The New Life Mission

Sermones

Tema 26: Levítico

[26-3] < Levítico 2:1-16 > Hagan una ofrenda de grano aromático al Señor en todo momento

< Levítico 2:1-16 >
“Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová, su ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella incienso, y la traerá a los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso, y lo hará arder sobre el altar para memorial; ofrenda encendida es, de olor grato a Jehová. Y lo que resta de la ofrenda será de Aarón y de sus hijos; es cosa santísima de las ofrendas que se queman para Jehová. Cuando ofrecieres ofrenda cocida en horno, será de tortas de flor de harina sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite. Mas si ofrecieres ofrenda de sartén, será de flor de harina sin levadura, amasada con aceite, la cual partirás en piezas, y echarás sobre ella aceite; es ofrenda. Si ofrecieres ofrenda cocida en cazuela, se hará de flor de harina con aceite. Y traerás a Jehová la ofrenda que se hará de estas cosas, y la presentarás al sacerdote, el cual la llevará al altar. Y tomará el sacerdote de aquella ofrenda lo que sea para su memorial, y lo hará arder sobre el altar; ofrenda encendida de olor grato a Jehová. Y lo que resta de la ofrenda será de Aarón y de sus hijos; es cosa santísima de las ofrendas que se queman para Jehová. Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda para Jehová. Como ofrenda de primicias las ofreceréis a Jehová; mas no subirán sobre el altar en olor grato. Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal. Si ofrecieres a Jehová ofrenda de primicias, tostarás al fuego las espigas verdes, y el grano desmenuzado ofrecerás como ofrenda de tus primicias. Y pondrás sobre ella aceite, y pondrás sobre ella incienso; es ofrenda. Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para Jehová”.
 
 
¿Qué es una ofrenda de grano?
 
Les doy la bienvenida a todos. Hoy me gustaría compartir la Palabra acerca de la ofrenda de grano. La ofrenda de grano aquí se refiere a la ofrenda sin derramamiento de sangre, hecha con grano molido fino, ofrecido junto otras ofrendas. Hablando espiritualmente, la ofrenda de grano se refiere a la ofrenda de devoción que hemos dedicado a Dios. Después de los holocaustos, las ofrendas de paz o del pecado, se hacían estas ofrendas de grano moliendo la primera cosecha de grano y mezclándolo con incienso, sal y aceite. Por eso se llamaban ofrendas de grano. El pueblo de Israel había ofrecido esta harina a Dios junto con otras ofrendas.
La ofrenda de grano tiene un significado espiritual muy importante. Tiene más significado espiritual para los justos ofrecer estos sacrificios a Dios. Esto implica que nuestros cuerpos y corazones son ofrecidos a Dios por fe ahora que hemos sido salvados y nos hemos convertido en justos a través de la justicia de Dios. Sin embargo, Dios nos pidió que no añadiésemos levadura o miel a este sacrificio de grano. Pasemos a Levítico 2:11: “Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda para Jehová”. Esto significa que, como hemos sido salvados de los pecados del mundo y nos hemos convertido en hijos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, solo es cuestión de tiempo que nos dediquemos a servir a la justicia del Señor, dando gracias a Dios por Su amor. Por eso creemos que debemos ofrecer nuestros cuerpos y corazones por el bien de los que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y no pueden convertirse en hijos de Dios porque perecen. En otras palabras, estamos ofreciendo nuestros cuerpos físicos para servir al Evangelio del agua y el Espíritu para que este Evangelio sea predicado a todo el mundo. 
El sacrificio de grano descrito en el pasaje de las Escrituras de hoy se refiere a esta ofrenda, que se hace cuando servimos al hermoso Evangelio del Señor. Por esta razón Dios ordenó que no se añadiese levadura o miel a la ofrenda de grano. ¿Cuál es entonces el significado espiritual de la levadura y la miel? Cuando se añade levadura a la masa, hace que se levante, y cuando se añade miel le da un sabor más dulce al pan. Vemos esto en nuestra vida diaria, ya que comemos pan todos los días y utilizamos miel a menudo para endulzar la comida. Sin embargo, Dios nos está diciendo a los que vivimos por fe que huyamos de estas cosas, espiritualmente hablando. 
