The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 25-3] < Mateo 25, 14-30 > Hagan la obra del Señor

< Mateo 25, 14-30 >
«Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes».
 

Hoy el Señor nos enseña unas cuantas lecciones importantes a través de la parábola de los talentos. Hemos oído hablar mucho sobre este pasaje y estamos bastante acostumbrados a él. Vemos que el señor se va a un país lejano y les deja sus posesiones a sus leales siervos. El siervo al que se le encargó mucho, cosechó mucho y le devolvió las posesiones a su señor, y al que se le encargó poco, cosechó una cantidad proporcional y se la devolvió al señor. Pero al que menos se le encargó, no se le ocurrió utilizar las posesiones para cosechar más, sino que las enterró. Cuando su señor volvió, le entregó exactamente lo que le había dado. Por tanto su maestro le reprendió y le quitó lo que tenía. Al final este siervo fue arrojado de su presencia y Su Reino, y fue maldito en el lugar donde hay crujir de dientes. 
Conocemos muy bien este pasaje. El Señor dice en el pasaje: «Un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos». Antes de irse, el señor le dio a cada siervo una cantidad de trabajo que hacer. La palabra talento significa habilidad. Pero en esta parábola significa cierta cantidad de oro y plata. En tiempos de Jesús, un talento equivalía a 6000 denarios, y un denario equivalía al salario de un trabajador de un día. Por tanto un talento era una cantidad enorme de dinero. 
Así que vemos a través de esa parábola que Dios ha dado varios talentos y responsabilidades a Sus siervos. A algunos les ha dado mucho trabajo, y a otros les ha dado poco trabajo. Debemos entender por completo que Dios nos ha dado obras que hacer. Dios nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha dado a cada uno obras según los talentos que nos ha dado. Ante todo nos ha dado el talento y la habilidad de hacer Su obra de una forma u otra. El Señor nos dio ciertas tareas que debemos cumplir, y después ascendió a Su Cielo. Antes de marcharse dijo que volvería y reuniría a Sus siervos y les daría la recompensa por el trabajo que hubieran hecho, y también les entregaría el Reino Milenario y el Reino de los Cielos. Dios nos ha dado la habilidad de cumplir estas obras. A algunos nos ha dado mucho trabajo, y a otros menos. 
El siervo que recibió cinco talentos y el que recibió dos hicieron todo lo que pudieron para cumplir con sus responsabilidades y hacer que su señor estuviese contento. Pero el que recibió solo un talento no hizo su obra con lealtad. Se quedó con el talento que recibió y se lo devolvió al maestro, por lo que fue reprendido. El siervo estaba diciendo en realidad: «Sé que eres un señor malvado que recoge donde no se ha sembrado, así que no hice nada con el talento que me diste. Lo enterré tal y como me lo entregaste y ahora te lo devuelvo». Como resultado de su desobediencia, el siervo fue arrojado del Reino de Dios y lloró y crujió los dientes en la oscuridad. Probablemente conozcan este pasaje bastante bien. Lo que quiero que entiendan en este pasaje es que Dios les ha dado trabajo a Sus siervos. 
Dios nos ha dado talentos a todos los que hemos recibido la remisión de los pecados para que hagamos Su obra. Algunos tienen un talento en un área y otros en un área diferente. Todo el que ha recibido la remisión de los pecados ha recibido la habilidad y los talentos para hacer la obra de Dios. Con esto Dios nos ha confiado Sus obras a los que hemos recibido la remisión de los pecados. A ciertos santos les ha dado grandes responsabilidades y a otros responsabilidades menores, de acuerdo con los talentos individuales. Pero vemos que el que ha recibido un talento no ha levantado ni un dedo para hacer estas obras. Esta persona puede haber recibido el Evangelio, pero no reconoce que Dios le ha dado el talento, y se lo ha dado para hacer Su obra. Simplemente ha escuchado el Evangelio y ha creído en él, pero ha ignorado todos los mandamientos de Dios.
Sin embargo, el que recibió cinco talentos, salió y produjo cinco talentos más, y así le dio cinco talentos más a su señor. El que recibió dos talentos, produjo dos talentos más y le dio un total de cuatro talentos a su señor. Pero el que recibió solo un talento, le devolvió solamente ese talento a su señor diciendo: «Sabía que eras un hombre duro y que no nos das mucho, pero nos lo quitas todo. Así que escondí lo que me habías dado tal y como lo recibí. Además no nos diste nada más que trabajo. Así que aquí tienes el talento que me diste».
¿Cómo vamos a vivir después de haber recibido la remisión de los pecados? ¿Qué les dice el Señor a los que han recibido la remisión de los pecados? ¿Qué dice este pasaje a los que han recibido la remisión de los pecados? ¿Acaso no podemos hacer la obra de Dios después de haber recibido la remisión de los pecados? ¿Cómo no vamos a hacer la obra de Dios cuando todos tenemos talentos que Dios nos ha dado? Algunos han recibido el talento de trabajar con ordenadores, otros han recibido fuerza y el talento para usar esa fuerza, y otros han recibido talentos con sus manos, sus pies u otros talentos para servir al Señor de diferentes maneras. Dios nos ha dado una obra para hacer a cada uno de nosotros, para que sirvamos al Señor en diferentes áreas. ¿Cómo podemos pensar que está bien que una persona que ha recibido la remisión de los pecados se niegue a hacer la obra de Dios?
