The New Life Mission

Sermones

Tema 14: La Primera Epístola de Juan

[Capítulo 4-3] (1 Juan 4:16-21) Tenemos que Vivir en El Amor de Dios

(1 Juan 4:16-21)
«Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano».
 

Dios Es Amor

Yo le doy gracias a Dios aún por el hecho de que el equipo nacional de fútbol de Corea avanzó a las semifinales de la Copa del Mundo del 2002. Este evento fue lo suficientemente como para dar a conocer a nuestro país alrededor del mundo. Estoy seguro de que esto será de mucha ayuda a nuestro ministerio. Realmente doy gracias a Dios por eso, y también creo que Dios bendecirá cada paso de nuestro ministerio de diferentes maneras. 
Hoy, hemos leído 1 Juan 4:16-21. 1 Juan 4:16 afirma: «Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él». Para reiterar, dice, “Él que habita en amor, habita en Dios.” Esta frase significa que la gente, que conoce y sabe que están liberados de sus pecados de este mundo por la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, habita dentro de Dios. Podemos habitar en Dios creyendo en el amor de Dios a través de la salvación otorgada a nosotros en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.
Aunque los Cristianos están bien enterados del hecho de que Dios es amor, muy pocos saben que Dios ha completado Su amor a través del evangelio del agua y el Espíritu. En la actualidad, los Cristianos saben bien que Dios es amor. Podemos ver muchas calcomanías que dicen, “Dios es amor” o “Dios te ama.” Pero, desafortunadamente, la mayoría de los Cristianos no se han dado cuenta de la verdadera sustancia del amor de Dios. Están predispuestos a volverse emocionales cuando tratan de conceptualizarlo.
No pueden evitar ser guiados a una vida de dilema debido a que no han aceptado el verdadero amor de Dios que vino a nosotros en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Sufren con una obsesión de que deben amar a Dios ya sus semejantes, pero ni siquiera saben la entidad de ‘el amor’ ni como amar. Por lo tanto, definitivamente para conocer el amor de Dios, primero deben convertirse en verdaderos creyentes conociendo al verdadero Dios salvador, quién vino por el agua y el Espíritu.
El Apóstol Juan, uno de los doce discípulos de Jesús, conoció el amor de Jesús más que todos. Es por ello que con frecuencia le llamamos por título, “el Apóstol del amor.” Esto se debe a que el Apóstol Juan creía que Dios es amor. El tema recurrente de Juan, el discípulo amado de Jesucristo, es “Amados, amémonos los unos a los otros porque Dios es amor.” Él dijo en esta afirmación concisa todo lo que quería predicar a los santos y a los siervos de Dios.
Aunque los Cristianos religiosos declaran sin reserves que Dios es amor, en realidad, les falta la fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, el cual les permite habitar en el amor de Dios. Ya que no están viviendo en el evangelio del agua y el Espíritu, están excluidos del amor de Dios. Este es el problema esencial de los Cristianos de la actualidad. Es nuestra consolación, a diferencia de ellos, habitar en el amor de Dios a través de nuestra fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. En consecuencia, también Dios habita en nosotros, y nosotros a cambio podemos guardar el mandamiento de Dios «Que os améis unos a otros» (Juan 15:12).
Si eres un verdadero Cristiano, debes conocer el amor de Dios más que de una forma abstracta. Aquellos que conocen y creen en Jesús como su Salvador deben conocer el amor de Dios concretamente en su remisión de los pecados que fue completada a través del evangelio del agua y el Espíritu. Tenemos que llegar a ser verdaderos creyentes de este verdadero evangelio para conocer el amor de Dios a profundidad. En este evangelio verdadero, el amor de Dios se manifiesta por sí mismo concretamente y en detalle. Si vamos a conocer a Dios como amor, nuestro conocimiento tiene que venir concretamente del amor de Dios por nosotros el cual esta revelado en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Solo entonces podremos guiar a otros al verdadero amor de Dios.
Cada Cristiano puede llegar a ser justo, limpiado de sus pecados, solo si él o ella conocen y creen en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Solo los creyentes en el evangelio del agua y el Espíritu pueden compartir el amor de Dios. Por lo tanto, un verdadero discípulo de Cristo primero debe conocer el amor de Dios a través del evangelio del agua y el Espíritu.
En la actualidad, los Cristianos evangélicos enfatizan solamente la sangre sobre la Cruz. Sin embargo, tienen pecado en su corazón en vez del amor de Dios, ya que les falta el conocimiento del evangelio del agua y el Espíritu. A menos que hayamos recibido la remisión del pecado a través de la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, seremos incapaces de amar las almas de los demás. Ni pueden interesase y abrazar con su corazón a los santos nacidos de nuevo. Uno no puede recibir a Dios, al Señor de la salvación, en el corazón de uno sin primero creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Solo después de haber creído en Jesucristo, quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu, podrás recibir al Dios del amor en tu corazón y compartir este amor de Dios con otros. Podemos compartir el amor de Dios solamente a través de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu.
 

