The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 20] < Mateo 20, 20-28 > Vivan por el Evangelio del agua y el Espíritu

< Mateo 20, 20-28 >
«Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos».
 

Hoy me gustaría centrarme en el pasaje que dice: «Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo». Cuando se nos confía una tarea, debemos ser fieles a ella, o dejársela a alguien que la pueda llevar a cabo. Esto es para todas las tareas.
Quien quiera ser primero entre nosotros debe servir al Señor. Zebedeo tuvo dos hijos, Santiago y Andrés. Ambos eran discípulos de Jesús, y un día su madre fue al Señor y le pidió que dejase que sus dos hijos se sentasen a Su lado, a la derecha y a la izquierda cuando Su Reino viniese al mundo. En otras palabras, le estaba pidiendo a Jesús que les diese lugares prominentes a sus hijos. Nuestro Señor preguntó: «¿Podéis vivir de la copa de la que voy a beber?», y ellos contestaron: «Sí, podemos». Entonces el Señor les dijo: «Sí, beberéis de Mi copa y seréis perseguidos y martirizados por Mí. Pero Yo no decido quién se sienta a Mi lado, sino que Mi Padre prepara a los que se sentarán a Mi lado». Nuestro Señor entonces explicó esto utilizando un ejemplo, mediante una parábola. Él dijo: «Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo».
Hoy, con este pasaje en mente, me gustaría aclarar cómo nuestros santos por todas las iglesias de Corea deberían vivir sus vidas de fe ante El Señor. El comercio es algo importante en los asuntos humanos. No solo son los comerciantes los que están involucrados en el comercio, sino también la gente común en sus vidas diarias. Los nacidos de nuevo tenemos que vivir la fe como si estuviéramos comerciando. 
Incluso cuando vivimos con fe, mucha gente prefiere ser exaltada en vez de humillada, y por eso quiere ser servida en vez de servir. Pero nuestro Señor dijo que en Su Reino es lo contrario. Dijo: «Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo». Por supuesto, este pasaje no debe ser interpretado con pensamientos carnales. Los creyentes que tienen una mente carnal suelen interpretar este pasaje como si tuviesen que servir a la gente sin fe en términos carnales, pero esto no es lo que significa. Este pasaje significa que los que están exaltados en el Reino de Dios son los que sirven a Su Evangelio energéticamente y con lealtad.
 

Muchas personas quieren ser escuchadas
 
La mente humana por naturaleza quiere ser exaltada, y los santos en Su Iglesia y los siervos de Dios no son ninguna excepción. Cuando hay dos personas reunidas, una de ellas quiere ser más alta que la otra. Así que si consideramos cómo la gente discute por ser más exaltada, aunque solo haya dos personas, ¿no creen que esta tendencia se acentúa cuando hay 40, 50, 100 ó 1000 personas? Todo el mundo tiene el deseo de ser exaltado por encima de los demás. Pero, aunque este deseo lo tiene todo el mundo, solo unos pocos intentan servir al Evangelio con lealtad aunque se les trate mal. Mientras que es cierto que algunas personas desean seguir al Evangelio sinceramente y se sacrifican para servirlo, no siempre ocurre así, ya que algunos tienen poco deseo de servir al Señor, aunque todos quieren ser exaltados. Los que quieren ser exaltados y ser servidos, pero no sirven a los demás, están muy equivocados.
El Señor nos enseñó acerca de estos errores en Su Palabra. Nuestro Señor es la cabeza de la Iglesia de Dios. Toda criatura y todo hombre debe alabar a nuestro Señor como el más exaltado de todos. Como nuestro Señor es el más exaltado del universo, debe ser alabado. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo son nuestro Dios, pero ¿a quién debemos glorificar más? A Jesucristo, nuestro Señor. No solo nos creó, sino que entregó Su vida para salvarnos. Abandonó la gloria del Cielo por Su rebaño, para salvar a Su pueblo, sufrió y dio todo lo que tenía. 
Nuestro Señor dijo: «El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos». El Señor hizo esto. Pero, ¿qué tipo de corazón tienen nuestros santos y discípulos de Dios? ¿Desean sus corazones servir en vez de ser servidos? Los que tienen una fe madura quieren servir a los pecadores. Los que tienen una fe verdadera sirven con sacrificio. Pero los que tienen una fe joven no hacen esto, sino que, cuanto más inmadura es su fe, más se quiere ser servido. Esta gente quiere ser exaltada y tratada bien pase lo que pase. Si les invitan a una celebración de una iglesia, y quieren sentarse en el lugar de honor, y ser servidos, esto indica que su fe es inmadura. Demuestra que todavía tienen una mente carnal y que están muy lejos de la fe verdadera. 
Los que son inmaduros quieren ser servidos incondicionalmente. Cuando no son servidos, se quejan sobre el trato que reciben y solo se preocupan de sí mismos. Una de sus características es su tendencia a creer que todo el mundo debe servirles, desde sus padres hasta todo el mundo a su alrededor. 
Sin embargo, cuando crecen y maduran, prefieren servir a ser servidos. ¿A quién o a qué quieren servir? Están contentos con servir al Evangelio, por el Reino de Dios y para que el Reino venga y el Evangelio se predique. Así que están complacidos de varias maneras, tanto con sus cuerpos como con el tiempo, física o espiritualmente. Cuanto más madura la fe, más se quiere servir en vez de ser servido.
