The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 1-6] (Gálatas 1, 1-17) La fe del Apóstol Pablo y su aviso a los defensores de la circuncisión

(Gálatas 1, 1-17)
« Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos ),
y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia:
Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo,
el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,
a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre;
pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba;
y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres.
Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia,
revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre,
ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.».
 

Contexto de la epístola del Apóstol Pablo a las iglesias de Galacia

Cuando el Apóstol Pablo escribió su epístola a las iglesias de Galacia, los defensores de la circuncisión habían causado tal caos que las iglesias de Galacia estaban a punto de cerrar. Así que naturalmente, el corazón de Pablo estaba muy ansioso por si las iglesias iban a desaparecer. Las iglesias de Galacia eran la reunión de los que habían sido salvados de sus pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu predicado por el Apóstol Pablo. Gracias a su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu el Apóstol Pablo y los santos de las iglesias de Galacia pudieron ser salvados de sus pecados. Este Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio mediante el cual Jesús ha salvado a todos los pecadores de los pecados de este mundo a través del bautismo que recibió de Juan y la sangre que derramó en la Cruz. Su bautismo tenía la finalidad de tomar todos los pecados del mundo sobre Su cuerpo y pagar su precio por todos los pecados, porque el precio del pecado es la muerte.
Lo que le preocupaba al Apóstol Pablo sobre las iglesias de Galacia era la influencia creciente de los defensores de la circuncisión. La fe de los defensores de la circuncisión era así: para que uno pudiera formar parte del pueblo de Dios, no sólo debía creer en Jesús, sino que debía ser circuncidado. Los defensores de la circuncisión en las iglesias de Galacia creían que el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos dio no era suficiente y por tanto creían que debían ser circuncidados. Por lo tanto la fe de los defensores de la circuncisión era legalista y diferente de la fe que permite a todo el mundo recibir la salvación sólo por creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
A los ojos de Pablo, los santos de las iglesias de Galacia estaban cayendo bajo la influencia de la fe legalista. Por tato las iglesias de Galacia empezaron a aceptar estas enseñanzas erróneas de los defensores de la circuncisión cada vez más. Pablo no podía ignorar el alboroto causado por los defensores de la circuncisión, así que proclamó: «Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.» (Gálatas 1, 9).
El Apóstol Pablo vino para reprender la fe de los defensores de la circuncisión ya que estaba confundida y que la Verdad en la que él creía era el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, el Evangelio que el Apóstol Pablo predicó a las iglesias de Galacia era el Evangelio del agua y el Espíritu, no la creencia de la circuncisión. En Gálatas 3, 27-28 podemos descubrir que la fe de Pablo creía en el Evangelio del agua y el Espíritu manifestado en la Biblia: «porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.».
Como el Evangelio en el que creyó y predicó Pablo era el Evangelio del agua y el Espíritu, les advirtió a los defensores de la circuncisión que serían malditos por Dios. También dejó claro que no había aprendido su Evangelio del hombre, ni provenía del hombre y muchos menos estaba relacionado con la circuncisión del Antiguo Testamento. En realidad el Evangelio del agua y el Espíritu en el que Pablo creyó era el Evangelio de salvación del que había testimonio en el Antiguo y Nuevo Testamento. La fe de Pablo creía en la salvación a través de la revelación de Jesucristo.
Por tanto la fe de Pablo era claramente distinta a la fe de los cristianos de hoy en día que creen que pueden borrar sus pecados mediante oraciones de penitencia. Los cristianos de hoy creen equivocadamente que pueden borrar sus pecados diarios al ofrecer oraciones de penitencia a Jesús. Debemos darnos cuenta de que esta fe legalista, tanto la fe de los defensores de la circuncisión como la de las oraciones de penitencia, es incorrecta y nos lleva de vuelta a la esclavitud de la Ley.
En tiempos de la Iglesia Primitiva, los defensores de la circuncisión estaban muy activos en las iglesias de Galacia y se asemejaban a los cristianos de hoy en día que están convencidos de que pueden borrar sus pecados mediante oraciones de penitencia. Pero debemos darnos cuenta de que la fe de las oraciones de penitencia está equivocada. Pero como muchos cristianos creen que pueden borrar sus pecados mediante oraciones de penitencia, se han convertido en creyentes estúpidos. Por tanto, la fe en las oraciones de penitencia está totalmente equivocada. Ahora es esencial para todo cristiano que se de cuenta de la importancia del hecho de que las oraciones de penitencia están equivocadas. Este tipo de fe está equivocada y está en contra del amor justo de Dios.
Pero incluso ahora esta creencia de que los pecados se pueden borrar a través de oraciones de penitencia persiste en todos los cristianos. Lo que ellos afirman es que la gente debe creer en Jesús y Su obra, pero además deben creer en las oraciones de penitencia. Para ilustrar esta creencia, diré que tiene mucho que ver con la creencia sin fundamentos de los defensores de la circuncisión, que argumentaban que uno puede formar parte del pueblo de Dios si se circuncida, aparte de creer en Jesús como su Salvador. El problema es que este tipo de fe distorsiona el cristianismo incluso hoy en día. La Iglesia Primitiva se encontró con un problema similar, ya que en aquellos días había gente en la Iglesia que insistía en la circuncisión.
Entre los cristianos de hoy en día que creen en las oraciones de penitencia y entre los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿qué fe es la correcta? La fe de los últimos que se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio a través del cual Jesús nos salvó. Nuestro Señor nos ha traído la salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha librado de los pecados del mundo. Este Evangelio bíblico que predicamos ahora es diferente al Evangelio que afirma que los pecados se pueden borrar a través de las oraciones de penitencia.
Debemos conocer la Verdad de la salvación correctamente. El Evangelio del agua y el Espíritu afirma que nuestro Señor nos ha librado de todos nuestros pecados al cargar con los pecados de este mundo de una vez por todas mediante Su bautismo recibido de la mano de Juan, al derramar Su sangre y morir en la Cruz y al levantarse de entre los muertos. Por tanto debemos reconocer que el Evangelio del agua y el Espíritu es la perfecta Verdad de salvación que Dios nos ha dado y debemos creer en ella. Este es el único Evangelio perfecto al que no le falta nada y por tanto es muy diferente del pseudo-evangelio que prevalece hoy en día y que afirma que los pecados se pueden borrar a través de oraciones de penitencia.
El Evangelio del agua y el Espíritu es el paralelo perfecto del sistema de sacrificios establecido por la Ley: en el Antiguo Testamento, los israelitas recibían la remisión de los pecados al poner las manos sobre la cabeza de las ofrendas y al matar a los animales. Asimismo en la época del Nuevo Testamento, todos los pecadores pueden ser salvados incondicionalmente al creer en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y Su derramamiento de sangre. Por tanto, insistir en la circuncisión del Antiguo Testamento en vez de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, o insistir en las oraciones de penitencia en esta época del Nuevo Testamento, no es tener verdadera fe.
En realidad debemos saber que los que insisten en las oraciones de penitencia se formaron a partir de los defensores de la circuncisión de la era de la Iglesia Primitiva. En ese momento, algunos de los que habían entrado en las iglesias de Galacia no confiaron en los perfectos méritos de Jesucristo que había borrado todos sus pecados a través del bautismo de Jesús y al derramamiento de su preciosa sangre en la Cruz, sino que afirmaban que para convertirse en el pueblo de Dios había que circuncidarse después de creer en Jesús como su Salvador.
En el cristianismo de hoy en día, mucha gente cree que los cristianos tienen que ofrecer oraciones de penitencia todos los días para ser perdonados por sus pecados. Esta es la desafortunada realidad del cristianismo de hoy en día. La doctrina de la santificación incremental y la doctrina del arrepentimiento están arraigadas firmemente en los corazones de la mayoría de los cristianos. Estas doctrinas del arrepentimiento y de la santificación incremental obran en los corazones de los cristianos de hoy en día y hacen que no puedan abrir sus ojos espirituales. Pero ustedes deben reconocer que todas estas doctrinas hipotéticas son afirmaciones sin fundamento que vienen de los pensamientos humanos. Son doctrinas falsas y malvadas.
Por tanto la doctrina del arrepentimiento que prevalece en el cristianismo de hoy en día es falsa y muy diferente al Evangelio del agua y el Espíritu revelado en la Biblia. Sin embargo, como los defensores de la circuncisión, los cristianos de hoy en día han caído en la falacia, y aún así no hay casi nadie que pueda señalar las falacias de estas doctrinas humanas y enseñarles la verdad. Como la gente ha creído durante mucho tiempo que pueden borrar sus pecados mediante las oraciones de penitencia, no creen que haya ningún error en esta doctrina «ortodoxa» del arrepentimiento.
Sin embargo el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado es el mismo Evangelio en que creyeron los apóstoles Pablo y pedro (1 Pedro 3, 21; Gálatas 3, 27). Por tanto el Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio de Verdad puro y perfecto. Desde ahora en adelante todos debemos conocer el Evangelio del agua y el Espíritu en toda su pureza y creer en él de corazón, porque este Evangelio es el único verdadero Evangelio manifestado a través de la revelación de Jesucristo. 
 

