The New Life Mission

Sermones

Tema 14: La Primera Epístola de Juan

[Capítulo 5-4] ( 1 Juan 5:1-12 ) ¿Cual es la Verdad que Nos Liberó de Todos Nuestros Pecados?

( 1 Juan 5:1-12 )
«Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida».


Los Mandamientos de Dios para Nosotros

1 Juan 5:1 nos dice que la gente que es nacida de Dios reconoce a Jesús como el Cristo. La Biblia con frecuencia menciona a Jesús por el titulo el Cristo. El titulo Cristo implica el ministerio el estatus de Jesús. Escrito está, «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios» y el título ‘Cristo’ nos informa acerca de los ministerios del Señor Jesús.
1 Juan 5:2 dice, “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos».
La Ley dada por Dios fue la Ley de la Verdad que nos hizo darnos cuenta de nuestra propia pecaminosidad (Romanos 3:20). La Ley es santa, no es injusta, distinguiendo la oscuridad de la luz. Aunque realmente amamos a Dios, somos incapaces de guardar al pie de la letra la Ley dada por Dios. Así, tenemos que darnos cuenta de cuan graves pecadores somos ante Dios. En concreto, solo llegamos a darnos cuenta de nuestra pecaminosidad a través de la Ley de Dios (Romanos 7:13). En la Ley, también podemos encontrar el sistema de sacrificios. Pero, el sistema de sacrificios, que también constituye la Ley, fue dada a los Israelitas como la ley de la salvación. La Ley era una sombra de las buenas cosas que habían de venir (Hebreos 10:1): La Ley del Antiguo Testamento era una sombra del evangelio del agua y el Espíritu del Nuevo Testamento. Por lo tanto, debemos reconocer que el amor de Dios también es el tema central de la Ley (Mateo 22:37-40).
En la primera parte de 1 Juan, el Apóstol Juan testifica el hecho de que Jesús es Dios. Y ahora él aclara que el verdadero amor hacia Dios comienza con nuestra fe en que Jesús es Cristo. Dios Padre sabe bien que sinceramente amamos al Señor. Lo que el Apóstol Jun nos esta diciendo es que la gente que ama a Dios Padre también ama a Su Hijo. La gente que cree en Dios como su Salvador también ama a los hijos de Dios.
¿Existe alguien entre los justos que aún no ama a los demás santos justos? Esta gente, que no ama a los justos, tampoco ama a Dios. Aquellos que creen en el evangelio y se aman los unos a los otros. La gente que ama a Dios guarda Sus mandamientos y también ama a los justos al igual que a las almas perdidas de todo el mundo.
Existe alguna gente que con conocimiento no ama a ls justos. Esta clase de gente tampoco ama a Dios. Como lo he mencionado frecuentemente antes, existe gente que no ama a Dios. Ellos no saben que el Amor de Dios reside en el evangelio del agua y el Espíritu, y en consecuencia, no cree en este evangelio.
Sin embargo, el Apóstol Juan nos dice a todos nosotros, «En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos» (1 Juan 5:2). Debido a que todos los mandamientos de Dios son apropiados para los justos, Dios nos ha ordenado hacerlo unos a otros. Es lo correcto que nos amemos unos a otros.


¿Quién es la Gente que Vence este Mundo?

Veamos 1 Juan 5:4, «Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe».
Si resumimos el capítulo 5 de 1 Juan, sería “la gente que vence al mundo es aquella que cree en el evangelio del agua y el Espíritu”. Somos capaces de explicar y de conocer la fe que vence al mundo a través del evangelio del agua y el Espíritu.
Juan continua diciendo que la gente que cree en Jesús como el Hijo de Dios vence al mundo (1 Juan 5:5). Si vamos a vencer el mundo, tenemos que poseer la fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Mucha gente conoce y profesa que Jesús es el Hijo de Dios con sus labios. Sin embargo, el problema es que existe poca gente que sabe y que cree que fundamentalmente Jesucristo es Dios, quién vino a este mundo por el evangelio del agua y el espíritu. Tenemos que creer que Jesús fundamentalmente es Dios. También tenemos que creer en todas las obras que Jesús ha realizado por amor a nuestra salvación.
Lo esencial que debemos saber es que Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautismo en el Río Jordán para que Él pudiera tomar los pecados del mundo sobre Sí Mismo antes de ser crucificado sobre la Cruz. Sin embargo, un gran problema es que mucha gente no se ha dado cuenta de este hecho. A partir de aquí, tenemos que captar rápidamente que el bautismo fue para tomar los pecados de este mundo sobre Sí Mismo de una sola vez antes de que Él fuera crucificado sobre la Cruz. Saber y creer en Jesucristo como nuestro Salvador, quién vino a este mundo por el evangelio del agua y el Espíritu, es demasiado importante para borrar todos nuestros pecados.


Nuestro Señor nos ha Salvado, a Quiénes Somos Como Cañas Cascadas

La carne, que tú y yo poseemos, ciertamente es muy débil. La Biblia habla acerca de la debilidad de nuestra carne, «El hombre, como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo, Que pasó el viento por ella, y pereció, Y su lugar no la conocerá más» (Salmo 103:15-16). Tú y yo, mi querido compañero creyente, somos nada más que gente que vive sus vidas como la hierba, cayendo y tropezando constantemente en nuestras vidas solo para dejar este mundo cuando el viento del invierno llegue soplando.
Sin embargo, nuestro Señor tuvo misericordia de nosotros, y sanó nuestras heridas, golpes y las llagas podridas (Isaías 1:6) con Su Verdad de la salvación; «No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia» (Isaías 42:3). Tenemos que reconocer que somos seres como la hierba ante Dios y creemos en el evangelio del agua y el Espíritu con todo nuestro corazón.
Nuestra carne es nada en lo absoluto. ¿Podríamos en esta carne an débil vencer al mundo, todos nuestros pecados y el juicio de Dios? Esto es imposible con la voluntad de nuestra carne. Pero, la fe para permanecer firme ante Dios esta condensada en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Así, la gente que cree en la Verdad de este evangelio puede vencer este mundo con su fe.
Entonces, ¿que nos capacita para estar seguros de nuestra salvación? Es el conocimiento de Jesucristo como nuestro Señor y salvador personal, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. Creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, podemos vencer a Satanás, a los falsos profetas y todas nuestras debilidades personales. El Señor es nuestro Salvador quién vino a nosotros por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. ¿Quién puede vencer al mundo, si no es a través de la fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, el cual nos ha sido dado por Jesucristo? Nadie sería capaz de vencer al mundo sin la fe en este evangelio verdadero.
Ciertamente yo te digo a ti que nadie puede vencer al mundo o al Demonio sin la fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Vencer al mundo implica que derrotamos al Demonio que reina en este mundo. También significa que vencemos todos los pecados que nos oprimen a través de nuestra fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Básicamente, vencemos todas las opresiones de nuestros pecados a través de nuestra fe en este verdadero evangelio.
I Juan 5:6 afirma, «Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad».
Mis queridos compañeros creyentes, la Biblia da testimonio de la esencia de nuestra fe que vence al mundo. Jesús nos ha capacitado para vencer al mundo cuando creemos que Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista y fue crucificado en la Cruz por amor a nosotros. Nuestro Señor nos ha dado la verdadera salvación.
Juan 3:3-5 nos dice que tenemos que nacer de nuevo por el agua y el Espíritu para ver y entrar en el Reino de Dios. Podemos vencer todos los pecados de este mundo triunfantemente y recibir la vida eterna, cuando creemos en Jesucristo, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. En otras palabras, podemos entrar en el Reino de Dios creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
Dios es verdadero y fiel, Él nos ayuda a creer en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual tiene el poder de vencer al mundo, y en consecuencia nos concede la salvación y la vida eterna. Para nosotros el vencer el mundo significa vencer el problema del pecado a través de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu pueden ser liberados de todos los pecados del mundo. Pero, ¿cuánta gente continúa cometiendo graves pecados ante Dios al no creer en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual nos ha dado Dios a todos nosotros? No existe una sola alma que pueda escapar victoriosamente de sus propios pecados creyendo solamente en la sangre que Jesucristo derramó sobre la Cruz.
La razón por la cual Jesucristo pudo ser nuestro Salvador sin importar nuestra propia fuerza o la falta de ella se haya en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual nos ha liberado de todos los pecados del mundo y de todo el juicio merecido por estos pecados. Es por ello que tenemos que recibir la verdadera salvación de Dios creyendo en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu. El Señor es Señor y Salvador, y el Rey de la Verdad, quién vino a este mundo para liberarnos a todos nosotros los pecadores de todos nuestros pecados. Al creer en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, somos capaces de llegar a ser los campeones finales y vencer al mundo, a nuestros enemigos, nuestras debilidades y el juicio por todos nuestros pecados.


