The New Life Mission

Sermones

Tema 11: El Tabernáculo

[11-29] < Éxodo 28, 1-43 > Los significados espirituales escondidos en las vestiduras del Sumo Sacerdote

< Éxodo 28, 1-43 >
«Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón. Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura. Y tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle para que sea mi sacerdote. Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan, pues, las vestiduras sagradas para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes. Tomarán oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, y harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra primorosa. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, y así se juntará. Y su cinto de obra primorosa que estará sobre él, será de la misma obra, parte del mismo; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al orden de nacimiento de ellos. De obra de grabador en piedra, como grabaduras de sello, harás grabar las dos piedras con los nombres de los hijos de Israel; les harás alrededor engastes de oro. Y pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová sobre sus dos hombros por memorial. Harás, pues, los engastes de oro, y dos cordones de oro fino, los cuales harás en forma de trenza; y fijarás los cordones de forma de trenza en los engastes. Harás asimismo el pectoral del juicio de obra primorosa, lo harás conforme a la obra del efod, de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un palmo de ancho; y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una hilera de una piedra sárdica, un topacio y un carbunclo; la segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante; la tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista; la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe. Todas estarán montadas en engastes de oro. Y las piedras serán según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus. Harás también en el pectoral cordones de hechura de trenzas de oro fino. Y harás en el pectoral dos anillos de oro, los cuales pondrás a los dos extremos del pectoral. Y fijarás los dos cordones de oro en los dos anillos a los dos extremos del pectoral; y pondrás los dos extremos de los dos cordones sobre los dos engastes, y los fijarás a las hombreras del efod en su parte delantera. Harás también dos anillos de oro, los cuales pondrás a los dos extremos del pectoral, en su orilla que está al lado del efod hacia adentro. Harás asimismo los dos anillos de oro, los cuales fijarás en la parte delantera de las dos hombreras del efod, hacia abajo, delante de su juntura sobre el cinto del efod. Y juntarán el pectoral por sus anillos a los dos anillos del efod con un cordón de azul, para que esté sobre el cinto del efod, y no se separe el pectoral del efod. Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová continuamente. Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová. Harás el manto del efod todo de azul; y en medio de él por arriba habrá una abertura, la cual tendrá un borde alrededor de obra tejida, como el cuello de un coselete, para que no se rompa. Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas de oro alrededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla del manto alrededor. Y estará sobre Aarón cuando ministre; y se oirá su sonido cuando él entre en el santuario delante de Jehová y cuando salga, para que no muera. Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ. Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón, y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan gracia delante de Jehová. Y bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de lino; harás también un cinto de obra de recamador. Y para los hijos de Aarón harás túnicas; también les harás cintos, y les harás tiaras para honra y hermosura. Y con ellos vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él; y los ungirás, y los consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes. Y les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez; serán desde los lomos hasta los muslos. Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entren en el tabernáculo de reunión, o cuando se acerquen al altar para servir en el santuario, para que no lleven pecado y mueran. Es estatuto perpetuo para él, y para su descendencia después de él».
 
