The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 1-3] (Gálatas 1, 3-5) El Señor nos ha liberado perfectamente de una vez por todas

(Gálatas 1, 3-5)
«Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo,
el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,
a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. »
¿Cómo es su fe?
 

En el pasaje de las Escrituras de hoy el Apóstol Pablo dijo que Cristo: « el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre » (Gálatas 1, 4). Este pasaje nos dice que para librarnos de las iniquidades que abundan en esta época malvada y de todos los pecados de nuestros corazones, nuestro Señor tomó los pecado del mundo de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre y murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así nos ha salvado de una vez por todas.
El Señor dijo que vino a salvarnos de los pecados de este mundo malvado y para cumplir esta promesa, nuestro Señor fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, derramó Su sangre en la Cruz y así nos salvó de nuestros pecados de una vez por todas. Por tanto todo el mundo debe creer en este Evangelio de Verdad, el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicho de otra manera, debemos ser salvados de los pecados del mundo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si esto es cierto debemos abandonar las creencias legalistas sobre las oraciones de penitencia y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu con un corazón renovado.
¿Cuál es el evangelio en el que cree la mayoría de la cristiandad? ¿En el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿O creen en sus propias oraciones de penitencia? ¿Creen ustedes por casualidad todavía en la doctrina de las oraciones de penitencia como su la manera de borrar sus pecados? Si es así están tomando la doctrina del arrepentimiento como su evangelio. Pero deben darse cuenta de que no pueden ser salvados de verdad de todos sus pecados a través de las oraciones de penitencia. Si tienen fe en las oraciones de penitencia, entonces han caído en la fe legalista. ¿Pueden librarse de los pecados de esta época malvada mediante la fe legalista basada en estas oraciones de penitencia y en la doctrina de la santificación? No, es imposible. La única manera de vencer todas las iniquidades de este mundo y librarnos de nuestros pecados es tener fe en Jesucristo que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos reconocer esta verdad.
El poder de la doctrina del arrepentimiento en la que los cristianos de a pie creen es claramente diferente al poder del Evangelio del agua y el Espíritu escrito en la Biblia. Esta diferencia en el poder es la siguiente: cuando un hombre cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, sus pecados son borrados de una vez por todas, pero a través de las oraciones de penitencia, sus pecados no se borran. Podemos averiguar cuál de los dos evangelios, el de las oraciones de arrepentimiento y el Evangelio del agua y el Espíritu, es la Verdad de la salvación. Podemos saber cuál es la Verdad que nos puede librar de todas las iniquidades que abundan en este mundo.
¿Conocen la diferencia entre la fe legalista de las oraciones de penitencia y la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? Es increíble la diferencia de poder que existe entre ambos. El Evangelio del agua y el Espíritu es el evangelio que ha borrado nuestros pecados de una vez por todas, mientras que la doctrina del arrepentimiento es un evangelio falso. Todos debemos creer en esto. Sin embargo, desafortunadamente, la mayoría de los cristianos de hoy en día creen haberse librado de sus pecados al creer sólo en la sangre derramada en la Cruz y en la doctrina del arrepentimiento. Pero a través de estas oraciones de penitencia, la salvación de la verdadera remisión de nuestros pecados no se puede cumplir o recibir. Mientras tengan esta fe tan confusa que no pueden distinguir la Verdad de la salvación de las falsas doctrinas.
Los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y creen que pueden limpiar sus pecados a través de oraciones de penitencia, se pueden dar cuenta de que son pecadores porque sus pecados siguen escritos en sus conciencias (Jeremías 17, 1). Los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no pueden evitar vivir esclavos del pecado.
¿Cómo entonces pueden recibir las bendiciones de la salvación eterna al conocer y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? En primer lugar, deben ser pobres de espíritu. El Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio de Verdad que escuchan los pobres de espíritu, que muestra los pecados a sus corazones y hace que reciban la remisión de los pecados. Ahora es el momento de que todo el mundo se reúna con el Evangelio del agua y el Espíritu y conozca y crea en la verdadera salvación.
 

El poder del Evangelio del agua y el Espíritu es más que suficiente para librar a todo el mundo de sus pecados

El poder del Evangelio del agua y el Espíritu puede salvar a toda la raza humana de este mundo. El Evangelio del agua y el Espíritu proclama que Jesús tomó todos los pecados de todos los pecadores del mundo y los borró al nacer en este mundo, ser bautizado y crucificado y levantarse de entre los muertos. Al conocer a Jesucristo que nos salvó a través del Evangelio del agua y el Espíritu podemos recibir la remisión de nuestros pecados por el poder de este Evangelio de Verdad.
Aquellos cuya fe se basa sólo en la sangre de Jesús derramada en la Cruz conocen las oraciones de penitencia. Sin embargo deben darse cuenta que a través de estas oraciones de penitencia sus pecados no pueden ser borrados. Por tanto, deben reconocer que el Evangelio del agua y el Espíritu que nos dio el Señor es el verdadero Evangelio. Sólo Jesucristo es el que nos libró de todos los pecados de este mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
El Evangelio del agua y el Espíritu es lo siguiente: Jesús fue bautizado por Juan, derramó Su sangre en la Cruz, resucitó de entre los muertos y así borró nuestros pecados. Sólo el Evangelio del agua y el Espíritu es el evangelio que tiene el poder de salvar a toda la humanidad de los pecados del mundo. Jesucristo, al recibir el bautismo en Su cuerpo de la mano de Juan y al derramar Su sangre, nos ha librado de esta época malvada y de todas nuestras debilidades. Debemos darnos cuenta de que el Evangelio del agua y el Espíritu en el que creemos nos ha librado de todas las iniquidades de este mundo suficientemente y de que es el Evangelio cuyo poder es más que suficiente para librarnos de esta generación malvada.
Mis queridos hermanos, ¿se han librado de esta época malvada mediante su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Es el Evangelio del agua y el Espíritu suficiente para borrar los pecados de este mundo?
