The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 3-3] (Gálatas 3, 1-29) Ahora ya no tenemos que estar bajo la maldición de la Ley

(Gálatas 3, 1-29)
« ¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?
Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?
¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano.
Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?
Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.
Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.
Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.
Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.
¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera;porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley; Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.
De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.
Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,
pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.».
 

El Libro de Gálatas se escribió para avisar de las falsas enseñanzas de los defensores de la circuncisión. Entre los santos de las iglesias de Galacia, había alguna gente que defendía la circuncisión física. Esta gente afirmaba que se podía ser parte del pueblo de Dios si los santos se circuncidaban en la carne después de creer en Jesús, pero estas creencias estaban equivocadas. Esto es parecido a la falacia de las oraciones de penitencia que plaga la cristiandad de hoy en día. Esta doctrina humana ha llevado a muchos cristianos a intentar borrar sus pecados a través de sus propios esfuerzos después de creer en Jesús. En el Libros de Gálatas podemos ver lo equivocadas que estaban estas creencia ante Dios.
 

Entre los creyentes de Galacia había defensores de la circuncisión
 
Está escrito en Gálatas 3, 1-5: « Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?
Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?
¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano.
Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?». Así, con un corazón frustrado, el Apóstol Pablo refutó a los que creían que la gente se podía convertir en el pueblo de Dios si se circuncidaba. El Apóstol Pablo hizo una pregunta retórica: « ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?
¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?». La razón por la que Pablo dijo esto es que los defensores de la circuncisión estaban blasfemando el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu.
La fe de Pablo creía en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando Jesús vino al mundo, fue bautizado por Juan el Bautista y tomó todos nuestros pecados de una vez a través de Su bautismo. Entonces fue crucificado hasta morir, se levantó de entre los muertos y así nos ha salvado a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu a la perfección de una vez por todas.
Los gálatas sin embargo, eran insensatos, porque enseñaban que había que circuncidarse en la carne para convertirse en el pueblo de Dios. Muchos miembros de las iglesias de Galacia creyeron como insensatos en la circuncisión de la carne. Así que el Apóstol Pablo siguió reprochándoles sus errores, porque quería que se arrepintieran. Pero a pesar de ello muchos miembros de las iglesias de Galacia siguieron creyendo en que podían convertirse en el pueblo de Dios sólo si se circuncidaban.
¿Podemos convertirnos en hijos de Dios al recibir la circuncisión de la carne y creer en ella? No, nos convertimos en el pueblo de Dios sólo si creemos en Jesucristo como nuestro Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero a pesar de todo esto, incluso hoy en día, hay gente que afirma que sus pecados pueden borrarse al ofrecer oraciones de penitencia, lo que equivale a la circuncisión de la carne.
La mayoría de los cristianos de hoy en día cree que puede borrar sus pecados a través de oraciones de penitencia. Esta es la prueba de que estas creencias legalistas están muy extendidas entre los cristianos modernos. Los cristianos de hoy en día que defienden estas creencias legalistas se separan de Dios y se convierten en siervos de Satanás. Por eso debemos conocer la falacia de la doctrina de las oraciones de penitencia en el cristianismo.
 

La falacia de la afirmación de que el pecado puede borrarse mediante oraciones de penitencia
 