Los Discípulos de Jesús Interpretaban el “Agua” en la Biblia como el Bautismo que Jesús Recibió de Juan el Bautista

El Apóstol Juan testifica que Jesucristo, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu santo, es el Salvador y es Dios Mismo. La esencia de su testimonio es la Verdad de la remisión del pecado, que pertenece al agua, la sangre y el Espíritu Santo.
En la Biblia, “agua” significa el bautismo que nuestro Señor Jesús recibió para liberarnos de los pecados del mundo. El retrato completo de Su salvación es que Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista para salvar a los pecadores de sus pecados, llevó los pecados del mundo hasta la Cruz, en donde fue crucificado a muerte, pero resucitó de entre los muertos para liberarnos de los pecados del mundo de una vez por todas. Jesús vino a este mundo y recibió el bautismo del representante de toda la humanidad, Juan el bautista, para transferir los pecados de este mundo sobre Sí Mismo.
Jesús pudo tomar los pecados de este mundo sobre Sí Mismo a través del bautismo que Él recibió de Juan el Bautista. De otra manera, era imposible transferir todos nuestros pecados sobre Jesucristo. Por lo tanto, cuando Él recibió el bautismo de Juan el Bautista, Jesús dijo, «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia» (Mateo 3:15).
Por recibir el bautismo de Juan el Bautista, Jesús de la manera más apropiada y justificable tomó los pecados del mundo sobre Sí Mismo. También significa que no se hubiese realizado toda la justicia, si Jesús no hubiese recibido el bautismo de Juan el Bautista para transferir todos los pecados del mundo sobre Sí Mismo. Es por ello que Jesús dijo justo antes de Su bautismo, «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia» (Mateo 3:15). Definitivamente Jesús se ha convertido en nuestro Salvador al recibir el bautismo de Juan el Bautista, a través de este método Jesús tomó los pecados de la humanidad sobre Sí Mismo de una sola vez, y al derramar Su sangre sobre la Cruz. Si Jesús no hubiera hecho eso, nosotros los que creemos en Jesús como nuestro Salvador no hubiésemos sido capaces de escapar de nuestros pecados.
Queridos compañeros creyentes, ya que estamos en nuestra carne débil, no podemos evitar continuar pecando hasta el día en que morimos. Existen ocasiones en las que estamos oprimidos por el peso de nuestra conciencia culpable debido a los pecados que hemos cometido en este mundo. Inevitablemente somos pecadores que no nos atrevemos a permanecer firmes delante de Dios debido a que nuestras conciencias nos condenan por la culpa. Sin embargo, el evangelio del agua y el Espíritu nos libera de esa situación. Si conocemos y creemos en la Verdad de este evangelio, recibimos la vida eterna junto con la remisión de nuestros pecados.
El Apóstol Juan dijo, «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad» (1 Juan 5:5-6).
El Señor es nuestro Salvador, quién vino por el agua y por la sangre. Para liberarnos de los pecados que cometimos, cometemos y cometeremos desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos, Jesús pagó el precio total por nuestros pecados, el cual es muerte, al recibir el bautismo de Juan el Bautista y siendo crucificado sobre la Cruz hasta la muerte. Al hacer eso, el Señor nos ha salvado completamente al convertirse en el Cordero de Dios, quién cargó el pecado del mundo. Y Él ha dado vida nueva y la remisión del pecado como regalos gratuitos para nosotros los que creemos en esta Verdad. Ahora, podemos vencer a Satanás y a sus seguidores por nuestra fe que profesa a Jesucristo como nuestro verdadero Salvador, quién vino por el agua y por la sangre.


Tenemos que Creer en Jesucristo como Nuestro Salvador de Todo Corazón Después de Mirarnos a Nosotros Mismos

Queridos compañeros creyentes, debido a que somos débiles e insuficientes, constantemente cometemos pecados en nuestras vidas cotidianas, somos tan fácilmente afectados por las circunstancias que encaramos. Cuando pasamos frente a un restaurante mientras que tenemos hambre, naturalmente nos damos cuenta de nuestro deseo de comer. Cuando vemos en la televisión un comercial de una bebida fría que puede apagar nuestra sed, nos damos cuenta de nuestro deseo de consumir esa bebida. De la misma manera, cuando un hombre mira en la televisión a una muchacha desnuda, un pensamiento lascivo seguramente es provocado en su corazón. Lo que vemos incita directamente nuestros apetitos y deseos. ¿Qué tan propensos somos de cometer pecados a través de toda nuestra vida cuando de hecho poseemos la materia prima para el pecado en nuestro corazón? Cada uno de nosotros es un ser pecaminoso.
¿Cuantos pecados has cometido ante Dios? Queridos compañeros creyentes, fundamentalmente somos hechos de polvo. Si derramas agua sobre el polvo, el polvo absorbe el agua. El polvo tiene la cualidad de absorber cualquier fluido. Sin importar si derramo agua, orines, excremento o agua sucia, el polvo absorbe todo lo que le cae. ¿Cuánto pecado absorbemos debido a la debilidad de nuestra carne?
Somos graves pecadores, gente cargada con iniquidad, una rama de hacedores de maldad e hijos que son corruptos (Isaías 1:4). Sin embargo, debemos reconocer que somos capaces de tener una fe fuerte en nuestra perfecta salvación creyendo en Su Palabra de la Verdad. Esa Palabra es la Palabra de Dios que fue hablada a través del evangelio del agua y el Espíritu. Podemos ganar una fe atrevida que vence al mundo con la Palabra de la Verdad creyendo en Jesucristo, quién vino por el agua y por la sangre.
Sin embargo, podemos escapar de todos nuestros pecados a través de nuestra fe en nuestro Señor, quién vino por el agua y por la sangre para liberarnos de nuestros pecados. Debimos haber ido al infierno por todos los pecados que hemos cometido, pero en vez de eso hemos sido guiados a la salvación por el Señor, quién recibió el bautismo y derramó Su sangre sobre la Cruz. Así, vencemos los pecados del mundo con nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Tenemos que ser atrevidos en nuestro corazón mientras vencemos al mundo. Entonces, llegaremos a alabar a Dios, diciendo, “Alabo al Señor por borrar todos mis pecados, aunque soy tan insuficiente.” También llegaremos a vivir eternamente agradecidos creyendo en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu.
Si nuestro Señor no hubiese borrado todos nuestros pecados por el agua y por la sangre, todo lo que profesamos por Jesucristo como nuestro Salvador sería en vano y no seriamos capaces de recibir una completa salvación de nuestros pecados. Una vez escuche que una persona dio toda su ropa, hasta su ropa interior, a alguien que no tenía casa. Aún si esta historia es totalmente verdad, esa persona no puede ser lavada y quedar blanca como la nieve por ese acto.
Sin importar cuantas buenas obras realicemos, no podemos escapar de todos nuestros pecados a menos que creamos en el evangelio del agua y el Espíritu ya que no podemos evitar cometer pecados a través de nuestras vidas. Pero Dios ha abierto un camino nuevo y vivo que nos permite entrar a Su Reino solo por fe. Dios así lo ha determinado que podemos ser lavados de nuestros pecados solamente a través del evangelio del agua y el Espíritu, sabemos esto por la palabra, que afirma, «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan 3:5).


Yo les Digo a los Evangélicos

Queridos compañeros Cristianos, mucha gente en estos días se auto-declaran evangélicos. Ellos creen e insisten que la sangre de Jesús únicamente es la Verdad que salvó a los pecadores de sus pecados. Sin embargo, quiero decirles que la verdadera remisión del pecado por la fe en la Verdad del evangelio solo es posible porque Jesús el Hijo de Dios vino a este mundo como nuestro Salvador, recibiendo el bautismo de Juan el Bautista que transfirió los pecados del mundo sobre Él y muriendo sobre la Cruz mientras derramaba Su sangre. Por lo tanto, primero deben conocer el evangelio del agua y el Espíritu.
Continuamos pecando mientras estamos vivos. Sin embargo, a través del evangelio del agua y el Espíritu, todos nuestros pecados fueron eliminados para siempre ya que fueron transferidos a Jesucristo de una sola vez. Aunque esta afirmación pudiera verse contraria a la Verdad de Dios, Dios nos aceptó por toda la eternidad ya que el Señor ha borrado todos nuestros pecados.
Cuando pecamos, nuestra conciencia puede agonizar debido al sentimiento de culpa. No nos sentimos bien mientras continuamos pecando, aunque hemos recibido la remisión de nuestros pecados a través de la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Aún así, el Señor nos ha dado la Palabra de la Verdad que lava nuestros corazones hasta dejarlos totalmente limpios. La Palabra de la Verdad del evangelio es “Jesús vino a este mundo y recibió el bautismo de Juan el bautista y derramó Su sangre sobre la Cruz.”
La Biblia enfatiza a Juan el Bautista juntamente con Jesús. Jesús tomó todos los pecados de toda la humanidad y cumplió toda la justicia de Dios al recibir el bautismo de Juan el bautista, el mayor entre los nacidos de mujer (Mateo 11:11) y el representante de toda la humanidad. Lo que estoy diciendo es que Jesucristo pudo realizar toda la justicia de Dios al recibir el bautismo de Juan el Bautista y al derramar Su sangre sobre la Cruz.
Cuando Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista, es cierto que los pecados que cometemos a través de toda nuestra vida fueron transferidos sobre Jesucristo. Así, Juan el bautista clamó al día siguiente del bautismo de Jesús, «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29).
También es cierto que Jesús recibió el juicio por todos los pecados del mundo al tomarlos sobre Sí Mismo a través del bautismo y llevando esos pecados fue crucificado sobre la Cruz mientras que Él sangró hasta morir. Mientras Jesús moría sobre la Cruz, Él expresó las palabras, “Consumado es” (Juan 19:30). Al tercer día, Jesús resucitó de entre los muertos y dio testimonio a la gente de Su resurrección durante 40 días. Aún vivo hasta este día, Jesús ascendió al Cielo para sentarse a la diestra del Trono de Dios Padre.
El Señor aún provee hasta este momento la fe para vencer al mundo a aquellos que creen en Jesucristo, quién ha abolido todos nuestros pecados por el agua y por la sangre. La fe que nos permite vencer todas nuestras debilidades y nuestros vergonzosos pecados esta en el evangelio del agua y el Espíritu. Al creer en el evangelio del agua y el Espíritu en nuestro corazón, somos libres de nuestro pasado pecaminoso, habiendo recibido la fe atrevida para vivir nuestras vidas más enfáticamente. Nuestro Señor ha venido a este mundo por el agua y por la sangre para borrar todos nuestros pecados y completarnos en la verdadera salvación.
Es cierto que nuestro Señor tomó todos los pecados de toda la humanidad sobre Sí Mismo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Por lo tanto, si rechazas el amor de Dios al negar el evangelio del agua y el Espíritu, dirás lo siguiente de un corazón que renuncia a la Verdad: “Yo no necesito la Verdad de que Juan el Bautista bautizó a Jesús. El creer en la sangre es suficiente para mí. He sido perdonado de todos mis pecados por mi fe únicamente en la sangre de Jesús. Cualquier pecado que cometa en mi vida puede ser lavado por la sangre de Cristo.”
Aún así, si alguien fuese tan necia como esta persona, esa persona no podría escapar el juicio de Dios por todos sus pecados. ¿Crees en el evangelio del agua y el Espíritu que transfirió todos tus pecados por el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista? ¿Cómo puede tu conciencia estar limpia si no has transferido tus pecados sobre Jesucristo creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu? A parir de aquí, la segunda parte del versículo de 1 Pedro 3:21 declara que Su bautismo nos salva, «no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios».
Jesús ha tomado todos nuestros pecados de una vez por todas al recibir el bautismo, el cual transfirió todos los pecados del mundo sobre Su cuerpo. Y Jesús completó nuestra salvación de una vez por todas, al recibir el juicio por todos nuestros pecados al ser crucificado sobre la Cruz y derramando Su sangre hasta morir. Así, tú y yo tenemos que saber que podemos recibir nuestra salvación de todos nuestros pecados de una sola vez creyendo en el bautismo que Jesucristo recibió y por la sangre que Él derramó sobre la Cruz. Si creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, recibimos nuestra salvación de todos nuestros pecados de una sola vez y podemos acercarnos atrevidamente ante Dios con una conciencia buena y pura.
Queridos compañeros Cristianos, deberíamos estar avergonzados si pensamos acerca de los pecados que hemos cometido delante de Dios. Sin embargo, ya que Jesucristo ha recibido el juicio sobre la Cruz por nuestros pecados, después de que estos fueron transferidos sobre Él a través del bautismo que Él recibió de Juan el Bautista, creyendo en Su bautismo, no solo nuestra conciencia sino nuestra alma puede estar confiada delante de Dios, sin ninguna vergüenza. Si hemos cometido un pecado en este mundo, habremos cometido un pecado contra Dios. Pero, Jesús fue crucificado sobre la Cruz debido a que Él había tomado todos nuestros pecados sobre Sí Mismo por el bautismo que Él recibió de Juan el Bautista. Por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, hemos recibido nuestra salvación y podemos estar confiadamente delante de Dios con una buena conciencia. Queridos compañeros creyentes, ¿lo entienden? Yo espero que ahora ustedes crean en el evangelio del agua y el Espíritu con todo su corazón.
¿Piensas que el Señor no sabía que constantemente cometemos pecados en frente de Él? Él es el Dios omnisciente. Debido a que Él sabía que constantemente caeríamos en pecado en este mundo, el Señor ha tomado todos nuestros pecados sin excepción sobre Sí Mismo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Debido a que en nosotros tenemos los meritos de nuestro justo Señor, nuestro Dios, y debido a que es seguro que Él ha tomado sobre Sí Mismo aún los pecados que cometeré en el futuro, puedo acercarme a Dios Padre confiadamente con una buena conciencia. Queridos compañeros creyentes, el poder para vencer este mundo se haya en la fe en Jesucristo, quién vino a nosotros por el agua y por la sangre. El Señor no nos ha salvado solamente por la sangre.


