The New Life Mission

Sermones

Tema 3: El Evangelio del agua y del Espiritu

[3-1] (Juan 8:1-12) La Redención Eterna

(Juan 8:1-12)
“y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvio al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentándo el, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están aquellos que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesus le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. 
 
¿Cuánto pecado borró Jesús?
Todos los pecados del mundo
 
Jesús nos dio la redención eterna. No hay nadie en este mundo que no pueda ser redimido si confía en Jesús como su Salvador. Él nos redimió a todos nosotros. Si hay un pecador que sufre con sus pecados, esto se debe a que él no entiende cómo Jesús ha entregado todos los pecados con Su bautismo y crucifixión.
Todos nosotros debemos saber y confiar en el secreto de la salvación. Jesús ha quitado todos nuestros pecados con Su bautismo, y Él ha soportado el juicio para nuestros pecados y Él ha muerto en la Cruz por nosotros.
Usted debe confiar en la salvación por agua y el Espíritu; la redención eterna de todos los pecados. Usted debe confiar en Su gran amor que le ha hecho a usted una persona justa. Confíe en lo que Él hizo para su salvación en el río Jordán y en la Cruz.
Y Jesús conoce todos nuestros pecados escondidos, también. Algunas personas tienen una concepción errónea sobre los pecados. Ellos piensan que algunos pecados no pueden ser redimidos. Jesús ha redimido todos los pecados.
No hay ningún pecado en el mundo que Él haya dejado a un lado. Él ha redimido todos los pecados en este mundo, por consiguiente ya no hay pecadores. ¿Conoce usted el Evangelio que redimió todos sus pecados, aun sus pecados del futuro? Confíe en esto y va a ser salvo. Y de toda la gloria a Dios. 
 
 
La mujer que se encuentra en el acto de adulterio

¿Cuántas personas en el mundo 
cometen adulterio?
Todas
 
En Juan 8, hay una mujer que se encontró en el acto de adulterio. Y vemos cómo ella fue salvada por Jesús. Queremos compartir la gracia que ella recibió. No es demasiado decir que todos los seres humanos cometen adulterio en su vida. Todas las personas cometen adulterio.
Si esto no le aparece, se debe a que lo hacemos muy frecuentemente. ¿Por qué? Vivimos con muchos adulterios en nuestra vida.
Veo a la mujer y contemplo si hay uno entre nosotros que no haya cometido adulterio. No hay ninguna persona que no ha cometido adulterio. Nosotros sólo fingimos no hacerlo
¿Piensa que estoy equivocado? No, no lo estoy. Vea con cuidado adentro. Todos en el mundo lo han cometido. Ellos cometen adulterio mientras miran a la mujer en la calle, en sus pensamientos y en sus actos, en cualquier momento y en cualquier lugar. 
Ellos sólo no entienden que ellos están haciéndolo. Hay muchas personas que no entienden hasta el día en que mueren que ellos han cometido adulterios innumerables veces en toda su vida. No sólo los que son descubiertos, sino todos nosotros que no hemos sido descubiertos. Todas las personas lo hacen en su mente, y en sus actos. ¿Esto no es una parte de nuestra vida?
¿Está usted enfadado? Esto es verdad. Sólo estamos escondiéndolo pues estamos perplejos. Estoy seguro que las personas en estos días cometen adulterio todo el tiempo pero no se dan cuenta de que lo están haciendo. 
Las personas cometen adulterio en su espíritu, también. Nosotros, que fuimos creados por Dios, vivimos en esta tierra sin darnos cuenta de que estamos cometiendo adulterio en nuestro espíritu. Adorar a otros dioses es un adulterio espiritual pues el Señor es el único esposo de todos seres humanos. 
La mujer que fue descubierta en el acto fue un ser humano como el resto de nosotros y ella recibió la gracia de Dios como nosotros fuimos redimidos. Pero los fariseos hipócritas la señalaban con sus dedos a ella como si fueran jueces y estaban a punto de tirarle piedras. Ellos estaban a punto de hacer burla de ella y juzgarla como si ellos fueran puros, como si no hubieran cometido nunca el adulterio. 
Amigos cristianos, los que se consideran a sí mismos como una masa de pecados, no juzgan a otros ante Dios. Más bien como ellos saben que ellos cometen adulterio en toda su vida, reciben la gracia de Dios que nos ha redimido a todos nosotros. Sólo los que se dan cuenta de que ellos son pecadores y que cometen adulterio son los elegidos para ser redimidos ante Dios. 
 

¿Quién recibe la gracia de Dios? 

¿Quién recibe la gracia de Dios?
Las personas indignas.
 
