recibir las bendiciones de Dios al inte1ntar vivir con amabilidad o virtud nunca podrá recibir la bendición celestial. Este tipo de personas dicen piadosamente: “Como soy una persona recta y buena, Dios me dará esta bendición. Soy una persona cualificada para recibir estas bendiciones”. La gente con pensamientos como este está completamente equivocada. La Palabra de Dios nos enseña lo contrario. En el Cielo solo encontraremos personas que han pecado. El ladrón que fue crucificado junto a Jesús, la mujer infame que fue sorprendida en el acto de adulterio y la mujer con cinco maridos que habló con Jesús en el pozo. Todas estas personas están en el Cielo alabando al Señor.
 
 
Los hombres y mujeres famosos que mostraron piedad filial en la tierra pueden estar en el infierno
 
¿Qué tipo de personas piensan que hay en el infierno? In el infierno podemos encontrar a personas que eran famosas por haber practicado la piedad filial con sus padres y personas que vivieron con virtud. Solo hay gente así en el Cielo. En Corea, durante el Día de los Padres, el gobierno condecora a los que han practicado la piedad filias con sus padres. Y cuando ven a estas personas no pueden ni imaginar el aire de gracia y bondad que tienen. Están tan llenas de su propia justicia que por mucho que se les moleste, siguen tolerando a los demás hasta el final. De esta manera hay personas que siguen siendo pacientes y que aguantan las críticas de los demás. Pueden parecer personas grandes por sus personalidades por fuera. Pero ¿qué dice la Biblia acerca de esto? La Biblia las define como hipócritas y dice que todos estos hipócritas irán al infierno.
Queridos hermanos, deben entender esto. La gente como Esaú está en el infierno, pero la gente engañosa como Jacob está en el Cielo. De esta manera, las Palabras de la Biblia son contrarias al sentido común y la razón. ¿Por qué piensan que esto es así? Esto se debe a que el Reino de los Cielos no es un lugar en el que pueda entrar el hombre por sus propios esfuerzos. Solo los que creen en la justicia de Dios pueden recibir la gracia de Dios y mantener el derecho a vivir en el Cielo.
Queridos hermanos, piensen en esto. ¿Han recibido la remisión de los pecados por vivir con virtud? No, absolutamente no. Fundamentalmente, la naturaleza de los seres humanos no puede ser virtuosa. Como el Señor Jesús dijo, la naturaleza humana tiene doce tipos de pecados, como la insensatez, pensamientos malvados, fornicaciones y lujuria. Esta es la naturaleza de los seres humanos. En este mundo hay personas que dicen: “El hijo mayor en mi familia tiene mal carácter. Pero el segundo es tan bueno que no puedo ni explicarlo. Me gustaría que el segundo fuese el primero”. Pero no es así. Si miran la naturaleza humana, toda es igual. Aunque una persona parezca muy virtuosa solo porque esa persona muestra paciencia por fuera, cuando la miran por dentro, verán que los doce tipos de pecados están listos para actuar. ¿Por qué piensan que esto es así? Esto se debe a que todos somos descendientes de Adán, el primer hombre, el que cometió el pecado original.
Aunque la disposición natural de todo el mundo sea igual, solo los que tienen esta perfecta fe en Jesús después de haberse dado cuenta de que no tienen nada de lo que alardear pueden entrar en el Cielo. Los que se han convertido en personas que tienen fe en la Verdad de que Jesucristo descendió a esta tierra y nos salvó al tomar todos los pecados del mundo a través de Su bautismo y morir en nuestro lugar en la Cruz.
Estoy seguro de que hay personas que piensan: “Esta iglesia es extraña. Pensaba que esta iglesia me pediría que viva con virtud, pero me dice que la gente que vive con virtud irá al infierno. ¿No es extraño?”. Sin embargo, estoy hablándoles claramente, diciendo que no pueden entrar en el Cielo sin la justicia de Dios. Y esta justicia de Dios no puede ser suya si no niegan su justicia completamente. Por eso el Señor dijo: “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:3-4).
La realidad es que la gente que finge ser virtuosa, aunque sea malvada irá al infierno. ¿Qué hay de la gente que sabe lo malvada que es su naturaleza y entonces lo confiesa ante Dios y delante de otra gente: “No soy una persona virtuosa. He fingido ser virtuosa porque no quiero luchar y no soy una persona amable. No puedo hacer nada cuando estoy enojado. Pero si vivo así, las personas de mi alrededor estarán en agonía, así que intento ser paciente. Soy una persona fundamentalmente malvada”? Solo los que pueden reconocerse a sí mismos honestamente ante Dios y delante de otras personas son los que están cualificados para creer correctamente en Jesús. Jesús descendió a este mundo para salvar a los pecadores de todos sus pecados. Jesús dijo una vez que vino a salvar a los pecadores. No vino a salvar a los justos porque solo los que están enfermos y moribundos necesitan un médico. Sí, esto es cierto. Como somos malvados, nuestro Salvador Jesús nos salvó mediante el agua y la sangre. Los malvados necesitan claramente al Salvador, al que tomó todos nuestros pecados mediante Su bautismo y recibió el juicio de todos estos pecados en la Cruz. Si fuésemos personas virtuosas y seres completos, ¿habría venido Jesús a este mundo? Como no había otra manera de que la gente fuese salvada, vino al mundo.
 