Recibimos la Remisión de Nuestros Pecados, Cuando Tenemos Fe en la Verdad que nos Permite Vencer al Mundo

Lo que tenemos que saber es que no podemos vencer al mundo o a nosotros mismos, si no creemos en Jesucristo, quién vino por el agua y por la sangre. Queridos compañeros creyentes, si desean vencer al mundo, tienen que creer que sus pecados fueron transferidos sobre Jesús cuando Él recibió el bautismo y que todo el juicio por tus pecados terminó.
So contemplamos toda la Palabra de Dios cuidadosamente, nos damos cuenta que la Biblia no menciona solamente la sangre de Jesús sobre la Cruz. Sin embargo, todas las doctrinas Cristianas solo hablan acerca de la sangre sobre la Cruz. Aún los himnos contienen solo la alabanza a la sangre de Jesús. 
Sin embargo, la Biblia nos dice en Tito 3:5, «por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo». Una frase en Hebreos dice, «lavados los cuerpos con agua pura» (Hebreos 10:22). En Gálatas, la Biblia menciona, «porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos» (Gálatas 3:27). En Romanos 6, dice que hemos muerto con Cristo en Su bautismo y también hemos resucitado juntamente con Cristo. Efesios 4:5 declara la importancia de nuestra fe en el bautismo de Jesús diciendo, «un Señor, una fe, un bautismo». Junto con Hebreos 6:1-3, estos versículos ni siquiera mencionan la sangre de Jesús.
Queridos creyentes Cristianos, la sangre de Jesús está llena de significado sobre la premisa del bautismo de Jesucristo. El bautismo que Jesús recibió fue el proceso a través del cual nuestro Señor tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo, mientras que la preciosa sangre que Jesús derramó sobre la Cruz fue el regimiento vicario del juicio por todos nuestros pecados. Jesús tomó sobre Sí Mismo tus pecados y los míos, y murió sobre la Cruz derramando Su sangre, a través de la cual Él recibió el juicio por todos los pecados de toda la humanidad.
El primer vento público del ministerio de Jesús fue que Él recibiera el bautismo en el Río Jordán. Jesús tomó sobre Sí Mismo todos los pecados de toda la humanidad al recibir el bautismo de Juan el Bautista.
Mateo 3:15 menciona, “porque así conviene que cumplamos toda justicia.” La palabra “porque así” es ‘οϋτως γάρ’ en Griego, que significa ‘solo de esta manera,’ ‘lo más apropiado,’ o ‘no hay otra forma aparte de esto.’ Esta palabra muestra que Jesús irreversiblemente tomó los pecados de la humanidad sobre Él a través del bautismo que Él recibió de Juan. Y ‘Toda justicia’ en Griego antiguo es ‘πάσαν δικαιοσυνην,’ que significa el estado más justo que no tiene ningún defecto.
El bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista fue el método más apropiado por el cual el Señor pudo tomar nuestros pecados sobre Sí Mismo. Además, al morir sobre la Cruz, Jesús nos liberó a ti y a mí de todos nuestros pecados. Queridos compañeros creyentes, la fe, que nos hace, a quienes somos débiles, permanecer confiadamente y vencer al mundo, es nuestra fe en Jesucristo, quién vino por el agua y por la sangre. Al tener tal fe, podemos estar sin vergüenza delante de Dios a través de nuestra fe en Jesucristo como nuestro Salvador. Solo Dios pudo realizar tal obra.
Tú puedes trabajar ante Dios sin vergüenza solo si tu conciencia esta libre de culpa ante Él. Por lo tanto, no existe una sola persona en este mundo, que pueda permanecer confiadamente ante Dios sin creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Nadie podría permanecer confiadamente delante de Dios, si no fuese por el bautismo que Jesús recibió y por la sangre de la Cruz. Unilateralmente esto es verdad para el Apóstol Juan, para mí y para ti, mis queridos compañeros creyentes.
No somos capaces de entregarnos a la obra de Dios, si nuestro Señor no hubiera venido por el agua y por la sangre. Si nuestro Señor no hubiese hecho eso, no seriamos capaces de recibir la remisión de nuestros pecados. Más bien, recibiríamos condenación eterna de acuerdo a nuestros pecados. Queridos compañeros creyentes, no serias capaz de servir al Señor con la confianza con que lo haces ahora, si no hubieras creído en la Palabra del agua y el Espíritu. Esto Essen lugar a dudas la verdad debido a que siempre somos débiles.
Existen muchas ocasiones para que nos estresemos en este mundo. Existen muchas ocasiones en que el estrés nos satura más allá del control de nuestros cuerpos. Cuando estamos con demasiado estrés, nos dan migrañas y nuestros cuerpos también se duelen. Si caemos en tal predicamento, perdemos la pasión para hacer algo, y solamente buscamos servir a nuestra carne. Cuando nuestros cuerpos tienen necesidad de cuidado, perdemos la razón y perdemos toda la pasión. Así, para vencer al mundo con certeza, tenemos que creer en el evangelio dado por el Señor del agua y el Espíritu.


¿Quiénes son las Personas que Reciben Todas las Bendiciones Celestiales de Dios?

Hemos sido capaces de servir al Señor hasta ahora debido a que creemos en Jesucristo, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. Debido a que creemos en la Palabra del evangelio, podemos llegar a ser justos ante Dios, decirle a Dios “Abba Padre” con una buena conciencia, y orar al Señor gritando, “Señor, por favor ayúdame.” La fe del Apóstol Juan estaba en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu Santo.
Aún si todos en el mundo entero creen solamente en la sangre de la Cruz como la salvación, recibiremos la vida eterna creyendo en Jesucristo, quién vino por el agua y por la sangre, tal como lo menciona la Biblia. No somos religiosos dogmáticos sino que tenemos el fundamento de nuestra fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu manifestada en la Biblia. Tenemos que creer basados en la Palabra de la Verdad como lo explican las Escrituras. Durante el tiempo del ministerio de Jesús, todos Sus discípulos sabían y creían en Jesucristo, quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu.
¿Como podemos ser crucificados con Jesucristo sin unirnos a Él? ¿Cómo podemos unirnos a Él sin tener fe en Su bautismo? Así, el Apóstol Pablo dice, «porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos» (Gálatas 3:27). Nuevamente afirma, «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20).
Queridos compañeros creyentes, existen muchas obras en el mundo que van más allá de nuestras habilidades. Yo tenía dos jóvenes sobrinos cuando nací de nuevo. Ellos necesitaban mi asistencia económica, pero no tenía lo material ni el tiempo. Si iba a ayudara mis sobrinos, tenía que ganar mucho dinero. Pero, yo ya había dedicado mi vida como siervo de Dios. No sabía que hacer en esa situación en ese momento. No podía hacer otra cosa más que orar, “Señor, por favor ayuda a mis sobrinos por mí. Y derrama Tus abundantes bendiciones sobre ellos.” entonces llegué a darme cuenta de la Verdad que cuando yo morí con Jesucristo mi vieja naturaleza también murió. Para vivir nuestras vidas en dirección al Señor, no existe otro camino para nosotros más que el de distanciarnos de nuestras viejas relaciones.
¿Que haces cuando te hayas en tal predicamento? Esos son las ocasiones, en que tenemos que volvernos a Jesucristo. Podemos confiadamente dedicarnos nosotros mismos a las tareas que nos son asignadas a nosotros por la fe en nuestro Señor. La Palabra del evangelio del agua y el Espíritu nos dice que Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista en donde tomó nuestros pecados sobre Sí Mismo, y al llevar nuestros pecados sobre Sí Mismo Jesús murió sobre la Cruz por nosotros recibiendo el juicio por todos nuestros pecados, y Jesús resucitó de entre los muertos. Como tal, podemos trabajar confiadamente por nuestra fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.
¿Que haces, cuando realmente tienes que ayudar a alguien pero no puedes? ¿Neciamente harás lo que no puedes hacer en tu carne? En esos momentos, tenemos que elevar una oración de petición, «Señor, mi vieja naturaleza ya esta muerta. Ya no soy yo quien vivo, sino Tú quién vives en mí. Señor, por favor ayuda a esta persona por mí. Señor, yo no puedo hacerlo. Difícilmente tengo tiempo de servirte a Ti, mí Señor».
Queridos compañeros creyentes, podemos tener la fe para morir y vivir de Nuevo con Jesucristo ya que creemos en el bautismo de Jesús y en la sangre de la Cruz. Si vas a profesar que no tienes pecado no solamente con tus labios sino confiadamente con una conciencia clara, tienes que creer en el bautismo que Jesús recibió y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz. Cree que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo de una vez por todas al recibir Su bautismo. El Señor definitivamente le dijo al Juan el Bautista, «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia» (Mateo 3:15).
Cuando creemos que todos nuestros pecados fueron transferidos sobre Jesucristo por Su bautismo, nuestra conciencia es aclarada por nuestra fe. Borramos nuestros pecados creyendo que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo. Si, por casualidad, nuestros pecados no fueron transferidos sobre Jesús por el bautismo que Él recibió, aún tendríamos nuestros pecados intactos en nuestro corazón. Y si nuestros pecados no fueron borrados, no importa cuanto creamos en la muerte de nuestro Señor sobre la Cruz. Por lo tanto, debemos rechazar la fe de aquellos que solamente creen en la sangre de la Cruz sin el bautismo que Jesús recibió. Somos creyentes del evangelio del agua y el Espíritu. Por esta fe, hemos recibido todas las bendiciones celestiales de Dios.