¿Quiénes reciben Su gracia entre los que viven puramente sin cometer adulterio y las personas indignas? Las personas que lo hacen van a recibir la gracia abundante de Su redención. Los que no pueden ayudarse a sí mismos, los que son débiles e impotentes reciben redención. Ellos son los que están en Su gracia.
Los que piensan que ellos están sin pecados no pueden ser redimidos. ¿Cómo pueden recibir la gracia de Su redención cuando no hay nada que redimir?
Los escribas y fariseos se presentaron con una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La pusieron en medio de todos y preguntaron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. ¿Tú, pues, qué dices?” ¿Por qué le trajeron a la mujer ante Él y Le pusieron a prueba?
Ellos mismos habían cometido adulterio también muchas veces, pero ellos estaban tratando de juzgarla y matarla a través de Jesús y tratando de echar la culpa sobre Él. 
Jesús sabía qué había en su corazón y conocía todo de la mujer. Entonces Él dijo: “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Entonces los fariseos, al oír esto se marcharon uno tras otro, comenzando por los más viejos, y dejaron sólo a Jesús con la mujer.
Los que salieron fueron los escribas y fariseos, los líderes religiosos. Ellos estaban a punto de juzgar a la mujer que había sido sorprendida en el acto como si ellos mismos no fueran pecadores.
Jesús proclamó Su amor en este mundo. Él es el anfitrión del amor. Jesús dio a las personas comida, hizo revivir a las personas muertas, dio vida al hijo de una viuda, revivió a Lázaro, curó a los leprosos y mostró milagros para los pobres. Después, les quitó todos los pecados a todos los pecadores y les dio la salvación.
Jesús nos ama. Él es el Todopoderoso que puede hacerlo todo, pero los fariseos le consideraron como su enemigo. Por eso le trajeron a la mujer ante Él y Le pusieron a prueba.
Ellos preguntaron: “Maestro, en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” Ellos pensaron que Él les ordenaría apedrearla. ¿Por qué? Si juzgamos de acuerdo a lo que está escrito en la ley de Dios, todas las personas que han cometido adulterio deben ser apedreadas hasta la muerte sin excepción.
Todos tienen que ser apedreados hasta la muerte y todos están destinados a ir al infierno. El resultado del pecado es la muerte. Pero Jesús no les ordenó apedrearla sino más bien dijo:“El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. 
 
¿Por qué Dios nos dio los
613 artículos de la Ley?
Para darnos cuenta de que 
somos pecadores.
 
La Ley trae consigo la ira. Dios es santo entonces Él es Su Ley. Esta Santa Ley nos vino con 613 artículos. La razón por la cual Dios nos dio 613 artículos de la Ley es para que nos demos cuenta de que somos pecadores; que somos seres incompletos. Esto nos enseña que debemos ver la gracia de Dios para ser redimidos. Si no sabemos esto y solo pensamos en lo que está escrito en la Ley, todos nosotros deberíamos ser apedreados hasta morir como la mujer sorprendida en el adulterio. 
Los escribas y fariseos que no supieron la verdad de Su Ley pensaron que ellos podían apedrear a la mujer y a nosotros también. ¿Quién pudo tirarle piedras a esa mujer? Aunque ella fue sorprendida en el acto, nadie en el mundo le pudo tirar piedras.
Si esa mujer y cada uno de nosotros somos juzgados de acuerdo con la Ley, tanto nosotros como la mujer vamos a recibir un juicio terrible. Pero Jesús nos salvó, de nuestros pecados y del juicio justo a nosotros que somos pecadores. ¿Con todo nuestro pecado, si la Ley de Dios nos es aplicada estrictamente, quién de entre nosotros podría vivir? Todos nosotros iríamos al infierno. 
Pero los fariseos conocieron la Ley sólo como está escrita. Si Su Ley es aplicada correctamente, ésta les va a matar a ellos mismos. De hecho, la Ley de Dios fue dada a las personas para que entendieran sus pecados pero han sufrido porque ellos la han malentendido y aplicado mal.
Los fariseos de estos días, como los fariseos en la Biblia, sólo conocen la Ley como está escrita. Ellos deben entender la gracia, la justicia y la verdad de Dios. Ellos deben aprender el Evangelio de redención para ser salvos.
Los fariseos dijeron: “En la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” Ellos le preguntaron tomando piedras con toda confianza. Ellos pensaron que seguramente Jesús les permitiría apedrearla.
Si Jesús hubiese juzgado según la Ley, también le habrían lapidado a Él. Su objetivo era lapidar a la mujer y a Jesús. Si Jesús hubiese dicho que no lapidasen a la mujer, habrían dicho que Jesús había transgredido la Ley de Dios y le habrían lapidado por blasfemia. ¡Era una trampa terrible!
Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir con el dedo en el suelo. Como ellos seguían presionándole con aquella cuestión “¿Tú qué dices?”, ellos señalaban a Jesús con sus dedos y le continuaron presionando.
Jesús contestó: “Aquel de vosotros que no tenga pecado puede tirarle la primera piedra”. Después se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en la tierra. Al oír esto se marcharon uno tras otro, comenzando por los más viejos, y dejaron sólo a Jesús con la mujer.
 
 
“Aquel de vosotros que no tenga pecado puede tirarl la primera piedra”

¿Dónde están registrados 
los pecados?
En la tabla de nuestro corazón y en 
los Libros de las Obras
 
