The New Life Mission

Sermones

Tema 26: Levítico

[26-9] < Levítico 5:14-19 > Sermón sobre la ofrenda del pecado

< Levítico 5:14-19 >
“Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santas de Jehová, traerá por su culpa a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado. Y pagará lo que hubiere defraudado de las cosas santas, y añadirá a ello la quinta parte, y lo dará al sacerdote; y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado. Finalmente, si una persona pecare, o hiciere alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Jehová no se han de hacer, aun sin hacerlo a sabiendas, es culpable, y llevará su pecado. Traerá, pues, al sacerdote para expiación, según tú lo estimes, un carnero sin defecto de los rebaños; y el sacerdote le hará expiación por el yerro que cometió por ignorancia, y será perdonado. Es infracción, y ciertamente delinquió contra Jehová”.
 
 
Deben hacer la ofrenda del pecado para Dios
 
Hoy me gustaría compartir la Palabra acerca de la ofrenda del pecado. Al contrario que la ofrenda del holocausto, la ofrenda del pecado requería que el pueblo de Dios añadiese una quinta parte a la restitución hecha por su ofensa. Cuando el pueblo de Israel pecaba contra Dios o el hombre, tenía que ofrecer un sacrificio para restituir el pecado cometido. De la misma manera, esta ofrenda del pecado implica que no solo hay que pagar por nuestros pecados, sino que también hay que pagar un precio adicional al precio del pecado. Dios dijo aquí que deberíamos añadir una quinta parte a la restitución por nuestros pecados. En aquel entonces, el pueblo de Israel le ofrecía a Dios estos sacrificios como holocaustos, ofrendas del pecado, ofrendas de acción de gracias y de paz, y este era un requisito para la ofrenda del pecado. 
Está escrito en Levítico 5:14-16: “Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santas de Jehová, traerá por su culpa a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado. Y pagará lo que hubiere defraudado de las cosas santas, y añadirá a ello la quinta parte, y lo dará al sacerdote; y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado”. Como está escrito aquí, el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento tenía que añadir una quinta parte a la restitución por sus pecados. Las Escrituras también nos dicen cómo la ofrenda del pecado tenía que ofrecerse espiritualmente en el Nuevo Testamento y por qué tipo de fe debía ofrecerse. Para saberlo tenemos que darnos cuenta de que todos pecamos contra Dios y el hombre todo el tiempo. Quiero explicarles qué ofrenda de fe deben ofrecer estos pecadores a Dios. 
¿Cuándo comete la gente del mundo un pecado? Como dice la Palabra de Dios: “Cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro”, los pecados que cometemos cuando vivimos en este mundo. Cuando pecamos contra Dios, empieza porque queremos algo más que a Dios. Querer a algo o alguien más que a Dios no puede parecer muy importante al principio, pero llevará inevitablemente a cometer otro pecado mayor ante Dios. Por tanto, debemos darnos cuenta de nuestra naturaleza imperfecta y admitir nuestras ofensas ante Dios. 
Aunque hayamos sido redimidos de todos nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, tendemos a querer las cosas del mundo. Este fenómeno implica que, incluso los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu pueden querer otra cosa más que a Dios. Puede que quieran las cosas del mundo un poco solo al principio, pero con el tiempo pueden servir y amarlas aún más. Y cuando sirven a las cosas del mundo esto constituye un pecado contra Dios. Sus corazones se oscurecerán, se separarán más y más de Dios y, en vez de tener gozo, se sentirán frustrados. Por tanto, Dios le dijo a Su pueblo que cometía tales pecados que hiciese una ofrenda del pecado por fe. 
¿Cómo nos comportamos en realidad? A menudo queremos a algo o alguien más que a Dios y lo servimos, aunque sepamos que está mal. Cuando dejamos que esto ocurra, estamos predispuestos a pecar contra Dios y separarnos de Él cada vez más, a pesar del hecho de que Dios debe ser nuestra prioridad si hemos recibido la remisión de los pecados. Por eso Dios está diciéndonos que ofrezcamos una ofrenda del pecado espiritualmente por fe. 
A medida que seguimos viviendo nuestras vidas, a menudo acabamos sirviendo a otra causa que no es Dios. También nos gustan las cosas del mundo más que a Dios. ¿A quién queremos más: al mundo o a Dios? Por supuesto que a Dios. Está claro para todos los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por el contraste, casi todos los que no han nacido de nuevo quieren al mundo más. Es cuestión de tiempo que los nacidos de nuevo amen a Dios más que a nada en sus corazones, aunque no vivan de esta manera. 
Si pierden el amor de sus corazones por el Dios de la justicia, deben restaurarlo rápidamente a través de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu sin falta. Debemos saber cómo llevar la ofrenda del pecado a nuestro Señor en el presente. Cuando los santos cometen una ofensa contra Dios deben ser redimidos de sus pecados ofreciendo un carnero y una quinta parte de su valor al sacerdote. Está escrito: “Y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado”. En otras palabras, los santos que cometen ofensas pueden ser limpiados de sus pecados para siempre al creer en el bautismo de nuestro Señor Jesucristo recibido de Juan el Bautista y la sangre derramada en la Cruz. 
De hecho, de la misma manera en que el pueblo de Israel eliminaba sus pecados al ofrecer un sacrificio animal a Dios y añadía una quinta parte a esta restitución por sus pecados, el corazón de un pecador se puede limpiar si se cree que Jesucristo ha limpiado a Sus santos para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista, derramar Su sangre en la Cruz y levantarse de entre los muertos. Como el Señor pagó el precio del pecado más que suficientemente con Su bautismo y el derramamiento de sangre, Sus creyentes han sido salvados. De la misma manera en que los sacerdotes ofrecían estos sacrificios del pecado a Dios, Su pueblo era librado de todos los pecados del mundo. 
 