¿Cómo Puedes Lidiar con tus Pecados Cotidianos?

El Señor nos ha dicho en Juan 8:32, «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». La verdadera libertad se asienta en nuestro corazón, cuando conocemos y creemos en la Verdad de la salvación, la cual vino por el agua y por la sangre. Ya que nuestros pecados, los cuales cometemos a través de toda nuestra vida, fueron transferidos sobre Jesucristo por Su bautismo, tenemos en nosotros la verdadera libertad espiritual. Nosotros, quienes creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, hemos recibido la salvación de nuestros pecados y somos libres en nuestra en la Verdad, debido a que Jesús recibió el bautismo, murió sobre la Cruz para recibir el juicio por nuestros pecados, y resucitó de entre los muertos.
Como tal, nuestra conciencia de fe puede llegar a estar confiada creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. En nuestro viaje espiritual, no debemos mirar atrás sino más bien soltar toda la condenación y el juicio por nuestros pecados ante el Señor. Al hacer eso, podemos vivir como nueva creación ahora en el presente y en el futuro, en vez de estar atados a nuestro pasado. Este es el poder de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. La única forma de vencer al mundo y a nuestros propios errores es por la fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Gracias al Señor, somos capaces de ocuparnos de todos nuestros pecados creyendo en Jesucristo, quién ha borrado todos nuestros pecados.
El Apóstol Juan ha dicho en 1 Juan 5:8, «Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan».
Queridos compañeros creyentes, el agua, la sangre y el Espíritu dan testimonio de la salvación de Dios de todos nuestros pecados. Jesús es nuestro Salvador y también es nuestro Dios. Jesús nació del cuerpo de María para venir a este mundo en semejanza de hombre. A la edad de 30, Él recibió el bautismo para tomar los pecados de la humanidad sobre Sí Mismo.
Alguna gente dice que el bautismo que Jesús recibió fue simplemente un ritual sin ningún efecto real. Algunos otros dicen que Él fue bautizado para mostrar Su modestia como ejemplo. ¿También tú crees que Jesús recibió el bautismo solo porque Él era humilde? Ese sería tener un pensamiento muy necio.
Mientras los pecados fueron pasados sobre el sacrificio por la imposición de manos sobre la cabeza en los tiempos del Antiguo Testamento, el Señor no salvó en el Nuevo Testamento al recibir el bautismo de Juan el Bautista, que transfirió todos los pecados del mundo sobre Jesús. En el Día de la Expiación, el Sumo Sacerdote imponía sus manos sobre la ofrenda del sacrificio, transfiriendo todos los pecados de los Israelitas sobre el chivo expiatorio. Entonces, él degollaba la garganta del chivo expiatorio para extraer su sangre, poner su sangre sobre los cuernos del altar, y rociarla sobre el propiciatorio y detrás del propiciatorio dentro del Lugar Santísimo (Levítico 16).
¿Que significa todo esto? El Antiguo Testamento es la sombra del Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento es la realización del Antiguo Testamento. Y así como hubo la imposición de manos en el Antiguo Testamento, existe el bautismo en el Nuevo Testamento. Jesucristo ha llegado a ser nuestro Salvador en el tiempo del Nuevo Testamento al venir a este mundo y recibir el bautismo de Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad, llevando los pecados del mundo hasta la Cruz, en donde Él fue crucificado y murió, y resucitó de entre los muertos. Este evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que nos ha liberado de todos nuestros pecados.
He estudiado teología durante 10 años. La conclusión a la que llegue después de mis estudios es que, a pesar de las diferencias en las doctrinas, cada denominación enfatiza decidida y únicamente la preciosa sangre derramada sobre la Cruz. Casi todos los Cristianos profesan un estereotipo de que son salvos de una vez por todas creyendo en la sangre de la Cruz. Pero hablando honestamente, no pueden resolver el problema del pecado intacto en su corazón por medio de tal doctrina falsa. Finalmente, para obtener una emancipación total de todos los pecados, tienen que abogar por otra doctrina falsa, la llamada “doctrina de la santificación”. Sin embargo, estas doctrinas salieron de los pensamientos humanos y no estaban basados sobre la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.
Queridos compañeros creyentes, ¿alguna vez has experimentado que tus pecados han sido borrados por tus oraciones de arrepentimiento, como lo profesan los Cristianos de la actualidad? Las oraciones de arrepentimiento nunca podrán borrar tus pecados. Nuestros pecados son borrados por la Palabra de la Verdad que Jesús ha completado al tomar todos nuestros pecados mundanos sobre Sí Mismo a través de Su bautismo y por el derramamiento de Su sangre sobre la Cruz. Al creer en Jesucristo, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo, nuestros pecados y el juicio por nuestros pecados son anulados. Ya que nuestros pecados fueron transferidos sobre Jesús, nuestras almas han llegado a recibir también la remisión del pecado así como la vida eterna.
¿Como hubiésemos hecho para que nuestros pecados fuesen borrados, si nuestro Señor no hubiese recibido el bautismo de Juan el Bautista, tomando los pecados sobre Sí Mismo, y si no hubiese muerto sobre la Cruz? Ya no tenemos pecado en nosotros porque Jesús, cuando Él recibió el bautismo, tomó sobre Sí Mismo aún nuestros pecados del futuro que todavía no cometemos, los cuales cometemos después de haber recibido la remisión de nuestros pecados. Nosotros, los que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, estamos sin pecado por nuestra fe en este evangelio.
Juan 13 ilustra un episodio, en donde Jesús lavó los pies de Pedro y de los otros discípulos. Cuando Jesús iba a lavar los pies de Pedro, Jesús dijo, «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13:7).
Cuando el Señor dijo, “Estate quieto para que pueda lavar tus pies,” Pedro replicó, “No te dejare. Nunca podrás lavar mis pies.”
“Si no lavo tus pies, no tendrás parte Conmigo”.
“Si es así, Señor, lava todo mi cuerpo”.
“Aquel que ya se bañado solo necesita lavar sus pies”.
Así, Pedro presentó sus pies a Jesús, y el Señor lavó sus pies.
Poco después de este incidente, Jesús fue capturado por los soldados y los oficiales de los sacerdotes principales y por los Fariseos, fue entregado a las autoridades Romanas, y le fue dada la pena capital. En ese tiempo, Pedro junto con otro discípulo siguió a Jesús hasta el patio del Sumo Sacerdote. Pedro había prometido al Señor que no lo negaría aún si los demás lo hacían. Pedro estaba determinado a seguir a Jesús, aún si eso significara su muerte. Cuando los demás discípulos huyeron por temor de ser reconocidos como Sus bandidos, Pedro siguió a Jesús hasta el patio de Pilatos, Pedro estaba sentado cerca del fuego, preocupado por lo que le pasara al Señor. Sin embargo, Pedro negro a Jesús tres veces siempre que fue acusado.
Jesús estaba observando la cara de Pedro en el mismo momento en que lo negó. Pedro recordó las palabras de Jesús que afirmaron, “antes que el gallo cante, me negarás tres veces” (Mateo 26:34).
Jesús murió sobre la Cruz por nosotros después de exclamar, «Consumado es» (Juan 19:30). Pero Él resucitó de entre los muertos al tercer día. Después de Su resurrección, Jesús se encontró con Pedro y con Sus otros discípulos. Sin embargo, Pedro llevó a los otros discípulos hacia el Mar de Galilea, donde regreso a su antigua ocupación de pescador, él regresó a casa desesperado y trató de hallar consuelo para su corazón por medio de la pesca.
La justicia de Pedro estaba destruida ya que no pudo guardar su promesa de seguir a Jesús sin negarlo, aún si eso significaba su propia muerte. El corazón de Pedro estaba atribulado ya que Jesús lo miro antes de ser crucificado sobre la Cruz, para morir desangrado. Pedro ya no siguió a Jesús se dio por vencido y en vez de eso se hallaba pescando junto con los otros discípulos, sin mucho éxito.
En ese momento, Jesús permaneció en la orilla y les dijo, «Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis» (Juan 21:6). Mientras los discípulos seguían las instrucciones de Jesús, pescaron 153 pescados. Y ya que las redes estaban a punto de romperse, yo me imagino que atraparon peces muy grandes. Para entonces, los discípulos estaban sorprendidos y reconocieron a Jesús. “Es el Señor Jesús.” Pedro saltó al agua después de vestirse (ya que se la había quitado), y se lanzó al mar. Jesús Mismo se apareció ante ellos después de Su resurrección. No había nadie que dudara de Jesús aún ante la poca luz del atardecer. El Señor había preparado una fogata con carbones, donde Él estaba asando pescado y pan. Mientras los discípulos salían del mar hacia la orilla, Jesús hizo que se sentaran junto al fuego y les dio el pescado y el pan.
Entonces Jesús preguntó, «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?». Pedro no pudo evitar responder, «Sí, Señor; tú sabes que te amo» (Juan 21:15).
El Señor ya le había enseñado a Pedro mientras lavaba sus pies en la Pascua diciendo, «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13:7). Pero, Pedro no se dio cuenta del verdadero significado de estas palabras en ese momento. Esto quería decir que todos los pecados de Pedro serían lavados a través de Su bautismo y derramamiento de sangre ya que Él sabía que Pedro y los otros discípulos continuarían pecando después de que Jesús resucitara de Su muerte y ascendiera al Cielo. Debido a eso, Pedro no podía evitar decir lo que dijo: «tú sabes que te amo».
“Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?”.
“Sí, Señor; tú sabes que te amo”.
Jesús preguntó 3 veces consecutivas y Pedro no pudo evitar dar la misma respuesta tres veces. El Señor le permitió a Pedro responder así al tomar todos nuestros pecados por el bautismo que Él recibió de Juan el Bautista y por lavar nuestros pecados con la sangre de la Cruz. Algunos teólogos tratan de interpretar estos versículos buscando las palabras Griegas “άγαπάω (agapao)” y “φιλέω (phileo)” en el texto original. Eso permanece como una posibilidad.
Sin embargo, esa no es la intención del Señor. Cuando Jesús preguntó, “¿Me amas?”. Pedro respondió, “Si, Señor. Tú sabes que te amo”. Jesús le estaba recordando a Pedro acerca de la Verdad que Pedro había recibido su salvación ya que todos sus pecados fueron completamente borrados, cuando Jesús recibió el bautismo tomando todos los pecados de Pedro sobre Sí Mismo, y recibió el juicio por los pecados de Pedro sobre la Cruz de una vez por todas, y resucitó de entre los muertos.
No seriamos capaces de amar al Señor, si Él no nos hubiese salvado por el bautismo que Él recibió y por la sangre que Él derramó. Nosotros no amaos al Señor primero, sino que el Señor nos amó primero por la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. 1 Juan 4:10 dice, «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados». Si de alguna forma Jesús no tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo cuando Él recibió el bautismo de Juan el Bautista, no podemos recibir la remisión de nuestros pecados aunque creamos en el Señor como nuestro Salvador.
Somos tan débiles que no podemos evitar pecar durante toda nuestra vida. Pero, ¿cómo nos salvó nuestro Señor de todos nuestros pecados, conociendo nuestras debilidades tan bien? Jesús recibió el bautismo a la edad de 30, tomando todos los pecados del mundo sobre Sí Mismo inmediatamente. Jesús llevó todos los pecados de este mundo hasta la Cruz, muriendo una horrenda muerte mientras derramó Su sangre. Al resucitar de entre los muertos, Jesús ha llegado a ser nuestro completo Salvador.
¿En donde encontramos la evidencia de nuestra salvación de los pecados del mundo? La Escritura dice, «Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan» (1 Juan 5:8). Primeramente, Jesús es el Dios verdadero y el Hijo de Dios. Segundo, Jesús recibió el bautismo. Y tercero, Jesús derramó Su sangre sobre la Cruz. Tenemos la evidencia de nuestra salvación en tres esencias ya que Dios nos ha salvado a ti y a mí de todos nuestros pecados.
Hemos recibido nuestra salvación de todos nuestros pecados por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Jesús es el Hijo de Dios, el Creador que hizo el universo y todas las cosas en el, y es nuestro Salvador. A través del agua, Jesús tomó sobre Sí Mismo todos nuestros pecados. Llevando nuestros pecados hasta la Cruz, Jesús recibió el juicio por nuestros pecados en lugar nuestro y murió sobre la Cruz. Al resucitar de entre los muertos, Jesús nos liberó de una sola vez de todos nuestros pecados.
Así que, creyendo en Jesucristo como nuestro Salvador, hemos recibido salvación completa de todos nuestros pecados y también tenemos la fe por la cual podemos vencer al mundo. Aunque somos débiles e insuficientes, puedes llegar a ser justo sin ningún pecado, si crees en Jesús como tú Salvador y si crees en el evangelio del agua y el Espíritu. Hemos llegado a ser los hijos propios de Dios creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
El Apóstol Juan nos está diciendo que hemos recibido la evidencia de nuestra salvación ante Dios y ante la gente. Esa gente, que recibido la remisión de sus pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, tienen el testimonio en sí mismos delante de la otra gente. El testimonio de Dios es aún mayor y más certero. El testimonio de nuestra salvación por parte de Dios es mayor ya que Jesucristo, quién es Dios, nos ha salvado de todos nuestros pecados por el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu. Tenemos la más certera evidencia, la cual profesa que nuestro Señor Jesucristo nos ha salvado de nuestros pecados a través del evangelio del agua, la sangre y el Espíritu.