La creencia de hoy en día de que los pecados se pueden borrar a través de las oraciones de penitencia es la misma de los que, en la Iglesia Primitiva, creyeron que podían convertirse en el pueblo de Dios si se circuncidaban. Del mismo modo en que estos defensores de la circuncisión en tiempos del Apóstol Pablo llevaron a muchos cristianos a la destrucción al propagar sus creencias erróneas, muchos pastores falsos hoy en día envían a multitud de cristianos al infierno al enseñarles la doctrina de las oraciones de penitencia. Como resultado, casi todos los cristianos están equivocados al creer que, después de haber creído en Jesús como su Salvador, pueden borrar los pecados personales a través de oraciones de penitencia. Sin embargo debemos darnos cuenta de que el hecho de que ofrezcan oraciones de penitencia al Señor, no significa que sus pecados sean borrados cada vez que recen. Estas enseñanzas están basadas en doctrinas humanas y no son más que falsedades en contra de la Palabra de Dios.
Hoy en día, cuando los cristianos cometen pecados en este mundo tras haber creído en Jesús como su Salvador, ofrecen oraciones de penitencia de la siguiente manera: «Señor, por favor, perdóname. Si me perdonas mis pecados esta vez, nunca más volveré a hacerlo». Creen que sus pecados se borran con unas cuantas promesas. Como no tienen el Evangelio del agua y el Espíritu, creen que no hay otra manera de resolver el problema de sus pecados. Creen que son perdonados al rezar a Dios para que les perdone sus pecados. Sin embargo incluso sus conciencias admitirían que los pecados no desaparecen con unas pocas palabras de arrepentimiento.
Los que todavía confían en oraciones de penitencia para borrar sus pecados deben entender esto, arrepentirse y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si los pecados de la humanidad se pudieran borrar ofreciendo oraciones de penitencia al Señor, entonces no hubiera hecho falta que el Señor hubiera venido al mundo y hubiera sido bautizado por Juan para librar a los pecadores de sus iniquidades, ni hubiera hecho falta que el Señor hubiera muerto en la Cruz. ¿Por qué fue Jesús bautizado por Juan? Fue bautizado por Juan el Bautista para aceptar nuestros pecados en Su cuerpo de una sola vez. Jesús fue quien nos libró del pecado al cargar con los pecados del mundo a través de Su bautismo y Su derramamiento de sangre en la Cruz, por eso nuestras oraciones de penitencia no borran nuestros pecados. La diferencia entre estos dos tipos de fe es colosal.
Casi todos los cristianos del mundo, sin embargo, creen que sus pecados se borran a través de sus oraciones de penitencia, y por tanto no es ninguna exageración decir que sus vidas de fe empezaron con sus oraciones de penitencia y acabaron con las oraciones de penitencia. Están convencidos de que se salvaron con tan sólo creer en la sangre de Jesús derramada en la Cruz y creen que los pecados cometidos desde entonces se borran a través de las oraciones de penitencia. ¿Cuánta pena da esto? Todos y cada uno de ellos se están engañando a sí mismos? Además han reemplazado la verdadera fe en el Evangelio del agua y el Espíritu por su fe legalista basada en morales y ética. Pero a no ser que se arrepientan de esta línea de fe, nunca podrán borrar sus pecados.
Si el pecado se borra mediante oraciones de penitencia, nuestra salvación no dependería de Jesús, sino en nuestros propios esfuerzos y obras, y por eso los méritos de Jesús no tendrían nada que ver con nuestra salvación. No debemos creer así. Por el contrario, los defensores de las oraciones de penitencia y de la circuncisión de la carne debería darse cuenta de que están haciendo que el bautismo de Jesucristo y Su valiosa sangre derramada en la Cruz fueran en vano, y por tanto deben dejar de lado su fe.
Si, por el contrario, siguen viviendo vidas de fe confiando en sus propias oraciones de penitencia, seguirán siendo pecadores para siempre. ¿Por qué? Porque aunque Jesucristo ha borrado todos nuestros pecados de una vez por todas y nos ha salvado al ser bautizado por Juan el Bautista en el Río Jordán, al morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos, no creen en este Evangelio del agua y el Espíritu como la Verdad de salvación.
¿No son los cristianos de hoy en día los que creen erróneamente en Jesús confiando en sus oraciones de penitencia para resolver el problema de sus pecados? Los defensores y seguidores de las oraciones de penitencia piensan que Jesucristo no pudo borrar todos los pecados de una vez por todas con el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta creencia está equivocada. Pero a pesar de esto la creencia de que los pecados pueden ser borrados mediante oraciones de penitencia prevalece hoy en día, mientras los que no saben que esta es una doctrina cristiana incorrecta son muy pocos. Como los seguidores de las oraciones de penitencia tienen una fe inventada, no tienen ni idea de que sus creencias son incorrectas, no se dan cuenta de que están propagando esta fe incorrecta, hacen que cada vez más gente no pueda librarse de sus pecados y sea destruida para siempre.
Al haber borrado nuestros pecados de una vez por todas con el Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor está sentado a la derecha del trono de Dios Padre. El Señor vino al mundo para librar a los pecadores de sus pecados; fu bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos, borrando así nuestros pecados para siempre; y ascendió al Reino de los Cielos y prometió que volvería de nuevo. ¿Por qué no creer en la Palabra de Verdad? Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado es el camino de la verdadera salvación.
Nuestro Señor vino al mundo hace 2.000 años, tomó nuestros pecados de una vez por todas al ser bautizado cuando tenía 30 años, fue a la Cruz y fue crucificado hasta morir, se levantó de entre los muertos y así nos ha salvado de nuestros pecados de una vez por todas. Al salvarnos a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu de nuestros pecados de una vez por todas, el Señor se ha convertido en nuestro verdadero Salvador. Por tanto, nuestro Señor es el verdadero Salvador que ha borrado nuestros pecados perfectamente, y es el verdadero Juez que juzgará a todos justamente.
Así la Verdad de la salvación en la que debemos creer es el Evangelio del agua y el Espíritu. La doctrina de las oraciones de penitencia en la que muchos cristianos creen no es más que una falsedad derivada de el concepto humano del «principio de causalidad».
Para los cristianos de hoy en día que dicen que sus pecados son perdonados al ofrecer oraciones de penitencia, la remisión de los pecados no se recibe en pretérito pluscuamperfecto, sino en presente continuo. Por eso esta fe es incorrecta. ¿Borra nuestros pecados el Señor en el presente continuo? No, no es así. El Señor borró nuestros pecados en el pasado mediante Su obra justa y así hemos recibido la remisión del pecado al creer en esta Verdad. Nuestros pecados no se borran poco a poco cada día ofreciendo oraciones de penitencia, sino que el Señor los borró de una vez por todas mediante Su bautismo y derramamiento de sangre en la Cruz, y por tanto quien cree en esta Verdad recibe la remisión eterna de los pecados para siempre.
Por tanto, deberíamos entender que para los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, la bendición de la remisión de los pecados se ha completado en el pretérito pluscuamperfecto. Como hemos sido librados de todos nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no tenemos ningún pecado que deba ser perdonado. Para los que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, los días en que intentaban falsamente borrar sus pecados a través de sus oraciones de penitencia han acabado. Ahora, todo el mundo debe ser librado de sus pecados y recibir la vida eterna al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor dio a todas la raza humanidad.
Los cristianos que, esclavizados por falsas doctrinas, no han nacido de nuevo creen en una falsa doctrina denominada salvación gradual: salvación de la justificación, santificación y glorificación. En otras palabras, han sido enseñados y creer de la siguiente manera: «Aunque hemos sido salvados de todos nuestros pecados pasados al creer en la sangre valiosa derramada en la Cruz, como aún cometemos pecados en el presente, nuestra salvación debe conseguirse gradualmente al ofrecer oraciones de penitencia todos los días, y cuando caminamos por la senda de la santificación, somos santificados cuando morimos y alcanzamos nuestra gloriosa salvación».
Así que cuando se les pregunta: «¿Han sido salvados del pecado completamente?» articulan una respuesta infantil: «¡Sí! Fui salvado del pecado, estoy siendo salvado y seré salvado». ¿Tiene sentido? Si alguien que se está ahogando dice: «Fui rescatado, estoy siendo rescatado, y seré rescatado», entonces este hombre todavía se está ahogando.
Una mentira requiere diez mentiras más para cubrirla. Las falsas doctrinas son iguales. Como el cristianismo permitió una falsedad una vez, han entrado multitud de ellas. Por eso la doctrina cristiana de la salvación se ha hecho tan compleja con tantos tipos de salvación. Con conceptos como la «salvación de la justificación», «salvación de la santificación» y «salvación de la glorificación», los falsos maestros explican la salvación como si se alcanzara en distintas fases. En realidad no definen la salvación con términos claros. La consideran simplemente una bendición de Dios. Pero el concepto de salvación se refiere a la remisión de los pecados. Dicho de otra manera, la salvación es la palabra que denota «salvación mediante la remisión de los pecados» (Lucas 1, 77).
¿Se recibe la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿O se recibe todos los días en el presente continuo mediante las oraciones de penitencia? Por supuesto debemos recibir la remisión de nuestros pecados mediante la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero a pesar de ello, si los cristianos de hoy en día insisten en que fueron salvados de todos sus pecados pasados al creer en Jesús como su Salvador, también son salvados a través de oraciones de penitencia, y continúan siendo salvados en el futuro, entonces lo que tienen es una fe doctrinal, no la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Verdad. Los que creen que pueden borrar sus pecados a través de oraciones de penitencia no poseen la verdadera fe, y por tanto no pueden evitar seguir siendo y viviendo como pecadores.
Imaginemos que he recibido un regalo de cumpleaños. Si le dijera a la persona que me lo ha dado, mientras sostengo en mi mano el regalo: «Recibiré un regalo de cumpleaños de tu parte», entonces esta persona pensaría que estoy loco. Lo mismo se puede aplicar a la salvación. Nuestra salvación se cumple de una sola vez por fe, ya que ha llegado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Recibimos la remisión de nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado; esta remisión no se recibe continuamente a través de nuestras oraciones de penitencia.
La gente debe darse cuenta de que está mal creer que los pecados se borran al ofrecer oraciones de penitencia. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, somos salvados de nuestros pecados de una vez por todas y recibimos la vida eterna. Deben entender que esta es la fe correcta. La fe en el Evangelio del agua y el Espíritu nos ha traído la convicción de la verdadera salvación a muchos cristianos. Debemos darnos cuenta de que está en contra de lo que dice la Biblia creer que nuestros pecados se borran al creer en Jesús como nuestro Salvador y ofrecer nuestras oraciones de penitencia, y de que esta creencia es una doctrina legalista creada por la lógica humana.
Hay una diferencia colosal entre la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y la creencia de que los pecados se borran a través de oraciones de penitencia. Si alguien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, recibirá la remisión eterna de los pecados y se convertirá en una persona justa sin pecado. Pero si tuviera que intentar borrar sus pecados mediante oraciones de penitencia, nunca recibiría la remisión de los pecados y caería en creencias legalistas. Mientras que la primera fe nos permite alcanzar la vida eterna en el Cielo y servir al Señor en Su gracia, la última sólo nos hace pasar todas nuestras vidas intentado recibir la remisión de los pecados, para acabar condenados al infierno.
Por tanto deben examinar si su fe está puesta en el Evangelio del agua y el Espíritu, o si está puesta en sus oraciones de penitencia mientras intentan borrar sus pecados por su cuenta. Y si están aferrados a la creencia de que la remisión de sus pecados se recibe mediante oraciones de penitencia, les pido que la dejen de lado y crean en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Debemos conocer y creer que sólo el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad de salvación. Para salvar a los pecadores del pecado, Jesús vino al mundo, cargó con los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz, resucitó de entre los muertos y así borró nuestros pecados. El Señor dijo antes de morir: «Está acabado». De verdad lo ha completado todo para que no falte nada para salvar a los que ahora creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Asimismo el Señor prometió que descendería de los Cielos para llevarse a los justos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como estos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu son el pueblo de Dios, el Señor volverá a la tierra para llevárselos.
Es una creencia errónea creer que nuestros pecados se borran a través de oraciones de penitencia, en vez de creer en la salvación que el Señor ha completado para nosotros, y por tanto, a través de esta fe no podemos entrar en el Reino del Señor. Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y grabarlo en nuestros corazones. Debemos darnos cuenta de que cuando los cristianos de hoy en día creen que sus pecados son borrados mediante oraciones de penitencia, su fe es incorrecta. Creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es tener la misma fe que Abraham.
 

