The New Life Mission

Sermones

Tema 11: El Tabernáculo

[11-30] < Éxodo 28, 36-43 > Santidad a Jehová

< Éxodo 28, 36-43 >
«Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ. Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón, y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan gracia delante de Jehová. Y bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de lino; harás también un cinto de obra de recamador. Y para los hijos de Aarón harás túnicas; también les harás cintos, y les harás tiaras para honra y hermosura. Y con ellos vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él; y los ungirás, y los consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes. Y les harás calzoncillos de lino para cubrir su desnudez; serán desde los lomos hasta los muslos. Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entren en el tabernáculo de reunión, o cuando se acerquen al altar para servir en el santuario, para que no lleven pecado y mueran. Es estatuto perpetuo para él, y para su descendencia después de él».
 
 
Éxodo 28, 36 dice: «Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ». Esta placa estaba atada con una cuerda azul para que no se separase del turbante. 
¿Qué nos está demostrando Dios con este turbante del Sumo Sacerdote? El turbante y su decoración implican que Jesucristo tomó todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y que así nos ha salvado de todos nuestros pecados.
Para vivir con fe ante Dios, antes de nada todos debemos tener la verdadera fe en Él. Para tener fe en la verdad, necesitamos tener el conocimiento correcto de la Verdad. Nuestro Señor nos dijo a todos nosotros: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 32). Creer en Dios no es algo que se pueda hacer con las emociones solamente. Por eso nuestra fe debe tener el conocimiento en la Verdad, y esto debe seguirse de emociones, y después de nuestra fuerza de voluntad. Para ello debemos tener la fe que conoce la verdad manifestada en los materiales utilizados en las vestiduras del Sumo Sacerdote. 
En el turbante que llevaba el Sumo Sacerdote había una placa de oro atada con una cuerda azul. Esto nos demuestra la verdad de que el Señor tomó todos nuestros pecados al venir al mundo y ser bautizado. Por eso el pasaje de las Escrituras de hoy dice: «Y estará sobre la frente de Aarón, y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofrendas» (Éxodo 28, 38). La fe que puede resolver el problema de los pecados de los israelitas estaba manifestada en la placa de oro que había en el turbante del Sumo Sacerdote y en la cuerda azul que sujetaba la placa. 
 
 
El bautismo de Jesús es esencial para la salvación de todos los seres humanos
 
De la misma manera en que el Sumo Sacerdote llevaba un turbante con una placa de oro sujeta con la cuerda azul en su frente, si son los sacerdotes espirituales de hoy en día deben saber que el Señor vino al mundo, fue bautizado por Juan el Bautista mediante la imposición de manos que se corresponde con el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, y así ha borrado todos nuestros pecados. En el Antiguo Testamento el Sumo Sacerdote tenía que saber que a través del sacrificio realizado según el sistema de sacrificios se borraban todos los pecados. Por otro lado, los que estamos viviendo en la era del Nuevo Testamento debemos saber que, como el Señor fue bautizado por Juan el Bautista cuando vino a este mundo, tomó todos nuestros pecados para siempre. Como Jesucristo fue bautizado, todos nuestros pecados se le han pasado a Él para siempre. 
A través de este bautismo todos los pecados de todas las personas de este planeta se pasaron a Jesús sin excepción. Incluso los pecados de Juan el Bautista, el último Sumo Sacerdote y el representante de la humanidad, fueron pasados a Jesús junto con todos los pecados del mundo. 
¿Qué tipo de fe debemos tener ante Dios? Debemos tener la fe verdadera que cree que Jesucristo fue bautizado y que así tomó todos los pecados del mundo. Junto con el conocimiento de la Verdad debemos tener esta fe que cree en la Verdad de corazón. Cuando trabajamos y predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu con la fe que cree en esta Verdad, la gente lo escuchará y creerá en él de corazón, y así podrá lavar sus pecados. Jesucristo nos ha dado la verdadera remisión de los pecados a los que creemos en esta Verdad de corazón. 
