The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 1-13] < Génesis 1, 16-19 > Dios nos convierte en recipientes valiosos

< Génesis 1, 16-19 >
«E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto».
 
 
Dios creó las estrellas y las puso en el cielo para que alumbraran la Tierra. Hoy me gustaría hablar sobre la función de las estrellas que Dios creó. El que Dios creara las estrellas significa que Dios creó a Sus obreros en este mundo.
En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel ofrecía oro a Dios para construir el Tabernáculo, y parte de este oro se utilizaba para hacer un candelabro, otra parte se utilizaba para hacer recipientes de oro y cucharas. Del mismo modo en que el pueblo Dios fabricaba los artículos que se utilizaban en el Tabernáculo con oro, Dios nos ha dado la verdadera fe a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, y ha refinado nuestros corazones para que no nos falte nada para ser utilizados como Sus siervos. Como hemos sido formados con la Palabra de Dios, nos estamos convirtiendo en gente de fe, en obreros de Dios.
Dios quiere moldear a Sus hijos para que sean obreros que Él puede utilizar en Su Reino. Así que vemos cómo Dios permite que Su pueblo pase por diferentes situaciones. A través de estas circunstancias Dios nos refina para convertirnos en instrumentos ideales que Él pueda utilizar.
Cuando un escultor esculpe una estatua, utiliza un cincel o un cuchillo para esculpir. A veces pega algunas partes con pegamento, y en ocasiones las separa, y todo esto lo hace para dar forma a la figura que él quiere crear. Del mismo modo, Dios moldea a Sus santos. Para convertirlos en instrumentos útiles, Dios les enseña con diferentes lecciones. A los que les resulta difícil negarse a sí mismos, Dios les permite hacerlo poniéndolos en una situación en la que puedan negarse a sí mismos, y los renueva para poder utilizarlos. Como Dios nos ha dado Su Palabra, nos está enseñando a seguirla por fe. Dios nos está enseñando a ser útiles.
Todos nosotros debemos dejar nuestros pensamientos carnales ante Dios y creer en Su Palabra. Como tenemos pensamientos propios queremos conservar nuestras antiguas posesiones, pero Dios quiere transformar nuestros pensamientos carnales. Por eso Dios nos permite pasar por diferentes situaciones y así borra nuestros pensamientos erróneos y nos enseña cómo creer en la Palabra de Dios y cómo seguirla. Dios no quiere utilizar nuestro pasado, sino que quiere convertirnos en recipientes Suyos y utilizarnos cuando somos nuevas criaturas.
Dicho de otra manera, nuestros pensamientos son diferentes de los de Dios. Todo lo que tienen nuestros pensamientos carnales son las cosas que hemos vivido hasta ahora. Intentamos acercarnos a Dios con nuestros pensamientos carnales. Ustedes intentan protegerse instintivamente en vez de acercarse a Dios con su verdadera naturaleza para ser transformados por fe. Sin embargo, esto no es lo que quiere Dios.
Dios dijo: «Que las aguas de debajo del cielo se reúnan en un sitio y que se descubra lo seco». Dios siembra semillas en esta tierra seca y quiere que estas semillas germinen, crezcan y den los frutos del Espíritu Santo que Él desea. Dios quiere que nuestra naturaleza malvada se descubra tal y como es y quiere que veamos nuestra naturaleza, que creamos en la gracia que nos ha concedido y vivamos la vida de justicia.
Por eso Dios quiere renovarnos con Su Palabra. En el pasaje de las Escrituras de hoy, en el que se dice que Dios hizo las estrellas, significa que Dios quiere convertirnos en Sus siervos y utilizarnos como instrumentos Suyos a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso no importan las circunstancias en las que nos encontremos, porque siempre debemos escuchar lo que Dios nos dice y debemos obedecerle por fe. Esto se debe a que Dios nos está convirtiendo en Sus siervos para todas las circunstancias. El Señor dice: «Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas» (Proverbios 3, 6).
