The New Life Mission

Sermones

Tema 4: Resolviendo el pecado actual

[4-1] < Juan 13, 1-17 > El Evangelio de la Expiación Abundante

( Juan 13:1-17 )
“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como habia amado a los suyos que estaban en el mundo, los amo hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies ? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No testáis limpios todos. Asi que, despues que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvio a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurado sereis si las hiciereis”.

¿Por qué Jesús lavó los pies de Pedro en el día anterior de la fiesta de Pascua? Mientras lavaba sus pies, Jesús dijo que “Lo que yo hago tu no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”. Simón Pedro fue el mejor de los discípulos. Él creyó que Jesús fue el Hijo de Dios y declaró que Jesús fue el Cristo. Y ya que Jesús lavó sus pies, pensó que había una razón para hacerlo. Cuando Pedro confesó su fe de que Jesús fue el Cristo, eso significó que él creyó en Jesús para ser el Salvador que iba a salvarlo de todos los pecados.

¿Por qué Jesús lavó los pies de los discípulos antes de 
ser crucificado?
Porque Él quería que Sus discípulos Entendieran perfectamente 
la salvación
 
¿Por qué lavó los pies de Pedro? Jesús supo que Pedro Lo negaría muy pronto tres veces, y que él cometería muchos pecados en el futuro.
Si, después de subir Jesús al cielo, Pedro hubiera tenido muchos pecados en su corazón, él no podría haberse unido con Jesús. Pero Jesús supo todo acerca de las debilidades de sus discípulos y Él no quería que hubiera pecados entre Él y Sus discípulos. Por eso, Él necesitó enseñarle a Sus discípulos que todas sus iniquidades habían sido ya limpiadas. Esa fue la razón por la que Él lavó los pies de Sus discípulos. Jesús, antes de morir, se aseguró de que ellos entendieran el Evangelio de Su bautismo y también la condonación completa de la deuda de todos sus pecados en la vida.
Juan 13 habla sobre la salvación perfecta que Jesús cumplió por Sus discípulos. Mientras que Él lavó sus pies, Jesús les habló sobre el conocimiento del Evangelio de Su bautismo a través del cual todos los hombres podrían ser limpiados de sus pecados.
“No sea engañado por el diablo en el futuro. Yo he tomado todos tus pecados con Mi bautismo en el río Jordán y yo tomaré el juicio por ellos en la Cruz. Entonces, yo seré resucitado desde la muerte para cumplir la salvación del nuevo nacimiento para todos ustedes. Para enseñarles que ya he lavado todos sus pecados cotidianos, lavé sus pies antes de ser crucificado. Este es el secreto del Evangelio del nuevo nacimiento. Todos ustedes deberían creer esto”.
Nosotros todos debemos entender la razón por la que Jesús lavó los pies de Sus discípulos y saber por qué Él dijo que “lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”. Solamente por eso nosotros podemos creer en el Evangelio del nuevo nacimiento y ser nosotros mismos nacidos de nuevo.
 
 
Él dijo en Juan 13:12

¿Cuales son los pecados cotidianos?
Son los pecados que nosotros cometemos todos los días
porque somos débiles.
 
Antes de que Él muriera en la Cruz, Jesús tuvo la cena de Pascua con Sus discípulos y los convenció con el Evangelio de la reducción completa de los pecados lavando sus pies con Su propias manos.
“sabiendo Jesus que el padre le habia dado todas las cosas en las manos Y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entoces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13:3-7).
Él enseñó a Sus discípulos el Evangelio del bautismo y la expiación para sus pecados mediante el agua de Su bautismo.
En aquel entonces, siendo fiel a Jesús, Pedro no pudo entender la razón por la que Jesús lavó sus pies. Después de que Jesús le hablase, la manera en la que él creía en Jesús cambió. Jesús quería enseñarle sobre la reducción completa de los pecados, sobre el Evangelio del agua de Su bautismo.
Él se preocupaba por que Pedro no podría venir a Él a causa de sus pecados en el futuro, especialmente por los pecados de su cuerpo en el futuro. Jesús lavó sus pies y por eso el diablo no podría quitarle la fe de Sus discípulos. Luego, Pedro entendió la razón.
Jesús preparó el camino para que a todos los que creyeran en el agua de Su bautismo y la sangre, les fueran reducidos enteramente sus pecados para siempre.
En Juan 13, las palabras que Él dijo mientras que Él lavaba los pies de Sus discípulos fueron recordadas. Estas son palabras muy importantes que solamente el nacido de nuevo puede entender verdaderamente.
La razón por la que Jesús lavó los pies de Sus discípulos después de la fiesta de Pascua fue para ayudarles a que entendieran el hecho de que Él ya había limpiado todos sus pecados en la vida. Jesús dijo que “Lo que yo hago, tú no lo  comprendes ahora; mas lo entenderas después”. Estas palabras hacia Pedro contenían la verdad del nuevo nacimiento.
Nosotros debemos saber y creer en el bautismo de Jesús, el que limpió todas nuestras iniquidades. El bautismo de Jesús en el río Jordán fue el Evangelio de pasar los pecados imponiendo las manos. Nosotros todos debemos creer en las palabras de Jesús. Él tomó todos nuestros pecados en el mundo a través de Su bautismo y logró la reducción entera de pecados siendo juzgado y crucificado. Jesús fue bautizado para salvar a todos los hombres de sus pecados.
 

La reducción completa de los pecados cotidianos durante la vida fue cumplida con el bautismo y la sangre de Jesús
 
¿Cuál es ‘la trampa’ del diablo contra los justos?
El diablo intenta engañar a los justos para hacerlos pecadores de nuevo. 
 
Jesús sabía bien que, después de haber sido crucificado, resucitado y subido al cielo, el diablo y los propagadores de la fe falsa vendrían y tratarían de engañar a los discípulos. Podemos ver por el testimonio de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, que él creía en Jesús. Pero aun así, Jesús quería recordarle a Pedro una vez más que mantuviera en mente el evangelio de la remisión de los pecados. Ese evangelio fue el bautismo de Jesús, a través del cual Él quitó todos los pecados del mundo. Quería enseñarle una vez más a Pedro, a los discípulos e incluso a nosotros que vendríamos más tarde. “Lo que yo hago no lo comprendes ahora, mas lo entenderas después”.
Cada vez que los discípulos de Jesús pecaban, el diablo los tentaba y los condenaba, diciendo: “¡Mira! Si aún cometes pecados, ¿cómo puedes decir que estás sin pecado? No has sido salvado. Usted es simplemente un pecador ”. Para evitar ese tipo de infección, Jesús les dijo que su fe en el bautismo de Jesús ya había lavado todos sus pecados de toda la vida: pasado, presente y futuro.
“¡Todos ustedes saben que fui bautizado! La razón por la que fui bautizado en el Jordán fue para lavar todos tus pecados de toda la vida, así como el pecado original de la humanidad. ¿Eres capaz de entender ahora por qué fui bautizado y por qué tengo que ser crucificado y morir en la Cruz?” Jesús lavó los pies de Sus discípulos para mostrarles que Él había quitado todos sus pecados diarios a través de Su bautismo, y que Él tomaría el juicio por ellos en la Cruz.
Ahora, usted y yo hemos sido redimidos de todos nuestros pecados por nuestra fe en el Evangelio del bautismo y de la sangre de Jesús, el cual es la redención completa de todos nuestros pecados. Jesús fue bautizado y crucificado por nosotros. Él ha limpiado todos nuestros pecados con Su bautismo y sangre. Cualquiera que sepa y crea en el Evangelio de la expiación de los pecados, cualquiera que crea en la verdad, es redimido de sus pecados.
¿Entonces, qué debe hacer después de ser salvado? Él debe admitir sus pecados cada día y creer en la salvación del bautismo y sangre de Jesús, el Evangelio de expiación de todos los pecados. Él debe llevar dentro de su corazón el Evangelio, que Jesús tomó todos sus pecados con Su bautismo y Su sangre.
Sólo porque usted peca de nuevo, ¿será usted otra vez un pecador? No. Sabiendo que Jesús tomó todos nuestros pecados, ¿cómo podríamos ser de nuevo pecadores? El bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz fue el Evangelio de expiación para todos nuestros pecados. Cualquiera que crea en este Evangelio original de la remisión completa de los pecados es nacido de nuevo como ‘un hombre justo.’
 
 
El justo nunca puede ser de nuevo pecador

¿Por qué los justos nunca pueden ser pecadores de nuevo?
Porque Jesús ya ha expiado todos sus pecados de la vida.
 
Si usted cree en el Evangelio de la redención completa de pecados, del agua y el Espíritu, pero todavía siente que usted es un pecador a causa de sus pecados cotidianos, entonces, usted tiene que ir al Jordán donde Jesús fue bautizado para tomar todos sus pecados. Si usted se hace de nuevo un pecador después de que usted haya logrado la redención, Jesús debería ser bautizado de nuevo. Usted tiene que tener la fe en la redención completa de sus pecados, en el Evangelio del bautismo de Jesús. Usted tiene que mantener en su mente que Jesús llevó todos sus pecados de una vez a través de Su bautismo. Usted debe tener una fe firme en Jesucristo como tu Salvador.
Creer en Jesús como tu Salvador significa que usted cree en el bautismo de Jesús, quien tomó todos tus pecados de la vida. Si usted verdaderamente cree en el bautismo, la Cruz, la muerte, y la resurrección de Jesús, usted nunca puede ser de nuevo un pecador aunque usted cometiera cualquier tipo de pecado. Usted ha sido redimido de todos los pecados de toda la vida mediante su fe.
Jesucristo limpió no solamente los pecados ya cometidos por la debilidad, sino también los del futuro. Y porque Jesús dio énfasis a la importancia de Su bautismo, Él lavó los pies de Sus discípulos con el agua para simbolizar el Evangelio de la remisión completa de los pecados, Su bautismo. Jesucristo fue bautizado, crucificado, y ascendió al Cielo para cumplir la promesa de Dios de la expiación abundante para todos los pecados del mundo y para salvar a toda la humanidad. Como resultado, Sus discípulos habrían podido predicar el Evangelio de expiación de los pecados, el bautismo de Jesús, la Cruz, y la resurrección, hasta el fin de sus vidas.
 

La debilidad del cuerpo de Pedro
 
¿Por qué negó Pedro a Jesús?
Porque él fue débil.
 
La Biblia nos dice que cuando Pedro fue confrontado por unas personas y ellos lo acusaron por ser uno de los seguidores de Jesús, él negó dos veces, diciendo que “No, yo no conozco a ese Hombre”. Luego, él lo negó, maldijo y juró la tercera vez.
Vamos a leer ese pasaje de Mateo 26:69: “Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él lo negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, se acercandose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente tú también eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabra de Jesús, quele había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente” (Mateo 26:69-75).
Pedro realmente creyó en Jesús y le siguió fielmente. Él creyó que Jesús fue su Señor y su Salvador, ‘el Profeta’. Pero cuando Jesús fue llevado a la corte de Pilatos, cuando era peligroso para él por ser asociado con Jesús, él lo negó y maldijo sobre Él. 
Pedro no supo que él negaría a Jesús. Pero Jesús supo que él lo haría. Jesús supo que él era débil. Por eso, Jesús limpió los pies de Pedro y le enseñó el Evangelio de salvación como está escrito en Juan 13: “Tú pecarás en el futuro, pero yo ya he lavado todos tus pecados futuros”.
Pedro negó a Jesús cuando su vida estaba en peligro, pero fue la debilidad de su cuerpo la que lo hizo. Por lo tanto, para salvar a Sus discípulos de todas sus iniquidades del futuro, Jesús lavó sus pies.
“Yo voy a expiar todos sus pecados en el futuro, también. Yo seré crucificado porque yo fui bautizado para llevar todos sus pecados, y voy a pagar el precio por ustedes para ser el verdadero Salvador de todos ustedes. Yo soy su Dios, su Salvador. Yo voy a pagar todo por sus pecados, y voy a ser su Pastor a través de Mi bautismo y sangre. Yo soy el Pastor de su salvación”. 
Para plantar firmemente esta verdad en sus corazones, Jesús lavó sus pies después de la fiesta de Pascua. Esta es la verdad del Evangelio.
Porque nuestro cuerpo es débil aunque siendo nacido nuevamente, nosotros pecaremos de nuevo. Por supuesto, nosotros intentaremos no cometer pecado, pero cuando pecamos y nos tenemos que enfrentar con los problemas serios como el caso de Pedro, nosotros pecamos sin verdadera intención de hacerlo. Como nosotros vivimos en la carne, a veces nosotros somos destruidos por los pecados. El cuerpo será un pecado mientras que nosotros vivamos en este mundo secular, pero Jesús redimió todos esos pecados con Su bautismo y sangre en la Cruz.
Nosotros no negamos que Jesús es nuestro Salvador, pero cuando vivimos en la carne, seguimos cometiendo pecados contra la voluntad de Dios. Esto es porque nosotros nacimos en la carne.
Pero Jesús sabía muy bien que nosotros somos pecadores en la carne. Jesús se hizo nuestro Salvador pagando todos nuestros pecados con Su bautismo y sangre. Él nos libró de todos los pecados para los que creen en Su salvación y Su resurrección.
Los cuatro Evangelios parten del bautismo de Jesús por Juan el Bautista. El propósito de Su vida humana fue cumplir el Evangelio del nuevo nacimiento, el Evangelio de la salvación.
 