¿Tienes la Palabra del Testimonio de Tú Salvación?

El Apóstol Juan dice en 1 Juan 5:10, «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo». ¿Qué significa ‘tener el testimonio en sí mismo’? esto significa que un creyente tiene la fe en el agua, la sangre y el Espíritu Santo en sí mismo. ¿Tienes en tu corazón la fe en el bautismo recibido por Jesús y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz? ¿Crees que Jesús es el verdadero Dios? ¿Tienes toda esta Verdad en tú corazón?
Aquel que cree en el Hijo de Dios tiene en sí mismo la Palabra de la evidencia, que da testimonio de su salvación. ¿Cuál es esta Palabra de esta evidencia? La Palabra del agua y el Espíritu es la evidencia de todo verdadero creyente. Concretamente, la evidencia de tu salvación se haya en tu fe en la Palabra del agua, la sangre y el Espíritu Santo. Nosotros los verdaderos creyentes poseemos la fe en la Palabra de Dios, la cual lava todos nuestros pecados. Escrito está en la Palabra de Dios que hemos sido liberados de nuestros pecados.
Somos capaces de saber con certeza y de creer que todos nuestros pecados fueron transferidos sobre el Señor, cuando Él recibió el bautismo de Juan el bautista. Tenemos la evidencia de nuestra salvación concretamente en nuestra confesión de que el Señor ha llevado los pecados del mundo como el Cordeo de Dios, cuando Él recibió el bautismo de Juan el Bautista, y Él cargó los pecados del mundo hasta la Cruz, en donde Él derramó Su sangre y expresó, “Consumado es.” También tenemos la evidencia de la resurrección de nuestros cuerpos creyendo en la Palabra de que Jesús resucitó de entre los muertos.
Romanos 8:1-3, «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne».
Dios Padre transfirió nuestros pecados sobre Su propio Hijo Jesús a través del bautismo. Ya que somos incapaces de guardar la Ley debido a nuestras debilidades de la carne, Dios Padre nos salvó a ti y a mí haciendo que Su Hijo tomara nuestros pecados sobre Su propio cuerpo. Esa gente, que aún no acepta el evangelio del agua y el Espíritu con fe, les falta la evidencia de fe en la Verdad de la salvación. Sin embargo, en los corazones de aquellos que han recibido la remisión de sus pecados, el evangelio del agua y el Espíritu existe como la evidencia de la Palabra de la Verdad.
La evidencia de nuestra verdadera salvación no se haya en nuestras buenas obras, el hablar en lenguas o en los milagros. Nosotros, que somos hechos justos a través de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, no somos exactamente perfectos en nuestra conducta. Más bien, debido a que somos honestos, puros y humildes, estamos felices cuando nos tratan bien, y fácilmente nos quejamos cuando la situación no funciona a nuestro favor. Aunque nuestra conducta pueda estar llena de defectos, nuestro corazón ciertamente recibió la salvación de todos los pecados por la Palabra de Dios del agua y el Espíritu. Así, tenemos la evidencia de la Palabra de salvación en el evangelio del agua y el Espíritu. Hemos nacido de nuevo por la fe en este evangelio verdadero.
El evangelio del agua y el Espíritu ha llegado a ser la evidencia de de nuestra salvación en nuestro corazón. Todos nosotros creemos en el Señor como nuestro Salvador, quién para salvarnos de nuestros pecados ha venido a este mundo, y ha recibo el bautismo de Juan el Bautista, ha derramado Su sangre sobre la Cruz, y ha resucitado de entre los muertos. Yo creo que el Señor ha venido a este mundo por mí, que Él recibió el bautismo por mí, que Él derramó Su sangre sobre la Cruz por mí, y que Él resucitó de entre los muertos y aún vive sentado a la diestra del trono de Dios Padre. Yo confieso mi fe en esta Verdad diariamente.
Escrito está en Hebreos 10:18, «Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado». Nuestro Señor personalmente ha completado la tarea, la cual era imposible a través de la Ley, al recibir el bautismo y al derramar Su sangre. Dios Padre hizo que Su Hijo tomara todos los pecados del mundo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Y Dios hizo que Su Hijo recibiera el juicio por nuestros pecados cargando los pecados del mundo hasta la Cruz, en donde Él fue clavado. Y Dios padre levantó de nuevo a Su Hijo de entre los muertos. Dios Padre nos ha salvado a todos, los que creemos en Jesucristo como Salvador personal. Además, el Señor nos ha dado la fe para vencer al mundo, convertirnos en hijos de Dios, convertirnos en justos y recibir la vida eterna.
El evangelio del agua y el Espíritu dado por el Señor nos ha dado una fe que confía y vence al mundo. Aunque el Demonio Satanás nos ataca siempre viciosamente y somos un montón de pecados, podemos permanecer confiadamente en contra de Satanás ya que el Señor ha completado nuestra salvación al recibir el bautismo de Juan el Bautista, al morir sobre la Cruz, y debido a que Él ha llegado a ser nuestro perfecto Salvador al resucitar de entre los muertos.
Satanás el Demonio incansablemente trata de de traer acusación. Satanás el Demonio hace acusaciones basado en el más pequeño error que hayamos cometido, pero podemos vencer esas acusaciones por nuestra fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Dios, quién nos ha salvado, es más grande que Satanás.
Queridos compañeros creyentes, tú y yo fuimos capaces de obtener la fe para vencer al mundo ya que conocimos y creímos en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. El Apóstol Juan y los otros Apóstoles y discípulos fueron capaces de guardar la fe para vencer al mundo hasta que el Señor los saque de este mundo. De igual manera, somos capaces de esparcir el evangelio del agua y el Espíritu y de vencer al mundo porque creemos en Jesucristo como el Salvador, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. Tú y yo también poseemos la evidencia de nuestra salvación al creer en el evangelio del agua y el Espíritu dado por el Señor.


