The New Life Mission

Sermones

Tema 26: Levítico

[26-5] < Levítico 4:1-12 > Restaurar nuestra relación con Dios

< Levítico 4:1-12 >
“Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere alguna de ellas; si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación. Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará delante de Jehová. Y el sacerdote ungido tomará de la sangre del becerro, y la traerá al tabernáculo de reunión; y mojará el sacerdote su dedo en la sangre, y rociará de aquella sangre siete veces delante de Jehová, hacia el velo del santuario. Y el sacerdote pondrá de esa sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromático, que está en el tabernáculo de reunión delante de Jehová; y echará el resto de la sangre del becerro al pie del altar del holocausto, que está a la puerta del tabernáculo de reunión. Y tomará del becerro para la expiación toda su grosura, la que cubre los intestinos, y la que está sobre las entrañas, los dos riñones, la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado, de la manera que se quita del buey del sacrificio de paz; y el sacerdote la hará arder sobre el altar del holocausto. Y la piel del becerro, y toda su carne, con su cabeza, sus piernas, sus intestinos y su estiércol, en fin, todo el becerro sacará fuera del campamento a un lugar limpio, donde se echan las cenizas, y lo quemará al fuego sobre la leña; en donde se echan las cenizas será quemado”.
 
 
Si pecamos contra Dios, ¿cómo deberíamos comportarnos?
 
El Libro de Levítico es la Palabra de Dios que habla de la unión entre Dios y el hombre. ¿Cómo y con qué tipo de sacrificio podemos unirnos a la justicia de Dios? Para ser uno con Dios tenemos que ofrecer el sacrificio que Dios desea. Lo mismo es cierto de la gente del Antiguo Testamento, desde los sacerdotes a los líderes de la congregación, a la gente común y los ancianos. El pasaje de las Escrituras que hemos leído hoy describe lo que había que hacer cuando un sacerdote llevaba la culpa a su pueblo. 
Está escrito en Levítico 4:2-4: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere alguna de ellas; si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para expiación. Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará delante de Jehová”.
Como podemos ver aquí, los sacerdotes del Antiguo Testamento también podían traer vergüenza a su pueblo. Esto significa que, como el pueblo de Dios, los sacerdotes también podían pecar. Dios dijo que todo el mundo peca contra Él, incluyendo los ancianos de la congregación y la gente común. Sin embargo, nuestro Señor quiso eliminar nuestros pecados para siempre. ¿Cómo podemos restaurar nuestra relación con Dios cuando pecamos? El pueblo de Israel, para eliminar los pecados que lo separaban de Dios, tenía que ofrecer un sacrificio a Dios sin falta y resolver ese pecado por fe. En el Antiguo Testamento, cuando el pueblo de Israel resolvía sus pecados, ponía las manos sobre el animal y lo sacrificaba, y entonces el sacerdote tomaba la sangre con el dedo, la ponía en los cuernos del altar de los holocaustos y arrojaba el resto de la sangre sobre la base del altar. 
Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos ser librados de todos nuestros pecados. Sin embargo, cuando cometemos pecados, nuestros corazones se vuelven oscuros. Cuando se echa un poco de agua sucia en agua limpia, puede ensuciar el recipiente de agua entero. De manera similar, nuestras transgresiones pueden oscurecer nuestros corazones, aunque sea durante poco tiempo. Esto puede ocurrir, aunque los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu no tengamos pecados. Pero, si seguimos cometiendo pecados, nuestros corazones se oscurecerán. Por tanto, nuestra relación con Dios no será lo que solía ser. Cuando cometemos una transgresión contra Dios, nuestros corazones se oscurecen. 
En momentos como este, debemos pensar en la justicia de Jesucristo y confiar en ella porque se ha convertido en la expiación de los pecados. Por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos restaurar nuestra relación con Dios. Debemos volver al Evangelio del agua y el Espíritu y reafirmar que todos nuestros pecados han sido pasados al Señor para siempre a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. En otras palabras, debemos reafirmar que nuestro Señor cargó con todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado. Esto se debe a que, a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, el Señor tomó todos nuestros pecados para siempre. Y mientras cargaba con todos los pecados del mundo fue crucificado y derramó Su sangre por nosotros. 
Creemos en esta obra hecha por el Señor y hemos recibido la remisión de los pecados por esta fe. Es posible que pequemos mientras vivimos en este mundo, pero cuando lo hacemos, debemos recordar que el Señor cargó con todos los pecados del mundo para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista, recordar Su condena y darle gracias por fe. Si no confiamos en la justicia de Dios, nuestra relación con Dios se encontrará con algunos problemas. Por supuesto, siempre y cuando busquemos la justicia de Dios, no tendremos ningún problema grave. Así que, cuando cometemos un pecado, debemos pensar en el Evangelio del agua y el Espíritu y reafirmar que incluso ese pecado ha desaparecido. Solo entonces podremos cumplir la voluntad de Dios. 
¿Dónde pueden darse cuenta de esta verdad? Podemos encontrarla en el Evangelio del agua y el Espíritu como está escrito en las Escrituras, en el Antiguo y Nuevo Testamentos. Podemos darnos cuenta de esto cuando hacemos el sacrificio de la remisión de los pecados a Dios por fe. Este sacrificio no es un sacrificio que se hace para recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, sino que es un sacrificio que debemos hacer reafirmando este Evangelio una vez más. Por tanto, debemos volver a la Palabra de Dios de nuevo, que habla de la justicia de nuestro Señor Jesús, quien cargó con nuestros pecados a través de Su bautismo. Debemos reafirmar que el Señor tomó nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, que fue crucificado cargando con todos los pecados del mundo y que, como resultado, nuestros pecados han sido juzgados y eliminados. Nuestra relación con el Señor solo puede restaurarse si afirmamos que el Señor fue bautizado por Juan el Bautista por nosotros, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos de nuevo.
 

El Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento ofreció el sacrificio del Día de la Expiación solo una vez al año
 
En el Antiguo Testamento, el décimo día del séptimo mes, el sumo sacerdote ofrecía primero un sacrificio de redención por sí mismo y su familia al poner las manos sobre la cabeza del animal y pasarle los pecados suyos y los de su familia. Después de esto le pasaba todos los pecados del pueblo de Israel a otro sacrificio animal mediante la imposición de manos. Sin embargo, cuando el pueblo de Israel pecaba contra Dios antes del Día de la Expiación, tenía que ofrecer un sacrificio a Dios por estos pecados, porque sus corazones estaban oscurecidos por sus pecados. De la misma manera, cuando nuestros corazones están oscurecidos por las transgresiones que cometemos después de ser salvados, debemos ofrecer el sacrificio del Día de la redención reafirmando nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Hablando espiritualmente, podemos hacer esto porque todos nuestros pecados fueron pasados a Jesucristo para siempre a través de Su bautismo. En otras palabras, podemos hacer esta ofrenda pensando en el hecho de que Jesucristo tomó todos los pecados del mundo para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista. 
Esta ofrenda consiste en reafirmar una vez más que nuestros corazones están sin pecados y por tanto en restaurar nuestra relación con Dios. Por nuestra fe en la justicia de Dios podemos pasarle todos nuestros pecados. Debemos poner nuestras manos espiritualmente sobre el sacrificio al creer en la justicia de Dios. Debemos reafirmar en nuestro corazón que todos nuestros pecados fueron pasados a Jesucristo para siempre. Con nuestros corazones y nuestra fe, debemos contener la gracia de la remisión de los pecados cumplida por la Palabra de Dios. 
Como hemos recibido la remisión eterna de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu con nuestros corazones, no tenemos pecados y por eso no dudamos en acercarnos a Dios. Esto se debe a que el Espíritu Santo en nosotros reconoce que no tenemos pecados. ¿En qué debemos creer para que esto tenga lugar? Todos debemos volver a la Palabra de Dios y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y una vez más debemos reafirmar nuestra fe a través de la Palabra de Dios para ser aprobados por el Espíritu Santo que vive en nuestros corazones por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Espíritu Santo nos dice: “Sí, he eliminado todos vuestros pecados. Tenéis razón. No os preocupéis porque he eliminado todos vuestros pecados con la Palabra de Dios”. 
El Espíritu Santo dice que todos nuestros pecados fueron eliminados con el bautismo que Jesús recibió, y esta es la Verdad. Primero debemos eliminar los pecados de nuestros corazones al creer en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista de esta manera. Juan 1:29 dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y podemos verificar que nuestro Señor eliminó todos los pecados del mundo. El siguiente pasaje nos dice lo siguiente: los creyentes no tenemos pecados porque nuestro Señor tomó todos nuestros pecados al ser bautizado y fue condenado por ellos en la Cruz. Sabemos que nuestro Señor fue bautizado y condenado por nuestros pecados y por eso no tenemos pecados en nuestros corazones y este es el verdadero conocimiento. 
