The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 16-2] < Mateo 16, 21-27 > La fe de la abnegación

< Mateo 16, 21-27 >
«Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras». 
 

Basándonos en el pasaje de las Escrituras, debemos reflexionar juntos sobre cómo los justos nacidos de nuevo deben negarse a sí mismos. Para algunos de ustedes, hace mucho tiempo desde que recibieron la remisión de los pecados; para otros solo han pasado algunos años; y para otros, solo unos meses o días. Como seguimos al Señor después de haber sido redimidos, hay muchas veces en que debemos negarnos a nosotros mismos en nuestras vidas diarias. Los que han sido salvados recientemente, la abnegación es todavía superficial, pero los que recibieron la remisión de los pecados hace mucho tiempo, se dan cuenta de que deben negarse a sí mismos en la Iglesia de Dios.
La Palabra dice que nadie puede seguir al Señor a no ser que se niegue a sí mismo. Esta Palabra está grabada en los corazones de los justos cuando reflexionan sobre cómo negarse a sí mismos y seguir al Señor. Aunque no hay mucho que negar en sí mismos, es difícil porque es algo contra lo que lucha toda persona justa. Para los justos que han recibido la remisión de los pecados, la Palabra de Dios les pide que se nieguen a sí mismos, y deben reflexionar sobre esta Palabra. 
¿No es difícil para ustedes negarse a sí mismos? ¿No se encuentran con este problema a menudo? «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame». Jesús no nos dijo que le siguiésemos sin ningún requisito, sino que nos dijo que primero nos negásemos a nosotros mismos. En concreto, los cristianos debemos negarnos a nosotros mismos en nuestras vidas diarias porque el Señor nos lo pide. 
Mientras sigo al Señor, es muy difícil para mí negarme a mí mismo. Mis hermanos y hermanas también están sufriendo por esto. Pero aún así, intento negarme a mí mismo y seguir al Señor, porque no le puedo seguir si no me niego a mí mismo. Lo que el Señor dijo no es algo que se quede solo en palabras, como si fuera una lección de un libro de texto, o palabras sabias, sino que es la Palabra de Dios que debemos aplicar a nuestras vidas diarias. El Señor dijo su Palabra porque no podemos seguirle a no ser que nos neguemos a nosotros mismos. Incluso si hemos recibido la remisión de los pecados, si no nos negamos a nosotros mismos, no podemos seguir al Señor. Por tanto, quien quiera seguir al Señor, debe negarse a sí mismo. Cuando los justos se niegan a sí mismos, no deben hacerlo solo en los buenos tiempos, sino también en los problemas. Negarse a uno mismo en tiempos difíciles y cuando es duro seguir al Señor, es la verdadera abnegación. 
Debemos considerar algunas cosas cuando nos negamos a nosotros mismos. En primer lugar, debemos negar nuestras debilidades. El Señor de la justicia ha borrado todos nuestros pecados. Ha erradicado por completo los pecados de los justos y nos ha salvado. Sin embargo, aunque nuestro Señor haya salvado a los justos, a veces caemos en la tentación y nos sentimos mal por no poder según la voluntad de Dios. Somos demasiado débiles. A pesar de que el Señor ha borrado nuestros pecados, cuando no podemos vivir con virtud, caemos en nuestras debilidades y perdemos el coraje para seguir al Señor. Cuando vemos que somos demasiado débiles y que caemos en la tentación fácilmente, nuestra autoestima queda dañada, y admitimos que somos insuficientes. Cuando caemos en nuestras debilidades, preguntándonos: «¿Cómo puede alguien como yo seguir al Señor? ¿Cómo puedo yo servirle?». Así que, incluso después de recibir la remisión de nuestros pecados, si no tenemos cuidado es posible sentir que seguimos siendo pecadores. Cuando ven lo débiles que son, pueden sentir que el Señor no quiere nada de ustedes. En otras palabras, como ustedes y yo vemos en nuestras vidas diarias lo débiles que somos, podemos dudar nuestra salvación, preguntándonos: «¿De verdad he recibido la remisión de los pecados?».
 
 
Algunas personas justas tropiezan con sus pensamientos y por eso se sienten culpables
 
