The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 5-3] < Lucas 5, 36-39 > Los justos deben tener una vida nueva

< Lucas 5, 36-39 >
«Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor».
 
 
¿Qué tipo de vida debeos vivir?
 
Estoy muy contento por haber venido a esta metrópolis para predicarles la Palabra de Dios. Ustedes están siempre en mi mente, pero este lugar es como un pedacito de Cielo porque esta mañana he llegado a Seúl y he conocido al Pastor Youngwha Lee y su esposa, el ministro asistente, y a todos los miembros de la Iglesia y también he conocido a los colaboradores de nuestras iglesias de todo el país.
Debo empezar a hablar de fútbol hoy. He jugado al fútbol con los hermanos aquí y me lo he pasado bien porque las mujeres de los pastores nos han animado mucho. He podido demostrarles mi habilidad. Hoy he marcado un gol. Normalmente marco un gol o dos cuando juego al fútbol y creo que es gracias a las bendiciones y la ayuda de Dios. En realidad no he podido marcar más porque los hermanos en mi equipo no me pasaban la pelota. La próxima vez, creo que podré marcar más de un gol, porque los hermanos me pasarán la pelota más.
Mi garganta está un poco irritada de tanto predicar la Palabra de Dios. Por desgracia, mi voz se ha irritado tanto por gritar: «¡Pasadme la pelota!» en el campo de fútbol. No me han pasado la pelota aunque les he suplicado que me la pasaran. Creo que no saben que sé jugar. De todas formas, aunque juguemos al fútbol, lo hacemos por el Señor. ¿Cómo podemos predicar la Palabra de Dios correctamente si somos débiles, si no tenemos salud y nuestros cuerpos físicos están rotos? Por tanto, hemos jugados dos partidos para fortalecer nuestras piernas. Aún así, me siento lleno de energía ahora y siento que podría jugar otro partido esta noche después del servicio de la tarde.
Voy a dejar de hablar de fútbol y voy a empezar a compartir la Palabra de Dios. Hemos leído la Palabra del Evangelio juntos. La hermana Younghee Lee me ha dado las gracias mientras compartía su testimonio hace un momento, y estoy muy agradecido por esto. ¿Cómo nos habríamos conocido si no fuese por el Señor? ¿Cómo podríamos estar tan felices de vernos?
He predicado el Evangelio del agua y el Espíritu toda esta semana. Normalmente hablo sobre la vida de fe correcta y otras cosas cuando predico la Palabra de dios, pero solo he predicado el Evangelio del agua y el Espíritu esta semana porque muchas personas han venido por primera vez. Por tanto, he venido aquí para hablar una vez más acerca de la vida de fe correcta.
Quiero hacerles una pregunta. ¿Han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Han desaparecido todos sus pecados sin excepción? ¿Están sin pecados? Sí, es cierto. Nuestro Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados. Ahora podemos presentarnos ante el Señor sin vergüenza porque nuestro Señor nos dio Su sangre y carne y nos salvó de todos los pecados del mundo. Nuestro Señor nos ha bendecido. Por tanto, alabo al Señor y le doy gracias.
Cuando conocí el Evangelio del agua y el Espíritu por primera vez ante el Señor y recibí la remisión de los pecados, estaba muy contento por saber que no tenía pecados. Además, pensé mucho sobre cómo podía vivir una vida de fe por la justicia del Señor como el Apóstol Pablo. Como el Señor eliminó todos mis pecados, tenía el deseo de vivir por la justicia del Señor en vez de vivir por mi carne. A medida que pasa el tiempo y pienso en mi pasado, me parece un milagro el vivir con justicia después de haber encontrado la justicia del Señor y estoy muy agradecido por esto.
En realidad, los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en la justicia de Dios sufrimos persecución por la justicia del Señor y escuchamos cosas sin sentido; a veces no podemos dormir y sufrimos muchas dificultades por el Señor y el Evangelio. Sin embargo, ¿qué otra felicidad tenemos? En realidad, siento como si no tuviese ningún gozo sin la justicia del Señor, y en realidad he averiguado que la obra del Señor me permite vivir por el Señor. A veces no podemos servir la justicia del Señor porque nuestro corazón y nuestra carne se confunden, pero tenemos el deseo de vivir por el Señor en nuestros corazones.
Debemos pensar acerca de la vida que complace a Dios. ¿Cómo podemos servir a la justicia del Señor correctamente y vivir la vida de fe en el futuro si estamos atados al pecado de nuevo por culpa de nuestras debilidades cuando hemos recibido la remisión de los pecados y nos hemos convertido en personas que no tienen nada que ver con el pecado? No podemos servir la justicia del Señor si volvemos al pasado. Nuestro Señor nos ha convertido en personas perfectamente justas. Si es así, debemos hacer la obra de servir al Señor y cuidar de las almas perdidas. Pensar en la obra del Señor más que nuestras obras y vivir predicando el Evangelio del agua y el Espíritu es la vida que complace al Señor. Esta vida es adecuada para los que son justos.