¿Cuánto tiempo nosotros pecamos en la carne?
Nosotros pecamos durante toda la vida hasta que llegue el día de la muerte.
 
Cuando Pedro le negó no solamente una vez, ni dos veces, sino tres veces antes de que cantara el gallo, ¿cómo hirió ese canto del gallo al corazón de Pedro? ¿Qué vergüenza tenía él? Él juró ante Dios que él nunca le habría traicionado. Él pecó a causa de la debilidad de su carne personal, pero ¿cuánta miseria sintió él cuando él sucumbió a su debilidad y negó a Jesús no solamente una vez, sino tres veces? ¿Cómo debemos sentir la vergüenza cuando miramos a Jesús?
Pero Jesús sabía todo esto. Por eso, el dijo: “yo sabía que usted pecaría de nuevo. Pero yo he tomado todos esos pecados con Mi bautismo conociendo que sus pecados le harían a usted tropezar y volver a ser un pecador, sabiendo que usted piensa que sea imposible regresar a Mí. Yo he sido el completo Salvador para usted al ser bautizado y juzgado por todos los pecados. Yo me hice su Dios, su Pastor. Crea en el Evangelio de la remisión de sus pecados. Yo seguiré amándole aunque cometa pecados de la carne. Yo he limpiado todas sus iniquidades. El Evangelio de la remisión de todos sus pecados es para siempre. Mi amor por usted es también para siempre”.
Jesús dijo a Pedro y sus discípulos que “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. La razón por la que Él dijo esto en el Evangelio, en Juan 13 fue porque eso fue importante para los hombres para nacer de nuevo por agua y el Espíritu. ¿Cree usted en esto?
En el versículo 9: “Le dijo Simón Pedro; ‘Señor, no sólo mis pies; sino también las manos y la cabeza.’ Jesús le dijo: ‘El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos.’”
Querido amigo, ¿va a cometer los pecados ‘de la carne’ en el futuro, o no? Usted los cometerá. Pero Jesús dijo que Él ya había lavado aun los pecados del futuro, todas las iniquidades de su cuerpo con Su bautismo y sangre y Él dijo a Sus discípulos claramente la Palabra de verdad, del Evangelio de expiación antes de que Él fuera crucificado.
Porque vivimos en la carne con toda la debilidad, nosotros no podemos ayudarnos, sino que pecamos. Jesús lavó todos los pecados del mundo con Su bautismo. Él no había lavado solamente su cabeza y cuerpo, sino que Él había lavado sus pies, nuestros pecados del futuro. Este es el Evangelio de ser nacido de nuevo, por el bautismo de Jesús.
Después de que Jesús fue bautizado, Juan el Bautista declaró que “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Nosotros debemos creer que todos los pecados del mundo han sido lavados siendo pasados sobre Jesús cuando Él fue bautizado.
Mientras vivimos en este mundo, no podemos evitarlo pero pecamos. Nosotros tenemos que aceptarlo como una verdad definitiva. Cuandoquiera que nuestra debilidad de la carne salga a la superficie, tenemos que recordar que Jesús limpió todos los pecados del mundo a través del Evangelio de la remisión y pagó todo por ellos con Su sangre. Nosotros debemos ofrecerle gratitud desde el fondo de nuestro corazón. Vamos a confesar con fe que Jesús es nuestro Salvador y nuestro Dios. Alabemos el Señor.
Cada uno en este mundo peca con su carne. La gente muere por los pecados cometidos durante toda la vida en la carne. Los hombres siempre pecan con la carne.
 

Malos pensamientos en el corazón de los hombres

¿Qué mancha al hombre?
Varios tipos de pecados y los malos pensamientos.
 
Jesús dice en Mateo 15:19-20: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre”. A causa de varios tipos de pecados en el corazón del hombre este se mancha, él no está limpio.
 

Uno tiene que reconocer su propia maldad 

¿Qué hay en el corazón de cada uno?
Doce tipos de pecados (Marcos 7:21-23).
 
Nosotros debemos decir que “esos doce tipos de pecados están en el corazón de un hombre. Yo tengo todos ellos en mi corazón. Yo tengo los doce tipos de pecados dentro de mí que están escritos en la Biblia”. Antes de que nosotros hayamos nacido de nuevo por el agua y el Espíritu, nosotros tenemos que admitir los pecados en nuestro corazón. Nosotros debemos conocer que somos completos pecadores ante Dios. Pero a veces no lo hacemos. La mayor parte de nosotros propone excusas por sus pecados, diciendo que “yo nunca antes he tenido esos pensamientos en mi corazón, yo llevé mal camino sólo momentáneamente”.
Pero ¿qué dijo Jesús sobre el hombre? Él dijo claramente que lo que viene del corazón del hombre lo ‘manchará.’ Él nos dijo que un hombre tiene malos pensamientos dentro de él mismo. ¿Qué piensa usted de esto? ¿Es usted bueno o malo? ¿Sabe usted que el hombre tiene malos pensamientos? Sí, los pensamientos del hombre son malos.
Hace unos años, un centro comercial en Seúl se destruyó repentinamente. Las familias que perdieron a sus miembros queridos se sumergieron en una agonía profunda. Pero mucha gente fue a ese lugar para gozar del espectáculo trágico.
Unos pensaron ‘¿cuántos se murieron? ¿200? No, es un número demasiado bajo. ¿300? ¿Probablemente? Bueno, sería un espectáculo más interesante y trascendental si el número de muertos hubiera sido por lo menos de mil…’ Los corazones del hombre pueden ser así de malos. Nosotros tenemos que aceptarlo. ¡Cuánta falta de respeto a los muertos! ¡Cuán devastador fue esto para las familias de los muertos! Unos fueron arruinados financieramente.
Pero algunos de los espectadores no fueron muy simpáticos. ‘¡Hubiera sido más interesante si más gente hubiera muerto! ¡Qué espectáculo! ¿Qué pasaría si ocurriera este acontecimiento en una pista de baile llena de gente? Miles de personas serían encerradas bajo los escombros, ¿no? Oh, sí. Eso sería más interesante que esto.’ A lo mejor, unos habrían pensado así.
Y todos nosotros sabemos cuán malo puede ser un hombre a veces. O, ellos nunca lo dicen en voz alta. Ellos harian silencio y mostrarán simpatía, pero secretamente, en sus corazones, ellos esperan algo más espectacular. Ellos querían ver las tragedias más terribles donde miles de personas murieron a pesar de que no tenían ningún interés en ese acontecimiento. Esta es la manera en que opera el corazón de un hombre. Y muchos de nosotros somos como ese hombre antes de nacer de nuevo.
 
 
Asesinato en el corazón de cada hombre

¿Por qué nosotros pecamos?
Porque nosotros tenemos malos pensamientos en los corazones.
 
Dios nos dijo que hay homicidio en el corazón de cada hombre. Pero muchos quieren negarlo. ¿Cómo puede decirlo? ¡Yo no tengo ni ese tipo de pensamiento de homicidio en mi corazón! Ellos nunca admitirán que ellos tienen un pensamiento de asesinato en el corazón. Ellos piensan que los asesinos son de otra raza.
“¡Ese asesino en las noticias de un día, las pandillas que mataron y quemaron el pueblo, ellos son los que tienen el homicidio en su corazón! Ellos son de otra raza. Yo nunca seré como ellos. Ellos son los pícaros. Asesinos”. Ellos se hacen los indignados y gritan que “esos nacidos de malas semillas deben ser borrados de esta tierra. Ellos deberían ser sentenciados a muerte”.
Pero desafortunadamente, los pensamientos de homicidio están dentro de los corazones de esos personajes indignados así como en los corazones de los asesinos y homicidas. Dios nos dice que en los corazones de todos los hombres, hay homicidio. Nosotros tenemos que aceptar la Palabra de Dios, que nos ve justamente. Nosotros debemos aceptar que “yo soy un pecador con el homicidio en mi corazón”.
Sí, Dios nos dijo que hay malos pensamientos incluyendo el homicidio dentro del corazón del hombre. Vamos a aceptar la Palabra de Dios. Ya que las generaciones de los hombres se hacen peores, todas las clases de equipos de protección personal se convierten en herramientas de matar al hombre. Esto es un resultado de homicidio en el corazón. Usted puede matar a alguien por el coraje, o por el miedo. Yo no digo que nadie entre nosotros vaya a asesinar, pero sí que nosotros tenemos pensamientos de ello en el corazón.
Porque los hombres nacieron con los malos pensamientos, todos nosotros los tenemos en el corazón. Unos matan, no porque ellos hayan nacido como asesinos, sino porque todos nosotros somos capaces de convertirnos en asesinos. Dios nos dice que nosotros tenemos malos pensamientos y homicidio en el corazón. Es la verdad. Nadie entre nosotros es la excepción de esta verdad.
Por lo tanto, el camino correcto a seguir es aceptar la Palabra de Dios y obedecerle. Nosotros pecamos en este mundo porque tenemos malos pensamientos en el corazón.
 

Adulterio en nuestro corazón
 
Dios dice que hay adulterio en el corazón de cada uno. ¿Está de acuerdo? ¿Usted acepta que en su corazón tiene adulterio? Sí, hay adulterio en el corazón de cada uno.
Esa es la razón de la prostitución y de que florezcan otras persecuciones escandalosas en nuestra sociedad. Es uno de los caminos más seguros de ganar el dinero en cada generación. Otros negocios podrían sufrir con la depresión económica, pero este horrible negocio nunca sufre tanto porque el adulterio mora en el corazón en cada uno.
 
 
El fruto de los pecadores es el pecado
 
¿A qué se compara un hombre?
Al árbol que ofrece los frutos del pecado.
 
Como el manzano nos ofrece manzanas, el peral, peras, la palmera, dátiles, y el árbol de los caquis da caquis, nosotros, que somos nacidos con 12 tipos de pecados en el corazón, ofrecemos los frutos del pecado.
Jesús dice que lo que sale del corazón del hombre contamina al hombre. ¿Estás de acuerdo? Nosotros solamente podemos estar de acuerdo con las palabras de Jesús, y Él dice que “Sí, nosotros somos una prole de pecadores, malos. Sí, Tú tienes razón, Señor”. Sí, nosotros debemos admitir nuestras maldades. Tenemos que aceptar la verdad ante Dios.
Como Jesús obedeció la voluntad de Dios, tenemos que aceptar la Palabra de Dios y obedecerle a Él. Es el único camino para ser salvados de nuestros pecados a través del agua y el Espíritu. Estos son los regalos de Dios.
Mi país está bendecido con cuatro estaciones hermosas. Y, a lo largo del paso de tiempo, varias clases de árboles nos ofrecen muchos frutos. De la misma manera, los doce pecados en nuestro corazón nos agarran y nos guían a pecar. Hoy, eso puede ser un asesinato que estaba en nuestro corazón, mañana puede ser un adulterio.
Entonces, el próximo día, los malos pensamientos, luego fornicación, robo, falso testimonio… y etc. Y vamos pecando todos los años, todos los meses, todos los días, y todas las horas. Ningún día puede pasar sin pecado de cualquier tipo. Nosotros seguimos jurando alejarnos del pecado, pero no podemos hacerlo así sino que pecamos porque hemos nacido así.
¿Ha visto alguna vez un manzano que se niegue a ofrecer manzanas porque no quiera hacerlo? “Yo no quiero dar manzanas”. Aunque ese árbol decidió no ofrecer las frutas, ¿cómo es posible que no dé las manzanas? Las flores deberían brotar de cualquier manera en la primavera, y las frutas estarían listas para ser cosechadas y comidas en el otoño.
Es la provisión natural, y la vida de los pecadores también debe seguir la provisión de la naturaleza. Los pecadores no pueden negarse a ofrecer los frutos del pecado.
 