Esto es lo que vamos a considerar con cuidado hoy. El Señor dice que es un gran error, y se considera una actitud malvada pensar que no pasa nada porque una persona que haya recibido la remisión de los pecados se niegue a hacer la obra de Dios. Los que han recibido la remisión de los pecados no tienen más alternativa que hacer la obra de Dios. La gente que no hace la obra de Dios es malvada. ¿Qué piensa Dios de esta gente? Piensa que esta gente es igual que la que no ha recibido la remisión de los pecados. De hecho las personas que han recibido la remisión de los pecados pero se niegan a hacer Su obra están muertas. 
Dios nos ha confiado Su obra después de hacernos entender y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces, ¿cómo no vamos a hacer la obra del Señor? Dios considera que los que no se dedican por completo a Su obra santa que Él les ha encomendado, son siervos malvados y perezosos. La obra de Dios es algo que debemos hacer. Es algo que no debemos ignorar. ¿Cómo trata Dios a los que se niegan a hacer la obra de Dios? Los trata como a personas malvadas. Estas personas dan frutos malvados y acaban recibiendo la maldición de Dios. 
¿Qué ocurrirá si reciben la remisión de los pecados y no hacen la obra de Dios diciendo: «He recibido la remisión de los pecados pero no sé que pasará si no hago Su obra»? Sin duda intentarán satisfacer los deseos de su carne, acumular riquezas, orar con la imposición de manos en la cabeza de otras personas y alardarán de esto. Después intentarán acumular una gran cantidad de dinero, comprar una casa enorme y un coche bueno para vivir una vida lujosa. ¿Harán esto o no? Pero si no hacen la obras de Dios como una persona de Dios que conoce el Evangelio y cree en él, y como siervo al que se le han encomendado Sus obras, ¿qué pensará Dios sobre ustedes? Sin duda la Biblia dice que les considerará como las personas más malvadas y tramposas entre todas las personas malvadas, y peor que los que no han recibido la remisión de los pecados. 
El Señor dice: «Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá» (Lucas 12, 48). ¿Qué ocurrirá si no hacemos la obra de Dios ni servimos al Evangelio después de haber recibido la salvación? Seremos como una espina a los ojos de Dios, como los hijos de la serpiente. Para Él seremos como gente que está matando a las almas del mundo en contra de Su voluntad, en vez de estar salvando a estas almas valiosas como nos lo ha ordenado. «Serán arrojados al infierno. ¿Han sido salvados? ¿Qué salvación? Se ha anulado». Esto es lo que Dios hará cuando vea a los que no están sirviendo al Evangelio. 
Incluso de la manera en que las cosas son en este mundo, en casa tenemos a nuestros padres e hijos, y en el trabajo tenemos a los presidentes y a los empleados. En una empresa hay departamentos y cada uno tiene un líder y empleados que hacen sus tareas respectivas. Si una persona no hace su trabajo, ¿qué pensará de ella el presidente de la empresa? El presidente no lo verá bien. ¿Cómo se sentiría el presidente de la empresa si un empleado estuviese descontento a todas horas y criticase a la empresa, organizara huelgas, y pidiera aumentos? Este empleado parecería un enemigo y sería despedido en poco tiempo. 
Después de recibir la remisión de los pecados, debemos recordar que no hacer la obra de Dios no solo afecta nuestro trabajo, sino que impide que otra gente reciba la salvación por culpa de nuestra desobediencia. Otras personas pueden recibir la remisión de los pecados si los que hemos recibido la remisión de los pecados nos entregamos a la obra de compartir el Evangelio con los que buscan la Palabra de Dios, para poder recibir la remisión de los pecados. El Señor está diciendo que nos hará pasar cuentas por el pecado de no dar testimonio del Evangelio. Si no hacemos esta obra, el resultado de esta acción es que impediremos que otras personas reciban la verdadera salvación. En Ezequiel podemos ver que Dios le pedirá cuentas al vigilante si la nación es atacada porque el vigilante no estaba atento (Ezequiel 33, 6).
Una vez lo pasé bastante mal después de recibir la remisión de los pecados, e incluso llegué a pensar: «Creo que debo dejar de trabajar para mantener la paz en mi hogar. Creo que debería callarme por el bien de mi familia. Estarían más tranquilos si dejara de servir el Evangelio». ¿Qué hubiera pasado si hubiese sucumbido a esta tentación? En primer lugar, mi familia no habría escuchado el Evangelio. En segundo lugar, los de mi alrededor tampoco habrían escuchado el Evangelio. Y en tercer lugar mucha gente de todo el mundo nunca habría escuchado el Evangelio. 
Lo pasé mal pensando: «¿Debería callarme y quedarme en mi denominación por mi propia conveniencia? ¿O debería servir al Evangelio y hacer la obra de Dios aunque esto me traiga problemas, persecuciones y me echen de la denominación?». Después de mucho meditar decidí estar de parte del Señor, proclamando lo siguiente: «Voy a servir al Evangelio. Voy a hacer la obra del Señor. ¿Cómo puedo callarme cuando este Evangelio no se puede encontrar en ningún sitio? Conozco este Evangelio y he recibido la remisión de los pecados. Pero hay mucha gente que no conoce este Evangelio ni cree en él. ¿Cómo pueden escucharlo si no lo comparto con ellos?».
