The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 1-1] (Gálatas 1, 1-5) El Señor nos ha librado de este mundo malvado

(Gálatas 1, 1-5)
«Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), y todos los hermanos que estan conmigo, a las iglesias de Galacia: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén»
 

Para librarnos de este mundo malvado, el Señor entregó Su cuerpo por nosotros

En el sermón de hoy me gustaría centrarme en Gálatas 1,4. Este verso dice que Cristo se « el cual se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre ». Espero sinceramente que lleguen a comprender la Verdad contenida en este pasaje, dentro del Evangelio del agua y el Espíritu y así alcancen grandes beneficios espirituales.
Nuestra era (siglo) es una época malvada donde predomina el pecado. Para librarnos de esta era malvada el Señor quiso ofrecer Su propio cuerpo a Dios Padre como nuestra propiciación. Por esta razón Jesús fue bautizado, derramó Su sangre en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así nos salvó de todos nuestros pecados de una vez por todas.
Para salvarnos de los pecados de este mundo Jesús completó el Evangelio del agua y el Espíritu y nos lo dio. Es nuestro Señor quien nos ha librado de los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, es a través del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha librado de esta época malvada. Por tanto no podemos sino dar gracias al Señor por habernos dado este Evangelio verdadero. De hecho, al ofrecer Su cuerpo al Padre, el Señor nos ha regalado la verdadera salvación a todos aquellos que creemos. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la perfecta salvación, hemos recibido la completa remisión de nuestros pecados.
Al tomar nuestros pecados sobre Su cuerpo a través de Su bautismo y muerte en la Cruz, el Señor ofreció el sacrificio por nuestros pecados para siempre. Y al levantarse de entre los muertos a los tres días, se convirtió en nuestro verdadero Salvador, y ahora se sienta a la derecha de Dios Padre. Sin embargo, mucha gente no cree todavía en esta perfecta Verdad de la salvación y por ello sus vidas acaban siendo un fracaso. Me entristece enormemente ver cómo tantos pastores y sus fieles son incapaces de entender la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, y consecuentemente, piensan que deben luchar para vencer sus pecados por su propia cuenta. Esta gente está destinada al infierno aunque crea en Jesús, porque ellos mismos creen ser pecadores prisioneros de sus iniquidades, debido a los pecados que cometen cada día.
Aunque el Señor ha salvado a todo el mundo perfectamente a través del Evangelio del agua y el Espíritu, ¿de qué sirve si toda esta gente no cree en la Verdad del Evangelio y siguen siendo pecadores? Debemos darnos cuenta de que el Señor ha completado nuestra salvación eterna mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos entender con claridad la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio que nos dio el Señor, y tener fe en él.
A menudo veo a ciertos pastores predicando en televisión sobre la obra de redención de Jesucristo. Aunque empiezan sus sermones con mucho bombo y platillo como «sermones evangélicos», como si fueran discípulos de C.H. Spurgeon, al final, siempre concluyen así: «Vivamos virtuosa y fielmente». En otras palabras, establecen su propio estándar de ética y moral cristiana y sermonean a su congregación: «No caigamos en el pecado, luchemos contra él y venzámoslo».
Sin embargo la cuestión es si realmente podemos combatir y vencer los pecados de este mundo. ¿Podemos cumplir la ley de Dios completamente en nuestras vidas? No, es absolutamente imposible. El Señor sabía perfectamente que no podríamos combatir ni vencer los pecados de este mundo y por eso tomó los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan, fue castigado por estos pecados en la Cruz en nuestro lugar, se levantó de entre los muertos y así nos salvó de los pecados del mundo. No debemos olvidar que el Señor no nos ha dado ninguna otra verdad de salvación a parte del Evangelio del agua y el Espíritu.
Por supuesto, todos los que creemos en Jesús deberíamos combatir y vencer los pecados de este mundo, pero para lograrlo primero debemos ser perdonados por todos nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como la gente no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, casi todo el mundo sigue estando sometido al pecado. Nunca podremos vencer al pecado si luchamos contra él con nuestra propia fuerza. A no ser que recibamos la remisión de los pecados y nazcamos de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, no podremos participar de la justicia de Dios, ni vencer al poder del pecado.
 

¿Puede usted ganar su lucha contra el pecado?