Por tanto, al reafirmar el Evangelio del agua y el Espíritu escrito en la Palabra de Dios podemos ser liberados de toda la oscuridad, aunque cometamos transgresiones. Así es como restauramos nuestra relación con Dios. Incluso los que hemos recibido la remisión eterna de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu suframos dificultades temporales en nuestra relación con Dios. Sin embargo, una vez se restaura esta relación, podemos seguir viviendo por la justicia de Dios. Para tener esta fe que nos lleva a restaurar nuestra relación con Dios hemos ofrecido el sacrificio de fe con el Evangelio del agua y el Espíritu. Solo entonces pueden nuestros corazones ser liberados cuando pecamos. Y solo entonces podemos restaurar nuestra relación con Dios. Por tanto, debemos vivir siempre por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Aunque hayamos recibido la redención eterna para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos mantener una relación sana con Dios. ¿Por qué? Porque tropezamos por nuestras transgresiones a menudo al ser débiles. Todos somos débiles. De hecho, cuando los justos cometen una transgresión, incluso sus corazones, que habían estado en comunión con Dios con luz brillante, están oscurecidos temporalmente. Para restaurar nuestra relación con Dios en nuestros corazones, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y hacer una ofrenda de fe espiritualmente. Debemos saber qué es lo que hemos hecho mal a los ojos de Dios, y debemos reconocer que el Señor cargó con estos pecados y los eliminó con el Evangelio del agua y el Espíritu. Creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es pasar nuestros pecados al Señor al creer en Su bautismo. Debemos reafirmar con la Palabra de Dios que Jesucristo cargó con todos nuestros pecados para siempre y fue condenado por ellos en la Cruz. Así es como debemos revitalizar y restaurar nuestros corazones. 
Cuando un sacerdote pecaba sin querer contra cualquiera de los mandamientos del Señor y hacía algo que no debía hacerse, la manera de restaurar su relación con Dios era ofrecer un sacrificio según los requisitos establecidos por Él. Esto implica que, al hacer la ofrenda de la remisión de los pecados para Dios, somos restaurados una vez más en comunión con Dios. Está escrito en Levítico 4:8-9: “Y tomará del becerro para la expiación toda su grosura, la que cubre los intestinos, y la que está sobre las entrañas, los dos riñones, la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado”. ¿En qué se centra la Biblia cuando habla de la ofrenda del pecado que trae la remisión de los pecados? El Espíritu Santo. Está escrito que el sacerdote debía tomar dos riñones, la grasa que hay en ellos y los ijares y la grasa del hígado y encima de los riñones y ofrecérsela a Dios quemándola en el altar de los holocaustos. Espiritualmente hablando, la grasa aquí se refiere al Espíritu Santo. Esto implica que debemos quemar los pecados de nuestros corazones con la ofrenda del pecado. 
Aunque hayamos ofrecido el sacrificio eterno del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, esto no significa que podamos seguir pecando. Pero, cuando nos cansamos, debemos reafirmar cómo Dios ha eliminado nuestros pecados. Dios solo aprueba nuestra fe cuando creemos que Dios cargó con nuestros pecados a través de Su bautismo y los eliminó. Como todos somos humanos es posible que pequemos, pero no podemos resolver estos problemas con nuestros propios pensamientos por mucho que lo intentemos. Por tanto, debemos reafirmar nuestra salvación de nuevo confiando en esta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha limpiado. Al reafirmar una vez más que el Señor ha eliminado nuestros pecados, podemos restaurar esta gracia de salvación y sacar la oscuridad que vino por nuestras transgresiones. Si no reafirmamos nuestra salvación con la Palabra de Dios nuestras vidas estarán llenas de oscuridad.
 

