The New Life Mission

Sermones

Tema 14: La Primera Epístola de Juan

[Capítulo 4-2] (1 Juan 4:7-13) ¿Cómo Debemos Vivir A Partir de Hoy?

(1 Juan 4:7-13)
«Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu».
 

El Espíritu Santo Está en los Corazones de Aquellos Que Creen en el Evangelio del Agua y el Espíritu

Ahora estamos esparciendo el verdadero evangelio por todo el mundo. Sin perder un segundo en nuestras vidas, deseamos entregarnos a dar testimonio del evangelio del agua y el Espíritu.
Todos saben que el Apóstol Juan es llamado ‘el Apóstol del amor.’ Esto se debe a que el Apóstol Juan no solamente sabía que además creía en Jesucristo quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu. Él era uno de los cuatro discípulos íntimos de Jesús, además era llamado hijo del trueno debido a su personalidad impaciente. Aún así, el Apóstol Juan era un verdadero creyente de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu (1 Juan 5:7-9).
Nosotros tenemos en nuestro corazón la misma fe y el mismo Espíritu Santo que tenía el Apóstol Juan. Y por lo tanto, estamos felices de proveer la comida espiritual de la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu a las almas sedientas de todo el mundo. Por siempre estamos agradecidos con Dios ya que Su Espíritu santo en nuestro corazón nos permite realizar esta preciosa tarea.
1 Juan 4:13 afirma: «En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu». Dios Espíritu Santo habita en los corazones de aquellos que recibieron la remisión del pecado. ¿Has recibido en tu corazón la remisión de tus pecados creyendo en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu? Si es así, el Espíritu Santo está dentro de nuestro corazón. Esta es la verdad que no cambia. El Espíritu Santo está con aquellos que han recibido la remisión del pecado en sus corazones creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. En consecuencia, los nacidos de nuevo, que creen en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, íntegramente pueden realizar las obras de Dios.
Al igual que Jesús comenzó a predicar el evangelio después de ser tentado durante 40 días en el desierto cuando Él fue guiado por el Espíritu Santo, el mismo Espíritu Santo en los corazones de los santos los está guiando y los está entrenando para que tengan la capacidad de esparcir el evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Si cualquier persona cree que ha recibido la remisión del pecado a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, claramente sabe que el Espíritu Santo mora en su corazón. Así, tenemos que entregarnos nosotros mismos a esparcir el evangelio del agua y el Espíritu para que aquellas almas que aún tienen necesidad de la remisión del pecado puedan nacer de nuevo.
Aquellos que tienen el Espíritu Santo en sus corazones creen que Dios está vivo, y que Él los ha salvado de los pecados de este mundo. Cada creyente del evangelio del agua y el Espíritu da testimonio del Dios vivo a través de sus propias vidas. No hay otra forma más que dar testimonio del amor de Dios para aquellos que creen en la Verdad que salva del evangelio del agua y el Espíritu. Ya que el Espíritu Santo se haya en su corazón, ellos obran por la salvación de las almas incrédulas.
Hemos llegado a ser justos creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cómo es entonces la vida de un santo justificado? Si los justos se rehúsan a predicar el evangelio del agua y el Espíritu, sería traicionar el amor de nuestro Señor. Si un justo no desea vivir para la justicia de Dios, será tratado como la sala que pierde su sabor. La Biblia afirma que esa sal no es buena para nada sino para ser arrojada y pisoteada por los hombres (Mateo 5:13).
 

El Apóstol Juan nos Amonesta para Vivir Nuestras Vidas Amándonos Unos a Otros

El Apóstol dice: «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor» (1 Juan 4:7-8).
Dios es el amor mismo, y nosotros que hemos sido bendecidos con la fe en el evangelio del agua y el Espíritu llegamos a ser poseedores de Su amor de la Verdad. Y es correcto que nosotros amemos las almas de los demás por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Los hijos de Dios que están revestidos del amor de Dios deben salvar a aquellos que aún están luchando con los pecados en el pantano de la muerte.