Jesús le dijo: “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella” y Él continuó escribiendo en el suelo. Al oír esto se marcharon uno tras otro, comenzando por los más viejos. Los más viejos que tenían más pecados se marcharon primero. También los jóvenes se marcharon. Supongamos que Jesús estuvo de pie entre nosotros que estuvimos alrededor de la mujer. Si Jesús nos hubiera dicho que uno de nosotros que no tuviera pecados tirase una piedra primero, ¿qué habíamos hecho?
¿Qué es lo que Jesús había escrito en el suelo? Dios, quien nos creó, escribe nuestros pecados en dos lugares diferentes.
Primero, Él escribe nuestros pecados en la tabla de nuestro corazón. “El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares” (Jeremías 17:1).
Dios nos habla a través de Judas, quien es nuestro representante. Los pecados de los seres humanos están grabados con cincel de hierro, con punta de diamante. Estos están grabados en la tabla de nuestro corazón. Jesús se inclinó y escribió en el suelo que las personas son pecadoras.
Dios sabe que cometemos pecados y Él graba los pecados en la tabla de nuestro corazón. Primero, Él registra los pecados que cometemos, pues somos débiles ante la Ley. Como los pecados están registrados en nuestro corazón, nos damos cuenta de que somos pecadores cuando vemos la Ley. Como Él los registró en nuestro corazón, en nuestra consciencia, sabemos que somos pecadores ante Él. 
Y Jesús se inclinó por segunda vez para escribir en el suelo. La Sagrada Escritura dice que todos nuestros pecados son también anotados en los Libros de las Obras ante Dios (Apocalipsis 20:12). El nombre y los pecados de una persona están registrados en el Libro. Y también ellos están registrados en la tabla de su corazón. Nuestros pecados están registrados dos veces en el Libro de las Obras y en la tabla de nuestros corazones.
Los pecados están registrados en la tabla del corazón de la persona. Esta es la razón por la cual ellos no tuvieron nada que decir con respecto a sus pecados ante Jesús. Los que estaban tratando de apedrear a la mujer se fueron sin esperanza ante Sus palabras.
 
¿Cuándo serán borrados nuestros 
pecados que están registrados 
en dos lugares?
Cuando aceptemos la redención por 
el agua y la sangre de Jesús en 
nuestro corazón
 
Pero cuando usted recibe la salvación, todos sus pecados en el Libro de las Obras son borrados y su nombre va a entrar en el Libro de la Vida. Aquellos cuyos nombres aparecen en el Libro de Vida van a ir al cielo. Sus actos buenos, las cosas que ellos han hecho en este mundo para el Reino de Dios y Su justicia son también registrados en el Libro de Vida. Y ellos son aceptados en el cielo. Los que son redimidos de sus pecados entran a la tierra de la eternidad.
Recuerde que los pecados de toda persona son registrados en dos lugares. Entonces nadie puede engañar a Dios. No hay nadie que no hubiera pecado en su corazón y que no hubiera cometido adulterio en su corazón. Somos todos pecadores y todos somos imperfectos. 
Los que no han aceptado la redención de Jesús en su corazón no pueden evitar agonizar por sus pecados. Ellos no tienen confianza. Ellos le tienen miedo a Dios, tienen miedo ante Dios y a las personas debido a sus pecados. Pero en el momento en que aceptan en su corazón el Evangelio de la redención por agua y el Espíritu, todos los pecados registrados en la tabla de su corazón y en el Libro de Obras son limpiados. Ellos son redimidos de todos sus pecados.
Existe el Libro de la Vida en el cielo. Los nombres de los que confían en la redención por agua y el Espíritu son registrados en el libro y ellos van a entrar al cielo. Ellos entran al cielo, no porque ellos no hayan pecado en este mundo, sino porque ellos han sido redimidos de todos sus pecados por confiar en la redención por agua y el Espíritu. Esta es la ley de la fe. (Romanos 3:27). 
Amigos cristianos, los fariseos fueron pecadores como la mujer que fue capturada en el acto de adulterio.
De hecho ellos habían cometido más pecados porque ellos pretendieron y se engañaron a sí mismos como si ellos no fueran pecadores. Los líderes religiosos fueron ladrones con permisos formales. Ellos fueron ladrones de almas, ladrones de vida. Ellos se atrevían a enseñar a otros aunque ellos mismos todavía no habían sido redimidos. 
No hay nadie que no tenga pecados de acuerdo con la Ley. Pero las personas se justifican, no porque ellas no hayan cometido pecados, sino porque ellas han sido redimidas de todos sus pecados y sus nombres están registrados en el Libro de Vida. Lo más importante es si el nombre de una persona ha sido registrado o no en el Libro de Vida. Porque las personas no pueden vivir libres de pecado, ellos deben ser redimidos. 
El ser aceptado en el cielo depende de si usted confía o no. El recibir la gracia de Dios depende de si usted acepta la salvación de Jesús. ¿Qué le ocurrió a la mujer que fue capturada? Ella tuvo mucho miedo porque ella sabía que ellos iban a matarla. Probablemente ella estuvo llorando de miedo y arrepentimiento. Las personas se vuelven honestas consigo mismas cuando se enfrentan a la muerte.
“Oh, Dios, es apropiado que tenga que morir. Por favor ten piedad de mí. Por favor ten piedad de mí, Jesús”. Ellos rogaron a Jesús por el amor de la redención. “Dios, si me juzgas, voy a ser juzgada y si dices que yo no tengo pecado, entonces mis pecados van a ser borrados. Esto depende de Ti”. Ella probablemente estuvo diciendo esto. Todo depende de Jesús.
La mujer que fue llevada ante Jesús no dijo: “Hice malas cosas, por favor perdóna mi adulterio”. Ella dijo: “Por favor sálvame de mis pecados. Si me redimes de mis pecados, puedo ser salvada. Si no, voy a ir al infierno. Necesito Tu redención. Necesito el amor de Dios y te ruego que tengas piedad de mí”. Ella cerró sus ojos y confesó sus pecados.
Y Jesús le preguntó: “¿Dónde están aquellos que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?” Ella contestó: “Ninguno, Señor”.
Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno”. Jesús no la condenó porque Él había quitado todos sus pecados a través de Su bautismo en el río Jordán y ella fue redimida. Ahora, Jesús, no la mujer, había sido juzgado por los pecados de ella. 
 

