The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 4-1] (Gálatas 4, 1-11) Somos los que no degustarán la muerte y disfrutarán de la vida eterna

(Gálatas 4, 1-11)
«Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;
sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.
Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.
Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,
para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;
mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?
Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años.
Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros. ».
 

Somos herederos de Dios

El Apóstol Pablo dijo en Gálatas 4, 1: «Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo». Como está escrito, somos hijos de Dios y por tanto somos Sus herederos, lo que significa que Dios nos ha permitido vivir la verdadera vida a través de la remisión eterna de nuestros pecados. Todos nosotros debemos entender el verdadero significado de lo que el Apóstol Pablo nos está diciendo aquí y creer con todo nuestro corazón.
El significado del pasaje: «Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo» (Gálatas 4, 7) es el siguiente: aunque el mundo entero fuera destruido y la Tierra desapareciera ahora mismo, nosotros viviríamos en un nuevo reino, porque Dios nos ha dado una vida nueva. El Reino de Dios es la bendición para los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
En la actualidad la situación de la política internacional es muy inestable y extremadamente complicada. La incertidumbre ahora no es temporal o parcial, sino global. Parece que estamos volviendo a la ley de la jungla, donde los más fuertes se comen a los débiles. Además los desastres ecológicos y metereológicos están aumentando debido a los cambios climáticos anormales provocados por el efecto invernadero. Cada vez más gente pasa hambre por culpa de la drástica degradación del ecosistema y la destrucción de la cadena alimenticia. Todas estas y otras tendencias preocupantes llenan las páginas de los periódicos. Parece que el mundo no tiene remedio.
Sin embargo los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos vivir felices sin preocuparnos demasiado por las cosas de este mundo y confiando en la Palabra de nuestro Señor. En tiempos del Apóstol Pablo el mundo estaba muy confuso. Como dijo el Apóstol Pablo: «Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo». Antes de recibir la remisión de nuestros pecados vivíamos como esclavos en este mundo, pero al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu nos dimos cuenta de que somos herederos de Dios, y por nuestra fe en la Palabra de Dios vivimos como siervos de la justicia. Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo oscuro y por tanto, cuando vuelva el Señor, heredaremos todos sus preparativos y viviremos para siempre. Aunque el universo que Dios creó desapareciera ahora mismo por completo, viviríamos para siempre con Dios en Su Reino. Si conocemos esta verdad y confiamos en Dios, estamos bendecidos. Aunque este mundo esté lleno de desorden y caos, los que viven por la fe en la Palabra de Dios viven llenos de esperanza, porque la fe es la sustancia de las cosas que se esperan y la prueba de las cosas que no se ven (Hebreos 11, 1).
Este mundo avanza hacia el desastre. Debemos darnos cuenta de que cuando llegue el fin del mundo, la Tierra será destruida por el fuego como está escrito en la Biblia. El Apóstol Pedro nos dijo: «Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!» (2 Pedro 3, 12). Aunque la Tierra se haga cenizas y el universo sea destruido, viviremos para siempre con nuestro Señor en Su Reino.
No se desesperen cuando vean lo que sucede en este mundo y vivan por fe, poniendo su esperanza en la Palabra de Dios, quien nos ha dado una vida nueva para que vivamos felices para siempre. Todos viviremos en un Cielo nuevo y una Tierra nueva.
Por eso, gracias al Señor, los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu no tienen nada de que preocuparse.
Sin embargo hay algo indispensable que todos debemos hacer mientras estemos en este mundo: difundir el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Para llevar a cabo esta misión adecuadamente debemos vivir creyendo que Dios nos ha dado una vida nueva. No moriremos cuando el mundo sea destruido. Aunque nuestra carne se mueva por los impulsos de este mundo, no moriremos con él, sino que triunfaremos con el Señor porque nuestras almas han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que a través del Evangelio del agua y el Espíritu, los que habíamos muerto, hemos resucitado para siempre. Asimismo no sólo vivimos en este mundo presente, sino que heredaremos el Reino de Dios y viviremos para siempre. Ahora, al vivir nuestras vidas, nuestros corazones deben tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y no debemos preocuparnos por lo que nuestros ojos ven.
 

Ahora Dios conduce nuestras vidas

Pablo dijo en Gálatas 4, 2: «Sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre». Mientras Dios y el Espíritu Santo nos ayudan, todavía estamos bajo tutores y curadores y por eso debemos vivir en la Iglesia de Dios según su orden espiritual. El Espíritu Santo nos ayuda a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. En ese sentido es nuestro guardián. La Iglesia de Dios y el Espíritu Santo son nuestros tutores y guardianes. El Espíritu Santo nos ayuda advirtiéndonos cuando nuestros corazones son infieles, permitiéndonos darnos cuenta de las cosas que no agradan a Dios, haciéndonos felices cuando complacemos a Dios y guiando nuestras emociones, nuestros pensamiento y nuestras creencias.
