The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 5-2] < Lucas 5, 27-32 > Jesús salvó a los pecadores del pecado

< Lucas 5, 27-32 >
«Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio. Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle. Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue. Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo. Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad».
 
 
¿A quién salvó Dios de sus pecados?
 
Estoy muy agradecido porque Dios nos ha permitido celebrar esta reunión de oración y nos ha permitido cantar alabanzas y predicar la Palabra de Dios a través de un micrófono. Estoy agradecido porque tenemos esta libertad en nuestro país. He estado en China a salvo gracias a la gracia de Dios y sus oraciones. En China, seríamos encarcelados si predicásemos la Palabra de Dios en público porque no tienen libertad religiosa como nosotros en Corea. Hay algunos hermanos y hermanas nuestros en China y mi corazón está siempre con ellos. Sé que Dios les hará siervos de Dios y les hará mantenerse firmes con el Evangelio del agua y el Espíritu para evangelizar toda China y salvar a muchas personas de sus pecados. Hay otras personas fuera de China que también recibirán la salvación de los pecados y manifestarán la gloria de Dios si le oramos a Dios, creemos en Él e intentamos cumplir esta tarea.
Quiero que sepan que por la gracia preciosa de Dios podemos alabar a Dios y orar. Los extranjeros no pueden evangelizar en los países comunistas. Un extranjero que haga esto va a la cárcel. Por tanto, deben trabajar en secreto y no pueden ir predicando libremente porque los oficiales de seguridad persiguen a los extranjeros según su apariencia. No pueden ni ponerse una corbata y siempre tienen que tener cuidado en las zonas rurales cuando salen de casa. Le doy gracias al Señor por darnos esta libertad. Quiero que Dios proteja y bendiga a nuestros colaboradores, a nuestros hermanos y hermanas y ministros de todo el mundo. Quiero que el Señor les dé la fe correcta y las bendiciones preciosas en todo lo que hagan.
 
 
Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores
 
Tanto en el pasado como en el presente, las personas se alejan de los pecadores o de las personas cuyos pecados han sido revelados. Sin embargo, Jesús dijo: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». El Señor vino a este mundo a llamar a los pecadores al arrepentimiento y para hacerles creer en la justicia de Dios. En realidad, todos los seres humanos cometen pecados. Los humanos pueden robar sin aprender a robar porque tienen este pecado en su corazón, en la esencia de la mente humana. No pueden garantizar que ustedes nunca robarían. Si alguien fuese presidente del país, podría meter todo el dinero del país en su cuenta bancaria. Sin embargo, el Dios Todopoderoso ya sabía que haríamos estas cosas y nos hizo arrepentirnos antes de hacerlo.
La razón porque la gente no comete pecados terribles es que no ha tenido la oportunidad. Si las circunstancias lo requieren, las personas cometen pecados. Una persona no comete pecados cuando las circunstancias son favorables para el pecado, es una persona justa. Pero una persona que no peca porque está en un ambiente que no fomenta el pecado es una persona que comete pecados. ¿Entienden lo que estoy diciendo? Por eso el Señor dijo: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento». En realidad, cuando vemos a la gente a la que Jesús llamó, podemos ver que llamó a las personas que son pobres en su propia justicia en vez de la gente que es rica en su propia justicia.
Podemos confirmar a través del pasaje de las Escrituras de hoy que Jesús llamó a los pecadores de todo tipo de personas. Incluso en la Palabra de hoy, se dice que Jesús llamó a un publicano, llamado Leví. Como los demás discípulos, esta persona dejó todo lo que tenía y siguió a Jesús cuando le llamó. Después de haber sido llamado por Jesús, invitó a Jesús y a los demás discípulos a un gran banquete para darle gracias a Dios.
Pero, ¿qué ocurrió en ese banquete? Los fariseos que fueron al banquete juntos estaban hablando en voz baja acerca de Jesús y Leví diciendo: «Jesús hubiera sabido que Leví es un ladrón si fuera un profeta». En realidad, el publicano Leví no era un ladrón cualquiera. Era un gran ladrón. Quizás robase más que Taewoo Roh, el antiguo presidente de Corea. De todas formas, lo que es definitivo es que esa persona llamada Leví era un gran pecador a los ojos de las demás personas y de Jesús.
Sin embargo, hay una cosa que debemos entender claramente. ¿Quién en este mundo puede recibir la remisión de los pecados a través de la justicia del Señor? Una persona que reconoce ser pecadora puede recibir la remisión de los pecados a través de la fe gracias a la justicia de Dios. Solamente un completo pecador puede convertirse en una persona justa al recibir la remisión de los pecados.