Esto es lo que el Espíritu Santo manifiesta en los corazones que tienen una fe madura. Si quieren tener una fe madura y avanzar en la fe, deben darse cuenta de que deben servir en vez de ser servidos. Todos los siervos de Dios que nos precedieron, lo hicieron. Del mismo modo en que Jesús amaba servir, Sus doce discípulos también lo amaban. No solo fueron estos doce discípulos los que lo dejaron todo para salvar a las almas, sino también todos sus predecesores de la fe. Así es como se convirtieron en sus líderes, y mientras que a veces les sirven ustedes, ellos sirven al Evangelio. Siguen siendo siervos del Señor. 
Ustedes deben tener una fe madura que quiera servir en vez de ser servidos. Pueden convertirse en hombres y mujeres de fe. Cuando se convierten en personas de fe, pueden aprender sobre la fe, conocer el corazón de Dios y la Palabra de Verdad. Un siervo se alegra y está contento con el Evangelio. Alguien que no sirven, por otro lado, siempre se está quejando. Estas personas se molestan por la obra de la iglesia, juzgan su progreso por su cuenta y quieren ser servidas. Mientras que esto se debe a nuestra fe inmadura, si seguimos así después de un tiempo, debemos examinar nuestros corazones, darnos cuenta de esto y cambiar.
El corazón de Jesucristo es humilde, es un corazón de servicio. Así que nuestro Señor nos ha dado este corazón. Sin embargo, el problema es que todavía tenemos el deseo de exaltarnos. Incluso en nuestra iglesia, algunos miembros del grupo de mujeres dicen estar por encima de otros porque han sido salvados antes, y por eso dicen que los demás deberían escucharles y servirles. En realidad, incluso los discípulos solían discutir sobre quién sería el líder. Pedro decía: «Soy mayor. Si hay alguien que haya seguido al Señor tanto como yo, que lo diga». Santiago decía: «Yo soy joven, pero ¿por qué sois diferentes? Yo siempre he ido donde vosotros ibais». Juan decía: «Yo soy el más joven, pero Jesús me quiere más y siempre le he seguido allá donde iba». Los otros discípulos, como Andrés, Felipe o Natanael, pensaban para sí mismos: «Eso es ridículo. ¿Acaso son mejores que nosotros? Estos tres discípulos siempre van en grupo y dicen ayudar a Jesús, pero ¿cómo pueden ser nuestros líderes si nos ignoran tanto? Nosotros también podemos hacer lo que ellos hacen».
Quizás los discípulos discutían así porque los Zebedeos trajeron a su madre. Como ellos no podían hablar con Jesús, lo hicieron a través de su madre. Como estos discípulos, cuando nuestras hermanas se reúnen, a veces discuten sobre los asientos, en vez de pensar en cómo servir al Evangelio por fe por el Señor. Algunas personas dicen: «Yo fui salvado antes que esa otra persona. ¿Entonces por qué tratan mejor a esa persona?». Aún más, algunas personas sirven con una mente calculadora: «Esa persona no piensa. Es bueno servir al Señor, pero hay que calcular. ¿Por qué sirve esa persona así? Se le acabará todo pronto, si sigue sirviendo así. ¿Qué hará cuando se le acabe todo?». Nunca he visto a este tipo de gente con mis propios ojos. Pero sé que hay gente así incluso con los ojos cerrados.
No estoy hablando de un concepto material. No me malinterpreten como si estuviese exaltando a los que contribuyen con mucho dinero en la iglesia. Estoy diciendo que hay gente que sigue al Señor con una mente calculadora. Algunas personas, mientras siguen al Señor, calculan los proo y los contra, y se preguntan: «¿Debería hacerlo o no?». Hay muchas personas que siguen al Señor según sus propios cálculos. Esta es la fe de un comerciante, que sigue al Señor de lejos, y por eso su fe muere. 
 
 
¿No es cierto que las cosas del Señor son nuestras y viceversa?
 
Una persona que sigue al Señor creyendo que lo del Señor es suyo, y lo suyo es del Señor, es una persona avanzada. Esta gente puede poseer muchas cosas, puede gestionar y disfrutar todo lo que el Señor tiene y servirle con energía. De hecho, una persona de fe debe tener este corazón. Sé que cuando nuestros hermanos adultos se reúnen, ninguno dice: «Fui salvado antes que tú». Por supuesto, ninguno de los miembros de nuestra reunión de adultos dice estas cosas. Nunca les he oído decir estas cosas, y no estoy seguro de que ninguno de ellos sea orgulloso.
Mis queridos hermanos, ¿quién es mayor entre nuestros hermanos y hermanas de todas las ideas, desde la reunión de adultos hasta la de jóvenes o la escuela dominical? Tengan la posición que tengan, los que se ofrecen a sí mismos por el Evangelio del Señor, le siguen de todo corazón y le sirven con todas sus vidas, son los exaltados. Quién es mayor o quién fue salvado antes no es importante. ¿Cuál es la fe preciosa? La que está agradecida por la salvación del Señor y por el Evangelio que ha borrado nuestros pecados con el agua y el Espíritu, que está unida con este Evangelio porque amamos servirle. Este deseo y esta fe de dedicar nuestros corazones a predicar el Evangelio, de ir donde el Señor va, de vivir donde el Señor vive, y por tanto de caminar con el Señor, es una fe preciosa.