La Biblia dice que Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y bajo la Ley «para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos» (Gálatas 4, 5). De hecho Jesucristo nació en este mundo para salvarnos a de nuestros pecados y de su pena a los que estábamos bajo la Ley. Nuestro Señor nació bajo la Ley y cargó con la condena de la Ley y con todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Pagó la pena del pecado y así nos salvó del pecado a los que creemos en esta Verdad. Nos ha bendecido para convertirnos en Sus hijos y por tanto todos los que creemos en este Evangelio del agua y el Espíritu nos hemos convertido en hijos de Dios.
Jesucristo cumplió la justicia de Dios cuando fue bautizado por Juan el Bautista y cuando derramó Su sangre en la Cruz. Así nos ha hecho hijos Suyos cuando creemos en esta Verdad; por eso podemos llamarle «¡Abba, Padre!». Aunque vivamos en este mundo ya no somos esclavos de este mundo, sino que somos siervos de Dios y gracias a Él somos Sus herederos, como hijos Suyos, aquí y en el otro mundo. Esto es lo que el Apóstol Pablo quiere decir cuando habla de la herencia. Dios nos ha salvado de los pecados de este mundo y por fe nos convertimos en Sus hijos. Gracias al Espíritu Santo podemos llamar a Dios Abba, Padre y convertirnos en herederos Suyos.
Durante la época del imperialismo España, Francia, Inglaterra y Alemania dominaron a otros países más débiles. En aquellos tiempos estas grandes potencias esclavizaron a la gente de las naciones más débiles y pequeñas. Este tipo de situación se producirá en el futuro también. En un sentido la actualidad se parece al imperialismo del siglo XIX. Como dice la Biblia este mundo se rendirá a los pies del hombre más poderoso del país más poderoso. Ustedes y yo veremos esta situación con nuestros propios ojos y además la viviremos.
Los científicos han avisado que un tercio de la población mundial podría morir como consecuencia de enfermedades como la gripe aviar. El año pasado experimentamos el desastre de las SARS (siglas inglesas de Síndrome Respiratorio Agudo y Grave). Se esta intentando elaborar nuevos tipos de organismos modificados genéticamente. Ya existen muchos alimentos modificados genéticamente que representan un gran peligro para los que los consumen. Sin embargo los seres humanos son tan temerarios que siguen experimentando y elaborando nuevas formas de vida sin prestar atención a los señales de peligro que nos brinda la naturaleza. Es lógico pensar que en el futuro habrá muchos más desastres. No se puede garantizar que enfermedades misteriosas como la SARS no se propagarán como la Peste Negra en el pasado.
En este contexto, como nacidos de nuevo, debemos esperar al Señor, porque Él nos ha dado una vida nueva. A través de nuestra fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu han recibido una vida nueva. ¿Se han convertido en hijos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y al recibir la remisión de sus pecados? ¿Tienen fe en que si este mundo desaparece no moriremos, sino que viviremos para siempre con Dios?
Nosotros, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos sido aceptados en el Reino de la nueva vida para vivir allí eternamente. Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y por eso viviremos para siempre en el Reino sin pecado. Gracias a creer en que viviremos eternamente podemos vivir en este mundo sin tropezar. Nuestra fe en la vida eterna nos permite hacer la obra justa aún mientras vivimos en este mundo oscuro. No estamos hechos para ahogarnos en este mundo oscuro, sino que al encontrar nueva esperanza en la fe, difundimos el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo.
En esta época hay tanta gente desesperada que muchas personas se suicidan, y en el futuro habrá muchas más. Sin embargo ustedes y yo creemos que viviremos para siempre y por tanto no seguimos sus pasos ni nos deprimimos.
Somos los herederos de Dios que heredarán el Reino de los Cielos y vivirán para siempre porque tenemos fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Quiero que tengan esa fe. Al haber recibido el perdón de nuestros pecados gracias a nuestro Señor y al mismo tiempo una vida nueva y eterna, disfrutaremos lo que el Señor disfruta.
Por tanto no deseamos nada de este mundo para nuestra carne. Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y esperamos el nuevo cielo y la nueva Tierra (2 Pedro 3, 13) y por eso cuanto más difícil se ponga este mundo, menos valor le daremos a la carne. Tenemos fe en que viviremos para siempre y por eso estamos más interesados en los asuntos espirituales que en nuestros propios deseos carnales. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tenemos una vida nueva y nunca moriremos. Nuestros cuerpos morirán, pero el Señor nos resucitará cuando vuelva a la Tierra. Además como nuestras almas están vivas, tenemos una vida nueva y eterna. Esta fe nos permite vivir por la justicia de Dios.