Por otro lado, ¿qué le ocurre a una persona que piensa que no es pecadora? Es difícil que esa persona reciba la remisión de los pecados. Por tanto, una persona que no crea ser pecadora primero debe convertirse en pecadora ante la presencia de Dios para recibir la remisión de los pecados. Esta es la razón por la que Dios permite que haya personas malvadas en este mundo. Dios permite que haya maldad en el mundo para que los que no crean ser pecadores se conviertan en pecadores. Dios permite que esas personas que son como una viga en el ojo de los que pretenden ser justos y santos revelen toda su maldad.
Esto es cierto Dios no elimina del mundo a los que son tan malvados que nos volveríamos locos si no los insultásemos y nos volviésemos contra ellos. Dios deja que este tipo de personas viva entre nosotros para hacernos entender lo pecadores que somos.
¿Qué hizo nuestro Dios cuando expulsó a Adán y Eva, que habían pecado contra Dios, del Jardín del Edén? Seguramente fue doloroso para Dios expulsarles del Jardín, pero tuvo que maldecir la tierra en la que vivieron. Pronunció esta maldición: «Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo» (Génesis 3, 18). Podrían haber resentido a Dios por los cardos y espinos de la tierra, pero así también se dieron cuenta de lo maravilloso que era el Jardín del Edén.
Nosotros también somos así. Nunca podríamos haber seguido a Dios ni Su justicia si no tuviésemos dificultades. Por tanto, nuestro Señor nos dio dificultades para hacernos buscar la justicia de Dios. Dios permitió que viviésemos en unas circunstancias malvadas y horribles para que nos diésemos cuenta de que éramos pecadores ante Dios. Por eso así aprendimos que éramos completos pecadores. Es cierto. Nosotros, los que hemos recibido la remisión de los pecados, éramos completos pecadores y pudimos convertirnos en personas completamente justas al creer en la justicia de nuestro Señor. Debemos entender esto correctamente. ¿No es cierto? Por tanto, quien no se haya convertido en un pecador tiene que entender primero lo pecador que es. Entonces, así podrá recibir la bendición de la remisión de los pecados y las bendiciones celestiales.
Los fariseos hacían comentarios sarcásticos sobre Jesús y Sus discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Como pueden ver en este comentario de los fariseos, publicanos y oficiales de impuestos, eran terribles pecadores. El poder del dinero era enorme entonces como lo es ahora. Esto es porque el dinero es poder y habilidad en este mundo. Los recolectores de impuestos de aquel entonces eran ladrones. Eran traidores porque vendieron a su país y le chupaban la sangre a su propio pueblo. Israel era un país bajo el dominio del Imperio Romano. Como Corea en tiempos del dominio japonés durante 35 años hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, Israel estaba gobernado por el Imperio Romano.
Los publicanos recogían impuestos del pueblo de Israel para el Imperio Romano. Sin embargo, estaban muy corruptos. Recogían todo lo que podían y solo entregaban una parte el gobierno romano y se quedaban con el resto. Eran como ladrones. El gobierno romano no recogía muchos impuestos en Israel. No pedían demasiados impuestos porque no querían causar una rebelión. Sin embargo, los publicanos mentían diciendo: «Roma nos ha dicho que recojamos esta cantidad» para llenar sus propios bolsillos. Utilizaban el nombre del emperador romano para explotar al pueblo israelita para su propio beneficio. La mayoría de los israelitas sabían esto. Por tanto, consideraban a los publicanos personas horribles.
Sin embargo, Jesús llamó a este publicano llamado Leví que era el peor de los publicanos. Jesús le dijo: «Sígueme». Entonces, Leví lo dejó todo y siguió a Jesús. ¿Qué significa esta Palabra? Esto significa que esta persona sabía que era un pecador aunque era publicano y entendió a Jesús y lo aceptó aunque el Señor le conocía. Podemos entender que sabía esto porque celebró un gran banquete para Jesús y Sus discípulos.
En realidad, ¿cuál es la razón por la que Jesús vino a este mundo? Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores como este publicano; a las personas con las que nadie quiere asociarse porque tienen muchos pecados. Un pecador con pocos pecados no puede recibir la remisión de los pecados. Piensen en ustedes mismos. Éramos completos pecadores, pero ahora somos perfectamente justos gracias a la salvación de Jesús. Por tanto, en el Reino de Dios, solo hay personas que eran completamente pecadoras pero que ahora son completamente justas. No hay ninguna persona que solamente fuese parcialmente pecadora o un poco justa. Entonces, ¿cuál es el destino de las personas que han recibido la remisión de la mitad de sus pecados? Estos pecadores parciales irán al infierno. Quiero que se aseguren de esto. Solo los pecadores que revelan todos sus pecados como este publicano pueden pertenecer al Reino de Dios, en el Jardín del Edén, y pueden recibir la bendición de la salvación de Dios.
