The New Life Mission

Sermones

Tema 26: Levítico

[26-4] < Levítico 3:1-17 > Los justos deben cumplir todos sus deberes sacerdotales

< Levítico 3:1-17 >
“Si su ofrenda fuere sacrificio de paz, si hubiere de ofrecerla de ganado vacuno, sea macho o hembra, sin defecto la ofrecerá delante de Jehová. Pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y la degollará a la puerta del tabernáculo de reunión; y los sacerdotes hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor. Luego ofrecerá del sacrificio de paz, como ofrenda encendida a Jehová, la grosura que cubre los intestinos, y toda la grosura que está sobre las entrañas, y los dos riñones y la grosura que está sobre ellos, y sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de los intestinos que está sobre el hígado. Y los hijos de Aarón harán arder esto en el altar, sobre el holocausto que estará sobre la leña que habrá encima del fuego; es ofrenda de olor grato para Jehová. Mas si de ovejas fuere su ofrenda para sacrificio de paz a Jehová, sea macho o hembra, la ofrecerá sin defecto. Si ofreciere cordero por su ofrenda, lo ofrecerá delante de Jehová. Pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y después la degollará delante del tabernáculo de reunión; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor. Y del sacrificio de paz ofrecerá por ofrenda encendida a Jehová la grosura, la cola entera, la cual quitará a raíz del espinazo, la grosura que cubre todos los intestinos, y toda la que está sobre las entrañas. Asimismo los dos riñones y la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado. Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; vianda es de ofrenda encendida para Jehová. Si fuere cabra su ofrenda, la ofrecerá delante de Jehová. Pondrá su mano sobre la cabeza de ella, y la degollará delante del tabernáculo de reunión; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor. Después ofrecerá de ella su ofrenda encendida a Jehová; la grosura que cubre los intestinos, y toda la grosura que está sobre las entrañas, los dos riñones, la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado. Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; vianda es de ofrenda que se quema en olor grato a Jehová; toda la grosura es de Jehová. Estatuto perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna grosura ni ninguna sangre comeréis”.
 