No tenemos nada de qué preocuparnos porque el Señor nos ha salvado. No debemos preocuparnos por qué comer o cómo ganarnos la vida, en convertirnos en pecadores de nuevo, y no tenemos que preocuparnos de ir al infierno. Nuestro Señor no solo nos salvó de los pecados, sino que también tomó nuestras preocupaciones con Él. Por tanto, ahora podemos vivir por el Señor con todos nuestros esfuerzos. Tenemos el privilegio y la habilidad de vivir al Señor, y tenemos la responsabilidad de vivir por el Señor también. Recuerden esto. Hemos recibido la salvación y debemos entregar nuestros cuerpos y corazones con una fe firme para servir al Señor solamente.
 
 
Nuestro Señor nos ha salvado del pecado y es nuestro Dios
 
Este Dios es nuestro Maestro. Jesucristo, nuestro Dios, es el Maestro que tiene autoridad sobre todos nosotros. ¿Quién es el verdadero Dios para nosotros? Es Jesucristo, quien vino a este mundo, nos salvó de los pecados y se convirtió en nuestro Maestro. Es nuestro Dios, que merece ser adorado por nosotros. Es una fe correcta confesar que servir al Señor es lo correcto.
Piensen en esto. ¿Qué más en este mundo debemos adorar los que han recibido la remisión de los pecados? ¿Qué vale la pena hacer en este mundo? ¿Qué debemos hacer los que nos hemos convertido en personas justas en este mundo? Servir al Señor. Sé que lo más correcto es servir al Señor, quien nos ha salvado perfectamente de todos los pecados, ha eliminado nuestras preocupaciones, miedos y problemas, y nos ha dado la bendición y oportunidad para trabajar por la justicia y nos ha confiado la obra de servirle. Sé que esto es lo correcto. Ustedes se sienten igual, ¿verdad? Nosotros debemos servir al Señor durante el resto de nuestras vidas.
La Palabra de las Escrituras del Evangelio de Lucas dice: «Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo». Sería terrible si una persona que haya recibido volviera al pasado. Es una fe errónea servir al Señor y vivir como en el pasado después de haber recibido la salvación al creer espiritualmente.
Nuestra vida debe ser completamente nueva después de recibir la salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestra vida es diferente. Si de verdad han recibido la remisión de los pecados y el juicio de sus pecados ha terminado, no tienen que preocuparse de su carne ni trabajar duro por ustedes mismos. ¿Entienden lo que les estoy diciendo? Esto significa que los que hemos recibido la remisión de los pecados no debemos preocuparnos tanto ni trabajar duro por nuestra carne. Lean la Palabra de nuevo. El Señor dijo claramente: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo».
Nuestra vida después de recibir la salvación deberá centrarse en servir al Señor que se ha convertido en nuestro Maestro por fe, servir al Evangelio que el Señor nos ha confiado y hacer lo justo. Pero no podremos seguir al Señor ni recibir las bendiciones del Señor de lo contrario. Si seguimos viviendo sin abandonar nuestro pasado después de recibir la salvación por fe, entonces no estaremos viviendo correctamente como santos nacidos de nuevo. Todos solíamos vivir solamente por nuestra carne antes de nacer de nuevo. Esto significa que todos solíamos vivir por nosotros mismos. Es cierto. Antes de nacer de nuevo, solíamos vivir según los deseos de la carne y nos dejábamos llevar por las preocupaciones y ansiedades que conllevaban cumplir nuestros deseos. Solíamos vivir solamente por nosotros, por nuestra carne.
Sin embargo, ahora debe ser diferente. Una vida que se vive por uno mismo después de recibir la salvación del pecado, una vida que sigue los deseos carnales solamente no es una vida adecuada ante Dios. ¿Cuál es la razón? No podemos vivir por nosotros solos porque pertenecemos a Jesucristo. El Señor nos ha hecho Suyos con su sacrificio de redención: ha tomado todos nuestros pecados personalmente al ser bautizado, al ser juzgado por nuestros pecados y morir en nuestro lugar. Recuerden esto. Los que hemos nacido de nuevo debemos vivir sirviendo al Señor y al Evangelio a través de la Iglesia de Dios. Estoy diciendo que orar por la salvación de otras almas y vivir la vida justa por el Evangelio en unidad con la Iglesia de Dios es la vida adecuada para los santos nacidos de nuevo. Si siguiésemos viviendo solamente por nosotros incluso después de nacer de nuevo y solo viviésemos por los deseos carnales, sería una vida completamente inadecuada para los santos nacidos de nuevo.
