The New Life Mission

Sermones

Tema 26: Levítico

[26-8] < Levítico 4:27-35 > Esta es la remisión de los pecados que el Señor ha cumplido por nosotros

< Levítico 4:27-35 >
“Si alguna persona del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere; luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y la degollará en el lugar del holocausto. Luego con su dedo el sacerdote tomará de la sangre, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Y le quitará toda su grosura, de la manera que fue quitada la grosura del sacrificio de paz; y el sacerdote la hará arder sobre el altar en olor grato a Jehová; así hará el sacerdote expiación por él, y será perdonado. Y si por su ofrenda por el pecado trajere cordero, hembra sin defecto traerá. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de expiación, y la degollará por expiación en el lugar donde se degüella el holocausto. Después con su dedo el sacerdote tomará de la sangre de la expiación, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Y le quitará toda su grosura, como fue quitada la grosura del sacrificio de paz, y el sacerdote la hará arder en el altar sobre la ofrenda encendida a Jehová; y le hará el sacerdote expiación de su pecado que habrá cometido, y será perdonado”.
 
 
Nuestro Señor nos ha bendecido para que podamos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. No puedo evitar dar gracias a nuestro Señor cuando pienso en el bendito Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado. Así que, aunque estoy muy ocupado con tanto trabajo y mi vida diaria no es tan fácil para mí, estoy agradecido al Señor por haberse convertido en todo para mí, porque está vivo en mi corazón. El Señor nos ha permitido predicar el Evangelio del agua y el Espíritu sin más ayuda. El Señor y Su justicia lo son todo para mí. Estoy seguro de que creen en esto también. Para nosotros el Señor es el Salvador que ha eliminado todos nuestros pecados y es el Juez y el Creador. Creemos que, al entregar Su propia vida, nos ha dado nueva vida. Nuestro Señor nos ha dado todo lo que es bueno. Tengamos lo que tengamos, no hay nada que hayamos conseguido por nuestra cuenta. Todo lo que tenemos nos lo dio nuestro Señor. Cuando pensamos en la salvación que nos dio Dios, podemos darnos cuenta de que no hay nada que no venga de Dios. 
Todo lo que tenemos, desde la salvación a la nueva vida que estamos disfrutando ahora y el Reino de los Cielos, nos lo dio Dios gracias a la justicia del Señor. Incluso nuestra condena de los pecados fue pagada por nuestro Señor. Sabemos que es nuestro Señor quien nos ha dado la salvación y quien nos ha dado todo lo que tenemos ahora. Incluso en este momento, estamos viviendo gracias a la justicia del Señor. Si el Señor no nos hubiese dado una vida nueva a través del agua y el Espíritu, no podríamos vivir para siempre. En otras palabras, si nuestro Señor no nos hubiese salvado, no podríamos haber obtenido la vida eterna. ¿Creen ustedes también? Por mucho que pensemos en esto, no hay nada que venga de nosotros. No hay nada que podamos hacer por nuestra cuenta. Todo lo que tenemos nos lo dio nuestro Señor. Después de todo, ¿qué podemos conseguir por nuestros esfuerzos? ¿Se eliminarán nuestros pecados si lo intentamos con todas nuestras fuerzas? Todo ha ocurrido con el permiso de nuestro Señor y a través del agua y el Espíritu. El Señor es quien consigue todas las cosas y nunca se consiguen por nuestros esfuerzos. 
 

¿Hemos recibido la remisión de los pecados?
 
El pasaje de las Escrituras de hoy describe el sacrificio a través del cual se eliminaron los pecados de la gente. Explica cómo la gente común tenía que recibir la remisión de los pecados. Sin embargo, en este pasaje también, nuestro Señor dejó claro que la remisión de los pecados se recibía ofreciendo un animal en lugar del pecador según las órdenes de Dios. Está escrito en Levítico 4:27-29: “Si alguna persona del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere; luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y la degollará en el lugar del holocausto”. 
El pasaje de las Escrituras de hoy explica qué tipo de ofrenda debía sacrificarse y cómo debería ofrecerla la gente común cuando pecaba contra Dios. El pueblo de Israel a menudo violaba los mandamientos de Dios y hacía lo que les decía que no hicieran. Para que la gente común recibiese el perdón de sus pecados en esas ocasiones, primero tenía que darse cuenta de los pecados que había cometido y solo entonces podía ofrecer un animal. Cuando se daba cuenta de que había pecado contra Dios y había violado Sus mandamientos al hacer algo que le dijo que no hiciera, entonces tenía que eliminar sus pecados mediante un sacrificio de fe a Dios según el sistema de sacrificios establecido por Él, como está escrito: “Luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y la degollará en el lugar del holocausto” (Levítico 4:28-29). 