Aunque no cometemos ciertos pecados con nuestras acciones, todavía tenemos la fuente de estos pecados en nuestros corazones. Nuestra carne inadecuada tiene todos estos pecados en abundancia. Examinemos nuestros cuerpos físicos. Nuestra carne pueden cometer los pecados de los que se habla en el Evangelio de Marco: malos pensamientos, asesinato, envidia, ojo malvado, lascivia, codicia, ira, hurtos, mentiras, maldad e insensatez (Marcos 7, 20-23). Nuestra carne tiene todos estos vicios y hace estas cosas. Nosotros tenemos pensamientos malvados con la carne. Cometemos asesinato con los pensamientos carnales. Aunque no lleguemos a matar a una persona, a veces pensamos en matar a alguien. Cometemos adulterio. ¿Con qué cometemos los pecados de lascivia, envidia, hurto, orgullo y todos los 12 tipos de pecados? ¿Pecamos con nuestro espíritu? No. Pecamos con nuestro cuerpo físico, con nuestra carne. Por supuesto que pecamos con nuestros corazones, pero olvidamos esos pecados fácilmente.
 
 
¿Qué ocurre con este cuerpo físico?
 
Nuestros cuerpos físicos pueden cometer estos 12 tipos de pecados en cualquier momento. Lo mismo ocurre con los cuerpos físicos de los que reciben la remisión de los pecados. Podemos confesar ante Dios que somos completos pecadores porque nuestros cuerpos físicos siempre cometen pecados. Somos débiles y malvados que no pecan solo porque las circunstancias no nos empujan a hacerlo; pero que pecarían sin problema si las circunstancias lo requieren. Podemos decir que el cuerpo físico de una persona siempre quiere pecar sin importar las circunstancias.
Por tanto, no podemos decir que somos justos físicamente ante la presencia de Dios. Sin embargo, podemos decir que nos hemos convertido en personas justas espiritualmente al creer en la salvación del Señor y la remisión de los pecados. En realidad, ¿hay alguien que sea perfecto? ¿Quién puede ser una persona perfecta? Hay personas que parecer tener dignidad pero solo es una apariencia. Miren la historia de la Iglesia Católica. Durante la Reforma, los católicos mataron a muchas personas en Francia y en Suiza. Los católicos secuestraban a creyentes protestantes y les destrozaban el cuerpo.
Entonces, ¿cómo son las personas religiosas de esta era? Las personas religiosas del mundo siempre llevan ropa que parece santa, hacen obras buenas, comparten su amor y fingen tener compasión. Sin embargo, la razón por la que fingen ser justas es que son malvadas. La gente siempre muestra su verdadero ser cuando tiene poder. Los seres humanos son malvados.
Los seres humanos son malvados en su esencia. No quiero decir que deben vivir con maldad, pero les estoy diciendo que deben saber que son fundamentalmente malvados ante Dios. Deben reconocer ante Dios que son malvados y recibir la perfecta salvación de Dios. Cuando las personas reconocen su maldad y recibe la salvación de Dios se convierten en hijas de Dios y en personas justas, sus cuerpos físicos se hacen más fuertes y sus almas reciben las bendiciones de Dios. Por tanto, debemos saber a quién llamó Jesús, nuestro Dios, en este mundo y por qué llamó a Leví, que era un recolector de impuestos.
Cuando Jesús vivió en Israel, los fariseos habían intentado vivir con justicia ante Dios y seguir la voluntad de Dios. Pero entonces, ¿por qué llamó Jesús a los fariseos? Dios llamó a personas tan ignorantes como Pedro y Juan, que tenían fuertes temperamentos, en vez de llamar a los fariseos. Entonces, ¿por qué llamó Jesús a personas con temperamentos tan fuertes? ¿Por qué llamó Jesús a un recolector de impuestos que era un ladrón y le dio la remisión de los pecados? Había muchas personas rectas en aquel entonces y los fariseos vivían vidas espirituales sin ni siquiera mentir. Pero, ¿por qué no los llamó Jesús?
Como he dicho anteriormente, los seres humanos fingen ser justos porque son malvados. Una persona que es justa de verdad muestra misericordia a los demás naturalmente sin fingir ser justa. Jesús no llamó a los fariseos que parecían justos porque eran pecadores parciales y personas justas parcialmente que fingían ser verdaderamente justas. Jesús llamó a las personas desesperadas de este mundo.