El Señor dijo: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo». Aunque seamos insuficientes, los nacidos de nuevo debemos vivir sirviendo al Señor y al Evangelio del agua y el Espíritu. Esto le complace al Señor. Si seguimos viviendo con esta fe pasada después de nacer de nuevo, estaremos rompiendo un vestido nuevo y remendándolo en uno viejo. Si hemos recibido la salvación por fe pero seguimos viviendo como antes, no podremos tener una fe unida a la voluntad de Dios. Si hemos recibido la salvación por el Señor, debemos también vivir por el Señor, por el Evangelio y por la obra justa. ¿Lo entienden?
Nuestro Señor nos dio una vida nueva, Su carne, Su sangre y nos ha salvado del juicio. No hay juicio para nosotros gracias al Señor. Nuestro futuro está garantizado porque nuestro Señor ha recibido el juicio de nuestros pecados en la Cruz por nosotros. Es cierto. Hay un futuro feliz garantizado para los justos que han nacido de nuevo. No solo en el futuro, sino también ahora, nuestro Señor nos ayuda y nos bendice cuando vivimos por fe y por la justicia de Dios.
 
 
Busquen primero el Reino de Dios y Su justicia
 
El Señor dijo: «Buscad primero el Reino de Dios y Su justicia, y todas estás cosas se os darán por añadidura» (Mateo 6, 33). ¿Qué significa esta Palabra? Significa que el Señor nos ayuda y nos bendice en todos los aspectos de nuestras vidas cuando vivimos por la justicia de Dios. Dios interviene y bendice todos los aspectos de las vidas de los justos. El Señor ha resuelto todos nuestros problemas.
Sin embargo, ¿qué pasará si nos sentimos inadecuados aunque el Señor lo haya hecho todo por nosotros y no vivamos por el Señor, por el Evangelio y vivamos por nosotros mismos? El Señor retira Su mano de estas personas. El Señor nos dice: «Os he salvado y bendecido. Por tanto, debéis vivir por el Evangelio que os he confiado. Cuidaré de ti y tú harás mi obra. Dame tus manos, tu boca, tu corazón, tus pensamientos, tu sabiduría, tu cuerpo físico y tu tiempo. Te bendeciré. Haz mi obra».
El Señor nos quiere. Quiere a los justos y los bendice. Quiero decir que nos ama y cuida de nosotros. El Señor interviene en todos los aspectos de nuestras vidas, nos ayuda, nos lleva por el buen camino y nos da bendiciones. No hay nadie que haya recibido la bendición de Dios entre los que se han convertido en personas justas y han vivido guiadas por la Iglesia. No hay nadie entre esas personas que no haya probado la ayuda del Señor. Los justos seguimos probando las bendiciones del Señor y reciben aún más bendiciones en el futuro. Sin embargo, si nos sentimos inadecuados para servir al Señor y solo pensamos en nosotros, el Señor nos dirá algo así: «No eres adecuado. Voy a dejar de ayudarte aunque hayas recibido la salvación. De ahora en adelante bendícete a ti mismo. Yo voy a bendecir a los santos que me quieren».
Quiero que recuerden bien lo siguiente: servir al Señor después de nacer de nuevo es como servirse a uno mismo. Deben saber que la vida de servir al Señor es la correcta y debemos creer y vivir según esa fe. ¿Lo entienden? ¿Quieren vivir una vida bendita? Entonces, quieran al Señor. Quieran al Evangelio. Nosotros estamos sirviendo al Señor y el Señor cuida de nosotros y por eso tenemos una relación con Él. Esta es la vida justa para nosotros, los santos de Cristo. Nuestro Señor también nos bendice después de nacer de nuevo. El Señor nos bendice en nuestras vidas diarias y nos bendice en nuestras vidas espirituales.
¿Cuál es la vida de la Iglesia? Una vida en la Iglesia consiste en que los nacidos de nuevo se junten y unan sus corazones para servir al Señor. Sin embargo, ¿qué ocurriría si un pastor pecador viniese a la Iglesia de Dios e intentase unirse a los santos justos? Las Escrituras dicen que estas personas no podrían unirse. La fe de nacer de nuevo que hemos recibido ante el Señor se corrompería si los justos permitiesen que se uniesen a la Iglesia de Dios estos pecadores. Los santos que se han convertido en justos gracias al Señor deben vivir en la Iglesia de Dios y unirse a los justos solamente.
¿Qué ocurriría si nos comprometiésemos a ir a las iglesias de los pecadores? Si pensamos: «No pasa nada por hacer una pequeña concesión. No pasa nada por perder un poco. Solo tengo que seguir orando de la manera que oro cuando otras personas gritan y lloran ofreciendo oraciones de penitencia por los pecados que han cometido hoy», y nos sentamos de brazos cruzados, nuestra fe justa se corromperá. Es natural que nos ensuciemos cuando vamos a un sitio sucio. Hay algunas personas que han nacido de nuevo esta semana y el número de los nacidos de nuevo ha ido aumentando, y estos nacidos de nuevo deben vivir su fe en la Iglesia de Dios como un nuevo vestido y deben unirse con este vestido nuevo.
