The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 21-5] < Mateo 21, 32 > La relación entre la obra de Juan el Bautista y el Evangelio de la remisión de nuestros pecados

< Mateo 21, 32 >
«Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos».
 

Juan el Bautista, quien fue enviado por Dios
 
Acerca de Juan el Bautista, está escrito en el Evangelio de Juan 1, 6-7: «Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él». En este pasaje, el Apóstol Juan está dando testimonio de la importancia del bautismo que Juan el Bautista le dio a Jesús, con referencia al Evangelio de salvación.
Aquí, hablando de Juan el Bautista, Jesús dice: «Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz». En este pasaje, da testimonio del hecho de que Juan el Bautista era quien pasaba los pecados del mundo a través del bautismo que dispensaba. Juan el Bautista dio testimonio de Jesús para que: «todos creyesen por él». El Apóstol Juan nos dice que a través del testimonio de Juan el Bautista, toda la gente del mundo ha salvado a los pecadores por el bautismo que recibió y la sangre derramada en la Cruz.
En otras palabras, este pasaje significa que si Juan el Bautista no hubiese dado testimonio de la salvación el agua y el Espíritu, la gente no podría conocer la salvación por la que Jesús ha salvado a los pecadores, mediante Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz. Por tanto, la fe que no está basada en el conocimiento de por qué Juan el Bautista bautizó a Jesús, es una fe inútil. Solo los que han encontrado a Jesús a través del Evangelio del agua y el Espíritu pueden poseer la verdadera fe.
 

¿Qué tipo de persona es Juan el Bautista?
 
Cuando era anciano, el sacerdote Zacarías y su esposa Isabel tuvieron a Juan el Bautista por la providencia de Dios y le cantaron alabanzas: «Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados» (Lucas 1, 76-77). Como el profeta de lo más alto, el representante de toda la humanidad, Juan el Bautista, pasó todos los pecados del mundo a Jesús mediante el bautismo, lo que provocó que la gente creyese en Jesús mediante este Evangelio por el que la gente puede recibir la salvación.
Fue el profeta Juan el Bautista quien predicó las buenas noticias para hacernos saber que estábamos salvados del juicio, porque el bautismo de Jesús era la redención de nuestros pecados. Dios envió a Juan el Bautista al mundo como representante de toda la humanidad para pasar los pecados del mundo a Jesús. En Lucas 1, 78, aparece la razón: «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora». Aquí con que significa que toda la humanidad ha llegado a ver la salvación a través de Juan el Bautista, de la misma manera en que el sol brilla sobre nuestras cabezas, aunque estábamos en la oscuridad y en la sombra de la muerte.
Jesús ha redimido todos los pecados de la humanidad. En este mundo, ¿quién nos guía por el camino de la paz? Jesús. Como Juan el Bautista ha pasado todos nuestros pecados a Jesús, a través del bautismo, Juan el Bautista nos ha guiado hacia el Evangelio en el que el Señor ha perdonado nuestros pecados.
Ahora, vamos a averiguar más específicamente quién es Juan el Bautista, según las Escrituras. Estas son las palabras de Lucas 1, 1-14. «Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Isabel. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijo, porque Isabel era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Isabel te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento».
Lucas, un compañero del Apóstol Pablo en el ministerio, predicó el Evangelio a un gentil llamado Teófilo, un hombre que ejercía un alto cargo. Sin embargo, como este hombre no conocía las Escrituras, Lucas tuvo que explicarle la Biblia con todo detalle, y por eso Lucas empezó a escribir el Evangelio desde tiempos de Juan el Bautista. Para poder explicar el Evangelio, era necesario que Lucas explicase la genealogía de Juan el Bautista y los detalles de su nacimiento. A través de estas palabras, examinaremos el nacimiento de Juan el Bautista y su ministerio con todo detalle.
Si miramos los pasajes anteriores, hay uno que dice: «Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Isabel» (Lucas 1, 5). Está claro que la madre de Juan el Bautista era descendiente de Aarón, pero el linaje de su padre, Zacarías, no está claro en el texto y debemos averiguar en qué linaje de las tribus de Israel nació. El padre de Juan el Bautista era Zacarías. Lucas dice que era un sacerdote de la división de Abías.
Entonces, ¿quién es este Abías, el antecesor del sacerdote Zacarías? Si leemos el primer libro de Crónicas 24, 10, leemos: «La séptima a Cos, la octava a Abías». Dios guió al pueblo de Israel al enviar a Moisés como Su mediador, y Dios nombró a Aarón, el hermano mayor de Moisés, como Sumo Sacerdote. Dios hizo que los descendientes de Aarón llevasen a cabo las ofrendas dentro del Tabernáculo. Pero, Nadab y Abijú, los dos hijos de Aarón, murieron cuando ofrecieron un holocausto profano ante Dios (Números 26, 61).
Después de la muerte de esos dos hijos, los otros dos hijos de Aarón, Elezar e Itamar, desempeñaron las funciones del sacerdocio. Pero, los descendientes de estos dos hijos florecieron, así que, durante el reinado de David, se hizo necesario reorganizar el sacerdocio para entrar en el Tabernáculo y servir a Dios. Por eso, se dividió a los sacerdotes en 24 grupos, con los descendientes de Eleazar e Itamar como base.
Como está escrito: «Y David, con Sadoc de los hijos de Eleazar, y Ahimelec de los hijos de Itamar, los repartió por sus turnos en el ministerio. Y de los hijos de Eleazar había más varones principales que de los hijos de Itamar; y los repartieron así: De los hijos de Eleazar, dieciséis cabezas de casas paternas; y de los hijos de Itamar, por sus casas paternas, ocho. Los repartieron, pues, por suerte los unos con los otros; porque de los hijos de Eleazar y de los hijos de Itamar hubo príncipes del santuario, y príncipes de la casa de Dios» (1 Crónicas 24, 3-5). David estableció la división del sacerdocio para servir a Dios dentro del Tabernáculo.
Entre el orden que se estableció, estaba la octava a Abías, como hemos leído en el capítulo 24, versículo 10 del primer libro de Crónicas, y en Lucas 1, 5 está escrito: «Un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Isabel». Lucas prueba que este Zacarías era un sacerdote de la división de Abías, descendiente del Sumo Sacerdote Aarón. Además, como también está escrito que Isabel era una de las hijas de Aarón. Entonces, Juan el Bautista, es claramente descendiente del Sumo Sacerdote Aarón (Lucas 1, 5), porque su padre, Zacarías, era un sacerdote de la división de Abías. Como Isabel era descendiente de Aarón, Juan el Bautista, que nació de los dos, era obviamente descendiente del Sumo Sacerdote Aarón.
Lucas tuvo que explicar esta parte muy bien para que Teófilo entendiera que Juan el Bautista había pasado los pecados del mundo a Jesús como representante de la humanidad. Averigüemos en qué pasaje de las Escrituras se dice que los descendientes de la casa de Aarón desempeñaban las funciones de sumos sacerdotes.
 