 
El bautismo y la Cruz de Jesús fueron para expiar nuestros pecados
 
¿Qué significa para usted la expiación?
Es el pago del precio del pecado por el bautismo de Jesús y Su 
sangre en la Cruz.
 
Vamos a leer un pasaje de la Biblia para ver cómo los pecadores, prole de maldad, pueden expiar sus pecados ante Dios y vivir la vida feliz. Esto es el Evangelio de la expiación de los pecados.
En Levítico 4, dijo: “Si alguna persona del pueblo peca por yerro, haciendo algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere; luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación y la degollará en el lugar del holocausto. Luego con su dedo el sacerdote tomará de la sangre, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Y le quitará toda su gordura, de la manera que fue quitada la gordura del sacrificio de paz; y el sacerdote la hará arder sobre el altar en olor grato a Jehová; así hará el sacerdote expiación por él, y será perdonado” (Levítico 4:27-31).
Durante los días del Antiguo Testamento, ¿cómo expió el pueblo sus pecados? Ellos pusieron sus manos sobre la cabeza de la víctima ofreciendo y pasándole sus pecados.
Está escrito en Levítico: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrezca ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda. Si su ofrenda es holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya” (Levítico 1:2-4). 
Cuando una persona de aquel entonces reconocía sus pecados, tenía que preparar las ofrendas del pecado que se utilizarían para expiarlos. Tenían que ‘imponer sus manos’ sobre la cabeza de la víctima, para pasar sobre ella sus pecados. Dentro de la corte del santo Tabernáculo, estaba el altar para quemar a la víctima. Eso era una caja un poco más grande que una mesa del púlpito y tenía cuernos en las cuatro esquinas. El pueblo de Israel expiaba sus pecados haciendo pasar sus pecados sobre la cabeza de la víctima y quemando la carne de la víctima sobre el altar de los holocaustos.
Dios dijo en Levítico al pueblo que “de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová”. Sus pecados fueron pasados sobre la víctima cuando ellos pusieron sus manos sobre la cabeza, y luego el pecador degollaba a la víctima y ponía su sangre sobre los cuernos del altar.
Luego, el cuerpo de la víctima era limpiado de su grosura, y sus carnes eran cortadas en piezas y reducidas para convertirse en cenizas sobre el altar de los holocaustos. Entonces, el aroma dulce de la carne era ofrecido a Dios por su expiación. Esta era la manera por la que ellos expiaron sus pecados cotidianos.
También estaba el sacrificio de expiación por sus pecados anuales. Eso era diferente del sacrificio de expiación por los pecados diarios. En el sacrificio, un sacerdote de categoría más alta ponía sus manos sobre la cabeza de la víctima en nombre de todo el pueblo israelí y salpicaba siete veces la sangre al este del propiciatorio. También, la imposición de las manos sobre la cabeza del ganado vivo se realizaba en frente del pueblo israelí el décimo día del séptimo mes en cada año. (Levítico 16:5-27).
 
¿Qué simboliza la víctima del Antiguo Testamento?
A Jesucristo.
 
Ahora, vamos a ver cómo el sistema de sacrificios ha cambiado en el Nuevo Testamento y cómo es que el estatuto eterno de Dios se ha mantenido constantemente a lo largo del tiempo.
¿Por qué Jesús tuvo que morir en la Cruz? ¿Qué hizo erróneamente en la tierra para que Dios dejase morir a su Hijo en la Cruz? ¿Quién le hizo a Él morir en la Cruz? Cuando todos los pecadores del mundo, incluyendo a todos nosotros, han caído en el pecado, Jesús vino a este mundo para salvarnos.
Él fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán y tomó el castigo en la Cruz por todos los pecados en nombre de toda la humanidad. La manera en la que Jesús fue bautizado, la forma en que Él sangró en la Cruz fue como el sacrificio de expiación del Antiguo Testamento, poniendo las manos sobre la cabeza de la víctima y derramando Su sangre.
Esta es la manera en que se realizaba en el Antiguo Testamento. Un pecador que puso sus manos sobre la víctima y confesó sus pecados, diciendo “Señor, yo he pecado. Yo he cometido asesinato y adulterio”. Entonces, sus pecados fueron pasados sobre la víctima.
Y como el pecador degollaba a la víctima y la ofrecía ante Dios, Jesús fue ofrecido de la misma manera para expiar todos los pecados del pueblo. Jesús fue bautizado y sangró en la Cruz para salvarlo a usted y a mí y expiar todos nuestros pecados a través de Su sacrificio.
En efecto, Jesús murió a causa de nosotros. Cuando nosotros pensamos sobre ello, ¿cuál fue el sentido de ofrecer esos animales sin defecto como sacrificio por todos los pecados del pueblo? Los animales no conocen el pecado. Ellos no pudieron tomar los pecados de todos los seres humanos.
Como los animales sin defecto, Jesús fue sin pecado. Él es Dios Santo, el Hijo de Dios, y Él nunca ha pecado. Por lo tanto, Él tomó todos nuestros pecados a través de Su bautismo en el Jordán cuando tenía 30 años.
Eso fue para llevar todos nuestros pecados, y Él murió en la Cruz a causa de los pecados que tomó de nosotros. Ese fue Su ministerio para la salvación que limpió todos los pecados de los hombres. 
 
 
El inicio del Evangelio de la expiación de los pecados
 
¿Por qué Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en el Jordán?
Para cumplir toda justicia.
 
Ahora, está escrito en Mateo 3: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán,  para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponia, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: ‘Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.’” (Mateo 3:13-15).
Tenemos que saber la razón por la qué Jesús fue bautizado cuando Él tenía 30 años. Él fue bautizado para expiar los pecados de todos los hombres y para cumplir toda la justicia. Para salvar a todos los hombres de sus pecados, Jesucristo, el Único sin defecto, fue bautizado por Juan el Bautista.
Por eso Él tomó todos los pecados del mundo y se ofreció así mismo para expiar los pecados de todos los seres humanos. Para que seamos salvo del pecado, nosotros tenemos que saber la verdad y creer en la verdad. Eso es necesario para creer en Su salvación y ser salvo.
¿Qué significa el bautismo de Jesús? Es lo mismo que imponer las manos en el Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, los pecados del hombre fueron pasados sobre la cabeza de la víctima poniendo las manos, y en el Nuevo Testamento, Jesús tomó todos los pecados del mundo presentándose Él mismo como la víctima y siendo bautizado por Juan el Bautista.
Juan el Bautista fue el hombre más grande entre los hombres, el representante de la humanidad ordenado por Dios. Como el representante de la humanidad, el sacerdote más alto de todos, él puso sus manos sobre Jesús y pasó todos los pecados del mundo sobre Él. ‘Bautismo’ significa, ‘pasar sobre algo, ser encerrado y ser limpiado’. 
Ahora, ¿sabe usted por qué Jesús vino a este mundo y fue bautizado por Juan el Bautista? ¿Cree usted en Jesús, sabiendo el sentido de Su bautismo? El bautismo de Jesús fue para tomar todos nuestros pecados, los pecados que nosotros, prole de maldad, que cometemos con nuestros cuerpos durante la vida. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para el cumplimiento del Evangelio original de la expiación de todos nuestros pecados.
En Mateo 3:13-17, está escrito que ‘Entonces’, y eso significa el tiempo en el que fue bautizado Jesús, el tiempo en el que todos los pecados de los hombres fueron pasados sobre Él.
‘Entonces’ Jesús tomó todos los pecados de los hombres, murió en la Cruz 3 años después, y fue resucitado 3 días después. Para limpiar todos los pecados del mundo, Él fue bautizado una vez para siempre, murió en la Cruz una vez para siempre, y fue resucitado de la muerte una vez para siempre. Para todos los que quieren ser redimidos de sus pecados ante Dios, Él salvó a todos ellos una vez y para siempre.
¿Por qué Jesús tuvo que ser bautizado? ¿Por qué Él tuvo que ponerse la corona de espinas y ser juzgado en la corte de Pilatos como un criminal común? ¿Por qué Él tuvo que ser crucificado en la Cruz y sangrar hasta morir? Porque Él tomó todos los pecados del mundo, los pecados de usted y los míos, sobre Él mismo a través de Su bautismo. Y por nuestros pecados, Él tuvo que morir en la Cruz.
Nosotros tenemos que creer en la Palabra de la salvación que Dios nos ha salvado y agradecerle a Él. Sin el bautismo de Jesús, Su Cruz, y Su resurrección, no habría la salvación para nosotros.
Cuando Jesús fue bautizado por Juan para tomar todos los pecados del mundo, Él tomó todos nuestros pecados y porque nos salvó, creemos en Su Evangelio de salvación. Hay gente que piensa: ‘¿pero Él tomó solamente el pecado original, no?’ Sin embargo ellos no tienen razón.
Está escrito claramente en la Biblia que Jesús tomó todos los pecados del mundo una vez y para siempre cuando Él fue bautizado. Todos nuestros pecados, incluyendo el pecado original, se han limpiado. Está escrito en Mateo 3:15: “Porque así conviene que cumplamos toda justicia”. Para cumplir toda justicia significa que todos los pecados, sin ninguna excepción, han sido eliminados.
¿Ha limpiado Jesús nuestros pecados de toda la vida también? Sí, Él lo ha hecho. Vamos a buscar las pruebas de ello en Levítico. Ahí nos habla sobre el sumo sacerdote y el sacrificio del Día de la Expiación.
 

El sacrificio de expiación por los pecados anuales de todo el pueblo de Israel

¿Podría ser santificado el pueblo de Israel por la víctima 
de esta tierra?
Nunca.
 
“Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual caiga la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto”. (Levítico 16:6-10). 
Aquí, Aarón tomó dos cabríos a la puerta del Tabernáculo del encuentro para la expiación por los pecados anuales de Israel.
“Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel”. 
Azazel fue necesitado para la expiación. Esto fue el sacrificio de expiación por los pecados diarios, en el que los pecadores ponían sus manos en la cabeza de la víctima para pasar a ella sus pecados. Pero, para los pecados anuales del pueblo, el sumo sacerdote, en nombre de todo el pueblo, pasó los pecados anuales sobre la víctima el décimo día del séptimo mes de cada año.
En Levítico 16:29-31: “Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo” (Levítico 16:29-31).
En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel traía una víctima para expiar sus pecados y pasó sus pecados sobre su cabeza, confesando: “Señor, yo he cometido tales y tales pecados. Por favor, perdóname”. Luego él degollaba a la víctima, daba la sangre al sacerdote, y se iba a casa, convencido de que él ahora había expiado sus pecados. La víctima se moría por el pecador, con sus pecados sobre su cabeza. La víctima podía ser un cabrío, un ternero, un buey, todos los animales sagrados que Dios había señalado.
En lugar de la muerte de un pecador por sus pecados, Dios, con su gracia infinita, permitió que fuera ofrecida la vida de un animal en lugar de la vida del pecador.
De esa manera en el Antiguo Testamento, los pecadores podían expiar sus pecados mediante el sacrificio de expiación. Los pecados cotidianos del pecador fueron pasados sobre la víctima poniendo las manos sobre ella, y su sangre fue ofrecida al sacerdote para expiar los pecados del pecador.
Pero, no era posible expiar los pecados todos los días. Por eso, Dios permitió al sumo sacerdote expiar los pecados de un año entero, cada año al décimo día del séptimo mes, en nombre de todo el pueblo de Israel.
Entonces, ¿cuál es el papel del sumo sacerdote el Día de la Expiación? Primero, Aarón el sumo sacerdote ponía sus manos sobre la víctima, confesando los pecados del pueblo, “Señor, el pueblo de Israel ha cometido tales y tales pecados, homicidio, adulterio, fornicación, robo, falso testimonio, blasfemia…”
Luego degollaba a la víctima, tomando la sangre, que era salpicada siete veces en el propiciatorio dentro del Tabernáculo santo de reunión. (En la Biblia, el número 7 es considerado como el número perfecto).
Esa fue su tarea de pasar los pecados anuales del pueblo sobre la cabeza de la víctima en nombre de todo el pueblo, y la víctima era sacrificada en su lugar.
Porque Dios es justo, para salvar a todo el pueblo de sus pecados, Él permitió a la víctima morir en lugar del pueblo. Porque Dios es verdaderamente misericordioso, Él permitió al pueblo ofrecer la vida del sacrificio en su propio lugar. Entonces, el sumo sacerdote esparcía la sangre sobre el este del propiciatorio y, de esta manera, eran expiados todos los pecados del pueblo por el año anterior el Día de la Expiación, el décimo día del séptimo mes.

