The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 1-2] (Gálatas 1, 1-5) ¿No será su fe por casualidad como la de los defensores de la circuncisión?

(Gálatas 1, 1-5)
«Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), y todos los hermanos que estan conmigo, a las iglesias de Galacia: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén»
 

Durante los comienzos de la Iglesia, las iglesias de Galacia se encontraron con muchos problemas. Había un grupo de maestros en estas iglesias que causaron grandes problemas espirituales. Esta gente tenía como objetivo judaizar las iglesias de Galacia propagando un evangelio completamente falso entre los santos, afirmando que sólo se convertirían en el pueblo de Dios si eran circuncidados físicamente. Consecuentemente, muchos gálatas siguieron estas falsas doctrinas y los efectos virulentos de las mismas fueron tan grandes que se convirtieron en una amenaza para la Iglesia.
La base de las enseñanzas de los defensores de la circuncisión, que fueron la causa de los problemas espirituales de las iglesias de Galacia, era la siguiente: según la Alianza que Dios estableció con Abraham, los descendientes de éste debían ser marcados como el pueblo de Dios mediante la circuncisión. Por esta razón el judaísmo creía que ser circuncidado era convertirse en descendientes de Abraham.
Pero en realidad este requisito de la circuncisión era un símbolo que presagiaba nuestra salvación espiritual, previendo cómo Jesucristo vendría y nos libraría de todos nuestros pecados. Así está escrito en el Antiguo Testamento: «Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.» (Jeremías 4, 4). «Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.» (Deuteronomio 10, 16). Cuando Dios mencionó la circuncisión física en el Antiguo Testamento, estaba hablando en última instancia de la circuncisión de nuestros corazones, es decir, la remisión de nuestros pecados.
Romanos 2, 29 dice: « y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra.». Por tanto, sólo porque algunos estén circuncidados físicamente como ritual, no significa que sean el pueblo de Dios. Por eso era tan relevante enseñar que la fe que defiende la circuncisión física era incorrecta. Mucha gente de las iglesias de Galacia creía que la circuncisión física era más importante para convertirse en el pueblo de Dios que la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso Pablo fue a dar testimonio del Evangelio del agua y el Espíritu en el cual él creía, y a refutar la doctrina de la circuncisión física, que prevalecía en las iglesias de Galacia, a las que reprendió por dar pie a tales creencias legalistas.
Así que desde el principio del Libro de Gálatas, el Apóstol Pablo se dirigió enérgicamente a los defensores de la circuncisión física diciéndoles que su fe era distinta: «Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)» (Gálatas 1, 1). En otras palabras, Pablo dejó claro que uno no se convertía en siervo de Dios al ser circuncidado físicamente, sino que al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu uno era siervo de Dios.
Estas creencias legalistas sobre la circuncisión son parecidas a la doctrina del arrepentimiento que predomina en la cristiandad de hoy en día; por lo tanto, me gustaría exponer y refutar estas doctrinas y corregirlas. Hoy en día demasiados cristianos creen en la doctrina de las oraciones de penitencia y la practican, y por lo tanto están caminando hacia su propia muerte espiritual. Los que tienen este tipo de fe creen que sus pecados diarios se limpian con sus oraciones de penitencia. Dado que estas doctrinas están llevando a muchas almas por el mal camino, es hora de que los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu corrijamos su fe en estas oraciones de penitencia. Sólo entonces se darán cuenta de que ningún pecado puede ser perdonado mediante esas oraciones, se darán la vuelta y creerán en el Evangelio del agua y el Espíritu para poder recibir la verdadera remisión de los pecados.
Muchos cristianos creen de manera equivocada en lo siguiente: «Cuando creo en Jesús, el pecado original con el que nací se me perdona, y los pecados personales que cometo desde ese momento se me perdonan si rezo por ellos». Esta es la esencia de la doctrina de las oraciones de penitencia. Así, muchos sólo confían en esta doctrina en vez de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos dio. Como sus ojos están tapados, no pueden ver las falacias inherentes a la doctrina de las oraciones de penitencia, una de las principales doctrinas del cristianismo.
Sin embargo los cristianos que han estado rezando como penitencia saben que esas oraciones son completamente inútiles. Al principio, cuando eran nuevos en la fe, pudieron haber experimentado un gran alivio en sus corazones cuando rezaban como penitencia y pudieron haber estado convencidos de que sus pecados habían sido perdonados; sin embargo a lo largo del tiempo, llegaron a ver por sí mismos que sus pecados todavía estaban en sus corazones. El pecado no desaparece cada vez que rezamos una penitencia, sino al contrario, los pecados de los que uno esperaba librarse a través de la penitencia, permanecen en el corazón, y ningún cristiano puede negarlo.
