The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 1-11] < Génesis 1, 14-19 > Lo que deben hacer los siervos de Dios que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu

< Génesis 1, 14-19 >
«Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto».
 
 
Distinguir las almas de la gente es el principio de la obra de Dios
 
¿Qué hizo Dios a través de Sus siervos el cuarto día de la creación de los cielos y la tierra? Hizo que separaran a Su pueblo del resto de la gente. Dios Padre envió a Jesucristo a este mundo para salvarnos de nuestros pecados. Dios escoge a sus pacientes y los utiliza como instrumentos Suyos para borrar los pecados de la gente. Dios nos da el Evangelio del agua y el Espíritu y escoge a Sus siervos, que predican este Evangelio, para salvar almas. Así que Dios los moldea correctamente y los utiliza.
Los siervos de Dios deben predicar con el talento que les permite distinguir a los hijos de la luz de los hijos de la oscuridad en este mundo y para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a esta gente. Cuando los siervos de Dios hacen Su obra, deben examinar y distinguir si la gente ha recibido o no la remisión de los pecados.
Si los predicadores del Evangelio han sido escogidos para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, entonces deben cumplir su tarea. Por tanto, el ministerio de un ministro debe empezar con la diferenciación entre las almas que han sido salvadas del pecado y las que no. Si un ministro es incapaz de diferenciar a las lamas, su trabajo será en vano, y por eso debe determinar si un alma ha sido salvada o no, y predicar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a los pecadores. Después debe alimentar a estas almas y hacer que su fe crezca. Un evangelista también tiene la responsabilidad de predicar la Palabra de Verdad de Dios paso a paso a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Sólo los que han escuchado el Evangelio del agua y el Espíritu en boca de los evangelistas bien formados, pueden difundir este Evangelio a otras almas también.
Lo primero que deben hacer los evangelistas cuando conocen a la gente es determinar si son el pueblo de Dios o no. Aunque muchas personas de este mundo se llaman a sí mismas evangelistas, muy pocas conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso el evangelio del Evangelio del agua y el Espíritu debe ser predicado a los cristianos que dicen creer en Jesús.
Vemos que algunos predicadores no pueden distinguir si un alma ha sido salvada o no, porque no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos los predicadores deben conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Y deben convertirse en un creyente del Evangelio del agua y el Espíritu. No debe haber ningún evangelista que sea ambiguo cuando distinga a los salvados de los no salvados.
Los ciegos espirituales no pueden distinguir si alguien ha sido salvado o no. Un verdadero testigo debe saber distinguir si las almas creen en el Evangelio del agua y el Espíritu o no. Cuando los siervos de Dios no difunden el Evangelio, esto se debe a que no tienen la habilidad de distinguir las almas de la gente y por eso no cumplen con su ministerio. Un verdadero testigo del Evangelio debe examinar si la gente cree en el Evangelio del agua y el Espíritu o no y entonces debe sembrar las semillas del Evangelio del agua y el Espíritu. Pero a pesar de ello, muchos testigos predican el Evangelio del agua y el Espíritu sin examinar la condición de las almas antes y esto explica porque fracasan en su intento.
Por eso la primera cosa que debe hacer un evangelista es diferenciar si un alma es justa o pecadora. Y si esa alma todavía no sabe que es pecadora, el evangelista debe enseñarle que será condenado por Dios por sus pecados. Los testigos que están aceptados a los ojos de Dios deben saber determinar si las almas de la gente pertenecen a la luz o a la oscuridad, y entonces deben dar testimonio del Evangelio del agua y el Espíritu. A veces, cuando damos testimonio, algunas personas dicen que no tienen pecados aunque no se dan cuenta de la razón por la que Jesús fue bautizado.
Un ejemplo de este tipo de gente son los Evangélicos. Estas personas ciegas dicen no tener pecados, aunque no conocen el ministerio del bautismo que Jesús recibió de Juan, es decir, la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Mis queridos hermanos, aunque afirmen sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu que: «Estoy sin pecado porque creo en Jesús», no significa que de verdad no haya pecados en sus corazones. Cuando la gente afirma ciegamente que no tiene pecados porque cree en Jesús como su Salvador, aunque no conozca el Evangelio del agua y el Espíritu, sólo se está engañando a sí misma. Podemos decir que creemos en Jesús como nuestro Salvador, pero si hay pecados en nuestros corazones, seguimos siendo pecadores y por eso afirmar que no tenemos pecados es engañar a Dios y a la gente. ¿No es así?