¿Quién es el cordero sacrificado 
de acuerdo con el Antiguo Testamento?
Jesús, que es sin defecto.
 
El sumo sacerdote tuvo que ofrecer dos machos cabríos el Día de la Expiación por el pueblo de Israel. Uno de ellos era Azazel, que significa ‘para sacar.’ De la misma manera, el cabrío del Nuevo Testamento es Jesucristo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Dios nos dio a Su único Hijo como el Cordero del sacrificio. Y como el Cordero del sacrificio para toda la humanidad, Él fue bautizado por Juan el Bautista y se hizo el Salvador, el Mesías del mundo. Mesías significa ‘el Salvador’, y Jesucristo significa ‘el Rey que ha venido para salvarnos.’
Por lo tanto, como los pecados anuales del pueblo fueron expiados el Día de la Expiación del Antiguo Testamento, Jesucristo, hace unos 2.000 años, vino al mundo para ser bautizado y morir en la Cruz para completar el Evangelio de la expiación de todos nuestros pecados.
Vamos a leer un pasaje en Levítico. “Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitadas y dejará ir al macho cabrío por el desierto” (Levítico 16:21-22).
Está escrito que los pecados de todo el pueblo fueron cargados sobre la cabeza del cabrío como está establecido en Levítico 1. ‘Todas sus rebeliones’ significa todos los pecados que cometieron ellos en sus corazones, todos los pecados que cometieron con su cuerpo. Y ‘todas sus rebeliones’ fueron pasadas a la cabeza de la víctima imponiendo las manos.
 

De acuerdo con la Ley de Dios, nosotros tenemos que tener un conocimiento verdadero de todos nuestros pecados. 

¿Por qué Dios nos dio la Ley?
Para darnos el conocimiento del pecado.
 
La Ley y los mandamientos de Dios consisten en 613 artículos. En efecto, cuando pensamos en ello, sabemos que hemos hecho lo que Él nos dijo que no hagamos y no hemos hecho lo que Él nos dijo que hagamos.
Por lo tanto, nosotros somos pecadores. Y está escrito en la Biblia que Dios nos dio esas leyes para que nosotros nos demos cuenta de nuestros pecados (Romanos 3, 20). Eso significa que Él nos dio Su Ley y Sus mandamientos para enseñarnos que somos pecadores. Él no los dio para que nosotros podamos vivir de acuerdo con ellos, sino para hacernos saber nuestros pecados.
Él no nos dio Su Ley y los mandamientos para que los sigamos. Usted no puede esperar que un perro viva como un hombre. Igualmente, nosotros nunca podemos vivir de acuerdo con la Ley de Dios pero podemos sólo darnos cuenta de nuestros pecados a través de Su Ley y los mandamientos.
Dios nos los dio porque nosotros somos masas de pecado, pero no lo sabemos por nosotros mismos. “Vosotros sois asesinos, fornicadores y malos”. Él nos dijo que no matemos, pero, sin embargo, nosotros matamos en nuestros corazones y a veces en la realidad.
Pero, porque está escrito en la Ley que no debemos matar, sabemos que nosotros somos asesinos, diciendo que “Ay, yo estoy equivocado. Yo soy un pecador porque yo hice algo que no debía hacer. Yo he pecado”.
Por eso, para salvar al pueblo de Israel del pecado, Dios permitió a Aarón ofrecer el sacrificio de expiación en el Antiguo Testamento, y fue Aarón quien expió al pueblo una vez al año.
En el Antiguo Testamento, dos víctimas se ofrecían para Dios el Día de la Expiación. Una era ofrecida ante Dios mientras que la otra era entregada a Azazel, después de ser impuestas las manos y llevando todos los pecados anuales del pueblo. Ante la cabra, que era entregada a Azazel por la mano de un hombre adecuado, el sumo sacerdote ponía sus manos sobre la cabeza del cabrío vivo y confesaba los pecados de Israel. “Señor, el pueblo ha matado, fornicado, robado, adorado a ídolos. Nosotros hemos pecado ante Ti”.
La tierra de Palestina es una tierra grande de arena y de desierto. El cabrío era enviado a un desierto enorme ilimitado y moría al fin. Cuando él era enviado, el pueblo de Israel lo miraba, creyendo que sus pecados fueron expiados. El pueblo ganó la paz mental, y el cabrío se murió en el desierto por los pecados anuales de todo el pueblo.
Y Dios expió todos nuestros pecados a través del Cordero de Dios, Jesucristo. Todos nuestros pecados fueron limpiados completamente a través del bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz.
Jesús es Dios y nuestro Salvador. Él es el Hijo de Dios que vino para salvar a toda la humanidad del pecado y Él es el Creador que nos hizo a Su imagen. Él vino a este mundo para salvarnos del pecado.
No solamente los pecados diarios que nosotros cometemos con el cuerpo, sino también todos los pecados del futuro, todos los pecados de nuestra mente y del cuerpo fueron pasados sobre Jesús. Él tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia, la expiación completa por todos los pecados del mundo.
Tres años antes de que Jesús fuera crucificado, cuando Él por primera vez empezó Su ministerio público, Él llevó todos los pecados del mundo siendo bautizado por Juan el Bautista en el Jordán. La salvación de la humanidad a través de la expiación de todos nuestros pecados se inició con Su bautismo.
En el Jordán, en un lugar donde la profundidad era hasta la cintura, Juan el Bautista puso sus manos en la cabeza de Jesús y lo sumergió en el agua. Este bautismo fue lo mismo que la imposición de las manos en el Antiguo Testamento y tuvo el mismo efecto de pasar todos los pecados.
El ser sumergido en el agua significó la muerte, y el emerger del agua significó la resurrección. Por eso, siendo bautizado por Juan el Bautista, Jesús había cumplido y revelado los tres: la salvación de todos los pecados, la crucifixión y la resurrección.
Nosotros podemos ser salvos solamente si obedecemos las palabras con las que Jesús nos salvó del pecado. Dios ha decidido salvarnos a través de Jesús, y el acuerdo que Él hizo en el Antiguo Testamento había sido cumplido. Y Jesús caminó hacia la Cruz con todos nuestros pecados sobre Su cabeza.

¿Qué clase de trabajo ha quedado para nosotros a partir de que Jesús 
tomó todos nuestros pecados?
Nosotros solamente tenemos que obedecer a la Palabra de Dios.
 
En Juan 1:29, está escrito: “El  día siguiente vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo. He ahí el Cordero de Dios, que quita  el pecado del mundo”. Juan el Bautista declaró que “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Todos los pecados de los hombres fueron pasados sobre Jesús cuando fue bautizado en el Jordán. Crea en Él. Entonces, usted será liberado con la expiación de todos sus pecados.
Nosotros los hombres debemos tener fe en la Palabra de Dios. Nosotros tenemos que poner a un lado nuestros propios pensamientos y terquedad, y sencillamente creer en la verdad de que Jesús quitó todos los pecados del mundo, y obedecer las Palabras escritas de Dios. Debemos creer en la verdad de que Jesús quitó todos los pecados del mundo.
El decir que Jesús quitó todos los pecados del mundo, y el decir que Él cumplió toda justicia, expiando nuestros pecados es exactamente lo mismo. Y ‘poner las manos’ y el ‘bautismo’ también es lo mismo.
Sin tener en cuenta de que si nosotros decimos ‘todos’, ‘toda la cosa’, o ‘entero’, el sentido es lo mismo. El significado de la palabra, ‘poner las manos’ en el Antiguo Testamento es la misma en el Nuevo Testamento, sólo con la excepción de que la palabra ‘bautismo’ sea usada en su lugar.
Eso vino de la verdad sencilla de que Jesús fue bautizado y juzgado en la Cruz para expiar todos nuestros pecados. Y nosotros fuimos salvados cuando creímos en este Evangelio original.
Cuando la Biblia dice que Jesús quitó todos los pecados del mundo (Juan 1:29), ¿qué significan los pecados del mundo? Para nosotros, todos los pecados significan que nosotros nacimos con malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias  en nuestra mente. Eso significa todas las transgresiones y pecados cotidianos en el cuerpo y en el corazón.
“La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre, no se hace remision”. (Hebreos 9:22). Como está escrito en este versículo, todos los pecados deben ser pagados. Y Cristo Jesús, para salvar a todos los seres humanos del pecado, ofreció Su propia vida y pagó el precio del pecado por nosotros de una vez y para siempre.
Por eso, todo lo que nosotros tenemos que hacer es creer en el bautismo de Jesús, Su sangre y Su divinidad, el Evangelio original. 
 

La expiación por los pecados del mañana

¿Necesita ofrecer usted un sacrificio más por nuestros pecados?
Nunca más.
 
Los pecados de mañana y de pasado mañana, y los pecados que cometeremos hasta el día que fallezcamos también están incluidos en ‘los pecados del mundo’, como los pecados de hoy, de ayer, y de anteayer están también incluidos en ‘los pecados del mundo.’ Los pecados de los hombres desde el nacimiento hasta la muerte son parte del ‘pecado del mundo’, y el pecado del mundo fue pasado sobre Jesús por medio de Su bautismo. Por eso, todos los pecados que nosotros cometeremos hasta el último día de la vida ya han sido eliminados.
Y Nosotros necesitamos solamente creer en este Evangelio original, las palabras escritas de Dios, y obedecer para ser salvos. Nosotros debemos poner a un lado nuestros pensamientos para ser redimidos de todos nuestros pecados. Usted puede preguntar así: “¿cómo quitó los pecados que todavía no han sido cometidos?” Para contestar a esta pregunta, quiero preguntarle a usted algo: “Debería venir Jesús a este mundo cada vez que nosotros cometemos el pecado y Él debería sangrar de nuevo?”
En el Evangelio del nuevo nacimiento, existe la ley de expiación de los pecados. “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre, no se hace remision” (Hebreos 9:22). Cuando un hombre quiso ser redimido de sus pecados, él tuvo que pasar sus pecados poniendo sus manos sobre una víctima, y la víctima tuvo que morir por sus pecados.
De la misma manera, el Hijo de Dios vino a este mundo para salvar a toda la humanidad. Él fue bautizado para quitar todos los pecados y Él sangró en la Cruz para pagar el precio de nuestros pecados y Él murió en la Cruz, diciendo que “Consumado está”. Él resucitó al tercer día y ahora está sentado a la derecha de Dios. Él ha sido nuestro Salvador para siempre.
Para ser redimidos completamente de nuestros pecados, nosotros tenemos que tirar todas nuestras ideas fijadas y abandonar la fe religiosa que nosotros tenemos en ser redimidos de nuestros pecados diarios cada día. Para que sean expiados todos los pecados de la humanidad, un sacrificio tuvo que ser hecho de una vez y para siempre. Dios en el Cielo pasó todos los pecados del mundo sobre Su propio Hijo por medio de Su bautismo y dejó que fuera crucificado por nosotros. Y con Su resurrección desde la muerte, nuestra salvación fue cumplida.
“Mas él herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; Ciertamente llevo el nuestras enfermedades, y sufrio  nuestros dolores… mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”. En Isaías 53, está escrito que todas las transgresiones e iniquidades del mundo, de toda la humanidad fueron pasadas sobre Jesucristo.
Y en el Nuevo Testamento, en Efesios 1:4, está escrito: “Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo”. Esto nos dice que Él nos eligió en Cristo antes de fundar el mundo. Antes de que el mundo fuera creado, Dios nos eligió para hacernos Su pueblo, la Ley sin tacha en Cristo. Aunque nosotros no hemos pensado en eso anteriormente, ahora debemos creerlo y obedecer las palabras de Dios, las palabras del agua, la sangre, y el Espíritu.
Dios nos dijo que Su macho Cabrío, Cristo Jesús, quitó todos los pecados del mundo y expió a toda la humanidad. En Hebreos 10, está escrito: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan” (Hebreos 10:1).
Aquí dice que el ofrecimiento continuo de los mismos sacrificios en cada año no puede hacernos perfectos. La Ley es una sombra de los bienes futuros, y no la realidad misma de las cosas. Jesucristo, el Mesías que vino, nos hizo perfectos una vez y para siempre (como los pecados anuales de Israel fueron expiados una vez y para siempre) siendo bautizado y siendo crucificado para expiar todos nuestros pecados.
Por eso, Jesús dijo en Hebreos 10: “y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto ultimo. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribire, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remision de estos, ya no hay mas ofrenda por el pecado” (Hebreos 10:9-18).
Y nosotros creemos que Jesús nos ha salvado de todos los pecados del mundo por medio de Su bautismo y Su sangre en la Cruz.
 