De esta manera muchos cristianos siguen sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y viven esclavos de los falsos evangelios con sus corazones llenos de pecados. Por tanto, estos cristianos que creen en la doctrina de las oraciones de penitencia deben abandonarla cuanto antes, creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la verdadera remisión de los pecados.
 

Entre las doctrinas cristianas de hoy en día, ¿cuál es el equivalente a la falacia de la circuncisión carnal?

En la Biblia, la circuncisión física era el acto de cortar el prepucio del pene de un hombre. Los judíos creen que sólo son el pueblo de Dios si se circuncidan. Sin embargo en la era del Nuevo Testamento, el ser o no pueblo de Dios depende de si hemos recibido la remisión de nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos tener claro que ya estemos circuncidados o no, si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, somos el pueblo de Dios. Si el pueblo de Israel, en tiempos del Antiguo Testamento, se convirtió en el pueblo de Dios al ser circuncidado físicamente, en la era del Nuevo Testamento la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu nos permite convertirnos en el pueblo de Dios.
Por tanto es erróneo e inútil pensar y creer que uno puede librarse de sus pecados rezando penitencias. Muchos cristianos creen equivocadamente que cuando creyeron en Jesús por primera vez, se les perdonaron los pecados que habían cometido hasta entonces, pero que los pecados diarios que cometen desde entonces se perdonan mediante oraciones de penitencia. Aunque consideran la doctrina de las oraciones de penitencia una verdad bíblica, si lo pensaran mejor se darían cuenta de que es una doctrina completamente errónea y una enseñanza que está en contra de la justicia de Dios.
Una vez más les digo que sus oraciones de penitencia son inútiles y absolutamente falsas. Nadie puede borrar sus pecados mediante penitencia. Para todo el mundo, sólo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que contiene la justicia de Dios se pueden borrar todos los pecados.
Durante los comienzos de la Iglesia, en las iglesias de Galacia, había quienes enseñaban doctrinas equivocadas y peligrosas. Esta gente afirmaba que los creyentes se podían convertir en el pueblo de Dios sólo si eran circuncidados físicamente. Hoy en día, hay un sin fin de cristianos que creen de manera equivocada que sus pecados se borran cuando rezan penitencias. Como nunca han imaginado que la doctrina de las oraciones de penitencia podría estar equivocada, no quieren que su fe equivocada sea corregida. No pueden ser liberados de esta falsa doctrina precisamente porque no conocen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Ya que muchos cristianos creen en las doctrinas cristianas falsas inventadas por el hombre, no han podido ser salvados de sus pecados. Deben darse cuenta de que la doctrina de las oraciones de penitencia es inventada, creada por gente que no es diferente a ustedes. Un gran número de cristianos de todo el mundo confían en esta doctrina de las oraciones de penitencia y por eso, en vez de escapar de sus pecados, cada vez tienen más en sus corazones, incluso tras creer en Jesús. Cuando la gente cree en Jesús por primera vez, cree que sus penitencias los convertirán en gente virtuosa. En otras palabras, les parece que esta doctrina les llevará a una vida llena de luz.
Sin embargo a medida que pasa el tiempo se van dando cuenta de que esta doctrina de las oraciones de penitencia les mantiene sujetos al pecado cada vez más, aunque quieran que sus pecados les sean borrados. Al final esta gente acaba pecando más después de creer en Jesús como su Salvador y caen víctimas de creencias legalistas e hipócritas. Precisamente por culpa de esas doctrinas la gente está sometida al pecado y perece. Pero a pesar de ello, muy poca gente sabe que la doctrina de las oraciones de penitencia es falsa y si alguien presiente vagamente que esta doctrina es errónea, como no tiene otra alternativa para resolver el problema de sus pecados diarios, no tiene otra opción que continuar viviendo su fe confiando en sus oraciones de penitencia.
¿Y qué hay de ustedes? ¿Por casualidad siguen intentado borrar sus pecados diarios mediante oraciones de arrepentimiento? Si es así, deberían reconocer la Verdad de que sus pecados se borran de una vez por todas cuando ponen su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
La persona más malvada a los ojos de Dios es aquella que enseña la doctrina inútil de las oraciones de penitencia. Esta gente es la que engaña a las almas y hace que tropiecen, mientras que podrían haberse salvado mediante la Palabra de Verdad. Nuestro Señor dijo: «Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.» (Marcos 9, 42). Por lo tanto deben volver al Evangelio del agua y el Espíritu cuanto antes les sea posible.
