The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 2-1] < Génesis 2, 1-3 > Las bendiciones que Dios nos ha dado

< Génesis 2, 1-3 >
«Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación».
 
 
El pasaje de las Escrituras de hoy dice que aunque Dios creó todo el universo, la humanidad vive en este planeta, en el que Dios nos ha dado Sus bendiciones. Los científicos buscan sin descanso vida en el universo y se preguntan si los humanos podríamos vivir en otro planeta. Sin embargo lo más importante para nosotros es saber que Dios es quien creó este planeta.
Hay una gran diferencia entre los que creen en Dios y los que no. Algunos dicen: «¿Dónde está Dios? Todo empezó a existir por generación espontánea», y están atrapados en la teoría de la evolución, por lo que acaban viviendo sin esperanza. «¿De verdad creó Dios el universo y lo que hay en él? Si Dios no creó el universo, ¿cómo apareció la Tierra?». Cuanto más examinamos la creación de Dios, más nos damos cuenta de que Dios creó el universo y todo lo que hay en él. Está escrito en la Biblia: «Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa» (Romanos 1, 19-20).
Cuando miramos todos los animales y plantas en este mundo, y cuando miramos todas las maravillas de la naturaleza, podemos ver el poder de Dios y la divinidad que hay en todo ello. Por ejemplo, cuando llega el otoño, se ven muchas libélulas volando por el cielo. ¿Saben cuántos tipos de libélulas hay en todo el mundo? Conocemos algunas de ellas, como las esmeraldas o los picotijeras, pero se estima que existen más de 6000 tipos diferentes por todo el mundo. Esto nos recuerda cómo Dios dijo que creó a cada animal y planta según su género. Dios dijo que creó a todas las criaturas vivientes según su género. Podemos comprobarlo si leemos Su Palabra.
Como Dios creó a cada criatura según su género, sabemos que no hay criatura en este mundo que sea igual. Algunas criaturas pueden parecernos iguales a simple vista, pero si observamos más de cerca, podemos ver que son bastante diferentes. El hombre fue creado como hombre y los animales fueron creados según su género. Sólo porque los humanos y los chimpancés se parezcan en algunos aspectos, no quiere decir que sean iguales. Todo lo que hay en la naturaleza revela que ha sido creado por Dios según Su diseño. Todas las estrellas del universo fueron creadas por Dios.
¿Cómo se creó la humanidad? ¿Qué es la humanidad? ¿De verdad fuimos creados por Dios? ¿Fue la tierra creado por Dios? Cuando nos hacemos estas preguntas, podemos ver que todo eso fue creado por Dios. Aunque no sería fácil explicar cómo se creó el mundo, lo que sí está claro es que Dios lo creó. Sólo podemos creer en esto por fe, ya que la Palabra de Dios proclama que Dios creó los cielos y la tierra.
Ahora les voy a contar una historia sobre Isaac Newton, un científico que creía en Dios, y sobre cómo hizo que uno de sus amigos, que era un científico ateo, aceptara la existencia de Dios y reconociera que Él creó el universo. Un día, mientras Newton estaba observando el espacio con su telescopio, este amigo fue a visitarle. Newton, inspirado por la belleza de las estrellas, le pasó el telescopio a su amigo y le dijo: «Amigo mío, mira esas estrellas. ¿Acaso no intuyes la presencia de Dios?». El amigo de Newton, que era también un científico, se burló de él mientras miraba por el telescopio.
«¡Me haces reír! ¿Dónde está Dios? Estoy mirando por el telescopio, pero no veo a Dios, ni siquiera Su túnica». Como compañeros científicos, los dos hombres eran buenos amigos. Así que Newton quería que su amigo también creyese en Jesús y recibiese la vida eterna, pero no podía hacer mucho, porque cuando hablaba de Jesús, su amigo sacaba a relucir la teoría de la evolución y el ateísmo.
Entonces Newton tuvo una brillante idea. Hizo una réplica del globo bastante exacta. Tras muchos días sin dormir, Newton completó el globo terráqueo, lo puso sobre la mesa e invitó a su amigo a casa. En aquel entonces, no todo el mundo disponía de un globo, aunque hoy en día sea fácil de obtener. Ni siquiera los científicos podían obtener uno fácilmente. Así que cuando el amigo fue a casa de Newton a cenar, sintió curiosidad por el globo que había en la mesa. Le dio la vuelta para verlo mejor y le dijo a Newton:
«¿De dónde lo has sacado? ¿Lo has comprado?».
Newton contestó: «No, hace mucho que lo tengo. Apareció de repente por sí mismo, incluso antes de que mi padre hubiese nacido, y ha estado ahí desde entonces».
Su amigo le contestó: «¿Qué dices? Sabes que no es la primera vez que ceno en esta mesa. Y nunca lo había visto. ¿Dónde lo has comprado?».
«No lo he comprado. Apareció por sí mismo».
«¿Estás de broma? ¿Cómo puede un globo aparecer por sí mismo? No digas tonterías. ¿Cómo puede existir sin que nadie lo haya creado? ¡No seas tonto!».