Comenzamos a conocer a Dios creyendo y reconociendo el amor de Dios que está revelado a través del evangelio del agua y el Espíritu. Las palabras ‘amor verdadero’ ciertamente son las más apropiadas para describir a Dios. Dios es nuestro Salvador, santo y misericordioso y todopoderoso. Tenemos que creer en el evangelio del agua y el Espíritu, no solamente para encontrarnos con Dios, sino además para recibir la remisión del pecado en nuestro corazón. Y creyendo en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, hemos llegado a ser hijos de Dios y hemos recibido el regalo del Espíritu Santo.
La evidencia de la presencia del Espíritu Santo en nuestro corazón es nuestro esfuerzo en la obra para la salvación de otros. Tenemos que vivir con el propósito de liberar de sus pecados a todas las almas perdidas del mundo. Honestamente, estamos viviendo la vida de Jesús porqué tenemos Su amor en nuestro corazón. Es posible para nosotros vivir con este propósito piadoso ya que el Espíritu Santo mora en nuestro corazón por toda la eternidad.
Si el Espíritu Santo no estuviera en nuestro corazón, seriamos incapaces de hacer las obras de Dios. Las personas en su esencia son seres en su totalidad con genes 100% egoístas. Como tal, la gente no puede evitar el que ellos mismos vivan sus vidas egoístamente. Podemos hacer las buenas obras de Dios solamente porque el amor de Dios está en nuestro corazón a través del evangelio del agua y el Espíritu. El Santo Espíritu de Dios está vivo en nuestro corazón juntamente con el evangelio del agua y el Espíritu, ayudándonos a participar en la obra de salvación de Dios.
La responsabilidad imperativa para los Cristianos que tienen el Espíritu Santo en sus corazones es esparcir el evangelio del agua y el Espíritu. Este es el trabajo asignado a los justos. Si un Cristiano olvida una obligación divina y vive solo para sí mismo, esa persona se ha convertido en nada. Si una persona no tiene amor por otros después de recibir la remisión del pecado, esa persona no puede ser un hijo de Dios. Debido a que el Espíritu Santo habita en los corazones de los justos, no pueden evitar participar en el ministerio de la salvación de Dios por el amor que tienen por los demás. Todos hemos llegado a vivir una vida espiritual dentro del Espíritu Santo y a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.
Si no tienes la misericordia de Dios en tú corazón, tampoco tienes el Espíritu Santo en tú corazón. A pesar de tu creencia en el evangelio del agua y el Espíritu, serás como sal sin sabor, si solamente vives para tus propios deseos de la carne. Uno debe tener la responsabilidad como Cristiano de esparcir el evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo.
Es por ello que debemos reflexionar acerca de para que vamos a vivir. Especialmente, porque vivimos en los tiempos finales, en que el amor de muchos se está enfriando debido a que abunda la maldad (Mateo 24:12), debemos reconocer que mucha gente está muriendo sin haber oído el evangelio del agua y el Espíritu. Si no somos guiados por el Espíritu Santo para participar en el ministerio de salvar a otros, ciertamente te hundirás con los hacedores de maldad que solo van tras sus propios deseos de la carne, y en consecuencia, nos volveremos inútiles para el mundo y para la Iglesia de Dios juntamente.
Una cosa que debemos recordar es que debemos discernir nuestra responsabilidad y el estado de nuestras vidas. ¿Estamos trabajando para la salvación de otros, o los estamos matando? Tenemos que discernir cuidadosamente si estamos viviendo para salvar a otros o para matarlos.
Yo puedo comportarme con justicia con el propósito de esparcir el evangelio de Dios. Es posible para todos los Cristianos tener pasión por la salvación de otros. De otro modo, ¿cómo podríamos hacer las múltiples obras de Dios? Estamos tratando de hacer más obras para Dios a través de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Como se reporta en Apocalipsis 6:2, estamos saliendo con nuestro Comandante Jesús a conquistar al enemigo una y otra vez. La razón de nuestra habilidad para realizar la obra d Dios descansa en el buen corazón que Dios nos ha dado a través del evangelio del agua y el Espíritu.