 

¿Saben que la doctrina de las oraciones de penitencia es errónea?

¿Pueden explicar por qué no es correcta la doctrina de las oraciones de penitencia exactamente?
La doctrina de las oraciones de penitencia está claramente equivocada. Por muy fervientemente que se recen oraciones de penitencia, los pecados no desaparecen de los corazones del penitente. Sin embargo, dado que el 99,9% de los cristianos de todo el mundo creen en esta doctrina con tanto fervor que, ¿quién se atrevería a afirmar que la doctrina de las oraciones de penitencia es errónea? ¿Quién se atrevería a desenmascarar esta falacia y corregirla?
Hace un tiempo visite una prisión donde encontré muchos cristianos «ancianos» y «diáconos». No tenían ni idea de que sus pecados podían ser borrados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que por su ignorancia mucha gente seguía siendo devota a sus oraciones de penitencia. Aunque muchos de ellos juran no cometer un crimen nunca más diciendo: «Cuando salga de la cárcel, no cometeré ningún crimen», al final no pueden vencer el deseo de pecar en sus corazones y acaban cometiendo crímenes una vez más y volviendo a la cárcel.
Los ministros de hoy en día predican: «Debemos librarnos del pecado». Lo que dicen es absolutamente correcto. Sin embargo estos ministros son incapaces de enseñar a como librarse del pecado exactamente. ¿Por qué? Porque ellos mismos no tienen ni idea de cómo librarse de sus pecados. Como ellos mismos están ciegos espiritualmente y no han recibido la remisión de sus pecados todavía, no pueden guiar a nadie hacia la luz de la Verdad. Nuestro Señor dijo: « ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?» (Lucas 6, 39).
El Señor dijo que todo el mundo debe nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces podremos ver el Reino de los Cielos y entrar en él. Sin embargo hay pocos siervos de Dios que prediquen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu a la gente. Por eso la gente no tiene otra opción que seguir con sus oraciones de penitencia y sus vidas de fe legalistas, ya que no saben como librarse de sus pecados y nacer de nuevo.
Piensan: «Todos mis problemas se deben a que no he pagado el diezmo» o «Como no he rezado bastantes oraciones de penitencia tengo muchos pecados en mi corazón. Si sigo rezando por mi penitencia nunca estaré sometido al pecado». Así mucha gente intenta resolver el problema de sus pecados sin fe en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, y por eso, cuanto más tiempo pasa desde que creyeron en Jesús, se convierte en peores pecadores. Entonces se examinan a sí mismos y se preguntan por qué se han convertido en personas más sucias, hipócritas y malvadas, a pesar de haber creído en Jesús durante tanto tiempo. Por eso les pido a todos ustedes que reconsideren en Evangelio del agua y el Espíritu y crean en él.
 

Las falacias de las doctrinas cristianas

La razón por la que las doctrinas cristianas están llenas de errores es que los cristianos de todo el mundo creen en Jesús como su Salvador sin conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Primero creen que sus pecados se borrar cuando rezan penitencias. Estas falacias tienen la misma naturaleza que las falsas enseñanzas que se propagaron en las iglesias de Galacia hace mucho tiempo, que afirmaban que la gente podría convertirse en el pueblo de Dios si se circuncidaban. Incluso ahora mismo esta gente que no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado a toda la humanidad y sólo creen en la sangre de Jesús derramada en la Cruz y siguen aferrándose a la falsa creencia de que sus pecados les son perdonados cuando rezan por su penitencia todos los días. Por eso muchos cristianos van a la iglesia a rezar por su penitencia llorando día tras días, intentando borrar sus pecados en vano.
Cuando pecan, rezan de la siguiente manera: «Lo siento, Señor. Me arrepiento de todos los pecados que cometí la semana pasada. Sé que no debería haber pecado pero aún así acabé cometiendo toda clase de pecados. Señor, fuiste crucificado por mí y aún así peco. Estoy avergonzado de mí mismo. Pero Señor, Tú eres misericordioso y por eso te pido que me perdones estos pecados. Te pido que perdones todos mis pecados. Si borras mis pecados con la sangre que Tu Hijo derramó en la Cruz, no pecaré nunca más. Sé que has perdonado todos estos pecados, porque Tú dijiste: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo y perdona nuestros pecados y nos limpia de toda injusticia”. Amén».