 
 
Dios revela Su voluntad con Su Palabra
 
Sean cuales sean las circunstancias hacia las que Dios nos guía, al final, son el proceso mediante el cual Dios nos moldea según Su voluntad para convertirnos en recipientes valiosos. Por tanto lo que debemos hacer es obedecer la Palabra de Dios por fe cuanto antes posible. Por naturaleza a ustedes y a mí nos disgusta que nuestra carne se destruya y se haga nueva por la fe. Sin embargo, cuando Dios nos pide paciencia y espera que nos neguemos a nosotros mismos, debemos obedecerle por fe. Para ello Dios quiere corregir nuestros errores con la Palabra, romper la justicia de nuestra carne y moldearnos para que podamos hacer Su obra por fe. Por eso debemos confesar: «Dios, soy así de insuficiente» y al creer en la Palabra de Dios, que nos ha dado Su gracia, debemos convertirnos en gente de fe. Debemos tener una fe firme en la Palabra de Dios.
Dios sigue moldeándonos una y otra vez hasta que se cumple Su voluntad. Si hay alguna impureza carnal en nuestros corazones, Él nos la quita y derriba nuestra justicia humana. Cuando Dios derriba nuestra propia justicia, solemos pensar: «Es el fin de mi existencia». Sin embargo, cuando ha derribado la justicia carnal, Dios nos da una fe con poder para que vivamos confiando sólo en la justicia de Dios. Esta es la poderosa fe que se basa en la Palabra de Dios.
Es demasiado difícil para nosotros intentar vivir nuestras vidas de fe con nuestra propia justicia. Cuando se derriba la justicia de nuestra carne podemos experimentar por nosotros mismos que vivimos por la justicia de Dios. Al final somos moldeados según los deseos de Dios y Él nos utiliza como instrumentos Suyos. Es una bendición para nosotros ser moldeados por Dios. Él hace imposible que vivamos sin fe en la justicia de Dios: Dios derriba la nobleza de los que fingen ser nobles como recipientes de cristal y hace más dóciles a los que son tercos como una roca. Además Dios saca el agua de este mundo a los que todavía están unidos al mundo aunque crean en la Palabra de Dios.
A veces Dios envía a alguien que no soporta el calor a ser misionero en África. Debemos hacer la obra de Dios dondequiera y cuandoquiera que sea necesario, ya haga frío o calor. El Apóstol Pablo confesó: «Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad» (Filipenses 4, 12). Así podemos ver que Pablo fue formado por Dios para ser Su siervo.
Lo que debemos recordar es que no importan las circunstancias en las que nos encontremos, porque siempre debemos creer en la Palabra de Dios y obedecerla. Si queremos vivir una vida espiritual correcta ante Dios, debemos aceptar la Palabra de Dios en nuestros corazones. Si no aceptamos la Palabra de Dios en nuestros corazones e intentamos vivir con sabiduría o justicia carnal, Dios nos derribará. Dios quiere que nuestros corazones no tengan nada nuestro y que sólo contengan Su Palabra. Quiere que nos convirtamos en los siervos amables que le sirven con el corazón lleno de la Palabra. Por eso, incluso hoy en día, Dios nos está haciendo parecernos a Él. Así que no debemos tener miedo a que la justicia de nuestra carne se venga abajo.
La justicia de la fe debe desaparecer ante Dios para que podamos hacer la obra para placer de Dios. No debemos insistir sobre nuestra terquedad de la carne ante Dios, sino que debemos creer en la Palabra de Dios, llenar nuestros corazones con Su Verdad y ser transformados en obreros confiados que predican Su Evangelio por todo el mundo. Para conseguirlo, debemos aceptar la Palabra de Dios en nuestros corazones por fe. Nuestros corazones no pueden cambiar a no ser que aceptemos la Palabra de Dios. La transformación espiritual es posible si aceptamos la Palabra de Dios y sólo cuando abrazamos esta Palabra. Sólo cuando nos convertimos en gente de fe Dios nos puede utilizar libremente y confiarnos Su obra.
