The New Life Mission

Sermones

Tema 14: La Primera Epístola de Juan

[Capítulo 3-1] (1 Juan 3:1-8) Nuestro Dios Quién Ha Venido a Nosotros con Amor Ágape

(1 Juan 3:1-8)
«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diabl
 

¿Conoces la Esencia del Amor de Dios?

Primero que nada, yo doy gracias a Dios por Su amor, porque Jesucristo, quién es Dios Mismo para todos nosotros, vino a esta tierra, fue bautizado, derramó Su sangre, y por lo tanto nos ha liberado, a quienes habíamos sido pecadores, de todos nuestros pecados de una vez por todas.
Existieron dos razones por las cuales Dios Padre planeó otorgar Su misericordioso amor sobre aquellos de nosotros que creemos en el verdadero Dios Jesucristo. La primera razón fue para demostrar Su verdadero amor con la justicia y la misericordia de Dios, ya que los ángeles perversos ambicionaron Su autoridad, y la segunda razón fue para mostrar que el trono de Dios no puede ser conquistado por el poder de ninguna creación.
Esto nos muestra que es imposible encontrar el camino para cualquiera de nosotros en tomar parte en la gloria de llegar a ser hijos de Dios por cualquier fuerza física. Nos revela a nosotros que el camino para que lleguemos a ser hijos de Dios solo es posible creyendo en Jesucristo y en la Verdad de la salvación planeada solamente en el amor de Dios. Podemos aprender, en otras palabras, que solamente es a través de la fe en el divino Jesús y en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu dada por Él por lo que podemos llegar a ser hijos de Dios y ser vestidos con el amor de Dios.
Por lo tanto ahora nos damos cuenta que el trono de Dios no puede ser tomado por nada ni por ningún medio en este mundo. La Verdad de la salvación constituida por el evangelio del agua y el Espíritu es la única ley legítima de la verdadera salvación, aplicable a todos, a ambos, Cristianos e incrédulos por igual. Esto se debe a que para liberar a todos estos pecadores de sus pecados e iniquidades, Jesucristo nuestro Dios aplicó por igual el mismo plan de salvación con el evangelio del agua y el Espíritu.
Nuestro Dios Jesucristo nos ha vestido con la gloria de llegar a ser hijos de Dios a todos nosotros los que creemos en el amor de Dios que se manifiesta en el evangelio del agua y el Espíritu. Esta Verdad de la salvación fue planeada en Jesucristo aún antes de la fundación del mundo, y también se determinó que solo aquellos que conocen y creen en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu serian vestidos con la gloria de Dios. Aunque Dios planeó nuestra salvación por Su cuenta con Su misericordia ilimitada, tenemos que darnos cuenta que solamente podemos apropiarnos del amor de Dios si primeramente creemos en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de esta salvación. Debido a que Dios Padre planeó y determinó vestirnos con la salvación de la remisión del pecado con la condición solamente de que creyéramos en Jesucristo como nuestro Salvador, todos nosotros debemos creer así.
Debemos darnos cuenta que si no creemos en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, el plan de la salvación de Dios, entonces Dios no es responsable por todas las maldiciones que consecuentemente se están acumulando sobre nosotros. Debido a que Dios Padre decidió convertirnos en Sus hijos en Jesucristo, no podemos hallar ningún error en Su plan. Como tal, debemos darle gracias a Él aún más por el hecho de que todos podemos recibir, por fe, el amor de Dios que nos ha sido concedido a nosotros a través de Jesucristo, el verdadero Dios.
A menos que todos lleguemos a conocer y a creer en el más grande amor de Dios creyendo en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado a través de Jesucristo, permaneceremos por siempre incapaces de resolver el problema de nuestros pecados. A menos que absolutamente resolvamos este problema del pecado creyendo en el bautismo de Jesucristo y Su derramamiento de sangre, no seremos capaces de agradar a Dios. Como consecuencia, nuestros corazones solamente temblaran y se contristaran por un temor y un espanto aun mayor.
Por lo tanto, debemos creer en la verdad ya que nuestra verdadera salvación es hecha posible solamente por nuestra fe en el amor de Dios. Sin hacer eso, no podemos descubrir el camino para que nosotros seamos verdadera y completamente salvos de nuestros pecados. Todos debemos recordar que si quisiéramos tratar de ser salvos de nuestros pecados sin tener esta fe en el evangelio del agua y el Espíritu, lo cual es el amor de Jesucristo, tal intento solo volvería nuestros corazones en contra de Dios. Los Cristianos pecadores están cometiendo tales pecados sin pensar. Por lo tanto, debemos darnos cuenta y creer que solamente es por nuestra fe en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu puesto por Dios por lo que es posible que nosotros recibamos el amor de Dios de una infinita misericordia.
Ustedes deben darse cuenta de cómo recibir el amor de Dios de misericordia infinita por su fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Si ustedes no creen con su corazón en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nuestro Dios les ha dado, no podrán decir que realmente creen en el misericordioso amor y que están agradecidos por ello. Por lo tanto, si piensan que ustedes de alguna manera pueden recibir el amor de Dios a través de su propio esfuerzo, están gravemente equivocados. Todos nosotros debemos darnos cuenta profundamente que si no creemos en Jesucristo nuestro Dios juntamente con el evangelio del agua y el Espíritu, solamente terminaremos como hacedores de maldad que se oponen a la autoridad de Dios.
Como está escrito en la Biblia: «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23), toda la humanidad ha pecado contra Dios, consecuente e inherentemente están todos destinados a ser destruidos. Pero debido a que fundamentalmente Dios sabía todo acerca de nosotros, Él nos ha guiado al camino de la remisión de nuestros pecados con el verdadero evangelio del agua y el Espíritu. Dios Padre, en otras palabras, decidió en Jesucristo antes de la creación del mundo salvarnos de los pecados del mismo. Es por ello que Dios envió a Jesucristo, Su Hijo y nuestro Salvador, a esta tierra, hizo que Él fuera bautizado por Juan el Bautista y de esta manera tomara los pecados de la humanidad, derramara Su sangre, se levantara de entre los muertos, dándonos consecuentemente la salvación que lava todos nuestros pecados de una vez por todas.
Y Dios Padre determinó que la verdadera salvación solamente sería permitida a aquellos que conocen y aceptan el verdadero evangelio del agua y el Espíritu. Como tal, solo aquellos que creen en esta verdad del nacimiento de Jesús, Su bautismo, Su muerte y Su resurrección verdaderamente pueden ser lavados de sus pecados, y también vivir sus vidas agradecidos ante Él por la fe. Dios Padre pasó todos nuestros pecados sobre el cuerpo de Jesús y los expió al dejar que Él se desangrara sobre la Cruz, pero por parte nuestra, debemos tener fe en esta Verdad para ser salvos de todos nuestros pecados creyendo en este bautismo de Jesús y en Su derramamiento de sangre. Esta es la esencia del amor ágape de Dios hacia nosotros.
 