Se hacía una ofrenda de expiación cuando un pecador le pasaba sus pecados a un animal y así los eliminaba. En otras palabras, cuando los israelitas cometían pecados, estos pecados permanecían en sus corazones, pero podían eliminados al pasárselos a una ofrenda de expiación como estableció Dios. La gente común no eliminaba sus pecados, sino que sus pecados eran eliminados a través de una cabra hembra pura al poner las manos sobre su cabeza, sacarle la sangre y sacrificarla. No había nada de extraordinario que hacer para que la gente común eliminase sus pecados. Todo lo que tenían que hacer era darse cuenta de sus pecados y ofrecer un sacrificio a Dios según el sistema de justicia por sacrificios establecido por Dios. La cabra hembra cargaba con todos los pecados de la gente para siempre a través de la imposición de manos, era condenada en su lugar y como resultado sus pecados eran borrados. De nuevo, no era la gente común la que eliminaba sus pecados por su cuenta. Los pecados eran eliminados cuando una cabra aceptaba los pecados y era condenada en su lugar. 
Esto implica que la salvación de la humanidad la cumplió nuestro Señor. Está escrito que, cuando el pueblo de Israel se daba cuenta de sus pecados, tenía que ofrecer un animal a Dios, y en estos sacrificios y holocaustos se utilizaban cabras. La ofrenda del sacrificio es nuestro Señor Jesucristo en el Nuevo Testamento, es decir, nos habla de cómo el Señor cargó con todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista, derramar Su sangre en la Cruz como nuestro sacrificio y así nos salvó. Dicho de otra manera, como nuestro Señor cargó con todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista pudo derramar Su sangre en la Cruz. Todos teníamos pecados, pero como la cabra pura mencionada aquí en el Antiguo Testamento, nuestro Señor vino a nosotros, tomó nuestros pecados para siempre al ser bautizado, derramó Su sangre y así nos ha salvado. El Señor aceptó todos nuestros pecados para siempre a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, y el Señor mismo cargó con el castigo de nuestros pecados en la Cruz para siempre en nuestro lugar. 
Por tanto, por fe somos salvados de nuestros pecados y esto significa que nuestra salvación solo se alcanza al creer en la justicia del Señor. No hay pecado que se pueda eliminar a través de nuestros esfuerzos humanos, como ofrecer oraciones de penitencia o buscar la santificación. En otras palabras, Dios ha dejado claro que nuestra salvación no se consigue con nuestras oraciones de penitencia. Como todo el mundo nace como descendiente de Adán, todo el mundo nace como un pecador automáticamente. Sin embargo, todo el mundo ha sido creado por Dios. Por tanto, solo hay una manera de que los seres humanos obtengan la remisión de los pecados de Dios. Deben confesar a Dios: “Señor, he pecado contra Ti. Soy un pecador por naturaleza. No he podido vivir según Tu Palabra todo este tiempo”. Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Así es como recibimos la remisión de los pecados. No hay nada más. Todo lo que debemos hacer es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu con el que nuestro Señor ha eliminado nuestros pecados. Dicho de otra manera, para eliminar todos nuestros pecados personalmente, el Señor cargó con los pecados de todo el mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre en la Cruz y así ha salvado a todos los que creemos en esto. 
El Señor nos ha salvado de todos los pecados del mundo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu y esta es la Verdad. Lo que nos permite ser salvados de todos nuestros pecados es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Todo lo que podemos hacer es seguir cometiendo pecados una y otra vez, seguir dándonos cuenta de nuestros pecados una y otra vez y seguir confesándolos una y otra vez, pero el Señor nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, así que ¿en qué otra cosa íbamos a creer? Nacimos como pecadores bajo la Ley de Dios y por eso no podíamos evitar pecar siempre. Pero nuestro Señor nos amó aún más y nos salvó a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Al haber venido a este mundo a eliminar nuestros pecados para siempre, el Señor cargó con ellos al ser bautizado por Juan el Bautista. Al derramar Su sangre en la Cruz hasta morir, nuestro Señor cargó con la condena de nuestros pecados en nuestro lugar. 
Las Escrituras dicen que la gente común tenía que ofrecer una cabra pura para la remisión de los pecados, pero espiritualmente todos los seres humanos son impuros. En todo el universo el único puro es Jesucristo. No hay nadie que sea puro, solo Jesucristo, quien creó los cielos y la tierra y vino a salvarnos de nuestros pecados para siempre. Nuestro Señor no cometió ningún pecado en este mundo. Nunca pecó, ni una sola vez. La Biblia dice que, aunque la gente intentó empujar a nuestro Señor por el precipicio de la muerte, Él caminó con la gente sin pestañear. 