Juan el Bautista, quien nació en una familia de sumos sacerdotes
 
El hijo de un sumo sacerdote heredaba la tarea de ofrecer los sacrificios de redención. El libro de Número 20, 28-29 dice: «Y Moisés desnudó a Aarón de sus vestiduras, y se las vistió a Eleazar su hijo; y Aarón murió allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte. Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas la familias de Israel». Dios les dio el sumo sacerdocio de la nación de Israel a Aarón y sus descendientes y les dijo que este sería un estatuto eterno (Levítico 16, 34). Por eso Aarón y sus hijos llevaban a cabo las funciones de ofrecer sacrificios, lo que redimía los pecados del pueblo de Israel a los ojos de Dios.
Está escrito en Éxodo 28, 1-2: «Habló Jehová a Moisés, diciendo: anda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo».
Asimismo en Éxodo 29, 1-9 está escrito: «En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos, una décima; y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros, además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato. En el diez de este mes séptimo tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis; y ofreceréis en holocausto a Jehová en olor grato, un becerro de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto. Y sus ofrendas, flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero».
Así que, en nombre de toda la nación de Israel, Dios hizo que la casa de Aarón, el hermano mayor de Moisés, llevara a cabo las tareas de Sumo Sacerdote, ofreciendo el sacrificio del Día de la Expiación a Dios. Nadie podía objetar nada. El Sumo Sacerdocio de la casa de Aarón fue establecido por Dios. Este Sumo Sacerdocio no era algo que cualquiera pudiera hacer. Solo los sumos sacerdotes de la casa de Aarón podían entrar en el lugar Santísimo del Tabernáculo una vez al año y realizar las tareas del Sumo Sacerdocio. Solo entonces podían redimir los pecados de todo un año del pueblo de Israel para siempre. Por eso Dios le dijo a Moisés: «Habló Jehová a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo» (Éxodo 28, 1-2).
El que solamente Aarón y sus descendientes pudiesen convertirse en sumos sacerdotes, era la institución eterna instaurada por Dios, quien les había ordenado a Aarón y a sus descendientes que llevasen a cabo las tareas del Sumo Sacerdocio para siempre, desde los días del Antiguo Testamento hasta la venida de Jesús en el Nuevo Testamento. Los descendientes de Aarón habían llevado a cabo las tareas de sumos sacerdotes, lo que era un estatuto eterno de salvación, establecido por Dios a través de la redención de los pecados.
Por eso Lucas estaba describiendo a Juan el Bautista como último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento, al mencionar el hecho de que Zacarías era un hombre de la casa del Sumo Sacerdote Aarón. Con Juan el Bautista como representante de toda la humanidad llevando a cabo la tarea de pasar los pecados del mundo a Jesús, el Antiguo Testamento llegó a su fin, y desde entonces, en la era de Jesús, la era de la gracia comenzó. Dios habló de la historia de la humanidad dividiéndola en tiempos o dispensaciones.
 

Juan el Bautista bautizó a Jesucristo
 
Como Juan bautizó a Jesús, le llamamos Juan el Bautista. Entonces, ¿qué significa el bautismo en la Biblia? Bautismo, βάφτισμα (baptisma) en griego, significa ser sumergido. Bautizar, baptizo en griego, significa sumergir debajo del agua, limpiar mediante la inmersión, lavar o limpiar con agua, bañarse o limpiarse. También significa pasar o transferir. Al ser bautizado por Juan el Bautista, todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús, y Él se convirtió en el Salvador de los fieles al tomar los pecados de todo el mundo, morir en nuestro lugar por los pecados y resucitar de entre los muertos. El Señor recibió el bautismo mediante el que tomó nuestros pecados en nuestro lugar y después murió en la Cruz. Tuvo que morir porque el precio del pecado es la muerte.
Como el rito del bautismo se realiza en la forma de inmersión y mediante la imposición de manos, también recibe el nombre de rito de inmersión. Ambas expresiones tienen el mismo significado. La palabra bautismo significa limpiar. El bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista en el río Jordán era el bautismo de la remisión de los pecados por el que nos ha limpiado de todos los pecados del mundo al cargar con ellos en Su cuerpo. Como todos los pecados de la humanidad fueron pasados a Jesús mediante el bautismo de Juan el Bautista, pudimos recibir la salvación al creer en Él. Si miramos con detenimiento el significado del bautismo de Jesús, encontramos cuatro significados: limpiar, pasar, transferir y ser enterrado.
La gente del Antiguo Testamento, para poder recibir la remisión de los pecados, tenía que llevar un animal para ser sacrificado, ya fuera una cabra, una oveja o una cabeza de ganado, que estuviese limpio, y entonces debía poner las manos sobre la cabeza del animal para pasarle los pecados. Este es el mismo bautismo (βάφτισμα en griego) que recibió Jesús. En el Antiguo Testamento, la gente ponía las manos sobre una cabra para pasarle los pecados de la nación, y como esa cabra recibía los pecados, tenía que pagar por ellos muriendo.
En el Antiguo Testamento, el Sumo Sacerdote Aarón representaba a toda la nación de Israel. Al representar a toda la nación de Israel, el sumo sacerdote transplantaba los pecados a la cabeza de un animal mediante la imposición de manos, y después le sacaba la sangre al animal y la ponía en los cuernos del altar de los holocaustos. Ofrecía el sacrificio el Día de la Expiación ante Dios y en nombre del pueblo. En el Nuevo Testamento, fue Juan el Bautista quien representaba a toda la humanidad. Por tanto, Jesús tomó los pecados del mundo al haber sido bautizado por Juan el Bautista, y para perdonar los pecados de la humanidad, derramó Su sangre y murió en la Cruz. Al resucitar de entre los muertos, salva a los que creen en Él.
 

El mayor hombre nacido de mujer
 
Si miramos a Mateo 11, 11, Jesús da testimonio a Juan el Bautista diciendo: «Entre los nacidos de mujer no ha habido hombre más grade». Juan el Bautista pasó los pecados del mundo para siempre al bautizar a Jesús según el estatuto eterno establecido por Dios, como Sumo Sacerdote de toda la humanidad, y como hacía Aarón (Mateo 3, 15). Juan el Bautista cumplía los requisitos para ser el Sumo Sacerdote de toda la humanidad. Por eso era posible que Juan el Bautista, como último sumo sacerdote del Antiguo Testamento, pasase los pecados de la humanidad al bautizar a Jesús. En el Nuevo Testamento, el sacerdote Zacarías era descendiente de la casa de Aarón, y el origen del Sumo Sacerdote es el siguiente:
 

En el primer libro de Crónicas 24, 10
 
El orden de sumos sacerdotes descendientes de Aarón, que ofrecía el rito del sacrificio en el Antiguo Testamento, y la orden el sacerdote Abías, llega hasta la octava división. Pero, en el Nuevo Testamento, el sacerdote era escogido: «Según la tradición del sacerdocio», como podemos ver en el Evangelio de Lucas 1, 9. Como en el Antiguo Testamento, la persona escogida se convertía en Sumo Sacerdote, y ocupaba el cargo del Antiguo Testamento. Esta tradición se pasó de generación en generación, desde los días del Antiguo Testamento hasta Zacarías, el padre de Juan el Bautista.
Zacarías era un Sumo Sacerdote nacido en la orden de Abías, descendiente de Aarón. Del mismo modo en que un león solo puede concebir a un león, Dios hizo que el Sumo Sacerdote solo pudiese venir de la casa de Aarón. Por eso, Juan el Bautista, que venía de la casa del Sumo Sacerdote, hizo el papel de intermediario: un sacerdote que cumpliría las profecías sobre la salvación de Dios, como se prometía en el Antiguo Testamento, y que pasó los pecados del mundo a Jesús, por lo que se convirtió en el mayor hombre nacido de mujer. El pasaje de Mateo 11, 11-12 da testimonio de lo anterior. Por eso Jesús, señalando a Juan el Bautista, dio testimonio de que era el Elías que había de venir según el Antiguo Testamento (Malaquías 4, 5).
 