¿Conocen todos los cristianos el Evangelio del agua y el Espíritu? No, no todos los cristianos creen en este Evangelio. Hay muchos cristianos que dicen creer en Jesús aunque no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Si es así, debemos determinar que estos cristianos son todavía pecadores. Los denominados Evangélicos son este tipo de gente. Por eso deben despertar espiritualmente.
Un testigo que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu ante Dios sabe cómo vivir por fe. Si un predicador no guía a la congregación a través del Evangelio del agua y el Espíritu, su ministerio fracasará. A través de los testigos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu Dios separa la luz de la oscuridad. Como predicamos creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos predicar correctamente. El tipo de ministerio que es aprobado por Dios separa a los justos de los pecadores y predica el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la salvación.
Ahora deben entender que sólo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden hacer bien su ministerio como verdaderos testigos. Esto se debe a que los que son justos ante Dios son los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu ante Él y a que los pecadores no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Un predicador no debe descuidar la tarea de separar a los justos de los pecadores ni la de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Por eso, cuando un predicador conoce alguien, el primer paso de su ministerio es distinguir si esa persona ha nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si tuviéramos que ir a un campo de batalla en una guerra, ¿cómo combatiríamos si no podemos distinguir quién es un soldado de nuestro bando y quién es nuestro enemigo? Para poder atacar con la Palabra de Dios y salvar a una persona, debemos saber que esta persona es un enemigo espiritual que todavía no ha recibido la remisión de los pecados.
Un predicador debe conocer la Verdad de la salvación cuando luche en la batalla espiritual. Cuando libera a un pecador de la trampa del pecado, entonces se sabe que es un verdadero siervo de Dios. En otras palabras, los verdaderos testigos de Dios deben traer la verdadera salvación a los pecadores a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Dios nos muestra Su plan a través de la Palabra de Su creación. Él hizo la obra de separar algunas cosas al principio de Su creación: separó los cielos de la tierra, la luz de la oscuridad, las aguas de encima del firmamento y las de debajo del firmamento, y la tierra seca del mar. El cuarto día de Su creación Dios puso dos luces en el firmamento y separó el día de la noche.
Así que cuando un predicador trata con almas, la voluntad de Dios es distinguir si estas almas han sido salvadas o no. Cuando un evangelista separa las almas, no debe hacerlo basándose en criterios carnales, sino en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado.
Es una bendición para nosotros pode separar a los nacidos de nuevo de los que no han nacido de nuevo basándonos en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la salvación que Dios nos ha dado. La Iglesia de Dios debe cumplir la tarea de separar a los salvados de los que no lo están. La obra de Dios debería empezar con esta tarea. El Reino de Dios sólo puede construirse si los predicadores que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu distinguen espiritualmente y separan la luz de la oscuridad. Estos predicadores pueden cumplir el ministerio de Dios como obreros de Jesucristo. Por eso cuando un predicador no puede separar la luz de la oscuridad, no puede predicar correctamente.
Entre los que han recibido la remisión de sus pecados, hay muchos que son buenos de corazón. Dicen: «Si hay tanta gente que cree en Jesús como Su Salvador, ¿cómo puede decir que no han nacido de nuevo?». En concreto el Evangelio en el que creen los Evangélicos se aproxima al Evangelio del agua y el Espíritu, pero no es el Evangelio perfecto, y por eso no se sienten cómodos al llamarse a sí mismos justos, porque todavía hay pecado en sus corazones. En otras palabras, el Evangelio del agua y el Espíritu en el que creemos es bíblicamente diferente de su fe.
Es imposible que los testigos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu entiendan y toleren a los que no han nacido de nuevo, aunque lo intenten. Al final los justos se separan de los pecadores. Por mucho que los verdaderos testigos intenten entender y colaborar a los que trabajan en organizaciones misioneras reconocidas por el mundo, como esta gente no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, no pueden aprobarlos. Como no reconocen el Evangelio del agua y el Espíritu se separan de nosotros.