Así que después de un tiempo tomé la decisión final. Me decidí por completo diciendo: «Debo hacer la obra de Dios. Voy a hacer la obra de Dios de compartir el Evangelio por todo el mundo. Creo que esto es lo que debo hacer aunque sea difícil». Aunque al principio era muy difícil, pensé que esto no era nada comparado con lo que Moisés tuvo que hacer. Pensé: «Moisés dejó el palacio egipcio donde fue educado y todas las riquezas que en él había, y vivió en el desierto de Madián durante cuarenta largos años, donde fue pastor y siguió al Señor. ¿Acaso lo que yo hago es algo comparado con esto? Además una persona nacida de nuevo debe trabajar por una causa grande y justa en este mundo, en vez de vivir por su propia codicia». Después de decidirme a seguir al Señor pasase lo que pasase, sentí paz en mi corazón. Fue difícil y no lo voy a negar, pero fue la decisión correcta. 
Así que empecé a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, a servir al Evangelio y hacer la obra de Dios. Como resultado de mi compromiso, Dios me dio mucho trabajo, y me dijo que compartiese este Evangelio por todo el mundo. Además me dijo: «No hay nadie en el mundo que conozca este Evangelio de Verdad. Incluso los teólogos y pastores, así como los cristianos del mundo, no conocen esta verdad». Así que, armado con este Evangelio glorioso y valioso y con las instrucciones de Dios, decidí enfrentarme a teólogos y denominaciones. Así entendí la voluntad de Dios y decidí seguirla. Algunas de estas personas me dijeron: «¿Eres Lucero? ¿Eres tan bueno que piensas en todo el mundo? Mejor cuida de ti mismo, hombre». Bueno, no soy Martín Lutero. 
Martín Lutero fue un reformista religioso. En sus tiempos los nobles alemanes y los reyes de Europa pagaban una gran cantidad de impuestos el Papa católico. Estas leyes religiosas tan estrictas de la Iglesia Católica Romana gobernaban a la mayoría de las naciones occidentales en aquellos tiempos, y el incumplimiento de una de esas leyes era muy grave. El poder del Papa no tenía límites. La Iglesia Anglicana se estableció en Inglaterra porque el Papa no aprobaba el segundo matrimonio del rey Enrique VIII de Inglaterra. ¿Sabían que Martín Lutero era un sacerdote católico? Había una ciudad autónoma con su propio gobierno dentro de Roma, llamada Ciudad del Vaticano, y el Papa tenía dominio absoluto sobre esa ciudad. Se necesitaba una cantidad enorme de dinero para construir la Catedral de San Pedro en el Vaticano. Así que, para reunir fondos, el papa León X ordenó a todos sus hombres que vendiesen indulgencias. Así que las indulgencias se vendieron a la fuerza diciendo: «Si compran esta indulgencia, sus padres saldrán del infierno e irán al purgatorio aunque tengan que estar en el infierno. Si dan dinero para esta causa, saldrán del purgatorio e irán al Cielo». Así que la gente les daba dinero. 
Martín Lutero observó lo que pasaba y consideró que estaba mal. Así que escribió sus 95 tesis en las que debatía los errores de la Iglesia Católica de su tiempo. Esto le causó un gran problema y fue convocado a un juicio religioso. El Papa católico quería matarlo por esta causa. Pero los nobles alemanes que querían librarse de la opresión del Papa de Roma protegieron a Martín Lutero. La historia nos dice que Martín Lutero vivió en una habitación aislada y tradujo las Escrituras. Asimismo escribió cartas de confrontación a la corte del Papa en el Vaticano. Esto derivó en la Reforma religiosa de principios del siglo XVI. Calvino de Francia apareció en escena después de él y después de esto John Knox apareció en Escocia, así como muchos otros líderes de la Reforma en Europa. Sin embargo la Reforma no predicó la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Estos reformadores religiosos no predicaron la verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. 
Creo que Dios nos ha dado talentos y habilidades a los que hemos recibido la remisión de los pecados, y que nos ha puesto a cargo de Sus obras. Podemos ver esto en el pasaje de las Escrituras de hoy. Este mundo no podría recibir la salvación si todos los nacidos de nuevo, que de verdad han nacido de nuevo, recibiesen su salvación y se olvidasen de la obra de Dios. Por eso les estoy recordando que los que no hacen la obra de Dios después de recibir la remisión de los pecados, son malvados. Son los más traicioneros de entre toda la gente malvada. Algunos discuten sobre esto diciendo: « ¿Acaso no han recibido la remisión de los pecados a pesar de esto? Si es así, ¿por qué los va a enviar Dios al infierno?». En el pasaje de las Escrituras de hoy el Señor dice que arrojará a esta gente perezosa fuera de Su Reino. 
Vamos a leer Mateo 25, 24-25 juntos para que no crean que me lo estoy inventando. Dice lo siguiente: «Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo».
Lo que debemos entender aquí es que Dios le dio a este siervo una obra en concreto. Pero el siervo no utilizó el talento e hizo lo que quiso. Pensó: «¿Qué me ha dado? No me ha dado nada. Solo quiere que trabaje para Él. Es el tipo de persona que intenta recoger donde no ha sembrado. No me da nada pero siempre me pide que haga algo por Él». El siervo tenía esta imagen su Maestro. Por culpa de esta actitud tan terrible hacia su Maestro, se negó a hacer la obra de Dios que se le había encargado, aunque había escuchado el Evangelio y recibido la salvación. Hiciese lo que hiciese, lo hacía por él mismo, y nunca levantó un dedo ni hizo nada por Dios hasta el día de su muerte. 
