The New Life Mission

Sermones

Tema 25: El Cantar de los Cantares

[25-7] < Cantar de los Cantares 5:1-16 > ¿Con quién trabaja el Señor?

< Cantar de los Cantares 5:1-16 >
“Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; 
He recogido mi mirra y mis aromas; 
He comido mi panal y mi miel, 
Mi vino y mi leche he bebido. 
Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados. 
Yo dormía, pero mi corazón velaba. 
Es la voz de mi amado que llama: 
Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, 
Porque mi cabeza está llena de rocío, 
Mis cabellos de las gotas de la noche. 
Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? 
He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar? 
Mi amado metió su mano por la ventanilla, 
Y mi corazón se conmovió dentro de mí. 
Yo me levanté para abrir a mi amado, 
Y mis manos gotearon mirra, 
Y mis dedos mirra, que corría 
Sobre la manecilla del cerrojo. 
Abrí yo a mi amado; 
Pero mi amado se había ido, había ya pasado; 
Y tras su hablar salió mi alma. 
Lo busqué, y no lo hallé; 
Lo llamé, y no me respondió. 
Me hallaron los guardas que rondan la ciudad; 
Me golpearon, me hirieron; 
Me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros. 
Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si halláis a mi amado, 
Que le hagáis saber que estoy enferma de amor. ¿Qué es tu amado más que otro amado, 
Oh la más hermosa de todas las mujeres? 
¿Qué es tu amado más que otro amado, 
Que así nos conjuras? 
Mi amado es blanco y rubio, 
Señalado entre diez mil. 
Su cabeza como oro finísimo; 
Sus cabellos crespos, negros como el cuervo. 
Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, 
Que se lavan con leche, y a la perfección colocados. 
Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores; 
Sus labios, como lirios que destilan mirra fragante. 
Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos; 
Su cuerpo, como claro marfil cubierto de zafiros. 
Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de oro fino; 
Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros. 
Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable. 
Tal es mi amado, tal es mi amigo, 
Oh doncellas de Jerusalén”.
 
 
Les doy la bienvenida a todos. Mañana el Diácono Minsoo y su mujer, que han estado trabajando en la Iglesia de Seúl, llegarán aquí y empezarán a hacer la obra de Dios con nosotros. Dios nos ha salvado de todos los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu y todos sabemos que debemos hacer la obra por fe confiando en Su justicia. Así que debemos trabajar diligentemente, confiando en que Dios bendecirá nuestras obras misioneras en el extranjero por fe. El pasaje de las Escrituras que acabamos de leer está sacado del Cantar de los Cantares 5.
 
 
¿Con quién está trabajando ahora nuestro Señor?
 
Hemos creído en el Evangelio del agua y el Espíritu sin dudar desde lo más profundo de nuestro corazón. La Biblia dice que el Señor hace Su obra a través de aquellos de nosotros que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pasemos a Cantar de los Cantares 5:1: “Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; He recogido mi mirra y mis aromas; He comido mi panal y mi miel, Mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados.”
Aquí nuestro Señor nos está diciendo que nos ha salvado por Su amor y que a través de estas personas todo el mundo es librado de sus pecados. Dicho de otra manera, Dios está pidiendo a Sus siervos que prediquen el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo y salvará a todos los que creen en este Evangelio. Es muy importante entender esto.
Debemos darnos cuenta de que Dios hace Su obra a través de los que le aman, de los que han recibido el amor de la salvación de Dios. El Cantar de los Cantares, que viene del Antiguo Testamento, no contiene ni una sola frase o palabra que diga Jesucristo. Sin embargo, cuando leemos la Palabra de Dios escrita en el Cantar de los Cantares, vemos cuánto ama Dios a Sus siervos. El Cantar de los Cantares está escrito de manera que nos permite llegar a un conocimiento claro de nuestra relación con el Señor. Así que, cuando meditamos acerca del Cantar de los Cantares, podemos encontrar fuerzas espirituales.
Nuestro Señor nos encomienda Su obra solo a los que hemos recibido la remisión de los pecados. De la misma manera, los siervos de Dios obren confiando en Su justicia. Hacen la obra de Dios llenos del Espíritu Santo. Entonces, ¿qué quiere Dios conseguir a través de Sus siervos que viven en este mundo? Quiere llevar la remisión de los pecados a todo el mundo, y por supuesto, quiere confiar esta obra solo a los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
Por las bendiciones que Dios nos ha dado...
 
