The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 8-1] < Lucas 8, 4-10 > Los resultados y las recompensas de la fe

< Lucas 8, 4-10 >
«Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga. Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan».
 
 
¿Cuáles son las recompensas de nuestra fe?
 
Mis queridos hermanos, ¿qué resultados y qué recompensas de la fe recibiremos si creemos en la justicia de Jesús? Hoy voy a hablar de esto. En primer lugar, el resultado de la fe en la justicia de Jesús es la salvación de los pecados. La gente puede ser salvada por fe en la justicia de Dios. ¿Qué tipos de dones recibimos si somos salvados por fe? Podemos recibir el Espíritu de Dios como un don. Y entonces podemos obtener el Reino de Dios. Podemos poseerlo. En cuanto a los resultados de la fe en la justicia de Jesús, no solo obtenemos la salvación de los pecados, sino también el Reino de Dios.
Sin embargo, la gente que no recibe la remisión de los pecados por fe en la justicia del Señor no puede entrar en el Reino de Dios. La gente que no puede recibir la remisión de los pecados porque no cree en la justicia de Dios, será destruida en vez de entrar en el Reino de Dios.
El Señor habló de la parábola del sembrador en Lucas 8, al hacer una comparación de los cuatro tipos de campos. El Señor dijo: «El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron» (Lucas 8, 5). Las semillas no pudieron dar ningún fruto.
Los siervos de Dios y los santos siembran las semillas del Evangelio del agua y el Espíritu en todos los corazones de este mundo. Siembran las semillas del Evangelio en los caminos grandes, en las callejuelas, en palacios, en cabañas, de manera que caen en todo el mundo, ya sean personas muy inteligentes o no, ricas o pobres. Pero el Señor dijo que las semillas que caen junto al camino son pisoteadas por los hombres y se rompen, y entonces los pájaros vienen y se las comen. Los pájaros que devoran esas semillas son Satanás que vino y devoró el Evangelio. El Señor está explicando que los predicadores de la Iglesia de Dios siembran las semillas del Evangelio en este mundo, pero muchas semillas se siembran en vano y no pueden dar frutos. El Evangelio del agua y el Espíritu está bien predicado a la gente del mundo por los siervos de Dios incluso ahora mismo.
El Evangelio de la Verdad por el que se puede obtener el Reino de Dios está siendo predicado a los corazones de la gente a través de la Palabra de Dios; pero muchas de estas semillas se han malgastado. Todas las semillas vivas contienen vida, y por eso crecen y dan flor. ¿Por qué algunas semillas son inútiles como acabo de mencionar? Porque los corazones de la gente no han sido preparados para aceptar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Por qué no están preparados los corazones de la gente? Porque no están interesados en el resultado ni en las recompensas que se obtienen por fe en la justicia de Jesús. Creer en la justicia de Jesús es obtener la salvación de los pecados, y por eso la gente ha obtenido la salvación de los pecados puede poseer el Reino de Dios. Sin embargo, los que no han sido preparados con este tipo de fe no tienen ningún interés en el Reino de Dios.
Estos cuatro tipos de campos simbolizan los cuatro estados de los corazones. El corazón que está junto al camino es tan duro que la semilla no puede echar raíz. La gente suele pisar ese suelo junto al camino, y esas semillas no pueden echar raíces porque es un suelo duro. Esto implica el poco interés que tiene la gente en la salvación de sus almas. No tienen ningún interés en ser salvados de los pecados.
Mis queridos hermanos, nos hemos reunido en la capilla hoy para adorar a Dios. Hemos recibido la remisión de nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu porque Jesús nos ha perdonado 500 denarios de deuda. La cuestión es qué tipo de resultados obtenemos cuando recibimos la remisión de nuestros pecados, venimos a la capilla a adorar, alabar y donar dinero a Dios por fe en la justicia de Jesús. Hemos sido salvados de todos nuestros pecados por fe en la justicia de Dios. La cuestión es qué resultados obtenemos al adorar en la Iglesia de Dios después de haber salvados de nuestros pecados.