La perfecta salvación que vino a este mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu

Nuestro Señor cargó con los pecados de mundo a través de Su bautismo y los llevó consigo durante tres años, fue crucificado y derramó Su sangre hasta morir, se levantó de entre los muertos a los tres días y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios Padre. Ahora sigue siendo el Salvador eterno de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Así los que querían ser librados de todos sus pecados pudieron ser perdonados para siempre y de una vez por todas al creer en este Evangelio de Verdad. Por tanto quien quiso borrar sus pecados por siempre se salvó para siempre si creyó en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón.
Sin embargo, como la doctrina del arrepentimiento, diferente del Evangelio del agua y el Espíritu, es una falsa doctrina que no puede librarnos de los pecados de este mundo, y por muy fervientemente que los cristianos de hoy en día ofrezcan oraciones de penitencia, sus pecados no pueden desaparecer. Al final intentar borrar sus pecados a través de la fe solo en el derramamiento de sangre en la Cruz y a través de sus oraciones de arrepentimiento, sólo se producen creencias fútiles. Por eso los cristianos de hoy en día que intentan borrar sus pecados a través de sus oraciones de penitencia no pueden conseguir su meta.
El Apóstol Pablo encontró muchas dificultades mientras intentaba predicar el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos dio a los creyentes de su época. Esto se debía a que ya se les había enseñado las doctrinas de la circuncisión. Como muchos cristianos no conocían la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu desde el principio, todavía creen en doctrinas cristianas sin sentido originadas por el hombre. Aunque el Evangelio del agua y el Espíritu está siendo predicado incluso ahora mismo delante de sus narices, muchos cristianos siguen sin poder aceptarlo. También es difícil para nosotros predicar el verdadero Evangelio a todos los cristianos que sufren por sus pecados que están intactos en sus corazones.
Por supuesto entiendo que como sólo han conocido esta doctrina imperfecta del arrepentimiento hasta ahora, les llevara tiempo vaciar sus pensamientos. Ellos han aprendido y creído solamente en la doctrina del arrepentimiento como la manera de borrar sus pecados personales, por eso es normal que se sientan extraños al oír el Evangelio del agua y el Espíritu. Los que todavía creen en la doctrina del arrepentimiento deben vaciar sus corazones primero, aunque no sea fácil porque han creído en esta doctrina errónea durante tanto tiempo.
La fe de Pablo, como se dice en Gálatas 3, 27, era así: «porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. ». Su fe estaba puesta en la Verdad de que Jesús borró nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan y el derramamiento de Su sangre en la Cruz. Dicho de otra manera, creyó en el Evangelio del agua y el Espíritu que pudo borrar todos sus pecados de una sola vez y hacerle parte del pueblo de Dios. También debemos tener esta fe como el Apóstol Pablo.
La fe del Apóstol Pablo descansaba en el hecho de que Jesucristo nació en este mundo, tomó los pecados de Pablo y de toda la humanidad de una sola vez cuando fue bautizado por Juan y derramó Su sangre por él. A través de esta fe, Pablo pudo confesar que fue bautizado en Jesucristo, que murió con Jesucristo y resucitó con Jesucristo. Como Pablo, nosotros debemos creer que Jesús cargó con los pecados de este mundo de una vez por todas a través de Su bautismo, los llevó a la Cruz, fue crucificado de pies y manos, derramó Su sangre y murió para pagar el precio de nuestros pecados, y al final se levantó de entre los muertos. Esta es la única fe bíblica que merece ser aprobada por Dios. Por tanto su fe no debe ser legalista, sino que debe ser la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 

¿Qué debemos considerar una vez más?

