The New Life Mission

Sermones

Tema 26: Levítico

[26-15] (Levítico 17:10-16) Dediquen sus vidas a salvar otras vidas

(Levítico 17:10-16)
“Si cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y la cortaré de entre su pueblo. Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona. Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre. Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra. Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado. Y cualquier persona, así de los naturales como de los extranjeros, que comiere animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y a sí misma se lavará con agua, y será inmunda hasta la noche; entonces será limpia. Y si no los lavare, ni lavare su cuerpo, llevará su iniquidad”.
 

Jesús es el Soberano de nuestras vidas
 
Durante el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel no podía comer ningún tipo de sangre. Este fue uno de los primeros mandamientos que Dios le dio al pueblo de Israel. Al prohibirles comer sangre, Dios les estaba diciendo que no podían comer la vida de la sangre. Esto es lo que Dios quería decir cuando les dijo a los israelitas que, aunque podían comer animales, no podían comer su sangre. Esto se debe a que Dios es Soberano sobre la vida.
Por eso es muy importante que los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu se den cuenta de que Dios nos está diciendo aquí que salvemos vidas. En otras palabras, es imperativo que compartamos la vida en vez de dejar que muera. Debemos salvar a las almas y llevarles la remisión de los pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Entonces qué debemos hacer para darle la remisión de los pecados a la gente y salvar sus vidas?
 

Las obras de la carne son obvias
 
Para salvar a las almas de sus pecados, debemos ser guiados por el Espíritu Santo. Por tanto, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu en primer lugar. No debemos ser orgullosos, ni provocarnos, envidiar o competir los unos con los otros (Gálatas 5:26). 
¿Cuál es la obra que salva vidas? Sabemos muy bien que el fruto del Espíritu es diferente del fruto de la carne. Las obras de la carne son obvias e incluyen el adulterio, fornicación y rechazo de la justicia de Dios. También consisten en la idolatría, exorcismo y enemistad con la justicia de Dios. Otras características de las obras de la carne son la contención, los celos, las explosiones de ira y las ambiciones egoístas. También incluyen juramentos, desacuerdos, herejías, envidia, embriaguez y rebeldía. De esta manera, las obras de la carne se revelan claramente. Cuando leemos Gálatas 5:19-26 podemos ver que las Escrituras describen cómo es la vida carnal. Podemos ver que es lo contrario a seguir al Espíritu Santo y salvar vidas. La Biblia dice en Gálatas 5:19-21: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Los que viven esta vida no pueden hacer la obra de salvar vidas. 
Está escrito en Levítico 17:12: “Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre”. Esta prohibición de comer sangre se encuentra en Génesis 9. Cuando Dios dijo que no debíamos comer sangre, nos estaba diciendo que no debíamos matar a cualquier alma que pueda ser salvada. 
 

¿Cuál es la obra que salva vidas?
 