También He Alcanzado un Entendimiento del Dios del Amor Después de que Acepté el Verdadero Evangelio

He llegado a conocer verdaderamente el amor de Dios solo después de comprender y de creer en el evangelio del agua y el Espíritu. El amor de Dios fue «el amor de la verdad» (Tesalonicenses 2:10) que vino a nosotros en el evangelio del agua y el Espíritu. Antes, yo sabía acerca del amor de Dios de manera abstracta. Yo pensaba que Dios en Su amor por nosotros realizó nuestra salvación solamente por la Cruz. Yo estaba bajo la falsa impresión de que tenía una base sólida acerca del significado de “el amor de la Verdad.”
Sin embargo, debido a que mi corazón aún estaba lleno de pecados, no podía dar un testimonio efectivo del verdadero amor de Dios por el Espíritu Santo. Tenía que inventar amor artificial en vez de compartir el verdadero amor de Dios, en los tiempos en que solo conocía la sangre de Jesús sobre la Cruz, me encontraba agonizando sobre mi lucha.
Pero, fui revestido con el amor verdadero de Dios una vez que me encontré con mi Señor a través del evangelio del agua y el Espíritu. Pude sentir el amor del Señor fluyendo de mi propio corazón. Me di cuenta que Dios nos ha presentado “el amor de la Verdad,” solo después de mí encuentro con el evangelio del agua y el Espíritu.
Los pecados en mi corazón se fueron y llegué a ser un siervo de la justicia de Dios debido a que conocí y creí en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Una cosa segura es que he llegado a conocer el amor de Dios a través del evangelio del agua y el Espíritu. He llegado a ser un evangelista del amor de Dios después de que recibí el amor de Dios en mi corazón. El que haya llegado a ser un distribuidor del amor de Dios es la evidencia de que el evangelio del agua y el Espíritu ha cambiado todo dentro de mí. Yo creo que este es el mismo testimonio de ustedes, quienes han nacido de nuevo por este hermoso evangelio del agua y el Espíritu.
 