El resultado es que poseemos el Reino de Dios. Obtenemos la salvación por fe en Jesús, quien vino por el agua y la sangre. Y el resultado es que ser salvados de todos nuestros pecados y de vivir con fe es obtener el Reino de Dios. Debemos recibir el Reino de Dios como la recompensa de nuestra fe. Si no hay recompensa por nuestra fe, vivir por fe no tiene ningún sentido.
Pero el Señor dijo que no nos olvida a los que hemos recibido la remisión de los pecados y que nos dio el Reino de los Cielos. ¿Qué tipo de lugar es el Reino de Dios? El Reino de Dios es un lugar donde el árbol de la vida da doce tipos de frutos y cada árbol da fruto cada mes (Apocalipsis 22, 2), donde no hay insuficiencias, donde hay abundancia, amor, gloria y felicidad, y donde hay una vida eterna con el Señor. Este es el Reino de Dios. Esto es lo que podemos recibir. Nuestro Señor habló de los cuatro tipos de campos que hay en los corazones de los seres humanos en el pasaje de las Escrituras de hoy.
 
 
¿Qué semillas se plantan junto al camino?
 
El Señor dijo que Satanás devoró todas las semillas sembradas junto al camino. Esto demuestra que estos tipos de personas no tienen ningún interés en creer en la justicia de Dios y que no reciben la salvación de los pecados. Y son personas cuyos corazones no están preparados. Por tanto, no pueden salvarse aunque escuchen la Palabra de Dios de los predicadores porque no sienten la necesidad de tener el Evangelio ni de creer en él y porque no conocen las recompensas que obtendrán si creen en Jesús.
Y el Señor, hablando del Segundo tipo de campo, dijo en Lucas 8, 6: «Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad». En este caso, muchas personas reciben la Palabra de Dios, pero lo hacen en vano siguiendo las religiones del mundo y creen en Jesús como quieren. Si la gente cree en Jesús como su Salvador, debe hacerlo calculando los resultados de creer en Él y lo que recibirán al buscar esta meta, pero no pueden hacerlo y acaban creyendo en Jesús según las valores del mundo.
Una semilla que cae en las piedras, crece temporalmente. Sin embargo, el Señor dijo que se muere porque no hay humedad; si seguimos leyendo, vemos que nuestro Señor dijo después: «Muere porque no tiene raíz. Pero no puede dar fruto». Cuando creen en Jesús, deben pensar en los resultados y las recompensas de creer en Él con el corazón puesto en la Palabra de Dios. Debemos encontrar la respuesta a estas preguntas en la Palabra de Dios: ¿Qué reciben los que creen en Dios y han sido salvados? ¿Cómo debemos vivir nuestra fe? ¿Por qué tengo que venir a la Iglesia? Quiero salir y pasarlo bien en primavera, ¿por qué tengo que venir a la Iglesia, escuchar la Palabra y servir al Evangelio? Pero la mayoría de los cristianos se han parado con pensar: «Si creo en Jesús como el Salvador, todos mis pecados serán eliminados. Y seré salvado». Por tanto, esto significa que no tienen objetivo espiritual, esperanza ni recompensa. Estas personas perderán todas las bendiciones y promesas de Dios si abandonan sus vidas de fe, dejan de escuchar la Palabra de Dios, y dejan de esperar el Reino de Dios.
He dicho que el Reino de Dios es la recompensa de creer en la justicia de Jesús y vivir por fe hasta el final. Debemos creer profundamente en la Palabra de Dios si queremos obtener el Reino de Dios. Y debemos tener raíz en esa Palabra. Nuestra fe debe tener raíces en la Palabra de Dios si queremos mantenerla hasta el final. Debemos tener la Palabra arraigada en nuestros corazones. Debemos pensar si vamos a vivir por fe o no hasta el final; qué es la verdadera sabiduría; qué resultados se obtienen por creer en una cosa; o en otras palabras, qué ganaremos o perderemos; y qué ocurrirá si no tenemos interés en esas cosas. Debemos encontrar la respuesta a estas cosas en la Palabra de Dios.