 
Las vestiduras del Sumo Sacerdote
 
Hoy vamos a examinar los significados espirituales escondidos en las vestiduras del Sumo Sacerdote. Estas vestiduras debían llevarlas Aarón y sus hijos. A través de las vestiduras del Sumo Sacerdote reconoceremos por fe el plan de Dios que nos ha salvado del pecado.
Dios le ordenó a Moisés que consagrara a su hermano Aarón y a los hijos del mismo para que fueran sacerdotes de Dios. Asimismo le ordenó a Moisés que hiciera sus vestiduras según el patrón que le enseñó.
En el versículo 4, Dios dijo: «Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan, pues, las vestiduras sagradas para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes».
En primer lugar, el Sumo sacerdote tenía que llevar la túnica y los pantalones para cubrir su desnudez. Estas vestiduras estaban hechas de lino fino para que dejase circular el aire y el sacerdote no sudara demasiado. El significado espiritual de esto es que el Sumo Sacerdote debía dejar atrás sus asuntos carnales y servir a Dios según la fe y la gracia que se le había concedido. En otras palabras, la voluntad de Dios solo se cumpliría cuando el Sumo Sacerdote dejase sus propios pensamientos y devoción carnal y realizara el sacrificio de redención según el sistema establecido por Dios por fe. Esta es la intención con la que Dios hizo la túnica y los pantalones del Sumo Sacerdote y le hizo vestirse así.  
Encima de estas vestiduras Dios le hacía llevar una prenda azul. Sobre esta prenda llevaba el efod, y un pectoral. El pectoral se colocaba sobre el pecho del Sumo Sacerdote y estaba hecho de un material grueso doblado dos veces y tejido artesanalmente de hilos de oro, azul, púrpura y carmesí y lino fino entrelazado, y el tamaño era cuadrado. En este pectoral había doce piedras preciosas y en estas estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel. 
Entonces llevaba el turbante hecho de lino fino entrelazado, y en él una placa de oro puro que decía: «Santo es el Señor», atada con una cuerda azul a la parte delantera del turbante. Esta es una descripción breve de las vestiduras, el turbante y la placa de oro que llevaban los Sumos Sacerdotes. 
La mayoría de las vestiduras del Sumo Sacerdote estaban hechas de hilos de oro, azul, púrpura y carmesí y de lino fino entrelazado. El pectoral también estaba hecho de esos materiales. En este pectoral había doce piedras preciosas incrustadas con los nombres de las doce tribus de Israel. 
La tarea del Sumo Sacerdote era la siguiente: tenía que tomar los sacrificios de la congregación de los hijos de Israel, pasarle los pecados de esos animales mediante la imposición de manos como representante del pueblo de Israel, matar a los animales, y entregar su sangre a Dios. En otras palabras, el Sumo Sacerdote trabajaba para redimir los pecados de su pueblo mediante sacrificios descritos en la ley de Dios. El Sumo Sacerdote, en nombre de todo el pueblo de Israel, ponía las manos sobre la cabeza del animal que iba a sacrificar ante Dios, le cortaba el cuello y le sacaba la sangre, y entonces ponía la sangre sobre los cuernos del altar de los holocaustos. Entonces llevaba el resto de la sangre al Lugar Santísimo y la esparcía sobre el propiciatorio. Entonces la carne muerta de los sacrificios se llevaba fuera del campamento para ser quemada (Levítico 16, 3-28). Así es como el Sumo Sacerdote realizaba los sacrificios. De esta manera, al entregar un sacrificio que le complacía a Dios, el Sumo Sacerdote cumplía su deber de aplacar la ira de Dios. En otras palabras, el Sumo Sacerdote cumplía el papel de intercesor entre Dios y su pueblo. 
De esta manera, Jesús, el Mesías, se ha convertido en el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos, el Intercesor entre Dios y la humanidad. Al ser bautizado por Juan el Bautista y así recibir los pecados de la humanidad sobre Su cuerpo, y al entregar Su cuerpo en la Cruz y ser sacrificado, el Mesías ha librado a toda la humanidad del pecado y la muerte. En el Antiguo Testamento, el Sumo Sacerdote era quien realizaba los sacrificios que redimían los pecados de su pueblo, pero en el Nuevo Testamento fue el Mesías quien vino como Jesús y cumplió el ministerio del Sumo Sacerdote eternos para borrar los pecados de la humanidad (Hebreos 7-9). 
En esta era del Nuevo Testamento, Dios ha asignado el ministerio de Sumo Sacerdote a los que han sido redimidos de todos sus pecados mediante la Verdad escondida den los hilos azul, púrpura y carmesí. Por eso la placa de oro del turbante del Sumo Sacerdote tenía grabadas las palabras: «Santo es el Señor». Así, las vestiduras del Sumo Sacerdote demuestran claramente con todo detalle que el Evangelio borra los pecados de la humanidad. 
La prenda del Sumo Sacerdote estaba tejida con hilo azul. Sobre todo esta prenda está relacionada con el bautismo de Jesús. Como el Sumo Sacerdote llevaba vestiduras tejidas con hilos de color azul, púrpura y carmesí, y también de oro, Sus vestiduras eran grandiosas porque los cuatro colores eran muy llamativos. En el ribete de la prenda azul había granadas tejidas y tenían campanillas de oro en los lados. El versículo 33 del pasaje principal dice: «Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas de oro alrededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla del manto alrededor». Así que cuando el Sumo Sacerdote entraba en el Tabernáculo y realizaba el sacrificio por su pueblo, el pueblo de Israel que estaba fuera sabía que estaba haciendo el sacrificio porque oía las campanillas. 
Todos estos elementos están relacionados con la verdad del Evangelio del agua y el Espíritu del Nuevo Testamento, y se corresponden mutuamente. Lo que el Sumo Sacerdote hacía era limpiar los pecados de la gente, y para que nos diésemos cuenta de la voluntad de Dios hizo que llevase estas vestiduras cuando realizaba su trabajo. En el Nuevo Testamento ¿qué hace el pueblo de Dios, que son los sacerdotes de hoy en día, para limpiar los pecados de los demás? Para hacer esta obra, deben recibir primero la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu manifestado en la revelación de los hilos azul, púrpura y carmesí. Así, las vestiduras del Sumo Sacerdote nos enseñan claramente el Evangelio que borra nuestros pecados. 
En segundo lugar, en esta era presente, los justos tenemos que desempeñar la función de sacerdotes para limpiar las conciencias de los pecados y darles santidad a las personas. Por eso el Sumo Sacerdote llevaba una placa de oro en la túnica que decía: «Santo es el Señor».
Esta placa de oro tenía grabada la inscripción: «Santo es el Señor» y estaba atada al turbante del Sumo Sacerdote con una cuerda azul. La gente podía distinguir al Sumo Sacerdote a primera vista; cuando miraban su cabeza, podían ver la placa de oro y la cuerda azul junto con las vestiduras preciosas hechas de hilos de color azul, púrpura, escarlata y oro y lino fino entrelazado. Esto nos demuestra que el Sumo Sacerdote siempre hacía la obra de borrar los pecados con los hilos azul, púrpura y carmesí. 
 