Todas las iglesias no son iguales a los ojos de Dios. Hay dos tipos de iglesias en el mundo: la Iglesia de Dios y las iglesias del mundo. La Biblia define este último tipo como “sinagoga de Satanás” (Apocalipsis 3, 9). Lo mismo ocurre con los cristianos. No todo el mundo es igual por ser un creyente de Jesús. Los justos deben vivir en la Iglesia en la que el pastor ha nacido de nuevo, su esposa ha nacido de nuevo, el ministro asistente ha nacido de nuevo, y todos los creyentes han nacido de nuevo. Los justos deben unirse con los demás justos y alabar a Dios, dar gracias, dar testimonio, regocijarse, servir al Señor y al Evangelio, orar al Señor por las almas perdidas, orar por los hermanos y hermanas, orar por los siervos de Dios y unir los corazones a la Iglesia de Dios que está haciendo la obra de Dios como ciudad de justicia. Entonces, pueden recibir todas las bendiciones que Dios quiere darles a través de la verdadera Iglesia.
¿Qué dicen las Escrituras sobre los justos, la gente que ha nacido de nuevo? Nos identifican como nuevos vestidos diciendo: «Todo lo viejo ha pasado; he aquí que todo es nuevo». No importa cómo hayamos vivido antes y cuál sea nuestro pasado, porque toda la gente que conoce la salvación de nuestros Señor se ha convertido en criaturas nuevas. Por tanto, nosotros nos hemos convertido en nuevas criaturas. ¿Lo entienden? Ya no son las personas antiguas. Nos hemos convertido en seres nuevos desde que nacimos de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro ser antiguo ha muerto al mismo tiempo en que hemos nacido de nuevo.
Nos hemos convertido en personas nuevas en el Señor. Ahora debemos hacer la obra de Dios porque somos criaturas nuevas. Esto significa que queremos hacer la obra de Dios porque somos criaturas nuevas. Todos los santos que han recibido la remisión de los pecados quieren hacer algo nuevo. Quieren hacer las nuevas obras diferentes a las que solían hacer en su antigua vida. Nuestro Señor nos da este tipo de corazones a los que hacemos estas obras. La Iglesia se hace nueva, las personas se hacen nuevas, los pastores se hacen nuevos, los pastores asistentes se hacen nuevos, sus mujeres se hacen nuevas, y los hermanos y hermanas se harán personas nuevas. Todos los santos nacidos de nuevo quieren compartir con los otros hermanos en el Espíritu Santo. ¿Cuál es la razón? Que nos hemos convertido en personas nuevas. Esto significa que nos hemos convertido en seres nuevos.
Sin embargo, ¿qué pasaría si una persona no supiese que se ha convertido en una criatura nueva? Que pensaría: «Me gustaba esta iglesia de antes más aunque ahora haya recibido la remisión de los pecados» y viviría como antes. Esto ocurre porque no sabe quién es. Como dicen las Escrituras: «Todo lo viejo ha pasado; he aquí que todo es nuevo», nos hemos convertido en criaturas nuevas en Cristo. Debemos entender correctamente que somos así. Es natural que los santos nacidos de nuevo no quieran volver a sus iglesias antiguas después de haber nacido de nuevo y haber recibido la remisión de los pecados. ¿Hay alguien que no pueda hacerlo porque se ha convertido en un hábito?
En el periodo de los tres reinos de Corea había un general llamado Yoosin Kim, del reino de Shinla. Antes de convertirse en un general, se enamoró de una camarera. Sus padres no la aceptaron y él les prometió que no volvería al bar a verla. Un día, cuando volvía a casa en su caballo, se empezó a quedar dormido porque estaba muy cansado. Cuando se levantó se dio cuenta de que el caballo lo había llevado al bar por costumbre. Entonces se enfadó y le cortó el cuelo al caballo. Entonces volvió a casa a pie y nunca más volvió al bar.
Algunos de ustedes estarán intentando volver a su vida antigua, pero tienen que recordar que son seres nuevos. Han muerto y sus amigos antiguos ya no serán sus verdaderos amigos. Como dice la Palabra de Dios aquí, las cosas nuevas y las cosas antiguas no deben juntarse después de nacer de nuevo. ¿Acaso el Señor no ha dicho: «No deberán juntarse»? No pueden juntarse como ha dicho el Señor. Un pecador y una persona justa no pueden unirse. No sé lo fuertes y pacientes que son, pero no pueden unirse a los pecadores por mucha paciencia que tengan. Los justos y los pecadores son como el agua y el aceite y nunca pueden mezclarse.
