The New Life Mission

Sermones

Tema 14: La Primera Epístola de Juan

[Capítulo 3-3 ] (1 Juan 3:17-24) Aquel que Guarda los Mandamientos de Dios Habita en Él

(1 Juan 3:17-24)
«Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él; pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado».
 

Vive de Acuerdo a los Mandamientos de Dios

El pasaje de la Escritura de hoy nos está diciendo que nos amemos los unos a los otros de acuerdo a los mandamientos de Dios. 
El Apóstol Juan también dijo en 1 Juan 3:14-15: «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él». Este pasaje aquí fue hablado a aquellos que han salido de la muerte y han entrado a vida creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu dado por el Señor. Nos está diciendo que si ciertamente hemos sido salvados de todos los pecados de este mundo, entonces debemos amarnos los unos a los otros. Como tal, si hemos pasado de muerte a vida creyendo en el evangelio verdadero, entonces es justo que nosotros nos amemos los unos a los otros y realicemos la obra de Dios.
Anteriormente a esto, el Apóstol también dijo en 1 Juan 3:11: «Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros». La forma de vida que Jesucristo desea que tengamos es que nos amemos los unos a los otros y nos reunamos juntos. Hemos recibido este maravilloso amor, y como resultado, hemos pasado de muerte a vida. Entonces, ¿cómo debemos vivir ante Jesucristo, el Dios verdadero? No solo debemos hablar de palabra o de lengua, sino en nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu.
Nuestro amor por Dios no puede ser forzado de nosotros, sino que debe levantarse de la profundidad de nuestro corazón, de nuestra fe en el agua y el Espíritu. Nuestro Señor nos ha transformado fundamentalmente de tal manera que no podamos evitar el amor de los unos por los otros. Ya que el Señor nos amó tanto, Él nos ha salvado de todos nuestros pecados y nos ha bendecido abundantemente.
Es por ello que debemos vivir nuestras vidas en agradecimiento por fe, y es por ello que ahora somos capaces de amarnos unos a otros en el evangelio del agua y el Espíritu. Ya que nuestro Señor nos ha lavado de todos nuestros pecados en este maravilloso evangelio, simplemente es imposible que nosotros no nos amemos los unos a los otros. Es, en otras palabras, debido a que el Espíritu Santo reina en nuestros corazones por lo que nos amamos unos a otros.
La fuerza detrás de esta habilidad para que nosotros amemos a Dios y los unos a los otros se genera de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Ya que el amor del Señor reina en nuestros corazones, todos nosotros no podemos evitar amar a este Señor y a otras almas. Se debe a que el amor del Señor ya se encuentra reinando en nuestros corazones por lo que ahora somos capaces de amarnos los unos a los otros. Nuestro Jesucristo nos dijo a todos y a cada uno de nosotros, quienes estamos viviendo en la era del Nuevo Testamento, que nos amaramos unos a otros. Todos y cada uno de nosotros ahora es una fuente multiplicadora de fuerza de los unos para los otros.
 

Para Tener Confianza Delante de Dios, Debemos Vivir de Acuerdo a la Voluntad de Dios por Fe