Al Vestirnos en Su Amor Ágape, Dios Hizo Posible Que Nosotros Fuésemos Liberados de Todos Nuestros Pecados

¿Cómo nos ha convertido Dios en Sus hijos? Limpiando los pecados de todos y cada uno de nosotros que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, Dios nos ha otorgado el llegar a ser hijos de Dios solamente por fe.
Fundamentalmente Jesucristo es el Hijo de Dios y Dios Mismo. Este Jesús vino a este mundo para liberarnos de todos nuestros pecados, tomó los pecados del mundo de una vez por todas a través del bautismo que Él recibió de Juan, fue crucificado y murió sobre la Cruz, se levantó de entre los muertos, y por consiguiente nos salvó de todos nuestros pecados todo de una sola vez y nos convirtió en hijos de Dios, todo, de una sola vez. Aunque nuestro Señor tuvo que venir a esta tierra encarnado en semejanza de hombre, en Su sustancia real, fundamentalmente Él era y es el Creador del universo y el Mesías que ha salvado a la humanidad del pecado.
Por lo tanto, para que cualquiera sea salvo de sus pecados, debe conocer el bautismo y el derramamiento de Jesucristo como el amor verdadero de la salvación y la creamos como tal. Sin embargo a pesar de esto, mucha gente permanece en su estatus pecaminoso, rehusándose a reconocer, en su corazón, el amor de Dios que ha llegado en el evangelio del agua y el Espíritu, y así ellos continúan rechazando este amor de Dios en sus vidas. Como tal, debemos mostrar nuestra verdadera compasión por estas personas predicándoles el evangelio del agua y el Espíritu. Se debe a que existe tanta gente así por todo el mundo por lo que nosotros y el Apóstol Juan estamos sufriendo estos dolores de cabeza.
Mis queridos compañeros Cristianos, Jesucristo nuestro Dios, al darte el amor de la salvación que puede salvarte de todos tus pecados a través del amor del evangelio del agua y el Espíritu, ha dado el regalo de la salvación a ustedes para que cualquiera que crea en esta Verdad nazca de nuevo como Su propio hijo. Es solamente por nuestra fe en el divino Jesucristo como nuestro Salvador por lo que podemos llegar a ser hijos de Dios a través de Su amor. ¿Conoces el evangelio del agua y el Espíritu, lo tomas y crees que es la Verdad de la salvación? Todos nosotros necesitamos tener la clase de fe que sabe y cree apropiadamente la clase de amor que Dios Padre nos ha dado a través de Jesucristo.
El que hayamos llegado a ser los hijos sin pecado de Dios depende, en otras palabras, totalmente de nuestra fe en nuestro Dios Jesucristo. Nuestra remisión del pecado depende en el amor todo compasivo de la salvación de Dios que se encuentra en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual ha sido completado por Jesucristo.
 

El Amor Ágape es el Más Real de Todas las Clases De Amor

¿Cuántas clases de amor existen
entre los seres espirituales?
Existen cuatro clases: ágape,
astordos, filial y eros.

Todo el amor en este mundo puede ser clasificado en cuatro clases. Son: amor ágape, amor astordos, amor filial y amor eros. La palabra Griega ‘astordos’ se refiere al amor entre los miembros de una familia como el amor de los padres hacia sus hijos, y ‘fileo’ se refiere al compañerismo entre amigos, mientras que ‘eros’ se refiere al amor entre un hombre y una mujer. Ágape, por otro lado, se refiere al amor incondicional de Dios por nosotros.
De estas cuatro clases de amor, es en amor ágape en donde el misericordioso y compasivo amor de Dios se encuentra, el cual es mucho más grande que cualquier amor carnal de este mundo. Es en este amor unilateral de Dios que incondicionalmente nos ha traído el regalo de la salvación a nosotros. A este amor incondicional le llamamos “amor ágape.” En contrasté, las otras tres clases de amor básicamente son condicionadas. En otras palabras, eros, fileo y astordos son las clases de amor que duran mientras que sus condiciones han sido satisfechas. 
El amor ágape siempre existe entre Dios y nosotros. El amor de Dios se nos muestra a través del divino Jesucristo ya que es “el amor de la verdad” (2 Tesalonicenses 2:10). Debido a que nuestro Dios Jesucristo nos amó incondicionalmente, Él nos dio el evangelio del agua y el Espíritu, Él nos concedió a aquellos que creemos en este verdadero evangelio llegar a ser hijos de Dios lavando sus pecados de una vez por todas. Como tal, cuando se habla de creer en Jesucristo como nuestro Salvador y de seguirle a Él, es únicamente por fe por lo que podemos seguirle, no podemos seguirle a Él por ninguna otra razón o medio. No podemos agradecer a Dios lo suficiente por Su amor ilimitado a través de Jesucristo, quién es nuestro verdadero Salvador.
El amor ágape de Dios se manifiesta totalmente en el evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado. Por lo tanto, en todo este amor de la salvación, ahí está la Verdad del agua y el Espíritu que vino de Dios. Se debe a Jesucristo nuestro Dios por lo que hemos podido ser salvos de todos nuestros pecados de una vez por todas y llegar a ser los propios hijos de Dios creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Como tal, debemos darnos cuenta y creer con el corazón que es por el amor unilateral de Dios por lo que hemos llegado a ser justos, y que este amor es el amor ágape de Dios hacia nosotros. Todos nosotros debemos creer que es a través de Jesucristo nuestro Dios, y por la manifestación de Su amor, el evangelio del agua y el Espíritu, por lo que hemos llegado a ser los hijos propios de Dios.
Sin embargo, si no tienes fe en el evangelio del agua y el Espíritu a través de Jesucristo nuestro Dios, entonces tu alma estará tan vacía y carente como un desierto. Si su alma no se ha dado cuenta del amor infinito de Dios por nosotros a través de Jesucristo, y en la profundidad de este amor de Dios a través del evangelio del agua y el Espíritu, entonces aquí debes darte cuenta que ciertamente tienes pecado en el corazón, y que aún no estas en Cristo (Romanos 8:1). Si es así, lo más urgente que debes de hacer es darte la vuelta y creer en este evangelio del agua y el Espíritu.
 

Necesitamos Saber Cuando Él Sea Revelado, Seremos Como Él

¿Qué pasará a aquellos que
creen en el evangelio del agua
y el Espíritu?
Serán como Jesús, y disfrutarán
todo el esplendor del Cielo
con Jesucristo.