Pero la gente para en el momento en que se sienten bien al recibir la remisión de todos los pecados. Deben seguir viviendo en la Palabra de Dios y Sus promesas después de recibir la remisión de todos sus pecados; pero estas personas no pueden hacer esto. Por tanto, sus vidas de fe no tienen significado, y no pueden vivir con fe hasta el final. Se convierten en capullos que se marchitan porque no tienen humedad. Las palabras «Porque les faltaba agua», se refiere a las palabras «porque les faltaba la Palabra de Dios».
Nuestras almas obtienen la salvación al creer en la justicia de Jesús. Dios dijo que nos da el Reino como un don a los que han sido salvados. Mis queridos hermanos, han sido salvados de todos sus pecados. Ser salvados de todos sus pecados es muy valioso y también poseer el Reino de Dios.
¿Cómo se llama esta flor? La diacona Kim me ha dicho esta mañana que se llama “allium”. Es un nombre curioso. Suena a uranio o plutonio que se utiliza para hacer bombas nucleares. De todas formas, estas plantas que se llaman allium salen de semillas; esas semillas crecen y dan fruto, y ¿para qué sirven si no dan frutos y solo crecen y mueren? De la misma manera, decimos que hemos recibido la remisión de los pecados, pero no vale para nada si no tenemos raíces en la Palabra del Señor ya que no podemos vivir nuestra fe y morimos pronto porque no tenemos la Palabra de Dios ni raíces. Morir es lo mismo que no haber nacido. Si no podemos poseer el Reino de Dios aunque creamos en Jesús, habremos creído en Jesús en vano, y aunque hayamos creído en Él, el resultado será el mismo que no haber creído.
Entonces, después de haber sido salvados de nuestros pecados, podemos mantener esa salvación. Debemos mantenerla hasta que el Señor vuelva y hasta que vayamos a Él. Solo entonces podremos ser recompensados. Si no tuviésemos una recompensa después de haber recibido la remisión de los pecados, la buscaríamos en otro lugar. Si no pudiésemos obtener una recompensa después de haber creído en Jesús, buscaríamos los valores seculares en otra parte del mundo. Pero cuando creemos y buscamos una recompensa, esa recompensa debe ser digna. De lo contrario, no tendríamos corazones endeudados en vez de corazones acreedores. Pensaríamos: «¿Por qué es mi vida así aunque he vivido creyendo en la justicia de Jesús? Debería vivir mejor que un pecador en todos los sentidos y debería ser recompensado, pero ¿para qué vale vivir con necesidades?». Si los cristianos no tienen interés en el Reino de los Cielos y no tienen fe para obtenerlo, intentan obtener recompensas en otros lugares. Intentan buscarlas en lugares seculares. Así que piensan que han recibido una recompensa cuando en realidad solo reciben cosas buenas de este mundo. Por tanto, siempre están vacíos y sin satisfacción y tienen ideas incorrectas para intentar conseguir dinero y cosas del mundo al creer en Jesús cuando vienen a la Iglesia y viven una vida de fe.
Por tanto, no debemos ser como las semillas que cayeron en las piedras. Las semillas que han caído en las piedras, se meten entre ellas, se beben todo el rocío antes de que salga el sol, viven mientras el sol brille, apartan las piedras y llegan al suelo para poder sobrevivir. Hay plantas así de tenaces. Los que hemos sido salvados debemos tener la esperanza en el Reino de Dios, pensar solamente en esa recompensa, seguir viviendo por fe en este mundo, creer en la Palabra y sobrevivir hasta el final para obtener el Reino de Dios como la recompensa final.
Pero la gente que no tiene interés en el Reino de Dios y no tienen raíces no puede recibir las recompensas de este mundo. Son personas más vacías y que no tienen satisfacción porque intentan recibir las recompensas seculares. Pero tienen que recordar que el Señor nos ha dicho que las semillas que han caído en las piedras no pueden dar fruto. No pueden crecer y convertirse en árboles y plantas completas. Crecen solo un poco, después se mueren y no dan fruto. ¿Qué quiere decir esto? Habla de la gente que no ha sido salvada porque no puede dar el fruto de la salvación. Es la parábola que habla de que no han sido salvados, sino que han perdido la fe que les permite mantener la salvación.