Aquí hay algo que debemos considerar una vez más y asegurarnos de algo antes de seguir. Esta es la pregunta de si Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu, o si ha determinado que nuestros pecados sean borrados a través de nuestras oraciones de penitencia. La pregunta, en otras palabras, es : ¿debemos aferrarnos al Evangelio del agua y el Espíritu o a nuestras oraciones de penitencia?
¿Cómo nos ha salvado nuestro Señor de todos nuestros pecados? Debemos examinarnos para ver si de verdad creemos en Jesús según la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Primero les pido que vuelvan a la condición de sus corazones antes de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y se examinen a sí mismos. Tuvimos que preguntarnos si teníamos pecados o no antes de conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Ha borrado el Señor nuestros pecados al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿O borró nuestros pecados a través de nuestras oraciones de penitencia? Si creemos que lo último nos ha librado de nuestros pecados, la salvación de Dios no viene por Su gracia, sino que es algo que podemos conseguir mediante nuestras propias obras. Pero en realidad la salvación de Dios viene dada por Su gracia a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Está su fe puesta en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿O creen en sus propias oraciones de penitencia? De estos dos evangelios, el primero es el perfecto Evangelio que borra todos nuestros pecados de una vez si creemos en él. Nuestro Señor tomó todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan, derramó Su sangre en la Cruz y así nos salvó de nuestros pecados. Tuvimos que meditar sobre la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y entenderla bien antes de convertirnos en creyentes. ¿En qué evangelio creen ustedes? ¿En el Evangelio del agua y el Espíritu? El Evangelio a través del que nuestro Señor ha borrado nuestros pecados de una vez por todas es la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
Al creer ahora en el Evangelio del agua y el Espíritu que se nos ha dado, hemos podido borrar todos nuestros pecados. Todos debemos ser capaces de tener fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. No debemos creer en las oraciones de penitencia en las que muchos cristianos creen, ni predicarla. Si hemos sido perdonados por todos nuestros pecados a través de las oraciones de penitencia, no tendríamos que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero no pueden negar que había pecado en sus corazones antes de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, por mucho que ofrecieran oraciones de penitencia todos los días.
Pero ustedes y yo ahora creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y nuestros pecados son borrados al creer en él. ¿Aprendieron este Evangelio del agua y el Espíritu en el que creen de la gente de este mundo? ¿O vino de Dios? Este Evangelio que tenemos no viene del hombre, sino de nuestro Señor. El Evangelio del agua y el Espíritu que tenemos es el Evangelio de la Verdad de la salvación que Dios nos ha concedido. Por tanto el Evangelio del agua y el Espíritu no viene del hombre, sino que es el Evangelio de salvación que viene de Dios. Hoy en día es gracias a nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que tenemos la fe que hace posible que seamos salvados de todos nuestros pecados.
Dios nos ha permitido hacer que todo el mundo conozca el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, nos ha dado el ministerio de la reconciliación (2 Corintios 5, 18). Damos gracias al Señor por hacernos difundir el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo sin corromperlo. Estoy seguro que ustedes también se regocijan en el hecho de ser predicadores del Evangelio del agua y el Espíritu.
Doy gracias al Señor todo el tiempo por darme la salvación verdadera a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Desde que conocimos a nuestro Señor a través de este Evangelio de Verdad, hemos podido continuar predicando el verdadero Evangelio. Sin embargo algunos me dice: «Me gustaría que dejarán fuera el bautismo de Jesús cuando predican el Evangelio». Pero no puedo acceder a sus peticiones. Así que podemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado tal y como es.
Ustedes también deben estar eternamente agradecidos a Dios por permitirnos conocer el Evangelio del agua y el Espíritu que contiene Su justicia. El Evangelio del agua y el Espíritu en el que creemos hoy no viene del hombre, sino que viene de Dios, y por tanto es la Verdad eterna que nunca cambia. Todos los que han encontrado el Evangelio del agua y el Espíritu y creen en él son los que han recibido bendiciones abundantes de Dios.
Sin embargo, aparte del verdadero Evangelio, los evangelios legalistas que provienen del hombre han hecho que muchos cristianos sean pecadores atormentándolos así. Los que creen que sus oraciones de penitencia son una manera de limpiar sus pecados estar extendiendo la confusión a mucha gente que no conoce a Jesús adecuadamente. Esta gente afirma que aunque el pecado original fue perdonado cuando creyeron en Jesucristo, deben ofrecer oraciones de penitencia todos los días para borrar sus pecados personales. Creen que una fe adecuada requiere que recen toda la noche, que ayunen, que hagan obras de caridad y muchos sacrificios. Pero su fe confusa es la misma fe que la de los defensores de la circuncisión porque las dos requieres obras humanas como complemento para su salvación. Este tipo de fe no es más que una creencia legalista, ya que afirman que las oraciones de penitencia son necesarias para borrar sus pecados.
Sin embargo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que viene de Dios se salvaron a través de la fe en este verdadero Evangelio. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que viene de Dios pudimos ser salvados de todos nuestros pecados perfectamente y tenemos pruebas de que hemos sido salvados perfectamente en nuestros corazones, y por eso podemos dar testimonio de nuestra salvación seguros de ello. Asimismo, como el Evangelio del agua y el Espíritu es la perfecta Verdad que nos permite recibir la remisión de los pecados, podemos profesar convencidos que no tenemos pecados en nuestras conciencias.
Doy gracias al Señor por darnos este perfecto Evangelio del agua y el Espíritu y por permitirnos predicarlo ayer y hoy. Es una gran bendición y una gran gloria de Dios que ahora podamos predicar este Evangelio de Verdad por todo el mundo. Si no tuviéramos que predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y predicásemos un evangelio legalista en este mundo, nadie podría ser salvado del pecado, ni una sola persona podría. Si hubiéramos estado predicando un evangelio legalista en vez del Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, se hubieran reído de nosotros. Nos hubieran dicho: «¡Tontos! Hemos sabido esto durante cientos de años y aquí están predicando lo mismo. ¿Quién predica a quién?».
Sin embargo recibimos cartas de apreciación y testimonios de todo el mundo, dando testimonio de cómo escucharon el Evangelio del agua y el Espíritu, de lo agradecidos que están y de cómo han sido salvados. Ahora mismo, por todo el mundo, estamos difundiendo el Evangelio del agua y el Espíritu que recibimos de Dios. Como predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu que proviene de Dios, podemos predicarlo con confianza ante todo el mundo.
 