Jesucristo no tenía ninguna debilidad ni falta. Nuestro Señor puro vino a este mundo y, para eliminar los pecados de toda la raza humana, cargó con todos los pecados del mundo para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista, quien cumplió el papel del último sumo sacerdote del Antiguo Testamento; entonces fue crucificado hasta morir cargando con los pecados del mundo y se levantó de entre los muertos. Para eliminar los pecados de todo el mundo el Señor se convirtió en la ofrenda del pecado al ser bautizado. En otras palabras, el Señor aceptó todos los pecados de este mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. No hemos hecho otra cosa que cometer pecados desde que nacimos en este mundo, pero nuestro Señor había establecido una manera de eliminar los pecados de este mundo para salvarnos de ellos. Pasemos a Levítico 4:28-29: “Luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y la degollará en el lugar del holocausto”.
Cuando la gente del Antiguo Testamento cometía pecados, y cuando estos pecados llegaban a su conocimiento, los israelitas llevaban un animal al altar de los holocaustos y le pasaban sus pecados mediante la imposición de manos sobre su cabeza. Esta imposición de manos era el método mediante el que Dios redimía los pecados del mundo. Para salvarnos de nuestros pecados, en otras palabras, Dios cumplió Su voluntad a través de este método de la imposición de manos. Al haber establecido la manera de salvarnos de nuestros pecados, nuestro Señor nos ha salvado de esta manera. Como Dios mismo estableció que nuestra salvación tenía que venir de esta manera, se cumplió de esta manera. Dios había venido para establecer nuestra salvación y redimir los pecados de la humanidad. 
Dios dijo que la gente común debía llevar una cabra hembra y ponerle las manos sobre la cabeza. De esta manera, cuando el pueblo de Israel ponía las manos sobre la cabeza del animal, sus pecados eran pasados a este sacrificio.
 

Ahora debemos ver cómo se ofrecían los sacrificios el Día de la Expiación
 
Pasemos a Levítico 16:22: “Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto”. Como está escrito aquí, Aarón, el sumo sacerdote, ponía las manos sobre la cabeza de la cabra, confesaba todas las iniquidades y pecados de los hijos de Israel sobre ella y mandaba a la cabra al desierto de la mano de un hombre. Esto significa que el sumo sacerdote pasaba las iniquidades y pecados de los hijos de Israel al chivo expiatorio mediante la imposición de manos sobre la cabeza. La imposición de manos significa ser lavado, ser pasado y ser enterrado. 
El Día de la Expiación en el Antiguo Testamento implica que el Señor había prometido darnos un método para eliminar nuestros pecados, y cuando llegó el momento, vino a este mundo y aceptó personalmente estos pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad. En otras palabras, el Señor había establecido la manera de eliminar nuestros pecados y había dicho que nos haría justos al eliminar nuestros pecados completamente. Quiero repetir que no hay nada que los seres humanos puedan hacer por su cuenta para eliminar sus pecados. 
Está escrito: “Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y la degollará en el lugar del holocausto. Luego con su dedo el sacerdote tomará de la sangre, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar” (Levítico 4:29-30). Dios dijo que el animal del sacrificio debía morir como holocausto. Cuando se entraba en el Tabernáculo a través de sus puertas, lo primero que se encontraba era el lugar de los holocaustos. Este era el lugar donde los animales eran ofrecidos a Dios quemándolos. Era el lugar donde los pecados eran pasados al animal y el lugar del juicio. Cuando se hacía un sacrificio común, el pecador pasaba sus pecados al animal mediante la imposición de manos sobre su cabeza, le sacaba la sangre cortándole el cuello, le daba la sangre al sacerdote y el sacerdote ponía la sangre en los cuernos del altar de los holocaustos y el arrojaba el resto en el suelo. 
Entonces el animal del sacrificio se cortaba en trozos y se quemaba en el altar de los holocaustos. El holocausto simbolizaba lo siguiente para el pecador: “En vez de morir por ser un pecador, este animal ha aceptado mis pecados y la muerte en mi lugar ante Dios”. ¿Qué nos pasaría si fuésemos juzgados? ¿Qué les pasaría a los pecadores cuando fueran juzgados por sus pecados? Si la gente fuese juzgada por sus pecados y muriese al final, ¿para qué sirve nacer en este mundo y por qué necesitamos el universo y todo lo que hay en él? Sin nuestra existencia, este universo y todo lo que hay en él no sirve de nada. Por nosotros todo en este universo tiene que existir y por eso Dios lo necesita también. 
