The New Life Mission

Sermones

Tema 12: La fe del credo de los Apóstoles

•Fe en la Vida Eterna

Esta declaración, que creemos “en la vida eterna,” es la última confesión de la fe en el Credo de los Apóstoles, y al mismo tiempo es nuestra más alta y más grande esperanza. 
Hay algunas personas que dicen que el mundo es un lugar tan desgraciado que sería mejor que murieran pronto. Pero tal es simplemente una queja la cual está absolutamente lejos de ser su verdadero pensamiento. La mayoría de la gente no desea morir, y aunque este mundo está de hecho lleno de apuros, ellos aun así desean vivir una larga vida. ¿Por qué es esto así? Porque como Eclesiastés 3:11 dice, Dios “y ha puesto la eternidad en el corazón de ellos”. 
Cada uno tiene el deseo de comer. Y para satisfacer este deseo, hay toda clase de alimento disponible para ellos. La gente también no solamente desea vivir, sino que también desea por instinto al sexo opuesto. Esta es la razón por la cual hay hombres y mujeres. Así, la razón por la que la gente tiene el instinto de buscar después de que sea la eternidad es porque hay una futura vida eterna. 
Parece como si mientras que la gente cree en la inmortalidad de sus almas, solo algunas creen en la inmortalidad de su carne. Pero con los adelantos en ciencia, hemos venido descubrir la ley de la constancia de la masa, es decir, mientras que los materiales pueden cambiar en sus formas, en su sustancia no cambian. 
El agua, por ejemplo, permanece en su forma líquida a la temperatura ambiente, pero cuando la temperatura cae, se solidifica en el hielo, y si se calienta, se vaporiza en gas. Pero esto no significa que desapareció el agua por sí misma, sino solamente había cambiado en su forma. 
Como esto, cuando nuestros cuerpos de carne mueren, se convierten en las cenizas si están incinerados, y se descomponen si están enterrados bajo tierra. Pero estos son solamente cambios químicos. Es decir, después de la muerte nuestros cuerpos no desaparecen totalmente, sino que cambian solamente en forma, y todavía siguen intactos sus elementos que lo componen. 
En particular, la carne y los espíritus de los Cristianos, simultáneamente en su muerte, sus almas se santifican y ascienden totalmente al Cielo, mientras que sus cuerpos están sin sentido hasta el día de la vuelta del Señor. Cuando vuelva el Señor, resucitarán los muertos, resucitados se transforman, y entonces viven para siempre, con sus almas y cuerpos juntos, en el Reino del Padre. Jesús por lo tanto dijo en Juan 11:25-26, “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Así, la vida eterna de los seres humanos nunca es un sueño, sino que es verdadera y real. Los que se han hecho sin pecado creyendo en Jesús vivirán para siempre. 
Dios es Dios del amor y de la justicia. Él por lo tanto bendice el bien y castiga el mal. Pero en este mundo, la recompensa del bueno y el castigo del malo no se actualizan correctamente. ¿Por qué? Porque los seres humanos no se han hecho para vivir solamente en este mundo y después para dejar de existir con la muerte, sino que ellos se han hecho para vivir por siempre en el siguiente mundo. 
Esta es la razón por la cual Jeremías, servidor de Dios, preguntó, “Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?” (Jeremías 12:1) Jeremías entonces siguió sus preguntas diciendo, “arrebátalos como a ovejas para el degolladero, y señálalos para el día de la matanza”(Jeremías 12:3). Él creyó, es decir en el juicio de la vida futura, y contestó a sus propias preguntas. 
Como Jesús dijo en Mateo 25:46, “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” no hay error en que los seres humanos viven no solamente en este mundo, sino que también para siempre en su vida futura. 


¿Qué Significa Las Almas Recibiendo La Vida Eterna? 