Para que usted pueda vencer en su lucha contra el pecado, primero debe creer en el Evangelio del agua y el Espíritu con todo su corazón, y así convertirse en un santo sin pecado. Para poder darnos el regalo de la verdadera salvación, ya que somos incapaces de combatir y vencer los pecados de este mundo, Jesucristo realizó obras justas. Él es el Salvador que fue bautizado por Juan el Bautista, aceptó todos los pecados de este mundo de una vez por todas, y derramó Su sangre en la Cruz, y así nos salvó de los pecados de una vez por todas. Aunque Jesucristo nos ha salvado de esta manera, al ofrecer Su cuerpo al Padre como nuestra propiciación, hay gente que todavía no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu, que es el regalo de la verdadera salvación de Dios, y por tanto viven toda su vida en este mundo como pecadores.
Por tanto, los que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y consecuentemente todavía tienen pecado en sus corazones, deben darse cuenta de que están luchando contra sus pecados en vano. Aquellos que han luchado hasta la fecha intentando resolver el problema del pecado mediante su propia voluntad y piedad deben darse cuenta de quiénes son. Lo que debemos entender correctamente es que no podemos evitar pecar hasta el día en que morimos.
Sería maravilloso que todos viviéramos sin cometer pecados, pero nadie puede conseguirlo. Como todos hemos nacido como una raza de pecadores, no podemos evitar producir los frutos del pecado. En otras palabras todos los seres humanos somos seres frágiles que no pueden evitar pecar contra Dios durante toda su vida. Por eso precisamente sólo cuando creemos en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, en la salvación que el Señor nos ha dado, podemos recibir la remisión de nuestros pecados y librarnos de todos ellos.
Los cristianos que aún tienen pecado en sus corazones deben darse cuenta en este momento de lo tristes que sus almas son. Estos cristianos tienen una fe legalista e intentan ser aprobados por Dios haciendo todo lo posible para cumplir la Ley e intentar no cometer ningún pecado. Todo esto se debe a que no conocen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Es inevitable describir a los creyentes que practican una fe legalista como tontos. Intentan librarse de sus pecados de otras formas que no son la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Esta gente debe darse cuenta cuanto antes de que por mucho que intenten borrar sus pecados y santificarse a sí mismo con plegarias de penitencia, es completamente imposible que de esa manera vivan libres de pecado.
Debemos darnos cuenta de que el Señor no está contento con la gente que lleva a otros a tener una fe legalista. Al contrario, Él quiere que escapen de esas fe legalista y falsa y que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro Señor sabía perfectamente que no podríamos combatir ni vencer todos esos pecados y por eso los tomó todos a través de Su bautismo y pagó el precio al derramar Su sangre muriendo en la Cruz. El Señor borró todos nuestros pecados con la Verdad de Su agua y sangre. Por tanto, todo cristiano que aún sea pecador, debería creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos dio el Señor ahora mismo y ser salvado de todos sus pecados para poder librarse de la esclavitud del pecado.
Mis queridos hermanos creyentes, ¿de verdad creen que pueden combatir y vencer todos los pecados que cometen cada día? ¿Podrían vivir sin cometer pecado alguno, sólo si se lo proponen? ¡No! Es imposible. Por naturaleza somos demasiado débiles para combatir y vencer los pecados de este mundo por nosotros mismos. Por lo tanto deberíamos admitir nuestra debilidad e incapacidad para evitar pecar y alcanzar nuestra salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado. Si no reconocemos nuestra debilidad, seguimos sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha salvado del pecado y seguimos la moda de vivir nuestra fe como lo hace la mayoría, acabaremos fracasando eternamente.
 