Testimonios de los Apóstoles sobre el Bautismo de Jesús, quien tomó todos los pecados de la humanidad
 
El bautismo que Jesús recibió era el de al redención de los pecados del mundo. La prueba de este bautismo que Jesús recibió se demuestra varias veces en las epístolas de Pablo y Pedro, así como en las de Juan. Miremos primero los pasajes de las Escrituras que se refieren al bautismo de Jesús en las epístolas paulinas. Leamos Romanos 6, 2-7:
«En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado».
La fe del Apóstol Pablo que dice que hemos recibido el bautismo, estamos unidos con Jesús, es la fe que cree en el Evangelio sobre el bautismo de Jesús, que quitó el pecado del mundo. El Evangelio de la redención de los pecados, del que habla la Biblia, es el Evangelio del agua y el Espíritu, según el cual Jesús fue bautizado y crucificado. En la Biblia, el Evangelio de la remisión de los pecados, testificado por los apóstoles, nos dice que Jesús quitó todo el pecado del mundo.
¿Cómo cree el Apóstol Pedro en el bautismo de Jesús? En 1 Pedro 3, 21, dijo: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo». El Apóstol Pedro está diciendo que el bautismo de Jesús, recibido de la mano de Juan el Bautista, es un tipo de la salvación de nuestros pecados. 
Asimismo, el Apóstol Juan dijo: «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan» (1 Juan 5, 5-8). El Apóstol Juan nos está diciendo que recibimos la salvación de Dios que ha perdonado nuestros pecados al tener fe en el Salvador, que ha venido por el agua y la sangre.
 

¿Cuál es la fe correcta para creer en Jesucristo?
 
Del mismo modo los Apóstoles dijeron que el bautismo (el agua) que Jesús recibió es un tipo de la salvación de nuestros pecados, y que los nacidos de nuevo pueden vencer al mundo al creer en el Evangelio de la redención de los pecados, que fue perfeccionado por el bautismo y la sangre de Jesús. Así que podemos ver que hay una diferencia abismal entre la fe de los Apóstoles y la fe de los teólogos actuales que creen solo en la sangre de Jesús. Los teólogos actuales solo creen en la sangre derramada en la Cruz, pero la Biblia da testimonio de que los pecadores solo pueden recibir la salvación cuando creen tanto en el bautismo de Jesús como en la sangre derramada en la Cruz. Por tanto, debemos saber esto de manera correcta y debemos creer en el Evangelio que dice que Jesús ha borrado todos nuestros pecados con Su bautismo y Su sangre. Tanto el bautismo que Jesús recibió como Su sangre derramada en la Cruz, son componentes esenciales para completar el perfecto Evangelio. El Evangelio ha borrado todos los pecados del mundo. En el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, está escrito que el Evangelio de la remisión de los pecados es el Evangelio del bautismo y la sangre, y que borra todos los pecados del mundo.
Mateo, un discípulo de Jesús, escribió en Mateo 3, 15-16: «Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él». Aquí Dios nos dice que todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Este pasaje da testimonio de la justicia de la salvación que Dios ha perfeccionado a través del Evangelio por el que se perdonan nuestros pecados.
Al ser bautizado, Jesús tomó todos los pecados del mundo, y dio testimonio de Su salvación durante 3 años. Después de estos tres años, murió en la Cruz derramando Su sangre y resucitó al tercer día. Al hacerlo, ha perfeccionado la salvación para todos los que creen en esta Verdad, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios Padre.
Asimismo, los discípulos de Jesús dicen: «Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan» (Hebreos 9, 28). Este pasaje significa que el Señor se aparecerá una segunda vez a los que le esperan sin pecado. Es decir, a los que por fe han recibido la salvación de la remisión de los pecados al creer en el bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz.
«Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3, 17). Este pasaje se refiere al hecho de que quien tomó los pecados mediante Su bautismo no es otro que Jesús. Algunos teólogos no saben toda la Verdad sobre cómo Jesús ha borrado los pecados de la humanidad mediante Su bautismo y Su sangre. Son ciegos espirituales; no puede tomar las aguas de encima del firmamento, es decir, la Palabra pura. Por esto, la gente cree vagamente que Jesús ha tomado todos los pecados del mundo de alguna manera, pero este conocimiento viene de la ignorancia del bautismo de Jesús, que constituye el Evangelio de la remisión de los pecados.
Pero, del mismo modo en que la nación de Israel en el Antiguo Testamento, fue liberada de los pecados del Sumo Sacerdote al pasar los pecados a través de la imposición de manos sobre el animal, que derramaba su sangre hasta morir, Jesús ha salvado a la humanidad según Su promesa. Jesús era el cordero del sacrificio en el Nuevo Testamento. Necesitaba a Juan el Bautista, representante de toda la humanidad, para pasar todos los pecados del mundo a Jesús. Por eso Dios Padre envió a Juan el Bautista a este mundo 6 meses antes que Jesús.
Juan el Bautista era un siervo de Dios que había sido profetizado en el libro de Malaquías en el Antiguo Testamento. No era otro que el mensajero de Dios profetizado en Malaquías 3, 1-3. Además, si miramos Mateo 11, 10-11 en el Nuevo Testamento, vemos que el Señor necesitaba recibir el bautismo que le haría cargar con todos los pecados de la humanidad como Salvador, y que perdonaría todos los pecados. Así que, Jesús necesitaba un siervo de Dios que le bautizase. Por eso Juan el Bautista pasó los pecados de la humanidad a Jesús mediante el bautismo, obedeciendo el mandamiento de Jesús: «Permíteme hacer ahora pues conviene así que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15).
El cordero del sacrificio durante los días del Antiguo Testamento moría cargando con todos los pecados de una sola persona o de toda la nación. Pero Jesucristo, el Hijo de Dios, vino al mundo y abrió la era del Nuevo Testamento. Tomó todos los pecados del mundo sin dejar ni uno, para perdonar los pecados de la humanidad. Entonces tuvo que morir crucificado como precio por esos pecados. Para que Jesús librase a la humanidad para siempre de los pecados del mundo, tuvo que redimirlos todos al ser bautizado por Juan el Bautista y después resucitar a los tres días de haber muerto en la Cruz. Dios ha salvado a todos los que creen en el Evangelio del bautismo y la sangre de Jesús.
 

