The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 2-2] < Lucas 2, 1-14 > Desechen sus deseos carnales y encuentren al Señor

< Lucas 2, 1-14 >
«Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!».
 
 
El gran milagro en la historia de la humanidad
 
El que Jesucristo haya venido a este mundo en la carne humana es el mayor de los milagros. El que Dios el Creador tomase la apariencia de una criatura y viviese entre nosotros es un gran milagro. 
Cuando nuestro Señor vino a este mundo, los ángeles se les aparecieron a los pastores diciendo: «Porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre». Está escrito: «Esto os servirá de señal». Esto significa que habría un milagro. Las aguas que se partieron en el Mar Muerto delante de Moisés fueron un milagro, pero el mayor milagro de todos, la mejor obra, entre todos los milagros que podemos encontrar en la Biblia, es que Dios vino a este mundo encarnado en el niño Jesús. Este es el mayor suceso de la historia de la humanidad. No ha habido mayor milagro en todo el universo. 
Nuestro Señor ha venido a este mundo. Jesucristo vino a este mundo encarnado en un hombre como Rey de reyes y nuestro Salvador. Cuando nuestro Señor vino a este mundo, el niño Jesús fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Aquí el ángel dijo que esto les serviría de señal. Para ver al niño Jesucristo, nuestro Señor, tendríamos que haber abierto los pañales en los que estaba envuelto. En realidad esto significa que Jesús es el secreto de Dios. Dios manifestó su amor a todas las personas, pero al mismo tiempo, Dios lo escondió para que no todo el mundo lo pudiera ver. Debemos entender claramente lo que la Ley de Dios dice si queremos encontrar al Señor. Debemos entender la Ley de Dios si queremos encontrar al Salvador y arrodillarnos ante Él con todo respeto. 
Aunque muchas personas no saben mucho acerca de la Ley, la señalan y dicen que la Ley es una serie de leyes o que debemos cumplir la Ley si es posible ya que es la Ley de Dios. Sin embargo, hasta que Jesucristo vino, el papel de la Ley era mostrarnos el pecado mediante la Palabra de Dios, y enseñarnos lo que es bueno y lo que es malo. Por eso las Escrituras nos dicen en una metáfora que debemos abrir los pañales de la Ley si queremos encontrar al niño Jesús. En otras palabras, aunque nuestro Señor vino a este mundo, debemos conocer claramente la razón por la que Jesús nos dio la Ley si queremos conocerle. 
Incluso ahora mismo muchas personas piensan que debemos cumplir la Ley del Antiguo Testamento y esto es incorrecto. Lo que es mejor que la Ley es la ley del Espíritu de la vida (Romanos 8, 2). La Ley señala los pecados de las personas, pero la ley del Espíritu es justa y bella. Dios nos da el fruto del Espíritu Santo. La Ley es el mandamiento de Dios que nos dice lo que podemos hacer y lo que no, mientras que la ley del Espíritu es misericordia, amor, humildad, autocontrol y paz. La ley del Espíritu nos pide más justicia y cosas bellas que la Ley. La ley del Espíritu nos pide amor, misericordia, gozo, humildad y paz. Nos pide cosas que necesitamos sin falta, cosas que son absolutamente justas. 
Pero, ¿qué dice la Ley? Solo nos enseña lo malvados que son los pensamientos, los corazones y las obras de los seres humanos ante Dios. Sin embargo, también debemos conocer la Ley. La Ley del Antiguo Testamento se cumplió con la llegada de Jesús. Pero como la Ley nos hace entender qué es pecado, no podemos encontrar al Señor aunque viniera como el niño Jesús y Salvador del mundo si no conocemos nuestros pecados ni esta Ley perfectamente. 
 
 
¿Qué debemos saber primero para conocer al Señor?