 
Debemos obedecer el juicio justos  de los siervos de Dios
 
El Sumo Sacerdote tenía que llevar los nombre de los hijos de Israel en el pectoral del juicio cerca de su corazón cuando entraba en el Lugar Santo. De la misma manera, nosotros debemos llevar en nuestros corazones las almas de los pecadores del mundo que quieren recibir a Dios, y debemos orar por ellos. Dios también le dijo a Moisés que pusiera dos piedras preciosas, llamadas Urim y Tumim en el pectoral del Sumo Sacerdote. El versículo 30 del pasaje de las Escrituras de hoy dice: «Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová».
Estas piedras preciosas de Urim y Tumim significaban literalmente luz y perfección. En otras palabras, Dios le había dado un corazón brillante al Sumo Sacerdote para que juzgase al pueblo de Israel con justicia. Dios le había dado la autoridad y la sabiduría al Sumo Sacerdote para que juzgase lo correcto e incorrecto en las vidas de Su pueblo. El Sumo Sacerdote tenía la tarea de decidir lo que era correcto e incorrecto en las vidas espirituales de los israelitas. 
Asimismo, en esta era, Dios les da la misma habilidad a todos los siervos de Dios para que juzguen lo que es correcto y lo que es incorrecto, y para que diferencien si alguien ha recibido la remisión de los pecados o no. Dentro de esta habilidad que Dios les ha dado, Sus siervos juzgan correctamente qué es el verdadero Evangelio, qué es la verdadera remisión de los pecados, cuál es la manera justa en la que los hijos de Dios deben vivir, y quién ha nacido de nuevo y quién no. Por tanto, todo el pueblo de Dios tenía que obedecer sus juicios y su liderazgo. Tenía que darse cuenta de que negarse a aceptar el juicio justos de los siervos de Dios era lo mismo que rechazar la voluntad de Dios. Así que el pueblo de Israel tenía que dejar que los siervos de Dios juzgasen, como los Sumos Sacerdotes de hoy en día. 
De la misma manera, en esta era presente, Dios les ha encomendado la tarea de juzgar lo correcto e incorrecto a Sus siervos. Por eso debemos respetar a los líderes de Su Iglesia y unir nuestros corazones a sus obras. Debemos darnos cuenta que debemos seguir los juicios correctos y el liderazgo por fe desde lo más profundo de nuestros corazones. No debemos pensar: «Está haciendo eso porque ha sido nombrado Sumo Sacerdote, pero es igual que nosotros». Algunas personas piensan: «No me gusta el carácter de mi pastor. Su personalidad es muy dura y sus decisiones serán tiránicas. Así que, aunque creo en el Evangelio que está predicando, no estoy de acuerdo con las decisiones que toma y su forma de pensar. Puedo tener un objetivo distinto al suyo». La gente puede llegar a conclusiones incorrectas al considerar a los Sumos Sacerdotes desde una perspectiva carnal. Pero este juicio incorrecto debe evitarse. 
Debemos obedecer a los siervos de Dios que creen en los hilos azul, púrpura y carmesí como la salvación de la misma manera en que obedecemos a Dios. ¿Por qué? Porque su juicio no viene de sus propios pensamientos, sino que se realiza según la fe que complace a Dios. Dicho de otra manera, como el juicio de los Sumos Sacerdotes de hoy en día se basa en la luz y la verdad de Dios, es el juicio de Dios y Su decisión. Si sus decisiones se toman sin ninguna influencia de sus pensamientos, y se basan exclusivamente en la Palabra de Dios y en su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, entonces su juicio es correcto. Si estas decisiones no se desvían de la Palabra de Dios ni de Su voluntad, debemos creer que sus decisiones son las decisiones de Dios. 
Así, este cargo de Sumo Sacerdote es de crucial importancia. En esta era como en la era del Antiguo Testamento, los que guiaban al pueblo de Israel eran los Sumos Sacerdotes. En Israel no había un rey que pudiera guiar a la nación a parte del Sumo Sacerdote. Como el sistema político de Israel era una teocracia, toda la población seguía las decisiones del Sumo Sacerdote. Ahora, en los asuntos espirituales, el pueblo de Dios debe creer en los siervos que Dios ha nombrado en Su Iglesia como la Palabra de Dios y deben obedecer. Los Sumos Sacerdotes deben tomar decisiones según la voluntad de Dios, basándose en Su Palabra y en Su providencia. 
Las vestiduras del Sumo Sacerdote nos enseñan muchas lecciones. Primero debemos conocer los significados espirituales de los hilos azul, púrpura y carmesí y el hilo dorado utilizado para hacerlas. Ya hemos aprendido la verdad de los hilos azul, púrpura y carmesí. A través de las vestiduras del Sumo Sacerdote Dios no ha dicho lo necesaria e importante que es la verdad revelada en los hilos azul, púrpura y carmesí y la fe que cree en ella. Estos hilos son las materias primas esenciales que enseñan la remisión de los pecados a la gente. El que el Señor viniese a este mundo, fuese bautizado y derramase Su sangre manifiesta que solo el Evangelio del agua y el Espíritu remite todos los pecados del mundo. Como los hilos azul, púrpura y carmesí nos han enseñado que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que nos da nuestra perfecta redención, todos debemos conocer su significado correctamente. Si lo conocemos y creemos en él, nuestros pecados serán borrados para siempre y recibiremos la vida eterna. Por tanto, debemos tener la fe que cree en esta Verdad clara cumplida por el Evangelio del agua, de la sangre y del Espíritu.  
 