De la misma manera, ¿quién tomó todos nuestros pecados por nosotros en el Nuevo Testamento y cargó con la condena de nuestros pecados en nuestro lugar? El Señor tomó todos nuestros pecados y cargó con la condena en nuestro lugar. De la misma manera en que una cabra pura aceptaba los pecados del pecador y moría como holocausto, nuestro Señor cargó con los pecados del mundo para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista; y de la misma manera en que Dios dijo que el precio del pecado es la muerte, fue crucificado en nuestro lugar, porque había cargado con todos nuestros pecados a través de Su bautismo. ¿Qué hicimos nosotros? El Señor es quien lo hizo todo para eliminar nuestros pecados, nosotros no hicimos nada. Por eso, por la gracia de Dios y Su don hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 

Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos sido salvados de nuestros pecados
 
No hemos hecho otra cosa que pecar bajo la Ley de Dios desde que nacimos. La remisión de nuestros pecados viene de Dios solamente. El Señor nos dejó nacer de nuevo en este mundo y el Señor nos dejó ser débiles en este mundo. ¿Por qué cargó con todos nuestros pecados y los eliminó al ser bautizado? Lo hizo para hacernos hijos Suyos y dejarnos vivir para siempre en la gloria del Reino de los Cielos, en Su Reino glorioso. No hay nada que tengamos que hacer para conseguir esto. Todo depende del Señor. En vez de ser condenados por nuestros pecados, nuestro Señor tomó todos nuestros pecados y pagó la condena en la Cruz. La cabra pura aquí se refiere a nuestro Señor. ¿Qué hemos hecho entonces? Nada. 
Hasta los 44 he estado intentando hacer algo en este mundo, pero no he podido conseguir nada con mis propios esfuerzos. Pero el Señor cumplió la salvación a través del agua y el Espíritu para salvarme de todos mis pecados. Me dejó nacer en este mundo como una persona débil y, sabiendo que pecaría, el Señor puro vino a este mundo a eliminar mis pecados. El Señor mismo cargó con mis pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y fue condenado por ellos en la Cruz en mi lugar. No hice nada más por mi salvación. 
De la misma manera, no hay nada que el hombre haya hecho para recibir la remisión de los pecados. Lo que debemos entender aquí es que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu e iremos al Cielo, pero esto no tiene nada que ver con nuestros esfuerzos. Nuestra salvación la ha cumplido nuestro Señor, quien nos dejó nacer en este mundo, cargó con todos los pecados de este mundo al ser bautizado por Juan el Bautista y fue condenado por nuestros pecados en la Cruz. Lo único que podemos hacer es confesar con nuestros labios que el Señor es el Señor de nuestra vida, el que nos salva y el que nos ha dado la vida eterna. Y no podemos hacer nada más que darle las gracias. Sin embargo, en el pasado, la gente hacía todo tipo de cosas intentando redimir sus pecados. 
Durante la Edad Media, la Iglesia Católica solía vender indulgencias que se suponía que perdonaban los pecados de la gente. Se decía que, en el momento en que alguien compraba una indulgencia, un alma que había sido arrojada al infierno podía ir al Cielo. Incluso hoy en día la gente intenta en vano recibir la remisión de los pecados a través de sus propios esfuerzos, como oraciones de penitencia, hasta que conoce el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero ¿se recibe la remisión de los pecados ofreciendo oraciones de penitencia o ayunando? ¿Puede alguien ser salvado de sus pecados al intentarlo por su cuenta? No, por supuesto que no. Todas las ofrendas y donaciones que los cristianos hacen a sus iglesias están destinadas a construir edificios más grandes y opulentos. Hay multitud de iglesias opulentas en todo el mundo. 
Estas cosas ocurrieron en el pasado y ahora también están ocurriendo. Si fuese posible que nuestros pecados fuesen eliminados y entrar en el reino de los cielos al ofrecer dinero, ¿para qué deberíamos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? Pero, como acabo de mencionar, no hay nada que podamos hacer por nuestra salvación. Lo único que podemos hacer es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Nacimos en este mundo por nuestros propios esfuerzos? ¿Nacimos de nuevo porque quisiésemos? No, en realidad, todos nacimos bajo el plan del Señor. Cuando recibimos la remisión de los pecados en nuestros corazones al creer en la justicia del Señor, toda la voluntad de Dios para nosotros se cumple. 
Leamos Levítico 4:31: “Y el sacerdote la hará arder sobre el altar en olor grato a Jehová; así hará el sacerdote expiación por él, y será perdonado”. Para que el sacerdote pudiese encargarse de los pecados de la gente, debía trabajar según el mandamiento de Dios. Nuestro sacerdote espiritual no es otro que nuestro Señor. Por eso llamamos a nuestro Señor el Sumo Sacerdote del Cielo. El Sumo Sacerdote del Cielo ha salvado a Su gente de sus pecados ofreciendo Su propio cuerpo a Dios Padre. 
Está escrito: “Y le quitará toda su grosura, como fue quitada la grosura del sacrificio de paz, y el sacerdote la hará arder en el altar sobre la ofrenda encendida a Jehová; y le hará el sacerdote expiación de su pecado que habrá cometido, y será perdonado” (Levítico 4:35). La gente común recibía la remisión de los pecados solo si el sacerdote ponía la sangre del animal en los cuernos del altar de los holocaustos, tomaba su grasa y la quemaba en el altar para el pueblo. Nuestro Señor es el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos. El sumo sacerdote terrenal era una profecía de Jesucristo, mientras que el Señor es Dios mismo. Como Sacerdote, el Señor cargó con todos nuestros pecados al ser bautizado y morir en la Cruz. 