¿Cómo somos bendecidos como Abraham?
 
En el capítulo tercero de Gálatas, el Apóstol Pablo explica la verdadera fe utilizando la fe de Abraham como ejemplo: «“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham..» (Gálatas 3, 6-9).
Pablo nos está explicando aquí que Abraham fue aprobado por Dios y se convirtió en el padre de la verdadera fe precisamente porque creyó en la Palabra que Dios le dio. Por tanto, los que tienen la misma fe que Abraham son considerados justos junto con Abraham.
¿Quieren convertirse en descendientes de Abraham poniendo su fe en la Palabra de Dios? Entonces crean en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón, como Abraham creyó en lo que Dios le dijo. Al creer en el Hijo de Dios como nuestro Salvador que nos ha salvado de nuestros pecados, y a través de nuestra fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos dio, podemos vivir para siempre. Quiero que todos ustedes alcancen la misma fe que la de Abraham. Del mismo modo en que Abraham se convirtió en hijo de Dios a través de su fe en la Palabra de Dios, quiero sinceramente que imiten esta fe. Entonces, del mismo modo en que Abraham recibió todas las bendiciones al creer en la Palabra de Dios, ustedes también recibirán las mismas bendiciones.
Ustedes, también, deberían recibir la remisión de sus pecados de la mano de Dios al poner su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicho de otra manera, deben creer que nuestro Señor vino al mundo, fue bautizado por Juan el Bautista para aceptar los pecados del mundo, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así nos ha salvado del pecado. En el mismo momento en que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, somos el pueblo de Dios, y nos convertimos en los descendientes espirituales de Abraham. Del mismo modo en que Abraham fue aprobado por Dios como un hombre justo por creer en Su Palabra, a través de nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu ustedes se convierten en el pueblo de Dios. Dios dice que la fe de Abraham es la misma fe que la de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Debemos darnos cuenta de que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad. Ahora, mientras la gente de todo el mundo cree el la Palabra del Evangelio de Verdad de Dios, será aprobada por Dios. Esto se debe a que Dios ha determinado que los que tengan esa fe se convertirán en justos por fe, y serán salvados de sus pecados. Debemos recordar lo que está escrito en la Biblia: «Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.”» (Gálatas 3, 8).
 

¿Qué tipo de fe es la fe de Abraham?
 
En tiempos del Antiguo Testamento, Abraham y su sobrino se fueron de su país, dejaron a sus familias y la casa de sus padres en Ur de los Caldeanos para ir a la tierra que Dios le había mostrado. Poco después de entrar en la Tierra Prometida, sus rebaños crecieron, lo que entonces era una señal de riqueza. Así que al final, los siervos de Abraham y los siervos de su sobrino Lot discutieron sobre la propiedad. Abraham se dio cuenta de que se había separado espiritualmente de su sobrino Lot.
Así que Abraham dijo: «Vete. Si te vas a la derecha, yo iré a la izquierda; si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha. Tú eliges primero. Ni siquiera me respetas como tu tío, y ahora que estás prosperando, quieres dejarme. Así que elige. ¿Dónde vas a ir? Ve adonde quieras».
Entonces Lot escogió la tierra fértil de Zoar y dejó a Abraham. Tras la salida de Lot, Dios le dijo a Abraham: « Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente.
Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.”» (Génesis 13, 14-15). Lo que Dios dijo aquí era la Palabra de la alianza del Evangelio, que Abraham sería bendecido a través de Jesucristo.
Al creer en la Palabra de Dios, la fe de Abraham fue aprobada, y se convirtió en el padre de fe de todos los que han creído desde entonces en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando Dios dijo a Abraham: «Toda la tierra que ves, te la doy a ti y a tus descendientes para siempre», quiso decir que la gente entraría en la tierra espiritual de Canán a través de Jesucristo. Jesús nació en este mundo para librar a los pecadores del pecado, fue bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos, y así se convirtió en el Salvador de los pecadores. Por eso Dios dijo que daría el Cielo a los que creyeran en Jesucristo como su Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu.
El Apóstol Pablo sabía que esta Verdad sería predicada a los gentiles para llevarles la salvación. Dios Padre había profetizado que Jesucristo nacería como descendiente de Abraham, y dijo que del mismo modo en que la fe de Abraham fue aprobada, los que crean en Jesucristo como su Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu tendrían su fe aprobada por Dios. Por eso el Apóstol Pablo dijo: «De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham» (Gálatas 3, 9).
Así al creer en la Palabra de Dios, es decir, el Evangelio del agua y el Espíritu, los gentiles también reciben las mismas bendiciones que Abraham recibió. La Palabra de Dios que Abraham recibió, y la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Palabra de salvación que hemos recibido, nos trajeron la salvación a los creyentes, y por tanto no hay diferencia en la fe que nos salva. Por eso los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu reciben las mismas bendiciones que Abraham, así como los mismos dones y recompensas.
 

