The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 1-14] < Lucas 1, 67-80 > Deben conocer a Juan el Bautista primero para conocer a Jesús correctamente

< Lucas 1, 67-80 >
«Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, Y nos levantó un poderoso Salvador. En la casa de David su siervo, Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto; Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder. Que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo alto la aurora, Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz. Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel».
 
 
Zacarías e Isabel, los padres de Juan el Bautista
 
El pasaje de las Escrituras de hoy trata de la profecía sobre Juan, el hijo de Zacarías. Zacarías estaba casado con Isabel pero ella no podía concebir y ya era mayor. Tener un hijo era su mayor deseo y habían orado a Dios para que les diera uno. Entonces, cuando le tocaba a Zacarías entregar el sacrificio a Dios y estaba quemando incienso en el Templo del Señor, un ángel se le apareció y le dijo: «Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan» (Lucas 1, 13). Así es como Zacarías vio al ángel. En el pasado nuestro Señor y Sus ángeles solían aparecerse en persona ante los humanos y los siervos de Dios. Esto era algo normal en el Antiguo Testamento antes de que Jesús viniese a este mundo como el Salvador.
Como Zacarías no pudo creer lo que había oído del ángel, Dios le dejó mudo. El Señor cumplió Su promesa e Isabel quedó embarazada; y cuando el niño nació nueve meses después, Zacarías pudo volver a hablar y llamó al niño Juan como Dios le había dicho. Cuando obedeció al Señor, su lengua se soltó. En cuanto se le soltó la lengua y se abrió la boca, alabó a Dios. La gente de alrededor de Zacarías se regocijó por el nacimiento de Juan preguntándose cómo de grande iba a ser. Cuando vieron lo que le había pasado a Zacarías e Isabel y se dieron cuenta de que Dios estaba con ellos, celebraron este acontecimiento con ellos anticipando que su hijo no iba a ser un niño cualquiera.
La gente pensó de esta manera porque Isabel ya era una mujer muy anciana. Una mujer anciana que dio a luz a un niño. ¿Era esto normal? Además, vieron que el sacerdote Zacarías se había quedado mudo durante 10 meses cuando salió del Templo del Señor cuando sirvió como sacerdote ante Dios en el orden de su división. También vieron que su mujer tenía un hijo y que lo llamaron Juan y que Zacarías pudo hablar desde ese momento. Cuando escucharon toda la historia, no pudieron evitar pensar que era la obra de Dios y que Dios iba a hacer algo importante a través de la familia de Zacarías.
El padre de Juan, Zacarías, estuvo lleno del Espíritu Santo, y empezó a profetizar en cuando se le abrió la boca después de haber estado mudo durante 10 meses. «Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron». El pasaje de hoy es la profecía de Zacarías. Profetizó que Dios miraría a Su pueblo y enviaría al Mesías a través de la casa de David para salvar a Su pueblo de Sus enemigos y de la mano de los que les aborrecían.
El objetivo de la venida de Jesucristo a este mundo era salvar a los israelitas y a los israelitas espirituales que creyeron en Dios de sus pecados. Zacarías profetizó que el Señor vendría a salvarnos de nuestros enemigos y de la mano de los que nos odian. Esto significa que el Señor vendría a permitir que los descendientes espirituales de Abraham pudieran servirle sin miedo como juró a Abraham. Por eso Lucas 1, 74 dice: «Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos». Jesucristo vino a este mundo para salvarnos de los pecados y los que creemos en Él como el Salvador encontramos el favor de servir al Señor sin miedo y con la santidad y justicia. Dios vino a los que creen en Él como el Salvador porque quería que Su pueblo viviese una vida pura y sin pecados y le pudiera servir sin miedo para siempre. Jesús vino al mundo en la casa de David. El Salvador vino para hacer que los creyentes no tuvieran pecados y fueran justos y santos mientras servían a Dios.
Cuando leemos los versículos 76 a 79 vemos:
«Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz».