¿Puede alguien no cometer pecados solo si se lo propone? No, por supuesto que no. Mientras que decidirse a no pecar es algo noble, como Dios nos hizo meros seres humanos, no nos creó como personas que pudiesen evitar pecar solo con nuestra determinación. Dios nos creó como seres imperfectos. ¿Por qué? Porque podríamos ser salvados fácilmente al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que constituye la justicia de Jesucristo. Dios nos creó como seres imperfectos para poder hacernos justos a los pecadores, convertirnos en Su pueblo justo y dejarnos vivir con Él para siempre en el Reino de los Cielos. 
Efesios 1:4 dice: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Esto significa que Dios nos dejó nacer como seres vivos débiles porque había planeado que Jesucristo vendría a este mundo personalmente, borraría nuestros pecados y nos haría perfectos de nuevo. Por eso Dios nos permitió nacer como seres imperfectos desde el principio. ¿Hay algo por lo que podamos protestar a Dios? No, por supuesto que no. Quien diga: “¿Por qué me hizo Dios tan débil?” está enfrentándose a Dios, el Creador. Estas personas pueden decir a sus padres: “¿Por qué me engendrasteis? Como me tuvisteis, deberíais tratarme bien y dejarme una herencia grande”. Quizás puedan decir estas cosas a sus padres carnales, pero ¿pueden decirle esto a Dios, nuestro Creador? ¿Podemos preguntarle a Dios por qué nos creó tan débiles? ¿Podemos decirle que debería habernos creado más fuertes para no cometer pecados cuando no queramos? 
Es precisamente porque Dios nos hizo imperfectos que podemos convertirnos en Sus valiosos hijos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Los ángeles no pueden convertirse en hijos de Dios. El Creador lo decide todo. ¿Puede un vaso decir: “No me gusta ser un vaso. Quiero ser un plato”? No, los recipientes están hechos según los deseos de su creador. Si el creador decide hacer un vaso de arcilla y usarlo para beber agua, el vaso no se puede quejar. El mismo principio se aplica al objetivo por el que Dios nos creó. 
Al cargar con nuestros pecados y ser condenado por ellos, Dios ha eliminado todos nuestros pecados para siempre. Al tomar todos nuestros pecados y cargar con la condena para siempre, Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados. Como Dios ha determinado que la remisión de los pecados se recibiría si creyésemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿cómo vamos a rechazarlo? ¿Por qué vamos a quejarnos cuando Dios nos ha permitido entrar en Su Reino y vivir en él solo si tenemos fe en Su justicia? Al contrario, le debemos a Dios toda la gratitud y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu con esta gratitud. 
Hace algún tiempo tuve la oportunidad de visitar la Universidad de Gangwon y ver una exposición de arte. La hermana Haesook Heo me invitó a la exposición que había organizado un amigo suyo. Allí vi un cuadro titulado ¿Están todas estas cosas predeterminadas? El cuadro representaba el Cielo a un lado y el infierno al otro. Así que escribí unas cuantas palabras junto al cuadro. Saben, algunas personas piensan que está determinado quién va a ir al Cielo o al infierno, así que dicen que esto es irracional. Pero yo quería afirmar que Dios no nos creó a los seres humanos para enviarnos al infierno. 
Como hemos visto en el pasaje de las Escrituras de hoy, cuando la gente común tenía que recibir la remisión de los pecados, todo lo que tenía que hacer era darse cuenta de sus pecados, y con este conocimiento pasaba sus pecados a una cabra pura mediante la imposición de manos sobre su cabeza, la mataba y le daba la sangre al sacerdote. La cabra aceptaba todos los pecados y derramaba su sangre en su lugar, su grasa era quemada en el altar de los holocaustos en su lugar y su carne era arrojada fuera del campamento. Todas estas cosas las cumplía la cabra pura por la gente común. La gente común se daba cuenta de esto. Todo lo que tenía que hacer era creer en la Palabra de Dios tal y como era y obedecerla. 
Hace unos minutos he mencionado que escribí algunas palabras acerca de ese cuadro. No me acuerdo muy bien de qué escribí exactamente, pero era algo así: “Dios no ama solo a algunas personas y a otras no. Dios no nos creó para arrojar al infierno a algunos y enviar a otros al Cielo. Pero quien cree en la justicia de Dios puede ser una persona justa, mientras que el infierno fue creado para los que desafían a la justicia de Dios”. Lo que quiero decir es que Dios no creó el infierno para la gente exclusivamente. 