Los que han recibido la verdadera remisión no tienen necesidades extravagantes pero yo sé que tienen necesidades, pero las dejan atrás y ponen en primer lugar el Reino de Dios y su realización aquí en la Tierra. Debemos difundir el Evangelio por todo el mundo en un futuro próximo. Cuando cumplamos esta tarea, El que está por venir vendrá. Cuando el Señor venga a este mundo, el nuevo cielo y la nueva Tierra se abrirán.
Sin embargo cuando el hambre llegue a este mundo tres cuartos de cebada nos costarán el sueldo de un día (Apocalipsis 6, 6). Cuando estos tiempos difíciles lleguen no querremos seguir viviendo. Yo preferiría tras haber servido al Evangelio del agua y el Espíritu lealmente antes de que llegue esa era. Yo sólo quiero completar la misión que Dios me ha confiado antes de morir. La Biblia dice en el Apocalipsis: «Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen» (Apocalipsis 14, 13). Cuando estas tribulaciones lleguen el Anticristo se levantará y asesinará a los santos y por eso los que mueran antes de verlo están bendecidos. En otras palabras, la Biblia nos dice que en el fin de los tiempos los muertos tendrán más suerte que los vivos. Por eso digo que los que sufran en el fin de los tiempos vivirán vidas malditas.
Por eso no quiero vivir tanto en este mundo. Ni siquiera creo que este mundo vaya a seguir existiendo durante mucho más tiempo. Muchos científicos han dicho que en 10 años el planeta sufrirá sequías y la población se multiplicará. Nos han advertido que cuando la población mundial llegue a cierto punto las sequías provocarán conflictos y probablemente habrá guerras. Estas advertencias se han hecho realidad. Por eso todos los países construyen tantos diques. Mientras haya agua en ellos se llevarán bien con los países vecinos, pero ¿qué pasará si hay hambruna y no hay suficiente agua? Guardarían el agua en los diques y no dejarían que saliera. Si los otros países por los que pasa ese río utilizaran el agua para su propio beneficio, ¿qué pasaría? Que habría una guerra por el agua. ¿Cómo puede sobrevivir un país sin agua? Cuando lleguen las sequías, surgirán guerras por una mera corriente de agua de un río entre naciones que dependen de ese río para obtener agua.
¿Durará mucho? Por supuesto que no. No creo que este mundo dure mucho. Creo que el Señor volverá muy pronto. Tanto los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu como los que no creen dicen que este mundo no durará mucho. Sin embargo creemos que viviremos para siempre con el Señor. Este planeta y el universo entero desaparecerán, pero creemos que Dios nos dará un nuevo cielo y una nueva Tierra y que nos permitirá vivir allí para siempre.
En esta época, aunque es muy valioso creer que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, también es valioso creer que nunca moriremos y que viviremos para siempre con el Señor. Aunque nuestros cuerpos mueran una vez y sean resucitados, nuestras almas vivirán para siempre. Hemos sido salvados de todos los pecados del mundo y de la destrucción. Ustedes y yo viviremos para siempre con el Señor. Por eso aunque vivamos en este mundo oscuro, podemos seguir haciendo la obra justa en vez de desesperarnos. Seguiremos viviendo con esperanza.
Tenemos fe en que no moriremos y por eso no perdemos la esperanza en nuestras vidas en este mundo, sino que vivimos con justicia. Ahora mismo ustedes creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero si sólo se preocupan de las cosas mundanas y no piensan en el Señor, caerán en la desesperación y morirán. Sin embargo nosotros creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y por eso viviremos vidas nuevas. El Señor nos ha dado una vida nueva y eterna y por eso viviremos para siempre. Esta bendición recae sólo sobre los que han recibido la remisión de los pecados. En otras palabras, es una bendición reservada para los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como es una bendición que Dios sólo da a los justos, la podemos describir como una bendición grandiosa.
¿Quiénes somos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? Somos los que, aunque vivieron como esclavos en su niñez, viviremos para siempre cuando el Señor vuelva. Somos los herederos de Dios que heredarán Su Reino. Viviremos para siempre y heredaremos el esplendor de Dios, Su gloria y la vida eterna. Nosotros somos esta gente bendita y nuestros corazones están limpios de pecado porque hemos creído en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto en vez de interesarnos por las cosas del mundo, debemos vivir por fe en la promesa del Señor.
Cuando servimos al Evangelio confiando en el Señor, recibimos también bendiciones terrenales. Si servimos al Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo, ¿seremos pobres o ricos? Seremos más ricos porque no servimos al Evangelio del Señor con nuestras posesiones. Cuanto más tacaños que seamos sirviendo al Evangelio, más pobres seremos y cuanto más compartamos este Evangelio, más ricos seremos. Este es el principio que se aplica en el ámbito de la fe como está escrito en la Biblia:
«Hay quienes reparten, y les es añadido más; 
Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza» (Proverbios 11, 24).