Mientras vivo mi vida de fe y sigo al Señor siempre, yo también me he sorprendido por lo que Dios ha hecho por mí. Soy consciente de lo bien que me conoce Dios y de lo bien que me ha enseñado. Dios sabe todo sobre mi corazón y así me guía. También he pasado por situaciones en las que Dios me ha reprendido y me ha mostrado mis errores cuando mi corazón no hacía lo correcto.
Mis queridos hermanos, Dios les está convirtiendo en Sus siervos. Cuando Dios quiere hacerles Su pueblo y Sus siervos, ¿puede haber alguna objeción? ¿Pueden guardarle rencor por eso? ¡Por supuesto que no! Entre los estudiantes de nuestra Mission School hay algunas parejas casadas. Aunque un matrimonio constituye un solo cuerpo y un solo corazón, Dios moldea al marido y a la mujer por separado.
Deben darse cuenta de que han venido a esta escuela para que Dios les haga nuevas criaturas. De hecho los obreros de Dios trabajan duro por Su obra. Trabajamos siempre, día y noche. También pensamos en el trabajo de mañana y tenemos el objetivo de servir a la voluntad de Dios en nuestras mentes cuando planeamos y obramos. Entonces ¿cuántos obreros se necesitan? Vinimos aquí para que Dios nos convirtiera en recipientes que se utilizan según la voluntad del Señor. Por eso deseamos ser utilizados para la obra de Dios y para construir Su Reino.
Mientras se convierten en Sus siervos, deben creer en la Palabra sabiendo que sus pasados han desaparecido. Para que Dios nos convierta en Sus obreros, debemos tener fe en Su Palabra por encima de todo. Debemos aferrarnos a la Palabra de Dios, poner nuestra fe en ella y desear ser obreros de Dios ideales para ser utilizados por Él. Sólo cuando nos sometemos voluntariamente a ser convertidos por Dios en la gente de fe, podremos estar contentos, tanto el Señor como nosotros. Cuando el Señor nos moldea para utilizarnos, debemos ser moldeados suavemente o de lo contrario esta tarea llevará más tiempo y el Señor no estará demasiado satisfecho. Como vamos a ser moldeados según la voluntad del Señor, sólo tenemos que obedecer.
Cuando un artesano quiere insertar una pepita de oro en una cuchara, si la pepita gritase: «¡Au! ¡Duele!» y sale volando cuando se le da con el martillo, entonces el artesano no estará contento. Si la pepita se niega a ser moldeada y sale corriendo cada vez que el artesano le da un golpe de martillo, entonces el artesano no tendrá más remedio que dar más golpes. Este oro debe ser moldeado por el artesano, ¿por qué ha de salir corriendo sólo por el hecho de que haga daño? Si la pepita de oro no le vale a su dueño, ya no tiene sentido que siga existiendo.
Así que cuando nuestro Maestro nos moldea, aunque duela, debemos soportar el dolor y seguir al Señor, teniendo en cuenta Su voluntad aún más a fondo. Cuando reflexionamos: «¿Por qué estoy sufriendo así? ¿Por qué estoy agonizando?» podemos darnos cuenta de lo que significa ser formado por el Señor para así poder superar todas las dificultades. Los hermanos y hermanas que están siendo formados en la Mission School son diferentes de los creyentes ordinarios.
Los líderes de las iglesias suelen aprobar a los seglares cuando consiguen algo por muy insignificante que sea. Pero como estos seglares no son obreros de Dios, se les alaba cuando consiguen cosas insignificantes. Sin embargo, ustedes, los que están siendo formados como obreros de Dios, no deben esperar que se les alabe. ¿Hay algo bueno en nosotros a parte del hecho de que nos convirtamos en obreros de Dios? No, no hay nada bueno. Los santos son meros santos, no son estrellas del cielo. Las estrellas brillas día y noche.