Cuando nuestros corazones tienen confianza delante de Dios, todo lo que le pedimos a Él en nuestras oraciones es respondido. Esta confianza solo viene cuando tenemos la fe que agrada a Dios-esto es, la fe que cree en el evangelio del agua y el Espíritu. Cuando el amor de nuestro Señor viene a morar en sus corazones, serás guiado a realizar Sus justas obras, para tener corazones confiados, y así estarás trayendo gozo al Señor.
Cuando el amor de Cristo viene a reinar en nuestros corazones, sin importar quién, somos dirigidos a hacer la voluntad del Señor sin excepción. Esto se debe a que aquellos que han llegado a ser justos no pueden resistirse a amar a otras almas. Aquel que verdaderamente tiene el amor de Cristo en su corazón está destinado a ser atrevido en su corazón, ya que llagará a realizar Sus justas obras. Los ministros del amor de Dios no se manifiestan por la fuerza, sino que solo se manifiestan por la fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Puesto de otra manera, nuestra fe en este evangelio verdadero nos permite realizar esta clase de ministerio que viene del amor de Dios. El evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado es la Verdad real y ponderosa que permite a todos los creyentes recibir vida nueva. 
Aquellos que tienen el Espíritu de Dios operando en sus corazones seguramente son aquellos que verdaderamente han recibido el lavamiento de sus pecados de parte de Dios creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Tales personas que poseen el amor de Dios por fe vienen de vivir sus vidas al colocar su fuerte fe en este evangelio del agua y el Espíritu. En particular, son capaces de hacer a un lado el deseo de los ojos hacia este mundo y de otros deseos carnales similares como el orgullo de la vida, ya que en su fe consideran tales deseos como simple basura. Los corazones de estas personas ya están repletos de la Verdad dada por el Señor y con el poder de la salvación, y por consiguiente son más que capaces de amar a otras almas, y también pueden liberar a otros de todos sus pecados.
 

¿Qué Ocurriría Si Todos Ustedes No Hiciesen a un Lado los Deseos de la Carne aún Después de Nacer de Nuevo al Creer en el Evangelio del Agua y el Espíritu?

Si no hacemos a un lado el deseo de nuestros ojos y de la carne, y el orgullo de la vida, y si solamente vivimos vidas cómodas y egoístas en este mundo, entonces no podremos vivir como discípulos de Jesucristo. Una vez que llegamos a amar a este mundo, no podemos guardar los mandamientos que Dios nos ha dado para amarnos unos a otros.
Si nosotros ciertamente hemos sido salvados de todos nuestros pecados al creer en el verdadero amor de la salvación que el Señor nos ha dado, entonces podremos guiar a otros al camino que les permite también ser lavados de sus pecados en Jesucristo. Entregarse a sí mismos a la obra de amor de Dios es la única forma en que el amor de Cristo pude siempre reinar en nuestro corazón, y de que puedas ser lleno con la totalidad del Espíritu. Este es el mismísimo secreto que te permite vivir tu vida con la llenura del Espíritu, creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Para que nosotros los Cristianos vivamos en la totalidad del Espíritu, por encima de todo, primeramente debemos creer en el evangelio verdadero, y luego entregarnos nosotros mismos a la vida de luz que derrama el esplendor de Dios sobre las tinieblas de este mundo.
¿Deseas vivir una vida Cristiana invencible? Si es así, entonces ten aún más fe en el amor de nuestro Señor. Entonces vivirás la clase de vida que está llena de la totalidad del Espíritu, y que ama a los demás, todo en el evangelio del agua y el Espíritu. Es imposible para ti ser lleno del Espíritu Santo a menos que te tomes de la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu por tú fe. El Apóstol Pablo también dijo: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21).
El Apóstol Juan dijo: «Pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él» (1 Juan 3:20-22).
Mis queridos compañeros santos, este pasaje de la Escritura nos asegura que si nuestros corazones no tienen nada que nos condene ante Dios, entonces tenemos confianza en Dios, y, lo que pidamos, todas nuestras oraciones serán contestadas. Esto se debe a que guardamos y hacemos las cosas que son agradables a Sus ojos.
 

¿Cuál es la Clase de Vida Que No Tiene nada de Que Ser Condenado Ante Dios?

