The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 1-9] < Génesis 1, 9-13 > Entrar en la obra de Dios

< Génesis 1, 9-13 >
«Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero».
 
 
Al principio Dios creó todo el universo y después creó a la humanidad. Hizo que las personas nacieran de nuevo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces, el tercer día, Dios dijo: «Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra» (Génesis 1, 11) y así fue y Dios vio que era bueno.
Entre las obras que Dios hizo el tercer día, ¿a qué se refiere la tierra? A nuestros corazones. Por tanto, este pasaje significa que al sembrar la Palabra de Dios en los corazones de las personas, Dios hizo que el capullo de Su Palabra floreciera y diera fruto dentro de nuestros corazones. Nos está diciendo que Dios habla a nuestros corazones y obra en ellos.
Vivir vidas de fe es aceptar la Verdad de Dios en nuestros corazones y dar los frutos del Espíritu Santo a través de la fe. Sin embargo, el mayor obstáculo para que la Palabra de Verdad florezca y de fruto en nuestros corazones lo constituyen los pensamientos de la carne. Los pensamientos humanos son absolutamente inútiles para salvar a las almas del pecado y dar los frutos del Espíritu Santo. Por eso Dios dijo que las aguas de debajo del cielo se reunieran en un mismo lugar. A través del pasaje de las Escrituras de hoy el Señor nos enseña a dar los frutos del Espíritu Santo.
 
 
Dios permite que Su Palabra de Verdad produzca frutos en nuestros corazones
 
El tercer día de la creación, Dios hizo que la tierra seca apareciese y sobre esta tierra hizo que todas las hierbas que dan semilla y todos los árboles existieran. ¿Qué significa cuando Dios dijo: «Descúbrase lo seco»? Como he mencionado anteriormente, en la Biblia, la tierra seca se refiere a los corazones de la gente. ¿Por qué dijo Dios: «Descúbrase lo seco»?
Esto se debe a que la gente debe conocer lo que hay dentro de sus corazones para que el poder de la Palabra de Dios obra en sus corazones. Nuestro Señor ordenó que la tierra seca apareciera porque quería borrar nuestros pecados y hacerlos desaparecer de una vez por todas.
Si los corazones de la gente fueran virtuosos, no necesitaríamos la salvación. Pero como la gente es malvada de corazón, necesita ser salvada de sus pecados. En otras palabras, Dios está diciendo que los pecados de la humanidad deben ser revelados. Desde que nacemos, los seres humanos somos pecadores y no pueden evitar pecar hasta que mueren. Por tanto, las personas deben ver que son pecadoras, vulgares y malvadas por naturaleza.
 
 
¿Qué tipo de pecados tiene la humanidad en su corazón?
 
En los corazones de las personas hay 12 tipos de pecados: pensamientos malvados, adulterio, hurto, asesinato, fornicación, envidia, maldad, engaño, lascivia, ojo malvado, blasfemia, orgullo e insensatez. Todos estos pecados, al residir en los corazones de las personas, han hecho que cometan transgresiones y que se conviertan en pecadores a los ojos de Dios. Esto significa que, por culpa de estos pecados, las personas no pueden evitar pecar durante el resto de sus vidas. También significa que todo el mundo está sujeto al juicio de Dios y a la destrucción. Por eso, son los pecados los que corrompen a las personas. Como Jesús dijo: «Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre» (Marcos 7, 20-23).
Por tanto, la gente debe saber qué tipo de maldad reside en sus corazones y aceptar la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Verdad de la salvación que Jesucristo les ha dado, en sus corazones. Debemos reconocer el hecho de que la naturaleza pecadora del hombre, tal y como se describe en Marcos 7, está en nuestra carne incluso después de recibir la remisión de los pecados. Cuando admitimos nuestra naturaleza pecadora podemos seguir por fe la Palabra de Verdad que el Señor nos ha dado. Todos debemos aceptar la Palabra del Señor en nuestros corazones y reconocer el hecho de que no hay nada bueno en nosotros, y de que sólo Dios es bueno. Para recibir la salvación de los pecados, debemos conocer nuestra maldad y aceptar el Evangelio de la remisión de los pecados que Jesucristo nos ha dado. A no ser que cumplamos estos dos requisitos fundamentales, no podemos recibir la remisión de los pecados.
Jesucristo vino al mundo para salvar a los que estábamos destinados a ir al infierno por nuestros pecados. Como Jesucristo dijo: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento» (Lucas 5, 32), Él quería salvar a los pecadores de este mundo que aceptaran completamente el hecho de que son pecadores.
La Biblia dice que si la gente no acepta su naturaleza pecadora, no puede dar el fruto de la salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado. Dios sólo ha permitido recibir la remisión de los pecados a los que han aceptado completamente su naturaleza pecadora. Para recibir la gracia de la salvación de Dios, debemos aceptar el hecho de que somos pecadores, pero esto no se hace diciendo: «Soy un pecador» sin más. Sólo se puede hacer al reconocer la Palabra de Dios. Dependiendo de si reconocemos la Palabra de Dios o no, seguimos siendo pecadores o nos convertimos en justos.
Todo el mundo, como dijo el Señor en Marcos 7, 21-23, debe admitir que son pecadores y deben recibir la salvación de todos los pecados al creer en el Señor. Desde que nacemos, el corazón de la humanidad está predispuesto a cometer pecados tales como asesinatos, fornicaciones, hurtos, lascivia, orgullo, insensatez, mentiras y otros pecados. Por tanto, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que ha cumplido la justicia de Dios y seguirlo.
Cuando la Biblia dice que la tierra seca se descubrió, implica que la maldad de las personas se reveló. Significa que Dios salva a los que admiten sinceramente su propia maldad mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, y a través de esas personas da muchos más frutos de salvación.
Sin embargo, la salvación de Dios no afecta a los que no admiten su maldad y admiten su propia bondad, porque estas personas buscan su propia justicia en vez de la justicia de Dios. Ante Dios está mal oír a otros decirnos: «Eres bueno. Eres amable». Si tienen buena reputación por ser amables y virtuosos, espero que se den cuenta de que con su propia virtud se han convertido en personas que están en contra de la justicia de Dios. La virtud humana es hipocresía y sólo la reconocen los seres humanos. Como he dicho antes, la verdadera imagen de una persona está llena de pecados como fornicaciones, hurtos, adulterios, lascivia, mentiras, orgullo, insensatez, etc. Por tanto, los seres humanos son como bolsas de basura. Sino, ¿por qué dijo Dios: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?»? (Jeremías 17, 9)
El problema es que la gente no sabe que todo el mundo es igual. La gente se engaña a sí misma. Como las personas se tratan unas a otras llevando una máscara de hipocresía, ven falsas imágenes de los demás. Así que siguen escondiendo su propia naturaleza hasta el final sin aceptarla. Hay mucha gente que no acepta su naturaleza pecadora hasta el final y engaña a Dios y a sí misma. Así son los que no aceptan por fe la Verdad del Evangelio que dice que el Hijo de Dios nos ha salvado a todos de nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso los más malvados son los que esconden su maldad con hipocresía. Estas personas que convierten en los peores enemigos de Dios en este mundo y se enfrentan a Dios.
Nadie es virtuoso por naturaleza. Por eso la Biblia dice: «No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Romanos 3, 10-13).
Dios le está diciendo a todo el mundo: «Sois seres humanos lascivos». ¿Creen que las personas puede llevar vidas santas por sí mimas? Esto es completamente falso. Pero aún así el mundo está enseñando que se puede vivir virtuosamente y como consecuencia de esta falsa enseñanza la gente se hace hipócrita al fingir que es virtuosa.
Los mentirosos en el cristianismo de hoy en día han esparcido las cenizas de la hipocresía sobre los miembros de sus iglesias. Como estos hipócritas siguen fingiendo que son virtuosos, no saben que son malvados a los ojos de Dios. ¿Por qué no saben que son seres malvados? Porque no conocen su naturaleza. Por naturaleza, todos los seres humanos nacieron siendo pecadores. Sin embargo, Satanás, el Diablo, ha esparcido las cenizas de la hipocresía sobre nuestros pensamientos y corazones para que no conozcamos nuestra verdadera naturaleza y para impedir que la humanidad reciba la remisión de los pecados de Dios.
En Génesis 6, 5 se dice: «Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal». Por eso Dios puso al mundo bajo Su juicio. En esa época sólo 8 miembros de la familia de Noé se salvaron y el resto de los malvados fueron juzgados. Noé, al encontrar la gracia de salvación de Dios, fue salvado del juicio de las aguas.
 