A los que creemos en la era del Nuevo Testamento, los que hemos recibido la remisión de los pecados en nuestros corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios nos está diciendo que añadamos levadura o miel cuando se trata de servir a Su justicia. Hablando espiritualmente, el no añadir levadura o miel, no debemos vivir por las enseñanzas o placeres de la carne. En otras palabras, Dios nos está diciendo que, cuando hacemos la obra del Señor, no debemos hacerla por la gloria de nuestra carne. Dicho de otra manera, debemos hacer la obra de Dios por Su justicia solamente y no alardear de nuestras habilidades. Por eso Dios dijo que debíamos ofrecerle grano con solo harina fina, mezclada con aceite, sal e incienso. 
Espero que puedan entender lo que significa espiritualmente. Estamos sirviendo al Evangelio del agua y el Espíritu porque creemos en este Evangelio verdaderamente. Y ofrecemos este sacrificio de grano para predicar el Evangelio a todo el mundo. Esto se debe a que somos los que sirven a la justicia de Dios. Como Dios nos ama y nos ha salvado de todos nuestros pecados, estamos sirviendo a este Evangelio con un corazón verdaderamente agradecido. El Señor también dijo que no orásemos para alardear ante otras personas. Así que estamos sirviendo a Dios en obediencia a Su voluntad solamente para cumplir Su deseo. Si alguien está intentando establecer su ego o satisfacer los deseos de su carne, esta persona no está haciendo una ofrenda de grano buena a Dios. Cuando Dios dijo que no añadiésemos levadura o miel a la ofrenda de grano, nos estaba diciendo que no nos dedicásemos a vivir una vida carnal. Servir a Dios, en otras palabras, no es algo que podamos hacer como un pasatiempo. 
Sabemos que estamos haciendo la obra de Dios espiritualmente de esta manera porque Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Lo que es absolutamente indispensable para nosotros, los que creemos en la justicia de Dios, es esta ofrenda espiritual de fe. Por esta razón debemos hacer todos los sacrificios y ofrendas a Dios, incluyendo la ofrenda de grano. En otras palabras, para hacer estas ofrendas que complacen al Señor, debemos dedicar nuestros cuerpos, corazones y mentes a todo lo que hagamos para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu del Señor. Dios dijo que, cuando ofrecemos un holocausto, es Su comida. Esto significa que Dios está contento con nosotros cuando los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu predicamos este Evangelio a la gente que, por sus pecados se convirtieron en enemigos de Dios, les enseñamos este Evangelio y los reconciliamos con Dios. 
La predicación de Su Evangelio del agua y el Espíritu es la comida de Dios, no nuestro propio sacrificio. Esto también es cierto de nuestra ofrenda de grano. Como Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados le estamos sirviendo. Jesús cargó con todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, fue crucificado mientras cargaba con todos ellos a Sus espaldas y se levantó de entre los muertos. Si alguien que ha recibido la remisión de los pecados no está predicando este Evangelio por fe, esa persona no es alguien que esté haciendo una ofrenda de grano. Esta gente es espiritualmente malvada. De hecho, quien no haga una ofrenda de grano espiritualmente no está unida al Señor. Por tanto, es absolutamente crítico que todos estén unidos a la justicia del Señor y sirvan a esta justicia. Para ello debemos servir a la justicia del Señor con un corazón agradecido en vez de intentar establecer su propia justicia. Este es el tipo de devoción que sale de un corazón que está unido con el Señor de verdad. Todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu debemos vivir una vida unida al Señor espiritualmente. 
Solo es cuestión de tiempo que, los que han recibido la remisión de los pecados vivan su fe en unidad con Dios, haciendo la ofrenda de grano. Para vivir esta vida unidos a Dios debemos sacrificarnos como ofrendas de paz, holocaustos u ofrendas del pecado por los demás. Ahora que somos justos tenemos este deber ante Dios. Después de todo, ¿cómo podemos dejar que todo el mundo muera en la perdición, contentos de ser amados por Dios por ser los únicos salvados de nuestros pecados e ir solos al Cielo? Quien tenga estos pensamientos no puede ser alguien que predica la justicia de Dios. Quien haya recibido la remisión de los pecados debe servir a la justicia de Dios en unidad con Él. 