Se debe a nuestro deseo por este mundo por lo que tú y yo nos alejamos de nuestro Señor. Nuestros actos también pueden ser insuficientes. Pero no es problema tener tales insuficiencias, ya que todos los seres humanos somos insuficientes en las obras. Sin embargo, si tenemos deseos mundanos y carnales, esto ocasiona un gran problema a nuestra vida espiritual. Dios nos amó tanto que Él dio a Su Hijo Unigénito como propiciación nuestra. Él solamente desea que le amemos. Él odia que amemos más a este mundo y las cosas que hay en el que a Él. Él define nuestro amor por este mundo como ‘adulterio espiritual’ que eventualmente nos guía a la muerte espiritual.
Por lo tanto, debemos asegurarnos que nuestros corazones no tengan nada de que condenarnos ante Dios. Cuando sucumbimos a nuestros deseos de la carne, no podemos seguir la voluntad del Señor. En vez de eso, si hacemos a un lado tales deseos y guardamos Sus mandamientos, Dios nos llenara respondiéndonos en cualquier cosa que le pidamos a Él. De esta manera podemos seguir la voluntad de Jesucristo nuestro Dios. Para hacer eso, debemos examinar nuestros corazones ante Dios, y creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, debemos asegurarnos que no haya nada que nos condene.
Si existe algo en tú corazón algo que debe de ser condenado, entonces es tú deseo por este mundo. Pero debes mantenerte firmemente sobre tu fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro Señor nos dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia» (Mateo 6:33). Si queremos vivir para la justicia de Dios, siempre debemos rumiar sobre el evangelio del agua y el Espíritu. Si sientes que es difícil vivir para la justicia de Dios aún cuando lo deseas, una vez más debes meditar acerca de tu fe en este poderoso evangelio, entonces recibirás nueva fuerza espiritual.
Para que nosotros recibamos el poder de la fe de Dios, primeramente debemos quitar nuestros deseos de la carne. La Biblia nos dice que solamente después de hagamos esto seremos capaces de hacer otras cosas que agradan a Dios. Nuestro Señor que primeramente buscáramos Su voluntad. Debemos creer que entonces Dios se agradara. Nuestro propósito es esparcir el evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, y vivir para este trabajo. Cuando ponemos nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu y seguimos al Señor, Él suplirá todas nuestras necesidades y nos ayudará en todas las cosas.
1 Juan 3:21-22 dice: «Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él».
¿Que nos libera de la condenación de nuestro corazón? Es el hacer a un lado nuestros deseos de la carne para servir a la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Si tú y yo realmente hacemos a un lado nuestros deseos de la carne, entonces todos podemos vivir nuestras vidas en la totalidad del Espíritu. Pero si fallamos en esto, no podemos vivir la plenitud del Espíritu.
Algunas veces, aún los Cristianos son incapaces de recibir las bendiciones de la tierra, ni las respuestas a sus oraciones, a pesar del hecho de que han recibido la remisión del pecado. La razón de esto es que están siguiendo los deseos de su carne. Los Cristianos que van tras sus propios deseos de la carne terminan desobedeciendo a Dios y llegan a ser incapaces de hacer Sus justas obras. Ni sus deseos carnales son satisfechos, por esta razón, y, al final, sus vidas se quedan sin las bendiciones de Dios en ambos, cuerpo y espíritu. Todos debemos hacer a un lado tales deseos, aún a partir de ahora. Si perseguimos nuestros deseos de la carne, eventualmente caeremos en la clase de fe que está orientada solamente hacia las bendiciones materiales. Por lo tanto, debemos hacer a un lado nuestros deseos de la carne, si no, podríamos caer en tal fe mentirosa.
Lo que está en juego aquí no es si nuestra fe es grande o pequeña ante Dios, sino cuan íntegros son nuestros corazones ante Dios. Arroja de ti tus deseos carnales y obtén fe en la Verdad de Su amor. Con la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, nuestro Señor ha borrado nuestros pecados de una vez por todas, nos salvó de todos nuestros pecados, y nos convirtió en los hijos propios de Dios. Por lo tanto no tenemos miedo en nuestros corazones. Aquellos que verdaderamente creen en el evangelio del agua y el Espíritu ciertamente tienen confianza en sus corazones.