¿Existe alguien entre nosotros que aún tiene pecado en su corazón? Tal persona debe reexaminarse introspectivamente a sí misma y redirigir su fe al evangelio del agua y el Espíritu. Primero tenemos que discernir si completamente hemos sido liberados de los pecados de nuestro corazón a través del evangelio del agua y el Espíritu. Solo entonces podremos participar en las obras de Dios de salvar a otros.
Si una persona es inmadura en su fe después de haber sido limpiado de todos sus pecados, tal persona esta predispuesta a vivir para su propio beneficio. Esa clase de persona permanece como un Cristiano inmaduro. Sin embargo, mientras la fe de uno crece, eventualmente llega a darse cuenta que participar en la obra de la salvación de Dios es muy hermoso. Además, uno siente un cierto nivel de satisfacción conforme uno se compromete a la obra de la salvación de otros. Cuando vivimos en un estado de fe inmadura, los gozos son momentáneos y las adversidades se multiplican. Por otro lado, llegamos a estar sumamente gozosos debido a nuestra participación en la obra de la salvación de Dios. En ese nivel, sentimos el vacío y la inquietud de la vida si dejamos las obras de la salvación de Dios por un momento.
Compañeros creyentes, podrás pregunta en que parte de la Biblia dice eso. Y te responderé, Dios ya nos lo dicho con Su Palabra: «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios» (1 Juan 4:7).
Esto es, alguien que ama conoce a Dios y es nacido de Dios. Alguien que puede amar a otros posee una fe madura.
Amigos míos, ¿creerían que más de diez mil personas murieron en Europa este verano debido a las altas temperaturas? Pero es cierto. CNN reportó que casi veinte mil personas murieron en ese desastre. El clima anormal ha matado a mucha gente.
El Señor dijo: «Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin» (Mateo 24:6). Como tal, estamos viviendo en los tiempos finales y no tenemos al tiempo como un lujo. A partir de aquí, es imperativo que reconozcamos como vivir como justos. Tenemos que vivir para las justas obras de Dios, siendo guiados por el Espíritu Santo a través de los que nos preceden y que van, espiritualmente, adelante de nosotros en la Iglesia de Dios.
Ahora tienen que decidir en sus corazones si es que van a vivir una vida de salvación para otros o una vida de matar a otros. Te serán dadas oportunidades de vivir justamente guiados por el Señor, solo si has determinado vivir tu vida para las justas obras de Dios. Si no vivimos con el propósito de las justas obras de Dios, nuestro tiempo será un desperdicio, alejándose de nosotros como un arroyo constante. Así, tenemos que usar nuestro tiempo sabiamente, buscando oportunidades de esparcir el evangelio del agua y el Espíritu. Tenemos que tener en mente el pasaje de la Escritura que dice: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Efesios 5:15-16). Si fallamos en esto, viviremos una vida de remordimientos y eventualmente seremos usados por Satanás el Demonio, perdiendo la fe en nuestras almas.
Compañeros santos, aunque soy una persona con muchos defectos, aún tengo el corazón compasivo para la salvación de otros. Debido a que tenemos en el corazón el evangelio del agua y el Espíritu, podemos poner en práctica el misericordioso amor de Dios. Podemos vivir una vida en victoria ya que el amor compasivo ya está incluido en el evangelio del agua y el Espíritu, en el cual creemos.
 

Tenemos que Interesarnos los Unos en los Otros

1 Juan 4:12 dice: «Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros».
¿Alguna vez has visto a Dios? Nadie ha visto a Dios con los ojos físicos. Sin embargo, hemos llegado a conocer a Dios a través de Jesucristo, y Su amor fue grabado en nuestro corazón. El pasaje de la Escritura de hoy dice que si nos amamos los unos a los otros, Dios ya habita en nosotros y Su amor ha sido perfeccionado en nosotros. 