 
Podemos encontrar al niño Jesucristo envuelto en pañales y aceptarlo en nuestros corazones cuando conocemos la Ley y la entendemos correctamente. La gente no puede aceptar al Señor en sus corazones, no puede conocerle, y no puede ver a Jesucristo, quien vino envuelto en pañales. Aunque digan que creen en Jesús, no le han conocido porque no conocen la Ley de Dios. Por eso Jesucristo vino a este mundo y se convirtió en nuestro Salvador. Pero, para algunas personas, la Verdad es un gran secreto y está escondida.
La gente cuestiona si Dios se convirtió en una criatura humilde y vino al mundo y no cree en este hecho. Casi todo el mundo niega este hecho. No creen porque les parece increíble. Pero este milagro sí que ocurrió. El Señor es Dios y creó el universo entero; no solo esta tierra, sino todo el universo inmenso y las estrellas. Dios vino al mundo a través del cuerpo de María encarnado en un hombre como nosotros. Jesús, que es Dios, vino a este mundo encarnado en un hombre como nosotros. Esto significa que Dios está con nosotros. En otras palabras, Dios vino al mundo encarnado en un ser humano como nosotros. 
Este es el milagro maravilloso entre todos los milagros. Sin embargo, aunque todo el mundo piensa que conoce a Jesucristo, nadie que no conozca la Ley correctamente puede conocerle. Nuestro Señor vino a este mundo. Vino a este mundo cuando César Augusto gobernaba en el Imperio Romano. Basándonos en la historia del mundo, podemos establecer que César Augusto gobernó en el año 4 a.C.: «Todo el mundo debe registrarse». Estoy seguro de que entienden que todo el mundo adoptó el calendario basado en la venida de Jesucristo a este mundo. Las fechas de a.C. (antes de Cristo) se refieren a los años antes del nacimiento de Cristo. Pero los historiadores dicen que hay 4 años de diferencia por un error al establecer este calendario. 
Desde una perspectiva histórica, Jesucristo nació en tiempos de César Augusto en el Imperio Romano. Este es un hecho histórico que puede probarse, incluso ante la gente que no cree en Jesús. Muchas personas debaten si Jesús es una persona histórica real o no, pero la historia da testimonio del hecho de que Jesús vino a este mundo y del momento en que lo hizo. Pero hay muchas personas que aún así no creen. Estas personas no respetan la Biblia y persiguen a los que creen en ella. 
Muchos historiadores y autores han intentado desmentir que Jesucristo viniese a este mundo y que nos hubiese salvado después de vivir en este mundo durante 33 años y quieren probar que es un mito. Intentan encontrar pruebas de que Jesucristo no fue una persona real, pero no las encuentran. Las personas han investigado la historicidad de Jesús a través de estudios arqueológicos y científicos. Los expertos han intentado probar que Jesús era humano, y no Dios, pero todos sus esfuerzos han fracasado. 
Lewis Wallace, el autor de «Ben Hur» estudió mucho acerca de Jesús para intentar probar que no fue una persona real. Realizó muchas investigaciones y estudios para probar que Jesús no era una persona real. Sin embargo, cuanto más investigaba, más se daba cuenta de que todas las pruebas materiales apuntaban hacia el hecho de que Jesús nació en el mundo e hizo todas las obras que aparecen en las Escrituras. Por tanto este autor, que empezó sus investigaciones para refutar los argumentos sobre la historicidad de Jesús, acabó arrodillándose ante Dios y confesando: «Jesucristo es el verdadero Hijo de Dios y es el Dios que vino al mundo como nuestro Salvador». Lewis Wallace escribió este libro después de confesar que Jesucristo es Dios y nuestro Salvador que vino al mundo, y el libro se adaptó para la gran pantalla y la película se llamó «Ben Hur.» 