Él dijo: “Tampoco yo te condeno”

¿Ella fue condenada por Jesús?
No
 
Esta mujer fue bendecida con la salvación en Jesús. Ella fue redimida de todos sus pecados. Nuestro Señor Jesús nos dice que Él redimió todos nuestros pecados, por eso somos todos justificados.
Jesús nos dice esto en la Biblia. Que Él murió en la Cruz para pagar nuestros pecados, que Él quitó con Su bautismo en el río Jordán. Él nos dice claramente que Él redimió a todos los que confían en la redención de Su bautismo y juicio en la Cruz. Todos nosotros necesitamos las palabras escritas de Jesús y necesitamos cumplir esas palabras. Entonces vamos a ser bendecidos con la redención.
“Dios, no tengo ningún mérito ante Ti. No tengo ningún talento. No tengo nada que mostrarte, sino mis pecados. Pero confío en que Jesús es mi Señor de redención. Él quitó todos mis pecados en el río Jordán y los expió en la Cruz. Él quitó todos mis pecados con Su bautismo y Su sangre. Yo confío en Ti, Señor.”
Así es cómo usted es salvado. Jesús no nos condena. Él nos dio el derecho de ser hijos de Dios: a los que confíen en la redención por el agua y el Espíritu, Él quitó todos sus pecados y les llama justos.
¡Queridos amigos! La mujer fue redimida. La mujer que fue sorprendida en adulterio fue bendecida con la redención ante Jesús. Podemos también ser bendecidos como ella. Los que reconozcan sus pecados y le pidan a Dios tener piedad de sí mismos, los que confíen en la redención por el agua y el Espíritu en Jesús, reciben la bendición de la redención de Dios, y pueden ser redimidos. Los que cometan pecados y no se den cuenta de sus propios pecados no pueden ser bendecidos con la redención.
Jesús quitó los pecados del mundo (Juan 1:29). Cualquier pecador en el mundo puede ser redimido si confía en Jesús. Jesús le dijo a la mujer: “Tampoco yo te condeno”. Él dijo que Él no la condenó porque todos sus pecados ya le pertenecían a Él, y porque quitó todos nuestros pecados y fue juzgado en lugar de nosotros. 
 

También debemos ser redimidos ante Jesús
 
¿Cuál es más grande, el amor 
de Dios o el juicio de Dios?
El amor de Dios
 
Los fariseos, con piedras en sus manos, así como los líderes religiosos de estos días, interpretan la Ley a la letra. Ellos confían en que, dado que la Ley nos dice no cometer adulterio, los que cometen pecado deben a ser apedreados hasta morir. Ellos miran a la mujer mientras pretenden no haber cometido adulterio. Ellos no pueden ser redimidos ni salvados. Los fariseos fueron los moralistas de este mundo. Ellos no fueron a los que Jesús llamó. Estas personas nunca le escucharon decir: “No voy a condenarte”.
Sólo la mujer que fue sorprendida en adulterio escuchó estas palabras. Si usted es honesto ante Él, usted puede ser bendecido como ella. “Dios, cometo adulterio en toda mi vida. He pecado varias veces cada día”. 
Cuando aceptamos la Ley y el hecho de que somos pecadores que tenemos que morir y vemos a Dios honestamente y consideramos como somos, diciendo: “Dios, esto es lo que soy. Por favor sálvame,” Dios va a bendecirnos con la redención.
El amor de Jesús, por el agua y el Espíritu ha ganado el justo juicio de Dios. “Tampoco yo te condeno”. Él no nos condena y Él dice: “Tú estás redimido”. Nuestro Señor Jesucristo es el Dios de la compasión. Él nos ha sacado de todos los pecados del mundo.
Nuestro Dios es el Dios de Justicia y el Dios de Amor. El amor por el agua y el Espíritu es mucho más grande que Su juicio.
 

Su amor es más grande que Su justicia

¿Por qué Él nos redimió?
Porque Su amor es más grande 
que Su justicia
 
Si Dios hubiera permitido que Su Juicio cumpliera Su justicia, Él habría juzgado a todos los pecadores y los habría enviado al infierno. Pero como el amor de Jesús que nos salva del juicio es más grande, Dios envió a Su único Hijo, Jesús. Jesús quitó todos nuestros pecados y recibió juicio por todos nosotros. Ahora cualquiera que confíe en Jesús como su Salvador será Su hijo y una persona justificada. Como Su amor es más grande que Su justicia, Él nos remidió a todos nosotros.
Damos gracias a Dios porque no nos juzga únicamente con Su justicia. Una vez, Jesús les dijo a los escribas, los fariseos y a sus discípulos: “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13). Algunas personas todavía matan a una vaca o una cabra todos los días para ofrecérsela a Dios mientras oran: “Dios, perdona mis pecados”. Dios no quiere nuestros sacrificios, sino que quiere que creamos en la redención del agua y el Espíritu. Quiere que seamos redimidos y salvados. Quiere darnos Su amor y aceptar nuestra fe. ¿Pueden verlo? Jesús nos ha dado Su perfecta salvación.
Jesús odia los pecados pero Él tiene un gran amor hacia los seres humanos, que fueron creados a imagen de Dios. Él decidió antes del principio de los tiempos hacernos Hijos de Dios, y Él borró todos los pecados con Su bautismo y sangre. Dios nos creó para redimirnos, para hacernos Sus hijos. Esto es el amor que Él nos da a nosotros, Sus creaciones.
Si Dios sólo nos juzga de acuerdo con Su justa Ley, nosotros, los pecadores vamos a morir. Pero Él nos liberó a través del bautismo y el juicio de Su hijo en la Cruz. ¿Confía usted? Vamos a confirmarlo en el Antiguo Testamento.
 