 
Nuestros deberes actuales
 
Estamos viviendo nuestras vidas de fe en la Iglesia de Dios y sirviendo al Evangelio del agua y el Espíritu unidos para que los pecadores sean reconciliados con Dios. Todos creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y estamos sirviendo diligentemente incluso en este momento. Pero esta obra del Evangelio no acabará tan pronto, porque es algo que debemos seguir haciendo hasta el fin del mundo. Por tanto, estamos decididos a seguir haciendo esta obra en el futuro. Aunque estemos cansados de tanto trabajar y nos sintamos cansados en cuerpo y alma, debemos cargar con esta obra con fe en la justicia de Dios. Esto se debe a que la salvación de muchas almas depende de nosotros. Como hay tantos pecadores en este mundo, es absolutamente necesario que prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu que revela la justicia de Dios. 
La mayoría de cristianos que viven en este mundo está muriendo en silencio por sus pecados. Se han convertido en enemigos de Dios y no les espera nada más que la destrucción, y por tanto deben volver al Evangelio del agua y el Espíritu si quieren evitar estas consecuencias. Por el contrario, incluso ahora estamos proclamando el Evangelio del agua y el Espíritu al mundo entero. Cuando completamos la obra de Dios que todos estamos haciendo, todavía habrá más trabajo que hacer. Por ejemplo, nuestras series de libros cristianos ha seguido creciendo, desde el Libro de Romanos al Apocalipsis, 1 Juan, Génesis, el Evangelio de Juan y el Evangelio de Mateo. Este ministerio literario debe seguir en el futuro, produciendo más libros sobre el Evangelio para enriquecer a todos los santos del mundo. 
Esto se debe a que, de la misma manera en que escuchan la Palabra de Dios continuamente, nuestros hermanos y hermanas y colaboradores de todo el mundo deben escuchar la Palabra de Dios en sus vidas de fe y esto es posible a través de nuestros libros del Evangelio. Por eso estamos dedicados a nuestro ministerio literario todo el tiempo. A través de nuestro ministerio impreso y electrónico, esperamos proclamar el Evangelio del agua y el Espíritu y cuidaremos del pueblo de Dios por todo el mundo. Aunque hayamos predicado el Evangelio del agua y el Espíritu a toda la gente del mundo, si no cuidamos de esta gente continuamente a través de nuestro ministerio literario, no podremos predicar el Evangelio completamente. Entonces Dios estará decepcionado. Hemos dado a luz a muchos hijos espirituales de fe predicando el Evangelio del agua y el Espíritu, pero si no compartimos nuestro pan espiritual con ellos, estas almas acabarán muriendo. Por tanto, no podemos permitirnos tomar un descanso de la obra de Dios, es decir de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a través de nuestro ministerio literario. 
Cuando completemos la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo, es una absoluta necesidad que cuidemos de la gente con nuestros libros sobre el Evangelio. Por supuesto nadie en la Iglesia de Dios está haciendo nada superfluo; todo el mundo está haciendo algo absolutamente necesario y útil. Nuestro ministerio literario es mucho más importante, es una tarea crítica para la Iglesia de Dios. Esto se debe a que, cuando un bebé espiritualmente inmaduro nace, debemos darle leche enseguida. ¿No están de acuerdo con esto? Si un bebé espiritualmente inmaduro nunca come nada, se podrá muy enfermo. Cuando la gente enferma espiritualmente, necesita comida espiritual para sanar, pero si no hay comida espiritual, estas almas acaban muriendo. ¿Cuál es el pan de nuestras almas entonces? Este pan espiritual se encuentra en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu escrito en el Nuevo y Antiguo Testamentos. 
Y este Evangelio del agua y el Espíritu escrito en la Biblia está explicado en nuestros libros de sermones y debemos difundir y compartir estos libros de sermones con el resto del mundo. Solamente entonces las almas que están muriendo pueden tener fuerzas para crecer. Esto es precisamente lo que estamos haciendo ahora mismo. Estamos trabajando para reconciliar a todos los pecadores con Dios. Estamos haciendo algo maravilloso, porque esta obra es absolutamente indispensable y no tiene precio.
 