Pablo dijo: «mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5, 20) y así el Evangelio del agua y el Espíritu era más que suficiente para salvarnos de los pecados del mundo de una vez por todas os está diciendo es que la gracia de la salvación de Dios abundaba tanto que era más que suficiente para borrar los pecados de todos los creyentes. De hecho, a través del bautismo que Jesucristo recibió de Juan el Bautista, era imposible que un solo pecado no fuera pasado a Jesucristo. Dios nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu, y los que creen en este Evangelio en sus corazones, reciben la fuerza y la fe para superar las iniquidades de este mundo.
Para borrar las iniquidades de todos los pecadores del mundo y para hacernos seres completos, Jesucristo tomó todos los pecados del mundo de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre y murió en la Cruz, y al tercer día se levantó de entre los muertos para darnos la verdadera salvación. A través del Evangelio del agua y el Espíritu, Jesucristo nos ha librado de los pecados de este mundo, y también de la maldad de este mundo. El Evangelio del agua y el Espíritu es la verdadera fe que puede limpiar los pecados de todo el mundo de una vez por todas.
El poder que se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu es incuestionablemente diferente al poder de la fe de aquellos que, manteniendo su fe legalista, confían en sus oraciones de penitencia. Como la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es mucho más poderosa que esta fe legalista, nosotros también podemos ser salvados de nuestros pecados si creemos en este verdadero Evangelio. Por eso estoy predicando el Evangelio del agua y el Espíritu a los que todavía rezan oraciones de penitencia. Lo hago para que ellos también reciban la remisión de sus pecados.
¿Cuál es el Evangelio de Verdad? Es el «euaggelion» o la buena noticia. La palabra griega «euaggelion» significa «evangelio» y se decía que tenía la «dunamis» de Dios. La palabra «dunamis» se significa fuerza, poder o habilidad y de ella viene la palabra «dinamita» (Romanos 1, 16). El Evangelio del agua y el Espíritu es como la dinamita y si creen en este Evangelio de corazón, todos los pecados del mundo, sin excepción podrán ser borrados mediante esa fe. El Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado es el Evangelio poderoso que puede salvarnos de todos los pecados de este mundo. Del mismo modo en que la dinamita es poderosa, el Evangelio del agua y el Espíritu es el perfecto Evangelio que puede salvar a todo el mundo de los pecados de este mundo malvado.
 

El Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio de Verdad que nos ha salvado del mal

El Evangelio del agua y el Espíritu nos ha salvado a ustedes y a mí perfectamente. Por muy insuficientes que seamos y por mucho pecado que haya en esta época malvada actual, el poderoso Evangelio nos ha salvado completamente de los pecados de este mundo. Gracias a que el Señor nos ha dado este Evangelio del agua y el Espíritu, todo el que crea en este Evangelio ha sido librado de sus pecados. Esto se debe a que este verdadero Evangelio es más que suficiente para salvarnos a ustedes y a mí de los pecados del mundo. ¿Creen que el Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio de la salvación que nos ha librado de los pecados del mundo de una vez por todas?
¿Son sus obras insuficientes ante Dios? Por casualidad, ¿hay alguien de ustedes que no haya recibido la remisión de algún pecado grave, aunque los otros pecados les hayan sido perdonados por Jesús? Si hay alguien entre ustedes que piensa así, les pido de todo corazón que crean en Jesucristo que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces sus pecados podrán ser borrados, incluso aquellos pecados que parecen quedarse en sus corazones, de una vez por todas. Deben poner los pecados de sus corazones sobre la cabeza de Jesucristo con fe y deben tener fe para unirse a la condena de esos pecados que Jesucristo ha pagado.
Incluso ahora, si creen en el bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz, sus pecados serán borrados. A través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, nuestro Señor tomó todos los pecados del mundo junto con nuestras insuficiencias y debilidades. Al derramar Su sangre en la Cruz, fue condenado por todos nuestros pecados de una vez. Nuestro Señor nos ha salvado de todos los pecados de este mundo a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu de una ver por todas.
Nuestro Señor no sólo borró los pecados de alguna gente escogida, sino que es el verdadero Salvador que tomó y borró todos los pecados del mundo, incluso los que cometemos en esta época malvada actual. Nuestro Señor tomó todos sus pecados a través del bautismo que recibió de Juan y por eso les pido que pasen todos sus pecados a Jesús poniendo su fe en esta Verdad. Cada uno de sus pecados se ha borrado mediante el bautismo que Jesús recibió de Juan y Su sangre derramada en el Cruz. Por tanto lo que necesitan ahora es tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. A través de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, ustedes pueden ser salvados de sus pecados.
Nuestro Señor tiene el poder de limpiar nuestros pecados de una vez por todas con su bautismo y derramamiento de sangre. Como nuestro Señor borró los pecados de este mundo con el Evangelio del agua y el Espíritu, ahora ningún pecado permanece en los corazones de los creyentes. El poder que puede anular nuestros pecados no se encuentra en ningún otro sitio aparte de este Evangelio de poder, el Evangelio del agua y el Espíritu. El Evangelio del agua y el Espíritu es el verdadero Evangelio y si creen en él de corazón, la fuerza de esta salvación poderosa morará en sus corazones. Si, por el contrario, no creen, la salvación de Dios no será suya.
Mientras tengamos el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones, los pecados de este mundo no nos gobernarán. A través del bautismo que Jesús recibió por nosotros y el derramamiento de Su sangre en la Cruz, ha limpiado todos los pecados que cometemos las personas, los pecados cometidos por las sociedades, los pecados cometidos por los grupos y todos y cada uno de los pecados que se cometen en el planeta Tierra. El Señor nos ha dado Su verdadera salvación a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como Jesucristo cargó con los pecados de este mundo de una vez por todas a través de Su bautismo y pagó su precio en la Cruz, creemos que hemos muerto con Jesucristo y hemos resucitado con Él.