Al final el Maestro volvió cuando no le esperaba. Cuando llegó la hora de calcular los beneficios, el siervo expresó su descontento con el Maestro diciendo: «Sabía que volverías porque lo dijiste. Eres un hombre duro porque nos pides que trabajemos para ti por nada». De aquí podemos entender que el Señor dio talentos y bendiciones a una persona que había recibido la remisión de los pecados, y le encargó hacer Su obra. Pero el siervo pensó que el talento que había recibido era suyo e hizo lo que quiso con él. ¿Cómo tratará Dios a esta persona? La castigará aunque haya aceptado el verdadero mensaje. 
En los versículos 26 al 30 podemos leer: «Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes».
Cuando Dios le encargó una obra a cierto siervo, pero este no la cumplió por cualquier motivo, tendría que haberle entregado el trabajo a otra persona y haberse librado de la responsabilidad. Pero ni siquiera se preocupó por ello ni dejó que otra persona hiciese su trabajo, por lo que impidió que la obra de Dios se cumpliese y la enterró. Por tanto, aunque esta persona hubiese escuchado el Evangelio y hubiese creído en él, ¿qué ocurrió con sus pecados? El pasaje dice: «Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes». ¿Qué son las tinieblas de afuera? ¿Acaso no son el infierno? Dios trata duramente a esta gente perezosa que tiene problemas de comportamiento. Considera a estas personas más malvadas que las que no han nacido de nuevo al creer en este Evangelio valioso. Una persona que no ha recibido todavía la remisión de los pecados tiene la oportunidad de ser salvada, pero una persona que ha creído y se ha vuelto a convertir en pecadora, no tiene la oportunidad de arrepentirse de nuevo. 
Aquí, un talento, dos talentos y cinco talentos indican la cantidad de trabajo que cada siervo tiene que hacer. Aunque hayan recibido mucho trabajo, ¿qué les ocurre a los que no cumplen con sus responsabilidades y se van de la Iglesia? Al hacer esto matan a muchas almas. Esta es la razón por la que no pueden evitar la ira de Dios. ¿Cómo podemos tan siquiera pensar en esto si tenemos una buena conciencia?
El Señor dejó el trono celestial y vino a este mundo humilde en la forma de Sus propias criaturas, es decir, de un hombre. Vivió durante 33 años para cargar con nuestros pecados, y para ello fue bautizado, murió en la Cruz, y se levantó de entre los muertos. ¿Cómo podemos no dar testimonio de esta salvación y vivir por nosotros mismos cuando Él sufrió tal humillación durante 33 largos años, borró nuestros pecados y nos dio la salvación? Estos 33 años, en los cuales Dios adoptó la forma de una criatura, son muchos años. Durante Su vida en la tierra el Señor cumplió con sus responsabilidades por nuestro bien. Oró en el monte de Getsemaní: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú». Por tanto el Señor fue a la Cruz con los pecados del mundo a cuestas. 
Jesús sabía que todo acontecería tal y como estaba escrito, pero no puso ninguna excusa en la corte de Pilato. Podría haber evitado la pena de muerte y el encarcelamiento injusto si le hubiese puesto una excusa. El gobernador Pilato le habría dejado ir si hubiese dicho: «No soy el Dios del que hablan los judíos, y nunca he dicho que lo fuese». Pilato dijo: «Dime esto y confirma que no eres el Rey de los judíos. Entonces te dejaré ir. Tengo la autoridad para dejarte ir. Parece que no eres una mala persona. Así que dime eso y te dejaré ir». Pilato quería liberar a Jesús, pero el Señor no dijo nada. ¿Por qué se quedó callado Jesús? Porque sabía que tenía que ser crucificado y derramar Su sangre, ya que había sido bautizado y había cargado con los pecados de la humanidad sobre Sí mismo. Por eso no dijo nada. 
¿Por quién creen que hizo eso? Lo hizo para cumplir la obra de Dios Padre, y así salvarnos de todos los pecados. El Señor no puso ninguna excusa, sino que recibió el castigo para salvarnos de los pecados. Entonces, con Su último aliento en la Cruz, exclamó: «Está acabado» y murió. Después de esto se levantó de entre los muertos al tercer día y fue al Reino de los Cielos. Ahora se ha convertido en nuestro eterno Salvador. El libro de Hebreos dice: «Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia».
¿Éramos verdaderos hijos de Dios originalmente? No, por supuesto que no. Éramos criaturas pecadoras. Para nosotros Dios Padre envió a Su único Hijo al mundo, hizo que borrase todos los pecados mediante el agua y la sangre, y nos dio la salvación perfecta. Por tanto ahora podemos recibir la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado, y así convertirnos en hijos de Dios. Él ha dado a Sus hijos la obra de predicar el Evangelio a la gente del mundo. Si nosotros, los hijos de Dios, nos negamos a hacer esta obra que Él nos ha encomendado, entonces ¿quién hará esta obra tan valiosa? ¿Qué tipo de personas seremos si no hacemos esta obra? Seremos personas ingratas que no pueden ser utilizadas en Su Reino. 
