The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 1-4] < Lucas 1, 1-25, 57-80 > Sigan la justicia del Señor

< Lucas 1, 1-25 >
«Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario. Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. El les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa. Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo: Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres».
 
< Lucas 1, 57-80 >
«Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella. Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan. Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar. Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios. Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas. Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él. Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo, Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto; Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder Que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados, Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo alto la aurora, Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz. Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel».
 
 
Mis queridos hermanos, debemos pensar bien. Quiero decir que debemos pensar en las cosas espirituales. La manera en la que una persona piensa y en qué piensa determina su personalidad, e incluso sus acciones y su fe. Por eso es muy importante lo que piensa una persona. Una persona puede tener un punto de vista optimista o pesimista sobre la misma cosa dependiendo de la forma en la que piensa. Puede ir por el camino bendito o el camino que lleva a la muerte según como piense.
En la Biblia nuestro Señor dijo: «Porque tener una mente carnal es la muerte, pero tener una muerte espiritual es la vida y la paz». Esto nos demuestra lo importante que es la manera en la que pensamos. Como somos seres individuales podemos pensar en lo que queramos. Podemos pensar libremente en lo que queramos. Hay dos tipos de pensamientos: los pensamientos espirituales y los pensamientos físicos. La gente piensa de ambas maneras, pero no de manera simultánea, ya que tienen que pensar cuál de los dos tipos es más importante y darle prioridad.
Las máquinas y cierto tipo de equipos son cosas que funcionan de la manera en que han sido programados y no tienen voluntad propia, pero Dios creó a las personas como criaturas independientes. Por tanto, la gente puede pensar en una cosa de diferentes maneras. Es muy importante pensar bien y controlar nuestros pensamientos. Aunque podemos pensar como queramos, nuestros pensamientos deben ser correctos para poder vivir una vida correcta.
Si leen de nuevo lo que hemos leído, verán que trata de Juan el Bautista y que al final del capítulo 1 dice: «Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel». Juan el Bautista vivió de esta manera.
Las personas actúan según sus pensamientos, pero a menudo las circunstancias juegan un papel importante. Las circunstancias pueden cambiar los pensamientos. Últimamente veo a algunas personas y pienso: «¿Por qué actúa la gente así? No entiendo por qué la gente hace lo que hace». El mundo ha cambiado mucho en los últimos años. Parece que he llegado a esta conclusión porque yo no he cambiado, pero como el mundo ha cambiado, los pensamientos de la gente también han cambiado.
La gente se deja llevar por sus circunstancias y sus pensamientos también se dejan llevar. La gente joven parece más lejana a Dios porque se ha dejado llevar por sus circunstancias. Las computadoras han avanzado tanto que es lo único que les interesa. También creo que la gente le ha dado la espalda a Dios. Como las personas se dejan llevar por las circunstancias, cuanto más se obsesionen con las computadoras, más se dejarán llevar.
La gente se solía dejar llevar por otras personas en el pasado. Hay un proverbio coreano que dice: «Un árbol no puede crecer debajo de un árbol grande, pero una persona puede crecer bajo una persona grande». Las personas se dejaban llevar por los demás, se dejaban proteger y educar. La gente establecía relaciones muy estrechas y había paz y unidad. Sin embargo, parece que hoy en día la gente se deja llevar por las máquinas y las computadoras. La gente tiene una mentalidad muy estrecha y oscura y por eso se está alejando de Dios, sobre todo la gente joven. No quieren alejarse pero sin querer lo hacen. Yo pienso: «Supongo que los jóvenes son así hoy en día. Deberían tener la misma naturaleza que nosotros, pero ¿por qué piensan así?». Pero no puedo evitar pensar así. Mis queridos hermanos, no estoy diciendo que las computadoras o las máquinas sean malas en sí. Son cosas buenas si se usan bien. Todas las herramientas de la civilización creadas por los hombres son así. Pero los pensamientos de las personas se dejan llevar por las circunstancias, y por eso una persona puede ir por el mal camino si se obsesiona con las computadoras u otras cosas.