 
¿Qué tipo de gente no le gusta a Dios?
 
Las personas que no le gustan a Dios son las que muestran su hipocresía ante Dios. Los que no reconocen el hecho de que son pecadores malvados son hipócritas. Los hipócritas son los que no escuchan a su conciencia, que les dice que están destinados al infierno por sus pecados, y descartan el bautismo de la remisión de los pecados y el Evangelio de la salvación de la sangre de Jesucristo. Los hipócritas son los que fingen ser justos a pesar de que son pecadores y afirman haber recibido la remisión de los pecados aunque no la han recibido todavía. Los que actúan con hipocresía ante Dios son los que creen en Dios sin saber la Verdad para nacer de nuevo del agua y el Espíritu, y son los que se sumergen en actos de hipocresía para ocultar su maldad.
Lo que más desprecia Dios es la hipocresía de los seres humanos, es decir, la falsa bondad, porque su hipocresía está en contra de la bondad de Dios. Pero algunas personas nos critican por glorificar sólo la justicia de Dios y denunciar la bondad de los seres humanos. Dicen que estamos totalmente equivocados. Puede que estemos equivocados desde su punto de vista, pero desde la perspectiva de Dios, es totalmente lo contrario.
Las personas son básicamente malvadas, pero siguen intentado ser virtuosas para esconderse. Sin embargo, intentar ocultar su maldad con una pequeña virtud es como intentan ocultar el Sol con la palma de la mano. Los seres humanos son sucios y obscenos, así que ¿cómo podemos decir que las personas son virtuosas? ¿Qué hay de bueno en los seres humanos? La gente debe confesar su maldad y recibir la perfecta remisión de los pecados, que es tan blanca como la nieve, al creer en la Palabra de la Biblia, que el la Palabra de Dios. Y entonces, después de convertirse en justos al recibir la remisión de sus pecados, deben buscar la bondad de Dios y no la hipocresía de los seres humanos. Deben dejar atrás toda su hipocresía y su maldad y entonces debemos seguir la verdadera bondad de Dios.
¿Cómo sabemos que somos seres sucios y obscenos? No es por el hecho de que hayamos cometido pecados con nuestros actos, sino que nos damos cuenta porque nos examinamos a la luz de la Palabra de Dios y no tenemos más remedio que admitir que tenemos todos esos pecados en nuestros corazones. Así es como nos convertimos en pecadores ante la Palabra, es decir, como reconocemos que somos pecadores. Para recibir la salvación de la gracia de Dios, debemos convertirnos en pecadores ante la Palabra por lo menos una vez. Aunque todos somos seres humanos malvados, al aceptar el Evangelio de la salvación y de la remisión de los pecados, hemos sido salvados de todos nuestros pecados y ahora vivimos como personas justas. Asimismo los que han recibido su salvación se libran de la hipocresía y viven creyendo solamente en la justicia de Jesucristo.
Dios no pone Su esperanza en la hipocresía de la humanidad. Como todo el mundo es hipócrita, Dios no puede poner Sus esperanzas en los seres humanos. Como la hipocresía es algo que todas las religiones del mundo buscan, Dios pone Su esperanza en los que creen en Su Palabra en vez de ponerla en las religiones. La hipocresía no sólo nos lleva a la perdición, sino que también lleva a todo el mundo a hacer el mal. La hipocresía es un obstáculo para las bendiciones de Dios y un pasaje que trae la maldición a las personas. Por tanto todo el mundo debe quitarse la máscara de la hipocresía ante Dios y debe volver al Evangelio del agua y el Espíritu. Como la hipocresía arruina las almas, la gente debe seguir la Verdad.
¿Qué es la Verdad de salvación que Dios nos ha dado? Es el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado. Todos podemos nacer de nuevo ahora porque Jesucristo nos ha salvado de nuestros pecados y ofensas al ser bautizado por Juan el Bautista y al morir en la Cruz.
Gracias a esta Verdad está claro que no hay ninguna virtud en los seres humanos. Sean quien sean, no se engañen y no se dejen engañar por la hipocresía de los demás. Nadie debe tenerse a sí mismo en un pedestal.
Antes de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿aceptan que son malvados ante el Señor? Debemos aceptar que somos seres malvados. De los seres humanos sólo puede salir el mal, por mucho que se esfuercen en hacer lo contrario. De los corazones de la gente sólo salen pensamientos de hurtos, asesinatos, adulterio, lascivia, engaño, discordia, demencia y obstáculos. Dios se refiere a estos pecados como la naturaleza malvada de los seres humanos.
Pero muchas personas en este mundo siguen sin aceptar su naturaleza pecadora. Mientras sus actos malvados no se revelen, no aceptan que son malvados y que están destinados al infierno. Esta es la razón por la que muchas personas no aceptan el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero gracias a que Dios, que nos ha creado, sabe que somos seres malvados, nos dice: «Eres un ser humano malvado». Aunque Dios haya establecido la Ley para que nos demos cuenta de nuestra maldad, muchos siguen sin reconocer su maldad y siguen intentando esconder sus faltas con hojas de higuera, es decir, con sus vidas religiosas. Esta es la imagen más malvada de la humanidad.
Sin embargo, nadie puede esconder sus peores pecados con la religión de este mundo. Quien quiere borrar sus pecados debe creer que Jesucristo vino al mundo por él, fue bautizado por él, murió por él en la Cruz y fue resucitado por él. Sólo así pueden desaparecer sus pecados. Espero que reciban la salvación de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado. El Señor quiere que la gente deje sus pecados y haga obras justas al buscar Su Verdad. Mis queridos hermanos, para seguir la justicia de Dios tenemos que creer solamente en el Evangelio del agua y el Espíritu y seguir a Jesucristo.
El pasaje de las Escrituras de hoy dice que cuando Dios vio la tierra seca y la tierra que daba árboles frutales y hierbas que producían semilla, vio que «era bueno». Dios nos ha dado la salvación de la remisión de los pecados a los que reconocen su naturaleza pecadora y ha hecho que den los frutos de la justicia al predicar a Jesucristo, el fruto que es tan bello a los ojos de Dios.
 