Todo el mundo tiene puntos débiles y a pesar de eso, algunas personas tropiezan con sus pensamientos demasiado a menudo, y se acaban sintiendo culpables. Todos tenemos puntos vulnerables que nos hacen rendirnos. Los que son vulnerables al dinero, se rinden a él a la primera, y los que son vulnerables al sexo opuesto, también caen cuando se sienten atraídos por alguien. Todo el mundo tiene su propio talón de Aquiles. Por eso cuando nos encontramos con él, tropezamos. Como esto ocurre muy a menudo, cuando nos encontramos con nuestros puntos débiles, caemos en la desesperación, y nos preguntamos si podemos seguir al Señor siendo tan débiles.
Por eso debemos negar nuestras debilidades diciendo: «Aunque soy débil, el Señor me ha salvado. Ha borrado todos mis pecados». Solo cuando nos negamos a nosotros mismos podemos seguir al Señor con confianza. Aunque cometamos muchos pecados por culpa de nuestras debilidades, ¿es posible tener pecados? No, es imposible porque el Señor ha borrado todos nuestros pecados y nos ha salvado perfectamente. 
La salvación no se ha cumplido por la humanidad, sino que es algo que ha conseguido el Señor. Como Él ha cumplido nuestra salvación, no hay razón por la que los justos debamos caer por nuestras debilidades. Por el contrario, lo correcto es negarnos a nosotros mismos y mirar hacia el Señor, quien ha borrado todos nuestros pecados y nos ha salvado. Si no negamos nuestras debilidades, aunque creamos en el Evangelio, estamos destinados a sentir como si el Señor se hubiera separado de nosotros. Sin embargo, debemos darnos cuenta de que nuestro Señor, quien cuida de los gorriones, nos cuidará a nosotros también. Ni un solo gorrión cae al suelo sin que el Señor lo haya permitido. ¿No creen que el cuidará de nosotros, Su pueblo justo, que estamos hechos a Su imagen y semejanza? El Señor no solo ha borrado nuestras debilidades, sino que también ha borrado nuestros pecados y transgresiones. 
Nuestra salvación, conseguida a través de la remisión de los pecados, fue cumplida por Jesús a través de Su bautismo y sangre, y por tanto ha llegado completamente por la gracia de Dios. Cuando creemos en el bautismo y la sangre de Jesús, conseguimos la salvación y la remisión de los pecados. Toda la gente justa sentada aquí debe entender esto. Aunque estemos sentados aquí en paz, muchos de ustedes acabarán dejando al Señor cuando sus debilidades sean expuestas, y no se puedan negar a sí mismos. 
Por eso estoy diciendo estas cosas. Si no nos negamos a nosotros mismos, no podremos seguir al Señor hasta el final. Mientras los justos viven con fe, cuando tienen demasiados problemas o descubren sus insuficiencias, debemos negarlas y seguir al Señor. Confíen en Él y crean: «Aunque sea insuficiente, el Señor me ha salvado por amor». Solo entonces podremos evitar separarnos de nuestra salvación hasta el final. Por eso el Señor dijo: «Nadie puede seguirme a no ser que se niegue a sí mismo». Esto se aplica a los que quieran seguir al Señor, ya sean pastores o laicos, y tengan puestos en la iglesia o no. En otras palabras, todos los santos nacidos de nuevo e incluso toda la raza humana de todo el mundo deben negarse a sí mismos si quieren seguir al Señor. 
Cuando se trata de negarnos a nosotros mismos, debemos negar nuestra propia justicia. Jesús nos está diciendo que negamos nuestra justicia y nuestro ego. Como todos tenemos nuestro propio ego, nos amamos a nosotros mismos, pensamos que tenemos razón, y nos ponemos a la defensiva, pero este ego debe ser negado. Debemos elevar el nivel de nuestra fe. No se nos ha dicho pocas veces que nos neguemos a nosotros mismos. La Iglesia nos ha dicho esto hasta la saciedad. Pero si aún así no pueden negarse a sí mismos, sufrirán tanto que pensarán en irse de la Iglesia, por lo que deben reconocer que el nivel de su fe todavía no ha llegado a ser mayor que un bebé. Solo podemos seguir al Señor si nos negamos a nosotros mismos a toda costa.
Como yo también soy demasiado débil, oro lo siguiente: «Señor, parece que a veces no puedo seguirte. Creo que debería abandonar mi fe. Mi corazón está sufriendo mucho, Señor». Pero esto se debe a que yo también sufro. Si fuera a causa de otra cosa que no fuera mi propio trabajo, entonces sería fuerte como un león y me diría a mí mismo: «¿Quieres hacer esto? Vamos a intentarlo». Cuando hago algo bien o cuando tengo razón, me siento seguro de mí mismo, pero cuando fracaso en algo y veo mis insuficiencias, pienso: «¡Oh no! Debo dejar de seguir al Señor. No creo que valga de nada para la Iglesia». Esto me tortura. En estos momentos me cuesta negarme a mí mismo, pero Dios me dice: «Esa es tu naturaleza. Pero aunque seas tan insuficiente y débil, te he salvado y Yo ahora obro a través de ti. ¿Crees que estás haciendo Mi obra por tu cuenta? ¿Has borrado tú los pecados de los demás? ¿Eres tú quien está guiando a la Iglesia? No, soy Yo. No te engañes».
El Señor dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame». El Señor nos dijo que nos negásemos a nosotros mismos y le siguiésemos. Aunque soy insuficiente, admito mis debilidades ante Dios, diciendo: «Señor, tienes razón. Soy insuficiente. Lo admito ante Ti, y te sigo». Entonces me siento seguro y digo: «El Señor me ha salvado perfectamente. Como me ha hecho perfecto, le voy a seguir, y Él hará Su obra a través de mí, aunque sea insuficiente».
Nuestros santos también pueden seguir al Señor solo si se niegan a sí mismos. Al darse cuenta de esto, deben negarse a sí mismos. No se digan: «Soy tan insuficiente que no puedo seguir al Señor». Pero en vez de decir esto deben negar sus debilidades y mirar hacia el Señor diciendo: «Señor, aunque soy tan insuficiente, Tú me has perfeccionado. Todo lo que tengo que hacer es seguirte. Tú me has dado todo lo que necesito. Aunque sea insuficiente, me has completado. Por favor, sostenme y guíame. Proporciona todo lo que necesito». Solo entonces podrán seguir al Señor.
 