Hay muchos canales en la televisión por cable. Hay algunos canales que nos enseñan cosas que no sabíamos. Hay canales que nos enseñan cosas que nunca hemos visto en persona, como ciertos aspectos del reino animal, el curso de la naturaleza y la historia del siglo XX. Hay otros canales que proporcionan otro tipo de información. Hace tiempo la única manera de recibir información era a través de libros, pero hoy en día la gente lo hace a través de periódicos, la televisión y las computadoras. Aunque veamos la televisión o utilicemos computadoras a la vez, cada persona piensa de manera diferente. Algunas personas piensan bien y escogen bien lo que van a aceptar. Estas cosas las controla la persona que recibe la información. Pero algunas personas se dejan llevar por lo que ven o escuchan y por las circunstancias. La influencia de las circunstancias es importante. Pero una persona puede seguir cerca de Dios y vivir una vida bendita de fe según la manera en la que piensa. La forma de pensar es importante.
Las personas deben pensar mejor porque si no se dejan llevar por las circunstancias. Pero como se dejan llevar por ellas, no piensan correctamente. La cultura más prominente en este mundo es la cultura de Internet. El resultado es que muchas personas son adictas a Internet y no pueden establecer relaciones con otras personas, por lo que acaban consumidas por su egoísmo. En otras palabras, solo piensan carnalmente.
Debemos pensar espiritual y físicamente. Debemos pensar de ambas maneras, pero lo importante se determina por nuestros pensamientos espirituales. Así que, si pensamos en algo solamente de manera física, nuestros pensamientos serán carnales. Sin embargo, por desgracia muchas personas solo se interesan por las cosas físicas. Piensan: «Vaya, está computadora es mucho mejor que mi personalidad o mis pensamientos. La persona que hizo este programa es mucho mejor que yo». La persona que piensa de esta manera no está controlando sus pensamientos, sensibilidad ni personalidad, sino que está siendo controlada por ese programa de computadora. Piensa incorrectamente que dejarse llevar por una computadora no está mal.
Pero si piensan bien, está claro que no todo lo que ofrecen las computadoras es bueno. Hay muchas cosas malas. Sería bueno poder utilizar las computadoras de manera adecuada, pero hay muchas personas que no las utilizan bien y aceptan todo a ciegas. Si pensamos bien cuando utilizamos las computadoras, solo utilizamos lo que necesitamos y podemos controlarnos, protegiendo nuestros pensamientos y corazones. Como las personas se dejan llevar por las circunstancias, vemos muchas situaciones de personas que están completamente obsesionadas con esas cosas en vez de controlarlas.
Mis queridos hermanos, hay muchas personas que aceptan a ciegas a las computadoras y las adoran. No se relacionan con otras personas y solo juegan en la computadora. Si quieren jugar al ajedrez o a las cartas, simplemente encienden la computadora. Yo nunca he sabido cómo jugar al ajedrez. Juego solo para pasarlo bien y he jugado alguna que otra vez en la computadora. En ese programa de ajedrez hay cuatro personajes: un hombre viejo, uno hombre de cuarenta años, una mujer mayor y una mujer joven. Yo escogí al hombre con la mayor habilidad: el hombre mayor. Jugué una partida con ese hombre mayor. Mientras jugaba, cometí un error y el hombre mayor se rió y dijo: «Jajaja. Qué mal juegas». Cuando moví la primera pieza, el hombre mayor se rió de mí. Así que, aunque era solo una computadora, me enojé. Ese hombre mayor me ridiculizó después de mover otras piezas, así que acabé diciendo: «Los dos años que he pasado aprendiendo este juego han sido una pérdida de tiempo. Supongo que tendré que aprender más».
Mis queridos hermanos, no importa si gano o si pierdo en la computadora. Ese programa se creó para atraer a los jugadores para que se hicieran adictos. Los programadores saben lo que atrae a la gente y lo que les hace aliviar su estrés.
Mis queridos hermanos, ¿qué tiene de bueno jugar contra una computadora y ganar? ¿o qué tiene de malo perder? El problema es que podemos hacernos adictos a las computadoras. Basta con apagar la computadora si no nos gusta perder, pero algunas personas no pueden hacerlo. Casi todas las personas jóvenes de hoy en día se han convertido en esclavas de las computadoras.