Las personas se marchitan como semillas que han caído en las piedras si buscan recompensas en otras cosas del mundo porque han recibido la remisión de sus pecados pero no vienen a la Iglesia de dios o han sido salvadas pero no tienen el Reino de Dios como su meta. No pueden dar fruto. Pierden su fe tarde o temprano. Pierden la salvación aunque la hayan recibido.
Algunas personas dicen: «Esto no tiene sentido. ¿Por qué hablas del Evangelio todos los días? ¿No hay nada más?» y van a otras iglesias aunque hayan recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si nos los encontramos más tarde, vemos que su salvación no está completa. Pierden el sentido, piensan que la salvación lo es todo, y ven que han perdido la salvación al final. No pueden dar frutos que nacen en el Reino de los Cielos. No poder dar frutos es lo mismo que perder la razón de vivir. Es lo mismo que dice la Palabra: «Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido» (Mateo 26, 24). Esto es lo que Jesús le dijo a Judas. Si no hubiese conocido a Jesús o no hubiese creído, habría vivido y después habría ido al infierno. Como es natural que la gente vaya al infierno vaya al infierno por tener pecados y no creer en Jesús, el tiempo pasará así; Judas creyó en Jesús una vez, probó el don del Cielo, y pensó que había sido salvado al creer en Jesús, pero entonces abandonó su fe a mitad. Así que no recibió ninguna recompensa como resultado de su fe en Jesús porque había perdido su salvación. Esto se debe a que su fe no dio fruto No dio fruto y se marchitó.
Estas personas están convencidas en su fe al principio pero después se van de la Iglesia de Dios. Piensan: «No voy a perder mi fe. Creo en toda la Palabra». Pero, queridos hermanos, esto no es verdad.
¿Por qué habla la Biblia de los cuatro tipos de campos? No se puede hacer nada con las semillas plantadas junto al camino porque son devoradas por los pájaros, pero cuando caen sobre las piedras, florecen porque hay humedad. Las plantas crecer después de florecer. Pueden convertirse en plantas o árboles grandes, pero las semillas acaban muriendo antes. Esto es aún peor que las semillas que caen junto al camino. Es como lo que le pasó a Judas.
 
 
En el segundo campo la semilla cae en las piedras, brota, empieza a creer, pero muere pronto
 
El primer campo no pudo brotar, y en el caso de las personas, esto quiere decir que no creyeron en Jesús. Pero en caso del segundo campo, las personas creyeron en Jesús, pero murieron porque su fe estaba incompleta. Murieron porque no pudieron escuchar la Palabra pura de la Verdad. Al final, acabaron perdiendo la recompensa de creer en Jesús. Pierden el resultado de su fe. Este tipo de personas son como las que no creen en Jesús, o incluso peores que las que han probado la salvación una vez. Nuestra fe no puede ser como la semilla que cayó en el segundo tipo de piedras y murió.
 
 
El tercer tipo de campo: «Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron»
 
Una semilla cayó entre espinos, brotó y empezó a crecer, pero los espinos bloquearon la semilla con su sombra para que no pudiese creer y al final murió. Los espinos simbolizan el amor del mundo, como qué comer o beber, o preocuparse por tener éxito en el mundo. Los espinos simbolizan dejar las vidas de fe por pensar que estas no permiten vivir bien en el mundo cuando se cree en Jesús. Los que tienen un corazón con un campo espinoso no pueden vivir felices si creen en Jesús y por eso matan la fe al perseguir los valores del mundo, porque aman tanto al mundo. Acaban matando su fe. Esto significa que matan las semillas de la fe que fueron sembradas en sus corazones para poder vivir bien en este mundo. Las personas que han recibido la remisión de los pecados y no vienen a la Iglesia de Dios porque se preocupan sobre cómo vivir, qué comer, qué beber y que llevar, no son diferentes a la gente de este mundo.
En realidad, la gente que no viene a la Iglesia trabaja sin descanso, y los que abren sus negocios los domingos para ganar más dinero, no son mejores que los que vienen a la Iglesia los domingos para adorar y trabajan en las áreas que Dios ha permitido. Pero la gente que viene a escuchar la Palabra cuando está siendo predicada es mejor que los que no la escuchan y trabajan el domingo. Esos no escuchan la Palabra de Dios y trabajan constantemente porque solo les interesa ganar dinero. ¿Creen que Dios bendecirá a ese tipo de personas? ¿Cómo puede ganar dinero este tipo de personas? ¿Cómo pueden hacerse ricos? Hay muchas maneras de gastarse el dinero, pero ¿cómo pueden hacerse ricos?