Cuando han sido salvados, su peor problema es estar llenos de sí mismos
 
Cuando intentamos seguir al Señor después de haber sido salvados, el mayor obstáculo somos nosotros mismos. El peor problema somos nosotros. ¿Están de acuerdo con que el mayor problema al seguir al Señor son ustedes mismos? Negar sus debilidades y su justicia es negar el ego y el amor propio. Antes de nada, para seguir al Señor, no debemos estar atrapados por nuestras debilidades. Debemos seguir al Señor con la fe siguiente: «El Señor me ha librado de mis pecados. Me ha hecho perfecto. Aunque sea insuficiente, el Señor obra a través de mí. A través de mí cumple Su voluntad». Debemos seguir al Señor confiando en que nos ha aceptado. Si el Señor se ha llevado todos nuestros pecados, somos aceptados por el Señor. Por muy insuficientes que seamos, si Dios nos ha aceptado somos Su pueblo amado y salvado. ¿Creen en esto? Pero a pesar de todo, ¿no sienten que desean dejar su fe por culpa de sus debilidades? Algunas personas han dejado sus vidas de fe, porque no pueden negar sus debilidades. Esta gente es la que acaba dejando la Iglesia.
¿Creen que los que dejan su fe y la Iglesia después de haber sido salvados lo hacen porque creen que son demasiado buenos para la Iglesia? No, no es así. El 99% dejan la Iglesia porque piensan que son demasiado insuficientes. En mi sermón de ayer sobre el legalismo, les dije que Dios ya conoce todas nuestras insuficiencias. Como el Señor conoce nuestras insuficiencias, nos dice: «Negaos a vosotros mismos y seguidme», para que no le abandonemos por nuestras insuficiencias. Todos debemos entender esto claramente y vivir por fe. 
La Biblia dice: «Lámpara es a mis pies tu palabra, 
Y lumbrera a mi camino» (Salmo 119:105). Este pasaje debe ser carne y sangre para nosotros y debemos aplicarlo a nuestras vidas diarias. La Palabra no sirve solo para ser memorizada y entendida, sino que también para ser experimentada todos los días. Solo entonces podemos darnos cuenta de lo que significa la Palabra. Todo el mundo puede memorizar pasajes bíblicos. Cuando los niños de la escuela dominical recitan: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame», los profesores les felicitan y les dan un pequeño regalo. Sin embargo, en realidad, es completamente inútil memorizar pasajes de la Biblia.
Lo que es más importante que memorizar pasajes bíblicos es saber cómo negarse a uno mismo. Pueden seguir al Señor solo si se niegan a sí mismos, y aplican esto a sus vidas. ¿Se dan cuenta de esto? ¿Se niegan a sí mismos? ¿Se niegan a sí mismas sus hermanas? Todos debemos negarnos. Como se han negado a sí mismos, pueden seguir al Señor hasta hoy. Sé muy bien que podrían haber dejado al Señor, pero cada vez que se negaron a sí mismos, pudieron seguirle. Ahora, debemos continuar negándonos y siguiendo al Señor. Como hemos sido salvados, debemos seguir al Señor pase lo que pase, ya vivamos o muramos. Por eso nos negamos a nosotros mismos.
 

Debemos negar nuestros pensamientos carnales, pero esto conlleva sacrificio
 
Vivir con fe no es fácil. Requiere sacrificio, algo que es muy difícil practicar. Deben entender esto correctamente. ¿Entienden esto nuestros colaboradores en el ministerio? Solo podemos seguir al Señor si nos negamos a nosotros mismos. No podemos seguir al Señor si no nos abnegamos. ¿Creen que los trabajadores de nuestro ministerio son especiales por tener talentos? No, no es así. Los ministros y líderes de la Iglesia solo pueden seguir al Señor porque se niegan a sí mismos. Por eso el Señor dijo que quien quiera seguirle debe negarse a sí mismo.
Hay una canción en Corea que dice: «¿Quién dijo que el amor era bello?» Ustedes también piensan sobre esta línea y se preguntan: «¿Quién dice que seguir al Señor es bello? ¿Qué hay de bueno en seguir al Señor cuando tengo que sacrificarme y negarme a mí mismo?». La abnegación es aún más difícil que vencer al mundo, y por eso los que la consiguen son grandes guerreros. La abnegación es bella.
La abnegación es absolutamente indispensable para seguir al Señor. Mientras que no tienen que negarse en los asuntos humanos, la abnegación es absolutamente indispensable para seguir al Señor. En cuanto a los asuntos humanos, pueden luchar hasta el final para vencer al mundo si tienen una voluntad férrea, pero seguir al Señor no es algo que se pueda conseguir con nuestra voluntad. Por muy fuertes que sean nuestros caracteres, son inútiles. Solo cuando nos negamos a nosotros mismos, podemos seguir al Señor.
Echen un vistazo a Pedro. ¿Cómo de fuerte era su voluntad? Pedro tenía una voluntad tan fuerte que, cuando Jesús dijo: «Debo ir a Jerusalén, sufrir a manos de los ancianos y los jefes de los sacerdotes, ser matado y levantarme al tercer día», él le dijo a Jesús: «Lejos sea de Ti, Señor». Aunque Pedro dijo: «Señor, te seguiré hasta la muerte. Por favor, no hagas esto», cuando el Señor fue arrestado por las autoridades, salió corriendo. Incluso negó a Jesús tres veces esa misma noche. En realidad, los que tienen una voluntad fuerte no pueden seguir al Señor. No es la gente fuerte la que sigue al Señor, sino la que se niega a sí misma. Esta es la gente más fuerte.
 

No es fácil seguir al Señor
 
Cuando nos damos cuenta de cómo negarnos a nosotros mismos, es fácil seguir al Señor. Sin embargo, para los que no se niegan a sí mismos, es un infierno seguir al Señor. Deben entender esto. Cuando un pecador es salvado de sus pecados, debe aprender a negarse a sí mismo lo antes posible. Solo entonces pueden vivir una vida de fe feliz, caminar por los prados de la mano del Señor, y hacer Su obra con Él.
Para algunos de ustedes, no hace mucho que fueron salvados. Pero no están exentos de negarse a sí mismos. Todo el mundo debe abnegarse. ¿Acaso no es cierto que tenemos muchos pensamientos propios, justicia y debilidad propias en nosotros? Todas estas cosas deben ser negadas. Debemos aferrarnos al Señor y seguirle diciendo: «Si esta es la voluntad del Señor, aunque piense lo contrario, estoy equivocado y el Señor tiene razón. Mis debilidades no son nada. Aunque sea débil, el Señor me ha salvado. Creo en Ti, Señor». Para conseguir esto, deben saber cómo negarse a sí mismos.
 