De hecho, si alguien ha recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos evitar servir al Evangelio sin que nadie nos lo pida. Como estamos tan agradecidos a Dios por nuestra salvación, no podemos evitar servir a este Evangelio del agua y el Espíritu. Hay multitud de personas que no tiene idea de dónde nació ni adónde va. Muchas personas nacidas en este mundo no saben por qué están viviendo, y como resultado, van de un lado a otro sin rumbo hasta que caen en una religión del mundo y están atrapadas allí durante el resto de sus vidas, para acabar siendo destruidas al final. Si no pueden encontrar significado a sus vidas, estas personas solo se sienten defraudadas y sus vidas acaban en vano. 
Todo hombre y mujer debe conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de la Verdad. Entonces ¿qué es el Evangelio del agua y el Espíritu? La verdad dice que, cuando fuimos engañados por Satanás por nuestras debilidades y caímos en la destrucción, Dios mismo, nuestro Creador, envió al Salvador a este mundo y nos salvó. De hecho, Dios envió a Su Hijo a este mundo para librarnos de los pecados del mundo y la destrucción, haciéndonos hijos Suyos y dejándonos vivir para siempre. De esta manera, Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a este mundo, y a través del Evangelio del agua y el Espíritu, nos ha salvado perfectamente de los pecados del mundo y el juicio. Dios nos hizo nacer en este mundo para que nos salvase así y si no nos damos cuenta de esta voluntad de Dios, nuestras vidas serán en vano por mucho que vivamos y por muchas riquezas que tengamos. 
Tengo que seguir diciendo lo indispensable que es para todos conocer la justicia del Señor y creer en ella. Piensen en el pasado y recuerden lo que nos ha pasado desde que encontramos la justicia del Señor. Dios nos permitió vivir en este mundo para que pudiese eliminar nuestros pecados y para hacernos saber que nos ha permitido entrar en Su Reino y vivir en él para siempre, que nos ama y que nos ha hecho Sus hijos especiales. Y hasta este mismo instante Dios nos ha guiado a muchos lugares y de muchas maneras. 
Ninguna religión en este mundo puede contestar la pregunta de por qué nacimos en este mundo. ¿Qué dice el budismo? El budismo afirma la reencarnación, dice que, si hacemos buenas obras en la vida presente, naceremos como seres superiores en la vida siguiente, pero si hacemos cosas malvadas en esta vida, naceremos con seres inferiores en la siguiente. La Palabra de Dios dice en Eclesiastés 1:2: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. ¿Qué nos está diciendo aquí el Señor? Nos dice: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36). Dios está diciendo que el universo entero y todo lo que hay en él existe gracias a Jesucristo, quien nos ha salvado de los pecados del mundo. ¿Por qué nacemos los seres humanos en este mundo? El Señor dijo que nos creó a los seres humanos para que viviésemos con Él. Sin embargo, el hombre cayó en la tentación de Satanás y pecó contra Dios. Dios Todopoderoso vino a este mundo encarnado en un hombre, fue bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así ha cumplido el Evangelio del agua y el Espíritu; y al hacer esto Dios nos salvó para siempre a todos los que creemos en el Evangelio de los pecados del mundo. 
Dios nos ha hecho hijos Suyos sin pecados así. De hecho, este era el plan de Dios desde siempre porque nos creó a Su imagen y semejanza. En otras palabras, Dios nos dejó nacer en este mundo y nos salvó a través del Evangelio del agua y el Espíritu para que viviésemos para siempre como hijos de Dios y disfrutásemos de la misma gloria de Dios. Si conocen este plan de Dios y esta Verdad de la salvación, han sido bendecidos de verdad. No importa cuántos años hayan vivido, ya sean 10, 30 o 70 años, porque deben darse cuenta todos de que Dios les creó para darles a conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Estoy muy agradecido por haber podido escuchar y recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y espero y oro para que lleven a Jesucristo no solo a sus familiares que no han recibido la remisión de los pecados, sino a todo el mundo. 
Al predicar el Evangelio los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu pueden hacer una ofrenda de justicia a Dios. Aunque hayamos vivido por nuestra carne hasta ahora, desde este momento, por el bien de la humanidad que fue creada a imagen y semejanza de Dios, debemos ofrecer el sacrificio de paz entre la gente y Dios continuamente.