Se preocupan por las cosas del mundo y solo piensan: «¿Qué comeré? ¿Qué beberé? No puedo tener éxito yendo a la Iglesia así. No puedo ser más rico ni mejor que otros». Mis queridos hermanos, estos son los pensamientos carnales del hombre. Los pensamientos carnales son todo lo que tienen, porque no tienen los pensamientos de Dios. Dios nos da paz a los que Él ama y les da recompensas a los que le temen. Las bendiciones pueden ser nuestras solo cuando Dios nos las da como está escrito:
«Si Jehová no edificare la casa,
En vano trabajan los que la edifican;
Si Jehová no guardare la ciudad,
En vano vela la guardia.
Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar,
Y que comáis pan de dolores;
Pues que a su amado dará Dios el sueño» (Salmo 127, 1-2).
Las semillas que cayeron entre los espinos acaban muriendo. No pueden recibir luz del sol y no pueden crecer y por eso se mueren. Se marchitan y se mueren. Hay muchos espinos en el monte. ¿Han visto alguna vez plantas bonitas crecer entre ellos? La razón por la que no las han visto es que se marchitan y se mueren. Se mueren porque los espinos cubren las plantas y no reciben luz.
Mis queridos hermanos, ustedes matan la Palabra de la salvación sembrada en sus corazones si piensan solo en qué comer, qué beber y qué hacer para ser feliz. Ustedes matan la salvación que se ha plantado en sus corazones. Espero que no maten la Palabra de la salvación sembrada dentro de ustedes. Sus corazones deben hacerles venir a la Iglesia de Dios y escuchar la Palabra de Dios al guiar a sus cuerpos, y sus cuerpos deben ayudar a sus espíritus a estar vivos al escuchar la Palabra de Dios. Solo entonces sus espíritus podrán prosperar en todas las cosas y sus cuerpos estarán sanos. Nuestros espíritus deben prosperar absolutamente. Este tercer campo también dio resultados negativos.
 
 
El cuarto tipo de campo es un campo muy bueno
 
El Señor dijo: «Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno». Entonces dijo: «El que tiene oídos para oír, oiga». Dijo: «Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno» (Lucas 8, 8), pero ¿qué tipo de campo es el bueno? Un buen campo es un suelo rico y blando para que las semillas puedan enterrarse en él; un suelo que pueda contener agua cuando llueva; y un suelo que pueda recibir nutrición o aceptar la Palabra de Dios cuando la escuche. El Señor dijo que n buen suelo da fruto a ciento por uno.
Mis queridos hermanos, el suelo bueno son sus corazones y los míos que aceptan la Palabra de Dios. Son corazones que aceptan y creen en la Palabra de Dios para recibir todas las recompensas. Espero que tengan este tipo de corazones. El buen suelo da frutos.
Si leen Juan 21, verán que Jesús fue a conocer a Pedro, que estaba pescando, y le preguntó tres veces: «¿Me quieres?» (Juan 21, 15-17). Jesús le dijo: «De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras» (Juan 21, 18). Los que hemos recibido la remisión de los pecados vivirán por fe, y el resultado de nuestra fe es obtener el Reino de Dios. Nosotros recibimos el Reino de Dios como una recompensa.
Mis queridos hermanos, somos salvados y vivimos por fe en este mundo; hemos sido salvados y recibido la recompense de servir al Señor, y estas recompensas son suficientes. Aunque hayamos recibido nuestra recompensa, debemos decidir cómo viviremos nuestra fe hasta el final, en qué dirección iremos, qué haremos, y dónde vamos a poner nuestra esperanza. Jesús le dijo a Pedro: «De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras» (Juan 21, 18). Mis queridos hermanos, ¿cómo debemos vivir la vida de fe? ¿Qué tenemos para vivir? Los que hemos sido salvados debemos vivir para los que no han salvados todavía. Hay muchas personas en este mundo que no han recibido la remisión de los pecados.