En la película se revela la divinidad de Jesucristo claramente en muchas escenas. En la última escena podemos ver que la hermana y la madre del protagonista tenían lepra pero se curan cuando Jesucristo muere en la Cruz. El autor de «Ben Hur,» Lewis Wallace, llegó a saber que Jesucristo era Dios y que vino a este mundo, fue bautizado, murió en la Cruz, y eliminó nuestros pecados. Por tanto, cuando vemos la película, podemos ver varios aspectos que muestran que Jesucristo es nuestro Salvador y Dios. 
Sin duda, incluso desde una perspectiva histórica, Jesucristo es el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad que vino a este mundo encarnado en un hombre. Jesús nació en un establo y durmió en un pesebre porque no había sitio para Él en la posada. Esto significa que durmió en un pesebre que se utilizaba para dar de comer a los animales. Jesús fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Debemos invitar a Jesucristo en nuestros corazones con la fe que exalta la justicia de Dios. 
Pero debemos deshacernos de cualquier codicia personal en nuestros corazones si queremos invitar a Jesucristo en nuestros corazones. No debemos tener un corazón que esté satisfecho con las cosas del mundo. Las personas que no pueden satisfacerse con las cosas del mundo aceptan a Jesucristo como su Salvador y le invitan en sus corazones. Jesucristo nace en estos corazones y estas personas reciben la salvación del pecado. El capítulo 5 del Evangelio de Mateo dice: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque a ellos les pertenece el reino de los cielos». Nuestro Señor nace en las almas de los que no están satisfechos con las cosas del mundo. 
Los seres humanos no son todos iguales. Hay algunas personas que pueden estar satisfechas con las cosas del mundo. Aún así, hay muchas personas que pueden estar satisfechas con las cosas del mundo porque no entienden correctamente lo que es la satisfacción. Pero también hay personas que no son así. Hay personas que no pueden estar satisfechas por muchas cosas materiales que tengan. El Señor entra en los corazones de los que no pueden quedar satisfechos por las cosas del mundo y nace en estos corazones. 
Hay muchas personas que se hacen orgullosas cuando tienen un poco de placer o poder o cosas materiales. Sin embargo, hay otras personas cuyos corazones están preocupados aunque tienen todo lo que necesitan en este mundo porque no tienen satisfacción en sus corazones y por tanto buscan la verdadera satisfacción. La gente busca a Dios que se encuentra mediante la Verdad. Nuestro Señor es el Salvador y el Pastor de la gente que no encuentra la satisfacción a través de las cosas del mundo. Es nuestro Señor que vino a salvar a las personas del pecado. 
Pero no hay lugar para Jesucristo en la gente que está satisfecha en los corazones a través de las cosas del mundo. Jesucristo no puede entrar en sus corazones ni crecer en ellos. Nuestro Señor no puede vivir en los corazones de la gente que pertenece a las cosas materiales del mundo. Nuestro Señor durmió en un pesebre de animales porque no había sitio para él en la posada. Nuestro Señor no puede entrar en los corazones de la gente que está llena de otras cosas del mundo. Nuestro Señor no puede nacer en estos corazones. ¿Cómo puede Jesús nacer en estos corazones? ¿Cómo puede nuestro Señor nacer en los corazones de esta gente si no puede entrar en ellos ni ser aceptado? ¿Cómo puede el Señor entrar en estos corazones que están satisfechos con las cosas del mundo sin el Señor? El Señor llama a la puerta de los corazones de la gente que está satisfecha sin el Señor, pero no puede entrar porque no le aceptan. 
¿Qué tipo de corazón puede recibir al Señor? El Señor entra en los corazones de las personas humildes. El Señor entra en los corazones pobres que no pueden estar satisfechos por las cosas del mundo. El Señor entra en los corazones que se lamentan y en los que buscan la justicia de Dios. Por tanto, el Señor nace en estos corazones. El Señor vino a este mundo como el Salvador, pero no puede nacer y vivir en cualquier sitio. Solo puede nacer en los corazones de las personas que buscan a Dios y adoran al Creador. El Señor nace en los corazones de la gente que quiere recibir la remisión de los pecados ante la presencia del Señor y de los que se lamentan por sus pecados y creen que el Señor ha hecho la obra de la salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu. 