¿Qué nos dice Dios en 1 Juan 3? Está escrito: ¬«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2).
El Apóstol Juan nos está diciendo aquí acerca del futuro de los santos de la actualidad. Él nos está diciendo que cuando nuestro Dios Jesucristo venga a nosotros y el Reino del Señor sea establecido en el fin del mundo, nosotros, también, seremos como Él. Esto se debe a que también le veremos como Él es. En otras palabras, este pasaje nos habla acerca de las bendiciones que nos esperan, que seremos transformados en cuerpos gloriosos como el de Jesucristo y disfrutaremos todo Su esplendor y gloria.
Jesucristo nos ha salvado a ti y a mí de nuestros pecados y nos ha hecho a todos que prediquemos el evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad real de la salvación, a este mundo. Y Jesucristo nuestro Dios nos prometió que Él regresaría nuevamente a este mundo, y que Él recompensará al trigo y castigará la cizaña (Mateo 13:30). En ese tiempo, cuando la segunda venida de Jesucristo llegue, Él nos concederá, a quienes hemos sido liberados de todos nuestros pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, disfrutar el esplendor y la gloria juntamente con Él. Dios nos guiará al Cielo y nos permitirá vivir por siempre con Él.
1 Juan 3:3 dice: «Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro». Si realmente hemos nacido de nuevo creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador, entonces para que lleguemos a estar más cerca de Él, necesitamos corregir nuestras malas acciones colocando nuestra fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Esto no significa que llegamos a ser pecadores de nuevo si no corregimos nuestras malas obras. Sin embargo, aún tendremos que guardar nuestro corazón siempre limpio creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu que nos ha liberado de los pecados del mundo.
La razón para esto es que somos de los que tienen la esperanza de vivir por siempre con Jesucristo nuestro Dios. Poniendo nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, ahora tú y yo debemos creer en este Dios verdadero Jesucristo quién nos ha limpiado de los pecados del mundo, mantiene nuestras almas siempre limpias, y también servimos a este evangelio dado por Dios por la fe. Todos nosotros no solamente sabemos sino que creemos con nuestro corazón que nuestro Señor, Dios Mismo, vino a esta tierra para borrar nuestros pecados, cargó los pecados del mundo al ser bautizado y al morir sobre la Cruz, sé levantó de entre los muertos, y por consiguiente nos salvó, a quienes creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, de todos nuestros pecados.
Como tal, debemos darnos cuenta que por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, siempre podemos limpiar nuestro corazón.
 

El Amor de Dios es Diferente del Amor Entre un Hombre y una Mujer

¿Es el amor de este mundo, como el que 
hay entre un hombre y una mujer, básicamente
diferente del amor de Dios?
Sí, mientras que el amor de Dios nunca cambia,
el amor humano siempre cambia.

Eros se refiere al amor entre un hombre y una mujer. Este amor entre sexos opuestos es producto del amor del deseo de la carne. Todos los hombres y todas las mujeres desean amor carnal los unos de los otros para satisfacer la lujuria de su carne, y por lo tanto, básicamente es un amor egoísta.
Tenemos que darnos cuenta que en nuestro amor humano, ni existe el sacrificio incondicional, ni el entendimiento incondicional, ni la paciencia, ni la pureza. Así, este amor entre los sexos opuestos nunca podrá durar para siempre. Podría parecer que esta clase de amor durará para siempre mientras que mantengamos pasión por nuestros amantes. Pero no es más que un espejismo de aquellos que desean aferrarse a tal creencia. En el amor humano, nunca podrá haber amor ágape, el amor de Dios. El amor eros es un amor bastante inferior que ni siquiera pude compararse con el amor ágape de Dios.
Aún el amor astorgos entre padres e hijos no se acerca ni tantito al amor de Dios. El amor fileos y el compañerismo entre amigos también es contencioso en cuanto al cuidado y el entendimiento de unos con otros; es un amor que termina tan pronto como este entendimiento se vuelve ligeramente incompatible.
De esta manera, el amor entre un ser humano y otro es un amor vano que termina en el momento en que uno da la espalda. En contraste, en el amor ágape que Dios nos ha mostrado a través de Jesucristo, no puede existir ninguna condición. Pero el amor entre un ser humano y otro, como el que hay entre amigos, entre miembros de una familia, y entre un hombre y una mujer, no puede haber nada que no sea limitado y condicional.
Sin embargo, la misericordia del amor de Dios se revela a través del divino Jesucristo el cual no condiciona.
No podemos medir el amor de Dios ya que es infinito. Este amor de Dios, el cual se manifiesta a través del verdadero Dios Jesucristo, es unilateral, incondicional y es el amor ilimitado de la salvación cuyo tamaño y profundidad no pueden ser medidos (Efesios 3:18-19). No podemos tener la expectativa de tener este amor ilimitado de Dios. Pero Dios ya había preparado este amor ágape en Jesucristo a través del evangelio del agua y el Espíritu aún antes de la fundación del mundo. El amor infinito de Dios ya estaba listo aún cuando no conocíamos a Jesucristo, el Dios verdadero, y ya había sido perfeccionado a través de Él. Este amor no es la clase de amor que se profesa solamente con palabras, sino que es el perfecto amor de Dios que ha sido mostrado directamente a nosotros, que a nuestras almas se les ha concedido sentir, y que nos ha convertido en los propios hijos de Dios al salvarnos perfectamente de nuestros pecados.
 

¿Quiénes son las Personas Que Cometen Ilegalidades Ante Dios?

¿Quiénes son las personas
que cometen ilegalidades
ante Dios?
Son aquellos, que aunque profesan creer en
Jesús como su Salvador, no creen
en el evangelio del agua y el Espíritu
sino que se oponen a él.