La ofrenda del pecado que Dios desea
 
Echen un vistazo a la ofrenda de paz descrita en el pasaje de las Escrituras de hoy. Explica como las ofrendas de sacrificio se hacían para reconciliar a los pecadores con Dios. Todas las ofrendas mencionadas en la Biblia se hacían para reconciliar a los pecadores con Dios. Todos los que están aquí reunidos han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y, por tanto, nos centraremos en lo que debemos hacer como siervos de Dios para predicar este Evangelio. 
Levítico 3:1-2 describe cómo el pueblo de Israel y sus sacerdotes pasaban sus pecados a un animal mediante la imposición de manos, lo mataban, ponían su sangre en los cuernos del altar de los holocaustos y quemaban el cuerpo del animal con fuego. El pasaje nos muestra cómo los israelitas pasaban los pecados a los animales del sacrificio mediante la imposición de manos y lo que los sacerdotes hacían por su pueblo cuando estos animales pasaban a sus manos. Lo que hacían los sacerdotes está escrito en el versículo 3 y siguientes: “Luego ofrecerá del sacrificio de paz, como ofrenda encendida a Jehová, la grosura que cubre los intestinos, y toda la grosura que está sobre las entrañas, y los dos riñones y la grosura que está sobre ellos, y sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de los intestinos que está sobre el hígado. Y los hijos de Aarón harán arder esto en el altar, sobre el holocausto que estará sobre la leña que habrá encima del fuego; es ofrenda de olor grato para Jehová” (Levítico 3:3-5). Estas son las cosas que hacían los sacerdotes continuamente en el Tabernáculo. Ofrecían ofrendas de paz día y noche. 
Durante el Antiguo Testamento, los sacerdotes trabajaban en el Tabernáculo para eliminar los pecados de los israelitas, pero dentro del Tabernáculo no había ni una silla para sentarse. Así que los sacerdotes tenían que estar levantados mientras trabajaban. Está escrito en Levítico 3:6-11: “Mas si de ovejas fuere su ofrenda para sacrificio de paz a Jehová, sea macho o hembra, la ofrecerá sin defecto. Si ofreciere cordero por su ofrenda, lo ofrecerá delante de Jehová. Pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y después la degollará delante del tabernáculo de reunión; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor. Y del sacrificio de paz ofrecerá por ofrenda encendida a Jehová la grosura, la cola entera, la cual quitará a raíz del espinazo, la grosura que cubre todos los intestinos, y toda la que está sobre las entrañas. Asimismo, los dos riñones y la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado. Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; vianda es de ofrenda encendida para Jehová”. Está escrito aquí que el sacrificio de los israelitas era una ofrenda para Dios. El que el sacrificio fuera una ofrenda hecha a Dios significa que Dios aceptaba este sacrificio y redimía los pecados de los israelitas. 
Los sacerdotes del Antiguo Testamento cumplieron los deseos de Dios haciendo estas ofrendas de paz, mientras que, en el Nuevo Testamento, cuando Jesús vino a este mundo, cargó con todos los pecados del mundo para siempre a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y Su derramamiento de sangre en la Cruz para salvar a los pecadores de sus pecados e iniquidades, una ofrenda aceptada por Dios Padre. Esta ofrenda es la que pide Dios a los pecadores. El sacrificio que Dios Padre quiere es el sacrificio de fe que elimina nuestros pecados; no nos pide nada más. Por tanto, en el Nuevo Testamento Dios se complace cuando le ofrecemos el sacrificio de fe, es decir la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, en vez del sacrificio del Antiguo Testamento. 
Si hemos recibido la remisión de los pecados al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, debemos seguir predicando esta verdadera fe para que otros reciban la remisión de los pecados. Esto es lo correcto. Como los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos ofrecer el sacrificio de la fe sin cesar por los que no han escuchado este Evangelio. Los que hemos ofrecido estos sacrificios, conocemos la justicia de Dios y creemos en ella, y por tanto deben ofrecer el sacrificio de fe que salva a las almas de los pecadores del pecado. Debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a las personas que viven en este mundo, y para ello debemos enseñarles acerca de la salvación del pecado, la justicia de Dios y Su juicio. 
Para que esto ocurra, ¿quién debe ofrecer una ofrenda de paz por estos pecadores? ¿Quién debería hacer estas ofrendas como holocaustos, ofrendas de grano y del pecado? Nosotros, los que estamos viviendo en la era del Nuevo Testamento y creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, los que debemos cumplir este deber sacerdotal al poner nuestra fe en la justicia de Dios. Esta es la responsabilidad que tienen los que hacen estas ofrendas de paz.
 

Gracias a la justicia de Dios podemos seguir haciendo estas obras benditas en nuestras vidas
 
