The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 28-1] < Mateo 28, 11-20 > La vida de un díscípulo

< Mateo 28, 11-20 >
«Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy. Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»
 

Jesús era un personaje existencial
 
Jesús ha resucitado de entre los muertos y salió de la tumba. La resurrección de nuestro Señor era un hecho evidente. Su resurrección no es una historia inventada que hiciese dudar a la gente. Jesús ha resucitado y dio testimonio de Su resurrección a unos 500 santos (1 Corintios 15, 6), y durante 40 días dio testimonio de Su resurrección hasta que ascendió a los Cielos.
Muchos historiadores han afirmado que Jesús no es una persona real y han considerado la Biblia como una invención humana. Así que han investigado con todo tipo de métodos para encontrar errores en la Biblia porque dudaban de su autenticidad. Sin embargo, cuanto más investigan las obras de Jesús históricamente, más se convencen de que existió de verdad. Lo que Jesús hizo en la tierra también está escrito en otros documentos a parte de la Biblia. Por tanto, cuanto más investigamos, más se corroboran los hechos que demuestran que estos sucesos históricos son ciertos, como que Jesús vino al mundo, fue bautizado por la humanidad, murió en la Cruz y resucitó y todo lo demás que Jesús hizo en el mundo. Lo que nuestro Señor dijo ha tenido gran influencia en toda la humanidad hasta el presente. Yo creo, según todos los sucesos, que el Señor existió de verdad y fue una realidad histórica. 
Muchas personas que dudaron la realidad histórica de Jesús han conocido esta verdad después de investigar. El autor original de la película Ben-Hur no creía en Jesús al principio. Pensaba que Jesús no había existido, así que comenzó a investigar para encontrar datos que desmintieran los relatos de la Biblia sobre Jesús pensando que tenía el deber de salvar a los fanáticos religiosos. Sin embargo, se dio cuenta de que Jesús había existido y se podía probar histórica y arqueológicamente. Por eso empezó a creer en Él y al final alabó al Señor. Después de todo alabó al Señor y dijo: «De verdad el Señor es mi Salvador y mi Dios.»
No hay ningún otro hombre que haya influido a la humanidad como Jesús lo ha hecho en la historia de la humanidad. Jesús todavía está en los corazones de la gente a medida que pasa el tiempo, y Sus dichos y obras siguen cambiando los corazones de muchas personas. Además ha borrado los pecados de las mentes de la gente que cree en Su Palabra. Hoy todavía sigue influyendo en las mentes y pensamientos de todos los individuos y en toda la cultura humana. 
 

No podemos dudar en absoluto del hecho de que Jesús haya resucitado
 
Hoy estamos celebrando la Pascua y no podemos tener ninguna duda sobre la resurrección de Jesús. Evidentemente Jesús resucitó, dio testimonio de Su resurrección durante 40 días, y ascendió al Cielo ante los ojos de la gente. Después de ascender al Cielo, dejó la Palabra de Dios en el mundo y envió al Espíritu Santo. En otras palabras, Jesucristo les dio a los que creían en Él el don del Espíritu Santo a través de la Palabra, y el poder de ser hijos de Dios. Asimismo ha dado testimonio eterno de todo lo que ha hecho a través del Espíritu Santo. 
Creemos que Jesús es nuestro Salvador y el Dios de toda la creación. Creemos que Jesús ha resucitado y ha vuelto a la vida de nuevo. Nuestro Señor se encontró con Sus discípulos después de ser resucitado. Después de la resurrección, los soldados romanos que vigilaban Su cuerpo fueron a los sumos sacerdotes y dijeron: «En realidad, han aparecido ángeles y han abierto la puerta de la tumba. Y en realidad Jesús ha resucitado. Ha vuelto a la vida.» Aunque los testimonios que aparecen en la Biblia son hechos evidentes, creo que el testimonio de los soldados romanos que vigilaban el cuerpo de Jesús es el testimonio más fiable de Su resurrección. Los soldados vigilaron con mucha atención la tumba de Jesús por miedo a que Sus discípulos robasen en cuerpo y propagasen el rumor de que había resucitado. Entonces pudieron dar testimonio porque vieron que la tumba vacía con sus propios ojos. 
Jesús ya no estaba en la tumba porque había resucitado. Después de ver una tumba vacía, los soldados romanos se quedaron aterrorizados y huyeron. Les contaron este incidente a los sumos sacerdotes por primera vez. Los soldados les dijeron que Jesús había resucitado y había vuelto a la vida y que lo habían visto con sus propios ojos. Entonces, los sumos sacerdotes sobornaron a los guardas con mucho dinero, diciendo: «Decidle a la gente que Sus discípulos robaron el cuerpo mientras dormíais. Si el gobernador se entera de esto, tendréis serios problemas y seréis culpables de no haber hecho vuestro trabajo bien. Pero nosotros nos ocuparemos de este problema. Bueno, id y decidle a la gente que los discípulos de Jesús han robado Su cuerpo.» Así que el rumor se podría haber difundido de una manera amplia a través de los soldados.
 