Los justos deben negar la justicia de la carne
 
Los justos deben negar su justicia. Mientras vivimos con fe en la iglesia, sirviendo a este Evangelio, al Señor, a nuestros hermanos y hermanas, y a otras almas, hemos visto que los nacidos de nuevo dejan al Señor por su propia justicia. Nos dicen: «Lo que yo creo es correcto, ¿por qué no aceptan lo que les estoy diciendo? ¿Por qué no trabajan así? ¿Cómo pueden hacer esto?». Pero esto no es nada más que su propia justicia. Así que abandonan la iglesia diciendo: «Yo no hago las cosas de esa manera; no entiendo por qué lo hacen así. ¿Por qué esos líderes son tan patéticos? No puedo trabajar con esta gente». La justicia propia debe ser negada. Los justos que tienen demasiada justicia deben negarse a sí mismos.
¿Creen que estamos en lo cierto y que tenemos mucho mérito? ¿Podemos tener más razón que Dios, quien nos ha salvado con Su amor al cargar con nuestros pecados? Por mucha razón que tengamos, no hay nada más correcto que el hecho de que Dios haya salvado a la humanidad del pecado. Pelearse sobre quién es mejor que sus hermanos es absurdo. Como mucho, una persona puede ser un poco mejor que otra persona en una cosa determinada, pero esto no se puede comparar con Dios.
Pero, a pesar de esto, algunos justos piensan que son mejores que sus hermanos y hermanas de fe, mientras viven sus vidas de fe juntos. A veces no pueden soportar a los demás y dicen: «No somos compatibles». Esto se debe a que tienen demasiada justicia propia, y se sientes más santos que los demás, por lo que no pueden soportar a los demás. Como tienen demasiada justicia propia, acaban atormentando a otros, y como no los soportan, ellos también acaban atormentados. Esto está muy mal a los ojos de Dios. La justicia propia debe ser negada. 
 

Algunas personas justas tienen demasiada justicia propia de la carne, y acaban dejando al Señor
 
Algunas personas dejan la iglesia pensando que son mejores que otras, diciendo: «No puedo estar con esta gente. Prefiero estar solo. Como ya he recibido la remisión de todos mis pecados, viviré mi fe a solas». Repito que no hay nada más estúpido que discutir entre nosotros para ver quién es mejor cuando todos somos justos. Por supuesto, si tuviésemos que compararnos, es cierto que hay algunos que son mejores o peores en ciertos aspectos, pero esto solo tiene sentido cuando nos comparamos basados en criterios humanos o un concepto relativo y no absoluto. Además, por muchos méritos que uno tenga, ¿podemos ser más justos que el Señor? Por supuesto que no, el Señor es el más justo. El hecho de que el Señor cargase con todos los pecados del mundo, fuese castigado y nos salvase a todos de los pecados, es el hecho más justo. Por tanto, es estúpido despreciar a los demás. 
Por eso los justos deben dejar de lado su propia justicia y servir al Evangelio. Esto es lo correcto. Los justos deben negarse a sí mismos y trabajar juntos para servir al Señor. Ustedes deben negarse a sí mismos, negar su justicia y seguir al Señor.
 
 
¿Pueden sus pensamientos carnales ser correctos?
 
¿Tienen justicia? Cuando se examinan según los criterios humanos, ven muchas cosas buenas. Sin embargo, todo lo que los justos hacen, ya beban o coman, deben hacerlo por la gloria de Dios. Por eso toda persona justa debe saber cómo deshacerse de lo que no beneficia al Evangelio y debe abstenerse de toda acción que no sea buena para el Evangelio.
Nosotros, los justos, debemos negar nuestra propia justicia. Incluso los justos cometen errores y tienen debilidades. Pero, a pesar de esto, algunas personas dicen: «Soy diferente. Puedo servir al Señor mejor que nadie». Pero aunque sirviésemos al Señor de una manera más adecuada, ¿podríamos servirle perfectamente? No, eso no es humanamente posible. Debemos darnos cuenta de que cometemos los mismos errores que nuestros hermanos justos y que hemos juzgado. Los sabios son los que se dan cuenta de que los errores de los demás son también sus errores. En resumen, los que se niegan a sí mismos son los justos.
Por casualidad, ¿hay alguien aquí que esté pensando en separarse de la Iglesia diciendo: «Como amo al Señor más que esta gente, me voy a separar de ellos y voy a servir al Señor por mi cuenta»? Nunca he oído tal cosa. Como sé muy bien que soy insuficiente por naturaleza y como lo admito, no puedo ser tan retorcido. Sin embargo, cuando miro a nuestros colaboradores, veo que hay pocas personas justas que son retorcidas, y que creen que están sirviendo al Evangelio por su cuenta. ¿Creen que los egoístas sirven al Evangelio de verdad? No, no lo sirven. Aunque parezca que sirven al Evangelio en la Iglesia de Dios, en realidad solo confían en su justicia y no les importa el Evangelio.
Los justos deben dejar de lado su justicia. Deben negarse a sí mismos. Deben unirse con el Evangelio. Para servir al Evangelio correctamente deben estar unidos. En vez de predicar el Evangelio por cuenta propia, debemos unir nuestras fuerzas. Por eso es tan urgente que se nieguen a sí mismos y a su justicia. Ustedes también tienen su propia justicia, ¿no? ¿No piensan a veces en separarse y establecer su propia justicia? Estoy seguro de que todos ustedes tienen ese deseo de vez en cuando. Pero deben negar este deseo. Deben negarse a sí mismos. Debemos negarnos si esto resulta beneficioso para el Evangelio. Porque si es así, ¿qué no podemos hacer? Si es bueno para el Evangelio, debemos dejarlo todo, desde nuestros deseos hasta nuestros pensamientos. Si de verdad son justos, hagan lo que hagan, deben pensar en qué será bueno para predicar el Evangelio y servirlo. Si de verdad hemos sido salvados y somos siervos de Dios, debemos pensar en lo que beneficia al Evangelio más aún.
Sean cuales sean las circunstancias, los justos deben negarse a sí mismos y a su justicia. Cuando la Iglesia sirve al Evangelio, no importa el carácter de la persona. Debemos negarnos a nosotros mismos. Como nos hemos abnegado hasta hoy, podemos estar aquí. Si no se hubiesen abnegado, habrían dejado la Iglesia hace mucho tiempo y no habría nadie aquí. Sin embargo, como nos hemos negado hasta ahora, estamos aquí todos juntos. Si no se hubieran abnegado no estarían aquí. Como los justos que estamos aquí nos hemos negado, podemos llevar a cabo nuestras tareas. Como el Señor dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame», si alguien quiere seguir al Señor debe negarse primero y después seguirle.
 