¿Para quién creó Dios el infierno? Cuando leemos el Libro del Apocalipsis, vemos que es el Diablo quien será arrojado al Abismo. Como saben, el Diablo es un ángel que cayó de la gracia de Dios. Este ángel cayó porque desafió la justicia de Dios e intentó hacerse más grande que Dios. Los ángeles estaban por debajo de Dios, así que tenían que darle a Dios mucho honor. A pesar de esto, un ángel desafió a Dios e intentó ser más alto que Él. Así que Dios creó el infierno en aquel entonces, diciéndole a Satanás: “¿Serás exaltado hasta el final de los cielos? Serás rebajado hasta el Hades”. 
Como los ángeles que son seres espirituales, Dios nos creó a los seres humanos como seres honorables. Y Dios nos ha dado personalidades y libre albedrío. No tengo palabras para describir lo agradecido que estoy por haber sido creado por Dios como un ser valioso y ser usado por Su valiosa obra. ¿Cómo puede alguien desafiar la justicia de Dios? ¿Cómo puede una mera criatura desafiar al Dios, el Creador? ¿Qué tienen de especial los seres humanos, aunque sean capaces de hacer cosas grandes? La tecnología informática ha avanzado tanto últimamente que ahora somos capaces de crear inteligencia artificial. En las películas de ciencia ficción las computadoras controlan a los seres humanos, pero por muchos avances tecnológicos que haya y por mucho que aumente la capacidad de las computadoras, una computadora es simplemente una computadora y no puede ser un creador. En otras palabras, no puede ser mejor que un ser humano. Por muy inteligente que sea una computadora, es una invención del cerebro humano, algo creado por un hombre, no un ser que exista por su cuenta. ¿Quién creó al hombre? Dios. El Señor fue quien creó al hombre y quien lo cumple todo. 
¿Podemos alcanzar nuestra salvación al arrodillarnos y ofrecer oraciones de penitencia? Algunos cristianos creen que pueden recibir la remisión de los pecados si van a la iglesia después de pecar en el mundo, arrodillarse y llorar a Dios: “Señor, he pecado. Perdóname”. Si es así, ¿por qué tenía que morir una cabra en el pasaje de las Escrituras de hoy? Si Dios perdonase nuestros pecados de esta manera, no necesitaríamos que una cabra pura muriese en lugar del pecador. Cuando la gente común pecaba, solo tenía que decirle a Dios: “Señor, siento haber pecado contra Ti. Perdóname”. 
Si el perdón se obtuviese rogando de esta manera, ¿por qué tenía que derramar su sangre la cabra y por qué tenía que quemarse en el altar de los holocaustos? ¿Y por qué tenía el sacerdote que trabajar tanto para ofrecer el sacrificio? Lo que estoy diciendo aquí es que la remisión de los pecados no se recibe con solo palabras. Solo porque digamos a Dios: “Señor, perdóname por favor. Deja ir este pecado”, Dios no ignora nuestros pecados. Dios es el Dios de la Verdad y por tanto no puede tolerar ningún pecado. Hay dos cosas que el Dios Omnipotente no puede hacer. Una de ellas es mentir y la otra es perdonar a un pecador sin consecuencias. Hizo que Su propio Hijo cargase con los pecados del mundo y muriese en la Cruz. Aunque Dios es el Dios del amor, no tolera el pecado. Esto se debe a que Dios es santo. Y por eso el Señor tomó todos nuestros pecados, fue condenado en nuestro lugar, murió en nuestro lugar y se levantó de entre los muertos para permitirnos recibir la remisión de los pecados. Y al creer en este Evangelio podemos ser salvados. 
Muchos cristianos ofrecen sus propias oraciones de penitencia en vano, diciendo que han recibido el don de la penitencia, pero ¿qué es exactamente este don de la penitencia? No tiene sentido. Debemos tener cuidado con estas mentiras. Deben pensar racionalmente y preguntarse: “¿Qué pecado he cometido contra Dios?”. 
Cuando se ofrecía un sacrificio, se tenía que matar a un animal, sacarle los riñones y quemarlos con la grasa en el altar de los holocaustos. ¿Qué significa esto? La función principal de los riñones es filtrar la sangre de elementos nocivos. Debemos pensar racionalmente en qué hemos hecho mal contra Dios, darnos cuenta de ello y filtrarlo como hacen los riñones. También debemos reconocer que no podemos evitar ser condenados por nuestros pecados. Y debemos darnos cuenta de que nuestro Señor fue condenado por nuestros pecados en nuestro lugar. Solo entonces podemos recibir la remisión de los pecados. 
Es muy importante darnos cuenta de que, cuando la gente común recibía la remisión de los pecados, sus pecados podían redimirse porque la cabra había cargado con ellos y había sido sacrificada por la gente común. Debemos darnos cuenta de que esta remisión de los pecados no se obtenía porque la gente se hubiese arrodillado y hubiese rogado. El llamado don de la penitencia y el don de las lágrimas son historias inventadas por el cristianismo corrupto. Es devastador ver cómo la gente dice haber recibido el don de las lágrimas, porque no hay razón para llorar. De hecho, cuando van a la iglesia y se echan a llorar, están simplemente descargando su frustración ante el Señor después de haber sufrido alguna circunstancia no deseada en el mundo. 