Podemos vencer a Satanás y al mundo si creemos en Jesucristo
 
Justo antes de ascender a los Cielos Jesús les dijo a Sus discípulos Sus últimas palabras en el mundo. Están escritas en Mateo 28, 16-20: «Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»
El Señor les dijo a los discípulos que había recibido toda autoridad en el Cielo y la tierra. El Señor ha restaurado toda la autoridad en el Cielo y en la Tierra después de ser resucitado. Satanás tenía poder en el mundo antes de que Jesucristo viniese a este mundo. No había ningún sitio en el mundo en el que Satanás no tuviese control. Si buscamos en retrospectiva la forma en la que nuestros antecesores vivieron, sabremos que Satanás ha estado controlando a la gente y para ello ha interferido en la política, el sistema social, y la cultura, incluso en el sistema de valores o en los pensamientos triviales de nuestros ancestros. Antes y después de que Jesucristo viniese al mundo, podíamos ver que Satanás dominaba las mentes de los que no creían y era su rey.
Sin embargo, el Señor dice: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.» Esta Palabra es cierta. Hay gran potestad en el nombre del Señor. Cuando creemos en el Señor, seremos salvados de todos nuestros pecados, nos desharemos de todas las maldiciones y de las tentaciones de Satanás. Quiero decir que, cuando creemos de verdad en el Señor, nos desharemos de todo lo que nos atormentaba. Solíamos ser siervos de Satanás y del pecado. Antes estábamos destinados a morir. Solíamos fracasar en todo lo que hacíamos. Todo esto nos atormentaba. Sin embargo, ahora nos deshacemos de todas esas maldiciones cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu después de conocer al Señor. De hecho, hemos alejado a los enemigos en el nombre del Señor, y también hemos alejado a Satanás. Ahora hemos llegado a vivir en Dios y en Su gracia libres de Satanás y sus siervos que nos atormentaban. 
Al creer en Jesucristo, podemos ganar contra Satanás y sus seguidores, que nos habían llevado al mundo secular. Esencialmente toda la autoridad está en el nombre de Jesucristo, así que si se lo ordenamos en Su nombre, Satanás nos dejará. Hemos experimentado estos asuntos cuando nos enfrentamos a él utilizando la fe en el Señor. Hemos restaurado el poder y la autoridad que Dios le había dado a la humanidad en la creación. Por culpa de la tentación de Satanás, hemos perdido la autoridad por la cual reinábamos y controlábamos el Jardín del Edén. El hombre le entregó toda la autoridad a Satanás porque fue engañado y cayó en la tentación. Sin embargo, Jesucristo recuperó toda la autoridad, que había sido robada por Satanás, al nacer en este mundo, ser bautizado, morir en la Cruz y resucitar. Entonces nos entregó toda la autoridad a los que creemos en Él. Jesucristo ha entregado toda la autoridad a la gente que cree en Su nombre y se mantiene firme en él. Así ahora podemos vencer a muchos enemigos al creer en el Señor y ganamos en la lucha contra ellos. 
El Señor dijo: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.» Del mismo modo, la prueba clara de la salvación es el bautismo de Jesús. El Señor no nos dijo: «Practicad el ritual de morir en la Cruz», porque el bautismo de Jesús comprende el secreto de Su salvación que ha cumplido al llevarse nuestros pecados y borrarlos. Sin embargo, dijo: «Creed en Mí, haced discípulos de todas las naciones y bautizad a los que crean en Jesucristo.» Los que creen de verdad en Jesucristo, creen que se ha llevado todos sus pecados mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista, y que sus pecados fueron borrados perfectamente por fe. 