1 Juan 3:4 dice: «Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley». ¿Así que quién es esa gente que comete ilegalidad ante Dios? Los Cristianos pecadores son aquellos que no creen que Jesucristo es el Hijo de Dios y nuestro Dios, y que Él nos ha salvado de todos nuestros pecados con el evangelio del agua y el Espíritu. Como resultado, tienen pecado intacto en su corazón. Esos son los pecadores que cometen ilegalidades ante Dios.
Aquí, el Apóstol Juan no está hablando acerca de las iniquidades que cometemos en nuestra carne. Más bien, está hablando acerca del pecado de la incredulidad de aquellos que no creen en Jesucristo como su Salvador. Por ilegalidad, Juan está identificando el pecado de aquellos que no creen que Jesús es el Dios que, viniendo por el agua, la sangre y el Espíritu, ha borrado todos nuestros pecados, los remitió totalmente, nos salvó de todos los pecados del mundo, nos justificó y nos dio vida eterna. Aquellos que no creen en el amor de Dios que nos ha sido revelado a través de Jesucristo el verdadero Dios que vino por el evangelio del agua y el Espíritu son aquellos que cometen tal ilegalidad ante Dios.
En Mateo 7:22, cuando los mentirosos dicen: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?». ¿Qué dijo Jesús a ellos? Él dijo que les declararía: «Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad».
En otras palabras, Jesucristo nuestro Dios les dijo, “¿Acaso no te salve Yo a través del agua, la sangre y el Espíritu, así es como Yo decidí salvarte de tus pecados? ¿Y acaso no Yo, tú Dios y Salvador, tomé tus pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, morí sobre la Cruz, y me levanté de entre los muertos? Por lo tanto, ¿acaso no te salvé, te di vida eterna y traje a tu vida la remisión? Sin embargo no creíste en Mí amor, sino que ahora solo se jactan ustedes mismos diciendo que han profetizado en Mi nombre, así que apartaos de Mí, ¡hacedores de maldad!”
Existe una cosa que todos nosotros debemos tener en cuenta antes de continuar. Es, que si sabemos que Jesucristo nuestro Dios nos ha liberado de nuestros pecados al venir por el agua, la sangre y el Espíritu (1 Juan 5:6-8), y a pesar de todo esto no creemos esta Verdad y continuamos viviendo como pecadores, entonces nosotros mismos estamos buscando el castigo de Dios. Conociendo y creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador y Dios, hemos recibido en nuestro corazón la remisión de nuestros pecados.
Definitivamente es imperativo que todos crean esta Verdad. En otras palabras, si existe alguien que no cree que Jesús es el Creador que hizo todo el universo, y que fundamentalmente es Dios Mismo, primero debe volverse de su camino y debe tener fe en Él. ¿Realmente es Él Dios Mismo, y es Él el Dios que creó todo el universo?
Ciertamente Jesucristo creó este mundo con la Palabra que Él habló. Cuando miramos Génesis 1:1-5, leemos que el Padre, la Palabra, la cual es Jesucristo y el Espíritu Santo estaban todos presentes cuando Dios creó este universo e hizo la luz. Y entonces crearon al hombre, también se reunieron y se consultaron uno al otro. Génesis 1:26 dice: «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra».
Cuando Jesús creó el universo y todo en él, Él lo creó con Su Palabra. Cuando Él dijo, “Hágase la luz,” hubo luz, y cuando Él dijo, “Qué haya árboles,” los árboles llegaron a existir. Así, cuando Él creó todas cosas con Su Palabra, el Espíritu Santo también estaba ahí. Por lo tanto, Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, estos tres son el mismo Dios, el Creador de todos nosotros.
Es por ello que solamente cuando comenzamos nuestras vidas de fe creyendo primeramente que Jesús es el Hijo de Dios y es Dios Mismo podremos alcanzar el lavado de nuestros pecados creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Al creer de esta forma, podremos tener una fe firme en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu, ya que este es el evangelio que el Dios verdadero Jesús ha completado y el cual está escrito detalladamente en la Biblia.
Podemos creer en Él ya que la Biblia declara: ¬«Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1 Corintios 15:3-4). Cuando el Apóstol Pablo escribió este pasaje, aquí ‘las Escrituras’ se refieren al Antiguo Testamento. Por lo tanto, esto significa que Jesucristo ha expiado todos nuestros pecados a través de Su bautismo y derramamiento de sangre, igual que la ofrenda por el pecado del Día de la Expiación tenía que recibir la imposición de las manos y debía matarse para extraer su sangre. Es por ello que Jesús el verdadero Dios tuvo que recibir el bautismo de Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad diciendo: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3:15).
Es a partir de esta creencia, Jesús es el Hijo de Dios, nuestro Dios y nuestro Salvador, con la verdadera fe comienza, y creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, nuestra salvación es totalmente perfeccionada.
 

Él, Quién es Dios, Vino para Borrar Nuestros Pecados

¿Acaso Jesús tenía pecado
en Su cuerpo o en Su corazón?
Él no tenía ningún pecado. Fundamentalmente 
Él Es Dios Mismo y nuestro perfecto 
Salvador quién jamás ha pecado.

Vayamos a 1 Juan 3:5: «Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él». Fundamentalmente Jesucristo no tiene pecado. Él solamente tomó por un momento nuestros pecados sobre ‘Su cuerpo’ al ser bautizado por Juan para cargarlos hasta la Cruz. Algunos podrían preguntarse si Jesús se convirtió en un pecador ya que tomó los pecados del mundo a través de Juan el Bautista. Pero fue Su cuerpo el que llevó los pecados del mundo, no Su alma. Así que la Biblia dice: «Al que no conoció (Jesús), por nosotros lo hizo pecado (Dios Padre), para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2 Corintios 5:21).
Fundamentalmente Jesucristo es Dios, y por consiguiente, en Él, «no hay mudanza, ni sombra de variación» (Santiago 1:17). Es por esta fe, creyendo que Jesucristo es el Hijo de Dios, por lo que todos nosotros podemos ser salvados de todos nuestros pecados. Sobre esta fe básica, podemos edificar y construir nuestra fe firme sobre Su acto de justicia de la salvación.
Esta fe conlleva la creencia de que cuando todos nosotros caímos en pecado, Dios Mismo, quién nos hizo, nació en esta tierra encarnado en semejanza de hombre a través del cuerpo de la Virgen María, todo para quitar los pecados de Su pueblo. Al igual que Dios le había prometido a Moisés con el sistema de sacrificios, Jesucristo tomó nuestros pecados sobre Su propio cuerpo al ser bautizado por Juan el Bautista, murió sobre la Cruz, se levantó de entre los muertos, y de esta manera nos salvó de todos nuestros pecados. Todos aquellos que tienen fe en esta Verdad son salvos. Dios planeó todas cosas, y Aquellos que completaron este plan por nosotros son Dios Padre y Su Hijo Unigénito Jesucristo.
Y el Espíritu Santo nos garantiza lo que el Señor ha hecho por nosotros –esto es, Él nos amó tanto que para borrar nuestros pecados, Él vino a esta tierra encarnado en semejanza de hombre, recibió el bautismo para llevar todos los pecados del mundo, murió sobre la Cruz, sé levantó de entre los muertos y así nos ha salvado- es correcto. El Espíritu Santo da testimonio que para que nosotros creamos en Jesucristo como nuestro Salvador y Dios Mismo es esencialmente lo mismo que creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
El Espíritu Santo es el Espíritu de la Verdad (Juan 14:17), Él nos da testimonio de la Verdad del evangelio en detalle. La Verdad es que Jesús vino a salvarnos de los pecados del mundo, cuando Él cumplió 30, Él aceptó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista. Creer en esta Verdad es creer que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Dios de la creación quién nos hizo, y que es nuestro Salvador.
Nuestro Señor llegó a ser nuestra propia ofrenda sin mancha del sacrificio debido a que Él es Dios en quién «no hay mudanza, ni sombra de variación» (Santiago 1:17). Y solamente esta ofrenda sin mancha podía ser bautizada y por consiguiente aceptar nuestros pecados.
Por parte nuestra, ya que creemos que Jesús es Dios, y que todos nuestros pecados fueron pasados sobre Jesucristo cuando Dios Mismo vino a esta tierra y fue bautizado, la salvación que Dios tiene preparada para nosotros se aplica solamente por fe. El que Jesucristo haya cargado los pecados del mundo hasta la Cruz, fuese crucificado, derramara Su sangre, y muriera sobre ella solamente es aplicable a los creyentes. Se debe a que este Jesús, nuestro Dios y Salvador, nos ha salvado de nuestros pecados a través de Su bautismo y sangre. Es a través de nuestra fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu por lo que podemos pasar nuestros pecados sobre Jesucristo, y también podemos ser resucitados juntamente con Jesucristo y vivir por siempre.
Para que nosotros creamos en el evangelio del agua y el Espíritu, es imperativo tener la creencia de que Jesús, como Dios Mismo e Hijo de Dios, ha lavado nuestros pecados. Ya que Jesucristo es el Hijo de Dios, ciertamente Él es Dios Mismo, y también Él es el Salvador que nos ha liberado de todos nuestros pecados.
Si Dios ha planeado y logrado algo, ¿es perfecto o no? Debe ser perfecto, escrito está: «Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?» (Números 23:19). Es por ello que el evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad real para nosotros, y nada menos que nuestra fe en este evangelio es el camino para nosotros de llegar a ser los verdaderos hijos de Dios, y para que los creyentes reciban la verdadera remisión del pecado.
Entonces, ¿Cómo podemos cometer el pecado que nos guía a la muerte? (1 Juan 5:16). Finalmente, debemos tener la fe que no comete ilegalidad ante Dios.
 