Esto es lo que los cristianos de todo el mundo han aprendido de sus ministros: que sus pecados serían borrados si creen en Jesús como su Salvador y rezan penitencias, y por tanto no pueden hacer otra cosa que creérselo. Asimismo opinan que si son fieles a su iglesia, participan en los oficios y rezan penitencias, irán al Cielo. Sin embargo, ¿son perdonados por sus pecados sólo por ofrecer oraciones de penitencia?
Está claro que cuando alguien pasa de 5 a 10 minutos confesando todos los pecados que quiere confesar, le pide a Dios que le perdone y piensa en la valiosa sangre que Jesús derramó en la Cruz, parece que sus pecados hayan sido borrados. Sin embargo los que creen en eso continúan acumulando pecados en sus corazones.
¿Alguno de ustedes tiene esta fe y vive así? Para aquellos que sí lo hacen, ¿creen que no hay ningún problema en sus vidas de fe? Si no es así, ¿están orgullosos de su fe y piensan que sus creencias están en línea con la fe de la corriente dominante cristiana? Esta fe, sin embargo, no tiene nada que ver con la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y por eso deben reconocer esta verdad.
Todos debemos reconocer que los cristianos de todo el mundo han caído juntos en la falacia denominada doctrina de las oraciones de penitencia. Esto ha ocurrido porque hace siglos los países cristianos occidentales enviaron multitud de misioneros que creían en esta doctrina por todo el mundo, y por tanto, los cristianos de todo el mundo llegaron a creer en esta doctrina de las oraciones de penitencia. Les pido que recuerden que la única manera de escapar de esta grave falacia es alcanzar la fe de los nacidos de nuevo creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 

La fe de Pablo no provenía de los hombres

El Apóstol Pablo presintió la corrupción espiritual que estaba teniendo lugar entre los creyentes de Galacia. Así que en su carta a los santos de aquel lugar, desde el principio, tuvo que expresar el tipo de fe que él tenía y el tipo de fe que les predicaba. Dejó claro que su fe era «no de hombres ni por hombres». En otras palabras lo que quiso decir era: «La fe que me ha hecho siervo de Dios y me ha salvado de todos mis pecados no proviene de los hombres, ni la aprendí de los hombres. Mi fe viene completamente de Jesucristo y Dios Padre, y esta fe es la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Gracias a esta fe pude ser salvado de mis pecados y convertirme en un miembro del pueblo de Dios».
La fe del Apóstol Pablo no provenía de los hombres. En las iglesias de Galacia de aquel tiempo había una fe que provenía de los hombres y que se extendía rápidamente. Esta fe afirmaba: «Aunque los hombres crean en Jesús como su Salvador, sólo pueden ser parte del pueblo de Dios completamente si se circuncidan». Esta era la falsa enseñanza que estaba completamente en contra del Evangelio de Verdad que enseñaba que sólo se podía recibir la remisión de los pecados y convertirse en el pueblo de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo los santos de Galacia cayeron en la trampa de esas falsas enseñanzas, y consecuentemente muchos de ellos cayeron en la muerte espiritual.
Hoy en día el mismo fenómeno se da en la cristiandad por todo el mundo. El que hayamos nacido de nuevo y nos hayamos convertido en el pueblo de Dios no se debe a nuestras obras de la Ley. Se debe exclusivamente a que el verdadero Dios, Jesús, vino al mundo por el agua y la sangre y borró los pecados de todo el mundo y así Dios cumplió nuestra salvación perfectamente, para que los que creyeran en este Evangelio nacieran de nuevo y se convirtieran en hijos de Dios. La verdadera fe no se alcanza creyendo en la falsa doctrina de las oraciones de penitencia, que proviene de las ideas de los hombres, sino que se alcanza creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero a pesar de ello multitud de cristiano siguen la doctrina de las oraciones de penitencia que proviene de la humanidad y ello provoca su muerte espiritual.
De esta manera la fe de los defensores de las oraciones de penitencia en el cristianismo actual es la misma fe que la de los defensores de la circuncisión en los principios de la Iglesia. La doctrina del arrepentimiento, que afirma que los pecados se puede borrar ofreciendo oraciones de penitencia, no es una doctrina de Dios, sino una doctrina que proviene de los hombres. Tales doctrinas humanísticas siguen corriendo entre los estafadores de la cristiandad. Estos impostores afirman: «Ahora que he rezado mi penitencia, mi corazón está gozoso y mis pecados han sido borrados». Asimismo enseñan a sus congregaciones que la santificación para alcanzar la salvación se consigue ofreciendo oraciones de penitencia todos los días. Sin embargo no son más que ciegos guiando a ciegos que acabarán cayendo en el fuego del infierno juntos.
