The New Life Mission

Sermones

Tema 14: La Primera Epístola de Juan

[Capítulo 5-7] (1 Juan 5:20) Él es El Dios Verdadero Y la Vida Eterna

(1 Juan 5:20)
«Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna».
 

Mira Esta Palabra de la Verdad

El pasaje de la escritura de hoy de 1 Juan 5:20 dice, «Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna».
De acuerdo a este pasaje que nos dio el Hijo de Dios Él nos dio el conocimiento, el cual nos permite darnos cuenta de la verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Jesucristo hizo que pudiéramos ver al Verdadero, y al Padre. También, Jesús hizo que nos diéramos cuenta acerca de la remisión del pecado y acerca de la vida eterna.
Yo deseo compartir con ustedes todo lo que se y lo que creo en mi corazón mientras predico las Escrituras, pero reconozco la necesidad de compartir primero la parte intelectual de la Palabra de la Verdad. Me gustaría interpretar el pasaje de la Escritura a ustedes, antes de compartir con ustedes el significado espiritual implicado en ella. Así, planeo en compartir a Jesucristo, quién ha venido a mi corazón y que llegará a sus corazones, explicando la Palabra de la Biblia versículo a versículo. Ahora, me siento agradecido, ya que puedo compartir con ustedes la Palabra de la Verdad, en la cual creía el Apóstol Juan.
 

Jesucristo es Dios
 
El pasaje de la escritura de hoy dice, ¬«Este es el verdadero Dios, y la vida eterna». Para nosotros, Jesucristo es el verdadero Dios. Jesucristo no es solamente el Hijo de Dios sino además es el verdadero Dios, quién creó todo el universo al igual que a toda la humanidad. Debemos conocer y creer que Jesús es el verdadero Dios, quién creó todo el universo al igual que a ti y a mí. Para nosotros Jesucristo es el Dios verdadero. No solamente es Él el Hijo de Dios Padre sino además el verdadero Dios para nosotros. Es importante que nosotros conozcamos y tengamos fe en el hecho de que Jesús es Dios. Al hacer eso, podemos tener una fe racional en Él. Debido a que Jesús es Dios, tenemos que creer en esta Verdad ya que Él vino a este mundo, recibió el bautismo de Juan el Bautista, y derramó Su sangre sobre la Cruz para liberarnos de todos nuestros pecados.
«Este es el verdadero Dios, y la vida eterna». Para creer en Jesús como el Salvador, básicamente necesitamos creer que Él es Dios, y que Él se convirtió en nuestro Salvador. Necesitamos saber que Jesús vino a este mundo, recibió el bautismo, y derramó Su sangre para que tú y yo viéramos la Verdad de la salvación por nuestros pecados.
«¿Es Jesús una criatura más como cualquier otro ser humano? ¿O es Él el Creador de toda la gente, las plantas y los animales, el sol y la luna, el universo y todo lo que hay en él?» si deseamos tener la fe correcta delante de Dios, necesitamos responder esta parte primeramente y saber correctamente que Jesús es el verdadero Dios. Entonces, debemos creer en el evangelio dado por Dios del agua y el Espíritu. El conocimiento de fe en Jesucristo como Dios y Salvador-quién vino a este mundo, recibió el bautismo de Juan el Bautista para tomar los pecados sobre Sí Mismo, muriendo crucificado sobre la Cruz, y resucitando de entre los muertos para que pudiéramos ser liberados de nuestros pecados-es hermosísimo.
La Biblia dice, “Él es el Dios verdadero”. Como tal, Jesús es el verdadero Dios. Cuando creemos que Jesús es el verdadero Dios, llegamos a darnos cuenta de realmente cuanto Él nos amó. ¿Cómo nos amó Jesús, si Jesucristo es Dios pata ti y para mí, quién nos liberó de nuestros pecados como nuestro Salvador?
El Apóstol Juan dijo en 1 Juan 5:6-8, «Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan».