Dios les dio un mandamiento especial a los que nacieron después del Diluvio. Este mandamiento era la prohibición contra la sangre, como está escrito: “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Génesis 9:3-4). Con esto Dios nos estaba diciendo que no hagamos nada que pueda matar y devorar las almas de otras personas, aunque todos hagamos cosas de la carne de vez en cuando. De esta manera, nunca deberíamos hacer nada que lleve a las almas a morir. Dios no nos ordenó que no comiésemos la carne de un animal con su sangre, porque la vida de la carne está en la sangre y la sangre es lo mismo que la vida misma. Por tanto, no debemos permitirnos predicar un falso Evangelio ni matar a las almas que podrían haber sido salvadas. Debemos hacer las cosas que salvan vidas en vez de matarlas. 
Todo el mundo tiene una vida. Por tanto, debemos trabajar para salvar estas vidas. Para ello, debemos evitar seguir a la carne y debemos dedicarnos completamente a salvar a las almas de los que están muriendo. Si cometemos pecados con nuestra carne, es solo cuestión de tiempo que tengamos que lavarlos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Levítico 17:15-16 dice: “Y cualquier persona, así de los naturales como de los extranjeros, que comiere animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y a sí misma se lavará con agua, y será inmunda hasta la noche; entonces será limpia Y si no los lavare, ni lavare su cuerpo, llevará su iniquidad”. Hablando espiritualmente, los que comen lo que ha muerto naturalmente o lo que ha sido devorado por bestias se refiere a los que creen en otra cosa que no es el verdadero Evangelio. Como cometieron pecados con la carne, tuvieron que lavar su ropa y bañarse, y estar sucios hasta la tarde. Entonces se limpiaron. 
¿Cómo debemos lavar nuestras iniquidades? Debemos lavarlas con nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos ir al río Jordán donde el Señor cargó con nuestros pecados y lavarlos con nuestra fe en la justicia de Dios. Espiritualmente hablando, si comiésemos lo que ha sido devorado por bestias, debemos lavarnos al creer en la justicia de Jesús. Así es como nuestros pecados son pasados a Jesús. La remisión de los pecados se recibe por fe. Debemos lavar nuestros corazones con fe en el bautismo de Jesús y Su sangre. Nuestros corazones estarán limpios de nuevo. 
Pero ¿qué ocurriría si pecásemos de nuevo después de recibir la remisión de los pecados, pero no pasásemos estos pecados meditando acerca del Evangelio del agua y el Espíritu ni los lavásemos por fe? No nos recuperaríamos. De hecho, sufriríamos por los pecados que tenemos todavía. Por tanto, si cometemos un pecado de nuevo por casualidad, debemos lavarlo inmediatamente al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto no significa que debamos lavar nuestros pecados ofreciendo oraciones de penitencia, sino que debemos confiar en el Evangelio del agua y el Espíritu que constituye la justicia de Dios. Debemos ir al río Jordán, confesar que estos pecados nuestros fueron pasados al Señor a través del ministerio de Juan el Bautista y confirmarlo con nuestra fe. Todos nuestros pecados deben ser eliminados de esta manera con nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Por tanto, si nos encontramos pecando con nuestra carne, debemos eliminar este pecado cuando antes con nuestra fe en la justicia de Dios. Sin esta fe en el Evangelio del agua y el Espíritu no podemos eliminar nuestros pecados, como dicen las Escrituras: “Y si no los lavare, ni lavare su cuerpo, llevará su iniquidad”. Por tanto, debemos ir al río Jordán y eliminar todos nuestros pecados cuanto antes posible con nuestra fe en la justicia de Dios. Debemos lavar nuestros pecados creyendo que el Señor los ha eliminado también. 
Debemos hacer la obra que salva las vidas y a las almas que han muerto. Para ello debemos evitar seguir a la carne. Deben estar llenos de gozo y contentos con esta obra que salva a las almas por fe. Por fe podemos hacer la obra del Espíritu, es decir, la obra que salva a las almas de sus pecados. Debemos cumplir nuestras funciones, es decir lavar los pecados de la gente con el agua limpia del río Jordán. Para ello debemos vivir por nuestra fe en la justicia de Dios. 
¿Cómo podemos salvar vidas entonces? Debemos orar primero por las almas que tenemos en mente. Estas almas pueden estar en nuestro trabajo, pueden ser nuestros amigos o familiares. Sean quien sean, debemos guiar a sus almas para recibir la remisión de los pecados. A través de nosotros Dios les da la remisión de los pecados. Debemos hacer esta obra durante todas nuestras vidas. Predicar el Evangelio del agua y el Espíritu es lo que podemos hacer como redimidos para salvar vidas. No debemos vivir solo por nuestra carne, preocupados de cómo ganarnos la vida o qué comer o beber. Las obras de la carne son muy obvias, e incluyen el adulterio, la codicia y esas cosas no son por lo que debemos vivir. De ahora en adelante debemos decirnos y dedicar el resto de nuestras vidas a salvar a los demás. Es absolutamente crucial para nosotros que nos demos cuenta de lo valioso que es salvar a las almas que estaban muertas en el pecado. 
Un alma es más valiosa que cualquier cosa bajo el cielo. El Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión de los pecados, es la Palabra de Dios que puede salvar a todas las almas. Debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todas las almas para que crean en este Evangelio de todo corazón y así reciban la completa remisión de los pecados. Es imperativo que les ayudemos a darse cuenta de lo necesaria y valiosa que es la remisión de los pecados. Debemos hacer esta obra sin falta. ¿Cómo de valiosa es cada vida? Este valor de la vida es apreciado cuando uno está a punto de morir. Cuando la muerte es inminente, uno se da cuenta de lo valiosa que es la vida. 
Salvar las vidas que están muertas en sus pecados al compartir con ellas la obra del bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz es lo que significa predicar el Evangelio. Predicar este Evangelio del agua y el Espíritu es lo que salva vidas. Estamos trabajando para salvar las vidas de la gente una a una. Estamos trabajando para lavar sus pecados y esta obra que devuelve a la vida a los muertos es predicar el Evangelio. 
¿Cómo de valiosa es esta obra? ¿Puede haber alguna otra obra en la tierra más valiosa que esta? No, salvar vidas es la obra más valiosa. Está escrito: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona” (Levítico 17:11).
 