El Evangelio del agua y el Espíritu es la fuente de la que proviene la reforma de la fe que ya no se practica

El Evangelio del agua y el Espíritu tiene un significado más importante que el de la Reforma del siglo XVI llevada a cabo por Lutero, en la que se instaba a volver a la Biblia. Una reforma de la fe es tan importante que no se puede comparar con los logros de la Reforma de Lutero se encuentra en el Evangelio de poder de Dios, el Evangelio del agua y el Espíritu. El Evangelio del agua y el Espíritu es mucho mayor y más poderoso que cualquier otra cosa. En oposición a los clérigos que vendían indulgencias para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro, Lutero escribió sus 15 Tesis en protesta. Como resultado de esta acción se convirtió en el pionero de la Reforma sin quererlo.
Sin embargo creyó sólo que la salvación consistía en la sangre derramada en la Cruz y que se podía conseguir mediante oraciones de penitencia. Así que entre las doctrinas católicas, mantuvo la creencia del bautismo de los niños pequeños y la doctrina de la transubstanciación. Sin embargo el verdadero Evangelio en que creían los apóstoles era el Evangelio del agua y el Espíritu, y las enseñanzas de los reformistas eran muy diferentes a este Evangelio. Los reformistas habían sustituido el sacramento católico de la penitencia por la doctrina de las oraciones de penitencia. Esta doctrina era completamente distinta a la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
El Evangelio del agua y el Espíritu no es una invención del hombre, sino que viene de Dios. Por eso este verdadero Evangelio no puede sustituirse para siempre. Por el contrario, la fe en las oraciones de penitencia es una invención humana que afirma que aunque el pecado original se perdonó en el momento en el que se aceptó a Jesús como Salvador, los pecados personales sólo pueden borrarse cuando se ofrecen oraciones de penitencia. Este es un evangelio erróneo para las personas que persiguen la justicia humana y es diferente al verdadero Evangelio en el que creían los apóstoles y que predicaron.
Aquellos que creen en este evangelio legalista pueden haber pensado que podían librarse de sus pecados a través de su fidelidad religiosa, pero su entusiasmo acabó siendo en vano puesto que siguen siendo pecadores por muchas oraciones de penitencia que recen. La razón por la que esta gente no puede librarse de sus pecados es que siguen aferrándose a la doctrina absurda de las oraciones de penitencia, sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cómo pueden los legalistas borrar sus pecados a través de una fe sin fundamento? Para decirlo de otra manera, cuando la gente comete más pecados en un día que pelos tienen en su cabeza, ¿cómo pueden borrarlos de una vez? Es imposible borrar los pecados confiando en doctrinas humanas religiosas. Está claro que un evangelio legalista como este se rebela contra la Verdad con la que el Señor ha borrado los pecados del mundo de una sola vez.
El Apóstol Pablo quería predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo y también quería corregir la fe de los defensores de la circuncisión. Por tanto, nosotros también nos alegramos cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Considero muy gratificante que estemos predicando el Evangelio juntos por todo el mundo desde la Iglesia de Dios.
Estamos difundiendo la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo al publicar libros en muchos idiomas diferentes. Este Evangelio del agua y el Espíritu que predicamos ha demostrado a nuestros lectores lo que es la salvación definitiva. Consecuentemente hemos recibido testimonios de salvación de todos los rincones del mundo: de prisiones, hospitales, escuelas e individuos. La gente de todo el mundo nos cuenta que han sido inspirados al leer el Evangelio del agua y el Espíritu. Una persona nos envió este testimonio: «Estoy de acuerdo con el Evangelio del agua y el Espíritu que están predicando, y estoy de acuerdo con el método que utilizan para difundir este Evangelio. El Evangelio que ustedes predican es muy simple, convincente y muy claro».
¿Por qué nos envían estos testimonios de salvación? Dicen que es porque nunca habían oído el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu hasta ahora aunque se había considerado cristianos mucho antes. Es porque no habían escuchado el Evangelio del agua y el Espíritu, ni habían visto a nadie predicarlo y por eso no podían creer.
El Evangelio que habían escuchado hasta ahora no era el Evangelio del agua y el Espíritu. Como la gente no podía creer en el Evangelio del agua y el Espíritu ni conocerlo, continuaba viviendo con sus pecados en sus corazones hasta hoy. A través de su fe legalista, que es diferente del Evangelio del agua y el Espíritu, ninguno de ellos pudo borrar sus pecados.
Algunos teólogos dijeron: «Hemos sido salvado de nuestros pecados, ahora estamos en proceso de salvación, y seremos salvados perfectamente en el futuro». ¿No es esa una contradicción como consecuencia de la doctrina de la santificación incremental de la que hablan los teólogos? Durante cientos de años desde la Reforma, los teólogos han enseñado tonterías y predicado un evangelio incierto.
Ahora la gente empieza a entender claramente lo que significa su existencia y lo que es el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicen: «Estoy totalmente de acuerdo con este Evangelio del agua y el Espíritu que están predicando». Algunos dijeron: «Me encantaría poder usar los libros que hablan del Evangelio del agua y el Espíritu como libros de texto para el estudio de la Biblia en mi iglesia». Otros testificaron: «Este libro es tan claro que da esperanza a la gente que está entre rejas. Este Evangelio de Verdad les permite recibir el verdadero don de la salvación y les hace más que suficientes para entrar en el Reino de los Cielos. Doy gracias a Dios por darnos el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de Verdad que nos hace hijos de Dios sin falta».
 