Nuestra naturaleza fundamental
 
¿Pecamos contra Dios o no? Todos pecamos contra Dios. Al vivir nuestras vidas ante Dios, vemos que pecamos en poco tiempo, a veces sin darnos cuenta de ello durante algún tiempo. Esto está claro cuando recibimos la remisión de los pecados. Cuando nos gusta algo más que el Señor y nos quedamos encantados, aunque no nos haya dañado todavía, oscurece nuestros corazones. Básicamente esto es lo mismo que adorar a otra deidad. Así, cuando los santos cometemos un pecado, debemos llevarle a Dios una ofrenda del pecado con nuestra fe en Jesucristo, que es más valioso que nuestras vidas. Los santos deben recordar siempre que Jesucristo se ha convertido en el sacrificio por nuestros pecados como ofrenda del pecado. 
El pasaje de las Escrituras de hoy es aplicable a la gente de hoy en día que, peca después de haber creído en el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que es algo que debemos saber después de recibir la remisión de los pecados al creer en la justicia de Dios. La ofrenda del pecado del Antiguo Testamento nos recuerda nuestro conocimiento y fe en que Jesucristo vino al mundo, cargó con nuestros pecados para siempre a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, y fue condenado por todos nuestros pecados con la sangre derramada en la Cruz como precio por el pecado. Nos enseña a recordar que el precio del pecado se paga con la justicia de Jesucristo, quien es inmensamente mayor y más valioso que nosotros. 
Para darle a Dios esta ofrenda, debemos saber que pecamos contra Dios todo el tiempo. La ofrenda del pecado es necesaria cuando pecamos contra Dios; si fuéramos capaces de no pecar, no tendríamos que ofrecerle este sacrificio o tener esta fe. Pero a veces servimos a alguien o algo que no es Dios. Estos pecados son los pecados cometidos por los justos contra Dios. Por tanto, debemos admitir siempre a Dios los pecados que cometemos. Esto es aplicable a todos los creyentes sin importar el tamaño de su fe. Cuando pecamos debemos confesarle a Dios: “Señor, he pecado contra Ti. Estos son los pecados que he cometido”. Básicamente, los pecados que cometemos no podrían ser eliminados si no fuese por la justicia de Dios. 
Esto también es cierto cuando pecamos contra otro ser humano. Por ejemplo, los Diez Mandamientos nos enseñan a honrar a nuestros padres, a no matar, no robar, no cometer adulterio, etc. Si no cumplimos uno de estos mandamientos, estamos pecando. ¿Qué tipo de pecados cometemos ante Dios? El pecado de la idolatría, adorar a otros dioses ante Dios. Cuando cometemos este pecado todos solemos pensar que no tiene importancia, pero al final este pecado nos llevará a levantarnos contra Dios. Piensen en esto. ¿Qué nos quedará si amamos a otra cosa más que a Dios y nos separamos de Él? Seremos idólatras. Como nuestro Salvador es Dios solo, si amamos otras cosas más que a Dios acabaremos siendo Sus enemigos. 
No importa qué tipo de pecados cometamos porque son todos pecados. Por tanto, es absolutamente necesario arrepentirnos de estos pecados y limpiar nuestros pecados. En otras palabras, no debemos llevar una ofrenda de pecado ante Dios espiritualmente. No solo debemos restituir nuestros pecados ante Dios, sino también añadir una quinta parte. Estas ofrendas se hacen cuando creemos que el bautismo de Jesucristo y la sangre que derramó en la Cruz son mucho más grandes que nuestros pecados. Este es el tipo de fe de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Digamos que hemos robado $50. Según el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, primero tendríamos que ofrecer un carnero a Dios como precio por el pecado. En segundo lugar, tendríamos que ofrecer restitución por lo que hemos robado y añadirle una quinta parte a los $50. ¿Qué significa esto para los que vivimos en el Nuevo Testamento? Nos enseña a pensar y creer que la justicia del Dios santo es mayor que nuestros pecados. El sacrificio del Señor es mayor que nuestros pecados. En otras palabras, el bautismo del Señor, que recibió de Juan el Bautista, y la sangre que derramó en la Cruz, son mayores que el precio de nuestros pecados. Por tanto, sabemos que el bautismo del Señor y Su sangre derramada en la Cruz eran más que suficientes para pagar todos los pecados, porque es mayor que nosotros. Esta es la fe implicada en la ofrenda del pecado. 
 