 
Debemos negar nuestro amor propio
 
Todo el mundo se ama a sí mismo más que a nadie. Más que nada en este mundo el ego se ama a sí mismo. Así que, cuando nos encontramos con dificultades mientras seguimos al Señor, nos sentimos tentados a pensar solo en nuestros propio bien. Esta preocupación egoísta surge de vez en cuando y nos hace pensar: «Primero debo salvar mi pellejo». Esto también puede negarse porque no podemos seguir al Señor si nos amamos demasiado y solo nos preocupamos de nuestros propios cuerpos.
Los que han hecho poco para servir al Señor piensan en dejar sus vidas de fe para salvarse a sí mismos: «Me dijeron que me sentiría muy bien después de ser salvado, pero ahora que lo calculo, no es cierto». Por supuesto que esta gente ama al Señor y al Evangelio, pero el problema es que se aman a sí mismos más. Como piensan que se arruinarán si sirven al Evangelio y lo siguen, sienten la tentación de abandonar su fe y salvar el pellejo.
El mayor enemigo que impide que los justos sigan a Dios es el ego. Esto le ocurre a todo el mundo. Por eso el Señor nos pidió que nos odiásemos a nosotros mismos, diciendo que solo podemos seguirle si nos abnegamos. Los que no han nacido de nuevo dicen que debemos tener amor propio, ¿no es así? Por supuesto que debemos tenerlo. Pero si de verdad queremos amarnos a nosotros mismos, debemos negar nuestra carne para que nuestras almas vayan al Cielo. Sin embargo, el problema es que ellos aman a su carne más que a sus almas, y por eso no dudan en perder a sus espíritus.
Cuando nacemos de nuevo, debemos odiar nuestra carne, cuando hacemos algo relacionado con la obra del Señor. En otras palabras, cuando queremos seguir a Dios, debemos negar nuestro amor propio. Solo cuando nos negamos nuestro amor propio podemos seguir al Señor. Como nuestros pensamientos carnales están siempre cambiando, si no los negamos, no podemos seguir al señor. Después de todo, ¿cómo podemos seguir al Señor sin negarnos a nosotros mismos?
A cambio de salvarnos, el Señor nos ha pedido algo muy difícil, porque nada es más difícil que la abnegación. Como los justos deben negar sus pensamientos, sus gustos y su amor propio, vemos lo difícil que es vivir con justicia. El Señor ha borrado nuestros pecados y nos ha prometido enviarnos al Cielo en el futuro. Antes de ser bienvenidos en el Cielo, mientras vivimos con fe en este mundo, debemos negarnos a nosotros mismos y sufrir. Si estuviese predicando en la clase para principiantes en el programa de discípulos y decir que hay que negarse a uno mismo, muchos alumnos volverían a casa sin ser salvados. Por eso, predico en la clase de principiantes separada de la clase avanzada.
A los que han conocido al Señor por primera vez, intento darles comida fácil de digerir, y les llevo a la salvación. Si supiesen desde el principio lo duro que es vivir por el Señor después de la salvación, ¿quién querría ser salvado? Pero nosotros, los que ya hemos recibido la remisión de los pecados, ¿qué podemos hacer? ¿Devolver nuestra salvación? No, tenemos que seguir al Señor.
Cuando nos negamos a nosotros mismos por el Evangelio, nos espera una recompensa para que esto haya valido la pena. Cuando los justos se niegan a sí mismos, y siguen al Señor, conseguimos mucho. En otras palabras, muchas almas valiosas son salvadas y crecen en la fe. El Reino de Dios se expande y nosotros vivimos confiando en Dios, quien resuelve nuestros problemas, nos ayuda, nos bendice y nos guía. ¿No son maravillosas las bendiciones de Dios? Por eso vale la pena negarse a uno mismo. Si nos abnegamos, Dios nos dará recompensas, y por eso vale la pena. 
Los justos debemos poner la mira en los tres requisitos de la abnegación: negar nuestras debilidades, nuestra justicia y nuestro amor propio o ego. Cuando conseguimos esto, podemos seguir al Señor. Sin embargo, si intentan negar su ego sin tener a Dios en mente, no tendrán éxito y vivirán una vida religiosa a su gusto. Solo podemos negarnos a nosotros mismos si tenemos en mente la obra del Señor. De hecho, si no la tuviésemos en mente, no habría nada que negar. Daría lo mismo que viviésemos como quisiésemos, diciendo: «Bueno, yo soy así, con que seguiré con mi propio estilo».
Pero cuando pensamos en la obra del Señor, estamos obligados a pensar: «No debería hacer esto porque así la obra del Señor no será completada. Dios estará defraudado conmigo». En otras palabras, cuando pensamos en las cosas de Dios y en Su obra, nos negamos a nosotros mismos, diciendo: «No debería ser así. Aunque nací así y mi naturaleza sea así, cuando pienso en el Evangelio, sé que no debería ser así». Cuando pensamos en la obra del Señor podemos negarnos a nosotros mismos.
Nuestro Señor nos ama a todos. Nosotros también nos amamos los unos a los otros. Sin embargo, para asegurarnos de que la voluntad del Señor se cumple, a veces no podemos expresar nuestro amor mutuo y debemos abandonar la simpatía. Esto se debe a que la voluntad del Señor solo se cumple si hacemos esto. Si nos dejamos guiar por la simpatía y acabamos tolerando lo que no debemos, obstruiremos la voluntad del Señor. Así, como la voluntad del Señor debe cumplirse, a veces debemos negar nuestra simpatía.