La salvación de ser nacido de nuevo por agua y el Espíritu queda grabada en nuestros corazones y en nuestras mentes

¿Somos justos porque no pecamos más?
No. Nosotros somos justos porque Jesús quitó todos nuestros pecados
y nosotros creemos en Él.
 

¿Cree usted en todo? -Amén.- ¿Obedece usted con fe a las palabras de Dios de que el mismo Jesucristo fue bautizado y sangró en la Cruz para salvarnos? Nosotros tenemos que obedecer para ser nacidos de nuevo. Cuando creemos que Jesucristo, por medio del Evangelio de la remisión, limpió todos nuestros pecados, y todos los pecados del mundo, nosotros podemos ser salvados.
Nosotros nunca podremos hacernos perfectos obedeciendo la Ley de Dios, pero podemos hacernos perfectos por medio de nuestra fe en las palabras de Dios. Jesucristo quitó todos nuestros pecados mediante Su bautismo en el río Jordán y sufrió el juicio y el castigo por nuestros pecados en la Cruz. Creyendo en este Evangelio con todo el corazón, podemos ser redimidos de todos nuestros pecados y ser justos. ¿Cree usted en esto?
El bautismo de Jesús, Su crucifixión y Su resurrección son para la remisión de todos los pecados de la humanidad y la ley de salvación basada en el amor infinito de Dios. Dios nos ama porque nosotros somos justos y Él es justo, por eso Él nos hizo primero justos. Él nos hizo justos pasando todos los pecados sobre Jesús por medio de Su bautismo.
Para quitar todos nuestros pecados, Él envió a Su único Hijo, Jesús, a bajar a este mundo para nosotros. Él permitió a Jesús quitar todos los pecados del mundo a través de Su bautismo y luego pasar el juicio sobre Su Hijo por todos nuestros pecados. Él nos hizo Sus hijos justos por medio de la salvación del agua y la sangre, el ágape de Dios.
Está escrito en Hebreos 10:16: “Pondré mis leyes en sus corazones y en sus mentes las escribire”. 
En nuestros corazones y mentes, ¿somos pecadores ante Dios o somos justos? Si obedecemos las palabras de Dios, nos hacemos justos. Jesucristo quitó todos los pecados y el juicio por ellos. Jesucristo es nuestro Salvador. Podemos pensar que “Porque pecamos todos los días, ¿cómo podemos ser justos? Nosotros somos innegablemente pecadores”. Pero cuando obedecemos a las palabras de Dios como Jesucristo obedeció a su Padre, nos hacemos justos.
Por supuesto, como dije anteriormente, tenemos el pecado en nuestros corazones antes de que hayamos nacido nuevamente. Después de introducir en nuestros corazones el Evangelio de la remisión de pecados, nosotros fuimos salvados de todos los pecados. Pero nosotros nos hacemos justos cuando empezamos a creer en la salvación de Jesús, y luego nos hacemos los hijos justos de Dios. Esta es la fe de ser justos que Pablo el Apóstol dijo. La fe en el Evangelio de remisión nos hizo ‘los justos.’
Ni Pablo el Apóstol, ni Abraham, ni otros antecesores de la fe se hicieron justos por sus trabajos sino teniendo fe y obedeciendo a las palabras de Dios, las palabras de Su bendición de la remisión de los pecados.
En Hebreos 10:18: “Pues donde hay remidionde estos, no hay mas ofrenda por el pecado”. Como está escrito en la Biblia, Dios nos salvó, por eso no tendremos que morir por nuestros pecados. ¿Cree usted en esto? -Amén.-
En Filipenses 2 dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimo el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condicion de hombre, se humilló a sí mismo, haciendose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).
Jesucristo se hizo a Sí mismo sin reputación, llevando una forma de siervo, Él vino como un hombre. Se humilló a Sí mismo y se hizo obediente hasta el punto de morir para salvarnos.
Por eso, nosotros alabamos a Jesús: “Él es nuestro Dios, el Salvador, y el Rey”. La razón por la que nosotros glorificamos a Dios y alabamos a Jesús es porque Jesús obedeció la Voluntad de Su Padre hasta el fin. Si Él no hubiera obedecido, nosotros no podríamos glorificar al Hijo de Dios ahora. Pero a causa de que el Hijo de Dios obedeció a la voluntad de Su Padre hasta el punto de la muerte, toda la creación y todo el pueblo en esta tierra lo glorifican a Él y lo haremos para siempre.
Jesucristo se hizo el Cordero de Dios que quitó todos los pecados del mundo, y está escrito que Él los quitó por medio de Su bautismo. Ahora, ya han pasado unos 2.000 años desde que Él quitó todos los pecados del mundo. Y porque usted y yo hemos vivido en este mundo desde que nacimos, todos los pecados son también incluidos en los pecados del mundo.

¿Somos pecadores si nosotros pecamos mañana?
No. Porque Jesús quitó todos nuestros pecados del pasado, del presente 
y del futuro.
 
Sin separar el pecado original de nuestros pecados cotidianos de la vida, ¿nosotros no hemos pecado desde el tiempo que nacimos?
Jesús supo que nosotros pecaríamos desde el día en que nacimos hasta el día en que morimos y Él quitó todos los pecados con anticipación. ¿Puede verlo ahora? Si nosotros vivimos hasta los 70, nuestros pecados serán suficientes para llenar más de cien camiones. Pero Jesús quitó todos los pecados de una vez y por todas con Su bautismo. Él llevó todos nuestros pecados a la Cruz consigo mismo.
Si Jesús hubiera llevado solamente el pecado original, nosotros nos moriríamos e iríamos al infierno. Aunque sentimos que Él no podía haber llevado todos nuestros pecados, nunca se cambiaría el hecho de que Jesús quitó todos los pecados.
¿Cuántos pecados podemos cometer en este mundo? Todos los pecados que cometemos están incluidos en todos los pecados del mundo.
Cuando Jesús dijo a Juan que le bautizara, esto es exactamente lo que Él quiso decir. Jesús declaró que Él había quitado todos nuestros pecados. Dios envió a Su siervo antes de Jesús y Jesús fue bautizado por él. Y siendo bautizado por Juan, el representante de la humanidad, inclinando su cabeza ante él para ser bautizado, quitó todos los pecados de toda la humanidad.
Ahora, todos los pecados de 20 a 30, de 30 a 40, y etc., aun los pecados de nuestros hijos están incluidos en los pecados del mundo que quitó Jesús con Su bautismo.
¿Quién puede decir que hay pecado en este mundo? Jesucristo quitó todos los pecados del mundo, y nosotros todos podemos ser salvos cuando creemos en nuestros corazones, sin una sombra de duda, en que Jesús expió por nuestros pecados: Su bautismo y el derrame de Su sangre preciosa.
La mayor parte del pueblo vive su vida turbulenta envuelta en sus propios pensamientos, hablando sobre sus vidas como si ellas fueran todo. Pero hay otra mucha gente que vive la vida más difícil. Mucha gente, incluyéndome a mí mismo, muchos tienen vidas turbulentas. ¿Cómo es que usted no puede entender o aceptar el Evangelio de remisión, el bautismo de Jesús y Su sangre.?
 
 
La salvación de los pecadores ha sido completada.

¿Por qué Jesús lavó los pies de Pedro?
Porque Él quiso que Pedro tuviera confianza fuerte en el hecho de que Él ya había quitado 
de manera completa todos sus pecados futuros a través de Su bautismo.
 
Vamos a leer Juan 19. “Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Escribió también Pilatos un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, EL REY DE LOS JUDIOS. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el titulo estaba escrito en hebreo, en griego y en latín” (Juan 19:17-20).
Queridos amigos, Jesucristo tomó todos los pecados del mundo y Él fue condenado a ser crucificado en el atrio de Pilatos. Ahora vamos a pensar juntos en esta escena. 
Del verso 28: “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese,” Jesús quitó todos nuestros pecados para cumplir la Sagrada Escritura. “ ‘Tengo sed.’ Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja y poniendola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu” (Juan 19:28-30).
Jesús dijo: “Consumado es” y después murió en la Cruz. Y tres días después, Él resucitó de la muerte y subió al Cielo.
El bautismo de Jesús por Juan el Bautista y Su muerte en la Cruz están relacionados estrechamente, uno no tiene razón de existir sin el otro. Entonces vamos a elogiar al Señor Jesús por salvarnos con Su Evangelio de remisión.
La carne de los hombres siempre sigue las necesidades de la carne y no podemos dejar de pecar con nuestro cuerpo. Jesucristo nos dio Su bautismo y Su sangre para salvarnos de los pecados de nuestra carne. Él nos salvó de los pecados de nuestra propia carne con Su Evangelio. 
Y los que tienen la remisión completa de sus pecados pueden entrar al Reino de los Cielos en cualquier momento por confiar en Jesús, quien nació en Belén, quien fue bautizado en el Jordán, quien murió en la Cruz y resucitó al tercer día. Entonces elogiamos al Señor y glorificamos Su nombre para siempre.
En el último capítulo en Juan, Jesús fue a Galilea después de que Él resucitó de la muerte. Él fue a Pedro y le dijo: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” Pedro le respondió: “Sí, Señor; Tú sabes que te amo”. Le dijo: “Apacienta mis ovejas”.
Pedro se dio cuenta de todo, el Evangelio del bautismo de Jesús y Su sangre, la remisión de los pecados. Como el confió en el Evangelio por el agua y la sangre, de la remisión, y se dio cuenta de la razón por la cual Jesús había lavado sus pies, su fe en Jesús se hizo más fuerte. 
Vamos a leer Juan 21:15 de nuevo. “Después de haber comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo, Él le dijo: Apacienta mis corderos”. Él pudo entregar Sus ovejas a Pedro porque Pedro fue Su discípulo, porque Pedro había sido salvado completamente y porque Pedro se hizo un siervo justo y perfecto de Dios. 
Si Pedro hubiera sido un pecador por sus pecados diarios, Jesús no le habría dicho a él que predicara el Evangelio de la expiación de pecados, porque él, incluyendo a los otros discípulos, no podía escapar de pecar todos los días en la carne. Pero Jesús les pidió predicar el Evangelio que borró todos sus pecados porque ellos confiaron en el bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz, el Evangelio de la expiación por pecados. 
 

