The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 1-6] < Génesis 1, 6-8 > Las aguas que estaban sobre el firmamento y las que estaban bajo el firmamento

< Génesis 1, 6-8 >
«Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo».
 
 
El primer día de la creación Dios salvó a las almas. En otras palabras, el primer día de la creación Dios transformó a los pecadores en justos, y separó a los pecadores de los justos. El segundo día de la creación de los cielos y la tierra, Dios separó las aguas que estaban sobre el firmamento de las que estaban bajo él. Dicho de otra manera, Dios dividió Su Palabra de las palabras de Satanás.
 
 
Las aguas que estaban sobre el firmamento y las que estaban debajo
 
En la Biblia, el significado espiritual del agua es la Palabra de Dios y también el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y a través del cual aceptó los pecados de la humanidad. En este mundo, hay gente que difunde la Palabra de Dios y gente que difunde las palabras de Satanás. Por eso Dios dividió las aguas de la tierra en las aguas que estaban sobre el firmamento y las que estaban debajo. A través de las cosas que Dios hizo el segundo día de la creación, nos está diciendo: «En este mundo hay gente que vive de Mi Palabra por fe y gente que vive de las palabras de Satanás y las difunden». Por eso es imprescindible que distingamos si los que dicen predicar la Palabra de Dios son siervos de Dios o de Satanás.
Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces (Santiago 1, 17). Por el contrario todo tipo de maldad viene del corazón humano. Por tanto, cuando la luz de la Palabra de Dios nos ilumina, los colores verdaderos de los pecadores se revelan. Las aguas que estaban bajo el firmamento, es decir, las palabras de la tierra, se refieren a las enseñanzas que vienen del corazón humano. Por eso las aguas de debajo del firmamento se separaron de las que estaban sobre él.
Las aguas de esta tierra son diferentes de las aguas que están sobre el firmamento. Dios nos está diciendo que toda palabra que procede del corazón humano corresponde a las aguas de debajo del firmamento, mientras que la Palabra de Verdad que Dios nos dio corresponde a las aguas que están sobre el firmamento.
Hay falsos profetas en este mundo, pero al mismo tiempo, hay siervos de Dios, los verdaderos profetas. Los falsos profetas son los que dicen todo lo que sale de sus corazones, sin tener en cuenta la Palabra de Dios. En tiempos del Antiguo Testamento, había falsos profetas que profetizaban lo que salía de sus mentes. Así que desde el punto de vista espiritual, sus enseñanzas son palabras de la tierra, es decir, palabras de Satanás.
Sin embargo, es posible que las palabras de Satanás obren en los corazones de la gente. Así que cuando miramos a los que son utilizados por el Diablo, vemos que les dicen a los pecadores que deben recibir el Espíritu Santo, sin tener en cuenta la Palabra de Dios, y les dice también que hablen en lenguas, que no es nada más que decir cosas sin sentido que salen de sus mentes. Cuando escuchamos atentamente lo que dicen, podemos distinguir que es una voz de la carne que sale de sus propios pensamientos y emociones. Es un lío. Es tan sucio que apenas podemos seguir escuchando.
Cuando escuchamos los que se dice en una reunión en un retiro de oración, los nacidos de nuevo podemos darnos cuenta enseguida de si el predicador que tiene la Biblia abierta está hablando de la Palabra de Dios o está diciendo lo que le viene a la mente. Muchos de estos predicadores no tienen en cuenta la Biblia. Por ejemplo, cuando le dicen a la congregación que reciban el Espíritu Santo, manipulan el micrófono para que haga efectos sonoros y gritan: « ¡Recibid el fuego!». Haciendo sonidos extraños elevan las emociones de la congregación y la hipnotizan. ¿Recibirán el Espíritu Santo de este modo?
Dios dice en la Biblia: «Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hechos de los Apóstoles 2, 38). Sin embargo, cuando escuchamos las palabras de los siervos de Satanás, insisten que la remisión de los pecados se recibe independientemente del Espíritu Santo. Dicen: «Todos los que creen en Jesucristo son santos, pero ahora debéis recibir el Espíritu Santo para estar completos».
Pero ¿se debe recibir el Espíritu Santo una vez más después de nacer de nuevo? Decir esto es mentir. Sus enseñanzas no son la Palabra que está sobre el firmamento, sino que es la palabra que está bajo el firmamento, es decir una palabra que sale de la tierra. Dicen cosas que Dios nunca ha dicho, se las inventan.
Así son las palabras de Satanás. Cuando la gente dice algo diferente a la Biblia, está diciendo palabras de Satanás. Esta es la naturaleza de las palabras de Satanás. Lo que Satanás dice no es la Palabra de Dios, pero dice que sus palabras son la Palabra de Dios. Esta es la naturaleza de las palabras de Satanás. Fingen predicar la Palabra de Dios para engañar a la gente al final.
Los que predican la Palabra de Dios deben predicarla basándose en la Palabra de las Escrituras. Los siervos de Dios son los que predican lo que dice la Biblia exactamente. Pero los siervos de Satanás dicen lo que sale de sus corazones sin tener en cuenta la Biblia y así guían a muchas personas a la destrucción. Las palabras de Satanás obran a través de los que no han nacido de nuevo y los que tienen una fe inmadura, aunque crean en el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Cómo descienden las palabras de Satanás en la gente? En primer lugar, he mencionado que las palabras de Satanás obran en los que no han nacido de nuevo. Los que no han nacido de nuevo son idóneos para ser utilizados por Satanás. Así que él les da emociones, cambia sus corazones y les hace trabajar duro como si estuviese trabajando para la Verdad, cuando en realidad están sirviendo a la mentira. Satanás hace que la gente crea en las mentiras de los falsos maestros como si fueran verdad. Satanás obra a través de los que no han nacido de nuevo. Obra a través de ellos para que en vez de seguir a la Verdad, sigan a las mentiras.
Por eso cuando alguien vive su vida de fe siguiendo el consejo de un pastor que no ha nacido de nuevo, acaba convirtiéndose en un siervo de Satanás. Si este pastor no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y por tanto no ha nacido de nuevo, por mucho que crea que está haciendo el bien, su ministerio no es más que obra de Satanás. Por eso este pastor debe nacer de nuevo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
La obra de Satanás no se manifiesta como fe en la Verdad, sino como la devoción del hombre
 
