The New Life Mission

Sermones

Tema 14: La Primera Epístola de Juan

[Capítulo 4-1] (1 Juan 4:1-6) Prueba Los Espíritus para Saber si Son de Dios

(1 Juan 4:1-6)
«Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error».
 

Debemos Cuidarnos de los Falsos Profetas

El Señor nos está diciendo: «Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo» (1 Juan 4:1).
Una persona se compone de tres partes, espíritu, carne y alma. El alma, la cual está en la persona, no existe entre los animales. Es por ello que la Escritura nos dice que probemos los espíritus si son de Dios o de Satanás. Tenemos que probar si el espíritu de alguien le pertenece a Jesucristo o no probando si la persona cree en el evangelio del agua y el Espíritu. Para hacer eso, también tenemos que probar si esa persona realmente reconoce a Jesucristo como Dios.
Aquellos espíritus, que no son de Dios, no aceptan la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones. Como resultado, están gobernados por espíritus inmundos ya que no han sido limpiados de sus pecados. Esto es, ya que rechazan y no creen en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios, no pueden ser vistos como espíritus pertenecientes a Dios.
Aunque a primera vista parece que aquellos cuyos espíritus están gobernados por el malvado no les molesta ser limpiados de los pecados en sus corazones, pero realmente aborrecen ser limpiados de sus pecados. Aborrecen ser lavados de todos sus pecados porque rehúsan creer en el evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios, aunque eso los limpiaría de todos sus pecados. Desafortunadamente, esta clase de gente le pertenece a Satanás el Demonio. Esta clase de gente aún permanece como líder Cristiano, ministrando a otros.
1 Juan 4:2 nos dice: «En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios».
Este pasaje de la Escritura describe a una persona que le pertenece a Dios. Esa persona cree en la Verdad de que Jesucristo vino a este mundo en semejanza de hombre, recibió el bautismo de Juan el Bautista para tomar sobre Sí Mismo los pecados del mundo, y recibió el juicio de los pecados en lugar nuestro mientras Él se desangraba en la Cruz. Jesucristo es nuestro Salvador quien vino a esta tierra en semejanza de hombre para borrar todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y por la sangre sobre la Cruz. Aquellos que creen en la Verdad de este evangelio le pertenecen a Dios.
En el pasaje de la Escritura de hoy, aquellos que “son de Dios” son los que creen en su corazón que Jesucristo ha venido a este mundo y los ha liberado de todos los pecados de este mundo a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Jesucristo, Él es el verdadero Salvador de todos nosotros.
Por lo tanto: «Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne» es el que cree que Jesucristo es Dios, que Él, al venir a este mundo en semejanza de hombre, tomó sobre Sí Mismo los pecados del mundo al recibir el bautismo por Juan el Bautista, y que Él llevó el juicio de todos nuestros pecados al derramar Su sangre sobre la Cruz. Como tal, nuestra verdadera fe descansa al creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
Jesús, el eterno Salvador de la humanidad, es el Sumo Sacerdote celestial, Rey de reyes y el Profeta que habría de venir. Jesucristo en Su totalidad de estos tres oficios nos ha liberado de los pecados de este mundo de inmediato.
Jesucristo dejó temporalmente la Gloria del Cielo para completar las obras de la redención de los pecadores de sus pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu. El Señor, de una vez por todas, transfirió los pecados de este mundo sobre Sí Mismo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Y, al dar Su cuerpo para ser clavado a la Cruz, Él nos salvó de los pecados del mundo al recibir el juicio de nuestros pecados.
De esta manera, Él totalmente salvó a aquellos, que creen en el evangelio del agua y el Espíritu, de los pecados del mundo de una vez por todas. Así como Él dijo que «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6).