Para librarnos de esta época malvada el Señor entregó Su cuerpo

El Apóstol Pablo dijo que el Señor «se entregó por nuestros pecados para librarnos de este siglo malo». ¡Qué maravillosa y bendita es esta confesión de fe de Pablo! Esta confesión demuestra que el Apóstol Pablo también creía en el Evangelio del agua y el Espíritu como nosotros. El Apóstol Pablo creía en la Verdad, que Jesús fue bautizado, tomó no sólo los pecados de Pablo, sino todos los pecados de la raza humana, y que pagó la pena de esos pecados al ser crucificado. Lo mismo se nos aplica a nosotros porque conocemos y creemos en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu a través de la que podemos ser librados de nuestros pecados.
La Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu nos da la perfecta remisión de los pecados de una vez por todas a aquellos que creemos en él. Nuestros pecados no desaparecen sólo porque vivamos virtuosamente y hagamos muchas buenas obras. Aunque muchos de ustedes han hecho buenas obras, ustedes deberían saber mejor que nadie que esas obras no pueden librarles de sus pecados. Por lo tanto, en vez de intentar no pecar por nuestra cuenta, es más sensato creer que nuestro Señor ha conseguido nuestra salvación con el Evangelio del agua y el Espíritu. Sólo cuando nos libramos de nuestros pecados y estamos sin pecado a través de nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos vencer al poder del pecado y ser vencedores. ¿No recibirán la vida eterna al ser salvados de todos sus pecados si ponen su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu?
Como nacimos con pecado desde el primer momento en que vimos la luz, no podemos evitar ser de naturaleza pecadora. Sin embargo, a través del Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha salvado a ustedes y a mí de todos los pecados de este mundo de una vez por todas. Aunque vivamos en esta época malvada, ahora, al creer en Jesucristo, nuestro Salvador, podemos acercarnos a Dios sin temor, confiando en las obras justas de nuestro Señor. Una vez más doy gracias al Señor por venir a este mundo y darnos el Evangelio del agua y el Espíritu.
En vez de intentar combatir y vencer todos los pecados del mundo por su propia cuenta, deberían vencerlos creyendo de todo corazón en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor les ha dado. Deben darse cuenta de que si creen en este Evangelio del Señor, serán más que capaces de vencer al mundo (1 Juan 5, 4-8). Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón, en la Verdad de la salvación del pecado. Al recibir la remisión de nuestros pecados y al nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, es posible hacer la obra de Dios por la fe como siervos de Jesucristo.
En otras palabras, los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no tienen pecado en sus corazones. Al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu hemos recibido sabiduría y podemos vencer nuestra debilidad. No importa el tipo de pecado que hayan cometido contra Dios o sus iguales porque una vez crean en el Evangelio del agua y el Espíritu, no tendrán nada que ver con el pecado. Ustedes y yo debemos mantenernos firmes en esta fe en el Evangelio del agua y el Espíritu de ahora en adelante y vivir por la justicia de Dios.
Si usted ya cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, no tienen nada que ver con los pecados de este mundo. Los que creen en este auténtico Evangelio no tienen nada que ver con el pecado y por tanto son hijos de Dios, y los que se han convertido en hijos de Dios pueden vivir mejor porque confían en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Debemos entender que cuando vivimos en este mundo confiando en el Evangelio del agua y el Espíritu, la gracia y las bendiciones de Dios descienden sobre nosotros abundantemente. Los que son justos al creer en la justicia de Dios ahora pueden vivir de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, dando gracias siempre a Dios, en cada momento que respiran. A través de nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu debemos pasar nuestros pecados y debilidades al cuerpo de Jesucristo y vivir unidos al Señor mediante la fe.
Los nacidos de nuevo deben unirse todos juntos en la Iglesia de Dios, vivir según el Evangelio y servir a la justicia de Dios. Los que complace a Dios es que nos unamos bajo nuestra fe común en el Evangelio del agua y el Espíritu y vivimos por el Evangelio. Por eso el Señor dijo: « ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
Habitar los hermanos juntos en armonía! » (Salmo 133, 1). El Evangelio del agua y el Espíritu es el mayor regalo que Dios nos ha dado. El Señor nos ha mandado ese regalo desde arriba. De ahora en adelante lo adecuado es que vivamos dentro de la Iglesia de Dios, dentro de la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu.
De hecho sabemos que lo más recomendable es vivir por la fe, llevar a nuestras familias a la Iglesia de Dios para que sean salvados y atraer a otros a nuestra familia de fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. No debemos intentar complacer a Dios santificándonos a nosotros mismos o haciendo buenas obras. Así hizo Caín. Debemos vivir de la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y servir al Señor con esta fe.
 

¿Qué significa seguir un Evangelio distinto?