 
 
El Señor solo acude a los humildes
 
Cuando era joven no tenía muchas cosas. Sobrevivía como cualquier otra persona de la calle, pero no tenía mucha satisfacción. Por eso gastaba dinero, aunque no fuera mucho, porque pensaba que podría tener satisfacción al tener dinero y gastarlo de la manera en que yo quisiera. Sin embargo, mi corazón siempre estaba vacío por mucho dinero que gastase y por mucha comida deliciosa que comiese o por muchos placeres que tuviese. Mi corazón estaba vacío. Mi corazón no podía llenarse con cosas de este mundo. No tenía mucho gozo en mi corazón. Entonces conocí al Señor un día, aunque no recibí la salvación perfecta entonces, y el vacío de mi corazón se redujo un tercio. Lo que estaba claro es que por lo menos podía estar un poco satisfecho si creía en Dios, el verdadero Creador, y si vivía por el Creador. 
Después de 10 años de haber creído en Jesús de esta manera, recibí la remisión de los pecados perfectamente al conocer al Señor. Después, solo podía estar satisfecho con una cosa en mi corazón. Mi corazón está lleno de satisfacción y de abundancia incluso ahora. El Señor se convirtió en mi Salvador y mi Dios cuando nació en mi corazón. Se convirtió en mi Salvador y mi Señor. El Señor vino al mundo encarnado en un hombre para salvarme así. Dios vino a este mundo encarnado en naturaleza humana y divina. Se convirtió en mi Salvador y nuestro Señor. Él vino a este mundo vestido en la carne humana para salvarnos a personas humildes como nosotras. Dios vino a este mundo con la naturaleza humana y divina. La serenidad, la verdadera satisfacción y la paz descendieron en mi corazón como una paloma cuando conocí a Jesucristo y creí en Él. Ya no tenía que perseguir las cosas del mundo ni me sentía satisfecho con las cosas del mundo. Pude tener satisfacción en mi corazón al creer en Cristo. Por fin estuve satisfecho. 
Sentí gozo aunque no lo pareciese. Aunque no tenía nada en este mundo, tenía hambre de justicia porque el Señor dijo que los que tienen hambre y sed de justicia serían saciados. Nuestro Señor me hizo trabajar por la justicia porque tenía hambre y sed de la justicia de Dios y así fui saciado completamente. Después de conocer al Señor tenía un poco de hambre a pesar de tener satisfacción en el corazón, y el Señor quería darme todas las cosas para hacer la obra justa de servir al Señor, para predicar el Evangelio, y para ayudar a que las almas reciban la remisión de los pecados. Por tanto, ahora puedo vivir en abundancia sin tener hambre. 
Podemos estar llenos cuando hacemos la obra del Señor. Cuanto más trabajamos por el Señor más llenos estamos espiritualmente aunque nuestros cuerpos estén cansados. Nuestros estómagos se llenan y nuestros corazones están satisfechos. Después de conocer al Señor, se convierte en el pan de la vida y en bebida refrescante que satisfacen nuestra hambre y bebida. 
El bautismo de Jesucristo y la sangre derramada en la Cruz se han convertido en comida abundante y en el pan eterno de la salvación que nos hace vivir una vida justa. Nuestro Señor nace en las personas que no llenan sus corazones de las cosas del mundo. Deben vaciar sus corazones si quieren servir a Jesucristo. Debemos vaciar nuestros corazones si queremos servir a Jesucristo en nuestros corazones, si queremos vivir con el Señor dentro de nuestros corazones después de haber recibido la remisión de los pecados y si queremos vivir comiendo y bebiendo con el Señor. No debemos intentar llenar nuestros corazones con las cosas del mundo, sino que debemos echarlas. Nuestro Señor vive en nuestros corazones y se convierte en el Rey de los mismos solamente cuando nos deshacemos de las cosas del mundo. Entonces no tenemos nada de que preocuparnos porque nuestro Señor se convierte en nuestro Rey en ese momento. ¿Por qué? Como Jesucristo nos protegerá cuando estemos en peligro porque se ha convertido en nuestro Rey y porque nos alimentará cuando no tengamos nada que comer y vencerá a nuestros enemigos con el poder de la Palabra. Esto se debe a que nuestro Rey tiene todo el poder. 