Sobre todo, los sacerdotes espirituales de hoy en día deben tener una fe clara que crea en el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin el conocimiento de esta Verdad y sin fe en ella no podemos cumplir las funciones de nuestro sacerdocio espiritual. En otras palabras, solo los que tienen esta fe que cree en la Verdad de los hilos azul, púrpura y carmesí, es decir en la verdad de la remisión de los pecados, pueden llevar a cabo el sacerdocio espiritual. En otras palabras, solo los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el bautismo de Jesucristo y Su sangre derramada en la Cruz pueden cumplir la tarea de predicar el Evangelio. Por eso tener el conocimiento correcto de la Verdad es esencial para ser un sacerdote espiritual. Por eso la Biblia dice claramente: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos» (Osea 4, 6). 
Cuando el Sumo Sacerdote se presentaba ante Dios el Día de la Expiación no podía entrar en el Lugar Santísimo sin llevar el turbante. El Sumo Sacerdote tenía que llevar el turbante de lino fino entrelazado y ponerse la placa de oro sujeta por una cuerda azul exactamente como Dios había especificado. Como ya habrán confirmado, el hilo azul da testimonio del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista (Mateo 3, 15; 1 Pedro 3, 21). 
Nadie puede evitar cometer pecados todos los días. Por tanto, nadie puede evitar ser condenado, morir, y ser destruido eternamente por sus pecados. Pero el Señor vino al mundo y tomó todos los pecados de la humanidad en Su cuerpo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Como Jesús dijo en Mateo 3, 15: «Permíteme hacer ahora pues conviene que cumplamos toda justicia», a través de este bautismo Dios Padre quiso pasar todos los pecados del mundo a Su Hijo Jesucristo, y permitió que esto ocurriese. El que Jesús fuese bautizado por Juan el Bautista significa que, a través de Juan el Bautista aceptó todos los pecados del mundo sobre Sí mismo para siempre. Por tanto, sus pecados y los míos fueron pasados a Jesús en aquel entonces.
Como todos han pecado, todos están separados de la gloria de Dios (Romanos 3, 23). La Biblia dice: «Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores» (Romanos 5, 19). ¿Hay alguien que no peque? Por supuesto que no. Entonces, ¿cuál es nuestro destino? Dios dijo que si tenemos cualquier tipo de pecados, sea como sea cometido, ya sea por nuestras acciones, corazones o pensamientos, seremos destruidos. Como Dios dijo «el precio del pecado es la muerte» (Romanos 6, 23), Si tenemos un pecado, aunque sea del tamaño de un grano de mostaza, debemos recibir la remisión de los pecados sin falta. Toda la humanidad ha pecado ante Dios y por culpa de estos pecados no puede evitar ser condenada por ellos. Sin embargo, como Dios dijo que «el precio del pecado es la muerte», hizo que Su Hijo fuese bautizado y permitió que fuese crucificado. El precio del pecado es la muerte. ¿Qué significa la muerte aquí? El infierno. 
Hebreos 9, 27: «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio». Dios nos dice que nos espera el juicio después de morir. Todas las personas, justas y pecadoras, las que han recibido la remisión de los pecados y las que no, vivirán para siempre después de la muerte física. Los seres humanos fueron creados a la imagen de Dios y esto nos dice que como Dios vive para siempre, todo el mundo vivirá eternamente lo quiera o no. Pero deben recordar que hay dos tipos de vida eterna: una es la vida eterna bendita en el Reino de los Cielos, y la otra es una vida maldita en el infierno. 
Jesucristo es el Sumo Sacerdote eterno del Cielo. Vino al mundo como el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos y ha borrado todos los pecados de la humanidad no al darnos un sacrificio terrenal, sino al entregar Su cuerpo (Hebreos 7, 21; 8, 11-12; 10, 10). Dios es quien vino al mundo y tomó todos nuestros pecados al ser bautizado, para poder salvarnos de los pecados del mundo. Jesucristo, el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos vino al mundo encarnado en un hombre y aceptó todos los pecados de la humanidad en Su cuerpo a través de Su bautismo. A través de esto, todos nuestros pecados fueron pasados a Jesucristo para siempre. Como Jesucristo aceptó todos nuestros pecados en Su cuerpo a través del bautismo pudo ir a la Cruz, ser crucificado, y derramar Su sangre hasta morir. 