¿Están engañados los cristianos de hoy en día y han entendido equivocadamente que sus pecados desaparecen si rezan oraciones de penitencia? Sí, muchos cristianos son así. Multitud de cristianos de todo el mundo se aferran a estas creencias equivocadas que afirman que si uno se arrepiente de sus pecados en sus oraciones, podrá librarse de todos sus pecados. Así que incluso en las horas de adoración la congregación dedica una cierta cantidad de tiempo a las oraciones de penitencia y el ministro que dirige el servicio lee un texto preparado denominado «la confirmación de la remisión del pecado». Pero sus pecados no pueden desaparecer de esta forma, por mucho que recen por su penitencia. Sus pecados serán perdonados de una vez por todas cuando conozcan y crean en la Palabra de Verdad que afirma que nuestro Señor ha borrado todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
 

La manera de alcanzar la salvación de todos los pecados proviene del amor justo de Dios

La salvación que Dios nos ha dado es la ley de la verdad que se cumplió mediante Su justicia y su amor. Por eso Dios se entregó para cumplir los requisitos de la Ley, que declara que el precio del pecado es la muerte, y la perfeccionó con Su ley del amor. Dado que Dios es justo y es amor, nos ha salvado mediante el Evangelio del agua y el Espíritu que cumplió todos los requisitos de Su justicia y Su amor.
El precio del pecado es la muerte (Romanos 6, 23). Esto significa que un pecador debe someterse al juicio justo de Dios y ser enviado al infierno por sus pecados. En otras palabras, sólo por arrepentirnos de palabra y decir a Dios o a los hombres: «He hecho algo malo», no significa que nuestros pecados vayan a desaparecer. Para pagar por nuestros pecados justamente, debemos ser castigados y morir por ellos.
Sin embargo como Dios es justo y misericordioso, Él mismo vino al mundo hecho hombre con el nombre de Jesús para perdonar nuestros pecados. Y como Jesús borró todos nuestros pecados con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, nos limpió nuestros pecados mediante la fe.
Dios Padre hizo que Su Hijo Jesucristo aceptará todos los pecados de la humanidad de una vez por todas a través de Su bautismo y el Señor tomó todos esos pecados y los llevó a la Cruz donde pagó su precio. Por tanto quien crea en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, en que Jesús ha borrado nuestros pecados completamente, puede recibir la remisión de los pecados gratis. En otras palabras, Dios ha limpiado los pecados que cometemos durante todas nuestras vidas mediante el bautismo de Su Hijo y la sangre que derramó en la Cruz, y así nos ha salvado.
Entonces podemos recibir la remisión de nuestros pecados cuando creemos en Jesucristo como nuestro Salvador, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu y que ha borrado todos nuestros pecados de una vez por todas. Si recibimos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, aunque creamos ser insuficientes y pequemos, podemos seguir a Dios con un espíritu impecable reafirmando nuestra verdadera salvación, poniendo nuestra fe en este verdadero Evangelio.
No estoy diciendo que no pecaremos más cuando recibamos la remisión de los pecados; al contrario, como todavía vivimos en nuestra carne débil para el resto de nuestras vidas, pecaremos incluso después de nacer de nuevo. Sin embargo, en vez de rezar oraciones de penitencia a Dios: «Padre, he pecado otra vez. Por favor, perdóname», podemos hacer una verdadera confesión de fe en el Evangelio del agua y el Espíritu ante Dios: «Dios, soy tan débil que he pecado. Pero te doy gracias, Padre, porque aunque debería morir, Tu Hijo vino al mundo para cargar con mis pecados al ser bautizado, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y se convirtió en mi perfecto Salvador. Señor, yo creo en que borraste mis pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu y te doy gracias. Aunque soy débil, Tus obras son tan perfectas que me has hecho una persona justa sin pecado. Estoy eternamente agradecido por haberme dado este Evangelio del agua y el Espíritu y haberme aceptado como hijo Tuyo. Amén».
Aunque los que han nacido de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu todavía pecan, pueden hacer la verdadera confesión de fe y con fuerza renovada pueden seguir al Señor con buena conciencia (1 Pedro 3, 21).