¿Creen que podrán unirse con ellos si tienen paciencia? ¿Son un dios? ¿Están diciendo que pueden unirse con las cosas antiguas porque son fuertes aunque Dios les haya hecho un ser nuevo? No se pueden mezclar con ellos. Cuando una persona justa y un pecador se juntan, empiezan a tener problemas en una hora. Una cosa antigua y una cosa nueva no se pueden juntar. Dios dijo claramente que no deberían unirse. ¿Lo entienden? Lo deben entender.
Pero, ¿qué pasaría si una persona no conociese su estado después de nacer de nuevo y no supiese volver a casa y entrase en una iglesia de pecadores que no han recibido la remisión de los pecados y dijese con ellos: «Por favor, Señor, perdona a este pecador»? Esta persona estaría fingiendo ser humilde y orar ante Dios aunque sabe que no es un pecador. Esta persona será arrogante al final. Y cuando una persona se hace tan arrogante, la Verdad de nacer de nuevo será para nada. Se acaba comportando como esos pecadores. Asegúrense de que lo saben. Entonces podrán decir: «Señor, soy un pecador» como otros pecadores si no han recibido la remisión de los pecados y unirse con las cosas antiguas aunque sea seres nuevos.
¿Qué significa esto? Significa que un santo justo que ha recibido la remisión de los pecados puede volver a ser un pecador. Al final puede traicionar al Señor. Entonces, empieza a no querer juntarse con los justos. No querrá ni verlos. Se volverá a convertir en un pecador porque niega la obra que el Señor ha hecho, porque no obedeció la Palabra del Señor y no le han seguido por fe, y porque no han creído en la Palabra del Señor con su corazón. Hay muchas personas así a nuestro alrededor.
 
 
Debemos deshacernos de toda la justicia carnal
 
Esto significa que debemos deshacernos de nuestro egoísmo, nuestras propias fuerzas, nuestro orgullo y nuestro amor humano. Nuestro ser antiguo ha muerto. Ha recibido el juicio. Lo hemos arrojado a la basura. Los que hemos nacido de nuevo debemos escuchar la nueva Palabra en la Iglesia de Dios y llenar nuestros corazones con la nueva fe. Una persona que se ha convertido en un nuevo ser debe llenarse de cosas nuevas. Debe llenarse de las cosas del Reino de los Cielos. Una persona justa que ha recibido la remisión de los pecados debe llenarse de las cosas del Reino de los Cielos, con cosas espirituales.
Yo sirvo al Señor. No sirvo al Señor con mis propias fuerzas, sino que le sirvo con la fe porque el Señor me ha hecho servir solamente a la justicia del Señor. Dios nos ha dado bendiciones abundantes. No quiero servir las cosas del mundo. No quiero servir las cosas que perecerán en el futuro. Quiero servir al Señor, trabajar por el Señor, hacer la obra justa y hacer la obra de Dios que será recordada durante mucho tiempo. Ustedes quieren hacer esto, ¿no es así? Sí. El Señor es nuestro Maestro y el Salvador. No hay nadie en este mundo más valioso que el Señor. Incluso mi mujer no es tan valiosa como el Señor. Lo mismo ocurre con mis hijos. No es que piense así, sino que en realidad es así. No puedo evitar amar al Señor porque me bendice. Creo absolutamente que el Señor toma responsabilidad de todas las cosas y me bendice.
Lo único que tengo que hacer en este mundo después de recibir la remisión de los pecados es servir al Señor y vivir por Él. Yo vivo por el Señor. Vivo por el Señor en vez de vivir por mí mismo. Aunque no tenga muchas habilidades y tenga muchos fallos, y aunque no pueda trabajar bien, sé que tengo la fe que cree que vivir por el Señor es lo correcto. Creo claramente que servir al Señor solamente es lo correcto. ¿Creen ustedes así también? Creo que el Señor les ayudará y les dará gracia.
Estoy muy agradecido. He muerto para el mundo al nacer de nuevo. No hay nada que tenga que hacer por mí mismo en este mundo. Esto también significa que no tengo que hacer las cosas del mundo. Me he convertido en una nueva criatura por el Evangelio del agua y el Espíritu. No tengo que hacer nada por mí mismo porque no hay ninguna obra del mundo que valga la pena, ya que el Señor lo ha hecho todo por mí. En realidad, la única obra que tengo que hacer es la obra del Señor. No hay nada que tenga que hacer por mí mismo. Es cierto. No es mentira.