Ya hayan sido salvados hace mucho o recientemente, ya sean jóvenes o adultos, ricos o pobres, con méritos o sin méritos del mundo, esto no importa en la Iglesia de Dios. En el verdadero Reino de Dios, los que viven por el Señor son los exaltados, y los que viven por el Evangelio y lo sirven son los mayores. Por eso no debemos dejar que nuestros ojos estén orientados hacia la carne. Creo que los mayores en la Iglesia de Dios son los que ofrecen sus cuerpos al Señor sin motivos Exteriores, aunque no tengan posesiones que ofrecer. Son los que se dedican al Señor estén donde estén, y los que quieren vivir por el Evangelio y servir al Señor. Son los obreros que desean servir al Señor y a Su Evangelio con mucho gozo. Estoy absolutamente seguro de que solo por haber sido salvado antes que otra persona, no significa que se sea mejor en la fe.
Yo soy imparcial conmigo mismo. Si de verdad vivo por el Señor y el Evangelio, entonces me puedo llamar a mí mismo un hombre exaltado, pero si intento vivir por mí mismo en vez del Evangelio, admito que soy un hombre carnal. Esta es la ley del Reino de Dios. Los que han nacido de nuevo se conocen los unos a los otros sin decir nada. Se reconocen cuando se ven cara a cara. No hace falta hablar. Lo saben todo sobre la otra persona porque sus mentes son similares. ¿Quién es el último entre nosotros? ¿Qué tipo de fe tiene la fe más inmadura? Los que solo quieren ser servidos y los que fingen servir al Señor con una mente calculadora aunque no le sirven.
¿Cómo sé estas cosas? Pueden pensar: «El Pastor Jong debe saber algo sobre mí». Sí, sé cómo está su corazón, porque mis ojos pueden ver a través de ellos. Pero no sé nada que se manifieste superficialmente. No tengo ni idea de si han dado ofrendas o no, y si lo han hecho, no sé si han sido grandes o no. Mientras que hay sé algunas cosas, la mayoría pasan desapercibidas. No sé si están sirviendo al Señor con sus posesiones materiales o no, ni cuánto dinero dan. Tenemos dos hermanos que se encargan de la contabilidad y las finanzas de la iglesia, y cuando estos dos hermanos me cuentan cómo van las cosas, solo me dan un informe con las ofrendas y los gastos, que no dice cuanto dinero ha ofrecido cada persona. No hay manera de averiguar cuánto dinero han ofrecido individualmente. Pero aunque no sé estas cosas, aún así puedo ver si alguien está contento de servir al Evangelio por fe. 
Ninguno de nuestros hermanos me dice: «Este hermano ha dado tanto dinero». Solo les oigo decir: «Hemos recibido tanto dinero en las ofrendas, y este otro tanto en el ministerio literario, y este otro en las ofrendas de acción de gracias. La contribución total es de tanto dinero que será enviada a la misión». Yo no sé nada más. Nadie me dice cuánto dinero ha dado cada santo individualmente. Esto nunca se ha hecho desde que la iglesia fue fundada.
Mientras que no tenemos tantos detalles en el mundo, sí que los hay en el Reino de Dios. En otras palabras, aunque nadie les juzga basándose en sus ofrendas, lo que ofrecen está escrito en sus corazones y Dios lo sabe. Lo importante es ofrecer sus contribuciones por fe, y sin calcular. En otras palabras, Dios sabe si le están sirviendo por fe o no. Servir al Señor de manera calculadora, con una fe que depende de sus propias circunstancias, es diferente a servir al Señor con la fe verdadera. Les pido que no conviertan esta iglesia en un mercado. Esto nunca se puede tolerar en la Iglesia de Dios. La Biblia menciona a una viuda que ofreció dos monedas al Señor, pero también dice que esta ofrenda era mayor que cualquier otra. Así, Dios mira los corazones. Nunca mira al peso de las ofrendas materiales.
El Señor mira nuestros corazones, no solo nuestras acciones. Los que quieren servir al Señor de corazón con lo que tienen, pueden testificar: «Era imposible servir al Señor en mis circunstancias, pero cuando me decidí en mi corazón, Él me dio lo necesario para servirle. Le sirvo por lo que tengo ahora, y todo lo que tengo me lo ha dado el Señor». Los que viven por fe tienen testimonios.
Sin embargo, hay otros que sirven al Señor con una mente calculadora. Son tan calculadores y malvados y sirven al Señor sin fe. ¿Cómo de difícil es ganar dinero en este mundo? Yo esto lo sé muy bien. Pero aún así, si dan su dinero para servir al Señor sin ganas, esto no le beneficia a nadie. Las ofrendas que se entregan de esta manera no son buenas para la iglesia, pero si la iglesia depende de estas ofrendas exclusivamente, se quedará sin recursos pronto. Cuando más difícil les sea ganar dinero, más deben gastar en esta obra maravillosa, es decir en el Señor. Así es como deben gastar su dinero. Lo que se ofrece al Señor debe ofrecerse con ganas. Nunca es malgastar.
Miren a la mujer que trajo una jarra de alabastro con aceite aromático a Jesús y que se lo puso en la cabeza. Cuando la gente de su alrededor vio esto, le dijeron: «¿Por qué estás malgastando este perfume tan precioso? Se lo has puesto en la cabeza a Jesús, en Su cara y Sus ropas. Has estropeado Su ropa y pelo. No solo le has rociado con el aceite la cabeza, sino también los pies, y ahora el suelo está lleno de aceite. ¡Qué desperdicio!». Sin embargo, el Señor dijo que la mujer no malgastó nada. La jarra de alabastro con el aceite era la dote de la mujer, y aún así se lo dio a Jesús. Para comprar esta jarra en aquellos tiempos, un hombre tendría que trabajar durante un año y ahorrar cada céntimo de lo que ganase. Así que pueden imaginarse lo duro que esta mujer había trabajado para ganar ese dinero. Pero aún así le dio el aceite a Jesús y el Señor dijo que cuando el Evangelio se predicase, su fe sería contada como testimonio.