Del mismo modo en que Dios hizo las estrellas del cielo, ahora sabemos que Dios nos ha hecho criaturas nuevas para convertirnos en Sus obreros. Ahora ustedes y yo estamos convirtiéndonos en las estrellas del cielo. Dios enseña a los que no tienen fe en Su Palabra a tenerla. Así que Dios transforma lo humilde en noble y lo noble en humilde. Esto es lo que hace nuestro Dios. Esto se debe a que lo noble y lo humilde son demasiado difíciles de utilizar si se dejan tal y como están. Por eso Dios los moldea según la intención que tiene de utilizarlos. Como es muy difícil para los humildes predicar el Evangelio a los nobles, deben convertirse en nobles; y como los nobles son demasiado altivos para que Dios los pueda utilizar, Él les hace predicar el Evangelio con humildad.
Con Su Palabra de poder, Dios nos está moldeando. Puede que no nos demos cuenta, pero Dios nos está moldeando a todos. Sin embargo, si miran hacia atrás y ven lo mucho que han cambiado desde que recibieron la remisión de los pecados, se darán cuenta de que Dios nos ha cambiado en muchos aspectos.
Dios moldea a Sus siervos constantemente. ¿Están descontentos con esto y se quejan a Dios diciendo: «No entiendo por qué Dios me hace esto contra mi voluntad. Ni siquiera me conoce»? Estos pensamientos son sus pensamientos carnales.
Dios nos conoce. Es un Dios omnisciente, lo sabe todo sobre nosotros. La Biblia dice que incluso cuenta los pelos de nuestra cabeza (Mateo 10, 30). Este Dios omnisciente nos refina para convertirnos en Sus obreros.
¿Están pasando por una situación difícil y sufriendo? Si es así, crean que esto es parte del proceso mediante el cual Dios nos está convirtiendo en Sus obreros según Su voluntad. Como el Señor les convertirá en Sus siervos al final, les está refinando constantemente. Los recipientes que hace el Señor serán utilizados en diferentes aspectos mientras Dios nos forma. Nos enseña a soportar la pobreza y nos enseña a tratar la riqueza también. Si no sabemos cómo tratar la riqueza, nuestra fe se acabará en cuanto nos hagamos ricos y por eso debemos saber cómo comportarnos en la abundancia. Debemos convertirnos en el tipo de gente que no se va al mundo aunque consiga la prosperidad económica haciendo la obra del Señor. Por otro lado los que no abandonan su terquedad sufrirán.
Todo el mundo piensa que es la única persona que pasa por un momento difícil al servir al Señor, pero en realidad, todo el mundo pasa por esos momentos. Ustedes y yo pasamos por pruebas haciendo la obra de Dios. A simple vista podemos pensar que algunas personas tienen suerte de servir al Señor con tanta comodidad, pero cuando miramos más de cerca, todos tienen que luchar como nosotros. Nuestros ministros no lo aparentan, pero si les observamos de cerca, podemos ver que también tienen que trabajar duro en muchos aspectos y sufren en muchas ocasiones. Pero a través de todas estas cosas Dios moldea a Sus siervos hasta cierto punto.
Ahora están siendo formados en nuestra escuela, pero los que tienen demasiadas cosas propias tendrán dificultades a la hora de convertirse en obreros de Dios. Mientras asisten a esta escuela deben creer en la Palabra e Dios que predican Sus siervos y deben aceptarla en sus corazones, y sólo entonces podrán soportar todas sus dificultades y ser formados correctamente. Podemos soportar todas las cosas y hacer la obra de Dios gracias a nuestra fe en la Palabra.
No debemos intentar hacer la obra de Dios sin aceptarla en nuestros corazones a través de la fuerza de nuestra carne o con el conocimiento o experiencia que teníamos antes de nacer de nuevo. Si intentamos seguir a Dios con nuestros pensamientos carnales no podremos seguir al Señor hasta el final. Sólo cuando seguimos al Señor con la gracia de Dios podemos hacer Su obra hasta el final.