 
Debemos defender nuestra fe en los hilos azul, púrpura y carmesí
 
Si no tenemos un conocimiento exacto sobre los hilos azul, púrpura y carmesí y una fe firme en ellos, no podemos defender el Evangelio verdadero, y aún peor, este Evangelio podría corromperse. Las religiones de este mundo pueden cambiar con el paso del tiempo. Pero a través de los colores de las vestiduras del Sumo Sacerdote, Dios nos ha mostrado la Verdad absoluta de los hilos azul, púrpura y carmesí. A través de las vestiduras del Sumo Sacerdote, de los utensilios del Tabernáculo y del patrón de los sacrificios ofrecidos en el Tabernáculo, Dios está haciendo una manifestación perfecta de Su amor y Su plan por nosotros. Por eso debemos defender con uñas y dientes nuestra fe en esta Verdad eterna que nos ha llegado por el Evangelio de los hilos azul, púrpura y carmesí. Lo que nunca debe cambiar, aunque los tiempos cambien, es nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta fe es la que cree en la salvación eterna manifestada en los hilos azul, púrpura y carmesí.
¿Cómo podemos dejar que este Evangelio de los hilos azul, púrpura y carmesí cambie? Si Dios nos dice que nos ha salvado de los pecados con el Evangelio de los hilos azul, púrpura y carmesí, entonces esa es la verdad. En el Antiguo Testamento, Dios borraba las iniquidades de los pecadores mediante la imposición de manos y el derramamiento de sangre, y hoy en día, en esta era, ha cumplido la perfecta remisión de los pecados mediante el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista (Mateo 3, 15) y Su muerte en la Cruz. Con el Evangelio del agua y el Espíritu Dios ha borrado las iniquidades de todos los pecadores del mundo. 
¡Qué refrescante es esto! Dios habla de la fe en la Biblia. Por tanto el hilo de oro utilizado junto con los hilos azul, púrpura y carmesí para hacer las vestiduras del Sumo Sacerdote se refiere a lo indispensable que es nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como Dios ha establecido el método que borra todos nuestros pecados y no permite que cambie, aunque pasemos por situaciones difíciles a veces, seguimos teniendo paz. Esto se debe a la Verdad manifestada en los hilos azul, púrpura y carmesí que Dios nos ha mostrado. 
 