«Tienes razón. En realidad yo hice este globo hace unos días para dártelo a ti. Pero esto es lo que quiero dejar claro: Te burlas de mí por decir que este globo apareció por sí mismo, pero ¿por qué insistes en que la Tierra apareció por sí misma? Te voy a hacer una pregunta. La Biblia dice que Dios creó tanto los cielos como la tierra. Así que alguien creó este planeta. ¿Pudo haber aparecido por casualidad?».
«No».
«Si Dios no creó el planeta Tierra, ¿cómo pudo existir?».
«Supongo que no podría existir si no hubiese sido creado».
«¿Crees ahora que Dios creó este planeta?».
El amigo de Newton pensó en esta cuestión y llegó a una conclusión: «Este globo existe porque alguien lo ha creado, entonces el mundo debe existir porque alguien lo creó».
Newton le dijo a su amigo: «¿Ves ahora que Dios existe? Dios creó este planeta y todo el universo, ¿crees en esto?».
«Creo que sí. Ahora estoy de acuerdo contigo en que un ser supremo debió haber creado el universo y todo lo que hay en él».
«Es verdad. Dios creó este planeta y el universo. Y también te creó a ti. Además de las aves y los animales, Dios lo creó todo. ¿Crees ahora?».
«Sí, ahora creo».
Entonces Newton abrió la Biblia y leyó el siguiente pasaje: «Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios» (Hebreos 3, 4). Entonces el amigo de Newton creyó en la existencia de Dios. En realidad no sé si esta historia es realidad o ficción. Pero se la he contado porque pensé que beneficiaría a todos los que no creen en la existencia de Dios, y que se niegan a creer en la Palabra de Verdad que dice que Dios creó los cielos y la tierra.
 
 
¿Qué tipo de criatura es el hombre?
 
¿Qué tipo de criatura es el hombre? Aunque todos somos seres humanos, no sabemos qué tipo de criatura es el hombre. Cuando leemos la Palabra de Dios debemos darnos cuenta de quiénes somos.
¿Cómo es la humanidad? No sólo debemos mirar la apariencia física, sino que debemos mirar el interior de las personas. Aquí tengo un vaso con agua. Es un vaso de agua. Si este vaso tuviese limonada dentro, sería un vaso de limonada, y si tuviese leche, sería un vaso de leche. Sabemos que es un vaso de agua, pero según lo que tenga dentro, puede ser un tipo de vaso de agua diferente.
¿Es la humanidad buena por naturaleza o mala? La Biblia dice que la humanidad es malvada y sucia por naturaleza. Está escrito en Marcos 7, 20-22: «Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez». Por tanto la Biblia declara que la humanidad está llena de todo tipo de iniquidades.
Los seres humanos nacen siendo pecadores. Por tanto, no pueden dejar de cometer pecados durante toda su vida. Son malvados y sucios desde que nacen. En otras palabras, la humanidad tiene pecados malvados. Los seres humanos, como son descendientes de Adán y Eva, nunca pueden hacer el bien. El hombre es malvado por naturaleza. Les voy a dar algunos ejemplos.
¿Qué país suele iniciar todas las modas? Casi todas las modas nacen en París, Francia. Francia es el país que más modas crea, incluso más que Gran Bretaña o EEUU. Se dice que las mujeres francesas son bastante extravagantes y que dan mucha importancia a sus mascotas.
Una joven francesa criaba un cerdo blanco como mascota. Yo pienso que esto es bastante difícil de entender, ya que no tengo ninguna mascota, pero en cualquier caso esta mujer estaba siguiendo la moda de tener una mascota. Ella quería a su cerdo. Era tan bonito y rechoncho que no podía dejar de mirarlo. Su colita enroscada era tan bonita, sus patitas cortas adorables y su cuerpo rechoncho mullidito. Bañaba a su cerdo blanco con leche para que el pelo le brillase. Pero además lo rociaba con Montblanc, una famosa fragancia francesa y lo llamó Montblanc. Así, la joven crió a su cerdo con mucho amor.
Un día, la joven tuvo que ir a un viaje de negocios durante una semana. Entonces no sabía qué hacer con su cerdo blanco. No sabía si llevárselo o dejarlo en casa. Si se llevaba al cerdo con ella, no podría hacer negocios, pero si lo dejaba en casa, nadie lo bañaría, ni jugaría con él, ni lo cuidaría. Así que después de pensar en el asunto, decidió dejar el cerdo en casa. Cerró con llave la puerta delantera, pero dejó las puertas de la casa abiertas para que el cerdo pudiese andar por la casa. Preparó comida y agua para una semana, y antes de irse, le dio un baño. Entonces le dijo al cerdo: «Mi pequeñín, cuídate mucho hasta que vuelva. Tienes toda la comida que necesitas. Puedes ir donde quieras dentro de la casa y dormir en esta alfombra limpia que he puesto para ti».
Pero aún así no quería separarse de su cerdo. Le dio un beso por última vez y se fue. Pero cuando estaba en la carretera no dejaba de pensar en su querido cerdo. Se preocupaba por todo: «¿Estará bien mi cerdito? Espero que no se caiga en el plato del agua». Al final, después de acabar con sus negocios, volvió a casa a la semana siguiente.