Por eso Dios estableció el estatuto de que el Sumo Sacerdote tenía que llevar una placa de oro con la inscripción «SANTIDAD A JEHOVÁ» en su turbante atada con una cuerda azul para que no se cayese. Esto nos dice que, como Jesús ha borrado todos los pecados del mundo con Su bautismo, los que creen pueden recibir santidad en sus corazones e ir ante Dios. 
 
 
La placa de oro estará delante del turbante
 
Éxodo 28, 37 dice: «Y la pondrás con un cordón de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará». Este pasaje significa que debemos tener fe en Su bautismo. Al saber que los pecados del mundo fueron pasados a Jesucristo debemos recibir la remisión de los pecados. ¿Es incorrecto decir que Jesús tomó todos nuestros pecados cuando fue bautizado? ¿Por qué es destruida la gente? No somos destruidos y abandonados por Dios porque hayan pecado, sino porque no han creído en esta Verdad clara y por tanto tienen pecados en sus corazones. Como Jesucristo vino al mundo y tomó todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista, y como le pasamos nuestros pecados, nuestro Señor fue condenado en nuestro lugar. Debemos saber esto con nuestras mentes y creer con nuestros corazones. Solo entonces el bautismo de Jesús puede plantarse en nuestros corazones como nuestra fe. El oro en la Biblia significa fe. Al creer en el verdadero Evangelio podemos entrar en el Cielo. 
Todas las religiones de este mundo enseñan a sus seguidores a llegar a un despertar propio. Por ejemplo, el budismo enseña a sus seguidores a limpiar sus corazones a través de ejercicios ascéticos para alcanzar el nirvana. El objetivo del budismo es dejar de lado todo pensamiento mundano sumergiéndose en la meditación para llegar a convertirse en un dios. Pero nadie puede conseguir esto. Algunos seguidores de la religión están intentando convertirse en dioses por su cuenta y para ello viven separados del mundo en las montañas. Por ejemplo, incluso en el cristianismo, después de la era de la Iglesia Primitiva, había gente que vivía en monasterios y buscaba la santificación. Pero vivir aislado en una montaña no significa que no se vayan a tener más pensamientos decadentes. Es un gran error pensar que si nos separamos del mundo y no tenemos contacto con ningún otro ser humano, podremos librarnos de todos nuestros deseos y emociones carnales. Por el contrario, nuestra carne hace que cuanto más separados del mundo estemos, más nos invadan los deseos carnales de este mundo. Como tenemos estos pecados en nuestros corazones es imposible librarnos de nuestros pecados aunque lo intentemos. Por eso Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Nuestro Señor es el único Camino el Reino de los Cielos. Es la Verdad. Es la Viva. Jesús es el Señor de la vida. 
Lo que la gente quiere encontrar es el camino al Cielo. Para encontrar el camino que les lleva al Reino de Dios, deben conocer y creer en la Verdad completamente. La Verdad es que Dios mismo vino al mundo encarnado en un hombre y al ser bautizado por Juan el Bautista tomó todos los pecados de la humanidad. Todos podemos entrar en el Reino de Dios al conocer esta Verdad y creer que todos nuestros pecados han sido pasados a Jesús. 
Por el contrario es imposible entrar en el Cielo por nuestros propios méritos, es decir haciendo buenas obras. ¿Por qué? Porque por muchas buenas obras que hayamos hecho, si incumplimos aunque sea un solo estatuto de la Ley de Dios, esto significa que hemos incumplido toda la Palabra de Dios. Como incumplir un solo estatuto de la Ley de Dios significa que se es un pecador ante Dios, es imposible que una persona así vaya al Cielo por sus acciones. Debemos creer en esta verdad y debemos pasar nuestros pecados a Jesucristo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Jesús tomó todos los pecados del mundo, incluyendo sus pecados, sobre Su cuerpo. Así que al hacer que nuestros pecados sean pasados a Jesús todos nuestros pecados son limpiados. 