¿Qué significa esto? ¿Quién es “tú” en el versículo 76? Es Juan el Bautista que bautizó a Jesús. ¿Quién va a ser la persona que hará las cosas profetizadas en este pasaje? Juan el Bautista. «Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos» (Lucas 1, 76). «El profeta del Altísimo» se refiere a Juan el Bautista. Es el mismo Juan el Bautista que bautizó a Jesús. Iba a ser llamado el profeta del Altísimo porque iba a ir ante el Señor para prepararle el camino.
Juan el Bautista nació seis meses antes que Jesucristo. ¿Quién es este Juan? ¿Qué nos enseñó? Se profetizó que enseñaría al pueblo de dios a recibir la remisión de los pecados. Este ministerio de Juan el Bautista iba a dar el conocimiento de la salvación a Su pueblo mediante la remisión de los pecados (Lucas 1, 77). Esto significa que Juan el Bautista iba a dar testimonio de quién era Jesús.
Todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús mediante el bautismo que Juan el Bautista le dio a Jesús en el río Jordán. Cuando Jesús pasó cerca de él al día siguiente, dijo: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Quiso decir: «Es el Hijo de Dios. Está cargando con todos los pecados del mundo. Es el Mesías y nuestro Salvador. Es el Cristo». Juan el Bautista dio este testimonio a la gente para que el conocimiento de la salvación mediante la remisión de los pecados fuera recibido por los creyentes. Por tanto, el papel que tuvo en la salvación fue crucial.
Mientras celebramos la Navidad, debemos celebrar y regocijarnos por la venida de nuestro Señor. Pero también tenemos que recordar que Juan el Bautista nació seis meses antes que Jesús y debemos conmemorar lo que hizo por nuestra salvación. Debemos recordar que es el representante de la raza humana escogido por Dios y que ayudó a cumplir la obra de la salvación. Los protestantes de hoy en día no prestan mucha atención a los rituales, pero la Iglesia Ortodoxa rusa celebra algunos días específicos por todo lo alto.
 
 
¿Todavía creen que el papel de Juan el Bautista no era tan importante?
 
La mayoría de los cristianos de hoy en día consideran a Juan el Bautista un mero siervo de Dios que pasó al lado de Jesús. Solo piensan que era el siervo de Dios que vivió una vida frugal como ellos. Es cierto que era un siervo de Dios, pero no era un siervo cualquiera. Debemos recordar lo que Juan el Bautista dijo: cómo Jesucristo quitó nuestros pecados; cómo pasó los pecados del mundo a Jesucristo. Debemos conocer este testimonio sobre cómo Jesús se convirtió en nuestro Salvador. Si no podemos creer en el testimonio de Juan el Bautista, no podemos confiar en Jesús desde lo más profundo de nuestro corazón. El Evangelio de Juan 1 dice que recibimos la remisión de los pecados a través del testimonio de Juan el Bautista.
Juan 1, 6-12 dice: «Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A los suyos vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios».
Hermanos y hermanas, Juan el Bautista fue enviado por Dios. Algunas personas dicen: «¿Dónde dicen esos versículos que era Juan el Bautista? Dice solamente Juan». Como todos saben el autor del Evangelio de Juan se llamaba Juan. Era uno de los 12 discípulos, pero no estaba escribiendo sobre sí mismo, sino sobre Juan el Bautista, que bautizó a Jesús. La gente no cree si no se le dice en qué creer. La gente quiere detalles. Pero aún así hay personas que no creen aunque tengan detalles. En resumen, Juan fue enviado por Dios para dar testimonio de Jesús, que es la verdadera Luz. Está escrito: «No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz» (Juan 1, 8). Juan el Bautista era un hombre que vino a dar testimonio de Jesús. Pasó todos los pecados del mundo a Jesús al bautizarse y dio testimonio del ministerio de Jesús diciendo: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». A través del testimonio de Juan, la gente puede conocer a Jesucristo como su Salvador y creer que Su bautismo le pasó los pecados del mundo. Juan el Bautista testificó: «Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A los suyos vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1, 9-12).
Jesús hizo brillar esta luz sobre nosotros, lo que significa que nos dio la Palabra de la Verdad, el conocimiento de la Verdad y la fe al ser bautizado y morir en la Cruz. «En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho» (Juan 1, 10). Jesucristo, el verdadero Dios, creó este mundo. «Que haya luz, que haya estrellas, que haya luces mayores y menores; que la tierra produzca criaturas; que los pájaros vuelen por encima de la tierra»; con Su Palabra, Jesús lo creó todo.