La obra más valiosa
 
La obra más valiosa es compartir el amor de Dios y es compartir la obra del agua y la sangre de Jesucristo. Con el agua, Jesucristo eliminó los pecados de la gente, y con Su vida, fue juzgado por sus pecados y les dio nueva vida. También libró al mundo del Juicio y permitió que todos naciéramos de nuevo. Esta obra es más preciosa que cualquier otra en el mundo. El Evangelio del agua y el Espíritu que estamos predicando es lo que salva vidas. Así que, recordando lo valioso que es para salvar vidas, debemos dedicarnos aún más a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y salvar vidas. 
Debemos dedicarnos a esta obra, invitar y guiar a las almas. Para hacer la obra que salva almas, espiritualmente hablando, debe haber leña para el Altar de los Holocaustos, así como agua y fuego. Debe haber siervos predicando y debe estar la Palabra de Dios y Sus siervos fieles. Nuestro Dios debe estar con nosotros y nosotros debemos tener los recursos financieros económicos necesarios también. Inviten a tantas personas como quieran a esta reunión de resurgimiento. Si no tienen a nadie a quien invitar, participen en esta obra con contribuciones materiales y económicas. Todo el que quiera participar en esta reunión es bienvenido. Estamos haciendo esto voluntariamente por nuestra fe en la justicia de Dios.
Salvar vidas es una bendición valiosa, hermosa y bendita. Los que tienen el Evangelio del agua y el Espíritu, es decir, los que han recibido la remisión de los pecados, predican este Evangelio del agua y el Espíritu a los que no han recibido la remisión de los pecados. Los que han creído en el Evangelio del agua y el Espíritu permiten que los pecadores reciban la remisión de los pecados al predicarles este Evangelio. Los pecadores serán limpiados de sus pecados y no tendrán más pecados. Esto es lo más bello que hay en el mundo. Esto es lo más maravilloso que hay, lo más hermoso que podamos encontrar. 
Los que están sirviendo a Dios para salvar vidas son maravillosos también. ¿Cómo de maravilloso es ver a un médico salvar a una persona? Los doctores sanan a los enfermos. Tratan a los pacientes con vocación, los sanan, operan y los salvan. También consuelan los corazones de sus pacientes. ¿Qué obra maravillosa es salvar a alguien que está muriendo? Nosotros estamos haciendo esta obra maravillosa. ¡Qué obra tan digna es esta! Estamos haciendo la obra más maravillosa y valiosa que salva vidas. 
Mis queridos hermanos, hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Estamos predicando el Evangelio a las almas que están muertas en sus pecados. Estas almas están siendo salvadas de sus pecados y viven de nuevo al creer en el Evangelio y en Jesús. ¡Qué obra tan valiosa y hermosa es esta! Debemos recordar que salvar vidas es una obra maravillosa y hermosa. 
En las Escrituras Dios le dijo al pueblo de Israel que nadie, fuera israelita o gentil, debía comer la carne de cualquier animal con la sangre, y que quien lo hiciese sería eliminado. Cualquier israelita que matase a otra alma sería eliminado del pueblo de Israel. Incluso al pueblo de Israel Dios le advirtió que, si alguien mataba a un alma, sería eliminado. Lo dijo porque es una obra importante y valiosa. 