Jesucristo es el Salvador, quién nos dio la Verdad que nos guía a la verdadera remisión de los pecados a través de creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Así que, ‘confesar que Jesucristo vino a esta tierra encarnado’ implica creer en nuestro corazón la Verdad de que Él nos ha liberado de todos nuestros pecados al recibir el bautismo de Juan el bautista y al derramar Su sangre sobre la Cruz. En concreto, cualquiera que es de Dios cree en el regalo dado por Él del evangelio del agua y el Espíritu. Para todos nosotros los que creemos en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, Jesús es el Hijo de Dios quién vino a este mundo como el verdadero Salvador. Jesús totalmente cumplió el papel del Sumo Sacerdote eterno ofreciendo Su propio cuerpo como la propiciación delante de Dios Padre, permitiéndonos entrar al Cielo.
El Apóstol Juan ahora proclama a Jesucristo como el Salvador que vino a salvarnos de los pecados de este mundo a través del evangelio del agua y el Espíritu (1 Juan 5:4-7). Lo que yo pregunto es, ¿crees en esta Verdad? Aquellos, que pertenecen a Jesús, creen en la Verdad que da testimonio de Jesucristo, quién descendió en este mundo en semejanza de hombre, ha salvado a los pecadores de sus pecados al recibir el bautismo de Juan el Bautismo y sangrando de forma vicaria sobre la Cruz.
 

Aquellos Que No Confiesan Que Jesucristo Vino en Semejanza de Hombre para Salvar a los Pecadores de Todos Sus Pecados

Ellos son la gente que no cree que Jesús sea el verdadero Dios y el Hijo de Dios, y que Él tomó sobre Sí Mismo los pecados del mundo al recibir el bautismo de Juan el Bautista y al derramar Su sangre sobre la Cruz. La gente, que duda de la divinidad de Jesucristo, no cree en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, y, por lo tanto, no se puede decir que le pertenecen a Dios.
Queridos compañeros creyentes, existen muchos Cristianos alrededor del mundo, que no ven al bautismo y a la sangre como la Verdad de la salvación para los pecadores. Viven en duda, preguntándose aún ahora si Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios y si verdaderamente es Dios. Sin embargo, Jesús es el Hijo de Dios. Básicamente Él también es Dios. Así, Él es el Todopoderoso Dios, el medio de liberación de todos los pecadores de todos sus pecados. Jesucristo es el Rey de reyes, quién ha establecido el Reino de Dios. Por lo tanto, tenemos que creer en el evangelio del agua y el Espíritu como la Verdad de la salvación. A menos que hagamos eso, no existe un solo cuerpo en este mundo que pueda obtener la salvación de sus propios pecados.
Fundamentalmente Jesús es Dios el Creador, quién creó todo el universo. La Biblia dice: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra». Como dijo Jesús, quién en esencia es Dios, “Sea la luz,” entonces hubo luz (Génesis 1:3). En consecuencia, la Biblia señala que, “y el mundo por él fue hecho” (Juan 1:10). El mundo llegó a existir a través de Jesús, quién es Dios. Aunque Jesús es el Hijo de Dios, Su divinidad esencialmente es idéntica a la de Dios Padre. Jesús es también nuestro Salvador, quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu. Como ilustración, si tus padres son humanos, tú también eres humano por herencia. De igual modo, debido a que el Padre de Jesucristo es Dios, nuestro Salvador Jesús también es Dios.
Aunque Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios, Él fue escarnecido por un breve tiempo. Sin embargo, Dios Padre en Su intención de adoptarnos como Sus hijos y tener más Hijos Suyos, Dios envió a Su Hijo Unigénito por el evangelio del agua y el Espíritu. Quienquiera que crea en este evangelio verdadero se convierte en hijo de Dios.
Juan 1:10 afirma: «El mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció». El pronombre “Él” es usado en referencia a Jesús. El término “Él” significa que el mundo fue creado a través del Único Jesucristo y de nadie más. Esto es, Jesucristo creó el mundo y el universo con Su Palabra.
Sin embargo, este Ser de asombrosa inspiración en obediencia a la voluntad de Su Padre vino a este mundo en semejanza de hombre como el Salvador. Jesucristo, vino Él a este mundo encarnado para salvar a la humanidad de sus pecados. Él recibió el bautismo por parte de Juan el Bautista y, cargando los pecados de este mundo, murió sobre la Cruz sangrando hasta la muerte. Sin embargo, al tercer día a partir de Su muerte, Él resucitó de entre los muertos, liberando a todos los creyentes de los pecados de este mundo.