Por tanto, debemos deshacernos de las cosas del mundo y reconocer que no pueden darnos ninguna satisfacción. Deben aceptar la Palabra del Señor en sus corazones con fe. Después de nacer de nuevo de esta manera, debemos deshacernos de los deseos del mundo que hay en nuestros corazones. Solo entonces podremos caminar con el Señor y el Señor podrá hacer su voluntad a través de nosotros.
El Señor se ha convertido en el verdadero pan de vida por nosotros. Nuestro Señor vive en nuestros corazones como el Salvador y el Rey que manifiesta la gloria del Señor al utilizarnos como instrumentos de la justicia. Mientras celebramos la Navidad debemos pensar una vez más por qué nació nuestro Señor en un pesebre. 
Las cosas del mundo no sirven para nada y no pueden satisfacernos. En el Libro de Eclesiastés 12, 12 está escrito: «Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne». Pero aún así seguimos predicando nuestros libros para compartir la Palabra más necesaria que se necesita hoy en día; la Palabra necesaria para el alma, la Palabra necesaria para los hermanos y hermanas de todo el mundo. Debemos publicar los siguientes volúmenes de nuestros libros cristianos, pero esta es una tarea muy dura y tediosa. Si tuviera que hacer todo ese trabajo para publicar libros sobre el mundo no lo haría. 
Pero estamos escribiendo libros de nuestra misión que contienen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando publicamos los libros de la misión uno por uno nuestros corazones están en paz aunque nuestros cuerpos estén cansados. No haríamos todo este trabajo para publicar libros sobre el mundo, pero lo hacemos contentos porque así compartimos el Evangelio. En las obras del mundo siempre hay algo que hacer cuando terminamos una tarea, pero nunca hay satisfacción. La gente del mundo trabaja dos veces más pero nunca está satisfecha en su corazón. Pero los que hacemos la obra de Dios tenemos satisfacción en nuestros corazones cuando trabajamos lo suficiente. ¿Por qué? Tenemos satisfacción porque el Señor se regocija y se convierte en nuestro alimento. 
Nosotros debemos vaciar nuestros corazones. Debemos pensar detenidamente acerca del significado de que nuestro Señor durmiese en un pesebre cuando nació. Las posadas eran como hoteles que siempre estaban llenos. José y su mujer María volvieron a su ciudad natal para registrar a su familia porque el emperador romano César Augusto ordenó un censo en Israel en aquel tiempo. Sin embargo, María parecía preparada para dar a luz. José entró en la posada para alquilar una habitación, pero no había ninguna libre. Entonces fue llamando de puerta a puerta para ver si alguien les ofrecía hospitalidad pero María acabó dando a luz en un establo mugriento. El establo era un lugar para animales y no para personas. En realidad nosotros no somos más que animales a los ojos de Dios. Somos seres humanos bajos e inadecuados ante Dios, pero nuestro Señor nació de este tipo de personas. Ahora podemos servir al Señor en nuestros corazones si somos humildes y nos deshacemos de las cosas del mundo. 