Sin embargo, la remisión de los pecados no se recibe con ir a la iglesia y llorar mucho. Derramar lágrimas solamente no perdona sus pecados. No es posible, aunque lloren mares. La remisión de los pecados puede ser recibida del Señor solo si se paga su precio con la muerte. Debe haber derramamiento de sangre. Pero, no valdría de mucho si muriésemos nosotros. Por eso Dios preparó nuestra expiación en vez de matarnos. Al haber preparado nuestro sacrificio, Dios hizo posible que recibiésemos la remisión de los pecados solo por fe pasando nuestros pecados a la ofrenda del sacrificio a través de la imposición de manos. La ofrenda del sacrificio tenía que cargar con la condena de nuestros pecados y cumplirlo todo por nosotros. Al creer en esta Verdad podemos alcanzar nuestra salvación. Por desgracia, el cristianismo de hoy en día se ha apartado de la Verdad tanto que se ha convertido en una superstición. 
Hoy en día, muchos pastores consideran que su ministerio es una mera ocupación. Por ejemplo, un peluquero, porque cuando un pastor que no ha nacido de nuevo da un sermón, está haciendo un trabajo solamente. El peluquero se gana la vida cortando el pelo, mientras que el pastor falso se gana la vida mintiendo. Los dos son iguales. Cualquier pastor que predique sin nacer de nuevo no es diferente a un vendedor en el mercado.
 

¿Cuándo cargó el Señor con nuestros pecados?
 
Pasemos a Mateo 3:13-17: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. La palabra entonces al principio del pasaje se refiere a cuando Jesús tenía 30 años. Durante el Antiguo Testamento un sacerdote tenía que cumplir los 30 años antes de asumir su ministerio. Todo esto está escrito en el Libro de Números. De esta manera, Jesús entonces fue a Juan el Bautista cuando cumplió los 30. Y entonces le ordenó a Juan el Bautista que le bautizase. Juan el Bautista entonces le preguntó a Jesús: “¿Cómo puede una persona tan humilde como yo bautizarte a Ti cuando debería yo ser bautizado por Ti?”. Pero Jesús dijo firmemente: “Permíteme hacer ahora”, es decir que le pidió que le bautizase y Juan el Bautista le dejó. 
Cuando Jesús dijo: “Permíteme hacer ahora pues conviene así que cumplamos toda justicia”, las palabras toda justicia son “δικαιοσυνην (dik-ah-yos-oo’-nayn)” en el texto original griego. Esto significa de la manera más adecuada, más correcta o más justa. En otras palabras, lo más adecuado era que Juan el Bautista bautizase a Jesús. ¿Por qué quiso Jesús ser bautizado por Juan el Bautista específicamente? Juan el Bautista era el representante de toda la humanidad.
Cuando pasamos a Mateo 11:11-13, leemos que Jesús dice: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan”. Así que Jesús dejó claro que el representante de la humanidad era Juan el Bautista. Antes de enviar a Jesús como había prometido, Dios envió al representante de la humanidad para hacer de último sumo sacerdote del Antiguo Testamento en la tierra y este hombre era Juan el Bautista. Al ser bautizado por Juan el Bautista, Jesús pudo cargar con todos nuestros pecados. Jesús le estaba diciendo a Juan el Bautista: “Conviene así que cumplamos toda justicia. Es correcto que me bautices, que Yo sea bautizado por ti y que eliminemos todos los pecados del mundo”. 
El método por el que Dios estableció que la gente común en el Antiguo Testamento podía recibir la remisión de los pecados era la imposición de manos sobre una cabra para pasarle los pecados. De manera similar, en el Nuevo Testamento Jesús cargó todos los pecados de todo el mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. Así es cómo Jesús se convirtió en nuestra expiación, al tomar todos nuestros pecados y ser condenado por ellos en nuestro lugar. Y qué significa la expiación de los pecados y cómo Dios eliminó los pecados de todo el mundo. Dicho de otra manera, Jesús aceptó todos los pecados del mundo al ser bautizado en el Río Jordán. El Río Jordán cubre hasta la cintura, pero Jesús fue sumergido en él cuando fue bautizado. 