¿Todavía confían en sus oraciones de penitencia?

No debe haber defensores de la circuncisión en el cristianismo de hoy en día, pero aún así hay muchos cristianos que confían en sus oraciones de penitencia. ¿Es la fe de los que insisten en las oraciones de penitencia una fe estúpida? Sí. Esta fe está basada en la doctrina del arrepentimiento y es incapaz de librar a la gente de sus pecados. Cuando comparamos el evangelio que prevalece en la mayoría de la cristiandad con el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos averiguar qué evangelio es el verdadero Evangelio y cuál es el falso. Así el Evangelio del agua y el Espíritu es un Evangelio claramente diferente del evangelio que prevalece que no puede sostenerse sin el suplemento de las oraciones de penitencia.
¿Cómo, entonces, podemos diferenciar el verdadero Evangelio del falso evangelio? Podemos distinguirlos cuando los separamos y los comparamos. Cuando conocemos el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu y creemos en él, no en el evangelio que insiste en las oraciones de penitencia, experimentamos como nuestros pecados se borran de nuestros corazones. En contraste, las oraciones de penitencia atan a lo cristianos al pecado aunque crean en Jesús, haciendo que continúen viviendo como pecadores siempre. Por tanto está claro que la gente necesita el Evangelio del agua y el Espíritu que puede borrar todos sus pecados de una vez por todas. Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu ahora, todos podremos recibir la remisión de los pecados, y como resultado, recibiremos el don del Espíritu Santo y vivir confiados ante Dios como justos.
Si, por el contrario, ponen su fe en la doctrina del arrepentimiento, aunque al principio estarán bien, al pasar el tiempo, estarán esclavizados por sus pecados y al final acabarán con más pecados de los que tenían antes de creer en Jesús. Si no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y se aferran a las oraciones de penitencia, seguirán siendo pecadores.
¿Hay alguien entre ustedes que haya recibido el Espíritu de Dios como un don antes de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Hubo alguna vez en que, antes de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, recibieran el fuego del Espíritu Santo? ¿Han hablado en lenguas, diciendo cosas que nadie puede entender?
Puede que crean que es así, pero deben recordar que todas estas cosas ocurrieron antes de recibir el Evangelio del agua y el Espíritu. Puede que hayan experimentado esas cosas antes de conocer y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero deben saber que pueden experimentar esas cosas en las muchas religiones paganas del mundo. Por tanto no deben creer en esas experiencias como prueba de su salvación.
En contraste, yo experimente la verdadera remisión de mis pecados y las bendiciones de convertirme en un hijo de Dios cuando creí en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu de corazón. Ahora, en mi corazón, el Espíritu Santo ha descendido como una paloma. Junto con el Evangelio del agua y el Espíritu, el Espíritu Santo vive en los corazones de todos los creyentes y siempre está con ellos. Al venir el Espíritu Santo a mi corazón mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, ha convencido a mi corazón para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo e incluso ahora hace que sirva a la obra de Dios. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que permite a la gente recibir el Espíritu Santo. Al creer en este verdadero Evangelio hemos podido ser salvados de todos nuestros pecados y recibir el Espíritu de Dios como un don.
Mis queridos hermanos, debemos entender el corazón del Apóstol Pablo. Debemos saber apreciar lo que el Apóstol Pablo tenía en mente cuando dijo que la iglesias de Galacia serían malditas si predicaban otro evangelio, y debemos darnos cuenta de que no podemos borrar nuestros pecados a través de las oraciones de penitencia. Esto es posible sólo si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Afortunadamente ustedes y yo hemos encontrado la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos dio, la escuchamos en nuestros corazones y creímos en esta Verdad. Sin embargo algunos dicen que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pero aún así confían en las oraciones de penitencia todos los días.
Esta creencia esta confusa y no tiene sentido. No hay otra Verdad que la del Evangelio del agua y el Espíritu a través de la que nuestro Señor nos ha salvado de nuestros pecados. Si no predicamos este verdadero Evangelio del agua y el Espíritu, Dios nos maldecirá.
Mi corazón está enormemente agradecido al Señor. La gente a la que predico cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Estoy agradecido a Dios por permitirme servir al Evangelio del agua y el Espíritu con Su Iglesia, en vez de hacerlo yo solo.
El Evangelio del agua y el Espíritu será predicado por toda la tierra pronto. Ahora, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón, todo aquel que busca la verdad recibirá la remisión de sus pecados. Damos gracias a Dios por darnos el Evangelio del agua y el Espíritu y rezamos por que este Evangelio sea difundido por todo el mundo. ¿Cómo podemos quedarnos el Evangelio del agua y el Espíritu para nosotros mismos? En obediencia a la voluntad de Dios queremos predicar este Evangelio de Verdad por todo el mundo. Y pase lo que pase con nosotros, debemos preservar el Evangelio del agua y el Espíritu para que no se pervierta. Entonces estoy seguro de que podremos difundir el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo hasta el día en que nuestro Señor vuelva. Esta es la voluntad de Dios. Por tanto espero y rezo por que todos pensemos en la voluntad de Dios, miremos más allá mientras difundimos el Evangelio del agua y el Espíritu que manifiesta la justicia del Señor y por que estemos agradecidos. No puedo estar más agradecido a Dios por darnos el Evangelio del agua y el Espíritu.
Muchos cristianos creen en la teoría de la pretibulación rapture, pero esta teoría se aleja de la Palabra de Dios. Sus defensores creen que el Señor vendrá y se los llevará antes de que empiece la Gran Tribulación y que sólo entonces empezará la Tribulación en pleno auge. Como creen en esto, siempre están contentos y no les importa que el mundo esté lleno de oscuridad o no, por eso alaban a Dios, convencidos de que irán al Reino de los Cielos. Así que alaban a Dios con gran griterío, como si gritaran.
Sospecho que cantan así porque les resulta difícil creer en esta teoría pero aún así quieren creer más fervientemente y fanáticamente. Sin embargo nuestro Señor no mencionó la teoría de la pretribulation rapture en Apocalipsis. Deben darse cuenta de que esta teoría es falsa.
 