Señor, Tú sabes que te amo

¿Vas a ser de nuevo ‘un pecador’ cuando cometas pecados de nuevo?
No. Jesús ya quitó todos tus pecados futuros en el Jordán
 
Vamos a pensar acerca de las palabras de Jesús a Pedro. “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?” Le respondió: “Si, Señor, tú sabes que te amo”. Su confesión de amor fue verdaderamente basada en la confianza en el Evangelio de la expiación de todos los pecados. 
Si Jesús no le hubiera enseñado a Pedro y a los otros discípulos el Evangelio de la remisión de los pecados lavando sus pies, ellos no habrían sido capaces de confesar su amor de esta manera. 
Supongamos este caso: Cuando Jesús vino a ellos y les preguntó, “¿me amáis más que estos?” Pedro pudo decir: “Señor, estoy incompleto y soy un pecador. Soy un pecador quien no puede amarte a Ti más que estos. Por favor déjame”. Y Pedro tal vez huyó y se ocultó de Jesús.
Pero vamos a pensar sobre la respuesta de Pedro. Él fue bendito con el Evangelio de la remisión, del bautismo de Jesús y Su sangre que salvó a todo el mundo.
Entonces él dijo: “Sí, Señor; Tú sabes que te amo”. Esta confesión de amor fue de su confianza en el Evangelio de la remisión, por la cual Jesús había quitado todos los pecados del mundo, aun los pecados del futuro que todas las personas van a cometer debido a su incompetencia y a la debilidad de su carne.
Porque Pedro confió de manera firme en el Evangelio de la remisión de los pecados, y porque él también confió en que Jesús fue el Cordero de Dios, él fue capaz de contestar al Señor sin duda. La salvación de Jesús fue el Evangelio de la remisión de los pecados, y entonces Pedro había sido salvado de todos sus pecados diarios, también. Pedro confió en la salvación a través del Evangelio de la remisión de todos los pecados del mundo. 
¿Usted también es así? ¿Puede amar y confiar en Jesús quien quitó todos los pecados del mundo por nosotros con Su Evangelio de remisión, con Su bautismo y Su propia sangre? ¿Cómo no puede confiar ni amarle? No hay otra manera. 
Si Jesús sólo hubiera quitado los pecados del pasado o del presente, y hubiera dejado los pecados del futuro, no le habríamos alabado a Él como lo hacemos ahora. Por eso, tendríamos que ir al infierno. Entonces todos nosotros debemos profesar que hemos sido salvados por confiar en el Evangelio de la remisión de todos los pecados.
La carne es siempre propensa al pecado, y pecamos todo el tiempo. Entonces debemos confesar que hemos sido salvados por confiar en el Evangelio de la expiación abundante de los pecados que Jesús nos ha dado, el bautismo y la sangre de Jesús.
Si no confiáramos en el Evangelio de la expiación de los pecados, el bautismo y la sangre de Jesús, ningún creyente sería salvado de sus pecados permanentes. Y si fuéramos redimidos de todos nuestros pecados permanentes por confesar y arrepentirnos, seríamos probablemente tan perezosos para  permanecer justos todo el tiempo y tendríamos siempre pecados en nuestro corazón.
Si lo es, continuaríamos siendo pecadores y no seríamos capaces de amar a Jesús o acercarnos a Él. Entonces no podríamos ser capaces de confiar en la salvación de Jesús y de seguirle a Él hasta el fin de nuestra vida.
Pero Jesús nos dio el Evangelio de la remisión de los pecados y salvó a los que confiaron. Él se ha hecho el Salvador perfecto y ha quitado todos los pecados que cometemos todos los días en nuestra vida, por eso le podemos amar verdaderamente.
Ahora, entonces nosotros, los creyentes no dejamos de amar el Evangelio del bautismo y la sangre de Jesús, de la remisión de nuestros pecados. Todos los creyentes pueden amar a Jesús para siempre y hacernos cautivos del amor de la salvación a través del Evangelio de la remisión de los pecados que Jesús nos ha dado. 
Queridos amigos. Si Jesús hubiera dejado aún un pecado pequeño atrás, ustedes no habrían sido capaces de confiar en Jesús, ni ser testigos del Evangelio de la remisión de los pecados. No habríamos sido capaces de trabajar como siervos de Dios.
Pero si confían en el Evangelio de la remisión de los pecados, pueden ser salvos de todos los pecados del mundo. Él le permite ser salvado de todos los pecados del mundo cuando reconoce la verdad del Evangelio de la remisión registrada en las palabras de Jesús.
 
 
¿Me amas más que estos?
 
¿Qué nos ha hecho amar a Jesús más que estos?
Su amor por nosotros a través de Su bautismo que quitó todos nuestros pecados, aun todos 
nuestros pecados futuros.
 
Dios entregó Sus ovejas a Sus siervos, quienes confiaron en el Evangelio de la remisión de los pecados. Jesús preguntó tres veces: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?” y Pedro respondió cada vez: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”. Ahora vamos a pensar sobre las respuestas de Pedro. Podemos ver que esto no fue la expresión de su voluntad, sino su confianza en el Evangelio de la remisión de todos los pecados del mundo.
Cuando amamos a alguien, y si el amor nace de nuestra voluntad, este puede vacilar cuando somos débiles. Pero si este amor depende de la fuerza de su amor, entonces esto puede durar para siempre. El Amor de Dios, a saber, la expiación abundante de todos nuestros pecados, la salvación por el agua del bautismo de Jesús y El Espíritu, es así.
Nuestra confianza en el Evangelio de la remisión de los pecados del mundo tiene que ser la base de nuestros trabajos para el Señor y nuestro amor para Él. Si le amaramos a Él sólo con nuestra voluntad como nuestro fundamento, daríamos un traspiés mañana y terminaríamos odiándonos a nosotros mismos por nuestras iniquidades. Pero Jesús quitó todos nuestros pecados: el pecado original, nuestros pecados diarios del pasado, los pecados de mañana, y todos los pecados de nuestra vida entera. Él no ha dejado a nadie en la tierra fuera de Su salvación.
Esto es cierto. Si nuestro amor y confianza dependen de nuestra voluntad, fracasaremos en nuestra fe. Pero como nuestro amor y fe dependen del Evangelio de la remisión que Jesús nos ha dado, somos ya los hijos de Dios, los justos. Como confiamos en la salvación por el agua y el Espíritu, no tenemos pecados.
Y porque nuestra salvación nace no de nuestra confianza en nosotros mismos, sino del amor de Dios, Su ley de salvación verdadera por la remisión de nuestros pecados, somos justos aunque somos incompletos o débiles en la vida real. Vamos a entrar al Reino del Cielo al final alabando a Dios para siempre. ¿Confía en esto?
1 Juan 4:10 dice: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. Jesús nos salvó con el agua y el Espíritu, así que debemos tener fe en el Evangelio de la remisión, en el bautismo de Jesús y en Su sangre.
Si Dios no nos hubiera salvado con el Evangelio de la remisión de pecados, no podríamos ser salvados aunque confiásemos con mucho entusiasmo. Pero Jesús quitó todos los pecados que cometemos en nuestros corazones y con nuestra carne.
Para confiar en Dios, y para ser justos, debemos estar seguros de nuestra salvación, a través de la confianza en las palabras por el agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión. El Evangelio de la remisión de todos los pecados del mundo es para tener confianza en el bautismo de Jesús y Su sangre. El Evangelio de la remisión es la confianza verdadera, el fundamento verdadero de la salvación, la llave del Evangelio de Dios.

Las personas deben abandonar la confianza en su voluntad propia

¿De dónde sale la fe verdadera?
Esta sale del amor del Señor quien ha 
quitado todos los pecados futuros.
 
La fe o el amor nacido de la voluntad propia de las personas no es amor verdadero ni fe verdadera. Hay muchos en este mundo que confían primero en Jesús con buena voluntad, después abandonan su fe debido al pecado en sus corazones.
Pero debemos saber que Jesús quitó todos los pecados del mundo: no sólo las iniquidades insignificantes, sino también los grandes pecados que son cometidos por ignorancia.
Y en Juan 13, a fin de enseñar a Sus discípulos cómo fue Su salvación, Jesús reunió a Sus discípulos antes de que fuera crucificado. Antes de que Él tuviera la cena con los discípulos, Él lavó sus pies para ilustrar el punto de Su salvación. Todos nosotros debemos saber y confiar en el Evangelio de remisión que Jesús enseñó a los discípulos lavando sus pies.
Pero Pedro se negó a dejar que Jesús lavara sus pies al principio. “No me lavarás los pies jamás!” y esto fue la expresión de la fe nacida de su voluntad propia. Pero Jesús le dijo: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”.
Ahora, con el Evangelio por el agua y el Espíritu, podemos entender las palabras de Jesús. Estas son las palabras de la verdad, el Evangelio por agua y el Espíritu, la remisión de los pecados, que hacen a los pecadores ser justos por confiar con todo su corazón.
Pedro fue a pescar con los discípulos. Ellos estaban pescando como habían hecho antes de que se encontraran con Jesús. Entonces Jesús apareció ante ellos y los llamó. Jesús había preparado el desayuno para ellos, y mientras ellos tomaban el desayuno, Pedro se dio cuenta del significado de las palabras que Jesús había dicho antes. “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”. Él al final se dio cuenta de lo que Jesús quiso decir mientras Él estaba lavando sus pies.
“El Señor quitó todos mis pecados. Todos los pecados que cometo debido a mi debilidad, incluyendo todos los pecados que cometeré en el futuro”. Entonces Pedro abandonó la fe nacida de su voluntad y empezó a confiar en el bautismo y la sangre de Jesús, el Evangelio de la remisión. 
Después del desayuno, Jesús preguntó a Pedro: “¿Me amas más que estos?” Y ahora, fortificado con la fe en el amor de Jesús, Pedro confesó: “Sí, Señor, tú sabes que te amo”. Pedro pudo decirlo porque él se había dado cuenta de lo que Jesús quiso decir cuando dijo: “Lo comprenderás después”. Él pudo confesar su fe verdadera, la fe en el bautismo y la sangre de Jesús, el Evangelio de la remisión.
 

Luego él se hizo un siervo verdadero de Dios
 
¿Cómo puede ser un siervo verdadero de Dios?
Confiando en Su expiación eterna de todos sus pecados
 
Entonces, después de esto, Pedro y los otros discípulos predicaron el Evangelio hasta el fin de sus días. Aun Pablo, quien había perseguido a los cristianos sin piedad, testificó del Evangelio durante los días duros del Imperio Romano.
Entre los doce discípulos de Jesús, Judas vendió a Jesús y luego se mató. Y fue el apóstol Pablo quien tomó su lugar. Los discípulos habían elegido a Matías entre ellos, pero fue Pablo el que Dios eligió, y Pablo se hizo un apóstol de Jesús y predicó el Evangelio de la remisión con el resto de los discípulos de Jesús.
La mayoría de los discípulos de Jesús murieron como mártires. Aun cuando ellos fueron amenazados de muerte, ellos predicaron el Evangelio original.
Seguramente predicarían así: “Jesucristo quitó todos los pecados de tu carne con Su Evangelio de bautismo y sangre, Su Evangelio de remisión. Jesús quitó tus pecados con Su bautismo en el Jordán y tomó el juicio por nosotros en la Cruz. Confíen en el Evangelio del bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz, y serán salvados”.
Y muchos fueron salvos por escuchar el Evangelio y confiar en esto. Ese fue el poder de la confianza en el Evangelio del bautismo de Jesús, Su sangre y el Espíritu.
Los discípulos predicaron el Evangelio por el agua y el Espíritu, “Jesús es Dios y el Salvador”. Y porque ellos han testificado el Evangelio por el agua y el Espíritu, nosotros podemos escuchar ahora el Evangelio del bautismo y la sangre de Jesús, de la salvación, y ser salvados del pecado. Debido al amor infinito de Dios y la salvación completa de Jesús, nos hacemos los discípulos de Jesús.
¿Confía en todo esto? Jesús nos amó tanto que Él nos dio el Evangelio por el agua y el Espíritu, de la remisión, y nos hacemos discípulos justos de Jesús. Y para enseñar el Evangelio verdadero de la remisión, Jesús lavó los pies de Sus discípulos.
Jesús lavó los pies de Sus discípulos para enseñarles a ellos y a nosotros que todos los pecados del mundo, todos los pecados que cometemos durante nuestra vida, fueron quitados completamente cuando Jesús fue bautizado y sangró en la Cruz. Y damos gracias a Jesús por Su amor y el Evangelio de la remisión.
Jesús nos enseñó dos cosas lavando los pies de los discípulos. Primero, esto fue para enseñarles, como Él había dicho: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” que todos nuestros pecados fueron quitados por el Evangelio de la remisión, del bautismo de Jesús y Su sangre. 
La segunda cosa que enseñó fue que, Jesús se había rebajado a Sí mismo para salvar a los pecadores y hacerlos justos, y nosotros, los nacidos de nuevo debemos servir a otras personas predicando el Evangelio de la remisión. Esto es justo para nosotros que venimos primero para servir a los que vendrán luego.
Las dos causas por las que Jesús lavó los pies de los discípulos en el día de la fiesta son claras. Y estas todavía existen dentro de la Iglesia.
Un discípulo nunca puede ser más alto que su maestro. Entonces predicamos el Evangelio al mundo y servimos para esto como si estuviéramos sirviendo a Jesús. Y nosotros, quienes fuimos salvados primero, debemos servir para los que vendrán después de nosotros. Para enseñar esto, Jesús lavó los pies de los discípulos. También al lavar los pies de Pedro, Él nos mostró que Él es el Salvador perfecto para nosotros, y que entonces no seríamos engañados por el diablo de nuevo. 
Ustedes pueden ser salvados por confiar en el Evangelio de la remisión, por el agua y el Espíritu. Jesús quitó todos nuestros pecados con Su bautismo, Su crucifixión, y resurrección, y sólo los que confíen en Su Evangelio pueden ser salvados de los pecados del mundo para siempre. 
 