La Iglesia de Dios, en la que vivimos, está apoyando la obra de la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu de varias maneras y estamos haciendo esta obra desde nuestras posiciones individuales. Los justos están trabajando duro por la obra de Dios. Sin embargo, mientras que es admirable que estemos haciendo la obra de Dios diligentemente, es también muy duro para nuestra carne y nos sentimos cansados. Como resultado, algunos de nosotros están haciendo lo mínimo por la obra de Dios e ignorando la obra de la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, aunque los obreros de Dios están haciendo Su obra, algunos de ellos están trabajando con un corazón que no es espiritual y no tiene cuidado. 
¿Qué debemos hacer cuando tengamos estos pensamientos carnales? Como esto significaría que nuestras mentes estarían influidas por la carne, debemos vencerla por fe en la justicia de Dios. Es cierto que, entre los que servimos a la justicia de Dios, hay algunos que no son suficientes espiritualmente. También es cierto que algunos de ellos están intentando proteger su privilegio de vivir por sus deseos carnales. Así que estas personas piensan: “Estoy haciendo bastante por la obra de Dios y por eso nadie debería esperar nada de mí, no puedo hacer nada más”. A estas personas les importa más su propia carne que la obra de Dios o Su justicia. 
Si hemos recibido la remisión de los pecados en nuestros corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, todos deberíamos estar contentos por hacer la obra de Dios. Sin embargo, el problema es que algunos de nosotros no tenemos esta disposición. Hay varios departamentos en la Iglesia que sirven al Evangelio del agua y el Espíritu, pero algunas personas quieren hacer lo que les apetece, intentando escuchar sus departamentos y posiciones preferidas. Estas personas desafían a los líderes de la Iglesia a todas horas, pensando: “Tengo mis derechos y privilegios, ¿por qué no me los reconocen?”. ¿Qué harán al final cuando no puedan suprimir sus pensamientos carnales? Se negarán a ser guiados por la Iglesia diciendo: “He estado haciendo la obra del Señor como un creyente fiel del Evangelio del agua y el Espíritu, pero nadie me lo reconoce”. Muchas de estas personas pensarán: “Viviré mi propia vida de ahora en adelante” y como resultado acabarán dejando la Iglesia de Dios, queriendo vivir por sus propios deseos en vez de servir al Evangelio del agua y el Espíritu por el bien de la Iglesia de Dios. 
Otros pensarán: “Iré al culto de adoración en la Iglesia de Dios y escucharé Su Palabra, pero pasaré el resto de mi vida en mis pensamientos carnales. No me voy a dedicar exclusivamente a la obra de Dios más, sino que viviré por mí mismo”. En realidad, es posible que todo el mundo, los jóvenes y viejos, incluso los misioneros, tengan estos pensamientos carnales. Sin embargo, es cierto que todos tenemos estos pensamientos carnales, pero no vivimos según la carne porque esto no complace a Dios y seremos destruidos. 
Los justos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu tienen el deber de predicar este Evangelio a todas las almas pecadoras que no creen en él. Solo es cuestión de tiempo que todos sirvamos a la obra de Dios por fe. Pero, a pesar de esto, hay algunas personas en la Iglesia de Dios que se niegan a hacer Su obra en vez de seguir a su carne. Piensan: “Estoy seguro de que he recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que no me molesten con todas estas peticiones. ¿Qué ha hecho la Iglesia de Dios por mí últimamente? He servido a la Iglesia más que suficiente, ¿qué más se me puede pedir?”. Todos estos pensamientos carnales existen en los justos. Ante Dios, los pensamientos carnales solo llevan a la muerte, tanto espiritual como física. 
Como personas que son justas, debemos conocer la voluntad del Señor y Sus obras justas que se nos han confiado claramente y debemos hacerlas con lealtad. El Libro de Levítico explica el sistema de sacrificios a través del cual los israelitas ofrecían sacrificios a Dios. ¿Qué significan estos sacrificios? ¿Significan que tenemos que seguir haciendo lo que hacían los sacerdotes literalmente? ¿O significa que ahora que somos sacerdotes espirituales al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu debemos cumplir nuestro deber sacerdotal hasta el final? No solo somos sacerdotes espirituales los que hacemos la obra de Dios, sino también todos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, todos y cada uno de los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu deben hacer la obra espiritual. Este deber se extiende a todos en la Iglesia de Dios, desde los niños en la escuela dominical a los adolescentes, jóvenes adultos, hombres y mujeres, laicos y ministros. Todos debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y debemos hacer esta obra de proclamar el Evangelio. 
Como justos, debemos hacer ofrendas de paz una y otra vez por el bien de los que no conocen la justicia de Dios. ¿Hay alguien que esté exento o excluido de este trabajo? No, no es así. Todo el mundo debe participar en este trabajo. Es algo en lo que todos debemos participar. Todos y cada uno de nosotros debemos servir al Evangelio del agua y el Espíritu, nadie está exento. Recuerden esto claramente, si han sido redimidos de sus pecados claramente, gracias a la justicia de Dios, tienen este deber y no están excluidos. 
Cuando recibimos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿cómo fue esto posible? Pudimos nacer de nuevo porque la ofrenda de paz hecha gracias a los sacerdotes que creyeron en el Evangelio del agua y el Espíritu antes que nosotros y sirvieron para proclamar este Evangelio. Por eso debemos dedicarnos a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y compartir nuestra fe con los demás. Son ustedes los que deben trabajar espiritualmente y proclamar el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Ninguna persona justa está exenta de servir al Evangelio. Si un niño de tres años ha recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, incluso este niño debe predicar el Evangelio en cualquier capacidad que sea apropiada para su edad. De cualquier manera, ya sea un niño con buena educación o no, el niño debe servir al Evangelio. Así que, incluso entre los niños de la escuela dominical, cuando veo a los que no sirven al Evangelio, les digo: “Aunque seáis jóvenes, debéis servir al Evangelio. ¿No deberíais hacerlo si habéis recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y creéis en este Evangelio?” ¿No están de acuerdo con esto? ¿Qué hay de nuestros creyentes adultos? ¿Acaso no tienen el mismo deber de servir al Evangelio? Si hemos recibido la remisión de los pecados, queramos o no, tenemos el deber justo de predicar y servir al Evangelio del agua y el Espíritu por fe, que es el Evangelio del Señor. Esto es lo correcto. Es el destino de los justos hacer esta obra. Es solo cuestión de tiempo para todos nosotros. 
En la Iglesia de Dios no es aceptable que solo algunas personas sirvan al Evangelio del agua y el Espíritu mientras que otras lo ignoren. Aunque sean adolescentes, no piensen: “Ahora que soy adolescente, no quiero servir al Evangelio más. Soy una persona libre, así que no intenten suprimir mi libertad”. Todo adolescente debe seguir predicando el Evangelio del agua y el Espíritu. De la misma manera, los ancianos deben servir al Evangelio del agua y el Espíritu. Los jóvenes y viejos, fuertes y débiles, todos deben servir igualmente al Evangelio del agua y el Espíritu. No pueden decir: “Bueno, como tú eres joven y sano, debes servir al Evangelio diligentemente, pero yo no tengo que hacerlo porque no estoy sano”. Hay excepciones. Todo el que se ha convertido en sacerdote ante Dios debe trabajar para ofrecer sacrificios espirituales por los pecadores.
 