En cuanto abrió la puerta, llamó a su cerdo, pero no hubo respuesta. Miró por todas partes, desde la habitación hasta el comedor y la cocina, pero su querido Montblanc no aparecía. Cuando empezaba a estar desesperada pensando que alguien le había robado el cerdo, escuchó un “oink”. Así que buscó de dónde procedía el sonido y se acercó. Cuando llamó a Montblanc, se escucharon más sonidos. ¿Dónde creen que estaba el cerdo?
Montblanc estaba sentado en un montón de basura en el jardín. Había comido tanta basura durante la última semana que su estómago estaba hinchado, y estaba tumbado patas arriba. Pero cuando oyó la voz de su dueña, se puso contento y le contestó con un “oink”. La mujer dijo: «¡Ven aquí, ahora mismo, Montblanc!», pero el cerdo ni se movió. Montblanc ni se inmutó y miró a la mujer como diciendo: «Pero, mujer, mira donde estoy». La mujer nunca había visto a Montblanc tan feliz.
Era la primera vez que veía esa expresión de satisfacción en la cara de Montblanc, y era allí, mientras estaba encima de un montón de basura. Esto le molestó bastante. Le dijo al cerdo: «Montblanc, nunca debes dormir en un sitio así, ni comer basura. Tienes que comer el pan que te doy, beber la leche que te doy, jugar en el agua limpia con la que te baño y dormir en la cama limpia en la que yo te arropo. No debes estar ahí. ¡Ven aquí!». Pero en vez de hacerle caso, el cerdo miró a la mujer con cara de felicidad. No me extraña que la mujer estuviese tan enfadada.
El hombre es como el cerdo de esta historia. Por naturaleza, el hombre nace con todo tipo de pecados, tales como las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, la soberbia, la insensatez, entre otros. Y por eso los seres humanos no pueden evitar cometer pecados durante toda su vida. Como los seres humanos nacen con pecados en el corazón por naturaleza (Salmo 51, 5), no pueden evitar practicar la maldad durante todas sus vidas y caer en la desesperación. Esta es la naturaleza de la humanidad.
¿Prefiere un cerdo vivir en una casa? Desde el día en que nace, al cerdo le gustan los deshechos y la suciedad por naturaleza. Por supuesto que bebería leche si se le diera, pero lo que de verdad le gusta es la basura. Por eso decimos que una persona desordenada es un cerdo o cerda. Esta es la naturaleza del cerdo. Por tanto, como los seres humanos nacen con pecados, siguen siendo malvados. Así son los seres humanos.
Por naturaleza, ¿es el hombre malo, cruel o gentil, sucio o limpio? La humanidad es sucia porque tiene pecado en su corazón. La humanidad es más sucia que nada en este mundo. Así que la Biblia dice: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17, 9). Cuando miramos a una persona, no debemos juzgarle por su exterior y decir que es limpio y virtuoso. La Biblia revela que la humanidad es sucia y malvada, precisamente porque ve la suciedad que hay dentro de todos los seres humanos y todas las cosas malvadas que tiene. Desde el nacimiento, todo el mundo nace con todo tipo de suciedad y deseos pecaminosos en su corazón.
A lo largo de su historia, la humanidad se ha ensalzado a sí misma porque los seres humanos no se conocen a sí mismos. El hombre ha embellecido su apariencia externa durante miles de años. Pero los seres humanos siguen siendo malvados por naturaleza. El siguiente ejemplo les ayudará a entender cómo el corazón humano tiene deseos homicidas.
Había una vez un jefe de una tribu en África. Un día, mientras estaba cazando, su hijo se encontró con un cachorrito de leopardo y lo llevo a la aldea. El cachorro era tan bonito que toda la aldea se quedó prendada de él y los aldeanos lo cuidaron y le dieron de comer lo mismo que ellos comían. Al cabo de unos años, el cachorro creció y se convirtió en un leopardo adulto. La gente de la aldea empezó a tener miedo del leopardo y al final le pidieron al jefe que lo matara o que se lo llevara lejos de allí, porque sabía que el leopardo les haría daño tarde o temprano. Sabían que podría matar a alguien, ya fuera el jefe mismo o su hijo o los aldeanos, y por eso querían echarlo de la aldea o matarlo.
Así que el jefe le dijo a su hijo: «El pueblo está preocupado por el leopardo y yo mismo estoy convencido de que un día causará algún daño. Así que debemos echarlo de aquí o matarlo». «¿Cómo puedes decir eso, padre? He alimentado y criado a ese leopardo durante todo este tiempo, y no creo que vaya a hacer ningún daño. Piénsalo bien». Entonces el hijo puso la mano dentro de la boca del leopardo y este no le mordió. Incluso cuando el hijo metió la cabeza dentro de la boca del leopardo, este no le mordió, sino que abrió la boca más y le lamió la cara. «Padre, como tú mismo has visto, el leopardo me conoce y está acostumbrado a estar conmigo, ¿cómo podría hacerme daño? Después de todo, nunca ha hecho daño a nadie, ¿verdad? Este leopardo no es como los demás. Desde que era cachorro, creció entre humanos y por eso no es salvaje. Mira que tranquilo es». Como el hijo del jefe se opuso firmemente, la gente de la aldea no pudo matar al leopardo.