Juan el Bautista era un mensajero de Dios
 
Mateo 11, 11-14 da testimonio de Juan el Bautista. Leamos el libro de Mateo 11, 7-14: «Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir».
La gente iba al desierto a ver a Juan el Bautista, quien imploraba a la gente que se arrepintiese. Cuando Jesús vio a la gente que iba a ver a Juan el Bautista, dijo: « ¿Para qué salisteis al desierto? ¿Para ver a un hombre vestido en buenas ropas? Los que llevan ropas finas están en las casas de reyes». Pero el profeta Juan el Bautista estaba en el desierto.
Estas Palabras de Jesús hablan de la Verdad de que Dios puso a Juan el Bautista aquí como representante de la humanidad, y también de que bautizó a Jesús. Como Jesús estaba dando testimonio personal sobre Juan el Bautista, dijo: «¿Para qué fuisteis al desierto? ¿Para que fuisteis a ver a un hombre vestido en piel de camello como si fuera salvaje? ¿Qué fuisteis a ver? ¿Fuisteis a ver a un hombre vestido en finas ropas? Esos hombres viven en casas de reyes. Pero él es mayor que los reyes», y así dio testimonio de que Juan el Bautista era el mayor hombre nacido de mujer: «¿Para qué fuisteis a verle? ¿Queríais ver un profeta? Sí, es más que un profeta».
En tiempos del Antiguo Testamento, los profetas eran considerados mayores que reyes. ¿Quién era el mayor profeta del Antiguo Testamento? Juan el Bautista. Jesús dio testimonio de que Juan el Bautista es el representante de la humanidad, y Jesús dijo que Juan el Bautista es el hombre mayor de los nacidos de mujer. Juan el Bautista era un siervo de Dios, enviado 6 meses antes del nacimiento de Jesús. También fue enviado para pasar los pecados del mundo bautizando a Jesús. Así que el Señor dijo: «Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti». La Biblia claramente da testimonio de Juan el Bautista.
Juan el Bautista, de quien Jesús había dado testimonio, da ahora testimonio de Jesús. «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Era Juan el Bautista, quien daba testimonio de Jesús diciendo: «Jesús ha quitado todos los pecados del mundo, y es el Hijo de Dios», y es el mayor hombre nacido de mujer. Se puede decir que Juan el Bautista era un sumo sacerdote porque sus padres eran descendientes de Aarón. Sabemos que en el Antiguo Testamento, Dios escogió a Aarón para ser el Sumo Sacerdote de Israel durante 40 años. Se les había confiado el Sumo Sacerdocio a sus descendientes y por eso creemos que Juan el Bautista es el representante de la humanidad, y también el sacerdote que pasó todos los pecados de la humanidad a Jesús. 
El Señor Jesús siguió diciendo: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mateo 11, 12). Este pasaje demuestra que Jesús se ha convertido en el Salvador de toda la gente al haber recibido la remisión de los pecados a través de Juan el Bautista. Jesús ha dado testimonio personal del hecho de que Juan el Bautista le ha pasado todos los pecados del mundo. Las Palabras en Mateo 11, 12, dan testimonio de que los pecados del mundo han sido pasados a Jesús mediante Su bautismo. Los que creen en el Evangelio del cielo, es decir, en el Evangelio del bautismo que Jesús recibió, así como Su sangre, creen que Jesús murió en la Cruz al haber cargado completamente con los pecados mediante Su bautismo.
 

