The New Life Mission

Sermones

Tema 14: La Primera Epístola de Juan

[Capítulo 5-8] (1 Juan 5:1-21) Aunque Siempre Nos Quedemos Cortos, el Perfecto Amor de Dios nos Ha Liberado de los Pecados del Mundo

(1 Juan 5:1-21)
«Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte. Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no práctica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén». 
 

Necesitamos Conocer la Clase de Personalidad que Posee Dios

Si queremos hablar acerca de Dios, primero necesitamos saber como es Dios. Para comenzar el mayor atributo de Dios, es que Él es el Dios del amor. Así, degustaría observar y examinar el amor de Dios.
El Apóstol Juan, uno de los 12 discípulos de Jesús, escribió las Epístolas de Juan. El tema principal con el que trata el Apóstol Juan en sus Epístolas es el amor de Dios. Puesto de otra manera, la Palabra en 1, 2 y 3 Juan profesa el amor de Dios. A partir de aquí, es imposible que no hablemos del amor de Dios mientras compartimos la Palabra en 1 Juan. Aún el hecho de que hemos sido liberados de todos nuestros pecados fue un acto del amor incondicional y unilateral de Jesús por nosotros.
Como he enfatizado continuamente, el amor de Dios no tiene condiciones. El Señor no nos amó ni nos liberó porque Él haya visto nuestra belleza o nuestra excelencia. Nuestro Señor nos ha amado unilateralmente solamente porqué ante ÉL nos vemos de ambas maneras necesitados y la vez hermosos. No hemos recibido nuestra remisión del pecado por ninguno de nuestros esfuerzos o meritos o excelencia, más bien por llevar puesto el amor unilateral de Dios. Hemos sido liberados de todos los pecados del mundo creyendo en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, el cuál está creado con el amor de Jesús.
Hablemos de la frase, “Dios es amor.” El amor de Dios es absoluto. Es incondicional, unilateral y verdadero. Es el amor de la Verdad (2 Tesalonicenses 2:10).
Existen algunas clases de amor humanista. El amor entre los amigos y entre los sexos opuestos son ejemplos de amor humanista. Los académicos especifican los tipos de amor como amor ágape, amor storge, amor fileo y amor eros. La Palabra Griega ‘storge’ representa el amor entre miembros de una familia tal como el amor de los padres hacia los hijos, y ‘fileo’ se refiere a la comunión entre amigos, mientras que ‘eros’ se refiere al amor entre sexos opuestos. Todas estas clases de amor son humanas, y el amor humano es condicional, de cualquier clase que puede ser, ya que los humanos tienen una fuerte tendencia a satisfacer sus propios deseos en el nombre del amor. Sin embargo, el amor ‘ágape,’ por otro lado, se refiere al amor incondicional de Dios hacia nosotros.
El amor humano no puede evitar ser condicional. Hacemos amigos basados en si simpatizamos con el otro, si tenemos intereses comunes y si nos entendemos. Cuando las condiciones del otro satisfacen nuestros intereses, nos hacemos amigos. Así, la amistad contiene muchos elementos egoístas. Estamos unidos los unos con los otros en el nombre de la amistad solo cuando nos beneficiamos mutuamente, cuando podemos apoyarnos el uno en el otro o el ser reconocidos unos por otros. “Te amo porque me entiendes y porque me eres fiel”. Estas palabras implican que tal elección afectiva puede cambiar en cualquier momento dependiendo de las condiciones.
El amor entre sexos opuestos puede ser el que engaña a la gente con mayor frecuencia pero sin embargo desean caer en el a pesar de todo. El amor entre los sexos opuestos frecuentemente se caracteriza por el absolutismo y el sacrificio. La gente dice, “No podría vivir un solo día sin mi amado,” como si realmente fueran a dar sus vidas por sus amados. Aún así, fácilmente nos rendimos en nuestras relaciones con el sexo opuesto si nuestra pérdida es mayor que nuestra ganancia.
El amor hacia el sexo opuesto es tal que constantemente buscamos por gente que satisfaga nuestros estándares. Aún si alguien me ama apasionadamente y hasta sacrificándose, yo no amare a esa persona mientras yo no esté satisfecho. El amor entre los sexos opuestos es egoísta. Y aún así de alguna manera nos engañamos emocionalmente al creer que los que nos aman del sexo opuesto son aquellos que más nos amaran. Esta es la realidad del amor entre sexos opuestos.
Es estado de nuestro corazón, el cual llamamos “amor,” es condicional, egoísta y relativo. Solo el amor de Dios es digno de ser llamada amor verdadero.
 

¿Qué Clase de Amor es el Amor de Dios?

Dios no derramó Su amor sobre nosotros porque esperara algo a cambio. Dios no nos amó porque Él quería que le amáramos en igual medida. Dios nos ha liberado incondicionalmente porque Él quiere darnos Su amor, gracia, bendiciones y gloria. Dios solo desea que nuestros corazones estén abiertos para que el amor de Dios pueda entrar en ellos.
Para liberarnos de todos nuestros pecados, Dios envió a Jesús a este mundo e hizo que Él recibiera el bautismo de Juan el Bautista. Jesús recibió el Bautismo, el cual pasó todos los pecados de una humanidad corrupta. Cuando Jesús de esta manera llevó nuestros pecados hasta la Cruz, el amor de nuestro Señor por nosotros fue revelado totalmente a nosotros. Aunque la gente no crea en Dios, no dependa en Dios, y viva sus vidas siguiendo los deseos de la carne, el Señor tuvo misericordia de nosotros.
Dios Mismo ha practicado así Su amor al venir a este mundo en semejanza de hombre, y grabó Sus justas obras en las Escrituras para que todos podamos confirmar esto con nuestros propios ojos y dar testimonio de ello con nuestra boca. Dios hizo todo esto para que no haya una sola persona que no conozca Su amor. Dios por medio de Su amor incondicional y unilateral deseo que nosotros viviéramos eternamente recibiendo Su digno y absoluto amor. En Su deseo de tal final, Jesús nos ha liberado por el agua y el Espíritu.
El evangelio del agua y el Espíritu es la salvación gratuita de Dios sin costo alguno, el amor más digno e incondicional y la Verdad de la vida, la cual puede ser recibida por toda la gente del mundo. Si hubiese alguna condición en el amor de Jesús, aún si esa condición hubiese estado ahí sería para nuestro propio beneficio al vivir una vida llena de las bendiciones de Dios.
Queridos compañeros creyentes, ¿se debe a tus propios meritos por lo que hemos llegado a creer en Jesucristo como nuestro Salvador y hemos llegado a ser hijos de Dios? ¿Nos amó Dios debido a que nosotros en nuestra excelencia hemos servido a nuestro Dios bien y solo hemos hecho cosas que Dios aprecia? Absolutamente este no es el caso. Si esto fuera verdad, nosotros, quienes somos deficientes y nos quedamos cortos en nuestra carne, no mereceríamos el amor de Jesús- en vez de eso, habría otros en el mundo que son más mecedores de ese amor.
Existe un dicho relacionado con el amor de un padre y es que ante los ojos de un cochinito, su cochinito es el más hermoso en el mundo. Tal es el amor del padre que ama a pesar de si el hijo de alguien es bueno a malo. Y así es el amor de Dios, quién nos ha liberado, que nos ama por el amor mismo. Y también es el amor de Jesús, el cual es la base fundamental de nuestra fe.
El amor de Jesús es el cuadro de trabajo y la base de nuestra fe. Construimos nuestra casa de fe sobre la base del amor absoluto, incondicional y unilateral de Jesús. En clamor de Cristo, existe el verdadero servicio, testimonio, alabanza y oración. Si hacemos a un lado el amor incondicional de la salvación de Dios por nosotros debido a nuestra fe, toda nuestra adoración y servicio por el Señor se convertiría en nada.
Algunas veces yo pienso: ¿Que es lo más importante para mí? ¿Qué es lo que más vale la pena para nuestra congregación? ¿Qué es lo más preciado para los siervos de Dios? ¿Qué sería lo más preciado que se grabaría en nuestro corazón?
Eso sería el evangelio del agua y el Espíritu que profesa que Dios en Su amor incondicional nos ha adoptado como Su pueblo propio. El evangelio del agua y el Espíritu, por el cual Él borró todos nuestros pecados y nos adoptó como Sus hijos en Su amor incondicional hacia nosotros, ha llegado a ser la luz eterna de nuestro corazón que no cambia. Aún si olvidamos todo lo demás, nunca seriamos capaces de olvidar el amor de Jesús grabado en nuestro corazón, el cual nos liberó de todos nuestros pecados. El evangelio del agua y el Espíritu ha tomado su lugar en nuestro corazón como el amor de Dios que nunca olvidaremos. ¿También esto es verdad para ti?
Ninguna otra cosa puede tomar su lugar en nuestro corazón. En realidad, no importa si alabamos bien, o si oramos bien o si servimos al evangelio bien. Las prioridades de esas cosas pueden cambiar sus lugares en cualquier momento. Sin embargo, el amor absoluto de nuestro Señor, por el cual Él nos liberó, debe ocupar la cima del sistema de valores de uno en todo tiempo. La Gracia de la salvación, por la cual Jesús en Su amor por nosotros nos liberó por el agua, la sangre y el Espíritu, ha llenado nuestro corazón totalmente. Debido a que hemos recibido nuestra salvación totalmente a través del amor de Jesús, no existe lugar para el orgullo o la jactancia en nuestros corazones sino únicamente gratitud.
 