 
¿Creen en la salvación de Jesucristo que vino por el agua y la sangre?
 
Los nacidos de nuevo aceptan la Verdad del bautismo que Jesucristo recibió en el río Jordán y creen en ella. La razón por la que Jesucristo nació en este mundo es que debía salvarnos de nuestros pecados, y al tomar Jesucristo nuestros pecados a través de Su bautismo, fue crucificado hasta morir para pagar la condena por nuestros pecados. Después de Su muerte, Jesucristo resucitó el tercer día para darnos a Sus creyentes nueva vida, y ahora está sentado a la derecha de Dios Padre.
Queridos hermanos, ¿creen que Jesucristo es Dios y creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha dado? Esta fe es la que permite que las almas reciban la remisión de los pecados. Si no tienen esta fe, vivirán despidiendo un olor a podrido, porque estarán podridos por la hipocresía. Sin embargo, podemos entrar en el Cielo y vivir para siempre si creemos en la justicia del Señor que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu.
Les pido a todos ustedes que reconozcan su maldad y sean salvados de todos sus pecados al creer en la Palabra de Verdad. A los que ya se han convertido en justos al creer en el Evangelio, les pido que pasen el resto de sus vidas siendo siervos de la justicia al aceptar la Palabra de Verdad de Dios y creer en ella. La verdadera salvación de Dios desciende sobre los que dejan atrás su hipocresía y reconocen su naturaleza malvada. A los que han reconocido su naturaleza, Dios les ha dado la bendición de recibir la remisión de los pecados y el Espíritu Santo.
Dios no obra en nuestros pensamientos carnales, sino que obra en los corazones a través de la Palabra de Verdad. Dios siembra la semilla de Su Palabra en los corazones de la gente y hace que germine, florezca y de frutos en el corazón.
El Señor dijo en Juan 1, 12: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». El Señor nos está diciendo: «Soy la puerta del Cielo. Os he salvado con el hilo azul, púrpura y escarlata de la puerta del Tabernáculo». Dios nos ha hecho Su pueblo e hijos Suyos y nos ha dicho: «Me convertiré en vuestro Padre y Pastor». Sólo cuando aceptamos la Palabra de Verdad que Dios nos ha dado, la flor de la salvación podrá florecer en nuestros corazones y dar el fruto del Espíritu Santo.
Sólo podemos vivir una verdadera vida de fe si tenemos la Palabra de Dios en nuestros corazones. Al creer en la Palabra de Dios con el corazón podemos dar el fruto de salvación y cuando creemos en esta Palabra podemos alabar a Dios desde el fondo de nuestros corazones, servirle y recibir todas las bendiciones del Cielo. Debemos tener en cuenta lo que Dios dijo en el pasaje de las Escrituras de hoy: «Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así» (Génesis 1, 11). Les pido que recuerden que la tierra se refiere a sus corazones y a los míos y que Dios obra en nuestros corazones a través de Su Palabra.
Si la Palabra de Jesucristo no estuviera en nuestros corazones, nuestros corazones no producirían nada. En estos corazones no hay nada de provecho. Los pensamientos humanos están en la carne, pero el corazón está en el espíritu. Un corazón sin la Palabra de Jesucristo está vacío y no hay nada en él. Cuando nuestros corazones creen en la Palabra que Dios nos ha dado, las hierbas que dan semilla y los árboles frutales empiezan a crecer en nuestros corazones.
Hemos recibido la salvación y nos hemos convertido en hijos de Dios al creer en Su Palabra con nuestros corazones, y así hemos conseguido la vida eterna al creer en esta Palabra de Dios que está en el verdadero Cielo. Hemos recibido todas las bendiciones de Dios en nuestros corazones. ¿Nos ha ocurrido esto a nosotros? Si confiamos en nuestros pensamientos, nos haremos muchas preguntas. Por eso debemos dejar de lado los pensamientos carnales y confiar sólo en la Palabra de Dios de Verdad. ¿Dónde hizo Su obra Dios? En nuestros corazones, a través de la Palabra. En nuestros corazones, Dios está diciendo: «Os he salvado por el agua, la sangre y el Espíritu Santo y así os he hecho hijos Míos. Sois Mi descendencia. Sois justos».
 
 
La Palabra de Dios es la semilla del Evangelio que nos conduce a la salvación
 
Dios habla a nuestros corazones. Dice: «Soy vuestro Dios». ¿Dónde aterriza la Palabra de Dios? En los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de Dios. Aquí, las aguas de los cielos caen en la tierra, la humedecen y dejan que germine. La Palabra de Dios, es decir, el agua de encima de los cielos, es la semilla de la vida. Se dice que la semilla de la vida que Dios nos da está en Su Palabra, no en la tierra. Toda semilla cae en la tierra y al introducirse en el suelo y dar el capullo de la vida, se convierte en hierba, plantas o árboles. Estas semillas crecen y se convierten en coles, manzanos o perales y dan fruto.
En otras palabras, la tierra no puede hacer nada por sí misma. Como Dios obra en la tierra con agua, Su obra se cumple. Diversas hierbas, plantas que dan semilla y árboles frutales han germinado en la tierra porque la Palabra de Dios cayó en la tierra y la tierra la aceptó como la semilla de la vida. Cuando creemos en Dios, ¿cómo debemos creer? Creer en la Palabra de Dios es creer en Dios. ¿Qué nos dice Dios?
Dios dice que ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu y que nos ha dado bendiciones divinas del Cielo. Dios dijo que nos haría hijos Suyos con el hilo azul, púrpura y escarlata de la puerta del Tabernáculo. Y por eso ahora somos hijos de Dios que creen en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Qué tipo de relación tenemos con Dios? Podemos llamar a Dios Padre. Y también podemos llamarle nuestro Señor, porque Dios es nuestro Maestro y Salvador. A través de nuestra fe en esta Palabra de Verdad que Dios nos ha dado podemos vivir la verdadera vida de fe. No podemos tener una fe correcta si seguimos nuestros propios pensamientos. Sólo podemos vivir con la fe correcta si creemos en la Palabra de Dios de corazón. También debemos alabar a Dios con nuestros corazones. Debemos saber que Dios obra en nuestros corazones. Les pido que crean en que Dios ha obrado en sus corazones a través de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
El Evangelio de Dios que vino desde los Cielos
 