 
En vez de engañarse a sí mismos, vayan al Salvador
 
Si hay alguien entre ustedes que piensa que es virtuoso y tiene buen carácter, está claramente entre los que se engañan a sí mismos. Pueden pensar: “Escucho a mis padres”. Nada está más lejos de la verdad. Son buenos con sus padres porque tienen mucho que perder y no les darían la paga si no les escucharan. Así que, sin reconocer sus pérdidas o ganancias, ¿seguirían siendo buenos con ellos? Por supuesto, los nacidos de nuevo son buenos con sus padres con un corazón puro. Aunque seamos fundamentalmente malvados, mediante nuestra fe en Jesús somos buenos con ellos.
Pero la naturaleza humana no es así fundamentalmente. Todo el mundo es malvado sin excepción. La Biblia dice “Como está escrito: no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Es así. No hay ni una sola persona que pueda ser justa con sus propias habilidades. Por eso todos los seres humanos son pecadores. Todos están destinados a ir al infierno.
Por este motivo, Jesús, al venir al mundo, y a través de Sus obras justas, nos salvó a los que estamos destinados a ir al infierno. Nuestro Señor nació en una pequeña ciudad llamada Belén. Bajó a este mundo encarnado en una persona como nosotros al nacer del cuerpo de una virgen. Cuando el Señor llegó a la edad de treinta años, fue bautizado por Juan el Bautista. Cuando Jesús estaba a punto de recibir Su bautismo le dijo a Juan el Bautista: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15). Dijo que era adecuado que Él borrase todos los pecados al ser bautizado. Sí, esto es cierto. Nuestro Señor vino a este mundo y tomó todos nuestros pecados para salvarnos completamente. Y por eso testificó claramente: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), fue crucificado mientras cargaba con nuestros pecados, Su corazón derramó toda la sangre. Y cuando estaba a punto de morir dijo: “¡Está acabado!”. Esto implica que murió en la Cruz diciendo al mundo: “He cumplido la obra de salvar a todos los descendientes de Adán de sus pecados”. Y al tercer día después de Su muerte nuestro Señor resucitó. Entonces, durante cuarenta días después de su resurrección, dio testimonio de la misma. Entonces volvió a ascender al Reino de los Cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre.
Sí, esto es cierto. Nuestro Señor se convirtió en el Salvador para nosotros. Si esto es todo cierto, ¿deberíamos creer en nosotros mismos o deberíamos creer en Jesús que se convirtió en nuestro Salvador? ¿Acaso deberíamos creer solo en nuestra propia justicia o deberíamos convertirnos en el pueblo de Dios al creer en Jesucristo que ha borrado justamente todos nuestros pecados al venir al mundo, fue bautizado y recibió el juicio de los pecados de todos los seres humanos en la Cruz? Queridos hermanos, debemos tener pensamientos definitivos entre estos dos ante Dios.
 
 
Hablando espiritualmente, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu somos los Jacobs de hoy en día
 
Queridos hermanos santos, todos somos como Jacob. La Biblia dice que Dios bendijo a este Jacob. Para bendecir a Jacob, Dios perdió a propósito cuando luchó con Jacob. Jacob era un hombre que no podía recibir la bendición de Dios con su propia excelencia. Este Jacob solo pudo recibir la bendición cuando Dios le bendijera. Y por eso, cuando Dios estaba luchando con Jacob, Dios perdió a propósito y le bendijo. Y le dijo a Jacob que su nombre ya no sería Jacob, sino que se llamaría Israel. La palabra Israel significa literalmente “Dios prevalece” porque Jacob luchó con Dios y ganó. Significa el que había sido bendecido por Dios, es decir, el que recibió las bendiciones de Dios.
Todos somos como Jacob. Mi temperamento es muy similar al de Jacob. Aunque nuestra personalidad interna no sea así, pueden ver claramente que todo el mundo es como Jacob. Dios amó a Jacob pero odió a Esaú A Dios no le gusta la gente como Esaú que vive confiando en sus propias fuerzas en vez de confiar en Dios. Y nunca bendecirá a esta gente. Por el contrario, nuestro Señor ama a la gente como Jacob que confía en Dios diciendo: “Necesito desesperadamente la bendición de Dios” porque conoce muy bien sus carencias. Dios bendice a la gente así y a través de ella lleva a cabo Su voluntad para bendecir a toda la gente del mundo.
Por tanto, debemos saber claramente que somos como Jacob o Esaú, esto es muy importante. Todos somos como Jacob espiritualmente. Pero la gente de la carne prefiere a Esaú antes que a Jacob. La gente de la carne quiere a alguien que pueda vivir con sus propias fuerzas, es decir, alguien fuerte y firme y que no enferme. Desde una perspectiva carnal, solemos preferir a la gente como Esaú a la gente como Jacob. Pero Dios no quería a Esaú. Dios odia a la gente como Esaú porque este tipo de personas no confía en Dios. Dios ama a los que tienen fe y acuden a Él para que les ayude, confían en él y oran por Él para que les bendiga. Dios bendice a estas personas de fe.
 