¿Qué Significa 1 Juan 3:6?

¿Qué significa
cuando dice que él que habita
en Él no peca?
Significa que cualquiera que habita en Él no
comete el pecado de no creer en el 
evangelio del agua y el Espíritu.

1 Juan 3:6 dice: «Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido».
Debido a que este pasaje dice “no peca,” alguna gente ha malinterpretado su significado y se pregunta, “¿Acaso no pecaban el Apóstol Juan y los santos de su tiempo?” Es muy probable que seamos guiados a pensar de esta manera, si leemos este pasaje con nuestros ojos carnales. Pero cualquiera que cree en el evangelio del agua y el Espíritu no pensará así.
Debido a que todos tienen carne, no existe nadie que no cometa malas acciones carnales ante Dios. Como está escrito en Eclesiastés 7:20: «Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque».
Por lo tanto, el pasaje de 1 Juan 3:6, que dice, “Todo aquel que permanece en él, no peca,” no se refiere a cometer pecados carnales. Entonces, ¿Qué clase de pecado no cometen aquellos que habitan en Jesús? Este es el pecado de no creer en la Verdad de que Jesús es el Hijo de Dios, y que Él nos ha salvado de todos nuestros pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu.
El pecado cometido por aquellos que no creen en esta Verdad que dice que Jesucristo nació sobre esta tierra, tomó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista, cargó los pecados del mundo hasta la Cruz, derramó Su sangre muriendo sobre ella, sé levantó de entre los muertos, y ha llegado a ser el perfecto Salvador para todos nosotros, ese es el pecado que es cometido por los enemigos de Dios.
Es gracias a nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu por lo que tú y yo hemos sido capaces de habitar en Jesucristo. Así que cuando la gente dice, “Jesús no es el Hijo de Dios, ni es Dios Mismo,” o “Él falló en salvarnos de todos nuestros pecados al venir por el agua, la sangre y el Espíritu,” todas sus palabras son mentiras carentes de significado. Para aquellos de nosotros que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, ya que Jesús ha lavado todos nuestros pecados al ser bautizado y al derramar Su sangre sobre la Cruz, es la Verdad innegable.
Todos nosotros los que creemos en esta Verdad podemos cometer otros pecados en nuestra carne, pero no cometemos este pecado de negar la Verdad. Podremos cometer pecados tales como pelear entre nosotros, pero no podemos cometer el pecado de no creer en la Verdad de que Jesús es el verdadero Dios de la creación, y que Él nos ha liberado de todos nuestros pecados al venir por el agua, la sangre y el Espíritu.
Nosotros, los nacidos de nuevo, creemos todos que Jesucristo nuestro Dios tomó todos nuestros pecados con Su bautismo, fue condenado sobre la Cruz en nuestro lugar, se levantó de entre los muertos, y por consiguiente nos salvó de una vez por todas de todos nuestros pecados. Todos nosotros creemos que Jesucristo es Dios Mismo. Y también creemos que el evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que ha salvado a los pecadores.
Entonces, ¿cómo podemos negar que Jesucristo es Dios? Somos de aquellos que no podemos expresar tales palabras de incredulidad tales como, “Jesucristo no es mi Salvador. Él no es el Hijo de Dios. Él no es el Creador. No es por haber venido a esta tierra, por ser bautizado, por morir sobre la Cruz, ni levantarse de entre los muertos por lo que Jesús me ha salvado de los pecados del mundo.”
 

Los Creyentes del Evangelio del Agua y el Espíritu Deben Cuidarse de Todos los Mentirosos

¿De qué deben cuidarse 
los creyentes del evangelio del
agua y el Espíritu?
Deben cuidarse de la fe falsa de los Cristianos
que no creen en el evangelio del agua
y el Espíritu y tratar de seguir 
al Señor con sus propios 
esfuerzos y devoción.