¿Creen que todos sus pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado? ¿Creen también que Jesucristo tomó sobre Sí mismo todos los pecados del mundo por nosotros, que murió en la Cruz y fue resucitado? Esto no es otra cosa que el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor nos dijo que bautizásemos a todos los que creen en este Evangelio para asegurarnos que han recibido la salvación. Por eso dijo: «Haced discípulos de todas las naciones y bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.»
No era el plan solo de Jesús cargar con todos los pecados del mundo al venir al mundo y ser bautizado. Esta obra fue planeada por Dios Padre en el Cielo. Nuestro Señor aceptó la voluntad del Padre y fue bautizado en el río Jordán para tomar todos los pecados de la humanidad. El Espíritu Santo da testimonio de esto. Jesús les dijo a Sus discípulos que bautizasen a los creyentes en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo porque la obra de salvación a través del bautismo de Jesús fue completada por el Dios de la Trinidad. 
Esta Santa Trinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es un solo Dios para nosotros. Para darnos la salvación, el Espíritu Santo nació en el mundo, fue bautizado, murió en la Cruz y resucitó. Jesús nos dijo que bautizásemos a los que creen en esto porque han sido salvados a través de la obra que Él completó. «Jesucristo ha tomado todos los pecados del mundo a través del agua, la sangre y el Espíritu Santo. Él es Dios. Se convirtió en un ser humano para tomar todos los pecados de la humanidad. Es un ser humano pero también es nuestro Señor y Salvador. Tomó todos los pecados de la humanidad mediante Su bautismo. Murió en la Cruz, fue juzgado, y resucitó.» Tenemos que ser testigos del bautismo de Jesucristo al tiempo en que lo aceptamos. 
Jesús nos dijo que hiciésemos discípulos de todas las naciones. Debemos seguir este mandamiento de Jesús porque nos hemos convertido en Sus discípulos que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu antes que otras personas. Debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y hacer discípulos a los que crean en este Evangelio. Jesús nos dijo que los bautizásemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y les enseñásemos a observar todo lo que nos ha mandado. Se necesitaba que Jesús muriese en la Cruz al haber cargado con todos los pecados del mundo a través de Su bautismo. Debemos dar testimonio claramente de que Su resurrección de entre los muertos era para salvar a la humanidad del pecado. Debemos seguir el mandamiento del Señor que nos ordena que prediquemos el Evangelio a todas las naciones. Nosotros, los nacidos de nuevo del agua y el Espíritu, debemos predicar el bautismo de Jesús a la gente que no cree en Su bautismo. Debemos ser testigos de la sangre derramada en la Cruz junto con Su resurrección y debemos enseñarles que quien cree en el Señor puede ser salvado sin falta. Entonces debemos bautizar a los creyentes y enseñarles a cumplir todo lo que el Señor nos ha ordenado. Así es como debemos predicar el Evangelio por todo el mundo.
 