Dios ha limpiado todos nuestros pecados cuando aún éramos pecadores a través del evangelio del agua y el Espíritu. Además Dios nos ha hecho Su santo pueblo y nos ha adoptado como Sus hijos. En vez de condenarnos a muerte, Dios nos ha dado nueva vida. Este es el amor de Dios. Debido a que hemos recibido nueva vida a través del amor de Dios, también tenemos que participar en la obra de Dios de salvar a otros. La Iglesia de Dios tiene que llegar a ser un lugar en donde tales creyentes habiten.
Deseo decirte que tú y yo debemos ser fieles en nuestro servicio a las obras de Dios. Hombre y mujeres casados están sirviendo fielmente con su participación en el evangelio. Hombres y mujeres jóvenes en Cristo están sirviendo al Señor para el mismo propósito. Aún los más pequeños, niños y niñas en la Iglesia de Dios, están haciendo su parte en la obra de la salvación de otros. Nuestras limitaciones no importan cuando realizamos la obra de Dios. Una vez que terminamos una tarea que Dios nos ha dado, Él nos da otra tarea para salvar otras almas. Estamos gozosos mientras atendemos con fidelidad la nueva tarea.
Si solamente nos comprometemos a trabajar para la salvación de otros, ¿Por qué no habría Dios de ocuparse de nuestras limitaciones físicas? ¿Acaso no Dios ha pasado por alto nuestros defectos?
Por lo tanto, un santo recién nacido de nuevo debe respetar a las personas maduras espiritualmente en Cristo por esa razón. Algunas veces, la gente llega a ser rebelde una vez que reviven y que son alimentadas en la Palabra de Dios. Frecuentemente los hijos se oponen a sus padres, ignorando todos los favores de sus padres. Para que no desesperen a sus líderes espirituales, tenemos que darnos cuenta de cuanto nos ha amado Dios a través de ellos. Si trabajamos para el evangelio del agua y el Espíritu en la forma correcta, llegamos a darnos cuenta de cuan tolerantes han sido los líderes y los que nos preceden en la Iglesia de Dios para con nosotros. Una vez que nos damos cuenta de cuanto amor hemos recibido de Dios, somos capaces de dar el mismo amor a otros.
Así como Dios no ha pesado nuestra fuerza física o nuestra lastima en Su decisión de salvarnos, tenemos que vivir por fe. Al igual que nuestro Señor ha mirado hacia el centro de nuestro corazón, tenemos que vivir por la fe en nuestro corazón y no por la carne. Frecuentemente observamos hermanos y hermanas en la Iglesia de Dios que tratan de vivir fielmente para el propósito del evangelio. Si la gente vive con el propósito de esparcir el evangelio, debemos tolerar las limitaciones físicas de esa persona. La Escritura nos dice: «Pero el amor cubrirá todas las faltas» (Proverbios 10:12). El Apóstol Pedro también nos amonesta: «Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados» (1 Pedro 4:8). No hay temor en el amor de Dios.
Una persona que se entrega a sí misma para salvar las almas de otros pasará de alto cualquier defecto de otra persona y concentrará todos sus esfuerzos en su compromiso. Si realmente estuviéramos viviendo para Dios, seriamos de esa manera. Sin embargo, frecuentemente vivimos muy distinto ya que nuestra fe es inmadura. Por lo tanto, tenemos que aprender de la fe de aquellos que espiritualmente van delante de nosotros.
Tú y yo estamos sirviendo a otros asó como tratamos de salvar almas. ¿Qué dice el Señor? Él dice que aquellos que han llegado primero deben servir a los que han llegado al final. Solo porque estamos sirviendo a un rebaño de ovejas que aún no madura, ¿acaso eso significa que tenemos que lavar sus pies literalmente, lavar sus caras y alimentarlos? Desde luego, si estamos sirviendo infantes, debemos hacer eso. Sin embargo, mientras poco a poco crecen espiritualmente, tenemos que sostenerlos, y orar por ellos en nuestro esfuerzo por enseñarles la verdad para su crecimiento espiritual. Es probable que tengamos que ayudarlos con grandes problemas, pero también dejaremos que resuelvan algunos pequeños por sí mismos.