Deben vivir por este tipo de personas, y aunque no quieran, deberán convertirse en personas que ayudan a los que necesitan apoyo y viven por los que están peor aunque no quieran aceptarles. A veces me siento irritado porque mi garganta está seca y me duelo, pero en esos momentos me siento agradecido por hacer la obra de predicar el Evangelio a todo el mundo. Vamos a predicar este Evangelio del agua y la sangre en el que creemos a toda la gente del mundo para que no haya una sola persona que no lo conozca. Y todo el mundo aprenderá el Evangelio, y no habrá necesidad de predicarlo más. Esto significa que no sentiré la necesidad de vivir como pastor o predicador. Quiero terminar mi misión al predicar el Evangelio hasta los confines del mundo.
Así que yo también tengo este tipo de pensamientos: «No habrá nada más que hacer ara mí si predico el Evangelio hasta el fin del mundo para que todo el mundo pueda aprenderlo. Así que mi vida de fe también se acabará, ¿y qué haré después? El Señor no ha venido todavía, y todavía me necesita mucha gente, ¿cómo voy a vivir? ¿Qué puedo hacer?». Tengo que pensar de nuevo lo que necesito para vivir y qué es el significado de la vida. El Evangelio no se ha predicado todavía por todo el mundo, pero mirando las cosas con los ojos de la fe, el Evangelio se está predicando y yo tengo que pensar en por qué tengo que vivir y qué tipo de vida tengo que vivir después. Entonces, estas Palabras del Señor me vinieron a la mente: «De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras» (Juan 21, 18).
Esto significa que debemos vivir por las necesidades de los demás, y mi vida es altruista. Esto es lo que significa, ¿hay otras personas que me necesitan? Así que he ido a hospitales cercanos para ver a mis hermanos y hermanas, y ahí he conocido a las almas de personas del mundo. Mis queridos hermanos, hay muchas personas que están en mejores situaciones que la mía. Y hay muchas personas que no me necesitan. Pero reconozco que hay personas más insuficientes que nosotros.
Hay muchas personas que nos necesitan. Debemos vivir por estas personas. El Señor dijo que hay buenos campos que dan cien veces más frutos. ¿Cuál es el significado de nuestras vidas? ¿Acaso no vale la pena vivir por las necesidades de los demás? Hemos sido salvados y hemos obtenido el Reino de Dios. El resultado de esta fe es la salvación y la recompensa de la salvación es el Reino de Dios.
Pero la cuestión es que los santos y los siervos de Dios deben vivir por algo después de haber sido salvados. La respuesta es que debemos vivir por los que nos necesitan. Mis queridos hermanos, necesitan algunas posesiones materiales y trabajar si viven por sí mismos. Pero si viven por las personas que están peor que ustedes y que les necesitan, estamos muy ocupados y tenemos mucho más que hacer.
Mis queridos hermanos, es bueno hacer esto. Mis queridos hermanos, debemos convertirnos en semillas que han caído en el buen suelo. Nos hemos convertido en personas que dan cien veces más frutos. Si una persona predica el Evangelio a cien personas, les ayuda a recibir la remisión de los pecados, a recibir el Reino de Dios como recompensa, y las nutre espiritualmente para ayudarlas a crecer bien, esa persona da cien veces o mil veces más fruto, aunque parezca que está predicando el Evangelio solo. Si viven por otras personas con una conciencia limpia ante Dios, al convertirse en campos buenos del corazón y tener una buena fe, darán cien veces más frutos, la voluntad de Dios se cumplirá, y esta vida dará el resultado de que muchas almas recibirán el Reino de Dios como recompensa.