El Mandamiento de Dios es que Nos Amemos Unos a Otros

En el pasaje de la Escritura de hoy, el Apóstol Juan habla acerca del Mandamiento de Dios, «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos» (1 Juan 5:1-3). Todo este pasaje nos está diciendo acerca del amor. Esto es, el mandamiento de Dios para notros no es otra cosa que “amor.”
Los mandamientos de Dios contienen lo que debemos guardar ante Él. Entonces, ¿Cuáles mandamientos debemos guardar ante Dios? Esto sería el amor de Dios. Se dice que el amor de Dios también es el mandamiento de Dios.
Después de que Jesús nos liberó, el mandamiento en el que Jesús hizo mayor énfasis para nosotros fue amar a Dios y amar a la gente. Aunque nuestro Señor ha hablado muchas cosas después de venir a este mundo, todas esas cosas pueden quedar incluidas en estas dos formas de amor. Ciertamente, Jesús habló acerca de nuestra salvación y de otros asuntos muy importantes. Sin embargo, Él consideró más importante que los santos y los siervos de Dios guardaran Sus mandamientos, esto es, amar a Dios y amar a la gente. Así el Apóstol Juan dijo, «Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos» (1 Juan 5:3).
Veamos versículos en la Escritura con mayor detalle acerca de los mandamientos que deben guardar aquellos que han recibido la remisión del pecado. Queridos compañeros creyentes, como ustedes bien saben, la Ley contenía 613 códigos y regulaciones. La selección de lo más esencial de estos 613 códigos y regulaciones es los Diez Mandamientos. Si observamos los Diez Mandamientos de una manera amplia, podría ser dividido en dos partes, “el amor de Dios” y “el amor a los vecinos”.
Por Su amor, Dios nos ha liberado por el agua y el Espíritu, y nos ha dado los Diez Mandamientos. ¿Cuáles son esos mandamientos? Estos son los mandamientos que nos dicen que amemos a Dios y que amemos a nuestros semejantes. Dicho de otra manera, el mandamiento de Dios que debemos guardar no es otra cosa que “amor.” Es amor; amor por Dios y amor por la gente. Como está escrito en la Biblia que aquellos que aman a Dios guardarán Sus mandamientos, aquellos que verdaderamente creen en Jesús y aquellos que fueron liberados por el amor incondicional de Jesús guardan los mandamientos de Dios. Y ellos nunca abandonan el mandamiento de Dios de amarlo a Él y de amar a la demás gente.
Algunas veces, escucho a aquellos que supuestamente han recibido la remisión decir que la Ley solo es efectiva hasta el punto en que uno recibe la salvación, y por lo tanto, la Ley es abolida para la persona tan pronto recibe la remisión del pecado. Sin embargo, debemos saber con una clara convicción que estaremos llevando una vida falsa en la fe, si abandonamos los mandamientos de Dios después de recibir la remisión del pecado.
Nuestro ha dicho, «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir» (Mateo 5:17). La venida de nuestro Señor no debe ser interpretada como la abolición de la Ley. Más bien, debemos entender que nuestro Señor ha venido a cumplir la Ley.
¿Que, entonces, es la Ley que fue cumplida en ves de abolida? La Ley de Dios y Sus mandamientos nos están diciendo acerca de nuestra obligación de “amar a Dios y amar a la demás gente.” La ley no fue creada para desaparecer sino para afirmarse. El mandamiento de amar a Dios y de amar a la demás gente es la Palabra que debemos guardar eternamente. Por lo tanto, si alguna vez dejamos los mandamientos de Dios, ciertamente viviremos equívocamente en nuestro camino de fe.
Jesús guardó ese mandamiento de Dios al venir a este mundo. Para cumplir el amor de Dios hacia la gente, vicariamente Jesús cargó todos nuestros pecados hasta la Cruz, en donde Él derramó Su sangre para que toda la humanidad pudiera ser liberada de todos sus pecados. Debido a que somos el pueblo de Dios, ahora tenemos la obligación de guardar el mandamiento del amor de Dios.
El Apóstol Juan dijo que solo aquellos que guardan los mandamientos de Dios realmente le aman a Él. Debemos recordar esto: Entre más depende nuestra creencia, entre más depende nuestra fe, y entre más nos acercamos al Señor, mas debemos darnos cuenta de cuan débiles somos y cuan deficientes. Contrariamente, también nos daremos cuenta cuan grande es el amor del Señor que nos liberó, y llegaremos a estar agradecidos con nuestro Señor. Estemos agradecidos por el hecho que nos fueron dados mandamientos de Dios para guardarlos.
Echemos una Mirada por un momento al Tabernáculo que aparece en el Antiguo Testamento. Había 60 pilares que estaban de pie junto con la cerca de los atrios exteriores del Tabernáculo. La altura de cada pilar era de 5 cubos, o 2.25 metros. Las bases de estos pilares fueron todos hechos de bronce, pero los capiteles estaban recubiertos de plata (Éxodo 38:17). Y ya que los pilares podían caer si se sostenían por si solos, estaban unidos por molduras y bandas los unos con los otros para que se pudieran apoyar. También podemos ver que estaban las molduras unidas a los descansos de los pilares. Entonces, ataban los pilares con sus cuerdas desde los ganchos hasta las cabezas fijas en el piso, así las cuerdas sostenían los 60 pilares unidos fuertemente.
¿Que significa cada uno de estos pilares? Ellos nos representan a ti y a mí. ¿Cómo podemos permanecer ante Dios sin tropezar? Existen cosas que son necesarias si vamos a permanecer firmes y no titubear delante de Dios.
En la Biblia, el bronce significa el juicio y la condenación de Dios. Una narración típica que afirma el uso del bronce se muestra en Números 21:8-9. Cuando Moisés hizo una serpiente de bronce de acuerdo al mandamiento de Dios, y la puso sobre un asta; y fue así, si una serpiente mordía a alguien, cuando miraban a la serpiente de bronce, vivía. Aquí, la serpiente de bronce implica a nuestro Señor Jesús, quién ha llevado toda la condenación de la humanidad clavándose en la Cruz en lugar nuestro.
Somos gente que delante de Dios justamente debería recibir espantosos juicios de acuerdo a nuestros pecados. Si no fuera por el amor unilateral de Dios, deberíamos haber recibido el juicio de nuestros pecados delante de Dios. Ya que la humanidad ha cometido pecado contra Dios al caer en el engaño de Satanás el Demonio, no podemos evitar el estar ante Dios como los graves pecadores que deberíamos haber sido juzgados.
Entonces, ¿cómo podemos permanecer de pie como los pilares del Tabernáculo? ¿Cómo puede cada uno de nosotros permanecer como ciudadanos del Reino de Dios? Somos capaces de permanecer ante Dios debido a que Él nos ha derramado Su gracia. Aunque originalmente estábamos destinados a ser juzgados por nuestros pecados, podemos permanecer ante Dios en nuestra fe ya que Él nos ha dado la gracia de la salvación.
En la Biblia, la plata significa la gracia de Dios. Mientras reflexionamos sobre las cubiertas de bronce en la base del pilar y la plata que recubre las cubiertas de los pilares, ahora podemos saber con certeza que la plata significa la gracia de la remisión del pecado. Hubiéramos sufrido
Cuando vemos las cubiertas superiores de los pilares de acacia coronadas con plata, estamos seguros que esto implica la mismísima gracia de Dios, esto es, la remisión del pecado. Al igual que el Señor cubre los pilares con las tapas de plata, Él nos ha dado la gracia de la salvación para que podamos permanecer ante Dios en vez de ser juzgados por los pecados que todavía cometemos. Aunque éramos pecadores ante Dios debimos haber recibido los furiosos juicios por nuestros pecados y debimos haber muerto, Dios nos ha liberado recibiendo vicariamente el juicio por nuestros pecados a través de la gracia de Dios.
La gracia del amor de Dios es así. Nosotros, los humanos, no teníamos otra opción que la de ir al infierno y recibir la justa condenación por nuestros pecados. Sin embargo, Dios planeó adoptar a la humanidad como hijos Suyos aún antes de la Creación. Y así, Dios derramó sobre la humanidad Su amor unilateral y absoluto: Dios envío a Su Hijo Unigénito a este mundo para tomar sobre Sí Mismo todos nuestros pecados. El Hijo Unigénito de Dios, Jesucristo, recibió el bautismo para transferir todos nuestros pecados sobre Sí Mismo y Él cargó todo el juicio por nuestros pecados. Jesucristo, el verdadero Dios del amor voluntariamente murió vicariamente para darnos Su gracia de la salvación.
Nuestro Señor tomó todos los pecados de este mundo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Él llevó nuestros pecados hasta la Cruz, donde Él fue crucificado, derramó Su sangre y murió. Jesús nos ha otorgado la gracia de la salvación al sufrir vicariamente todo el juicio que debimos haber recibido nosotros por todos nuestros pecados. Por el bautismo y el derramamiento de sangre, nuestro Señor nos ha liberado totalmente del juicio de Dios por nuestros pecados. También, nuestro Señor nos ha convertido en el pueblo propio de Dios, atando una cuerda a nuestro alrededor y apretándola fuertemente de cada lado y a la vez afirmando el pilar para que con toda confianza podamos estar ante Dios.
Si no fuese por el amor incondicional de Jesús, no hubiésemos sido capaces de escapar del juicio y de la condenación de Dios.
¿Crees en el bautismo que Jesús recibió y en la Cruz que nos permite ser revestidos con la salvación de Su amor? En Su amor incondicional Dios envió a Su propio Hijo Unigénito a este mundo, transfiriendo todos los pecados de la humanidad a través del bautismo que Jesús recibió en el Río Jordán, y habiendo vicariamente recibido el juicio por nuestros pecados por la Crucifixión sobre la Cruz. A través del bautismo y del derramamiento de sangre, Dios ha convertido a los pecadores en los nacidos de nuevo, los justos y los adoptó como su propia gente, solo si creen en esta Verdad. Hemos recibido nuestra salvación a través de este amor incondicional de Dios.
¿Hemos realizado alguna buena obra que merezca nuestra propia salvación de nuestros pecados? Para nada. No hemos recibido nuestra salvación porque seamos excelentes, piadosos delante de Dios, y sabios y llenos de gracia. Las oraciones en el ayuno, las oraciones en las montañas, nuestros diezmos y ofrendas tampoco fueron la razón para nuestra salvación. Hemos recibido nuestra salvación a través del amor unilateral e incondicional de Dios y de Su Hijo Jesús. Hemos recibido nuestra salvación de todos los pecados por oír y creer de todo corazón en el evangelio del agua y el Espíritu. La verdad es que hemos recibido nuestra salvación y hemos llegado a ser hijos de Dios solo por creer en el evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios.
¿Cómo, entonces, debemos vivir si llegamos a ser hijos de Dios por Su amor incondicional? Como hijos de Dios, debemos creer y seguir la Palabra de Dios. Dios nos está llamando a amar Sus mandamientos y a vivir de acuerdo a ellos como Su pueblo que ha sido liberado de todos los pecados del mundo.
 