Algunas veces, sepultados en nuestros atareados trabajos, perdemos vista el amor del Señor, pero debemos recordar este amor. Fuimos pecadores, pero nuestro Señor nos ha amado tanto con la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, que hemos llegado a ser el pueblo de Dios. Aunque hemos caído en el fango de la destrucción debido a nuestros pecados, aún así nuestro Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados y de nuestra destrucción. Cuando éramos Sus enemigos, Dios nos amó tanto que nos convirtió en Sus propios hijos, y Él dio el lavado del pecado y la vida eterna a todos nosotros los que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu. Y Él nos ha confiado las obras de Dios y nos ha capacitado para realizarlas. También Él nos ha permitido recibir las recompensas del Cielo. ¿Cuánta gratitud debe haber por todo esto? Estamos agradecidos con Dios más allá de cualquier palabra.
Existen ocasiones en las que caemos en nuestros deseos carnales egoístas y terminamos olvidándonos del amor de Cristo en nuestras vidas. Hay ocasiones en que caemos en tales condiciones, cuando nos irritamos y nos frustramos, no encontramos gozo en nuestras vidas, y nuestros corazones son oscurecidos. Pero podemos recuperar nuestra fe y permanecer firmes nuevamente sobre la Verdad del evangelio de inmediato, siempre que nos recordemos a nosotros mismos como nos ha salvado el Señor con la Verdad de Su amor.
A pesar de esto, conociendo y creyendo que el amor de nuestro Señor fue derramado en nuestro corazón, aún damos gracias a Él. Yo creo que se origina en un milagro que ciertamente podamos sentir el amor de Dios en nuestro corazón, conocerlo, y creerlo. Aún más, cuando se llega al hecho que hemos llegado a vivir para otros, no puedo agradecer a Dios lo suficiente. Todos somos egoístas, y sin embargo hemos llegado a vivir por amor a otras almas; solo me maravillo ante el poder de Dios que ha hecho esto posible. Los seres humanos inherentemente somos egoístas, y sin embargo ahora somos capaces de vivir vidas bendecidas. Todas estas cosas, creo yo, no son otra cosa que el amor de Dios.
Sin embargo, si nosotros los justos no hacemos a un lado nuestros deseos mundanos, entonces terminaremos siendo incapaces de seguir al Señor y nuestras vidas se convertirán en tragedia. El deseo mundano no se quita de inmediato, como si el hacer esto significara que no tuviésemos más deseos que quitar. Es por ello que el Apóstol Pablo dijo: «Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero» (1 Corintios 15:31). ¿Qué quiso decir cuando dijo que él moría cada día? Él quiso decir que debido a que creía en Jesucristo, los deseos de su carne murieron.
Hacer a un lado los deseos mundanos que se encuentran en nuestro corazón una vez no significa que todo terminó, sino que debemos continuar haciéndolos a un lado. La verdadera remisión, desde luego, se alcanza de una sola vez. Pero, ¿acaso esto quiere decir que una vez que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, es el fin de todo? Cuando creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, es solo entonces que nuestra fe comienza; no es el fin de todo.
¿Realmente podemos vivir como Cristianos fieles si no hacemos a un lado nuestros deseos mundanos de la carne? Los Cristianos deben deshacerse de sus deseos carnales cada día de sus vidas. En vez de eso, ¿Cómo podemos hacer a un lado tales deseos de la carne y vivir vidas fieles ante Dios? Podemos vivir vidas así rumiando y meditando acerca del amor del Señor y practicando la justicia de Dios. Primero que nada tenemos que disponer en integridad nuestro corazón ante Dios. Cuando nuestros corazones desean fervientemente servir a la justicia de Dios, entonces nos volvemos atrevidos y pedimos cualquier cosa que necesitemos para servir al evangelio. Orando a Dios que nos de cualquier cosa que necesitemos, por ejemplo, firmeza de fe, necesidades materiales, colaboradores, o dones, podemos vivir vidas bendecidas, ya que ciertamente Él nos responderá.
1 Juan 3:23 dice: «Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado». ¿Cuál es este mandamiento? Es creer en el nombre de Su Hijo Jesucristo y amarnos unos a otros.
Jesús es el Salvador de todos nosotros. Para que nosotros creamos en nuestro Salvador Jesucristo, y nos amemos unos a otros, nada más que esto es el vivir de acuerdo al mandamiento que Dios nos ha dado.
La Biblia nos dice que aquellos que aman a Dios, a sus hermanos y hermanas en la fe, y a otras almas viven en el Señor. Pero aquellos que no aman a Dios no viven en el Señor. Se debe a que nuestro Señor es el Dios del amor por lo que Él nos ha amado y nos ha dado nueva vida y la remisión de nuestros pecados. De acuerdo al mandamiento que Él nos ha dado, y guiados por Su amor, hemos llegado a ser siervos del amor.
 