Ahora como antes, todavía hay gente que no cree correctamente
 
La razón por la que Pablo mencionó la fe de Abraham es que los judíos cristianos continuaron con su idea de que se convertirían en el pueblo de Dios y en descendientes de Abraham si se circuncidaban. Así que para poder explicar la verdadera fe que nos salva del pecado, Pablo desenmascaró sus falsas creencias. Por eso el Apóstol Pablo habló una vez más de la verdadera naturaleza de la fe de Abraham.
En esta época también, para tener la fe de Abraham, debemos creer de corazón en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado a todos nosotros. Si alguien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, sus pecados desaparecerán de su corazón y se convertirá en parte del pueblo de Dios. ¿Se convirtieron en el pueblo de Dios al ser circuncidados? No, sólo si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden ser parte del pueblo de Dios.
Sin embargo los que creen que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad de salvación son pocos. La fe cristiana de hoy en día se ha salido del buen camino porque la gente cree en la Palabra de Dios interpretándola de una manera muy literal y carnal.
Durante la Reforma de Francia había un hombre llamado Calvino, que emergió como uno de los teólogos protestantes más influyentes. El problema de Calvino empezó cuando se dirigió públicamente a su amigo Nicholas Cop, rector de la Universidad de París, apoyando la reforma de las iglesias. Esto llevó a la Iglesia Católica a acusarle de herejía y tuvo que huir como fugitivo. Mientras estaba en el exilio, escribió un libro denominado Institutos de la Religión cristiana, que fue revisado muchas veces más adelante. El punto de vista de Calvino expresado en este libro se denomina “Los cinco puntos del calvinismo”.
Los “Cinco puntos del calvinismo” son los siguientes: depravación total (también conocido como incapacidad total y pecado original); elección incondicional; expiación limitada (también conocido como expiación particular); gracia irresistible; perseverancia de los santos (también conocido como “una vez salvado, salvado para siempre”). Aquí la doctrina de la “elección incondicional” dice que algunas personas están predestinadas a ir al Cielo y otras al infierno.
Las ideas de Calvino fueron criticadas por ser muy intolerantes. Sin embargo sus ideas se consolidaron en una escuela de teología, a pesar de que sus doctrinas eran falacias, y los que fueron influenciados por esta escuela no pudieron darse cuenta de que el Evangelio del agua y el Espíritu era la Verdad cuando lo escucharon. Más tarde, basándose en las ideas de Calvino, los cristianos llegaron a creer que los pecados cometidos tras creer en Jesús, debían ser borrados mediante oraciones de penitencia.
La Biblia dice que Dios ha borrado nuestros pecados de una vez por todas. Sin embargo Calvino afirmaba que antes de nacer algunos estaban predestinados a ser salvados, mientras que otros estaban predestinados a ser abandonados. Esta es una doctrina inventada por el hombre y una falsedad que deriva de lo que el hombre conoce por instinto.
La verdadera predestinación de Dios es la siguiente: Dios Padre en el Cielo nos ha predestinado en Jesucristo, y en el Evangelio del agua y el Espíritu; ha predestinado a los que creen en este Evangelio a ser salvados de todos los pecados del mundo y los ha convertido en Su pueblo. Debemos recordar que la verdadera salvación se consigue al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La Biblia dice que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu son los que han nacido de nuevo y han recibido la vida eterna (Juan 3, 5).
Todo el mundo nació siendo pecador desde su nacimiento, destinado a cometer pecados durante toda su vida e incapaz de evitar el castigo del infierno. Sin embargo Jesucristo aceptó a esta gente como Su pueblo, es decir, a los que creen que Cristo nos ha librado de los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos creer en Jesucristo como nuestro Salvador dentro del Evangelio de Verdad.
Sin embargo el Señor nos está diciendo que los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu serán echados al infierno. ¿Cuál es, entonces, el verdadero Evangelio y cómo es la verdadera fe? El Evangelio del agua y el Espíritu del que habla nuestro Señor en la Biblia es el Evangelio de Verdad y la Palabra infalible de salvación.
 

¿Quién está bajo la maldición de Dios?
 