¿Qué debemos hacer cuando pecamos?
 
La oscuridad desciende sobre nosotros cuando pecamos. En momentos como este acabamos convirtiéndonos en oscuridad, aunque Dios sea la luz. ¿Cómo podemos restaurar nuestra relación con Dios? Podemos restaurarla haciendo una ofrenda de fe. Debemos limpiarnos y restaurar nuestra relación con Dios para dejar de lado nuestra suciedad y servir al Señor, renovar nuestras vidas de fe y recibir las bendiciones de Dios de nuevo. 
Como somos débiles hacemos nuestra ofrenda de fe. Esto se debe a que moriremos espiritualmente si nuestra relación con Dios no es restaurada. Si somos separados de Dios, seremos arruinados espiritualmente. Nuestras vidas no tendrán sentido. Aunque hayamos recibido la remisión de los pecados, ¿hay alguno entre nosotros que no peque más en este mundo? ¿Quién entre nosotros no está lleno de oscuridad en un momento u otro? Ninguno. 
Jesús ha borrado todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos buscar la justicia de Jesucristo a menudo. El Libro de Hebreos nos pide que tengamos “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2). “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Si no ponemos nuestra vista en Él, caeremos en la oscuridad, nuestra carne y nuestras debilidades y moriremos al final. Debemos buscar la justicia del Señor siempre. Debemos buscar la justicia del Señor porque nos ha hecho perfectos. Debemos hacer todas las cosas confiando en la Palabra de Dios. Esto significa que debemos buscar la justicia de Dios que está escrita en Su Palabra, no según nuestros propios pensamientos. 
La Palabra de Dios tiene un poder enorme. La Biblia dice en Juan 1:29: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Memoricemos este pasaje. La mayoría de nosotros se sabe este pasaje sin ni siquiera leer la Biblia. De hecho, la mayoría de nosotros nos lo sabemos tan también que probablemente podemos recitarlo hasta dormidos. Sin embargo, memorizarlo es diferente que reafirmarlo una vez más. En el momento en que leemos la Palabra de Dios podemos reafirmar en nuestros corazones que Jesús eliminó nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista. Mientras que es importante conocer la Palabra de Dios, también es indispensable reafirmar una vez más nuestra salvación con el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que nuestros corazones oscurecidos son limpiados por la Palabra de Dios. 
Pasemos a Efesios 5:25-27: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. El lavado de agua que se menciona en este pasaje se refiere al bautismo de Jesús. Este bautismo de Jesús vino por la Palabra de Dios. El que Dios nos haya limpiado con agua significa que ha eliminado nuestros pecados con Su Palabra. Lo que limpia nuestros corazones sucios es el bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. Las Escrituras hablan de esto muy a menudo, así que, cuando nuestros corazones se ensucien, debemos lavarlos de nuevo con la Palabra de Dios reafirmándola. 
Así es como debemos restaurar nuestra relación con Dios para cumplir con nuestro sacerdocio. Debemos presentarnos en la entrada del Tabernáculo con un corazón limpio de pecados y reafirmar que el Señor es quien ha eliminado nuestros pecados, el que nos ha creado, el que nos ayuda, el que nos bendice y es Dios mismo, nuestro Juez. Gracias a esta justicia de Dios podemos pedirle que nos ayude. Así es como podemos ser renovados todos los días. Al limpiar nuestros corazones oscurecidos con la Palabra de la justicia de Dios, podemos caminar con el Señor todos los días de manera brillante, limpia y santa. 
Al vivir nuestras vidas en este mundo, especialmente en sociedad, nuestros corazones pueden oscurecerse. A veces nuestros corazones o acciones van por el mal camino. Cuando esto ocurre, debemos lavarnos confiando en la Palabra justa de Dios. Si sus corazones se oscurecen por alguna razón es porque han pecado, aunque no estén seguros de qué pecado han cometido. En momentos como este, deben reafirmar que el Señor eliminó este pecado también. Como no tenemos pecados, podemos tener comunión con el Señor. Y podemos tener confianza para orar a Dios. 