 
Miren a Caín y Abel
 
Adán y Eva tuvieron dos hijos llamados Caín y Abel. A medida que pasaba el tiempo, Caín y Abel ofrecieron sacrificios a Dios como sus padres se lo habían enseñado. Abel ofreció un sacrificio con el primogénito de su rebaño, pero Caín ofreció el fruto de la tierra. El Señor Dios respetó la ofrenda de Abel, pero no a Caín y a su ofrenda. ¿Por qué hizo Dios esto? Dios solo puede aceptar la fe que cree en la justicia del Cordero. Caín no pudo soportar la determinación de Dios. Así que, como estaba enojado mató a su hermano menor en el campo.
Entonces Dios habló a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”. Caín respondió: “No lo sé. ¿Soy el pastor de mi hermano?”. Hasta ese momento Caín pensó que era una persona virtuosa y amable. Pero después de matar a su hermano, cuando Dios le preguntó dónde estaba su hermano, contestó: “¿Soy el pastor de mi hermano?”. Alardeó de su propia justicia diciendo que estaba cuidando bien de su hermano, pero no solo lo asesinó, sino que incluso intentó engañar a Dios. Dios entonces le dijo a Caín: “La voz de tu hermano Me llama desde el suelo”. Caín contestó: “He pecado mucho. Quiero salir corriendo y no volver nunca. Pero quien me encuentre me querrá matar”. Dios dijo: “No es así. Quien te mate será castigado siete veces más. Así que te pondré una marca para que nadie te encuentre”. Caín recibió esa marca de Dios, pero al final huyó de Dios. ¿Qué significa esto? Si Caín hubiese tenido fe en Dios, habría dicho: “Sí” y se quedó ante Su presencia. Pero al final escogió huir de la presencia de Dios.
En lugar de Abel, Dios le dio Set a Abraham y Eva. Entonces, cuando Set se hizo mayor, tuvo un hijo y lo llamó Enós. Y desde entonces la humanidad empezó a invocar el nombre del Señor. Los hombres oraron a Dios pidiéndole ayuda. La palabra hebrea Enós significa hombre. Pero también implica vacío. Como implica su nombre, sintió que su vida estaba vacía y no valía para nada. Pensó que su propia existencia era como el rocío de la mañana, que solo existe durante cierto tiempo y desaparece. Por eso Enós invocó el nombre del Señor Dios, el Dios Todopoderoso, el Dios de la creación, el Dios de la salvación, el Dios de sus antecesores benditos y el Dios que había perdonado los pecados de su padre y su madre. Por eso, invocó el nombre del Señor Dios. Fue el primer hombre que invocó el nombre de Jehová. Desde ese momento, la gente pudo llamar a Jehová Dios oficialmente.
 