Fundamentalmente Jesucristo es Dios. El Dios verdadero Jesús vino por el agua y por la sangre. Para liberarnos a ti y a mí de nuestros pecados, el Señor vino a este mundo por el agua y por la sangre, y nos liberó de todo el juicio por nuestros pecados, el Señor vino «no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad» (1 Juan 5:6). Aunque fundamentalmente Jesús es Dios, Él vino a este mundo, recibió el bautismo, murió sobre la Cruz y sufrió vicariamente por nosotros para liberarnos de todos nuestros pecados debido a que Él te amó a ti y a mí. Tú y yo debemos creer que Jesucristo es Dios. Además, tú yo también debemos creer en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual nos lo dio Él.
¿Ahora como vamos a llenar nuestros corazones vacíos? Sería agradable y fácil si pudiéramos satisfacer nuestro corazón con las cosas de este mundo. Sin embargo, ¿cómo podríamos alguna vez satisfacer nuestro corazón con las cosas de este mundo? Nuestro corazón será saturado con el amor de Cristo y se sentirá satisfecho, cuando sepamos que Jesucristo vino a este mundo y recibió el bautismo y murió sobre la Cruz debido a que Él nos amó. Nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, por lo tanto, es una necesidad.
El pasaje de la Escritura en 1 Juan 4:10 dice, «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados». Este pasaje implica que el verdadero Dios Jesús vino a este mundo y recibió el bautismo y derramó Su sangre para que pudiéramos ser liberados de nuestros pecados. A través de los obras de justicia de Cristo, pudimos recibir la remisión de todos nuestros pecados y llegar a ser los hijos de Dios. Así, ahora podemos vencer los pecados del mundo.
El Apóstol Juan dijo, «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad» (1 Juan 5:5-6).
Podemos llegar a ser los nacidos de Dios solamente cuando creemos en Jesucristo quién es Dios. Jesús, el Dios verdadero nos ha amado. Por lo tanto, Él recibió el bautismo para que podamos ser liberados de todos nuestros pecados. También Él derramó Su sangre preciosa para que pudiéramos ser emancipados del juicio por todos nuestros pecados. Y Él llegó a ser nuestro verdadero Salvador al resucitar de entre los muertos. Podemos vencer al mundo creyendo en este evangelio del agua y el Espíritu.
Hemos llegado a estar verdaderamente gozosos ya que el amor de Dios habita abundantemente en nosotros. El hecho de que el amor de Dios mora en nuestro corazón merece nuestra gratitud. Tenemos que guardar en nuestro corazón el entendimiento de que Dios nos amó al enviar a Jesús a este mundo par ti y por mí, haciendo que Él recibiera el bautismo y haciendo que Él derramara Su sangre en sacrificio.
El Apóstol Pablo dijo, «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor» (1 Corintios 13:13). Además, él dijo, «Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve» (1 Corintios 13:3). El ‘amor’ aquí mencionado es el ‘amor de la Verdad’ (2 Tesalonicenses 2:10). Esto es, el amor de Dios revelado a través de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Sería apropiado para nosotros creer que Dios vino a este mundo y recibió el bautismo y soportó el sufrimiento de la crucifixión en la Cruz por Su amor hacia nosotros.
Jesús el verdadero Dios no ha amado a ti y a mí. Ese amor habita en nuestro corazón por nuestra fe. Si no tenemos ese amor en nuestro corazón, no somos nada. Debido a que el verdadero Dios nos ha amado, Él nos liberó de todos nuestros pecados. Tenemos que guardar el amor de Dios en nosotros mientras vivimos nuestras vidas. Solo entonces tendremos el poder para vencer al mundo. Aunque consagráramos nuestros cuerpos a las buenas obras entregándonos hasta para ser quemados, no seriamos nada sin la fe en este clase de amor.
Como lo he afirmado en el principio, ya que necesito decirte en detalle lo que la 1 Epístola de Juan nos está diciendo, te explico versículo a versículo. Mientras hago esto a propósito, me preocupa que esto pueda resultar muy intelectual. A pesar de esta preocupación, no puedo hacer otra cosa que explicarte el pasaje de la Escritura de hoy palabra por palabra.
Para tener la fe correcta en el evangelio del agua y el Espíritu, tenemos que usar toda nuestra mente, corazón y emociones. Y la adquisición del conocimiento del agua y el Espíritu es el primer paso de todos. Debido a eso, puede ser que sientas que estoy dando un estudio de la Biblia más que estar predicando. Sin embargo, no existe otro camino más que hacerlo de esta manera.