De hecho, hay muchos pastores en este mundo que están haciendo la obra de Satanás sin darse cuenta. Hacen muchas obras falsas como siervos de Satanás. Aunque sus obras de Satanás puedan curar enfermedades y expulsar demonios, sólo hacen pecadores, porque sus seguidores todavía tienen pecados en sus corazones. Su próxima obra es convertir a su congregación en un grupo de creyentes legalistas y cambiarlos para que se esfuercen en cumplir la Ley.
Antes de que el Apóstol Pablo conociera al Señor de camino a Damasco, estaba totalmente dedicado a la Ley. Él era el fariseo de fariseos, extremadamente piadoso. Su devoción le hizo perseguir y asesinar a muchos santos cristianos. Antes de que el Apóstol Pablo naciera de nuevo, cuando era un chico joven, sujetó las vestimentas de los que estaban lapidando a Estaban, el siervo del Señor. Solía decir: «Yo sujetaré vuestras vestimentas; ¡adelante! Matadle si queréis». En esta época, podemos encontrar este tipo de devoción en las iglesias y en las casas en las que Satanás obra. Dios hace que Sus siervos hagan Su obra silenciosamente. Sin embargo, el Diablo hace su obra con todo tipo de ruidos a través de sus siervos e incita su sed de gloria.
Una de las características de la obra de Satanás es hacer que la gente se entusiasme. Cuando miramos a la gente que Satanás ha utilizado, vemos que sólo trabajan por su propia gloria. Para ellos hay muchos requisitos que cumplir, desde asistir a reuniones de oración durante 70 días seguidos y 40 noches, hasta hacer una maratón para leer la Biblia en una semana. Sus vidas de fe son una continuación entre un lema y otro, e intentan hacer todo por su cuenta. Pero todo lo que debemos hacer es orar a Dios con nuestra fe en Su justicia y nuestros corazones confiando en Él. ¿Debemos ayunar durante 40 días para complacer a Dios? ¡Por supuesto que no!
Sin embargo, como no creen en la Verdad ni la siguen, y como no pueden confiar en la Palabra de Dios, buscan algo especial. Piensan que si ponen empeño, Dios les bendecirá de alguna manera. Intentan poner tanto empeño que nosotros, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos seguir este empeño de los que no han nacido de nuevo.
Antes de conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y de creer en él, yo también puse mucho empeño. Solía reunir a los jóvenes para limpiar la iglesia por dentro y por fuera, les llevaba a predicar por las calles y de nuevo les hacía ir al ensaño del coro por la tarde. Esto era antes de nacer de nuevo. Los que no han nacido de nuevo ante Dios ponen tanto empeño que debemos ver su devoción falsa aquí.
Sólo porque un cristiano sea devoto no significa que siga la voluntad de Dios. En otras palabras, cuando vivimos nuestras vidas de fe, debemos conocer primero lo que es el Evangelio del agua y el Espíritu y qué tipo de vida complace a Dios. Confiar en la Palabra de Dios, buscar su consejo y acudir a Dios es cumplir la voluntad divina. Seguir la Verdad es seguir adelante confiando en la justicia de Dios; no es algo que se pueda conseguir mediante la devoción humana.
Génesis 1, 2 dice: «El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». Esto significa que el Espíritu de Dios obra mediante la Palabra de Dios. Todo lo que debemos hacer es entender lo que la Palabra de Dios nos dice y seguirla. Dios obra en nuestras vidas cuando buscamos Su consejo, confiamos en Él y le seguimos, pero la devoción a la humanidad es como una maratón sin meta. No tiene fin, por mucho que se siga con esta devoción. Implica una constante exhortación para intentar hacer las cosas un poco mejor, pero el resultado es un constante sacrificio para ser un creyente devoto.
El objetivo de la devoción de la humanidad es satisfacer los propios deseos. Si no se pedalea sin cesar, se cae de la bicicleta; así es la piedad de la humanidad, una carrera constante. Este empeño agota y tormenta a la gente. Pero aún así Satanás les incita a seguir con empeño y los acaba arrojando al infierno. Esto se debe a que mucha gente sigue las palabras de Satanás con mayor empeño que la Palabra de Dios.
El empeño no les puede liberar, sino que hace que la gente se canse. Dios nos dijo: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Pero Satanás dice a la gente: «Sólo necesitáis saber por encima la Palabra de Dios, lo que de verdad necesitáis es devoción». La lógica de Satanás es que si somos devotos ante Dios, Él se complace del mismo modo en que «la sinceridad mueve el Cielo». Por eso la gente piensa: «Aunque soy un pecador, si rezo a Dios con devoción, Dios no se fijará en mis pecados». Esto es una falacia.
¿Qué podemos conseguir por orar a Dios con devoción? No debemos hacer hincapié en nuestra propia devoción. Esto es satánico. En vez de vivir según nuestro empeño, debemos conocer la voluntad de Dios y vivir según esta voluntad.
Sin embargo, los siervos de Dios intentan hacer que nos empeñemos en hacer las obras de la tierra. Después de empujarnos a la devoción, intentas hacernos ignorantes y nos arrojan al infierno como estúpidos. Por eso Dios dijo en 2 Timoteo 3, 6-7: «Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad».
En otras palabras, Satanás intenta llevar a la gente a la ignorancia. Intenta confundirles. Dios dice que Satanás trae ignorancia a la gente para que sigan sin conocer la verdad y hace que aprendan constantemente aunque nunca tienen un conocimiento exacto de la Verdad. Satanás hace que caigan en la ignorancia y la terquedad, que impiden que alcancen la Verdad. La estrategia de Satanás consiste en hacer que la gente sea ignorante.
Muchos cristianos son muy devotos cuando dan testimonio, cuando predican a otros para que crean en Jesucristo. Los siervos de Satanás son bastante diligentes a la hora de ganar adeptos, porque su empeño es bastante grande y porque atraen a los que parecen débiles. En otras palabras, Satanás afirma que la gente puede prosperar si cree en Jesucristo, puede ser sanada o tener éxito en sus negocios, y así les da esperanza y los convence según su estrategia. Esto es el resultado de la ignorancia. Por eso la Palabra de Dios dice que la devoción de los ignorantes nunca alcanza la Verdad. Dice que aunque los que se levantan contra la justicia de Dios están siempre aprendiendo, no pueden alcanzar la Verdad. Dicho de otra manera, los ignorantes que no han nacido de nuevo no pueden alcanzar la Verdad por mucho que aprendan de los siervos de Satanás. Enseñan a otros todos los días, pero sus seguidores siguen siendo pecadores incluso después de haberles enseñado, del mismo modo en que eran pecadores antes de aprender.
El Señor dijo en Juan 8, 32: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». Así que Dios nos está pidiendo que conozcamos la Verdad. Así que, mientras el Señor nos dice que conozcamos la Verdad, Satanás nos dice que seamos devotos.
¿Qué es la justicia de Dios? La Verdad. ¿Cuál es la Verdad? La Verdad es el Evangelio del agua y el Espíritu que salva vidas. Por eso cuando alguien conoce el Evangelio del agua y el Espíritu, puede recibir la vida eterna. Por el contrario, Satanás impide que la gete alcance la vida eterna al hacer que caigan en la ignorancia. Intenta mantenerlos como pecadores hasta el final para que sean castigados para siempre. Por eso los siervos de Satanás siguen difundiendo las palabras de ignorancia, para impedir que la gente conozca la justicia de Dios.
La fe satánica es así: «que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita» (2 Timoteo 3, 5). La eficacia de la piedad se refiere al Evangelio del agua y el Espíritu a través del cual somos justos al creer en la justicia de Dios. Así que Satanás hace que la gente no crea en la justicia de Dios, sino en su propia justicia, fingiendo creer en la justicia de Dios. Mientras que la gente de Satanás finja creer en la justicia de Dios, no puede recibir la verdadera eficacia de la piedad por fe. El Diablo intenta impedir que conozcamos la Verdad de que Dios ha borrado todos nuestros pecados. Intenta impedir que nos diéramos cuenta de que nos hemos convertido en gente sin pecado. Todo lo que Satanás hace es que la gente se revista de piedad exterior, como si creyera en Jesucristo. Esto es lo que hace Satanás, hacer que la gente finja creer en Jesucristo sin un objetivo claro e impedir que reciba la remisión de los pecados.
En otras palabras, Satanás hace que la gente sea devota y que sea imposible que alcancen la Verdad, y al hacerlo, lleva a muchos cristianos a la ignorancia y así mueren en su debilidad al final. Esta es la obra de Satanás, asegurarse de que la gente retenga todos sus pecados en sus corazones aunque crean en Jesucristo. Lo que es trágico es que las enseñanzas de Satanás tengan tanta aceptación en el cristianismo actual.
 