¿Entienden por qué Jesucristo vino al mundo y por qué tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista antes de ser crucificado? Nuestro Señor no nos salvó sólo con palabras. Con acciones borró todos los pecados del mundo a través de Su ministerio del Evangelio del agua y el Espíritu. Así es como el Señor nos dio la salvación de una vez por todas a todos los que creen en este Evangelio de Verdad. Aunque todos debíamos morir por nuestros pecados, Dios Padre nos salvó de todos los pecados y nos libró de la destrucción al enviar a Su Hijo a este mundo. Así, Dios envió a Su Hijo a este mundo porque nos ama; y Jesús cargó con todos los pecados del mundo al recibir el bautismo de Juan, el representante de la humanidad, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así borró todos nuestros pecados con justicia, convirtiéndonos en el pueblo de Dios.
No deben creer sólo en la sangre de Jesús en la Cruz, sino que deben creer que antes de morir en la Cruz, Jesús tomó sobre Sí mismo todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan. Por eso Jesús dijo a Juan en el momento de ser bautizado: «Deja ahora, pues asi conviene que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15).
No deberíamos creer en Jesús como nuestro Salvador sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu correctamente. Dios dijo que amaba este mundo tanto que entregó a Su único Hijo (Juan 3, 16). Por su amor, borró todos los pecados de este mundo enviando a Su propio Hijo. Por tanto la verdadera obra de salvación es el hecho de que Jesús aceptara todos los pecados del mundo de una sola vez al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán y que haya salvado a los que creen en Él al morir en la Cruz. Como Jesús aceptó los pecados de la humanidad mediante Su bautismo, tuvo que ser crucificado y condenado por todos esos pecados en lugar nuestro. Mientras el Señor derramaba toda la sangre de Su corazón en la Cruz, dijo: «Consumado es» (Juan 19, 30), proclamando así la perfección de nuestra salvación.
Si creemos en Jesús como nuestro Salvador ciegamente, no podemos ser salvados. Si nos damos cuenta de que no hemos creído en Jesús de manera correcta, es decir si reconocemos que nuestros pecados permanecen en nuestros corazones aún cuando creemos en Jesús, deberíamos averiguar cuál es nuestro error, repararlo y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. No deberíamos poner toda nuestra fe en las oraciones de penitencia en vano. Deben recordar que a través de las oraciones de penitencia no pueden librarse de sus pecados. Ofrecer oraciones de penitencia obstinadamente es el mismo pecado que seguir las enseñanzas de los que defienden la circuncisión.
Por tanto para que los cristianos de todo el mundo reciban esta perfecta salvación deben abandonar la doctrina de las oraciones de penitencia y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Mientras todos creemos en Jesús como nuestro Salvador, no debemos creer ciegamente en la sangre derramada en la Cruz, sino que debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado y recibir la remisión de nuestros pecados en el corazón. Para ser salvados de nuestros pecados completamente, debemos poner nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Este Evangelio del agua y el Espíritu está siendo difundido por todo el mundo y no es un evangelio que provenga de los hombres. Es el Evangelio que viene de Dios Padre y Jesucristo. Como el Apóstol Pablo declaró en las Escrituras de hoy: el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que proviene de Dios. Sin embargo los defensores de la circuncisión enseñaban a los creyentes que se convertirían en el pueblo de Dios si eran circuncidados. Esta era una doctrina que provenía de los hombres y por tanto llevaba a los santos de Galacia a la muerte.
Del mismo modo los falsos profetas de hoy en día están enseñando a sus seguidores afirmando que la remisión de los pecados se consigue creyendo en la sangre derramada en la Cruz solamente y rezando oraciones de penitencia diariamente, y por eso es imperativo que los cristianos de hoy en día se den cuenta cuanto antes mejor de la falsedad de esta enseñanza. Asimismo deben llegar a conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio que proviene de Dios, deben creer en él, dejar atrás la doctrina de las oraciones de penitencia en la que han creído en vano todo este tiempo. Cuando averiguamos lo que es el Evangelio del agua y el Espíritu, lo entendemos y creemos en él, podemos ser cristianos nacidos de nuevo y miembros del pueblo de Dios.
Pablo dijo: «La gracia y la paz sean con vosotros por parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo». Este pasaje indica que la paz espiritual viene a los creyentes por parte de Jesucristo y Dios Padre como un regalo de salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu. En este momento los cristianos de todo el mundo que están sometidos al pecado como resultado de confiar en sus propias oraciones de penitencia, deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y así recibir la remisión de los pecados y nacer de nuevo como hijos de Dios. Sólo así podrán probar la gracia y la paz de Dios.