Esto significa vivir con Dios por siempre. Solamente Dios vivo del Padre, del hijo, y del Espíritu Santo, que han estado y estarán por siempre, tienen vida eterna. Así, el verdadero significado de la vida eterna es participar en la vida de Dios. 
¡Eso es correcto! Lo que hace del Cielo un paraíso para nosotros es el hecho de que Dios, la raíz de todas las bendiciones, estará con nosotros. Es un lugar en donde solamente vivirán los que han recibido la remisión del pecado creyendo en el bautismo y la sangre dados por Jesús. Apocalipsis 21:3-4 dice, “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. ¡Eso es correcto! Si hay algo como la vida eterna sin Dios, solamente puede ser el sufrimiento eterno del infierno. No hay mayor bendición que el hecho de que Dios está con nosotros por siempre. Cantamos el viejo himno, “Jesús, el mismo pensamiento de Ti; De dulzor llena mi pecho; Pero una cara más dulce de Ti para ver. Y en tu presencia descanso”. 
Significa una vida de felicidad que vive por siempre. Cristo ahora ha restaurado la vida eterna que habíamos perdido debido a la falta de Adán, nuestro antepasado, de guardar su convenio y su inhabilidad para comer el fruto del árbol de la vida, y Él nos ha dado la vida eterna. En Apocalipsis 22:1-2, Juan atestigua, “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.
En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto”. 
“Viviendo en la orilla, estoy viviendo en la orilla, estoy viviendo donde fluyen las aguas curativas; Viviendo en la orilla, estoy viviendo en la orilla, estoy viviendo donde fluyen las aguas curativas”. 
Significa vida eterna sin ningún pecado. Debido a la corrupción religiosa que ha conducido a la persecución de Cristianos por idolatras y su opresión por los ateos, debido a la corrupción política que ha conducido a la tiranía de la difamación de gran alcance y desenfreno y de la puñalada traicionera, y debido a la corrupción moral que ha conducido al flujo sin fin de la obscenidad, del fraude, del hurto, del robo, de la violencia, y del asesinato, este mundo permanece constantemente volátil. 
Pero la vida eterna en el reino del Cielo se vive en un dominio donde se eliminan todos los males, y que se llena solamente de paz y de justicia. Así, 2 Pedro 3:13, “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”. 
Porque Dios eliminará no solamente los males de este mundo pero también los de nuestra corrupción restante, todos viviremos en la felicidad de la vida eterna en el Cielo de paz, en donde el pecado dejará de molestarnos. 
Solamente los que han nacido otra vez del agua y del Espíritu pueden gozar de tal vida eterna. Las palabras no pueden describir la belleza y la gloria escarpadas del Cielo, y así que la Biblia simbólicamente las describe solamente a nosotros. En Apocalipsis 21:2 describe al Cielo como “dispuesta como una esposa ataviada para su marido” y el versículo 11 nos dice que tiene “teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal” y el verso 21 indica que “Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla”. Los adornos de la novia, piedras preciosas, oro puro, y las perlas — todas estas cosas describen lo mejor en adornos en términos terrenales, porque no hay ninguna otra mejor manera de describir el Cielo. 
Diremos que uno de nuestros conocidos subió a una montaña famosa. Cuando usted le pregunta de cómo fue la experiencia, puede ser que él diga, “¡no puedo comenzar a describir que tan hermoso era! ¡Era tan asombroso que ninguna palabra puede describirlo mejor!”. Cuando las palabras no pueden describir incluso una montaña, ¿cómo podrían describir siempre la gloria eterna del Cielo? 
Significa la vida eterna que tiene fraternidad con Dios en facultad intelectual perfecta. 1 Corintios 13:12, “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” Sabremos y tendremos fraternidad perfecta con no solamente con los que nos habían conocido personalmente mientras que estábamos en esta tierra, sino también de los que habían estado antes de nosotros y los que vendrían después de nosotros, aun sin habernos presentado a ellos. Este hecho es probado en el pasaje de Mateo 17:1-8, donde Pedro, viendo a Moisés y a Elías que aparecían cuando estaba Jesús transfigurado, dijo, “Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías” (Mateo 17:4). Esto nos demuestra que Pedro podía reconocer inmediatamente a Moisés y a Elías, cada uno de ellos había vivido 1.500 años y 800 años antes de la propia época de Pedro. 