Está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy: “He recogido mi mirra y mis aromas; He comido mi panal y mi miel, Mi vino y mi leche he bebido.” Este pasaje está dirigido a los obreros de Dios que han recibido la remisión de los pecados pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La mirra se refiere a las oraciones e implica que debemos trabajar sin descanso y encontrar fuerzas haciendo estas tareas del Evangelio del agua y el Espíritu y la Palabra de Dios. Las especias aquí se refieren a nuestras oraciones, el panal a la Palabra de Dios, el vino de la Palabra de vida y la leche al pan de Dios. Esto significa que el Señor obra a través de los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. No todo el que quiere hacer la obra de Dios puede hacerla. Solo pueden hacerla los que creen en el amor de Dios y Su Palabra.
Estamos haciendo la obra de Dios, pero no podríamos haberla hecho si no hubiésemos sido salvados de todos los pecados en primer lugar. Ninguno de nosotros puede hacer la obra de Dios si no ha sido salvado de sus pecados. Después de todo, ¿cómo puede alguien que no ha sido salvado de sus pecados hacer la obra de Dios? Si intentásemos hacer la obra de Dios sin haber eliminado nuestros pecados, no nos atreveríamos a hacer algo en lo ni estaríamos pensando. Ningún pecador puede hacer la obra de Dios, porque no es la obra del hombre. Los que intentan hacer la obra de Dios según sus deseos carnales serán malditos por Dios. Cuando una persona que no es aprobada por Dios intenta hacer la obra de Dios esto constituye un grave pecado y por tanto la gente recibirá castigos horribles. Así que, cuando un pecador intenta hacer la obra de Dios, está haciendo su propia obra, no la obra de Dios.
De esta manera, solo los que han recibido la remisión de los pecados pueden hacer la obra de Dios y juntos predican el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Por qué? Porque solo los que hemos recibido el amor del Señor y Su salvación podemos dar testimonio de la verdadera salvación que el Señor le ha dado a la raza humana. Esto se debe a que el Señor solo nos ha permitido a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu ser testigos de la justicia del Señor. Cumplir este papel de testigos del Evangelio de la justicia del Señor es hacer la obra del Señor.
Por tanto, lo que estamos haciendo ahora mismo es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, la obra de Dios. El Señor está cumpliendo Su voluntad a través de los que hacen Su obra. A través de estos obreros de Dios, muchas personas de todo el mundo se están encontrando con el Evangelio del agua y el Espíritu. Como resultado la gente del mundo ahora puede ser salvada al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu como nosotros y ser bendecida para hacer la obra de Dios en sus vidas.
Así podemos darnos cuenta de que la obra de Dios que estamos haciendo ahora es la obra justa aprobada por Dios y así podemos encontrar fuerzas para afrontar este reto. Sin embargo, muchos cristianos confundidos siguen intentando hacer la obra de Dios sin creer en Su justicia. En vez de glorificar a Dios, esta gente está blasfemando el nombre y la gloria de Dios. Por tanto, para complacer a Dios, es absolutamente indispensable para creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y hacer la obra de Dios.
 
 
¿De qué manera nos confía el Señor su obra?
 