¿Cómo trabajaba el Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento?
 
En nombre de los pecadores, el Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento ponía las manos sobre los animales del sacrificio, como corderos y cabras, los sacrificaba y los quemaba. Para mostrar Su poder a Moisés, Dios hizo caer fuego del cielo para encender el altar de los holocaustos, pero solo lo hizo una vez. Todas las ofrendas, incluyendo los holocaustos, las ofrendas de paz y del pecado, se las ofrecían los sacerdotes a Dios, poniendo madera debajo del altar de los holocaustos y encendiéndolo para quemar a los animales. Se necesitaba mucha madera para esto. Los sacerdotes tenían que llevar madera seca para asegurarse de que se quemaba bien. Aunque el humo les hiciese daño en los ojos, no podían quejarse. También tenían que cortar la carne del animal en trozos. Eso no era todo. Cuando el sumo sacerdote le ponía las manos en la cabeza al animal, tenía que matarlo y quitarle todas las partes impuras. 
Pueden imaginarse lo asqueroso que era ver lo que había dentro del animal. Cuando un animal muere, defeca y los sacerdotes tienen que limpiar las heces. Todo esto requería una cantidad enorme de agua y madera que debía ser preparada por los sacerdotes. Los sacerdotes tenían que hacer los sacrificios de la remisión de los pecados para multitud de israelitas ante Dios. Para ello tenían que hacer que el fuego estuviese encendido constantemente debajo del altar de los holocaustos. 
Todo esto lo tenían que hacer los sacerdotes del Antiguo Testamento. Hoy, si alguien ha recibido la remisión de los pecados, sé que esa persona debe servir para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, ya sea un niño de la escuela dominical o un anciano. ¿No es esto cierto? ¿Qué piensan que pasaría si alguien con un cuerpo y una mente sanos dijese: “Aunque haya recibido la remisión de los pecados, no serviré al Evangelio”? ¿De verdad creen que la Iglesia de Dios no les ha servido lo suficiente? Pero, si de verdad han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, entonces ¿no está claro que fueron salvados porque los que se convirtieron en sacerdotes antes que ustedes les sirvieron?
Estoy seguro de que saben bien que estamos sirviendo a la justicia de Dios. ¿Piensan que nuestros ministros y nuestros colaboradores están trabajando duro porque tienen un corazón duro? Incluso los ministros sufren en la carne de vez en cuando. Algunos evangelistas oran así cuando salen a predicar el Evangelio: “Señor, permíteme encontrarme con personas buenas cuyos corazones estén preparados para recibir la misericordia de Dios para que pueda predicarles el Evangelio del agua y el Espíritu”. Todos los evangelistas desean esto sinceramente, orando a Dios para que les envíe a gente buena. Si se ponen en el lugar de un evangelista, también orarán así. Pase lo que pase, todos debemos servir al Señor y predicar Su Evangelio de justicia. Esta tarea es de todos nosotros, ninguno estamos exentos. Sin embargo, cuando digo estas cosas, algunas personas todavía no entienden y se quedan de brazos cruzados. Así que, cuando digo algo, tengo que explicarlo con todo detalle.
 