¿Tenemos padres, maridos, esposas, hermanos, hijos e hijas que habían vivido en la fe y fueron a Dios antes de nosotros? Cuando este tiempo venga, los encontraremos otra vez con alegría, y no habrá separación. Los creyentes no existen solamente efímeramente y después desaparecen. Los que han recibido la vida eterna creyendo en Jesús tendrán sus almas y cuerpos salvados, y ellos vivirán con el Señor por siempre. 
Puede solamente ser una gran bendición que podemos confesar nuestra fe en el Credo de los Apóstoles, el mismo Credo en el cual los santos antes que nosotros creyeron y confesaron. ¿Por qué? Porque ellos afirman y confiesan el Credo del Apóstol como su propia fe y lo siguen con un “amén” son los benditos que vivirán por siempre en el hermoso Reino del Cielo. 
En conclusión, Jesús habló de conocer y de creer integrándolos juntos. Él dijo una cierta palabra muy difícil y misteriosa: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna”. ¿Qué tan importante es esta palabra? Nos dice de la relación entre nuestras almas y la vida de Cristo, como la carne que necesita comer y beber. Esta es la Palabra que nos dice creer en el hecho de que Jesús, con el bautismo que Él recibió de Juan, tomó todos los pecados del mundo sobre su propio cuerpo. Y nos está diciendo que creamos en que Él murió en la Cruz, y que Él se levantó de entre los muertos en tres días. 
La promesa de Dios es un regalo. No es algo que podemos recibir con nuestros propios trabajos o penitencia. Así, debemos creer en la Palabra de Cristo, la obedecemos y somos fieles a ella. Es la Palabra de la vida que sigue a esto. Porque sabemos sobre la vida eterna, debemos caminar el camino estrecho. Debemos mantenernos en seguir la voluntad de Dios, no importa qué tan solitario sea. Debemos caminar por el camino estrecho aunque perdamos todo por eso. 
Esta es el camino de aquellos que reciban la vida eterna. Esta vida eterna se puede lograr con nuestra muerte voluntaria, como está escrito, “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:25). Y su principio no es sino este mismo momento, ahora. El principio de la vida eterna es ahora no después de nuestra muerte. Debemos darnos cuenta de esto. Ahora, cuando vivimos con Cristo, marca el principio de la vida eterna. Una vida que supera a la muerte, que triunfa sobre el pecado, y que es fiel a Cristo —esto en sí mismo es la vida eterna. 
Viviremos en vida eterna. Viviremos por siempre. El agua de la vida enseñada por la Biblia se encuentra en el evangelio del agua y del Espíritu. Los que creen en este evangelio del agua y del Espíritu también creen en la vida eterna. ¡Aleluya! ¡Alabo a nuestro Señor! Usted, debe creer también en el Señor que ha venido a nosotros del agua y de la sangre. 
El Espíritu Santo reprende a las personas por sus pecados. Él hace que se den cuenta de que todos los seres humanos están bajo pecado como los descendientes de Adán y de Eva, y que son malvados los seres que no pueden evitar hacer frente a su muerte debido a los pecados que cometen a diario. Pero cuando las personas creen en el bautismo y la sangre de Jesús, el Espíritu Santo también garantiza su salvación. 
Por otra parte, el Espíritu Santo también testimonia la justicia de Dios. Él condena como pecadores, reprende, y castiga a los que no creen en el evangelio de la remisión de los pecados de la humanidad que Jesús ha cumplido —es decir, en el bautismo y la sangre de Jesús como la remisión de sus pecados. 


Las Obras del Espíritu Santo en Aquellos Que Han Nacido De Nuevo

Él hace que los santos mantengan su santidad. 
Él enseña, conduce a los santos y a los servidores de Dios. 
Él los conforta y ayuda. En nuestras vidas, la tristeza y el sufrimiento se nos acercan sin fin. Viniendo a nosotros que hemos estado lastimados, el Espíritu Santo nos cura y nos conforta. No solamente esto, pero Él también nos ayuda en nuestras debilidades y nos consolida. 
Romanos 8:26 indica, “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.
Así, el Espíritu Santo trabaja en los corazones de los santos. Para los apóstoles y para nosotros, todos tenemos un Señor, una fe, y un bautismo (Efesios 4:5). ¡Aleluya! 
Alabo al Señor por siempre por darnos la fe de los Apóstoles.