Si dudamos cuando ofrecemos nuestras posesiones materiales al Señor, estamos cometiendo un grave error. Como las circunstancias de todo el mundo son diferentes, no todo el mundo sirve al Señor con sus posesiones materiales de la misma manera. Mientras que algunas personas ofrecen sus posesiones para servir al Señor, otros no pueden dar dinero y sirven al Señor con sus cuerpos y su trabajo. El deseo de servir al Señor por fe de cualquier manera posible y con todo lo que el Señor nos ha dado por fe, es la verdadera fe. Algunas personas se ofrecen a sí mismas, porque no tienen nada más que ofrecer.
Sin embargo, si su corazón desea ser servido en la iglesia, en vez de servir, este corazón demuestra que su fe es carnal. Este tipo de fe es la peor. Algunas personas que acaban de ser salvadas también quieren servir al Señor, y le sirven. Sin embargo, otras personas, aunque hace mucho que recibieron la remisión de los pecados, tienen poca fe. En el reino de Dios, es malvado desear ser servido en la iglesia y evitar cualquier trabajo, así como intentar cosechar con poco esfuerzo. Esto es un pecado. ¿Se están preguntando: «Está diciendo el Pastor Jong con el objetivo de pedirnos ofrendas»? No, no tengo ningún plan. Todo plan de la primera mitad de este año se ha conseguido. Así que no tengo más planes para la segunda mitad hasta el fin del campamento de discípulos. No tengo ningún plan por ahora. Solo digo lo que pienso. Querer ser servido es un pecado.
Pasar por problemas en la vida ayuda a nuestro carácter. Sin experimentar problemas, no pueden convertirse en seres humanos decentes. Como los seres humanos son egoístas, necesitan formar su carácter a través de los problemas. Alguien que haya crecido con dificultades, conoce las dificultades, aprende la sabiduría para superar esas dificultades, aprecia los problemas de los demás, les ayuda y les enseña a cómo superarlos sabiamente, y por supuesto no abandona fácilmente. Por otra parte, quien ha vivido como un príncipe o princesa, que ha vivido sin problemas, siempre protegido, no tiene consideración con los demás, y su corazón quiere ser servido a todas horas. ¿Cómo pueden ser nuestros corazones así? Si hemos recibido la remisión de los pecados, debemos reconocer a nuestro Señor. Aunque no tengamos nada, queremos ofrecer nuestros corazones al Señor. Cuando tenemos algo con lo que servir al Señor, se lo ofrecemos. Si no hay nada que ofrecer por mucho que busquemos, nos ofrecemos a nosotros mismos y nuestro tiempo. De esto se trata servir al Señor. Deben tener el deseo de hacer lo que puedan por el Señor y deben servir al Señor de cualquier manera posible.
¿Cómo pueden dejar que su corazón no tenga deseo de servir, sino solo de ser servido? ¿No es esto malvado? Esta fe es la peor de todas. Esta fe es la última de todas.
 

El Señor quiere vestirnos de la gloria de Dios
 
El Señor no nos ha salvado para que le sirvamos, sino para servirnos y revestirnos de la gloria. El Señor lo ha hecho.
Cuando servimos al Señor, nosotros también debemos dejar de lado nuestra tendencia a medir todo con los estándares del mundo. Está muy mal trabajar duro solo cuando alguien nos está supervisando, pero no hacer nada cuando nadie mira. Ya nos estén mirando o no, si tienen fe en Dios y desean servir al Señor, lo ofrecerán todo. Sigo hablando de cosas materiales, pero solo porque la medida en que uno ama sus posesiones es una medida de su corazón. Como está escrito en la Biblia: «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6, 21), el corazón se revela a través de las posesiones materiales. En tiempos normales, no es fácil exponer lo que hay dentro del corazón. Pero es bastante diferente cuando se trata de cosas materiales. Cuando alguien está en una situación en la que sus posesiones están en peligro, sus verdaderas intenciones se revelan. No importa lo que digamos, la verdad sale a relucir.
De ahora en adelante, no solo decimos vagamente: «Como la iglesia está haciendo esta obra, oraré por ella, pero no tengo que ver con ella». No se muestren indiferentes a lo que hace la iglesia. La gente de fe debe pensar en lo que puede hacer por este plan, y debe orar en detalle por la obra de Dios por fe. En otras palabras, cuando la Iglesia hace una obra determinada, deben pensar: «¿Cuál es mi parte? ¿Qué puedo hacer?». No deben ignorar lo que la iglesia está haciendo por ustedes y decir: «No me importa lo que la iglesia haga o deje de hacer. No es mi trabajo. No soy responsable de esto. Yo solo sé hacer mis cosas, ir a trabajar, encargarme de mis asuntos, ir a la iglesia y mantener a mi familia. Lo que haga la iglesia o deje de hacer, depende de algunos ministros; no me importa».
Pero cuando la iglesia haga algo, deben pensar: «Quiero participar en esa obra y contribuir con mi parte. Esto es cierto. ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué puedo hacer? ¿Debo ofrecer mi contribución material, mi tiempo o mis habilidades? ¿O debo ofrecer mis oraciones? ¿Qué debería hacer? ¿Debo participar con mi trabajo?». No deben pensar: «El trabajo de la Iglesia es suyo, el mío es el mío».