Yo también soy un ser humano y por eso tengo muchos pensamientos en mi cabeza. Pero creo en Él por completo y confieso: «No importa lo difíciles que sean las circunstancias, ni si hago un buen trabajo o no. Lo que importa es que lo haga lo mejor que pueda. Estoy seguro de que el Señor no le dará importancia a mis insuficiencias si hago todo lo que pueda por Su obra. Lo importante es que lo haga lo mejor que pueda». Siempre tengo diferentes pensamientos en mi cabeza. Pero siempre pienso en la obra que Dios me ha encomendado y hago todo lo que puedo en esta obra porque así sirvo al Evangelio, y es la única manera de vivir. Esto también va dirigido a todos los que han recibido la remisión de los pecados. 
En la Iglesia de Dios, quien haya sido encomendado con Su obra, hace todo lo que puede para cumplirla. Todos nosotros, desde los niños de la escuela dominical, hasta los adultos, y desde los trabajadores del ministerio hasta los santos laicos, somos el pueblo de Dios y Sus siervos, y cada uno tiene una obra que llevar a cabo. Estaríamos pecando ante Dios si no hiciésemos esa obra que nos ha encargado. Si una persona se niega a hacer la obra de Dios, no podemos hacer nada por esa persona, pero tiene que entender las consecuencias de sus acciones. 
La gente que se comporta de esta manera será separada de la Iglesia, y los que están separados de ella solo buscan satisfacer sus deseos. La gente que no hace la obra de Dios, después de haber recibido la remisión de los pecados, es malvada. Pero eso no es todo. Esta gente irá al infierno. ¿Creen que están a salvo porque han recibido la remisión de los pecados? ¿Quién es más malvado que los que no hacen la obra de Dios después de haber recibido la remisión de los pecados? ¿Quién es más malvado que los que no hacen la obra de Dios aunque saben lo que tienen que hacer y lo que se espera de ellos?
Somos insuficientes y frágiles de muchas maneras. Aunque tenemos muchos fallos, seguimos hacia delante con la obra del Señor gracias a los talentos que nos ha dado. ¿Qué tipo de personas son las que no hacen la obra de Dios aunque crean en el Evangelio? Estas personas son los pecadores más malvados. Serán destruidos e irán al infierno. Entiendo que a veces un santo nacido de nuevo puede estar desanimado por sus insuficiencias incluso después de haber recibido la remisión de los pecados, y por estar agotado por hacer la obra de Dios. Sin embargo, no logro entender por qué la gente deja la Iglesia con una actitud que parece decir: «No voy a hacer la obra de Dios. Me voy a concentrar en mi propia obra». Algunos dicen que recibieron la salvación aunque no sirven al Evangelio. Pero es mentira, es una idea suya. Dios nos dice una y otra vez en los cuatro Evangelios que los que no sirven al Evangelio serán arrojados a las tinieblas donde habrá llanto y crujir de dientes.
¿Qué significa crujir de dientes? ¿Significa que una persona se siente ultrajada por consecuencias injustificadas? El siervo desleal pensó que recibiría una recompensa, como el resto de los salvados, pero en realidad fue castigado a ir al infierno. Así que vemos esta mala actitud por este trato injusto. Sin embargo el castigo de Dios nunca puede ser injusto. Es justo. Así de grande es el pecado de no hacer la obra de Dios después de haber recibido la remisión de los pecados. Si estos pecados no fueran tan grandes, muchos de nosotros habríamos dejado de trabajar para Dios incluso antes de terminar la obra. Pero los que han recibido la remisión de los pecados deben llevar a cabo la obra de Dios hasta el final. 
Debemos ser fieles a la obra de Dios desde el momento en que recibimos la remisión de los pecados hasta el final de nuestras vidas. Ya hagamos la obra de Dios o no, descansemos, comamos, bebamos o cualquier otra cosa, debemos hacerlo todo por la gloria de Dios. Pregúntense si alguien que ha recibido la remisión de los pecados debe vivir por la gloria de Dios. Al hacer esto, piensen si es correcto o no según la Palabra de Dios. 
El talento en esta parábola denota una cierta cantidad de oro o plata. Es una medida que Dios utiliza en la cantidad de trabajo que nos ha dado. Dios nos ha encargado Su obra valiosa a Sus siervos. Entonces, ¿quién son sus siervos? Los que han recibido la remisión de los pecados. Debemos recordar que Dios nunca utiliza a pecadores que no han recibido la remisión de los pecados, como Sus siervos. 
Nosotros debemos tener mucho cuidado: no debemos depender de nuestro conocimiento, y pensar que somos muy inteligentes. Los que alardean ante Dios y piensan que son más inteligentes que Él, confían en su razón más que en la Palabra de Dios. Estas personas no consultan con los siervos de Dios y no aceptan su consejo. No pueden evitar hacer sus propios juicios y seguir sus ideas erróneas. Cuando los siervos de Dios intentan ayudar a estar personas e instarlas a hacer la obra de Dios, estas no escuchan su consejo. Solo siguen lo que ellas piensan que es correcto. Entonces Dios no querrá que hagan Su obra y se la encomendará a otras personas. 
En el pasaje de las Escrituras de hoy, el señor le quitó el talento al siervo desleal y se lo dio al siervo fiel que tenía cinco talentos. Lo único que Dios le puede dar a una persona que no hace Su obra es reproche. Pero Dios da elogios y bendiciones a los que son fieles en la tarea que se les ha encargado. ¿Es problemático o gozoso hacer la obra de Dios? Es bastante placentero hacer la obra de Dios aunque nuestros cuerpos se cansen a veces por hacer tanto trabajo. Cuando la gente que ha recibido la remisión de los pecados no hace la obra de Dios, su vida se hace aburrida y se pervierte. Por tanto, cuanto más se trabaje por la obra de Dios, mejor se vive. 