La luz y la oscuridad no pueden coexistir. Cuando encienden la luz en sus casas, la oscuridad desaparece y cuando apagan las luces, la oscuridad vuelve. Es imposible que la luz y la oscuridad coexistan en una misma habitación. Cuando encendemos la luz en casa, la oscuridad desaparece inmediatamente. Así que si los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu intentaran trabajar con los Evangélicos de hoy en día por cualquier motivo, al final acabaríamos separándonos.
 
 
Algunas personas dicen: «He recibido la remisión de mis pecados, la estoy recibiendo ahora y la recibiré en el futuro».
 
Hace un tiempo conocí a un misionero que pertenecía a una organización internacional y nos hicimos hermanos en Cristo, pero el evangelio en el que creía era diferente del Evangelio del agua y el Espíritu.
Le dije que la remisión de los pecados vino de una sola vez al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero él dijo que no era verdad. El misionario dijo: «He recibido la remisión de los pecados, la estoy recibiendo ahora y la recibiré en el futuro también». La mayoría de los cristianos entienden esto y creen. Sin embargo, si pensamos en ello más a fondo, podemos ver que esto es contradictorio. Esta fe es el resultado de la doctrina cristiana moderna de la santificación incremental. Hoy en día los líderes cristianos de todo el mundo creen en esto, entonces ¿qué predican estos líderes?
Yo he conocido a muchos Evangélicos que dicen que no tienen pecados. Pero ellos decían que nuestros pecados no fueron pasados a Jesús a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Así que yo les decía: «Entonces demuéstrame que no es verdad que los pecados del mundo no fueron pasados a Jesús a través del bautismo que recibió de Juan. Te demostraré con la Palabra de Dios que nuestros pecados se pasaron a Jesucristo a través de Su bautismo». Ellos se fueron sin decir nada. Al final, a no ser que aquellos con los que nos encontramos en la vida acepten el Evangelio del agua y el Espíritu, serán separados de nosotros sin excepción.
Los Evangélicos sólo creían que estaban sin pecados y no creían en la Verdad del bautismo que Jesús recibió de la mano de Juan. Al final sólo son pecadores ante Dios. Durante un tiempo intenté ser amable con ellos, pero vi como rechazaban el Evangelio del agua y el Espíritu y además se enfrentaban a nosotros. No les gustamos porque desprendemos la luz de la Verdad al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, deben entender que la imposición de manos sobre el animal expiatorio en el Antiguo Testamento es lo mismo que el bautismo que Jesús recibió en la era del Nuevo Testamento, y deben creer en esto. Deben entender el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en ella de corazón. No se recibe la remisión de los pecados sólo por la sangre de Jesús. La remisión de los pecados se obtiene mediante el bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz, a través de estas dos verdades espirituales.
En tiempos del Antiguo Testamento estaba la circuncisión y la sangre del cordero de Pascua (Éxodo 12, 3-7, 43-49).
Del mismo modo, en el Nuevo Testamento, estaba el bautismo de Jesucristo y Su sangre derramada en la Cruz. En 1 Juan 5, 6-8 se dice que Jesús no vino sólo por el agua, sino por el agua, la sangre y el Espíritu. El Espíritu Santo testifica que Jesús es Dios y que el agua y la sangre dan testimonio del bautismo de Jesús y Su Cruz. La Biblia da testimonio de que a través del Evangelio del agua y el Espíritu podemos alcanzar nuestra salvación. Como Jesucristo vino al mundo encarnado en un hombre, tomó nuestros pecados a través de Su bautismo tal y como lo había prometido en Su Palabra. En el Nuevo Testamento, la expiación de los pecados da testimonio del bautismo de Jesús. La sangre preciosa que Jesucristo derramó nos dice que Él pagó la pena del pecado cuando vino al mundo encarnado en un hombre.
El bautismo de Jesús se prometió en el sistema expiatorio del Antiguo Testamento. Este bautismo no fue por casualidad, sino que se cumplió según la promesa que Dios había hecho en tiempos del Antiguo Testamento. Nadie puede aportar ninguna prueba que afirme que el bautismo de Jesucristo no es una prueba de la salvación. Así que es sólo cuestión de tiempo el que no separemos de esta gente porque nuestra fe es distinta a la suya. En otras palabras hemos sido separados de esta gente porque nos hemos convertido en la luz, ya que Dios nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Cómo cae la noche sobre nuestro planeta? La noche cae cuando el sol se sitúa en la parte opuesta al planeta, ¿no es así? El día empieza cuando sale el Sol. ¿Qué determina el día y la noche? La luz del Sol. Mis queridos hermanos, aunque creamos en Jesús, no nos separamos de los que no han nacido de nuevo por nuestra propia voluntad, sino que ha sido Jesucristo quien nos ha separado de ellos. Es muy difícil romper relaciones humanas por la Verdad. Sin embargo, ante la Palabra de Dios, debemos ser separados.
Cuando los niños juegan a la rayuela dibujan líneas en el suelo. Tras haber jugado durante un rato, las líneas tienden a borrarse. Entonces los niños vuelven a dibujar las líneas para que se vean mejor. Repiten este proceso mientras dura el juego.
Del mismo modo, cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos dibujar una línea divisoria una y otra vez. Incluso tras recibir la remisión de nuestros pecaos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, todavía tenemos que dibujar líneas divisorias una y otra vez. Si no lo hacemos, nos confundiremos. A mucha gente le cuesta muchos años dibujar la línea de la salvación que nos asegura que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Y ustedes? Después de recibir la remisión de sus pecados, ¿cuántos años les costó dibujar la línea sólo una vez? Los que han dibujado la línea de la salvación son los que pueden hacer la obra de Dios. A través de esta gente que puede hacer esta obra se difunde el Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
Debemos dibujar la línea de la salvación una y otra vez al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu
 
Cuando Jesucristo vive en nosotros y damos Su luz, el día se separa de la noche gracias a Él. En otras palabras, los que han aceptado el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones se distinguen como justos de los que lo han rechazado y que siguen siendo pecadores. Dios y Sus siervos hacen esta separación. Por eso nosotros, los siervos de Dios, debemos hacer esta separación claramente. ¿Lo entienden? No podemos adoptar una actitud de tolerancia como si fuéramos vecinos amables, sin importarnos en qué creen los demás. Debemos dibujar la línea divisoria entre los salvados y los que no han sido salvados, sin importar lo que la gente diga de nosotros. Esta frontera de salvación no debe moverse. Dios dijo: «No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres» (Proverbios 22, 28), pero cuando observamos la historia del cristianismo, vemos que la señal se he movido y la frontera ha desaparecido.
¿Qué confirma la frontera de la salvación? El que creamos o no en el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, desde el Edicto de Milán (313 d.C.), el cristianismo nacionalizado y secularizado estableció un estatuto: «Quien ponga un pie en la iglesia para creer en Jesús será bautizado» y quitó la señal que Dios había establecido para los predecesores de la fe. Por eso la historia del cristianismo se movió de vez en cuando en una dirección que no tiene nada que ver con la voluntad de Dios y la Verdad, y el cristianismo actual está en contra de Dios en Su propio nombre.
Si la gente de aquellos tiempos hubiera establecido la frontera de la salvación con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y la hubieran mantenido, los cristianos se encontrarían dentro de la Verdad perfecta. ¡Qué maravilloso hubiera sido esto! Sin embargo, el emperador Constantino quiso utilizar el cristianismo para ganar poder y establecer su mandato, y por eso abolió el poder separatorio de la iglesia e hizo que todo el mundo lo aceptara, creyera lo que creyera.
Mis queridos hermanos, si no queremos hacer esta separación, acabaremos estando corruptos. Como la Verdad se va diluyendo gradualmente, al final no se puede hacer nada para prevenir esta corrupción. Por eso deben dibujar la línea en sus corazones y deben hacerlo por los demás también. Al recibir la remisión de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, los siervos de Dios han dibujado esta línea de salvación todos los días.
Mientras repasaba mis antiguos sermones para organizarlos y editarlos en un libro, me di cuenta de que no había un solo sermón en el que no hablara del bautismo de Jesucristo y Su sangre. Un elemento común en todos mis sermones es que todos hablan del bautismo de Jesucristo y de Su sangre. Pero a pesar de ello, aunque dibujé la línea de la salvación en muchas ocasiones mediante el bautismo de Jesucristo, algunas personas no dibujaban esta línea claramente y por eso se iban de la Iglesia de Dios. Aunque dibujé la línea de la salvación muchas veces en la Iglesia de Dios, algunas personas no creyeron en el bautismo de Jesucristo con sus corazones.
Estas personas, con sus propios pensamientos, no creen que el bautismo de Jesucristo sea un componente necesario para su salvación, a pesar de que sus líderes hayan dibujado la línea de la salvación con el Evangelio del agua y el Espíritu, y a pesar de que esta línea se haya dibujado basándose en la Palabra de Dios. Estas personas dicen: «¿Cómo puede una organización cristiana tan pequeña saberlo todo? Incluso las iglesias que tienen muchos años de historia no enseñan estas doctrinas. Y hay muchos cristianos maravillosos en las iglesias más famosas, ¿cómo puede ser que esta gente no sea salvada?». Además los he visto levantarse contra el Evangelio. No pueden distinguir la Verdad porque no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y no pueden diferenciar el espíritu de la carne.
Después de escuchar el Evangelio de Verdad, mucha gente dice: «No creo que uno sea salvado sólo por creer en el agua y la sangre. Creo que uno se salva si sólo en la sangre de Jesús». Esto se debe a que muchas denominaciones cristianas han entendido erróneamente que la salvación se consigue al creer en la sangre derramada en la Cruz. Por eso debemos mantener la línea de salvación que Dios ha dibujado en nuestros corazones a través de Sus siervos, y cuando se empieza a borrar, debemos repasarla una y otra vez.
Sin embargo, cuando su carne es demasiado débil o sus corazones van por el mal camino y consecuentemente cometen pecados, deben darse cuenta de que sus pecados fueron pasados a Jesucristo al poner su fe en Su bautismo. ¿Cuándo se pasaron estos pecados a Jesucristo? ¿No se pasaron cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán? Si no fuera por el bautismo de Jesús, los pecados del mundo no se hubieran borrado. A través de este bautismo que Jesucristo recibió de Juan el Bautista todos nuestros pecados son borrados y la justicia de Dios se cumple. Si Jesús no hubiera sido bautizado, no habría otra forma de que Jesús quitara el pecado del mundo, por mucho que lo deseara. Debemos dibujar esta línea de la salvación con el Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, el nombre de Cristo significa «el Ungido» (Juan 1, 14, Daniel 9, 25). En el Antiguo Testamento, los reyes, sacerdotes y profetas eran ungidos. Jesucristo es nuestro Salvador, el Sumo Sacerdote que ha borrado todos nuestros pecados, y el Profeta que nos enseña la Verdad. El no creer en una de estas tres cosas es desobedecer a Dios.
Cuando predicamos «Jesucristo es nuestro Salvador. Nos ha salvado a través de Su bautismo y Su sangre» algunos dicen: «Eso es sólo el principio de la fe, no es nada profundo. En vez de enseñarnos lo elemental, enseñadnos algo más espiritual».
Sin embargo muchas personas deben darse cuenta de que están en contra de Dios y están subestimando a la Iglesia, el Cuerpo de Jesucristo. Por supuesto es importante conocer a Dios en profundidad. Sin embargo, esto sólo es posible cuando crecemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Sólo en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos cumplir nuestra función de profetas y aprender más sobre la Verdad de Dios. Como Dios nos ha encontrado a través de este Evangelio del agua y el Espíritu, y como se ha convertido en nuestro Dios, a través de este Evangelio, Él nos enseñará las cosas que van a ocurrir.
 
 
¿Qué debemos hacer para ganar nuestra batalla espiritual?
 
En el pasaje de las Escrituras de hoy, Dios dijo: «Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años». Dicho de otra manera, Dios está diciendo que separa a los justos de los pecadores a través de Jesucristo. Este punto es indispensable.