El alcalde de la ciudad de Chuncheon anunció el plan de convertir la ciudad en un centro de animación. ¿Para quién es este plan? Para que los ciudadanos ganen dinero. Es para crear ganancias económicas a través de este plan y para ello se va a anunciar por todo el mundo. Será muy beneficioso para nuestro ministerio porque estamos pensando en publicar comics que contengan el Evangelio del agua y el Espíritu.
Por cierto, si la iglesia decidiese predicar el Evangelio a través de comics, todo el que sepa dibujar debería colaborar. Algunas personas dirían: «Pero yo no sé dibujar. No tengo talento para dibujar tebeos. No tengo ningún talento. Yo estaría ayudando con no acercarme a los comics. Lo echaría todo a perder. Acabaría derramando tinta en los dibujos, así que ni se les ocurra pedirme que dibuje tiras cómicas».
¿Pero está bien pensar así? Otros dirían: «¿Qué puedo hacer yo? No sé dibujar, quizás debería comprar colores para los dibujantes. ¿O debería comprar papeles? ¿O quizás hacer recados o limpiar el estudio al final de la jornada de trabajo? ¿Debería participar en esta obra con mi ayuda económica o debería orar? ¿Qué debería hacer?». ¿Cuál de estas dos cosas? Ante Dios, la disposición correcta es pedirle a la iglesia que les de algo que hacer para contribuir a lo que la Iglesia quiere conseguir.
¿Cuánto trabajo tenemos que hacer para servir al Evangelio? En nuestro ministerio extranjero hasta nuestro ministerio de traducción e Internet, ¿no tenemos mucho que hacer? Entonces todos tenemos que ponernos manos a la obra. Los que pueden trabajar deben ofrecer sus cuerpos a trabajar, los que pueden ofrecer apoyo económico deben servir al Evangelio con sus aportaciones económicas, y los que oran, deben seguir orando por nuestro ministerio. Solo cuando hay este tipo de gente, la obra de Dios se consigue. Entonces todos nosotros, así como todos los brazos de la iglesia, debemos pensar en cómo servir al Evangelio y qué hacer por él, puesto que servir al Evangelio no se consigue a solas, sino que requiere que reunamos nuestras fuerzas. ¿Cómo puede poca gente conseguir estas cosas? Si tenemos el deseo de servir a la iglesia, entonces todos participaremos y si lo hacemos, nuestras vidas nunca serán pobres.
Mis queridos hermanos, por muy ricos o pobres que seamos, si ofrecemos una cantidad pequeña a la obra del Evangelio, esta obra se completará. Los que tienen pocos recursos materiales y problemas económicos, pueden ofrecer su tiempo, sus cuerpos y sus oraciones. Los que quieran ofrecer posesiones materiales, deben pensar: «Esta es la cantidad que gastaré en mi familia, y por eso tendré que apretarme el cinturón y utilizar mis ahorros para el Evangelio. Debido a los límites en mi salario, debo restringir mis gastos a las necesidades básicas y ahorrar todo lo que pueda para ofrecerlo a esta causa». Así, algunas personas se aprietan el cinturón para ofrecer más a Dios. Así es como debemos vivir. Pase lo que pase, debemos servir a Dios y participar en esta obra de servir al Evangelio.
Para que nuestra fe crezca, debemos dedicar nuestros corazones a servir al Evangelio. El que podamos trabajar bien o no es secundario; lo principal es ofrecer nuestros corazones al Señor haciendo todo lo que podamos. Si vivimos según nuestras circunstancias, en vez de dedicar nuestros corazones a servir al Evangelio, será imposible servir al Evangelio. ¿Piensan que vivirán bien sin ofrecer sus corazones al Evangelio? En realidad tendrán que esforzarse para seguir vivos.
Debemos dedicar nuestros corazones al Evangelio. Entonces, cuanto más crezca nuestra fe, mejor serviremos al Señor. El crecimiento de nuestra fe significa que tenemos mucho más que hacer. ¿Qué ocurre cuando tenemos más que hacer? Que sale nuestro fondo. Cuando su fe crece, quieren servir más, ¿pero qué ocurre? Cuando ven cuánto tienen que hacer, y lo poco que tienen, orarán a Dios: «Señor, hazme servirte más. Ayúdame». Así, cuando oran a Dios, ejercitan su fe, esta crecerá, Dios les dará más y serán personas de grandes posesiones, aunque tengan poco. Dios les da más a los que le sirven más. Como han recibido más de Dios, también le servirán más. Cuando sirven al Señor, Dios les da más, y entonces se convierten en los primeros. En otras palabras, los que sirven más al Señor y al Evangelio, viven con el Señor, la Cabeza de la Iglesia, y estarán más cerca de Él.
El Apóstol Pablo dijo: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10, 31). Todo está en este pasaje. Ya comamos o bebamos, o hagamos lo que hagamos, debemos hacerlo por la gloria de Dios. Aunque este pasaje no es específico, ¿no habla de todo con todas sus implicaciones? Como la Biblia nos dice que hagamos lo que hagamos, debemos hacerlo por la gloria de Dios, la fe es lo único que importa en nuestras vidas de justicia.
Mis queridos hermanos, debemos ser gente con una fe madura. Nuestra fe debe crecer. En vez de desear que nos sirvan, debemos ofrecer nuestros servicios al Señor. Debemos ser el tipo de gente que sirve más y más. La lógica del mundo está clara; si se gastan diez de diez, no tendrán nada. Pero hemos experimentado cosas diferentes en el Reino del Señor. Si ofrecemos cinco al Señor y vivimos con los otros cinco, el Señor nos dará diez más. Querremos ofrecer siete de diez al Señor y vivir con tres, pero nos daremos cuenta de que podemos vivir mejor ahora. Esto se debe a que el Señor nos da más cuando tenemos la fe pura.