Busquen a Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote
 
Está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy: “Y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado”. Este pasaje implica que el Señor pagó por todos nuestros pecados más que suficientemente al ser bautizado y derramar Su sangre. Podemos ofrecer holocaustos a Dios a diario al creer que nuestro Señor cargó para siempre con nuestros pecados al ser bautizado una vez. 
Nuestro Señor limpió nuestros corazones al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Podemos volver a Dios para estar limpios para siempre? Sí. Cuando llevamos nuestras ofrendas del pecado a Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que el Señor pagó para siempre el precio de todos nuestros pecados más que suficientemente cuando fue bautizado por Juan el Bautista y cuando derramó Su sangre en la Cruz mientras cargaba con los pecados del mundo. Al confesar nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos ser lavados a menudo. 
El Señor no quiere que enumeremos nuestros pecados simplemente diciendo: “Señor, he cometido este pecado y el otro”. El Señor quiere escucharnos confesar nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu diciendo: “Señor, creo que has lavado todos mis pecados para siempre a través del agua y el Espíritu.” Es absolutamente indispensable que recordemos esto y que creamos de corazón que el Señor cargó con nuestros pecados y pagó por ellos más que suficientemente. Para limpiar a seres humanos tan bajos de sus pecados, el Señor santo fue bautizado por Juan el Bautista y entregó Su cuerpo derramando Su sangre en la Cruz, y así pagó el precio de todos nuestros pecados para siempre. Para volver al Dios santo, no hay otra manera que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Todos cometemos pecados y la única manera de volver a Dios es ir ante Su presencia con nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nos presentamos ante el Dios santo al creer que nuestro Señor pagó el precio de los pecados, que fue más que suficiente, fuera el que fuera, con el bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. Como personas que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos amar y adorar a Dios solamente, el único Dios verdadero. No podemos acercarnos al Dios justo con una buena conciencia si no conocemos nuestros pecados y el precio que fue pagado por Jesucristo. ¿Hay alguien aquí que piense que no puede cometer tantos pecados? Pero debemos conocernos bien, darnos cuenta de que somos pecadores que cometen pecados malvados y adoramos a otras cosas que no son Dios. Cometemos todo tipo de pecados mientras vivimos en este mundo. Y los pecados de todos los días que cometemos son, de alguna manera, comprensibles desde nuestra perspectiva humana. Sin embargo, a los ojos de Dios, debemos ser condenados por estos pecados. 
Mis queridos hermanos, ¿cuántos pecados estamos cometiendo voluntaria o involuntariamente? Saber cuántos fallos tenemos, aunque es importante, no es lo que importa. Sin embargo, también necesitamos el conocimiento de que nuestro Señor cargó con todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista y que pagó el precio de nuestros pecados. En otras palabras, sea cual sea el tipo de pecados que cometemos contra el Señor, lo que importa es conocer la justicia de Dios. Es absolutamente indispensable que sigamos al Señor con todas nuestras fuerzas con esta fe. 
Todos moriremos tarde o temprano. Ya adoremos a ídolos o no, todos moriremos al final. Los redimidos también moriremos en algún momento. Por tanto, todos debemos confiar en la justicia de Dios solamente y seguirla. Solo gracias a Dios podemos tener éxito y recibir Sus bendiciones en nuestras vidas. 
Mis queridos hermanos, está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy: “Y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado” (Levítico 5:16). ¿Qué quiere decir “el sacerdote le hará expiación por su pecado”? Por cierto, ¿qué significa la ofrenda del pecado? La expiación se hacía cuando el animal del sacrificio cargaba con los pecados del pueblo de Israel, y esto se cumplía a través de la imposición de manos. La ofrenda del pecado consistía en pasar los pecados al animal del sacrificio y este animal cargaba con los pecados de la gente y moría en su lugar. El precio de los pecados del pueblo de Israel se pagaba cuando el animal del sacrificio moría en su lugar y en esto consistía la ofrenda del pecado. 
Cuando la Biblia dice aquí: “y el sacerdote le hará expiación por su pecado” significa que el sacerdote intervenía para eliminar los pecados de esta persona. ¿Cómo limpiaban los sacerdotes los pecados del pueblo de Israel? El pueblo de Israel ponía las manos sobre el animal ante Dios y el sacerdote ofrecía el animal a Dios, limpiando así los pecados de la gente más que suficientemente. Sin embargo, la ofrenda del pecado requería un precio más alto para los pecados de la gente que los sacrificios ordinarios. En el Nuevo Testamento Dios hizo posible que llevásemos la ofrenda del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Para salvarnos de todos nuestros pecados, nuestro Señor Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y pagó el precio de los pecados para siempre más que suficientemente en la Cruz, como está escrito:
“Y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado”. ¿Quién es nuestro Sacerdote? Es Jesucristo, quien no tiene pecados. Jesucristo, el Hijo del Padre Dios santo, aceptó nuestros pecados a través de Su bautismo y cargó con todos nuestros pecados para siempre en la Cruz. Gracias a esta obra de salvación mi corazón está libre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué hay de ustedes? ¿Han sido lavados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón? ¿Han sido lavados de todos sus pecados por fe? ¿O todavía piensan que la obra de Jesucristo no fue suficiente para eliminar todos sus pecados, aunque los tomase todos al ser bautizado por Juan el Bautista y ser crucificado hasta morir en su lugar? 
Jesucristo es el Dios que creó el universo entero. Dios tuvo que venir a este mundo para eliminar nuestros pecados. Al venir a este mundo encarnado en un hombre, el Señor tomó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y pagó todos sus pecados más que suficientemente al ser crucificado. Jesucristo cargó con los pecados de la humanidad al ser bautizado y pagó todo su precio más que suficientemente al derramar Su sangre. Al hacer esto, el Señor se ha asegurado de que los creyentes de la justicia de Dios tuvieran todo lo que necesitasen. Por mucho que pequemos y por muchas faltas que tengamos, Jesucristo fue castigado por todos estos pecados más que suficientemente y los eliminó para siempre. Al ser bautizado, Jesucristo aceptó todos nuestros pecados y los limpió. 
Como nuestro Señor Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista y pagó el precio de todos nuestros pecados al ser crucificado, los creyentes nos vemos obligados a alabar a Dios por Su justicia. Al creer en la justicia de Dios, hemos podido vivir en la gracia de la salvación de Dios. Le doy gracias a Dios. Alabo al Señor por bendecir a nuestros santos y siervos de Dios para vivir por fe en la gracia de la salvación de Dios. 
Mis queridos santos, ¿cómo vamos a alabar la justicia de Dios en nuestras vidas para siempre si no es así? Por supuesto que, gracias a la justicia del Señor, quien pagó el precio de nuestros pecados más que suficientemente. Por eso debemos alabar a Dios, al creer en Su justicia y en nuestro Salvador. ¿Cómo si no vamos a ir ante Dios y servir solamente a Su justicia en nuestras vidas? Gracias a que la justicia del Señor pagó el precio de nuestros pecados más que suficientemente. Gracias al Evangelio del agua y el Espíritu de Dios podemos servir a la justicia del Señor solamente y vivir en Su presencia. De esta manera, el Señor ha abierto la puerta para que entremos en Su presencia. Como dijo: “Soy el camino”, el Señor es el camino a la vida eterna, el camino al Cielo y el camino a la remisión de los pecados. Ha abierto el camino a la vida más que suficientemente para que la gente le siga. 
 