No Existe el Temor en Alguien que Habita en el Amor de la Verdad de Dios por Fe

1 Juan 4:17 afirma: «En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo».
Aquellos en los que el amor de Dios ha sido perfeccionado no temerán en el Día del Juicio de Dios porque han creído en el evangelio del agua y el Espíritu. Al igual que el Señor tendrá confianza en el Día del Juicio, aquellos que están vestidos con el amor de Dios también deben tener confianza en ese día.
Leamos todos juntos 1 Juan 4:18. Dice: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor».
Esos Cristianos, que todavía no se han vestido con el verdadero amor de Dios en el evangelio del agua y el Espíritu, seguramente tienen pecados en su corazón. Alguien que no habita en el amor de Dios tiene un constante temor de Dios. Ese temor es causado por los pecados que la persona tiene en su corazón.
Aquellos que tienen pecados en su corazón ciertamente recibirán el juicio de acuerdo a sus pecados. La única forma de evitar el juicio de Dios se haya en creer en el evangelio del agua y el Espíritu. A partir de aquí, el que uno haya recibido verdaderamente la remisión del pecado ante Dios se convierte en un tema importante. Si no recibimos la remisión de nuestros pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu, nuestra alma perecerá por siempre.
No existe el temor en el corazón de una persona que está vestida con el amor de Dios en el evangelio del agua y el Espíritu. Mas bien un corazón agradecido es despertado ante Dios. Por otra parte, una persona que no está vestida con el amor de Dios en el evangelio del agua y el Espíritu tiene temor en su corazón. Así, debemos darnos cuenta que, si alguien tiene temor de Dios en su corazón, aún no es salvo de sus pecados.
Ahora, tenemos que llegar a darnos cuenta del amor de Dios por nosotros. Dios nos ha amado a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro Señor ha venido a esta tierra y tomó los pecados de este mundo de una vez por todas al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Y Él borró todos los pecados al llevar el juicio sobre la Cruz y resucitando de entre los muertos. Dios nos ha hecho Sus hijos al darnos la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.
¿Cómo es el corazón de un incrédulo del evangelio del agua y el Espíritu? Básicamente viven con temor de Dios debido a los pecados de sus corazones ya que no les han sido quitados y en consecuencia el juicio por estos pecaos les espera. Sin embargo, aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu no tienen que temer a Dios, ya que han recibido la remisión total del pecado por el poder del evangelio y se han vestido con el amor de Dios. En vez de eso, entregan sus vidas a esparcir el amor de Dios debido a que su intimidad con Dios es así de intensa.
Sería anormal que un perro le tuviera miedo a su amo. Es normal esperar que un perro, que es amado por su amo, sea leal a este. Mi perro en la casa les ladra a los extraños. Como sugiere la ilustración, uno vigila a los extraños, y no al amo. El amo de uno es objeto de intimidad.
¿Porque habríamos de temer a Dios cuando Él nos ha cubierto con Su amor de la salvación? Tememos a Dios debido a que hay pecado en nosotros, lo cual aborrece Dios. Esto es, alguien que teme a Dios aún no ha recibido la remisión del pecado ante Él. Tal persona es alguien que no ha creído en el evangelio del agua y el Espíritu. Tal persona no ha recibido la salvación verdadera la cual se haya en el evangelio del agua y el Espíritu. Dicen que han sido salvos por creer en Jesucristo a través de las doctrinas hechas por humanos del Cristianismo en vez de a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.
Tenemos que entender lo que el Apóstol Juan está tratando de mostrarnos. Tenemos que experimentar a Dios a través de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Una persona vestida con el amor de Dios puede comprender las Palabras del Apóstol Juan. Él anuncia que una persona que no conoce y cree en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu aún vive bajo el dominio del pecado. Es por ello que él dice: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor» (1 Juan 4:18).
No hay temor en el amor de Dios debido a que el amor de Dios aleja cualquier temor de nosotros. Nuestro Señor ha borrado todos nuestros pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu. El juicio de Dios cae sobre nosotros debido a los pecados de nuestro corazón, pero nuestro Señor ha alejado todos nuestros temores a través del evangelio del agua y el Espíritu. Podemos estar exentos de todo el juicio de nuestros pecados al ser limpiados de ellos a través de la fe en la Verdad de este evangelio. Así, aquellos de nosotros que creemos en la Verdad de este evangelio llegamos a ser atrevidos debido a la fe en este evangelio. Un creyente del evangelio del agua y el Espíritu puede tener el atrevido corazón de un león. En el pasado, éramos espantados aún por el sonido de un trueno. Sin embargo, un justo sin pecado no tiene temor, así como el Espíritu Santo da testimonio de los justos: «Huye el impío sin que nadie lo persiga; Mas el justo está confiado como un león» (Proverbios 28:1). 