Creemos que todas nuestras posesiones vienen de Dios y son Suyas. Por tanto damos nuestras posesiones, nuestro tiempo y nuestros esfuerzos para difundir el verdadero Evangelio. En realidad estamos difundiendo el Evangelio del agua y el Espíritu con las posesiones del Señor. Dios bendice abundantemente. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y lo predicamos, Dios se complace con nosotros y nos bendice aún más. Ustedes y yo creemos en la Palabra de Dios y la servimos y por eso podemos vivir con Sus maravillosas bendiciones. Por el contrario si no servimos al Evangelio, seremos más miserables.
Cuando veo las noticias en la televisión de vez en cuando, me siento frustrado porque el mundo se hace cada vez más oscuro. Aún así estoy feliz porque creo que aunque el mundo no tenga solución, los justos viviremos para siempre. Estoy muy agradecido a Dios.
Entonces ¿viviremos para siempre? ¡Por supuesto! Nuestro Dios nos ha dado fe en esta vida eterna. Queridos hermanos, tenemos fe en que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu vivirán para siempre. Por eso no nos interesamos por las cosas de este mundo, sino por lo que está arriba. Ustedes y yo nos interesamos por las cosas de arriba, como Pablo dijo: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra» (Colosenses 3, 2). Mientras difundimos el Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo, espero que este Evangelio llegue a todas las naciones. Aunque no es fácil difundir el Evangelio del agua y el Espíritu y a veces tenemos que sufrir por él, la alegría que recibimos es mucho mayor que el sufrimiento. Asimismo debemos darnos cuenta de que no servimos al Evangelio a no ser que se nos presenten algunos retos. Por tanto queremos cumplir el Gran Encargo de proclamar el Evangelio por todo el mundo en vez de satisfacer los deseos de la carne.
Para mí es una gran alegría que Dios nos guíe para difundir el Evangelio a través de Su Iglesia. Todo lo que hacemos es parte de la obra de Dios y nuestro cometido principal es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Así es como Dios nos bendice. Todo lo que tenemos que hacer es rezar a Dios y movernos por fe. Me gustaría que todos ustedes viviesen por fe y así vivieran para siempre, que miraran hacia el Señor en vez de hacia el mundo, y que siguieran el plan de Dios y formaran parte de la Iglesia.
Por causalidad ¿están sus corazones apegados a las cosas de este mundo? Recuerden que la justicia no consigue nada si están demasiado apegados a este mundo.
Estoy escribiendo este libro en el mes de febrero y la primavera está al caer, pero todavía hace frío. A finales de mes empezará a hacer más calor y la primavera llegará sin falta. Del mismo modo en que todas las criaturas vuelven a la vida en primavera, nosotros podemos estirarnos, tanto en cuerpo como en alma. Nuestros corazones que estaban helados, empiezan a derretirse y nuestro espíritu vuela. Creo que del mismo modo en que salen tallos de la tierra seca, nuestra fe crecerá en nuestros corazones. Estoy muy contento y lleno de energía.
Queridos hermanos, ¿hay alguien entre ustedes que esté sufriendo y sólo mirando hacia las circunstancias actuales? No hay que sufrir. Del mismo modo en que a la mañana le sigue la tarde y a la tarde le sigue otra mañana, las circunstancias y las situaciones cambian constantemente. En nuestras vidas de fe hay veces que nos sentimos bien y otras mal, unas veces estamos en paz y otras enfadados. Una vez pasamos por estas fases podemos darnos cuenta de que ocurrieron por nuestro propio bien. Por eso necesitamos estar preparados para enfrentarnos a cualquier situación con nuestra fe en Dios y dándole gracias. Nuestro sufrimiento es beneficioso para nosotros y por eso podremos seguir hacia delante.
Sin embargo si nos quejamos de todo, estaremos molestos y seremos estrechos de mente. Debemos examinar nuestras vidas desde la perspectiva de Dios, que es abierta y amplia, y así encontraremos la manera de superar nuestro sufrimiento. Creo que es muy beneficioso para ustedes prepararse durante un período de tiempo. También creo que a través de esta preparación ganarán mucho y su fe crecerá.
Ustedes y yo y todos los santos de Dios de todo el mundo debemos vivir por fe en Dios. Debemos mirar hacia el Señor en vez de hacia las cosas del mundo. Si pensamos: «¿Cómo puedo ganar mucho dinero y hacerme rico?», será en vano. Mis queridos hermanos, deben pensar: «¿Cómo puedo servir mejor al Evangelio del agua y el Espíritu?».
Cuando trabajamos con nuestros corazones unidos a Dios, Él nos bendecirá en todo lo que hagamos. Espero y rezo por que todos vivan con este tipo de fe, que busquen las cosas de arriba en vez de las de este mundo y que vivan la vida eterna que el Señor nos ha dado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.