¿Quieren vivir su fe y salvar a otras almas también?
 
Si es así, deberían aprender acerca de la justicia de Dios y creer en él. Si obtienen este conocimiento de la justicia de Dios y tienen fe en ella, podrán seguir al Señor completamente en sus vidas. Aunque caigamos en la debilidad en momentos así, debemos recordar que el Señor tomó todos nuestros pecados. Es absolutamente importante que siempre sepamos que el Señor tomó todos nuestros pecados para siempre al ser bautizado y derramar Su sangre. Siempre que creamos en la justicia del Señor solamente y la sigamos completamente, no debemos preocuparnos por nada. El Señor ya pagó el precio de nuestros pecados. Solo si sabemos esto claramente y creemos de todo corazón, podemos vivir como justos para siempre. 
Las Escrituras nos dicen que confiemos todos los problemas al Señor. Esto significa que Dios quiere que podamos seguir el deseo y voluntad de Dios por nosotros. El Señor quiere que vivamos confiando en la justicia de Dios solamente. Quiere que llevemos a cabo la obra justa por fe. Pero, muy a menudo fijamos nuestros deseos en las cosas del mundo. Cuando pecamos de esta manera, debemos decirle a Dios: “Señor, has tomado todos mis pecados. ¡Gracias!”. Nuestro deber es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. No debemos poner nuestros corazones en las cosas de la carne como queramos. 
No importa qué tipo de pecados cometamos, el Señor ya ha eliminado todos nuestros pecados más que suficientemente y ha pagado su precio más que suficientemente. Debemos ofrecer el sacrificio de acción de gracias a Dios al creer en Su justicia siempre. Al creer en la justicia de Dios, debemos fijar el objetivo de nuestras vidas en la gloria de Dios. De ahora en adelante, debemos confiar en la justicia de Dios y trabajar diligentemente para salvar a las almas de otras personas, en vez de vivir para establecer nuestra propia justicia. Debemos amar la justicia de Dios, seguir solamente a esta justicia y dedicar nuestras vidas en unidad a las cosas que complacen a Dios. Debemos ponernos la armadura de la justicia de Dios y vivir por fe en esta justicia. 
En otras palabras, debemos luchar por la salvación de las almas de la gente. De esta manera, de la misma manera en que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de Dios, nos hemos convertido en obreros de Dios que viven por la predicación de Su justicia. Debemos librar una guerra espiritual contra Satanás. Dios nos ha permitido luchar contra el Diablo como un ejército disciplinado de fe. 
¿Podemos vivir una vida justa confiando en la justicia de nuestra carne? No, no podemos vivir confiando en la justicia de nuestra carne. Es absolutamente indispensable que ofrezcamos nuestros sacrificios a Dios por fe. Cuando éramos bebés, nos alimentábamos de los senos de nuestras madres, pero cuando crecimos empezamos a comer comida sólida. De la misma manera, nuestra fe en la Palabra de Dios debe crecer con el tiempo. Han pasado veinte años desde que empecé a vivir mi vida de fe con ustedes en la Iglesia de Dios. A lo largo de esos 20 años nos alimentamos de leche espiritual de la Palabra de Dios. De ahora en adelante debemos vivir por nuestra fe en la justicia de Dios. Solo cuando hacemos esto podemos hacer la obra justa mientras vivimos nuestras vidas en este mundo. 
Nuestras vidas de fe no deben quedarse atascadas en el mismo nivel siempre. Los que buscan la prosperidad de su carne en vez de confiar en la justicia de Dios hacen cosas estúpidas. Nosotros debemos vivir con gratitud, agradeciendo al Señor habernos salvado para siempre de los pecados del mundo, lo que fue más que suficiente, a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Le doy todas las gracias al Señor por haber sido bautizado por Juan el Bautista y haber pagado el precio de nuestros pecados. 
En el Antiguo Testamento, el Señor quiso llevar a las doce tribus de Israel a la tierra de Canaán. Después de llevar a los descendientes de Abraham a la tierra de Canaán, Dios les permitió conquistar a todas las tribus que se habían asentado en esa tierra. Era la voluntad de Dios para el pueblo de Israel que entrase en la tierra de Canaán y conquistase a todos sus habitantes para ocuparla. Si los descendientes de Abraham no hubiesen entrado en esta tierra y no hubiesen luchado contra sus enemigos por fe, no podrían haber aprendido acerca de la fe en la justicia de Dios. Las Escrituras dicen que, cuando las doce tribus de Israel invadieron la tierra de Canaán, conquistaban a sus habitantes o vivían con ellos. ¿Por qué dice esto la Biblia? Para revelar la justicia de Dios. Era la voluntad de Dios que el pueblo de Israel luchase contra sus enemigos y conquistase la tierra de Canaán completamente. Así que el pueblo de Israel tenía que conquistar la tierra de Canaán, y después tenía que ofrecer a Dios todos los sacrificios que le complacían. 