El Señor está con nosotros, incluso hasta el final del mundo
 
El Señor nos dijo que viviésemos por fe en Dios. Está escrito: «Los justos vivirán por fe» (Romanos 1, 17). Jesús ordenó a los discípulos que cumplieran este principio y dieran testimonio de que apartamos a nuestros enemigos por fe, recibimos las bendiciones por fe, seguimos al Señor por fe, entramos en el Cielo por fe, y obtenemos todo hasta nuestra resurrección por fe. El Señor dijo: «Enseñadles a cumplir todo lo que os he mandado.»
Debemos defender nuestra fe. Debemos enseñar a la gente del mundo a vivir por fe. Debemos enseñar el Evangelio del agua y el Espíritu. Asimismo debemos enseñar a la gente que debe tener la verdadera fe y utilizarla en todas las obras; debemos enseñarle que debe creer en el Señor y en Su Palabra de todo corazón, confiar en Él, dar testimonio de Él por fe, y vivir por fe. El Señor nos dijo que enseñásemos a esta gente a cumplir todo lo que nos ha ordenado. ¿Cuánta gente hay en el mundo que no vive así? El Señor nos dijo que viviésemos por fe según Su voluntad. Después de todo, lo que el Señor nos ha dicho es la Verdad, y debemos vivir creyendo en esta Palabra. 
Otra cosa que debemos saber es que el Señor siempre está con nosotros hasta el fin del mundo. Debemos creer en esto y recordarlo. Nosotros, los que hemos recibido la remisión de los pecados por el agua y el Espíritu, tenemos que creer que el Señor está con los justos, es decir, con los siervos de Dios y los santos hasta el final, ya muramos o el mundo entero deje de existir. Además debemos creer en nuestras mentes y corazones que el Señor está con nosotros a todas horas, ya estemos en problemas o no, felices o infelices. Podemos vivir una vida bendita si creemos que el Señor está siempre con nosotros. 
Él no nos deja solos después de habernos redimido. El Señor está siempre con nosotros. Le pide constantemente a Dios Padre por la fe a través del Espíritu Santo cuando nos falta fe. Cuando creemos en la Palabra de Dios, el Señor nos garantiza y nos ayuda con el Abogado, diciendo: «Sí, tu fe es correcta.» También ayuda a todos los santos y los siervos de Dios que han recibido la remisión de los pecados, como nuestro Consejero. Por tanto, no debemos pensar que estamos solos. El Señor está con nosotros siempre. Aunque a veces pensemos que estamos solos, les pido que recuerden que el Señor está siempre con nosotros, los redimidos. Siempre nos habla íntimamente a través de la Biblia, las bocas de los siervos de Dios, los predecesores de la fe, u otros miembros. El Señor siempre nos está diciendo a través de Su Palabra: «La Palabra escrita es correcta. ¿Creéis en esto? Sí, creed.» Debemos creer que el Señor siempre nos está diciendo lo que Dios ha dicho desde el principio de la creación. 
Debemos vivir por fe siempre. Debemos creer que tendremos una vida nueva del mismo modo en que Jesús resucitó después de haber borrado todos nuestros pecados a través de Su bautismo y la sangre que derramó en la Cruz. En el futuro, cuando los que tenemos una vida nueva acabemos nuestras vidas en la tierra, y cuando nuestro Señor venga de nuevo, nuestros cuerpos volverán a la vida. Debemos creer que viviremos con el Señor en el Cielo para siempre, y que no habrá más muerte cuando muramos una vez y resucitemos. Debemos saber que no hay muerte eterna para los que dormimos durante un tiempo. Debemos creer que el Señor nos ha dado nueva vida a los que hemos nacido de nuevo del agua y el Espíritu. Deben tener esta fe personalmente. 
Hemos comido huevos de Pascua ese mediodía porque es domingo de Pascua. Nuestras hermanas más jóvenes han envuelto los huevos con un papel muy bonito en el que ponía: «¡Feliz Pascua!» y «¡Jesús ha resucitado!» y después los han distribuido a los miembros de la Iglesia. De la misma manera en que los pollitos salen de los huevos, no debemos olvidar que nuestros cuerpos muertos que se pudren volverán a vivir para siempre después de recibir la vida nueva y ser cambiados. Ahora nuestras almas ya han nacido de nuevo del agua y el Espíritu, pero nuestros cuerpos se tienen que podrir. Sin embargo, tenemos la esperanza de que cuando creemos, nuestros cuerpos revivirán y tanto nuestros cuerpos como nuestras almas estarán completos el día en que el Señor venga. 
 