Dios Habla a los Nacidos de Nuevo

El Apóstol Juan está hablando a los santos nacidos de nuevo en el pasaje de la Escritura de hoy y nos dice que aquellos que guardan los mandamientos de Dios también son aquellos que aman a Dios: «Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos» (1 Juan 5:3).
Queridos compañeros creyentes, ¿los mandamientos de Dios son gravosos? Aunque tenemos muchas cosas y somos deficientes en muchas formas, tenemos el amor de Dios en nuestro corazón. Debido a que Dios nos ha amado primero, no podemos evitar amarlo a Él. Debido a que Dios nos ha amado incondicionalmente, nosotros que estamos sobrecogidos por ese amor, tenemos el amor de Dios en nuestro corazón. Si no hemos recibido el amor de Dios, no podemos compartir Su amor confiadamente a otros.
Queridos compañeros creyentes, debemos guardar los mandamientos de Dios. Guardar los mandamientos de Dios conlleva el amar a Dios así como a mis semejantes, ambos hermanos y hermanas, y aún a los siervos de Dios. Si realmente somos liberados a través de Su amor incondicional, no debería existir razón para que nosotros no compartamos este amor con otros. Existe un refrán en el mundo, el cual dice, “Si tienes una razón para amar, eso no es en lo absoluto amor verdadero.” Inevitablemente cambiamos de actitud cuando amamos a alguien condicionadamente, si mantenemos condiciones cuando nos acercamos ante el Dios del amor incondicional, podríamos llegar a quejarnos ante Dios y eventualmente abandonarlo a Él.
Nosotros, los santos de Dios debemos guardar Sus mandamientos. ¿Por qué nuestros corazones están tan desolados algunas veces? Se debe a que no recordamos el amor incondicional del Señor para con nosotros. Se debe a que nosotros mismos hemos olvidado el hecho de que hemos recibido nuestra salvación por el amor absoluto y que lo cubre todo de parte de Dios.
La gente dice que aquellos que se han enamorado se hacen más hermosos, que el mundo les parece más hermoso y que sus corazones crecen abundantemente. Si nuestros corazones están desolados a pesar del hecho de que hemos recibido nuestra salvación de todos los pecados, debe ser porque hemos llegado a un amor ferviente con Dios.
Si vemos a nuestro alrededor, Dios ha creado un ambiente para nosotros para caer en el amor verdadero y llevar una vida abundante y Hermosa. Dios nos ha concedido Su enorme amor para que podamos amarlo a Él, a las otras almas, a las hermanas y a los hermanos. Ahora, hemos llegado a ser capaces de amar con un corazón abundante y suave por Su amor que hemos recibido. Tú has recibido el amor de Dios y también eres capaz de amar. Debido a que la gente que ha recibido la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu no tienen pecado en su corazón, son capaces de amar a otras personas a su alrededor mientras que sus propios corazones son llenados con el amor de Dios.
Dios nos ha dicho que guardemos Sus mandamientos. Queridos compañeros creyentes, ¿existe alguien que no se ha percatado de los mandamientos de Dios? Apuesto a que todos ustedes conocen los mandamientos de Dios, de amarlo a Él y a la demás gente. Es justo que nosotros amemos a los siervos de Dios, y a los hermanos y las hermanas como una familia en Cristo. El que un justo nacido de nuevo lleve tal vida es hermoso y es apropiado. Si nos falta el amor de Dios, esencialmente no somos nada. Se debe a que amamos a Dios por lo que nos sacrificamos, perseveramos, y nos entregamos a Él como el amado. Debido a que Dios nos ama, algunas veces Él nos disciplina, nos amonesta y nos reprende. Todo se debe al amor.
Claramente te digo que los mandamientos de Dios nos son una carga. Es correcto que nosotros tratemos de guardar los mandamientos de Dios a pesar de nuestras deficiencias, si es que fuimos liberados de nuestros pecados por gracia. Nuestros esfuerzos por vivir así son hermosos. Si por naturaleza fuésemos buenos para ello, no sería tan hermoso como lo es. Sin embargo, se ve tan hermoso que tratemos de guardar los mandamientos de Dios caminado paso a paso en la fe ya que hemos conocido el amor de Dios y queremos practicar el mismo amor.
Cuando Jesús recibió el bautismo, todos nuestros pecados fueron transferidos a Jesús. Todos los juicios terminaron cuando Jesús murió sobre la Cruz. Unilateralmente Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo al recibir el bautismo y vicariamente recibió el juicio sobre la Cruz. ¿Qué tan maravilloso es este amor? Este maravilloso amor de Dios vino a nosotros por el agua y por la sangre de nuestro Señor. Queridos compañeros creyentes, ¿creen esto?
«Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan» (1 Juan 5:6-8). El agua, la sangre y el Espíritu Santo fueron todos esenciales en la salvación de los pecadores que envío Dios Padre.
Queridos compañeros creyentes, Dios nos ha amado. Así, nuestro Señor unilateralmente nos liberó de todos nuestros pecados, y el Espíritu Santo da testimonio de esta Verdad: «Y el Espíritu es el que da testimonio» (1 Juan 5:6). Sin condiciones Jesús ha amado a los pecadores. Después de convertirnos en justos al liberarnos de todos nuestros pecados, Él nos ha adoptado a los hijos de Dios quienes ciertamente reciben el amor de Dios.
Existen tres existen tres testigos para aquellos que han recibido la salvación de todos sus pecados. Ellos son los ministerios del agua, la sangre y el Espíritu Santo. Primero, Dios Hijo ha venido a este mundo en semejanza de hombre (el testimonio del Espíritu Santo). Segundo, el Señor tomó los pecados de la humanidad al ser bautizado (el testimonio del agua). Y tercero, Él dio la paga de los pecados del mundo al derramar Su sangre vicariamente sobre la Cruz, en donde Él fue crucificado y murió por los pecadores (el testimonio de la sangre). Nuestro Salvador Jesús nos ha liberado a toda la humanidad, que una vez fue pecadora, de todos los juicios y los convirtió en justos, quienes están libres del juicio de Dios. Esta es la salvación por el agua y el Espíritu, acerca de la cual da testimonio el Apóstol Juan.
Así, los justos quienes fuimos liberados por Dios tienen el testimonio en sí mismos de que han recibido la salvación por la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo» (1 Juan 5:10). Debemos tener el testimonio de nuestra salvación por Dios. Debemos tener la Verdad del agua y el Espíritu en nuestro corazón como evidencia de que Jesús, de Su amor unilateral e incondicional hacia nosotros, nos liberó de todo el juicio y de toda condenación. Todos necesitamos esta evidencia para permanecer delante de Dios cuando llegue el tiempo.
Nosotros, los Cristianos por lo menos debemos tener esta evidencia de nuestra salvación ante Dios. ¿Cuál evidencia? Debemos tener el testimonio del agua, de la sangre y del Espíritu Santo. Jesús, el Dios verdadero, y el Ser Espiritual vinieron a este mundo en semejanza de hombre. Cuando llegó a la edad de 30, para borrar los pecados de este mundo, Él tomó aquellos pecados sobre Sí Mismo por el método apropiado de “porque así,” lo cual fue el recibir el bautismo. Y al derramar Su sangre sobre la Cruz, Él se estaba encargando del juicio por todos nuestros pecados y nos concedió vida nueva. Debemos creer en todo esto y tener la evidencia de nuestra salvación. Nosotros, como creyentes en el evangelio del agua y el Espíritu, hemos recibido nuestra salvación de todos nuestros pecados y también recibimos el Espíritu Santo en nuestro corazón por esta fe.
Dios nos preguntará acerca de «el día grande y espantoso de Jehová» (Joel 2:31): “¿Has sido liberado de todos tus pecados? ¿Cuál es el verdadero evangelio del agua y el Espíritu? ¿Realmente crees en este evangelio verdadero, el cual nos ha liberado de todos nuestros pecados? Provee la Palabra de la evidencia de tu salvación de todos tus pecados”.
Por lo tanto, queridos compañeros Cristianos, ustedes deben tener en su corazón la evidencia definitiva de su salvación que es la Palabra de fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Cuando se nos pregunta, “¿Cómo vino Jesús a este mundo? ¿Cómo y cuando fueron tus pecados transferidos sobre Jesús?”, debemos responder, “Todos nuestros pecados fueron transferidos sobre Jesús, cuando Él recibió el bautismo. Cuando Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista en el Río Jordán, Él tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo. Él se ha convertido en nuestro Salvador al llevar nuestros pecados hasta la Cruz de muerte y al resucitar de entre los muertos”. Debemos tener la evidencia contenida en esa confesión.