¿Pero qué ocurrió después? Que los israelitas dejaron de ofrecer sacrificios. Cuando el pueblo de Israel se asentó en la tierra de Canaán, al principio ofrecía todos los sacrificios que Dios requería, pero después dejó de hacerlo. ¿Qué le pasó al pueblo de Israel cuando empezó a dejar de ofrecer sacrificios cuando se suponía que tenía que ofrecérselos a Dios? ¿Fueron felices o fueron esclavizados? Fueron esclavizados. Mientras vivimos nuestras vidas en este mundo, debemos tener cuidado de ofrecer los sacrificios espirituales a Dios por el bien de los que están muriendo por sus pecados. Aquí, el sacrificio espiritual consiste en eliminar todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor ofreció Su cuerpo como nuestro sacrificio para eliminar nuestros pecados. Debemos recordar que el Señor ha pagado el precio de nuestros pecados más que suficientemente a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos ofrecerle a Dios el sacrificio de la fe al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y la justicia de Dios. Debemos darle esta ofrenda de fe a Dios por las almas que perecen ante Dios también. 
De hecho, debemos ofrecer el sacrificio de la fe a Dios siempre para la salvación de otras almas. Alabando la justicia de Dios desde el fondo de nuestros corazones, debemos luchar la guerra espiritual para que todo el mundo vea la luz de la salvación. Ahora debemos hacer brillar la luz sobre todo el mundo con el Evangelio de la salvación. Para ello debemos unirnos a la Iglesia de Dios mientras permanecemos en este mundo. Si la Iglesia de Dios no cumple con su mandato, la gente del mundo perecerá espiritualmente. Por tanto, debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Debemos predicar nuestra fe en este mundo y luchar esta batalla espiritual. Debemos vivir en unidad con la Iglesia de Dios para proclamar Su justicia y servirla con lealtad. 
¿Saben lo que significa estar unido a Dios? Es estar unidos al Evangelio de la justicia de Dios, el Evangelio del agua y el Espíritu. Y es estar unidos con los siervos de la justicia de Dios también. Esto es lo que significa la verdadera unidad. Para servir a la justicia de Dios, es absolutamente indispensable vivir por fe en unidad con la Iglesia de Dios. Cuando los corazones de la gente dejan de creer en Su justicia, pueden volverse a convertir en siervos de Satanás. 
Si nuestros corazones no están predicando el Evangelio de Dios, esto significa que la unidad que vemos a es del hombre, es decir, estamos sirviendo a un ídolo. No debemos dejar que esto nos ocurra. ¿En qué debemos centrarnos? Debemos predicar la justicia de Dios. Debemos seguir a la justicia de Dios y tomando esta justicia como nuestro escudo de fe, debemos luchar contra la oscuridad y salvar a las almas del pecado. Dios nos ha elegido para que prediquemos Su justicia. Para ello el Señor nos ha dado la Iglesia de Dios y a Sus siervos. Dios nos ha permitido nacer en este mundo y encontrar el Evangelio del agua y el Espíritu para hacer esta obra. Dios nos ha permitido permanecer en este mundo para hacer la obra justa. 
Sin embargo, si no ponemos nuestros corazones en la predicación del Evangelio de la justicia de Dios, acabaremos cayendo en el pecado de la idolatría a los ojos de Dios. Cuando cometemos el pecado de la idolatría y nos damos cuenta, debemos llevarle a Dios la ofrenda de fe confiando en Su justicia. Aunque hayamos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, todavía somos débiles en muchos aspectos. Por tanto, no debemos ir al mundo de esta manera. Por otro lado, por muy débiles que seamos, mientras sigamos en la Iglesia de Dios, Sus sacerdotes harán los sacrificios justos por nosotros cuando sean necesarios y nos guiarán al camino correcto. El Señor ha pagado el precio de nuestros pecados más que suficientemente, y debemos darnos cuenta de Su justicia a través del Evangelio del agua y el Espíritu, creer en él y alabarlo por fe. Debemos dedicarnos a proclamar esta Verdad por todo el mundo, que el Señor cargó con todos nuestros pecados y los eliminó todos. 
Mis queridos hermanos, ¿están agradecidos al Señor por convertirse en la expiación de la justicia? Como meros seres humanos, ¿qué fuerzas tenemos? ¿Qué méritos tenemos? ¿Qué poderes de la carne tenemos? Ninguno. Somos tan débiles que, incluso cuando caminamos, nuestros ojos acaban mirando algo que no deberían mirar. Por ejemplo, cuando nuestros hermanos ven a una mujer con buena figura con una falda corta no pueden evitar mirarla con lujuria. Todos somos pecadores malditos que no pueden ser salvados de sus pecados sin el Evangelio del agua y el Espíritu. Fundamentalmente, estamos destinados a morir por nuestros pecados. 
Aunque hayamos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, todavía podemos ser tentados fácilmente. ¿Qué hay de las hermanas en nuestra Iglesia? Tienden a tener envidia de sus vecinos, mirando quién tiene más. Cuando sus vecinos compran algo nuevo, como muebles o un coche, ellas también quieren comprarlo por envidia. Nuestros ojos de la carne suelen ver cosas deseables y hermosas. Hay muchas cosas que nos parecen maravillosas. Los hombres también son atraídos por las cosas materiales. Aunque no lo expresen siempre, también les gustan las cosas buenas de la vida. Esto se debe a que esta es la naturaleza de todos los seres humanos en este mundo. Sin embargo, ¿cómo deben vivir los cristianos de ahora en adelante? Al creer que nuestro Señor ha eliminado todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu es más que suficiente y debemos vivir con nuestros corazones unidos al Señor.
 