Sin embargo hay un pecado que no puede perdonarse. Es el pecado de no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Este pecado no se puede perdonar de ninguna manera o pagar con ningún precio. Según lo previsto por nuestro Señor junto con Dios Padre y el Espíritu Santo, Él vino al mundo, tomó los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, fue crucificado y así borró nuestros pecados.
A través del Evangelio del agua y el Espíritu, nuestro Señor borró los pecados de este mundo y cumplió con la justicia de Dios de una vez por todas. Por tanto los que creen en esta salvación conseguida por nuestro Señor son salvados para siempre, pero los que están en contra del Evangelio del agua y el Espíritu nunca recibirán la remisión de sus pecados.
El único pecado que Dios no puede perdonar es el pecado de no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y hay un castigo por este pecado para los que no creen en el verdadero Evangelio. Nuestro Señor dijo en los cuatro Evangelios: «Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.» (Mateo 12, 31; Marcos 3, 28-29). Deberíamos saber que no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es el pecado de la blasfemia contra el Espíritu y este pecado lleva a la muerte (1 Juan 5, 16). Las únicas personas que no pueden ser perdonados por sus pecados son los que no creen en Jesucristo que vino por el agua y el Espíritu como su Salvador. No importa la condición física en la que se encuentren. Crean en la Verdad, en que el Señor ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Sólo entonces podremos evitar cometer la blasfemia contra el Espíritu Santo.
El mayor pecado de todos es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Este pecado es el de no creer en el Evangelio del bautismo y la sangre, en que nuestro Señor nos ha salvado de los pecados del mundo de una vez por todas al ofrecer Su cuerpo a Dios Padre (Hebreos 10, 26-29). Para borrar nuestros pecados, el Señor vino al mundo, fue bautizado por Juan, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos. El pecado de no creer en este Jesús que se ha convertido en nuestro Salvador, es decir, el pecado de estar en contra del Evangelio del agua y el Espíritu, es el único pecado que no tiene perdón; el resto de pecados pueden ser perdonados. Incluso el tipo de pecados que parecen los peores de todos, incluso los pecados de los psicópatas considerados casos perdidos por a sociedad, fueron borrados por nuestro Señor a través de Su bautismo y Su derramamiento de sangre en la Cruz. Al creer en este Evangelio del agua y el Espíritu recibimos nuestra salvación.
Hitler asesinó a 6 millones de judíos en las cámaras de gas. Multitud de países realizaron experimentos biológicos con prisioneros de guerra. Pero nuestro Señor borró incluso esos pecados a través Su bautismo y sangre. A través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor ha borrado los pecados de esta gente que nadie tolera. Dado que nuestro Señor cargó con los pecados de esta gente malvada, si alguien sigue siendo un pecador al dudar de este amor y al no creer en Su salvación, es culpa suya completamente.
Si alguien no cree en el bautismo y derramamiento de sangre de nuestro Señor como su salvación, nada en este mundo podrá borrar sus pecados, sino que permanecerán en su corazón y nunca podrá recibir la remisión de sus pecados. Pero si cree en el bautismo y en la sangre derramada en la Cruz de Jesús, por muchos pecados que haya cometido podrá ser perdonado. Si un hombre es débil vive en esta época malvada y conoce el Evangelio de Verdad, es decir el Evangelio del agua y el Espíritu, puede ser salvado de todos sus pecados. Y al creer que el Señor borró todos nuestros pecados con el agua y el Espíritu, ustedes y yo hemos sido salvados de todos nuestros pecados.
Deben escuchar atentamente lo que el Apóstol Pablo dice. El Evangelio del agua y el Espíritu del que habló el Apóstol pablo es la Palabra de poder. Para librarnos de esta época malvada nuestro Señor nos ha salvado de los pecados del mundo. A través del bautismo que recibió en Su cuerpo, nuestro Señor tomó todos los pecados del mundo y al ser crucificado y derramar Su sangre, ofreció Su cuerpo a Dios Padre. Así es como el Señor nos ha salvado de los pecados del mundo.
Hoy en día hay gente que dice que como esta época es malvada, muchos de los criminales más brutales y asesinos en serie no pueden ser salvados de sus pecados. Pero eso no es cierto. Lo dicen porque no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y por tanto no pueden creer en él y no pueden ser salvados. ¿Cuánta gente vive en la sombra sin poder recibir la remisión de sus pecados aunque afirmen creer en Jesús? ¿Por qué tiemblan de miedo los cristianos que creen en Jesucristo? ¿No es por qué hay algo equivocado en el evangelio en el que creen?
Creen en la doctrina del arrepentimiento, una doctrina inventada por ellos que no tiene poder alguno. Por eso no pueden dejar de temblar de miedo ante el poder del mundo y no pueden reunir fuerzas. Debemos darnos cuenta de que si creemos en algo diferente al Evangelio del agua y el Espíritu, estamos creyendo en otro evangelio y por tanto estamos pecando contra Dios. La doctrina del arrepentimiento no es la Verdad. Sólo el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad.
En este mundo las imitaciones se venden por millones, incluso más que los originales. A veces las imitaciones parecen mejores o más brillantes que los originales. En el reino animal hay ciertos animales e insectos que cambian de color en su hábitat natural para poder sobrevivir. De este modo hay cristianos que dicen creer en Jesús y adornan su falsa fe como si fuera real. Cuando conocemos el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu podemos distinguir los falsos evangelios.
El Evangelio del agua y el Espíritu que ustedes y yo conocemos es el verdadero Evangelio de salvación, pero este mundo esta plagado por las oraciones de penitencia y no en el Evangelio del agua y el Espíritu. Jesús, al ofrecer Su cuerpo a Dios Padre, nos ha salvado de esta época malvada y de todos nuestros pecados. Jesucristo es el verdadero Salvador que nos ha librado de todos nuestros pecados. El Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio que nos ha salvado de todos los pecados que cometemos, así como de esta época malvada y nuestras debilidades.