Entonces el jefe le dijo a su hijo: «De acuerdo, entonces déjame que te proponga ago. De ahora en adelante, no le des carne, sino sólo grano. Vamos a hacer que sea más dócil que una vaca». Así que, con el consentimiento de la aldea, el leopardo sólo comió grano desde entonces.
Cuando el hijo del jefe salía a cazar, a veces lo hacía a lomos del leopardo. Un día, cuando había salido a cazar con un amigo, el hijo del jefe se cayó por un acantilado. Su amigo no le pudo ayudar, ya que no podía bajar por el acantilado lo suficientemente rápido, y por eso le costó mucho tiempo bajar hasta donde yacía herido el hijo del jefe. Sin embargo, cuando el fiel leopardo lo vio, bajó corriendo. El leopardo fue el primero en llegar hasta su dueño, e instintivamente le lamió.
En general, cuando un animal lame a otro, es una muestra de afecto. Sin embargo, cuando el leopardo lamió la sangre de su dueño, sus ojos cambiaron de expresión. Se volvió salvaje y sediento de sed y empezó a gruñir. El instinto carnívoro del leopardo se despertó y acabó desgarrando el cuello de su maestro con sus garras y comiéndoselo.
Los amigos del hijo del jefe lo vieron todo mientras descendían hacia él. Cuando el leopardo probó la sangre, sus ojos no volvieron a ser dóciles nunca más. Así que los amigos corrieron hacia la aldea y se lo contaron todo al jefe: «El leopardo se ha vuelto contra su dueño y lo ha matado». La gente decía: «Te lo dijimos. Un leopardo es un leopardo. No se vuelve dócil porque le des de comer grano. ¿Por qué no nos escuchaste cuando te dijimos que estaba sediento de sangre y que era carnívoro por naturaleza y que pronto actuaría según sus instintos?». El jefe y los aldeanos se lamentaron, pero ya era demasiado tarde.
La gente cree que si reciben una educación adecuada, los hijos pueden vivir virtuosamente, y que son buenos por naturaleza. Y así es como educan a sus hijos. Además sostiene que todo el mundo debe ser educado, porque el hombre que no tiene educación es como una bestia. Sin embargo, la educación no hace a nadie virtuoso. El aprender las reglas de la moral y la ética, o el ser educado por buenos padres, no hace que una persona sea virtuosa.
Los seres humanos tienen el mal dentro y por eso son seres malvados que cometen pecados durante toda su vida. Por eso la Biblia dice que los seres humanos son una «generación de malignos» (Isaías 1, 4). La humanidad es malvada por naturaleza. La Biblia dice que el hombre es malvado, perverso, adúltero y depravado. Y comete hurtos y homicidios. En otras palabras, la semilla de la humanidad es el mal.
Los seres humanos no son rectos. Son todos malvados. Y todo ser humano es malvado. Cuando las circunstancias no son propicias para el pecado, la gente finge ser recta. Pero cuando las circunstancias son propicias, revelan su naturaleza básica, del mismo modo en que el leopardo de la historia reveló sus instintos. Por eso la Biblia dice que los seres humanos son pecadores. Por la trasgresión de un hombre, todos fuimos pecadores (Romanos 5, 12-15). En otras palabras, por culpa de Adán todos nacimos siendo pecadores. Todos nacimos siendo pecadores y malvados. Por eso la humanidad es una generación de malignos.
Debemos entender completamente quiénes somos como seres humanos. Nuestra existencia no nos permite evitar el pecado. Los seres humanos no pueden evitar pecar hasta que mueren. Así que todos están desesperados. En su obra Confesión, Tolstoy comparó la vida con una rama que pendía sobre un acantilado. Como dijo Tolstoy, un viajero se encuentra en un pozo seco intentando escapar de una bestia salvaje que le persigue. Cuando llega al fondo del pozo, ve un dragón con la boca abierta, que simboliza la muerte. No puede ni salir del pozo para escapar, ni saltar al fondo, y por eso se agarra a una rama que crece al lado del pozo.
Entonces ve dos ratones, uno negro y uno blanco (la noche y el día) que se van comiendo la rama. El viajero sabe que la rama se va a romper tarde o temprano y que morirá, pero ve unas gotas de miel en las hojas de la rama y, a pesar de la situación desesperada, las alcanza con la lengua. Así es el hombre, según Tolstoy. El hombre está atrapado en una situación desesperada, donde la muerte es inevitable y no hay escapatoria. Pero a pesar de esto, no puede darse cuenta de su situación.
Algunas personas afirman con toda confianza que pueden vivir sin cometer pecados, sólo si las circunstancias lo permiten. Dicen: «Bueno, sólo peco por culpa de las circunstancias». ¿Pero puede alguien no pecar? No, es imposible. Como todos los seres humanos nacimos con un corazón pecaminoso, es imposible no pecar. Por eso todo el mundo está destinado a morir y a ser maldito. Esta es la naturaleza de la humanidad. El hombre está destinado a la maldición y no tiene remedio.