 
La comida favorita de Jesús
 
Solo cuando la gente se da cuenta de quién es verdaderamente, podrá creer de verdad en Dios Padre y Jesucristo, quien vino a este mundo. Dicho de otra manera, solo los que se conocen a sí mismos fundamentalmente podrán creer en Jesús, quien nos salvó de todos nuestros pecados al venir a este mundo, tomando sobre Sí mismo todos nuestros pecados a través de Su bautismo y recibir el juicio en la Cruz en nuestro lugar. Solo los que pueden darse cuenta de sus verdaderas personalidades pueden creer en Jesús. De la misma manera, los que aportan su propia justicia no pueden creer en Jesús. Podemos encontrar muchos ejemplos de esto en la Biblia. Caín es el progenitor de los orgullosos y los fariseos y el representante de este grupo. Estas personas no pueden entrar en el Cielo. Pero todos los que se conocen a sí mismos tal y como son y se reconocen como pecadores malvados y como personas que son pobres de espíritu y tienen un corazón puro, pueden recibir la salvación y entrar en el Jardín del Edén al creer en Jesús correctamente. La gente que actúa con impunidad con orgullo no sabe lo malvada que es y morirá. Incluso en el momento en que mueren, mueren en miseria. Miren el trágico final del Rey Saúl y su hijo (1 Crónicas 10:1-6). La gente de este mundo a menudo decora estas muertes, pero en realidad no hay nada más malvado que eso. La historia de la Biblia es así, y la historia de la humanidad es así también. La gente que tiene mucha fuerza propia nunca confía en Dios. En vez de confiar en Dios completamente, solo confía en sí misma.
Pero ¿qué hay de los que reconocen que son inadecuados y débiles y tienen necesidad? Este tipo de personas no tiene otra opción que confiar en Dios. Como no pueden vivir durante una sola hora si no confían en Dios, y como estarán agonizando si no creen en la Palabra de Dios, creen en esta Palabra aún más. Por otra parte, hay personas a las que no les falta nada en sus vidas. Están muy orgullosas de su versatilidad y excelencia y por eso no buscan a Dios. Y la gente con mucho dinero tiende a no buscar a Dios.
En el pasaje de las Escrituras, Dios encontró a Jacob y le bendijo. Este Jacob le llevó una ofrenda a su padre. ¿Cómo le bendijo Dios? Leamos el pasaje de las Escrituras del Libro de Génesis 27:26-27: “Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo:
Mira, el olor de mi hijo, 
como el olor del campo que Jehová ha bendecido”.
Como vemos aquí, Jacob preparó un plato sabroso y se lo llevó a su padre diciendo: “Aquí está tu comida favorita, padre”. Y por eso recibió todas las bendiciones de su padre. Si es así, ¿cuál es la comida favorita de Jesús? Jesús encuentra gozo en los que creen en la obra justa que cumplió al venir a este mundo, es decir la obra de haber salvado a toda la humanidad mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta fe es precisamente la comida que Jesús encuentra más deliciosa.
Como hemos leído juntos, Isaac bendijo a Jacob todo lo que quiso después de haber comido su plato favorito. La Biblia dice: “Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: 
Mira, el olor de mi hijo, 
como el olor del campo que Jehová ha bendecido” (Génesis 27:26-27).
Aquí se dice que Isaac olió la ropa de Jacob y le bendijo. Esto se debe a que el olor de Esaú estaba en la ropa de Esaú. ¿Qué significa este pasaje de las Escrituras? Nos está diciendo claramente que Dios les dará estas bendiciones después de haber olido la fe de los que creen de verdad en la obra justa que Jesús hizo después de haber venido a este mundo, creyendo de todo corazón en la Verdad de que todos sus pecados fueron transferidos a Jesús cuando fue bautizado, y creyendo en la verdad de que Jesús fue juzgado por todos sus pecados en su nombre en la Cruz.
Queridos hermanos, ¿creen de todo corazón en el hecho de que todos sus pecados fueron transferidos a Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista? ¿Creen que Jesús recibió el bautismo para tomar todos nuestros pecados? Cuando se acercan a Dios con este tipo de fe, Dios olerá esa fe y la verá y entonces les bendecirá.
 
 
Las bendiciones de Dios descenderán suavemente como el rocío sobre los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu
 