Vayamos a 1 Juan 3:7-8. «Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo».
Ahora como ayer en la Era Apostólica, existen muchos falsos creyentes que tratan de engañar a aquellos que creen en la verdadera salvación. En la Iglesia de los Gálatas, en una ocasión hubo gran disturbio en la fe de la congregación, y Pablo indicaba que esto se debía a los falsos hermanos que habían sido traídos secretamente a la Iglesia. Llegaron encubiertos a espiar la libertad que los santos tenían en Jesucristo, para traerlos a esclavitud (Gálatas 2:4). Aún cuando el Apóstol estaba ministrando, existía gente así.
Así que debemos de darnos cuenta que aún ahora, aún dentro de la Iglesia de Dios, existe gente que está tratando de engañar a aquellos cuya fe aún es joven. ¿Piensas que no existe nadie en la Iglesia de Dios que no cree en el evangelio del agua y el Espíritu? Tal gente que no cree en el verdadero evangelio tiene la tendencia de ser más bien generoso con sus palabras de consuelo carnal, diciéndoles a nuestros santos cuanta simpatía tienen hacia ellos por servirle al Señor. Pueden decir para engañar a los santos, “Debe ser realmente difícil para ti, ¿o no? No hay necesidad de vivir así. Tómalo con calma, relájate un poco. ¿Porque te castigas a ti mismo tan duro cuando ya has sido liberado de todos tus pecados?” con palabras como estas, engañan, poco a poco, a los corazones que tienen la verdadera fe.
¿Piensa que está mal que un santo nacido de nuevo viva una vida de justicia? ¿Es una vida mal llevada para los justos si habitan en el Señor y le sirven a este evangelio con toda su devoción? ¡Nunca! Lejos de eso, solamente es lo correcto el que vivas para la justicia de Dios. Para los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu, el llevar esta vida, en la que rechazan sus deseos mundanos por el Señor, y en donde se unen con esta Verdad, es lo que los hace felices. Aquellos que verdaderamente creen en el evangelio del agua y el Espíritu encuentran gozo y dignidad el vivir para el evangelio del agua y el Espíritu, aunque puedan cansarse y desgastarse en su carne. Este verdadero evangelio que Jesucristo nuestro Dios nos ha dado trae fuerzas maravillosas y renovadas a cada uno de nosotros en todo momento.
Tales hacedores de maldad que no creen en Jesucristo como el Dios verdadero y el Salvador, y que solo hacen que les sirvamos a su carnalidad, claramente están cometiendo el pecado de decepción que nubla los ojos espirituales de los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu, a través de su comunión carnal con los santos verdaderos. Necesitamos darnos cuenta que para esparcir este verdadero evangelio a través de todo el mundo con mayor vigor, el camino es rechazar tal compañerismo carnal.
Existe otro caso que diluye nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, y esta decepción es más peligrosa. Algunos falsos creyentes engañan a los justos diciendo, “Todos los pecados pueden ser borrados creyendo solamente en la sangre de Jesús sobre la Cruz.” De hecho, la mayoría absoluta de los Cristianos creen así, pero es una mentira total.
La única Verdad de la salvación es que para borrar nuestros pecados de una vez por todas, Jesucristo nuestro Dios fue bautizado por Juan el Bautista, cargó los pecados de este mundo, todo de una sola vez con este bautismo, derramó Su sangre y murió sobre la Cruz, se levantó de entre los muertos, y por consiguiente nos ha convertido, a los que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, en los hijos propios de Dios de una vez por todas.
Sin embargo los engañadores le dicen a los justos que pueden ser lavados de todos sus pecados tan solo creyendo en la sangre de Cristo sobre la Cruz. Pero esto simplemente no es verdad. La fe correcta es la de creer en el bautismo que Jesús recibió de Juan, y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz, como nuestra salvación. 
¿Acaso alguien en este mundo realmente ha visto desaparecer sus pecados solo creyendo en la sangre de la Cruz? ¡Nunca! Jesucristo nuestro Dios nos dice en 1 Juan 5:4-7 que Él ha borrado todos nuestros pecados de una vez por todas al venir a esta tierra por el agua, la sangre y el Espíritu. El evangelio del agua y el Espíritu no está constituido solamente por la sangre de la Cruz, sino que es el evangelio que fue completado, a través de Jesucristo nuestro Dios, con el bautismo que Él recibió de Juan y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz.
Todos nosotros creemos que el evangelio del agua y el Espíritu cumplido a través del verdadero Dios Jesucristo es el único evangelio santo y verdadero. Sin embargo, tales creyentes falsos son los malvados pecadores que creen en la mitad de la Verdad, que el verdadero Dios Jesucristo vino a esta tierra y tomó los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan, fue a la Cruz y llevó toda la condenación del pecado derramando Su sangre. Su fe está colocada en doctrinas mentirosas y sin bases, hechas por hombres de sus propias denominaciones. Y como resultado, no pueden lavar los pecados de sus corazones o de sus conciencias sin importar cuan duro traten de limpiarlos a través de sus oraciones de arrepentimiento. Por lo tanto, no pueden evitar engañar sus conciencias en todo momento.
Sin embargo continúan engañando a todos, diciéndoles, “No hay necesidad de insistir solamente en el evangelio del agua y el Espíritu, vean el pasaje de Romanos 10:13. Escrito está: «Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Tómalo con calma hombre. Solo cree en la sangre del Señor. ¡Es más que suficiente!” Tales palabras solo son para engañar a los santos. Estas palabras son palabras engañosas que temporalmente pueden nublar la fe absoluta de aquellos que creen en el divino Jesús como su Salvador, así como en el evangelio verdadero del agua y el Espíritu. Debemos darnos cuenta que la proclamación de Pablo en el pasaje anterior de Romanos 10:13 puede ser efectivo para los creyentes cuando fue profesado sobre su fe en el verdadero evangelio. En otras palabras, fue sobre la verdadera fe en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu por lo que Pablo predicó: «Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo».
Debido a que todos creemos en Jesucristo nuestro Dios y en el evangelio del agua y el Espíritu que Él nos ha dado, seguimos a nuestro Señor cada día por fe. Esta clase de fe nos da fuerza y esperanza, y nos concede el seguir la Verdad de la salvación. Nuestra carne simplemente es incapaz de dejar de pecar. Pero debido a que queremos seguir a Jesucristo nuestro Salvador por fe, debemos negar y abandonar nuestros pensamientos carnales y seguirlo a Él por nuestra fe en el verdadero evangelio del agua y el Espíritu. Nuestras debilidades de la carne pueden detenernos, pero cada día debemos negar nuestros propios pensamientos y vivir creyendo en este verdadero evangelio.
Ahora, tenemos que vivir como nuevas criaturas creyendo que todos nosotros hemos muerto con Cristo y fuimos resucitados con Cristo dentro de este evangelio verdadero. Debido a que nuestra vieja naturaleza fue bautizada con Cristo, y debido a que Él derramó Su sangre nosotros también morimos con Él por fe, ahora el maravilloso pasaje de Gálatas 2:20 se cumple en nosotros: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí». Todas estas cosas solamente pueden ser posibles cuando tenemos fe en el bautismo y en el derramamiento de sangre de Jesús, ya que si no hubiésemos sido bautizados en Cristo, entonces no podríamos ser revestidos de Cristo (Gálatas 3:27).
A pesar de esto, existe mucha gente que no puede entender el verdadero evangelio del agua y el Espíritu en sus pensamientos carnales, y por lo tanto no puede creer en él, y tal gente está tratando de engañar a los justos, que “nadie os engañe” (1 Juan 3:7). Y nuestro Señor continuó: «Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo» (1 Juan 3:7-8).
Nosotros somos la gente que hemos sido salvados de todos nuestros pecados creyendo que Jesucristo es Dios y es el Hijo de Dios, y que Él nos ha liberado de los pecados del mundo al venir a nosotros por el agua, la sangre y el Espíritu. Esta fe es la fe correcta (1 Juan 5:3-9). Hemos llegado a ser, en otras palabras, de los que sirven al evangelio del agua y el Espíritu, predicamos este evangelio, y voluntariamente vivimos nuestras vidas para este evangelio como sus siervos.
Cuando Jesús fue bautizado por Juan, Él dijo: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3:15). Es por ello que creemos que Jesucristo, a través de Su bautismo que Él recibió de Juan el Bautista, derramamiento de sangre y muerte sobre la Cruz, y Su resurrección, ha completado de una sola vez toda la justicia de Dios por nosotros. Fue la única forma más apropiada para cumplir la justicia de Dios por lo que Jesús tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista en el Río Jordán (Mateo 3:15). Desde luego, debemos darnos cuenta que Su bautismo es el elemento indispensable de su salvación, juntamente con Su derramamiento de sangre.
Ahora, debido a que creemos en este Jesucristo que vino por el evangelio del agua y el Espíritu, estamos viviendo vidas bendecidas ante Dios. Y es natural para nosotros tener una mente de servicio devoto al evangelio. Aún si la gente de este mundo no reconoce nuestro sacrificio sino solamente nos ignora, debemos recordar el pasaje de la Escritura de hoy que dice: «El que hace justicia es justo, como él es justo» (1 Juan 3:7). Se debe a que hemos recibido la remisión de nuestros pecados de una vez por todas creyendo en el bautismo y en el derramamiento de sangre de Jesucristo nuestro Dios por lo que hemos llegado a ser sin pecado, y haciendo obras justas ante Dios, también hemos llegado a ser instrumentos de la justicia de Dios.
Jesucristo nuestro Dios ahora camina con todos aquellos que creen en este verdadero evangelio del agua y el Espíritu, y los bendice y los protege en donde quiera que estén. Ahora, debemos seguir adelante hacia la meta y por el premio del supremo llamamiento de Dios en Jesucristo (Filipenses 3:14). No debemos dejar que Satanás nos engañe, y para hacer eso, debemos creer en el verdadero evangelio que nos capacita para rechazar y vencer este engaño y servirle con todo nuestro corazón.
Mis queridos compañeros santos, ¿con que frecuencia ciertamente somos engañados por los mentirosos? Debido a que tenemos nuestra carne, fácilmente podemos ser engañados, y de hecho existen muchas ocasiones en que queremos consolar nuestra carne. ¿No es este tú caso? Es un hecho que algunas veces queremos ser consolados en nuestra carne, y que también queremos vivir en paz y en prosperidad.
Mientras que todo esto es verdad, ¿realmente podemos hacer a un lado las obras de la justicia de Dios y vivir para el Consuelo de nuestra carne? Como dijo Dios: «Mas el justo por la fe vivirá» (Romanos 1:17), es practicando la justicia por lo que los justos pueden tener paz mental y vivir conforme a la voluntad de Dios. Como nuestro Señor dijo: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3 Juan 1:2), es cuando vivimos espiritualmente cuando ciertamente prosperamos más. Ahora, esperamos el premio que está preparado en el Cielo y por el Reino del Milenio, y por lo tanto, somos templados en todas las cosas (1 Corintios 9:25).
Desde luego, necesitamos encargarnos de nuestra carne. Pero después de momentáneamente confortarnos a nosotros mismos un poco, aún seguimos corriendo para esparcir el evangelio de Dios. Siempre debemos correr esta carrera hasta que el Señor lo permita. No podemos detener esta carrera. La maldición de Dios vendrá a aquellos que detengan esta carrera. Al igual que los corredores de maratón, cuando les da sed mientras corren, toman botellas con agua que están por toda la ruta, beben de ellas, derraman el agua sobre sus cabezas, y arrojan las botellas, todo el tiempo mientras que siguen corriendo, todos nosotros debemos correr esta carrera de fe de esta manera. Esto se debe a que si hacemos a un lado nuestra carrera dirigida a predicar el evangelio a todo el mundo, el Día del Señor se alejara más lo esperado.
De hecho, si alguien realmente cree en el evangelio del agua y el Espíritu, no podrá vivir una vida fácil para satisfacer su carne. Al contrario, está destinado a vivir una vida diligente. La gente de Dios no puede vivir relajándose, ya que si no sirven a la justicia de Dios, inmediatamente terminaran sirviendo a su carne, esto es, pecado.
Mis queridos compañeros creyentes, ¿se sienten bien con ustedes mismos cuando cometen un pecado carnal? No, ciertamente se siente peor. Debido a que Dios nos ha salvado de todos los pecados del mundo a través de la justicia de Jesucristo, y debido a que creemos en esta Verdad, tenemos al Espíritu Santo habitando en nuestro corazón. Dado esto, nuestras almas también se sienten mal siempre que no practicamos la justicia de Dios. Nuestro Amo es nuestro Santo Dios, y se debe a que nuestro Señor no se agrada cuando seguimos nuestra carne y también nosotros mismos nos sentimos mal. Debido a que el verdadero Dios Jesucristo es nuestro Amo, nos sentimos bien cuando fielmente esparcimos el verdadero evangelio como Sus siervos, pero cuando fallamos en hacer esto, nos sentimos mal. Mientras los justos continúan con sus vidas sobre esta tierra, es cuando hacen las obras justas con lo que verdaderamente están gozosos.
Así que no hay nada malo en que yo trate de amonestarlos para que vivan para el evangelio del agua y el Espíritu ahora que han recibido la remisión de sus pecados. Si no has sido salvo de todos tus pecados a través de la justicia de Dios, entonces ciertamente continuaras pecando, pero si verdaderamente has sido remitido de tus pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, entonces lo correcto es que vivas para el evangelio del Señor.
Al igual que los niños pequeños encuentran diversión casi en cualquier cosa, aquellos que viven para esparcir el evangelio de Dios también le pueden sonreír a casi todo. Esto se debe a que los corazones de los justos están gozosos, ya que viven para la justicia de Dios. Por lo tanto, si sus líderes constantemente los guían a servir al Señor, ¡deben darse cuenta que ellos están haciendo un excelente trabajo al guiarte! Es para traerte verdadera felicidad. Debes darte cuenta y creer que aquel que te hace hacer más obras de justicia es aquel que te trae mayor felicidad.
Los justos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu saben muy bien que la verdadera felicidad nunca es obtenida por consuelos carnales. Si los justos pueden obtener la verdadera felicidad de esta manera, tratándolos suavemente en la carne, entonces debimos haber hecho eso. Pero para los justos, el prosperar solamente en la carne no es el camino para obtener la felicidad. Todos los consuelos de la carne son solamente efímeros, y solo es cuando planeas y haces la justa obra de Dios, y te levantas para encontrarte con el reto, por lo que el verdadero consuelo viene a tu espíritu desde arriba en el Cielo.
 