Cuando Jesús fue a Juan el Bautista, le dijo: “Me bautizarás”. Juan el Bautista le dijo a Jesús: “Aunque soy el representante de la humanidad, ¿no eres Tú el Representante del Cielo? ¿Cómo voy a bautizarte Yo?”. A esto Jesús le contestó diciendo: “Permíteme hacer ahora. De esta manera, Me pasarás los pecados del mundo a Mí y Yo los aceptaré. Esta es la manera más adecuada de eliminar los pecados de todo el mundo. ¿No prometí esto en el Antiguo Testamento? Así que se debe hacer de esta manera”. Juan el Bautista puso ambas manos sobre la cabeza de Jesús, como hacían los sumos sacerdotes en el pasado. Esta era la forma más adecuada de que el Señor aceptase nuestros pecados. 
Por mucho que lo intentemos, los pecados dentro de nosotros no desaparecen. Por eso nuestro Señor vino a este mundo para eliminar todos estos pecados y los aceptó a través de Juan el Bautista de la manera más adecuada. Al haber aceptado todos nuestros pecados, el Señor fue crucificado hasta morir. Le costó tres años ir a la Cruz desde que aceptó nuestros pecados. Al día siguiente, después de que Jesús hubiese aceptado todos los pecados del mundo al ser bautizado, Juan el Bautista vio a Jesús acercarse a él de nuevo y dio testimonio diciendo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Al haber eliminado los pecados del mundo, el Señor los llevó hasta la Cruz. Al haber aceptado los pecados del mundo, el Señor los llevó a Sus espaldas. Y en la Cruz fue condenado por los pecadores. 
De la misma manera en que la cabra aceptaba los pecados de la gente común, derramaba su sangre y moría en su lugar, Jesús también aceptó nuestros pecados, cargó con ellos hasta la Cruz y fue condenado en nuestro lugar. Por eso el Señor dijo en Juan 19:30: “Está acabado”. Cuando Jesús murió después de decir esto, el velo del Santuario se partió de arriba a abajo. Esto simboliza que Jesús había cumplido completamente la remisión de los pecados, que no se obtiene al llorar o arrepentirse, sino gracias a que Jesús vino al mundo, fue bautizado en el Río Jordán y derramó Su sangre hasta morir en la Cruz. El Señor nos ha salvado a todos los que creen de corazón que ha eliminado todos los pecados del mundo de esta manera y los ha convertido en Su pueblo. 
Todas estas cosas fueron conseguidas por el Señor, nosotros no hicimos nada. Es absolutamente imposible que nos libremos de la condena si tenemos pecados. No sirve de nada arrepentirse o llorar como dice el himno: “Llorar no puede salvarnos. Las lágrimas no redimen nuestros pecados, ni nos llevan al Cielo. Ni nuestros esfuerzos ni nuestras virtudes pueden salvarnos”. Sin embargo, nuestro Señor ha cumplido nuestra salvación. Nos ha salvado y ha eliminado todos nuestros pecados. 
¿Qué hay de ustedes? ¿Creen que no hay nada que hayamos hecho por nuestra salvación? ¿Qué han hecho los seres humanos por la salvación? ¿Podemos evitar cometer pecados con tan solo intentarlo? No, esto no es posible. Por supuesto no estoy diciendo que deberían pecar libremente. Lo que quiero decir es que debemos recordar que nuestro Señor eliminó los pecados del mundo. Cargó con la condena de los pecados de la manera más adecuada, al ser bautizado. Aceptó todos los pecados del mundo precisamente porque no podemos evitar pecar hasta el día en que morimos. Hizo esto para hacernos completos, para que recibiésemos la remisión de los pecados por fe. 
Quiero dejar claro una vez más que no hay nada que hayamos hecho para merecer esto. Hemos recibido la remisión de los pecados, no solo por algo que hayamos hecho, sino por lo que nuestro Señor ha hecho por nosotros. El Señor es quien nos ha hecho justos. El Señor es quien nos ha hecho nacer. El Señor es quien nos ha dado la vida eterna. El Señor es quien nos ha bendecido para entrar en el Cielo. El hecho de que estemos vivos, de que podamos respirar, es posible porque el Señor nos ha dado el aire para respirar. De esta manera, no hay nada que debamos hacer. Dios nos está pidiendo que prediquemos este Evangelio y este amor. Nos ha confiado la tarea de hacer posible que todo el mundo reciba la remisión de los pecados y nos está diciendo que prediquemos este Evangelio. 
El Señor nos está diciendo que nos ha salvado, que nos enviará al Cielo, que nos ha hecho justos y que nos ha bendecido. Todas estas cosas las ha hecho el Señor. No hay nada que hayamos hecho. Por la gracia del Señor hemos alcanzado nuestra salvación, recibido Sus bendiciones, convertido en obreros de Dios e iremos al Reino eterno. Todo esto es un don de Dios. No es algo que hayamos recibido como una recompensa por nuestros esfuerzos. Todo ha venido por la gracia de Dios. Nos hemos vestido del amor y la gracia infinitos de Dios. Estamos viviendo en la presencia de Dios por Su amor. Le doy gracias al Señor y le alabo por todo lo que ha hecho por nosotros.