La Biblia dice: “Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido” (Génesis 27:27). El campo mencionado aquí se refiere a nuestros corazones. Isaac siguió diciendo: “Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto” (Génesis 27:28). Sí, esto es cierto. Dios nos bendice con el rocío del Cielo y las grosuras de la tierra. Como el rocío que cae suavemente, Dios les dará las bendiciones celestiales en todos los aspectos. De la misma manera en que las plantas retienen la humedad del rocío de la mañana, Dios nos da todas las bendiciones, pero no solo en una parte de nuestras vidas, sino en todos los aspectos. Cuando salen de casa temprano pueden ver el rocío que ha caído en todas las hojas y ramas y en todas las plantas. El polvo que iba volando de un lado a otro ayer ahora está mojado con el rocío de la mañana. De esta manera Dios cuida de la tierra. Dios manda suficiente rocío en tranquilidad. En vez de dejar que la tierra esté totalmente mojada e inundada, Dios deja que la humedad descienda suavemente y hace que la tierra dé sus frutos.
Por tanto, estoy seguro de que Dios bendecirá a los obedientes con el rocío del Cielo, a los que creen en que Jesús tomó todos sus pecados al ponerlos sobre Su cuerpo cuando fue bautizado y en que Jesús fue juzgado en nuestro lugar en la Cruz. Nuestro Señor no solo le dio estas bendiciones a Jacob. Nos da todas las bendiciones a nosotros ahora, incluso generaciones más adelante. Jesús les dará todas estas bendiciones a los que creen en Él como su Salvador. Queridos hermanos, quiero que crean en esto.
La bendición de Dios no es algo que caiga en cubos. Cae como el rocío, de manera tranquila y uniforme, sin dejarse una sola parte sin cubrir. Nuestro Dios nos da estas bendiciones a los justos. Y hace caer esta lluvia de manera tan compleja, tan llena de humedad, que no nos damos ni cuenta. En vez de darnos Su amor que parece tan enorme externamente, nos da Su amor de manera muy tranquila. Sé que nuestro Señor nos ama a todos, a los santos y siervos de Dios, de esta manera. Encontramos tantos ejemplos en nuestras vidas en los que Dios nos ha dado Sus bendiciones tranquilas incluso antes de que nos demos cuenta. Dios hace que Sus bendiciones caigan sobre nosotros de esta manera. Nos ha bendecido de esta manera tan compleja.
Los nacidos de nuevo prosperarán en su carne también, como dice la Biblia: “Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos” (Génesis 27:28). Si de verdad tienen la Palabra del Señor en sus corazones, y si aman a Jehová Dios aunque ofrezcan grandes oraciones, nuestro Señor les bendecirá para que sus vidas y su carne se engrandezcan en tranquilidad. Les dará mucho grano y vino y gozo abundante. No solo serán personas que reciben esa bendición, sino que toda la gente de su alrededor también será bendecida abundantemente. En el pasaje de las Escrituras, Dios encontró a Jacob y le bendijo.
Después de haber recibido la remisión de los pecados, algunas personas ignorantes dicen: “No sé si Dios me va a bendecir. No me gusta esperar, soy una persona impaciente. Las bendiciones deberían ser visibles a mis ojos, pero no las veo claramente en mi vida, por lo que me pregunto si Dios existe de verdad”. Si es así, ¿de quién es la culpa? La culpa es de la persona sin fe.
Dios bendijo claramente a Jacob. Si es así, todo lo que deben hacer es ser personas como Jacob y recibir estas bendiciones. No puede haber ningún problema con esto. Pero, ¿qué ocurriría si no tuviésemos fe en la verdad de que Dios nos ha bendecido? Si no tenemos fe no podremos recibir esta bendición. Entonces, debemos tener la fe que confiesa: “No creo que Dios solo haya bendecido a Jacob. También me ha bendecido a mí. Creo en esto en mi vida”. Tengan esta fe ante Dios. Si hacen esto por fe, entonces como el rocío de la mañana, la bendición de Dios llenará sus vidas silenciosamente día tras día. Queridos hermanos, la verdadera fe consiste en creer en Dios y esperar pacientemente Sus bendiciones. Si no fuese por esta fe, no podríamos esperar las bendiciones que Dios nos envía suavemente como el rocío de la mañana. El rocío puede parecer que ha caído sobre todo el mundo. Si son personas que no tienen la fe con la que se recibe estas bendiciones como el rocío, las bendiciones del rocío irán a otras personas y no llenarán su cuenco vacío.
Debemos tener fe en el hecho de que Dios nos ha bendecido a nosotros, a los que hemos recibido la salvación. Quiero que todos crean así. Cuando hacemos esto por fe, las bendiciones celestiales de Dios llenarán todas sus vidas. Aunque seamos débiles e insuficientes, Dios nos ama de manera tranquila y resuelta. Jehová Dios está entre nosotros. Es el Todopoderoso que nos da la salvación. Aunque la higuera no florezca y no podamos encontrar frutos en las viñas y no haya vacas en un establo, encontramos gozo en el Dios de nuestra salvación y Dios nos ama a los que hemos sido salvados. Nuestro Dios nos dice que encuentra gozo en nosotros.
Queridos hermanos, la Biblia nos enseña:
“Jehová está en medio de ti,
poderoso, él salvará;
se gozará sobre ti con alegría,
callará de amor,
se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17).
Dios ama de verdad a la gente que ha recibido la salvación al creer en Jesús. Pero algunas personas son impacientes como niños y se quejan: “¿Por qué les ama Dios? Debería darnos las bendiciones también” y dejan el seno de Dios porque son impacientes.
El Señor nos ha bendecido. Nos ha bendecido y seguirá haciéndolo. Pero todo lo que tenemos que hacer es esperar en silencio con fe. Debemos tener fe y paciencia para recibir estas bendiciones. ¿Por qué no creen? ¿No hemos recibido la salvación todos? Pero, ¿por qué no pueden creer? El Señor descendió a este mundo y sacrificó Su cuerpo para que pudiésemos ser salvados completamente y dijo que nos daría un don aún mayor que esta salvación. Sí, esto es cierto. Jesús, quien nos salvó al entregar Su vida por nosotros, nos dará una bendición aún mayor. Nos dará toda la grosura de la tierra. ¿Por qué no podemos esperar? ¿Por qué no podemos creer? Si han recibido la salvación, esperen tranquilos y firmes en su fe de la salvación. Esperen a la obra del Señor, como un niño destetado en los brazos de su madre mirando su cara con calma (Salmos 131, 2). El Señor nos dará la bendición a Su debido tiempo.
 