A veces los siervos de Dios se los ponen difícil a ustedes a propósito. Hace mucho tiempo le pregunté a mi congregación que construyeran paredes y que pusieran un sistema de calefacción para una capilla que medía 230 ㎡ . Sabía muy bien que los hermanos de mi iglesia no eran expertos en esto, pero aún así les pedí que lo hicieran. Cuando les pedí que compraran cemento a altas horas de la noche, se preguntaron donde podrían comprarlo a esas horas. Entonces les dije que hicieran todo lo posible por conseguirlo, aunque tuvieran que echar abajo la puerta de la tienda.
Cuando miré en los corazones de los santos, vi que trabajaban duro pero mantenían sus pensamientos carnales. Tenía que cambiar sus mentes. Una vez les dije a los santos que quitaran la calefacción que habían puesto y pusieran una nueva. Así que después de los oficios del domingo, los reuní a todos y les dije que quitaran el suelo de la capilla. Por la tarde, después del oficio matutino, empezó otra ronda de construcción. Algunos se quejaron diciendo: «¿Por qué lo quieres quitar? Está bien. Nos tendrías que haber dicho lo que querías desde el principio. ¿Cómo puedes hacernos esto después de todos nuestros esfuerzos?».
No importa la posición que tenga uno en el mundo, porque ante Dios nuestros pensamientos deben destruirse para poder ser utilizados como obreros de Dios. Cuando formaba a mi congregación, a veces me obedecían de inmediato. Todos estaban formados correctamente. De vez en cuando hacían lo que les pedía sin rechistar. Después de un tiempo empecé a ser más razonable con ellos.
Nuestros ministros se reúnen para jugar al fútbol de vez en cuando. Cuando un jugador regatea a otro, a veces está en fuera de juego. El equipo contrario insiste en que ha sido fuera de juego, y el otro dice que no. Entonces todos empiezan a gritar y el partido se para durante unos momentos. Por eso, si no rompemos nuestros corazones y no nos negamos a nosotros mismos, Dios no puede confiarnos Su obra. Si todavía queda algo de nosotros ante Dios, no podemos hacer Su obra.
¿Tienen todavía algo de sí mismos los santos de nuestra iglesia? No. Dios enseña a todos los seglares y obreros. Mientras Dios les guía, si alguno le desobedece, Dios le enseña todavía más. Dios nos moldea de esta manera y nos hace pasar por diferentes circunstancias en la iglesia. Cuando cumplimos lo que nos ha confiado por fe, Dios nos dará una tarea todavía mayor.
Dios no quiere asignarnos una sola tarea de Su obra a una sola persona. Cuando hacemos bien la obra de Dios por fe, nos confía más obras. Si no puedo terminar lo que se me ha pedido que haga, Dios se lo encargará a otra persona y me dará otra tarea. Nadie puede complacer al Señor con la fuerza y el poder de su propia carne. Sólo mediante al poder espiritual que Dios nos da y el poder de nuestra fe en Su Palabra, podemos servirle. Esta es la fe de la Verdad.
En general, cuando una pareja casada pasa por un período espiritual difícil, la mujer le reprocha cosas al marido y el marido se enfada con ella. El marido culpa a la mujer por sus problemas y la mujer culpa al marido por los suyos. Así es como piensan las parejas. Así que la mujer piensa: «Estoy segura de que todos mis problemas y la falta de respeto de la gente son culpa de mi marido». Así es como piensa la mayoría de la gente.
Sin embargo, a medida que el tiempo pasa, se dan cuenta de que esa situación no es culpa del marido o de la mujer, sino culpa suya. Pero al principio la gente se enfada con las personas más cercanas. ¿Son ustedes así también? En vez de culpar a su pareja y de quejarse: «Todos mis problemas son culpa tuya», les pido que crean que todos estos problemas son parte del proceso mediante el cual Dios nos moldea.