¿Qué significa el otro evangelio para los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu? Es un evangelio legalista que nos confunde. ¿Qué es este evangelio legalista que nos confunde? El evangelio legalista de hoy en día es el que afirma que la gente puede librarse de sus pecados ofreciendo oraciones de penitencia. Esta afirmación es completamente diferente al Evangelio del agua y el Espíritu.
El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que proclama que Jesucristo nos ha salvado del pecado a través de Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz. Sin embargo, el problema es que entre los cristianos de este mundo, pocos creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, mientras que la mayoría cree en el evangelio legalista sin sentido. Los que creen en este evangelio dedican oraciones de penitencia, en un intento fallido de librarse de sus pecados. La fe de esta gente está causando confusión y problemas a los cristianos de este mundo. Muchos cristianos creen en sus propios pensamientos como la Verdad, en vez de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y por eso el problema es tan grave.
El Evangelio del agua y el Espíritu es claramente diferente de cualquier otro evangelio legalista. Y sólo el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad del Evangelio escrita en la Biblia. Sin duda nuestro Señor nos ha salvado de todos los pecados del mundo al venir al mundo, tomar nuestros pecados sobre Su cuerpo a través del bautismo y al morir en la Cruz.
Por desgracia la mayoría de la cristiandad no cree en el verdadero Evangelio, sino que enseña que aunque el pecado original es perdonado cuando se cree en Jesús, se debe buscar la remisión de los pecados personales mediante oraciones de penitencia diarias. También enseñan lo siguiente: «Aunque se nos considera justos por creer en Jesús, eso no significa que no tengamos pecados. Sólo significa que Dios nos llama justos gracias a la obra de Jesús, aunque todavía seamos pecadores. Por tanto debemos hacer todo lo posible para no cometer pecados. Por eso la Biblia dice: “Asi, pues, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2, 12) y por tanto debemos arrepentirnos todos los días y embarcarnos en el viaje de la santificación».
Mis queridos hermanos, ¿puede alguien salvarse creyendo en eso? ¿Cómo podemos combatir y vencer el pecado por nuestra propia cuenta? Por supuesto, debemos combatir y vencer el pecado, pero ¿cómo podemos conseguirlo si no tenemos fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Cómo se puede combatir y vencer el pecado del mundo con tan sólo proponérselo diciendo: «No pecaré nunca más»?
No, eso nunca se podría conseguir. La Biblia afirma: «¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? » (Jeremías 13, 23). Cuanto más intenten no pecar, mejor entenderán que están cayendo en los pecados de este mundo.
Algunos se preguntan: «Si es cierto que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no tienen pecado aunque cometan pecados, ¿no continuarán pecando?». Sin embargo esta preocupación se debe a que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.No hay por qué preocuparse de esa manera. Entre una persona que tiene la ropa limpia y otra que la lleva sucia, ¿quién tendrá más cuidado de no mancharse?
Como los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no tienen pecado y como han sido salvados de los pecados del mundo, con mayor razón evitarán vivir sus vidas en pecado. Desde el punto de vista de alguien que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, aunque peque, el Señor ya ha borrado sus pecados, y por tanto el deseo de pecar se reduce considerablemente. Cuando se sigue estando sin pecado aunque se peque, no tiene ninguna emoción el pecar, y por tanto uno se distancia del pecado.
El Apóstol Pablo dijo que estaba atónito al ver que los gálatas seguían un evangelio diferente y declaró que no había ningún otro evangelio. Aún más dejó claro que cualquiera que predicara otro evangelio distinto sería maldito, aunque fuera un ángel del cielo. De este modo, Dios maldice a los que predican evangelios legalistas que confunden a la gente. A esos les espera la maldición de Dios por la que serán arrojados al fuego del infierno.
¿Hay alguno entre ustedes que busque otra enseñanza que no sea el Evangelio del agua y el Espíritu? La Iglesia de Dios es un lugar que ama y predica la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Pero algunos se toman este Evangelio a la ligera y se dicen a sí mismos: «Oh –oh, ya empiezan otra vez, repiten lo mismo una y otra vez. ¡Me aburren!». Esta gente estaría más contenta en alguna reunión carismática donde se cantan alabanzas con gran fervor y se predican sermones fanáticamente. También les gustaría escuchar un evangelio legalista donde se le da más importancia a la ética y la moral, y donde se les exhorta a vivir virtuosamente. Sin embargo, todo evangelio distinto al Evangelio del agua y el Espíritu es falso y proviene del diablo.