Tenemos que ser decisivos, comprometiendo nuestro corazón para vivir por fe. Los que nos preceden en la fe han sufrido para que vivamos nuestras vidas Cristianas fielmente en estos días de decadencia.
De alguna manera los inmaduros en la fe sirven a Dios, pero ellos deben imitar la fe de sus predecesores quienes están trabajando en la salvación de otros. Lo que deben imitar no son los atributos físicos de sus predecesores sino sus corazones, los cuales solo tienen una idea en mente que es servir a Dios. Debemos aprender a valorará lo precioso de los demás en vez de sus debilidades: “La persona realmente tiene una mente preciosa. Está realizando la obra de salvación a otros, aunque tiene estas y otros defectos. ¡Está haciendo las obras de Dios vigorosamente con todo su corazón!”
Perderemos mucho, si peleamos unos con otros. Podemos llegar tan lejos hasta matar a alguien completamente. ¿Quieres guiar a la gente a la muerte? Si no deseamos ser usados para propósitos malvados, debemos vivir para la salvación de otros. Como se dice “Dios es amor,” debido a ese amor dentro de nosotros, podemos realizar la obra de salvar a otros. Seguir la voluntad de Dios es trabajar en la salvación de otros.
Aquellos que han nacido de Nuevo por su fe en el evangelio del agua y el Espíritu viven con el único propósito de traer la salvación a los no salvos. Debemos determinar nosotros mismos vivir vidas de justicia para que el propósito de nuestras vidas coincida con la voluntad de Dios. Algunas veces nos desviamos por los pensamientos malvados que nos incitan a vivir para nuestro propio beneficio. Como tal, somos movidos s desviarnos, si no determinamos en nuestro corazón el seguir la voluntad de Dios. Aquellos que están firmemente determinados a seguir la voluntad de Dios pueden darse vuelta rápidamente cuando se encuentran a sí mismos viviendo con perverso propósito de satisfacer sus deseos egoístas.
Cualquiera que se haya a sí mismo en una falla debe confesar sus propias fallas honestamente y permanecer firme sobre el evangelio del agua y el Espíritu. No esperes solamente cambios emocionales en tú vida Cristiana. La vida espiritual de uno no consiste en ocupaciones narcisistas personales que sobrecogen a uno con lágrimas. Cuando derramamos lágrimas, tenemos alivio momentáneo de nuestro estrés. Sin embargo, llorar tiene el efecto colateral de causar que alguien este satisfecho con la simple catarsis emocional, lo cual puede ser bueno para el bienestar psicológico de uno. El bienestar psicológico de uno es inútil para el orientado emocionalmente en cuanto a que aprenda lecciones espirituales esenciales. Tal gente está desperdiciando sus vidas cuando fallan en reconocer el propósito básico de sus vidas.
Ya que Dioses el Dios de amor, los justos deben vivir para la salvación de los demás. Ya que lo has hecho bien en el pasado, debes mantener la buena obra para ese propósito. No es distinto para los nacidos de nuevo recientemente.
No hay muchos nacidos de nuevo recientemente en nuestra iglesia. Por lo menos ha pasado un año para todos ustedes desde que llegaron a nuestra iglesia, y escucharon y creyeron en el evangelio, ¿o no? Si tu experiencia en la iglesia es menor de un año, razonablemente podemos pensar que te estas comportando de la manera en la que tienes que hacerlo porque todavía no sabes más. Entonces, es tiempo de que vivas para la salvación de los demás. Tenemos que vivir desde nuestra juventud para el propósito de darle gloria a Dios. Entonces, Dios te bendecida y te sostendrá, dios también derramará Su sabiduría sobre ti, haciéndote fuerte en ambos, cuerpo y espíritu. Él te ayudará y te protegerá.