Mis queridos hermanos, el pasaje de las Escrituras de hoy dice que Juan el Bautista estaba en el desierto. No se dejó llevar por las circunstancias como he dicho antes. Mis queridos hermanos, como es tan fácil dejarse llevar por las circunstancias, debemos alejarnos de lo que nos afecta mucho. No pasa nada si tienen la capacidad de resistirse a las circunstancias, pero la mayoría no puede y se deja llevar. Si no quieren acabar mal, deben alejarse de las circunstancias peligrosas.
Las personas piensan que no van a dejarse llevar por sus circunstancias si tienen una voluntad firme. Pueden pensar que no les pasará nada vayan donde vayan, pero nunca sucede así. Como las personas se dejan llevar por ciertas circunstancias, deben alejarse de esas circunstancias. Nuestros pensamientos son iguales. La gente y sus pensamientos se dejan llevar por las circunstancias. Si los pensamientos de una persona están consumidos en cosas malas, seguirán yendo en esa dirección. Los pensamientos se acaban grabando en piedra. Por tanto, antes de que nuestros pensamientos se queden atascados en algo peligroso y malo, debemos hacer todo lo posible por no dejarnos llevar por cosas malas.
Mis queridos hermanos, debemos pensar en cosas espirituales. Debemos tener pensamientos espirituales como el siguiente: «Me encantaría que todo el mundo recibiese la remisión de sus pecados. Más gente podría recibir la remisión de los pecados si utilizamos nuestras fuerzas y medios para este Evangelio». Entonces nos dejaremos llevar por nuestros pensamientos espirituales. Nuestros corazones se sienten gratificados y contentos. Mis queridos hermanos, los pensamientos guían a las personas. Una persona puede ser buena si sus pensamientos son buenos y pueden ser detestables y físicas, o espirituales y rectas.
Una persona puede ser física o espiritual según sus pensamientos. Mis queridos hermanos, si la gente piensa en cosas espirituales, puede ser muy sabia, y esto les beneficia. La Biblia también dice que tener una mente carnal lleva a la muerte, pero tener una mente espiritual nos da paz y vida. Mis queridos hermanos, si la gente piensa en la obra misionera por todo el mundo, utilizarán todos sus medios para cumplirla. Cuando pensamos en las cosas espirituales de esta manera, iremos en la dirección de esos pensamientos. ¿Reciben la remisión de los pecados la gente que hace esto o no? Sí. Si pensamos correctamente y tenemos una fe recta (por muy pequeña que sea), no tengo palabras para describir lo mucho que podremos cumplir. Mis queridos hermanos, podemos predicar el Evangelio por todo el mundo.
La mayoría de los ministros piensan en lo que pueden hacer para hacer crecer sus iglesias y atraer a más personas, y en cómo construir una capilla grande, ser pastores en ese lugar, mandar sobre los fieles y aumentar su salario anual. Muchas personas piensan en estas cosas y se preguntan cómo poder ser respetados y reconocidos. Estas personas se quedan satisfechas si consiguen esas cosas.
Pero piensen en esto desde una perspectiva diferente. Podríamos hacer la obra de Dios abundantemente y nuestros problemas de la carne serían resueltos si nos dedicásemos a predicar el Evangelio por todo el mundo, aunque nuestras iglesias sean pequeñas, si predicamos el Evangelio por todo el mundo y dejamos que todo el mundo reciba la remisión de los pecados empleando todo lo que tenemos en obediencia a la Palabra. Tenemos dos opciones: seguir los deseos de la carne o seguir los deseos del Señor. Debemos pensar en las cosas espirituales para seguir los deseos del Señor. Las almas pueden ser salvadas si pensamos en cosas espirituales.
Un hospital de los Estados Unidos nos está enviando muchos correos electrónicos solicitando muchos libros nuestros. De hecho tendremos que enviarles diez libros mañana. Este hospital es grande y tiene otros hospitales pequeños afiliados. Nos han dicho que les gustaría recibir uno de nuestros libros para ver si les gusta y después solicitar más y compartirlos con los pacientes del hospital.