La fe doctrinal del arrepentimiento, que es un producto de la imaginación del hombre, no puede traer paz a los corazones. La doctrina de las oraciones de penitencia es una noción inútil e hipócrita inventada por el hombre. Aunque las palabras de los estafadores espirituales son dulces, su precio es demasiado alto. Si siguen creyendo sus mentiras, cuando se presenten ante el Señor no escaparán el castigo terrible del infierno por sus pecados.
La cristiandad de hoy en día no predica a sus congregaciones el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Palabra de Dios, sino que propaga la ética humana o la doctrina de la doctrina de las oraciones de penitencia, inventada por el hombre. Esto es al final difundir las ideas de las personas. Sin embargo el Señor nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Verdad eterna. Ustedes también se han dado cuenta, gracias a nuestros libros, que el Evangelio del agua y el Espíritu es la auténtica Verdad que vino de Dios Padre y Jesucristo. A aquellos de ustedes que no entiendan el Evangelio del agua y el Espíritu, les pido que lean el primer título de las series de literatura cristiana publicado por nuestra Misión. Se titula ¿Realmente has nacido de nuevo por agua y el Espíritu? Puede conseguir este libro gratis en nuestra página web.
¿Desde cuándo han creído el la doctrina de las oraciones de penitencia los cristianos de todo el mundo como si fuera la Verdad? ¿No están equivocados al creer que sus pecados serán borrados mediante sus oraciones de penitencia? De hecho al no conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, que es lo que de verdad deberían conocer, han creído en los credos inútiles del cristianismo. Deben darse cuenta de que los cristianos de todo el mundo han caído en esta fe legalista como los santos de Galacia, y han creído en Dios a través de una doctrina equivocada. Sin embargo, un problema más importante en la cristiandad es el hecho de que muchos cristiano no se dan cuenta de la inverosimilitud de las doctrinas de las oraciones de penitencia.
Si de verdad desean creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y nacer de nuevo, deben abandonar la creencia de que los pecados pueden ser borrados a través de oraciones de penitencia. Debemos darnos cuenta de que a no ser que reconozcamos la falacia de la doctrina de las oraciones de penitencia y la abandonemos, no podremos recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado.
Mis compañeros de la misión y yo deseamos difundir el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Por eso queremos aprovechar esta oportunidad para explicar, a través de estos sermones sobre el Libro de Gálatas, por qué la doctrina de las oraciones de penitencia es errónea. Este deseo se debe a que sólo entonces los cristianos podrán ser librados de los trucos de Satanás, creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y conseguir su salvación. Del mismo modo en que hace mucho tiempo había muchas iglesias en Galacia que intentaban diezmar la Iglesia de Dios y judaizarla defendiendo la circuncisión, en nuestra época también hay gente que intenta convertir el cristianismo en una religión mundana y por eso es tan importante corregir su fe.
Ahora todos debemos identificar estas malas influencia de los falsos profetas y enseñar el Evangelio del agua y el Espíritu correctamente. Los que hemos nacido de nuevo no debemos sentarnos de brazos cruzados y ver como los falsos profetas predican sus doctrinas inútiles a multitud de almas y como las envían a Satanás. No podemos dejar de dar testimonio del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos proclamar este Evangelio alto y claro para que los que quieran volver a Dios y recibir la remisión de sus pecados puedan nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces multitud de cristianos del mundo creerán en el Evangelio del agua y el Espíritu, nacerán de nuevo y serán obreros de Dios. Asimismo al unirse a nosotros serán mensajeros de la luz del Evangelio del agua y el Espíritu para la gente que está oprimida por el pecado y que sufre.
Mis queridos hermanos, creer que la remisión de los pecados viene sólo al creer en la sangre derramada en la Cruz y al ofrecer oraciones de penitencia es defender una creencia errónea. Deben darse cuenta de que es una doctrina cristiana falsa que es similar a las falsas enseñanzas de los defensores de la circuncisión. Si hasta el final intentan librarse de sus pecados al creer en la doctrina de las oraciones de penitencia, y al ofrecer oraciones de penitencia cada día, nunca podrán escapar de su condición de pecadores hasta el día de su muerte. Si creen en Jesús de esta forma, entonces cuanto más crean en Él, más pecados tendrán en sus corazones y no tendrán otro remedio que convertirse en cristianos legalistas que, como los fariseos, sólo son piadosos por fuera.
