The New Life Mission

Sermones

Tema 12: La fe del credo de los Apóstoles

•Fe en el perdón de Pecados (1 Juan 1:9)

Creemos que solamente el Señor puede lavar nuestros pecados con la Palabra del evangelio del agua y del Espíritu. Así, Isaías 1:18 dice, “‘Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. En 1 Juan 1:9, también se dice, “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
Aquí, debemos darnos cuenta de que la frase “si confesamos nuestros pecados” no significa que Dios perdona nuestros pecados siempre que demos rezos de arrepentimiento. 1 Juan 1:19 significa exactamente que recibimos la remisión de todos nuestros pecados cuando admitimos nuestros pecados ante el Señor y creemos que Él Señor los ha borrado ya con todos los pecados del mundo con el bautismo que Él recibió y la sangre de la Cruz. Cualquier persona que admite sus pecados ante Dios y cree en el evangelio del agua y del Espíritu es arropado por Dios con la gracia de la remisión del pecado. 


¿Aquí Cuáles Son los ‘Pecados’? 

Cada descendiente de Adán nace con pecado. Por lo tanto, nadie puede decir estar “sin pecado” por no cometer ningún pecado, para los seres humanos, originalmente siendo natos con pecado, tienen ya pecado incluso si no cometen ningún pecado. Así, cada uno necesita al Salvador que puede salvarlo/salvarla del pecado. Los que dicen estar sin pecado y no tener ninguna necesidad de creer en Jesús solo terminan estando contra Dios. 
Al principio, Dios creó los cielos y la tierra, hizo el Jardín de Edén, y permitió que Adán y Eva vivieran en él. En este lugar donde no había pecado, Dios tenía una relación familiar con ellos en su relación personal. Pero para convertirlos en sus hijos, Dios les había dado una ley. Esta ley era no comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios les dijo, “en el día que ustedes coman de él de seguro morirán”. Y para darles la vida eterna y las bendiciones eternas, Dios les dijo que comieran el fruto del árbol de la vida. Pero en vez de comer el fruto del árbol de la vida como Dios les había dicho, comieron el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, el árbol que ciertamente los conduciría a su muerte (Génesis 2:17, 3:22). 
Cayendo en la tentación del diablo, Adán y Eva terminaron comiendo el fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal. La muerte vino como precio de este pecado. Esta es la razón por la cual Romanos 5:12 indica, “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. Así, los seres humanos ahora necesitaron a su Salvador. 
Algunas personas están seguras de sí mismas, como el joven rico en Mateo 19, que Él ha guardado todos los mandamientos de Dios desde su niñez. Pero no hay nadie que siempre haya guardado todos los 613 mandamientos de Dios. 
Entonces como Dios nos dio la ley, que todos no podemos observarla. La Biblia dice que con la ley nos hacemos conscientes del pecado (Romanos 3:20). Los diez mandamientos que Dios nos ha dado señalan nuestros pecados. Por ejemplo, alguien puede odiar a su propio padre, pensando en su mente, “¡el viejo individuo debe estar senil!”. Esta persona entonces está rompiendo ya el quinto mandamiento de la ley de Dios y cuando un hombre desea a una mujer en sus pensamientos, incluso si él no comete realmente adulterio, él ha roto ya el séptimo mandamiento. Por otra parte, Dios también considera a la codicia, celos, y al odio como el asesinato incluso si no matamos realmente a alguien, pues estos son los que nos motivan para asesinar. ¿Quién, entonces, puede siempre guardar totalmente los mandamientos claros e intachables de la ley de Dios que perforan la hendidura más profunda de nuestros pensamientos? 
Además, Santiago 2:10 indica, “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”. ¿En esta luz, quién puede afirmar ser sin pecado ante esta ley terminante de Dios? 
En nuestras debilidades, tropezamos a menudo en pecado. ¿Por qué es este el caso? Es debido a nuestro pecado original —es decir, porque los seres humanos son fundamentalmente corruptos. Esta es la razón por la cual David, se arrepintió de su pecado al romper el séptimo mandamiento, dijo en el Salmo 51:5, “He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre”. David, es decir, fundamental admitió su pecado. Los rezos de arrepentimiento ofrecidos por el Cristiano ordinario de hoy y la confesión de David de sí mismo fundamentalmente como masa de pecados son totalmente diferentes uno de otro. El anterior admite solamente sus pecados de hechos reales, mientras que el último, en contraste, admite que él no puede dejar de pecar porque él es fundamentalmente una masa de pecados. 
Solamente los que se reconocen a sí mismos como masas grandes de pecados y creen en el evangelio del agua y del Espíritu dado por el Señor pueden recibir la gracia de la remisión del pecado de Dios. ¿No sería este el caso? ¿Qué es lo correcto para que hagamos? ¿Es enumerar nuestros pecados diarios ante Dios y pedirle su perdón diario, o es reconocer nuestras debilidades, admitir a nuestro verdadero yo como masas grandes de pecados, y a creer, agradecer, en el evangelio del agua y del Espíritu dado por el Señor? ¡Lo último, por supuesto, es lo correcto que hagamos! Todos creemos que sabiendo y creyendo en el evangelio del agua y del Espíritu, podemos tener solucionados todos los problemas de nuestros pecados. 
En Juan 6:53-55, Jesús dijo, “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”. Aquí, que debemos comer la carne del Señor y beber Su sangre significa que debemos tener la fe que cree que Jesús tomó sobre sí todos los pecados del mundo con el bautismo que Él recibió de Juan. Esto significa que si no sabemos la verdad del bautismo de Jesús, entonces no podemos pasar nuestros pecados a Él, y nuestros pecados por lo tanto tampoco se pueden perdonar. Si tenemos una cuenta en un almacén, seguiríamos siendo deudores hasta que nosotros hayamos pagado totalmente la cuenta. Asimismo, si decimos que no había ningún bautismo que Jesús haya recibido de Juan, el representante de la humanidad, cuando Él vino a esta tierra, entonces no podemos decir que se han perdonado nuestros pecados (Mateo 3:15, 11:11-13). 
La crucifixión de Jesús era una consecuencia del hecho, de que Él primero había tomado sobre sí los pecados de la humanidad con el bautismo que Él recibió de Juan. Así, el Señor nos ha salvado de nuestros pecados al ser crucificado, el vertimiento de su preciosa sangre, y de tal modo llevó toda la condenación de nuestros pecados por nuestro bien. 
Cuando profesamos creer en Jesús, debemos creer que Él tomó todos nuestros pecados sobre sí con su bautismo. 
La Biblia habla claramente sobre la remisión de los pecados de los creyentes, que se puede resumir en dos puntos principales. Primero, nos dice que por ser bautizado, Jesús aceptó que todos los pecados del mundo pasaran a su cuerpo. 
El Salmo 32:1 indica, “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”. La palabra ‘expió’ contiene el significado de ‘tomó sobre sí los pecados’ y ‘para aceptar pecados.’ Como tal, 1 Pedro 3:21 dice, “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. Con el bautismo que Él recibió de Juan, Jesús aceptó todos los pecados de cada uno en este mundo de una vez por todas. 
En segundo lugar, la Biblia nos dice que Jesús ha borrado nuestros pecados. 
Isaías 43:25 dice, “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. “Borrar de” aquí significa hacerlo desaparecer pintando sobre o soplarlo como polvo. 
Esto significa que Dios Padre ha limpiado los pecados del mundo pasándolos sobre su Hijo con su bautismo. Para esos entre nosotros que pudieran estar diciendo, “no tengo ninguna esperanza puesto que he cometido muchos pecados”, ellos, pueden ser liberados también de todos sus pecados oyendo la Palabra del evangelio del agua y del Espíritu. El diablo nos dice, “¿qué no has cometido toda clase de pecado?”. Pero incluso si habíamos oído tales palabras, cuando nosotros creemos en el bautismo de Jesús y en la sangre de la Cruz, entonces todos podemos ser liberados de todos los pecados. Cuando tenemos esta clase de fe, el diablo consigue asustarse y se aleja. Estamos convencidos de que el Señor ha perdonado nuestros pecados con el bautismo y la sangre de Jesús. Cuando creemos que Jesús ha perdonado todos nuestros pecados con Su bautismo y la sangre de la Cruz, entonces sus maravillosas obras de paz vienen a nuestras vidas. Esta es la fe central del Cristianismo, la fe de la remisión del pecado. 