Sin embargo, si estas interesado solamente en ti mismo y no en salvar el alma de los demás, no te esperan más que maldiciones y muerte. Egoísmo sin amor es muerte.
Mis santos compañeros, nuestro ministerio de literatura Cristiana son de hecho obras de salvación para las almas de los demás. Mi corazón simpatiza con el Apóstol Juan como autor. Lo que trato de decirte es que nuestro corazón, el cual está lleno con el Espíritu Santo, es similar al corazón de Jesús, quién es un Dios de amor que nos da vida nueva. En los corazones de loe hermanos y hermanas nacidos de nuevo habita el Espíritu Santo. Simplemente, tenemos que decidir entre vivir para nuestro beneficio físico que mata las almas de los demás o para el propósito de la salvación de Dios para las almas de los demás. Yo decidí vivir para lo último. Todos nosotros tenemos que decidir vivir de acuerdo a esto último. Sin embargo, ya que nuestros corazones los mueven fácilmente, tenemos que determinar nuestras mentes y mantenerse firmes sobre el evangelio siempre que nuestros corazones son agitados.
Compañeros santos, ¿alguna vez has visto a alguien que vive por amor a los demás? Algunos han vivido para los demás sin siquiera conocer el evangelio. También hemos oído de gente que ha donado los ahorros de toda su vida como becas para las escuelas. Hemos escuchado historias en donde ancianas que venden pasteles de arroz y frijoles todas sus vidas donan sus ahorros que han reunido por esos medios. Es sorprendente el amor de una persona que done los ahorros de toda su vida a la sociedad. Alguna gente dona todos los ahorros de sus vidas a los pobres. Aunque no han recibido la remisión del pecado, admiro su espíritu. Aunque no han servido por una convicción del evangelio del agua y el Espíritu, sus corazones para servir a sus semejantes están en el lugar correcto.
Si aún aquellos que no han nacido de nuevo dedican sus vidas a servir a los demás, ¿cómo es debemos vivir nosotros que hemos recibido la remisión del pecado? ¿No debemos vivir en el estado correcto de fe en Jesucristo? El Espíritu Santo está dentro de nosotros quienes hemos creído en el evangelio del agua y el Espíritu. Debido a que el Espíritu Santo mora en nuestro corazón, es correcto que hagamos obras de justicia. El Espíritu Santo se regocija cuando vivimos nuestras vidas para la salvación de las almas de otros.
No los estoy acusando de no tener espíritus nobles. Aunque lo que si digo es, que debemos vivir nuestras vidas con el propósito de amarnos unos a otros. Si alguien se estuviese muriendo, debemos ayudarle a vivir, y no matarlo. ¿Entiendes? Tenemos que realizar la obra de dar vida.
Nuestros predecesores espirituales tienen defectos. También los recién nacidos de nuevo tiene defectos. Sin embargo, debemos recordar que fue nuestro Señor quién nos ha concedido la salvación. ¿Cómo salvó nuestra alma? Él lo hizo con el poder del evangelio del agua y el Espíritu. Él se convirtió en la propiciación de nuestra salvación. Ese fue el amor de Dios.
Al igual que nuestro Señor lo hizo por nosotros, tenemos que vivir una vida que da vida a nuestros hermanos y hermanas, y a las almas de otros. ¿Acaso no debemos vivir para ese propósito? Es así como podemos conservar bien nuestros corazones. Las palabras de los justos no ocasionan heridas emocionales porque no están basadas en el odio sino en el amor. Yo puedo compartir mi corazón sin ninguna duda cuando me reúno con mis colaboradores. Esto es posible porque nos conocemos muy bien y confiamos unos en otros.
Compañeros santos, la Escritura dice que el amor cubre multitud de pecados (1 Pedro 4:8). Si creemos en el amor de nuestro Señor, entonces todas nuestras limitaciones son cubiertas. Tenemos que cubrir nuestros defectos con Su amor, y las preciosas partes de nuestro corazón deben ser reveladas en nuestro servicio del evangelio. Tenemos que vivir con el propósito de esparcir el amor de Dios.