En Israel hay un lago denominado Mar Muerto. No hay vida que pueda sobrevivir en ese lugar. El río Jordán que empieza en el lago de Galilea desemboca en él y toda el agua de los valles de Israel van a parar allí. La superficie del Mar Muerto es de 400 metros por encima de nivel del mal. Como no hay otro lugar más bajo que el Mar Muerto, toda el agua que va a parar allí no puede pasar a ningún otro sitio y al evaporarse el agua rápidamente debido al clima cálido de la región, el nivel de sal del Mar Muerto asciende. Así que no hay peces en el Mar Muerto, porque no hay ninguna forma de vida que pueda sobrevivir. A lo largo de la costa del Mar Muerto no pueden creer ni hierbas ni árboles.
Los pensamientos humanos son como el Mar Muerto. La Palabra de Dios no obra dentro de los pensamientos humanos. Si la Palabra de Dios cayera en el agua del mar, la obra de Dios no se llevaría a cabo. Si la Palabra de Dios cayera en el mar de nuestros pensamientos carnales, no habría vida que pudiera germinar ni crecer. Por eso debemos llevar vidas de fe creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu. Tener fe en el Señor se hace teniendo fe en la Palabra de Dios. Debemos creer en la Palabra de Dios con nuestros corazones.
Se ha añadido un título al capítulo 11 de Hebreos para identificarlo como el capítulo de la fe. Si leemos Hebreos 11, 24-31, veremos: «Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz».
Además de Moisés y Rahab, mencionados en el pasaje anterior, se menciona a muchas otras personas de fe en el capítulo 11 de Hebreos. ¿Qué tipo de fe era su fe? Su fe creía de corazón en la Palabra que los siervos de Dios les dieron. Como Moisés y Rahab creyeron en la Palabra de Dios, pudieron vivir, ver la gran obra de Dios y conseguir su salvación. Nosotros también podemos recibir nuestra verdadera salvación al creer en la Palabra de Dios con nuestros corazones. Ahora debemos seguir teniendo fe y confiar en la Palabra de Dios de todo corazón.
Debemos seguir a Cristo por nuestra fe en la Palabra de Dios. Por mucho que confiemos en nuestros pensamientos, no sacaremos nada bueno de ellos. Un pensamiento es sólo un pensamiento y nada más.
Podemos hacer que la flor de la fe florezca al creer en las aguas del cielo, es decir, en la Palabra de Dios. Esta es la verdadera vida de fe.
En el pasado, los predecesores de la fe que caminaron según la Palabra de Dios, creyeron en la Palabra de los cielos, en la Palabra de la alianza de Dios. José confiaba en que el pueblo de Israel entraría en la tierra prometida porque creyó en la promesa que Dios le pasó a través de sus antecesores de fe. Por eso, cuando estaba en su lecho de muerte, dijo lo siguiente: «Aunque muera, Dios os llevará a la tierra de Canán. Cuando llegue la hora y salgáis de Egipto, aseguraos de desenterrar mis huesos y llevarme a la tierra prometida». José dijo estas últimas palabras porque creyó en la Palabra que Dios dijo a Abraham, en que Dios liberaría al pueblo de Israel después de 400 años de esclavitud y los llevaría a la tierra de Canán una vez más. Por eso, cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, desenterraron los huesos de José y los llevaron a la tierra de Canán para enterrarlos. Esto es de lo que se trata la fe. ¿Dónde hizo Dios Su obra? En la tierra. Esto significa que Dios obró en nuestros corazones.
¿Qué hay en nuestros corazones? Hay fe. ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la fe? Es tener fe en la Palabra del cielo, es decir, en la Palabra de Dios. Esto es lo que es la fe. La fe es creer de todo corazón en la Palabra de Dios que está en el Cielo, la Palabra que cae en nuestros corazones, la Palabra de Dios que Él nos ha dado. Todos debemos saber lo que es la fe.
Si tuviéramos que decir que sólo hay un tesoro valioso en nuestros corazones, ese sería nuestra fe en Jesucristo la Palabra de Dios. Un corazón con fe es valioso, y un corazón sin fe está lleno de pensamientos carnales. Todo pensamiento que viene de la carne de la humanidad es simplemente un pensamiento, y no viene de la Palabra de Verdad. El mar y la tierra no tienen vida por sí mismos. Sólo el agua de encima del Cielos (la Palabra de Verdad y la semilla de la vida) cae en la tierra y hace que nazcan flores preciosas, hierbas y árboles frutales. En realidad todas estas hierbas, flores y frutos existen gracias a la Palabra de Dios que está en los cielos.
El suelo sólo tiene que aceptar lo que se planta en él. La tierra no hizo otra cosa que aceptar la semilla que cayó en ella. Lo que estoy intentado decir es que la verdadera fe no consiste en aceptar lo que hemos creado con nuestros propios pensamientos y creer en ellos. La fe que se basa en los pensamientos humanos va de un lado para otro como las olas del mar y crea dudas. Está siempre temblorosa porque es una fe creada por pensamientos humanos y a veces parece razonable, aunque en otras ocasiones no parece tan razonable. Nuestros pensamientos humanos son siempre así, van de un lado par otro. ¿No es así? ¿No son nuestros pensamientos carnales así? Pero si lo vemos todo a través de la Palabra de Dios, todo quedará claro.
La verdadera fe no tiene nada que ver con los pensamientos que salen de la carne de la humanidad. Dios no hace la obra de la vida en los pensamientos de la gente. Cuando la Palabra de Verdad de Dios cae en la tierra, la semilla de la Verdad de la vida florece y da fruto. ¿Qué tiene tanto poder como para hacer que el agua del mar y la tierra produzcan flores y frutos? La Palabra de Verdad de Dios.
Espero que todos se den cuenta de que la Palabra de Dios ha florecido y ha obrado en la tierra. La obra de Dios no se lleva a cabo en los pensamientos carnales, sino en los corazones que sólo creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios aprueba nuestra fe sólo cuando creemos en Su Palabra de corazón. Pero a pesar de esto, no hay mucha gente que crea en la Palabra de Dios de corazón. La Palabra de Dios es la Verdad y tiene poder. Está escrito: «Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas» (2 Corintios 10, 4). La fe en la Palabra de Dios se convierte en una arma que destruye las fortalezas de Satanás, y los que tienen esta fe recibirán infinitas bendiciones de Dios.
Una fe correcta no puede creer en falacias acumuladas por nuestros intentos por entender y aceptar la Palabra de Dios con nuestros pensamientos carnales. Esta fe siempre vacila como las olas, cree algunas veces y otras no cree. Nuestra fe no debe ser una mera fe en la religión. No podemos hacer florecer nuestra fe si confiamos en nuestros propios pensamientos. Quiero que todos se den cuenta de que Dios no obra en nuestros pensamientos carnales. Entonces ¿dónde obra Dios? Obra en la fe de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Palabra de Dios. La obra de Dios sólo tiene lugar cuando creemos en Dios de corazón. La verdad es que sólo cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios, Dios nos dio su salvación, nos hizo hijos Suyos, contestó nuestras plegarias, nos dio fuerzas y nos permitió dar frutos espirituales.
Dios ha obrado en nuestros corazones a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Incluso ahora sigue obrando en nuestros corazones a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Mis queridos hermanos, ¿creen en Dios con sus pensamientos o creen en Él con sus corazones, mediante el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Tienen fe en la Palabra de Verdad? Si creemos en Dios, debemos dejar atrás nuestros pensamientos humanos. Dejemos de utilizar nuestros pensamientos humanos en nuestras vidas diarias y creamos en Dios poniendo nuestra fe en Su Palabra.
Como la obra de Dios está en nuestros corazones, creemos en Él de todo corazón, le alabamos con nuestros corazones, le seguimos con nuestros corazones, le rezamos con toda confianza y trabajamos como Sus obreros con nuestros corazones. Como creo que Dios es mi Padre, le puedo ofrecer mi fe con toda confianza y decir: «Padre, por favor, dame esto».
 