¿Creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? Entonces, ¿tienen pecado en sus corazones? No. Como creen en el Evangelio del agua y el Espíritu ahora están sin pecado. Deben aferrarse al hecho de que ahora no tienen pecado porque creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestras conciencias deben estar al tanto de que el Señor ha borrado nuestros pecados y los pecados de este mundo.
Sin embargo, si afirmamos no tener pecado sin tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, quedamos como mentirosos ante Dios. Sin fe en el Evangelio del agua y el Espíritu no podemos afirmar que no tenemos pecado (1 Juan 1, 8). Debemos tener fe en la Verdad, en que Jesucristo tomó los pecados de este mundo al ser bautizado por Juan por nosotros, fue crucificado y derramó Su sangre en la Cruz y así nos ha salvado de todos nuestros pecados. La Verdad es que a través del Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha salvado de todos los pecados cometidos en esta época malvada. Al creer que el Señor ha borrado los pecados de todo el mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, somos salvados de nuestros pecados.
A través de la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu nos convertimos en el pueblo de Dios y podemos dar gracias a Jesucristo. Aún es más, aunque vivamos en esta época malvada, nuestras vidas no están gobernadas por esta época malvada sino que vivimos en la luz de la Verdad. Lejos de esto, como el pez que nada contra corriente, vivimos contra la corriente de este mundo y siguiendo la voluntad del Señor. Como Jesucristo nos ha salvado completamente de los pecados del mundo ahora es posible que vivamos en la luz de la Verdad por la fe.
Nos hemos convertido en los salvados gracias a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, el regalo de salvación que el Señor nos ha dado y en los que lo predican con fe. Como el Señor nos ha librado de esta época malvada ahora podemos vivir en la clara luz incluso en esta época malvada, sin ser prisioneros del pecado. Nuestro Señor nos ha dado la habilidad de vivir en la luz y esto significa que a través de Jesucristo Dios nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Creen en el poder del Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Todavía tienen pecado? No, no tienen pecado. ¿Pero todavía cometen pecados en su carne débil? Por supuesto que sí. Sin embargo, ¿no ha borrado el Señor todos nuestros pecados de una vez por todas mediante el Evangelio del agua y el Espíritu? Sí, los ha borrado todos. Debemos despertar hacia la Verdad por la fe: el Señor ha borrado todos nuestros pecados perfectamente con el Evangelio del agua y el Espíritu. Gracias a nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu ahora podemos nacer de nuevo. Una vez más al meditar sobre las obras del Señor que han borrado los pecados del mundo, y siendo libres de la esclavitud de nuestras debilidades y pecados, podemos hacer la obra justa de Dios con fe todos los días.
No hay ningún pecado en este mundo que pueda ahogar nuestros corazones si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Apóstol Pablo preguntó: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?» (Romanos 8, 35). Gracias al Señor que nos ha salvado a ustedes y a mí de esta época malvada, no moriremos por nuestros pecados diarios o por cosas como la tentación o persecución de este mundo malvado. Satanás no pude separarnos del verdadero Evangelio del Señor con nada, puesto que el Señor ha borrado nuestros pecados a través del poder del Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha hecho conservar nuestra vida eterna por nuestra fe en este verdadero Evangelio, por muy vulnerables y débiles que seamos. Asimismo nuestro Señor ha prohibido a Satanás que toque nuestras almas. Podemos vivir siguiendo al Señor en este mundo malvado porque ahora no tenemos pecados gracias a que hemos creído en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como todos somos débiles e insuficientes a veces nos sentimos tentados a seguir este mundo, pero al final, no podemos hacerlo. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu es mejor vivir haciendo el bien que romper la Ley.
 

El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad de la salvación que Dios nos ha dado

El don de la salvación se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu mediante el cual el Señor nos ha salvado de los pecados del mundo. Dios nos ha dado este don de la salvación. Por muy malvada que sea esta época, nuestro Señor nos ha librado de los pecados de este mundo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
En tiempos del Apóstol Pablo, la gente también era malvada. Esta época malvada es mucho más malvada que la época de Pablo y no hay ninguna época desde que la humanidad existe halla sido tan malvada. Sin embargo, ¿pueden los males de esta época malvada matarles espiritualmente? No, no pueden. Esto se debe a que nuestro Señor nos ha perdonado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque nuestra carne sea insuficiente y débil, ¿no nos ha salvado Jesús de toda la maldad de una vez por todas? Jesús nos ha salvado de los pecados de esta época malvada al ofrecer Su cuerpo a Dios Padre de una vez por todas. Al ser bautizado por Juan el Bautista y cargar con todos los pecados del mundo, morir en la Cruz y resucitar de entre los muertos, Jesucristo nos ha salvado a todos. La fe en este Evangelio del agua y el Espíritu es la misma fe que la del Apóstol Pablo y este Evangelio es la Verdad.
Sé muy bien que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu han sido salvados de todos sus pecados, ya que Cristo nos ha salvado de esta época malvada y de todos nuestros pecados. Gracias a que el Señor ha limpiado nuestros pecados con Su bautismo y derramamiento de sangre, todos los creyentes están salvados de los pecados de este mundo.
Una vez los creyentes han sido salvados de sus pecados, ¿ya no cometen más pecados durante sus vidas? Sí, continúan pecando. Por supuesto no pecan intencionadamente, sino que los justos que han sido salvados aún son débiles en la carne y por tanto pecan de vez en cuando.
Sin embargo como la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu está en sus corazones, tienen fe en que sus pecados son perdonados. Por tanto el Señor nos está diciendo: «Andad en espíritu y no satisfagais los deseos de la carne» (Gálatas 5, 16). Cuando deseamos vivir a través del Espíritu Santo, intentamos no pecar en la carne porque Él vive en nosotros y nos lleva por los caminos de la justicia. Sólo los que no reflexionan sobre lo que Dios ha hecho por nosotros y que no piensan en lo que complace a Dios, no pueden hacer la obra justa de Dios y acaban pecando en la carne. Por esta razón el Señor nos dijo que viviéramos en el Espíritu Santo.