Dios nos habló del Evangelio del agua y el Espíritu desde el principio

Al creer en la Palabra de Dios ciegamente, muchos cristianos de hoy en día dicen: «¿Qué dicen las Escrituras? “Abraham creyó en Dios y se le contó como justicia” Esto ocurrió 400 años antes de que Dios diera estatutos detallados del sistema de sacrificios a través de Moisés. ¿No se le tomó por justo a Abraham por creer en Su Palabra incondicionalmente?».
Así que si le preguntamos si es absolutamente necesario creer en el bautismo de Jesús, ellos insisten tercamente que está bien creer sólo en la crucifixión de Jesús. Pero esta afirmación no es más que lo que dicen los tontos que no entienden la providencia divina de salvación. La Biblia habla del Evangelio del agua y el Espíritu desde el principio y luego lo aclara cada vez más. Desde los días de Adán y Eva, Dios dijo que si alguien pecaba, debía ofrecer un sacrificio y pagar el precio del pecado con la muerte del animal. Obedeciendo la voluntad de Dios, Abel ofreció su sacrificio por el pecado, sacrificando al primogénito de su rebaño. Así el Señor respetó a Abel y su ofrenda, pero no respetó a Caín y su ofrenda. ¿Por qué? Porque Caín quería acercarse a Dios a su manera, mientras que Abel obedeció a Dios. Más adelante, Dios le dio a Su pueblo el sistema de sacrificios del Tabernáculo. Durante la época del Tabernáculo, Dios dijo que antes de que un pecador ofreciese un sacrificio a Dios, primero tenía que imponer las manos sobre su cabeza para pasarle los pecados (Levítico 1, 4).
Cuando Dios le prometió a Abraham: «Haré que tu descendencia sea tan grande como el número de estrellas en el cielo y les daré la tierra de Canán». Como señal de estas dos promesas, Dios le dijo a Abraham que le ofreciera una vaquilla de 3 años, una cabra de tres años, un macho cabrío de tres años, un tortola y una joven paloma. Esto implica que Dios estaba pidiendo sacrificios para expiar los pecados. Y a través de la imposición de manos todos pasaban sus pecados a estos animales expiatorios que se usaron como ofrenda para el pecado, holocaustos u ofrendas de paz, y ofrecían la sangre como sacrificio a Dios. Por fin, cuando Dios dio a Su pueblo este sistema expiatorio, también dio estatutos detallados sobre cómo expiar los pecados: el pecador tenía que pasar sus pecados al imponer sus manos en la cabeza de un animal expiatorio puro y ofrecer su sangre y carne a Dios como sacrificio en el Tabernáculo. Esto nos dic que en la época del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel borraba sus pecados mediante la fe, a través de la imposición de manos en el animal expiatorio y su derramamiento de sangre.
Dios nos estaba diciendo, en otras palabras, que todos los que vivimos en la época del Nuevo Testamento no debemos ignorar el bautismo que Jesús recibió de Juan cuando profesen creer en Él como su Salvador. Por supuesto que deben creer también en la sangre que Jesús derramó en la Cruz. Si ustedes sólo creyeran en la sangre derramada en la Cruz, sin darse cuenta de la verdad de que Jesús aceptó los pecados de la humanidad de una sola vez al ser bautizado por Juan, su fe sería como pedirle a un boxeador que lanzara un puñetazo al aire. Estas creencias no pueden llevar a la gente a tener la fe correcta en Jesús ni recibir la completa remisión de los pecados, porque sus pecados permanecen intactos en sus corazones.
La mayoría de los cristianos de hoy en día creen en su denominado evangelio, que no es la Verdad de salvación. Están fuera de Jesucristo, porque no creen en la Verdad del agua y el Espíritu, sino en otro evangelio. Algunos de ellos creen que han sido perdonados por sus pecados al creer en la sangre de Jesús en la Cruz. Pero, sinceramente, no pueden negar que sus pecados permanecen intactos en sus corazones. Dios dijo que nos había salvado  del pecado en estas generaciones malvadas con Su perfecto Evangelio. Los verdaderos creyentes no creen que Jesús viniera sólo por un medio evangelio, es decir, el evangelio de la sangre derramada en la Cruz. Por el contrario, creen que el Señor vino a este mundo a través del agua, la sangre y el Espíritu (1 Juan 5, 4-7). Debemos convertirnos en los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Si el Señor nos ha salvado completamente de estas generaciones malvadas, está claro que nos ha salvado de nuestros pecados, no a través de nuestras oraciones de penitencia, sino a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Si hay alguien que busque otra manera de borrar sus pecados que no sea el Evangelio del agua y el Espíritu, está cometiendo un grave error. Jesucristo vino a este mundo a salvar a los pecadores de este mundo de sus pecados, y lo ha hecho de una vez por todas mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Al recibir el bautismo en Su propio cuerpo por nuestros pecados, al morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos, nos ha dado la verdadera salvación. Ahora, hemos recibido el don del Espíritu Santo y hemos sido perdonados de todos nuestros pecados y de la condena al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos darnos cuenta sin duda de que nos hemos convertido en hijos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Está escrito en Romanos 2, 28-29: « Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne;
sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios ». Esto significa que tenemos que ser circuncidados espiritualmente para ser el pueblo de Dios.
¿Qué tipo de fe nos permite ser circuncidados espiritualmente ante Dios? Es la creencia de que el Señor fue bautizado por Juan el Bautista para tomar los pecados del mundo de una vez por todas en Su cuerpo, derramó Su sangre por nosotros, y así nos ha salvado. Cuando nuestro Señor fue bautizado por Juan, todos nuestros pecados se pasaron a Jesús. Al creer en esta Verdad somos circuncidados espiritualmente. Cuando creemos que Jesucristo aceptó todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan, podemos ser circuncidados espiritualmente y convertirnos en descendientes de Abraham. Al poner nuestra fe en la Palabra de Dios, debemos ser circuncidados espiritualmente. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos convertirnos en el pueblo de Dios.
Muchos cristianos de hoy en día no entienden la promesa de la circuncisión espiritual y por eso se dedican a las oraciones de penitencia aún creyendo en Jesús. Son así porque estas creencias son una fe legalista. La verdadera fe espiritual que Dios nos ha dado es creer que Jesús ha borrado nuestros pecados con la verdad del hilo azul, púrpura y escarlata y el lino fino entretejido que mostraba cómo funcionaba el Tabernáculo. En la época del Nuevo Testamento, nuestro Señor nos ha revelado la Verdad de la salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Tomó nuestros pecados y los borró una vez por todas. Y ahora, quien crea en este Evangelio de Verdad puede alcanzar la verdadera salvación de Dios.
Debemos distanciarnos de los que intentar satisfacer sus deseos carnales con la Palabra de Dios, porque al estar llenos de deseos carnales, se aferran a sus propias oraciones de penitencia, aunque el Evangelio del agua y el Espíritu esté justo delante de sus narices. Algunos intentan dominar a la gente en nombre de Dios. Pero Dios ha cegado las mentes espirituales de esta gente que desea satisfacer a la carne y que son infieles, para que no encuentren Su Verdad de la salvación fácilmente. Este Evangelio de Dios es como un tesoro que alguien escondió en su campo. Dios no quiere estar con los que desobedecen el Evangelio del agua y el Espíritu. Quiere estar, a través de la Verdad de salvación, con aquellos de nosotros que reconocen Su Palabra que dice: «Es por tu salvación que el Hijo fue bautizado y derramó Su sangre en la Cruz».
 