 
La Palabra de Dios está dentro de nosotros
 
Dios ha dicho por Sí mismo: «Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así» (Génesis 1, 11). Al caer la Palabra de Verdad de Dios en la tierra (es decir Su semilla), ésta la aceptó y dio frutos. La tierra no hizo nada más. La tierra no actuó por su propia cuenta ni se sacrificó para crear agua. Todo lo que tuvo que hacer era tomar la semilla que cayó del cielo y esperar mientras la semilla de la Verdad germinaba y florecía al tomar nutrientes del suelo. Además debemos reconocer que Dios también creó la tierra. No hay nada que hayamos hecho por nosotros mismos.
Por tanto, si alguien ha vivido su fe según lo que él cree que es bueno, lo ha hecho en vano. Si hubiera vivido su fe pensando: «¿Seguirán pensando los demás que soy una persona virtuosa si vivo mi fe de esta manera? ¿Cómo podría llevar mi iglesia de una manera más fácil? ¿Qué debo hacer para que esta Palabra de Dios encaje en mis principios humanos?» entonces no habría tenido ningún mérito. Este tipo de gente no ha vivido una vida de fe, sino que han vivido su propio estilo de vida. Por decirlo de una manera suave, han seguido una filosofía que les va bien. Si alguien ha vivido su fe según sus propios pensamientos, en vez de creer en la Palabra de Dios con su corazón, esto significa que no ha vivido una vida de fe, sino una vida religiosa.
Dios ha obrado en nuestros corazones. Al obrar en nuestros corazones, Dios nos ha hecho hijos Suyos. ¿Es cierto o no? Por supuesto que sí. Ahora nos hemos convertido en los hijos de Dios. ¿Nos hemos convertido en hijos de Dios con nuestros propios pensamientos? No. Si hubiésemos confiado en nuestros pensamientos para ser salvados, nunca nos habríamos librado de nuestros pecados, porque todo hubiera sido en vano.
Entonces ¿cómo nos convertimos en hijos de Dios? Nos convertimos en hijos de Dios al creer en la Palabra del Evangelio de Dios que ha borrado nuestros pecados. En nuestros pensamientos, cuando cometemos un pecado, no estamos completamente seguros de si ese pecado ha desaparecido o no. Vamos de un lado para otro en nuestros pensamientos carnales, pero nuestros corazones testifican claramente: «No tenemos pecados». Toda la gente de fe, ya fueran Moisés, Josué o Rabee, la prostituta, resuelve sus problemas por fe.
Podemos vivir una vida de fe correcta al creer en la Palabra de Dios. Si creemos en la Palabra de Dios con nuestros corazones, la semilla de la vida que está dentro de la Palabra entrará en nosotros y obrará. Y hará que el capullo de la vida florezca. Esto es algo que no podemos hacer nosotros mismos, y aunque no haya esta belleza en nuestros corazones, Dios hace que en ellos germinen preciosos capullos, que florezcan muchas flores y que se den muchos frutos. En otras palabras, Dios hace que hagamos cosas bonitas. ¿Quién obra con qué? Dios obra con la Palabra de Verdad. La semilla de la Verdad entra en nosotros y hace obras maravillosas dentro de nosotros.
La Verdad nos hace difundir el Evangelio a otras personas, hacer la obra de servir a Dios, de seguir al Señor por fe y de luchar contra el Diablo para ganar. La Verdad nos permite hacer todas estas cosas. Nosotros solos no podemos hacerlas. Por mucho empeño que tengamos, nunca podremos hacerlas. En otras palabras, no podemos vivir una vida de fe basada en nuestros propios pensamientos. No podrán recibir el Evangelio de salvación si sus corazones piensan lo siguiente: «Me lo pensaré y si lo entiendo, creeré. Pero si no lo entiendo a pesar de haber leído la Palabra y haberla escuchado muchas veces, no creeré. Es decir, sólo creeré en la parte que haya entendido». Si piensan así, deben cambiar de opinión cuanto antes.
La fe es algo simple. Todo lo que debemos hacer es meditar sobre la Palabra de Dios con nuestro corazón y creer en la Palabra. La Verdad es algo simple. La Verdad es la Verdad. No se convierte en una mentira porque nosotros lo creamos asó, ni tampoco se confirma su validez por nuestros propios pensamientos. La Verdad no se hace verdad porque la aceptemos, ni se convierte en mentira porque la rechacemos. La Verdad es la Verdad. Es algo que nunca cambia.
 