Tener confianza en el Evangelio que quitó todos nuestros pecados diarios
 
Podemos escapar de los engaños del diablo por confiar en el Evangelio de remisión, las palabras del agua y el Espíritu. Las personas son engañadas con facilidad por el diablo y el diablo continúa hablando al oído. Sabiendo que la carne de las personas comete pecados en el mundo, ¿cómo él puede estar fuera de pecado? Todas las personas son pecadoras.
Sabemos la respuesta. “Sabiendo que Jesús quitó todos los pecados de nuestra carne con Su bautismo, ¿cómo un creyente tiene pecado? Porque Jesús ha pagado el precio del pecado, y ¿entonces qué pecado se nos deja a nosotros para pagar?”
Si no confiamos en el Evangelio del agua y la sangre, las palabras del diablo parecen razonables. Pero si confiamos en el Evangelio, podemos tener fe fuerte en la verdad de las palabras de Dios.
Por eso debemos tener fe en el Evangelio del nuevo nacimiento por agua y la sangre. La fe verdadera es para confiar en el Evangelio del bautismo de Jesús, Su sangre en la Cruz, Su muerte y Su resurrección. 
¿Ha visto una foto del modelo del Tabernáculo santo? Esta era una casa pequeña. La casa está dividida en dos secciones, la parte exterior es el Lugar Santo y la parte interior es el Lugar Santísimo. 
Hay 60 soportes en total en el atrio exterior del Tabernáculo santo, y el Lugar Santo tiene 48 tablas. Debemos tener una imagen del Tabernáculo santo en nuestro corazón a fin de entender el significado de las Palabras de Dios.
 

¿Y de qué estaba hecha la puerta del Tabernáculo santo?

¿Y de qué estaba hecha la puerta del Tabernáculo santo?
Un cortinaje de lino fino trenzado con azul, púrpura violeta, escarlata y carmesí.

La puerta del atrio del Tabernáculo santo está descrita en Éxodo 27:16: “Para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos, de azul, púrpura y carmesí, y lino torcido, de obra de recamador; sus columnas cuatro, con sus cuatro basas”. Los materiales usados para la puerta del atrio del Tabernáculo fueron tejidos con muchos colores tales como azul, púrpura violeta y escarlata.
Dios había ordenado a Moisés tejer la puerta con hilos de muchos colores tales como azul, púrpura violeta y escarlata, entonces todas las personas podían buscar con facilidad la puerta. Y la puerta tejida con azul, púrpura violeta, escarlata y lino fino fue colgada en cuatro soportes. 
Y estos cuatro materiales simbolizan el proyecto de la salvación de Dios, por los cuales Él salvaría a todos los que confíen en Su Hijo, en el bautismo y la sangre de Jesús, y en Dios. 
Cada uno de los materiales usados para establecer el Tabernáculo santo tiene un significado específico y esto representa las Palabras de Dios y Sus planes para salvar a los seres humanos a través de Jesús.
¿Ahora, cuántos materiales diferentes fueron usados para la puerta del atrio del Tabernáculo santo? Los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata y de lino fino, y estos cuatro son muy significativos al ayudarnos a fortalecer nuestra fe en el Evangelio de ser nacido de nuevo. Si esto no hubiera sido importante, esta información no habría sido registrada en la Biblia de manera tan detallada. 
Y como todos los materiales usados para la puerta del atrio del Tabernáculo santo y el atrio exterior fueron una parte de la salvación que quitó todos nuestros pecados diarios, pecado original, y los pecados del futuro, ellos fueron hechos de los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata y de lino fino. Entonces Dios reveló estas cosas a Moisés y le dijo que hiciera exactamente lo que el escuchó.
 

¿Qué significan azul, púrpura violeta y escarlata dentro del Evangelio de Dios?

¿Qué significan todos los materiales usados para el Tabernáculo?
La salvación de Jesús a través de Su bautismo.
 
Dentro del Tabernáculo santo, los hilos de colores azul, púrpura violeta y escarlata, y de lino fino fueron usados de nuevo para el velo que estaba colgado entre el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Y los materiales mismos fueron usados para las túnicas del sumo sacerdote que sirvió dentro del Tabernáculo santo una vez al año.
El hilo de color azul simboliza el bautismo de Jesús. En 1 Pedro 3:21, se dice: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva”. El bautismo de Jesús por el cual Él tomó todos los pecados del mundo fue confirmado por Pedro en este versículo como la prefiguración de la salvación de la expiación. Todos nuestros pecados, todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús por Su bautismo. Entonces el hilo azul, el bautismo es la parte más esencial del mundo de la salvación.
El hilo de color escarlata simboliza la sangre de Jesús, y el hilo de color púrpura violeta simboliza la realeza - el estado de Jesús como Rey y Dios. Por eso los tres colores de hilos fueron necesarios para nuestra fe en Jesús y Su salvación. 
La prenda espléndida del sumo sacerdote fue llamada efod, y las túnicas del efod son de color azul. El sumo sacerdote vistió un turbante que tenía una chapa de oro puro y un grabado que dice, ‘SANTIDAD AL SEÑOR.’ Y la chapa se ataba al turbante con una cuerda de color azul.
 

La verdad representada por el hilo de color azul

¿Qué simboliza el hilo de color azul?
El bautismo de Jesús.
 
Busqué el significado de hilo de color azul en la Biblia. ¿Qué dice la Biblia sobre el color azul? Debemos entender el hilo azul entre los hilos de colores azul, púrpura violeta y escarlata.
El hilo de color azul significa el bautismo de Jesús. Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista para tomar todos los pecados del mundo (Mateo 3:15).
Si Jesús no hubiera quitado todos los pecados del mundo con Su bautismo, nosotros no habríamos podido ser santificados ante Dios. Por eso Jesucristo tuvo que venir a este mundo y ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán para quitar todos los pecados del mundo.
La razón por la cual tuvo que estar el hilo de color azul en la puerta del atrio del Tabernáculo santo fue porque no podríamos ser santificados sin el bautismo de Jesús.
El hilo de color escarlata significa la muerte de Jesús. El color púrpura violeta significa el Espíritu, el estado de Jesús como “el bienaventurado,y solo soberano, Rey de reyes, y Señor de señores” (1 Timoteo 6:15).
El hilo de color escarlata significó la sangre de Cristo, la cual derramó en la Cruz para pagar el precio del pecado para todo ser humano. Jesucristo vino a este mundo en la carne para tomar todos los pecados del ser humano en Sí mismo, antes de sacrificase a Sí mismo en la Cruz por el Evangelio de la remisión del pecado. El bautismo de Jesús es el Evangelio verdadero de remisión que es profetizado por medio de los colores del hilo usado para el Tabernáculo santo del Antiguo Testamento.
Los soportes del Tabernáculo estaban hechos de la madera de acacia y los encajes eran de bronce, y estaban cubiertos con bandas de plata.
Todos los pecadores tuvieron que ser juzgados por sus pecados porque la paga de pecado es la muerte. Antes de que una persona pueda ser bendecida por Dios para vivir de nuevo, tiene que ser juzgada por sus pecados.
Pero el bautismo de Jesús del Nuevo Testamento, que fue el hilo de color azul del Tabernáculo santo del Antiguo Testamento, había tomado todos nuestros pecados. Él tomó nuestros pecados en la Cruz para sangrar y fue juzgado por estos y nos salvó con el Evangelio de la remisión. Él es el Rey de reyes y el Dios Santo.
Queridos amigos, el bautismo de Jesús fue la salvación de Jesús, quien nos salvó al quitar todos nuestros pecados. Jesús, quien es Dios, vino a este mundo en persona; Él fue bautizado para encargarse de todos los pecados del mundo; Él fue crucificado y sangró en la Cruz para tomar el juicio por nosotros. Y el bautismo de Jesús nos dice sin duda que Él se hizo el Salvador verdadero de todo el ser humano.
También podemos verlo en los colores usados para la puerta del Tabernáculo santo.
Bordar la tela de la puerta con los hilos de colores azul, púrpura violeta, y escarlata de lino fino fue para decirnos de manera clara la verdad de la salvación de Dios. Esto fue lo más esencial para la salvación de la expiación.
Podemos ver por los materiales usados para la puerta del Tabernáculo santo que Jesucristo no nos salvó de manera esporádica como pecadores, sin ningún plan. Él, cumpliendo el plan detallado con mucho cuidado de Dios, fue bautizado y crucificado, luego resucitó de la muerte para realizar la salvación de los seres humanos. Con los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata, los materiales del Evangelio de la remisión, Jesús salvó a todos los que confíen en Su salvación.
 
El lavatorio de bronce del Antiguo Testamento fue una sombra del autismo del Nuevo Testamento

¿Por qué los sacerdotes se lavaban las manos y 
Los pies antes de entrar al santuario?
Porque ellos tenían que estar en pie ante 
Dios sin ningún pecado.
 
El lavatorio estaba también hecho de bronce. El bronce representa el juicio que Jesús sufrió por nosotros. Y el lavatorio de agua simboliza las palabras del Evangelio que nos dicen que todas nuestras iniquidades fueron lavadas.
Esto nos muestra cómo nuestros pecados diarios fueron lavados. Esto es una sombra de la verdad de que los pecados diarios de las personas pueden ser lavados a través de la fe en las palabras del bautismo de Jesús.
El altar del holocausto representa el juicio. Y el agua de Jesús, que es de color azul, es el Evangelio de expiación por los pecados, el bautismo de Jesús por Juan el Bautista (Mateo 3:15; 1 Juan 5:5-10), esto es la palabra de testimonio para el Evangelio de salvación a través de la expiación.
En 1 Juan 5, esta escrito: “Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe – y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan”. Y Él también nos dice que la persona que confíe en el Hijo de Dios tiene el testimonio por el agua, la sangre y el Espíritu en él.
Dios nos permitió ser santificados a través de la fe en el Evangelio de la expiación y entrar al Tabernáculo santo. Por eso podemos vivir con fe, a través de las palabras de Dios, bendecidos por Él, y contar con una vida como justos. Ser el pueblo de Dios significa ser salvado a través de la fe en el Evangelio de la expiación y vivir dentro del Tabernáculo santo.
En estos días muchas personas dicen que solo es suficiente confiar sin pensar en el significado de los hilos de color azul, púrpura violeta, y escarlata de la puerta del Tabernáculo santo. Si una persona confía en Jesús sin saber acerca de esto, su fe no sería la fe verdadera porque todavía habría pecados en su corazón. Una persona tiene pecados en su corazón porque no confía en la verdad de ser nacido de nuevo a través del Evangelio de la expiación, por el agua, la sangre y el Espíritu.
Si una persona tiene el propósito de evaluar a otra persona que él no conoce bien, y para alegrar a la persona que dio esa propuesta, él dice: “Sí, confío en él, no me he encontrado con él sin embargo, confío en él”. ¿Usted piensa que la persona que dio la propuesta está alegre después de escucharlo? Tal vez algunos de ustedes pueden estar alegres, pero este no es el tipo de confianza que Dios desea para nosotros. 
Dios desea que confiemos en el Evangelio de remisión, la salvación de Jesús a través del azul (el bautismo), el púrpura violeta (la realeza) y el escarlata (la sangre). Debemos saber antes de tener fe en Jesús sobre cómo Él nos salvó de todos los pecados.
Cuando confiamos en Jesús, debemos saber cómo Él nos salvó de todos nuestros pecados a través del agua (el bautismo de Jesús), la sangre (Su muerte), y el Espíritu (Jesús siendo Dios).
Cuando entendemos de veras, podemos experimentar y tener la fe completa. Nuestra fe no puede ser completa sin saber la verdad. La fe verdadera sólo nace por entender el testimonio de la salvación de Jesús, el Evangelio de la remisión, y el Salvador verdadero del ser humano, Jesús.
¿Entonces, cual es la fe que se burla de Jesús? Vamos a ver.
 

La fe que se burla de Jesús

¿Qué es lo más requerido para la fe?
El conocimiento exacto del bautismo de Jesús
 
Debe saber que confiar en Jesús de manera arbitraria es burlarse de Él. Si piensa, “para mí es difícil confiar, pero como Él es Dios y como Él es el Hijo de Dios, debo confiar,” usted esta burlandose de Jesús. Debe confiar en el bautismo y la sangre de Jesús, el Evangelio de expiación. 
Confiar en Jesús sin conocer el Evangelio de expiación es peor que no confiar en Jesús. Predicar el Evangelio cuando una persona solo confía en la sangre de Jesús es trabajar en vano sin saber la verdad.
Jesús no desea que nadie predique sobre la confianza en Él de manera arbitraria, o tener fe en Él sin ninguna razón. Él  desea que confiemos en Él a través del conocimiento del Evangelio de la expiación.
Cuando confiamos en Jesús, sabemos que el Evangelio de la expiación es el bautismo y la sangre de Jesús. Cuando confiamos en Jesús, debemos entender el Evangelio de expiación a través de Sus palabras y saber de manera específica cómo Él quitó todos nuestros pecados.
Y debemos saber qué representan los hilos de color azul, púrpura violeta, y escarlata en la puerta del Tabernáculo santo. Por eso podemos tener la fe verdadera que va a durar eternamente. 
 