¿Cuál es la verdadera circuncisión espiritual?

Cuando los israelitas tenían que ofrecer un sacrificio espiritual a Dios por sus pecados, lo primero que hacían era imponer las manos sobre la ofrenda para pasar sus pecados. Al hacerlo, podía sacar sus pecados de sus corazones. Así, la circuncisión de fe es conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él. Dios le dijo a Abraham que se circuncidara en la carne, diciendo: «Tú y tus descendientes varones debéis ser circuncidados a los 8 días del nacimiento». Un niño de 8 días es tan joven que su prepucio todavía está rojo. Se llevaba a circuncidar a los bebés de esa edad y se les cortaba el prepucio de la punta de su pene. Si algún israelita no había sido circuncidado, no pertenecía al pueblo de Dios. Por tanto todo israelita, incluso los esclavos barones que venían de lejos, tenían que ser circuncidado a los 8 días de nacer. Así que vemos en la Biblia que Jesús también había sido llevado al Templo para ser circuncidado a los 8 días de nacer.
La Biblia dice: «y la circuncisión es la del corazón» (Romanos 2, 29) y según esta la circuncisión espiritual consiste en recibir la remisión de los pecados en el corazón, no en recibir la circuncisión de la carne. «Nuestros pecados fueron pasados a Jesucristo. Jesucristo tomó todos nuestros pecados de este mundo de una vez por todas al ser bautizado por Juan», creer en esto es estar circuncidado espiritualmente. A no ser que creamos en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, no podemos convertirnos en el pueblo de Dios (Juan 3, 1-7). Quien tenga la prueba de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es un hijo de Dios, tal y como la promesa que Dios le hizo a Abraham a través del estatuto de la circuncisión. Dios prometió: «Si alguien no es circuncidado en la carne, no pertenece al pueblo de Dios, pero quien sea circuncidado en la carne, aunque sea un siervo que venga de los gentiles, para este la circuncisión es una prueba de que pertenece al pueblo de Dios».
Por tanto, si nuestros corazones han sido circuncidados espiritualmente, es decir, si tenemos fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, somos parte del pueblo de Dios; por tanto, si no tenemos esta fe en el Evangelio del agua y el Espíritu no somos parte del pueblo de Dios. Cuando Dios hace la distinción de si estamos o no circuncidados espiritualmente, mira si tenemos o no fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y sobre esta base determina si somos parte de Su pueblo o no. Dios no nos juzga por nuestras acciones, sino que nos juzga según nuestra fe. Por eso debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu para convertirnos en hijos de Dios. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos recibir el don de la salvación.
Sin embargo mucha gente de hoy en día sigue ignorando la verdad de la circuncisión espiritual, y creen que pueden ser perdonados por sus pecados a través de sus oraciones de penitencia. Asimismo afirman que pueden recibir la remisión de sus pecados todos los días al ofrecer sus oraciones de penitencia, junto con su fe en la sangre de Jesús en la Cruz. Pero este tipo de fe es la fe de los estafadores espirituales que sólo quieren satisfacer su codicia.
¿Creen que Jesús tomó todos sus pecados de una vez por todas al ser bautizado? Al cargar con todos nuestros pecados de una sola vez al ser bautizado por Juan pudimos ser perdonados por todos nuestros pecados al creer en este Evangelio de Verdad. Si Jesús no hubiera cargado con nuestros pecados a través de Su bautismo, no los hubiera podido borrar. Si no creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, por muy ardientemente que creamos en Jesús como nuestro Salvador, nuestros pecados no pueden borrarse.
El que Jesús recibiera el bautismo de Juan el Bautista es la prueba de que todos nuestros pecados han sido borrados. Como Jesús ha cargado con nuestros pecados a través de Su bautismo, pudo ser crucificado para pagar la pena del pecado. Dios quiere encontrar esta prueba de la Palabra en nuestros corazones. 
¿Qué nos dijo nuestro Señor en Juan 6? Dijo: « Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. » (Juan 6, 35). De nuevo dijo: « Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. » (Juan 6, 55-56). Para ser nuestra verdadera comida y bebida, nuestro Señor fue bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre y nos ha traído la verdadera salvación a todos los que creemos en esta Verdad. Como Jesús nos dijo: « El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. », debemos creer en las dos cosas esenciales del Evangelio del agua y el Espíritu, es decir, en Su bautismo y Su sangre en la Cruz.
Jesús tomó nuestros pecados al ser bautizado por Juan. Nuestros pecados se pasaron a Jesucristo (Marcos 3, 15; Juan 1, 29; 1 Pedro 3, 21). Al cargar con estos pecados y al morir en la Cruz en lugar nuestro, por nuestros pecados, Jesús nos ha salvado a ustedes y a mí de la condena del pecado. Es a través de la fe en Jesucristo y en el Evangelio del agua y el Espíritu que hemos sido salvados de nuestros pecados.