El que proclamemos el Evangelio del agua y el Espíritu con tanta confianza se debe simplemente a que este Evangelio es la Verdad. Debemos dar testimonio a todo el mundo de que la fe del Apóstol Pablo y nuestra fe no provienen de los hombres, ni por los hombres, sino que esta fe está puesta en el Evangelio del agua y el Espíritu. La fe del Apóstol Pablo creía en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso hace hincapié en la incorrección de las enseñanzas de los defensores de la circuncisión, que afirmaban que la gente se podía convertir en el pueblo de Dios a través de la circuncisión física. Asimismo Pablo declara que sólo el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que no proviene de los hombres, sino de Dios Padre y Jesucristo.
La Biblia dice: «Guarda, ¿qué de la noche? Guarda, ¿qué de la noche?» (Isaías 21, 11). Aquí se nos pregunta por qué este mundo está tan oscuro espiritualmente hablando. ¿Por qué el cristianismo actual no puede florecer por todo el mundo? Se dice que el número de budistas está creciendo rápidamente en los países cristianos occidentales de Europa y Norteamérica. ¿A qué se debe? A que el cristianismo está propagando la creencia errónea que dice que los pecados se pueden borrar mediante oraciones de penitencia. Esto se debe a que el cristianismo está difundiendo algo que es completamente incierto. Asimismo esta doctrina no puede borrar los pecados de los corazones de los creyentes. Por eso la fe cristiana está siendo abandonada, considerada inútil y los cristianos viven sin esperanza, sin poder recuperarse ni mostrar orgullo alguno ante los que no son cristianos.
Lamentándome por esta triste realidad en el cristianismo actual, en el que los cristianos se aferran a la doctrina de las oraciones de penitencia, de la que no pueden escapar, me planteé publicar este libro de sermones sobre Gálatas. Espero sinceramente que a través de este libro, cristianos de todo el mundo reconozcan que la doctrina del arrepentimiento no tiene su base en la Palabra de Dios, sino que es una enseñanza legalista que se asimila a las enseñanzas de los defensores de la circuncisión, una falsa enseñanza que proviene de los hombres.
¿Hay alguien entre ustedes que crea en Jesús aún siendo pecador y que pone su fe en la doctrina del arrepentimiento? Les pido que conozcan el Evangelio del agua y el Espíritu y crean en él y así se libren de sus pecados. Para que todo el mundo conozca esta bendición, los que hemos nacido de nuevo debemos predicar este Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, porque somos los obreros de Dios que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si no proclamamos el Evangelio del agua y el Espíritu, la gente no podrá recibir la remisión de sus pecados y por lo tanto será arrojada al fuego eterno el infierno. Por tanto, si la gente de este mundo no puede ser salvada de sus pecados porque no pueden escuchar el Evangelio de Verdad, será culpa nuestra. Escuchen o no el Evangelio del agua y el Espíritu, es nuestra responsabilidad predicarlo. Así debemos despertar a la gente de este mundo para que se den cuenta de que no se recibe la remisión de los pecados a través de las oraciones de penitencia, y debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Rezo a Dios para que nos sostenga y nos bendiga a los que servimos al Evangelio.
La razón por la que este Evangelio es el Evangelio perfecto completado por la justicia de Dios y Su amor es que el Evangelio del agua y el Espíritu que nos dio el Señor es más que suficiente para borrar nuestros pecados. Como nuestro Señor es justo, tomó todos nuestros pecados mediante Su bautismo en el río Jordán, sin dejar ni uno sólo (ya se hubiera cometido contra Dios o los hombres, grande o pequeño) y pagó la pena de esos pecados con Su sangre derramada en la Cruz.
Antes de hacer que Su Hijo fuera crucificado hasta morir, Dios Padre hizo que cargara con todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista. Lo hizo porque sólo entonces los pecados de la humanidad desaparecerían de manera justa. Así nuestro Señor fue bautizado para cargar con los pecados del mundo, los llevó a la Cruz y pagó su precio con el derramamiento de Su sangre y Su muerte, después se levantó de entre los muertos; y hoy, a través de estas obras, se ha convertido en el Salvador de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Deseo de todo corazón que gracias a este libro ustedes sean benditos para alcanzar la libertad y librarse de la trampa de Satanás que recibe el nombre de doctrina del arrepentimiento. Asimismo deseo que reciban la remisión de sus pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu y que nazcan de nuevo como hijo de Dios. ¡Aleluya!