Tengo muchos errores. A veces pienso: «¿Estoy sirviendo al Señor ahora?». No me gustan esos momentos. A veces no me gusto a mi mismo. Sin embargo, cuando examino mi corazón con fe y confieso: «Voy a vivir solamente por el Señor. Puede que no haga un buen trabajo, pero es la vida de fe correcta vivir solamente por Él». Puedo creer en el Señor de nuevo y vivir con fe en las cosas que Dios me ha permitido. Quiero que recuerden esto. Para todos los creyentes que han recibido la remisión de los pecados, la vida de fe correcta es vivir por la justicia del Señor.
No es una vida justa vivir solamente por nosotros mismos después de nacer de nuevo y seguir viviendo por uno mismo incluso después de haber crecido. Incluso después de recibir la remisión de los pecados, cuando una persona es un bebé espiritualmente, que acaba de recibir la remisión de los pecados, puede cuidar de sí misma porque no sabe mucho acerca de la vida de los justos. Y la Iglesia le entiende. La Iglesia le da amor y ora por esa persona porque no tiene conocimiento todavía. Sin embargo, no es correcto que un santo siga viviendo por sí mismo aunque haya crecido un poco. Nadie puede tener compasión ni simpatía por él en ese momento. Una persona madura espiritualmente no vive por sí misma.
Sin embargo, cuando miro a una persona que vive solamente por sí misma, aunque haya pasado mucho tiempo desde que nació de nuevo pienso: «¡Qué niño pequeño! ¿Por qué va Dios a bendecir a una persona así? Es un gran problema. Su fe tiene que crecer de alguna manera». Una persona no es así cuando su fe ha crecido por lo menos un poco. Sin embargo, hay muchas personas a nuestro alrededor que tienen la fe de un niño. Son personas que solo se preocupan de sí mismas. No pueden preocuparse de Dios porque están esclavizadas a qué van a comer y beber en este mundo y qué van a llevar. Por supuesto, la gente que tiene un trabajo, trabajar diligentemente para servir al Señor y cuidar de sus familias es lo correcto ante Dios. Esto se debe a que tener una vida social diligentemente no es una vida que se viva por uno mismo.
Muchas personas no viven por Dios. Cuando les digo: «Han recibido la salvación, ¿van a compartir el Evangelio con la gente de su alrededor? Vivan en unidad con la Iglesia», ellas contestan: «No» sin pensarlo dos veces. Dios les dice a estas personas: «¿Acaso no es justo hacer la obra justa en este mundo? ¿Acaso la vida de predicar juntos el Evangelio, orar y trabajar duro por la obra de Dios no es correcta? ¿Cómo os voy a bendecir si solo vivís por vosotros mismos? Os daría recompensas y bendiciones si hicieseis la obra justa con la Iglesia de Dios».
¿Saben lo misericordioso que es nuestro Señor? Nuestro Señor nos espera pacientemente, nos da todo lo que necesitamos y nos bendice. Lo hace porque quiere que los justos vayamos a Su Reino después de vivir una vida justa. Esto quiere decir que Dios quiere que vivamos con Sus hijos antes de que venga Su Reino. Dios no quiere nada de nosotros porque todo lo que hay en el mundo es de Dios. Es cierto. Dios nos dice que vivamos una vida recta y espera para poder bendecirnos como Sus hijos. Esto se debe a que Dios quiere que Sus hijos hagan el bien y vivan una vida recta. Dios no puede bendecir a una persona aunque quiera si esa persona hace cosas malvadas. Dios no bendice a esta persona porque sabe que hará cosas más injustas si la bendice. Sin embargo, el Señor nos bendice si vivimos por el Señor y hacemos cosas justas. Dios nos bendice para darnos cosas abundantes en este mundo y para que nuestro cuerpo y nuestro espíritu sean prósperos.
El Señor ama a los que sirven al Evangelio más. El Señor señaló a María por ponerle aceite aromático en la cabeza y dijo: «De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella» (Marcos 14, 9). Nos hemos convertido en hijos de Dios valiosos porque nuestro Señor nos ha salvado. Dios Padre nos llama hijos Suyos. ¿Creen en esto? Sí. Somos hijos de Dios. Además, el Señor nos dice a Sus hijos que debemos vivir una vida recta. Es cierto. Un Rey debe vivir como un rey. Una persona justa debe vivir como una persona justa y una persona bendita debe vivir como una persona bendita. Dios cuidará de todas nuestras necesidades cuando vivamos así. Debemos saber esto.
Vivimos con fe aunque tengamos debilidades. Por muy débiles que seamos, todo lo que hacemos es justo y bendito; y todo lo que hacemos es aprobado por Dios si vivimos por fe. Nosotros hemos recibido las bendiciones de Dios. Sin embargo, ¿qué ocurre si no vivimos por fe? Nos hemos convertido en personas que no tienen ninguna relación con las bendiciones de Dios. En esta vida morimos aunque trabajemos muy duro por nuestra cuenta.