Para seguir la justicia del Señor completamente, debemos creer en Su justicia completamente y predicarla con nuestras vidas
 
A través de Su sacrificio, el Señor pagó por todos nuestros pecados más que suficientemente al ser bautizado y derramar Su sangre. Nuestro Señor Todopoderoso ha pagado el precio de nuestros pecados completamente para siempre mediante el bautismo recibido de Juan el Bautista y la sangre derramada en la Cruz. Si el Señor no hubiese pagado por nuestros pecados con Su sacrificio, ¿cómo podríamos haber seguido Su justicia? ¿Tenemos la facultad de seguir al Señor completamente? ¿Tenemos esta habilidad? No, no la tenemos. 
 

La ofrenda indispensable para nosotros
 
Leamos el pasaje de las Escrituras y Levítico 5:17-18: “Finalmente, si una persona pecare, o hiciere alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Jehová no se han de hacer, aun sin hacerlo a sabiendas, es culpable, y llevará su pecado. Traerá, pues, al sacerdote para expiación, según tú lo estimes, un carnero sin defecto de los rebaños; y el sacerdote le hará expiación por el yerro que cometió por ignorancia, y será perdonado”. ¿Qué dijo nuestro Señor acerca de nuestros pecados, aunque se cometan involuntariamente? Dijo que son transgresiones. 
Por ejemplo, como he mencionado hace poco, si viesen a una mujer pasar y pensasen sin darse cuenta: “¡Vaya, ¡qué atractiva y sexy!” esto sería un pecado cometido involuntariamente. ¿Planeó alguien que esta mujer pasase por su lado? ¿Sabían que esa mujer iba a pasar cerca? No, no es así. Nadie lo planeó, ni nadie sabía que se encontrarían con esta mujer. Este es un pecado espiritual cometido con su subconsciente siguiendo los deseos de su carne sin darse cuenta. Sin embargo, Dios dijo que, aunque pequen sin querer, son culpables. Para todo el pueblo de Dios, las transgresiones cometidas sin saberlo todavía les hacen culpables y constituyen pecados. En otras palabras, aunque pequen sin quererlo, sin ningún objetivo en particular, es claramente un pecado. 
¿Qué dijo Dios que deben hacer cuando pecan así? Dijo que cuando se comete un pecado, ya sea a propósito o no, debemos “Traerá, pues, al sacerdote para expiación, según tú lo estimes, un carnero sin defecto de los rebaños; y el sacerdote le hará expiación por el yerro que cometió por ignorancia, y será perdonado”. Pero ¿qué les ha pasado a nuestros pecados? Incluso los pecados que hemos cometido sin saberlo han sido pagados por el Señor más que suficientemente con Su propio cuerpo al ser bautizado personalmente por Juan el Bautista y derramar Su sangre en la Cruz. El Señor ha pagado la restitución de todos nuestros pecados con Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz. Con el sacrificio que hizo y la justicia de Dios, nuestro Señor eliminó todos nuestros pecados más que suficientemente, aunque fueran cometidos sin querer. Solo hay un requisito para poder alcanzar nuestra salvación y es no negar que Jesucristo es nuestro Salvador que ha eliminado todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu, solo si creemos en esta Verdad, entonces podemos ser salvados por fe sin importar qué tipos de pecados cometemos. De esta manera, el Señor nos ha librado de todos los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu para que podamos escapar del castigo y la condena de nuestros pecados y para que nuestros corazones sean limpiados. 
Jesús ofreció Su propio cuerpo como nuestra expiación, como está escrito: “Traerá, pues, al sacerdote para expiación, según tú lo estimes, un carnero sin defecto de los rebaños; y el sacerdote le hará expiación por el yerro que cometió por ignorancia, y será perdonado”. El que el sacerdote pasase los pecados al animal del sacrificio mediante la imposición de manos sobre su cabeza y así eliminase todos los pecados al pagar su condena implica que la remisión de los pecados se recibe de una vez por todas cuando creemos en la Verdad de salvación. Para todos los que no pueden evitar cometer pecados y ser imperfectos, nuestro Señor pagó la condena de todos nuestros pecados más que suficientemente y los lavó todos. 
Las ofrendas que le ofrecemos a Dios son absolutamente indispensables. ¿Tenemos que seguir ofreciendo sacrificios? Sí, debemos seguir ofreciéndolos. Como el Señor ha pagado el precio por nuestros pecados más que suficientemente, ahora podemos servir a la justicia del Señor. Y podemos seguir también la justicia del Señor por fe. Podemos alabarle por Su justicia. Podemos darle gracias a nuestro Señor por fe. Precisamente porque el Señor pagó el precio de nuestros pecados ahora podemos vivir para siempre y alabar a Dios de manera simple y estando limpios. 
Pasemos a Levítico 4:32-35: “Y si por su ofrenda por el pecado trajere cordero, hembra sin defecto traerá. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de expiación, y la degollará por expiación en el lugar donde se degüella el holocausto. Después con su dedo el sacerdote tomará de la sangre de la expiación, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Y le quitará toda su grosura, como fue quitada la grosura del sacrificio de paz, y el sacerdote la hará arder en el altar sobre la ofrenda encendida a Jehová; y le hará el sacerdote expiación de su pecado que habrá cometido, y será perdonado”.