Mientras vivimos nuestras vidas, ¿podemos pecar? Por supuesto que no. Ningún ser humano es capaz de no pecar. Como todo el mundo nace con pecados, todo el mundo es pecador. Y la muerte y el infierno son inevitables. Por eso Dios nos está diciendo a los seres humanos, que somos pecadores: «El precio del pecado es la muerte». ¿Lo entienden ahora? Y debido a esta situación desesperada, alguien debe ayudarnos. Nadie puede llegar a la costa desde el medio del Océano Pacífico. Por eso los seres humanos estamos ahogándonos en un océano de pecado y sólo podemos sobrevivir si alguien nos salva. Por eso necesitamos un Salvador.
Para gente como nosotros, ¿quién es el Salvador? Jesucristo. Todos somos humanos y no podemos evitar el pecado por lo que estamos destinados al infierno. Según la ley de Dios, no podemos evitar ser arrojados al infierno, pero nuestro Señor vino para salvarnos. Nuestro Señor vino para salvar a estos seres humanos malvados que estaban destinados al infierno. Nuestro Salvador es Jesucristo. El nombre Jesús significa el Salvador, y Cristo, el Rey ungido (Mateo 1, 21; Daniel 9, 25). Dios, el Creador, el Señor que nos hizo, vino a salvarnos cuando estábamos desesperados. Así que Dios es nuestro Salvador. Sólo Él puede salvarnos.
Como dice Génesis 1, 1: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra», Jesucristo es también el Dios Creador que hizo el universo y todo lo que hay en él. Como Dios dijo: «Que sea la luz», la luz existió. Este Dios, que ordenó que existiera la luz, es nuestro Salvador, Jesús, que vino a salvarnos. El que se ha convertido en nuestro Salvador, nuestro Dios y nuestro Señor, es Jesucristo. Jesús vino a salvarnos de nuestros pecados. Y cuando vino a salvarnos, borró todos nuestros pecados. Cuando el pasaje de hoy dice que Dios santificó el séptimo día, quiere decir que Dios nos ha salvado del pecado y nos ha dado la vida eterna.
La Biblia dice: «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9, 27). Todo el mundo tiene que morir una vez. Cuando uno muere, ¿dónde va si tiene pecados? Al infierno. Pero si muere después de recibir la remisión de los pecados, ¿dónde va? Al Cielo. Todo el mundo debe morir al menos una vez. Cuando alguien muere una vez, en el funeral se canta una canción que habla de reencontrarse en la bella orilla. Si cruzamos una vez el río espiritual del Jordán, alcanzaremos la bella orilla de la tierra de Canaán espiritual, el Reino de los Cielos. Lo que el Señor hizo por nosotros en el río Jordán, el río de la muerte, es lo siguiente: Sufrió nuestra muerte y recibió la maldición en nuestro lugar.
 
 
¿Es Jesús realmente el Salvador de la humanidad?
 
Una vez más examinemos nuestra salvación con el Evangelio del agua y el Espíritu. Y pensemos si Jesús, en el que creemos, se ha convertido en el Salvador que nos ha redimido de los pecados del mundo. En Mateo 3, 13-15 está escrito: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó».
De entre todos los lugares del mundo, ¿por qué escogió el Señor el río Jordán para ser bautizado? El río Jordán es el río de la muerte. En este río de la muerte, Jesús tomó nuestra muerte en nuestro lugar, la muerte que correspondía a la humanidad. Para salvarnos de los pecados por los que estábamos malditos, Dios tuvo que venir al mundo a nuestra imagen y semejanza y aceptar todos nuestros pecados en Su bautismo.
Sólo si Jesús aceptaba nuestros pecados al ser bautizado y morir en nuestro lugar, podíamos recibir la remisión de nuestros pecados. ¿Por qué? Porque Dios no puede considerar que estamos sin pecado cuando tenemos pecado, porque Él es justo. Borrar nuestros pecados, morir en nuestro lugar, darnos vida con Su muerte y así librarnos de nuestros pecados, es el amor justo de Dios.
Examinemos por qué Jesús tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista para salvarnos del pecado.
Para cumplir esta salvación, Dios diseñó un plan. Su plan era tan perfecto que se cumplió en Cristo en la dispensación de la plenitud de los tiempos (Efesios 1, 9-10). Como Dios cumplió toda Su voluntad según Su plan, pudo descansar el séptimo día y santificarlo.
Para salvar a la humanidad con Su plan, Dios envió a un hombre para que fuese su representante. ¿Quién era este hombre? Juan el Bautista. ¿Por qué necesitaba Dios un representante para la humanidad? Porque a través de este representante, Dios pasó todos los pecados del mundo sobre Sí mismo mediante el bautismo, porque la sabiduría de Dios es diferente a la nuestra. Sólo cuando Dios murió en nuestro lugar, nuestros pecados desaparecieron y sólo entonces pudimos evitar la muerte y vivir para siempre. Por eso Dios envió a un hombre, Juan el Bautista, como representante de la humanidad.
Y el Señor vino como Salvador encarnado en un hombre. Todos los pecados de la humanidad pudieron ser borrados porque el Salvador Jesús los aceptó a través del representante de la humanidad al ser bautizado mediante la imposición de manos. Sólo podemos presentarnos ante Dios y evitar la muerte si estamos sin pecado, y por eso Dios puso a Juan el Bautista en el río Jordán. Esta es la sabiduría de Dios. La sabiduría de Dios es mayor que la del hombre. La Biblia dice que incluso la insensatez de Dios es más sabia que la sabiduría del hombre.