Al moldearnos para convertirnos en Sus obreros, Dios nos utiliza como los instrumentos adecuados en el lugar adecuado. Cuando hacen una tarea bien, Dios les utilizará para otra tarea, así Dios quiere que hagan todo. Dios quiere que reinen en el Jardín del Edén. ¿Cómo podrían ser libres si se les enviara a un lugar al que no quieren ir? «¿Por qué me ha enviado Dios aquí? ¿Por qué tengo que estar aquí cuando otro que tiene menos talento que yo está allí?». ¿No pensarían que Dios es injusto?
Pero Dios siempre obra de la mejor manera. A ustedes se les envió donde están ahora porque es lo que ustedes necesitaban. Sólo porque no entiendan por qué están aquí o porque no sea lo que esperaban, no significa que las circunstancias o condiciones sean desfavorables. Les pido que se den cuenta de que Dios ha permitido estas circunstancias para utilizarles como obreros Suyos. Ahora podemos ver cómo Dios enseña a los seglares de esta forma.
Dios hace las estrellas. Dios convierte a Sus siervos en gente de fe. Dios creó las estrellas del cielo con este propósito. Los que no tienen fe en asuntos de este mundo pueden resolver sus problemas económicos gracias a su fe en Dios. A los que no tienen fe en construir una iglesia o en predicar el Evangelio a las almas, Dios les hace cumplir esta tarea por fe, al confiar en Él y creer en Él. Todo el mundo es así. Dios nos enseña a orar con fe por todos los problemas y para que los podamos resolver. Dios nos convierte en gente de fe, en instrumentos útiles y en Sus siervos benditos. No podemos convertirnos en siervos de Dios por nuestra cuenta. Es Dios quien nos convierte en Sus siervos. Incluso en este momento, Él nos está moldeando y nos está utilizando como instrumentos Suyos. Dios nos está convirtiendo en Sus obreros.
Creo en que Dios está moldeando a nuestros ministros y a nuestros hermanos y hermanas para que se conviertan en Sus obreros. Cuando somos demasiado débiles, Él hace que podamos descansar y cuando somos demasiado fuertes, nos hace débiles. Dios obra así con Su poder. Puede que no nos hayamos dado cuenta, pero ahora sabemos que hemos sido creados por Dios. Cuando pasamos por este proceso, nos damos cuenta de que Dios nos ha moldeado. Y por eso podemos apreciar lo fácil que es obrar una vez Dios nos ha moldeado. Si tenemos un poco de fe en Dios, Él se encarga de reparar nuestra falta de fe y nos enseña a cómo tener fe.
Sólo cuando somos formados correctamente durante nuestra estancia en la Mission School podemos adaptarnos para seguir sirviendo al Señor en el futuro. Si hay algún ministro que no haya sido formado en la fe, Dios lo formará de nuevo. Esto se debe a que yo también era así hace tiempo y incluso ahora sigo siendo formado. Si se encuentran en momento difícil, les pido que crean que esto se debe a que necesitan esta formación. Aunque es duro hacer la obra de Dios, todos debemos pasar por este proceso. Puede que estemos pasando por momentos difíciles, pero debemos aceptar la Palabra de Dios y cumplir nuestra tarea por fe. Por eso estamos siendo formados en esta escuela.
Nosotros también sufrimos bastante cuando inauguramos esta escuela en 1991. Incluso tuvimos que rezar por nuestro pan de cada día. Cuando los feligreses daban ofrendas, podíamos comer ese día, pero cuando no las daban, no comíamos. Como eran tiempos difíciles, cuando alguien de la congregación nos invitaba a comer, ese día comíamos todo lo que podíamos, pero como no nos podíamos llenar, el día siguiente teníamos hambre otra vez. Pero ahora tenemos disciplina, incluso en nuestros hábitos alimenticios, y por eso no sucumbimos a la gula.