El Resultado de Recibir la Remisión del Pecado 

Es para ser liberados de nuestros pecados y de nuestro miedo de la muerte. Cuando las personas no creen en el evangelio del agua y del Espíritu, son abandonadas por Dios, y por lo tanto están plagadas de muchas tragedias y preocupaciones, incapaces de evitar su aterrorizante muerte. Así, los seres humanos han hecho su máximo para salvarse de sus pecados y de su muerte. En ocasiones asistieron a los supuestos rituales religiosos hechos por su propia corrupción, continuando inútilmente aferrados a su arrepentimiento, ascetismo y meditación. Pero nosotros que creemos en Jesús como nuestro Salvador, su bautismo y sangre no solamente nos han perdonado de los pecados del mundo, pero también han restaurado nuestra relación con Dios que había estado hasta ahora quebrada, y de tal modo nos han liberado de nuestros pecados y de nuestro miedo a la muerte. 
Cada uno que cree en el evangelio del agua y del Espíritu ha hecho constantemente tal confesión. Con su bautismo y sangre, el Señor ha perdonado aun a las personas como yo de todos mis pecados. Hasta que tenemos esta clase de convicción, nuestros corazones dejan de pesar y de inquietarse. Pero los creyentes que han sido perdonados de sus pecados creyendo en el bautismo y la sangre de Jesús se regocijan en la gracia de la remisión del pecado, algo de lo cual ellos nunca habían experimentado antes en este mundo. 
Mirándonos, que habíamos sido pecadores pero que ahora creemos en el bautismo de Jesús y su muerte en la Cruz, el Señor ha lavado nuestros defectos, nos ha perdonado de todos nuestros pesados pecados, y de tal modo nos ha dado la paz verdadera. Pues el Señor ha comprado nuestros cuerpos pagando por ellos con su propia y preciosa sangre, en agradecimiento seguimos siendo fieles a Él, diciendo, “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” (Salmo 116:12).