En otras palabras, debemos negar nuestro amor carnal. Esto es muy duro para los justos. Después de todo, ¿cómo puede una persona justa no amar a otra persona justa? Aquí tenemos a muchos hermanos y hermanas solteros; imaginemos que algunos hermanos solteros se interesan por algunas hermanas y se enamoran. Como el hermano ama a la hermana, querrá hacer muchas cosas por ella. Sin embargo, si esto no es beneficioso para el Evangelio, debe dejar de amarla. Esto es negarse a uno mismo. Esto es la verdadera abnegación, cuando se niega el amor que no está de acuerdo con la voluntad del Señor.
El Señor habló sobre cosas que ocurren en la vida diaria. Si la Palabra de Dios no nos diera pautas para nuestras vidas, y solo nociones hipotéticas, no habría nada más que aprender después de la salvación. Del mismo modo en que la abnegación es esencial para nuestra salvación, también es necesaria para vivir con fe correctamente. La vida de fe se trata de seguir al Señor, y por eso debemos dejar nuestro amor propio y hacer lo que sea necesario para cumplir la voluntad del Señor en la Iglesia. No debemos negarnos a nosotros mismos en nuestro trabajo individual, pero si la obra de Dios está involucrada, debemos abnegarnos por Su voluntad. No deben hacer esto porque no se amen a sí mismos, sino porque deben asegurar que la voluntad del Señor se cumpla. Aunque su corazón tenga dolor y lo sepan, es imperativo que nos demos cuenta de esto y lo entendamos.
«¡Vaya! Ese hombre no tiene corazón. ¿Cómo puede ser tan cruel? Es muy egoísta». Sé que muchos de ustedes piensan eso de otros santos o trabajadores de la Iglesia. Hay algunos problemas preocupantes en sus relaciones con sus hermanos santos, y por eso se enfadan y se decepcionan. En momentos como esto, deben darse cuenta de por qué los siervos de Dios hacen lo que hacen.
Yo no soy diferente cuando sirvo al Señor. Hay veces en que pienso mucho en la obra de Dios y otras que pienso en la obra del hombre. Mi objetivo principal al servir al Señor es predicar el Evangelio. Sin embargo, cuando nuestro trabajo se centra en predicar el Evangelio, algunos trabajadores se cansan enseguida. Sé muy bien que mientras seguimos trabajando, algunas personas sufren. Pero creo que ellos también se regocijarán al final al ver la obra del Señor cumplida, porque Él vive en sus corazones. Si esto complace al Señor, el Espíritu Santo dentro de ellos se regocijará aunque sufran.
Por ejemplo, hay veces en que la Iglesia realiza ofrendas para nuestras misiones por todo el mundo. ¿A quién le pide estas ofrendas? A los santos. Así que cuando pedimos una ofrenda especial, algunos santos no quieren dar dinero porque lo quieren todo para ellos. Para dar dinero a la Iglesia, debemos dejar nuestros planes de gastarlo en otra cosa. ¿Qué duele enseguida? Nuestra carne.
 

Si les importan más los hombres que Dios, no podrán servir al Señor
 
Como Pedro amó tanto a Jesús demasiado humanamente, casi comete un gran error. Jesús es un ser espiritual. Sería un error creer en lo que Él hace como un asunto humano. Así, cuando consideramos la obra de Dios, debemos pensar espiritualmente, en vez de carnalmente. Hagamos lo que hagamos, debemos hacerlo por la obra de Dios. Este es un requisito que queda reflejado en el pasaje que dice: «Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica» (1 Corintios 10, 23). Esto significa que, aunque se nos permite todo, a veces debemos dejar nuestro amor propio por el Evangelio.
¿Cómo podemos buscar el interés del Evangelio? Creo con todo corazón que si les importa el Evangelio, Dios le utilizará como instrumentos preciosos y les bendecirá. Pero, a pesar de esto, muchos justos no tienen fe en sus corazones y no se niegan a sí mismos, por lo que sufren mucho. 
Como nos amamos a nosotros mismos, no podemos servir al Señor ni seguirle. Como nos amamos a nosotros mismos, tropezamos a menudo. Sin embargo, si ofrecemos nuestras vidas a Dios, preguntándole: «Señor, quiero vivir por Ti toda mi vida. Quiero que sea responsable de todo lo que tengo»,  entonces el Señor será responsable de nuestras vidas. Cuando solo seguimos la voluntad de Dios, diciéndole: «Señor, quiero que cuides de mi familia y todo lo demás», desde ese momento nuestra obra se convierte en la obra de Dios. 
Probablemente hayan visto a muchas personas que se desviven por la obra de Dios, ¿verdad? Estos hermanos y hermanas, y siervos de Dios, no tienen miedo. Esto se debe a que el Señor es responsable de ellos. Por Su parte, el Señor no puede negarse a ayudarles. Cuando el Señor ve a esta gente, dice: «Como me están siguiendo y confiando en Mí, si caen en la ruina, estaré acusado de no haberles ayudado. Me siento responsable de ellos. Debo ayudarles». Mis queridos hermanos, debo pedirles que dejen que el Señor sea responsible de ustedes. Es sabio hacerle responsable de sus vidas. 
 