 
Aarón impuso sus manos sobre el macho cabrio expiatorio
 
¿Quién pasó los pecados de 
Israel en el macho cabrio vivo 
como su representante?
El Sumo Sacerdote
 
Todos los pecados de este mundo fueron expiados con la ordenación del Antiguo Testamento y el bautismo del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, todos los pecados de Israel fueron expiados a través del Sumo Sacerdote, que impuso sus manos sobre la cabeza del macho cabrio sin defecto. 
“Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto”. (Levítico 16:21).
Así es cómo ellos expiaron sus culpas en los días del Antiguo Testamento. Para ser redimido de los pecados diarios, la persona traía un carnero o un macho cabrio sin defecto al Tabernáculo y lo ofrecía en el altar. Ella ponía sus manos sobre la cabeza de su ofrenda, y sus pecados eran pasados al sacrificio. Entonces los sacerdotes ponían el sacrificio y su sangre sobre los cuernos del altar .
Había cuernos en las cuatro esquinas del altar. Estos cuernos simbolizan los Libros de las Obras explicados en Apocalipsis 20, 12. Y el resto de la sangre era derramada en el suelo, también. El suelo representa el corazón del hombre porque el hombre es creado del polvo. Las personas expiaban sus pecados diarios de esta manera.
Pero ellos no podían hacer las ofrendas por sus pecados diariamente. Entonces Dios les permitió a ellos la expiación una vez al año por los pecados de un año. Esto era en el décimo día del séptimo mes, el Día de Expiación. En ese día, los representantes de todo el pueblo de Israel, el sumo sacerdote, trajeron dos machos cabrios y pusieron sus manos sobre ellos para pasarles todos los pecados del pueblo y los ofrecieron ante Dios para hacer la expiación por el pueblo de Israel.
“Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío”. (Levítico 16:21).
Dios había designado a Aarón, como el sumo sacerdote de Israel. Como el representante en lugar de todas personas, poniendo sus manos sobre las ofrendas, el sumo sacerdote, como representante de todo el pueblo, ponía sus manos en la cabeza de macho cabrío vivo para la remisión de los pecados de un año.
Y él declaraba todos los pecados de Israel ante Dios: “O, Dios, tus hijos de Israel han pecado. Han rendido culto a ídolos, no hemos cumplido todos los artículos de Tu Ley, hemos llamado Tu nombre en vano, hemos creado otros ídolos y los hemos amado más que a Ti. No guardamos el domingo santo, no respetamos a nuestros padres, hemos matado, hemos cometido adulterio y robo…. Nos entregamos en celos y disputas”. 
Él hace una lista de todos los pecados. “Dios, ni el pueblo de Israel ni yo hemos sido capaces de cumplir Tu Ley. Para ser redimidos de todos estos pecados, pongo mis manos en la cabeza de este macho cabrio y paso todos estos pecados en él”. El sumo sacerdote ponía sus manos en la ofrendas por todo el pueblo y pasaba todos los pecados a la cabeza de la ofrendas. La ordenación o imposición de manos significa ‘para pasar.’ (Levítico 1:1-4, 16:20-21). 
¿Cómo se realizaba la expiación en 
el tiempo del Antiguo Testamento?
Poniendo las manos sobre la cabeza 
de la ofrenda por el pecado
 
Dios le había concedido el rito de ofrenda de pecado al pueblo de Israel, así ellos le podían pasar todos sus pecados y ser redimidos. Él especificó que era indispensable una ofrenda por el pecado sin defecto y esta ofrenda de pecado tenía que morir en lugar del hombre. La redención de los pecadores individuales era así.
En el Día de la Expiación, el macho cabrío que era la ofrenda por el pecado se mataba y su sangre era llevada dentro del Santuario y esparcida en el propiciatorio siete veces. Entonces el pueblo de Israel expiaba así los pecados de un año en el décimo día del séptimo mes.
El sumo sacerdote entraba solo al Santuario para ofrecer el sacrificio, y el pueblo se reunía fuera y escuchaba el sonido de la campana de oro siete veces cuando la sangre era esparcida en el propiciatorio. Entonces el pueblo se podía gozar de que todos sus pecados habían sido expiados. El sonido de la campana de oro era el sonido del alegre Evangelio.
No es verdad que Jesús ama sólo a un pueblo y solo a ellos los redime. Jesús quitó todos los pecados de todo el mundo de una sola vez con Su bautismo. Él quiso liberarnos para siempre. Nuestros pecados no pueden ser redimidos todos los días; ellos fueron redimidos de una sola vez. 
En el Antiguo Testamento, la expiación fue dada a través de la ordenación de la ofrenda por el pecado. Aarón puso sus manos en la cabeza del macho cabrio vivo delante de todo el pueblo e hizo la lista de todos los pecados que el pueblo había cometido durante el año. Él pasó los pecados al macho cabrio delante de todas las personas. ¿Dónde estaban los pecados del pueblo entonces? Ellos habían sido pasados al macho cabrio.
Entonces el macho cabrio era enviado lejos por ‘un hombre designado.’ El macho cabrío, con todos los pecados de Israel, era enviado al desierto donde no había agua ni hierbas. El macho cabrío, entonces, andaba vagando en el desierto bajo el sol ardiente y finalmente murió. El macho cabrío moría por los pecados de Israel.
Esto es el amor de Dios, el amor de la redención. Así es cómo ellos expiaron los pecados del año en aquel entonces. Pero estamos viviendo en el tiempo del Nuevo Testamento. Ya pasaron 2000 años desde que Jesús vino a nuestro mundo. Él vino y cumplió la profecía que Él había hecho en el Antiguo Testamento. Él vino y redimió todos nuestros pecados.
 