La palabra expiación significa cargar con los pecados. El que la ofrenda del pecado fuera sacrificada para expiar a un pecador significa que el animal del sacrificio cargaba con las iniquidades del pecador. ¿Quién es la ofrenda del pecado que cargó con nuestros pecados? Es Jesucristo, el Señor del Evangelio del agua y el Espíritu. De hecho, es Jesucristo quien cargó con todos nuestros pecados en nuestro lugar, incluyendo los pecados que cometemos sin saberlo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. Es quien aceptó todos los pecados y cargó con ellos. Por eso decimos que el Señor se convirtió en nuestra expiación al aceptar todos nuestros pecados a través de Su bautismo. Esta es la obra de salvación de Jesucristo, nuestra ofrenda del sacrificio. Es Jesucristo quien cargó con todos nuestros pecados para siempre. Él es quien cargó nuestros pecados en nuestro lugar. 
Así, ¿tenemos pecados los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu? No, por supuesto que no. ¿Están sus corazones limpios? ¿Fueron pasados a Jesucristo todos los pecados cometidos por ustedes? Sí, han sido pasados. Por tanto, todos los que creemos en el Evangelio de la justicia de Dios a través de Jesucristo no tenemos pecados. Ahora que no tenemos pecados, ¿significa esto que no deben pecar más? Mientras que debemos intentar no pecar, como todos somos humanos, no podemos evitar cometer transgresiones incluso después de recibir la remisión de los pecados. 
Piensen en esto. Si fuésemos capaces de no pecar, entonces el Señor no tendría que haber cargado con todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. Como todavía tenemos carne, todavía tenemos muchas debilidades y por eso no podemos evitar seguir pecando. Por eso precisamente el Señor nos ha salvado de todos los pecados del mundo para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista y cargar con todos los pecados. Entonces fue crucificado hasta morir, derramando Su sangre valiosa en la Cruz. No hay palabras suficientes para expresar cómo de agradecido estoy por que el Señor se convirtiese en nuestra expiación para eliminar nuestros pecados. Estoy infinitamente agradecido de que el Señor se convirtiese en la ofrenda del pecado por nosotros. En realidad, Dios tomó todos nuestros pecados para siempre a través de Su bautismo y cargó con la condena de nuestros pecados que deberíamos haber pagado nosotros. El Señor cargó con todos nuestros pecados, pero también con el castigo para siempre en nuestro lugar. 
La ofrenda del pecado es este sacrificio que el Señor hizo por nosotros. El olor del holocausto en el Altar de los Holocaustos era un aroma dulce para Dios, que le satisfacía. La gente del mundo perecía porque no ofrecía este sacrificio. Incluso los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos ser arruinados espiritualmente si no ofrecemos este sacrificio por fe. 
¿Saben cómo los que no tienen el Evangelio del agua y el Espíritu se han perdido? No solo han ido por el mal camino por sus acciones, sino que el Evangelio en el que creen es incorrecto. El no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es su mayor error y también se niegan a unirse a la justicia de Dios. Aunque los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu no tengamos pecados por muchos que cometamos, esto no es cierto de los que no creen en la justicia de Dios. Así que, ¿cómo no va a ser condenada esta gente por sus pecados? El pecado que no puede perdonar Dios es el pecado de no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos creer solamente en la justicia del Señor y la salvación que nos ha dado, todos debemos creer en el bautismo que el Señor recibió de Juan el Bautista para recibir los pecados del mundo y la sangre que derramó en la Cruz, para que no tengamos nada que ver con el pecado. 
Nuestros corazones son tan pecadores que, si no tenemos fe en la justicia de Dios, no podemos ser salvados de nuestros pecados. Por tanto, debemos aceptar la justicia del Señor e ir hasta el fin del mundo. Debemos confiar en la justicia de Dios, debemos correr en unidad con Su Iglesia. Cuando los líderes de su Iglesia les dicen algo, no les ignoren. Deben escuchar sus palabras con confianza. Si escuchan a los siervos de Dios por lo menos al confiar en ellos, pensarán qué pueden hacer por la obra de Dios y cómo pueden hacer su parte. De esta manera, hacer la obra del Evangelio del agua y el Espíritu con todos en nuestras respectivas tareas es lo que significa estar unidos a Dios. Si no estamos unidos a la justicia de Dios, estamos cometiendo idolatría. Es como adorar a otra cosa que no sea Dios. 
El pueblo de Israel ofrecía el sacrificio de fe a Dios y libraba una guerra espiritual. Con un corazón agradecido debemos ofrecer holocaustos, ofrendas del pecado a Dios en Su Iglesia. Y debemos tener los brazos de la fe listos para librar nuestra batalla espiritual. Nuestros obreros deben preparar estos brazos de la fe en la Iglesia de Dios para estar listos para librar su batalla espiritual como Sus santos fieles. Deben estar completamente unidos los unos con los otros por la justicia del Señor. El Señor nos dijo que no nos preocupásemos de qué comer, qué beber o qué llevar. Intenten esto ustedes. Intenten vivir por el Evangelio por fe y verán lo que pasa. Todas nuestras necesidades estarán cubiertas. No tendrán nada de lo que preocuparse. 