 

¿Cuál es la razón por la que vivimos así?
 
Porque hemos recibido la remisión de los pecados gracias a la justicia de Jesucristo. Esto se debe a que Jesucristo vino a este mundo, aceptó todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad, derramar Su sangre en la Cruz, levantarse de entre los muertos de nuevo y salvarnos para siempre de esta manera. Al creer en esta Verdad que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, hemos recibido la remisión de los pecados. Y al recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones por fe, nos hemos convertido en los hijos de Dios. ¿Qué deberíamos hacer de ahora en adelante? Debemos ofrecer estos sacrificios de justicia a otras personas. 
En otras palabras, debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a otras almas para que crean en él también. ¿Están pensando cómo pueden hacer la obra de Dios de manera eficaz cuando están tan ocupados con sus vidas? Aunque sea difícil hacer la obra de Dios en este mundo por sus circunstancias, la Iglesia de Dios existe en este mundo y en esta Iglesia encontrarán a los siervos de Dios. Hay muchas maneras de ser parte de esta obra de Dios: pueden hacer contribuciones monetarias, orar u ofrecer su tiempo. La obra de Dios no es difícil. Si creen en la justicia de Dios y obedecen Su voluntad, entonces pueden hacer la obra de Dios de cualquier manera posible. 
Si están contentos cuando escuchan la Palabra de Dios de la justicia, les pido que piensen en las almas de los demás y en la suya propia. Piensen de nuevo en cuánto han sufrido antes de encontrar a Jesucristo, quien vino por el agua y el Espíritu. Antes de encontrar la justicia del Señor no tenía ninguna esperanza ni gozo. No había nada en este mundo que valiese la pena hacer, y no tenía ninguna habilidad; y mi corazón nunca estaba satisfecho cuando intentaba trabajar para el mundo. Tampoco sabía por qué había nacido en este mundo ni por qué tenía que vivir. Pensé para mí mimo: “La vida de todo el mundo es en vano. Nacemos, envejecemos, enfermamos y morimos. ¿De qué sirve vivir? Mi abuelo murió y ahora está en esa tumba. Yo también acabaré en la tumba pronto, ¿no? ¿Esta es mi vida entonces? Si es así, mi vida no significa nada. ¿Por qué dice la gente que el hombre es el dueño de la creación? Me siento sin valor. Con el tiempo acabaré en la tumba. Los jóvenes y viejos, hombres y mujeres, todos acaban muertos en algún momento. ¿Cuál es el significado de la vida? La vida no tiene sentido entonces”. Estaba lleno de estos pensamientos confusos. 
Así que, intenté encontrar el significado de la vida y probé el budismo y el cristianismo. Sin embargo, pasaron diez largos años desde que empecé a creer en Jesús y antes de encontrar el hermoso Evangelio del agua y el Espíritu a través de la Palabra de Dios. Gracias a la Palabra de Dios pude creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando creí en el Evangelio del agua y el Espíritu todos mis pecados desaparecieron de mi corazón, y desde ese momento no tuve que ofrecer más oraciones de penitencia. Al principio todo me parecía aburrido. No me preocupaba cómo iba a sobrevivir, ya que no tenía que esforzarme demasiado para ganarme la vida. No había mucho que hacer. Como todo el mundo nace ciego, no sabe qué tiene que hacer con su vida. Esto también me pasaba a mí. Sin embargo, cuando encontré el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión de los pecados, entendí perfectamente lo que debería hacer con mi vida. 
Desde entonces, pensé para mí mismo: “Aunque no es fácil ganarse la vida, mis necesidades básicas están cubiertas si me esfuerzo solo un poco. No me preocupa demasiado. Quiero proclamar el Evangelio del agua y el Espíritu de ahora en adelante. Ahora que los pecados de mi corazón han desaparecido, quiero predicar este Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo que no lo conozca”. Así que, desde ese momento, cuando conocía a alguien, se me abría la boca sola y predicaba el Evangelio del agua y el Espíritu cuando tenía la oportunidad. Cuando le hablaba a la gente sobre el Evangelio del agua y el Espíritu, la mayoría respondía con escepticismo, pero pronto muchas personas se regocijaron por haber conocido este Evangelio. 