A pesar de todo esto, existen aquellos que creen en la mitad de la Verdad, desacreditando el mérito de la salvación que se compone del bautismo de Jesucristo y de Su sangre sobre la Cruz. Esta gente tiene que reconsiderar por qué Jesucristo recibió el bautismo de Juan el Bautista y creer en la Verdad real. Solamente si hacen eso se agradará Dios. Ahora mismo, existen muchos Cristianos que aún no creen en el Salvador, quién nos concede la salvación de los pecados de este mundo a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Aún en el periodo de la Iglesia Primitiva, existió gente patológicamente escéptica.
“¿Es Jesús verdaderamente Dios?” “¿Acaso es meramente el Hijo de Dios?” O, “¿Tan solo es Él una criatura?” Al hacer estas tres preguntas, algunos han creído en las falsas enseñanzas de los infieles y finalmente han perecido. Debido a que les falta la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones, ni conocieron ni creyeron en Jesús como Dios. Ellos fueron como aquellos que escarnecieron a Jesús crucificado en la Cruz diciendo: «A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él» (Mateo 27:42). Aún ahora, mucha gente no cree en Jesucristo como su verdadero Salvador, quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu. No puedo esconder mi asombro por el hecho que existen muchos escépticos de la divinidad de Jesús, aún entre los Cristianos de todo el mundo.
Tenemos que creer que Jesús nació en esta tierra, usando un cuerpo humano a la vez que temporalmente dejó Su trono en el Cielo, para que Él pudiera de una sola vez salvar a toda la humanidad de todos sus pecados. Para salvarnos de los pecados del mundo, Jesucristo dejó Su trono y vino a este mundo, temporalmente en semejanza de hombre. Así, la Biblia afirma: «He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emmanuel» (Mateo 1:23).
Este es el cumplimiento de la profecía del profeta Isaías (Isaías 7:14), la cual fue hablada 700 años antes del nacimiento de Jesucristo. El nacimiento de Jesucristo tomó lugar de acuerdo a la providencia de la promesa de Dios. Mientras transcurría el tiempo de que llegara Su promesa, Dios tomó prestado el cuerpo de una virgen llamada maría para dar a luz al Hijo, quién había de llamarse Emmanuel. 
Entonces, ¿quiénes son la gente que no cree en Jesucristo como el Salvador? ¿Cómo piensa y cree la gente acerca de Jesús? Existe gente que no cree que Jesucristo sea el Dios verdadero. Las consecuencias de las diferencias entre aquellos que confiesan que Jesús vino a este mundo en semejanza de hombre y aquellos que no es si tienen pecados en su corazón o no. Esto es, los corazones de la gente, que cree que Jesús vino a este mundo por el evangelio del agua y Espíritu, son limpiados de sus pecados. Por otro lado, los pecados permanecen en los corazones de aquellos que no creen esto.
La Verdad de la salvación es esta. Jesús vino a este mundo en un cuerpo humano y tomó los pecados del mundo sobre Su cuerpo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Y verdaderamente Él se convirtió en nuestro Salvador sangrando hasta la muerte en la Cruz y resucitando de entre los muertos. Sin embargo, aquella gente, que no cree en esta Verdad de la salvación, nunca puede ser limpiada de sus pecados. Por lo tanto, no se puede pertenecer a Dios, si uno no tiene en su corazón la creencia en Jesús quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu.
Por lo tanto, los justos y los pecadores se distinguen por el evangelio del agua y el Espíritu. Una persona se determina como justo o como pecador, dependiendo de si esa persona le cree a nuestro Salvador Jesucristo quién esencialmente es Dios, quién vino a este mundo para salvarnos de todos nuestros pecados. Esto es, la gente que reconoce esto, a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, que Jesucristo ha abolido todos nuestros pecados y posee el Espíritu de Verdad, mientras que aquellos que lo niegan les falta la Verdad del Espíritu.