El Apóstol Juan Nos Amonesta a Amarnos Unos a Otros

Entre nosotros, como santos y siervos de Dios, debemos amarnos unos a otros con el corazón. Cuando el Mismo Señor nos ama y nos aprecia tanto, ¿cómo no amarnos unos a otros? Cuando el Señor ama a nuestros hermanos y hermanas, y a los siervos de Dios, ¿cómo no amarnos también unos a otros?
Esta es la vida Cristiana integra de la cual habló el Apóstol Juan. También él nos dijo que tú y yo también debemos vivir en la plenitud del Espíritu. Mientras que hemos sido salvados de nuestros pecados, esto no significa que repentinamente ya hemos dejado de perseguir nuestros deseos de la carne. Dado esto, tenemos más razones para suavizar nuestro corazón poniendo aún mayor fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.
Nuestro Señor nos dijo, “Amaos los unos a los otros. Esparzan el amor de Dios a toda la gente.” Es por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu por lo que podemos hacer esta obra. Aquellos de nosotros que creemos y vivimos para el evangelio del agua y el Espíritu podemos vivir felizmente, pero aquellos que no creen en este evangelio no pueden vivir en la plenitud del Espíritu. Mis queridos compañeros Cristianos, yo espero que todos ustedes se den cuenta que clase de vida que es la verdadera vida Cristiana, y hagan a un lado sus deseos carnales para vivir para nuestro Señor. Al creer en el amor, la salvación, el poder y en las bendiciones que Dios ya nos ha dado, todos podemos darle gloria Él.
Mis compañeros creyentes, debes darte cuenta que los Apóstoles de Dios predicaron el evangelio del agua y el Espíritu sin descanso. En la actualidad los siervos de Dios también están predicando el mismo evangelio incansablemente. Toda la Palabra de Dios se está manifestando a nosotros en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. ¿Por qué? Porque la Palabra de este evangelio del agua y el Espíritu ha traído el amor de Dios y a nosotros vida nueva. Debido a que el evangelio del agua y el Espíritu es la línea de la vida para todos nosotros, debemos creer tal cual y predicar tal cual sin cesar.
Ahora, tú y yo nos damos cuenta con qué clase de fe debemos vivir nuestras vidas ante Dios. Debemos amar a Dios y a otras almas, debemos hacer a un lado nuestros deseos de la carne, debemos tener fe en el verdadero evangelio de la salvación, y debemos vivir nuestras vidas para el Señor. Solo entonces podremos guardar esta fe nuestra en el evangelio del agua y el Espíritu y continuar con nuestras vidas hasta el día en que regrese nuestro Señor. Y solo entonces podremos saborear y disfrutar el poder y las bendiciones dadas por Cristo aún con mayor abundancia en nuestras vidas, así como también enriquecer los espíritus de otras personas con la Verdad de la salvación.
Es mi más sincera oración y mi esperanza que todos ustedes lleguen a tener esta fe verdadera en el evangelio del agua y el Espíritu. Si tú y yo verdaderamente nos hemos dado cuenta de esta Verdad y hemos recibido la remisión de nuestros pecados. Entonces sabremos cuan abundante y feliz es la vida que se vive por fe en Cristo.
¿Acaso no es felicidad el vivir para la salvación de otras almas y para la gloria de Dios? Entre tanta felicidad, otro gozo verdadero es tener comunión unos con otros. Ciertamente debemos continuar sosteniendo nuestras vidas de verdadera felicidad colocando nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu.
Yo creo que si continuamos siguiendo al Señor y vivimos para Él hasta el día del regreso del Señor, todos prosperaremos en ambos, cuerpo y en espíritu. Tengo toda la confianza que somos los más felices de entre todos, gracias al amor de la Verdad que Dios nos ha dado.
¡Aleluya!