No limiten a Jesucristo a ser simplemente nuestro Salvador y el Hijo de Dios. Jesús no es solo el Hijo de Dios, sino también el dueño del universo y de la creación. Nos creó a todos. Es el Dios que creó todo el universo, como está escrito: «En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció» (Juan 1, 10). Jesucristo es Dios y nos creó, y la Persona que nos dio el aliento de la vida diciendo: «Polvo eres y en polvo te convertirás» (Génesis 3, 19). Como nuestras almas no mueren, sino que viven para siempre, eliminó nuestros pecados y salvó nuestras almas de los pecados, de la esclavitud de Satanás y de la condena horrible de Dios. Jesús, que es Dios mismo, se encarnó como un ser humano a través de una virgen para salvar a Su pueblo. Nos salvó con el agua y la sangre. Nos salvó con la circuncisión espiritual.
Sin embargo, las personas no le reconocieron ni le dieron la bienvenida. «Vino a los Suyos, pero no le recibieron» (Juan 1, 11). Los Suyos aquí se refieren a todas Sus posesiones. No solo se refiere a la tierra de Israel, sino que incluye todas las cosas creadas. Este universo y todo lo que hay en él pertenece a Jesús. «Vino a los Suyos, pero no le recibieron» (Juan 1, 11). Esto significa que incluso los israelitas no aceptaron a Jesús en sus corazones ni reconocieron que era el Hijo de Dios o el Salvador. Nadie entre la nación de Israel en tiempos de Jesús creyó en que Jesús, inocente y sin pecado, dejase que Juan el Bautista le pasase los pecados del mundo ni que fuese bautizado ni crucificado. Esta es la noticia más sensacional de aquel entonces, pero solo unos pocos israelitas aceptaron a Jesucristo; el resto dudó y no se interesó por la noticia.
Sin embargo, la Biblia dice: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1, 12). El mundo fue creado a través de Jesús: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1, 1). El universo y todo lo que hay en él fue creado cuando Dios habló, y la Palabra misma era Dios. Su Palabra tenía el poder de crear el universo: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Juan 1, 3-4). Este pasaje dice que la luz y la vida estaban con Él. Nos creó, nos dio vida y nos salvó de los pecados, de las faltas, de la opresión y de las maldiciones; e hizo brillar la luz de Su salvación a los que estábamos atrapados por el poder de Satanás y a ser presa de los pecados y morir.
Nos pide a cada uno de nosotros que le recibamos. Debemos recibir a Jesucristo. Para ello, debemos conocer el papel de Juan el Bautista y lo que dijo acerca de Jesús en la Biblia. En el Evangelio de Matero 3, 13-17 Jesús le dice a Juan: «Permíteme hacer ahora. ¿No tienes que cumplir la misión de bautizarme? Así que conviene que Me bautices para que pueda cumplir toda justicia». El carácter chino para justicia es yi (義); cuando lo miramos de cerca, está compuesto por dos letras diferentes ‘yang’ (羊) que significa cordero y ‘wo’ (我) que significa yo. Esto implica que Jesús nos hizo justos al tomar todos los pecados del mundo a través de Su bautismo administrado por Juan el Bautista, al morir y derramar Su sangre en la Cruz, y al levantarse de entre los muertos. Cuando Jesús fue bautizado, le dijo a Juan el Bautista: «Permíteme hacer ahora pues conviene así que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15). Recibir a Jesús significa aceptar y creer en esto. En otras palabras, es creer en Jesús y aceptar nuestro Salvador.
 
 
Debemos recibir a Jesús como nuestro Salvador
 
«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1, 12). Algunos cristianos no entienden este pasaje y creen que decir: «Creo, Amén» es todo lo que tienen que hacer para convertirse en hijos de Dios. Pero no es cierto. ¿Qué significa recibir a Jesús?