La gente que no conoce la satisfacción aunque viva con cosas y gente del mundo y la gente que no desea las cosas del mundo puede servir al Señor y caminar con Él. Debemos prestar atención a esta Palabra mientras celebramos la Navidad. Debemos considerar si estamos llenos de cosas del mundo en nuestros corazones y debemos deshacernos de ellas. Jesucristo puede entrar en nuestros corazones solo cuando los vaciamos. Podrán entender la gran voluntad de Jesucristo solo cuando vacíen sus corazones. Los ojos espirituales se abren completamente cuando vacían sus corazones. Debemos aceptar en nuestros corazones este Evangelio de gracia que es un verdadero milagro. Debemos servir a Dios, quien se convirtió en un ser humano, vino a nosotros personalmente, tomó nuestros pecados a través de su bautismo, murió en la Cruz, resucitó de entre los muertos y se convirtió en nuestro Salvador: Jesucristo. Debemos servirle con fe en nuestros corazones. 
 
 
Una persona que no tiene fe en Dios no puede servir a Jesucristo
 
Una persona que no cree en Dios no puede servir a Jesucristo como su Salvador aunque Jesucristo se le acerque, ya que su corazón está lleno de cosas mundanas. Esta persona no puede abrir su corazón y llenarlo de gozo cuando Jesús llama a la puerta de este corazón. No tiene otro remedio que decir que no hay sitio y no dejarle entrar. Por tanto, deben creer que son personas humildes que merecen ir al infierno. Además, deben creer que Jesucristo se ha convertido en el Salvador para personas tan desesperadas como nosotros. 
Nuestros corazones deben creer realmente en la Palabra de Dios. El Señor dijo: 
«Bienaventurados los pobres en espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos. 
Bienaventurados los que lloran, 
porque ellos recibirán consolación. 
Bienaventurados los mansos, 
porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 
Bienaventurados los misericordiosos, 
porque ellos alcanzarán misericordia» (Mateo 5, 3-7).
Debemos tener la fe que cree que Jesucristo es nuestro Señor. Debemos tener esta fe. Debemos creer de esta manera. Debemos confesar: «Jesucristo es mi Señor. Vino a este mundo para salvarme y fue bautizado por mí para después morir en la Cruz en mi lugar». Asimismo debemos creer que es Dios y que resucitó de entre los muertos y ascendió a los Cielos y que volverá a este mundo para juzgar.
¿Cómo recibimos la salvación de los pecados? Debemos creer en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Podemos servir a Jesucristo con nuestros corazones y recibir la salvación al creer en la justicia de Dios. El niño Jesús puede nacer en nuestros corazones cuando aceptamos a Jesucristo con el corazón al creer en la justicia de Dios. Las Escrituras dicen que los justos vivirán por fe. Recibimos la salvación a través de la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. El milagro de la salvación se ha cumplido en nosotros a través de este bautismo. A través de él Dios vino a este mundo como un ser humano, fue bautizado, murió en la Cruz, resucitó de entre los muertos y nos salvó. 
Debemos tener esta fe que cree en Dios como nuestro Salvador. Debemos recibir la salvación a través de la fe que cree en esto. Debemos creer que Dios vino a este mundo y nos salvó con el agua y la sangre, que Dios nos ayuda y que somos los israelitas espirituales. 
Debemos vivir con esta fe. Satanás, el Diablo, nos atrapa y nos mata si no vivimos por la fe que cree en la justicia de Dios. Debemos tener fe en la justicia de Dios rápidamente, aunque hayan recibido la remisión de los pecados y la salvación recientemente. Cuando Jesús vino a este mundo, el rey Herodes intentó matar a todos los niños menores de dos años. Aunque Satanás intente matarnos de esta manera, podemos vencer el poder maligno de Satanás si tenemos fe en Jesucristo, si creemos que Jesús es nuestro Dios y Salvador, si creemos que Jesucristo es nuestro Pastor y nuestro Dios. Estamos protegidos de nuestros enemigos cuando creemos en el Señor. Podemos ser salvados de todos los peligros y vivir con Dios mientras recibimos su protección cuando creemos en Jesucristo y le seguimos sinceramente. 