Yo los amo a todos ustedes en el Señor, en un tiempo en que el regreso del Señor es inminente y el mundo cambia a una velocidad impresionante. No debemos discriminar entre nuestros hermanos y hermanas; amando a unos y odiando a otros. Debemos amarnos todos en el Señor. ¿Ayudaríamos a oros si fuésemos de este mundo? Es difícil encontrar a alguien quede sin un motivo externo entre la gente del mundo.
¿Con cuanta sinceridad estamos viviendo por las almas de los demás? Vivimos nuestra vida, dedicándolo todo para el propósito que nuestro Señor crea adecuado. No debemos rendir nuestra vida de fe, cuando hemos vivido con dificultades para guardar la fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. El Señor ha dicho que debemos amarnos con mayor fervor los unos a los otros mientras el regreso se hace más inminente. Ya que el amor le pertenece a Dios, lo justo es que nos amemos los unos a los otros. Escrito está en 1 Juan 2:10: «El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo». Si no conocemos el amor de Dios, no podemos amarnos unos a otros.
Deseo pedirte algo. Ama y consuela a tus hermanos y hermanas en Cristo. Hazlo a los demás. No solo tenemos qué entregarnos nosotros mismos a la obra de la salvación de aquellos que no han recibido la remisión del pecado, sino además a la obra de motivar a aquellos que ya están en la Iglesia del Señor. Tenemos que reconciliar en donde ha habido luchas de acuerdo a nuestra fe en el amor de Dios que está revelado en el evangelio del agua y el Espíritu. En conjunto, tenemos que hacer la obra de revivir la vida en vez de matar el alma de otros.
Estoy agradecido con Dios porque existen muchas almas que están naciendo de nuevo por el evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Así, no es una tarea fácil la de alimentar sus almas. Con todo eso, tenemos la capacidad de alimentar a las almas que aún no maduran. Tenemos que atender las necesidades de los recién nacidos de nuevo, alimentándolos con el alimento espiritual de la Palabra verdadera. Somos transformados en gente de fe cuando nos dedicamos nosotros mismos a esparcir el evangelio con todo nuestro corazón. La verdadera fe no puede crecer en nosotros, a menos que seamos fieles en servir al evangelio del agua y el Espíritu.
Al igual que nuestro Señor nos ha servido y sé sacrificó por nosotros en Su amor, tenemos que determinar el ser usados en las obras de la salvación de otros. Nuestras mentes deben determinar lo siguiente, “Señor, permíteme vivir para la obra de salvar a otros. Mi Señor, por favor bendíceme.” El vivir esa vida es nuestro destino.
¿Existe alguien entre nosotros que se jacte en la carne de su propia justicia después de nacer de nuevo? Nunca debemos hacer tal cosa. ¿No luchamos todos por servir al Señor? Tenemos que vivir los días que quedan de nuestras vidas para la salvación de otros. No tendremos un propósito real en la vida a menos que vivamos para la salvación de otros. Solo existen dos opciones en nuestra vida; salvar otras almas o matarlas. Viviremos una vida sin arrepentimientos, si decidimos vivir para los demás. Si vivimos en gratitud en Jesucristo quién nos ha otorgado el evangelio del agua y el Espíritu, no nos arrepentiremos al final de nuestras vidas.
La sabiduría es una necesidad cuando tratamos de salvar las almas de los demás. Los santos no son alimentados meramente por estar de acuerdo con todo lo hacen. Lo que necesita ser reprochado tiene que ser reprochado. Así, no debe cargarse de más innecesariamente. Cuando llegamos a reconocer nuestras maldades y nuestros pecados, todo lo que tenemos que hacer es arrepentirnos y apartarnos de ellas en nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Podemos hacer las obras de Dios fielmente en nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu.
Gracias a Dios.