Los justos deben negar sus pensamientos carnales antes de querer recibir las bendiciones preciosas de Dios en sus vidas
 
Cuando los justos se libran del deseo de amarse a sí mismos, y miran hacia Dios para aprender a negarse a sí mismos por fe, les es fácil vivir con fe. Pueden caminar con el Señor y vivir con Él en cualquier sitio, en los buenos y malos tiempos, en la bendición y los tiempos malos. Todos podemos vivir así si nos abnegamos. Al mismo tiempo, esta es la razón por la que vale la pena abnegarnos. No tiene precio porque es muy difícil.
Sin embargo, los que han recibido la remisión de los pecados y desean seguir al Señor, deben negarse a sí mismos. Solo cuando alguien se niega a sí mismo, puede seguir al Señor. Quien no se niegue, verá como su vida se acaba. ¿Lo entienden? Si quieren acabar sus vidas de fe, no se nieguen a sí mismos. 
Si nuestros corazones desean seguir al Señor, el Espíritu Santo que vive en nuestros corazones, nos dará más deseos iguales. Mis queridos hermanos, escuchen y obedezcan la voz del Espíritu Santo. Nieguen los deseos de sus corazones y su amor propio. El Señor les guiará. Si siguen al Señor, Él resolverá todos sus problemas y cuidará de ustedes.
Si estamos en el mismo equipo que el Señor, Él resolverá todos nuestros problemas, porque se convierten en los problemas del Señor, y Sus problemas serán nuestros problemas. Viviremos en un lugar bendito por Él, recibiremos Su gloria y sus bendiciones, y no sufriremos. En otras palabras, nuestras vidas serán maravillosas gracias a Dios. No encontramos la prosperidad por nuestras fuerzas carnales, sino que nuestra prosperidad viene de las bendiciones de Dios. Aunque a veces nos encontramos con problemas por la gracia de Dios, como Su amor está en nosotros, nuestras vidas de fe están completas. 
Debemos negarnos a nosotros mismos. ¿Entienden esto, hermanas? Como lo entienden tan bien, no hay nada más que deba enseñarles. Pero como deben aprender una lección de vez en cuando, debo enseñarles una y otra vez. 
Este año, debemos amarnos menos y negar nuestro ego y nuestra justicia más. Este año, debemos negar nuestras debilidades y creer que Dios nos ha salvado a través de nuestras debilidades. Llenemos al Señor de gozo. Espero y oro por que todos complazcamos al Señor al negarnos a nosotros mismos. Hay una razón por la que puedo seguir al Señor en mi vida hasta ahora, y es que me he negado a mí mismo. Por este único factor, he podido seguir al Señor. 
Yo no pude conseguir la abnegación por mis propios medios, sino que llegó gracias a la obra de Dios. Como esta obra es tan valiosa, Él ama a las almas, nos ha dado Su salvación maravillosa, y como nos ha hecho tan felices, no pude evitar negarme a mí mismo, en parte por mi propia voluntad y en parte a la fuerza. Así es como he vivido mi fe hasta ahora. Dios me ha ayudado a llegar hasta donde estoy ahora y quiero que el Señor siga ayudándome en el futuro.
Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo». ¿Qué dijo después? Dijo: «Tome su cruz, y sígame». Esto es cierto. Todos debemos cargar con nuestra cruz, no la cruz de los demás. Seguir al Señor en nuestras malas situaciones, es cargar con nuestra cruz. ¿No sería maravilloso si solo nos ocurriesen cosas buenas después de estar salvados? ¿No sería maravilloso si nada malo nos ocurriese o si solo tuviésemos que hacer cosas fáciles con el Señor? ¿No sería maravilloso que no tuviésemos problemas?
Pero tenemos problemas. Como la Palabra del Señor es la Verdad, se cumplirá tal y como es. El Señor nos dijo: «No recordaré tus pecados más; los borraré todos», y Él ha erradicado todos nuestros pecados según esta promesa. Así que estamos sin pecados al creer en la Palabra de corazón, y como el Señor nos ha pedido que carguemos con nuestra Cruz y le sigamos, debemos hacerlo. La Palabra de Dios se cumple tal y como es, porque es la Verdad. La Palabra del Señor se cumple porque es la Verdad. Él ha permitido que los que le seguimos pasamos por dificultades. Todos nosotros debemos cargar con nuestra cruz. 
Creo sin ninguna duda que nuestro Señor me ha salvado. Así que es correcto seguir al Señor. Pero como todavía tengo problemas, y mi familia también, estas cosas me hacen sufrir. Si pudiera seguir al Señor sin pasar por dificultades, correría hacia la meta con muchas ganas. Sin embargo, mientras sigo al Señor, he tenido muchos problemas, no solo por el Señor, sino también por mi vida personal, y esto es detestable. Así que pienso: «Si no fuese por este problema, podría servir al Señor tan bien».
¿Por qué tengo tantos problemas? Me gustaría preguntarle al Señor por qué debo pasar por tantos problemas y por qué hay tantos problemas en mi familia, en mi trabajo, y en todo lo relacionado conmigo, cuando en realidad quiero servir al Señor y servirle. Pero, a pesar de esto el Señor dice firmemente: «Sígueme incluso en estos momentos». Esto, queridos hermanos, es el mandamiento del Señor.