Juan el Bautista es el representante de la humanidad. Está escrito: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan» (Mateo 11, 11-13). Dios dejó claro que el mayor de los nacidos de mujer, es decir el representante de la humanidad, es Juan el Bautista.
En Malaquías, Dios dijo que enviaría a Elías (Malaquías 4, 5), y este hombre que Dios prometió enviar como representante de la humanidad era Juan el Bautista. Dios envió primero al representante de la humanidad, y a los seis meses, Dios mismo vino al mundo encarnado en un hombre. Entonces, a través de este representante, Juan el Bautista, Dios tomó todos los pecados de la humanidad sobre Su cuerpo al ser bautizado. Al aceptar todos los pecados del mundo y tomarlos sobre Sí mismo, Dios los llevó a la Cruz. Gracias a la sabiduría de Dios todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesucristo.
Como el pasaje de las Escrituras dice: «Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó», Dios ha bendecido a la humanidad. Jesús tomó los pecados del mundo. Por eso la Biblia dice: «¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!» (Juan 1, 29). Cuando Jesús fue bautizado en el río Jordán, todos los pecados del mundo se pasaron a Él. ¿Y qué ocurre con sus pecados? ¿Se pasaron todos sus pecados a Jesús? Sí, todos sus pecados se pasaron a Jesús.
La palabra bautismo significa «ser enterrado, ser lavado, ser pasado o transferido». Nuestro Señor tuvo que morir en la Cruz en nuestro lugar porque había aceptado los pecados de la humanidad mediante este método del bautismo. No tenía pecados por naturaleza, pero como aceptó todos los pecados del mundo, tuvo que morir por los pecadores. Como fue bautizado en nuestro lugar y aceptó nuestros pecados, nuestros corazones fueron limpiados del pecado. Para erradicar los pecados de toda la humanidad, Jesús fue bautizado.
Jesús dijo en Mateo 3, 15: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia». El que conviene que cumplamos toda justicia significa lo siguiente: Como todos los seres humanos son pecadores y deben morir, Dios vino al mundo como el Salvador para librarnos de todos los pecados. Al venir al mundo, para que el Señor pudiera hacer lo correcto por los seres humanos, es decir enviarlos al Cielo en vez de al infierno, tuvo que dejarnos sin pecado. Y para ello tuvo que tomar todos los pecados de la humanidad. Por tanto, esta obra, en la que Jesús fue bautizado para borrar los pecados del mundo, es la obra más correcta. Cuando Jesús agachó la cabeza ante Juan el Bautista, éste, como representante de la humanidad, puso las manos sobre la cabeza de Jesús y le pasó todos los pecados de la humanidad. Esto es lo que significa «toda justicia». Y como Jesús dijo: «Conviene así que cumplamos toda justicia», toda la justicia se cumplió de esta manera.
Lo que Dios cumplió al ser bautizado por nosotros es lo que cumplió «toda justicia». En otras palabras, «toda justicia» se refiere al hecho de que Dios ha dejado a la humanidad sin pecados. Así es cómo Dios nos ha salvado. Cuando Jesucristo salió del río Jordán tras haber sido bautizado, Dios abrió las puertas del Cielo y dijo: «Este es Mi Hijo amado en quien tengo mi complacencia» (Mateo 3, 17).
Cuando los seres humanos, creados por Dios, cayeron en la tentación de Satanás y pecaron, el Hijo de Dios, que es Dios mismo y el Creador tuvo que venir al mundo encarnado en un hombre para borrar nuestros pecados. Y para bendecirnos y convertirnos en Su pueblo, Dios nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Si tuviésemos que ser meras criaturas, no seríamos nada, pero Dios nos renovó y nos bendijo para que no fuésemos meras criaturas, y así pudiésemos recibir las bendiciones eternas de ser hijos de Dios, gobernar la creación y tener vida eterna. Nuestro Señor tomó nuestros pecados. Borró los pecados del mundo.
El que el Señor borrara los pecados del mundo significa lo siguiente: Jesús cargó con los pecados que teníamos desde que nacimos, y con los pecados que hemos cometido y cometeremos hasta que muramos. Los deseos pecaminosos que tenemos desde que nacemos y los pecados que cometemos con nuestras acciones, son todos pecados sin excepción. Ya cometamos pecados con el corazón o con nuestras acciones, el pecado sigue siendo pecado. Sin embargo, nuestro Señor borró todos esos pecados mediante Su bautismo. Borró los pecados del mundo. El Señor cargó con los pecados del mundo a través de Su bautismo y los llevó a la Cruz.