No podía quedarme quieto sin predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que, mientras predicaba el Evangelio del agua y el Espíritu, tenía que cuidar de los nuevos creyentes, y cuando los cuidaba tenía que encontrar cosas que hacer para apoyar el ministerio del Evangelio. Me decidí a servir a Dios y a otras almas. Los que creyeron en el Evangelio del agua y el Espíritu antes de ustedes están trabajando por la justicia de Dios solos día y noche, todo para salvarles de sus pecados. ¿Hay algún pastor aquí que esté viviendo solo por su justicia? Incluso cuando viajan, ¿no van nuestros pastores que predican el Evangelio del agua y el Espíritu en coche con nosotros en un vehículo de la congregación? ¿Hay algún pastor aquí que se haya comprado su propio coche lujoso y haya dicho con orgullo que es su coche y nadie puede utilizarlo? No, no hay ninguno. 
Aunque yo sea un pastor, cuando veo a nuestros trabajadores predicando la justicia de Dios continuamente, hombres y mujeres juntos, tengo mucho respeto por ellos. ¿Cómo podría hacer lo que están haciendo si viviesen por sí mismos solo? Vean por sí mismos. ¿Acaso no están haciendo la obra de Dios sin descanso, día y noche? ¿No están sirviendo a Dios y Su Evangelio de la justicia sin cesar? Por lo menos, cuando se trata de los que conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y creen en él, ninguno está trabajando por su propia carne. Tengo mucho respeto por ellos. 
Hacer esta ofrenda de grano a Dios es el deber natural de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora somos nosotros los que estamos haciendo la ofrenda de grano para Dios y para la gente. En otras palabras, estamos haciendo la ofrenda de la justicia ante Dios por el bien de los que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y no han recibido la remisión de los pecados. De la misma manera en que los verdaderos sacerdotes llevaron a cabo esta obra durante el Antiguo Testamento, ahora en el Nuevo Testamento estamos haciendo lo mismo (los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu), ofreciendo estos sacrificios por los que todavía no conocen el amor de Dios y el Evangelio de la justicia. 
¿Cuáles deberían ser nuestras tareas ante Dios y el hombre? Debemos sacrificarnos. La ofrenda de grano se hacía con harina fina mezclada con aceite que se rociaba sobre el altar de los holocaustos con sal e incienso. Cuando la harina se mezclaba con sal, incienso y aceite, se quemaba en el altar de los holocaustos y emitía un aroma dulce y humo. Esto implica que, allá donde se predique el Evangelio del agua y el Espíritu, se hacen estas ofrendas de grano. En otras palabras, son nuestros trabajadores que están sirviendo al Evangelio del agua y el Espíritu y apoyan el ministerio del Evangelio los que deben hacer esta obra. Por ejemplo, cuando nieva mientras estamos en el Campamento de Formación de Discípulos, algunas personas ponen arena en la carretera. Lo hacen voluntariamente para servir a los demás, no para ellas mismas. Esto también es cierto de nosotros. Todos debemos ofrecer este sacrificio de grano a Dios para las almas de otras personas. 
Nuestro Señor dijo: “De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Si vivimos por nosotros mismos, incluso después de haber creído en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibido la remisión de los pecados, no hay razón para ayudar a los demás o recibir su ayuda. Si un grano de trigo cae en el suelo, producirá más granos, pero si no se entierra en el suelo, se quedará solo. ¿Qué nos ocurrirá a nosotros? Que seguiremos siendo almas malvadas incluso después de recibir la remisión de los pecados. 
Si creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y si creen que el Señor eliminó todos sus pecados al ser bautizado en el Río Jordán, el Espíritu Santo vivirá en sus corazones. Dios es el Dios de la justicia, el Dios de la misericordia y el Dios de la verdad. Es un buen Dios que es benevolente con la humanidad, la bendice y la salva de sus pecados. Por tanto, como este Dios benevolente vive en los corazones de todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos hacer buenas obras para los demás. Así, los que tienen al Espíritu Santo viviendo en su corazón no pueden evitar hacer la obra justa de Dios. Por este motivo, si han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no pueden vivir solo por su carne. 