Cuando los justos siguen al Señor no todo lo que les pasa es bueno. Incluso cuando nos encontramos en estas situaciones, la voluntad de Dios es que sigamos al Señor. Si esto es lo que Dios ha establecido para nosotros, no tenemos más remedio que seguir al Señor incluso en la dificultad. Es imposible seguir al Señor sin dificultades. Intentar hacerlo significa no negarse a uno mismo y desobedecer la Palabra del Señor. Aunque sea duro, si es la voluntad de Dios que carguemos con nuestra cruz y le sigamos, y si esto es lo que el Señor nos ha pedido, debemos negar nuestros pensamientos. Aunque sería bueno que no hubiera dificultades en el camino, debemos negarnos a nosotros mismos y seguir al Señor a pesar de los problemas. Seguir al Señor de esta manera significa vivir según la voluntad de Dios. Incluso cuando pasamos por dificultades, debemos negarnos a nosotros mismos, nuestros pensamientos y debemos seguir al Señor. Así es como podemos tener la fe correcta.
Todos los nacidos de nuevo pasan por dificultades. No es cierto que solo unos pocos tengan problemas. Cuando nos examinamos individualmente, vemos como todo el mundo tiene algún problema. Todos tenemos una cruz con la que cargar, ¿o no? Por supuesto que sí. ¿Creen que los solteros no tienen una cruz solo porque están solteros ahora? Todo el mundo tiene su cruz.
Si hay alguien que no tenga una cruz ahora, pronto la tendrá. Esto se debe a que lo que la Palabra ha dicho, y por tanto los que no tengan una cruz ahora la tendrán más tarde. Incluso cuando tenemos problemas, nunca debemos traicionar al Señor, ni rechazar el Evangelio, y mucho menos abandonar la Iglesia. Debemos seguir al Señor siempre. Si de verdad queremos seguirle, debemos negarnos a nosotros mismos. 
Algunos de nuestros hermanos santos compran flores caras y las ponen a los pies del púlpito todas las semanas. Si una persona hace ramos porque le gusta, entonces es un entretenimiento para esa persona. Sin embargo, si lo hace para servir al Señor, aunque no sepa cómo hacerlo muy bien y no tenga ningún interés en esta actividad, no se trata de un divertimento, sino de servir al Señor. Todo lo que se hace por el Señor, cuando no es por propio interés, es para servir al Señor. 
Yo me casé después de conocer al Señor. En mis pensamientos privados, siento que no puedo hacer muchas cosas porque estoy casado. Pero aún así sé que mi matrimonio es beneficioso para predicar el Evangelio. Como nuestras hermanas tienen algunos problemas que no me quieren contar a mí, siempre se lo cuentan a mi esposa. Todo lo que no pueden tratar conmigo, lo hacen con mi mujer. Así que pienso: «Dios me ha dado una mujer para que trabaje con ella, en vez de servirle yo solo. Estoy contento de estar casado». Como la Biblia dice, todas las cosas funcionan para bien para los que aman a Dios. Esto es lo que me ocurre a mí.
Seguir al Señor en los momentos difíciles es lo que significa seguir al Señor de verdad. Si viven sus vidas con toda comodidad según sus deseos, sin necesidad de negarlos, deben saber que no tienen una fe correcta. Lo correcto es la abnegación, negar el amor propio, la debilidad, la justicia propia y seguir al Señor por fe, creyendo que debemos seguirle incluso en los malos momentos. Debemos enfocar todas nuestras energías hacia la abnegación. Así que debemos negarnos a nosotros mismos. Debemos entrenarnos para la abnegación. La práctica es indispensable. Incluso la abnegación requiere práctica. Debemos empezar con cosas pequeñas y después pasar a cosas mayores, porque si intentamos negarnos de un día para otro, será demasiado difícil para nosotros. 
Si no pueden negarse a sí mismos, cállense en la iglesia. Entonces podrán negarse a sí mismos. Si no pueden obedecer esta Palabra con sus propias fuerzas, quédense callados. Me siento mal por decir esto, pero es la verdad. Si se callan en la iglesia y piensan: «Haz lo que quieras conmigo», el Señor les hablará, les enseñará, deshará cualquier nudo que tengan en sus corazones, les dará la habilidad de negarse a sí mismos, les dará fuerzas, les ayudará, y les bendecirá. Nuestro Señor les permitirá hacer todo lo que quieran.
Sobre todo, deben recordar que los nacidos de nuevo deben negarse a sí mismos. Les pido que sigan al Señor por fe, recordando que la abnegación es una parte indispensable de su fe, y que solo si la practican, podrán seguir al Señor. Entonces Él se ocupará de todo lo demás.
Aunque no podamos hacer algo, el Señor puede hacerlo todo. ¿Están contentos, mis queridos hermanos? ¿Están contentos aunque tengan mucho que negar? Espero que todos estén felices de seguir al Señor aunque tengan problemas. Concluyamos nuestro culto de la mañana diciendo la siguiente alabanza: «Estoy muy contento».
Neguémonos durante el resto de nuestras vidas.