Por Nuestra Fe en el Evangelio del Agua y el Espíritu, Tenemos que Trabajar para el Señor y Dar Gracias a Él

Nuestra autoridad carnal no sirve de nada cuando se trata de realizar la obra de Dios. ¿Sirve de lago ser arrogante cuando se es el predicador principal? Siempre que voy a una reunión de avivamiento como el predicador principal, solamente necesito creer en la Palabra del bautismo y de la sangre de Jesús de la Cruz, y comparto la Verdad de la remisión del pecado. Yo solo predico acerca de mi fe que confiesa a Jesús como Dios y como el Hijo de Dios, y la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu esta en mi interior. Debido a que he creído en el evangelio del agua y el Espíritu y no tengo pecado, puedo conducir reuniones de avivamiento y predicar la Palabra de Dios.
Pueden declares justos y también servir al evangelio en unidad con la Iglesia de Dios ya que no tienes pecado porque has creído en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Y también podemos alabar y dar testimonio de Él debido a este verdadero evangelio. Si no tuviéramos en nuestro corazón la Palabra de la Verdad del agua y el Espíritu, no tendría ningún caso pretender creer. Si no nos tomamos de Jesucristo, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo, a través de la Palabra de Dios, somos atacados por Satanás y eventualmente nos convertiremos en sus presas.
Permítame contarle mi historia de posesión por parte de un espíritu inmundo. Ante de conocer el evangelio del agua y el Espíritu, cometí un pecado después de creer en Jesús. Entonces, las acusaciones por parte de Satanás llegaron. No podemos ver a los demonios. Sin embargo, los demonios susurraban en mis oídos. “Yo sé cuando cometiste tal pecado”. Me encontraba tan cargado por esto que no podía ni dormir ni trabajar. En ese entonces, yo solo creía en la sangre de la Cruz sin conocer el evangelio del agua y el Espíritu. Si los demonios fuesen visibles, los hubiese tumbado de una sola vez. Pero ellos no eran visibles. Los demonios me seguían a donde quiera que iba, susurrando en mis oídos, “Pecaste, ¿o no?” me seguían a la sala, al dormitorio, y aún hasta el baño.
Sin embargo, no tenía forma de vencer las acusaciones de Satanás el Demonio, ya que no conocía el evangelio del agua y el Espíritu. Pero, desde que me di cuenta de la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, he sido totalmente liberado de todos mis pecados y de todas las acusaciones. A partir de entonces, junto con mis colaboradores, he sido capaz de predicar el evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo a través del ministerio de literatura Cristiana.
¿Que nos dice la Biblia acerca de nuestra salvación de nuestros pecados? Dice que la salvación se haya en Jesucristo, quién vino por el agua y por la sangre (1 Juan 5:3-7). Queridos compañeros creyentes, ¿recibiste la salvación únicamente por la sangre de la Cruz? Para tener la fe que nos capacita para vencer al mundo, tenemos que creer en Jesucristo como nuestro Salvador, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo, debido a que Satanás y el pecado reinan sobre este mundo. Solo cuando creas en el evangelio del agua y el Espíritu puedes escapar de todas tus debilidades, venciéndonos a nosotros mismos y a nuestras debilidades. Entonces, recibirás la remisión del pecado ante Dios y serás capaz de vivir tu vida sin avergonzarte. También podemos liberar a las almas que están muriendo en los pecados del mundo por la fe en este evangelio verdadero.


Cuando me Hallaba Iniciando una Nueva Iglesia

Queridos compañeros creyentes, ¿la iglesia es un lugar para recaudar fondos? Absolutamente no. Sin embargo, mucha gente pone mayor atención en la iglesia a las ofrendas y a los diezmos. Pero si puedo compartir la Verdad de este evangelio con una sola persona, prefiero hacer eso hasta el fin del mundo.
En una ocasión comencé una nueva iglesia en una pequeña ciudad después de que nací de nuevo por el agua y el Espíritu. Ni una sola persona vino durante dos meses después de haber rentado un cuarto de adoración, lo amueblé con una cruz y un pulpito. Cada domingo, yo predicaba en este pulpito a pesar de esto.
Predicaba, “Mis queridos vecinos, ¿cómo están? Es tiempo de que compartamos la Palabra del Señor. Hoy es el Día del Señor, y esta mañana hemos venido a ofrecer nuestra adoración. El pasaje de la Escritura de hoy, el cual vamos a compartir es, 1 Juan capitulo 5. Aquí, la Biblia dice que cualquiera que nace de Dios vence al mundo. Me gustaría compartir con ustedes lo que significa este pasaje…”.
Después de predicar un sermón, terminaba la adoración con una oración y un himno. Aunque no había una sola persona, excepto yo, en cada reunión, yo hacía todo en mi creencia en el evangelio del agua y el Espíritu. Por mi fe en el evangelio del agua y el Espíritu y mi anhelo por compartir el evangelio, yo adoraba y oraba a Dios como si todos los ciudadanos de esta ciudad estuviesen presentes en el santuario: “Dios salva a todos en el mundo entero de sus pecados”.
En esa ocasión, ya que no había una sola persona en la congregación, debo haberme ridículo ante el dueño del cuarto. El lugar, en donde ministraba en la iglesia naciente, estaba cerca del mar, y el fuerte viento constantemente metía arena en el santuario. El edificio de la iglesia estaba construido con madera, y rechinaba con cada paso. Yo mismo limpiaba el santuario. Cuando veía el trapeador sucio por limpiar el santuario, oraba, “Señor, limpia las almas perdidas, sucias como este trapeador, hazlas tan blancas como la nieve otorgándoles la fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu para que lleguen a Ti”. Trapeaba el piso, ofreciendo esta oración. No importaba con que frecuencia trapeara el piso, parecía que la arena nunca desaparecía.
Cada vez que veía el trapeador sucio mientras limpiaba el piso, ofrecía una oración parecida a esta: “Tú me has convertido en esta resplandeciente novia por la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. ¡Mi Señor! Ahora, yo quiero predicar este evangelio a todo el mundo. Señor, aunque sea una sola persona, en mi ministerio, yo haré santos perfectos sin pecado y sin mancha compartiéndoles la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Señor, permíteme hacer la obra de transformar pecadores en sin pecado.” Desde entonces, Dios me ha bendecido con preciosos colaboradores y con otras almas para hacer juntos cooperando la obra de Dios.
Lo que tienes que saber es que tenemos el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista en el Nuevo Testamento, ya que existía la imposición de manos en sistema de sacrificios en el Antiguo Testamento. ¿Qué significa “bautismo”? bautizar, ‘baptizo’ en Griego, significa inmersión o sumergir bajo agua para limpiar con agua, lavarse a sí mismo, bañarse y sobrecoger. También contiene los significados espirituales de “ser sepultado y de transferencia”.
Los evangélicos de hoy tienen que conocer correctamente el bautismo de Jesús recibido de Juan el Bautista. Así los pecados de los Israelitas eran transferidos sobre el chivo expiatorio por la imposición de manos, los pecados del mundo fueron transferidos sobre Jesús cuando Él recibió el bautismo de Juan el Bautista. Los pecados de los Israelitas eran transferidos sobre la cabeza del chivo expiatorio cuando el Sumo Sacerdote imponía sus manos sobre el sacrificio y confesaba sus pecados (Levítico 16:21).
¿Quién es el chivo expiatorio en el tiempo del Nuevo Testamento? Jesús es el Cordero de Dios. Es por ello que Jesús vino a este mundo y recibió el bautismo de Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad quién también es descendiente de Aarón.
Juan el Bautista fue el último Sumo Sacerdote de la era de la Ley. A partir de aquí, el Señor dijo, «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mateo 11:12). Jesucristo automáticamente tomó los pecados del mundo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Entonces, al morir en la Cruz y al derramar Su sangre, Jesús nos liberó de los pecados del mundo. Así, el Reino de Dios ha sufrido violencia desde los tiempos de Juan el bautista. Lo que explica este pasaje de la Escritura es que, usando el bautismo de Juan el Bautista como marca, los creyentes han recibido la remisión del pecado ya que Jesús tomó los pecados del mundo de una vez por todas al recibir el bautismo. La puerta del Reino de Dios fue abierto a gran escala para el creyente verdadero de Jesús ya que Él recibió el bautismo de Juan el bautista, murió sobre la Cruz, y resucitó de entre los muertos.