 
No podemos nacer de nuevo sin confiar en Jesús, quien es la esencia de los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata y de lino fino

¿Qué hacíam los sacerdotes antes de entrar al Lugar Santo?
Ellos se lavaban las manos y los pies en el agua del lavatorio de bronce.
 
Nuestro Señor Jesús nos salvó. No podemos dejar de alabar al Señor cuando vemos cómo Él nos salvó. Debemos ver el Tabernáculo santo. Él nos dio las palabras del Evangelio de la expiación a través de los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata del Tabernáculo santo y nos salvó con estos. Damos gracias y alabamos al Señor.
Los pecadores no pueden entrar al Lugar Santo sin la experiencia del juicio terrible. ¿Cómo una persona puede entrar al Lugar Santo sin ser juzgada por sus pecados? No puede. Si esa persona entra, morirá al instante. Esto no es una bendición, sino una condena. Un pecador no puede entrar al Lugar Santo si desea vivir. 
Nuestro Señor nos salvó por medio del secreto oculto en la puerta del Tabernáculo santo. Con los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata y de lino fino, Él nos salvó. Y Él nos dijo el secreto de Su salvación a través de estos.
¿Ahora, fuimos salvados de esta manera? Si no confiáramos en las palabras de los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata, no habría la salvación por medio del Evangelio de la expiación. El color azul no significa Dios, sino que significa el bautismo de Jesús. Esto significa el bautismo de Jesús que quitó todos nuestros pecados.
Las personas pueden entrar hasta el altar del holocausto sin confiar en los hilos de color azul. Pero no pueden entrar al Lugar Santo donde Dios reside.
Entonces, antes de entrar en la puerta del Tabernáculo santo, debemos confiar en los hilos de color azul (el bautismo de Jesús), los hilos de color escarlata (Su sangre en la Cruz), los hilos de color purpúra (Jesús es Dios y el Hijo de Dios). Sólo cuando confiamos que somos aceptados por Dios se nos permite entrar a través de los velos del Lugar Más Santo. 
Algunas personas entran en el atrio exterior del Tabernáculo y piensan que ellos están en el interior. Pero esta no es la salvación. ¿Cómo podemos ser salvos? Debemos ser capaces de entrar al Lugar Más Santo.
A fin de entrar al Lugar Más Santo, debemos pasar el lavatorio de bronce. El lavatorio de bronce representa el bautismo de Jesús, y debemos lavar todos nuestros pecados diarios con el bautismo de Jesús y ser santificados para entrar al Lugar Santo.
En el Antiguo Testamento, los sacerdotes tenían que lavarse a sí mismos antes de entrar, y en el Nuevo Testamento, Jesús lavó los pies de Sus discípulos para simbolizar la eliminación de los pecados de toda la vida. 
La Ley de Dios dice: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Dios juzga los pecados de las personas sin excepción pero Él los pasó a Su Hijo y lo juzgó a Él. Esto es el amor de Dios, Su salvación. La salvación verdadera es adquirida sólo cuando confiamos en el Evangelio de la expiación, el bautismo y la sangre, la muerte y la resurrección de Jesús.
 
 
Después de nacer de nuevo, una persona debe apreciar las palabras escritas de Dios, el Evangelio de la expiación de los pecados

¿Cuál es la única cosa que se nos pide que hagamos?
Confiar en las palabras escritas de Dios.
 
No he despreciado a nadie. Cuando alguna persona dice algo que no me es familiar, le pido que me lo enseñe. Pero cuando pregunté sobre el significado del Tabernáculo santo, nadie pudo contestarme. 
¿Entonces qué pude hacer? Tuve que leer la Biblia. En la Biblia, ¿dónde se habla sobre el Tabernáculo santo? Esto se describe con detalles en Éxodo. Y si una persona lee este libro con cuidado, puede entender su significado a través de las palabras escritas de Dios. 
Queridos amigos, no pueden ser salvados por confiar en Jesús ciegamente. No pueden nacer de nuevo sólo por ir a la iglesia de manera regular. Sabemos lo que Jesús dijo a Nicodemo: “ eres tu maestro de Israel, ¿y no sabes estas cosas? El que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5; 10).
Todos los que confían en Jesús tienen que confiar en el hilo de color azul (todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús cuando Él fue bautizado), el hilo de color escarlata (la muerte de Jesús para todos nuestros pecados) y el hilo de color púrpura violeta (Jesús es el Salvador, Dios, y el Hijo de Dios).
Debemos confiar que Jesús es el Salvador de todos los pecadores del mundo. Sin esta confianza, las personas no pueden nacer de nuevo, ni pueden entrar al Lugar Santo del Reino de Dios las personas no pueden vivir con confianza en este mundo sin esto.
¿Sería tan fácil para nosotros nacer de nuevo sólo por tener confianza en Jesús? -Sí- “♪Tú has sido salvado. Yo he sido salvado. Somos salvados juntos.♪” ¡Qué bien! Pero hay muchas personas que confían en Jesús sin haber nacido de nuevo verdaderamente. 
Las personas deben saber la verdad en la Biblia y también tener confianza en Jesús. Debemos saber sobre el Evangelio de la remisión de los pecados en la Biblia y el significado de los hilos de color azul, púrpura violeta, y escarlata a fin de entrar al Tabernáculo santo y estar con Dios en el mundo de confianza. Dentro del Tabernáculo de confianza, podemos vivir felices hasta que entremos al Reino del Cielo. Es esencial que sepamos cómo confiamos en Jesús en la manera justa.

El Evangelio original engendra la santificación con el hilo de color azul

¿Cuál es la condición indispensable para la salvación?
El bautismo de Jesús.
 
De vez en cuando algunas personas piensan que ellas pueden vivir de manera perfecta sin cometer faltas. Cuando ellos tratan de hacer algo, ellos descubren sus defectos. Las personas son incompletas, y es imposible para ellas no cometer pecados. Pero dado que Jesús nos salvó con los hilos de color azul, púrpura violeta, y escarlata, el Evangelio de la expiación, podemos ser santificados y entrar al Lugar Santo de Dios. 
Si Dios no nos hubiera salvado con los hilos de color azul, púrpura violeta, y escarlata, no podríamos ser capaces de entrar al Lugar Santo por nosotros mismos. ¿Por qué? Si sólo los que viven perfectamente por su carne pueden entrar, no habría nadie que pudiera entrar. Cuando las personas confían en Jesús sin el Evangelio, sólo se añade más pecado a su corazón.
Jesús nos salvó con Su salvación planeada cuidadosamente, la salvación de los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata y de lino fino. Él quitó todos nuestros pecados. ¿Confía en esto? -Sí- ¿Tiene en su corazón la verdad del Evangelio de remisión y da el testimonio de esto? -Sí-
Sólo cuando da testimonio del Evangelio puede ponerse en su frente la banda que dice ‘SANTIDAD AL SEÑOR’ y gozar del ‘real sacerdocio’ (1 Pedro 2:9), sólo cuando pueda decir a las personas que usted es un siervo de Dios, trabajando como un sumo sacerdote.
El turbante del sumo sacerdote tiene una chapa de oro y esta chapa está atada con la cuerda de color azul. ¿Por qué azul? Porque Jesús nos salvó con el Evangelio de la remisión, porque Él quitó todos nuestros pecados a través de Su bautismo (imponer las manos en el Antiguo Testamento, es el bautismo en el Nuevo Testamento). 
Aunque confiamos con tanto entusiasmo en Jesús, no podemos adquirir la chapa grabada con ‘SANTIDAD AL SEÑOR’ sin las palabras secretas de los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata.
¿Cómo podemos ser justificados? Esto está escrito en Mateo 3:15: “Porque así conviene que cumplamos toda justicia”. Jesús fue bautizado y nos salvó de todos los pecados del mundo. Pues Él fue bautizado y quitó todos nuestros pecados. Así nosotros podemos ser justificados.
¿Cómo podríamos decir que no tenemos pecados si no existiera el bautismo de Jesús? Aunque confiamos en Jesús, aunque lloramos pensando en que Jesús fue crucificado, todas las lágrimas de este mundo no pueden lavar todos nuestros pecados. No. Aunque lloremos mucho y nos arrepintamos, nuestros pecados no desaparecen.
‘SANTIDAD AL SEÑOR.’ Puesto que Él quitó todos nuestros pecados con Su bautismo y Su sangre, el Señor permitió que todos nuestros pecados fueran pasados a Jesús, y como la palabra de la salvación está registrada en la Biblia, nos hemos convertido en justos a través de la fe, a pesar de nuestra iniquidades y debilidades.
Entonces podemos estar ante Dios. Ahora podemos vivir como justos y predicar el Evangelio al mundo. “♪Oh, he sido salvado. Has sido salvado. Todos nosotros somos salvados.♪” Hemos sido salvados de acuerdo con el plan de Dios.
Sin la palabra del Evangelio de la expiación en su corazón, no hay salvación aunque usted trate mucho. Esto es como una canción popular acerca del amor en vano. “♪Oh, mi corazón late rápido sin ninguna razón cada vez que la veo, todas las veces que estoy cerca de ella. Debo estar enamorado sin ser correspondido.♪” Mi corazón late rápido, pero no el de ella. Por lo tanto mi amor es en vano.
Las personas piensan que la salvación viene en muchas maneras diferentes para muchas personas diferentes. Ellos preguntan: “¿Por qué esto debe venir sólo a través del Evangelio del bautismo?” Si esto no viene a través del Evangelio del bautismo de Jesús, esto no es la salvación completa. Esta es la única manera en que podemos ser justos ante Dios pues esta es la única manera que podemos ser lavados de manera completa de todos nuestros pecados.
 
 
¿Qué significa la salvación del hilo de color azul que Jesús nos dio?
 
¿Qué nos hace justos?
El Evangelio de los hilos de color azul, púrpura violeta, y escarlata.
 
La salvación a través del Evangelio de los hilos de color azul, púrpura violeta y escarlata es el regalo de Dios a todo ser humano. Y este regalo nos ha hecho capaces de entrar en el Tabernáculo santo y vivir en paz. Esto nos ha hecho justos y capaces de vivir dentro de la Iglesia y ser entrenados en las palabras santas dentro de la Iglesia.
Cada vez que vamos a orar ante Dios, el Evangelio nos bendice con Su amor. Esta es la razón por la cual la salvación es tan preciosa para nosotros. Jesús nos habla de establecer una casa ‘en la roca.’ Y la roca es el bautismo de Jesús. Debemos ser salvados, vivir con la salvación, ir al Cielo, adquirir la vida eterna, y ser hijos de Dios.
Queridos amigos, gracias al Evangelio de expiación, podemos ser capaces de entrar al Tabernáculo santo con confianza. Gracias a que nos han sido quitados todos nuestros pecados (el bautismo de Jesús) y el juicio en la Cruz, hemos sido salvados por tener confianza en el Evangelio del bautismo de Jesús.
La expiación abundante para todos nuestros pecados, el bautismo y la sangre de Jesús es el Evangelio que lavó todos nuestros pecados. ¿Confía en esto? El Evangelio verdadero es el Evangelio de expiación que quitó de manera completa todos nuestros pecados.
Hemos nacido de nuevo por confiar en el Evangelio de expiación. Jesús nos ha dado el Evangelio de expiación, que quitó aun todos nuestros pecados diarios. Alaben al Señor. ¡Aleluya!
El Evangelio del agua y el Espíritu (el Evangelio del agua y la sangre) es el Evangelio verdadero dicho por Jesucristo. Este libro fue escrito para revelar el Evangelio de Jesús, el Evangelio del agua y el Espíritu.
Pues muchas personas confían en Jesús sin saber la verdad completa, ahora ellos están sólo en la teología cristiana, o sea la teología filosófica y por eso hay confusión. Por eso debemos volver y confiar en el Evangelio verdadero. Aún no es tarde.
Entraré con mas detalles en el segundo libro para los que tienen preguntas acerca del Evangelio de ser nacido de nuevo por agua y el Espíritu.