 

¿Quiénes Son los Enemigos de Dios?

1 Juan 4:3 afirma: «y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo». La afirmación, “todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en la carne no es de Dios,” se está refiriendo a la gente que no cree que Jesucristo vino a este mundo por el evangelio del agua y el Espíritu.
¿Qué significa la frase «y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios»? Esta frase de la Biblia se está refiriendo a aquellos que fallan en creer en la Verdad de que Jesucristo ha llegado a ser nuestro verdadero Salvador al venir a este mundo en semejanza de hombre, recibir el bautismo de Juan el Bautista, redimir los pecados de este mundo de una sola vez por todos a través de la muerte sobre la Cruz, y resucitando de entre los muertos.
El nombre de Jesús implica el significado ‘Salvador.’ Como lo dice el significado de Su nombre, Jesús como nuestro verdadero Salvador ha salvado a todos los pecadores de los pecados de este mundo por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Como resultado, aquellos que no reconocen ni creen en la Verdad del agua y el Espíritu recibirán el juicio de Dios. Esa gente, que falle en reconocer a Jesús como nuestro verdadero Salvador y también como el Dios perfecto, posee el espíritu del Anticristo en lugar del Espíritu de Dios.
Aquí, el Anticristo indica al enemigo que se opone a Dios. Desafortunadamente, muchos Cristianos están viviendo sus vidas como enemigos de Dios. Aún entre aquellos que han reconocido y han aceptado a Jesús como su Salvador y Señor, existe gente que posee el espíritu del Anticristo, rehusándose a creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
1 Juan 4:3 también afirma, “el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.”
En estos días, mucha gente no reconoce a Jesús como Dios, aunque ciertamente Él es Dios. Muchos dicen que están de acuerdo hasta el punto en que reconocen a Jesús como el Salvador. Sin embargo, la misma gente no reconoce a Jesús nuestro Dios como el verdadero Dios. Aún más, existe muy poca gente que se ha dado cuenta del hecho de que en este mundo existe mucha gente que no cree en el evangelio del agua y el Espíritu, y que no cree que Jesucristo sea el Hijo de Dios y para nosotros es Dios Mismo. Nuestro Señor proclama que cualquier espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios.
El que profesemos a Jesús como nuestro Salvador implica que también reconozcamos que fundamentalmente Él es Dios, y que Él vino a esta tierra por el evangelio del agua y el Espíritu y ha borrado todos nuestros pecados completamente de una vez por todas con este evangelio verdadero. Por lo tanto, la gente que no acepta esta Verdad son anticristos. Mucha gente en estos días, aunque cree en Jesús como su Salvador, no cree en Jesucristo quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu. Y lo que es peor, muchas de esas personas no se dan cuenta del grave pecado que es no creer en Jesucristo quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu.
Existe mucha gente en este mundo que ni reconoce ni cree en Jesucristo quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu. Más bien, la mayoría de los Cristianos están siguiendo el dogma religioso de este mundo creyendo solamente en la sangre de la Cruz como su salvación. No reconocen que Jesús vino a este mundo con el evangelio del agua y el Espíritu para que pudieran ser salvos de todos sus pecados (1 Juan 5:6-8, Juan 3:5). Lo que estoy tratando de decir es esto: existen muchos creyentes en Jesucristo el Salvador, pero se convierten en enemigos de Dios debido a que no conocen a Jesús quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu. Así, aún ellos, serán incapaces de negar el evangelio del agua y el Espíritu una vez que lo vean a través de lo escrito en la Biblia.
De hecho yo creo que nuestro Señor vino a esta tierra por el evangelio del agua y el Espíritu para liberar a todos los pecadores de todos los pecados de este mundo. Es por ello que yo he estado predicando el evangelio del agua y el Espíritu. Es una pena que mucha gente confiese a Jesús como su Salvador con su boca pero que fallen en darse cuenta de la Verdad real del evangelio del agua y el Espíritu.