¿Qué Clase de Pecado Cometen Contra Él Aquellos que no Creen en Jesucristo como Dios?

¿Acaso aquellos, que no creen en
la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, 
le pertenecen a Dios?
No, no le pertenecen. Los que solamente creen en la 
sangre de la Cruz realmente no creen en el verdadero
Dios Jesucristo como su Salvador, ya que ellos
no creen en el verdadero evangelio.

1 Juan 3:8 dice: «El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio». ¿Quién peca contra Dios? Es aquel que le pertenece al Diablo. Aquellos que no creen en el evangelio del agua y el Espíritu, en otras palabras, le pertenecen al Diablo.
¿Cuál es este pecado cometido contra Dios? Es el pecado de no creer en la Palabra de Dios del evangelio del agua y el Espíritu. Esto es pecar contra Dios. Él es el Dios perfecto que no fue hecho ni gobernado por nadie más. Él es perfecto, absolutamente bueno, y nunca comete maldad.
Pero la Biblia nos dice que el Diablo ha pecado desde el principio. En Génesis 2 y 3, vemos que Satanás engañó a Adán y a Eva, quienes fueron creados a imagen y semejanza de Dios. Cuando Dios les dijo: «porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Génesis 2:17), Satanás los engaño al decirles, “No moriréis” (Génesis 3:4). De esta manera nublando sus mentes, Satanás, consecuentemente hizo que desconfiaran de Dios, solo para sufrir la muerte al final. De esta manera, el Diablo ha pecado desde el principio.
En este tiempo y era, también, la gente trata de engañarnos diciendo, “Está bien si solamente creemos en la sangre de la Cruz.” El mundo entero ha caído en el engaño del Diablo, y como resultado los Cristianos, aunque profesan creer en Jesús, realmente están pecando contra Dios al no creer en el bautismo de Jesús sino solamente en la sangre de la Cruz.
¿Cuántas torres de iglesias o cruces señalan los paisajes de esta tierra, ya sean rurales o urbanos? Aunque vemos muchas cruces en derredor nuestro, aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu ante Dios son extremadamente pocos en número. ¿Sería más feliz la gente del mundo si hubiese más gente justa en él? Piensa en ello. A ellos no les agradan los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que el Diablo es su amo. ¿Cómo podría al Diablo agradarle alguien que tiene la clase de fe que le agrada a Dios? Ni a aquellos que le pertenecen al Diablo les agradan lo que los justos, los hijos de Dios, hacen.
Sin importar de donde son, son hostiles con los justos que sirven al evangelio del agua y el Espíritu. Es muy común verlos entregarse a sí mismos al legalismo, como Pablo lo hizo cuando era Saulo. Pero siempre que se encuentran con alguien que cree en el evangelio del agua y el Espíritu, se unen a los justos y al verdadero evangelio, en el cual creen los justos. Vemos que aún aquellos que profesan creer en Jesús como su Salvador se notan e inmediatamente se molestan cuando les hablamos acerca del evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que no conocen la verdadera salvación del agua y el Espíritu.
 