Cuando escucho noticias de este tipo me siento bien. ¿Qué otra cosa tienen que hacer los pacientes de un hospital? Si ese hospital recibe nuestros libros, los pacientes los leerán porque no tendrán otra cosa que hacer. Además son fáciles de leer por lo que no tendrían problema en leerlos de principio a fin. ¿Qué pasaría si leyesen los libros enteros? Que recibirían la remisión de los pecados. Si nuestros libros estuviesen en muchos hospitales, muchas personas entrarían en contacto con el Evangelio y serían salvadas. Cada vez que pienso en esto me siento feliz. Podemos ser benditos o no tan benditos dependiendo de si pensamos espiritual o físicamente. ¿Es cierto o no?
Mis queridos hermanos, no deben ser estrechos de mente. Si leen el Evangelio de Lucas, capítulo 12, verán la historia de un hombre rico. Tenía una granja y era muy rico, así que construyó un granero, puso todo el grano allí y se dijo a sí mismo: «Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate». Pero, ¿qué le dijo el Señor? El Señor dijo: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?». Solemos pensar en las cosas físicas como este hombre rico. Mis queridos hermanos, en la cuestión de cómo debemos pensar, la respuesta es que debemos pensar en cosas espirituales. Aunque seamos un poco insuficientes, nuestros pensamientos deben ser espirituales. Solo entonces podrán dejarse llevar por los pensamientos espirituales y vivir por ellos.
Pero como hay personas que se dejan llevar por sus circunstancias, debemos tener cuidado. Debemos tener pensamientos espirituales rectos solamente porque somos personas que se dejan llevar por sus pensamientos. Mis queridos hermanos, ¿saben cuántas personas han acabado mal por cometer un error en sus pensamientos? Las personas acaban mal por pensar incorrectamente aunque sea una sola vez. La gente acaba mal de esta manera, por pensar incorrectamente. También hay trabajadores del ministerio que han dejado la Iglesia por pensar incorrectamente. Hay personas que pensaron: «Si estoy en la Iglesia, estoy muy ocupado y es difícil predicar el Evangelio. Sería mejor irse y vivir por mí mismo porque ahora es muy difícil».
Mis queridos hermanos, ¿no sería mejor pensar así? Empiezan a pensar que es mejor gastar el dinero en sí mismos, sus mujeres o sus hijos. Así es como acaban dejando la Iglesia. Pero no pueden ahorrar $10,000 en un año aunque trabajen hasta caer rendidos porque tienen que gastarlo en pagar esto y lo otro y en alimentarse.
No pueden hacer la obra justa porque piensan de manera incorrecta. Mis queridos hermanos, una persona no puede hacer ni una sola obra justa si se va de la Iglesia. No puede hacer una obra justa aunque sea una persona poderosa con influencia en este mundo. ¿Por qué? Porque sus pensamientos son físicos y no espirituales. Se dejan llevar por sus pensamientos de la carne. Hay muchas personas que pasan sus vidas en vano de esta manera. No son de esta manera porque no hayan sido salvadas. Son así porque piensan de manera incorrecta. Así que la Biblia dice que tener una mente espiritual es tener vida y paz. Esto significa que los pensamientos espirituales dan vida, paz y gozo.
Pero tener una mente carnal es la muerte. La gente que piensa de esta manera muere, y además mata a otras personas. ¿Quién querría ser como Hitler? ¿Quién querría ser como Kim Ilsung, el anterior dictador de Corea del Norte? ¿Quién querría ser una persona que cometió el holocausto y que fue condenada por todo el mundo? Todo el mundo quiere ser recto. Pero esto no se consigue con tan solo quererlo. Una persona acaba siendo como sus pensamientos.
Por tanto, debemos pensar bien. ¿Lo entienden? Todos tenemos que pensar bien, incluyendo los estudiantes y los jóvenes adultos aquí. La gente se hace insegura si sus pensamientos son inseguros y se acaban arruinando. Si tienen pensamientos malos, acabarán mal. Aunque no hagan nada con sus acciones, acabarán siendo como sus pensamientos. Por tanto, tenemos que pensar bien.