En 1 Juan Dios dijo que nos daría lo que le pidiésemos con una buena conciencia. ¿Qué hace que no podamos tener una conciencia limpia ante Dios? Los pensamientos carnales y las transgresiones. Limpiando estas cosas con la Palabra, debemos orar siempre a Dios con confianza. Como Jesús nos ha salvado de los pecados del mundo y se ha convertido en nuestro Señor, y como es Dios mismo, contestará nuestras oraciones cuando le pidamos ayuda orando. Debemos orar a Dios con confianza con un corazón limpio para que nos ayude. Debemos limpiar nuestros corazones con la Palabra del Señor, orarle y convertirnos en gente de fe. Así que debemos vivir en este mundo confiando en el Señor. 
Cuanto más tiempo pase desde que recibimos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, más debilidades quedan expuestas. Pero ¿por qué fe viven los justos? En el Antiguo Testamento, si un sacerdote pecaba, si la congregación pecaba, si los ancianos pecaban y si la gente común pecaba, todo lo que tenían que hacer era ofrecerle a Dios un sacrificio para eliminar sus pecados. De esta manera, en el Nuevo Testamento podemos tener comunión con Él por esta fe porque creemos en la justicia del Señor y porque creemos en que el Señor ha eliminado todos los pecados del mundo limpiándolos. El Libro de Levítico habla acerca de la unidad con Dios. Para estar unidos con el Dios Santo, el primer paso es recibir la remisión de los pecados. Esta remisión de los pecados se obtiene al hacer una ofrenda de pecado. Nuestra relación con Dios se restaura según las reglas establecidas por Dios. Así que debemos ofrecer sacrificios del pecado a Dios a menudo al creer en Su Palabra. Las Escrituras dicen que, cuando el hijo de Job pecó, Job ofreció un sacrificio del pecado y un holocausto por su hijo. Esta ofrenda era una ofrenda de sacrificio. Dios describió a Job como un hombre justo. 
Cuando volvemos a nuestras vidas diarias, debemos hacer la ofrenda de fe a Dios confiando en Su justicia. Somos sacerdotes espirituales. Somos sacerdotes santos a los ojos de Dios. ¿Qué debemos hacer cuando pecamos? Cuando los que han recibido la remisión eterna de los pecados cometen un pecado, ¿qué pueden hacer? Pueden restaurarse una vez más haciendo una ofrenda de pecado espiritualmente. Estas ofrendas son necesarias todos los días, en todo momento. ¿Por qué? Porque el mundo está sucio y lleno de maldad. 
Hace mucho tiempo leí una revista semanal, Sunday Seoul, con muchas cosas sucias escritas. Al pasar las páginas también vi muchas fotos sensuales. Vemos este tipo de cosas a todas horas. Podemos acceder a ellas fácilmente si queremos. A menudo estas cosas las podemos ver con nuestros ojos sin querer, aunque no queramos verlas y no tengamos ninguna intención de verlas. De esta manera, nuestra carne comete transgresiones a menudo. En estos momentos no podemos ir ante Dios durante un momento. Para ir ante la presencia de Dios de nuevo debemos hacer una ofrenda de fe que revela la justicia de Dios. 
Por tanto, cuando hagamos una ofrenda de fe, debemos hacerlo con un conocimiento claro de lo que hemos hecho mal ante Dios. Debemos vivir en este mundo confiando en el Señor, siendo santos y justos a los ojos de Dios. Pudimos vivir así porque hemos escuchado la ofrenda de fe, la Palabra de la ofrenda de redención. Pero, aunque estemos escuchando la Palabra de redención en nuestras vidas, ¿qué debemos hacer cuando no la podamos escuchar más? Incluso en un día debemos hacer la ofrenda de fe en nuestras vidas diarias. Solo entonces nuestros corazones pueden ser restaurados. La Iglesia de Dios ofrece sacrificios de pecado en todo momento. 
Incluso los que tienen corazones corruptos por el mundo, podrán limpiar sus corazones si vienen a la Iglesia, se sientan en silencio en un banco y escuchan la Palabra de Dios. El Señor ha borrado todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu. Nos ha salvado de todos los pecados del mundo para siempre. Se han convertido en personas santas que tienen comunión con Dios. ¿Qué hay de ustedes? ¿Han sido limpiados de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¡Le doy gracias a Dios!