Los pecados de la humanidad deben ser juzgados sin falta. Todos debemos pensar bien en qué podemos hacer por el Señor y cómo podemos servirle y de qué manera. ¿No quieren vivir así ante el Señor que ha eliminado todos sus pecados más que suficientemente? Estoy seguro de que todos querrán vivir así. Pero ¿no saben qué es lo que deberían hacer y cómo? Les pido que escuchen atentamente lo que les están diciendo los líderes de su Iglesia, lo que les dicen que hagan en sus sermones y que desean para ustedes. Y les pido que sirvan a Dios juntos con los líderes de su Iglesia en cada paso que den. Esto es lo que significa servir a Dios, servir al Evangelio y vivir por el Señor. Así es como libramos nuestra batalla espiritual. 
Si son santos de Dios, solo es cuestión de tiempo que luchen su guerra espiritual y ofrezcan sus ofrendas del pecado a Dios. ¿Por qué seguimos cayendo en el pecado? ¿Por qué sucumbimos a nuestras debilidades? Porque no le damos a Dios la ofrenda del pecado como deberíamos y porque no seguimos Su justicia espiritualmente. Seguimos cayendo en nuestras debilidades porque no nos hemos unido al Señor definitivamente. Así que, mis queridos hermanos, les pido que confíen en nuestro Señor, quien se convirtió en nuestra ofrenda del pecado, crean en la justicia del Señor que pagó el precio de nuestros pecados más que suficientemente y corran hacia Él por esta fe. El Señor quiere que vivamos confiando en la justicia de Dios solamente. El Señor dijo que los justos vivirán por fe y por eso les pido que venzan por fe en la justicia de Dios. 
Levántense poniendo su fe en la justicia de Dios. Sean cuales sean sus circunstancias, busquen la voluntad de Dios, pídansela a Sus siervos y vivan sus vidas unidos al Evangelio del agua y el Espíritu tanto como puedan. Entonces vivirán una vida victoriosa sin falta. La ayuda de nuestro Señor les seguirá en todo lo que hagan y vayan donde vayan, ya sea en su casa, en su trabajo o en la Iglesia, en cuerpo y espíritu. Esta amabilidad indescriptible de Dios estará con ustedes para siempre. Nosotros debemos recordar esto siempre. No sigan al Señor por su cuenta. Debemos seguir al Señor con un corazón unido con Él clara y concisamente. Si no están unidos a Él así, tropezarán. Seguirán tropezando y cayéndose. 
Cuando participan por primera vez en la obra justa, les parecerá que falta algo y que el trabajo no les va bien personalmente, pero si siguen trabajando, todo irá bien al final. La obra de Dios no parece adecuada al principio porque están acostumbrados a pecar, pero cuando la hacen con frecuencia y se acostumbran a ella, verán que sí funciona. Piensen en un ladrón. Es muy difícil que un ladrón sin remedio haga lo correcto por primera vez, pero cuando lo hace suficientes veces, será cada vez más fácil hacer lo correcto que robar. 
Entre la gente sentada aquí que ha recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿hay alguien que siga viviendo según sus deseos? Levanten la mano si son así. Si hay hermanos o hermanas así entre nosotros, les pido que hagan esta ofrenda del pecado ahora. Les pido que sirvan al Señor por fe. Ahora, ¿de verdad creen en el Señor y que ha pagado el precio de los pecados más que suficientemente? El Señor ya pagó el precio de nuestros pecados más que suficientemente. Alabo al Señor por esto. Les pido que caminen con el Señor. ¿Es difícil? Entonces pidan a los líderes de su Iglesia que oren y les guíen. Y empiecen con pasos pequeños. ¿Piensan que no están hechos para la obra de Dios? Sigan haciéndola hasta que sea natural hacerla. Si piensan que la obra de Dios es de su gusto, entonces háganla todo lo que quieran. Su personalidad cambiará para satisfacer al Señor. 
Entre todas las personas que se llaman cristianas, las más estúpidas son las que creen según sus deseos sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Los líderes de la Iglesia nunca dicen nada que haga daño a los santos. Por supuesto, puede que no entiendan lo que están diciendo al principio. Pero cuando obedecen sus instrucciones y siguen sus pasos, al final se darán cuenta de sus intenciones. Y el Señor ayudará a estos santos. Este tipo de vida es el que todo el pueblo de Dios debe vivir. 
Jesucristo dijo que es el camino. Como el Señor dijo que es el camino, todo lo que tenemos que hacer es seguir este camino. Jesús camina por delante de nosotros y ha abierto el camino. Solo tenemos que darnos cuenta de que este es el camino que Dios ha abierto para nosotros y caminar por él. Espero sinceramente y oro por que todos sean guiados por el Señor. Les pido que intenten ejercitando su fe. Caminen con el Señor. Entonces podrán ver la obra del Señor cumpliéndose delante de sus propios ojos en su propia experiencia. 
Dejen de lado su sabiduría y conocimiento y confíen solo en el Señor. Entonces les guiará personalmente. Les hará felices. No intenten hacerlo todo bien al principio, sino hagan una cosa bien para empezar. Todo funcionará. Le doy gracias al Señor por darnos esta ofrenda del pecado. Nuestro Señor ha eliminado todos nuestros pecados más que suficientemente, así que les pido que confíen en este sacrificio hasta el día en que se presenten ante Él, crean en Él y le alaben en su vida. ¡Aleluya!