En Mateo 3:15 dice, «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó». Necesitamos tener fe en el bautismo de Jesús. Sin embargo, no solamente debemos recordarlo sino que debemos CREERLO en nuestro corazón de la Palabra de la Verdad de la salvación. Así Jesús ha borrado todos mis pecados, como lo dijo Él en Juan 19:30, «Consumados es». También en Hebreos 10:18 dice, «Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado». Ya que nuestro Señor unilateralmente borró todos nuestros pecados, debemos tener la evidencia en nuestro corazón por la Palabra de que nunca iremos al infierno por causa de nuestros pecados. Todos nosotros que hemos sido liberados de todos nuestros pecados debemos tener la evidencia de nuestra salvación en nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Esta es la Verdad de la salvación y la evidencia de la misma.
Todos los nacidos de nuevo tienen la evidencia delante de Dios de su fe verdadera en el evangelio del agua y el Espíritu. Es por ello que la Biblia dice, «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso» (1 Juan 5:10).
Queridos compañeros creyentes, ¿conoces el hecho de que existe evidencia de fe por creer en Dios como Salvador personal? Estoy seguro que si. Aquellos que han sido liberados por la Palabra del Señor tienen la evidencia. Los nacidos de nuevo verdaderamente deben tener la evidencia de la Palabra.
¿Tenemos algo de que jactarnos delante de Dios? Absolutamente no existe tal cosa. No tenemos absolutamente nada de que jactarnos excepto en nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu en nuestro corazón.
Mira nuestra carne. Somos gente que fácilmente se enorgullece y se jacta acerca de lo que hacemos bien y, de igual modo, fácilmente depresivos y resentidos acerca de lo que hacemos mal. Debemos darnos cuenta de cuan embarazoso es jactarse acerca de nuestra propia justicia que es peor que un trapo viejo. Somos gente que no tenemos nada de que jactarnos ante Dios. Meramente somos una nación pecadora, gente cargada con iniquidad, un montón de hacedores de maldad y los hijos corruptos (Isaías 1:4): Todo lo que viene de nuestra carne es malvado, y estamos desamparados sin la gracia de la salvación de Dios.
Sin embargo, nuestro Señor nos ha liberado de todos nuestros pecados ya que Él unilateralmente e incondicionalmente nos amó. Nuestro Señor ha realizado nuestra salvación de todos nuestros pecados por la justicia de Dios únicamente y nada de nuestra propia justicia. El evangelio del agua y el Espíritu ahora está en nuestro corazón. Aquel que nos ha hecho estar sin ningún pecado y que nos ha concedido vida nueva es nuestro Señor. Así, no podemos más que profesar, “Dios, Tú me has liberado debido a que me has amado.”
La marca de nuestra salvación no es otra cosa que el evangelio del agua y el Espíritu. Queridos compañeros creyentes, ¿siquiera un 0.1% de los requisitos de nuestra salvación incluyen nuestra propia excelencia? ¿Físicamente se nos requiere ser altos para recibir nuestra salvación? ¿Importa lo bien que se ven nuestros cuerpos? ¿Nuestra musculatura tiene efecto sobre nuestra salvación? ¿Puede nuestro temperamento ser el factor de nuestra salvación? ¿Algo en nuestra carne agrego algo a la posibilidad de recibir nuestra salvación?
Ninguno de estos factores nos ayudo a recibir nuestra salvación ante Dios. Ya sea que nos enojemos fácilmente a la menor provocación, somos como una novia, actuamos inocente, somos perversos, o somos violentos, nada de esto hace diferencia cuando se trata de recibir la salvación del pecado. Sea lo que sea que salga de nuestra carne podrá ser de ayuda a nuestra salvación, la cual es absoluta y unilateralmente dada por Dios. Jesús nos ha concedido nacer en este mundo de acuerdo a Su providencia. Cuando nos miramos nosotros mismos ante un espejo, podemos no vernos hermosos nosotros mismos, pero Dios nos tratado tan maravillosamente con Su amor pr nosotros incondicional y unilateral.
¿Crees que nuestro Señor borró todos nuestros pecados pr el agua, la sangre y el Espíritu Santo, lo cual es lo que compone Su amor absoluto e incondicional? No hay ni siquiera el 0.1% de nuestra propia justicia que este incluida en el evangelio del agua y el Espíritu.
En los corazones de los nacidos de Nuevo, quienes tienen su fe en el evangelio del agua y el Espíritu, está la evidencia de la Verdad de la salvación de alguien. Sin embargo, aún existen aquellos que entristecen el corazón de nuestro Señor al decir, “Pero Señor, no puedo creer este dudoso mensaje. Aunque Tú dices que Tú me has liberado de todos mis pecados, aún tengo mis pecados.” En los corazones de estas personas, no existe evidencia de fe en la palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Pero, debes saber que Dios claramente declara, «el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso» (1 Juan 5:10). ¿De casualidad te encuentras viviendo una vida espiritual falsa que hace mentiroso a Dios?
Dios nos ha liberado por Su método de salvación a través de Su amor incondicional que es completado por el agua, la sangre y el Espíritu: El agua significa la verdad de que todos tus pecados han sido lavados ya que estos fueron transferidos sobre Jesús cuando Él recibió el bautismo; la sangre da testimonio de la verdad de que al tomar los pecados del mundo a través del bautismo que Él recibió, Jesús pudo llevar todos nuestros pecados hasta la Cruz, en donde Él vicariamente recibió el juicio por nuestros pecados y murió; y el Espíritu testifica la verdad de que el Hijo de Dios ha venido en semejanza de hombre y unilateralmente liberó a toda la humanidad.
Dicho de otra manera, el agua da testimonio de que Dios ha borrado todos los pecados de la humanidad por el bautismo de Jesús, por el cual todos los pecados del mundo fueron transferidos sobre Él; la sangre da testimonio de que cuando Jesús murió sobre la Cruz, todos nuestros pecados murieron juntamente con Él; y el Espíritu Santo declara que Jesús se ha convertido en el Salvador perfecto.
Mientras que Dios nos ha liberado totalmente de nuestros pecados, aquellos que no creen totalmente en Dios crean controversias sobre su fe insistiendo en que aún son pecadores. Quien sea que actué de esta manera hasta hoy todavía no ha creído en Jesucristo como su Salvador personal quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu. Aún esta gente será totalmente liberada de todos sus pecados si tan solo creen en el testimonio del agua, la sangre y el Espíritu Santo.
En los corazones de la gente que cree en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu que ha tomado todos nuestros pecados del pasado, presente y futuro, habita el Espíritu Santo. Y el mismo Espíritu Santo da testimonio de que ya no tenemos pecado. Aquellos que creen en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu ya no tienen pecado en ningún punto del tiempo.
Nosotros no podemos recibir la remisión total del pecado, si hacemos a un lado uno de estos tres en nuestra fe en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu santo. Sin embargo, alguna gente no ha creído en todo el testimonio del agua, la sangre y el Espíritu santo sino que ha creído selectivamente, dejando fuera uno de los tres u otro. Debido a eso, ellos no tienen la seguridad en sus corazones de que han sido totalmente liberados de todos sus pecados.
Para aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu, este evangelio se convierte en la evidencia de su salvación. Pero para aquellos que aún no han recibido la salvación, el evangelio del agua y el Espíritu se convierte en la evidencia del hecho de aún no han recibido su salvación. Si has creído descuidadamente dejando fuera a cualquiera de los testigos, entonces seguramente tienes pecado en tu corazón, y es la evidencia concreta del hecho de que aún no has recibido la remisión del pecado. Y sus corazones estarán atribulados por los pecados que permanecen en sus corazones. Por otro lado, aquellos que verdaderamente han sido liberados de todos sus pecados y tienen verdadera libertad en sus corazones son aquellos que han creído en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu.
Unilateralmente Jesús ha borrado todos nuestros pecados, aún los más pequeños. Jesús no nos consultó de antemano sino que unilateralmente borró todos nuestros pecados. Solo en caso de que pudiéramos sentirnos nervioso al responder, diciendo, “Por favor no preguntes. No puedo responder a eso”, Jesús unilateralmente liberó a los pecadores de todos sus pecados por Su propio bautismo con ‘el agua,’ ‘la sangre’ derramada sobre la Cruz, y siendo Él el Espíritu Sagrado. Queridos compañeros creyentes, ¿creen esto? El propósito por el cual nuestro Señor ha borrado todos nuestros pecados fue para que pudiéramos recibir nuestra vida eterna. Debes creer en este evangelio del agua y el Espíritu.
 