Pasemos a Gálatas 3, 10-14: «Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escrito en el libro de la ley, para hacerlas.
Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.».
En el pasaje anterior se dice que los que son de la Ley están bajo la maldición. El Apóstol Pablo dijo: «Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”» (Gálatas 3, 10). Del mismo modo, el Apóstol Pablo dijo: «Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos» (Santiago 2, 10).
Dios dejó claro que los que son de las obras de la Ley están bajo la maldición. La Ley no trae la salvación a quien la cumple. Después de todo, ¿quién puede cumplir la Ley a la perfección, cuando hay nada menos que 613 estatutos de la Ley de Dios escritos en el Antiguo Testamento?
El papel de la Ley es señalar nuestros pecados y hacérnoslos ver, y por tanto nos ha llevado al Evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que la Ley es el decreto de Dios para todo el mundo. Los fiscales investigan e imputan delitos a los sospechosos. Su trabajo es conseguir que se declare como criminales a los sospechosos. El trabajo de un abogado defensor es interceder en lugar de los sospechosos en un juicio. En esencia la Ley es como un fiscal para nosotros, mientras que Jesús es nuestro abogado defensor. Examinemos entonces con más detalle la relación entre las obras de Jesús y la función de la Ley. 
Los que pertenecen a las obras de la Ley intentan convertirse en descendientes de Abraham al recibir la circuncisión de la carne, pero la Biblia dice que esta gente está bajo la maldición de Dios. No hay nadie que se pueda convertir en justo cumpliendo la Ley. Está escrito: «  y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.”». No hay nadie en este mundo que pueda cumplir la Ley de Dios perfectamente.
Por tanto Jesucristo mismo vino al mundo, tomó nuestros pecados al ser bautizado, fue crucificado hasta morir, y se levantó de entre los muertos, salvando a Sus creyentes. Jesucristo aceptó todos los pecados del mundo al recibir el bautismo de Juan el Bautista y cargó con la maldición de la humanidad al ser crucificado y derramar Su sangre hasta morir. Por eso el Apóstol Pablo dijo: « Maldito todo el que es colgado en un madero » (Gálatas 3, 13; Deuteronomio 21, 23).
En tiempos de Jesús, el pueblo judío estaba bajo el mandato colonial del Imperio Romano, y la ley romana condenaba a los criminales más atroces a morir clavados en una cruz. Dicho de otra manera, la ejecución mediante la crucifixión era un castigo reservado para los peores criminales.
¿Por qué colgaron a Jesús de un madero? Porque había aceptado todos nuestros pecados de una sola vez al ser bautizado por Juan el Bautista. Jesucristo había tomado todos nuestros pecados a través de Su bautismo y por eso murió en un madero. Ustedes y yo tenemos tantos pecados que Jesús sólo pudo pagar su precio siendo crucificado y soportando sus maldiciones.
Jesucristo cargó con los pecados del mundo a través de Su bautismo y por eso fue crucificado en un madero. La crucifixión de Jesús fue una consecuencia del hecho de que había tomado todos nuestros pecados a través de Su bautismo. Esto significa que como la Biblia dice: « para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiesemos la promesa del Espíritu » (Gálatas 3, 14). Jesucristo nos ha salvado perfectamente a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Así es como las mismas bendiciones que se le concedieron a Abraham, se nos han concedido a nosotros, a los que creemos en lo que Jesucristo ha hecho por nosotros. Del mismo modo en que Abraham fue bendecido por Dios y se convirtió en el padre de la fe, quien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu puede recibir estas bendiciones y convertirse en hijo de Dios.
Dios nos ha permitido recibir la promesa del Espíritu Santo a través de la fe al creer en Jesucristo (Gálatas 3, 14). Si alguien recibe la remisión de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, recibirá el don del Espíritu de Santo de Dios. El Espíritu Santo vive en los corazones de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Si tenemos el Espíritu Santo en nuestros corazones, esto significa que hemos recibido la vida eterna a través del Espíritu Santo. Por eso Dios dijo: « El justo por la fe vivirá ». Como Dios nos ha dado el don del Espíritu Santo a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, ustedes y yo podemos vivir para siempre a través de nuestra fe en la Palabra de Dios. Por eso si alguien ha recibido la remisión de sus pecados en su corazón al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no le resulta difícil vivir por fe.
 

Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden librarse de todas las maldiciones al creer en esta Verdad
 
¿Es difícil recibir la remisión de los pecados a través de la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? No puede ser más fácil que esto:
« Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.
Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.
Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.
¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.
De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.
Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, » (Gálatas 3, 15-25).
El Apóstol Pablo dijo que tomaría un ejemplo de la vida diaria para explicar lo que quería decir. Señaló que cuando un hombre hace una promesa a otro, una vez hecha, nadie la puede anular o modificar.
Una vez más volvámonos a la promesa que Dios hizo a Abraham. Cuando surgió el conflicto entre Abraham y su sobrino Lot sobre la propiedad, Abraham le dijo a Lot que escogiera la que quisiera y se marchara, y Lot escogió la tierra de Zoar y se fue. Entonces Dios llamó a Abraham hasta una montaña alta y le hizo mirar hacia toda la extensión de tierra abajo. Y Dios le prometió a Abraham: « Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. ».
Esta es la alianza de Dios por la que Jesucristo nació de Abraham. En otras palabras, Dios nos estaba diciendo que enviaría a Jesucristo como descendiente de Abraham y que a los que creyeran en Jesucristo, les daría las mismas bendiciones que le dio a Abraham. Y al enviar a Jesucristo a este mundo, Dios cumplió completamente las bendiciones que nos permiten a los creyentes entrar en el Cielo, tal y como lo prometió. Ahora somos los que reciben las bendiciones como Abraham, sólo con creer en Jesucristo. Del mismo modo en que Dios le dio la tierra de Canán a Abraham, nos ha dado el don de Su prometido Reino, precisamente porque creemos en Su Palabra.
Sin embargo después de 430 años desde que ofreció Su Palabra de promesa a Abraham, Dios le dio la Ley al pueblo de Israel. Esta Ley también se nos dio. Pero a través de esta Ley, no podíamos librarnos de nuestros pecados, y por tanto quedábamos bajo la maldición.
Pero esta ley no puede abolir la promesa de Dios que se hizo en primer lugar. En otras palabras, Dios le dio la Ley al pueblo de Israel después de 430 años desde que les prometió bendecirles, y esta Ley no anulo la promesa y la bendición que le había dado a Abraham. Esta es una promesa extremadamente importante y la Verdad indispensable para la gente de Israel y para nosotros. El ser salvados a través de nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es una creencia muy importante y verdadera, y es la Verdad de la remisión de los pecados. Por eso es muy fácil alcanzar la salvación de la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Leamos Gálatas 3, 18-20: «Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.
Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.Y el mediador no lo es de uno solo».
El Apóstol Pablo utilizó el subjuntivo «si». Pablo dijo que si convertirse en hijos de Dios y heredar Su Reino es de la Ley, entonces no son de la promesa. En otras palabras, si nos hacemos justos y heredamos el Reino de Dios al cumplir la Ley, entonces esto pertenece a nuestras obras, no a la promesa bendita que Dios hizo a Abraham, diciendo: «Te dare esta tierra de Canán a ti y a tu descendientes».
La remisión de nuestros pecados se recibe por fe en la Palabra de Dios. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu recibimos la remisión de nuestros pecados, y por eso mediante nuestra fe en la Palabra de Dios, es decir al creer en Jesucristo y en la Palabra que nos prometió, alcanzamos el Cielo tras recibir la remisión de nuestros pecados.
Como el Apóstol Pablo era un hombre con un amplio conocimiento del Antiguo Testamento, conectó a Jesucristo con el Antiguo Testamento. Dijo: «Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones» (Gálatas 3, 19). Esto significa que como pecamos, Dios nos dio la Ley. En otras palabras, como los descendientes de Abraham no conocían sus pecados, se les dio la Ley para que los reconocieran; no se les dio para que se salvaran cumpliendo esta Ley. Por tanto la Ley es efectiva hasta la venida de la Semilla prometida. ¿Quién es esta Semilla prometida en la Ley de Dios? Jesucristo.
Dios dio la Ley a los seres humanos porque no reconocían sus pecados cuando los cometían. ¿Cuál era el estado de la humanidad después de 430 años desde que Dios prometiera a Abraham la salvación por la fe? La gente no conocía a Dios bien, si conocía el pecado, porque no había ley. Por eso Dios se le apareció a Moisés y dijo: «Soy Jehová. Soy el Señor Dios que os sacó de Egipto. Primero, no adoraréis a otros dioses. Segundo, no haréis ídolos, ni os postraréis ante ellos ni los adoraréis. Soy Jehová»; así, Dios le dio la Ley al pueblo de Israel para que supiera quién era Dios.
En resumen, la razón por la que Dios nos dio la Ley es que, a través de esta Ley, nos diéramos cuenta de que somos grandes pecadores y buscásemos a Jesucristo y lo encontrásemos. Por eso Dios nos puso bajo la Ley hasta la venida de Jesucristo. Y cuando llegó la hora, Jesucristo vino al mundo con nosotros, fue bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos, y por tanto nos salvó de los pecados del mundo.
Por tanto si alguien intenta convertirse en una persona justa ante Dios cumpliendo la Ley, viviendo virtuosamente o recibiendo la circuncisión, su fe es una fe de obras, es decir, una fe legalista. Esta fe legalista está equivocada. Consiste en un intento inútil de alcanzar la salvación por uno mismo, bajo la premisa de que los seres humanos pueden alcanzar la salvación por su propia cuenta viviendo una vida virtuosa de piedad.
El Apóstol Pablo dijo: «No podemos salvarnos por nuestras propias obras, porque no podemos evitar pecar hasta que morimos. Sin embargo el Mediador ha llegado. Él es uno con Dios. Nuestro Mediador es Jesús, que, aunque es Dios mismo, vino al mundo encarnado en un hombre y se convirtió en nuestro Salvador. Este Mediador no media por una parte sólo, sino que media por Dios Padre y por nosotros. Como trabajó por ambas partes se convirtió en nuestro Mediador». Este Mediador, Jesucristo, tomó nuestros pecados de una vez por todas, murió en la Cruz, nos hizo el pueblo de Dios y cumplió toda la justicia de Dios, todo Su amor y Su justicia.
La Biblia continúa así: «¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.
De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.» (Gálatas 3, 21-24).
Así creer en que la remisión de los pecados se consigue mediante oraciones de penitencia, o creer como en la Iglesia Primitiva que somos descendiente de Abraham si nos circuncidamos, son creencias erróneas. La creencia en que los cristianos de hoy en día se convierten en el pueblo de Dios si se santifican, está equivocada, al igual que la afirmación de que los pecados son borrados y se forma parte del pueblo de Dios si se ofrecen oraciones de penitencia diligentemente. Sólo porque alguien ofrezca oraciones de penitencia religiosamente no significa para nada que Dios les haya perdonado sus pecados.
Quien cree en Jesucristo como su Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, puede recibir la remisión de sus pecados y ser hijo de Dios. No es más que una mentira decir que al ofrecer oraciones de penitencia religiosamente la gente puede borrar sus pecados, encontrar a Dios y recibir Su poder. Pero desafortunadamente muchos cristianos todavía son adeptos a esta creencia e intentan alcanzar la salvación confiando en sus propias oraciones de penitencia y a través de las obras de la Ley. Me rompe el corazón ver cómo los cristianos de todo el mundo tienen una fe tan equivocada, y cómo la fe de esta gente, que dice que sus pecados son borrados mediante oraciones de penitencia, está tan extendida en el cristianismo de hoy en día. 
 Escuchen los que el Apóstol Pablo dijo: « ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne??» (Gálatas 3, 3). Con esto Pablo estaba señalando la falacia incuestionable de que uno puede borrar sus pecados al ofrecer oraciones de penitencia. En otras palabras, Pablo estaba preguntando por qué intentamos borrar nuestros pecados mediante las oraciones de penitencia, cuando el Hijo de Dios nos ha salvado de nuestros pecados al venir al mundo, tomar nuestros pecados, morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos. Cuando podemos ver claramente que este Jesucristo, que fue bautizado por Juan y murió en la Cruz, ¿por qué nos habríamos de inventar otro Evangelio e intentar borrar nuestros pecados a través de oraciones de penitencia?
Cuando el Apóstol Pablo habló a los santos de las iglesias de Galacia, hacía poco que Jesús había estado en la tierra, había sido bautizado, muerto en la Cruz, se había levantado de entre los muertos y ascendido a los Cielos. Pero a pesar de ello los santos de Galacia habían abandonado su fe y estaban buscando una diferente, atrapados en los pensamientos de Satanás. Y lo que es aún peor es que no se dieron cuenta de esta falacia.
 

Si no tenemos cuidado, los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu de hoy en día pueden cometer estos errores 
 
Incluso los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden pensar así: «Aunque he recibido la remisión de los pecados, como todavía cometo pecados, me gustaría ofrecer oraciones de penitencia. Sólo entonces, creo yo que mis pecados serán perdonados». Incluso alguien que ha recibido la remisión de sus pecados, cuando comete otro pecado, se siente culpable ante Dios y siente que debe hacer algo para borrarlo, y por eso puede pensar así.
Sin embargo en casos como este, deberíamos admitir ante Dios que hemos cometido pecados y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, en vez de recurrir a nuestras propias oraciones de penitencia. Sólo porque alguien ofrezca oraciones de penitencia no significa que sus pecados se hayan borrado. Todos nuestros santos de todo el mundo deben darse cuenta de esto, y los que se consideren buenos cristianos, pero no conozcan el Evangelio del agua y el Espíritu hasta ahora, deben darse cuenta de que la doctrina de las oraciones de penitencia está equivocada.
¿Por qué reprendió el Apóstol Pablo a los defensores de la circuncisión y los denunció tan duramente en el Libro de Gálatas? Porque bajo su mala influencia tenían a muchos creyentes de las iglesias de Galacia que no conocían el Evangelio del agua y el Espíritu correctamente. Ahora, todo cristiano, desde los ministros hasta los laicos, debe darse cuenta de cómo los teólogos les han enseñado cosas erróneas todo este tiempo. Como hay muchas cosas que han enseñado mal, es imposible predicar el Evangelio del agua y el Espíritu en esta era sin la base de la Palabra de Verdad. Esto se debe a que incluso cuando se les explica el Evangelio de Verdad con la Palabra, no quieren escuchar y se ponen en nuestra contra ciegamente.
Uno debe tener una prueba definitiva de la Palabra de Dios para la remisión de sus pecados, y para ello debe tener la salvación que vino por el agua y el Espíritu. Si alguien no tiene la prueba de esta salvación conseguida al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no puede dar testimonio de su verdadera salvación.
Demasiados creyentes de Galacia habían perdido esa prueba. Así que en el Libro de Gálatas, el Apóstol Pablo dijo: «¡Qué equivocada está esta fe de los que defienden la circuncisión? ¿Quieren practicar la Ley? ¿Quieren ser justificados a través de la Ley de Dios? Entonces están obligados a cumplir la Ley completamente. Ustedes quieren hacerse perfectos por sus obras de la Ley, pero pregúntense a sí mismos si de verdad pueden cumplir toda la Ley. ¿Están seguros de que pueden hacerlo? Entonces, ¿por qué intentan alcanzar su salvación cumpliendo la Ley a través de sus propias obras? Nuestra verdadera salvación no se consigue por nuestras propias obras, sino a través de nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. La creencia de que Jesucristo vino al mundo y ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu es la fe que trae la verdadera remisión de los pecados».
Nuestra salvación no se encuentra en nuestras obras, sino que depende de nuestra fe, es decir, de si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu o no. Pero durante todo este tiempo, hemos pensado que seríamos bendecidos por Dios si realizamos obras virtuosas y malditos si no las hacemos. Todo esto es una creencia legalista, no la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por fe estamos sin pecado y los que encuentran a Jesucristo en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y le aceptan en sus corazones, reciben la bendición de la salvación. Si algunos todavía intentan estar sin pecado de otra manera, ofreciendo oraciones de penitencia, esto significa que ha caído presa de creencias erróneas. Esta gente debe arrepentirse cuanto antes posible, arrepentirse y creer en Jesucristo correctamente.
 

Cuando la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu viene a nosotros, podemos ser librados de todas las maldiciones de la Ley.
 
«Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,
pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.» (Gálatas 3, 25-29).
El Apóstol Pablo dijo: « Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo ». El ayo se refiere a la Ley. Al señalar nuestros pecados, la Ley nos permite darnos cuenta de que somos pecadores y que por tanto estamos destinados al infierno. Por eso se dice que la Ley nos lleva al Salvador.
Ahora, una vez hemos conocido a Jesús en el Evangelio del agua y el Espíritu, y una vez hemos recibido la fe en el Salvador, no estamos ya bajo la maldición de la Ley. Gracias a esta fe ya no estamos bajo la maldición. Aunque cometamos pecados de nuevo, lo correcto es admitir nuestras faltas ante Dios y seguir adelante, confirmando una vez más por fe que hemos sido perdonados por todos nuestros pecados. Por tanto, aunque seamos insuficientes, todo lo que tenemos que hacer es vivir por fe de ahora en adelante. Jesucristo cargó con nuestras maldiciones colgado de un madero.
Al aceptar nuestros pecados a través de Su bautismo y ser crucificado, Jesús cargó con todas nuestras maldiciones de una vez por todas. Ahora, no sólo ya no tenemos que tener miedo de estas maldiciones, sino que no debemos preocuparnos en absoluto. Todo lo que tenemos que hacer es admitir nuestras insuficiencias y seguir adelante por fe. Esto es lo que el Señor nos dijo.
Está escrito: « Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,
pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos » (Gálatas 3, 26-27). El Apóstol Pablo dijo que al creer en Jesucristo, es Hijo de Dios, como nuestro Salvador, todos nos convertimos en hijos de Dios. El convertirnos en hijos de Dios significa que estamos sin pecado.
¿Por qué fe estamos sin pecado? Como está escrito en Gálatas 3, 27: « porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos », estamos sin pecado al creer que Jesús vino al mundo encarnado en un hombre, que aceptó los pecados de la humanidad, los suyos y los míos, al ser bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad. Todos los pecados del mundo se pasaron a Jesucristo al imponer Juan el Bautista sus manos sobre la cabeza de Jesucristo. Al aceptar Jesús los pecados del mundo al ser bautizado, tuvo que ser crucificado para cargar con la maldición en nuestro lugar. Y al levantarse de entre los muertos se ha convertido en nuestro Salvador.
Por eso el Apóstol Pablo dijo: « porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos » (Gálatas 3, 27). El que «hayamos sido bautizados en Cristo» significa que creemos en lo siguiente: que Jesús tomó nuestros pecados cuando fue bautizado; que tuvo que morir en la Cruz; que se levantó de entre los muertos para mostrarnos que es Dios y para devolvernos a la vida; y que mediante todo esto se ha convertido en nuestro Salvador. Así, Jesús nació en este mundo para borrar todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
Así en Gálatas 3, 27, el Apóstol Pablo estaba confesando su fe cuando dijo: « porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos ». La fe de Pablo estaba puesta en el Evangelio del agua y el Espíritu. A no ser que uno crea en el bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz, será echado al infierno. Debido a que Jesús tomó todos los pecados del mundo de una vez al ser bautizado por Juan el Bautista, pudo ser crucificado hasta morir y cargar con nuestras maldiciones, y al levantarse de entre los muertos a los tres días, se convirtió en nuestro Mesías, nuestro verdadero Salvador. Para completar nuestra salvación, Jesús tuvo que vivir de nuevo, y por eso se levantó de entre los muertos después de haber sido bautizado y de levantarse de entre los muertos, convirtiéndose así en nuestro verdadero Salvación.
No hay mucho más que discutir aquí, pero permítanme que haga mi conclusión una vez más refiriéndome a las ideas del Apóstol Pablo, que dijo que Gálatas 3, 28: « Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.».
Esto significa que todo el mundo está en Cristo. En Jesucristo pudimos recibir la misma remisión de los pecados. Todos somos uno, porque al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos recibir la remisión de nuestros pecados, convertirnos en el pueblo de Dios y convertirnos en Sus obreros. Podemos ser uno en el mismo instante en que pasamos a formar parte del pueblo de Dios.
Pablo continuó: « Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa » (Gálatas 3, 29). En este pasaje Pablo estaba diciendo lo siguiente: «No os convertís en descendientes de Abraham al ser circuncidados, sino al creer en Jesucristo como vuestro Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, así podéis ser de Cristo y estar unidos a Él. Sólo si habéis venido a Jesucristo podéis ser descendientes de Abraham por fe. Si pertenecéis a esta fe, entonces sois herederos del Reino de los Cielos según la promesa». Esta es la Verdad.
Los teólogos con frecuencia resumen la fe de Pablo como la «justificación por la fe». Eso es correcto. El problema, sin embargo, es que lo dicen sin darse cuanta de lo que creyó Pablo para ser justificado por la fe. Por eso, al no conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, no tienen otra manera de hablar de la salvación si no es como algo que se consigue al creer en la sangre de Cristo solamente, y como resultado han llegado a afirmar que para salvarse hay que alcanzar la santificación. Como esta gente habla de estas creencias erróneas, los que las escuchan se pierden. Aunque Dios nos ha permitido alcanzar nuestra salvación al poner nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, han añadido sus propias doctrinas, y así anulan la gracia de salvación de Dios.
¿Cómo, entonces debemos creer que pertenecemos a Jesucristo? Debemos creer que Jesús ha borrado todos nuestros pecados sin consultarnos. Nuestra verdadera salvación se alcanza al creer que fue Jesús quien fue bautizado por Juan el Bautista; fue Jesús quien llevó los pecados del mundo a la Cruz y fue crucificado; fue Jesús quien sufrió y murió en la Cruz para ser maldito; fue Jesús quien se levantó de entre los muertos; y fue Jesús quien se convirtió en nuestro Salvador. Así es como el Señor cumplió nuestra salvación. Como nos amó tanto hasta el punto de salvarnos por su voluntad. Esta fue la obra de Dios y de nadie más. Y ahora lo que debemos hacer es creer en este Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces devemos ser salvados por fe.
¿Qué recibimos cuando creímos en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos dio? Recibimos el don del Espíritu de Dios. Al venir el Espíritu Santo en nuestros corazones como el don de Dios, el Espíritu Santo obra por nosotros. ¿Hay algo que debamos añadir de nuestra parte para recibir la salvación de Dios? No, no hay nada.
¿Hay alguien que haya hecho la menor contribución a nuestra salvación conseguida por el Hijo de Dios cuando vino a la tierra? He escuchado a gente alabar al cireano llamado Simón, hasta el punto de decir que era compañero en la obra de salvación del Señor, por el hecho de haber ayudado a Jesús a llevar la Cruz (Marcos 15, 21). Sin embargo, aunque este Simón llevara la Cruz de Jesús no significa que la obra de salvación del Señor fuera imperfecta. En aquellos días Cirene era una ciudad próspera en Libia, y Simón era probablemente un judío helenizado que había ido a Jerusalén para el festival anual de Pascua. Sin embargo, sólo porque este hombre ayudara a Jesús, ¿fue al Cielo por esta obra? No.
Mis hermanos, sólo podemos recibir las bendiciones que Dios nos ha prometido si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu somos salvados, y por esta fe entramos en el Cielo y nos convertimos en justos.
Muchos cristianos dicen: «Debemos recibir la remisión de los pecados ofreciendo oraciones de penitencia». Pero cuando escuchamos esto, hay algo que debemos recordar sin falta: aunque esto sea bueno al principio, no es nada más que un fraude. Son palabras de la gente más vil. Ustedes probablemente tengan a gente así a su alrededor que dice: «¿Cómo que no ofreces oraciones de penitencia? Quien no lo hace está equivocado». Condenan a todo el que dice que estas oraciones no son necesarias para la salvación.
Pero cuando esta gente dice que sus pecados se borran sólo si ofrecen oraciones de penitencia, están cometiendo un gran pecado ante Dios. Es el pecado de hacer que la muerte de Jesús sea en vano. ¿Cómo pueden hacer esto y esperar ser salvados?
 

Como nacidos de nuevo, ¿qué debemos hacer cuando pecamos?
 
En esta situación, ¿qué tipo de oración debemos rezar cuando los nacidos de nuevo cometemos un pecado? Debemos rezar oraciones de confesión, diciendo a Dios: «Señor he cometido tal y cual pecado. Lo siento. Y creo que han borrado estos pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu». Debemos admitir nuestros pecados de esta manera, y desde el Evangelio, una vez más confirmar que el Señor los ha borrado.
Y debemos arrepentirnos de nuestras transgresiones. Como Jesús nos ha salvado al tomar nuestros pecados en Su bautismo, cargando con todas las maldiciones en la Cruz y levantándose de entre los muertos, no tenemos ninguna maldición, y por tanto todo lo que debemos hacer es arrepentirnos de nuestras faltas.
Siempre debemos confesar nuestras faltas ante Dios cuando las cometamos. Al afirmar con nuestra fe que el Señor ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, todo lo que tenemos que hacer es seguir la voluntad del Señor que se ha convertido en nuestro perfecto Salvador y nunca estar atrapados por la culpa.
A veces me entristezco porque mucha gente en este mundo cree que la remisión de los pecados se recibe mediante oraciones de penitencia. Pero está claro, no hay duda de que uno no puede recibir la remisión de sus pecados a no ser que crea en el Evangelio del agua y el Espíritu. De los corazones de los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu salen oraciones de penitencia instintivamente. Es una costumbre para ellos decir: «Por favor, Señor, perdóname. Por favor, borra este pecado también».
Pero cualquiera que no haya sido bautizado en Cristo no puede vestirse de Cristo. ¿Se dan cuenta de lo que está mal? Mientras los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu se visten de Cristo y se convierten en hijos de Dios y en Su pueblo, todas estas bendiciones están fuera del alcance de los que no creen en este Evangelio. Sólo cuando se traza una línea que separa la Verdad en sus corazones, podrán creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la remisión de sus pecados, el mayor tesoro del mundo.
Si, por el contrario, alguien no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, y cree que la remisión de los pecados se recibe ofreciendo oraciones de penitencia, seguirá siendo un pecador que espera el día de su destrucción. Esto se debe a que su fe toma el bautismo de Jesucristo y Su muerte en vano.
¿Tomarán ustedes el amor de Jesús del agua y el Espíritu en vano? Algunos pensarán: «Aunque estas creencias están mal, tampoco están muy mal». Sin embargo, creer en la doctrina de las oraciones de penitencia es cometer un pecado monstruoso que destruye la Verdad de Dios. Deben recordarlo.
Y ahora, como creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos predicar su verdadero Evangelio por todo el mundo, hasta el final. Reforzando nuestra fe, debemos salvar a los esclavos del pecado y a los cristianos sin esperanza, de la fe errónea de la doctrina del arrepentimiento, a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
Doy gracias al Señor por confiarme esta tarea. Confiando en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos cumplir la tarea que se nos ha asignado.