Cuando no tenían que hacer la obra de Dios, ¿no tenían pensamientos inútiles y hacían cosas en contra de la voluntad de Dios por su propia satisfacción? Cuando no hay trabajo que hacer solemos perseguir nuestra propia avaricia y hacemos cosas en contra de la voluntad de Dios. ¿Saben lo que les ocurre a los que nos menosprecian en la Iglesia de Dios? Que son destruidos. ¿Y los que les ayudan? También acaban siendo destruidos. Por eso debemos evitar ayudar a la gente que ha dejado la Iglesia de Dios y hace su propia obra. Todos somos humanos y podemos tener compasión por ellos pensando que es comprensible lo que han hecho. Pero si hacemos esto y estamos de su parte Dios nos maldecirá.
Por eso no debemos ayudar a la gente que Dios odia. Dios odia a Su enemigo, y a los que le ayudan todavía más. Por tanto debemos considerar si Dios estará contento o no antes de ayudarles. Si no lo consideramos, podemos meternos en problemas con Dios. Si nos asociamos con una persona que está maldita, estaremos malditos también. Por mucho que este tipo de personas escuche el Evangelio y crea en él, no debemos compartir con ellas, si lo único en lo que tienen interés es en hacer su propia obra y se niegan a hacer la obra de Dios. Debemos hacer una distinción clara entre ese tipo de personas y nosotros. Debemos cortar nuestra relación y declarar: «Solo puedo hacer esta cantidad de trabajo para Dios porque soy insuficiente, pero estoy en la Iglesia y estoy haciendo Su obra. Vosotros habéis decidido no hacer la obra de Dios. Por eso debo cortar esta relación».
Algunas personas consideran a esta gente desleal porque se niega a hacer la obra de Dios como personas sabias y valientes. Esta es una noción bastante estúpida de personas insensatas que se basa en sus propias ideas y razonamientos. Dios desprecia a estas personas más que a nadie porque no hacen Su obra. Pero Dios ama a los que quieren hacer Su obra, a pesar de sus errores. ¿Saben por qué Dios me ama? Me ama porque hago la obra de Dios a pesar de mis numerosas insuficiencias. ¿Saben por qué Dios les ama? Dios no les ama porque hayan recibido la remisión de sus pecados solamente. Dios les ama porque están haciendo la obra de Dios en vez de seguir sus deseos carnales. 
Dios ama a todo el mundo por igual siempre y cuando se hayan convertido en Sus hijos al recibir la remisión de los pecados. Dios ama a Sus hijos por igual porque cada uno de ellos es muy valioso para Él. Dios ama a los que hacen la obra de Dios Padre voluntariamente en Su presencia. Ya hagan mucho o poco, los que son fieles a la obra que se les ha encomendado, recogerán frutos espirituales abundantes. Todo parece ir bien para los que no hacen la obra de Dios, pero serán reprendidos y malditos por Dios como si fueran un espino en Sus ojos. Al final fracasarán en todo lo que hagan.
¿Es difícil hacer la obra de Dios? Si pensamos en esto durante un minuto con la mente despejada, sabremos que trabajar en este mundo es más difícil que hacer la obra de Dios. Tendríamos que trabajar más duro si quisiéramos ganar 3000 dólares al mes en el mundo. Podríamos hacer la obra de Dios juntos. Pero tendríamos que terminar nuestro trabajo en el mundo primero. Es una gran bendición hacer la obra de Dios juntos en la Iglesia de Dios porque podemos dedicarnos a una causa justa y nuestras necesidades diarias estarán cubiertas. 
Vivir en este mundo sin hacer la obra de Dios es miserable. Por tanto hay motivos para envidiar este tipo de vida aunque no tenga mucho éxito. La gente puede perder todo lo que tiene por una enfermedad terminal que les cueste diez veces más de lo que han ganado en toda su vida. Desgraciadamente así es la vida. Piensen en qué gran bendición Dios nos ha dado a los que vivimos de esta manera. Dios ha bendecido a Su Iglesia en nuestros tiempos. Nos ha bendecido porque estamos juntos haciendo Su obra en Su Iglesia después de haber nacido de nuevo del agua y el Espíritu. Como está escrito en Su Palabra, no es porque seamos grandes. Dios está contento de bendecir a Su Iglesia porque somos hijos de Dios por fe, lo que complace a Dios.
La gente que no hace la obra de Dios después de haber recibido la remisión de los pecados es escasa. Dios trata a esta gente por separado porque esta gente mata a otras personas. Debemos prestar atención. No debemos dudar aunque el Diablo no nos deje en paz e intente penetrar sus pensamientos y deseos carnales en nosotros y así hacernos dudar. Nosotros somos justos. Somos los justos que hacen la obra de Dios. Ustedes y yo hemos recibido la remisión de los pecados y nos hemos convertido en el pueblo de Dios. Además entraremos en el Reino glorioso de Dios y disfrutaremos de la vida eterna y de las bendiciones por haber hecho la obra de Dios con lealtad en este mundo. 