El testimonio de Zacarías
 
Al haber escuchado el mensaje del ángel, que decía que Dios le daría un hijo, Zacarías no podía creérselo al principio. Así que, como castigo, se quedó mudo. Más tarde, al ver que la Palabra de Dios se había cumplido, llamó al bebé Juan, como se lo había ordenado el ángel. Entonces su lengua se desató, y pudo hablar. Entonces, lleno del Espíritu Santo, Zacarías empezó a alabar a Dios de la siguiente manera: 
«Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: 
Bendito el Señor Dios de Israel,
Que ha visitado y redimido a su pueblo,
Y nos levantó un poderoso Salvador
En la casa de David su siervo,
Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio;
Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron;
Para hacer misericordia con nuestros padres,
Y acordarse de su santo pacto;
Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre,
Que nos había de conceder
Que, librados de nuestros enemigos,
Sin temor le serviríamos
En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días.
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;
Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos;
Para dar conocimiento de salvación a su pueblo,
Para perdón de sus pecados,
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
Con que nos visitó desde lo alto la aurora,
Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;
Para encaminar nuestros pies por camino de paz.
Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel» (Lucas 1, 67-80).
En este pasaje, el padre profetizó sobre qué tipo de profeta sería Juan el Bautista en el futuro, y cómo llevaría a cabo el Sumo Sacerdocio. Asimismo profetizó que Juan el Bautista se convertiría en un siervo de Dios. Más en concreto, profetizó: «Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;
Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo,
Para perdón de sus pecados» (Lucas 1, 76-77). Este pasaje profetiza sobre el Evangelio. A través del Evangelio del agua y el Espíritu, Juan el Bautista se convierte en un testigo de la Verdad para los que creemos en Jesús. Juan el Bautista nos dijo que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el bautismo y la sangre de Jesús como el perdón de nuestros pecados. Para poder perdonar nuestros pecados, Jesús tomó todos los pecados del mundo a través de Su bautismo, de la mano de Juan el Bautista. Asimismo, Juan dio testimonio de que había pasado los pecados del mundo a Jesús mediante el bautismo. En otras palabras, a través de su testimonio, Juan el Bautista nos hizo conocer la salvación a través de la remisión de los pecados.
Todo el mundo recibe la salvación de los pecados al creer en el bautismo y la sangre de Jesús. Asimismo, a través del testimonio de Juan el Bautista, todo el mundo supo que Jesús era el Salvador que habría de perdonar los pecados. Si la gente no hubiese conocido el Evangelio de la remisión de los pecados, que Juan el Bautista le había dado a Jesús, ¿cómo podrían haber estado seguros al 100% de que Jesús era su Salvador?
Si una persona no conoce la Verdad del Evangelio de la remisión de los pecados, no hay salvación ni vida eterna para esa persona. Si creyésemos en Jesús sin conocer el ministerio de Juan el Bautista, nuestra fe sería imperfecta, y nuestra vida cristiana sería imperfecta. Harían cosas como confiar solo en doctrinas mencionadas en teología. Sin embargo, si saben quién es Juan el Bautista y saben qué tipo de bautismo le dio a Jesús para la salvación que ha redimido todos los pecados de la humanidad, serán salvados de todos sus pecados al tener fe en esa Verdad.
En el libro de Génesis, hay historias que se remontan a los días en que no había pecado, con Adán y Eva, hasta los días de los descendientes de Jacob. En el libro de Éxodo, se recoge el principio de los días de la Ley. Después de cruzar el Mar Rojo, los israelitas recibieron los Mandamientos en el desierto del pecado, a través de Moisés, y vivieron según esas Leyes.
Durante esos días de la Ley, Dios dio al pueblo de Israel el sistema de sacrificios del Tabernáculo. Dios hizo que le ofrecieran sacrificios en los cuales el Sumo Sacerdote pasaba los pecados de la gente mediante la imposición de manos a la cabeza de un chivo expiatorio. Después se mataba al animal y se ofrecía en lugar de la gente, por sus pecados.
Pero esta era de la Ley se acaba con la llegada de la era de la gracia; es decir, con el bautismo de Jesús. Toda la salvación prometida por la remisión de los pecados durante la era del Antiguo Testamento llegó a su fin con el bautismo que Jesús recibió. A través de este, y del derramamiento de Su sangre, los pecados de la humanidad fueron redimidos y la salvación del pecado se completó
El sacerdote Zacarías escuchó a Dios decirle que le daría un hijo. Pero Isabel, la mujer de Zacarías, era anciana. Parecía imposible que una mujer mayor pudiese concebir a un hijo según la manera de pensar del ser humano. Pero la mujer de Zacarías se quedó embarazada tal y como Dios lo prometió. Seis meses después, la Virgen María quedó embarazada también. Un ángel se le apareció a María y le dijo: «Bendita tú eres llena de gracia», y María cayó al suelo y dijo: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Tu voluntad» (Lucas 1, 38).
Y así, vestida con la gracia de Dios, María recibió la bendición de dar a luz a Jesucristo. Sin embargo, este incidente de María, una virgen, que se quedó embarazada, solo se puede llamar bendición. En realidad, según la Ley judía de aquel entonces el adulterio era un grave delito. Hoy en día también es una vergüenza en muchas culturas que una mujer soltera se quede embarazada. Esto resulta en no poder casarse nunca. Pero la gracia de Dios hizo que María disfrutara de honor y gloria, en vez de tener que agonizar en la carne.
Después de confesar su fe, María se quedó embarazada. La verdad es que la concepción de Jesús se llevó a cabo por el Espíritu Santo de la misma manera en que el mensaje que fue comunicado por el ángel de Dios. Así que, a través del cuerpo de la Virgen María, Jesucristo, nuestro Salvador, nació. María no era descendiente de Aarón. Ella era descendiente de Judá. José, que era el prometido de María, era también descendiente de Judá. Jesucristo nació en una familia de reyes. Como Jesucristo es el Rey, tuvo que nacer en una casa de reyes. Con la misma cadena de razonamiento, como Juan el Bautista vino como el último Sumo Sacerdote, tuvo que venir de la casa de sumos sacerdotes, a través de descendientes de Aarón.
Dios envió a Jesús y antes de Jesús a Juan el Bautista, el mayor profeta y siervo de Dios. Solo al hacer esto, las profecías del Antiguo Testamento se cumplieron, y se hace posible creer en Dios correctamente. Como el Sumo Sacerdocio es un estatuto eterno establecido por Dios, los pecados del mundo tenían que pasarse a Jesús mediante un descendiente de Aarón, y fue Juan el Bautista, como último Sumo Sacerdote, quien llevó a cabo esa obra.