 
El cinturón del Sumo Sacerdote
 
Entre las vestiduras del Sumo Sacerdote estaba el cinturón. Este cinturón lo llevaba el Sumo Sacerdote en su efod y estaba hecho de hilos de oro, azul, púrpura y carmesí y lino fino entrelazado. El cinturón del efod es un símbolo de fuerza. Como dice la Biblia: «Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia» (Efesios 6, 14), el cinturón del Sumo Sacerdote se refiere al poder que viene de la fe en el Evangelio de Verdad. En otras palabras, nos habla de la fe que cree en la Verdad de los hilos azul, púrpura y carmesí y el lino fino entrelazado que nos permite ser salvados de todos nuestros pecados. Por tanto, no sirve de nada creer en los otros evangelios falsos a parte del que está manifestado en los hilos azul, púrpura y carmesí y el lino fino entrelazado.
Los que son insuficientes en la fe pueden librarse también de todos sus pecados perfectamente al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, ya que los pecados del mundo fueron pasados a Jesucristo por la Verdad de la remisión de los pecados cumplida por Dios (Mateo 3, 15; Levítico 16, 1-22). Por tanto, los que creen que las obras de Jesús manifestadas en los hilos azul, púrpura les han salvado pueden estar seguros aunque su carne y su voluntad sean débiles. Cuando vivimos en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo, el Sumo Sacerdote del Cielo, nos ha dado, ¿quién nos va a separar del amor de Cristo? Su perfecta salvación puede ser nuestra solo cuando creemos en la Verdad revelada en los hilos azul, púrpura y carmesí y el lino fino entrelazado.
Para que los sacerdotes puedan llevar a cabo sus tareas no deben seguir ninguna doctrina humana a parte del sistema de sacrificios mostrado en el Tabernáculo. Del mismo modo, los siervos de Dios de hoy en día no deben permitir que los diferentes evangelios que se desvían del verdadero Evangelio tengan raíz en las almas perdidas (Gálatas 1, 6-9). Los que predican estos evangelios falsos, sea cual sea la manera en que den sus sermones, no pueden ofrecer ninguna ayuda a las almas perdidas porque no dan un testimonio correcto del Evangelio del agua y el Espíritu de Dios manifestado en el Tabernáculo. Son estafadores y falsos maestros. Cuando se trata de creer en Jesucristo, el Sumo Sacerdote del Cielo, como nuestro Salvador, no podemos dejar de reconocer el sistema de sacrificios de la imposición de manos y el derramamiento de sangre manifestado en el Tabernáculo. Debemos darnos cuenta de que hay muchos evangelios falsos en este mundo. Si alguien está predicando la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, sea quien sea, debemos escucharle y creer. 
Una de las razones por la que el cristianismo actual tiene tantos problemas es que hay muchos estafadores espirituales que dicen cumplir las tareas del sacerdocio aunque no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. El primer paso para convertirse en verdaderos sacerdotes ante Dios es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Solo los que tienen esta fe pueden realizar sacrificios adecuados a Dios. Así, los que conocen y creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden amar a todo el mundo. ¿Para qué creen que existe la Iglesia de Dios? Puedo decirles que la Iglesia de Dios existe para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a los pecadores. 
Cuando creemos de todo corazón en la Verdad de los hilos azul, púrpura y carmesí revelados en la Biblia, seremos salvados de nuestros pecados y estaremos sin pecados. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, encontramos verdadera paz en nuestros corazones y como vivimos en esta paz, no podemos alejarnos de Dios. Creemos en el perfecto Evangelio, vivimos por fe, y entonces entramos en el Reino del Señor y creemos en él. Nuestro Señor nos ha llevado a la paz, y al guiar a la gente de este mundo a Dios, como la placa de oro del turbante del Sumo Sacerdote, que decía: «Santo es el Señor», Él los ilumina con la verdadera luz de la remisión de los pecados. Por tanto, Dios nos ha encomendado las obras que les permiten recibir la remisión de los pecados. Dios nos ha encomendado a los que creemos en el Evangelio de los hilos azul, púrpura y carmesí las mismas obras que los sacerdotes del Antiguo Testamento. 
Estamos tan agradecidos a Dios por permitirnos hacer estas obras valiosas en Su luz perfecta de la verdad. Cuando escuché por primera vez esta Palabra del Evangelio de Dios estuve lleno de gozo. Cuando leo la Biblia este Evangelio viene a mí claramente. Después mis ojos espirituales se abrieron y que el Espíritu Santo en mí me enseñó la Palabra de Dios con todo detalle. Pude saber que todos los pasajes de la Biblia dan testimonio de que el Evangelio del agua y el Espíritu es el único verdadero Evangelio que Dios nos ha dado. En el Antiguo Testamento este Evangelio se manifestó en los hilos azul, púrpura y carmesí. En el Nuevo Testamento los Apóstoles y los autores de la Biblia nos dicen que Jesús fue bautizado y derramó su sangre para salvarnos perfectamente del pecado. Para poder llevar la túnica de la salvación, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. No recibimos la remisión de los pecados del Señor mediante nuestras oraciones de penitencia. El Evangelio del agua y el Espíritu es el único verdadero y perfecto Evangelio. 
El Sumo Sacerdote tenía que llevar las vestiduras que estaban hechas de la manera que Dios especificó. Si el Sumo Sacerdote, molestado por el viento frío, hubiese pensado que no necesitaba llevar la túnica que Dios había hecho para él, y se hubiera puesto otra túnica más gruesa, habría muerto inmediatamente. Si el Sumo Sacerdote hubiese entrado en el Lugar Santísimo llevando solamente la túnica hecha de lino fino entrelazado también habría muerto. Tenía que llevar la prenda azul y el efod tejido de oro y de los hilos azul, púrpura y carmesí y el lino fino entrelazado. 
Cuando seguimos los planes exactos de Dios, el Señor camina ante nosotros, nos guía y obra en todas nuestras vidas. Dios planeó enviar al Mesías para nosotros y nos ha revelado este plan. Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y seguimos el plan de Dios, Él obrará en nuestras vidas. Así es como no recibimos la remisión de los pecados con nuestras propias obras, sino que debemos recibirla al creer en el plan de salvación de Dios manifestado en los hilos azul, púrpura y carmesí utilizados en las vestiduras del Sumo Sacerdote.
Lo que los sacerdotes de Dios deben hacer es creer en lo que Dios ha planeado por nosotros y hacerlo. Esta es la verdadera fe. Servir a Dios con nuestros planes no es tener la fe correcta ante Dios. Cuando se trata de nuestros esfuerzos para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu en el extranjero, no lo conseguimos mediante nuestros planes humanos haciendo algo en particular, sino que lo conseguimos con Su ayuda a través de nuestra fe. Esta es la voluntad de Dios. Cuando hacemos algo por fe, Dios se ocupa del resto. Cuando conocemos la voluntad de Dios y predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios toca los corazones de los que leen nuestros libros, les hace despertarse, les hace creer en este Evangelio del agua y el Espíritu, y corrige sus pensamientos incorrectos para que puedan creer. Estas personas al creer predican a su vez este Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
Para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu primero tuvimos que creer en él de todo corazón
 