Desde los pecados con los que nacimos del seno materno, hasta los pecados que cometimos los primeros 10 años de vida, fueron pasados a Jesús. Jesús borró los pecados del mundo. Los pecados que cometimos después, desde los 11 años hasta los 25, también fueron pasados a Jesús. Si viviésemos hasta los 100 años, todos los pecados que cometemos hasta esa edad serían pasados a Jesús. ¿Creen en esto, mis queridos hermanos? Todos los pecados del mundo fueron pasados al cuerpo de Jesús. ¿Cómo? Como Dios vive para siempre, pudo quitar los pecados del mundo, desde el principio hasta el final. Si miramos desde la dimensión de Dios, en la que no existe el tiempo, donde Él es Alfa y Omega, el problema del pecado no es nada. Desde la eterna dimensión de Dios, «los pecados del mundo» pueden ser transferidos y borrados de una vez por todas.
Nuestro Señor Jesús es el Ser eterno. El que vive para siempre creó este mundo y existirá hasta el final de los tiempos. Este planeta desaparecerá en el futuro. Los pecados del mundo se refieren a todos los pecados que los seres humanos han cometido y cometerán en el planeta Tierra desde el día en que fue creado hasta el día en que desaparezca. Jesús pudo tomar todos estos pecados del mundo de una vez por todas, y puedo salvar a toda la humanidad de una vez por todas.
¿Qué hay de los pecados de nuestros padres? ¿También pertenecen a los pecados del mundo? Sí, por supuesto. Todos pertenecen a los pecados del mundo. Todos estos pecados fueron pasados a Jesús. Aquellos de ustedes que estén solteros, se casarán y tendrán hijos algún día, y los pecados de esos hijos también serán los pecados del mundo. Todos los pecados que cometerán también fueron pasados a Jesús. Por tanto no hay pecado en este mundo.
Nuestro Dios es el Dios del amor. Él amó a todos los seres humanos y borró todos sus pecados. Así que cuando se dice que Dios bendijo el séptimo día, significa que Dios bendijo a todas Sus criaturas. Dios nos ha dado la Palabra de la vida eterna. Dicho de otra manera, Dios nos ha dado la bendición de la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. A través de este Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados.
¿Por qué fue Jesús crucificado mientras cargaba con los pecados del mundo? Porque había sido bautizado y debía morir en nuestro lugar. Él sufrió el castigo que debíamos haber sufrido nosotros. Mientras moría en la Cruz, Jesús dijo: «Está acabado». Con esto, quiso decir: «He completado Mi obra de salvación; os he salvado de todos vuestros pecados».
Después de morir en la Cruz, Jesús se levantó de entre los muertos al tercer día. ¿Por qué? Como Jesús vino a salvarnos, tuvo que tomar todos nuestros pecados y morir, y entonces Dios Padre tuvo que devolver a Su Hijo a la vida para que fuésemos salvados de todos nuestros pecados al creer en el Señor vivo. Si hubiese muerto en la Cruz, pero no hubiese resucitado, nunca hubiésemos sido salvados. Como nuestro Señor borró todos nuestros pecados, se levantó de entre los muertos y ahora está vivo, al creer en Él de corazón, hemos recibido la remisión de los pecados por la gracia de Dios. Recibir esta remisión de los pecados es recibir el don de Dios y ser bendecidos por Él. Dios nos ha bendecido para que nazcamos de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu.
Está escrito: «Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó» (Génesis 2, 3). Como Dios borró todos los pecados del mundo, todo el mundo fue santificado. Aunque todos seamos imperfectos en nuestra apariencia exterior, Dios nos ha bendecido para ser santificados y perfeccionados en la fe. Por eso nuestro Señor dijo en Hebreos 10, 18: «Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado».. Nuestro Dios se ha convertido en el verdadero Salvador de los humanos. Nos ha dado grandes bendiciones.
Aunque todos los seres humanos sean malvados y pecadores, pueden recibir la remisión de sus pecados si creen en la existencia de Dios y en lo que Él ha hecho por nuestra salvación. Podemos darnos cuenta de que para hacernos hijos Suyos, Dios permitió el pecado y las debilidades. Por naturaleza, todos éramos criaturas débiles, pero para poder ser hijos de Dios según Su plan, Él nos permite creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y nacer de nuevo.
Desde el principio, Dios quiso bendecirnos para convertirnos en hijos Suyos. Por eso Dios bendijo el séptimo día después de haber creado todo en seis días. Dios nos ha bendecido a los seres humanos. Él ha bendecido todo el universo y todo lo que hay en él. Nuestro Dios nos ha salvado a todos de los pecados.
 
 
Cuando nuestros pecados son perdonados y somos Justos, ¿pecamos más o menos?
 
Algunas personas piensan: «Cuando reciba la remisión de los pecados, puedo pecar todo lo que quiera porque estoy sin pecado, ¿verdad?». Esto no es cierto. Al contrario, cuando uno está sin pecado, se queda sin pecado. Antes, cometíamos pecados porque estábamos esclavizados, pero ahora hemos sido salvados por el Evangelio del agua y el Espíritu y ya no somos esclavos del pecado. Y los que han recibido las bendiciones de la remisión de los pecados, es decir los que creen que el Señor vino al mundo y los ha salvado, viven sus vidas practicando la justicia de Dios.