Mis queridos hermanos, tenemos el tipo de vida que puede eliminar los pecados de la gente y salvar a las almas muertas. Tenemos una cosa que puede salvar vidas, es decir el Evangelio del agua y el Espíritu. Somos capaces de hacer cosas grandes. Solo si decidimos salvar a las almas que están muertas en el pecado, las salvaremos. Sin embargo, si decidimos servir solo a nuestra carne, no recibiremos nada de Dios. Todos tenemos un alma y un cuerpo. En nuestros corazones tenemos el Evangelio del poder que puede salvar almas. Tenemos el Evangelio del Dios y Su justicia. Por eso podemos salvar a las almas. Sabemos que esta obra es valiosa. Lo más importante es salvar a las personas por fe. Si nos decidimos y lo hacemos, podemos hacer la obra valiosa que resucita a multitud de almas muertas y les permite recibir una vida nueva. 
Somos los que tenemos la justicia de Dios que puede salvar a multitud de personas. Tenemos la justicia de Dios que puede salvar a todo el mundo y resucitarlo. Tenemos la fe que puede salvar almas y conocemos el misterio de la fe. Somos los que tienen el Reino de Dios y Su vida. Somos el camino a las bendiciones de Dios. Somos el camino a la vida de Dios. Somos el camino para compartir vida. No debemos comer sangre. Debemos hacer la obra que salva almas y vidas, llevándolas a la vida de Dios. Durante todas nuestras vidas, debemos apreciar la obra que salva vidas. Debemos hacer la obra que salva vidas. 
¿Para qué vivimos en este mundo? Para salvar vidas. No debemos alardear de nada más. No debemos alardear de nuestra carne. Debemos tener orgullo por hacer la obra de salvar almas. Le doy gracias a Dios por utilizarnos como Sus obreros separados y santos. Todo lo que hemos hecho es predicar el Evangelio, pero Dios ha salvado a muchas almas y ha hecho que recibiesen la remisión de los pecados. Estas son las cosas por las que debemos dar gracias y de las que debemos estar orgullosos. 
Solo hay una cosa de la que podemos alardear en nuestras vidas y es que Dios ha salvado a todo el mundo. Nos ha dado Su justicia. Dios ha compartido la carne y la sangre de Jesucristo con nosotros y con todo el mundo. Debemos estar orgullosos de que Dios nos haya usado como Sus obreros compartiendo Su sangre y carne. Alardear de la sangre no es algo que deban hacer los justos. Lo que deben hacer es estar orgullosos de la obra que están haciendo para salvar a las almas. Debemos alardear de Jesús, nuestro Señor, quien nos ha dado una vida nueva. 
Dios dijo que se derramase toda la sangre en el suelo. El suelo aquí se refiere al corazón humano. Esto significa que Dios nos ha dado una vida nueva. Nos ha dado una vida nueva a las almas que habían muerto en el pecado. Nos ha resucitado y nos ha salvado. Además, Dios nos ha confiado Su obra valiosa. Estoy muy agradecido por esta bendición maravillosa. Oro de todo corazón para que no comamos sangre espiritualmente. Oro para que salvemos a otras personas al esparcir el bautismo y la sangre de Jesús sobre el Altar del Holocausto. ¡Aleluya!