He dicho que la predicación del verdadero Evangelio no se consigue con nuestros esfuerzos, sino cuando lo hacemos por fe unidos a la voluntad de Dios. No podemos convertir a las almas mediante nuestros esfuerzos y devoción, sino cuando buscamos la voluntad de Dios al creer en Sus obras y en el Evangelio del agua y el Espíritu la providencia de Dios se cumple. Por fe debemos servir al Evangelio del agua y el Espíritu. En esta era presente necesitamos la misma fe que en tiempos del Antiguo Testamento. En esta era presente, como antes, los hijos de Dios deben predicar la fe de los hilos azul, púrpura y carmesí.
Debemos creer en el hilo carmesí y el hilo púrpura, pero primero debemos saber qué significa el hilo azul, es decir el bautismo que Jesús, el Mesías, recibió. Cuando predicamos la verdad del hilo azul a las almas perdidas, vemos que pueden entender toda la Verdad de manera más fácil y tener una fe más confiada. ¿Por qué? Porque Jesús, el Mesías, tomó los pecados de la humanidad sobre Su cuerpo al ser bautizado. Cuando la gente, al creer en el bautismo de Jesús, sabe que Jesús ha borrado todos sus pecados, reconocen que murió en la Cruz para pagar el precio de sus pecados. En otras palabras, la gente cree en los hilos carmesí y púrpura solo cuando cree en el misterio del bautismo que Jesús, el Mesías, recibió de Juan el Bautista y que constituye la sustancia del hilo azul. Así se dan cuenta de lo siguiente: «¡Ah! Tomó todos nuestros pecados al ser bautizado. Jesucristo es el verdadero Dios y el Salvador de la humanidad. ¡Esta es la Verdad!».
Muchas personas se dan cuenta de la fe del hilo púrpura, es decir que Jesús es Dios, más tarde. Desde el momento en que empezamos a creer en Jesús como el Salvador afirmamos: «Jesús es el Dios absoluto», pero este es un concepto abstracto. Solo más tarde tuvimos una fe concreta en nuestros corazones. Cuando recibimos la remisión de los pecados al creer en el bautismo y la sangre de Jesús, podemos tener la fe de que Jesús es Dios, el que vive y nos ayuda obrando en nuestras vidas, y así nuestra fe en Jesús crece gradualmente. Por tanto, para que la gente reciba la remisión de los pecados tiene que creer en el Evangelio de los hilos azul, púrpura y carmesí establecido por Dios. 
 