Para redimirnos a todos nosotros

¿Cuál es el significado 
de ‘Jesús’?
El que va a salvar a Su pueblo 
de sus pecados

Vamos a leer Mateo 1, 20-21. “Y pensando él en esto, he aquí  un ángel del Señor  le apareció en sueño y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:20-21).
Nuestro Padre en el cielo tomó el cuerpo de la virgen María para enviar Su Hijo a este mundo, para limpiar todos los pecados de las personas. Él envió un ángel a María y le dijo: “Dará a luz un hijo y llamará su nombre Jesús”. Esto significa que el Hijo de María vendría a ser el Salvador. Jesucristo significa el que va a salvar a Su pueblo, o sea, el Salvador.
Entonces, ¿cómo nos salvó Jesús de todos nuestros pecados? La manera en que Jesús quitó todos los pecados del mundo fue a través de Su bautismo en el río Jordán. Él fue bautizado por Juan el Bautista y todos los pecados del mundo pasaron a Él. Vamos a leer Mateo 3:13-17.
“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán,  para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponia, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejo. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí  los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo, el amado, en quien tengo  complacencia”. 
Jesús se dirigió a Juan el Bautista para redimirnos de todos nuestros pecados. Él entró al agua y se inclinó ante Juan. “Juan, bautízame ahora. Pues conviene que cumplamos toda justicia. Como voy a quitar todos los pecados del mundo, para Mí es necesario llevarme sus pecados con el bautismo. ¡Bautízame ahora! ¡Permitelo ahora!” 
Pues convenía que cumplieran toda la justicia. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Y en el mismo momento, toda la justicia de Dios, que nos redimió de todos nuestros pecados, fue hecha.
Así es cómo Él quitó todos nuestros pecados. Todos tus pecados fueron pasados a Jesús, también. ¿Entiende usted esto? 
Confíe en la redención del bautismo de Jesús y del Espíritu y será salvo. 

¿Cómo fue hecha toda justicia?
A través del bautismo de Jesús
 
Dios había prometido a Israel que todos los pecados de las personas serían limpiados mediante la imposición de manos y el sacrificio de la ofrenda de pecado. Pero como para todos era imposible poner las manos en la cabeza del macho cabrio individualmente, Dios consagró a Aarón para ser el sumo sacerdote, entonces él podía ofrecer el sacrificio por todas las personas. Por consiguiente, Él pasaba todos los pecados del año a la cabeza del macho cabrio expiatorio de una vez. Esta es Su Sabiduría y el poder de la redención. Dios es Sabio y Asombroso.
Él envió a Su Hijo Jesús para salvar a nuestro mundo. Entonces la ofrenda del pecado no fue necesaria nunca más. Ahora era necesario un representante de todo ser humano, el que pusiera sus manos en la cabeza de Jesús y pasase todos los pecados del mundo. Este representante fue Juan el Bautista. En Mateo 11, 11, Dios envió al representante de todo ser humano ante Jesús.
Este fue Juan el Bautista, el último sumo sacerdote de las personas. Como está escrito en Mateo 11:11: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”. Él es el único representante de las personas. Él envió a Juan como el representante de toda Su creación, por eso el podía bautizar a Jesús y pasar todos los pecados de las personas a Jesús. 
¿Si unos seis mil millones de personas en el mundo van a Jesús y cada uno pone sus manos en Jesús para pasar todos sus pecados, qué va a ocurrir en Su cabeza? Si más de seis mil millones de las personas en este mundo tuvieran que poner sus manos en Jesús, esto no sería un buen espectáculo. Algunas personas entusiastas harían tanta fuerza que Su cabeza se bajaría. Dios, con Su sabiduría, designó a Juan para ser nuestro representante y él pasó todos los pecados del mundo a Jesús de una vez.
Esto está registrado en Mateo 3:13: “Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán presentándose a Juan para ser bautizado por él”. Esto fue cuando Jesús tenía 30 años. Jesús fue circuncidado 8 días después de Su nacimiento. Y hay poco escrito sobre Él desde entonces hasta que Él tuvo 30 años. 
La razón por la cual Jesús tuvo que esperar hasta que tuviera los 30 años para ser el Sumo Sacerdote divino, fue para cumplir el Antiguo Testamento. En Deuteronomio, Dios dijo a Moisés que el sumo sacerdote debía tener al menos 30 años, antes de que él pudiera acceder al sumo sacerdocio. Jesús es el sumo sacerdote divino. ¿Cree usted en esto? 
En el Nuevo Testamento, en Mateo 3:13-14, se dice: “Entonces Jesús vino de Galilea a juan al Jordán,  para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponia, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti;” ¿Quién es el representante de las personas? Juan el Bautista. Entonces, ¿quién es el representante del cielo? Jesucristo. Los representantes se encontraron. Entonces, ¿quién es el más alto? Por supuesto, el representante del cielo. 
Entonces Juan el Bautista, que fue tan atrevido que gritó a los líderes religiosos en esos días: ‘¡Engendros de víboras! Arrepentíos’, de repente se hizo humilde ante Jesús. “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”
Entonces Jesús dijo: “Permítelo ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”. Jesús vino a este mundo para cumplir toda justicia, y esto fue realizado cuando Él fue bautizado por Juan el Bautista.
“Entonces le dejo. Y Jesús después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí que los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo, el amado, en quien tengo complacencia”. 
Esto es lo que ocurrió cuando Él fue bautizado. La puerta del cielo fue abierta cuando Él fue bautizado por Juan el Bautista y quitó todos los pecados del mundo. 
“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mateo 11, 12).
Todos los profetas y la Ley de Dios habían profetizado a Juan el Bautista. “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. Todas las personas que confíen en Su bautismo pueden entrar en el Reino del Cielo sin excepción.
 