 
Pensamientos humanos: barreras para la vida de fe
 
A través de la obra de la creación, Dio reveló la obra que quería hacer en los seres humanos. El primer día, Dios pronunció la obra de la salvación. El segundo día, pronunció la obra de la separación. El tercer día, pronunció cómo una persona se convierte en una persona de fe. Sin embargo, hay muchas personas cuya fe no ha llegado al tercer día. Para convertirse en siervos de Dios, tienen que aceptar esta obra de Dios que se realizó el tercer día de la creación. El cuarto día, Dios creó las estrellas del firmamento. El quinto día, se completó la obra que permitió volar y nadar por fe, reinar sobre todo por fe y disfrutar al máximo de todo.
¿Cuál es el mayor obstáculo para que se lleve a cabo la obra del tercer día en nuestros corazones? Nuestros pensamientos carnales son el mayor obstáculo. No son cualquier tipo de pensamientos, sino que son los pensamientos carnales. Muchas personas viven sus vidas de fe con sus pensamientos carnales. Por eso la vida de estas personas está a disposición de sus pensamientos, y su fe se apaga si se basa en los deseos carnales. Por mucho que se piense: «¡Ya lo tengo! Esto parece correcto, así que voy a creer en ello. Creo», esta fe no está basada en la Palabra de Dios y por eso cuando llegan momentos difíciles, todo se viene abajo. La fe muere.
Por ejemplo, cuando un tifón llega a la costa, causa estragos en ella. Es como un maremoto destruyendo todo lo que encuentra a su paso, inundando las casas cerca de la costa y destruyendo la playa y los rompeolas. Los pensamientos carnales se comen la fe. Cuando se piensa tanto en su propia carne, la fe desaparece. En poco tiempo la fe desaparece sin dejar rastro. Cuando uno es atraído por sus pensamientos carnales, deja de creer en las cosas en las que solía creer al principio y al final la poca fe que le quede será borrada completamente.
Hay dos tipos de gente: la gente que cree en la Palabra de corazón y la gente que vive su fe basándose en lo que ellos consideran bueno. Los que siguen viviendo sus vidas de fe con pensamientos humanos, no saben dónde obró Dios el tercer día. Mis queridos hermanos, debemos creer en la Palabra de Dios con nuestros corazones. Debemos meditar sobre ella con nuestros corazones y creer de corazón. Debemos creer con nuestros corazones. Y debemos seguir con nuestros corazones. Sólo entonces se llevará a cabo la obra de Dios.
Los que la Palabra de Dios es importante simplemente según sus pensamientos y no creen en ella con sus corazones, cuando escuchan la Palabra, la escuchan como si estuvieran en clase de historia y piensan para sí mismos: «Ese no es el tema principal del pasaje….En realidad está hablando de la fe. Supongo que este pasaje se puede interpretar así».
No estoy dando una clase magistral de historia hoy. No estoy diciendo: «Moisés vivió antes de Cristo y la cultura de esa época era así. En esa cultura, Moisés se convirtió en el líder de la nación de Israel de esta manera y la otra. Fue genial. Seamos todos como Moisés». En realidad estamos diciendo que toda la fe del pueblo de Dios, ya sea la fe que tenía Moisés o la de Rabee, o la fe de Josué, se basaba en creer en la Palabra de Jehová con sus corazones. Dios está diciendo que este es el dominio de la fe.
Cuando lean este sermón, si intentan aceptarlo después de entenderlo, lo que estarán haciendo será comprobar. ¿Aceptan la Palabra de la Biblia sólo después de entenderla? Será demasiado tarde si primero intentan entenderla, evaluarla y después aceptarla con sus pensamientos. Sólo podrían entender lo que se dice después de 10 años o incluso de 20. Puede que les cueste 20 años decir: «¡OH! Esto es lo que quería decir el reverendo Chang hace tiempo». Si siguieran viviendo sus vidas de fe con sus propios pensamientos, sólo entenderían las cosas después de 20 años. Quizás morirían antes de entenderlo. Sus pensamientos son sus enemigos.
Mientras seguimos con nuestras vidas de fe, aunque es aceptable pensar en la Palabra de Dios con la fe de nuestros corazones, si queremos juzgar la Palabra de Dios, alimentar nuestra fe y hacer planes de futuro con nuestros pensamientos carnales, nuestros propios pensamientos se convertirán en nuestros enemigos. No debemos vivir nuestra fe con pensamientos carnales. Debemos creer en lo que Dios nos ha dicho, que una vida de fe que se vive con pensamientos carnales mediante los que se intenta entender la Palabra y con los que se hacen planes, no es una vida de fe.
 
 
¿Dónde obra Dios?
 
El tercer día, Dios ordenó que la tierra diera plantas con semilla y árboles frutales que den fruto según su clase. Dios no le dijo esto al mar. Para nosotros ha pasado el primer día de la creación de Dios. El segundo día también ha pasado. Las aguas de encima del firmamento se separaron de las aguas del mundo. ¿Saben ahora cuál es la Palabra de Dios y cuáles son las palabras del Diablo?
Ahora tratamos el tercer día. Cuando el segundo día pasó, llegó el tercero. El tercer día ha llegado a nosotros. En este día ocurrieron dos fenómenos. Dios reunió las aguas que cubrían la tierra en un lugar y las llamó mares. Y ordenó que se descubriera la tierra seca. Esto significa que Dios separó los mares de la tierra perfectamente. De las dos aguas que Dios separó, ¿en cuál realizó Su obra? Llevó a cabo Su obra en la tierra. Dios le dijo a la tierra: «Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra» (Génesis 1, 11). Dios sembró la semilla en la tierra y a través de ella dio frutos. Así reveló Su gloria. Por eso Dios dijo que lo que vio era bueno.
Entonces ¿cómo obró Dios en nosotros? Obró en nuestros corazones. Realizó Su obra en los corazones de los que creen. Hemos recibido nuestra salvación por fe. Nos hemos convertido en hijos de Dios por fe. Hemos sido salvados del juicio por fe. Por fe, podemos llamar Padre a Dios. Por fe podemos vivir vidas de fe. Por fe seguimos a la Palabra de Dios. Todo se hace por fe.
Sin embargo, lo que debemos saber es que hay algunos hermanos y hermanas, e incluso algunos siervos de Dios, que no han pasado el tercer día todavía. Juzgan la Palabra con sus pensamientos, incluso en este momento. La Palabra de Dios es un objeto de fe y la Verdad, no un objeto de juicio y análisis. Por mucho que analicemos la Palabra de Dios con nuestras mentes humanas, no podemos encontrar ningún fallo. Por eso debemos dejar de intentar entender con nuestra mente y debemos empezar a creer con nuestros corazones. Debemos creer en la Palabra de Dios que nos ha prometido y completado, y en todas las demás promesas que se cumplirán sin duda.
¿Cómo han vivido sus vidas de fe hasta ahora? Cuando escuchan la Palabra de Dios o cuando leen la Biblia, ¿dejan de hacerlo porque no lo entienden y no creen ni lo aceptan hasta que lo entienden completamente?
Cuando vamos a unas oficinas podemos ver diferentes bandejas con archivos en las que pone «decidido», «sin decidir» y «reservado» encima de la mesa de un alto cargo. ¿Qué contiene la bandeja que dice «decidido»? Contiene documentos sobre los que se ha tomado una decisión final. ¿Y qué contiene la bandeja de «sin decidir»? Documentos sobre los que no se ha tomado una decisión todavía. Los archivos de la bandeja «reservado» contiene documentos sobre los que alguien ha dado una opinión favorable, pero sobre los que no se ha tomado una decisión todavía.
También podemos describir la fe de alguien como decidida, sin decidir o reservada. Entre estos tipos de fe, la que más odia Dios es la reservada. Una fe reservad es una fe que no está fría ni caliente, sino templada. Aunque la Palabra sea verdadera, se deja de lado porque no concuerda con los pensamientos humanos, y así se cree sólo en lo que les conviene a sus pensamientos. Si dejamos nuestra vida de fe en suspensión indefinidamente, ¿no será esto ridículo e insensato a los ojos de Dios?
Quizás Dios diría: «¡Oye! ¿Eres tan listo que juzgas Mi Palabra por tu cuenta y solamente crees en lo que puedes entender? ¿Cómo te he salvado entonces? ¿Recibiste mi salvación porque entendiste Mi Palabra? ¡Oye! Estás intentado basar tu vida en tus propios pensamientos aunque hayas recibido la salvación por Mi gracia. Intentas vivir tu vida de fe con tu propio conocimiento».
La fe no necesita como requisito indispensable el conocimiento. La fe es la sustancia de las cosas que esperamos y la prueba de las cosas que no vemos. La Biblia dice que los predecesores de la fe sabían que Dios había creado el mundo entero, no porque conocieran todos los aspectos de la creación de Dios, sino porque creyeron en la Palabra de Dios (Hebreos 11, 1-3).
Mis queridos hermanos, ¿estábamos allí cuando Dios creó el mundo con Su Palabra? ¿Acaso lo vimos? ¿Fuimos testigos cuando creó los mares? ¿Le vimos cuando estaba creando la tierra, la humanidad, y a nuestros abuelos y abuelas? No, no vimos nada de eso. Pero aún así, ¿cómo sabemos que Dios creó el universo entero y todo lo que hay en él? Lo sabemos por fe.
Al principio Dios creó el universo entero. Sabemos esto porque creemos en la Palabra de Dios que dice que Dios creó los cielos y la tierra. El hecho de que hayamos recibido la salvación es algo que vino por fe también. El hecho de que Dios se convirtiera en nuestro Pastor es algo que sabemos por fe también. Todo es por fe. Ir al Cielo también se consigue por fe.
 