 
Los que creemos en la justicia de Dios tenemos gozo espiritual
 
Nuestro Dios nos permite dar muchos frutos, espirituales y carnales. Nos bendice diciendo:
“Dios, pues, te dé del rocío del cielo, 
Y de las grosuras de la tierra,
y abundancia de trigo y de mosto.
Sírvante pueblos” (Génesis 27:28).
El mosto aquí implica la felicidad. También implica la vida. Dios, quien está lleno de amor, nos dará verdadero gozo. Muchas cosas gozosas pueden ocurrir en nuestras vidas. Aunque no tengamos una gran fe, podemos recibir estas bendiciones de Dios con tan poca fe como la semilla de mostaza. ¿Qué puede ser más gozoso que esto? En el pasaje de las Escrituras, Dios bendijo a Jacob. Esto significa que Dios también nos ha dado esta bendición a los que hemos recibido la salvación.
La oración de bendición de Isaac continúa:
“Sírvante pueblos, 
Y naciones se inclinen a ti; 
Sé señor de tus hermanos, 
Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. 
Malditos los que te maldijeren, 
Y benditos los que te bendijeren” (Génesis 27:29).
Estoy seguro de que Dios nos dará estas bendiciones a los santos que hemos recibido la remisión de los pecados. Y Dios nos está dando estas bendiciones. Hace que los que nos maldigan sean maldecidos y hace que los que nos bendigan sean bendecidos. Al vivir nuestras vidas, encontramos a algunas personas que nos ayudan incondicionalmente y nos benefician. Esta es una obra que merece ser bendecida. En realidad, lo que han hecho es una buena obra para nosotros y para Dios.
Somos personas grandes que han recibido estas bendiciones de Dios. Y por eso, aunque sea insuficiente, puedo ser majestuoso. Aunque la gente hable mal de mí, no tengo miedo. Aunque me falten fuerzas y por eso no juegue al fútbol bien últimamente, nuestro Padre Dios puede hacer que haya tifones devastadores en este mundo con una sola palabra. Pero Dios me ama, protege y me bendice. Queridos hermanos, aunque vivamos nuestras vidas con débiles en este mundo, somos la gente que ha recibido esta bendición especial de Dios. Esto no es algo que cualquier pastor de una iglesia mundana pueda darles. Estas bendiciones solo pueden cumplirse si el Dios Todopoderoso nos bendice. Demos gracias al Señor juntos y creamos firmemente en esta Palabra.
 