Una cosa es segura: Es importante para nosotros conocer mucho acerca de la Biblia, pero aún así nada es más importante que el recordar y creer en nuestro corazón que Jesús siendo Dios vino a este mundo por el agua y por la sangre, y derramó Su amor sobre nosotros para que pudiéramos ser liberados de todos nuestros pecados. Estoy diciéndote estas cosas con la convicción de que no aceptes el amor de Dios intelectualmente, sino con ambas, tu mente al igual que tú corazón simultáneamente.
El Apóstol Juan dijo, «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él» (1 Juan 5:1). Ciertamente, Jesucristo es nuestro Dios, el Hijo de Dios, nuestro Salvador, quién vino por el agua y por la sangre para liberarnos de todos nuestros pecados. Si creemos en esta Verdad, somos nacidos de Dios.
¿Hemos nacido de Dios? ¿O hemos nacido de nuestros padres biológicos? ¿De quién y de que hemos nacido? Si has nacido de Dios, seguramente crees que Jesús es Dios, el Hijo de Dios y el Salvador, quién recibió el bautismo y derramó Su sangre sobre la Cruz para liberarnos. Solo aquellos que creen de esta manera son nacidos de Dios. También son los hijos de Dios, los trabajadores de Dios y los anfitriones del Cielo.
Escrito esta, «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos» (1 Juan 5:1-3).
Aquellos que aman y creen en Dios Padre también aman a Jesucristo, el Hijo de Dios Padre. Aquellos que aman a Su Hijo también aman a Su Padre. Aquel que ama a Su Padre equivale a decir que lo ama a Él.
¿Crees que Jesús es el Hijo de Dios, Dios para nosotros, quién nos liberó de todos nuestros pecados por el agua y por la sangre debido a que Él nos amó a ti y a mí? ¿Crees que Jesús es Dios? ¿Crees que Él es el Salvador? ¿Crees que el Padre de Jesucristo es nuestro Dios? La gente que responda “si” a estas preguntas es nacido de Dios. Entonces, nosotros somos aquellos que han nacido de Dios.
Tenemos que amar a Jesús conociéndole a Él como Dios, y podemos guardar Sus mandamientos haciendo eso. El mandamiento de Dios para nosotros es que nos amemos los unos a los otros. Si amamos a Dios, La Biblia dice que debemos amarnos unos a otros. Si sabemos que Jesús Es Dios y recibimos las bendiciones de la remisión del pecado y nos convertimos en hijos de Dios a través de Su amor, ciertamente debemos amarnos unos a otros.
No somos forzados a amarnos unos a otros. Amarnos unos a otros no es una carga en el amor de Dios. Si tú y yo conocemos y creemos que somos liberados de todos nuestros pecados en nuestro conocimiento de Jesús como Dios y en Su amor, no podemos evitar amarnos unos a otros por Su amor en nuestro corazón. Nosotros los justos no podemos vivir odiándonos unos a otros. El amor de Dios no es pasivo sino activo.
Si sabemos y creemos que Jesucristo es Dios, entonces por ese amor de Dios hemos recibido la vida eterna a pesar de nuestros pecados. Debido a que el amor de Dios está en nuestro corazón, no tenemos que forzarnos a nosotros mismos para amar a otras almas. Debido a que el amor de nuestro Señor está en nuestro corazón, es casi imposible para nosotros no amar. Al guardar los mandamientos de Dios al amarnos los unos a los otros no es una tarea difícil. Si hemos recibido la remisión total de todos nuestros pecados creyendo en el amor de Dios y hemos guardado ese amor en nuestro corazón, es fácil para nosotros amar a los justos al igual que a otras almas. De cierto modo, amar a otros en el amor de Dios puede ser más fácil que comer nuestros alimentos.
El Apóstol Juan nos está diciendo que Jesús es Dios y que es el Hijo de Dios, quién nos liberó de todos nuestros pecados a través de Su amor por el agua y por la sangre. También el Apóstol Juan nos está diciendo que nosotros quienes hemos recibido la remisión del pecado al creer en el amor de Dios de manera natural debemos amarnos unos a otros.