¿Cómo oran los falsos pastores de hoy en día a Dios?
 
Los falsos profetas de hoy en día oran a Dios así: “Nuestro Dios santo, misericordioso y omnipotente, Tu pueblo ha cometido muchos pecados esta semana, sin saberlo o a sabiendas. Por favor, perdónanos”. Algunos de ellos también dicen: “Todo el mundo es un sacerdote ante Dios. Como el Señor Jesucristo nos ha salvado al derramar Su sangre en la Cruz por nosotros, hemos sido salvados por fe y así todos somos sacerdotes. Ahora que hemos sido salvados, debemos vivir felices. Dios ha venido al mundo a amarnos. Nacimos en este mundo para ser salvados por Él”. 
Sin embargo, si han recibido el amor de la salvación de Dios, debemos amar a todas las almas. Pero, a pesar de esto, algunas personas siguen insistiendo en sus propios derechos cuando van a la iglesia, diciendo al pastor: “Si dejo de hacer donaciones a la iglesia, tendrá graves problemas. Aunque sea el presidente de la junta directiva de esta iglesia, yo también soy miembro. ¿Qué va a hacer? ¿Está dispuesto a llegar a un compromiso conmigo? Si no es así, su salario se verá reducido”. ¿Cómo puede un pastor que escucha esto predicar? Este pastor no tendrá otro remedio que bendecir a su congregación diciendo: “Prosperen en todas las cosas y en salud, y que sus almas también prosperen. Deseo que todos reciban bendiciones materiales. Deseo que se hagan ricos todos”. ¿Por qué es inevitable que un pastor diga esto? ¿Por qué tiene que decir estas cosas? Porque solo entonces le pagarán y podrá ganarse la vida. En otras palabras, los falsos pastores solo reciben su salario si se ganan a los miembros de la junta directiva o a los ancianos. 
¿Qué harán estos pastores con sus congregaciones? Entonces, convertirán a sus congregaciones en personas arrogantes que quieren que les sirvan en la iglesia en vez de servir, pensando: “He sido salvado al creer en la sangre de Jesús derramada en la Cruz. Todo lo que tengo que hacer en esta iglesia es dar el diezmo y ofrecer sacrificios de acción de gracias y ofrendas especiales”. Muchos cristianos han sido enseñados por estos falsos pastores y consideran que sus ideas son normales. Sin embargo, la verdad de Dios enseña de manera diferente.
 