 
Los que recibieron la bendición de la salvación
 
La Biblia entrega la Palabra de Dios a través de un ejemplo de un hombre que recibió una bendición similar. Leamos Romanos 4:1-2: “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios”.
Como he mencionado aquí, ¿tenía Abraham algo de lo que alardear ante Dios? No, no tenía nada. En realidad, Abraham vendió a su mujer para salvar su vida. Eso fue algo terrible. Después de salir de su tierra natal, un rey gentil quiso tener a su mujer y para conservar su vida, dijo que era su hermana. Le dijo a su mujer Sara: “Eres muy hermosa, así que si le digo al rey que soy tu marido, me matará y se quedará contigo”. Entonces Sara contestó: “Entonces, haré lo que me pides”. Después dos hombres jóvenes del lugar se le acercaron y le preguntaron quién era Sara.
Así que Abraham les dijo: “Es mi hermana pequeña”.
Le volvieron a preguntar: “No estáis casados, ¿verdad? No estáis viviendo juntos, ¿verdad?”.
Abraham contestó: “Por supuesto. Por favor, entendedme”.
Entonces le dijeron a Abraham: “El rey de su país nos ha pedido que le llevemos a esta mujer, así que déjala ir”. Cuando Abraham dejó ir a su mujer, seguramente le dijo: “Querida hermana, que te vaya bien. Aunque me duela el corazón, cuídate”.
Queridos hermanos, piensen en esto. Abraham era muy insuficiente y un hombre injusto. Vendió a su mujer para salvarse. Por supuesto, Abraham no era el único que hizo algo tan vergonzoso. Su hijo también era así. Sin embargo, vender a la mujer propia para salvarse a uno mismo es muy vergonzoso. Por eso Abraham como ser humano, no tenía nada de lo que alardear ante Dios.
Romanos 4 sigue diciendo: “Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:3-5).
Queridos hermanos, Dios nos está hablando de cómo podemos convertirnos en personas justas ante Él. ¿Cómo podemos convertirnos en hijos de Dios? ¿Cómo se puede recibir la remisión de los pecados de Dios? ¿Al confiar en las propias virtudes? ¿Os es a través de la fe correcta que cree en la Palabra de Dios? ¿Podemos convertirnos en la gente de Dios al creer de corazón que Jesús vino a este mundo, tomó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado en el Río Jordán y fue castigado en nuestro lugar por todos esos pecados en la Cruz? ¿O nos convertimos en personas de Dios al hacer buenas obras con nuestros propios esfuerzos? Ahora mismo, Dios nos está hablando sobre estas cosas.
Romanos 4:5 dice: “Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”, Eso es cierto. Dios justifica a los injustos. Y dice que cuenta como justicia la fe de los que creen en esta Palabra de Dios. Esto significa que Dios hace Hijos Suyos a los que creen en Su Palabra, diciendo: “Tu fe es la correcta. Ahora te he aceptado”.
“¿Crees en Mi Hijo? ¿Crees que todos sus pecados fueron pasados completamente a Mi Hijo cuando fue bautizado en el Río Jordán?”.
“Sí, creo. Creo que Jesús tomó todos mis pecados y los eliminó”.
“Asimismo, ¿creéis en que Mi Hijo cargó con todos vuestros pecados sobre Su cuerpo de la carne y cargó con el juicio de la Cruz por vosotros?”
“Sí, creo en eso también”.
Entonces Dios dice: “Habéis sido aprobados. Ahora sois hijos Míos. Ahora sois personas justas. Todas las bendiciones entregadas a Jacob, serán entregadas a vosotros”.
Les preguntaré una vez más. ¿Necesitan fe la Palabra de Dios? Si no es así, ¿consiste la fe en seguir nuestras propias circunstancias? Creer en la Palabra de Dios es tener la fe verdadera.
La Biblia dice: “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5). Hay alguien que les da un salario, aunque no hayan trabajado por él. Esa persona es Dios. Entre los seres humanos, ¿pueden encontrar a alguien así? Dios nos hará Su pueblo siempre y cuando creamos en Él, aunque no tengamos mérito. Nos dará todas estas bendiciones solo si creemos en Su Palabra de Verdad. Nos dará a los benditos el derecho a ejercitar todos los derechos de propiedad del Reino de los Cielos.
 
 
Hemos recibido la salvación al creer en la justicia de Dios
 
El salario es algo que se recibe como pago por un trabajo hecho. Si alguien, a pesar de no haber trabajado, recibe salarios, ese salario se habrá dado gratuitamente. Si es así, ¿qué hay entonces de nuestro Dios? No pudimos vivir una vida recta ante Dios, pero lo único que pudimos hacer fue creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, el agua y el Espíritu mediante los cuales Jesús nos salvó. Pero, gracias a esta fe, Dios nos ha hecho a los creyentes perfectamente justos. Recibimos estas bendiciones de convertirnos en justos solo por esta fe. Así que podemos decir que esto no es una recompensa, sino algo gratuito. Esto se debe a que no hemos hecho nada para merecerlo.
Sí, esto es cierto. La salvación que recibimos no es algo que se haya comprado. En la Primera Epístola de Pedro leemos: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata” (1 Pedro 1:18). Este versículo nos está enseñando que la salvación que recibimos de Dios no es algo que hayamos comprado, sino algo que hemos recibido como un don, algo gratuito.
En Corea hay un dicho que dice: “Si te gustan las cosas gratis, te quedarás calvo”. Está bien tener un corazón calvo, como una cabeza calva. La gente que no tiene pelo en sus corazones tiene más oportunidades de convertirse en hijos de Dios. Pero la gente que tiene mucho pelo en sus corazones, es decir, la gente que tiene mucha justicia propia y dignidad tiene más posibilidades de ser maldita. Aunque somos insuficientes y débiles, Dios nos reconoce como justos. Nos dice que somos Su gente justa. ¿Por qué piensan que esto es así? Por muy insuficientes que seamos, Dios nos dice que somos los justos que no tienen pecados dentro del Evangelio del Señor porque Su Hijo Jesús tomó todos nuestros pecados y porque tenemos la fe que cree en este Hijo. Este es precisamente el secreto del Evangelio del agua y el Espíritu del Señor.
Dios les dice a los que actúan como personas justas: “Por mucha virtud que hayan tenido hasta ahora, somos meramente la descendencia del Diablo”. Por tanto, si quieren recibir verdaderamente la bendición de Dios, en vez de hacer que sus acciones sean justas, deben creer solamente en el Señor. La fe viene primero. Pero si quieren recibir una maldición de Dios, todo lo que tienen que hacer es esforzarse más. Por ejemplo, cuando vamos a reuniones de oración por la mañana, mientras que los demás llegan a las cinco de la mañana, ustedes deciden llegar a las dos y orar fervientemente. Después vuelven a orar justo después del desayuno. Todo lo que hacen es orar como si sus vidas dependiesen de ello. Entonces nuestro Dios les dirá: “Tú, hijo del Diablo, apartaos de Mí” y les enviará al infierno.
Dios ama a la gente a la que le gustan las cosas gratuitas. Dios está lleno de gracia. Estoy diciendo que Dios muestra misericordia sobre nosotros. Dios nos hizo justos al mostrar misericordia sobre los que somos injustos. No salvó completamente. Le doy todo mi agradecimiento sincero por Su justicia y providencia.
La Biblia sigue diciendo: “Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,
y cuyos pecados son cubiertos. 
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Romanos 4:6-8).
Mis queridos hermanos, ¿han recibido la remisión de los pecados? ¿Han sido pasados a Jesús también todos los pecados que cometerán en el futuro? Las obras injustas mencionadas en el pasaje de las Escrituras anterior se refieren a los comportamientos pecadores. Si es así, ¿han sido cubiertos por esos pecados? Queridos hermanos, necesitamos a Jesucristo. No solo necesitamos a Jesús, sino también la obra justa que cumplió por nosotros, la obra de ser bautizado y cargar con nuestros pecados hasta la Cruz. La obra justa de Jesús es lo que cubre nuestros pecados. En realidad, como Jesús tomó todos nuestros pecados y fue juzgado por ellos en nuestro lugar, ahora están sin pecados. Mientras Jesús exista, estamos sin pecados.
 