Debemos apreciar lo maravilloso que es que la Iglesia de Dios predique el Evangelio del agua y el Espíritu. De hecho es una bendición el aceptar este Evangelio en nuestros corazones y creer en él, porque así encontraremos paz espiritual. Todas las enseñanzas de la Biblia son correctas cuando se interpretan y aplican dentro del contexto del Evangelio del agua y el Espíritu. Si entienden la Palabra de Dios dentro de este Evangelio de Verdad, Dios plantará Su semilla en sus corazones y recibirán gran gozo. Pero si por el contrario no creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y no se aferran a la Verdad, vivirán como pecadores hasta el final.
Los que están en contra del Evangelio del agua y el Espíritu son los sectarios y carismáticos. Pero aún así esta gente forma la mayoría de la cristiandad. En realidad predican un evangelio diferente. Los carismáticos creen que si entran en éxtasis con en sonido ensordecedor de una banda de rock y rezan con fervor, Dios les dará el Espíritu Santo y Sus dones. No les importa la remisión de los pecados, sino solamente las bendiciones materiales, las curaciones o hablar en lenguas. Y por eso aunque afirmen creer en Jesús como su Salvador, sus pecados permanecen en sus corazones. Cuando un pecador utiliza los dones del Espíritu Santo, ¿no está transgrediendo la ley? Los que profetizan aún siendo pecadores están transgrediendo la Ley de Dios (Mateo 7, 23).
Asimismo, los evangelistas también son feroces rivales del Evangelio del agua y el Espíritu. Ellos enseñan que si alguien simplemente cree en Jesús como su Salvador, está sin pecado. Creen a ciegas estar sin pecado aunque todavía son pecadores. No creen más que en falsas doctrinas. Hoy en día los evangelios que no son el auténtico Evangelio del agua y el Espíritu están perdiendo adeptos y se están marchitando, pero el problema es que sus defensores han hecho que la gente se canse del cristianismo con sus falsos evangelios. En otras palabras, están alejando a la gente de Jesús.
La Biblia dice que ha ocurrido lo siguiente: « Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,
y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.» (2 Timoteo 4, 3-4). La gente escucha atentamente cuando se trata de algo que es beneficial para sus deseos. El materialismo ha cobrado una importancia capital en el mundo y por eso mucha gente está obsesionada con el dinero y muchas iglesias enseñan que uno se puede hacer rico si hace ofrendas sustanciales.
Mis queridos hermanos, ¿desaparecerían sus pecados si rezaran por su penitencia sin cesar? ¿Recibirían el Espíritu Santo si rezarán fanáticamente? No, en absoluto. Cuando rezan por su penitencia, sus corazones encuentran la paz durante un corto plazo de tiempo, como el efecto de un placebo. ¿Cómo se atreve un pecador a recibir al Espíritu Santo? Deben entender que el Espíritu Santo no se recibe de esta manera, simplemente con insistir. Esto se debe a que Dios, Espíritu Santo no viene y se va según se lo pidamos. Cualquiera que no haya recibido la remisión de los pecados no puede recibir el Espíritu Santo. Por tanto, si alguien todavía tiene pecado en su corazón y afirma haber recibido el Espíritu Santo, y causa todo tipo de jaleo, habla en lenguas y reza para que otros se curen de sus enfermedades, no hay duda de que esa persona no ha recibido el Espíritu Santo sino un espíritu maligno.
La Biblia dice: « Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. » (Hechos de los Apóstoles 2, 38). En otras palabras, el Espíritu Santo es un regalo de Dios que se deposita en los que han sido librados de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y cuyos corazones no tienen ningún pecado. Por lo tanto, a no ser que uno sea librado de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no puede recibir el don del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo es Dios Santo que no puede vivir donde hay pecado. Por eso no se puede recibir el don del Espíritu Santo si se tiene pecado.
Aunque los evangelios legalistas predominan en las iglesias cristianas de esta época malvada, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu no debemos tolerar esos evangelios. Por ellos estoy más que agradecido a Dios por haberme librado de esta época malvada. Habíamos sido engañados por un evangelio diferente, falso y confuso, pero al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos recibido el don del Espíritu Santo y hemos podido llevar a cabo la obra de Dios y seguir Su Verdad y justicia.
Mis queridos hermanos, ¿están contentos de que Dios les haya confiado la tarea de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿O creen que es demasiado difícil llevar a cabo la tarea que se les ha designado? Aunque haya veces en que estemos exhaustos, damos gracias a Dios por la salvación que nos ha dado y por permitirnos vivir en Su Iglesia.
Espero sinceramente que ustedes y yo continuemos creyendo y proclamando el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el fin del mundo, y que vivamos por la gracia de Dios con esperanza.