En este contexto se enmarca el milagro de los cinco panes y los dos peces. De la misma manera, con la historia de la viuda en Sarepta en los días de Elías, la Biblia nos dice que las bendiciones de Dios se reciben por la fe. Esta viuda había servido a Dios con un puñado de harina y un poco de aceite en una jarra, pero hasta que el hambre no pasó, la harina y el aceite no se acabaron. La viuda tenía tan poca harina que, cuando hacía galletas con ella, apenas había suficiente para una galleta para ella y su hijo. Pero aún así, utilizó la última porción de harina para servir al siervo de Dios primero, y la Biblia dice que por esto, pudo alimentar a su familia y la harina no se acabó hasta el final de la hambruna por la que se pasaba (1 Reyes 17, 11-16). Ella sirvió al siervo de Dios primero. Pero no les estoy diciendo que me sirvan a mí, sino que les cuento esto para recordarles que, como la viuda creyó en Dios y sirvió a Su siervo aunque no tenía mucho que ofrecer, Dios bendijo su casa y cubrió sus necesidades. Por eso nunca se le acabó la harina.
Mis queridos hermanos, si tienen el deseo de servir al Evangelio, pueden servir al Evangelio más que suficientemente. Si sus corazones están dispuestos, podrán cumplir su obra mediante este ministerio de comics. Nunca se sabe, quizás estos lleguen a difundirse por toda la industria del cómic, y quizás cubramos todo el mundo con estos comics. Si tenemos el deseo de servir, podremos servir al Evangelio mejor con las bendiciones de Dios. El problema es la falta de deseos. El Señor no ha cerrado el camino, sino que lo ha abierto para nosotros. Como no tenemos ganas, no podemos embarcarnos en este camino. Si nuestros corazones tienen el deseo de obrar, aunque no tengamos talentos, Dios nos ayudará para completar esta obra.
De hecho, lo importante es el corazón. Lo importante es tener el deseo de servir al Señor. Este deseo de servir en vez de ser servido es lo importante. Los que quieren servir al Señor por mucho que hayan dejado de gastarse en sí mismo para ofrecerle el resto a Dios, lo consiguen. Pero los que quieren ser servidos, solo piensan en cómo gastar más en sí mismos. Los que desean servir al Señor, le sirven en todas las circunstancias, y Dios les da más para que le puedan servir más aún.
Alguien que quiera ser servido nunca tiene suficiente, aunque siga luchando para ser mejor y tener más invirtiendo todo en sí mismo. Esta es la diferencia en la realidad de la fe, y si han recibido la remisión de los pecados y se han convertido en gente de fe, deben desear crecer en la fe. Así que, ante todo, deben orar para que su fe crezca. Cuando su fe crece, su corazón desea servir al Señor más, y así es como se convierten en personas que sirven al Evangelio. Todos nosotros debemos desear servir al Evangelio más y más. No piensen: «He hecho suficiente. He servido mucho y ahora debo ser servido, no servir. Todos los que están detrás de mí deben servir al Evangelio, pero yo no». Los que fueron salvados antes que otros deben seguir al Señor aún más y los que han dispensado más gracia en la iglesia, los que han vivido dentro de ella durante más tiempo, deben servir todavía más. Precisamente porque su fe ha crecido tanto, deben servir más.
Así es el Reino de Dios. Ustedes y yo somos ambos siervos del Señor. Somos el pueblo del Dios. Como todos nosotros vivimos por el Señor, hemos ofrecido las posesiones materiales de este mundo, nuestros cuerpos y todo lo demás al Señor. Si nos gastásemos todo en nosotros mismos, y calculásemos cada paso con nuestro propio interés en mente, ¿cuándo serviríamos al Señor? ¿Cuándo haríamos la obra del Señor? ¿Cuándo difundiríamos el Evangelio a través del ministerio de los comics? ¿Cuándo evangelizaríamos al mundo y daríamos testimonio a nuestros hermanos coreanos, y cuándo predicaríamos el Evangelio a nuestras familias? Si hacen todo lo que quieren por sí mismos, nunca podrán servir al Señor. En otras palabras, quien sirve al Señor no puede hacer todo lo que quiere.
Esto no significa que no se deban comprar ropa. Algunas personas sirven al Señor lealmente aunque lleven buena ropa y se gasten mucho dinero, mientras que otros no sirven al Señor aunque no hagan nada para gratificarse a sí mismos. El problema está en el corazón, no en señales visibles.
Dios les ha dado varios talentos. Ha hecho que nuestras circunstancias sean ideales para que le podamos servir de cualquier manera, ya sea con nuestras posesiones materiales o con nuestros cuerpos. Sin embargo, si no servimos al Señor en absoluto, ni con el cuerpo, ni con el dinero, ni con las oraciones ni pensamientos, nos negamos a servir pase lo que pase. Cuando contrastamos a esta gente con la que sirve al Señor con lealtad hasta morir, vemos que esta gente no está recta para nada. No es correcto para los que tienen una fe pequeña, dejar de ejercitar la fe que tengan. Como cuando un pozo se seca cuando no se saca agua de él en mucho tiempo, su fe también se secará si no la ejercitan en la Iglesia de Dios.