Cuando el Señor trabaja con nosotros, Sus siervos, podemos ver que nos hace trabajar confiando en nuestra fe y oraciones. Para ilustrar esto aún más, recuerden que el Señor obra a través de Sus siervos de la fe. Al hacer la obra del Señor podemos ver que la obra del Señor tiene lugar cuando le oramos y trabajamos confiando en Su justicia. Pasemos al versículo 2: “Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, Porque mi cabeza está llena de rocío, Mis cabellos de las gotas de la noche” (Cantar de los Cantares 5:2).
Este pasaje implica que el Señor no trabaja solo. El Señor trabaja cuando le ofrecemos nuestros corazones, le oramos, aceptamos el reto por fe y creemos que obrará en nuestras vidas. Cuando el Señor escucha nuestras oraciones nos da fuerzas espirituales cada vez que le oramos. ¿Qué tipo de obra quiere el Señor que hagan Sus siervos? Quiere que hagan la obra inamovible de la salvación.
Por eso el Señor vino a este mundo, tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre en la Cruz y se levantó de entre los muertos para salvar a Sus creyentes para siempre. Así que, cuando hacemos la obra de Dios, debemos orar al Señor de corazón y con fe. Nuestro Señor obra en nuestras vidas cuando le hablamos de nuestra situación y le pedimos Su ayuda, como los hijos que acuden a sus padres en tiempos de necesidad.
El Señor escucha las oraciones de Sus siervos y obra por el ellos cuando predican la Verdad de salvación eterna. Los siervos de Dios obras así para salvar a las almas de los desconocidos porque el Señor ya ha salvado a las almas de esta gente de sus pecados. Por eso podemos hacer la obra de Dios. Nosotros estamos haciendo la obra de Dios por fe. Pero, a pesar de lo que hemos hecho hasta ahora, todavía hay mucho que hacer por la obra de Dios.
No sé cómo me perciben, pero yo quiero ayudarles a dar más fruto de la salvación mientras trabajan por la obra de la justicia. Pero quiero ayudarles a dar más fruto con menos trabajo físico para sus cuerpos. Dicho de otra manera, quiero que guiarles en la obra de Dios. Cuando hay una guerra, el ejército se divide en diferentes partes para cumplir diferentes funciones: algunas tropas luchas en primera línea, mientras que otras proporcionan apoyo logístico desde lejos. Mi responsabilidad es proporcionar apoyo logístico a ustedes, asegurándonos de que el pan de la vida se les entrega continuamente.
Es absolutamente importante que le pidamos ayuda a Dios cuando hacemos Su obra. Y es absolutamente indispensable para nosotros trabajar por fe, confiando en Dios completamente. Debemos creer que Dios es nuestro Esposo y Pastor que nos ayuda. No puedo dejar de repetir lo importante que es que nuestros corazones tengan fe completa en Dios y Su justicia. Hagamos lo que hagamos por la obra de Dios, mientras lo hagamos confiando en el Señor, el Señor estará con nosotros siempre. Sin embargo, el Señor no puede ayudarnos si no confiamos en Él. Por eso es importante trabajar creyendo en Dios y Su justicia pase lo que pase. Todos debemos glorificar al Señor con nuestra fe.
 
 
¿Cómo es nuestro amado Señor comparado con la gente de este mundo?
 
Por supuesto, nuestro amado Señor es muy superior, porque es mucho más poderoso, sincero, justo y misericordioso que cualquier persona de este mundo. Pasemos a Cantar de los Cantares 5:9: “¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres?”.
De hecho, Jesucristo, Su Padre y el Espíritu Santo, en los que creemos todos, son el único Dios, y no se puede comparar con los dioses falsos en este mundo. Es el Salvador de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto es lo que dice la Biblia en el Cantar de los Cantares 5. La cuestión es la siguiente: cuando comparamos a nuestro amado Dios con los dioses falsos amados por el mundo, ¿quién es mejor? Los dioses falsos adorados por la gente del mundo no se pueden comparar a nuestro Señor. Los dioses en los que la gente del mundo cree y a los que adora no son el Dios verdadero. Nuestro Dios amado, por el contrario, es el Salvador que ha librado a la raza humana de todos los pecados del mundo.
Al sacrificarse para resolver el problema de nuestros pecados, nuestro Dios nos ha dado la salvación verdadera a todos los que creen en este sacrificio. El amor de Dios dura para siempre, siempre y cuando no le traicionemos. Asimismo, nuestro Señor es capaz de amarnos completa y perfectamente. Si el Señor no tuviese la habilidad de darnos esta misericordia maravillosa, sería un fraude que fingiría amarnos para traicionarnos al final. Pero nuestro Señor tiene este corazón misericordioso y poder para cumplir nuestra salvación para siempre. El Señor no solo nos ama a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, sino que también nos ama hasta el final. Este es nuestro Señor.
Está escrito en el Cantar de los Cantares 5:9: “¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres?” Mis queridos hermanos, Jesucristo y el Dios de la Trinidad son a quien amamos de verdad y este Dios no puede ni compararse con los dioses falsos. En el cielo o en la tierra, en este mundo temporal o en el reino eterno, no hay nadie mayor que el Señor. No hay ninguna deidad que sea más exaltada o perfecta que nuestro Señor. Nadie es más poderoso que nuestro Señor y por tanto nadie merece nuestro amor más que el Señor. Por eso podemos predicar la justicia de Jesús a los que siguen sin conocer la Verdad. Esto se debe a que nuestro Dios amado es supremo. Nuestro Dios amado puede librar a los que siguen sin estar redimidos de todos sus pecados. Hemos confiado estas almas perdidas al Señor.
Somos los que oran a Dios. Podemos orar a nuestro Dios por el bien de las almas de nuestras familias y de muchas personas del mundo. Así que le pedimos ayuda a Dios a través de nuestras oraciones. Nuestro Dios amado es Todopoderoso. Y de la misma manera en que el Señor nos ama a todos, todos los santos y los siervos de Dios aman a nuestro Señor.
Pasemos a Cantar de los Cantares 5:10-16: “Mi amado es blanco y rubio, Señalado entre diez mil. Su cabeza como oro finísimo; Sus cabellos crespos, negros como el cuervo. Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, Que se lavan con leche, y a la perfección colocados. Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores; Sus labios, como lirios que destilan mirra fragante. Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos; Su cuerpo, como claro marfil cubierto de zafiros. Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de oro fino; Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros. Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalén.” Esto puede interpretarse como algo que el Señor está diciendo cuando nos ve creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu y sirviéndolo. Sin embargo, estrictamente así es como vemos al Señor.
 
