The New Life Mission

Sermones

Tema 12: La fe del credo de los Apóstoles

•Sermón sobre el Espíritu Santo 5 :Los ministerios del  Espíritu Santo

(Juan 16:5-11)
“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?
Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón.
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
De pecado, por cuanto no creen en mí;
de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;
y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.
 

Examinemos que es lo que el Espíritu Santo hizo cuando vino a esta tierra. 
 

Primero, el Espíritu Santo Convence al Mundo de Pecado 

El pasaje antedicho nos dice que el Espíritu Santo convence al mundo “de pecado”. Puesto diferentemente, el Espíritu Santo condena a las personas por el pecado que los conduce al infierno. Este pecado es el pecado de no creer que Jesús tomó sobre Sí Mismo todos los pecados de la humanidad de una vez por todas viniendo a esta tierra en la carne de hombre, y fue bautizado por Juan, todo para salvar a los pecadores. 
Por la condenación de los pecados de la humanidad con el bautismo de Cristo Jesús y la sangre de la Cruz, Dios ha salvado a usted y a mí de nuestros pecados y castigo, y Él nos ha hecho sin pecado. 
El Espíritu Santo convence al mundo por no creer en esta verdad. Es el Espíritu Santo que testifica la verdad que la no creencia en la salvación del agua y de la sangre dadas por Jesús es el mismo pecado que conduce al infierno. Y es también el Espíritu Santo que sella a los nacidos de nuevo con el sello, “Ustedes son mis hijos”. Así es cómo venimos a llamar a Dios como Abba, Padre. Es porque nos hemos convertido sin pecado que podemos llamar a Dios Santo como nuestro propio Padre. 
 

Segundo, el Espíritu Santo Precisa de la Justicia de Dios 

Jesús dijo en el pasaje antedicho, “de justicia, por cuanto yo voy al Padre, y no me veréis más.” Jesús mismo es la justicia de Dios. 
La “justicia de Dios” se cumplió con el bautismo y la sangre de Jesús: Cristo Jesús tomó sobre Sí Mismo todos los pecados de la humanidad viniendo a esta tierra y fue bautizado, cargó los pecados del mundo a la Cruz, y los expió perfectamente por el derramamiento de Su sangre hasta la muerte. El Espíritu Santo atestigua que Jesús nos ha salvado con Su bautismo y Su sangre. 
El Espíritu Santo por lo tanto nos dice que, “No creer en Jesús es el pecado que conduce a las personas al infierno. Y que usted haya recibido la remisión del pecado—es decir, que Dios le ha salvado con el agua y la sangre—es la misma justicia de Dios”. 
 

Tercero, el Espíritu Santo Habla del Juicio 

Jesús continuó diciendo en el pasaje antedicho, “de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.
El Espíritu Santo testimonia que Cristo Jesús ha juzgado al diablo con su justicia perfecta—Su bautismo y Su sangre en la Cruz. 
El diablo sabía que Jesús era el Hijo de Dios. Esta es la razón por la cual él contribuyó para crucificar a Jesús. Era un trabajo de Satanás, porque pensó que matar a Jesús significaría su victoria. 
Satanás por lo tanto incitaba a las personas a crucificar a Jesús. Así siendo crucificado, Jesús derramó toda la sangre de Su corazón. Cada vez que el corazón de Jesús bombeaba, Su sangre se derramaba fuera de sus venas. Justo antes de su muerte, Él gritó que tenía sed, pusieron vinagre en Su boca, y gritó, “consumado es”. Después murió. Tres días después, Se levantó de entre los muertos. 
Las obras del Espíritu Santo se manifiestan con la justicia del evangelio del agua y del Espíritu. Desafortunadamente, no hay muchas personas que hayan recibido la remisión del pecado por el testimonio de las obras de la Palabra del Espíritu Santo. ¿Por qué? Porque las obras de demonios han engañado a las personas, y ellas por lo tanto no han podido nacer otra vez, recibiendo los espíritus de demonios y mal creyendo en ellos como el Espíritu de Jesús. 
Jesús viniendo a esta tierra nos ha salvado, siendo bautizado, muerto en la cruz, y levantándose de entre los muertos—significa que Él nos ha hecho justos y por lo tanto nos llevará al Cielo. Esto es lo que atestigua el Espíritu Santo. 
Mucha gente a través del mundo todavía permanece como pecadores con los corazones llenos de pecado incluso mientras que han creído en Jesús por 10, 20, o aún 50 años. Podemos incluso ver que para algunas personas, cuanto más tiempo han creído, más son esclavos de sus pecados. Habiendo recibido el poder de demonios, piensan equivocadamente que han recibido el Espíritu Santo hablando en lenguas, que son solo sonidos incomprensibles, y experiencias convulsivas. Pero estos no son los regalos del Espíritu Santo sino de demonios. Es decir, los Cristianos que han sido poseídos por los demonios por su inhabilidad para discernir las obras del Espíritu Santo de las obras de los demonios. Las características del poseído por el demonio incluyen convulsiones violentas, pronunciar palabras incomprensibles, ojos enrollados hacia arriba y sacudidas del cuerpo, y descaradamente cometiendo actos impersonales. Las obras de Satanás hacen a la gente vivir una vida de fe extremadamente impersonal, sin intelecto pero solamente con sensaciones y deseos. 
Las obras del Espíritu Santo, en contraste, atestiguan con la Palabra qué es el pecado, qué es justicia, cuál es nuestra salvación de Dios, qué es Su juicio, en qué evangelio debemos creer para ser salvados, y quiénes son los que serán condenados al infierno. 
¿Dónde esta la evidencia de su salvación del pecado? Ha sido salvado creyendo en la verdadera Palabra escrita de Dios. Es porque esta Palabra de Dios está en sus corazones que han sido salvados de todos sus pecados. Pero muchos Cristianos no pueden aceptar el hermoso y verdadero evangelio porque hay muchas falsas enseñanzas que previamente han llenado su mente. Así como no había sitio en el mesón para acomodar a María que estaba embarazada de Jesús, así las personas primero deben vaciar sus corazones para poder aceptar a Jesús, y mantenerse creyendo en la Palabra escrita de Dios. 
Debemos mantenernos en y creer en la Palabra del evangelio del agua y del Espíritu, en la promesa de que Cristo Jesús vendría a salvarnos. Así es cómo podemos eternamente ser salvados de nuestros pecados y ser aprobados por Dios el Espíritu Santo. Que Dios Espíritu Santo mora en los corazones de los que han convertido en sin pecado creyendo en Jesús. Hemos recibido la remisión del pecado, pero no podemos sino pecar otra vez. Por supuesto, no pecamos voluntariamente, sino fuera con nuestra debilidad. Nadie puede resistir la tentación de robar si tiene tres días sin ningún alimento; asimismo, no podemos evitar pecar siempre, sino que todavía decimos que hemos recibido la remisión de nuestros pecados porque tenemos la Palabra de Dios en nuestros corazones. 
Esta es la razón por la cual 1 Pedro 3:21 dice, “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva” y 1 Pedro 1:23, “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. 
Ante Dios, el Espíritu Santo convence a las personas del pecado, justicia, y juicio. Creyendo en el evangelio de la verdad dado por Cristo Jesús nos hemos salvado de nuestros pecados. Creemos que el bautismo de Jesús y su crucifixión son el amor de Dios que nos ha salvado a los pecadores. Y mucha gente debe recibir vida eterna creyendo en la salvación que Jesús, que es el juez, la ha dado.