Debemos convertirnos en campos buenos. Debemos darnos cuenta de que debemos vivir por nuestras vidas de fe. No todo el mundo se convierte en un campo bueno al escuchar el Evangelio. Como he dicho anteriormente, tres de los cuatro campos eran malos, y al final mataron las semillas que cayeron en ellos. Mis queridos hermanos, ¿murieron estas semillas o no? Murieron. Morir aquí significa que no se cree en Jesús o que se cree en vano. El primer campo simboliza a una persona que escuchó el Evangelio y murió porque no creyó bien; el segundo campo es una persona que creyó en Jesús y fue salvada pero su salvación no estaba completa. No pudo dar frutos. En otras palabras, abandonó su fe a mitad. Una persona con el tercer tipo de campo hace lo mismo que el segundo tipo de campo. ¿Por qué? Por las cosas del mundo, porque no vivió una vida recta, porque no vivió por otras personas, y porque no obedeció la Palabra de Dios.
Pero el cuarto tipo de campo era bueno porque dio muchos frutos. Mis queridos hermanos, espero que tengan la fe que da frutos. Espero que se conviertan en los santos que reciben el Reino de Dios como recompensa. Y espero que se conviertan en trabajadores de Dios. Espero que se conviertan en verdaderos siervos de Dios.
Mis queridos hermanos, ¿se acaba todo con ser salvados? No. El Señor dijo que los buenos campos dan cien veces más frutos. Hay muchas personas en este mundo que tienen que escuchar el Evangelio de ustedes. Hay muchas personas en este mundo que son más insuficientes que ustedes. Debemos vivir por este tipo de personas. Debemos vivir nuestra fe por este tipo de personas. Debemos sacrificarnos.
¿Cuál de estos cuatro campos son ustedes? Probablemente no serán el primer campo. ¿Son el segundo o el tercero? ¿Son el segundo campo que escucha la Palabra del Señor pero no la mantiene? ¿Creen que no necesitan vivir con fe? ¿Quieren abandonar toda su salvación y su recompensa? ¿O acaso son el tercer tipo de campo que se pregunta cómo vivir bien, vestirse bien, comer bien y recibir recompensas en este mundo? ¿O es el cuarto tipo de campo con buen suelo? Es difícil, duro y cansado vivir por los que nos necesitan, pero ¿son ustedes el tipo de personas que cuidan de los demás hasta el final, van a ellos, les sirven, predican la Palabra y oran por ellos? ¿Son ustedes las personas que viven por los que están en peores condiciones y no mejores? Debemos convertirnos en buenos campos. Debemos convertirnos en campos con vidas de fe que dan fruto al final.
No todos recibimos la remisión de nuestros pecados por creer en Jesús como nuestro Salvador, no podemos mantener nuestra fe hasta el final solo porque hayamos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si quieren mantener su fe en el Evangelio hasta el final y recibir completamente el Reino de Dios como una recompensa, debemos seguir la voluntad de Dios. Así es un buen campo. Solo este tipo de campo puede dar cien veces más frutos al vivir una vida de fe y mantener esta fe hasta el final. Este tipo de personas pueden recibir el Reino de Dios como una recompensa.
Pero, ¿qué ocurre cuando los campos no son Buenos? Que son arrojados al fuego. ¿Qué pasa con los árboles muertos? ¿Qué ocurre con la hierba seca? ¿Acaso no se utilizan para hacer fuego? Hemos sido salvados, no debemos pararnos ahí, sino que debemos convertirnos en buenos campos. Debemos vivir vidas altruistas. Debemos vivir por la gente que está peor que nosotros. Esta es la vida de un cristiano. Este tipo de vida es la vida de los que creen en Jesús. Nuestra fe consiste en vivir por la gente que está peor, en ayudar a los pecadores a ser salvados. Esta es la orientación de nuestra fe. Debemos vivir de esta manera. Debemos convertirnos en buenos campos.
Pero hay personas entre nosotros, por muy triste que sea, no son buenos campos, sino que son campos que abandonan la fe a mitad y acaban en vano porque son el segundo o tercer tipo de campos. Hay personas así entre los trabajadores de Dios y los santos. Pero el resultado de su elección no es el Reino de Dios, sino ser quemados en el fuego.
Mis queridos hermanos, los santos de Dios debemos apoyarnos los unos a los otros, darnos fuerzas y orar los unos por los otros. Y debemos orar por la gente que no ha sido salvada y convertirnos en grano de trigo por ella. El Señor dijo: «De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» (Juan 12, 24). Debemos vivir el resto de nuestras vidas por los que nos necesitan.