Una persona llegará a arruinarse con tan solo pensar incorrectamente una vez. Para mí fue muy difícil durante mucho tiempo el tomar este Evangelio y hacer la obra de Dios. Pensé: «¿Debería rebajar el Evangelio para que sea más fácil de aceptar? Si no hablase del bautismo y solo hablase del Evangelio en mis sermones, sería más fácil y la gente no se resistiría. Seguramente les podría engañar si no predicase el verdadero Evangelio, pero solo si dijese que no tienen pecados y que pueden recibir el Espíritu si oran, hacen cosas extravagantes en público y excitan sus emociones».
Mis queridos hermanos, ¿puede recibirse el Espíritu a ciegas? ¿Pueden desaparecer los pecados de los corazones con un arrepentimiento a ciegas? La gente no puede hacer nada si alguien les dice: «En teoría no tienes pecados, pero en realidad sí porque eres insuficiente». La gente está totalmente indefensa cuando alguien les dice: «Tienes que ser espiritual. Tienes que arrepentirte más». No pueden evitar creerlo. Así que el predicador que predica estas cosas acaba esclavizando a los santos. La gente por debajo de estos predicadores son imbéciles y el predicador es considerado un dios que los fieles deben adorar. ¿Qué pasará en esta situación? El predicador es recibido allá donde va, se hace más avaro, recolecta dinero que no debería, compra tierra, se compra una casa, edificios y cosas para su mujer e hijos porque todavía no está satisfecho. Entonces, cuando se jubila, toma el dinero de su jubilación y se jubila con todo honor.
Mis queridos hermanos, una persona que se comporta de esta manera puede sentirse llena, pero al final se suicida o mata a otras personas. No trabaja para salvar a los demás, sino para matar. Mata a todo el mundo como si les hubiese apuñalado en el estómago o les hubiese clavado agujas repetidamente. Este tipo de pastores matan a las almas, les hacen ir al infierno y estar malditas ante Dios solo porque quiere comer y vivir bien.
La manera en que una persona piensa es importante. Mis queridos hermanos, yo también tengo muchas tentaciones. Yo pensaba: «Soy insuficiente, pero yo nunca seré así. No podría ser así aunque tuviese el peor trabajo de todos por ser pobre». Si no hubiera hecho la obra de Dios, habría acabado trabajando duro como ustedes. La gente debe ganar dinero y utilizarlo de la manera adecuada, como dice el proverbio: «Lo que se gana con sudor, dura más».
Mis queridos hermanos, las personas se dejan llevar por las circunstancias y los pensamientos. Aunque hayan recibido la remisión de los pecados, deben pensar correctamente para vivir salvando a otras almas. Deben escoger bien sus circunstancias. Mis queridos hermanos, debemos dominar nuestros pensamientos y nuestras circunstancias. Hagamos lo que hagamos, debemos pensar espiritualmente, hacer la obra espiritual, y buscar las circunstancias espirituales. Solo entonces podemos convertirnos en personas benditas ante Dios y en personas que comparten bendiciones con los demás. Así es de importante poner nuestros pensamientos y circunstancias en las cosas espirituales.
Si Juan el Bautista no hubiese estado en el desierto, y hubiese estado entre la gente del mundo, o con los sacerdotes corruptos, no habría podido hacer la obra de salvación que transfirió los pecados del mundo a Jesús como el representante de la humanidad. Juan el Bautista era descendiente de Aarón. Por tanto, era una persona con los requisitos necesarios para hacer de sumo sacerdote. Esa era su función en esta vida. Pero si hubiese estado entre la gente del mundo corrupto, habría sido como la gente del mundo. Jesús no habría ido a él. Habría pensado: «No puedo ir a él. Tendré que enviar a otro de Mis siervos».
Es cierto, mis queridos hermanos, Dios vistió a Juan el Bautista con la plenitud del Espíritu desde el momento en que estuvo en el vientre de su madre. Por supuesto, no puede compararse con Jesús, quien era completamente perfecto, pero Dios le bendijo y el Espíritu entró en su corazón desde el momento en que estuvo en el vientre de su madre y desde su concepción. Por tanto, Juan el Bautista pensó de manera distinta el resto del mundo. Vivió en el desierto y cuando llegó a la edad adecuada pudo gritar a la gente: «Arrepentíos, víboras». Pudo hablar con confianza porque era un hombre con confianza. Pudo hablar con confianza según la voluntad del Señor diciendo: «Arrepentíos, víboras. ¡Arrepentíos! El hacha está en las raíces de los árboles, y el árbol que no dé frutos de arrepentimiento o los que se arrepientan solo de palabra, serán cortados y arrojados al fuego». Era un siervo de Dios seguro y todo el que le escuchaba predicar y gritar, volvía a Dios. Cumplió la responsabilidad que el Señor le dio de conocer a Jesús y transferirle todos los pecados de este mundo.