¿Acaso no dijo Jesús: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento»? Sí. Jesús no vino a llamar a las personas que viven con justicia como los fariseos. Jesús conoce los corazones de la gente porque es el Creador de los seres humanos. Esto significa que Jesús sabe que los seres humanos son una masa de pecados y que son inadecuados. Por eso Jesús dijo: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». Jesús vino a llamar a los pecadores. Vino al mundo a llamar a los pecadores y a hacer que se arrepintieran.
El Señor dijo: «Eres un pecador. Eres un pecador que comete pecados hasta que muere porque tiene pecado original. No finjas no tener pecados y ser justo. Irás al infierno. Por tanto, deberás entender que eres un pecador destinado a ir al infierno y creer en Mí para recibir la remisión de los pecados. He venido a salvarte de todos tus pecados». Jesús vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento. Vino a hacerles arrepentirse y recibir la remisión de los pecados al creer en Jesús. Jesús vino a salvar a los pecadores y convertirlos en personas justas. Pero, el Señor llamó a estos completos pecadores y nos salvó para convertirnos en personas justas.
Hace poco tiempo, fui a la ciudad de Yenji en China y conocí al hermano Youngik Shin. Era una persona muy tranquila y con educación que solía trabajar en el departamento forestal del gobierno comunista de China antes de jubilarse a los 50 años de edad. En China la gente se jubila automáticamente a los 50 años. Este hermano es muy buena persona. Pero, aunque este hermano cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, dice cosas sin sentido constantemente por orgullo cuando le pido que me dé su testimonio de salvación.
Por tanto, le dije la Palabra de Dios que dice: «Solamente un completo pecador puede convertirse en una persona completamente justa». Entonces abrí el Evangelio de Marcos 7 y le pregunté: «Hermano Shin, ¿eres una persona que comete el pecado de robar y de adulterio?». Se le puso la cara roja cuando le pregunté esto. Entonces le pregunté: «¿Eres un vago y un ladrón?». Entonces, admitió con sus labios que era un completo pecador. Su cara se iluminó y su corazón se transformó e hizo una confesión de fe en que el Señor le convirtió en una persona justa a pesar de ser un pecador.
Jesús ha borrado todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Ha borrado los pecados del mundo. Entonces, ¿por qué no puede recibir la gente la remisión de los pecados? Porque no reconoce que son pecadores ante la presencia de Dios, porque no confiesa sus pecados. No conocen la gracia si no conocen su naturaleza fundamental.
Los que hemos recibido la remisión de los pecados somos iguales. Siempre es un obstáculo en nuestros corazones y estamos menos agradecidos si no reconocemos que somos completos pecadores en términos físicos y que somos perfectamente justos a través de la fe. Puede que miren a otros santos y piensen: «¿Por qué es esta persona así? ¿Por qué es tan malvada? ¿Por qué vive así si ha recibido la remisión de los pecados?». Un santo que no admite ser un completo pecador en términos físicos es una persona que no reconoce que es perfectamente justa a través de la fe. Este tipo de personas mira a los demás santos y piensa así porque creen ser justas y porque no admiten que son pecadoras en sus corazones aunque digan serlo, y por tanto no han recibido la remisión de los pecados. Sin embargo, ¿qué pasaría si admitiesen que son completamente pecadoras ante la presencia de Dios y creyesen que son personas justas a través de la justicia del Señor? Que alabarían al Señor cuando vieran las debilidades de los demás santos. No podrían evitarlo. ¿Lo entienden?
No quiero decir que deban vivir como pecadores que no creen en la perfecta justicia de Dios, sino que les estoy diciendo que deben vivir con fe como los justos que creen en la justicia de Dios. Nuestro Señor tuvo misericordia de nosotros y vino a salvarnos porque éramos completos pecadores que no podían evitar ir al infierno. Hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Señor porque nos salvó de los pecados. No nos hemos convertido en personas justas porque seamos benevolentes. No se va al cielo porque se hayan hecho buenas obras después de creer en Jesús ni se va al infierno por ser malo, sino que una persona que tiene debilidades reveladas en este mundo es salvada por el Señor. Jesús vino a salvar a estar personas y las salvó.
Jesús no vino a salvar a personas sin pecados que dicen: «Soy una persona limpia. Soy inmaculada». Jesús vino a salvar a pecadores como el publicano que aparece en la Palabra de hoy. Jesús dijo claramente: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento». ¿Creen que esta Palabra es la Verdad?