Mis queridos hermanos, no estoy seguro si está bien dejar en paz a los que insisten tercamente en que pueden borrar sus pecados al ofrecer sus oraciones de penitencia. Si les dejan en paz, serán condenados por sus conciencias y por Dios. Los cristianos que insisten en las oraciones de penitencia están tan en contra de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que serán juzgados por Dios por sus pecados. Pero yo mismo no quiero discutir con ellos. Sólo quiero decirles: «¿Ah sí? ¿Sólo creen en las oraciones de penitencia? ¿Están seguros de que sus pecados se perdonan a través de estas oraciones? Crean lo que quieran, pero yo les digo claramente que sus corazones todavía tienen pecado, ¿no? Si tienen pecado en sus corazones, no podrán evitar ir al infierno por mucho que crean en Jesús como su Salvador».
Muchos cristianos se niegan tercamente a aceptar el amor incondicional de Dios que se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero ya les hemos enseñado todo sobre cómo se pueden salvar de los pecados del mundo a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué debemos hacer entonces? ¿Qué más les podemos decir? Debemos esperar a que cambien y vuelvan al verdadero Evangelio.
Dios no dijo que daba igual si creíamos en el Evangelio del agua y el Espíritu o no. Sólo hay una manera de recibir la remisión de nuestros pecados y de entrar en el Reino de los Cielos: la fe. Este camino se recorre al poner nuestra fe en la salvación de Dios que Jesús nos ha traído, es decir, al creer que Jesús tomó nuestros pecados al ser bautizado por Juan, derramó Su sangre en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así salvó a los que creen de los pecados del mundo. Nuestro Señor tiene el poder de hacer a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu sin pecados en sus corazones. Así es como lleva a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu al Reino de los Cielos.
Aparte de esta fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, es imposible recibir la remisión de nuestros pecados y entrar en el Reino de los Cielos mediante otra fe, como puede ser la de las oraciones de penitencia. Sólo al poner nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón podemos convertirnos en hijos de Dios y entrar en el Reino de los Cielos. Por el contrario, los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, y confían en sus oraciones de penitencia, no pueden entrar en el Reino de los Cielos. Imagina que intentan borrar sus pecados a través de las oraciones de penitencia, en vez de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pueden hacerlo tantas veces como quieran, pero sus pecados seguirán intactos, y cualquiera que tenga pecado no puede entrar en el Cielo.
Ustedes y yo creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y lo predicamos. En el Evangelio del agua y el Espíritu, nos reconfortamos los unos a los otros y nos damos las gracias. El estar en la Iglesia de Dios es razón suficiente para estar agradecidos eternamente, y al poner nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, vivimos como justos en esta época del fin de los tiempos. Como el Señor nos ha salvado de nuestros pecados en esta generación malvada, es por fe en la Verdad que podemos superar los males de este mundo y seguir con nuestras vidas victoriosas como justos. Como hemos sido salvados de todos nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos vivir nuestras vidas como queramos, siguiendo el mundo fuera de la Iglesia de Dios. Como verdaderos creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu, nuestra fe no puede acomodarse a la fe de los mentirosos que afirman que pueden borrar sus pecados mediante sus oraciones de penitencia.
El mundo cambia rápidamente últimamente. Dios nos dijo que en el fin de los tiempos: « Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.» (Daniel 12, 4). ¿No nos señala este pasaje la realidad de esta era? En esta era debemos trazar una línea alrededor del Evangelio del agua y el Espíritu, una línea de fe, y debemos vivir cada día por fe en la Palabra de Dios. De la misma manera en que los sacerdotes del Antiguo Testamento mantenían la luz encendida dentro del Tabernáculo, debemos mantener nuestras almas en Su luz al poner nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu todos los días.
Debemos luchar nuestras batallas espirituales por fe al mantener nuestro estatus como hijos de Dios para no ser manchados por esta generación malvada. Y al poner nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu del Señor como el don de salvación, debemos dar gracias a Dios por permitirnos convertirnos en Sus hijos y vivir nuestras vidas por fe. Aunque el tiempo pase muy rápido y nuestra carne se haga más débil y vieja, nuestro deseo de servir al Evangelio del agua y el Espíritu no puede extinguirse; más bien, deben salir más trabajadores por todo el mundo que hayan recibido la remisión de sus pecados.
Está escrito: « Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”» (Romanos 1, 17). Podemos recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y también debemos crecer para llegar a ser el pueblo de fe al meditar sobre el verdadero Evangelio. Como el día del Señor no está lejos, debemos vivir creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu más diligentemente.
En esta generación malvada, Dios nos ha salvado de los pecados del mundo, y nos ha hecho Sus hijos. Por eso damos gracias a Dios.