Durante el periodo de la Primera Iglesia, aquellos nacidos de Dios creían en el evangelio del agua y el Espíritu (1 Juan 5:3-7). En otras palabras, ellos creían que Jesús es Dios, quien les liberó de todos sus pecados por el agua y por la sangre.
Por otro lado, los injustos ni creyeron que Jesús es Dios ni creyeron en la reemisión total de todos sus pecados que fue realizada por el agua y por la Sangre de Jesús. Jesús se derramo sobre todos nosotros. En vez de amar las almas de los demás, ellos despreciaron a las demás almas.
Sin embargo, para cada persona que nació de Dios creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, el entender los corazones de los demás, el ocuparnos y amarnos unos a otros no son cosas tan difíciles de hacer. Ya que los justos automáticamente podemos amarnos unos a otros, ese amor es consistente. El Apóstol Juan dijo que amar es lo mismo que guardar los mandamientos.
Dios nos habló de amor a nosotros al ordenarnos “que nos amaramos unos a otros”. Fundamentalmente Jesucristo es el Señor del amor. Primero debemos conocer el amor de Dios. Aunque existe la envidia ocasional entre los justos, debemos saber que generalmente nos amamos unos a otros ya que Jesucristo nuestro Dios, quién fundamentalmente es el Señor del amor, habita en nuestro corazón en el Espíritu Santo. No solamente amamos a nuestros hermanos y hermanas en Cristo sino además las otras almas fuera de Cristo, quienes todavía no han recibido la remisión del pecado.
Podemos ver que cualquier planta, animal o persona crece sanamente cuando cada uno de ellos recibe amor. ¿Qué incomoda sería una relación si descubres que alguien entre nosotros no te ama sino que te odia? ¿No odiarías ser esa persona? Podemos tener verdadera comunión de nuestros corazones cuando sabemos que nos amamos unos a otros. Sin embargo, si siento que esa persona me odia, no puedo estar con esa persona en el mismo lugar aún si lo intento.
¿Cuan preocupado estaría si pienso que otra persona me odia? Pero ciertamente, la persona que odia a otra persona tiene la mayor perdida. Si una persona continua odiando a otra persona, el alma propia ciertamente está en ruinas. Sin importar quien sea la persona, si el alma de una persona esta llena de odio sin ningún amor el alma de esa persona se secara rápidamente al igual que una planta.
Por otro lado, cuando ponemos en práctica el amor de Dios hacia otros, nuestras almas se llenan de vigor. Estoy seguro de que todos nosotros hemos experimentado nuestras propias almas sanándose, más gozosas y con más energía cuando compartimos nuestro amor con nuestros hermanos y hermanas, con los siervos de Dios, y aún con las almas de aquellos que están fuera de Cristo. Nuestra verdadera victoria descansa en el amor de Dios.
La Biblia dice, «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16). Nuestra victoria verdadera, nuestra salvación verdadera y nuestras obras verdaderas de vida nueva están siendo realizadas por el amor de Dios. Jesucristo siendo nuestro Dios vino por el agua y por la sangre para liberarnos de todos nuestros pecados ya que Él nos amó. Tú y yo debemos creer en el amor de nuestro Señor que nos dado. Al hacer eso, llegamos a ser capaces de amar a otras almas. De hecho, los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu ya han llegado a ser de aquellos que se han vestido con el amor de Dios.
Dios primeramente amó a la humanidad. Dios amó a toda la humanidad con el evangelio del agua y el Espíritu. Pero existen aquellos entre la gente que ni aceptan Su amor ni le aman a Él. Tratan al evangelio del agua y el Espíritu, el cual afirma que Dios envío a Su Hijo Unigénito por nuestra salvación, como algo bueno para nada y rechazan el evangelio.