 
La fe reservada es un enemigo temeroso
 
La fe reservada es el enemigo más temeroso de nuestra fe. Una fe sin decidir es menos problemática. Como es una fe que tienen los que no han encontrado la Palabra, todo lo que hay que hacer es hablarles de la Palabra de Verdad y guiarlos. Sin embargo, nadie sabe cuando tomará la decisión final la fe reservada. Podemos poner en espera las cosas de este mundo, pero no tenemos porqué sufrir una pérdida enorme al tener la fe reservada. Es mejor convertirnos en luz bendita al creer en la Palabra de Dios. Sería totalmente insensato aceptar la Palabra de Dios sólo como una cuestión de conocimiento y dejarla enterrada en nuestros pensamientos. Imaginen que delante tienen un festín preparado para que ustedes se lo coman, pero si sólo pudieran mirarlo a pesar de estar hambrientos, todo el banquete sería una ilusión. Así es la fe reservada.
El mayor escollo para los nacidos de nuevo es el hecho de que quieran que Dios obre en sus pensamientos, sin creer que Dios en realidad obra en nuestros corazones, del mismo modo en que obró en la tierra el tercer día de la creación. Esto está mal. Ya se ha dicho donde Dios obra, obra en la tierra, en los corazones humanos. Ha establecido las reglas de Su obra, diciendo: «Seguiré obrando en vuestros corazones, incluso en el futuro».
Sin embargo, muchas personas siguen esperando algo ridículo. Los que intentan vivir sus vidas de fe según sus propios pensamientos están confundidos y piensan: «El agua del mar también es agua, así que Dios debería obrar en el agua del mar también. Mi mente está bloqueada. Es muy difícil de entender». Del mismo modo en que las olas rompen en la playa, cuando esta gente se presenta ante la Palabra, intenta entenderla por su propia cuenta. La Palabra de Dios es algo que debemos creer simplemente.
Cuando jugamos al fútbol, está claro lo que tenemos que hacer. Cuando sabemos a qué equipo pertenecemos, sabemos instintivamente que debemos pasar la pelota a los jugadores de nuestro equipo y chutar la pelota en la portería contraria. Cuando chutamos a pelota, no nos paramos a pensar: «¿A qué equipo debo pasar la pelota?». Como sabemos a qué equipo pertenecemos, podemos jugar el partido sin ningún problema. Sin embargo, si no entendiera las reglas básicas, es decir, si no supiera en qué equipo estoy, podría incluso marcar goles en mi propia portería.
La Palabra de Dios es algo en lo que debemos creer como niños. Si dejamos esperar a la Palabra de Dios, esta Palabra no podrá ser nuestra, pero si la aceptamos por fe, la Palabra de Dios será nuestra. Pero a pesar de ello, muchos de ustedes no se dan cuenta de lo que pueden perder si no aceptan la Palabra, si dejan esperar la decisión final de poner su fe en la Palabra de Dios. En el pasado, mis queridos hermanos, yo también era como ustedes, no quería dar un salto de fe para confiar completamente en la Palabra de Dios.
La gente intenta entender la Palabra de Dios con sus propios pensamientos una y otra vez. Al ver a Jesucristo lavar los pies de sus discípulos en el capítulo 13 de Juan, uno puede pensar: «La gente solía llevar sandalias en aquel entonces y por tanto sus pies debían estar llenos de polvo y tendrían que lavárselos todos los días. Supongo que por eso ocurrió este incidente». Por supuesto que esta idea no está equivocada al 100 %, pero esa no fue la razón por la que Jesucristo lavó los pies de Pedro. Como esta gente piensa demasiado mientras escucha la Palabra, sigue escuchando de brazos cruzados como diciendo: «¿Puedo confiar en los siervos de Dios? ¿Qué está diciendo esa persona ahora? Escucharé ahora, pero sólo esta vez».
Debemos escuchar la Palabra de corazón, una vez sepamos que el siervo de Dios está predicando la Palabra de Dios y no sus propios pensamientos. En muchas personas, no hay nada que crean por fe en sus corazones porque escuchan sin diferenciar si lo que se está diciendo es la Palabra de Dios o las palabras de otra persona. Si estas personas escucharan mis sermones, quizás dirían: «¿Qué hace hablando de fútbol? ¿Se cree que todo tiene que ver con él?».
En realidad, la historia sobre el fútbol que les he contado también viene de la Palabra de Dios, ¿no es así? Pero a los que viven vidas de fe basadas en sus propios pensamientos les encanta sacar faltas en vez de escuchar la Palabra. Deciden por su propia cuenta lo que es la Palabra de Dios y lo que no es. Lo que les está frenando es el estar siempre criticando la Palabra y el no querer creer en ella completamente. Al dejar para más tarde la decisión de creer, la fe no nace ni crece en ellos. Otras personas crecen rápidamente en la fe todos los días, pero los que tienen demasiados pensamientos sobre su propio crecimiento, no crecen. Yen caso de que su fe creciera, sería mínimamente y con gran sufrimiento y esfuerzo.
La Palabra de Dios obra en los corazones de la gente. Debemos creer en esta Verdad. La Palabra de Dios nunca obra en nuestros pensamientos. Si tuvieran que decir a Dios: «Querido Dios, creo que debo tomar esta dirección, ¿qué crees Tú?», Él contestaría: «¿Ah sí? Olvídate de Mí entonces. Como lo sabes todo, haz lo que quieras. Estás solo a partir de ahora».
Dios quiere comunicarse con nosotros a través de nuestros corazones y desea compartir amor y juegos dentro de nuestros corazones. Quiere que florezcamos. Dios quiere entrar en la tierra, plantar flores, hierbas y árboles frutales en esta tierra seca, y quiere mostrarnos Sus caminos misteriosos.
La verdad es que Dios quiere plantar el verdadero Evangelio en nuestros corazones y quiere que florezcan las flores del Evangelio y que den frutos espirituales a través de nosotros. Deben saberlo. ¿Lo entienden? Deben renunciar a su pasado de fe que vivieron con sus propios pensamientos. Si pensaran durante 100 años, no sacarían ninguna conclusión. Sólo sería un malgasto de tiempo y energía.
 