 
Debemos separar la Verdad de la mentira según la Palabra de Dios
 
Lo que Dios hizo el segundo día de la creación fue dividir el firmamento según Su Palabra. Dios ordenó que las aguas que estaban sobre el firmamento se separaran de las aguas que estaban bajo el firmamento. Todo lo que Dios dice se cumple. Entonces pensemos en qué significa dividir según la Palabra de Dios.
Dios separa Su Palabra de las palabras de Satanás. ¿Según qué criterio divide Dios la Verdad de la mentira? Como Dios dijo en Génesis 1, 2: «El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas», Él siempre está obrando con Su Palabra. Por tanto, Él puede separar a los nacidos de nuevo de los que no han nacido de nuevo con Su Palabra.
Cuando reflexionamos sobre algunas enseñanzas de la Palabra de Dios y cuando vemos que algo no es correcto según esta Palabra, podemos concluir que es la palabra de Satanás. En otras palabras, como escuchamos la Palabra de Dios de justicia, creemos en ella y la guardamos en nuestros corazones, cuando reflexionamos lo que la gente nos dice según la Palabra de Dios, si no es correcto, podemos decir que es la palabra de Satanás. Por otro lado si es correcto según la Palabra de Dios, entonces es la Palabra de Verdad que manifiesta la justicia de Dios.
Dicho de otra manera, cualquier enseñanza con la que nos encontremos, debemos separarla en la Palabra de encima del firmamento y la palabra que está debajo del mismo. Las enseñanzas que salen de los labios de los predicadores son la Palabra de Dios o la palabra de Satanás. Si estas enseñanzas no concuerdan con la Palabra de Dios de justicia, debemos ignorarlas, por muy sistemáticas y astutas que parezcan, y por muy famoso y autoritario que sea el predicador que las enseña. Las palabras que no contienen la justicia de Dios deben definirse como palabras de Satanás, no como la Palabra de Dios, y debemos alejarnos de ellas, aunque sean predicadas como la Palabra de Dios por una denominación respetable.
Cuando separamos una enseñanza en la Palabra de encima del firmamento y en la palabra de debajo del mismo, debemos utilizar la Palabra de Dios de justicia como norma. Cuando la gente de este mundo escucha a alguien hablar, no lo escuchan según la Palabra de Dios, sino que juzgan sus antecedentes, su poder, su fama, su dinero o su educación. Sin embargo, si nos basamos en estas cosas, no sería posible separar la Palabra de encima del firmamento de la de debajo, es decir, la Palabra de Dios de las palabras de Satanás. Cuando escuchamos a alguien, si abrimos la Biblia, que es la Palabra de Dios, y si escuchamos basándonos en esta Palabra, podemos distinguir las palabras de Satanás de la Palabra de Dios.
Por eso debemos dejar de lado las normas del mundo y basarnos en la Palabra de Dios, es decir la Biblia, para separar la Palabra de encima del firmamento de la de debajo. Ustedes también deben librarse de la confusión a través de la Palabra de Verdad.
 