El Apóstol Pablo dijo que cualquier espíritu que no es de Dios es, de hecho, el espíritu del Anticristo. Anticristo es aquel que camina como enemigo de Dios. En el Apocalipsis, el Apóstol Juan dice que el Anticristo aparecerá y molestará a los santos. Pero en el pasaje de la Escritura de hoy, el define a los anticristos como aquellos que no reconocen a Jesús como Dios y como su Salvador, y que no reconocen el evangelio del agua y el Espíritu como la Verdad de la salvación real. Por lo tanto, aquellos que no reconocen que Jesús vino a nosotros por la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu y nos liberó de nuestros pecados llegan a ser enemigos de Dios. Ellos han convertido a Dios en su enemigo.
En ocasiones nosotros también llamamos enemigos a aquellos que hacen nuestra vida miserable, “No eres distinto de mi enemigo.” ¿No es esto verdad? No debemos convertirnos en enemigos de Dios al no creer en Jesucristo, quién es nuestro Dios y nuestro Salvador. Jesús ya ha tomado los pecados del mundo sobre Sí Mismo a través del bautismo recibido de Juan el Bautista. No debemos convertirnos en enemigos de Dios. Para hacer eso, tenemos que creer en el bautismo de Jesús y en Su derramamiento de sangre sobre la Cruz como la Verdad de la remisión de nuestros pecados.
¿Pueden los creyentes de Jesucristo alguna vez convertirse en Sus enemigos? Definitivamente no. Sin embargo, desafortunadamente, hasta ahora, muchos Cristianos están caminando como enemigos de Jesucristo. Ellos son los que no creen que Jesús es Dios, y tampoco conocen la importancia del bautismo dado por Juan el Bautista (Mateo 3:15). Aún no han recibido la remisión de los pecados, ya que solo creen en la sangre de la Cruz de Jesucristo. Son los religiosos que de alguna manera conocen a Jesucristo como su Salvador, pero no saben que Él es el Salvador que vino por el evangelio del agua y el Espíritu. Así, la salvación de Dios que se encuentra en el evangelio del agua y el Espíritu les falta en sus corazones.
Ellos pertenecen al mundo y, así, hablan palabras del mundo, como está escrito en 1 Juan 4:5: «Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye». Aunque ellos profesan creer en Jesús como su Salvador, no están interesados en nacer de nuevo por el evangelio del agua y el Espíritu. En vez de eso, ellos solo están interesados en la santificación de la carne, y por lo tanto se encuentran diciendo, “Se bueno.” “No tomes.” “No fumes.” “Vive virtuosamente.” “Todo está bien siempre y cuando te santifiques, aún si tus pecados están ahí en tu corazón.” Debido a que no pertenecen a Cristo, ellos hablan en la carne que es de este mundo.
Pero la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu está diciendo que Dios Padre envió a Su Hijo a este mundo para salvar a todos los pecadores de todos sus pecados, y para que cualquiera que crea en este verdadero evangelio sea limpiado de todos sus pecados. Sin embargo, en los corazones de aquellos que no creen en esta Verdad ya que hay una mala interpretación porque se piensa que la marca de un verdadero creyente es el no comete pecados en la carne, a pesar de la remisión del pecado en su corazón. El propósito de su fe es el de llegar a ser personas transformadas externamente: Alguien que maldice mucho, cree para reducir sus maldiciones; alguien que está cerca de un alcohólico, cree para abstenerse de tomar alcohol; alguien que fuma excesivamente, cree para dejar de fumar. Una vez que han logrado sus metas de cambios de conducta, caen bajo la ilusión de que han llegado a ser buenos Cristianos. Tal gente también cree equívocamente que serán perfectamente santificados cuando mueran, pero tal fe no es la fe que guía a la gente a la salvación creyendo en Jesucristo quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu.
El pasaje de la escritura de hoy dice: «Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye» (1 Juan 4:5).