Mis queridos hermanos, les pido que se humillen en la iglesia. Les pido que abandonen sus pensamientos. Nunca podrán llevar una vida de fe con sus propios pensamientos. Es imposible. Lo que la Palabra de Dios dice es lo importante. La Palabra de Dios dice: «Quien quiera ser el primero, debe ser un siervo». ¿Siervo de quién? Siervo del Señor. Por muchos méritos que tengan, si su corazón no ama al Señor, no podrán ser siervos Suyos. Por mucho que seamos inteligentes en los asuntos del mundo, si no tenemos el deseo de amar al Señor, no somos siervos.
 

¿Se convierto un graduado de un seminario en un siervo de Dios automáticamente?
 
¿Se convierte alguien en un siervo de Dios solo por tener una educación formal? ¿Se convierte en siervo del Señor por haberse graduado en un seminario y aprobar sus exámenes? No. Quien ama al Señor, a Su Evangelio, acepta Su Palabra, le sigue, y se niega a Sí mismo, carga con su cruz para seguirle, es un verdadero siervo del Señor. ¿Piensan que cualquier persona se puede convertir en sierva del Señor? Un siervo del Señor está más exaltado que cualquier persona con poder secular en este mundo. Está más exaltado porque es siervo de Dios. Nadie en este mundo se puede comparar con los siervos de Dios. 
Mis queridos hermanos, debemos deshacernos de este deseo de ser servidos. Deberíamos desear ser gente de fe que preste sus bendiciones en vez de tomar prestado dinero, como el Apóstol Pablo dijo: «En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir» (Hechos de los Apóstoles 20, 35). En vez de cometer fraudes para tomar prestado dinero de sus vecinos y asegurarse su supervivencia, deberíamos prestar diciendo: «¿No tiene dinero? Le dejaré un poco para que abra un negocio. Solo me tiene que devolver esta cantidad, sin intereses».
Mis queridos hermanos, debemos tener este tipo de corazón rico y abundante que ama al Señor. Para los que hemos nacido de nuevo, el corazón debe ser rico. El Apóstol Pedro proclamó: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda» (Hechos 3, 6). Los que tienen una fe firme en el Señor pueden mantenerse firmes y seguir adelante como leones. Nuestros corazones deben estar llenos del Señor. En toda nuestra Iglesia, quien no sirve al Señor, es el último en la fe. 
Aunque no tenemos muchas oficinas en nuestra iglesia, sí que tenemos oficinas invisibles y un orden establecido. Hay pocas iglesias que tengan tantas oficinas claramente definidas como la nuestra. Comparadas con la nuestra, las iglesias del mundo tienen muchas más oficinas. Una de ellas es la de diáconos, y esta palabra significa alguien que cuida de la casa, por lo que un diácono es un siervo y un esclavo. Por supuesto, los nacidos de nuevo no somos siervos ordinarios, sino que somos los siervos del Maestro que están cerca de Él, que conocen todo lo Suyo y que establecen Su Reino junto con Él. En otras palabras, no somos meros siervos que se quedan en la puerta para dar la bienvenida a los invitados, o que llevan la carga, sino que somos los siervos que están cerca del Maestro, que conocen Su voluntad, y que participan en la construcción de Su Reino. Como somos siervos que construyen el Reino del Señor, cuando este Reino se establezca, tendremos los puestos más altos como recompensa.
Como dentro de nuestros corazones está el Reino de Dios, tenemos una gran fe. Como nuestros corazones deben estar puestos en el Señor, debemos dejar de lado cualquier amor por el mundo. Si nuestros corazones tienen amor por este mundo, esto significa que el Señor no está en ellos, pero si dejamos el amor por el mundo, el Señor llenará nuestros corazones automáticamente. Debemos convertirnos en siervos del Señor. ¿Cómo podemos querer ser servidos? Debemos dar a los mendigos en vez de convertirnos en mendigos. Hoy en día, cuando voy al centro de la ciudad, veo a algunos minusválidos sin piernas que se arrastran por las calles pidiendo dinero en el nombre de Jesús. Cuando los veo me siento avergonzado. Es difícil tenerles compasión, porque invocan el nombre del Señor para vivir como mendigos, ponen en evidencia el nombre del Señor y minan la dignidad de otros cristianos. Por supuesto, cualquier ayuda que les den a estas personas, es por el Señor, pero ¿cómo puede un cristiano convertirse en un mendigo?
Mis queridos hermanos, deben tener una fe enorme y deben expandir la medida de su fe. Los que hacen más grandes sus mentes, tienen más fe, y sirven más, son los más bendecidos. ¿Cómo pueden los nacidos de nuevo seguir siendo recipientes pequeños después de haber nacido de nuevo? Cuando ustedes le dicen a Jesús: «Señor, por favor, lléname», entonces su recipiente se llenará con unas pocas gotas. ¿Es suficiente? Por muy grandes que sean sus recipientes, ¿creen que el Señor no podrá llenarlos? El Señor es más que capaz de llenarlos. El problema está en nuestra parte, porque le pedimos al Señor con recipientes pequeños y queremos que los llene todos los días. Para mí esto es muy frustrante.
Deben tener una mente abierta y un gran recipiente de fe para desear servir al Señor. Si deciden servir al Señor con valentía, entonces Dios les dará muchas bendiciones. Dios hará posible que su fe crezca, que tengan dinero, y que ganen mucho. Pero a pesar de esto, ustedes se preocupan de este recipiente pequeño, y dudan ofrecer la mitad. Como su recipiente es demasiado pequeño, piensan que no es suficiente para ustedes. Pero, ¿cómo pueden servir al Señor lo suficiente con un recipiente tan pequeño?