He leído este pasaje muchas veces. Por tanto, pensé: «Jesús no vino a llamar a los justos y debo ser un pecador hasta la muerte porque Jesús vino a llamar a los pecadores». Yo siempre pensaba en esta Palabra y oraba: «Señor, este pecador ha venido a Ti» con orgullo por ser un pecador. Oraba con orgullo y le hablaba a la gente con orgullo, pero esta Palabra no quería decir lo que yo pensaba y la examiné más tarde. Esta Palabra significa que Dios no vino a llamar a los justos, sino que vino a llamar a los pecadores para que se arrepintieran y tuviesen la justicia de Dios. Nuestro Señor estaba diciendo que llamó a los pecadores para que se arrepintieran y creyesen en Jesús para que recibiesen la perfecta salvación. El Señor llamó a los pecadores para darles la bendición de convertirse en personas justas. Deben entender el significado de esta Palabra claramente.
Muchas personas creen en Jesús e interpretan la Palabra de una manera absurda según sus propias ideas, y no debemos cometer este error. Éramos completos pecadores. Todo el mundo nació como un pecador. Sin embargo, estos pecadores se convierten en personas justas al creer en la salvación de nuestro Señor. Hay muchas personas a nuestro alrededor que serán justas. A través de esta Palabra de hoy estoy diciendo que el Señor nos salvó de todos los pecados y nos hizo personas justas cuando éramos verdaderos pecadores. Debemos recordar siempre esta Palabra en nuestros corazones y estar agradecidos por la gracia de Dios mientras vivimos en este mundo.
¿Qué es lo que debemos recordar en este momento? Que solíamos ser completos pecadores y que nos convertimos en personas perfectamente justas porque el Señor nos salvó. Debemos recordar que todas estas cosas eran la gracia de Dios y debemos darle gracias. Estoy muy agradecido.
Muchas personas de este mundo piensan: «Pero aún así soy una persona decente». Sin embargo, esto es solamente nuestra idea y en realidad no somos decentes. Somos seres humanos horribles pero no podemos vernos claramente porque hemos sido engañados por el Diablo y la educación de este mundo. Pensamos en nosotros de esta manera porque hemos sido engañados por falsos santos en el mundo y por las culturas del mundo. Esto es cierto. El mundo enseña a la gente: «Vivid con justicia. Vivid una vida justa. Entonces recibiréis bendiciones de Dios».
Yo solía pensar así. Solía pensar que era una persona decente. Nuestro sueño cuando era joven era algo así: «Quiero convertirme en presidente cuando crezca». Entonces cuando crecí un poco dije: «No quiero ser presidente. Ahora, quiero convertirme en un político; o un primer ministro». Entonces cuando crecemos más decimos: «Creo que eso es demasiado. Creo que debería ser el presidente de una empresa». Cuando nos convertimos en adultos, decimos: «Solamente quiero tener una familia sana y tener suficiente comida en la mesa». Nuestros sueños se van haciendo más y más pequeños.
¿Qué significa esto? Todo va disminuyendo a medida que nos conocemos a nosotros mismos. Nos hacemos humildes. Aún así a veces somos orgullosos. Pensamos: «Por lo menos voy a sacar un 80% en ese examen». Otra persona puede pensar: «¿80%? Yo por lo menos sacaré un 95%». Sin embargo, ¿qué ocurre cuando nos hacemos mayores? Nos damos 98 puntos hasta que tenemos 10años, y después nos damos 70 a los 20 años. Pero cuando cumplimos los 30 años, la nota desciende hasta un 25, y una persona que se conozca un poco mejor se da un 0 o incluso un menos 100. ¿Por qué? Porque cuanto más nos conozcamos, más difícil es pensar que somos buenos.
Sin embargo, nuestro Dios dijo claramente: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». Éramos completos pecadores desde el principio. Como éramos completos pecadores, destinados a ir al infierno, y como no podíamos evitar ser malditos por Dios, Dios tuvo misericordia de nosotros y vino a este mundo a salvarnos a los pecadores desesperados. El Señor tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo al recibir el bautismo en el río Jordán y resolvió los pecados en la Cruz y nos salvó perfectamente. Por tanto, debemos conocernos claramente. Debemos creer: «Somos pecadores físicamente, pero nos hemos convertido en personas justas al creer en el Señor». Más que nada, debemos conocernos claramente. ¿Lo entienden?
Nuestros hermanos y hermanas deben reconocer ante la presencia de Dios que éramos pecadores y debe estar agradecidos porque el Señor nos salvase. Alabo a nuestro Señor por habernos salvados completamente de nuestros pecados.