The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 26-1] < Mateo 26, 1-29 > Denle un vaso de alabastro con perfume al Señor 

< Mateo 26, 1-29 >
«Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado. Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo. Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella. Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle. El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce. Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho. Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.»
 

Jesucristo sabía todo lo que se iba a encontrar en el futuro. Así que les dijo a Sus discípulos: «Seré entregado a los jefes de los sacerdotes y seré crucificado.» Cuando la Pascua estaba cerca, los jefes de los sacerdotes y los líderes religiosos de Israel se reunieron en el Templo y planearon matarle. La Pascua era la gran fiesta judía que celebraba la huída de Egipto. Del mismo modo en que en nuestro país se libera a un criminal de la cárcel bajo amnistía el día de nuestra fiesta nacional, es decir el Día de la Independencia, en tiempos de la nación de Israel existía la costumbre de liberar a un criminal en la fiesta de la Pascua. Pero, por otro lado, puede haber también una fiesta en la que se ejecute a criminales abiertamente. Por esta costumbre, los jefes de los sacerdotes intentaron matar a Jesús en la Pascua. Jesús conocía sus planes, así que les dijo a Sus discípulos: «Seré vendido a la gente durante la Pascua como un Cordero para un sacrificio.»
Cuando Jesús estaba en Betania con Sus discípulos en casa de Simón, el leproso, una mujer se le acercó una mujer que llevaba un vaso de alabastro lleno de perfume caro y lo derramó sobre la cabeza de Jesús mientras Él comía. Jesús no se movió. Ese perfume se puede comparar con un perfume francés hoy en día, que se considera el mejor perfume. La mujer derramó este perfume caro sobre la cabeza de Jesús, por lo que la esencia llenó toda la habitación en cuestión de segundos. Quizás el perfume empezó a resbalar por el pelo de Jesús. El perfume seguramente llenaría la habitación y haría que la gente se sintiera sofocada por el olor. 
Mientras Jesús se quedaba quiero, las caras de los discípulos de Jesús se pusieron rojas de ira. Los discípulos renegaron a la mujer diciendo: «¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.» Los discípulos pensaron que la mujer estaba loca cuando la vieron derramar el perfume tan caro sobre la cabeza de Jesús. Mientras derramaba el perfume sobre la cabeza de Jesús, lo que mojó la cara de Jesús, así como Su cuello, Jesús no se movió, pero Sus discípulos estaban indignados. Jesús les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.»
Esta mujer sabía que Jesús moriría pronto. Sabía que Jesús moriría en la Cruz llevando todos nuestros pecados y que salvaría a la humanidad, y por eso lo preparó para Su entierro. Normalmente cuando una persona muere, huele mal. Sin embargo no huele mal si se le ha rociado con perfume por todo el cuerpo. Esta era la costumbre de enterrar entre los judíos. Así que esta mujer derramó el perfume caro sobre Jesús y este la felicitó. Jesús y la mujer pensaron en lo mismo. Jesús dijo que sería traicionado y vendido en la Pascua. Por eso la mujer vino en ese momento y le derramó el perfume sobre Su cabeza. En realidad la mujer quería las buenas noticias, que proclamaban que Jesús la salvaría a ella y a toda la humanidad al ser bautizado y morir en la Cruz, se proclamasen por todo el mundo. Así que derramó su perfume sobre la cabeza de Jesús con un corazón agradecido. Como esta mujer hizo todo esto para servir al Evangelio, Jesús dijo: «Dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.»
Aquí aparece otro hombre, Judas. Era uno de los doce discípulos de Jesús, pero fue quien vendió a Jesús a los jefes de los sacerdotes por treinta monedas de plata después de este episodio. Les dijo a los jefes de los sacerdotes: «¿Cuánto estáis dispuestos a pagar si os entrego a mi Maestro?» «Te daremos treinta monedas de plata.» «¡Trato hecho! A quien bese cuando lleguéis, ese será Jesús.» Judas recibió las treinta monedas de plata y volvió. ¿No creen que Jesús sabía lo que había ocurrido? Nuestro Señor es Dios. Él sabía cómo y cuándo iba a morir. El Señor sabía lo que Judas iba a hacer en el futuro. 
Jesús les dijo a Sus discípulos: «Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos.» Cuando los discípulos hicieron lo que Jesús les mandó, el hombre preparó el pan y el vino para la Pascua e invitó a Jesús y a Sus discípulos. Mientras estaban comiendo allí, Jesús dijo: «Uno de vosotros Me traicionará.» Los discípulos de repente se pusieron nerviosos. Se sintieron muy mal, y uno por uno le preguntaron: «Señor, ¿soy yo?» Entonces Jesús dijo: «El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar.» En aquel momento Judas estaba a punto de meter la mano en el plato con Jesús. Así que Judas le preguntó: «¿Soy yo?» Y Jesús le dijo: «Tú lo has dicho.» ¿Cómo de definitiva es Su Palabra? Judas ya había planeado traicionar a Jesús y había recibido el dinero por ello. Ahora, en la Pascua, iba a vender a Jesús, pero Él ya lo sabía. Jesús le dijo directamente: «Eres tú quien me va a traicionar», pero Judas fingió hasta el final que no sabía de qué estaba hablando. Como Jesús conocía su maldad, dijo: «Habría sido mejor para ese hombre no haber nacido.»
Debemos saber que hay gente que hacen la obra espiritual de servir al Evangelio del agua y el Espíritu, y gente que traiciona a Jesús, como Judas. Intencionadamente o no, la gente se divide en dos grupos: «¿Voy a satisfacer mis deseos carnales al traicionar a Jesús? ¿O voy a predicar el Evangelio de Jesús?» ¿A qué grupo pertenecen? ¿Al de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, predican este Evangelio y salvan almas? ¿O al de los que traicionan a Jesús? Debemos considerar esto. 
Hay muchas personas como Judas, quien traicionó a Jesús. No solo Judas, sino que otras muchas personas deberían no haber nacido. Hay personas como los jefes de los sacerdotes y los líderes religiosos que viven espiritualmente sin haber nacido de nuevo, y hay gente que traiciona a Jesús como Judas, quien vendió a Jesús por treinta monedas de plata. Mis queridos santos, hay gente en el mundo que traiciona a Jesús y gente que sirve y predica el Evangelio del agua y el Espíritu. Todo el mundo pertenece a una de estas categorías, pero los que no han nacido de nuevo son los que venden a Jesús. En estos tiempos hay muchas maneras de vender a Jesús. Muchos líderes religiosos escriben libros y los venden sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, o se hacen ricos en el nombre de Jesús. 
Por ejemplo, un famoso líder cristiano predica en el Christian Broadcasting Center, diciendo: «Voy a ayudar a los pobres estableciendo una misión, y entonces tendré cien mil metros cuadrados de tierra y construiré en unos diez mil metros cuadrados.» Entonces, entre el público, los que de verdad quieren servir al Señor como la mujer de Betania, dicen: «Yo donaré tierra.» Entonces este líder religioso se siente complacido y la próxima vez predicará: «Oré a Dios y alguien me dio cien mil metros cuadrados de tierra.» Entonces dice abiertamente: «He recibido cien mil metros cuadrados de tierra pero ahora no puedo construir porque no tengo dinero. Espero que alguien haga una ofrenda para esta obra.» Si alguien lanza esta petición ante el público, la gente que desee servir a Jesús ofrecerá dinero para que pueda construir. Ese líder religioso se siente complacido al recibir este dinero y lo administra en su nombre. 
Mis queridos hermanos, esto es vender a Jesús. Los nacidos de nuevo debemos pensar de nuevo. ¿Están traicionando a Jesús después de haber nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿O están sirviendo al Evangelio de Jesús? Aunque los nacidos de nuevo no podamos vender a Jesús abiertamente, es posible que intentemos vivir por nuestra carne y por nosotros como Judas hizo al recibir treinta monedas de plata. 
Los nacidos de nuevo estamos ante una encrucijada, y debemos escoger entre vivir por la carne o servir al Evangelio. A veces, incluso después de nacer de nuevo, solemos pensar en las cosas de la carne: «¿Cómo puedo vivir bien en la carne?» Sin embargo, a raíz de esta confusión, nos damos cuenta de que servir al Evangelio del agua y el Espíritu por fe es el tipo de vida más feliz. Si recordamos a la mujer que rompió su vaso de alabastro con perfume para servir al Evangelio, deberíamos estar avergonzados. Esta mujer ofreció todas sus posesiones, reservadas para su boda, para servir al Evangelio. Normalmente las mujeres israelitas preparaban el perfume como dote para su matrimonio. Por tanto este vaso de alabastro con perfume era su dote. 
Esta mujer no tenía nada más para servir al Evangelio, así que ofreció su dote al Señor. Básicamente, la fe de esta mujer es muy diferente de la de Judas. Mientras que Judas recibió treinta monedas de plata por traicionar a Jesús, esta mujer perdió todas sus posesiones. La gente se preocupa de cómo vivir después de ser redimida. Estaría bien que hubiese un secreto para vivir bien en cuerpo y en espíritu, pero no hay ningún secreto así para servir al Evangelio. Así que los nacidos de nuevo se encuentran ante el dilema de vivir por la carne o predicar el Evangelio. Los justos están afligidos por este problema. 
Habrá un momento en que tendremos que decidir qué hacer con nuestras vidas después de ser salvados por el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, no debemos preocuparnos por cómo vivir el resto de nuestras vidas. Del mismo modo en que la mujer que derramó el perfume, vivió por el Evangelio de Jesús, la vida de darlo todo por el Evangelio es la más feliz y la más bendita. Como el perfume se que se extendió por toda la habitación, la vida más bendita es la que permite que el Evangelio del agua y el Espíritu se extienda por todo el mundo y que todo el mundo reciba la remisión de los pecados. Nosotros debemos escoger entre servir el Evangelio del agua y el Espíritu al dar todo lo que tenemos o vivir solo por la carne. 
¿Están dispuestos a escoger la vida que se aprovecha de Jesús para vivir bien en la carne sin ofrecer nada a Dios pensando: «Si entrego todo lo que tengo para la obra del Evangelio, no tendré nada. No lo voy a hacer»? Sin embargo el resultado de este tipo de vida es obvio. Mis queridos hermanos, saben cómo vivir correctamente. Esta mujer derramó todo su perfume sobre Jesús, entonces ¿creen que se pudo casar o no? Sí. Como el Señor dijo: «Quien esté dispuesto a morir por Mí, vivirá, y quien quiera vivir, morirá», se responsabiliza de la gente que lo ofrece todo por Él. Puedo concluir, por el hecho de que he vivido hasta ahora, que muchos de mis colaboradores han vivido prósperamente cuando desearon morir, pero los que desearon vivir, acabaron muriendo. Los que dijeron: «Vaya, no quiero servir al Señor» han muerto. Sin embargo, los que sirvieron al Señor con lealtad diciendo: «Serviré al Señor aunque muera haciéndolo», han vivido muy bien. Por tanto la respuesta de cómo debemos vivir está clara. 
Debemos seguir el camino de esta mujer y lo que hizo por el Señor cuando nos encontremos en un cruce de caminos. Este cruce nos lo encontramos más de una vez en la vida. Nuestras mentes se encuentran en un cruce de caminos todos los días. Como no somos insectos que mueren en un día, en nuestra vida debemos decidir cómo vivir una y otra vez. Por eso debemos decidir lo que es correcto. Debemos enseñarle a la gente qué vida deben vivir para que puedan tomar la decisión correcta. La gente no puede tomar una decisión definitiva por sí misma si no tiene a nadie que le guíe. 
Es correcto que nosotros, los hijos de Dios que han nacido de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu, vivan como la mujer de Betania. Aunque no tengamos mucho que ofrecer, la fe de la gente que sirve al Evangelio es todo lo que tenemos para el Señor. Es necesario que la gente que sirve al Evangelio del agua y el Espíritu piense: «Lo daré todo si el Señor quiere», y los que sirven al Evangelio con esa mentalidad son los que se han decidido. Los que sirven al Evangelio son los que ya han tomado una decisión. Si vivimos sirviendo a este Evangelio en el Señor, Él cubre todas nuestras necesidades y nos bendice abundantemente en Su tiempo. Del mismo modo, servir al Evangelio es como servir todas nuestras vidas dando y recibiendo con el Señor, como en el béisbol, donde uno lanza la pelota y el otro la recibe. 
En el pasaje de las Escrituras de hoy, la mujer complació a Jesús. Tenemos que creer que su obra fue correcta, y debemos tener la fe que cree que es correcto darle todo lo que tenemos al Señor si Él así lo desea. Después de recibir la remisión de los pecados, he estado ante varias encrucijadas, y he tenido que elegir entre servir al Evangelio mientras hacia otros negocios o servir al Evangelio por completo. Sé que es dura para ustedes tomar la decisión correcta. Sin embargo, ahora el Señor quiere que entreguemos nuestro cuerpo, mente y pensamientos antes que cualquier cosa material. Nuestro Señor quiere que tengamos fe en Él y quiere que le sigamos por fe. 
El Señor quiere que nos enfrentemos a los problemas de nuestros corazones, y este pasaje de las Escrituras también menciona esto en contexto: «Había una mujer y Judas Iscariote. Judas Me traicionó y la mujer Me sirvió. ¿Quién hizo bien?»
«La mujer hizo bien.»
«¿Y ustedes? ¿Son como Judas o como la mujer?»
«Yo no traiciono o vendo al Señor.»
«Bueno, puede que no Me vendas intencionadamente, pero ¿Me sirves como tu Señor o no? ¿Quieres predicar el Evangelio entregándolo todo? ¿O solo quieres ser redimido y vivir por ti mismo sin importar que el Evangelio se predique o no? ¿Qué hacéis vosotros?» El Señor nos pregunta: «¿Qué hacéis vosotros? Pensad en esto. ¿Qué harías si estuvieseis en esa misma situación y tuvieseis que elegir entre esos dos caminos? ¿Seriáis como Judas o como esta mujer? ¿Qué hariáis?»
Aunque lo pensemos cien veces, siempre escogeremos a la mujer. Los cristianos debemos vivir por la predicación del Evangelio. Como la mujer derramó el perfume sobre Jesús, la habitación se llenó del aroma. Como el Señor dijo: «Dondequiera que se predique este Evangelio, lo que esta mujer ha hecho será contado como memoria de ella», es correcto entregar todas nuestras vidas a la predicación del Evangelio. Pablo dijo: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10, 31). Así que lo correcto es que vivamos predicando el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, ya seamos oficinistas, hombres de negocios, o nos dediquemos por completo al Evangelio. Esto significa que todo el que ha recibido la remisión de los pecados debe vivir así. 
Como Judas, que no recibió la remisión de los pecados y no creyó en el Señor y lo traicionó, los que no han nacido de nuevo traicionan a Jesús hasta ahora. Hay mucha gente que satisface su propia reputación, autoridad o sus deseos carnales al traicionar a Jesús. Los que trabajan en el mercado inmobiliario construyendo iglesias reciben honor y compran coches al vender a Jesús, pero después lo lamentarán diciendo: «Hubiera sido mejor no haber nacido.» Si son creyentes laicos, será fácil para ellos volver a Dios confesando: «Soy un pecador. Jesús, me gustaría creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.» Sin embargo, los líderes no pueden hacer esto fácilmente porque están atados a su reputación. Los ancianos o los pastores no pueden recibir la remisión de los pecados, mientras que los laicos sí que pueden. Es bastante desafortunado que una persona no pueda recibir la remisión de los pecados porque no pueda dejar de lado su reputación.
En muchas ocasiones los líderes cristianos del mundo no pueden contestarme correctamente cuando pregunto: «¿Saben lo que significa el nombre de Jesús? ¿Saben lo que significa la palabra Cristo?» Muchos cristianos desconocen el significado del nombre Jesucristo. Probablemente, auque no sea una cifra exacta, el 98% de todos los cristianos del mundo ni siquiera saben el significado del nombre de Jesús aunque admitan creer en Él. ¿Saben lo que significa? El nombre de Jesús significa «El que salva a Su pueblo de sus pecados», y Cristo significa «El Ungido.»
Entonces debemos saber quién está ungido. En el Antiguo Testamento, los reyes, los sacerdotes y los profetas eran ungidos. Por tanto, Jesucristo ocupó estos tres cargos. Ha desempeñado la función de Profeta, que nos dice cómo creer para recibir la remisión de los pecados; Sumo Sacerdote, que ha borrado todos los pecados del mundo; y Rey, que tiene todo el poder y la autoridad. Nos ha salvado al ofrecer Su propio cuerpo como Cordero de Dios. Por eso llamamos al Señor, Señor Jesús. Hay muchas posibilidades de que la gente reciba la remisión de los pecados cuando conocen el significado del nombre de Jesús. Sin embargo, los que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu no saben el significado de Su nombre y dicen: «¿Cómo que se convirtió en un sacerdote? ¿Qué dice de que se convirtió en un rey?»
Mis queridos hermanos, nadie puede recibir la remisión de los pecados sin dejar de lado su reputación, sus pensamientos carnales, su justicia o sus deseos. Por muy honorable que sea un pastor o un doctor en Teología, tiene que humillarse ante el Señor primero: «¿No cree que tiene pocos modales al preguntarme el significado del nombre de Jesús cuando soy Doctor en Teología?» Si ni siquiera conocen el significado de Jesucristo aunque sean ministros con un doctorado en Teología, entonces no han recibido la remisión de los pecados. Por tanto, tienen que humillar su mente y alejarse de su fe errónea para recibir la remisión de los pecados. 
Si una persona ha recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, esa persona debe decidirse a vivir por la obra de predicar este Evangelio por todo el mundo. Si no está interesada en predicar el Evangelio, incluso después de ser redimida, y solo piensa: «Este tipo de obra no es para mí, sino para los ministros», entonces esa persona no tiene nada que ver con el Señor.
El Señor vino al mundo y borró todos nuestros pecados. Nos ha dado Su cuerpo y Su sangre. El Señor tomó el pan y lo partió diciendo: «Tomad y comer, este es Mi cuerpo.» Del mismo modo tomó el cáliz y dijo: «Tomad y beber, porque esta es Mi sangre de la nueva alianza que es derramada por vosotros, para la remisión de los pecados.» Esto quiere decir: «Os salvaré muriendo. Os dejaré sin pecados por el agua y la sangre.» Entonces el Señor dijo: «Tomad, comed y bebed Mi cuerpo y Mi sangre.» Hemos recibido la remisión de los pecados al comer y beber del cuerpo y la sangre del Señor. Entonces debemos predicar este Evangelio de la carne y la sangre a los demás. Este es el objetivo de la vida de una persona que cumple con la Pascua espiritual.
Nuestro Señor vino por el agua y la sangre (1 Juan 5, 4-8) y nos dijo que comiésemos de Su carne y sangre. El Señor nos salvó por el agua, la sangre y el Espíritu. Quien coma y beba de la carne y sangre de Jesús, será salvado. Jesús vino al mundo, cargó con nuestros pecados al ser bautizado en Su cuerpo y fue juzgado al derramar Su sangre en la Cruz. Esto es lo que Dios ha hecho. Dios nos ha permitido nacer de nuevo por el agua y el Espíritu. Debemos conocer la obra que el Señor ha hecho para salvarnos por el agua y el Espíritu y debemos creer en ella. Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y también nos ha salvado del juicio de estos pecados. ¿Quién borró nuestros pecados y nos salvó del juicio de los mismos? Todas estas obras han sido cumplidas por Dios.
Nuestro Señor dijo: «Os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre» (Mateo 26, 29). Jesús tenía mucha sed cuando estaba a punto de morir en la Cruz. Entonces los soldados llenaron una esponja con vino agrio, la pusieron en una caña y se la pusieron en la boca a Jesús, pero Él no bebió.
El Señor nos salvó por el agua y la sangre. Se convirtió en un ser humano, tomó todos los pecados del mundo sobre Su cuerpo al ser bautizado, y salvó a toda la humanidad del juicio al ofrecer Su cuerpo y Su vida en nuestro lugar en la Cruz. El Señor nos ha salvado a todos.
¿Queremos que el Evangelio del agua y el Espíritu de Jesús sea predicado o no? Debemos escoger entre vivir por nuestra carne después de haber recibido la remisión de los pecados o vivir por la predicación del Evangelio por todo el mundo. Esto es lo que el Señor dijo en el pasaje de las Escrituras de hoy. Este pasaje nos enseña el tipo de vida que vamos a vivir. No tenemos más remedio que escoger entre estos dos tipos de vida. No hay un camino intermedio. Si se quedan en medio, acabarán diciendo adiós a la Iglesia algún día. Hay muchas personas que han recibido la remisión de los pecados en la Iglesia de Dios. Pero hay algunas que se despiden de la Iglesia porque no saben que los nacidos de nuevo tienen que vivir por el Evangelio del agua y el Espíritu, o porque no quieren sacrificarse para vivir esa vida. 
Si están salvados, ¿cómo deben vivir? Los que están salvados deben ir a la Iglesia de los nacidos de nuevo. Deben ir a esta Iglesia, escuchar la Palabra de Dios, creer en ella, y vivir por la justicia de Dios. Si quieren vivir por el Evangelio del agua y el Espíritu después de recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio, distánciense de los que no han nacido de nuevo, vengan a la Iglesia de Dios, asóciense con los justos y pasen mucho tiempo sirviendo al Evangelio. Sin embargo, algunos de ustedes piensan: «¡Oh! ¿Cómo puedo vivir así en este mundo? Decirme que viva así es decirme que puedo fracasar. Pero no voy a fallar por no tener fe. Ahora debo dejar mi vida de fe porque he sido salvado. Debo abandonar mi vida de fe si no quiero fallar en este mundo.» Esta gente está siguiendo su propia carne, y es indiferente a la propagación del Evangelio. Los que no están interesados en la propagación del Evangelio no son los que están salvados. 
Los discípulos de Jesús estaban indignados y reprendieron a la mujer sin saber sus intenciones, diciendo: «Si vendieses este perfume y entregases el dinero a los pobres, ¡cuánto podrías ayudarles!» ¿Quién creen que tenía el carácter más fuerte de los doce discípulos? Pedro tenía un carácter muy fuerte y siempre interfería en todo. Santiago y Juan probablemente tendrían un carácter fuerte porque Jesús les llamó hijos del trueno (Marcos 3, 17). Por tanto, los discípulos le mostraron su indignación a la mujer. Probablemente fuera Felipe, quien era rápido en cálculo mental, o Mate, quien había sido un recolector de impuestos, calculasen mentalmente el precio de un vaso de alabastro con perfume caro. Cuando Felipe dijera: «Ese vaso puede costar más de 2.000 dólares», Judas, con sus malas intenciones, diría: «¡Vaya! 20.000 dólares. Eso sería suficiente para mantener a mi familia durante todo un año.» Pero Jesús les dijo a Sus discípulos: «¿Por qué molestáis a la mujer? Lo ha hecho para Mi entierro. Esta mujer Me ha puesto perfume en la cabeza para la predicación del Evangelio. Dondequiera que se predique este Evangelio por todo el mundo, lo que esta mujer ha hecho se contará para memoria de ella.»
Mis queridos hermanos, ¿saben qué significa la conmemoración? Si van a Pekín (China), verán la foto de Mao Tse-tung colgada en la puerta de Tienanmen, así como un monumento dedicado a él en la misma plaza. El gobierno chino intenta recordar el servicio destacado de Mao Tse-tung mediante este monumento y esta foto. 
¿Cuánto exaltó Jesús lo que hizo esta mujer? Esto significa que la obra que hizo era tan grande que todo el mundo debía conocerla. Jesús nos dice que estimemos la vida de esta mujer y recordemos el suceso en el que lo ofreció todo para servir al Evangelio después de haber nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y ser redimida. La propagación del Evangelio es una gran conmemoración y contribución para Dios. La obra de esta mujer, el que ofreciese todo lo que tenía para la propagación del Evangelio, fue tan grande porque la propagación del Evangelio de los nacidos de nuevo es lo más importante del mundo. Jesús les dijo a Sus discípulos que recordaran lo que esta mujer había hecho. Nosotros también tenemos que conmemorar lo que esta mujer ha hecho. Debemos grabar el corazón de esta mujer en nuestras mentes, entregarlo todo para servir y propagar el Evangelio todos los días y no debemos olvidar cuánto le complació este suceso al Señor. 
¿A qué quieren dedicar todas sus vidas? Debemos entregar nuestras vidas al Señor y vivir por la propagación del Evangelio que proclama que el Señor nos ha salvado mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos entregar nuestras vidas a la predicación del Evangelio después de ser salvados, y debemos vivir por eso. El pasaje de las Escrituras de hoy nos dice que debemos ser justos y debemos mantener esta Palabra en nuestras mentes siempre. Este debe ser el único objetivo de nuestras vidas. 
Jesús dijo: «Porque siempre tendréis pobres con vosotros.» Queridos hermanos, ¿cuántos pobres hay en el mundo? ¿Cuánta gente hay que desee ayudar a los pobres? ¿Cuántos pobres hay en este mundo mientras muchas personas se dedican a ayudar a los pobres? Por mucho que ayudemos a los pobres, nunca dejará de haber pobreza. En la actualidad todo el mundo está ayudando a Corea del Norte. Sin embargo, la pobreza de Corea del Norte nunca podrá ser erradicada. Dios ha dejado que haya pobres en este mundo intencionadamente. Dios ha dejado que haya pobreza porque las mentes se vuelven pobres cuando se sufre pobreza material y entonces se puede creer en Jesús.
Jesús nos dijo: «Tenéis a los pobres siempre con vosotros. No pueden escapar de la pobreza aunque les ayudéis. No podéis ayudarles solo físicamente.» Sin embargo, los discípulos de Jesús parecían tan buenos que pensaron: «Si se hubiese vendido el perfume por una gran cantidad, se podría haber ayudado a los pobres.» ¿No es este un pensamiento bueno a los ojos humanos? Sin embargo, Jesús les reprendió diciendo: «¿Por qué molestáis a esta mujer cuando ha hecho lo correcto?» Desde una perspectiva espiritual, la obra de esta mujer fue virtuosa y digna de alabanza. 
Queridos hermanos, tenemos que vivir por la propagación del Evangelio. No deben pensar: «Ofreceré algunos bienes materiales para la predicación del Evangelio si tengo bastante para vivir bien.» El Señor nos dice en la parábola de la viuda que entrega lo poco que tiene y que sirve al Evangelio en pobreza, que ella estaba bendita. El Señor dice que es bueno vivir por la propagación de este Evangelio después de nacer de nuevo. Propagar el Evangelio por el mundo es mil veces mejor que ayudar a los pobres en Somalia con comida y medicinas. La propagación del Evangelio es la obra más virtuosa porque permite que las almas reciban la salvación.
Debemos saber cuál es la forma correcta de vivir, y debemos vivir con una clara demarcación en nuestras mentes. Debemos vivir convencidos de que predicar el Evangelio del agua y el Espíritu es lo correcto. Aunque vivamos en la carne, sabemos qué es lo bueno espiritualmente, y debemos recordar el objetivo de nuestras vidas: «¿Cómo debemos vivir? Debemos vivir por la propagación del Evangelio.» No podemos servir a dos señores, ni ser incoherentes siguiendo a la carne durante un tiempo y después al Espíritu y viceversa. Dios no bendice a los que se comportan así. Debemos fijar nuestras mentes aunque seamos insuficientes. Debemos fijar nuestras mentes en la propagación del Evangelio como la mujer que le entregó el vaso de alabastro con perfume al Señor. No quiero decir literalmente que vivamos al 100% por el Evangelio, sino que debemos tener la fe correcta. Les pido que tengan la fe que cree que predicar el Evangelio del agua y el Espíritu es lo correcto. 
Entonces Dios nos da los ojos de la fe, sabiduría y poder para hacer la obra del Señor en Su tiempo, aunque la Iglesia no nos instruya en lo que debemos hacer. El Señor dijo: «Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas» (Mateo 13, 52). Nosotros también tenemos que servir al Evangelio bien a su debido tiempo administrando las cosas que se nos han confiado como un buen siervo del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos vivir por la propagación del Evangelio por todo el mundo. 
Mis queridos hermanos, vivir bien en la carne no es nada. Es hipocresía. Es una falsa virtud que finge ser la virtud real. Lo correcto es participar en la obra de salvar almas y vivir por el Evangelio por fe; pero la virtud humana es un esfuerzo vano. 
Jesús les dijo a Sus discípulos que recordaran lo que esta mujer había hecho, pero Sus discípulos no le entendieron al principio. Sin embargo, después de la muerte de Jesús, Su resurrección al tercer día y ascensión al Cielo, se dieron cuenta de lo que quiso decir. Los discípulos de Jesús predicaron y enseñaron el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo después de darse cuenta de lo siguiente: «¡Vivir por el Evangelio después de recibir la remisión de los pecados es la vida correcta.» Probablemente los discípulos testificarían de la siguiente manera: «Una vez una mujer rompió un vaso de alabastro que contenía un perfume caro y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Así que todos nos quedamos perplejos y dijimos: «¿Qué haces?» Entonces Jesús dijo: «Callad». No entendíamos lo que quería decir en ese momento, pero ahora nos damos cuenta de que la vida que se dedica a predicar el Evangelio es la vida justa.» Mis queridos hermanos, si no viven por el Evangelio del agua y el Espíritu, no solo serán reprendidos, sino que tendrán la fe errónea que les hará ir al infierno, donde se les castigará. 
Mis queridos hermanos, no avergoncemos a Dios. Para Dios es una vergüenza que no vivamos por la propagación del Evangelio, sino que vivamos por la carne después de haber recibido la remisión de los pecados. Los nacidos de nuevo del agua y el Espíritu no debemos vivir solo por la carne, sino que debemos ser hijos de Dios que, en vez de avergonzarle, le dan gloria al propagar el Evangelio por todo el mundo. Como somos la luz y la sal del mundo, por mucho que nos odien los demás, si los nacidos de nuevo del agua y el Espíritu no servimos al Evangelio, este mundo estará corrupto. Como la sal hace que la comida dure mucho tiempo sin ponerse mala, este mundo no se está arruinando gracias a los justos. Este mundo todavía tiene luz porque somos la luz del mundo.
Mis queridos hermanos, vivamos por el Evangelio, recordando que los nacidos de nuevo del agua y el Espíritu, somos la luz y la sal del mundo. Nos convertimos en la sal y la luz del mundo en cuanto fuimos salvados y fuimos destinados a la tarea de ser la luz de este mundo oscuro. Somos la luz que está predicando el Evangelio. Nos convertimos en los justos, la luz y la sal, no porque nuestra conducta sea perfecta, sino porque nuestros pecados fueron borrados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como somos la luz, si servimos al Evangelio viviendo en la Iglesia de Dios y nos unimos los unos a los otros, la luz sale de nosotros. 
Lo único que los nacidos de nuevo del agua y el Espíritu debemos hacer es dar luz a la gente del mundo. Predicar el Evangelio del agua y el Espíritu es dar luz a la gente que vive en la oscuridad. No debemos vivir como Judas, sino como la mujer que rompió el vaso de alabastro con perfume. 
¡Aleluya!