La Remisión del Pecado Viene de la Fe en el Evangelio del Agua y el Espíritu, en Ambos, en el Pasado y en el Futuro

Así como la gente en el tiempo del Antiguo Testamento recibía la remisión del pecado transfiriendo sus pecados sobre el chivo expiatorio a través de la imposición de manos y al derramar su sangre degollándolo, nosotros recibimos la remisión del pecado creyendo en Jesucristo, quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu.
Jesús ciertamente s nuestro Salvador. Él vino a este mundo hace como 2,000 años, y a la edad de 30 recibió el bautismo de Juan el Bautista, por ello Él tomó los pecados del mundo sobre Sí Mismo. Él derramó Su sangre muriendo sobre la Cruz para que tú y yo pudiéramos recibir la salvación. Recibimos la salvación de todos nuestros pecados conociendo y creyendo en Jesucristo quién vino por el agua y por la sangre. Por lo tanto, nuestra remisión del pecado en el tiempo pasado perfecto. ¿¿Cómo llegamos a saber y a creer en Jesucristo?
Dios hizo que naciéramos de nuevo y que le conociéramos a Él dándonos el evangelio del agua y el Espíritu. Por lo tanto, el Apóstol Juan afirma, «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo» (1 Juan 5:10). Él que cree en el Hijo de Dios como el verdadero Salvador, tiene la evidencia de su salvación creyendo en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Él que no cree en la justicia de Dios, realmente convierte a Dios en mentiroso.
Queridos compañeros creyentes, ¿lo que estoy compartiendo con ustedes la Palabra de Dios o mis propios pensamientos? No es ni mi doctrina ni mi pensamiento sino la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Existe mucha gente en el mundo que critica el evangelio del agua y el Espíritu sin reconocerlo. El Señor dijo, «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6). La Verdad de la salvación es una. No pueden existir dos Verdades de la salvación. La Verdad de Dios es exclusiva y no puede haber dos.
Tenemos que creer en Jesús conociendo correctamente la Palabra de la Biblia. Supongamos que vamos a tomar un examen de opción múltiple sobre nuestro conocimiento y fe en Jesús como Salvador nuestro con cinco opciones diferentes por pregunta. Entonces, tenemos que conocer la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu para contestar las preguntas correctamente. Yo espero que no digas que la sangre de la Cruz por si sola es la respuesta suficiente tan solo porque mucha gente cree en ella como la única fuente de salvación. La respuesta correcta para una pregunta de opción múltiple no se decide por un voto mayoritario. Así, para responder correctamente, tenemos que conocer la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, como esta escrita en la Biblia.
Nunca debes convertir a Dios en mentiroso. Jesús ciertamente ha borrado todos nuestros pecados por el bautismo que Él recibió de Juan el Bautista y por la sangre que Él derramó sobre la Cruz. Él tomó sobre Sí Mismo los pecados del mundo de una vez por todas al recibir el bautismo de Juan el Bautista.
Para que nuestra fe en Él sea aprobada por Dios, tenemos que creer y saber porque Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista y el porque Él fue crucificado sobre la Cruz, en otras palabras, tenemos que saber la razón por la que Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista. Si no haces eso y más bien crees solamente en la sangre de la Cruz, no puedes sino dudar tu propia fe. Queridos compañeros creyentes, solo si conocen la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu manifestado en la Palabra de Dios pueden contestar correctamente y que tú fe sea reconocida por Dios.
Cuando Jesús cumplió los 30, Él salio de Galilea hacia el Río Jordán para recibir el bautismo de Juan el Bautista. El Río Jordán no solamente es donde Jesús recibió el bautismo sino que además es conocido como el río de la muerte. Todas las vidas deben cruzar el río de la muerte en un momento u otro. Jesús estaba determinado a recibir el bautismo de Juan el Bautista en el Río Jordán para tomar todos nuestros pecados sobre Sí Mismo.
Al principio, Juan de evitarlo, diciendo, «Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». En respuesta, Jesús le ordena a Juan el Bautista que le bautice, diciendo, «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3:15).
Aquí, me gustaría compartir con ustedes algo interesante. Como ustedes saben las letras Chinas son caracteres hieroglíficos. El carácter Chino ‘義’ que significa ‘justicia’ se compone de ‘義’ (cordero) y ‘義’ (yo mismo). ¿Cómo puedo yo ser justo? Es cuando dependo del Cordero de Dios por lo que puedo llegar a ser aprobado como justo ante Dios. Somos hechos sin pecado y justos por nuestra propia fe en el bautismo, el cual transfirió todos nuestros pecados sobre el Cordero de Dios.
Queridos compañeros creyentes, ¿sabes porque Jesús recibió el bautismo? Fue para transferir sobre Jesús de una vez por todas todos los pecados de la humanidad, incluyendo los pecados que tú y yo cometemos toda nuestra vida desde el vientre de nuestra madre hasta la tumba. Este fue el cumplimiento de toda la justicia de Dios. Mientras Jesús le habló a Juan el Bautista, Juan el Bautista bautizó a Jesús para cumplir la justicia de Dios. Jesús fue sumergido en el agua después de recibir el bautismo de Juan el Bautista y luego emergió del agua. En ese momento, los cielos le fueron abiertos a Jesús y Dios Padre le habló a Su Hijo diciendo, «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3:17).
Dios Padre testifico, »Este es mi Hijo amado, quién acaba de recibir el bautismo de Juan el Bautista.” ¿Por qué Dios en persona dio testimonio desde arriba deque Jesús es Su Hijo? ¿Por qué Dios Padre dijo acerca de Jesús que Él es el Hijo amado de Dios Padre, en el cual Él tenía complacencia?
Aunque Jesús es el Hijo de Dios, Jesús obedientemente vino a este mundo en semejanza de hombre de acuerdo a la voluntad del Padre. Debido a que Dios planeó salvar a toda la humanidad de sus pecados a través de Su propio Hijo, Jesucristo tomó todos los pecados del mundo al recibir el bautismo y cumplió la voluntad del Padre al derramar Su sangre sobre la Cruz hasta la muerte y resucitando de entre los muertos. Jesús obedeció totalmente la voluntad de Dios. Queridos compañeros creyentes, debes saber que Jesucristo, aunque es el Hijo de Dios, complació el Corazón del Padre, siendo obediente al recibir el bautismo de Juan el Bautista para tomar los pecados de la humanidad de una vez por todas.


Debemos Creer la Verdad del Evangelio del Agua y el Espíritu Sobre una Base Individual

Queridos compañeros creyentes, estoy seguro que cada uno de nosotros espiritualmente puede vencer a Satanás y nuestras debilidades creyendo en el bautismo que Jesús recibió y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz. Si tú solamente crees en la sangre que Jesús derramó sobre la Cruz, no podrás vencer al mundo con esa clase de fe. Es por ello que el Apóstol Juan ha explicado en detalle la fe que vence al mundo en 1 Juan 5. Él ha dicho que es el evangelio del agua y el Espíritu, el cual nos liberó de todos nuestros pecados (1 Juan 5:6-8).
Dios concede la vida eternal a los sin pecado que son nacidos de Nuevo por el agua y el Espíritu Santo. En otras palabras, la vida eterna fue dada a aquellos que creen en Jesucristo, a quién Dios envío a nosotros, como el Salvador. La gente que cree en Jesucristo recibe la vida eterna y la salvación de sus pecados, ya que el Señor ha venido a este mundo por el agua, la sangre y el Espíritu Santo, y expió todos nuestros pecados. Por lo tanto, la Biblia menciona, «y esta vida está en su Hijo» (1 Juan 5:11). Hemos recibido la salvación de nuestros pecados por el evangelio del agua y el Espíritu, el cual está en Jesús. Nuestra salvación de los pecados del mundo se halla en el bautismo que Jesús recibió y en la sangre que Él derramó sobre la Cruz.
Alguna gente dice que se puede recibir la salvación gritando “Jesús,” mientras te sostienes de un pino. Sin embargo, eso esta alejado de la verdad. No puedes ser salvo simplemente creyendo de alguna modo en Jesús como tú Salvador sin primero conocer la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, la cual nos dio Jesús. Es tú fantasía si crees que recibirás la remisión del pecado y la vida eterna en Jesús como tú Salvador de la manera en que te parezca a ti más apropiada. Mira a la Palabra en la Biblia. El bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y la sangre que Él derramó sobre la Cruz, en concreto, el evangelio del agua y el Espíritu claramente está escrito en la Biblia.
Es muy fácil ver cosas desde tu propia perspectiva. Pero no debes interpretar la Palabra de Dios desde tu propia perspectiva. Tenemos que creer que hemos recibido vida eterna creyendo en Jesús, quién nos libera de nuestros pecados por el evangelio del agua y el Espíritu. También, tenemos que creer que esta salvación que da vida está en el Hijo. Por lo tanto, aquellos que tienen al Hijo de Dios, quién vino por el agua, la sangre y el Espíritu Santo en sus corazones tienen la vida, y aquellos que no tienen al Hijo no tienen la vida.
¿A quién designa el Hijo de Dios? El Hijo es Jesucristo, quién vino a este mundo por el agua y por la sangre. Aquellos que creen que Jesús nos ha salvado de nuestros pecados tienen en su corazón la Palabra del agua y de la sangre. Sin embargo, aquellos que no tienen al Hijo nunca podrán tener la vida. Ciertamente tenemos que saber lo que significa conocer y creer en Jesús correctamente. También, tenemos que saber como podemos vencer al mundo.
Queridos compañeros creyentes, nos sentimos insuficientes al vivir en este mundo. ¿Qué tan débiles e insuficientes somos? Definitivamente, podemos ver nuestras insuficiencias al mirarnos a nosotros mismos. No es viendo a los demás sino viéndonos a nosotros mismos, nos damos cuenta cuan insuficientes somos. Sin embargo, gracias a nuestra fe en Jesucristo el Salvador quién vino por el agua y por la sangre, podemos permanecer firmes y confiadamente hacer las obras de Dios, vencer al Demonio oponiéndonos confiadamente, y liberando las almas que mueren por sus pecados. Es por la fe por lo que podemos vencer al mundo.
Ciertamente, tenemos que poseer la fe que vence al mundo creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Cada día nos quedamos cortos debido a nuestras debilidades. Entonces, ¿Cuál fe nos permite corregirnos a nosotros mismos vez tras vez cuando caemos? Nosotros los Cristianos caemos si no poseemos este evangelio verdadero, que nos capacita para vencer al mundo. Especialmente en estos últimos tiempos, ¿Cómo podemos vencer nuestras debilidades? Si es que vamos a vencer al mundo, cada unote nosotros tiene que poseer una fe individual en el evangelio verdadero del agua y de la sangre. Nuestra fe en Jesucristo, quién vino por el agua y por la sangre, nos capacita para vencer al mundo, vencer nuestras propias debilidades, y permanecer firmes como leones jóvenes.
Nunca debemos creer en Jesús basados en nuestros propios pensamientos o en nuestros propios estándares. No debemos vernos a nosotros mismos únicamente en desesperación, sino creer en Jesucristo como nuestro Salvador, como esta escrito en la Palabra. No importa lo que los demás digan, somos salvos no solamente por la sangre que el Señor derramó en la Cruz, sino por el agua y por la sangre de Jesucristo. Tenemos que saber y creer que nuestro Señor tomó sobre Sí Mismo todos los pecados que toda la humanidad ha cometido y cometerá de una vez por todas al recibir el bautismo de Juan el Bautista en el Río Jordán. Y tú y yo también debemos creer que Jesús recibió el juicio por nuestros pecados en lugar de nosotros al ser crucificado después de haber recibido el bautismo. Creyendo así, somos liberados de nuestros pecados y estamos capacitados para vencer al mundo.
Es así como tú, que crees en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, puedes guardar tu fe ante Dios y permanecer firme y realizar la obra de Dios. Y es así como puedes vivir como un obrero de la justicia de Dios, aunque aún tengas tus debilidades. Si excluyes el bautismo que Jesús recibió y crees solamente en la sangre que Él derramó sobre la Cruz para recibir la remisión de tus pecados, no serás capaz de vencer el mundo. Así, el evangelio del agua y el Espíritu tiene que ser creído sobre una base individual.