Por eso está escrito en Romanos 8, 18 que nuestros problemas en este mundo no se pueden comparar con la gloria de la que disfrutaremos en el futuro. Pasamos por dificultades durante un tiempo en este mundo mientras hacemos la obra de Dios, ya que somos Sus hijos que disfrutarán de Su gloria y viven en ese lugar maravilloso para siempre. Aunque los nacidos de nuevo pasen por dificultades, una vida justa es un privilegio especial, ya que Dios ha encargado Su obra solo a los que han recibido la remisión de los pecados. Es muy reconfortante hacer la obra de Dios, porque Él no se la encarga a cualquiera. Estoy resaltando algo que ya saben. 
Hace poco tiempo un trabajador de nuestra misión me dijo que iba a dejar de ser ministro, iba a buscar un trabajo secular y volver a la Iglesia como miembro laico. Es una falsa ilusión pensar que una persona que ha estado sirviendo al Señor puede dejar de hacerlo, buscar un trabajo secular, ir a la Iglesia de Dios y hacer la obra de Dios en su tiempo libre. Es más difícil tener un trabajo secular, ir a la Iglesia y servir al Señor, que simplemente dedicarse por completo a hacer la obra de Dios. Cuando un ministro dice que quiere dejar de serlo y convertirse en un miembro laico, significa que no quiere hacer la obra de Dios. Una persona así soportará esta situación durante algún tiempo, pero después desaparecerá de la Iglesia por completo. Entonces un día aparecerá como enemigo del Evangelio y le hará daño a la Iglesia. 
Algunas personas dicen: «Voy a hacer la obra de Dios fuera de la Iglesia de Dios». Pero, ¿cómo puede una persona hacer la obra de Dios fuera del lugar de trabajo de Dios? Otras personas dicen que quieren apoyar la obra de Dios de evangelizar el mundo con el dinero que ganan en el mundo, aunque se vayan de la Iglesia. La Iglesia de Dios no necesita estas donaciones. Dios no utiliza este tipo de dinero. El dinero se puede conseguir cuando Dios nos bendice con él. 
Nosotros tenemos una responsabilidad hacia Dios como hijos Suyos. Es una responsabilidad bella porque estamos trabajando en un lugar en el que se nos ha instaurado. Pero de vez en cuando surgen pensamientos carnales en nuestros corazones. A veces deseamos vivir por nosotros mismos. En esos momentos debemos vencer esos pensamientos diciendo: «En el nombre de Jesús, te ordeno, Satanás, que te alejes de mí». Dios nos ha dado la salvación y quiere que utilicemos nuestras manos, pies, boca y todo lo demás para hacer Su obra. Si queremos hacer la obra de Dios, debemos darle a Dios todo lo que nos ha dado para cumplir la voluntad de Dios. No piensen que todo puede solucionarse con dinero. 
Me dan pena los trabajadores del ministerio que están pensando en dejar la obra de Dios y Su Iglesia. Por tanto les aconsejo que no dejen los ministerios que la Iglesia de Dios les ha encomendado. Les estoy aconsejando a los que ya han dejado su ministerio y se han ido a trabajar al mundo, porque al final dejarán de ir a la Iglesia del todo, aunque digan que servirán al Evangelio como laicos con cosas materiales. Debemos hacer la obra de Dios si queremos ir a Su Iglesia. La gente que viene a la Iglesia solo para el culto y se va después, acabará dejando la Iglesia. 
Por tanto deben pensar sobre lo que Dios quiere que hagan y empezar a hacerlo, aunque los predecesores de la fe no se lo hayan pedido. No les estoy regañando. Les estoy recordando que los que se niegan a hacer algo o se quedan de brazos cruzados sin hacer Su obra, serán castigados por Dios y considerados pecadores. ¿Quién va a recibir la salvación si ninguno de nosotros hace la obra de Dios? Cuando los que deberían hacer la obra de Dios, no la hacen, impiden que otras personas reciban la salvación. Esta gente será castigada como pecadores malvados porque están interfiriendo en la obra de Dios. 
El Padrenuestro dice: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu Reino, Hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Como es la voluntad de Dios, el Reino de Dios también debe cumplirse en este mundo. El Reino de Dios es la Iglesia, y cumplir Su Reino significa dar testimonio del Evangelio por todo el mundo para que muchas almas reciban la remisión de los pecados. En la Iglesia de Dios todos los creyentes se reúnen y alaban a Dios, mientras le adoran y comparten con los demás. Entonces ¿bendecirá Dios a los que no hacen esta obra?
Este mundo es el reino del Diablo, así que no es posible establecer el Reino de Dios mediante alianzas con el mundo. Los que solo trabajan para sí mismos se convierten en disolutos que no pueden trabajar con el estómago lleno. Podemos hacer tanto trabajo diligentemente porque lo hacemos por los demás. No podríamos hacer tanto si lo hiciésemos por nosotros mismos. En cuanto a los que trabajan solo por sí mismos, ganan mucho dinero si trabajan como si trabajasen para Dios, ¿pero creen que podrán trabajar mucho si viven por ellos mismos? Si la gente vive por sí misma, trabajará solo por sus necesidades. 
Estamos haciendo la obra justa, y es gratificante, y por eso la seguimos haciendo diligentemente. Los que viven para sí mismos no tienen mucho que ganar. Esa gente es inútil aunque tenga mucho dinero. Cuando vivía en la ciudad de Sockcho, en la provincia de Gangwon, en Corea, tuve una conversación con una persona rica que tenía un teatro enorme en aquella ciudad. Aunque tenía millones de dólares, me dijo que había comprado fideos con el dinero que había recaudado recogiendo recipientes reciclables en la calle, que se llevó a casa el rábano que venía como acompañante de la comida, y se comió acompañado de una bebida. 