“Tampoco yo te condeno”

¿Por qué Jesús fue juzgado 
en la Cruz?
Porque Él quitó todos 
los pecados
 
Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y quitó todos los pecados del mundo. Y Después Él le dijo a la mujer: “Tampoco yo te condeno”. Él no condenó a la mujer porque Él quitó todos los pecados del mundo en el río Jordán y Jesús, no la mujer, tuvo que ser juzgado por esos pecados.
Jesús borró todos los pecados del mundo. Y podemos ver cómo Él tuvo miedo del dolor que El tuvo que soportar en la Cruz porque “la paga del pecado es muerte”. Él rogó a Dios tres veces en el Monte de los Olivos para escapar del juicio. Jesús tuvo la carne del ser humano, entonces es entendible que Él tuvo miedo del dolor. Jesús tuvo que sangrar para cumplir el juicio. 
Como la ofrenda del pecado en el Antiguo Testamento tuvo que sangrar para pagar los pecados, Él tuvo que ser sacrificado en la Cruz. Él ya había quitado todos los pecados del mundo y ahora Él tuvo que dar Su vida para nuestra redención. Él supo que tenía que ser juzgado ante Dios. 
Jesús no tuvo ningún pecado en Su corazón. Pero como todos nuestros pecados fueron pasados a Él a través de Su bautismo, Dios tuvo que juzgar a Su propio Hijo. Por consiguiente, primero el juicio de Dios fue realizado y segundo, Él otorgó Su amor para nuestra salvación. Entonces Jesús tuvo que ser juzgado en la Cruz. 
“Tampoco yo te condeno, ni te juzgo”. Todos nuestros pecados, intencionales o no intencionales, sabiendo o no sabiendo, tienen que ser juzgados por Dios. 
Dios no nos juzgó a nosotros, sino que juzgó a Jesús que había quitado todos nuestros pecados por sí mismo a través de Su bautismo. Dios no quiso juzgar a los pecadores debido a Su amor y Su compasión. El bautismo y la sangre en la Cruz fue Su amor redentor para nosotros. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no se pierda, mas  tenga vida eterna”. (Juan 3, 16).
Así es cómo sabemos de Su amor. Jesús no condenó a la mujer que fue sorprendida en el adulterio.
Ella sabía que era una pecadora pues ella fue sorprendida en el acto de adulterio. Ella no sólo pecó en su corazón, sino también en sus actos. No había ninguna manera de que ella pudiera negar su pecado. Pero ella confió que Jesús quitó todos sus pecados, y ella fue salvada. Si confiamos en la redención de Jesús, vamos a ser salvados. ¡Confíe en esto! Esto es para nosotros. 
 
¿Quién es el más bendito?
El que no tiene pecado.
 
Todas las personas cometen pecados. Todos comenten adulterio. Pero todos los hombres no son juzgados por sus pecados. Cometemos pecados, pero los que confíen en la redención de Jesucristo no tienen pecados en su corazón. El que confíe en la salvación de Jesús es la persona más feliz. La persona más bendita es a la que le sean quitados todos sus pecados, la que es justificada en Jesús.
Dios nos habla acerca de la felicidad en Romanos 4:7, “¡Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son  perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos!” Todos nosotros cometemos pecados hasta que morimos. Somos irrespetuosos ante Dios y somos incompletos. Continuamos cometiendo pecados aun cuando somos conscientes de Su Ley. Somos muy débiles.
Pero Dios nos liberó con el bautismo y la sangre de Su único Hijo y nos dice que ya no somos pecadores, y que somos ahora justos ante Él. Él nos dice que somos Sus Hijos.
Él Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio de la redención. ¿Lo cree? Dios considera, a los que confíen, como justos, redimidos y Sus hijos. ¿Quién es la persona más feliz en este mundo? El que confía y es liberado. ¿Has sido liberado?
Jesús se llevó todos tus pecados con Su bautismo. Confíe en esto. Confíe y sea redimido de todos sus pecados. Vamos a leer Juan 1, 29. 
 

Como si todo fuera limpiado con una escoba    

¿Cuántos pecados llevó Jesús?
Todos los pecados del mundo.
 
“Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1, 29).
“He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
Juan el Bautista pasó todos los pecados del mundo a Jesús en el río Jordán. Al día siguiente, él vio que Jesús era el macho Cabrio de Dios que quitó todos los pecados del mundo. Él llevó en Su espalda todos los pecados del mundo.
Todos los pecados del mundo significan todos los pecados que los seres humanos cometen en este mundo hasta que este mundo finalice. Más o menos 2000 años antes, Jesús quitó todos los pecados del mundo y nos redimió. Como el macho Cabrio de Dios, Él quitó todos nuestros pecados y fue juzgado por nosotros.
Cualquier pecado que cometamos fue pasado a Jesús. Y Él se hizo el macho Cabrio de Dios que quitó todos los pecados del mundo.
Jesús vino a este mundo como una persona humilde, como el que va a salvar a todos los pecadores del mundo. Cometemos pecados, pues somos débiles, maliciosos e ignorantes. Los cometemos porque somos frívolos e incompletos. Todos estos pecados fueron limpiados y puestos en la cabeza de Jesús con Su bautismo en el río Jordán. Y Él finalizó todo esto con la muerte de Su carne en la Cruz. Él fue enterrado pero resucitó 3 días después. 
Como el Salvador de todos los pecadores, como el Juez, Él se sienta al lado derecho de Dios. Él no tiene que redimirnos de nuevo, y todo lo que tenemos que hacer es confiar en ser salvos. La vida eterna espera a los que confíen y la destrucción espera a los que no confíen. No hay nada que escoger.
Jesús se entregó a todos. Usted es la persona más feliz en el mundo. Todos los pecados que va a cometer en el futuro debido a su debilidad, Él los quitó todos.
¿Hay pecados en su corazón? No.
¿Jesús se llevó todo? ¡Sí! Él lo hizo.
Todas las personas son iguales. Nadie es más santo que su vecino. Pero como muchas personas son hipócritas, ellos piensan que ellos no son pecadores. Pero de hecho ellos son pecadores también. Este mundo es el invernadero que cría pecados.
Cuando las mujeres salen de sus casas, ellas se ponen los labios de rojo, rizan su cabello, se ponen buena ropa y zapatos de tacón… los hombres también van a la barbería para cortarse el pelo, se visten bien con corbatas a la moda y lustran sus zapatos. 
Pero mientras ellos pueden verse como príncipes y princesas en apariencia, por dentro son como el basurero más sucio. 
¿El dinero puede hacer a los hombres felices? ¿La salud puede hacer a los hombres felices? No. Sólo la redención hace a los hombres felices verdaderamente. Aunque una persona se vea feliz en apariencia, él es miserable si él tiene pecado en su corazón. Él vive con miedo del juicio.
Una persona redimida es atrevida como un león, aun en trapos. No hay pecado en su corazón. “Gracias Señor, Tú salvaste un pecador como yo, Tú borraste todos mis pecados. Te adoro por salvarme. Soy redimido para siempre de mis pecados. ¡Gloria a Dios!”
Una persona que es liberada es una persona feliz de verdad. Una persona que ha sido bendita con Su gracia de redención es una persona verdaderamente feliz.
Como Jesús, ‘el Cordero de Dios que quita todo el pecado del mundo,’ ha quitado todos nuestros pecados, no tenemos pecados. Él ‘finalizó’ la salvación para nosotros en la Cruz. Todos nuestros pecados, incluyendo los tuyos y los míos, son también incluidos en ‘el pecado del mundo’, y entonces estamos todos salvados.
 

Por la voluntad de Dios

¿Tenemos pecados en nuestro 
corazón estando en Jesucristo?
No, no tenemos

Queridos amigos, la mujer que fue sorprendida en adulterio confió en las palabras de Jesús y ella fue salvada. Su historia fue escrita en la Biblia porque ella fue bendita con la redención. Pero los fariseos hipócritas huyeron de Jesús. 
Si usted confía en Jesús, esto significa que irá al cielo, pero si huye de Jesús, esto significa que irá al infierno. Si confía en Sus obras, esto es como el cielo, pero si no confía en Sus obras, esto es como el infierno. La redención no depende de los esfuerzos de un individuo, sino que depende de la salvación de Jesús.
Vamos a leer Hebreos 10. “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya mas  conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste. Mas me preparaste cuerpo.Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro esta escrito de mi. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto ultimo. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:1-10). 
“Por la voluntad de Dios” Jesús ofreció Su vida para quitar nuestros pecados de una vez para siempre y fue juzgado una vez y resucitó.
Entonces hemos sido santificados. ‘Hemos quedado consagrados’ (Hebreos 10:10) esto significa que no es necesario mencionarlo de nuevo. Usted ha sido santificado.
“Y en ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en delante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los  santificados” (Hebreos 10:11-14).
Usted es consagrado para siempre. ¿Si comete pecados mañana, va a ser pecador de nuevo? ¿Jesús no quitó esos pecados también? Él lo hizo. Él quitó los pecados del futuro, también.
“Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes lasescribire, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay perdón de estos, no hay mas ofrenda por el pecado” (Hebreos 10:15-18).
La frase “perdón de estas cosas” significa que Él expió todos los pecados del mundo. Jesús es nuestro Salvador. Mi Salvador y tu Salvador. Hemos sido salvados por confiar en Jesús. Esto es la redención en Jesús y esto es la gracia más grande y el regalo más precioso de Dios. ¡Usted y yo, que hemos sido redimidos de todos los pecados, somos los más bendecidos del mundo!