 
Los que hacen la obra de Dios son verdaderamente bellos y preciosos
 
Los justos viven vidas benditas por Dios en Su tiempo. Estoy trabajando con todos los que se han convertido en hijos de Dios. Hemos estado llevando a cabo la obra del Señor sin descanso, pero cuanto más tiempo pasa, más me considero afortunado. Somos afortunados porque podemos pasar muchas horas trabajando así porque hemos servido al Evangelio de Dios hasta ahora, en vez de servir a los seres humanos. Asimismo, tenemos la bendición maravillosa de Dios de poder hacer Su obra en estos tiempos sin estar atados a satisfacer nuestras necesidades básicas. Cuando miramos a la gente de este mundo hoy, vemos que están sufriendo para poder sobrevivir. Aunque algunos de ellos sean ricos para pertenecer a la clase alta, sus vidas siguen siendo miserables.
Hace poco organicé una reunión de resurgimiento en Seúl y un día me desperté temprano, a las 4 o 5 de la mañana. No me podía volver a dormir, así que fue a pasar por la zona y vi a muchas personas caminando rápidamente a esas horas tempranas. Pude ver que la reputación de Seúl como una metrópolis gigante era bien merecida. Todas esas personas no estaban en la calle tan temprano sin motivo alguno; seguramente volvían a casa del turno de noche o iban a trabajar temprano. Me di cuenta aún más de lo felices que somos por poder hacer la obra justa de Dios sin tener que preocuparnos de nuestras necesidades básicas.
Es más fácil para nosotros apreciar algo cuando lo comparamos con otra cosa. Los estudiantes, trabajadores y personas de negocios trabajan duro porque tienen que satisfacer sus necesidades básicas. La competición es dura. Hay muchas personas competitivas porque saben que si no lo son se quedarán rezagadas, fracasarán y se quedarán sin hogar. Por el contrario, para nosotros, las necesidades básicas están cubiertas, así que solo pensamos en hacer la obra justa del Señor y en encontrar una manera de predicar el Evangelio a aún más personas. Es una bendición maravillosa poder vivir por esta obra sin estar preocupados por otras cosas. Esta vida que estamos viviendo es maravillosa y bendita.
Algunos de ustedes puede que no estén de acuerdo, pensando que es demasiado duro hacer la obra del Señor. Pero, aunque vivamos en este mundo intentando ganarnos la vida, sufrirán por lo menos igual. En otras palabras, intentar ganarse la vida en este mundo es difícil. ¿Están sufriendo ahora? Estoy seguro de que muchos de ustedes se sienten así, pensando que la obra del Señor es demasiado dura. Pero todo el mundo trabaja así por lo menos.
 
 
Después de encontrar la justicia del Señor y nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no pude hacer la obra del Señor durante un tiempo
 