¿Que ocurre con aquellos que no creen en el amor de Dios? ¿Puede cualquiera de entre nosotros que no ame a Dios recibir las bendiciones de Dios y vivir bien? Absolutamente no. Sufrirán mayores dolores que el juicio y la condenación de Dios. Ya que no amaron a Dios. Sino que en vez de eso amaron al Demonio, cuando Dios los amó, efectivamente se están matando a si mismos llenando sus propios corazones con odio. Aquellos que no aman Dios primero deben creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
Dios es amor así como es vida. El amor de Dios es la vida eterna. El amor de Dios es el evangelio del agua y el Espíritu. Todo el amor autentico ha salido de Dios: «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios» (1 Juan 4:7). Aquel que cree en el amor de Dios es creyente del evangelio del agua y el Espíritu. Esa clase de persona ya ha experimentado el amor sobre abundante de Dios. Debido a eso, esa persona ama la Verdad del evangelio del agua y el espíritu. Si conocemos a Dios y conocemos el amor de Dios, llegamos a mar a Dios. Tu llegaste a se la persona más apropiada delante de Dios al conocer y al creer que Dios nos amó con la inmensa y más grande Verdad.
Tenemos que examinarnos nosotros mismos para ver si realmente amamos a Dios. Claramente, aquel que conoce el amor de Dios no puede evitar amarle. Debido a que Dios es el Dios del amor, aquellos que conocen el amor de Dios son capaces de amarle a Él al creer en Él. Aquellos que ni aman a Dios ni a los que creen en Dios no pueden amar, ya que ellos no tienen en si el amor de Dios. Aquellos, que han ignorado que Jesús es Dios y que este mismo Dios así los amó, son aquellos que no creen en Dios y en vez de eso se oponen a Él. Sus vidas actuales están probablemente llenas de miserias y de cosas infernales. Pero su futuro les depara aun un infierno más real.
Nosotros los que creemos que Dios nos amó por el evangelio del agua y el Espíritu también estamos agradecidos con Dios. Queridos compañeros creyentes, ¿creen que Dios los ama? Desde luego que lo crees. Aún ahora, Dios te ama a ti y a todas Sus creaciones. Jesús aún ama a aquellos que todavía no han aceptado el evangelio del agua y el Espíritu, y por ello, nos dice que les prediquemos el evangelio. Como tal, Dios no tiene limites, amando hasta a los incrédulos con el evangelio del agua y el Espíritu.
Sin embargo, el problema es la presencia de aquellos que ignoran el amor de Dios. Algunas veces, tal gente se mezcla entre los santos de la Iglesia de Dios. Pretenden haber nacido de nuevo, pero realmente son enemigos de Dios. Aquellos que no creen en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu son los mismos que le han dado la espalda a Dios. No han experimentado el amor de Dios debido a su ignorancia del evangelio. Por lo tanto, siempre que encontraban problemas en seguir al Señor, decían, “No me siento así. ¡No me siento como tú!¡Porque me dices que me amas, cuando Tú no has hecho nada por mi! ¡Existen más cosas que me has quitado de lo que Tú me has dado!” De vez en vez, alguna gente ingrata le da la espalda a Dios de esta manera.
Pero, queridos compañeros creyentes, piensen cuidadosamente. Todo alrededor de ti viene de Dios. Dios te ha dado todas las bendiciones y, por lo tanto, también Él te ha dado la autoridad de tomar algunas de ellas de nosotros. Como dice la Escritura, «Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas» (Romanos 11:36), nosotros también venimos de Dios y a Él regresaremos. Fundamentalmente, nada en este mundo era nuestro para empezar. ¿Fueron nuestros amantes realmente nuestros? Eran de Dios. Tú y yo no debemos darle la espalda al amor de Dios. Dios te ama. Dios Padre te ha mostrado el centro de Su amor a través del bautismo de Jesús, de Su sangre derramada sobre la Cruz y de Su resurrección de entre los muertos.
Juan 3:16 dice, «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Debido a que Dios Padre te amó así, Él dio a Su Hijo Unigénito para ser bautizado, para derramar Su sangre sobre la Cruz, y para resucitar de entre los muertos.
¿Conoces este amor y verdaderamente crees en el? Desde luego, tú crees. Decir que creemos en Jesucristo es igual a decir que creemos en Su amor revelado en el evangelio del agua y el Espíritu. Creemos que Jesucristo nos amó de tal modo que Él recibió el bautismo de Juan el Bautista, murió sobre la Cruz, y resucitó de entre los muertos para llegar a ser el Rey de reyes.