La Vida Eterna que Dios nos Ha Mostrado

El Apóstol Juan nos está diciendo esto para hacernos saber que tenemos la vida eternal (1 Juan 5:13). Él ha grabado esta Palabra para que sepamos de nuestra vida eterna, la cual nos la ha dado Dios. Queridos compañeros Cristianos, para aquellos que han recibido su salvación, existe la vida eterna en el Cielo.
Queridos compañeros creyentes, ¿entiendes como es la vida eternal? Los justos brillan intensamente como el sol de la mañana (Proverbios 4:18). La vida eterna implica que nunca moriremos y que viviremos por siempre. Es distinta de nuestra vida actual que tiene un final definitivo. La vida eterna no tiene fin. Pensando nuevamente, la vida eterna mas allá de una descripción. Debido a que nuestros cuerpos aún no han resucitado, aún vivimos vidas en este mundo finito las cuales están llenas de límites. Así, el concepto de vivir eternamente sin conocer la muerte parece tan irreal para nosotros.
No existe otro camino que el de creer en Dios, quien nos introduce a la vida eterna, ya que aún no hemos disfrutado la vida eterna. Yo he vivido por más de 50 años, sin embargo mi vida se queda tan corta de conocer físicamente la vida eterna. Sin embargo, en mi fe, ya he obtenido la vida eterna.
Queridos compañeros creyentes, la muerte con la que nos encontramos no es el verdadero final para nosotros. Para aquellos que han nacido de nuevo creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, también vendrá la resurrección de sus cuerpos para la vida eterna.
Cuando una persona muere en el mundo una vez, abandona su cuerpo temporalmente. Eso no es una muerte eterna. El alma de una persona permanecerá viva e ira ante el juicio de Dios por los pecados personales. Estarán en la encrucijada entre la vida eterna y la condenación eterna. Aquellos que han nacido de nuevo y que han sido completamente lavados creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu reciben la bendecida vida eterna. Aquellos que no han nacido de nuevo y que aún tienen pecado en sus corazones experimentan la muerte dos veces, al ser puestos en el castigo del fuego del infierno donde aún un gusano no puede morir.
Dios levantará a los nacidos de Nuevo a vida eternal. Y como el pueblo propio de Dios, vivirán eternamente en el Reino del Cielo. Ellos vivirán eternamente en cuerpos transformados, cuerpos que no se desvanecen igual que el del Jesús resucitado. Ciertamente eso es la vida eterna.
 