En aquel entonces tenía un trabajo secular y tenía que irme de casa a las 6 de la mañana para llegar al trabajo. Para ello me tenía que levantar a las 5. Necesito por lo menos una hora para desayunar y prepararme para ir al trabajo. Y trabajaba hasta las 8 de la tarde. Así que trabajaba 12 horas al día. Solo ganaba $40 al día en ese trabajo. Esto fue hace 20 años. En aquel entonces no estaba contento con el dinero que me pagaban por este trabajo. Sentía que mi salario no reflejaba la cantidad de trabajo que hacía. Así que me desilusioné de trabajar para un jefe.
Pensé que sería mejor abrir mi propio negocio en la industria. Lo tenía todo planeado, desde obtener la licencia necesaria a abrir la primera tienda e incluso abrir una franquicia. Pensé que podría ganar mucho dinero si abría mi negocio. No lo hice porque quisiera ganar mucho dinero, sino porque quería servir al Evangelio del Señor. Pensé que tenía que ganar dinero primero antes de poder servir al Evangelio.
Sin embargo, la idea de que podría servir al Evangelio con el dinero que ganaba no era más que una mera ilusión. Pero, a pesar de esto, todo fue bien cuando Dios abrió el camino para mí y gracias a esto pude servir al Evangelio del agua y el Espíritu hasta este día. No es fácil ganar dinero. Es muy difícil. Sin embargo, somos afortunados porque no tenemos que preocuparnos de poner comida en la mesa o un techo sobre nuestras cabezas. El Señor nos ha bendecido para que podamos servir al Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Están preocupados por cómo satisfacer sus necesidades básicas de comida y techo? Si hacen la obra de Dios, todas sus necesidades básicas serán satisfechas. Dios nos dijo que, hagamos lo hagamos, ya comamos o bebamos, lo hacemos todo por la gloria de Dios; y además nos dijo que no nos preocupásemos por estas cosas. Esto nos ha pasado. Toda esta Palabra se ha cumplido. Mientras hacemos la obra de Dios, cuando comparamos nuestras vidas con las vidas de la gente del mundo, hay veces que apreciamos que hemos sido muy bendecidos. Esto se debe a que nuestro Señor es superior sin duda. Nuestro Señor amado es majestuoso. Es el Maestro de todo el universo.
¿Entienden lo grande que es este universo? Los científicos dicen que las estrellas que vemos ahora no son una masa sólida desde el principio, sino que se materializaron en su forma actual de una enorme masa de gas. Y estas estrellas siguen fragmentándose. Una vez se han formado, no duran para siempre, sino que son destruidas con el tiempo. Así que este universo está lleno de innumerables fragmentos de estrellas muertas, pero las estrellas que siguen existiendo siguen en su órbita y se mantiene el orden en el universo.
Solía quedarme fascinado por esto, aunque no soy un astrónomo. Había otro misterio para mí, uno más terrenal. En muchas partes del mundo, especialmente en Corea y otros países asiáticos, la gente venera a sus antecesores. En las sociedades que siguen a Confucio la gente se esfuerza por cuidar de las tumbas de sus ancestros. Cuando era niño solía preguntarme por qué no había tantas tumbas, si morían multitud de personas todos los días. Esto me confundía. Pero un día, mientras caminaba por una colina con un cementerio público, encontré la respuesta.
Algunas de las tumbas del cementerio no estaban bien mantenidas, por lo que deduje que habían estado abandonas durante mucho tiempo. Algunas tumbas tenían árboles creciendo en ellas. Estas tumbas estaban abandonadas. Así me di cuenta de que, aunque la gente venera a sus antecesores y los adoran con ofrendas, al final son los descendientes inmediatos los que cuidan de sus ancestros. Dos o tres generaciones más adelante, los ancestros son olvidados y sus tumbas acaban abandonadas. Como resultado, las tumbas viejas acaban desapareciendo naturalmente, reduciendo la demanda de lugares de entierro. Hoy en día la cremación es más popular y por eso hay menos necesidad de cementerios.
Así es como encontré la respuesta a esta pregunta intrigante. Me hacía esta pregunta desde pequeño. En mi mente infantil, el mundo debería estar lleno de cementerios, ya que la gente muere todos los días mientras que el espacio físico sigue siendo constante. Pero no era así, por lo que estaba confundido. ¿Se han hecho alguna vez una pregunta así? No sé ustedes, pero yo sí, así que la gente pensaba que era un niño extraño cuando hacía estas preguntas. De todas formas, ahora ya sé la respuesta: Hay una gran multitud de tumbas abandonadas en este mundo.
Mis queridos hermanos, nuestro Señor es el único Dios verdadero, supremo e incomparable con los falsos dioses adorados por la gente de este mundo. Somos amados por este Señor, estamos haciendo la obra del Señor y nos hemos convertido en las esposas del Señor. Por eso sigo diciendo que somos muy felices. Estamos tan bendecidos que no hay palabras para expresar lo felices que somos. A veces escuchamos noticias deprimentes de todo el mundo. Aún así estamos contentos porque el Señor está con nosotros. Aunque el mundo es un lugar deprimente, como tenemos al Señor con nosotros, seguimos teniendo esperanza.
Recientemente la economía ha entrado en una profunda recesión. La economía global ha entrado en la peor crisis de los últimos 80 años, pero a pesar de esto, debemos seguir predicando el Evangelio. De hecho, gracias a Dios, seguiremos predicando el Evangelio. Tenemos muchas más cosas de las que estar agradecidos a Dios en vez de estar defraudados o desilusionados.Para terminar, oremos juntos: “Señor, refuerza nuestra fe y bendícenos. Protégenos y danos salud estas fiestas. Protégenos en todo lo que hagamos para apoyar Tu ministerio del Evangelio. En el nombre de Jesús Amén”.