Por tanto, debemos saber primero qué es lo correcto y hacer lo correcto según nuestra fe en el momento adecuado. Para vivir así, debemos primero tener una fe que crea con el conocimiento de lo que es correcto y de cómo debemos vivir. No hay ningún santo que haya hecho el mal al seguir al Señor. No hay ningún santo que haya hecho el mal por vivir una vida de fe siguiendo al Señor después de creer en Jesús y nacer de nuevo.
Sin embargo, ¿qué ocurre con la gente que busca al Señor sin nacer de nuevo? Hay muchas personas que son destruidas. Hay muchas personas que van al infierno. La gente que cree en Jesús sin nacer de nuevo acaba siendo destruida por completo. Esto significa que la gente que sigue a Jesús sin nacer de nuevo aunque crea en Jesús será destruida completamente de una manera horrible.
Por otra parte, no hay ningún nacido de nuevo que haya seguido la Palabra de Dios y haya sido destruido. ¿Hay alguien que haya sido destruido así? Yo sé bien la respuesta. El Señor nunca deja que las personas que le siguen sean destruidas. Sé que no hay nadie entre ustedes que hayan nacido de nuevo y que el Señor permita que sea destruido. ¿Por qué? Porque nuestro Señor es el Dios omnipotente y todopoderoso.
Leamos el versículo 37. Dice: «Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán». El vino aquí simboliza el gozo. Los creyentes que han recibido la salvación tienen nuevo vino y nuevo gozo. Hay una línea en un libro de himno que dice: «♬Mi gozo, mi nuevo gozo. ♪El Señor me ha salvado, mi nuevo gozo♬». Hay nuevo gozo para los santos que han nacido de nuevo. No es un gozo antiguo. Es un gozo nuevo.
 
 
El nuevo vino debe guardarse en odres nuevos
 
Las personas justas que tienen un gozo nuevo deben venir a la nueva Iglesia, la Iglesia de la justicia de Dios. Si ponemos vino en odres viejos, se romperán y el vino se malgastará, y los odres ya no se podrán utilizar. Los justos debemos vivir en la Iglesia que tiene pastores y ministros que predican la remisión de los pecados claramente, un Iglesia donde los ministros, las mujeres de los ministros y los creyentes que han recibido la remisión de los pecados están juntos. ¿Lo entienden? Solo entonces nuestro nuevo gozo será mantenido hasta el final; se añadirá gozo a su gozo y la gracia de dios se manifestará abundantemente. Todas las bendiciones de la Iglesia de Dios se manifiestan a través de nuestras bendiciones. Esto significa que todas las bendiciones que se han otorgado a la Iglesia se convertirán en nuestras bendiciones.
Los justos que tienen un gozo nuevo deben convertirse en la Iglesia nacida de nuevo. Solo entonces podrán vivir correctamente y recibir las bendiciones de dios. Aquí se dice claramente: «Y nadie echa vino nuevo en odres viejos». Esto significa que el nuevo vino debe echarse en odres nuevos. Si ponemos vino en odres viejos, como el vino rompe el odre viejo, acabaría por los suelos y el odre viejo no valdría para nada. El vino nuevo debe ponerse siempre en odres nuevos. La gente que acaba de recibir la remisión de los pecados debe ir a la Iglesia que permite a las personas recibir la remisión de los pecados. Esta es la Palabra de Dios absolutamente clara. Dios nos dice que vengamos a esta Iglesia porque tiene algo que decir y tiene bendiciones que darnos a los que se han convertido en personas justas.
Y no todas las bendiciones se acaban cuando recibimos la remisión de los pecados. La remisión de los pecados se convierte en la base para recibir todas las bendiciones y los criterios para todas las cosas. Por ejemplo, cuando una persona cumple estos requisitos viven en la Iglesia de los nacidos de nuevo, Dios bendice su vida, sus pensamientos, su corazón y sus obras. La gente que ha probado las bendiciones de Dios se queda en la Iglesia de Dios porque sabe que no puede ser destruida cuando cree así.
En nuestros pensamientos, puede parecer que nuestro Señor no nos está ayudando. Pero en realidad cuida de nosotros y nos ayuda. Nuestro Señor nos da bendiciones. Piensen en esto. ¿Podríamos habernos conocido y haber vivido juntos con el Señor si no hubiera sido por las bendiciones del Señor? No podríamos hablar como ahora. Yo también puedo predicar la palabra con un cuerpo sano porque el Señor nos ha bendecido. Debemos creer que el Señor nos ha dado grandes bendiciones y una gran gracia.