 
¿Qué deben hacer los sacerdotes de hoy en día?
 
¿Qué hacían los Sumos Sacerdotes en el Tabernáculo? ¿Qué revelaban a través del sistema de sacrificios? Manifestaban la verdad de que el Mesías borraría todos nuestros pecados con los hilos azul, púrpura y carmesí. Los siervos de Dios ahora deberían sucederles en esas tareas y ministerio. Estas borrando los pecados de la gente con el Evangelio del agua y el Espíritu.
Muchas personas intentan crear su propia versión del Evangelio. Este evangelio no tiene una base bíblica y no puede salvar a nadie. Son solamente expertos que toman prestadas doctrinas humanas y las intentan poner todas juntas. Pero el Evangelio del agua y el Espíritu no es algo que se haya construido con distintas doctrinas cristianas. 
Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu la gente recibe la remisión de los pecados sin falta. En otras palabras, la Palabra es lo único que salva. Solo se pueden borrar los pecados de la gente mediante los criterios establecidos por Dios. Este criterio es el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin el Evangelio de salvación nadie puede ser redimido de sus pecados y recibir la santidad. Para ser limpiados de todos los pecados ante Dios y recibir la santidad hay que creer en Jesús, quien vino por el bautismo en el río Jordán y la sangre derramada en la Cruz como el Salvador. Para que la gente sea redimida de sus pecados, tiene que creer en Jesucristo, que vino por los hilos azul, púrpura y carmesí como el Salvador. No hay otra manera de recibir la remisión de los pecados. 
Los siervos de Dios que se han convertido en Su sacerdotes deben creer en el verdadero Evangelio hecho de los hilos de oro, azul, púrpura y escarlata utilizados en las vestiduras del Sumo Sacerdote. Si no creen en esta Verdad, no podrán ser Sus siervos. Serán meros seguidores de la religión del mundo. De entre todas las religiones del mundo, están sirviendo a sus respectivas religiones tomando prestado el nombre de Jesús. Los verdaderos siervos de Dios deben tener la fe que cree en Jesucristo, quien vino por el agua, la sangre y el Espíritu como el Salvador. Por tanto, deben dar testimonio de Su bautismo para hacer que su fe correcta se manifieste explícitamente y hacer brillar la luz de la Verdad de Dios. Solo los que hacen esto son los siervos de Dios y los que han sido salvados por Él. 
Los que se dejan fuera el bautismo de Jesús, Su Cruz, o el hecho de que es Dios, así como los que predican el conocimiento como mera teoría pero sin fe, son los siervos del Diablo que no tienen nada que ver con Dios. 
Hoy en día hay muchos evangélicos en este mundo. Dicen que quien cree en Jesús puede recibir la remisión de sus pecados por fe, y así estar sin pecados. Primero yo pensé que ellos también estaban predicando la Verdad de los hilos azul, púrpura y carmesí, pero con el tiempo me di cuenta de que no era así. No estaban predicando el Evangelio del agua y el Espíritu, y creen en las doctrinas inventadas por ellos como si fuesen el verdadero Evangelio. Aunque se llaman evangélicos a sí mismos, solo buscan su bienestar egoísta y su objetivo es satisfacer sus propios deseos. 
Hay muchos que se autodenominan sacerdotes en este mundo. Pero ¿por qué se niegan a aceptar el verdadero Evangelio que les permitiría ser santos de verdad? Los fundamentalistas están orgullosos de su confianza en la Palabra. Pero la Verdad es que estas personas ni siquiera son conservadoras. Cuando la Palabra de Dios manifiesta claramente el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿por qué dejan fuera de su fe el bautismo de Jesús? Recuerden que Nadab y Abijú murieron cuando ofrecieron un holocausto profano ante el Señor Dios. Cuando estos sacerdotes no realizaron el sacrificio de la manera especificada por Dios, les envió fuego y los mató (Números 26, 61). 
El Sumo Sacerdote debía morir si no llevaba la túnica especificada por Dios (versículo 43). Por muy diligentemente que los pecadores ofrezcan sangre como sacrificio en el Tabernáculo, no significa nada si no han puesto las manos sobre el animal. Sin esta fe que cree en la imposición de manos, a través de la que se confiesan las iniquidades y se pasan al sacrificio, su fe no vale de nada aunque crean en la sangre. Por muy frecuentemente que los Sumos Sacerdotes llevaran sangre, levantasen el velo, entrasen en el Lugar Santísimo, y esparciesen la sangre en el propiciatorio, si no llevaban la túnica azul especificada por Dios, morirían. Por tanto, todos los sectarios deben abandonar su fe antiguo y volver al verdadero Evangelio que les puede llevar a la luz y la perfección, es decir a Urim y Tumim (Éxodo 28, 39). 