Aarón fue el primer Sumo Sacerdote de Israel, y era el hermano mayor de Moisés. Su bisabuelo era Leví (hijos de Jacob); su abuelo era Coat, su padre era Amram, su madre Jocabed, y su hermana mayor era Miriam (Éxodo 6, 16-20). Aarón tenía dos hijos llamados Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar (Éxodo 6, 23; Números 3, 2). Desde los días en que Moisés recibió la llamada del éxodo de Egipto, Aarón ayudó a Moisés, que era lento al hablar, y Aarón habló por él (Éxodo 4, 10; 7, 10). Asimismo, cuando la ceremonia de alianza entre Dios e Israel se estaba llevando a cabo en el Monte Sinaí, Moisés y Aarón, junto con sus dos sirvientes y setenta de los ancianos de Israel, vieron a Dios, y comieron y bebieron allí. Esto demuestra que estaban representando formalmente al pueblo de Israel (Éxodo 24, 1-11).
Entonces, desde el momento en que Dios ordenó que se construyera el Tabernáculo para el pueblo de Israel, Aarón y sus cuatro hijos recibieron la unción de Dios para el sacerdocio, por lo que quedaron consagrados (Éxodo 40, 13-16). Aarón, como primer sumo sacerdote de Israel, fue sacerdote durante 40 años, y por esta razón, la tribu de Rubén protestó de la autoridad de Aarón como Sumo Sacerdote.
Pero, según el mandamiento de Dios, salieron flores de almendro del bastón de Aarón, que representaban a la tribu de Leví, de entre las doce tribus que habían presentado sus bastones. Así se demostró que el sacerdocio pertenecía a la casa de Aarón (Números 7, 1-10). Cuando Aarón murió a los 123 años de edad, su hijo Eleazar llevó sus vestiduras, y se convirtió en sumo sacerdote en lugar de Aarón (Números 20, 23-29). El autor del libro de Hebreos dio testimonio del hecho de que Aarón fue el Sumo Sacerdote de la tierra y de que Jesús fue el Sumo Sacerdote del Cielo (Hebreos 7, 11-28).
 

Está claro que Juan el Bautista era el Sumo Sacerdote que podía bautizar a Jesús para redimir los pecados del mundo
 
Jesús da testimonio del hecho de que Juan el Bautista es el representante de toda la humanidad. Como está escrito en Mateo 11, 10-11: «Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él». Juan el Bautista desempeñó la función de sumo sacerdote pasando los pecados de la humanidad a Jesús, el Cordero de Dios.
 

La puerta del Cielo se abrió en los días de Juan el Bautista
 
Cuando empezamos a hacer cualquier cosa, primero nos preparamos para poder hacerla bien. De la misma manera, para borrar los pecados del mundo, Dios preparó a Juan el Bautista. Aquí está la prueba: «Principio del evangelio de Jesucristo, 
Hijo de Dios. Como está escrito en Isaías el profeta:
He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti.
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas.
Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo» (Marcos 1, 1-8).
Ahora hablaremos de Juan el Bautista detalladamente, porque él fue el que preparó el Evangelio del Cielo. Si leemos el libro de Malaquías en el Antiguo Testamento, podemos ver que los sacerdotes de aquel entonces estaban corruptos. Por ese motivo, no había ningún sacerdote que fuera bueno a los ojos de Dios entre los israelitas antes de la venida de Jesús hace 2000 años. Los sacerdotes de aquel entonces estaban tan corruptos que habían abandonado los mandamientos de la Palabra de Dios, el sistema de sacrificios y Sus mandamientos.
Por esa razón, Dios necesitaba un sacerdote, un mensajero, que naciera en el mundo. Así que Dios envió a Su mensajero, y este era Juan el Bautista, quien preparó el Evangelio del Cielo. Juan el Bautista vino al mundo 6 meses antes que Jesús. Como Dios siempre utilizaba a un sacerdote representativo para pasar los pecados del pueblo al cordero, tenía que enviar a Juan el Bautista. Por lo tanto, Dios envió a Juan el Bautista y lo convirtió en sacerdote representante de la humanidad. Pero, como Juan el Bautista no podía mezclarse con los sacerdotes corruptos, llamaba a los israelitas al arrepentimiento desde el desierto, donde vivía aislado.
En Marcos 1, 2 está escrito: «Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti». Sin embargo, el que gritaba en el desierto también gritaba sobre el bautismo de penitencia que les llevaría a recibir la remisión de los pecados. Había dos tipos de bautismo administrados por Juan el Bautista.
El primero era el bautismo de penitencia para el pueblo de Israel, y este era el bautismo que recibían los que habían abandonado a Dios y volvían a Cristo, que era la redención eterna de sus pecados. Como profeta, al hacer que la gente se diera cuenta de que pecaba e iba al infierno, Juan el Bautista administraba el bautismo de penitencia a los que confesaban su existencia pecadora. Por eso la gente iba a Juan el Bautista y recibía el bautismo del agua como símbolo de reconocimiento de sus pecados.
El segundo bautismo es el que Juan el Bautista le dio a Jesús, y este era el bautismo que pasó todos los pecados del mundo al cuerpo de Jesús. Juan el Bautista dio testimonio a los que recibían el bautismo de penitencia para que creyesen en Jesús, quien había quitado el pecado del mundo mediante su bautismo.
Cuando Jesús estaba a punto de recibir el bautismo de Juan, le dijo: «Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15). Tal y como está escrito en este pasaje, las palabras de la profecía de Dios que dicen que Jesús cargaría con los pecados de la humanidad, se cumplieron. Todo el que cree en Jesús debe creer tanto en el bautismo como en la sangre de Jesús, como el Evangelio de la redención de los pecados. Como Juan el Bautista, quien preparó el Evangelio del Cielo, había pasado el pecado del mundo a Jesús para la eternidad al bautizar a Jesús, Juan el Bautista ha hecho posible que vayamos al Cielo teniendo fe en Jesús, quien se ha convertido en el Camino al Cielo. ¿Creen en esto?
En el Evangelio de Marcos 1, 14-15, está escrito: «Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio». El Evangelio significa buenas noticias, y en griego se dice euaggelion. El Evangelio del Cielo es la buena noticia de que Jesús tomó todos los pecados del mundo al cargar con ellos en Su cuerpo cuando fue bautizado por Juan el Bautista para redimir los pecados del mundo. Todos los pecados del mundo se pasaron a Jesús a través de Juan el Bautista en el momento del bautismo.
El Evangelio para el perdón de los pecados de la humanidad era el del bautismo que Jesús recibió y de Su sangre derramada en la Cruz. Los pecados del mundo se refieren a los pecados que todo el mundo ha cometido. Todo el mundo nos incluye a nosotros e incluso a nuestros nietos y bisnietos. Sus pecados son los pecados del presente, pasado y futuro (no solo los pecados que han cometido, sino los que cometerán), y forman parte de los pecados del mundo. Asimismo, el mundo no se refiere solo a la Tierra, sino al principio y al final del universo entero.
 