Los Nacidos de Nuevo Encuentran Paz Permaneciendo en los Mandamientos de Dios

Nosotros los nacidos de nuevo estamos felices y en paz cuando habitamos en los mandamientos de Dios. Cuando guardamos y habitamos en la Palabra de los mandamientos de amar a Dios y a la demás gente, nuestros corazones se gozan. Tenemos confianza en nuestro corazón. Tenemos paz en nuestro corazón. La Gloria y la gracia de Dios llenan nuestros corazones abundantemente.
Aún así, debemos tener precaución para que no haya nadie que deje el amor de Dios y en vez de eso se enamore de una persona que aún no ha nacido de nuevo por el celo personal de vivir por los mandamientos de amar a Dios y a la gente. Aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu deben amar a los demás espiritualmente y de la manera apropiada. Si fallamos en esto, caeremos en amor carnal con tanta pasión con aquellos que aún no se han dado cuenta de esta Verdad.
Existen momentos en que nuestras insuficiencias revelan sus realidades aún después de haber nacido de nuevo y mientras tratamos de habitar en los mandamientos de Dios. ¿Acaso no nos quedamos cortos ante Dios y ante otras personas? Ciertamente así es. Ya que aún los nacidos de nuevo nos quedamos cortos, algunas veces cometemos pecados.
Soy un hombre de temperamento encendido. Muestro mi mal temperamento algunas veces, especialmente cuando mi cuerpo esta enfermo. Aún si no muestro mi temperamento a los demás, esto pronto para manifestarlo a mi esposa. Me enojo por cosas que no vale la pena enojarse cuando estoy enfermo. Es difícil ser amable cuando mi estomago me duele y me siento fatigado, incapaz de controlar mi propio cuerpo.
Probablemente esto es un ejemplo de un pequeño defecto mío. Existen muchas otras cosas que mi cuerpo y mi conciencia me señala mis faltas. ¿Acaso te preguntas, “Cómo puede un pastor hacer tales cosas?” en realidad, siempre que siento un jaloncito en mi conciencia, pienso en el bautismo que Jesús recibió y oro a Dios: “Mi Señor, ayúdame a ser sano para que pueda difundir el evangelio del agua y el Espíritu, y hacerlo por todo el mundo. Oh Señor, yo creo que Tú has tomado todas mis limitaciones. Ya que yo creo que Tú. Mi Señor has tomado todos mis pecados por el bautismo que Tú recibiste, yo oro a Ti ya que creo de esa manera”.
De igual manera, yo me acerco al Río Jordán con mi fe en el evangelio del agua y el Espíritu. «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3:15). Siempre es bueno leer acerca del bautismo que Jesús recibió, por el cuál Él tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo. Debido a que todos los pecados que molestan mi conciencia han sido transferidos a Jesús a través de la imposición de manos de Juan el Bautista cuando él bautizó a Jesús, mi se reafirma instantáneamente cada vez que leo este pasaje en la Biblia. Como sin no me hubiera nunca sentido tan mal, pronto digo, “Cariño, Comamos. Siento haberme enojado. ¿Sí? Necesitamos asistir al servicio después de nuestra cena”.
Queridos compañeros creyentes, espero que se den cuenta que este bautismo que Jesús recibió es la salvación de Dios. No podríamos llamarnos a nosotros mismos “justos,” si no fuese por el bautismo qué Jesús recibió, igual que no podríamos hablar acerca de la abolición del juicio sin primeramente mencionar el derramamiento de sangre de Jesús sobre la Cruz. ¡El bautismo que Jesús recibió! Debido a que Jesús recibió el bautismo, podemos acercarnos con confianza ante Dios en cualquier momento. Debido a que Jesús recibió el bautismo, podemos permanecer firmes en el Reino de Dios con una conciencia clara igual que los 60 pilares permanecían alrededor del Tabernáculo, profesando, “Señor, yo soy justo. Yo soy tu siervo. Yo soy uno de Tú propio pueblo”.
Los creyentes están confiados en su corazón ya que creen en el Señor quién los ha liberado de todos sus pecados por el agua y el Espíritu. Debido a que Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo a través de Su bautismo, podemos vivir confiadamente y orar a Dios con osadía. Hemos recibido nuestra confianza por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Una y otra vez recibimos respuestas cuando oramos. Y hemos podido vivir hasta hoy por la gracia de nuestro Señor.
Algunos pueden argumentar en contra de esta Verdad diciendo, “Si eres llamado justo, ciertamente no cometes ningún pecado. ¿Cierto?” Así no son las cosas. Somos llamados justos porque hemos creído en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu Santo, no porque no cometamos ningún pecado. Debes reconocer que aún los nacidos de nuevo cometen pecado. Tenemos que admitir que cada uno de nosotros comete varios pecados
Continuamos cometiendo pecados hasta el día en que morimos. Sin embargo, todos esos pecados han sido transferidos a Jesús. ¿Fueron transferidos tus pecados? Sí, fueron transferidos cuando Jesús fue bautizado en el Río Jordán. Si tus pecados ya fueron transferidos a Jesús, ¿tienes o no tienes pecado? Ya no tienes pecado. Cuando decimos que todos nuestros pecados fueron transferidos, ¿de que periodo de tiempo estamos hablando? ¿Acaso la Biblia no dice que todos los pecados fueron transferidos a Jesús? Si todos los pecados del mundo fueron transferidos a Jesús, ¿Acaso no fueron transferidos también sobre Jesús los pecados del mundo?
Estamos sin ningún pecado y podemos estar confiados ante Dios debido a que todos nuestros pecados que hemos cometido y los que cometeremos hasta el día en que morimos fueron transferidos sobre la cabeza de Jesús. Jesús, sabiendo que cometeremos pecados hasta el día en que morimos, ha tomado sobre Sí Mismo todos nuestros pecados. Si decimos que no cometemos pecados, hacemos mentiroso a Jesús, y aún más, convertimos a los justos de Jesús en injustos. Somos capaces de decir que estamos sin pecado solo a través de nuestra fe. ¿Cómo podemos si quiera confesar tal fe si Jesús no hubiera recibido el bautismo?
Sin embargo, existen muchos falsos maestros en el Cristianismo de hoy. Enseñan a sus congregaciones a no pecar más. Sus congregantes son la gente que va a su iglesia a pedirle a Dios que borre sus pecados debido a la tremenda agonía del pecado. Pero tales falsos maestros solo amonestan a sus seguidores a realizar oraciones de arrepentimiento, para recibir una tremenda cantidad de dinero, y para servir mucho a la comunidad en lugar de decirles la palabra de la remisión del pecado. Son los depredadores que comen el cuerpo y el espíritu de aquellos que vienen buscando el amor y la justicia de Dios ya que ellos carecen de ello.
Queridos compañeros creyentes, ¿cómo podemos nosotros, que somos simples humanos, no cometer ningún pecado? ¿Cómo podemos nosotros, que somos simples humanos, no cometer ningún pecado en nuestra conciencia o en nuestro cuerpo? Cometemos numeroso pecados. Entonces, ¿Cómo podemos decir que también somos justos? Se debe a que Jesús en Su amor unilateral se hizo hombre y así vino, y debido a que entonces Él se ha ocupado completamente de todos nuestros pecados y del juicio correspondiente por el agua y por la sangre por lo que somos llamados justos a través de nuestra fe. Somos justos. Ciertamente estamos sin pecado. Si todos nuestros pecados fueron pasados sobre Jesús, ¿cómo podemos tener pecado aún?
“¿Vista a Jesús recibir el bautismo? ¿Lo viste?”.
“Desde luego, claro que sí”.
“¿Cómo viste eso? ¿Estabas ahí?”.
“Desde luego, yo estaba ahí”. 
“¿Cómo pudiste haber estado ahí? Me estas mintiendo”.
“Yo lo he visto a través de la Palabra de la Biblia, la eterna Palabra de la Verdad que no cambia. Cuando leo la Palabra, así está escrita en la Biblia”.
Queridos compañeros creyentes, estamos muy confiados por nuestra fe en la Palabra escrita. Nosotros no creemos después de haber visto una ilusión sino más bien después de haber visto y leído la Palabra escrita.
Ahora, veamos el pasaje de la Escritura de hoy de 1 Juan 5:16. «Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte» (1 Juan 5:16-17).
Existen dos clases de pecado: Uno que guía a la propia muerte de alguien y otro que no guía a la muerte. Una clase de pecado no guía a muerte, y el otro guía a pecado de muerte en el infierno. Todos los pecados que hemos cometido en nuestra debilidad son borrados y no nos guían a muerte. Si es así, ¿sabes que pecados ciertamente guían a nuestra muerte eterna?
Incredulidad en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual es cuerpo del amor incondicional de Jesús, es el pecado que merece destrucción eterna. El no creer en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual profesa que Jesús vino a este mundo y borró todos nuestros pecados incondicionalmente con Su bautismo y el derramamiento de sangre sobre la Cruz es el pecado que guía a la muerte, estos es, el pecado que merece la condenación eterna. El Apóstol Juan nos está diciendo esto.
En estos días, existen demasiados Cristianos nominales que no creen en el bautismo que Jesús recibió. Muchos de ellos piensan que Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista ya que Él quería mostrarnos Su humildad. Alegan que las palabras de Jesús “Debes de bautizarme a pesar de todo” en respuesta a los comentarios de Juan el Bautista que “Cómo podría yo atreverme a bautizarte a Ti” no es más que una expresión de la humildad de Jesús. Me rompe el corazón escuchar a la gente decir estas palabras falsas e irreales tan descaradamente.
Queridos compañeros creyentes, ¿no ves las palabras de Jesús que dicen “Deja ahora, porque así conviene que se cumpla toda justicia”. La palabra “toda justicia” significa “justicia perfecta o equidad,” y la palabra “porque así” significa “por el mismo método de imposición de manos mencionado en el Antiguo Testamento”. Este pasaje profeso que Jesús al recibir el bautismo de Juan el Bautista ha borrado todos los pecados de toda la humanidad a través de un método tan justo. Nuestro Señor declara a través de este pasaje, “Yo he borrado todos tus pecados y te he hecho justo. Lo he hecho Yo a través del bautismo recibido de Juan el bautista. Ahora, quienquiera creer en esta Verdad recibirá la salvación completa.”
Este es el evangelio del agua y el Espíritu. ¿Entiendes ahora el evangelio del agua y el Espíritu? Uno de los significados originales de bautismo es “pasar pecado”. Entonces, ¿Qué significan las palabras “porque así”? significan “por medio del bautismo que recibió de Juan el Bautista”. Entonces, ¿quién es Juan el Bautista?
Escrito está en Mateo 11:11, «Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista». Juan el Bautista no es ningún otro que el representante de toda la humanidad. Y él es uno de los descendientes de Aarón, el Sumo Sacerdote (Lucas 1:5, 1 Crónicas 24:10). Juan el Bautista, quién bautizó a Jesús, ciertamente era el Sumo Sacerdote, quién como el representante de toda la humanidad transfirió todos nuestros pecados sobre Jesús.
Entonces, ¿que intentó Jesús realizar al recibir el bautismo de Juan el Bautista? ¿Quería mostrar a todo el mundo Su humildad? No fue así. El pasaje, «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia» claramente está diciendo que Jesús recibió el bautismo para que todos pudieran ser limpiados de de todos sus pecados. Jesús ha concluido el amor de Dios Padre con Su propio cuerpo después de haber venido a este mundo. Él nos ha liberado de todos nuestros pecados. Así Él ha realizado toda la justicia al igual que todo el amor de Dios.