Como dicen las Escrituras: «Los justos vivirán por fe», nosotros debemos vivir por fe. Debemos recibir bendiciones a través de la fe y obedecer a Dios con fe. Obedecemos la Palabra de Dios con fe, recibimos las bendiciones por fe y hacemos obras justas por fe. La fe es lo primero, lo segundo y lo tercero. ¡Fe! La fe lo es todo Empezando con Abraham, el padre de la fe, todos los justos han vivido por fe hasta ahora.
Queridos hermanos, ¿han recibido la remisión de los pecados? ¿Creen la Palabra que dice: «El vino nuevo debe ponerse en odres nuevos»? Ahora que hemos nacido de nuevo, debemos tener un gozo nuevo, el gozo que es como una fuente, eternamente en la Iglesia de los nacidos de nuevo. La gente que se ha convertido en vino nuevo y en seres nuevos debe tener un nuevo plan de vida que incluya su vida espiritual. Nuestro Señor ha trazado un plan completamente nuevo para nosotros.
¿Viven por fe en la justicia de Dios? ¿Hacen cosas por fe? ¿Hablan con fe? ¿Oran con fe? ¿Buscan a Dios con fe? Nuestro Señor nos guía a los creyentes perfectamente por el camino bueno si creemos en Dios y oramos con fe, obedecemos por fe y vivimos por fe, y si nos unimos a la Iglesia por fe. Por tanto, todos debemos vivir por fe.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando una persona no vive por fe al nacer de nuevo? Que murmura incoherentemente: «Cierto. Es verdad. Todo es cierto. Pero no sé qué hacer correctamente», como un pollito moribundo que ha comido veneno de ratas. Todo es difícil y doloroso cuando no se vive en la Iglesia, cuando no viven por fe, y cuando no viven su fe. Todo está bien cuando vivimos por fe y Dios recibe gloria y nosotros bendiciones cuando lo hacemos por fe, pero la vida es muy agotadora y estresante cuando no vivimos por fe. Entonces siempre pensamos: «¿Qué gozo? ¿Dónde está el gozo? El pastor siempre grita y me canso de servir al Evangelio todos los días. Es muy cansado».
Crean en el Señor de todo corazón. No se sentirán cansados ni irritados. Esta Palabra de Dios es la Palabra bendita. Nuestro Señor está diciendo esto para que los nacidos de nuevo no vayan por el mal camino y se dejen llevar por la corriente del mundo. Presten atención a la Palabra que el Señor nos ha dado hoy. No debemos hacer estas cosas como si estuviésemos cosidos a un traje viejo ni seguir viviendo en un odre viejo. ¿Creen en esto?
La Palabra de hoy no es difícil de entender, ¿verdad? Es una Palabra fácil y clara. Las Escrituras dicen: «Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor». Una persona que no haya nacido de nuevo ni siquiera pide este gozo porque no conoce el vino nuevo, porque no conoce el nuevo gozo. ¿Lo entienden? Estas personas no quieren venir a la Iglesia de los nacidos de nuevo porque no quieren conocer nada nuevo, porque nunca han probado las cosas nuevas.
Por supuesto, a veces desean venir. El Espíritu Santo les susurra mientras están sentados en casa.
«Quiero ir. ¿Tú quieres ir? Levántate. Vámonos».
«Bueno, me siento un poco raro allí».
«¿Qué quieres decir con sentirte raro? Vámonos».
Nuestro Señor, que tiene tanto amor, les pide a las personas que no han nacido de nuevo que vayan a Su Iglesia. Pero a la mayoría de las personas que no han nacido de nuevo les gusta el vino antiguo, en vez del vino nuevo. En el mundo, el vino añejo es mejor. Pero, ¿cómo es el vino del Reino de los Cielos? El vino nuevo es el verdadero vino del Reino de los Cielos. Si hemos probado el vino del Reino de Dios, no queremos probar el vino añejo del mundo por el olor. Pensaremos: «¡Qué sucio! ¿Por qué está tan malo? No quiero beber». Ni siquiera podremos beberlo. Prueben el vino del Cielo, es freso y aromático. ¿No creen?
Hoy he predicado la Palabra con alegría.
Sirvamos la justicia del Señor juntos. Servir la justicia del Señor es la vida correcta para los nacidos de nuevo. Y busquen ayuda del Señor. Entonces el Señor les ayudará. Nuestro Señor nos amará y se quedará con nosotros hasta el fin del mundo en vez de echarnos cuando nazcamos de nuevo, nos ayuda, nos bendice y nos protege para siempre.
Esto es cierto. El Señor es el Dios justo que se hace responsable de nosotros. Alabemos al Señor por este amor. Démosle gracias. Oremos ante el Señor con acción de gracias. «Señor, te alabamos. Has salvado a muchas almas durante esta semana. ¡Señor! Por favor, cuida de nosotros. Protégenos. Danos fe, cuida de nosotros y guíanos para que te sirvamos correctamente. Bendícenos a todos, Señor». Amén.