 
La gente de fe que cree en la Palabra de Dios
 
Debemos continuar con nuestras vidas de fe con un corazón que crea. Echen un vistazo a esta gente de Hebreos que vivió por fe. Uno de ellos, Rahab, la prostituta, oyó un rumor que decía: «Este pueblo de Israel, que ha viajado por el Mar Rojo, tiene un ser divino, Dios, al que llaman Jehová. Como Dios estaba con ellos, fueron librados de los miles de soldados egipcios. Este Dios, llamado Jehová, destruyó a todo el ejército egipcio al ahogarlos en el mar. Este es el gran ser divino que está con el pueblo de Israel».
Aunque la prostituta era extranjera, creyó en su corazón: «Si este ser divino existe, yo creo. Creo en el ser divino que ha salvado al pueblo de Israel como mi Dios». Al final, cuando llegó el momento, unos exploradores del pueblo de Israel llegaron a la ciudad de Jericó, en la tierra de Canán, donde vivía Rahab.
Los historiadores afirman que las murallas de la ciudad de Jericó eran tan amplias y fuertes que se podrían haber conducido dos camiones de 8 toneladas en lo alto de las murallas. Como estaban construidas en dos capas, dentro y fuera, se dice que eran muy anchas. Así que estas murallas eran perfectas para la defensa. Según los pensamientos humanos, estas murallas nunca podían derribarse. Cuando la ciudad sufría un ataque, el ejército invasor utilizaba arietes para romper las puertas de la ciudad y entrar en ella, pero las puertas también eran enormes y por eso se pensaba que ningún ejército podría penetrar la ciudad. En lo alto de las murallas, una prostituta llamada Rahab, llevaba una taberna. Rahab había puesto una taberna sobre las murallas y su familia se ganaba la vida vendiendo vino.
Sin embargo, esta prostituta, que había oído hablar sobre Jehová, el Dios del pueblo de Israel, creyó en Dios de corazón: «Si Dios fuera así, también creería en Él» y cuando llegaron los exploradores, los escondió con esta fe. Estos exploradores habían entrado en su taberna para espiar y escucharon una conversación mientras bebían. Pero la prostituta Rahab sabía que eran israelitas. Otro hombre que estaba en la taberna, también se dio cuenta de que había extranjeros entre ellos y fue a informar al rey. Mientras tanto, la prostituta Rahab los escondió.
Mientras los escondía, les preguntó: «¿Sois gente de Israel?».
«Sí».
«He oído hablar de vuestro Dios, Jehová. He oído que este Dios es el Dios que salvó a una nación del Mar Rojo. ¿Es eso cierto?».
«Sí, es cierto».
«Si es cierto y Dios quiere tomar esta ciudad, esta ciudad caerá. En ese caso tengo que pediros algo. Os esconderé, pero cuando vuestro pueblo tomé la ciudad, quiero que me salvéis a mí y a mi familia». Los exploradores accedieron a su petición.
Rahab los escondió bajo los troncos de lino que había puesto en el tejado y les explicó con todo detalle cómo podían huir de allí. Rahab despidió a los exploradores creyendo en Dios, Jehová. Y cuando el pueblo de Israel invadió la ciudad, Rahab, según el acuerdo que había hecho, puso una cuerda color escarlata en su ventana. La Biblia cuenta el hecho de que las vidas de los familiares de Rahab fueron perdonadas por una orden expedida por Josué: «No matéis ni a una sola persona que hay dentro de la casa que tiene una cuerda escarlata».
¿Qué tipo de acción fue la de Rahab? ¿Fue algo que hizo con sus propios pensamientos? No. Lo hizo por fe. Aunque los pensamientos de Rahab podrían haber salpicado como las olas, sin saber lo que hacer, ella siguió teniendo fe. Si no hubiera tenido fe en su corazón para creer que el ser divino era el Dios Jehová que salvó al pueblo de Israel del Mar Rojo (es decir, el hecho de que creyera en Dios de corazón), no podría haber hecho lo que hizo.
La fe por la que la prostituta Rahab fue salvada es la misma fe que permite a todo el mundo alcanzar su salvación al creer en la sangre (hilo rojo) de Jesucristo, que fue bautizado en el río Jordán para quitar nuestros pecados. Nosotros también debemos tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu para conseguir nuestra salvación.
También gracias a la fe Moisés sacó al pueblo de Israel de Egipto y se convirtió en parte del pueblo de Dios. Moisés rechazó sus derechos para ser rey como si no tuvieran ningún valor. Él creyó: «No soy el príncipe de una sola nación, sino que soy parte del pueblo de Dios, y soy hijo del Rey de reyes. No soy príncipe de este mundo. Soy un príncipe del Reino de Dios». Como tenía esta fe, puedo rechazar el poder y la gloria de un príncipe.
Mis queridos hermanos como Moisés creyó en la Palabra de Dios de corazón, y como creyó en la Palabra de Dios de la que sus antepasados hablaron, pudo compartir las alegrías y las penas con el pueblo de Israel y vivió con ellos. Todo esto fue posible porque creyó de corazón. ¿Dónde hace Su obra Dios en la gente de fe? En sus corazones.
Entonces ¿dónde obra Dios en los santos? Obra en la tierra. Obra en sus corazones y en el mío. Dios ya ha obrado en nuestros corazones. Sin embargo, en muchas ocasiones intentamos hacer la obra de Dios en el mar, como cuando intentamos encontrar un lugar teniendo una dirección equivocada. Incluso ahora, algunas personas intentan entender la Palabra con sus pensamientos, pero Dios ya ha llevado a cabo Su obra en sus corazones.
Debemos abandonar nuestros pensamientos y al creer en la Palabra de Dios de corazón debemos recibir la salvación y vivir una vida de fe. Esto es lo que es la vida de fe. Mis queridos hermanos, ¿creen en esto? Cuando cantamos alabanzas, debemos cantar creyendo en Dios con nuestros corazones y cuando vivimos nuestras vidas de fe debemos hacerlo creyendo en la Palabra de Dios de corazón. Esto es la fe.
Espero y rezo por que vivan vidas de fe creyendo en la Palabra de Dios con sus corazones y así reciban todas las bendiciones que Dios les ha dado.