Tenemos que Darnos Cuenta de Cuanta Gente Dentro del Cristianismo se Halla Viviendo como Enemigo de Dios en Estos Días

El pecado de estos tiempos ha llegado al máximo, ¿o no? Es por ello que te insto a que tengas una fe real en el evangelio del agua y el Espíritu. Es imperativo que tengas la fe que te capacita para vencer al mundo.
La mayoría de los Cristianos dicen con sus labios que han sido salvados a través de su fe en Jesús. Algunos de ellos hasta se atreven a declarar que no tienen pecado debido a la sangre de Jesús. Sin embargo, ¿qué piensa la mayoría de la gente del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista? ¿No lo tratan como un simple accesorio o como una descripción innecesaria en la Biblia?
Queridos compañeros creyentes, el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista no es opcional cuando se trata de salvarnos de nuestros pecados. Es una necesidad absoluta. Si Jesús no hubiese recibido el bautismo de Juan el Bautista, la sangre que Él derramó hubiese sido en vano. Así, los discípulos de Jesús como el Apóstol Juan hablaban de ambos, el bautismo de Jesús y Su Cruz.
Podrás tener curiosidad acerca del porque el Apóstol Pablo enfatizaba tanto la sangre de la Cruz en sus Epístolas. Debido a que el Apóstol pensaba en la Cruz como una consecuencia directa del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista, él dijo en Gálatas 6:14, «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo», y en 1 Corintios 2:2, «Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado». Debido a que Jesús tomó los pecados del mundo hasta la Cruz al recibir el bautismo, él trataba de enfatizar la sangre de la Cruz para mostrarnos la conclusión de Dios de la remisión del pecado.
El bautismo que Jesús recibió no es un asunto carente de importancia. Jesús necesariamente tuvo que recibir el bautismo para borrar los todos los pecados de la humanidad. Solo al recibir el bautismo Jesús pudo realizar la remisión del pecado por nosotros. Por tu salvación y por la mía, era esencial que Jesús recibiera el bautismo, por el cual Él tomó nuestros pecados sobre Sí Mismo y por lo que murió sobre la Cruz derramando Su sangre. Fue la forma más apropiada para que nuestro Señor nos concediera la remisión del pecado. Él vino a este mundo, recibió el bautismo y murió sobre la Cruz.
Jesús no recibió el bautismo de Juan el Bautista meramente para manifestar Su humildad. Sin embargo, existen muchos teólogos que hablan así. El Cristianismo en estos días podrá tener muchas denominaciones, pero todas ellas constantemente abogan la importancia de la santificación y creen únicamente en la sangre de la Cruz. Es incoherente decir que una persona es santificada incrementalmente conforme pasa el tiempo después de aceptar a Jesús.
¿Cómo puede una persona que posee un cuerpo de carne no pecar meramente porque va envejeciendo? Eclesiastés concluye, «Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque» (Eclesiastés 7:20). ¿En donde existe un justo que no peque? Mostramos nuestro temperamento cuando el servicio en un restaurante es lento. De la misma manera, nos quejamos cuando la comida sabe mal. Mostramos nuestro temperamento cuando las cosas no salen como se esperaba. Y poseemos cuerpos débiles de carne, resintiéndonos contra los demás si dicen algo que odiamos.
Seguramente, tú y yo solo podemos recibir la condenación por nuestros pecados. Tú y yo solo deberíamos morir sepultados en los pecados del mundo. ¿No estabas destinado a recibir la condenación debido a los pecados que cometimos nosotros mismos? No importa que tan fuerte haya sido nuestra voluntad, ¿acaso no éramos de la clase de gente que eventualmente abandonaría a Jesús?
Por gente tal como nosotros, Jesús vino a este mundo en semejanza de hombre por Su amor hacia nosotros, recibiendo el bautismo y muriendo crucificado en la Cruz. Al hacer eso, Él nos ha liberado totalmente del juicio por los pecados y nos ha capacitado para vencer al mundo y para vencer nuestras propias debilidades. A pesar de nuestras debilidades, Él nos ha capacitado para vivir una vida religiosa en victoria por nuestra fe en la Palabra de la Verdad del agua y el Espíritu. El Señor nos capacito para realizar la justa obra de predicar el evangelio del agua y el Espíritu.
Queridos compañeros creyentes, han pasado más de 30 años desde que creí en Jesús por primera vez. Aún, durante los primeros 10 años, yo creí en Jesús equivocadamente ya que solo creía en la sangre de Jesús derramada en la Cruz. Con tal fe, era incapaz de borrar todos mis pecados. Mientras tanto, misericordiosamente el Señor hizo que me diera cuenta del evangelio del agua y el Espíritu, y fui capaz de recibir la remisión total del pecado a través de mi fe en la Verdad de este evangelio.
La ha gente ha tenido varias malas interpretaciones acerca de mí mientras comparto el evangelio del agua y el Espíritu. Algunos evangélicos han dicho, “Mmm, eso diferente de lo que creo,” después de haber escuchado el evangelio del agua y el Espíritu. La primera vez que escuché a uno de mis colaboradores decir esto, “pensé que solo bromeaba. Entre más cuenta me di, comprendí que el evangelio que él creía era distinto del evangelio del agua y el espíritu en el cual creía y el cual predicaba.
Compartir la palabra del evangelio del agua y el Espíritu con numerosa gente, he sido testigo de ver como la gente recibe la remisión total del pecado cuando ellos realmente creen este evangelio con su corazón. Si una persona cree que la Biblia es la Palabra escrita de Dios, ¿cómo pueden decir que aún tienen pecado cuando la Escritura claramente dice que todos los pecados fueron transferidos sobre la cabeza de Jesucristo a través de Su bautismo? ¿Cómo puede decir no haber recibido la salvación, si cree que Jesús tomó todos los pecados sobre Sí Mismo de una vez por todas por el bautismo que Él recibió de Juan el Bautista y completó toda nuestra salvación muriendo crucificado sobre la Cruz?
El Señor ha dicho en Isaías 1:18, «si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos». El Señor nos ha liberado completamente de los pecados del mundo por el evangelio del agua y el Espíritu. Aunque yo soy débil, nuestro Señor es fuerte. Aunque puedas ser débil, nuestro Señor te ha salvado perfectamente de tus pecados por el evangelio del agua y el Espíritu.
Estamos esparciendo este evangelio del agua y el Espíritu a todos los Cristianos en todo el mundo. Diremos, “¿Cuál es el evangelio que has compartido en estos días? ¿Cuáles son los resultados de compartir? No puedes sino permanecer como pecador debido a las enseñanzas de los falsos profetas, que dicen que solo necesitas creer en la sangre de la Cruz”. Alguien críticamente dijo que innumerables Cristianos han ido al infierno a través de las sillas de las iglesias después de escuchar tantos sermones falsos. Reprenderemos a los falsos maestros por sus mentiras. Los iluminaremos con el verdadero evangelio.
¿Cual es el verdadero evangelio del agua y el Espíritu? El Apóstol Pablo ha dado testimonio de ello. Los Apóstoles Pedro y Juan también lo hicieron. Este es el evangelio de la Verdad que nos ha liberado de todos nuestros pecados. La Biblia nos declara que el evangelio del agua y el Espíritu es la única Verdad de salvación.
Queridos compañeros creyentes, personalmente somos demasiado débiles. Ni siquiera podemos superarnos nosotros mismos. Entonces, ¿cómo podemos vencer al mundo en nuestra propia fuerza? Sin embargo, el Señor nos ha dado la Verdad para vencernos a nosotros mismos. El Señor nos ha liberado completamente de nuestros pecados, nos ha capacitado para vencer al mundo, al Demonio y a los falsos profetas. El Señor nos ha liberado completamente con el evangelio del agua y el Espíritu. El Señor ha borrado los pecados de aquellos que creen en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Sin lugar a dudas, hemos recibido la remisión del pecado y llegamos a vivir en justicia por nuestra fe en el Señor. Yo doy gracias al Señor.
Fundamentalmente somos débiles, pero fundamentalmente nuestro Señor es perfecto. Él es más que suficiente como para liberarnos de nuestros pecados. El Señor nos ha hecho completos a ti y a mí ante Dios al liberarnos a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. El evangelio del agua y el Espíritu es la única Verdad que se haya escrita en la Biblia. Por el evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha concedido el privilegio de decirle a Dios, “Abba, Padre.” ¿Cómo entonces puedes decir que este evangelio verdadero es una doctrina meramente hecha por hombres?
Hemos llegado a estar sin pecado creyendo en Jesucristo como el Hijo de Dios y para nosotros fundamentalmente es Dios, quién nos libero de nuestros pecados por el evangelio del agua y el Espíritu. Creemos en el Dios Trino-el Señor Jesús, Dios Padre y el Espíritu Santo-como nuestro Dios. Ahora, hemos recibido la verdadera vida eterna y hemos llegado a ser hijos de Dios por la fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Debemos estar agradecidos con nuestro Señor quién hizo que naciéramos de nuevo al presentarnos el evangelio del agua y el Espíritu.
Una vez más recuerdo el amor del Señor por el evangelio del agua y el Espíritu. Yo deseo compartir juntamente con mis colaboradores el evangelio del agua y el Espíritu a cada alma en el mundo. Yo creo firmemente que la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu serán predicados en todo el mundo, y que innumerables almas serán liberadas de sus pecados por este evangelio verdadero. Eternamente damos gracias a Dios, quién nos ha liberado de todos nuestros pecados. ¡Aleluya! Yo alabo a Dios, quién nos ha liberado de todos los pecados del mundo.