Mis queridos hermanos, ¿qué hace que su fe vaya por el mal camino? ¿Por qué no siguen al Señor y van por el camino de la perdición? Porque piensan de manera incorrecta. Las bendiciones y las maldiciones vienen según la manera en que piensen.
Seis meses antes del nacimiento de Jesucristo, Dios Padre envió al representante de la humanidad a este mundo: era Juan el Bautista, quien bautizaría a Jesús y le pasaría los pecados. Su nombre era Juan y le llamaron Juan el Bautista porque bautizó a Jesús y a la gente de sus días. Dios nos ama y por eso envió a dos siervos Suyos al mundo para salvarnos de todos nuestros pecados. Uno de ellos era Jesucristo y el otro era Juan el Bautista. No tengo palabras suficientes para expresar lo agradecido que estoy. Estoy muy agradecido al Señor.
Mis queridos hermanos, Dios Padre envió a dos siervos a este mundo. Eliminó todos nuestros pecados al enviar primero a Juan el Bautista, el representante de la humanidad que le transfirió todos los pecados a Jesús y después enviar a Su Hijo, que es el Salvador de la humanidad. Dios Padre cumplió la obra de nuestra salvación al enviar a estos dos siervos. Mis queridos creyentes, no puedo expresar lo agradecido que estoy cuando pienso en esto espiritualmente.
Si creen que Dios Padre no envió a Juan el Bautista o que Jesucristo no vino al mundo, ¿cómo pudimos estar sin pecados? Dios envió a estas dos personas para dejarnos sin pecados, para hacernos justos, para darnos el Reino de los Cielos, y para darnos la bendición de convertirnos en Sus hijos. Dios Padre preparó a dos personas en el Cielo y las envió al mundo para bendecirnos y hacernos trabajadores de la justicia.
Una de estas dos personas era Juan el Bautista. Era descendiente de Aarón. Aarón era el hermano mayor de Moisés y el primer Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento. Fue el primero. Hubo un Sumo Sacerdote anterior a él, y era Melquisidec, que aparece en Génesis. Era Jesucristo del Cielo. La Biblia dice que Abraham le dio una décima parte de lo que tenía al sumo sacerdote, Melquisidec. Y este Melquisidec era Jesucristo, que es el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos, y quien eliminó los pecados de toda la humanidad. Jesucristo estaba en el Cielo desde el principio. Estaba allí desde el principio como el Sumo Sacerdote que elimina todos nuestros pecados.
Si leen el Antiguo Testamento, Dios creó el sistema de sacrificios del Tabernáculo y se lo dio a Aarón. Pero Aarón tuvo hijos, y ellos tuvieron hijos y sucesivamente, y en tiempos de David se creó un orden para las tareas de los sacerdotes. Se estableció un orden para que varios sacerdotes hicieran diferentes tareas cada 15 días. Esto se denomina la división de sacerdotes, y Zacarías era un descendiente de la división de Abías. Cuando llegó su turno para hacer sus tareas en el Santuario en nombre de los israelitas, Dios le habló a través del ángel Gabriel. Dios dijo: «Y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan». También dijo: «Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios». Dios Padre envió primero a Su siervo Juan el Bautista a Israel seis meses antes que Jesucristo.
En aquel entonces Israel estaba sumido en una era de oscuridad porque no habían tenido ningún profeta en 400 años después de Malaquías. No había siervos de Dios, por lo que los israelitas eran como ovejas perdidas sin pastor y servían a cualquier dios con el que se encontraban. Los israelitas habían sido invadidos por sus enemigos antes de que Jesús llegase a este mundo y lucharon hasta la muerte bajo el liderazgo de los Macabeos para conservar su nación. Esos soldados murieron. Eran tiempos difíciles para Israel, ya que 400 años antes de la llegada de Jesús no hubo ningún siervo de Dios.