Abran sus mentes y dejen que su fe crezca. Si le dicen al Señor: «Dios, no puedo vivir con una cosa tan pequeña. Dame más. Dame cosas grandes», entonces el Señor les dará más. Cuando su fe crece más y le piden al Señor cosas grandes, podrán servir al Señor y tendrán una vida abundante. Todos ustedes deben crecer en la fe. Para ello, sus corazones deben desear servir más. La fe no crece con tan solo intentarlo; sino que crece con el deseo de servir. 
La gente del mundo está contenta con ganar 2000 dólares al mes. Hay gente que queda satisfecha con 2000 dólares y un coche normal. Las vidas de esta gente valen solo 2000 dólares. Por el contrario, mis queridos hermanos, podemos hacer que nuestras vidas valgan millones y miles de millones al orar: «Señor, quiero servirte más». Cuando los que quieren servir más viven por fe, no se convierten en mendigos, y por eso les pido que hagan más uso de su fe y que deseen servir al Señor todavía más. La vida de una persona con poca fe, es de poca calidad. Esta vida debe vivirse con lágrimas y con desesperación. ¿Creen que hay alguna diferencia entre ser el último en la fe y ser el último en la vida? ¿Creen que es posible que su vida sea la primera y su fe la última? No, cualquier persona que sea la última en la fe, también será la última en la vida. Por lo menos así es como funciona en el Reino de Dios. 
Por lo tanto, debemos preguntarnos a nosotros mismos: «¿Cómo puedo servir al Señor? ¿Qué puedo hacer para complacer al Señor? ¿Cómo puedo llevar a cabo esta tarea que se me ha confiado? ¿Qué debo hacer para cumplir la obra del Señor?». Para esto debemos vivir. Hagamos lo que hagamos, bebamos o comamos, ustedes y yo debemos hacerlo todo para servir al Señor y Su Evangelio.
Una persona que se conforma con comer, beber y dormir todos los días, y que no tiene preocupaciones sobre qué comer y beber, tiene una fe pequeña, y por tanto no sirve al Señor. Así que para esa persona es imposible ser rica. Cuando nacemos en este mundo, debemos vivir con una fe rica, y aunque no vivamos en una mansión enorme, debemos por lo menos tener un sitio al que llamar hogar y disfrutar. Si solo trabajan, y aún así no ganan suficiente dinero para sobrevivir, o si tienen que quedarse con hambre algunos días, ¿qué tipo de vida es esa? Solo se vive una vez, así que les exhorto a que vivan con ambiciones y con seguridad, en vez de vivir miserablemente sin fe. Si tienen fe, verán como Dios les proporciona todo lo que necesiten.
¿Son justos o no? Son justos. Como son justos e hijos de Dios, ¿creen que será Su voluntad vivir una vida de fracaso? No, por supuesto que no. Por tanto si quieren que su corazón tenga fe y sirva al Señor, y si dedican su corazón al Evangelio y la obra del Señor, al ver lo que están haciendo, Dios les dará todo lo que necesiten. Si su corazón dice: «Señor, quiero hacer Tu obra», entonces, aunque sus circunstancias no sean favorables, Dios las cambiará para que le puedan servir. En otras palabras, Dios les dará más fuerzas para que hagan muchas obras de fe. ¿Por qué vivir en la miseria? Como han nacido en este mundo solo una vez, ¿no deberían viajar por el mundo, probar todo tipo de comida, y ver diferentes culturas? ¿No deberían vivir por la justicia? Debemos vivir así. No se limiten a escuchar mi sermón. Si han recibido la remisión de los pecados, lo que deben hacer es aplicar este principio de cómo crecer en la fe. 
Todos necesitamos hacernos las siguientes preguntas: «¿Qué le pasa a mi fe? ¿De verdad quiero vivir por el Señor? Vale, he sido salvado, pero todavía vivo en la carne, y pienso en qué comeré, qué beberé y qué llevaré». Si se preocupan por esto, no podrán servir al Señor. Además todas las mañanas tendrán estas preocupaciones cuando se levanten y llevarán esa carga. Estarán preocupados todo el tiempo y se preguntarán: «¿Qué debería comer hoy? ¿Qué debería beber? ¿Qué debería ponerme? No tengo ropa. Mi frigorífico está vacío. ¿Qué voy a hacer?».
Nuestro Señor dijo: «Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?» (Mateo 6, 28-30). Siguió diciendo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6, 33).
Nuestro Señor nos prometió que nos daría todo. ¿Quieren vivir su vida preocupados por qué comer? Ahora deberíamos desear convertirnos en gente de fe que sirve al Evangelio más y debemos hacerlo. Abran sus mentes y vivan por el Señor y el Evangelio. Dios les hará vivir en abundancia y prosperidad. ¿Creen en esto? Por eso les pido que vivan por fe. Yo soy diferente de los pastores fraudulentos de las iglesias del mundo, que dicen: «Si venden su casa y le dan el dinero al Señor, tendrán dos casas» para incrementar las arcas de la iglesia. ¿Creen que es esto lo que les estoy diciendo? No, por favor, no piensen que soy así. Nunca he dicho una palabra que no sea de fe y que les lleve a la destrucción.
La manera de prosperar es sirviendo al Señor. Buscar Su Reino y Su justicia es la manera de recibir las bendiciones. Su Reino se establece al predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Llevar a todo el mundo a recibir la remisión de los pecados y convertirse en hijos de Dios, es buscar Su Reino y Su justicia. Dios nos está diciendo que vivamos por Él, por lo que es justo. 
Por tanto, vivamos por Su Reino y Su justicia. ¡Aleluya!