El nombre de Jesús significa Salvador y Cristo significa Ungido. Jesucristo, el Rey de todos los reyes se encarnó en un hombre a través del cuerpo de una mujer, recibió el bautismo de Juan el Bautista para tomar los pecados del mundo y entregó Su cuerpo en la Cruz como sacrificio antes Dios para salvarnos de todos nuestros pecados. No nos convertimos en hijos de Dios hasta que entendemos el significado de Su nombre y creemos en la Verdad. A todos los que le han recibido, a los que han creído en Su nombre, les ha dado el derecho de convertirse en hijos de Dios. ¿Le han recibido?
Juan el Bautista tiene un papel muy importante a la hora de poder recibir a Jesús. Si no hubiese sido por su testimonio, o si no hubiésemos creído en su testimonio, no habríamos podido recibir al Señor. Sin saber lo que Juan el Bautista hizo, no hay manera de creer que Jesús vino a salvarnos de nuestros pecados. La Verdad es que Jesús tomó todos nuestros pecados, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos para hacer que nuestras conciencias sean puras y santas. Si no hubiese bautizado a Jesús, no podríamos recibirle. El padre de Juan, Zacarías, también profetizó:
«Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados» (Lucas 1, 76-77).
Juan el Bautista nos comunicó el conocimiento bendito como último profeta del Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento. Los Profetas informan a la gente de las cosas de Dios. Saben lo que va a ocurrir y avisan a la gente. La Biblia dice que preparó el camino para el Señor y nos dice que para prepararlo dio el bautismo del arrepentimiento a las personas cuando cumplió treinta años. Gritó en el desierto: «¡Arrepentíos, generación de víboras!». Quien iba a ser bautizado por Juan el Bautista era reprendido por sus pecados, ya fueran personas normales o privilegiadas, como reyes o sacerdotes. Gritó: «Arrepentíos, generación de víboras. El hacha está en la raíz de los árboles. Por tanto, quien se niegue a arrepentirse y volver a Dios será cortado y arrojado al infierno». Era un verdadero profeta. Siempre hablaba en nombre de Dios a todo el mundo. La gente se arrepentía cuando les gritaba. Los israelitas volvían al Señor al darse cuenta de que se habían alejado de Dios durante cientos de años. Los israelitas, que solían servir a Dios fielmente y ofrecer sacrificios adecuados a Dios, habían abandonado a Dios, habían abolido el sistema de sacrificios, ignorado a los sacerdotes y habían vivido sin Dios durante cuatrocientos años. Juan el Bautista nació en el período colonial romano cuando los israelitas estaban esclavizados. Cuando cumplió los treinta años, empezó a llamar a la gente al arrepentimiento en el desierto. Cuando la gente escuchó su testimonio, lo reconoció como siervo de Dios y se dio cuenta de que servir a ídolos gentiles era un pecado abominable ante Dios. Así es como se arrepintieron y volvieron a Dios. ¿Qué hicieron cuando se arrepintieron? Que fueron bautizados por Juan el Bautistas para confesar su arrepentimiento ante Dios y afirmar que sus pecados habían sido eliminados.
Jesús vino a Juan cuando estaba bautizando a la gente con agua diciendo: «Permíteme hacer ahora pues conviene así cumplir toda justicia» (Mateo 3, 15). Esto significa que era adecuado que Juan el Bautista pasase los pecados del mundo a Jesús y que Jesús tomase los pecados y se convirtiese en el chivo expiatorio para toda la raza humana.
Como he mencionado antes, en el nombre de Jesucristo, Cristo significa Ungido. En la era del Antiguo Testamento, había tres tipos de cargos para los hombres: Sumo Sacerdote, profeta y rey. Jesús es el Sumo Sacerdote del Cielo que se ofreció a Sí mismo como propiciación de toda la raza humana. El Señor es el Rey del Cielo y la Tierra. Es el Rey de toda la creación. El Señor no es solamente el Rey, sino también el Profeta, que lo sabe todo. Sabe lo que les ocurrió en el pasado, lo que les va a ocurrir ahora y lo que les ocurrirá en el futuro. Al cargar con los pecados del mundo y entregarse como sacrificio de Dios, como perfecto profeta y Sumo Sacerdote del Cielo, permitió que Sus seguidores entraran en el Cielo. Y Juan el Bautista era la persona que preparó el camino para el Señor. Juan el Bautista hizo esto para que la gente creyese en Jesucristo y recibiese la salvación.