Para esto primero deben examinarse a sí mismos para ver si tienen pecados en su corazón o no, y cuando se den cuenta de que hay pecados, deben creer en la remisión de los pecados manifestada en los hilos azul, púrpura y carmesí y por tanto tener su fe aprobada por Dios. Al creer en la ofrenda del sacrificio de Cristo podemos ir al cielos después de ser salvados de nuestros pecados para siempre. El que la gente haya pecado no es lo que le impide ir al Cielo, sino que lo que se lo impide es no creer en el Evangelio manifestado en los hilos azul, púrpura y carmesí. No debemos decir simplemente que no tenemos toda la información y distanciarnos de la Palabra de Dios, sino que debemos ser salvados al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él. 
De la misma manera en que el Sumo Sacerdote ofrecía sacrificios con fe a Dios para santificar a su pueblo, nosotros, los sacerdotes reales de hoy en día, debemos conocer la verdad clara en nuestras mentes y abrazar la santidad de Dios en nuestros corazones. No importa qué alma nos pida qué ofrezcamos un sacrificio por ella, ni cómo ni cuándo, primero debemos estar revestidos de la santidad de Dios. La placa de oro grabada con la frase «santidad a Jehová» estará siempre en nuestras frentes porque somos los Sumos Sacerdotes de hoy en día. 
La verdad de la remisión de los pecados clara y real es el Evangelio manifestado en los hilos azul, púrpura y carmesí y el lino fino entrelazado. Este Evangelio ha borrado todos nuestros pecados y nos ha hecho santos, justos y consagrados. Esta clara como el agua que nuestros pecados han sido pasados a Jesucristo cuando fue bautizado. Como Jesucristo ha borrado todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado, los que creen en Él pueden recibir la remisión de los pecados y vivir por fe. Además, al continuar con nuestras vidas de fe después de recibir la remisión de los pecados, debemos meditar y creer en lo importante que es este Evangelio y lo grande que es para nuestras vidas espirituales el Evangelio del bautismo que Jesús recibió de Juan Bautista.
La Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu debe estar siempre en nuestros corazones. ¿Por qué? Porque pecamos a todas horas. Entre los lectores de mis libros, no hay casi nadie que no sepa que Jesús pagó la condena de nuestros pecados al ser bautizado y crucificado. Sin embargo, no vale para nada solamente conocer esta verdad. Debemos meditar sobre Su bautismo tan a menudo como sea posible, porque tendemos a ser manchados por nuestros pecados todos los días. Tener esta fe es como guardar el grano en un granero para que sea nuestro sustento. En otras palabras, meditar sobre el verdadero Evangelio del agua y la sangre es alimento para nuestras almas. Por eso Jesús dijo: «De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero» (Juan 6, 53-54).
Debemos confirmar nuestra fe en el bautismo de Jesús todos los días. Para todos los sacerdotes, esta fe debe ser aún más firme. Solo cuando tenemos una fe clara y determinada podemos mantener nuestra salvación y enseñar a otros pecadores para que sean salvados. ¿No es así? Por supuesto que sí. Todos los días necesitamos la fe que cree en el bautismo de Jesús, y la fe que cree en Jesús, quien cargó con la condena de todos nuestros pecados. 
El turbante que llevaba el Sumo Sacerdote no se puede encontrar en este mundo. ¿Hay algún turbante en el mundo que lleve una placa de oro sujeta por una cuerda azul? Solo hay un turbante así, el turbante del Sumo Sacerdote. Esto nos dice una verdad profundad: los sacerdote reales deben estar firmes en la fe del bautismo de Jesús. También nos muestra que podemos cumplir las funciones de sacerdotes solo cuando tenemos una fe fuerte en esta verdad. 
Nuestra fe en el bautismo de Jesús debe estar más clara cada día. Jesús fue crucificado hasta morir porque había cargado con todos los pecados. Como había cargado con todos los pecados, pudo decir: «Esta acabado» (Juan 19, 30), Antes de morir en la Cruz. Entonces se levantó de entre los muertos y vivió de nuevo. Mediante estas obras justas Jesús ha borrado perfectamente todos nuestros pecados y se ha convertido en el Salvador eterno de todos los que creen en Él. 