Juan el Bautista vino a predicar la Verdad de la remisión de los pecados
 
Juan el Bautista vino cargando con la Verdad de la justicia, o la Verdad de la salvación, por la que Dios ha salvado a la humanidad de sus pecados, tal y como está escrito: «Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle» (Mateo 21, 32). Juan el Bautista vino a predicar la Verdad de la justicia. Juan el Bautista era un profeta que fue enviado al mundo por Dios para que guiase a todo el mundo a la justicia. Al pasar los pecados de todo el mundo a Jesús, toda la gente recibió la remisión de los pecados al creer en esta Verdad. Al dar testimonio del Evangelio de la remisión de los pecados, según el cual el había pasado los pecados del mundo al Señor, muchas personas han recibido la verdadera salvación del pecado al tener fe en esta Verdad de salvación, gracias al testimonio de Juan.
En Mateo 21, 32 está escrito: «Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle». Aquí, la expresión «Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia», habla de la obra de Juan el Bautista como último Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento (Mateo 11, 13), al haber pasado todos los pecados de la humanidad a Jesús mediante Su bautismo.
Pero, ¿por qué piensan que los publicanos y las prostitutas creyeron en el bautismo mediante el cual Juan el Bautista pasó los pecados del mundo a Jesús? Debemos pensar una vez más sobre por qué las prostitutas y los publicanos recibieron la salvación de todos sus pecados al tener fe en la obra justa llevada a cabo por Jesucristo y Juan el Bautista. ¿Por qué tanta gente cae en la destrucción por no tener fe en este ministerio justo? Las prostitutas y los publicanos eran personas que cometían muchos pecados.
Si Juan el Bautista no hubiese hecho la obra de pasar los pecados del mundo a Jesús para siempre, las prostitutas y publicanos no habrían recibido la remisión de sus pecados, que eran más densos que la niebla. Los publicanos y las prostitutas creyeron en que el bautismo de Jesús era un bautismo para el perdón de los pecados, y por tanto, recibieron la salvación. Asimismo creyeron que Jesús era el Hijo de Dios, y que recibían la salvación eterna al tener fe en que Jesús era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Si no hubiese sido por el papel de Juan el Bautista en el Evangelio de la remisión de los pecados, ¿cómo podríamos haber creído en Jesús y haber recibido la salvación? Puede que digan: «No creo en el bautismo de Jesús, pero aún así, creo en Jesús». Si es así, ¿piensan que Jesús puede ser su Salvador sin tener fe en que sus pecados han sido redimidos gracias al bautismo de Jesús? Si es así, Jesús murió sin tomar todos sus pecados. ¿Creen que pueden nacer de nuevo al creer en Jesús? Queridos hermanos, piensen en esto una vez más.
Para ser librados de nuestros pecados y nuestro castigo, Dios envió a Juan el Bautista y Dios hizo que Jesús tomase los pecados de la humanidad a través de Juan el Bautista. Como Dios decidió pasar todos sus pecados a Jesús mediante el bautismo, si se resisten a esta decisión de Dios, no podrán recibir la remisión de los pecados. Si se opusieran al Evangelio del bautismo y la sangre de Jesús, no serían personas redimidas. Al oponerse al plan de Dios, serán una de esas personas destinadas a ir al infierno. Espero que piensen bien su razonamiento sobre cuál es la fe verdadera, basándose en la Palabra de la Verdad.
Es correcto recibir la salvación al creer en Jesús según el plan establecido por Dios. ¿Cómo son sus emociones ahora? Espero que desechen sus pensamientos y crean en la Verdad de que todos sus pecados han sido perdonados a través del bautismo que Juan el Bautista administró a Jesús. Espero que crean en la voluntad de Dios que quiere salvarnos por el agua y el Espíritu.
Si creen que todos sus pecados han sido pasados a Jesús, son justos, porque están sin pecados por fe, y los justos que creen esto van al Cielo según la ley de la gracia de Dios. Si no pueden aceptar el hecho de que sus pecados han sido pasados a Jesús por Juan el Bautista, esto significa que han rechazado la salvación de Dios. ¿Van a seguir rechazando el camino de la justicia de Juan el Bautista? Si se resisten a esta bendición, deben darse cuenta de que será como rechazar los planes de Dios por completo, y que se convertirán en personas malvadas que rechazan la Verdad con sus mentes.
Al haber bautizado a Jesús en el río Jordán, Juan el Bautista dio testimonio de Jesús el día siguiente: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Jesús recibió los pecados del mundo y 3 años después de esto, murió en la Cruz para pagar el precio de esos pecados.
Un pecado no tiene peso, no tiene color, olor, o forma, y no emite ningún sonido. Como nadie puede percibirlo por los sentidos (vista, olfato, gusto, oído, tacto), no pueden sentirlo por su cuenta. No intenten racionalizar a través de sus sentidos o emociones el hecho de que sus pecados hayan desaparecido. Las emociones cambian. Pero, gracias a la Palabra de Dios, la Verdad de que Jesús ha borrado los pecados del mundo, no cambia durante toda la eternidad.
Estoy seguro de que ahora creen en la Palabra de la Verdad de la que Juan el Bautista dio testimonio diciendo: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Jesús dio testimonio durante 3 años diciendo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14, 6) y dio testimonio de que la remisión de los pecados de la humanidad consistía en el bautismo y la sangre de Jesús. Nos dijo que viviésemos como discípulos, propagando el Evangelio del bautismo y la sangre de Jesús.
Queridos hermanos, el profeta Isaías dijo: «Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados» (Isaías 40, 2). Sí, esto es cierto. Jesús nos ha salvado al tomar nuestros pecados mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista, al morir en la Cruz por ellos, y ser resucitado. Lo primero que hizo Dios para perdonar los pecados de los seres humanos y salvarnos fue enviar a Juan el Bautista. Para salvarnos de nuestros pecados, Dios tuvo que enviar a Juan el Bautista, el embajador del Rey. La Biblia lo dice.
En el libro de Malaquías en el Antiguo Testamento 3, 1, está escrito: «He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos». Dios había prometido enviar a Juan el Bautista, un mensajero de Dios, en el libro de Malaquías en el Antiguo Testamento.
Dios hizo que los seres humanos recibiésemos el perdón de nuestros pecados a través de Jesús, por Juan el Bautista, Su siervo. Esta es la manera de preparar el camino al Cielo, al recibir la remisión de los pecados, y este es el camino de la salvación que nos ha salvado a los seres humanos. No hay otro camino de salvación. El Señor dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14, 6).
El que Jesús haya perdonado todos nuestros pecados al cargar con ellos a través del bautismo, y al morir en la Cruz, es también el camino y la Verdad que nos permite recibir la salvación. Al creer esto, podemos recibir la vida eterna. ¿Han pasado ustedes también todos sus pecados a Jesús cuando Juan el Bautista pasó los pecados del mundo a Jesús? ¿Creen en esta Verdad? Era el plan de Dios, establecido por Él y perfecto según el Todopoderoso. Si rechazan este camino no podrán entrar en el Reino de Dios. Para salvarles, Dios fue bautizado por Juan el Bautista y perdonó todos nuestros pecados. Espero que crean en el camino de la salvación que Jesús ha abierto. Espero que todos ustedes no se nieguen a entrar por el camino de la vida.
«Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mateo 11, 12). Sufrir violencia significa que la gente que cree en el hecho de que todos los pecados del mundo se pasaron a Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista, entrará con confianza en el Reino de los Cielos por fe porque no tiene pecados. Ahora el Reino de los cielos pertenece a los que creen que los pecados del mundo se pasaron a Jesús a través de Su bautismo. Quien crea en el Evangelio de la remisión de los pecados, recibirá la salvación sin falta. Queridos hermanos, ¿quién es el que prepara el camino al Reino de los Cielo por nosotros?
Cuando Dios dijo: «He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí», significa que ha preparado a Juan el Bautista de antemano para que podamos entrar en el Reino de los Cielos. Al hacer la obra que pasa nuestros pecados a Jesucristo, Juan el Bautista nos ha hecho justos, sin pecado, e hijo de Dios. Nos ha preparado para entrar en el Reino de los Cielos. Fue Juan el Bautista, un mensajero de Dios, quien preparó el camino en nuestro lugar para que pudiésemos ir al Reino de los Cielos convirtiéndose en nuestro representante. Juan el Bautista preparó el camino para que los seres humanos naciesen de nuevo.
«Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3, 13-17).
Juan el Bautista llevó a cabo la obra justa. El ministerio de Juan el Bautista, que pasó todos los pecados del mundo a Jesús, es un acto justo. Este es el Evangelio de la remisión de los pecados y la justicia de Dios, así como el camino hacia la salvación de la que Juan dio testimonio. Para poder recibir la salvación, debemos creer en el bautismo de Jesús, Su sangre derramada, y Su resurrección, que forman el Evangelio de la remisión de los pecados.
Asimismo, Jesús perfeccionó la justicia de Dios con Su bautismo. Jesús completó la salvación de la humanidad al cargar con los pecados de todo el mundo a través del bautismo de Juan el Bautista, y al morir en la Cruz después de haber perdonado esos pecados.
En el libro de Hebreos se llama a Jesús Sumo Sacerdote del Cielo de la orden de Melquizedec. No tiene genealogía, y ni siquiera es descendiente de Adán, sino que es el Hijo de Dios. Como es nuestro Creador y se llama a Sí mismo: «Yo soy el que soy», no tiene genealogía. Pero dejó la gloria del Cielo y vino al mundo para salvar a Su pueblo. Cuando el pueblo que había creado para bendecirlo intentaba buscar aire para respirar, después de haber caído en el pecado por la tentación del diablo, Él vino al mundo encarnado en un hombre y fue bautizado en el río Jordán para salvar a la humanidad de todos sus pecados.
Leamos Mateo 3, 15: «Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó». Jesús le ordenó a Juan el Bautista, un representante de la humanidad, que lo permitiese. Juan el Bautista obedeció diciendo: «Sí, así lo haré». Entonces Jesús puso la cabeza para que Juan le bautizase. Del mismo modo en que el Sumo Sacerdote había puesto las manos sobre la cabeza de un chivo expiatorio para transferir todos los pecados anuales de los israelitas, como podemos ver en el Antiguo Testamento, de la misma manera, Juan el Bautista pasó los pecados del mundo a Jesús mediante el bautismo.
 