No debemos ser orgullosos y debemos vivir con una fe sincera incluso después de recibir la remisión de los pecados. Los ángeles alabaron al Señor diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!». La gente que cree en Jesucristo como su Señor y Salvador, la gente que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, la gente que cree que Dios nos ha salvado con el agua y la sangre, puede escuchar estas buenas noticias. Los reyes magos de oriente no creyeron en la palabra del rey Herodes e hicieron lo contrario. José y María, los padres de la carne de Jesús, escaparon de las manos del rey Herodes porque escucharon la voz de Dios a través de un ángel y creyeron en él. Debemos vivir con esta fe después de recibir la remisión de los pecados. 
Debemos vaciar nuestros pecados y vivir solo con fe. Es difícil mantener la fe después de recibir la salvación. ¿Por qué? Porque nunca hemos intentado vivir con fe. Pero debemos vaciar nuestros corazones y deshacernos de la codicia para vivir solo con fe aferrándonos al hecho de que solo Jesucristo es nuestro Señor, nuestro Salvador y nuestro Pastor. Podemos darnos cuenta de cómo el Señor nos ayuda y nos bendice cuando creemos así. Entonces podemos experimentar el hecho de que el Señor es el Pastor que vive y nos guía incluso ahora. 
 
 
Debemos vivir por fe incluso después de recibir la remisión de los pecados 
 
Ahora este mundo está a punto de acabarse. Esta Navidad es diferente a la Navidad del año pasado, ¿no? La gente habría causado todo tipo de conmoción si la Navidad fuese igual que la del año pasado. Sin embargo este año es más tranquila. Parece que será más tranquila aún el año que viene. Dentro de unos años la gente pensará en la Navidad como una memoria del pasado. Pensarán que era un ritual del pasado. Aunque nos reunimos para adorar y alabar, el mundo se va a hacer cada vez más oscuro en el futuro. Los justos deben reunirse siempre en Navidad y cantar “♪Noche de Paz”. Pero en el futuro será difícil ver a una iglesia adorando el día en que Jesús vino al mundo. 
De todas formas, hay personas que han recibido la remisión de los pecados. Entonces, ¿a quién debemos seguir de ahora en adelante? Debemos seguir a Jesucristo. Todos debemos seguir a la estrella. Aunque hemos nacido de nuevo, los siervos del Diablo como el rey Herodes quieren matarnos si nos quedamos quietos y no nos dejamos guiar por el Señor. Después de haber recibido la remisión de los pecados, deben escuchar detenidamente a los predecesores de la fe. Como tienen al Espíritu Santo en sus corazones, aunque acaben de nacer de nuevo, el Espíritu Santo confirma la Palabra de Dios y controla sus corazones. Así pueden obedecer al Señor y seguirle continuamente. La fe crece dentro de ustedes paso a paso cuando siguen al Señor de esta manera. Entonces reciben la vida eterna. 
Israel era un país vasallo del Imperio Romano cuando el niño Jesús nació en este mundo. El niño Jesús tuvo que superar varias situaciones de vida o muerte. Nuestro Señor hizo todas las obras según la Palabra escrita y tuvo que superar situaciones peligrosas como la persecución del rey Herodes. Incluso sus parientes pensaban que estaba loco. 
Somos los santos que creen en Jesucristo. Somos las personas que siguen a Jesucristo con fe. ¿Y qué hay de los pastores? Escucharon las noticias de los ángeles y fueron a ver al niño Jesús. Estas personas habrían pasado de largo si hubiesen oído que un bebé había nacido en una familia normal. Pero estos pastores no eran así. Creían en el Salvador, el Mesías, nacido en Israel. Vivieron todas sus vidas con esta fe. La mayoría de las personas no creen que Jesús fuera importante mientras crecía, pero estos pastores vieron el proceso de madurez de Jesús y tuvieron una fe firme en Jesucristo como su Salvador. Deben tener esta fe. Deben vaciar sus corazones de cosas mundanas. Cuanto más caótico se hace el mundo, más tienen que vaciar sus corazones. Deben tener un corazón y una fe que sirva a Jesucristo todo el tiempo, un corazón que siempre siga la Palabra del Señor. 