Debemos recordar el bautismo de Jesús todos los días. ¿Por qué? Esto se debe a que nuestras vidas estas llenas de errores y de faltas. ¿Son insuficientes o no? Cuanto más tiempo pasa, más vemos que somos insuficientes. ¿Aún así no van a creer en el bautismo de Jesús y la sangre derramada en la Cruz?
 
 
La placa de oro con la inscripción «Santidad a Jehová»
 
¿Qué tipo de fe es la fe que nos permite convertirnos en personas santas y sin pecados? La fe en el hilo azul que cree en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista. Como Jesús aceptó los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan nuestros pecados se pasaron a Jesús. Cuando creemos en el bautismo de Jesús, en que fue bautizado para tomar todos nuestros pecados sobre Su cuerpo, esta fe nos da la experiencia de que nuestros pecados han sido borrados por fe. Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, se le pasaron los pecados de la humanidad. Así que, como todos los pecados fueron pasados a Jesús, los que creen en esta Verdad han sido lavados de todos sus pecados para siempre. Sus pecados han sido borrados por fe. El que los pecados hayan sido borrados está implícito en el color azul del sistema del Tabernáculo. En otras palabras, los pecados de sus corazones han sido borrados por fe cuando creen en Su bautismo y confiesan: «Mis pecados, tus pecados y los pecados de todo el mundo fueron pasados a Jesucristo». Sus pecados también han sido borrados por completo si tienen esta fe. 
Antes de conocer este bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista, sus corazones tenían pecados. No hay nadie en este planeta que haya sido aprobado como persona sin pecados antes de conocer esta Verdad. Todo el mundo tiene pecados y por tanto está destinado al infierno. Para borrar todos nuestros pecados, Jesús vino al mundo y aceptó todos nuestros pecados al ser bautizado. El bautismo que Jesús recibió es lo mismo que la imposición de manos del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento; los pecados del pueblo de Israel se pasaban a la cabeza del animal del sacrificio mediante la imposición de manos. Así, podemos encontrar frases como «poner las manos sobre» en el Antiguo Testamento, sobre todo en Levítico. 
¿Se pasaron sus pecados a Jesús cuando fue bautizado? Cuando Jesús fue bautizado, dijo: «Permíteme hacer ahora pues conviene que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15). La palabra así es hutos en griego y significa de «esta manera», «de la manera más adecuada», o «no hay otra manera». Esta palabra demuestra que Jesús tomó los pecados de toda la humanidad sobre Sí mismo de manera irreversible a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Como el momento en que Jesús tomó todos los pecados al ser bautizado es un momento decisivo, no puedo olvidar ese momento. Deben recordar en sus mentes esta Palabra escrita en el texto original. Al meditar sobre este Evangelio del agua y el Espíritu todos los días, deben creer en él de corazón. 
Podemos estar sin pecados y entrar en el Reino de los Cielos si creemos de todo corazón que Jesús aceptó todos nuestros pecados y los borró a través de Su bautismo. ¿Podemos entrar en el Reino de los Cielos de alguna otra manera? Pueden pensar que cuando se hagan mayores serán más disciplinados y buenos, pero cuanto más mayores se hagan, peores serán. Si piensan que pueden ser mejores y más disciplinados con el paso del tiempo, deben reconocer que son incapaces de hacerlo. La verdad es que, cuanto más mayores somos, más impacientes nos volvemos y nos cuesta más controlar nuestra ira. Si tuviésemos la habilidad de ser más pacientes y más disciplinados con el tiempo, quizás podríamos entrar en el Reino de los Cielos al cumplir la Ley con nuestras acciones. Pero como no tenemos esta habilidad, de nosotros solo salen pecados, maldad e ira. 
Lo que estoy intentando decir es que la salvación no se puede conseguir mediante nuestras acciones, sino solo mediante la fe. Hebreos 11, 1 dice: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Aunque no hemos visto a Dios, existe, y como Dios está vivo, obra en nuestras vidas. Nos ha mostrado la Verdad de la salvación. Al creer en esta verdad de la salvación en nuestros corazones, podemos ser salvados de nuestros pecados. Esto es efectivo. Por tanto, los pecadores deben ser salvados al creer en esta Verdad de corazón, y no intentar ser salvados de sus pecados mediante sus buenas obras. 