 
La salvación de los pecados se cumplió por el principio de representación
 
Cuando un país firma un tratado con otro país, ese tratado se hace efectivo cuando los cabezas de estado de ambos países lo firman en representación de sus naciones. De la misma manera, nuestra salvación se cumplió mediante el mismo principio de representación. Juan el Bautista representaba a toda la humanidad y así pasó todos los pecados a Jesús. Entonces Jesús fue bautizado por Juan. En la palabra bautismo hay un significado espiritual: limpiar, enterrar, pasar, transferir. En el Antiguo Testamento, cuando un pecador pasaba los pecados a un animal a través de la imposición de manos, esos pecados se pasaban al animal y este tenía que morir para pagar por esos pecados.
En Levítico 16, 21 está escrito: «Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto». Como se dice en este pasaje, todos los años, el Día de la Expiación, Aarón imponía las manos sobre la cabeza del chivo expiatorio en nombre de la gente, y así los pecados de todo el pueblo de Israel se pasaban al animal a través de las manos de Aarón (Levítico 16, 20-22). Entonces, ¿tenía pecados el pueblo de Israel en ese momento? No. Por el mismo principio, a través del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista, un representante de la humanidad, la voluntad de Dios de expiar los pecados del mundo se cumplió.
En el Antiguo Testamento, el animal del sacrificio recibía los pecados del pueblo mediante la imposición de manos (Levítico 16, 21). El bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista en el río Jordán (Mateo 3, 13-17) es el mismo tipo de sacrificio de expiación. Las Palabras: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3, 13-17) tienen el mismo significado que: «Yo cumpliré toda la justicia de este mundo al cargar con los pecados del mundo después de ser bautizado por ti». La palabra así significa «Al bautizarme, y al yo recibir el bautismo». En griego es οϋτως γάρ. Estas palabras significan: exactamente de esta manera o de ninguna otra manera.
Por tanto la expresión: «Porque conviene así que cumplamos toda justicia», significa: «Es conveniente que tome todos los pecados de la humanidad, de toda la gente, de la manera más adecuada, que es mediante el bautismo». Dicho de otra manera, el Señor está diciendo: «Todo el mundo va al infierno porque tiene pecados. Todo el mundo sufre por el pecado. Todo el mundo está acosado por el Diablo. Por culpa del pecado, no pueden recibir las bendiciones. Así que, para bendecir a todo el mundo para que pueda entrar en el cielo, debo ser bautizado por ti. Eres un descendiente de Aarón, así que como representante de la humanidad debes bautizarme en nombre de todo el mundo. Yo recibiré el bautismo de ti. Al hacerlo se cumplirá toda la justicia en este mundo». Cuando Jesús le dijo a Juan el Bautista: «Bautízame», Juan el Bautista contestó: «Sí, lo haré». Entonces Juan el Bautista puso las manos sobre la cabeza de Jesús y Él tomó todos los pecados. En ese preciso instante, todos los pecados fueron pasados a Jesucristo por completo.
¿Ha habido alguna ocasión en la que Jesús haya cometido un pecado? No. Como Jesucristo fue concebido sin pecado por el Espíritu Santo, nació sin pecado. El Señor tampoco cometió pecados en este mundo. Los seres humanos nacemos con pecado, pero Jesús no. Mientras vivió en el mundo, Jesús nunca cometió un solo pecado, ni siquiera un error. Pero, ¿por qué piensan que tuvo que morir en la Cruz?
En el ministerio público de Jesucristo, lo primero que hizo fue cargar con los pecados de todo el mundo mediante Su bautismo en el río Jordán. A través del último Sumo Sacerdote, llamado Juan el Bautista, el representante de toda la humanidad, Jesús tomó todos los pecados del mundo. Por eso tuvo que morir en la Cruz. Esto es lo que Jesucristo, en sus 3 años de ministerio, quiso decir cuando, al ver a una mujer adúltera a punto de ser lapidada dijo: «Yo tampoco te condeno. Yo tampoco puedo juzgarte. Yo soy quien debe ser juzgado. Debo morir en la Cruz en tu lugar».
En el Jardín de Getsemaní, Jesús oró: «No mi voluntad, sino la Tuya». Al principio oraba: «Padre, si es Tu voluntad, aparta este cáliz de Mí». Pero pronto obedeció el plan de salvación del Padre. Aunque Jesús quería evitar la muerte si era posible, se entregó a la voluntad del Padre diciendo: «No mi voluntad, sino la Tuya», y así claramente preparó Su corazón. Sabía que era la voluntad del Padre que Él muriera. Después, fue llevado a la corte de Poncio Pilato, fue torturado, azotado como un criminal condenado a muerte hasta que su cuerpo estaba destrozado, y después fue clavado en una Cruz, medio muerto.
A la pregunta de Pilato: «¿Eres Tú Cristo? ¿Eres el Salvador? ¿El Hijo de Dios?», Jesús contestó: «Soy Yo de quien hablas. Es como tú dices». Entonces Pilato dijo: «Si dices las palabras correctas, Te soltaré. Tengo el poder para ello» y Jesús contestó: «Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene» (Juan 19, 11), y se quedó callado como un cordero ante su esquilador.
¿Por qué creen que Jesús hizo eso? La verdad es que Jesús tuvo que morir en nuestro lugar y sufrir porque había cargado con nuestros pecados mediante Su bautismo. Solo cuando Jesús recibe el castigo de la crucifixión, la batalla contra el pecado llega a su fin. Solo entonces la humanidad puede librarse del pecado y ser liberada, gracias a que Jesús se quedó callado, como un cordero siendo esquilado. Este es el Evangelio del bautismo y la sangre de Jesús que ha borrado los pecados de la humanidad.
 

El Señor ha perdonado todos los pecados del mundo por completo
 
En el Evangelio de Juan 1, 29, Juan dio testimonio de Jesús el día después de Su bautismo diciendo: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Juan el Bautista bautizó a Jesús para expiar los pecados de la humanidad. Cuando Jesús se acercó a Juan el Bautista después de que Jesús hubiese sido bautizado, Juan el Bautista dio testimonio a la gente: «Miradle. Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Como había pasado todos los pecados del mundo a Jesús mediante el bautismo, pudo dar testimonio de que Jesús era el Salvador. «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El Hijo de Dios vino al mundo para quitar todos los pecados.
En Juan 1, 35-36, Juan el Bautista dio testimonio tal y como está escrito: «El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios». El Cordero que se menciona aquí es Jesús, quien se convirtió en nuestro sustituto como el animal del Antiguo Testamento, que moría en lugar de la gente.
En nuestro lugar, el Hijo de Dios, nuestro Creador, vino al mundo y borró nuestros pecados mediante Su bautismo y derramamiento de sangre. Para cargar con nuestros pecados y expiarlos (tanto el pecado original como los personales desde la Creación hasta el fin del mundo) Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y derramó Su sangre en la Cruz.
Hace unos 2000 años, Jesús borró los pecados del mundo. Ahora utilizamos un calendario basado en el nacimiento de Jesús, que es el Dueño de toda la historia. Como ya saben, nos referimos a las fechas antes de Cristo (a.C.) o después de Cristo (d.C.).
Como en el año 30 d.C. Jesús tomó los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, este dijo al día siguiente: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Al día siguiente Juan el Bautista dio testimonio de Jesús diciendo: «He aquí el Cordero de Dios» (Juan 1, 36). Juan el Bautista dio testimonio del Evangelio de la remisión de los pecados diciendo: «Jesús tomó todos sus pecados por completo. Así que la batalla ha terminado. Están sin pecados. Por muchos pecados que tengáis, el Hijo de Dios se los ha llevado».
Queridos hermanos, Dios ha expiado todos nuestros pecados mediante el bautismo de Jesús. Después de haber pasado todos los pecados a Jesús, Juan el Bautista dio testimonio: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Juan el Bautista dio testimonio de esta Verdad para que todo el mundo creyese en Jesús. Está escrito: «Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él» (Juan 1, 7). Esta es la Palabra que aparece en el Evangelio de Juan. Si no hubiese sido por el testimonio de Juan el Bautista, ¿cómo habría sabido la gente si Jesús se había llevado los pecados del mundo o no? Aunque la Biblia dice que Jesús murió por todos nuestros pecados, Juan el Bautista fue quien testificó: «Jesús ha cargado con todos los pecados del mundo mediante Su bautismo y los ha llevado a la Cruz».
Juan el Bautista era el puente que conectaba el Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento. Era un siervo de Dios que hizo que todas las Palabras del Antiguo Testamento se cumplieran en Jesús. Al creer en esto, oro porque reciban la salvación eterna. Gracias al testimonio de Juan el Bautista y de los fieles de hoy en día, ha sido posible que la humanidad crea que Jesús fue bautizado para tomar los pecados del mundo y que por eso tuvo que derramar Su preciosa sangre en la Cruz.
Le doy gracias a Dios porque ha permitido que nuestros pecados sean expiados al enviarnos a Juan el Bautista y a Jesús.