En esas circunstancias, Dios envió a Juan el Bautista para que fuese el representante de la humanidad. Dios le dijo a Zacarías: «Tu mujer Isabel dará a luz a un hijo y lo llamarás Juan. Estarás lleno de gozo y felicidad y muchos se regocijarán por su nacimiento, ya que el muchacho será grande ante el Señor y no beberá vino ni licor». ¿Quién dice este pasaje que sería un hombre grande y el representante de la humanidad? Juan el Bautista, a quien Dios envió al mundo a través de Isabel.
¿Por qué le envió Dios? Para volver los corazones de los padres a los hijos, y a los desobedientes a la sabiduría de los justos, para preparar un pueblo para el Señor. Cumplió la función de hacer que todo el mundo conociese el corazón de Dios.
La gente de aquel entonces no conocía el corazón de Dios. Así que Dios hizo que el Espíritu Santo entrase en el corazón de Juan el Bautista y el Espíritu les enseñó a los israelitas lo mucho que Dios les amaba y lo enojado que estaría si no se volvían a Él. Juan el Bautista volvió los corazones de los hijos y los desobedientes a la sabiduría de los justos. Dios dijo que haría que los desobedientes fueran justos y tuvo compasión de ellos.
Todo el mundo desobedece a Dios. No pueden obedecerle. La humanidad es desobediente, y Juan el Bautista es la persona que hace que recibamos la bendición de convertirnos en personas justas. Juan el Bautista es la persona que nos ayuda a entrar en el Reino de los Cielos y a ser el pueblo de Dios. Debemos pensar espiritualmente y entender quién es Juan el Bautista, a quien Dios envió. Hablando espiritualmente, fue muy importante para nosotros que Dios enviase a Juan el Bautista y podemos saber lo importante que es esta decisión de Dios. Podemos darnos cuenta del plan de Dios y de su ejecución.
Mis queridos hermanos, Dios, a través de Juan el Bautista y la obra de Jesús, nos hizo servirle con temor y en justicia y santidad durante todas nuestras vidas. Nos hizo personas sin pecados para la eternidad, y nos dio la salvación bendita para servirle en justicia sin miedo. Dios deja que los que creen en Él conozcan la remisión de los pecados a través de Juan el Bautista. Podemos saber que Dios Padre envió a Jesucristo y nos salvó gracias a Juan el Bautista. Por tanto, estamos muy agradecidos por que envió a Juan el Bautista antes que a Jesucristo y llevó a cabo Su plan de salvación.
Juan el Bautista transfirió todos los pecados de la humanidad, incluyendo los nuestros, a Jesús al bautizarle. Nos hemos convertido en personas sin pecados con fe gracias a Él. Ahora podemos estar seguros de nuestra fe gracias a lo que hizo. Dios nos hizo personas justas como dice en la Biblia: «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz». Nos ha convertido en Su pueblo que no tiene pecados. Nos ha bendecido. Nos ha rescatado de la muerte y la destrucción y ha guiado nuestros pasos por el camino de la paz. Dios Padre hizo estas cosas al enviar a Juan el Bautista y Jesús.
Podemos dar gracias esta Navidad al pensar espiritualmente y contemplar esas cosas espiritualmente. Podemos saber que Dios envió personalmente a Juan el Bautista para transferir nuestros pecados a Jesús, que por Su poder hizo que Juan naciese en este mundo y transfiriese los pecados del mundo a Jesucristo, y que envió a Juan el Bautista porque nos ama. Cuanto más conozcamos esta gracia, más agradecidos estaremos.
Mis queridos hermanos, espero que piensen bien. Podemos conseguir las bendiciones y vivir con nuestros pies y corazones en el camino de la paz durante el resto de nuestras vidas si pensamos espiritualmente. Dios nos dio este tipo de bendiciones. Por eso no debemos pensar según el sistema de valores del mundo, sino que debemos tener pensamientos espirituales. Esta Navidad debemos estar agradecidos a Dios porque envió a Jesucristo y a Juan el Bautista a este mundo. ¡Aleluya!