En estos días, los predicadores dicen que el creer en Jesús es bueno para su salud, que aplaudir mientras alaban es bueno para su salud, y que las oraciones matutinas son buenas para su salud mental. También, el llorar cuando piensan acerca de Jesús se considera como buena fe entre los Cristianos. La gente está motivada para hacer oraciones de arrepentimiento ya que creen que tales experiencias de catarsis reducen su nivel de estrés. Aunque algunos psiquiatras concuerdan en que llorar es bueno para el bienestar psicológico de una persona, esas actividades están muy alejadas de conocer la verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Mientras que el arrepentimiento y las lágrimas de remordimiento son buenas sí mismas, fácilmente pueden convertirse en herramientas egoístas para liberar el propio estrés guiando a una necia religiosidad. ¿Cuál es la relación entre la oración de arrepentimiento y el creer en el evangelio del agua y el Espíritu?
Existen muchos líderes Cristianos en estos días que no son de Dios. Ya que ellos mismos no le pertenecen a Dios, enseñan a sus congregantes con su conocimiento mundano. Finalmente, han llegado a entender a Jesús en su religiosidad mundana, perteneciéndole no a Dios sino al Demonio, ellos tienen comunión unos con otros.
Sin embargo, 1 Juan 4:6 continúa diciendo: «Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error».
Debes de darte cuenta que has llegado a pertenecerle a Dios con tu creencia en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios. Como está en la Escritura, aquellos que han conocido y aceptado la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu escuchan con comprensión el mensaje dado por los siervos de Dios. Por otro lado, aquellos que no conocen este verdadero evangelio no pueden escuchar con comprensión el mensaje dado por los siervos de Dios, en vez de ello rechazan el mensaje.
1 Juan 4:6 dice: «Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye». La gente que conoce a Dios escucha el mensaje de Jesucristo quién vino a este mundo en semejanza de hombre, abolió nuestros pecados de una vez por todas a través del evangelio del agua y el Espíritu, y recibió el juicio de nuestros pecados por nosotros.
Sin embargo, aquellos que no pertenecen a Dios no pueden entender las palabras de los siervos de Dios, quienes creen en el evangelio del agua y el Espíritu. Cuando los siervos de Dios predican el divino evangelio, aquellos que no pertenecen a Dios rechazan la fe en esta Verdad. Este fenómeno nos capacita para discernir quién es de Dios y quién no es de Dios por su capacidad de escuchar y de comprender los mensajes de los siervos de Dios, quienes creen en el evangelio del agua y el Espíritu. Es por ello que 1 Juan 4:6 continúa diciendo: «En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error». El espíritu de error se haya dentro de un incrédulo del evangelio del agua y el Espíritu.
Es fácil interpretar mal las palabras de 1 Juan 4:2: «Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios», para querer decir que cualquiera que meramente crea en Jesús como su Salvador puede recibir la salvación. Sin embargo, aquellos cuyos ojos espirituales están abiertos saben perfectamente que este pasaje se refiere a aquellos que creen en Jesús como el Salvador quién vino por el agua y por la sangre, y por el Espíritu Santo. Ellos dicen que la Biblia es un secreto o un tesoro escondido. La Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, el cual fue revelado en la Biblia, no es accesible a cualquiera. Pero, nosotros, que creemos en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, pueden conocer con precisión lo que el espíritu Santo nos a nosotros.
1 Juan 4:4 afirma: «Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido». Debido a que pertenecemos a Dios, podemos vencer a los malvados con nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Si los justos viven por la fe en el evangelio del agua y el Espíritu, pueden vivir con mayor prosperidad que aquellos que no creen en esta Verdad. Los justos pueden disfrutar vidas más felices en sus cuerpos y en sus espíritus al unirse con Jesucristo en vez de unirse a la gente del mundo.
Los creyentes de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu vencen al mundo. Se debe a que el evangelio del agua y el Espíritu en el cual creemos es de hecho la Verdad de Dios. No existe nadie que pueda ser derrotado por Satanás entre aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu. Puede que ocasionalmente cedamos ante ellos de vez en cuando, pero no se debe a que nos falte poder.
Nuevamente, no existe nadie que pueda ser derrotado por Satanás entre aquellos que creen en el verdadero evangelio. Aquellos que son derrotados no creen en Jesucristo como Dios y, por lo tanto, fundamentalmente le pertenecen a Satanás. Pero, nosotros creemos en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Y con esta Verdad, también podemos vencer a los anticristos y al mundo.
De hecho, las creencias religiosas de la gente mundana no pueden compararse a nuestra fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Si Dios lo permite, nosotros que creemos en este verdadero evangelio podemos hacer las mismas obras como lo hicieron los discípulos de Jesús. Esto es porque «porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4). El Espíritu Santo mora en nosotros. El Espíritu Santo está en ti y en mí quienes creemos en el evangelio del agua y el espíritu y es mayor que el mundo. El Espíritu Santo que habita en sus corazones también te permite maximizar tu potencial.
Aunque parece que la gente mundana posee mucho poder, la verdad está muy alejada de eso. El mundo no puede lidiar con nuestras palabras de fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Pero, mucha más gente aún tiene que llegar a ser pueblo de Dios a través de la aceptación del evangelio del agua y el Espíritu. Nosotros vencemos al mundo creyendo en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro Señor dentro de nuestro corazón es mayor que el mundo.
El morar del Espíritu Santo en nuestro corazón es prueba de que los pecados de nuestro corazón fueron borrados a través de nuestra fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. ¿Tienes el evangelio del agua y el Espíritu en tu corazón? Ahora el Espíritu Santo habita en los corazones de aquellos que han recibido la remisión de los pecados por su fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Al sellarlos con el Espíritu Santo, Dios protege a aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu, porque le pertenecen a Dios. El único camino para ser el pueblo de Dios es creyendo en nuestro corazón en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Ya sea que nos portemos bien o no delante de Dios, eso nada tiene que ver con llegar a ser un ciudadano de Su Reino.
¿Le pertenece tú espíritu a Dios ahora mismo? ¿O, aún no le perteneces a Dios? ¿Tenemos en nuestro corazón el amor divino, el cual es el evangelio del agua y el Espíritu? En nosotros, quienes creemos en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, el amor de Dios y el espíritu Santo habitan abundantemente. Nuestro Señor ha borrado todos nuestros pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu para que seamos los hijos de Dios únicamente por nuestra fe. Ahora, tenemos esperanza de vida eterna en el Reino de Dios. El amor de Dios está incorporado en nosotros a través de la Verdad de la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu.
Dios nos ha dado, a quienes creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, abundante gracia que nos transforma para que seamos de Dios. Dios nos ha adoptado como Sus hijos eternos a quienes creemos en el evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos ha bendecido con prosperidad en el Reino eterno que está por venir. Siempre tenemos que estar agradecidos con Dios ya que Él ya ha derramado muchas bendiciones sobre nosotros.
Algunas veces, erramos delante de Dios. Aún así, podemos seguir al Señor con nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Aunque estamos viviendo en este mundo, es a pesa de todo importante examinarnos nosotros mismos, para saber si somos de Dios o no. ¿Quiénes son las personas más y menos afortunadas en ese mundo? Aquella gente que es de Dios es la más afortunada. Por otro lado, los espíritus que no son de Dios son desafortunados.
So es que vamos a ser del pueblo de Dios que básicamente conoce Su amor, primero tenemos que tener una fuerte fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Tenemos que vaciar nuestros corazones y creer en la Verdad para responder con nuestro corazón ante el tremendo amor de Dios. Tenemos que vivir por fe hasta el día en que nuestro Señor regrese a nosotros en Su gloria. Aún si has recibido la remisión de los pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, tienes que guardar con fidelidad la fe en el evangelio para agradar a Dios.
Yo estoy eternamente agradecido con Dios por la gracia y la misericordia abundante que Él ha preparado en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.
Yo creo que Dios Padre nos ha concedido todas las bendiciones espirituales en los lugares celestiales a través de Jesucristo. Amén.