La Palabra de Dios dice que los que creen en el el Evangelio del agua y el Espíritu nunca deben vivir como cristianos falsos
 
La Biblia nos enseña que los que han recibido la remisión de los pecados de Dios deben, desde ese momento, ser fieles a Dios y Su Evangelio hasta la muerte. Como personas que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, todos debemos estar dedicados a la obra de Dios en este mundo hasta el día en que vayamos al Reino del Señor y disfrutemos la vida eterna. Esto significa que, para salvar a las almas que no han nacido de nuevo de los pecados, debemos hacer estas ofrendas, como ofrendas de paz, ofrendas de grano, holocaustos y ofrendas del pecado espiritualmente en su lugar, todo con el Evangelio del agua y el Espíritu. Y debemos llevar a estas almas a la Iglesia y seguir ofreciendo las ofrendas de paz por ellas a través del Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, debemos hacer la obra de Dios continuamente para servir a estas almas. Esto es lo que cada sacerdote debe hacer sin falta. 
Sería deplorable si alguno de nosotros no se diese cuenta de esto y pensase: “He hecho mi parte del trabajo desde que recibí la remisión de los pecados. ¿Qué más se me puede pedir? He hecho todo lo que debo hacer como ministro. Así que, ¿cómo se puede esperar más de mí?”. Estas personas no tendrán ningún propósito si no han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por supuesto que no es completamente imposible decir: “Hay más de 6,000 millones de personas en este mundo. ¿Cuándo predicaremos el Evangelio del agua y el Espíritu a todas estas personas? He hecho todo lo posible y esto es todo lo que puedo hacer. ¿Qué más puedo hacer?” Sin embargo, mis queridos hermanos, debemos servir a la justicia de Dios sin cesar, poniendo nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y dejando que Dios nos dé fuerzas. 
Piensen en esto durante un momento. Solo porque un sacerdote haya ofrecido un sacrificio una vez por su pueblo, ¿significa esto que ya ha hecho todo su trabajo? No, no es así. Debemos seguir viviendo en la Iglesia de Dios y hacer Su obra. Y cuando vayan a casa, deben volver después de cuidar de sus asuntos familiares y seguir haciendo la obra de Dios. En el Antiguo Testamento los sacerdotes tenían que cumplir sus deberes sacerdotales hasta los 50 años. ¿Y nosotros? Si tuviésemos que dejar de ejercer como sacerdotes a los 50, muchos de nosotros nos habríamos jubilado ya. El Pastor Kim ya se habría jubilado y yo también. Pero esto no es aceptable ni realista. Los sacerdotes del Nuevo Testamento debemos cumplir con nuestro sacerdocio desde el momento en que creímos en el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el día que morimos. 
 