¿Por qué Jesucristo Nuestro Dios se Apareció?

¿Por qué razón vino el Hijo
de Dios a esta tierra?
Fue para destruir todas las obras del
Diablo por lo que Jesús vino.

1 Juan 3:8 dice: «Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo». El que Jesús haya venido a esta tierra, fuese bautizado por Juan y derramara Su sangre sobre la Cruz, fue para destruir las obras del Diablo. Cuando el Diablo llevó a la humanidad al pecado y a la destrucción, Jesús vino para erradicar lo que el Diablo había hecho a la humanidad. Jesucristo vino para borrar completamente todas las obras de Satanás de la faz de esta tierra, y para concedernos entrar al glorioso Reino de Dios salvándonos de todos los pecados del mundo. Ciertamente, al ser bautizado y al derramar Su sangre, Jesucristo completó esta obra.
¿Quién es el Hijo de Dios en la Biblia? Es Jesucristo nuestro Dios. ¿Crees que este Jesucristo es tú verdadero Salvador? ¿Crees que Él es Dios, y que Él fue bautizado por Juan y derramó Su sangre para borrar todos tus pecados? ¿Cómo erradicó Él nuestros pecados? Él los ha hecho desaparecer con el evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cuál es el evangelio que el Apóstol Juan predicó desde el principio? No es otro que el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu.
Alguna gente piensa, “Echar fuera demonios es lo que hizo Jesús, y fue para liberar a los poseídos por demonios, y para destruirlos por eso vino Jesús.” Pero esto no es verdad. Simplemente el echar fuera demonios, por sí mismo, no significa mucho; es, de hecho, vano. Todos se encuentran bajo espíritus malignos a menos que hayan recibido la remisión de todos sus pecados (Efesios 2:1-2). Por lo tanto, si alguien realmente desea ser libre de los espíritus inmundos, primero debe recibir el Espíritu Santo naciendo de nuevo.
Es cuando el evangelio del agua y el Espíritu les es predicado, y ellos llegan a creer que Jesucristo es Dios y que Él los ha salvado al ser bautizado, derramar Su sangre y al morir sobre la Cruz y al levantarse de entre los muertos por lo que el Espíritu Santo habita en sus corazones inmediatamente, y sus demonios son arrojados permanentemente para nunca más regresar a sus almas nuevamente. 
En contraste, cuando los Cristianos echan fuera demonios en el nombre de Jesucristo, esto no significa que uno es liberado de todos estos demonios permanentemente. Frecuentemente solo es un espectáculo, en el cual los demonios salen solamente para regresar con más demonios (Lucas 11:24-26). Entonces, el postrer estado de ese hombre es peor que el primero. Sin darse cuenta de esto, la gente hace toda clase de cosas para echar fuera demonios, imponiendo sus manos sobre los poseídos por demonios y orando fervientemente. Pero todo el tiempo, los poseídos solo continúan siendo atormentados.
¿Crees que los poseídos por demonios siempre están actuando locamente? De hecho es normal la mayor parte del tiempo. Pero aún continúan atrapados en la red de Satanás, ya que hay pecado en sus corazones, y como resultado, se han convertido en siervos de Satanás. Esto se debe a que no creen en el evangelio del agua y el Espíritu.
Pero aún así, cuando se encuentran con gente como nosotros que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, y llegan a darse cuenta que sus sufrimientos se deben a sus pecados, y que todos estos pecados fueron pasados sobre el cuerpo de Jesucristo con Su bautismo, los demonios que los estaban atormentando inmediatamente son echados fuera en el momento en que reciben la remisión de sus pecados. Es así como estos demonios son echados completa y permanentemente.
Por lo tanto, debemos darnos cuenta que el Hijo de Dios vino para destruir las obras de Satanás con la Palabra verdadera del agua y el Espíritu. Debemos orar por esta gente que no cree en el evangelio del agua y el Espíritu, y debemos enseñarles a ellos este evangelio. Cualquiera que ha llegado a ser justo creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu puede orar por los pecadores y predicarles este verdadero evangelio.
El Apóstol Juan nos revela que aún durante el periodo de la Iglesia Primitiva, existían muchos incrédulos que habían estado en la Iglesia de Dios en la que él ministraba, y eventualmente la abandonaron. Como está escrito en 1 Juan 2:19: «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros». Aquellos que salieron lo hicieron debido a que su fe era diferente de la de los justos.
¿A dónde más podemos nosotros, la Iglesia de Dios, que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, volvernos para vivir nuestras vidas de fe? ¿Pueden los justos llevar sus vidas de fe fuera de la Iglesia de Dios? ¡No, no pueden! Aquí Juan nos dice que en el periodo de la Iglesia Primitiva, existían muchos enemigos de Jesucristo dentro de la Iglesia, y esta gente formaba sus propias multitudes y eventualmente abandonaron la Iglesia.
Necesitamos meditar sobre esto nuevamente, estar alertas, y orar por la salvación de sus almas. Y si nuestra fe ciertamente es la fe apropiada la cual cree en el evangelio del agua y el Espíritu, entonces también debemos correr la carrera de la fe haciendo obras justas. Si de casualidad hemos sido engañados, ahora debemos renovar nuestros corazones rumiando sobre el evangelio del agua y el Espíritu una vez más, permanecer en guardia a partir de ahora, y restablecer nuestra fe firmemente en unión con la Iglesia de Dios. Este es el único camino para que nosotros guardemos nuestras vidas espirituales sanas y en orden. Ningún otro camino sino el de servir al evangelio del agua y el Espíritu es el único camino de bendición.
No importa como hayamos recibido la remisión de nuestros pecados y hayamos nacido de nuevo y no importa cuánto hayamos leído la Palabra de Dios y hayamos alcanzado entendimiento, si no tenemos comunión con los santos y con los siervos de Dios, no podemos dar buenos frutos.
Jesucristo, como nuestro Rey, nos ha salvado, reina sobre nosotros como Rey, y ha tomado la responsabilidad de nuestra felicidad como Rey. Él es el Rey absoluto de todos nosotros los que creemos en Él. Él es el Rey eterno. Es cuando nuestro Rey está feliz que nosotros también somos felices, y es cuando Él está triste que nosotros también entristecemos.
Él nos está diciendo que vivamos colocando nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Él te está diciendo que tengas fe en este maravilloso evangelio, para hacer tu final feliz, y para dar hermosos frutos mientras vives en este mundo.
Yo doy gracias a este Dios Trino por la Verdad de que Jesús vino a nosotros, nos ha liberado de todos nuestros pecados, y ha llegado a ser nuestro verdadero Pastor. ¡Aleluya!