¿Qué significa el hecho de que la placa de oro estaba en el turbante del Sumo Sacerdote y estaba sujeta por una cuerda azul? Significa que debemos conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él. Al ser bautizado, Jesús tomó todos los pecados del mundo, incluyendo los nuestros. Jesús, que es todopoderoso, tomó todos nuestros pecados de esta manera. Debemos saberlo y creer. Cuando escuchamos la Palabra de Dios con nuestros oídos, la conocemos con nuestras mentes, y creemos en ella con nuestros corazones, nuestros corazones se limpian. Como hemos pecado y no podemos evitar pecar en el presente y en el futuro, para salvarnos de todos nuestros pecados, el Señor vino al mundo y tomó nuestros pecados al ser bautizado. 
Cuando Jesús aceptó los pecados de la humanidad y los borró, sus pecados también se le pasaron a Él. Al creer en esta Verdad, pueden ser redimidos de todos sus pecados. Cuando creemos en el bautismo de Jesucristo, quien vino por el agua y el Espíritu, nuestros pecados pueden ser borrados, y al creer que Jesucristo pagó la condena de nuestros pecados, podemos convertirnos en hijos de Dios. Por tanto, por la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos nacer de nuevo y convertirnos en hijos de Dios. Nuestro Señor nos ha dado este tipo de fe. 
 
 
Los pantalones de lino del Sumo Sacerdote
 
Dios le ordenó a Moisés que hiciera pantalones de lino para el Sumo Sacerdote. Los pantalones tenían que ir desde la cadera hasta los muslos para cubrir la desnudez de los sacerdotes. Dios dijo que para evitar la muerte, Aarón y sus hijos debían llevar estos pantalones cuando entraran en el Tabernáculo o se acercaran al atrio del Tabernáculo, y dijo que este sería un estatuto para siempre para Aarón y sus descendientes. 
Estos pantalones eran como ropa interior que cubría la desnudez de los sacerdotes. Revelar la desnudez ante Dios es revelar la suciedad, y por eso cuando los pecados se revelan ante Dios, se muere. Por eso Dios les ordenó a los sacerdotes que cubriesen su desnudez. En otras palabras, Dios nos ha dicho que cubramos nuestros pecados y nuestra suciedad con la fe que cree en este perfecto Evangelio de Su justicia. 
Entonces, ¿qué significan los pantalones de lino blanco del Sumo Sacerdote? Son la fe que cree en la justicia de Dios. Son la verdad de la perfecta salvación con la que Dios nos ha dejado sin pecados. Jesucristo, que es Dios mismo (hilo púrpura) vino al mundo, fue bautizado (hilo azul), derramó Su sangre y murió en la Cruz (hilo carmesí), se levantó de entre los muertos y así ha completado nuestra salvación perfectamente. Creer que Dios ha borrado todos nuestros pecados con Su bautismo y que fue condenado a pagar la condena de todos esos pecados en nuestro lugar es llevar los pantalones de lino de la salvación en nuestros corazones. Al creer de corazón, podemos ser salvados de nuestros pecados y convertirnos en los hijos de Dios y entrar en Su Reino. 
La única manera de borrar toda la suciedad de nuestros corazones es creer en el bautismo que Jesús recibió y en Su sangre derramada en la Cruz. En particular, la fe del hilo azul, que dice que Jesús aceptó todos los pecados a través de Su bautismo, es la clave de nuestra salvación que borra todos nuestros pecados, y al creer en esto podemos cubrir nuestra suciedad. ¿Cómo podemos presentarnos ante Dios sin dudarlo a pesar de nuestras insuficiencias e iniquidades? Solo es posible cuando creemos en la justicia de Dios que cubre toda nuestra suciedad perfectamente. Con la fe que cree que Dios nos ha salvado con el agua y la sangre, es decir con los hilos azul, púrpura y carmesí, podemos cubrir toda nuestra suciedad. Jesús vino a este mundo, nos hizo justos perfectamente con Sus obras justas y así se ha convertido en el Señor de nuestra salvación eterna. Al creer en esto podemos alcanzar un estado sin pecados. Al creer en las obras justas de Dios, con las que nos ama y nos ha dejado sin pecados, podemos escapar de la condena del pecado. Al creer en esta salvación justa de Dios en nuestros corazones, podemos recibir la vida eterna. 