Nosotros tenemos que llevar a cabo el sacerdocio 
 
Yo no soy ninguna excepción cuando se trata de mis tareas sacerdotales. Yo también debo llevar a cabo mi sacerdocio espiritual. Yo también sé muy bien lo duro que están trabajando, pero esta obra del Evangelio debe seguir. Hay muchos pecadores que están pidiendo que les ayudemos, que les salvemos, y nosotros tenemos el deber de predicar el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu a estos pecadores. Después de todo, ¿no estamos haciendo la obra de Dios? ¿Han visto alguna vez cómo los pollos recién salidos del cascarón abren el pico para ser alimentados, aunque sus padres no estén cerca? ¿Acaso no hay almas pecadoras por todo el mundo abriendo la boca para ser alimentadas como estos pollos? ¿No están rogándonos para que les prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu? Por eso es simplemente imposible evitar este trabajo. Debemos seguir predicando la Palabra de vida a través de nuestros libros de sermones. 
¿Qué ocurrirá cuando los pollos crezcan? ¿No moverán las alas y saldrán del nido y con coraje volarán por el cielo? ¿Qué ocurrirá cuando pase más tiempo? Cuando se conviertan en pájaros adultos tendrán sus propios pollitos y les tendrán que dar comida. ¿Acaso los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no deben convertirse en padres espirituales haciendo la obra de Dios hasta que les llegue el momento a ellos? ¿Acaso no es este el significado verdadero de dar a luz a hijos espirituales? Por tanto no podemos ignorarlos. ¿Cómo puede un padre decir: “Mi vida es mía” y no alimenta a sus hijos para poder satisfacer sus placeres?
Están haciendo la obra de Dios con lealtad ahora y seguirán llevándola a cabo, aunque no se lo recuerde, pero aun así quiero que todos se den cuenta de lo importante que es esta obra y que la hagan aún mejor. Si hacen la obra de Dios sin darse cuenta de su importancia, pensarán para sí mismos que han trabajado lo suficiente. Por eso estoy llamando a todos para que pongan sus mentes firmes en la obra de Dios, renuncien a todos los demás objetivos y hagan esta obra continuamente. 
¿Creen que hay alguien entre nosotros sirviendo a la justicia de Dios que esté libre de problemas de salud? Aunque estemos enfermos físicamente, debemos seguir sirviendo al Señor mientras tratamos nuestras enfermedades. Solo entonces podremos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo. Hemos nacido en este mundo con esta misión de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta misión no se nos ha impuesto, pero es algo que hemos hecho por gratitud, porque estamos muy felices por haber recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Con esta gratitud hemos podido alimentar a nuestros hijos espirituales y hacer los preparativos para seguir haciendo esta obra. Y cuando empezamos a vivir de esta manera, también nos damos cuenta de cómo debemos vivir como cristianos. 
Pero, en última instancia, nos hemos dado cuenta de cómo debemos vivir. El Señor dijo: “Bástale al discípulo ser como su maestro” (Mateo 10:25). Al haber venido a este mundo, el Señor nos ha dado Su vida y ha hecho posible que recibamos la verdadera vida. Somos discípulos de Jesús y si queremos vivir según la voluntad de Jesús, nuestro Señor, debemos vivir con Cristo y morir con Cristo. ¿Cómo debemos vivir y morir? Debemos vivir para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y debemos morir por la proclamación de este Evangelio. 
Mis queridos hermanos, quien se haya convertido en un sacerdote y haya recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu debe hacer la obra de predicar este Evangelio. Sean quién sean, hombres o mujeres, jóvenes o viejos, todos debemos predicar este Evangelio por todo el mundo. No importa si tienen o no un cargo en la Iglesia de Dios. Mientras estemos en la Iglesia de Dios, todos debemos trabajar desde nuestras posiciones. Solo entonces se podrá predicar este Evangelio del agua y el Espíritu por todos los rincones del mundo. Solo entonces todas las almas del mundo podrán ser salvadas. Así, creo que debemos vivir en obediencia a la voluntad del Señor desde el momento en que nos damos cuenta del Evangelio del agua y el Espíritu y creemos en él. 
No debemos esperar que la vida se haga más fácil cuando obtengamos una posición más alta en la iglesia. En realidad, cuando se les ofrezca un cargo más alto en la Iglesia de Dios, estarán mucho más ocupados. Cuanto más alto sea su cargo, más trabajo tendrán que hacer por Dios. Quizás algunos de nuestros ministros más jóvenes piensen: “Como mi cargo es todavía muy humilde, lo que estoy haciendo ahora es suficiente. Serviré más cuando tenga un cargo más alto. Cuando me convierta en un ministro senior, disfrutaré de más privilegios”. Pero no es así. Se darán cuenta de esto cuando se conviertan en un ministro senior. Habrá más trabajo que hacer, ya que tendrán que cuidar de las necesidades de los santos, guiarlos y construir los cimientos para que sirvan al Evangelio bien. Quizás tengan una voz más autoritaria, pero seguirán haciendo la misma obra de Dios que hacían antes. 
Así que, mis queridos hermanos, no piensen que están haciendo suficiente por el Evangelio ahora. Deben prepararse para trabajar cien veces más de lo que han estado trabajando. Su mente estará tranquila entonces. Si creen que ya están haciendo más que suficiente por el Evangelio, reaccionarán negativamente y será más difícil para ustedes hacer más trabajo para Dios. Pero esto no significa que solo deban trabajar. 
Sé que todos nuestros santos deben servir al Evangelio del agua y el Espíritu en unidad, por lo menos si han recibido la remisión de los pecados. ¿Tengo razón? Les pido que todos crean y hagan la obra del Señor sin falta por esta fe. Todos los que se han convertido en sacerdotes espirituales deben servir al Evangelio del Señor y creer que esta voluntad es algo que todos deberíamos tener con el tiempo. Quiero terminar dando gracias al Señor por Su justicia.