Los justos pueden negarse a sí mismos y seguir la voluntad del Señor gracias a la ayuda del Espíritu Santo que vive en ellos. Por muy malvado que sea este mundo, los justos se niegan a sí mismos y practican la justicia de Dios según la voluntad del Señor. Viven unidos a la Iglesia y predicando el Evangelio. Y oran a Dios y Él les ayuda en todas las cosas, porque han recibido el derecho a convertirse en hijos de Dios. La Biblia dice: «Los justos vivirán de la fe» (Romanos 1, 17).
Los nacidos de nuevo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu son justos. Dios dijo: «Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación». En otras palabras, Dios descansó en paz precisamente porque bendijo a Sus criaturas y las completó.
El Señor es nuestro Salvador. El Señor nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Todos debemos vivir por esta fe. Pero muchas personas todavía no tienen esta fe, y vivie sin fe.
Por ejemplo, los seguidores de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, no trabajan los sábados porque observan el Sabbath. Pero esto no es lo que la Biblia quiere decir cuando afirma que debemos observar el Sabbath el séptimo día. Dios nos dijo que observásemos el Sabbath como un día. Pero hoy en día los adventistas siguen marcando un día específico de la semana como Sabbath para santificarlo. Para ellos el Sabbath se extiende desde la puesta de sol del viernes hasta la puesta del so del sábado. Esto es lo que tendríamos que hacer si tuviésemos que fijar el Sabbath del Antiguo Testamento en un día de la semana.
Sin embargo, cuando Dios nos dijo que observásemos el Sabbath, quiso decir que debíamos observarlo en nuestros corazones. En otras palabras, Dios nos dio el Sabbath para mantener la fe en Su salvación, y para creer que el Señor nos ha salvado y bendecido. Nuestro Señor nos ha bendecido. Nos ha salvado. Dios nos está diciendo que mantengamos esta fe al darnos el Sabbath.
No todo el mundo tiene la misma hora. Hay diferencias horarias dependiendo de en qué parte del mundo nos encontramos. Cuando es de día aquí, en otra parte es de noche; cuando es domingo aquí, allí es todavía sábado. Así que ¿cómo podemos determinar exactamente qué día es el Sabbath? Cuando hacen un vuelo internacional, a veces ganan un día o lo pierden. Así que debido a las diferencias horarias, no tiene sentido determinar el Sabbath. Debemos darnos cuenta de que cuando el Señor nos dijo: «Santificad el Sabbath», nos estaba diciendo que debemos mantener la fe en la Verdad de que el Señor nos ha hecho santos y ha borrado todos nuestros pecados.
Mucha gente todavía tiene pecados en sus corazones. Sin embargo, quien crea en la Verdad no tiene pecados por la gracia de Dios. Dios dijo: «Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5, 20). Así, los seres humanos, que tenían tantos pecados, ya no tienen ninguno. Por eso estamos tan agradecidos. Este es el misterio del Evangelio.
Como la Biblia dice, cuando Dios acabó Su obra de creación, descansó el séptimo día. Pero mucha gente no se da cuenta de esto y sigue pidiendo perdón por sus pecados. Hay gente, que aunque cree en Jesús, todavía ofrece oraciones de penitencia y le pide a Dios que perdone sus pecados personales, porque cree que sólo el pecado original ha sido perdonado. Esta gente no se da cuenta de lo que Dios ha hecho por ellos.
El Libro del Génesis, en concreto en sus primeros capítulos, es un esquema de la Biblia completa. Es decir que la Palabra de Génesis contiene todo el plan de Dios. Si se tiene fe en la Palabra de los primeros capítulos del Génesis, se puede entender toda la Biblia. Por eso enseño esta parte con todo detalle a mis alumnos.
Dios dijo que bendijo el séptimo día, pero ¿de verdad han recibido las bendiciones del séptimo día? ¿Hay todavía algún pecado en sus corazones que Dios tenga que borrar? No, aunque seamos insuficientes, ya no tenemos ningún pecado. Dios nos ha bendecido. Creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es estar bendecidos.
Hace 2000 años Jesús vino al mundo y borró nuestros pecados al ser bautizado. Erradicó los pecados de la humanidad. Expurgó todos los pecados del mundo. Como nuestro Señor ya ha borrado los pecados del mundo, ahora descansa en paz. Por eso dijo: «Y bendijo Dios el séptimo día…porque en él descansó». El día del Sabbath es un día de descanso. Dios descansó en paz porque no había nada más que hacer.
Por Su amor hacia nosotros, el Señor ha salvado a los seres humanos que habían caído en el peado. Como el Señor nos ha salvado a los que estábamos malditos y desesperados, ahora puede descansar. Si no hubiese completado Su obra a la perfección, no habría podido descansar y seguiría trabajando hasta ahora.
Lo único que tenemos que hacer es creer en este Evangelio del agua y el Espíritu, a través del que el Señor nos ha hecho completos, y debemos difundir este mensaje. Nuestro deber es proclamar la resurrección del Señor, Su victoria, Su triunfo sobre Satanás y la erradicación del poder del Diablo, la muerte y la maldición. Nuestro Señor nos ha dado una única tarea, que es difundir el Evangelio. Nos ha dado esta obra de predicar la buena noticia de que el Señor nos ha bendecido y nos ha salvado.
Dios nos ha bendecido a todos para servir al Evangelio del agua y el Espíritu. ¡Aleluya!