Debemos darnos cuenta de que a no ser que hagamos la obra de Dios, acabaremos siguiendo la obra de nuestra propia carne. Como todos vivimos en este mundo, no tenemos más remedio que hacer algo justo o algo pecaminoso. Si un hombre no hace obras justas, pecará. ¿Cuál de las dos cosas debería hacer? Como todos debemos hacer algo, ya sea justo o pecaminoso, y si nos hemos convertido en la gente justa nacida de nuevo del agua y el Espíritu, debemos hacer la obra de Dios.
Los salvados que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu deben hacer la obra justa en obediencia al Espíritu Santo. Nuestra carne hace que si no nos dedicamos a servir al Evangelio del Señor, acabamos pecando. Por eso debemos dedicar nuestros cuerpos, pensamientos y fe a las obras justas. Jesús nos ha salvado ofreciendo Su cuerpo a Dios Padre, y por tanto nosotros debemos hacer la obra que salva a todo el mundo de sus pecados, ofreciendo nuestros cuerpos a Dios Padre del mismo modo. Esta es la manera justa y adecuada en la que los nacidos de nuevo deben vivir.
Hace mucho tiempo un hombre ciego me dijo que cada mañana cuando se levantaba empezaba el día pensando en la Palabra de Dios. Pero también dijo que la Palabra de Dios es tan difícil que nadie puede entenderla completamente, por muy inteligente que uno sea. Sin embargo la razón por la que este hombre no reconocía la Palabra de Verdad era que no conocía el Evangelio del agua y el Espíritu y por tanto no había sido salvado de sus pecados. Aunque creía en Dios, como no conocía la Verdad de la salvación y pensaba que la Palabra de Dios era demasiado difícil e incomprensible.
En cuanto escuché a este hombre me sentí emocionado. El Espíritu Santo hizo que empezara a predicar a los incapacitados. Tuvo la idea de que debería ayudarles a escuchar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a través de sus ordenadores. En estos días hay mucha gente que no sabe como utilizar un ordenador. Del mismo modo en que los que pueden ver con sus dos ojos desean leer y conocer la Palabra de Dios, ¿cuántos ciegos también desean creer y comprender la Palabra de Dios y ser salvados de sus pecados? Los que nacen ciegos no pueden comprender qué es el color rojo, ya que nunca han visto ese color. Si lo para nosotros es tan obvio pero ellos no los pueden comprender, ¿cuántas cosas desearían aprender y comprender por sí mismos? ¿Cuánto desearían comprender la Palabra de Dios?
Les voy a contar una pequeña historia sobre lo que ocurrió hace un tiempo cuando nuestros hermanos y hermanas estaban trabajando como voluntarios en una escuela para niños invidentes. Los profesores de la escuela dominical se habían reunido alrededor de niños de guardería ciegos para dar culto, y la Palabra de Dios para aquel oficio era del Libro del Génesis. Cuando uno de los profesores leyó Génesis 1, 3 que decía: «Dios es luz», uno de los niños levantó la mano y preguntó: «¿Qué es la luz?». Como nunca habían visto una luz claro desde el día en que nacieron no podían entender lo que significaba: «Y Dios dijo: “que sea la luz”» y no encontraban el significado de la palabra. El conocimiento de todos los seres humanos está limitado por los sentidos, en la medida en que experimentamos, sentimos y percibimos con nuestros cuerpos. Así que cuando se le pregunta a un invidente lo que es la luz, no saben contestar. Si ustedes y yo estuviéramos en su situación, nos pasaría lo mismo.
Siento que todos debemos ayudarles y que debemos hacerles llegar el Evangelio del agua y el Espíritu por cualquier otro medio. Cuando Jesús vino a este mundo, curó a los enfermos y predicó el Evangelio de salvación a los pobres y nosotros también debemos hacer estas obras. Siento que deberíamos hacer posible que cualquier persona que busque la Verdad del agua y el Espíritu la encontrara mediante los instrumentos que les permitieran escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Debemos vivir por el Espíritu Santo y ser fieles a la difusión del Evangelio. Aunque todos queremos vivir por el Espíritu, a veces no lo conseguimos. Sin embargo deberíamos vivir recordando y creyendo en la Verdad de que Jesucristo nos ha salvado de esta generación malvada y de todos nuestros pecados al ofrecer Su propio cuerpo. A no ser que conozcamos el Evangelio del agua y el Espíritu y creamos en él de corazón, no podremos vivir como justos. Todos nosotros debemos aprender el Evangelio del agua y el Espíritu, conocerlo y creer en él de corazón. Hace mucho tiempo nuestro Señor recibió el bautismo en Su propio cuerpo, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así borró nuestros pecados de una vez por todas; por eso debemos conocer este Evangelio de Verdad y tener fe en él.
Si ustedes y yo no tenemos fe en esta Verdad, en que el Señor ha borrado todos nuestros pecados y ha completado nuestra salvación, ¿cómo podemos vivir en obediencia al Espíritu Santo? Sin fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, nadie puede vivir según el Espíritu Santo. Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros pecados serán borrados. Aunque creamos que nuestra salvación se nos da en tiempo presente, nuestro Señor ha completado la salvación de la humanidad en pasado. Como el Señor ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, cualquier persona en mi época y en mi país puede recibir la remisión de sus pecados de una vez por todas si cree en el verdadero Evangelio que ha borrado los pecados de este mundo. Mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor borró nuestros pecados hace mucho tiempo, todos de una vez.