Dios se complace con los que, a pesar de ser insuficientes, creen y siguen Su Palabra y voluntad. Por eso Dios nos ha llamado a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Asimismo nos ha confiado el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando nos unimos y predicamos el Evangelio por fe, Dios nos permite hacer obras maravillosas continuamente. 
Creemos que la providencia de Dios se cumplirá pronto. Estamos muy contentos ante Dios. En nuestra carne tenemos muchos fallos. Creo que yo soy peor que nadie. Si me confieso ante ustedes, mi cara se pondrá roja por todos los fallos que tengo en mi cara humana. Mis insuficiencias no son temporales. A medida que pasa el tiempo, más sirvo al Evangelio y más me doy cuenta de lo insuficiente que soy ante Dios. Cuando miro a nuestros colaboradores veo que son insuficientes como yo, pero gracias a la gracia de Dios todos seguimos sirviendo al Evangelio. Dios nos ha hecho creer que obra en nosotros, para que podamos servirle y seguirle creyendo en el Evangelio de Dios y en Sus planes. 
A través de nosotros, los que somos insuficientes, nuestro Señor es glorificado. Cuanto más insuficientes seamos, más brilla en nuestros corazones el Evangelio del agua y el Espíritu, porque Dios es glorificado. Cuando más pensamos que somos inocentes y nos enorgullecemos, entonces Dios se siente incómodo. Esta es la voluntad de Dios que quiere recibir alabanza de nosotros, los que somos insuficientes. 
Nosotros somos muy insuficientes. ¿Cómo de insuficientes somos? No se puede describir con palabras. Sin embargo, cada uno percibe sus insuficiencias de manera diferente, al igual que el fondo del océano o del río es diferente al de una pila del lavabo. Los que saben que son muy insuficientes aman más al Señor, porque saben que están endeudados inmensamente al Señor. Los que conocen sus insuficiencias y creen que sus deudas inmensas han sido perdonadas, aman mucho más al Señor. Por eso aman al Evangelio del Señor más, y se enorgullecen más de el y lo siguen aún más. Pero los que no conocen sus insuficiencias aman menos al Señor, porque piensan que las deudas que han sido perdonadas eran pequeñas y que el Señor espera demasiado de ellos por perdonar una deuda tan pequeña. 
¿Cómo puede esta gente de poca fe que sabe tan poco acerca de sus fallos darse cuenta de lo grandes que son sus insuficiencias? Esto no puede forzarse. Pero como sirven al Evangelio creyendo que es la voluntad de Dios para ellos servirlo aunque sean insuficientes, sus debilidades se revelarán aún más y cuanto más se revelen, mayor será su amor por Dios. 
No sirve de nada conocer nuestras insuficiencias solo en teoría. Solo podemos reconocer nuestras insuficiencias cuando pasamos por dificultades mientras intentamos servir al Evangelio. Por eso cuanto más servimos al Señor, más valioso es para nosotros. Gracias al Señor podemos estar seguros, y gracias a Él estamos glorificados. Podemos vivir por fe y dedicarnos a las obras benditas gracias al Señor. Si no fuese por el Señor no seríamos nada. 
Juan el Bautista dijo: «Él debe aumentar, pero yo debo disminuir» (Juan 3, 30). Dios nos ha dado la remisión de los pecados y las oportunidades benditas de servir a este Evangelio. Nuestra existencia sirve para que seamos instrumentos de la predicación del Evangelio, y solo el Señor es quien recibe la gloria. El hecho de que el Señor nos utilice como instrumentos es algo por lo que debemos estar muy agradecidos. 
Damos nuestras gracias sinceras a Dios por darnos esta bendición de llevar a cabo las tareas del Sumo Sacerdote. Jesús es el Sumo Sacerdote del Cielo para nosotros y el Gran Pastor. Sus siervos son pequeños pastores. Nosotros nos hemos convertido en los pequeños siervos que siguen lo que el Gran Pastor ha hecho por nosotros. Debemos creer en la Palabra de Dios tal y como es, actuar según lo que es la Palabra, y seguirla tal y como está escrita. Debemos servir al Señor como Él lo ha hecho. Debemos imitar lo que el Señor ha hecho exactamente, creer en Él y seguirle. Debemos creer y seguirle como Él nos lo ha ordenado y como lo ha planeado, para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. La fe correcta ante Dios es aceptar Su Palabra pura y predicar el Evangelio del Evangelio del agua y el Espíritu. 
Damos todas nuestras gracias a nuestro Señor que se ha convertido en nuestro Sumo Sacerdote.