Me dijo que había acumulado su riqueza de esta manera. Yo le quise decir: «He oído que tienes mucho dinero, ¿no? ¿Por qué no me das mil millones de Won (que equivalen a 1 millón de dólares) para que los utilice para una buena causa? ¿Para qué sirve guardar el dinero? Solo vale la pena tener dinero si lo utilizas para una causa justa. Lo utilizaré para la causa justa en tu nombre». La gente vive vidas penosas si vive para ella misma y no es generosa con los demás. Por supuesto, solemos estar atados a nosotros mismos en muchas cosas, pero los nacidos de nuevo viven por una causa justa. Debemos vivir por la obra de Dios hasta el fin de nuestras vidas porque Dios nos lo ha pedido. 
La decisión de dejar de hacer la obra de Dios debe tomarse con mucho cuidado. La protección de Dios y las bendiciones se acabarán cuando dejemos de hacer la obra de Dios. Estaremos malditos si no seguimos haciendo la obra de Dios, aunque hayamos recibido la remisión de los pecados. Si los hijos de Dios se asocian con los pecadores que no son hijos de Dios, y se convierten en uno de ellos, estarán tomando un atajo hacia la destrucción. Todas las bendiciones se acabarán si una persona que ha recibido la remisión de los pecados se casa con una persona que no ha nacido de nuevo, y se niega a recibir el consejo de la Iglesia. Esto hará que deje de escuchar la Palabra de Dios y deje de servirle. Si por casualidad han empezado a ir a una iglesia del mundo, un lugar donde no está Dios, se alejarán de los santos, aunque limpien la iglesia, compren órganos nuevos, y pongan cortinas de oro en esa iglesia, pero no estarán sirviendo a Dios. 
¿Qué tipo de personas debemos ser después de recibir la remisión de los pecados? ¿Debemos ser personas fieles a la obra de Dios o hacer el mínimo esfuerzo? La decisión es suya. ¿Qué podemos hacer si quieren dejar la Iglesia? ¿Habrá algo especial cuando dejen la Iglesia? Les voy a decir una cosa que es segura: están haciéndose daño si dejan la Iglesia. ¿Creen que han sufrido pérdidas y han hecho sacrificios personales cuando estaban en la Iglesia? ¿No creen que habrían hecho la misma cantidad de sacrificio si hubiesen vivido por su cuenta?
Me gustaría decirles lo siguiente: No intenten conectar con la Iglesia de Dios si no están haciendo la obra de Dios después de haber recibido la remisión de los pecados. Dios es el Maestro de Su Iglesia, así que expulsa a los que considera oportuno expulsar. Probablemente hayan visto esto por sí mismos. Imaginemos que un hombre deja la Iglesia. Aunque nadie le haya dicho nada, se va de la Iglesia por su propia iniciativa porque no cree en el Evangelio. Pero la verdad es que Dios le ha expulsado de la Iglesia. Dios dijo que una rama que no da frutos aunque esté conectada a la viña se debe cortar. 
A pesar de sus fallos deben creer en este Evangelio del agua y el Espíritu. Y deben seguir haciendo la obra de Dios aunque no les hayan encomendado mucho trabajo. Nos encontraremos con el Señor después de haber hecho Su obra con discreción. ¿Piensan que podemos ayudar a una persona en este mundo dándole dinero? Deben entender esto y proteger su corazón porque los nacidos de nuevo también pueden ser cortados si se alían con los que no hacen la obra de Dios. Él lo sabe todo. La persona que recibió un talento, como se narra en Mateo 25, 14-30, era la que había recibido la remisión de los pecados pero no había hecho la obra de Dios. Esta persona era una traidora. Esa persona era muy malvada. El pasaje de las Escrituras de hoy describe a un siervo malvado sin distinción de sexo y por no sabemos si era un hombre o una mujer. Pero la verdad es que Dios considera malvados a los que han recibido un talento pero no hacen Su obra. 
Hasta la fecha nosotros hemos servido al Evangelio con lealtad. Sin embargo, saber que la Palabra de Dios es así y entender lo que las Escrituras nos dicen es más importante. Si tenemos algún fallo debemos admitirlo ante Dios y debemos aceptarlo en nuestro corazón, al tiempo en que entendemos lo que Dios ha dicho. Deben darse cuenta de lo siguiente: «Debo creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y hacer la obra de Dios aunque tenga estos fallos. No puedo evitar ser así por culpa de mis insuficiencias. Pero creo que no debería hacer estas cosas que no complacen a Dios». Por favor, no se asocien con los que han recibido la remisión de los pecados pero no hacen la obra de Dios. Asociarse con esta gente es acumular maldiciones de Dios. ¿Puedo saber quiénes son en realidad? No es posible. Pero Dios les conoce y cortará las ramas podridas. Por si fuera poco, les dará enfermedades incurables y expondrá su maldad delante de todo el mundo. Nosotros tenemos fallos, pero somos gente bendita que hace la obra de Dios al haber recibido la remisión de los pecados. Creo en esto. ¿Creen en esto también?
Sigan siendo fieles hasta el fin, como gente que ha recibido la obra de Dios, y espero que reciban las bendiciones de fe y su fe se haga más fuerte día a día, y salga como el sol naciente. Espero que Dios nos dé Sus bendiciones abundantes a los que servimos fielmente al Evangelio. Amén.