¡Qué maravilloso es este Evangelio de Verdad! Para borrar nuestros pecados, nuestro Señor ofreció Su cuerpo, aceptó los pecados de este mundo al recibir Su bautismo y derramar Su sangre en la Cruz. Al hacer esto borró nuestros pecados y consiguió nuestra salvación completa y perfectamente. ¡Qué maravilloso es este Evangelio! Podemos ver qué diferente es el Evangelio del agua y el Espíritu de todos los demás evangelios inventados por los humanos.
 

El Evangelio del agua y el Espíritu es diferente del evangelio de las oraciones de penitencia

El Evangelio del agua y el Espíritu que conocemos y en el que creemos es completamente diferente del evangelio que proclama solamente la sangre derramada en la Cruz. Y como el Espíritu Santo que vive en nosotros es diferente de los espíritus que viven en los seguidores de los falsos evangelios, podemos darnos cuenta de que el Señor ha borrado nuestros pecados de una vez por todas en el pasado. Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, esta fe es la fe que nos permite recibir la remisión de los pecados. Si alguno de nosotros, aunque digamos creer en Jesús, sigue rezando para ser perdonado por sus pecados, debe darse cuenta de que está mal intentar borrar los pecados diarios y debe creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que ha borrado nuestros pecados perfectamente.
Los cristianos de hoy en día creen solamente en la sangre de Jesús como su propia salvación. Pero sus pecados no pueden desaparecer de sus corazones creyendo en ese evangelio. No saben que todos los pecados de este mundo han sido borrados ya que el Señor nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso sólo pueden ofrecer oraciones de penitencia o ayunar para intentar borrar sus pecados. Para ellos las oraciones de penitencia son un elemento esencial de su pseudo-evangelio. ¡Qué creencia tan errónea! Si fuera cierto, eso significaría que el Señor tiene que borrar nuestros pecados todos los días sin cesar, pero esta creencia es errónea.
Nuestro Señor nos dijo que: «y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12, 2). Nuestro Señor dijo que no limpia los pecados de la gente todos los días ahora, porque vino al mundo hace mucho tiempo y durante Sus 33 años de vida borró todos los pecados con Su bautismo, Su derramamiento de sangre y muerte en la Cruz y Su resurrección. Como Jesús ya aceptó los pecados de este mundo a través del Bautismo que recibió de Juan, derramó su sangre en la Cruz y así los borró todos, aquellos que creen en esto se convierten en el pueblo del Señor, pero los que no creen se convierten en los hijos de la destrucción. Dicho de otra manera, esta Verdad es el requisito mediante el cual el Señor diferencia a los creyentes de los que no creen.
Debemos entender lo contradictoria y errónea que es la doctrina del arrepentimiento. Algunos todavía lloran por sus pecados: «Señor, he pecado. Por favor perdóname». Si pudiéramos ser perdonados ofreciendo oraciones de penitencia, ¿para qué se bautizó nuestro Señor y para qué derramó Su sangre en la Cruz? Esta doctrina es una invención humana. Lo que proviene del hombre no es lo mismo que la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
Martín Lucero era un sacerdote católico y profesor de un seminario de Teología. Como podía leer el Antiguo y Nuevo Testamento en los idiomas originales, es decir en griego y en hebreo, se dio cuenta de que según la Palabra de la Biblia su fe no era correcta. Hasta entonces había intentado alcanzar la salvación mediante su penitencia y buenas obras. Lucero había pagado su penitencia por los pecados que cometió en este mundo, subiendo y bajando escaleras de rodillas, pero se dio cuenta de lo equivocada que estaba su fe. Pero sus creencias le llevaron a dejar una religión del mundo para caer en una religión inventada por él mismo.
Los cristianos de hoy en día, tras creer en Jesús como en su Salvador, todavía intentan borrar sus pecados diarios ofreciendo oraciones de penitencia a Dios todos los días. Muchos de ellos creen que han recibido el perdón de sus pecados al ayunar. Mientras ofrecen sus oraciones de penitencia, cuando sienten emociones, piensan: «El Señor ha perdonado mis pecados». Entonces convencidos de que el Señor ha borrado sus pecados, alaban al Señor cantando. Sin embargo sus pecados no son borrados, sino que son sus propios sentimientos los que hacen que parezca que han sido perdonados.
En esta era del Nuevo Testamento es incorrecto el creer que uno puede borrar sus pecados a través de oraciones de penitencia. Esta fe es completamente diferente a la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y salió de la imaginación del hombre. Como no viene de los que están con el Espíritu Santo, sino del Diablo, es completamente errónea. Debemos darnos cuenta de que esta noción que afirma que nuestros pecados son perdonados a través de nuestras propias oraciones de penitencia no viene de Jesucristo, sino de los pensamientos y emociones del hombre. También deberíamos darnos cuenta de que si la gente cree que puede borrar sus pecados mediante sus propias oraciones de penitencia, seguirán siendo incapaces de borrar sus pecados.
¿Cuántas veces engaña Satanás a la gente? El Diablo es realmente malvado y lleva a la gente a caer en sus trampas malvadas a través de pensamientos humanos. En contraste, ¿Son claros los siervos de Dios cuando predican la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, ayudándoles a creer en él? Solamente los siervos de Dios que predican el Evangelio del agua y el Espíritu son el verdadero pueblo de Dios.
El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad de la salvación. Este Evangelio proclama que Jesús ha borrado nuestros pecados de una vez por todas al ser bautizado y morir en la Cruz hace 2.000 años. ¿Quién cree en esto? Nosotros creemos. Mediante la fe pasamos nuestros pecados al cuerpo de Jesucristo, y por la fe nacemos de nuevo. Al ser bautizado y derramar Su sangre por nuestros pecados, el Señor ha borrado todos los pecados del mundo de una vez por todas. En esto creemos.