Queridos compañeros creyentes, el no creer en el bautismo que Jesús recibió es igual a convertir a Jesús en mentiroso. Si y no crees que hemos recibido nuestra salvación cuando Jesús justamente tomó todos nuestros pecados al recibir el bautismo, y que Jesús unilateralmente borró todos nuestros pecados, te estarás burlando de Jesús. El creer en Jesús mientras que se deja de fuera el bautismo, o cree en Jesús mientras que considera que Su bautismo es una señal de Su humildad, o cree en Jesús sin conocer para nada acerca del bautismo, son actos de burla hacia Jesús.
Sí, en tus 10 o 50 años de fe Cristiana, te has enfatuado emocionalmente con sentimientos tales como “Cuanto debe haberle dolido a Jesús cuando Él murió por mí en la Cruz”, debes de volverte del camino equivocado. Debes darte vuelta de tu fe equivoca y creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
Desde luego, debe haberle dolido mucho a Jesús cuando Él fue crucificado en la Cruz. De ese modo, Jesús sacrificó Su propio cuerpo por Su amor incondicional para que todos nuestros pecados pudieran ser borrados. Si hubiésemos estado en Su lugar, ¿por quienes nos hubiéramos sacrificado de esa forma? ¿Pretendes burlarte y convertir a Jesús en mentiroso, quién aún hasta Su vida ha dado por nosotros? Si no, debes conocer y creer correctamente el porque Jesús tuvo que morir sobre la Cruz y porque el tuvo que recibir el bautismo.
Queridos compañeros creyentes, pongámonos nosotros mismos en Sus zapatos. La persona tiene que morir debido a los pecados que ha cometido. Pero yo amo a esa persona de forma especial, así que le digo a esa persona, “¡Sal! Yo moriré en lugar tuyo. ¡Todos los problemas se resolverían si yo te sustituyo!”. Y yo muero en lugar de esa persona. Yo estoy muriendo sobre la Cruz. ¿Cuánto me dolería eso?
Desde luego, probablemente nos falte el pensamiento de sacrificarnos nosotros mismos por alguien más. Aún si no podemos concebir el sacrificarse uno mismo por la persona amada como un momento hermoso, a pesar de eso dolería físicamente. Si la persona por la que estoy muriendo no conoce mi intención para morir por él y tan solo dice, “Es una pena que una persona tenga que morir de esa manera. Debe de haber sido muy doloroso”, ¿cómo me sentiría? Puede que nos lamentemos por haber muerto por él debido a su expresa ignorancia.
Debido a que Jesús nos amó tanto, Él murió por nosotros, quienes estábamos destinados a morir. Para liberarnos de todos nuestros pecados, Jesús recibió el bautismo antes de que Él muriera sobre la Cruz. Jesús murió sobre la Cruz derramando Su sangre después de que Él recibió el bautismo esperando que llegáramos a ser los hijos de Dios y recibiéramos la remisión del pecado conociendo y creyendo el porque Jesús fue crucificado.
Con Su respiración muriendo, Él dijo, “Te amo. Aunque Yo muero, aún así Yo te amo. Porque Yo te amo, Yo muero en tú lugar”. Queridos compañeros creyentes, este es el amor incondicional de Jesús. Ahora, debemos recibir la remisión del pecado creyendo en ese amor incondicional de Jesús.
¿Podríamos los humanos hacer tal cosa? Posiblemente podríamos hacer eso por una persona justa. Aún así, es benéfico para ambos solo si puedo libertar a la persona sacrificándome yo mismo en un acuerdo con el ejecutor: “Yo recibiré por la persona el castigo que merece, así que transfiere todos sus pecados sobre mí y júzgame en lugar de esta persona.”
Queridos compañeros creyentes, ¿estoy o no en lo correcto? Sin consultar al ejecutor, si yo unilateralmente le digo al criminal condenado, “¡Sal! Vamos. Yo moriré en tu lugar”, ¿Expiara los pecados de esa persona? Para nada. Solo cuando los pecados son transferidos a mí del pecador, yo puedo salvar a esa persona y morir en su lugar. Si no hago eso y unilateralmente muero, sería un desperdicio de mi vida. ¿Qué beneficio habría en tal muerte? No hay beneficio para la otra persona a menos que haya un cierto acuerdo o una promesa entre los interesados.
Pero, Dios ha establecido Su justa ley en el sistema de sacrificios que los pecados de una persona son borrados por la imposición de manos sobre el sacrificio y por el derramamiento de su sangre. Y Jesús tuvo que recibir el bautismo y morir derramando Su sangre sobre la Cruz de acuerdo a la justa Ley de Dios. Si eliminamos cualquiera de estos de nuestra fe, no seremos capaces de recibir la remisión del pecado, aún si Dios esta dispuesto, ya que eso es solamente una fe ilegal.
Satanás el Demonio ha traído el pecado a los humanos. Satanás el Demonio nos engañó para desobedecer la Palabra de Dios. El pecado que de esta manera vino a nosotros nos ha traído muerte, ya que «la paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23). Los humanos tenían que morir ante Dios.
Sin embargo, aunque el pecado llegó a los humanos por causa del Demonio, Jesús recibió el bautismo para dar la paga por el pecado, el cual fue traído a la gente por el Demonio, debido a que Él nos amó. Y al recibir el juicio por nosotros, Jesús liberó aquellos a quienes Él amó de todo el juicio conforme a sus pecados. Así, debemos saber y creer en la razón por la cual Jesús recibió el bautismo.
Queridos compañeros creyentes, ¿porque Jesús recibió el bautismo? Él recibió el bautismo para tomar nuestros pecados sobre Sí Mismo. ¿Por qué Jesús murió sobre la Cruz derramando Su sangre? Jesús murió crucificado en la Cruz para que vicariamente Él pudiera recibir todo el juicio por nuestro pecado en lugar de nosotros. Queridos compañeros Cristianos, ¿creen esto? Hemos sido liberados por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. Tenemos que creer que Dios nos liberó de todos nuestros pecados al hacer estas dos cosas.
Algunos Cristianos continúan insistiendo, “Yo solo creo en la Cruz y no creo en el bautismo que Jesús recibió. Yo no sé. Yo nunca he escuchado acerca de esto”. ¿Acaso no actúas de esta manera? No debemos creer sin tener discernimiento sobre el verdadero evangelio. Si no has escuchado acerca del bautismo antes, necesitas escuchar ahora. Escucha y cree ahora y recibe tú salvación.
El Apóstol Juan dijo, «Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte» (1 Juan 5:17). Toda injusticia es pecado. Cada mala acción es pecado. Mira tus propias manos. Cuando hacemos obras buenas y hermosas, testificamos y ayudamos con estas manos, nuestras manos son buenas. Pero el dañar a la gente y el hacer malas obras con estas manos, meramente son instrumentos de pecado.
Aún, la Escritura dice que hay pecados que no guían a la muerte. ¿Cómo puede un pecado no guiar a la muerte? Debido a que Dios ya ha borrado todos nuestros pecados por Su amor, existen pecados que no guían a la muerte. El único pecado que guía a la muerte es el pecado de la incredulidad en la salvación de Jesús que fue completada por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. El no creer que Jesús tomó todos nuestros pecados cuando Él recibió el bautismo, y el no creer que Jesús recibió todo el juicio por nuestros pecados cuando Él murió sobre la Cruz son los pecados que guían a los pecadores a la muerte.
Todas las iniquidades que cometemos dentro de nuestros pensamientos y en nuestra carne también son pecados ante Dios. Pero, estos pecados no nos guían a la muerte ya que el Señor ha tomado todos esos pecados del mundo a través de Su bautismo. Después de recibir el pecado, Juan el Bautista dio testimonio acerca de Él, «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29).
Los pecados que cometemos en nuestros cuerpos, los que cometemos en nuestra carne, y que apuñalan nuestras conciencia-todos estos pecados del mundo Jesús se ha encargado de ellos, cuando recibió el bautismo en el Río Jordán, así Jesús tomó todos nuestros pecados al recibir el bautismo y llevó todos nuestros pecados hasta la muerte sobre la Cruz, en donde Él terminó Su vida terrenal de 33 años. Jesús expresó estas palabras, “¡Consumado es!,” mientras Él moría. Y Él acabó con todo el juicio de nuestros pecados. De esta manera, Jesús nos liberó de todos nuestros pecados por el agua y por la sangre.
Queridos compañeros creyentes, no debemos cometer pecados que guíen a muerte. Hay alguien que piense, “¿Por qué hay pecado en mí si yo creo en Jesús? Es raro, muy raro. ¿Por qué habrá pecado si yo creo?” lo que tales creyentes están diciendo es que no saben porque hay pecados en sus corazones aún cuando creen correctamente, tratan de vivir por la Palabra, y dicen muchísimas oraciones de arrepentimiento. Se debe a que ellos no conocen o no creen en la razón por la cual Jesús recibió el bautismo.
Al creer en Jesús como Señor y Salvador personal, es muy importante conocer y creer en el bautismo que Jesús recibió. La remisión del pecado sin el bautismo de Jesús es como un hot dog sin la salchicha. El evangelio sin el bautismo de Jesús es como un reloj sin manecillas. La salvación sin el bautismo es como una cabeza sin cerebro. Queridos compañeros creyentes, ¿me entienden? El pecado que descalifica a una persona de la remisión del pecado y así se dirige al infierno es el pecado de no creer en el bautismo, la Cruz y la resurrección de Jesús todos juntos en uno. Esto no es algo que te diga de mí mismo sino lo que dice la Palabra de Dios.
1 Juan 5:18 dice, «Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca». Dice que aquellos que han recibido la salvación nacida de Dios no cometen ningún pecado. Nosotros quienes somos nacidos de nuevo somos incapaces de cometer alguna clase de pecado. ¿Cuál pecado? Significa que no podemos negar la salvación de todos mis pecados que Jesús realizó por el agua y por la sangre. ¿Entiendes?
No podemos negar el evangelio del aguay el Espíritu. Si cometes cualquier pecado después de haber recibido la remisión del pecado, es totalmente tu culpa, pero la salvación que Jesús te ha otorgado no puede anularse. Si cometemos cualquier pecado en nuestros cuerpos y pensamientos mientras aún vivimos en la carne, solo se debe a nuestras insuficiencias, y no hay nada malo en el evangelio del agua, la sangre y el Espíritu. Todos estos pecados pueden atenderse en cualquier momento, cuando nos acercamos al Río Jordán con nuestra fe.
Satanás el Demonio nos provoca y nos tienta frecuentemente mientras que estamos viviendo en nuestra carne sobre este mundo. Aunque nunca cedemos completamente en estas tentaciones, nosotros algunas veces nos acercamos. Si decimos, “No debería. Realmente no debería,” ya hemos caído en la tentación y cometido un pecado con el corazón. Entonces, tales pecados golpean nuestra conciencia. ¿Entiendes? Sin embargo, nuestro Señor dentro de nosotros nos protege.
“¡Ey! ¡Tú! ¿No eres un justo? ¿Tienes o no tienes pecado?”.
“Yo no tengo ningún pecado, Señor”.
“Entonces, ¿porque dudas tanto?”.
“Señor, es que soy muy débil”.
“Aun así, ¿no soy Yo tu Señor y Salvador? ¿Por qué estas tan apagado? No lo estés. ¿Que te falta, si Yo me convertido en tú Señor y Salvador? ¿Le falta algo a Mí salvación, aunque de Mí amor incondicional por ti?”.