De hecho, no es difícil conocer y creer en Jesús. Cuando vemos al Dios Creador de todas las cosas en el universo, llegamos a conocer acerca de la divinidad de Jesús. Dice en la Biblia que Dios creó los cielos y la tierra en el principio. Debido a que Dios nos amó y nos ama, Él llegó a ser nuestro eterno Salvador al venir a esta tierra en semejanza de hombre, al recibir el bautismo, al morir en nuestro lugar derramando Su sangre sobre la Cruz, y al resucitar de entre los muertos. Siempre que Dios viva, nuestra salvación no es anulada. Este es el amor de Dios.
¿Es correcto que Dios haya anulado todos nuestros pecados por el agua y por la sangre? Lo que estoy preguntando es si crees de todo corazón en el evangelio del agua y el Espíritu. Aquellos que creen en esto son nacidos de Dios, y los que no creen no son nacidos de Dios. Los incrédulos vivirán sus vidas en este mundo como siervos de Satanás el Demonio, oponiéndose a Dios. Al igual que lo hizo Satanás el Demonio, aquellos que no han recibido la remisión del pecado a través del evangelio del agua y el Espíritu se oponen a Dios, y no estarán del lado de Dios.
Aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual es el amor de Dios, son nacidos de Dios. Y solo los hijos de Dios pueden ser tomados en el regazo de Dios. A partir de aquí, para convertirse en hijo de Dios, primero tienes que creer en el amor de Dios, el cual vino por el agua y el Espíritu y te liberado de todos tus pecados, el Señor no solo ha venido por el agua y por la sangre sino además por el espíritu Santo y te ha liberado de todos tus pecados. Realmente hemos llegado a ser hijos de Dios creyendo en ese amor de Dios.
Dios dijo que existe la evidencia de la salvación para aquellos que creen en el Hijo de Dios. Necesitamos poseer en nuestro corazón la evidencia de recibir el amor de Dios. Debemos tener la evidencia de la salvación en nuestro corazón creyendo que Jesucristo, quién vino por el agua, la sangre y por el Espíritu Santo, es el amor de Dios así como es nuestro Salvador. Aquellos que creen que Jesús es el Hijo de Dios y que es Dios para nosotros, quién ha borrado todos nuestros pecados por el agua y por la sangre y nos ha convertido en los hijos de Dios, debido a Él nos amó, tienen en su corazón la evidencia de haber recibido el amor de Dios.
En la última parte del pasaje de la Escritura de hoy de 1 Juan 5:20, dice, «Este [Jesús] es el verdadero Dios, y la vida eterna». Creer en Dios no es difícil para nosotros. Dios Padre ha mostrado Su amor por toda la humanidad al enviar a Su Hijo al mundo en semejanza de hombre. Aunque Jesús vino en semejanza de hombre, Él es el verdadero Dios. El Apóstol Juan dijo, «y el mundo por él fue hecho» (Juan 1:10). Debemos saber que fue Jesucristo quién creó todo en el universo y creyendo en Él como el Dios verdadero en Su esencia. Debemos saber y creer que el Dios verdadero Jesús ha borrado todos nuestros pecados y nos ha concedido la vida eterna por Su amor.
Verdaderamente Jesús es el Dios del amor. Este Dios vino a nosotros por Su amor y nos liberó de todos nuestros pecados. Dios nos ha convertido en Sus hijos por Su amor, y Él nos dio vida eterna. Dios desea que todos nosotros seamos Sus hijos creyendo que Jesús es el Hijo de Dios y el Dios verdadero, que Él es nuestro Salvador, y que el amor de Dios viniera a nosotros por el agua, por la sangre y por el Espíritu Santo.
Queridos compañeros creyentes, deben creer en ese amor de Dios sin dudar de nada. Yo espero que todos ustedes realmente puedan llegar a ser el pueblo propio de Dios creyendo que el Señor es Dios. Queridos compañeros creyentes, yo espero que se conviertan en los poseedores de la verdadera salvación por su fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, el cual es el amor de Dios, así como por tu fe en que Jesús es Dios.
Queridos compañeros creyentes, yo espero que no caigas en la adoración de ídolos, pon tu fe en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu.