The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 21-1] < Mateo 21, 1-11 > Los trabajadores utilizados por Dios

< Mateo 21, 1-11 >
«Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:
Decid a la hija de Sion:
He aquí, tu Rey viene a ti,
Manso, y sentado sobre una asna,
Sobre un pollino, hijo de animal de carga.
Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea».
 

Acabamos de leer un pasaje de Mateo 21. Nos describe cómo Jesús entró en Jerusalén montado en un asno. En este pasaje, el Señor nos está explicando qué tipo de gente escoge como Sus obreros y cómo son utilizados por Él. ¿Quiénes son los que Dios utiliza? Los que se han desatado de sus compromisos con el mundo. Los que están atados al mundo no pueden convertirse en obreros Suyos porque todavía aman las cosas del mundo. Los que han sido librados de las cadenas del mundo pueden ser utilizados por Dios como instrumentos valiosos. Dios les hace obreros Suyos y cumple Su voluntad a través de ellos. A través de la gente que está libre del mundo, Dios cumple Su obra. Él los utiliza para Su obra. 
Está escrito: «Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga» (Mateo 21, 1-4).
Cuando Jesús y Sus discípulos se acercaron a Jerusalén, les dijo a dos de Sus discípulos: «Id a la aldea de allí y veréis un asno y un pollino. Traédmelos. Si alguien dice algo, decidles que el Señor los va a usar». Esto es algo que solo el Señor puede decir. Si nosotros dijésemos algo así, la gente pensaría que estamos locos. Si fuésemos caminando y les dijese: «Tráiganme ese coche. Si el propietario dice algo, decidle que el Señor lo va a utilizar», ¿no pensarían que estoy loco? Este pasaje es algo que solo el Señor podía decir.
El Señor, quien nos ha salvado, es más que capaz de hacer esto. Es el Creador de los cielos y la tierra, el universo entero y todo lo que hay en Él le pertenecen, incluso ese pollino. Como el Señor ordenó a Sus discípulos que desatasen al pollino y el asno y se lo trajesen, los discípulos obedecieron. Entonces Jesús entró en Jerusalén montado en este pollino.
La gente le dio la bienvenida con todo entusiasmo. Tiraron sus ropas sobre el camino. Cogieron ramos y los extendieron sobre el camino. Le dieron la bienvenida con mucho entusiasmo, gritando: «Gloria a Dios». El pasaje de las Escrituras dice: «Otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». Esta gente sabía que el Rey estaba entrando en su ciudad.
Así es como Jesucristo entró en Jerusalén. Pero el Rey de reyes estaba montado en un pollino que había sido librado de la esclavitud del mundo. Entró en la ciudad montando en un pollino con toda humildad. El Señor es el Rey del Cielo, pero entró en Jerusalén montado en un humilde pollino. En la Biblia, los asnos se refieren a los descendientes de Adán y Eva que no han nacido de nuevo. El primer hombre y la primera mujer, Adán y Eva, no creyeron en la Palabra de Dios y desobedecieron a Dios, por eso se les llama asnos. También se les llama asnos a los que son tercos.
¿Quién es un obrero de Dios? Aunque seamos tercos como un asno, Dios nos hace, a los nacidos de nuevo, obreros Suyos. Mientras que Jesús montó en asno, era un asno especial porque ha sido librado del mundo. Está escrito: «Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos» (Éxodo 13, 13). Todos nosotros, sin excepción, debemos morir por nuestros pecados. Pero, al creer en que el Cordero de Dios expió nuestros pecados, hemos nacido de nuevo y hemos sido redimidos de nuestros pecados. Estos asnos, al haber recibido la remisión de los pecados, son el pueblo de Dios. Aunque somos descendientes de Adán, y aunque estábamos destinados a morir por nuestros pecados, aquellos de nosotros hemos recibido la redención a través de Jesucristo y hemos alcanzado la remisión de los pecados, somos utilizados por Dios. Al utilizar a esta gente Dios cumple Su voluntad.
Si se ata el hocico de un asno a un palo en el suelo, ¿cómo se puede utilizar a ese asno? Por mucho que la gente utilice este asno, si está atado, no tiene mucha utilidad. De la misma manera, los que han sido salvados y son utilizados por el Señor, han sido desatados del mundo. Solo los que han sido librados del mundo son utilizados por Dios como instrumentos Suyos. Dios no puede utilizar a los que se preocupan de qué comer, qué beber, qué llevar puesto, y otras cosas materiales. Jesús dijo: «Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita».
Dios rompió las cadenas que nos ataban al mundo y después nos utilizó. Por tanto, los que son utilizados por Dios son los que han sido desatados. Entre los salvados, algunos pueden convertirse en obreros de Dios, mientras que otros no. Hay algunos creyentes a los que Dios no puede utilizar, y hay otros que sí que pueden ser utilizados para Su obra. Quien no sea un obrero de Dios sigue atado al mundo. Dios nos puede utilizar a esta gente. No puede utilizar a la gente que sigue atada a los placeres materiales de este mundo. Cuando Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos, dijo: «Desatadle, y dejadle ir» (Juan 11, 44). Lázaro había sido envuelto en ropajes de lino al ser enterrado. Cuando el Señor le llamó y le dijo: «Lázaro, sal de la tumba», él salió envuelto en las vestiduras. Al ver esto, el Señor dijo: «Desatadle y dejadle ir». El que Lázaro fuese resucitado implica su salvación. Es decir, antes estaba atado por sus pecados y destinado al infierno, pero fue salvado del infierno, de la destrucción y del pecado para vivir de nuevo. Pero aún así muchas otras cosas le ataban al mundo.
«Desatadle, y dejadle ir». Dios desata las ataduras a través de Sus siervos. Nuestro Señor no las desata personalmente, sino que lo hace a través de Sus siervos. El asno en este pasaje estaba atado en el mundo. Estaba atado a un palo. Esto se solía hacer así. El asno trabaja para su dueño. Hace todo lo que su maestro le pide. Hace mucho tiempo, cuando no había coches, los asnos eran un medio de transporte. Del mismo modo en que un asno es un instrumento para su dueño, nosotros somos instrumentos de Dios cuando nacemos de nuevo.
Recibimos la remisión de los pecados y nacemos de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando nacemos de nuevo, estamos listos para ser obreros de Dios. Sin embargo, si todavía estamos atados al mundo, Dios no puede utilizarnos como Sus obreros. Las cadenas que nos atan al mundo tienen que ser rotas. Solo cuando somos librados del mundo, el Señor puede montar en nosotros y entrar en Jerusalén. Si estamos atados al mundo, incluso tras haber recibido la salvación, ¿cómo puede Dios utilizarnos para Su obra?
¿Cuántas ataduras les tienen sujetos? Puede que estén atados a sus amigos, a sus emociones, al poder, a sus necesidades básicas, o a sí mismos. Pero todas estas ataduras deben deshacerse antes de que puedan ser utilizados por Dios. Él solo utiliza a los que han sido desatados del mundo y han sido salvados. Dios utiliza a los que viven por la fe y dicen: «Creo en que Dios satisfará todas mis necesidades. Ahora que ya no soy esclavo del mundo, Dios cuidará de mí». Por eso no vivimos por los esfuerzos humanos. Los que son utilizados por Dios son los que no están atados al mundo, los que son guiados por Él y están atados a Dios, quien es glorificado a través de esta gente.
El asno que se menciona en el pasaje de las Escrituras de hoy se refiere a nosotros. Como ya he dicho antes, está escrito en Éxodo: «Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos» (Éxodo 13, 13). Todo asno primogénito tenía que sacrificarse. Para salvar a este asno, había que redimirlo con un cordero. Esto significa que si se sacrificaba un cordero y se ofrecía a Dios en lugar del asno, este no tenía que morir. Cuando nacía un asno, para evitar matarlo, hacía falta un animal para sacrificar. ¿Por qué no le gustan los asnos a Dios? Porque son tercos. Así que se mataba a los asnos recién nacidos de una manera específica; rompiéndoles el cuello.
La mayoría de los animales herbívoros pueden levantarse y correr en cuanto nacen. Dios había ordenado a los israelitas que matasen a los asnos recién nacidos rompiéndoles el cuello. ¿Por qué? Los asnos recién nacidos son iguales que Satanás, y se levantan contra Dios. Los asnos no escuchan ni hacen lo que se les dice. Por eso Dios dijo que debían matarse. Lo que Dios odia más es la gente que no obedece Su Palabra y no cree en ella. Así que Dios dijo que los asnos primogénitos debían ser sacrificados. Como la Biblia demuestra frecuentemente la voluntad de Dios mediante el principio de representación, la expresión asno primogénito significa todos los asnos. Por tanto el asno primogénito se refiere a todos los seres humanos.
Todo el que es descendiente de Adán es un asno. La gente es terca y no escucha la Palabra de Dios. Cuando se les dice: «Eres un pecador. Tienes demasiados pecados», preguntan: «¿Por qué soy un pecador?». Cuando se les dice: «Morirás si te saltas alguna de Mis Leyes», la gente contesta: «No lo creo». Siempre se oponen a todo lo que Dios les dice. Cuando Dios dice: «Haced esto», ellos dice: «Haré esto otro». Cuando se les dice: «Esto se hace así», ellos dicen: «Creo que sería mejor hacerlo de esta otra manera». Se oponen por completo a la voluntad de Dios. Cuando se les dice: «Id por aquí», ellos dicen: «No, iré por allá». Son como asnos que hacen justo lo contrario de lo que se les pide. Un asno nunca les seguirá si se ponen delante de él y le estiran. Para mover a un asno, deben colocarse detrás y azotarle en el trasero. Un asno solo les obedecerá cuando le levanten la mano.
Mis queridos hermanos, todos nosotros somos asnos. Nacimos siendo asnos. Para ser salvados, necesitamos un sacrificio de redención. Los animales que Dios preparó como sacrificios de redención son los corderos y las cabras. Para poder ser salvados, necesitamos un cordero. Solo podemos vivir si un cordero carga con nuestros pecados y muere en nuestro lugar. El libro de Levítico habla de cuántos pecados cometemos mientras vivimos en este mundo, y cuántos errores cometemos en nuestras vidas. Pasemos a Levítico.
Levítico 14, 33-47 dice: «Habló también Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, si pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión, vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote, diciendo: Algo como plaga ha aparecido en mi casa. Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa antes que entre a mirar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a examinarla. Y examinará la plaga; y si se vieren manchas en las paredes de la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales parecieren más profundas que la superficie de la pared, el sacerdote saldrá de la casa a la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días. Y al séptimo día volverá el sacerdote, y la examinará; y si la plaga se hubiere extendido en las paredes de la casa, entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que estuviere la plaga, y las echarán fuera de la ciudad en lugar inmundo. Y hará raspar la casa por dentro alrededor, y derramarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el barro que rasparen. Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro y recubrirán la casa. Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y después que fue recubierta, entonces el sacerdote entrará y la examinará; y si pareciere haberse extendido la plaga en la casa, es lepra maligna en la casa; inmunda es. Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa; y sacarán todo fuera de la ciudad a lugar inmundo. Y cualquiera que entrare en aquella casa durante los días en que la mandó cerrar, será inmundo hasta la noche. Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa lavará sus vestidos».
Este pasaje describe el estado social de los leprosos. Nos dice lo que se debe hacer en caso de que la lepra entrase en la casa de un israelita. Cuando alguien contraía la lepra, la enfermedad se propagaba fácilmente a los otros miembros de la familia. La enfermedad era muy contagiosa. Cuando la lepra entraba en una casa, el dueño de la casa tenía que ir a un sacerdote y decírselo. Entonces el sacerdote iba a la casa y la examinaba. Cuando determinaba que había lepra, hacía que los habitantes de la casa quitarán las piedras de la misma y las arrojasen a un lugar impuro fuera de la ciudad. Entonces las paredes de la casa se limpiaban en profundidad. La suciedad que se rascaba de las paredes se arrojaba al lugar impuro fuera de la ciudad. Aquí la casa se refiere a los seres humanos.
La Biblia utiliza todo tipo de metáforas para hablar de la remisión de los pecados. Es el único libro que habla de la salvación. No hay otra manera de recibir la remisión de los pecados con otro libro, ni de conocer el misterio de la salvación. Solo la Biblia habla de esto. Solo a través de la Palabra de Dios podemos conocer la salvación. Cuando la lepra entraba en la casa de un israelita, todas las paredes tenían que limpiarse con cuidado, y todo el polvo y la suciedad se debían arrojar en un lugar impuro. La casa aquí se refiere a la gente. En otras palabras, quien tenga pecados en el corazón debe limpiarse.
Como esta casa, ¿cuánta suciedad tiene la gente? ¿Cuántos errores comete la gente y cuántos pecados comete durante toda su vida? No es que toda la casa esté sucia. Puede que un lugar en concreto se esté pudriendo de moho, pero el resto de la casa esté bien. En aquel entonces, las casas que se construían con lodo y polvo tenían moho. Incluso algunas casas construidas con cemento son así. El moho crece donde hay mucha humedad en la casa. Para la gente es como estar infectado de lepra. Está muy sucia. Cuando entran en un sótano lleno de humedad, pueden ver moho creciendo por las paredes. 
Todos cometemos pecados en nuestras vidas, por mucho que intentemos vivir con rectitud. Algunas personas construyen casas para vivir bien. Aunque la casa está limpia al principio, cuando pasa el tiempo, la casa se llena de una plaga de lepra. La gente que nace en este mundo, intenta no cometer pecados y vivir una vida recta. ¿Pero cómo pueden evitar cometer pecados? Todo el mundo peca. Dios les ordenó a los israelitas que cuando la lepra entrase en sus casas, todas las paredes debían limpiarse y la suciedad debía arrojarse a un sitio impuro. De la misma manera, nosotros sufrimos la lepra de nuestros pecados durante todas nuestras vidas. Dios nos ordenó que las limpiásemos y expulsásemos la suciedad. El pecado es sucio.
Todo el mundo comete pecados. Dios mira los corazones de la gente, ve el pecado, y lo juzga como sucio. Entonces les dice a las personas sucias que tienen que limpiarse y arrojar la suciedad. Cuando en una casa había lepra, según la Ley de Dios, todo el mundo que visitaba la casa durante la plaga, también estaba sucio. Así que Dios ordenó que todas las paredes de la casa se limpiasen. Entonces un sacerdote tenía que ir a la casa, limpiar las paredes y arrojar la suciedad fuera de la ciudad. Si el sacerdote veía que la lepra volvía a aparecer después de esto, había que destruir la casa. Todas las piedras y el material del que estaba construida la casa tenían que arrojarse fuera de la ciudad, en un lugar impuro.
Esto se refiere a nuestras vidas. Esto habla de todos nuestros hermanos y hermanas y de todo el mundo. Dios ha establecido estos estatutos como señal para los seres humanos. Es imposible no cometer pecados en todas nuestras vidas. Todos cometemos pecados, y debemos arrojarlos de nuestros corazones. ¿Y si cometemos el mismo pecado después de haberlo arrojado? ¿Qué debemos hacer si nuestros pecados se exponen después de que el Señor los haya arrojado? Dios dice que si el mismo pecado se expone de nuevo, y lo cometemos repetidamente, esta casa se vendrá abajo, se cerrará y se arrojará en un lugar impuro.
Todos tenemos la tendencia a cometer el mismo pecado una y otra vez. Así es la naturaleza humana. No somos diferentes a esta casa sucia. La gente comete los mismos pecados siempre. Por eso deberíamos ser arrojados a un lugar impuro y ser quemados. Por eso la Biblia dice: «El precio del pecado es la muerte». Los israelitas limpiaban las paredes sucias y arrojaban el polvo en un lugar sucio, pero si la plaga seguía resurgiendo en la casa, había que derribarla y arrojarla al lugar impuro. Si los seres humanos siguen cometiendo pecados, tienen que ser arrojados al lugar impuro.
Todo el mundo nace siendo pecador. Todo el mundo nace siendo un asno terco. Ustedes y yo nacimos siendo tercos, y aunque parezca que a veces obedecemos a Dios, no lo hacemos. Todo el mundo que siga desobedeciendo a Dios debe ser eliminado, arrojado al infierno.
Para evitar ir al infierno, no es suficiente con que el Señor haya borrado los pecados que hemos cometido. Aunque sabemos que no debemos cometer pecados, seguimos cometiendo los mismos pecados una y otra vez. Según la Ley del Señor, todos debemos ser demolidos. El Señor vino al mundo para borrar nuestros pecados para siempre.
Lo que Dios ve en nosotros le fuerza a arrojarnos al infierno sin excepción. Todos merecemos ser arrojados al infierno. No somos más que asnos. Nuestros cuellos deberían romperse cuando nacemos. A los ojos de Dios, todos merecemos morir por ser tercos.
Sin embargo, por Su amor, Jesús abrió un nuevo camino de vida para nosotros (Hebreos 10, 20). Debemos darnos cuenta de que Jesús se ha convertido en la propiciación de nuestros pecados. Aquí Dios dijo: «Limpiad la suciedad y arrojadla a un lugar donde se arroje la suciedad». Jesucristo se ha convertido en nuestro sacrificio. Jesús es nuestra redención.
Esto significa que Jesús, como una bolsa de basura, tomó todos nuestros pecados y los cargó sobre Sí mismo. En otras palabras, aunque Jesús era absolutamente limpio, tomó todos nuestros pecados, cargó con toda la suciedad, y fue condenado en nuestro lugar. Jesús cargó con todos nuestros pecados y con la suciedad a través de Su bautismo y Su muerte en la Cruz.
Así es como Jesús se convirtió en nuestra redención. Vino al mundo para salvarnos del pecado. Somos asnos tercos que no escuchan la Palabra de Dios, ni creen en ella, y que desobedecen. Jesús, el Cordero de Dios, quien estaba sin pecado, murió en nuestro lugar. Así es como nosotros, los asnos tercos, podemos evitar la muerte y como podemos ser utilizados por Dios como Sus instrumentos preciados.
Todos nosotros debemos entender qué significa la casa infectada de lepra que se menciona en Levítico. La casa con lepra se refiere a los seres humanos. Se refiere a nuestras vidas. Si su casa tuviera lepra, tendrían que limpiarla, sacar toda la suciedad y arrojarla. Sería bueno si la suciedad no volviese, pero si su casa tuviera demasiada humedad, volvería a aparecer el moho. Si esto siguiese sucediendo, la casa tendría que demolerse.
Nosotros nacimos siendo pecadores. Somos descendientes de Adán. Adán y Eva son los antecesores de toda la humanidad. Pero fueron engañados por Satanás y el pecado entró en sus corazones. Cuando desobedecieron la Palabra de Dios, empezaron a escuchar las palabras del diablo. Una y otra vez, desobedecieron la Palabra de Dios. Si el moho no aparece de nuevo cuando se limpia, la gente puede seguir viviendo en esa casa. Pero si el moho vuelve, incluso después de haberlo limpiado, la casa tiene que demolerse. Estaría bien que Dios quitase los pecados que hemos cometido hasta ahora, si no cometiésemos más pecados desde entonces. ¿Pero es posible? ¿Puede alguien hacer esto? ¿Somos capaces de no cometer pecados repetidamente durante nuestras vidas? Nadie puede hacer esto. Es humano cometer pecados hasta que morimos. No somos más que asnos. Desobedecemos y no escuchamos a Dios en nuestras vidas.
Entonces, ¿no deberíamos ser destruidos por Dios como leprosos? Debemos ser demolidos. ¿Acaso los israelitas no limpiaban toda la suciedad de las paredes y la arrojaban fuera de la ciudad? Cuando una casa es demolida, ¿dónde van los desperdicios? ¿Se arrojan en la basura? Se entierran en un vertedero. Todos merecemos ser arrojados al infierno y ser abandonados por Dios. No podemos evitar cometer pecados, y los cometemos una y otra vez.
A pesar de esto, Jesús se convirtió en nuestra propiciación para que Dios nos salvase. No fue solo un cordero que murió, sino que fue el Hijo de Dios, el Creador vivo que vino para ser el Salvador de la humanidad. Jesús se sacrificó a Sí mismo para salvar a los seres humanos tercos para que la casa no fuese demolida, sino que fuese perdonada, y para ello Jesús quitó la lepra de la humanidad, toda la suciedad sobre Sí mismo, y derramó Su sangre en la Cruz para pagar la condena del pecado. Por esto, hemos sido salvados por fe. La Biblia dice que estas casas se refieren a los seres humanos (1 Corintios 3, 9).
Queridos hermanos, la remisión de los pecados no tiene precio. Si una casa sigue infectándose, nadie puede vivir en ella, por muy bonita que sea. ¿Por qué? Porque tarde o temprano, quien viva en ella se contagiará. Un leproso puede estar completamente sano, exceptuando una pequeña parte de su cuerpo. Pero esto es suficiente para llamarle leproso. Por muy listo o rico que sea, la gente no le llamará rico o listo, sino leproso.
Hace mucho tiempo, uno de mis amigos contrajo la lepra. Yo no me di cuenta entonces. Ya era bastante poco atractivo cuando no tenía lepra, pero ahora tenía heridas. Como yo he tenido algunas enfermedades de la piel, por las que me salen granos y sarpullidos, pensé que tenía una de esas enfermedades. Era un hombre joven e inteligente. Su familia era bastante rica. Él me daba todo tipo de regalos cuando le visitaba en su casa. Pero, por alguna razón nadie más iba a su casa.
Cuando pasó el tiempo y me hice mayor, me di cuenta de que este chico tenía la lepra. Solía visitarle en casa cuando era pequeño y no sabía lo que pasaba. Pero un día su familia se mudó. Pasó bastante tiempo hasta que me enteré de que tenía la lepra. Solía tener todo tipo de heridas, pero no se curaban. Cuando me salían a mí sarpullidos, se me iban después de untarme algún remedio casero. Pero él tenía heridas en la cara durante todo el año. Por muy rica que fuera su familia, nadie se quería acercar a este niño porque tenía la lepra.
La Biblia habla del general Naamán, un leproso. El general Naamán era el comandante del ejército de Siria. Era el héroe más importante de su nación. Pero la Biblia dice que era un leproso. Le llamaban Naamán, el leproso, en vez de Naamán, el comandante. La lepra se refiere a los pecados de la humanidad. Por mucho que la gente intente vivir una vida limpia, no puede evitar cometer pecados. Por muy educados, ricos, rectos y decentes que seamos, si tenemos pecados, somos pecadores a los ojos de Dios.
Este tipo de personas serán arrojadas al infierno si no reciben la remisión de los pecados. No importa cuántos lujos y extravagancias disfruten en este mundo. Tampoco importa lo brillantes que seamos y que nos hayamos graduado los primeros en nuestra clase. Si tenemos pecados en nuestros corazones, somos leprosos. Nuestra inteligencia y riqueza no valen de nada. No se pueden utilizar. Si las utilizamos, serán arrojadas a un lugar impuro. Este lugar donde se arrojan las impurezas, es el infierno. Del mismo modo en que la gente arroja la basura en un basurero, nuestros pecados deben arrojarse al lugar donde se arrojan las impurezas. Este lugar donde se quema la basura, donde se arrojan las impurezas, es el infierno. Quien tiene pecados, debe ser arrojado al infierno.
Cuando una casa se infectaba, un sacerdote tenía que examinarla. Si el sacerdote decía que la casa tenía la lepra, había que limpiar todas las paredes. Toda la suciedad y el polvo infectado debían ser arrojados. Cuando el sacerdote volvía a la casa, a veces la lepra había vuelto y había más moho. Entonces la casa tenía que demolerse. Lo mismo ocurre con la humanidad. Al nacer como descendientes de Adán, todos cometemos pecados. Puede que no hayamos cometido muchos pecados en nuestra juventud, pero nos convertimos en expertos en pecar cuando crecemos. Aunque la gente recibe una educación para vivir con rectitud, sigue cometiendo pecados. Cuando pecamos, nuestros corazones se sienten mejor después de haber ofrecido oraciones de penitencia. Pueden pensar que este pecado expuesto se puede ir mediante remedios religiosos.
Cuando la gente hace buenas obras, ofrece oraciones de penitencia, practica la abnegación y tormenta sus cuerpos, piensa que sus espíritus han sido sanados de la culpa. Pero, ¿qué ocurre cuando cometemos los mismos pecados una y otra vez y su lepra queda expuesta más que antes? Si todas las paredes de la casa siguen teniendo moho, la casa debe ser demolida. ¿Qué debemos hacer cuando nuestros pecados surgen así y seguimos cometiendo pecados? Que el perdón que se consigue a través de la religión es inútil. Los que buscan refugio en la religión serán arrojados al lugar donde se arrojan las cosas impuras. Están destinados a ir al infierno por sus pecados.
Mis queridos hermanos, somos gente sucia. Somos asnos. ¿Cómo hacemos las cosas que se nos dice que no hagamos? ¿Cometemos pecados de nuevo cuando recibimos la remisión de los pecados? Sí. ¿Deja la gente de beber cuando se le dice que deje de beber? No, sigue bebiendo. La mente humana siempre hace lo que se le dice que no haga.
Si su marido bebe mucho, hay una manera muy rápida de hacer que deje de beber. Si su marido se emborracha y monta una escena, preparen más botellas. Cuando su marido venga a casa borracho, denle más de beber. Ábranle la boca y métanle más bebida. Dejen que se tome un pequeño descanso y denle algo de comer. Después háganle beber de nuevo: «Abre la boca». Entonces denle más de beber, y después de un descanso, empiecen de nuevo. Háganlo una y otra vez. «Sigue bebiendo. Te gusta beber, ¿no?». Sigan haciéndole beber.
Hace mucho tiempo, cuando mis amigos se emborrachaban y me molestaban, solía prepararles bebidas y les invitaba a mi casa a beber toda la noche. «Bebed todo lo que queráis. Como os gusta tanto el licor, y como es todo lo que queréis en esta vida, aquí lo tenéis». Les hacía beber. Cuando la gente se emborracha tanto, no bebe fácilmente después. La naturaleza humana siempre hace lo contrario de lo que debe hacer.
La Biblia nos dice que no cometamos asesinatos, adulterio, robos y otras cosas. Pero tarde o temprano, todo el mundo hace todo lo que no tiene que hacer. Seguimos cometiendo pecados una y otra vez. Piensen en esto. ¿Cometemos pecados durante toda nuestra vida? Sí, seguimos cometiendo pecados hasta que morimos. Cuando un sacerdote veía que la lepra volvía a aparecer, incluso después de limpiar las paredes y de arrojar la suciedad fuera, la casa se cerraba.
Si el Señor borró nuestros pecados solo hasta cierto tiempo, no pasaría nada si no cometiésemos más pecados. Pero ¿de verdad dejamos de cometer pecados? No, pecamos todos los días. Pecaremos hasta que muramos. Si fuésemos una casa, ¿habría algún lugar limpio? ¿Estaría limpia la puerta? ¿Estarían limpias las paredes? ¿Estaría el techo bien? Si el techo fuera nuestra cabeza, las paredes, nuestras articulaciones, y la puerta nuestra barriga, ¿quedaría algo intacto? ¿Estaría toda la casa infectada de lepra? ¿No estaría toda sucia y llena de moho? ¿Quién querría vivir en esta casa? Sería demolida.
Mis queridos hermanos, ¿qué significa que ustedes y yo hayamos recibido la remisión de los pecados? Jesús se ha convertido en un recipiente de cosas sucias. Él tomó toda nuestra suciedad, aceptó todos nuestros pecados, se convirtió en nuestro sacrificio de redención, y derramó Su sangre para ser condenado en nuestro lugar. Deberíamos estar agradecidos por esto. Cuando nos examinamos, vemos que estamos destinados a cometer pecados hasta el día en que morimos, y a ser arrojados al infierno. Del mismo modo en que la casa con lepra fue demolida, no podemos evitar cometer pecados y ser arrojados al infierno por Dios.
Sin embargo, Jesús tomó nuestros pecados sobre Sí mismo, así como toda la suciedad, y murió en nuestro lugar. Para salvar a un asno, había que matar a un cordero inocente. ¿Cómo de dócil es un cordero? El pelo de un cordero es muy blanco, suave y dócil, pero, ¿lo sacrificaban? Lo sacrificaban para salvar a un asno feo. En otras palabras, Jesús fue condenado en nuestro lugar para salvar a gente sin escrúpulos como nosotros, para salvar a todos los pecadores y a los leprosos. Tenemos suerte y deberíamos estar agradecidos por eso. ¿No están de acuerdo?
Hemos recibido la remisión de nuestros pecados. Pero aún así, ¿no tenemos debilidades? Por supuesto que sí. Cuando una casa tiene la lepra, los síntomas se revelan claramente. De la misma manera, nuestras debilidades quedan expuestas, y por eso éramos como casas leprosas que hay que demoler. Por eso somos gente leprosa que tenía que ser arrojada al infierno. Pero, como el Señor tomó sobre Sí mismo todas las impurezas, y fue condenado en nuestro lugar, debemos ser salvados por fe en el Señor Jesucristo.
¿No es esto maravilloso? Si Jesús solo se hubiese llevado algunos pecados, o solo el pecado original, entonces estaríamos destinados al infierno de nuevo cuando cometiésemos más pecados. Como Dios dijo que una casa que ha sido sanada, y vuelve a ser infectada con la lepra, debe ser demolida, nosotros también tenemos que ser demolidos. Como el precio del pecado es la muerte, estamos destinados a ir al infierno. Pero Jesús nos ha curado completamente de los pecados. ¿Dónde arrojó Dios todos nuestros pecados? ¿No los arrojó a Jesucristo? ¿Es Jesús impuro? Si Jesús es el lugar donde arrojamos toda la suciedad, ¿significa esto que Jesús es impuro? Por supuesto que no. Jesús es perfectamente puro y sin pecado. Él cargó con toda la suciedad para salvarnos. Aunque Jesús está limpio, cargó con todas las impurezas para salvarnos y fue condenado en nuestro lugar. Así es como hemos sido salvados y resucitados. Esto se debe a que Jesús se sacrificó a Sí mismo y por eso hemos sido redimidos y devueltos a la vida.
¿Cuántos pecados cometemos? Cometemos muchos pecados en nuestras vidas. Incluso después de recibir la remisión de nuestros pecados, seguimos pecando. Por eso Jesús se convirtió en nuestra redención. Se convirtió en nuestro sacrificio de salvación. Murió en nuestro lugar. Jesús, el Cordero de dios, fue sacrificado en nuestro lugar. Tomó sobre Sí mismo todas las impurezas, y fue condenado a morir en nuestro lugar. Como Jesús pagó nuestra condena, hemos sido salvados. Está escrito: «Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53, 5). Jesús consiguió nuestra salvación por nosotros, los seres humanos sucios. Como Jesús quitó todas nuestras impurezas y pagó el precio del pecado, hemos sido salvados. Así es como nos hemos convertido en gente que es utilizada por Dios. ¿No están de acuerdo?
Los que tienen demasiada justicia, dicen: «Soy diferente. Puedo evitar pecar constantemente». Pero, ¿cómo son diferentes? Cuando una casa está infectada con la lepra una vez, ¿no surge de nuevo la plaga? Cuando el moho crece en algún sitio por culpa de la humedad, volverá a crecer aunque se limpie. Lo mismo ocurre con el pecado. Cuando nuestros cuerpos están manchados por el pecado, cometemos pecados una y otra vez. Esto se debe a que todo el mundo es descendiente de Adán. Como Adán cayó en el pecado, todos los que nacemos como sus descendientes hemos heredado el pecado y seguimos pecando durante todas nuestras vidas. Así es la naturaleza humana.
Si recibimos la remisión de los pecados, ¿dejamos de cometer pecados? ¿Hay alguien que no peque? ¿Cómo de insuficientes somos? La Biblia habla sobre la lepra en una casa. Pero también se refiere a nosotros. ¿Cómo de insuficientes somos ante Dios? ¿Cómo de débiles somos? ¿Cuántos errores cometemos? Cometemos demasiados errores. Exponemos nuestros errores y seguimos siendo insuficientes. Hemos cometido muchos errores. Pero Jesús tomó los pecados del mundo sobre Sí mismo. ¿Dónde los tomó? Cargó con ellos en el río Jordán, al ser bautizado por Juan el Bautista.
Las cosas impuras se arrojan en un vertedero y luego se queman. La Ley de Dios dice: «El precio del pecado es la muerte». Si tenemos pecados, debemos ser condenados y ser arrojados al infierno. Sin embargo, Jesús tomó todas nuestras impurezas y fue condenado en nuestro lugar. En otras palabras, cargó con todos nuestros pecados y murió en nuestro lugar. Así es como fuimos limpiados, y así es como Su Ley declara que el precio del pecado es la muerte. Como Jesús cargó con nuestros pecados y murió en nuestro lugar, ahora hemos recibido la remisión de nuestros pecados y hemos conseguido la vida eterna en Cristo Jesús.
El don de Dios es la vida eterna. El don de Cristo se encuentra en los que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu, y este don es la vida eterna. Jesús se convirtió en nuestro sacrificio. Murió en nuestro lugar. No fue un mero cordero el que murió, sino Jesús, Dios mismo encarnado, quien murió por nosotros. Por eso pudimos redimir nuestros pecados. ¿Creen en esto? Alabamos al Señor quien nos ha salvado de todos los pecados. Creemos en Dios. Le damos toda la gloria a Dios.
Nosotros, los asnos, fuimos salvados por el Cordero del sacrificio. Todo se debe a que Jesús nos salvó. Él cargó con todos nuestros pecados en el río Jordán y fue condenado a muerte en nuestro lugar. Jesús cargó con todos nuestros pecados que cometemos en todas nuestras vidas. Fue condenado en nuestro lugar al derramar Su sangre y morir en la Cruz. Así es como fuimos redimidos.
Todos nosotros hemos recibido la remisión de los pecados de esta manera. ¿Pero quién de entre nosotros es siervo de Dios? En Mateo 21, ¿quién se hace siervo de Dios? ¿Qué tipo de gente se convierte en discípulos de Jesús? Los que no están atados al mundo. Pueden convertirse en discípulos de Jesús solo si no están atados al mundo.
Jesús quiere utilizar al asno que ha elegido. ¿A quién se refiere este asno? Se refiere a nosotros. Jesús nunca había montado en un asno antes. Pero cuando entró en Jerusalén, utilizó a este asno. Cuando un rey entra en una ciudad, lo hace montado en algún tipo de carruaje o animal. Como Jesús era humilde, montó en asno. Dios utiliza a gente insuficiente como nosotros. Él quiere obrar a través de seres humanos que son como asnos. Aunque seamos insuficientes, como hemos recibido la remisión de los pecados, Dios utiliza a gente como nosotros.
Queridos hermanos, si siendo asnos quieren ser utilizados por el Señor después de haber recibido la remisión de los pecados por parte de Dios, deben desatar las cadenas que les unen al mundo. Si están completamente atados al mundo, Dios no podrá utilizarles aunque quiera. Si estamos atados a este mundo, Dios no podrá utilizarnos cuando Él quiera. La primera condición para que alguien pueda ser utilizado por Dios es estar desatado del mundo. Solo los asnos y los pollinos desatados pueden estar bendecidos y pueden ser utilizados por Jesús, quien nos ha salvado. ¿Lo entienden? No pueden ser utilizados si están atados al mundo. Si Dios quiere utilizar a alguien, si esa persona tiene demasiadas ataduras con el mundo, Él le dice: «Hay demasiadas cuerdas que te atan al mundo, y no puedo utilizarte. Así que te voy a dejar». Sin embargo, si no está atada al mundo, aunque sea insuficiente, esa persona será utilizada por Dios, y se le encomendarán varias tareas.
Hay dos tipos de personas que han recibido la remisión de los pecados: los que pueden ser utilizados por Dios, y los que no. Algunas personas se quedan en la Iglesia y no hacen nada, incluso después de nacer de nuevo. Los que no están atados al mundo, se pueden convertir en verdaderos obreros de Dios. Si no estamos atados al mundo, Dios nos acercará a Él y nos utilizará. Si queremos librarnos de nuestras ataduras con el mundo, debemos escuchar la Palabra de Jesús.
Solo entonces podremos librarnos de las ataduras. Como Jesús dijo a los discípulos: «Id y desatad al pollino y al asno y traédmelos. Si alguien os dice algo, decidle que el Señor los va a utilizar». Dios nos desata del mundo para vernos. Corta todas las ataduras que nos unen al mundo. Cuando estamos libres, Dios nos utiliza, monta sobre nosotros y nos hace trabajar por Él. Nos lleva donde quiere que vayamos y hagamos Su obra. Pero, ¿cómo puede utilizar el Señor a gente que está atada al mundo? Cuando el Señor nos utiliza, primero nos desata del mundo. Solo cuando quedamos libres del mundo, Dios nos utiliza.
Mis queridos hermanos, ¿qué tipo de personas somos? ¿Somos útiles para Dios o todavía estamos atados? ¿Están atados a sí mismos? «¿Qué debo hacer para ganarme la vida? ¿Cómo debería vivir?». Los que están atados al mundo, deben librarse. Dios no puede utilizar a los que están atados al mundo. ¿Creen que Dios utilizará a alguien así? ¿Se montará en él como en un asno para sacar una foto? Si quieren entrar en la gran ciudad de Jerusalén llevando a Jesús a sus espaldas, no deben estar atados. Si Dios les ordena ir a un sitio, deben ir allí, ya sea andando o corriendo. ¿Pero cómo pueden ir hacia delante si están atados?
Para que todos los que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu vivan como obreros de Dios, deben estar desatados. Una vida que se vive para servir a Jesús y llevarle a las espaldas, es más gloriosa. Los que están atados al mundo siempre están preocupados, siempre ansiosos de cómo vivir. Por el contrario, si están desatados del mundo y son utilizados por Dios, entrarán en Su palacio y serán glorificados junto con el Señor, escuchando a una multitud gritando: «¡Hosanna en lo más alto! ¡Gloria al Señor! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!». Vivirán esta bendición y entrarán en Su Reino.
Hay dos tipos de asnos: Uno está atado al hombre y el otro está sujeto a Dios. Aunque hemos sido salvados, podemos estar atados a uno de los dos. Podemos estar atados a Dios o al hombre. En realidad podemos estar atados solo al hombre, como un asno está atado a su dueño desde que nace. Si el dueño del asno quería salvarlo, tenía que ofrecer un cordero como sacrificio. El asno está atado al dueño según la Ley de Dios. Nuestra existencia es como la de un asno. Cuando vivimos por fe, creemos en la Palabra de Dios y seguimos a los siervos de Dios que predican Su Palabra, somos desatados del mundo. Estaremos atados a Dios, y Él nos utilizará. 
¿Quieren ser utilizados por Dios? Entonces cuando los siervos de Dios les desaten de su cautiverio, deben aceptar este gesto por fe. Jesús nunca utiliza a nadie que esté atado al mundo. Esto significa que todos los obreros de Dios han sido librados de su cautiverio. Han sido librados por los siervos de Dios. Al salvarnos y librarnos, Dios nos ha permitido entrar en Su Reino glorioso. Nuestro Señor quiere utilizarnos como Sus instrumentos para predicar el Evangelio que ha borrado todos nuestros pecados. Quiero que se den cuenta de la voluntad de Dios y se conviertan en obreros de Dios por fe. No se aten a sí mismos.
Vivimos en este mundo con lo que hemos aprendido, lo que hemos experimentado, y lo que sabemos. Nadie puede escapar los límites de las habilidades humanas. Todo el mundo vive así. Sin embargo, cuando son salvados, hay otra manera de vivir. Hay una manera de vivir su vida siendo utilizados por Dios como Sus instrumentos y recibiendo Sus bendiciones.
Pero la gente sigue atándose a una cosa que ha aprendido. Por ejemplo, cuando un padre le pasa un negocio a su hijo, el destino de este hijo ya está sellado por seguir los pasos de su padre, porque es todo lo que conoce su hijo. Todo lo que vio mientras crecía era lo que su padre hacía. Al haber sido enseñado para hacer este trabajo, el hijo solo sabe hacer ese trabajo para ganarse la vida. Aunque hay muchas otras cosas que puede hacer, esto es todo lo que sabe.
En este mundo hay muchas maneras de vivir por Dios aparte de lo que ya conocen. Hay muchas otras maneras de vivir espléndida y gloriosamente por Dios. Muchos caminos les llevan a una vida digna de ser vivida. Pero incluso nosotros, los nacidos de nuevo, solo sabemos lo que sabemos. Hay otro camino. El Reino de Dios es amplio, extenso y profundo. Del mismo modo en que una panadería está siempre llena de pan, el Reino de Dios está siempre lleno de gloria. No está bien vivir según nuestras propias ideas. Si abandonan su propio camino, podrán encontrar la manera de confiar en Dios. No deben intentar vivir solo con lo que conocen. Eso no es todo lo que hay.
¿Tendrán éxito solo con graduarse en una universidad prestigiosa? Por supuesto que no. Hace tiempo, cuando Corea estaba gobernada por los japoneses, había bastante gente que se graduaba en universidades japonesas distinguidas como la Universidad de Tokio o la Universidad de Waseda. Pero esta gente se niega a hacer cualquier trabajo físico, aunque se muera de hambre.
Conozco a una persona que se graduó en la Universidad de Waseda a principios de los años 40, y que nunca ha hecho ningún trabajo físico en toda su vida. ¿Por qué? Porque era demasiado orgulloso. Porque estaba demasiado orgulloso de su educación formal, y no podía tolerar que su jefe le criticase y por eso siempre respondía: «¿A qué universidad fuiste? ¿Llamas a eso una universidad? Yo fui a Waseda». Por eso fue de un trabajo a otro, y no le fue muy bien. Mientras que otras personas hacían trabajos físicos, llevando cargas a sus espaldas, este hombre no quería hacerlo. Pensaba para sí mismo: «Me he graduado en la Universidad de Waseda. No voy a acabar haciendo este trabajo físico. No puedo acabar cargando cosas a mi espalda». Aunque no había conseguido nada en su vida, era tan orgulloso que le dijo a su esposa que fuese a buscar trabajo. Si era tan prestigioso graduarse en la Universidad de Waseda, ¿por qué hizo que su esposa hiciera un trabajo físico cuando él no quería?
Él pensaba que la educación formal era todo lo que importaba. Pero ese no es el único camino. Por culpa de sus credenciales se le cerraron muchas puertas. No les estoy diciendo que no deban ir a la universidad. Si esa es la dirección que quieren tomar, deben trabajar duro por ello. Pero si esa no es la dirección que quieren tomar, hay otros caminos. Algunas personas están tan obsesionadas con sus estudios, que eso es todo lo que conocen, pero quiero que tengan cuidado para que esto no les impida hacer otras cosas.
Los que han sido buenos estudiantes suelen ser estrechos de mente. Conocí a un pastor en el seminario. No estoy seguro de si sigue vivo o no, pero cuando iba al seminario sacaba todo sobresalientes, y se graduó de los primeros de la clase. No había otro estudiante como él. Cuando predicaba, memorizaba el sermón entero. Así que pueden ver lo brillante que era este pastor. Pero aún así solo tenía 20 miembros en su iglesia. Después de una vida entera de ministerio, solo tenía una iglesia pequeña con pocos miembros. 
Aunque había sido un estudiante excelente, fue un fracaso total en su ministerio. Él lo admitía todo el tiempo: «Cuando era estudiante, era el mejor de la clase. Pero ahora, mis compañeros son mejores ministros. Es muy raro. Estudiar es una cosa, pero el ministerio es otra». No les estoy diciendo que no estudien, sino que estoy señalando que hay algo más que estudiar. Lo que aprenden en este mundo no es todo lo que hay en el mundo.
Mis queridos hermanos, no deben estar atados al mundo. Incluso cuando estudien, si hay un camino mejor, deben saber cuando dejar de estudiar. Pero si han visto que es su dirección, entonces deben seguir firmes hasta el final. No me interesa si son buenos estudiantes o no. Lo que yo miro es si tienen fe o no. Me fijo en si creen en la Palabra de Dios o no, en cuánto siguen a Dios por fe y cuánto le obedecen por fe. 
Los que son utilizados por Dios, están más bendecidos que la mayoría. Jesús les dijo a los discípulos que le trajesen un asno y un pollino, y se montó en ellos. Debemos darnos cuenta de que un asno debe ser desatado para ser utilizado por Dios. Lo que importa no es que sean buenos estudiantes o no, sino cómo viven por fe y cómo de obedientes son. Como las cosas del mundo no son la verdad, todo lo que tienen que hacer es memorizarlas, lo que requiere menos conocimiento, ya que las cosas del mundo no son importantes.
La razón por la que hablo de los estudios aquí es por que no quiero que estén atados a este mundo demasiado. La vida no se trata de estudiar, ni de saber mucho sobre la vida. Tampoco se trata del poder o la autoridad. Todas estas cosas no significan nada para Dios.
¿Qué dice Dios en la Biblia? El Señor dice: «Desatad al asno y traédmelo». «¿Qué debemos hacer si alguien nos dice algo?». «Si alguien os dice algo, decidle que el Señor lo usará». Queridos hermanos. ¿Quieren ser utilizados por dios? Si quieren ser utilizados por Dios, deben librarse de las cosas del mundo. Puede que se les trate como personas con pocas luces, sin embargo, es bueno ser librado del mundo y estar atado a Dios. ¿Lo entienden?
Los que son fieles solo a los asuntos del mundo, no pueden ser utilizados por Dios. Esta gente ni siquiera es fiel en los asuntos del mundo, aunque lo parezca. En realidad, los que están atados a Dios también hacen la obra del mundo con lealtad. No deben estar atados demasiado a los asuntos del mundo. No deben dejarse atar a estas cosas. Estudiar es solo algo que hacen. La universidad es solo un sitio a donde van. Los negocios son solo para el sustento. Su trabajo es también algo que hacen, y su vida social algo que les mantiene ocupados. Ninguna de estas cosas es todo lo que hay en esta vida. En otras palabras, no se aten a los asuntos del mundo, porque si están atados al mundo, no podrán ser utilizados por Dios. Solo cuando se libran del mundo y su carga, pueden ser utilizados. Dios dice que los que son obreros a Sus ojos, han sido librados del mundo.
Sin embargo, los que tienen una fe joven tienen muchas ataduras que los sujetan al mundo. Cuando estén atados al mundo, deben pensar en el Evangelio del agua y el Espíritu a través del cual Jesús nos ha salvado. Jesús fue bautizado en nuestro lugar y derramó Su sangre en la Cruz. Se levantó de entre los muertos. Al hacer todo esto, se ha convertido en nuestro redentor. Como un animal solo podía ser un sacrificio de expiación temporal, Jesús, nuestro Dios, nuestro Creador, se tuvo que convertir en la expiación eterna, para que todos nuestros pecados se borrasen para siempre mediante Su sacrificio eterno.
Debemos ser gente utilizada por Dios. Una vez seamos salvados, debemos ser como el asno que fue utilizado por el Señor. Sé que el Señor nos usará como asnos para participar en Su gloria. Sé que Dios, sin falta, nos librará de todas las ataduras que nos ligan al mundo y nos hará instrumentos Suyos. ¡Aleluya!