Cuando abrimos una iglesia de Dios nueva es el mejor momento para ser formados espiritualmente. Cuando más necesitamos fe es cuando intentamos incrementar lo que la Iglesia de Dios nos ha confiado. Todos saben cuántos problemas económicos puede tener una nueva iglesia, ¿no? Poner una ventana en la guardería requiere tener recursos y por eso todo lo que hacemos es rezar Dios para que nos ayude. Así que ponemos la ventana pieza por pieza cuando tenemos suficiente dinero para pagarla. No tengo palabras para expresar todas las dificultades con las que nos hemos encontrado mientras servimos al Señor.
Cuando estaba predicando en mi iglesia al principio, tuve muchos problemas. Sin embargo, a través de estas dificultades, Dios me hizo convertirme en Su obrero. Me enseñó cómo servir al Evangelio del agua y el Espíritu y cómo hacer la obra del Evangelio. ¿Quién iba a pensar que podríamos hacer la obra de Dios así?
Desde que empecé a predicar como siervo del Señor, he predicado este Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, los ministros que trabajaban conmigo en ese momento tenían una fe diferente a la mía. Cuando escuchaban lo que predicaba a otras almas, decían: «¿Qué? Es diferente, ¿no?». Muchos pastores de este mundo no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y no creen en él. En otras palabras, su ministerio no tiene nada que ver con el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios.
Sin embargo, yo estaba completamente dedicado a reunir a las almas y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando tenía una discusión con mi mujer y me ponía de mal humor, cogía mi maletín con la Biblia y salía a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Es imposible que una pareja casada nunca se pelee. Es normal que se peleen cuando las cosas se ponen difíciles. A mí me pasaba lo mismo. Cuando me peleaba con mi mujer, solía ir a un hospital a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a los pacientes. Cuando un alma recibía la remisión de los pecados tras escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu, me sentía mucho mejor. Así que tras predicar el Evangelio volvía a casa lleno del Espíritu y hablaba con mi mujer sobre lo que había pasado. Al compartir las bendiciones de Dios con mi mujer, ambos son sentíamos bien y nos olvidábamos de la pelea, por lo que nos reconciliábamos enseguida. Entonces rezábamos juntos por las almas.
No es que no me de cuenta de lo duro que es servir al Evangelio, sino que como este Evangelio es tan valioso y como es la obra de la vida que salva a las almas, estoy haciendo esta obra al aceptar la Palabra de Dios en obediencia. Aunque es duro y difícil, obramos con gozo admitiendo nuestras insuficiencias. Aunque sea muy difícil, como creemos que la obra del Señor es tan valiosa, seguimos trabajando por ella.
Los siervos de Dios pueden parecer un poco fríos a los ojos de los seres humanos. La gente que me conocía de antes suele decir que he cambiado porque antes solía ser más compasivo. Antes no podía dejar de ayudar a los pobres y a los necesitados e intentaba cuidarlos. Pero ahora ya no puede hacerlo. ¿Por qué? Porque me he dado cuenta de que salvar almas es mucho más importante que ayudar a la gente con sus necesidades materiales. Como esta obra que salva almas es tan valiosa, estoy dispuesto a hacer cualquier cosa que beneficie la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu.
Nuestro Dios nos ha llamado siervos. Le doy gracias por elegirnos para ser Sus siervos. Al predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos vencer las dificultades, pero aún así es una bendición vivir como obreros de Dios.
Si están luchando mientras siguen al Señor, les pido que acepten la Palabra de Dios todavía más. En tiempos difíciles, esta Palabra de Dios nos permite superar las dificultades. Cuando aceptamos la Palabra de Dios en nuestros corazones, la fe florecerá. Dios nos permitirá superar nuestras dificultades. Para nosotros la Palabra de Dios es nuestra vida. Viviremos cuando tengamos la Palabra de Dios, pero moriremos sin ella.
¡Aleluya! Dios se ha convertido en nuestra fortaleza y nuestro Pastor. Dios nos ha convertido en Sus obreros.