Es indispensable que reconozcan la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Mis queridos hermanos, ¿conocemos el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Han sido borrados sus pecados ahora, o fue el Señor quien los borró hace mucho tiempo con el Evangelio del agua y el Espíritu? Nuestro Señor lo hizo hace mucho tiempo mediante Su bautismo y derramamiento de sangre. Como el Señor mismo borró nuestros pecados de una vez por todas con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu hace mucho tiempo, ahora podemos descansar en paz. Si tenemos que recibir la remisión de nuestros pecados constantemente cada día, ¿no estaríamos muy inseguros?
Fíjense en lo perfecto que es el Evangelio de Verdad. El amor poderoso de nuestros Señor nos ha traído este verdadero Evangelio: Hace 2.000 años, nuestro Señor vino al mundo; a los 30 años, tomó los pecados del mundo al ser bautizado por Juan; a los 33, ofreció Su cuerpo a Dios Padre al morir en la Cruz; y así ha borrado los pecados de los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha salvado.
Una vez han leído esto, ¿no es grande y perfecto Su poder? El Evangelio del agua y el Espíritu, cumplido por el poder de Jesucristo, es nuestra perfecta salvación. Echen un vistazo a lo que logró hace 2.000 años al ser bautizado por Juan en el río Jordán y al derramar Su sangre en la Cruz, lo que hizo para salvarnos de los pecados del mundo, todo esto sigue siendo efectivo. El poder de la salvación a través del cual nos salvó de los pecados del mundo es el poder del Evangelio del agua y el Espíritu y seguirá siendo efectivo para todos los que creen en él.
La Palabra de Dios es poderosa y eterna. Cuando el Señor creó los cielos y la tierra, dijo: «¡Qué haya luz!» y hubo luz. Todo lo que existe en este mundo fue creado por la Palabra de Dios, exactamente de acuerdo con lo que Él ordenó. Entonces creó a todas las criaturas y desde entonces cada una ha cumplido su función exactamente de acuerdo con Su Palabra. Así la Palabra de Dios está viva y activa (Hebreos 4, 12). Como el Señor dijo en Mateo 5, 18: «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasara de la ley, hasta que todo se haya cumplido ». El poder de Dios es infinito. La Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu del Señor que nos ha salvado de todos nuestros pecados es también poderosa y auténtica y por eso ha borrado perfectamente los pecados del mundo. El poder de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu está vivo y activo para todos los creyentes de manera que quien crea en este Evangelio de Verdad pueda recibir la remisión de los pecados de una sola vez.
Como queremos seguir esta Palabra hablada por el Señor, estamos compartiendo el Evangelio del agua y el Espíritu con todo el mundo. Vemos que mucha gente que ha leído nuestros libros y ha recibido la remisión de sus pecados, ahora quiere trabajar con nosotros de todo corazón. El Evangelio del agua y el Espíritu del Señor es tan poderoso que aunque todo lo que hemos hecho es predicar las obras de redención a través de las cuales el Señor nos ha salvado del pecado, y aunque no les hayamos conocido cara a cara, sino solamente a través de nuestra literatura cristiana, esta gente nos da las gracias por enseñarles esta verdad y da testimonio de su salvación. Esto me parece maravilloso. Además cuando veo cómo Dios trabaja a través de nosotros, alabo Su poder y le doy gracias.
Hay muchos países cuyos nombres nunca hemos oído. Pero incluso en esos países remotos, la gente nos manda testimonios de salvación, diciendo: «Lei los libros que me mandaron, y gracias a ellos he recibido la salvación de todos mis pecados». ¿De quién es este poder? ¿Su poder? ¿no es el poder de Cristo? Es el poder de Cristo. Jesucristo es tan poderoso que Su don borró nuestros pecados hace 2.000 años y todavía es efectivo. Del mismo modo en que este efecto nos ha alcanzado a ustedes y a mí, está alcanzando a gente de todo el mundo.
¿Ha borrado Jesús sus pecados o no? El Señor ha borrado sus pecados perfectamente. Así que cuando pienso en cómo mis pecados han desaparecido no puedo evitar sonreír. Me siento tan feliz que cuando pienso en cómo el Señor borró mis pecados que mi cuerpo y mi corazón parecen tan ligeros como el algodón de caramelo y como los dientes de león que se elevan y vuelan libremente por todo el universo. No puedo evitar sonreír en mi corazón con gozo.
El Señor nos ha salvado de los pecados del mundo perfectamente. Por eso no podemos dejar de alabar al Señor y al Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha dado. Todos estamos obligados a alabar al Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha librado de esta época malvada.
Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, su destino fue la tierra de Canán. Por muy prósperos que los israelitas hubieran sido en tierra extraña, tuvieron que volver a su patria y una vez entraron en la tierra de Canán, no volvieron allí. Por eso nosotros, los justos, no podemos volver al pasado cuando nacemos de nuevo. Lo que Cristo ha hecho por nosotros es tan grande y maravilloso que creo que deberíamos seguir al Espíritu Santo y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a los ciegos espirituales.
Dios nos ha dado la habilidad y la sabiduría para hacer Su obra. Mis queridos hermanos, ¿creen que Dios nos ha dado el poder y la sabiduría? Como Dios nos ha dado Su poder es justo que lo usemos por Dios. El Apóstol Pablo dijo que Cristo ofreció Su cuerpo para librarnos de esta época malvada, así nuestro Señor nos dio Su cuerpo, cargó con los pecados del mundo hace mucho tiempo a través de Su bautismo y borró completamente nuestros pecados al derramar Su sangre. Por tanto es justo que ofrezcamos nuestros cuerpos en gratitud por lo que Él ha hecho por nosotros y que le demos gracias. Estamos agradecidos por el amor de nuestro Señor y todavía más agradecidos por habernos ayudado a difundir este amor.
Si no hubiera encontrado el Evangelio del agua y el Espíritu, mi vida en este mundo hubiera sido en vano. Sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, aunque hubiera sido un pastor y hubiera predicado a la gente para que vivieran virtuosamente, ¿Cómo podría afirmar que servía a la obra de Dios? Si no hubiera encontrado el Evangelio del agua y el Espíritu y no hubiera podido recibir la remisión de mis pecados, ¿cómo podría dar testimonio de la Palabra de salvación a los demás?