Pero, si viven por su carne, tienen un gran problema, ya que indica que todavía no han nacido de nuevo correctamente. Podemos decir que estas personas no conocen la justicia de Dios y Su amor. No somos nosotros los que amamos a Dios primero, sino que Dios nos amó primero. Como personas como nosotros hemos podido recibir la remisión de los pecados para siempre, ¿cómo no vamos a hacer todo lo que podamos para proteger este ministerio del Evangelio tan hermoso? ¿Cómo no vamos a ofrecer este sacrificio de grano a Dios espiritualmente? ¿Cómo no íbamos a sacrificarnos a nosotros mismos para que los demás también fuesen salvados del pecado? 
Imaginen por un momento que les dijese: “No hagan nada para servir al Evangelio del agua y el Espíritu. De ahora en adelante no hagan nada para llevar a los demás a recibir la remisión de los pecados”. ¿Podrían obedecer mis instrucciones? No, no podrían. ¿Qué harían si no pudiesen predicar el Evangelio del agua y el Espíritu? Pensarían: “Dame libertad o dame la muerte. Si intenta que no predique el Evangelio, más le vale quitarme la vida. Hay muchas personas con mucho dolor sufriendo por sus pecados. Ni siquiera saben por qué han nacido. Mátame si quieres que deje de predicar a estas personas malditas este Evangelio del agua y el Espíritu maravilloso. Así que no intentes detenerme”. ¿No es eso lo que me dirían? Por supuesto que sí. 
Si me prohibiesen servir al Evangelio del agua y el Espíritu y apoyar este ministerio, oraría de la siguiente manera: “Señor, he vivido bastante, llévame enseguida. Si no puedo hacer este trabajo maravilloso ahora y si no puedo hacer Tu obra justa, acabaré desperdiciando el resto de mi vida comiendo y bebiendo. ¿De qué sirve vivir? Llévame, por favor”. Esto es lo que le diría. Si no predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿qué esperanza tenemos en este mundo? Estoy seguro de que sienten lo mismo. No tenemos ningún deseo de seguir en este mundo si no podemos hacer la obra de Dios. 
Por otro lado, aunque multitud de personas han escuchado y creído en el Evangelio del agua y el Espíritu, hay algunas que de verdad quieren quedarse en este mundo para apoyar el ministerio del Evangelio. ¿Qué dice la Biblia acerca de esto? Está escrito que, aunque Jesús sanó a diez leprosos, solo uno volvió a darle las gracias por sanarle. Hay millares de personas que han escuchado el Evangelio. En Corea también hay muchas personas que han escuchado el Evangelio. Sin embargo, su religión está vacía y siguen yendo a sus mega iglesias pensando que está bien que sus corazones sigan teniendo pecados, aunque crean en Jesús. Como creen en el Señor solo como una religión, le abandonan cuando se sienten mal y le buscan de nuevo cuando se sienten mejor. 
Por el contrario, estamos trabajando para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a más de 6,000 millones de personas en todo el mundo. Estamos sirviendo al Señor y a otras almas. Por tanto, estamos verdaderamente benditos a los ojos de Dios y estamos haciendo algo verdaderamente benevolente. En Corea hay muy pocas personas que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero ¿saben que hemos recibido más de 3,000 testimonios de salvación de todo el mundo? Multitud de personas de todo el mundo están recibiendo la remisión de los pecados al haber escuchado el Evangelio predicado por nosotros. Debemos estar muy agradecidos a Dios por podernos ofrecer a nosotros mismos así. En mi sermón de hoy les he explicado que deben ofrecer sacrificios de paz y ahora me gustaría resaltar que debemos hacer ofrendas de grano sacrificándonos. Los que han recibido la remisión de los pecados en sus corazones debemos hacer estas ofrendas a Dios a menudo por el bien de otras almas. Deben hacer esto siempre. Deben servir al Evangelio del Señor sacrificándose por los demás. 