Juan el Bautista estuvo siempre lleno del Espíritu Santo, y nunca vivió según los criterios del mundo. Además fue concebido gracias al Espíritu Santo. La mujer de Zacarías, Isabel, era ya muy mayor. No sabemos lo mayor que era, pero imaginen una mujer de 70 años concibiendo un bebé. ¡Sería muy raro! Esto implica que el nacimiento de Juan el Bautista era una obra especial de Dios. La Biblia dice que Juan el Bautista estaba lleno del Espíritu Santo desde que fue concebido en el vientre de su madre. Caminó con Dios.
Así que los cristianos que no conocen el ministerio de Juan el Bautista ni su papel, no tienen una fe genuina. Su fe es una fe religiosa ciega, y no una fe verdadera en la Verdad. El papel de Juan el Bautista era indispensable y absolutamente necesario para nuestra salvación. Era una persona esencial para nuestra salvación. En otras palabras, Juan el Bautista era una persona indispensable para poder ser salvados al creer en Jesucristo. Solo cuando Juan el Bautista pasó los pecados a Jesús mediante el bautismo y cuando Jesús tomó todos los pecados del mundo, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos, Jesús se pudo convertir en nuestro Salvador. Debemos creer en esta Verdad. La Biblia nos dice esto y debemos creer.
Algunos creyentes les dicen a otros que no pasa nada por no insistir en este conocimiento y que quien llama al Señor puede ser salvado y quien cree en Jesús y le llama Señor puede recibir la salvación. Sin embargo, están equivocados. Si lo que dicen es verdad, ¿quién no sería salvado? Incluso los budistas han ido a una iglesia un par de veces y seguro que alguno ha dicho el nombre del Señor. Esto no tiene ningún sentido.
El Señor reveló el conocimiento de la salvación mediante la remisión de los pecados a través de Juan el Bautista. Nos dio el conocimiento a través de Juan el Bautista. Hermanos y hermanas, ¿qué conocimiento ganaron mientras escuchaban el sermón sobre Juan el Bautista? ¿Cargó con nuestros pecados? No. ¿Nos salvó? No. A través de Juan el Bautista recibimos el conocimiento de la salvación de que Jesús cargó los pecados del mundo, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos para salvarnos. Podemos recibir la remisión de los pecados al saber lo que Juan el Bautista hizo y al creer en Jesucristo. Podemos conocer la salvación con precisión y tener el conocimiento de la salvación gracias a Juan el Bautista. Nos da este conocimiento. Esto no significa que Juan el Bautista no haya afectado nuestra salvación, pero su papel nos ayuda a entender cómo Jesucristo se convirtió en nuestro Salvador. ¿Es esto cierto? Si no saben qué papel tuvo Juan el Bautista, no conocerán a Jesús correctamente.
Cuando no saben lo que hizo Juan el Bautista, pueden pensar simplemente que Jesús fue directamente a la Cruz. Si decimos que Jesucristo vino a salvarnos a los 33 años y murió en la Cruz diciendo: «Está acabado», se levantó de entre los muertos, ascendió al Cielo y descendió más tarde, ¿qué sentido tiene? Puede ser una persona maravillosa y fundador del cristianismo, pero no el verdadero Salvador. ¿Tiene algo que ver con los pecados de nuestros corazones si creemos en Jesús a ciegas sin conocer el papel de Juan el Bautista mientras cargamos con nuestros pecados a diario? Pueden creer en Jesús pero no recibirán la remisión de los pecados en ese momento.
Depende de ustedes creer en Jesús a ciegas o no, pero lo que importa de verdad es que los pecados pueden ser eliminados cuando creemos en Jesús. ¿Desaparecen sus pecados cuando ofrecen oraciones de penitencia todos los días? Hermanos y hermanas, aunque crean en Jesucristo como su Salvador, serán como estas personas si creen en Él a ciegas sin el verdadero conocimiento de lo que Juan el Bautista hizo.