“No. Nada en absoluto, Señor”.
“Entonces, ¡tened ánimo!”.
El Señor nos está dando palmaditas en el hombro para animarnos y Él no está protegiendo. Entonces, ¿cómo pueden los malvados atreverse a tocarnos? La Biblia dice, «y el maligno no le toca» (1 Juan 5:18).
Queridos compañeros creyentes, verdaderamente el maligno no puede tocar a aquellos que han nacido de Nuevo por el agua, la sangre y el Espíritu Santo, como lo era el Apóstol Juan. Aunque podamos cometer malas cosas en nuestros cuerpos, fundamentalmente somos incapaces de negar a Jesús. No podemos negar la salvación que Jesús nos ha otorgado, la cual fue completa con el amor incondicional de Jesús por el agua y por la sangre. No podemos revertir el hecho que hemos llegado a ser los hijos propios de Dios. No podemos decir que nuevamente nos hemos vuelto pecadores. Es cierto. Podemos ser insuficientes como los humanos somos insuficientes, pero Jesús jamás podrá ser insuficiente. Debido a que nuestro perfecto Señor, el maligno no se atreve a tocarnos.
Así, quien sea que pervierta este evangelio tiene problemas con su fe en el bautismo que Jesús recibió. Si una persona tiene problemas con su fe en el bautismo, inadvertidamente enfatiza sus obras y su propia justicia. Y trata de agarrarse a las doctrinas Cristianas. Trata de asirse a uno o a algunos versículos seleccionados como los más importantes. Eso no es lo que es la verdadera fe. Solo cuando tenemos la fe correcta en el bautismo, el que nos tomemos de versículos específicos de la Escritura no importa y aunque seamos débiles, la salvación que hemos recibido es perfecta.
Queridos compañeros creyentes, el amor de Jesús es incondicional, verdadero y perfecto. Por el amor misericordioso
1 Juan 5:19 dice, «Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno». Existen dos clases de gente que practican su fe: Aquellos que pertenecen a Dios y otros que le pertenecen al mundo. Ya sea que crean en el Budismo, en el Cristianismo, o algo más, la gente que práctica la religión puede ser dividida en estas dos categorías. De igual modo, aún los Cristianos pueden ser divididos en estas dos categorías. ¡Aquella gente que le pertenece a Dios y otros que pertenecen al mundo! La gente que pertenece al mundo le pertenece al Demonio. 
Esa gente que pertenece a Dios ha recibido la remisión del pecado creyendo en el agua, la sangre y el Espíritu Santo, los cuales son la expresión del amor incondicional de Dios. Ellos viven con gozo, aunque puedan ser débiles, debido a que son agradecidos por el regalo gratuito de la salvación de Dios. Aquellos que nacieron de nuevo a través de su fe en el evangelio del agua y el Espíritu le pertenecen a Dios. Le pertenecen a Dios al creer en el amor incondicional de Jesús y en la salvación lograda por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. Sin embargo, aquellos que no creen en ninguno de estos le pertenecen al mundo,
No pudo sino agradecer al Señor de la siguiente manera: “Señor, expresamente nada soy, soy algo más en la comida de un perro. Meramente soy un tipo bueno para nada, y no tengo nada de que jactarme ante Ti. Aunque yo pueda ser muy débil como tal, Tú eres perfecto. Gracias Señor. Si, Señor. ¿Cómo puedo compensarte por Tú gracia, no importa cuanto lo intente? ¿Podría alguna vez obtener Tú gracias a través de mis obras, sin importar que tan bien me comporte? Es verdad, Señor. Señor, Tus Palabras son demasiado perfectas, completas, puras y delicadas. Tú amor de la salvación es verdaderamente sorprendente. Es demasiado perfecto”.
En Salmos 18:30, David declaró, «En cuanto a Dios, perfecto es su camino, Y acrisolada la palabra de Jehová; Escudo es a todos los que en él esperan». La Palabra de Dios verdaderamente es pura, perfecta y delicada. Él nos ha dado Su perfecta salvación, la cual está escrita en Su detallada Palabra. Por lo tanto, si diariamente confiesas tu fe mientras que solo crees en el derramamiento de sangre de Jesús sobre la Cruz, tu fe es incompleta y vana. Te podrás preguntar porque. Se debe a que los pecados de tú corazón aún permanecen con tal fe.
¿Te coaccionas a ti mismo para creer en la Verdad? ¿Necesitas hacer tal esfuerzo para creer en la Verdad? ¿Realmente nos es necesario hacer tal esfuerzo, cuando Dios ya ha realizado nuestra salvación? No hay nada más que podamos hacer sino ser agradecidos y creer en el evangelio del agua y el Espíritu, el cual profesa que nuestro Señor en Su incondicional amor nos ha liberado por el agua, la sangre y el Espíritu Santo. Ya que solo tenemos que responder y estar de acuerdo con Su amor que salva, diciendo, «Sí, Tú estás en lo correcto. Gracias Señor.!Yo aprecio Tú amor! Amén» es muy claro y simple.
1 Juan 5:20-21 afirma, «Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén».
Queridos compañeros creyentes, hemos llegado a ser los hijos propios de Dios y gente que le pertenece a Dios por nuestra fe en la salvación dada por el Señor. Verdaderamente yo estoy agradecido de que hayamos llegado a ser gente que le pertenece a Dios en vez de pertenecerle al Demonio. Dios nos ha concedido un entendimiento para que sepamos, creamos y sigamos a Dios.
Queridos compañeros creyentes, no puedo decirte cuan insuficiente soy. Soy tan débil que cuando me veo a mí mismo, me digo, “!Miserable humano!”. Digo esto no porque haya cometido alguna clase de terrible pecado sino porque no hay nada perfecto en mí cuando me veo a mí mismo. ¿Mantengo mis horarios de alimento? ¿Recuerdo bien las cosas? Siempre que veo una hermosa mujer pasar a mi lado, trato de verla una vez más. Y me gozo en las faltas de los demás. Ese soy yo.
“Miserable humano, ¿porque eres tan débil?”. Aunque no hay nada bueno en mí, puedo confesar, “Señor, ¡Cuan perfecto eres Tú! ¿Cómo es posible que Tú salvación no se mueva, aunque yo soy tan débil? Tú salvación es tan preciosa y tan cierta”. Aunque somos débiles, tenemos certeza en la salvación que el Señor nos ha dado.
Queridos compañeros creyentes, en esta era necesitamos vivir con en entendimiento claro. Necesitamos tener la claridad y la fe correcta en el evangelio del agua y el Espíritu. Ya que no se nos asegura la salvación meramente por creer sin primero conocer el bautismo que Jesús recibió y el derramamiento sobre la Cruz, desesperadamente necesitamos más de la habilidad del entendimiento dada por Dios. Cuando tenemos el entendimiento correcto y la percepción correcta, podemos saborear el verdadero amor de Dios. Y también somos capacitados para vivir morando por los mandamientos de Dios en Su amor.
¿Quién se atreve a decir que puedes recibir la remisión del pecado sin primeramente creer en el bautismo que Jesús recibió? ¿Quién dice que uno puede recibir la salvación ante Dios sin la Cruz de Jesús? ¿Quién, en este mundo, es atrevido y a la vez expresamente ignorante? ¿Quién se atreve a decir que puedes recibir tu salvación ante Dios solamente por la sangre derramada de la Cruz sin el bautismo recibido por Jesús? Aquellos que dicen que puedes recibir tu salvación, aún si haces cualquiera a un lado el bautismo y la sangre de la Cruz o el Espíritu Santo, esos están dando falso testimonio.
¿Has recibido tu remisión del pecado a pesar de hacer a un lado el bautismo recibido por Jesús? Aquellos que están seguros de su salvación a pesar de hacer a un lado el bautismo recibido por Jesús se han engañado a sí mismos. Dios no recocerá la fe de tales personas. Creer al mismo tiempo que se hace a un lado el bautismo o la Cruz es meramente una determinación personal, y tal fe jamás será reconocida ante Jesús. ¿Puede alguien obtener la salvación sin creer en el bautismo que Jesús recibió? Tal cosa no es posible en lo más mínimo.
Queridos compañeros creyentes, podemos decir que nuestros pecados fueron transferidos a Jesús, ¿si esto no es cierto? No podríamos hacerlo. Te digo esto porque verdaderamente yo ya no tengo pecado en mi corazón. Si realmente yo pudiera recibir la remisión de todos mis pecados creyendo solamente en la Cruz sin el bautismo de Jesús, ¿por qué hablaría simultáneamente de ambos, el bautismo y la Cruz? Si pudiéramos obtener la salvación verdadera creyendo de algún modo en cualquier cosa, ¿por qué estaría mencionándote los dos elementos, el bautismo y la Cruz? Sería difícil agregarse si tan solo mencionara uno de ellos. Así que cuando te digo que debemos creer en ambos, debes de darte cuenta que no es mi propia insistencia sino lo que requiere la Palabra de Dios.
Yo también creía solamente en la Cruz de Jesús durante un tiempo de mi vida. Yo creí en ese solo elemento durante 10 años. Yo era capaz de decirles a otros acerca de la Cruz, pero era incapaz de decirles a los demás acerca del bautismo de Jesús. Y yo mismo permanecí como pecador ante Dios.
Pero cuando me di cuenta acerca del bautismo de Jesús, me di cuenta de que Dios había hablado acerca del bautismo todo el tiempo en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. ¡Dios mío! Estaba enojado y lleno de resentimiento cuando me di cuenta de que había estado compartiendo un evangelio falso hasta ese entonces. Me decidí: “Si hubiese conocido el evangelio del agua y el Espíritu antes, ¿a cuanta gente le hubiera dado testimonio en esos 10 años? Sin embargo, seamos agradecidos ya que finalmente me percaté de la Verdad real del agua y el Espíritu y ahora puedo compartirlo con otros”.
Después de nacer de Nuevo, me dedique a compartir la Palabra de Verdad con un corazón gozoso y tengo grandes deseos. Y siempre que mis hermanos o mis hermanas tienen problemas, los motivo a orar por sus situaciones. Aunque no puedo orar mucho debido a mi cuerpo tan cansado, yo oro, “Señor Jesús, Tú tienes que suplir nuestras necesidades. Por favor, suple nuestras necesidades”.
Queridos compañeros creyentes, ¿existe alguien que insista en que ha recibido su salvación de todos sus pecados sin creer primeramente en el bautismo que Jesús recibió? No existe una sola persona. Ni siquiera una.
Aún el Apóstol Pablo afirma que él recibió la remisión del pecado por el bautismo que Jesús recibió. Y que él ha sid liberado del juicio por sus pecados por el derramamiento de sangre de la Cruz (Romanos 6:3-6, Gálatas 3:27). Pedro también dice, «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo» (1 Pedro 3:21). El Apóstol Juan también dice que él ha recibido la salvación por el agua, la sangre y el Espíritu Santo (1 Juan 5:5-8). Él también sostiene que la evidencia de la remisión del pecado está en el agua, la sangre y en el Espíritu Santo. Por lo tanto, debemos creer acerca de nuestra salvación como tal. ¿Crees de esta manera? Si, estoy seguro que si.
Queridos compañeros creyentes, si tu fe esta corta hasta ahora, creamos, a partir de ahora, de acuerdo a la Palabra escrita del agua y el Espíritu. Creamos en el bautismo de Jesús y en el derramamiento de Su sangre como está escrita en la Palabra dada por el Señor.
Nuestro Señor ha liberado a los pecadores de todos sus pecados viniendo en semejanza de hombre, recibiendo el bautismo y derramando Su sangre sobre la Cruz. Yo creo que Jesús ha liberado a todos los pecadores por el agua, la sangre y el Espíritu Santo.
Verdaderamente damos gracias a nuestro Dios en nuestra fe verdadera. ¡Aleluya!