 
Doctrinas falsas inventadas por Satanás
 
Algunas personas afirman que para ser completamente salvado hay que alcanzar la santidad incluso después de creer en Jesucristo. En el cristianismo, esta afirmación se conoce como la doctrina de la santificación incremental. De hecho, junto con la doctrina de la justificación, esta enseñanza es una de las enseñanzas ortodoxas aceptadas oficialmente por la mayoría del cristianismo. Sin embargo, esta enseñanza no sale de la Palabra de la Verdad.
Los argumentos que aportan los que apoyan esta doctrina es el siguiente. Antes de todo, invocan la Palabra: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó» (Romanos 8, 28-30). Se basan en este pasaje para hablar de la doctrina de la santificación como “los siete pasos hacia la madurez espiritual”. Se refieren al verso 29 de pasaje anterior: «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos» para argumentar que al hacerse mayores los cristianos son santificados en la carne al tiempo en que se hacen cada vez más semejantes a Jesucristo.
Sin embargo, esto no es lo que quiere decir este pasaje. Cuando la Biblia dice que nos hizo para ser conformes a la imagen de Su Hijo, no quería decir que debemos conformarnos a la apariencia exterior del Señor. Dios nos predestinó y nos llamó para darnos la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y hacernos creer en él, y así conformarnos a la imagen del Hijo de Dios por fe de una vez por todas.
Ahora mismo, el Espíritu de Dios vive en los corazones de los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Espíritu Santo vive en los corazones de los justos. Por tanto, los que tienen el Espíritu Santo en el corazón se conforman a la imagen del Hijo de Dios. Él nos predestinó y nos llamó a Jesucristo para que recibamos la remisión de nuestros pecados de una vez por todas.
Por eso los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y los que tienen al Espíritu Santo dentro, son los hijos de Dios y los que no tienen al Espíritu Santo no son hijos de Dios. Pero a pesar de ello, mucha gente ha malinterpretado el pasaje de Romanos 9, 28-30, y consecuentemente, han llegado a creer que hay que ser santificado después de creer en Jesucristo para ser completamente salvado. La doctrina de la santificación lleva a la gente a centrarse en sus atributos carnales, afirmando que debemos ser humildes y mansos como Jesucristo. Así que citando el pasaje de Romanos, los que no han nacido de nuevo acuden a los siete pasos de la santificación.
Romanos 8, 30: «Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó». Muchas personas aceptan la doctrina de la predestinación basándose en este pasaje. Sin embargo, el verdadero significado de este pasaje es completamente diferente de la doctrina de la predestinación, que no es más que una doctrina humana. El que Dios llamase a los que Él ha predestinado significa que Dios eligió a todo el mundo en Jesucristo. Cuando Adán pecó, Dios le vistió con la piel de un animal expiatorio; asimismo, Dios decidió perdonar todos nuestros pecados a través de Jesucristo, el descendiente de una mujer y nuestro sacrificio expiatorio. Por tanto, la frase «a los que predestinó» se refiere a Jesucristo y a los pecadores, los descendientes de Adán, es decir a todos los que recibirían a remisión de los pecados al creer en Jesucristo.
Por eso la Biblia dice: «Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó». Esto significa que nuestro Dios predestinó a todos los pecadores del mundo en Jesucristo. Y Dios llama a los que han recibido la remisión de los pecados como justos, y les hace Sus propios hijos. Revistiéndoles en la gloria de Jesucristo. Todo esto está contenido en el plan de Dios para hacer que los pecadores sean Sus hijos. Esta es la Ley de Dios.
Cuando la Biblia dice: «Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó», significa que Dios nos ha llamado a los humanos y que ha borrado nuestros pecados a través de Jesucristo. Él nos ha hecho completamente justos. Y a los que llamó, también los santificó. ¿Lo entienden ahora? Todo esto ocurrió simultáneamente y de una vez por todas.
Desde el punto de vista de Dios, esto requiere un plan muy elaborado y una implementación a largo plazo, pero si pensamos en lo que Jesucristo hizo por nosotros, hemos recibido todas estas bendiciones de inmediato: Dios nos llamó a los pecadores. Y al llamarnos, Jesucristo borró nuestros pecados. Una vez recibimos la remisión de nuestros pecados, fuimos justos, y al ser justos, nos convertimos en hijos de Dios. Así es como fuimos glorificados. El haber sido glorificados significa que al darnos Dios el Espíritu Santo, Su imagen, en nuestros corazones, los pecadores nos hemos convertido en hijos de Dios. Convertirse en hijos de Dios es la gloria de estar con Dios a través de Jesucristo.
Todo esto ocurrió en un instante. Como todo paso de una vez, decir que nuestra salvación se consigue a través de los siete pasos de la santificación es pronunciar las palabras de Satanás. Los que aceptan esta doctrina insiste que si se cree en Jesucristo y se camina diligentemente por el camino de la santificación en este mundo, uno puede transformarse y hacerse santo como Dios cuando se muere. Esta concepción es fruto de los pensamientos humanos y de las palabras de Satanás. Estas palabras no traen más que confusión y hace que la gente sea ignorante.
Dios nos llamó mediante un plan en Jesucristo y a los que han contestado a esta llamada de Dios, Él los ha hecho justos de una vez por todas y los ha santificado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos ha glorificado para que nos convirtamos en Sus hijos al creer en Su justicia. Esta es la obra de salvación santificación que Dios cumplió de una vez por todas. Por tanto, los seres humanos no se hacen santos por su propia cuenta.
Mis queridos hermanos, después de recibir la remisión de los pecados, ¿somos más santos si lo intentamos? No, no somos más santos. Aunque nuestros corazones sean santos por la justicia de Dios, nuestra carne sigue siendo insuficiente hasta el día en que morimos. Por eso el Apóstol Pedro dijo que el que hayamos obtenido la afirmación de nuestra salvación al creer en el bautismo de Jesucristo, no significa que la suciedad de nuestra carne haya desaparecido, sino que nos hemos vestido de la justicia de Dios por fe y seguimos Su voluntad de ahora en adelante (1 Pedro 3, 21).
Por tanto sólo mediante nuestra fe en la justicia de Dios podemos entrar en el Reino de los Cielos. Al confiar en Dios y seguirle, gracias al Espíritu Santo que vive en nuestros corazones, podemos vivir. Al seguir la Palabra de la Verdad de Dios y tener al Espíritu Santo en nuestros corazones, podemos ser transformados. Y podemos seguir la Verdad al creer en la salvación que Dios ha completado. No podemos cambiar por nuestros propios esfuerzos.
Gracias a que Jesucristo, que es Dios, nos ha santificado y glorificado, esto nos ha ocurrido, al poner nuestra fe en ello. Por eso, los que no son hijos de Dios, los que no han nacido de nuevo, han sido separados de los que han nacido de nuevo y por tanto ahora vivimos una vida diferente a la suya. Los que todavía no han nacido de nuevo hablan de los siete pasos de la santificación y afirman que algún día serán como Jesucristo. Así que aguantan cualquier situación difícil. Pueden soportar cualquier cosa, pero la cuestión es que uno no puede ser santo al creer en Jesucristo y entonces refinarse durante mucho tiempo. Como hay un límite en la paciencia de los seres humanos, en vez de ser santificados, su paciencia se agota y se hacen más tercos y egoístas al final. La noción de que uno se santifica en la carne es un pensamiento erróneo de los seres humanos.
Por tanto, cuando reflexionamos sobre la doctrina de la santificación incremental basándonos en la Palabra de la Verdad, nos damos cuenta de que es una enseñanza de Satanás. Cuanto más tiempo se crea en Jesucristo sin nacer de nuevo, mayor será la hipocresía y la tozudez. Estas personas parecen rectas por fuera, pero sus corazones están muy sucios. Aunque su conciencia, que no ha nacido de nuevo, siempre desvela sus pecados, intentan ocultarlos. ¿No es esto malvado? Son como una tumba, lavada con hipocresía para que parezca buena por fuera, pero dentro, las tinieblas están sobre la faz del abismo, se ahogan en el pecado y se pudren. Así que sus acciones, que guían a otros por el mal camino y los engañan, son muy sucias y malvadas. Por eso Jesucristo los rechazó y les llamó tumbas lavadas con cal.
 
 
Todo lo que Satanás dice es mentira y cuanto más sigamos sus palabras, antes nos daremos cuenta de que hemos sido engañados
 
Los que dicen creer en Jesucristo como su Salvador con esta fe errónea sólo tienen apariencia de santidad: no tienen el poder de la fe y la Biblia los rechaza porque «tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita» (2 Timoteo 3, 5). Los pecadores no pueden ser completamente santos. Sólo aparentar vivir con fe. Se arrodillan cuando adoran y juntan sus manos cuando oran. Son buenos haciendo estas cosas. Invocan la santidad con sus labios una y otra vez, pero sus corazones están llenos de envidia y avaricia, y se dejan llevar por todo tipo de deseos. Al ver esto, el Señor dice: «Tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella».
Los corazones de los que no han nacido de nuevo no siguen a Dios, sino al mundo. Intentan ser aprobados por el mundo e incrementar sus posesiones, y consecuentemente, sus últimos días son más sucios que cuando empezaron a creer en Jesucristo. Nuestro Señor deja claro que todos los que dicen creer en Dios y no han nacido de nuevo del todo, tendrán un final más sucio que el principio. Y el Señor dice que al final serán pésimos. Así que las palabras de Satanás se diferencian cuando reflexionamos sobre la Palabra.
Los que tienen pecados en sus corazones aunque crean en Jesucristo han creído en las palabras de Satanás. Cuando un cristiano no puede seguir la Palabra de Dios con sinceridad, aunque profese creer en Jesucristo, esto se debe a que ha creído en las palabras de Satanás todo este tiempo. Si creemos en la Palabra de Jesucristo, es imposible no seguirle. Seguimos al Señor porque sabemos que Su Palabra es infalible. Por supuesto, es bastante difícil para nosotros, pero no tenemos otra opción que seguirle, y cuando seguimos la Palabra del Señor, nuestros corazones se llenan de fuerza y de gozo.
Por el contrario, cuando seguimos las palabras de Satanás, cuanto más las seguimos, más confusos estamos y más sucia se vuelve nuestra conciencia. Esta gente dice que sigue al Señor con sus palabras, pero establece sus propias doctrinas con más empeño, que no son más que palabras de Satanás, y cuando estas doctrinas se hacen más duras, los corazones de sus seguidores se ensucian más. Aún así, fingen vivir una vida llena de obras virtuosas. Y se engañan a sí mismos, pensando que mientras sus acciones sean virtuosas, no estarán sucios, aunque haya todo tipo de suciedad en sus corazones.
 
 
La justicia de Dios se revela a través de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu
 
Por el contrario, cuando los corazones de los cristianos que han nacido de nuevo están engañados, el Espíritu Santo los devuelve a su sitio. A veces los corazones de los nacidos de nuevo van por el mal camino y si no vuelven al camino correcto, el Espíritu Santo se incomoda. Así que nuestros corazones no están tranquilos, sino que reaccionan de manera adversa. Entonces, en poco tiempo, nuestros corazones vuelven a estar intranquilos. Esto se debe a que nuestros corazones se atormentan cuando no podemos hacer cosas malvadas con tanta facilidad. Cuando los nacidos de nuevo emprenden un camino, pueden seguir en él si sus corazones están en paz. En otras palabras, como el Espíritu Santo señala los pecados de nuestros corazones, no podemos seguir en el camino equivocado, porque nuestros corazones se sienten incómodos e infelices. Esto es lo que les ocurre a los nacidos de nuevo.
Por el contrario, los que no han recibido la remisión de los pecados y cuyos corazones no tienen el Espíritu Santo, siguen las palabras de Satanás. Esto se debe a que confían en las palabras de Satanás de todo corazón y por ello se mueven según la codicia de sus corazones y la Palabra de Dios no puede controlarlos. Como los cristianos que no han nacido de nuevo están bebiendo del agua que está debajo del firmamento, que son las palabras de Satanás, en realidad no son diferentes a la gente del mundo que no cree en Jesucristo. Es casi imposible distinguir a los cristianos de los que no son cristianos hoy en día.
Los que creen en las palabras de Satanás viven según los deseos del mundo. Los que siguen las palabras de Satanás no son diferentes a la gente del mundo. Por el contrario, son más sucios que la gente del mundo. Como los que creen en Jesucristo sin nacer de nuevo creen en las palabras de Satanás, no dan frutos espirituales. Siguen siendo pecadores y no hay nadie que haya recibido la remisión de los pecados a través de ellos. La gente a la que predicaron el Evangelio sigue siendo pecadora porque los que creen en las palabras de la humanidad y siguen las palabras de Satanás aunque digan creer en Jesucristo, no dan fruto que complazca a Dios. A través de la Palabra, estas personas deben darse cuenta sin falta de que han estado siguiendo las palabras de Satanás todo el tiempo.
Si de verdad creen que la Biblia es la Palabra de Dios, entonces deben examinar su ge a la luz de la Palabra de Dios. ¿Están siguiendo la Palabra de Dios? Quien no siga a la Biblia está siguiendo a Satanás. Su maestro ha sido engañado por Satanás y él mismo también. No se puede ocultar esta verdad a los ojos de la Palabra de Dios.
Si nos damos cuenta de que hemos seguido las palabras de Satanás, podemos librarnos de sus redes. Si nos damos cuenta de que no hemos seguido la Verdad, debemos dejar a esa organización falsa que difunde las enseñanzas de Satanás. Así, cuando dejamos de ir a esa iglesia falsa, podemos volver a la justicia de Dios de inmediato.
Debemos conocer la Palabra de Dios sin falta y seguirla con un amplio conocimiento. Los que todavía no saben que están escuchando las palabras de Satanás y siguen yendo a una iglesia que no ha nacido de nuevo, sólo pueden esperar la destrucción. Dios ha dividido las aguas que hay encima del firmamento de las que hay debajo. Así los que siguen las palabras de Satanás y beben del agua de debajo del firmamento, serán separados por Dios. Por tanto, cuando no vuelven a Dios y siguen bebiendo del agua de debajo del firmamento hasta el final, son destruidos y no es culpa de Dios.
Por eso, si un cristiano no da fruto del Espíritu Santo a pesar de haber creído en Dios durante mucho tiempo, debe darse cuenta de que ha creído en las Palabras de Satanás y debe buscar la Palabra de Dios. Él le encontrará si le busca. Sin embargo, la iglesia de Satanás que no ha nacido de nuevo sigue dándole un alto cargo en la iglesia, y le ata para que no se vaya a otra iglesia. En algunas iglesias, los pastores hacen diáconos o mayores a personas que no sólo no han nacido de nuevo, sino que tampoco han ido a la iglesia muy a menudo. Así que regalan estos cargos en su congregación para satisfacer sus corazones con honor, ya que no ha ningún cambio, felicidad o satisfacción en ella a pesar de su trabajo como pastores. Cuando los pastores que no pueden guiar a su congregación espiritualmente ven que esta está insatisfecha, dan a sus seguidores honor, porque no les pueden satisfacer espiritualmente. Así que si alguien quiere darles un cargo en la iglesia aunque su fe no se haya establecido completamente, deben darse cuenta de que es un pastor falso.
Cuando la Iglesia que ha nacido de nuevo establece sus cargos, lo hace basándose en si la fe de los santos en la justicia de Dios y el don del servicio están en esas personas a las que se les quiere dar el cargo. La Iglesia nacida de nuevo no concede ningún cargo a una persona porque haya estado en la iglesia durante mucho tiempo o para satisfacerle, sino que lo hace si la persona cree en la justicia de Dios, porque sólo entonces puede servirle.
Sin embargo, los que no han nacido de nuevo están dominados por las palabras de Satanás y por tanto intentan satisfacer a la gente con cargos en la iglesia. Así que si un pastor quiere asignarles un cargo en su iglesia o concederles honor, aunque haya pecados en sus corazones y por tanto no pueda hacer nada, deben darse cuenta de que Satanás les está engañando. Deben darse cuenta de que este pastor no es un siervo de Dios y deben alejarse de esta gente. Sólo entonces podrán salvarse. Esto es lo que significa separar las aguas de encima del firmamento de las que hay debajo. Deben distinguirlo con claridad.
 
 
¿Qué hizo Dios el segundo día de la creación?
 
El segundo día, Dios dividió las aguas que hay encima del firmamento de las que hay debajo. Nosotros también debemos distinguir las palabras de Satanás de la Palabra de Dios. ¿Cómo las separamos? Separamos las aguas de encima del firmamento de las de debajo según la Palabra de Dios.
Debemos preguntarnos si estamos bebiendo de las aguas de encima del firmamento y si nuestras vidas están controladas por el Diablo. Si todavía no son justos aunque crean sinceramente en Jesucristo, esto significa que están bebiendo de las aguas de debajo del firmamento, es decir, del agua de la tierra. Deben saber que los que se han convertido en justos sin pecado al creer en Jesús y viven según la Palabra, son los que beben de las aguas de encima del firmamento. Entonces debemos separar claramente.
Si una persona sigue siendo pecadora después de creer en Jesucristo durante medio siglo, esto sólo puede significar que ha creído en las palabras del Diablo. Pero los que conocen el Evangelio del agua y el Espíritu correctamente y han recibido la completa remisión de sus pecados al aceptar la luz de la Palabra, son el pueblo dirigido por Dios. Estas personas son hijos de Dios y van de camino al Reino de los Cielos. Los cristianos deben distinguir claramente si son pecadores o justos, si están destinados al infierno o al Cielo, y si son hijos de Dios o del Diablo. Cuando nos examinamos basándonos en la Palabra, si somos justos sin pecado, entraremos en el Cielo como hijos de Dios, pero si tenemos pecados, seremos arrojados al infierno como siervos de Satanás. Así, Dios nos separa. Él lo ha hecho claramente. Dios no fracasó. Pero aunque Dios nos haya distinguido y nos lo haya hecho saber, algunos de nosotros todavía están engañando a su propia conciencia.
Cuando miramos nuestra propia conciencia, somos claramente pecadores o justos. Si hemos escuchado el Evangelio y hemos nacido de nuevo o no, si somos santos o meros practicantes de una religión, si tenemos pecados en nuestros corazones o no; todos somos claramente pecadores o justos. Debemos determinar si estamos engañando a nuestros propios corazones y debemos distinguir si pertenecemos a la Iglesia de Dios o al Diablo y al mundo. Quien escucha la Palabra de Dios puede saber quién es claramente, y así los que se engañan a sí mismos con las palabras de Satanás, viven en las aguas de debajo del firmamento y beben de esta agua, merecen que Dios los destruya.
 
 
Un pecador debe confesarse como un gran pecador ante la Verdad
 
Debemos darnos cuenta de que Dios ha separado la luz de las tinieblas y las aguas de encima del firmamento de las de debajo. ¿Se dan cuenta de que aunque Dios las haya dividido, la gente sigue muriendo porque engañan a sus propias conciencias? La gente no puede culpar a Dios porque les arroje al infierno, sino que esto ocurre porque sus conciencias no reconocen honestamente sus pecados y no buscan a Dios ni la Verdad, y entonces Dios no puede permitirles que encuentren la Verdad.
La luz está en el mundo ahora. Tenemos la Palabra de la Verdad. Quien aprenda esta Palabra correctamente, la vea, la escuche y esté convencido de su verdad, puede nacer de nuevo. Incluso el agua e está debajo del firmamento puede ser transformada en agua de encima del firmamento. Del mismo modo en que el agua del mar sube hacia el cielo en forma de vapor y vuelve a bajar como agua, las aguas de debajo pueden subir y convertirse en aguas de encima del firmamento. Aunque esto es posible, la gente sigue engañándose y por eso están condenados al infierno y a sufrir sin necesidad. Para encontrar la luz hay que volverse hacia Dios. Esto es la confesión.
El Señor encontrará a los que vayan ante Dios diciendo: «Dios, soy un pecador que bebe de las aguas de debajo del firmamento, por favor, sálvame». Los que todavía tienen pecados en sus corazones deben presentarse ante los siervos de Dios, ante Su Iglesia nacida de nuevo, escuchar la Palabra y recibir la remisión de los pecados.
Dios ha separado la Verdad de la mentira en los corazones de la gente. Los pecadores que beben de las aguas de debajo del firmamento no deben olvidar esto, sino que deben reunirse con los que han nacido de nuevo sin falta y deben transformarse. Aunque Dios ha hecho esta separación, si seguimos engañando a nuestra propia conciencia con las enseñanzas de Satanás que dicen: «Si creéis en Jesucristo, Dios os considerará justos aunque tengáis pecados» y entonces seremos arrojados al infierno. Debemos darnos cuenta de que esto es culpa nuestra por completo.
Debemos entender lo que significa cuando la Biblia dice que el segundo día Dios separó las aguas de encima del firmamento de las aguas de debajo del firmamento. Dios ha separado las enseñanzas en dos partes: Su Palabra y las palabras de Satanás; y ahora dependiendo de las palabras en las que creamos, nuestras bendiciones o maldiciones se determinan. Lo que uno bebe determina su felicidad o su desdicha.
 
 
Escojan
 
Dios ha separado las aguas de encima del firmamento de las que están debajo. Nosotros podemos beber de estas dos aguas. Tenemos derecho a escoger de qué agua beber. Todo depende de lo que escojamos. Los que prefieren el agua debajo del firmamento beberán de esta agua, y por tanto, morirán y serán destruidos. Los que quieren beber del agua de encima del firmamento, beberán de esta agua y nacerán de nuevo y así obtendrán la vida eterna. Todo ocurrirá según lo que escojamos.
El que vayamos al Cielo o al infierno depende de nuestra elección. Jesucristo nos ha preparado el Cielo y también ha hecho el infierno. Jesucristo ha hecho todo para que seamos justos. Todo lo que hay que hacer es elegir: si queremos seguir siendo pecadores, creeremos en las palabras de Satanás y seguiremos siendo pecadores, pero si queremos ser justos, creeremos en la Palabra de Dios y seremos justos. En otras palabras, el Cielo y el infierno dependen de nuestro juicio y elección. Nuestra elección determina si iremos al cielo o al infierno.
Dios nos ha preparado todo. La única cuestión que queda es la elección que haremos. Si queremos ir al Cielo, tenemos que escoger la Palabra de Dios, beber de las aguas de encima del firmamento y seguir a los siervo de Jesucristo. Si, por el contrario, queremos ir al infierno, debemos escoger las palabras de Satanás, beber de las aguas de debajo del firmamento y seguir a los siervos de Satanás, confiando en sus palabras. Todo se cumplirá según nosotros creamos.
Dios les dirá a los pecadores, sentado en Su trono del juicio en el último día: «Os dije desde el principio que separé las aguas que estaban encima del firmamento de las aguas que están debajo del firmamento. Pero al seguir las palabras de Satanás, escogisteis creer en mentiras e ir al infierno, y por tanto recibiréis lo que os habéis buscado. Es justo que según vuestra fe vayáis donde está Satanás». Entonces los que están destinados al infierno no tendrán nada que decir. Tendrán lengua, pero no podrán decir nada.
Dios nos ha dado de manera gratuita el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Palabra que nos permite nacer de nuevo, la Verdad, la salvación, la vida eterna, y todos las demás bendiciones celestiales. Tras darnos estas cosas, Dios nos dio la opción de escoger Sus bendiciones o Sus maldiciones. Del mismo modo en que Dios separó el día de la noche en este planeta, también separó las aguas de encima del firmamento de las de debajo del firmamento. Al hacer esta separación para los seres humanos que entrarán en el dominio de la vida eterna después de vivir en la tierra, Dios ha hecho que escogiéramos nuestro propio destino.
Dios no separó el día de la noche sin motivo. Lo hizo porque quería demostrarnos el resplandeciente dominio de la luz y el dominio de las tinieblas. En otras palabras, Dios ha separado el dominio de los justos del dominio de los pecadores. Ha hecho esta separación para que los que quieran ir al infierno tengan que creer en las tinieblas simplemente, y los que quieran ir al Cielo tengan que creer en la luz. Los que Dios ha separado, ningún ser humano lo puede cambiar. Por mucho poder que tenga la humanidad, no puede transformar el día en noche, ni la noche en día. Nadie puede cambiar lo que Dios ha hecho.
Quien tiene una conciencia limpia cree que en lo que Dios ha separado. Sólo al mirar a la luz y aceptarla, al aceptar las aguas de encima del firmamento, la Palabra de Dios que desciende sobre nosotros, hemos recibido la vida eterna.
El agua de la tierra, es decir, las enseñanzas de Satanás, nos obligan a esforzarnos para hacer buenas obras humanas. Esta agua que está debajo del firmamento nos enseña a convertirnos en justos y a ser salvados mediante nuestros esfuerzos carnales. Estas son las palabras de Satanás. Si alguien les enseña que ser justos y estar salvados se consigue mediante esfuerzos carnales, viviendo una vida santa y siendo santificado, recuerden que estas son las palabras de Satanás. La Palabra de Dios dice que nos convertimos en justos al creer de corazón en lo que Dios ha cumplido, y al aceptar Su Palabra en nuestros corazones. Convertirse en justo no tiene nada que ver con los esfuerzos carnales de cada uno, sino que se consigue al creer en la Palabra de Dios que desciende sobre nosotros. Al creer en la Palabra de encima del firmamento, en la Palabra de Dios de Verdad, en Su perfecta Palabra que no necesita ser complementada por obras humanas, recibimos la remisión de nuestros pecados, nos hacemos justos y conseguimos la vida eterna.
Mis queridos hermanos, la Palabra de Dios viene desde arriba, da fruto en la tierra y vuelve a ascender. Si creen en la Palabra de Dios, tendrán la felicidad, pero si beben de las aguas de debajo del firmamento, serán malditos. Dios no quiere que sufran o sean malditos. Por eso nos ha dado Su Palabra y ha dividido las aguas de encima del firmamento de las de debajo. Quien haya probado las aguas de encima del firmamento no puede beber de las de abajo nunca más.
Los que sólo han bebido de las aguas de debajo del firmamento hasta este día, deben volver a la Palabra de Dios. Los que sólo han probado las aguas de debajo del firmamento deben buscar las aguas de encima del firmamento y volver a la Palabra de la justicia de Dios, la verdadera fe.