Queridos santos, estoy seguro de que harán esto. Debemos creer en el Señor y seguirle después de haber recibido la remisión de los pecados. Nuestro Señor nos dio la Palabra que se ha convertido en nuestro alimento y nos ha mostrado personalmente milagros y señales. Si nuestro Señor hubiese nacido en un palacio real, muchas partes de las Escrituras serían diferentes. Las personas ricas habrían recibido la salvación y los pobres habrían sido tratados con condescendencia. Pero las personas que no pueden estar satisfechas con las cosas del mundo pueden conocer a Jesucristo y recibir la salvación porque Jesucristo nació en un pesebre. De lo contrario, las personas tercas que tienen poder en este mundo, las personas que están satisfechas con las cosas del mundo, serán destruidas. 
Nuestro Señor nació en un establo por nosotros porque no podemos estar satisfechos con las cosas del mundo. Nuestro Señor hizo esto para poder convertirse en el Salvador para todos los pecadores cuyos corazones estaban confusos, vacíos y completamente oscuros, para las personas que buscan a Dios. Quiero que crean que el cuerpo de nuestro Señor durmió por primera vez en un pesebre donde comen los animales. 
Quiero que vivan por fe. Las Escrituras dicen que los justos vivirán por fe. Nos enfrentamos ante muchas dificultades y retos mientras vivimos en este mundo. Debemos tener una fe aún más fuerte en esos momentos. Debemos tener fe cuando estamos en una buena situación y buscar al Señor y seguirle aunque seamos insuficientes. Si no dudamos y nos mantenemos firmes, podemos crecer paso a paso en la fe. La fe se acumula de esta manera y podemos llegar a tener aún más fe. 
La fe no aparece de repente. Podemos experimentar la Palabra de la bendición que Jesucristo nos da en nuestras vidas cuando vaciamos nuestros corazones y aceptamos la Palabra de Jesucristo. Nuestra fe crece a través de las experiencias y puede expresar lo siguiente: «Es cierto. Ha ocurrido exactamente como lo dice la Palabra. Es correcto». Por tanto, debemos tener fe. Debemos buscar al Señor, quien nos ha hecho perfectos, y creer en Él y seguirle. 
La Navidad está cerca y si no hablo del nacimiento de Cristo ahora, pasará sin poder hablar acerca de este tema. La Navidad pasa muy rápido y esta Navidad ya casi ha pasado. Por eso estoy hablando de esto ahora. 
Debemos vivir con fe en Jesucristo. Nuestro Señor no puede entrar en los corazones de la gente que tiene corazones ricos o llenos de las cosas del mundo. El Señor no puede vivir en estas personas. Esto es lo que les estoy diciendo. Aunque hayan recibido la salvación, el Señor tiene que darse la vuelta si sus corazones están llenos de las cosas del mundo. Aunque quieran abrir la puerta, le dicen que vuelva después y le hacen esperar porque sus corazones están llenos con otras cosas. 
¿Quién pierde más si el Señor tiene que esperar a las puertas de sus corazones? Jesucristo es el dueño de todo el universo, por eso nosotros seríamos los que perderíamos más si rechazásemos al Señor cuando viene a nuestros corazones a ayudarnos, a convencernos y a convertirse en nuestro pastor. Debemos vaciar nuestros corazones tan a menudo como podamos para no perder al Señor. Las cosas del mundo entran en nuestros corazones aunque no queramos. Entonces debemos vaciar nuestros corazones y pensar en la Palabra de Jesús para vivir con fe, y cuando algo va mal de nuevo, debemos volver a vaciar nuestros corazones y vivir por fe. 
Debemos seguir el camino del Señor. Le doy gracias una vez más a Jesús, nuestro Señor y nuestro Dios, quien vino a este mundo como un ser humano para salvarnos a todos.