Así observé mi condición espiritual. Mi primera pregunta fue: «¿Me llamó Dios para ser un pastor para confiarme Su ministerio?». Cuando reflexioné sobre esto ante Dios y ante mi conciencia me di cuenta de que Dios no me había llamado de esta manera. Si hubiera sido así, mis motivos esenciales para ser pastor hubieran sido vanagloriarme. La Biblia dice: «A no ser que el Señor construya la casa, el trabajo de los que la construyen será es vano». La idea de predicar a los demás sin recibir la remisión de los pecados yo mismo era trabajar en vano y un fraude. Era cierto que creía en Jesús como mi Salvador, pero cuando pensaba en si Dios me había hecho pastor, veía que no era así.
Entonces recé a Dios y busqué la Verdad de la salvación para poder resolver el problema del pecado para mí mismo y mi congregación y para vivir mi vida según la voluntad de Dios. Entonces el Señor vino a mí a través de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Mientras leía Mateo 3, 13-17 encontré la Verdad. A través de la Palabra de Dios encontré la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
Cuando encontré la Verdad me vi obligado a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo y así decidí ante Dios que difundiría este Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Recé a Dios apasionadamente: «Por favor, Dios, ayúdame a difundir el Evangelio por todo el mundo. Ayúdame, Señor. Aunque no tengo nada, quiero predicar Tu Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo». Dios me ayudó. Quería seguir la voluntad de Dios y Él me ayudó e hizo posible que predicara la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a ustedes.
Al seguir la voluntad de Dios, me he dedicado desde entonces a difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Hasta el punto en que Dios me lo ha permitido con Su fuerza, he hecho todo lo que estaba en mis manos para obedecer Su voluntad. En el pasado, aunque era nuevo, predicaba el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el que conocía. Si les hubiera conocido en la calle en aquel tiempo, hubiera escrito algo en el suelo para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, si ustedes hubieran estado en la misma situación en la que yo estaba entonces, ustedes hubieran hecho lo mismo que yo. Por tanto todos nosotros debemos reunirnos y difundir el Evangelio del agua y el Espíritu a la gente de este mundo. A no ser que pongamos nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿cómo podemos seguir al Señor? Sólo podemos seguir al Señor porque creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Gracias al Evangelio del agua y el Espíritu podemos vivir por todo el mundo.
Dios nos ha hecho creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha hecho predicar este Evangelio por todo el mundo, gracias al poder de este Evangelio. A no ser que prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu ahora, no podemos vivir como justos. Sin creer que Cristo ha borrado nuestros pecados, ¿será posible vivir por los demás?
En realidad Dios nos ha permitido creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y hacer Su obra, y por esta razón le doy gracias. Estamos eternamente agradecidos a Dios. Él nos ha dado la alegría de hacer la obra justa todos los días y de vivir por los demás. ¿Están contentos de servir al Señor? No es ningún placer ordinario.
Mis queridos hermanos, aunque sea duro, ¿no están contentos de servir al Señor? Por eso estamos tan contentos de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Gracias a que seguimos el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿cuánto se pueden beneficiar de esto los que escuchan el Evangelio de Verdad? Mucho, ¿no? Por supuesto. Llevamos alegría con el Evangelio del agua y el Espíritu, estando nosotros llenos de alegría. Estamos haciendo la obra de Dios en este mundo. No sólo hacemos la obra de nuestra carne, sino que trabajamos por el Señor, haciendo lo necesario para salvar las almas de otras personas y por eso estamos realmente contentos y nuestro trabajo merece la pena.
Como nuestro Señor hizo la obra que salva a la gente, nosotros, Sus discípulos, también hacemos lo que salva a los demás. Cuando nos dedicamos a la obra del Señor, recibimos gozo espiritual en nuestras vidas. Es muy divertido servir al Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque no es fácil servir al Evangelio del agua y el Espíritu, debemos estar muy contentos.
Estoy tan contento, tan lleno de gozo cuando pienso en que la obra de Dios está siendo llevada a cabo. Dios nos ha permitido a nosotros, gente tan insuficiente, servir al Evangelio del agua y el Espíritu, y a través de nosotros cumple Su voluntad. Dicho esto, no tenemos más remedio que dar gracias a Dios.
Cuando veo a alguien que ha recibido la remisión de sus pecados, estoy contento. Estoy contento porque me siento como si poseyéramos algo delicioso hasta saciarnos, como si rodásemos bajo un gran árbol en un campo verde en un día claro y con una suave brisa, y como si cantásemos de alegría. Estoy seguro de que ustedes también sienten tanto placer.
Los que creen en Jesucristo como Su Salvador y siguen a Cristo viven por la alegría de salvar almas. Servir al Señor con esta alegría es la felicidad en sí misma. Es muy excitante servir al Señor y como sólo hacemos lo que es justo, estamos todos más contentos. Cuando éramos niños nos enseñaron a no ser egoístas y ser altruistas y creo que la vida que se vive por el Señor y las demás almas es el verdadero espíritu del altruismo.
Hasta el día en que todo el mundo crea en el Evangelio del agua y el Espíritu, los que hayan nacido de nuevo deben vivir por los demás. De hecho, debemos ofrecer nuestros cuerpos a Dios Padre y al Evangelio del agua y el Espíritu, y vivir nuestras vidas predicando el Evangelio de poder que nos ha salvado de nuestros pecados. Vivimos vidas que merecen la pena por Dios.
Por eso queremos decirle a Dios lo contentos y agradecidos que estamos. Dios nos ha permitido vivir una vida que sirve al Evangelio del agua y el Espíritu.
Nosotros, los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, dan gracias a Dios por habernos dado la fe que vence los pecados del mundo.
¡Aleluya!