Pecamos todos los días. Por tanto debemos darnos cuenta de que quien se acerca a Dios sin llevar los pantalones de lino blanco de la salvación de Dios que ha borrado nuestros pecados con los hilos azul, púrpura y carmesí, debe morir. El tipo de fe que evita que muramos cuando nos presentamos ante Dios es la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como Dios nos ha dicho que nos pongamos estos pantalones de lino blanco, debemos llevar estos pantalones de la remisión de los pecados por fe en nuestros corazones. 
Cuando nos presentamos ante Dios con esta fe no moriremos. Por eso lo que se manifiesta en estas vestiduras del Sumo Sacerdote es la verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Ninguna de las prendas del Sumo Sacerdote está falta de significado espiritual. Nosotros, los Sumos Sacerdotes de hoy en día, no podemos omitir ninguna de las prendas que Dios nos ha ordenado que llevemos. ¿Qué ocurriría si el Sumo Sacerdote se pusiera todas las prendas menos los pantalones de lino? Que moriría. El que la gente común lleve estos pantalones de lino o no es su propia decisión, pero si los Sumos Sacerdotes no los llevan, morirán, porque su desnudez vergonzosa, es decir sus pecados y su suciedad, quedará expuesta por completo. 
¿Qué pasaría si no tuviésemos el tipo de fe que cree en Su perfecta salvación de todo corazón ante Dios? ¿Qué pasaría si nos presentásemos ante Dios sin creer de corazón que nos ha dejado sin pecados, y no llevásemos las prendas de la salvación en nuestros corazones? Que seguiríamos siendo pecadores. Como la paga del pecado es la muerte, los pecadores que no han sido redimidos de sus pecados deben ser condenados, deben morir y ser arrojados al fuego eterno del infierno. Por eso sus corazones deben llevar las vestiduras de la salvación que Dios ha hecho por ustedes. Al creer en la verdad manifestada en los hilos azul, púrpura y carmesí podemos entrar en el Reino de Dios. 
Por eso la Biblia dice que el oro, el metal más precioso, denota la fe. En la Biblia el oro se refiere a la fe, mientras que el bronce denota la condena. Podemos ver que el hilo de oro se utilizaba frecuentemente para hacer las vestiduras del Sumo Sacerdote. Esto implica que siempre debemos tener una fe fuerte en este Evangelio del agua y el Espíritu. Crean en la Verdad manifestada en los hilos azul, púrpura y carmesí. Dios dijo que esto sería un estatuto que debía cumplirse para siempre. 
En nuestras mentes y corazones debemos creer en esta Verdad. La verdadera fe debe ir acompañada de conocimiento, de sentimientos y obras. ¿Tienen esta fe y esta verdad? ¿De verdad creen en la verdad manifestada en los hilos azul, púrpura y carmesí de todo corazón? ¿Creen que Dios les ama, que ha borrado todos sus pecados al ser bautizado, derramar Su sangre y levantarse de entre los muertos? Si creen en esta Verdad, esto significa que han revestido sus almas con las vestiduras de la salvación. 
Dios reprendió al pueblo de Israel a través del Apóstol Pablo diciendo: «Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios» (Romanos 10, 3). A Dios no le gustan los que intentan establecer su propia justicia con buenas obras aparentes. Los que no creen en las buenas obras que Dios ha hecho por nosotros por Su amor, serán destruidos. ¿En qué confían? ¿Confían en la justicia de Dios o en su propia justicia? ¿De verdad creer de todo corazón que Dios les ama, que ha borrado todos sus pecados con el bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz? ¿Creen en esta Verdad y se encomiendan a ella? ¿De verdad confían en esta Verdad de corazón y creen en ella o siguen intentando recibir la remisión de sus pecados intentando vivir con benevolencia propia?