Imaginemos que empieza una guerra. Cuando las tropas enemigas están lejos, les disparamos con rifles, pero cuando se acercan los rifles no sirven de nada y tenemos que empezar un combate cuerpo a cuerpo. Ponemos la bayoneta y empezamos a luchar con el rifle mientras estamos concentrados en ganar la batalla sea como sea.
Pero, ¿qué ocurre si las tropas enemigas llevaran uniformes que se parecen a los nuestros? ¿Cómo distinguiríamos a los enemigos? ¿Cómo podríamos apuñalar a alguien si no estamos seguros de si es enemigo o de nuestro bando? No podemos hacerlo. Por eso nuestros uniformes deben ser diferentes de los del enemigo. En un campo de batalla los soldados se fijan en el uniforme, y si es diferente atacan con la bayoneta sin hacer ninguna pregunta. No se preocupan por mirar el rango, simplemente utilizan el arma cuando el uniforme del soldado es diferente. En este punto, si nuestro soldado lleva el uniforme del enemigo, podríamos matar a nuestro propio hombre. En otras palabras, nuestra batalla espiritual debe llevarse a cabo teniendo en cuenta que Dios ha separado a las personas en los que han sido salvados y los que no.
La Palabra de Jesucristo es la única Verdad. Su Palabra es la luz y la Verdad para este mundo. Los pensamientos y las palabras humanas no son la Verdad. ¿Qué nos dice la Verdad? Nos dice que dejemos que haya luz en el firmamento para separar el día de la noche. Ordenó que el día fuera separado de la noche. Lo justo es que los que han recibido la remisión de los pecados sean separados de los que no han sido salvados. Del mismo modo en que hay día y noche en el mundo, Dios nos ordenó que separásemos a la gente en los que han recibido la remisión de los pecados y los que no la han recibido. Si somos discípulos de Jesucristo, Dios nos está diciendo que hagamos esta obra de separación. ¿Lo entienden ahora?
Una cosa más de la que tenemos que darnos cuenta es que Jesucristo es el Maestro de la historia. La historia de este mundo llegará a su final con Él. Dios dijo: «Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años». Por mucho que avance el progreso científico de este mundo y por mucho que la raza humana rete a Dios, este mundo acabará con Jesús, que creó los cielos y la tierra. Esta es la Verdad de Dios.
¿Cómo se consigue el principio y el fin de todo, las señales y las estaciones, los días y los años y todo en este mundo? Todo empieza, se desarrolla y acaba con Jesucristo. Cuando Jesucristo vuelva al mundo como el Señor, este mundo terminará.
Cuando el Señor vino al mundo, borró todos nuestros pecados y ascendió a los Cielos. Pero Él volverá de nuevo en el futuro. Cuando vuelva, empezará el fin del primer mundo y el comienzo del segundo. ¿Lo entienden? En ese momento se establecerá el Reino Milenario. ¿Quién reina sobre el principio y el fin de la historia? ¿Quién tiene autoridad sobre todo esto? Jesucristo tiene el poder. Esto es lo que nos está diciendo la Palabra de Dios.
Puede que el mundo cambie, pero la Palabra de Jesucristo no cambia. Ninguna Palabra que Jesucristo haya dicho ha desaparecido, sino que se está cumpliendo. Dios está diciendo: «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido» (Mateo 5, 18). Dicho de otra manera, Dios cumple todo mediante Su Palabra. Él cumple todas las jotas y todas las tildes.
Mis queridos hermanos, todo el mundo debe creer en el Evangelio del agua y el Espíritu antes de que vuelva a ser polvo. Como todos venimos del polvo, todos volveremos a ser polvo. Esto se debe a que cuando Dios nos creó, nos creó del polvo mediante Su Palabra. La Verdad inamovible nunca desaparece. Por mucho que progrese la ciencia, por mucho que cuidemos nuestra nutrición, y por muchas medicinas nuevas que produzca la ciencia, cuando muramos, seremos un puñado de polvo.
No podemos cambiar lo que Dios ha hecho, desde el principio hasta el final. Debemos creer en que el Señor nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Y Sus testigos deben saber lo que tienen que hacer en este mundo y deben cumplir esta tarea por fe. ¡Amen!