Sin importar como es Dios en Su airado juicio sobre todos nuestros pecados, nosotros quienes hemos creído en el evangelio del agua y el Espíritu no debemos temer a la ira de Dios. Esto se debe a que el perfecto amor de Dios ha alejado todos los temores de nuestro corazón. Todos los temores son causados por la anticipación del juicio. Cualquiera que no crea en el evangelio del agua y el Espíritu seguramente recibirá el juicio de Dios. Sin embargo, alguien que verdaderamente cree en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu no tiene temor del juicio de Dios debido a que esa persona ha llegado a habitar en el amor de Dios.
1 Juan 4:19 afirma: «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero». ¿Nos amó Dios primero o nosotros amamos a Dios? Se debe a que Dios nos ha amado primero a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu por lo que somos salvos de todos nuestros pecados. Hemos sido vestidos con el amor de Dios a través de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu.
¿Qué pasaría si Dios no nos amara a través del amor de la Verdad, el cual es el evangelio del agua y el Espíritu? ¿Qué nos pasaría a nosotros, si no fuera Verdad el evangelio del agua y el Espíritu? Si así fuera, no habría forma de que nosotros viviéramos nuestras vidas libres del pecado. Sin embargo, estamos cubiertos por el amor de Dios a través de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos ha adoptado como Sus hijos al hacernos sin pecado a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos ha cubierto con Su amor infinito, con la intención de que seamos Sus justos obreros sobre esta tierra.
1 Juan 4:20 continúa diciendo: «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?».
Un creyente del evangelio del agua y el Espíritu ama aún a aquellos que tienen muchos defectos. Aún así, los recién nacidos de nuevo a través del evangelio del agua y el Espíritu algunas veces critican a sus mayores o a sus mentores en la fe. Sin embargo, mientras uno madura en su propia espiritualidad, uno llega a amar a todos en Cristo, a pesar de la afinidad de los unos con los otros.
Una persona cubierta con el amor de Dios práctica el amor que es diferente del amor entre personas de sexo opuesto. Dios es amor. El amor de Dios es amor ágape. Este amor ágape que Dios derrama sobre nosotros es de un sacrificio absoluto e incondicional que no pide nada a cambio.
“Los primeros tienen que servir a los últimos” en la Iglesia de Dios. Nuestro Señor Mismo dijo: «y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:27-28).
Jesús nos ama. Dios alimenta nuestra fe adoptándonos como Sus hijos y cubriéndonos con Su amor. Nos es dado el poder de amar a los demás mientras crecemos en nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Especialmente, nuestros hermanos y hermanas, quienes también han recibido la remisión del pecado, se aman unos a otros. Y yo también los amo a todos ustedes. ¿No me aman también? Debido a nuestro Señor, hemos llegado a ser capaces de amarnos unos a otros en el evangelio del agua y el Espíritu.
Finalmente, 1 Juan 4:21 dice: «Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano».
El mandamiento de Dios es para nosotros que nos amemos unos a otros. Antes de nacer de nuevo, teníamos que guardar los 613 códigos de la Ley, pero no podíamos debido a nuestras debilidades. Ahora, Dios nos ha dado un nuevo mandamiento, amarnos unos a otros. El Señor dijo en la Biblia: «como yo os he amado, que también os améis unos a otros» (Juan 13:34, 15:12). El mandamiento de Dios para nosotros es que nos amemos unos a otros como Dios nos ha amado.
Hemos sido bendecidos con el conocimiento del amor de Dios, el cual también nos convirtió en hijos de Dios. Tenemos que saber que Dios ha derramado Su amor en nuestros corazones. Realmente tenemos que conocer la sustancia del amor de Dios y practicar el amor unos con otros. Tenemos que entender y aceptar a todos siempre y cuando él/ella no esté en contra del evangelio del agua y el Espíritu. Y también tenemos que proveerle la Palabra de Dios para su crecimiento espiritual. Tenemos que darnos cuenta del amor de Dios que fue grabado en nuestro corazón y no olvidarnos de amarnos unos a otros.
Dios realmente es amor. Tenemos que habitar en Dios creyendo en el amor de Dios de la Verdad. Demos gracias a Dios por liberarnos de todos nuestros pecados.