Por supuesto que deben vivir con benevolencia. Después de nacer de nuevo deben vivir con aún más benevolencia. Sin embargo, en el Espíritu Santo, primero deben reconocer lo que es una vida virtuosa. La Biblia dice: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2, 9). Para los sacerdotes de Dios vivir con benevolencia significa servir al verdadero Evangelio.
Los que no creen en el Evangelio y el amor de Dios por nosotros, los que no creen que Dios ha borrado todos sus pecados perfectamente con el bautismo y la sangre de Jesús en la Cruz dan mucha pena. 
Había una vez un grupo de pescadores que habían naufragado llegó a la desembocadura del río Amazonas después de 10 días de luchar contra la tormenta y el océano. Todos estaban exhaustos por no haber bebido agua durante 10 días. Por fin llegaron a la parte donde había agua potable. Sin embargo, la desembocadura del Amazonas era tan grande que ninguno se dio cuenta de que estaban flotando sobre un río con agua potable. Por tanto todos murieron aunque estaban rodeados de agua potable en abundancia. ¡Qué miserables eran! Desde un punto de vista espiritual, casi toda la gente de esta generación está luchando desesperadamente contra sus pecados, exhaustos espiritualmente sin saber que todos sus pecados fueron borrados por el bautismo y la sangre de Jesús. 
Como Dios nos ama, ha completado la obra justa de borrar todos nuestros pecados. Al creer en esta Verdad podemos entrar en el Reino de Dios. Esta fe nos permite nacer de nuevo como hijos de Dios; aunque nacimos siendo pecadores, nos convertimos en justos por la obra del Espíritu Santo cuando decimos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Al nacer de nuevo como personas sin pecados podemos entrar en el Reino de Dios. 
¿Han vestido sus almas con las vestiduras buenas y justas de la salvación de Dios? ¿Han hecho que sus almas crean de verdad en este Evangelio? Lo que es importante sobre todo es que crean en este Evangelio verdadero de corazón. En vez de intentar darse cuenta de la Verdad por su cuenta o aferrarse a las enseñanzas de este mundo secular, deben creer en la Palabra de Dios que enseñan los que han recibido la remisión de los pecados antes que ustedes. El verdadero Evangelio no es algo que solo puedan conocer en sus corazones. Deben entrar en el Cielo al creer en él. ¿Qué bendiciones, hermanos y hermanas, nos ha dado Dios a través de Su único Hijo Jesucristo? Al borrar todos nuestros pecados a través del sacrificio de Su único Hijo Dios nos ha hecho hijos Suyos. 
La gente de este mundo quiere hacer lo que es justo y quiere respetar a los que hacen cosas justas. ¿Acaso no son las obras más justas de todas las que hizo Jesús al sacrificarse por toda la humanidad? El Evangelio del agua y el Espíritu no ha sido creado por la humanidad. Es la obra más justa y virtuosa que Dios ha cumplido por nosotros especialmente. Como Jesús fue bautizado y se sacrificó en la Cruz por todo el mundo, le reconocemos como nuestro verdadero Salvador. Solo hay una Persona justa, Jesucristo. No hay nadie justo por sí mismo en este planeta a parte de Jesucristo. 
¿Quieren ser justos? Al creer en la obra justa que Dios ha hecho por ustedes, todos pueden convertirse en personas justas. La obra justa de Dios es el Evangelio del agua y el Espíritu. Crean en Jesús, quien ha hecho esta obra justa. Dios ha borrado todos nuestros pecados porque nos ha amado. Cuando aceptamos Su amor de esta Verdad por fe, somos santos como Dios es santo. Dios dijo: «Seréis, pues, santos, porque yo soy santo» (Levítico 11, 45). Dios nos ha dicho que vivamos por fe. ¿Creen de todo corazón en este obra justa de Jesús que nos ha salvado perfectamente de todos nuestros pecados? Creo que la obra más justa en el mundo ha sido llevada a cabo por el sacrificio eterno de nuestro Señor. Creo que todo se ha cumplido a través del bautismo que recibió Jesús, Su sangre en la Cruz, y Su resurrección de entre los muertos. 
Le doy gracias a Dios con la fe que Dios me dio a través Si Palabra de la verdad.