Juan el Bautista era un hombre enviado por Dios. Dios le envió antes de mandar a Su único Hijo. Cuando ambos tenían treinta años, Jesús conoció a Juan el Bautista en el río Jordán. Allí Juan bautizó a Jesús y le pasó todos los pecados del mundo; Jesús se convirtió en nuestro Salvador al cargar con nuestros pecados, morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos. Cuando sabemos acerca de los ministerios de estos dos hombres, podemos tener conocimiento para confiar en Jesucristo como nuestro Salvador; cuando tenemos el conocimiento verdadero, podemos tener la fe firme en que el Señor ha eliminado nuestros pecados. La fe verdadera acompaña al verdadero conocimiento. La fe sin conocimiento no es la fe verdadera. Jesús dijo: «Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libre» (Juan 8, 32). Sin conocer la Verdad no hay manera de tener una fe completa. Esto se puede comparar con un tren rápido sin raíles; por muy bueno que sea el tren, no puede funcionar sin un rail. Nosotros podemos tener la verdadera fe cuando sabemos que Jesucristo y Juan el Bautista trabajaron juntos de la misma manera en que un tren no puede funcionar sin raíles.
El conocimiento es así de importante para nuestra fe: «Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados» (Lucas 1, 77). ¿Quién da conocimiento de la salvación mediante la remisión de los pecados? Juan el Bautista.
«Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz» (Lucas 1, 78-79). La luz brillante de la salvación que trajo Jesucristo brilló sobre nosotros, los que estábamos en la sombra de la muerte, redimió nuestros pecados y nos guió por el camino de la paz.
Mientras celebramos la Navidad, no debemos olvidar el papel de Juan el Bautista en nuestra creencia en Jesús. ¿Qué ocurre si dejamos fuera el papel de Juan el Bautista en la salvación y solo creemos en Jesús? Ustedes son libres de creer así pero los pecados de sus corazones nunca desaparecerán.
Cuando la gente escucha y lee nuestros sermones sobre este tema, piensan que estoy intentando engrandecer a Juan el Bautista sin necesidad. Pero no tienen una base sólida para sus creencias. Suelo recibir muchos correos de los lectores de mis libros por todo el mundo, y la mayoría admite que es difícil no estar de acuerdo conmigo porque todos mis sermones se basan en la Biblia. Los sermones deben estar basados en la Biblia y la fe del predicador en la Palabra de Dios. Este es el tipo correcto de sermón. No es importante ser un buen orador. Hay muchas personas que saben hablar bien. La gente dice que estos predicadores son muy elocuentes pero no recuerdan nada de lo que dicen en estos sermones.
Cuando celebramos la Navidad, siempre menciono el papel de Juan el Bautista. Él significa mucho para los creyentes; era un ser humano como nosotros, pero era el último profeta y el último Sumo Sacerdote antes de Cristo. Como último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento pasó los pecados de la raza humana al Cordero de Dios, Jesucristo, que es la verdadera luz en el Nuevo Testamento. Juan hizo esta obra tan importante de pasar todos nuestros pecados a Jesús.
Entonces testificó ante la gente gritando: «Mirad, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Es el Mesías, el Salvador y el Cristo». Siguió reprendiendo a la gente por sus pecados antes de ser decapitado. Antes de ir al Cielo, completó su misión al bautizar a Jesús y dar testimonio de que Jesús es nuestro Salvador.
Vivió solo durante treinta años, pero hizo todas estas cosas. Hermanos y hermanas, asegúrense de que tienen conocimiento de lo que Juan el Bautista hizo si están intentando recibir a Cristo y creer en Él como su Salvador.
Juan el Bautista dio testimonio de la verdadera luz, Jesús. Podemos tener una fe completa al conocer el papel de Juan el Bautista. Cualquiera puede ser bendito por Dios si cree en Jesús con la base sólida que Juan el Bautista construyó. Así es como hemos recibido la salvación para siempre al creer en Jesucristo como nuestro Salvador. Debemos estar circuncidados espiritualmente cuando creemos que Jesús cargó con todos nuestros pecados a través de Su bautismo, muerte en la Cruz y resurrección.
Deben darle gracias a Dios por enviarnos a Juan el Bautista y a Jesucristo para salvarnos de todos nuestros pecados.