Mientras que no hablamos mucho acerca de ello, ¿cuántos sacrificios hemos hecho para servir al Evangelio del agua y el Espíritu? Una multitud de personas está sacrificándose para apoyar este ministerio del Evangelio. Pero, es solo cuestión de tiempo. ¿Cómo se comporta esta gente mientras se sacrifica? ¿Hay alguien que tenga soberbia? Aunque está bien pensar que servir al Evangelio es duro, no está bien que exageremos y pidamos compensación. Esto me enoja mucho. Gracias a las ofrendas de grano, las ofrendas de paz y las de pecados administradas a través del sacrificio por los demás, estamos cansados. ¿No es esto cierto? ¿No creen que esto es normal? Es cuestión de tiempo que nos parezca difícil. 
Sin embargo, aunque mi cuerpo entero esté arruinado, estaría muy agradecido si otros pudiesen recibir la remisión de los pecados al escuchar este Evangelio y entrasen en el Reino de los Cielos. Le daría gracias al Señor y le diría contento: “Señor, aunque mis esfuerzos hayan sido escasos y mi sacrificio insignificante, has hecho posible que haya cosechado muchos frutos. ¡Aleluya! Gracias, Señor. A pesar de que he hecho tan poco, has salvado a muchas personas y les has dado Tu gloria al darles a conocer Tu amor. Estoy tan maravillado y agradecido que no puedo evitar darte toda la gloria”. Aunque tanga que trabajar hasta el momento en que muera, si más personas reciben la remisión de los pecados gracias a estos esfuerzos, estaré más que satisfecho. Estoy seguro de que sienten lo mismo. 
Como han recibido la remisión de los pecados y su fe está creciendo, de ahora en adelante deben vivir por otros en vez de por sí mismos. Por supuesto, los que han recibido la remisión de los pecados recientemente deben centrarse en seguir a los predecesores de la fe y crecer aprendiendo. Esto es lo adecuado. ¿Cómo de felices y llenos de gozo están por servir el Evangelio del Señor? Estoy tan contento que no tengo palabras para expresar mi alegría. Sé que están contentos. Aunque es cierto que es difícil servir al Señor, por lo menos nuestros corazones están contentos. Gracias a este pequeño esfuerzo nuestro todo el mundo puede ser salvado. Esto nos demuestra que Dios está haciendo una obra enorme y nos está bendiciendo con una recompensa inmensa. 
Le doy gracias a Dios. Hoy, en este preciso instante tengo las siguientes palabras de precaución para todo el que esté escuchando. Debemos servir al Evangelio con lealtad y debemos apoyar el ministerio del Evangelio. No seamos vagos y evitemos la obra de Dios cuando todo el mundo está trabajando duro para servir al Señor diciendo: “¡Ya está bien! ¡No lo aguanto más! Pueden usarme hasta este punto, pero ya no puedo más”. ¿Acaso nos ha dicho el Señor esto? No, por supuesto que no. Si el Señor nos dijese: “Eliminaré los pecados que has cometido hasta ahora, pero ahora eres responsable de los pecados que cometas de ahora en adelante. Debes estar agradecido por que te haya quitado los pecados que ya has cometido”, todo el mundo acabaría en el infierno. Sin embargo, el Señor está tan lleno de amor que no nos haría esto. 
Cuando vino al mundo, eliminó nuestros pecados pasados, presentes y futuros para siempre. Durante Sus 33 años de vida en este mundo, nos ha salvó perfectamente al ser bautizado, derramar Su sangre en la Cruz y levantarse de entre los muertos. Esto es lo que el Señor ha hecho para nosotros. Por tanto, solo es cuestión de tiempo que nos sacrifiquemos para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta es la obra que Dios nos ha confiado. Esta es la tarea que Dios nos ha confiado hasta el día en que regrese. 
Espero y oro para que Dios bendiga nuestras vidas en cuerpo y espíritu. Le pido a Dios que nos proteja a todos aquí y en el extranjero y que nos bendiga a todos. Si dejamos que el Señor nos use como Sus manos, pies y labios para predicar Su Palabra tanto como desee por Su amor por las almas, el Señor nos protegerá con más bendiciones, para que nos use como Sus preciosos instrumentos. En otras palabras, si hacemos la obra del Evangelio, el Señor nos dará todas Sus bendiciones en cuerpo, espíritu y fe, incluso en nuestras circunstancias. Como el Señor nos ha bendecido abundantemente, hemos llegado hasta aquí. Le pido a Dios que nos bendiga y le doy todo mi agradecimiento.