 
Estamos bendecidos eterna y abundantemente porque hemos recibido la remisión de los pecados
 
¿Nos dice el Señor ahora que tenemos pecados? No, no nos lo dice. Nos reconoce como personas sin pecados y por eso nos da Sus bendiciones celestiales. ¿Qué tipo de persona es la más feliz del mundo? Es una persona que ha recibido la remisión de los pecados de Dios. La razón es que la gente que ha recibido la remisión de los pecados recibe las bendiciones de Dios. Dios nos entrega Sus bendiciones a los que hemos recibido la remisión de los pecados. Por eso David dijo: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos” Entre los nacidos de nuevo, algunos pueden pensar: “Podré vivir bien si gano mucho dinero”, pero en realidad, el Señor ha bendecido a esta persona también. Dios ha entregado la bendición a todos los que tienen la fe correcta que confiesa: “He recibido las bendiciones al creer en Dios”. Pero la gente que dice: “Debo hacer algo. Si no lo hago no podré vivir así” sin saber que ha recibido la bendición de Dios no podrá disfrutar de ninguna bendición y será desgraciada. Y por eso, queridos hermanos, espero que crean firmemente que son los que han recibido las bendiciones de Dios.
La remisión de los pecados que hemos recibido de Dios es algo que nos ha dado. La salvación de Dios es algo que nos ha dado incondicionalmente por su amor incondicional por nosotros. Lo que debemos hacer ahora es creer en este Dios y en Su salvación de todo corazón. No hay nada más que hacer que creer en esto. La fe lo es todo. Amar la Palabra de Dios en nuestros corazones, creer en ella y esperar tranquilamente, estas son las cosas que debemos hacer.
Si hacemos esto nuestro Dios nos dará todas las bendiciones. ¿Tienen fe en Jesús? Solo si tienen fe tan pequeña como una semilla de mostaza, la bendición de Jehová nos llenará con el rocío del Cielo y la grosura de la tierra. ¿Cuánto debemos esperar estas bendiciones por fe? Dios dice: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12). Esto significa que Dios nos prueba a menudo. Nos prueba para saber si de verdad creemos en Él, si creemos en nosotros mismos y si creemos en la gente de nuestro alrededor. Los que creen en el Señor Dios y esperan que obre puede pasar estas pruebas y recibir Sus bendiciones. Por supuesto, suspender esta prueba no significa la destrucción eterna. En cuanto a los que no creen en la bendición de Dios, tendrán que esperar a tener la verdadera fe para recibir Su bendición.
¿Acaso no están pasando por esta prueba de Dios? Crean, aunque sus ojos nos vean nada. Por favor, vivan sus vidas con más fe, aunque no puedan esperar nada de sus circunstancias. El Señor obrará con su Iglesia y Sus siervos cuando otorgue estas bendiciones como rocío a Sus hijos de la fe. Espero y oro para que Dios nos dé estas bendiciones a nosotros y todos nuestros santos y Sus siervos en abundancia.