 
Vivamos como discípulos de Jesús al ganar con la fe de nacer de nuevo a través del agua y el Espíritu
 
Satanás nos miente siempre: «No. Jesús no resucitó. ¿Cómo puede un hombre volver a vivir?» Satanás siempre miente así. Debemos saberlo y no dejarnos engañar. El Señor vino al mundo, nos salvó completamente al tomar sobre Sí mismo nuestros pecados a través del agua y la sangre, y al ser resucitado de entre los muertos. Este es la Verdad que no tiene ni un ápice de mentira. Jesús fue la única criatura en este mundo que dejó la tumba vacía. Todas las personas respetadas y exaltadas, como Confucio, Mencio, Sakkyamuno y Mahoma, murieron y no pudieron resucitar, sino que fueron enterrados y se convirtieron en polvo. Solo Jesús no tuvo una tumba. La tumba de Jesús se quedó vacía. Nosotros también dejaremos nuestras tumbas vacías porque seremos resucitados. Debemos vivir teniendo esta esperanza hasta que vuelva el Señor. 
Si tenemos esta esperanza de que resucitaremos, podremos superar cualquier adversidad. El perdedor se convierte en un siervo del ganador. Si no tenemos la fe de que resucitaremos de entre los muertos, nos someteremos a la muerte y seremos sus siervos. Además temblaremos cuando la muerte se nos acerque. Sin embargo, si creemos que seremos resucitados, no nos rendiremos ante la muerte, sino que la venceremos así como a la gente que nos amenace con ella. Venceremos a la muerte como los santos de la Iglesia Primitiva, que se enfrentaron a la muerte para defender su fe. 
Durante los días del Imperio Romano, cuando los cristianos eran perseguidos tan severamente, había mucha gente que moría como mártires en el Coliseo. Cuando los hombres que estaban en el poder en el Imperio Romano, ponían a los cristianos en el Coliseo y soltaban a los leones hambrientos para que se los comiesen, los mártires alababan a Dios hasta el último aliento. Lo hicieron porque tenían fe en la resurrección. Pudieron alabar a Dios y no someterse a la muerte aunque tenían miedo, porque tenían la fe en que el Señor les devolvería a la vida tal y como Él resucitó, si morían devorados por las bestias salvajes. Si hubieran pensado que no había una vida nueva y que esa muerte era la definitiva, habrían dicho ante la gente: «No creeré en Jesús.» Así habrían salvado sus vidas y habrían sido como los gentiles que niegan a Jesús y no creen en Él.
Los romanos ponían un retrato de Jesús ante la gente para identificar si eran verdaderos creyentes o no, y decían: «Si de verdad crees en Jesús, pasa por delante, pero si no crees en Él, písalo y escupe encima de él.» Ellos sabían que podían salvar su vida si pisaban el retrato de Jesús y escupían sobre él, pero que si pasaban de largo morirían. Quizás, lo que la gente de este mundo teme más es la muerte, perder la vida. Sin embargo, los nacidos de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, pasaban por delante del retrato porque creían en la resurrección de sus cuerpos. Los que tienen fe no temen a la muerte. No hay nada que temer, sea cual sea el peligro, si tenemos fe en que el Señor ha resucitado. 
No podemos evitar la muerte. Sin embargo, viviremos para siempre cuando resucitemos después de dormir durante un tiempo. Mis queridos santos, deseo que crean en este domingo de Pascua, que el Señor ha resucitado. Si el Señor no hubiese resucitado, nuestra fe sería inútil. Si Jesús se hubiese quedado en la tumba sin poder resucitar después de haber sido bautizado y de morir en la Cruz derramando Su sangre, nosotros también moriríamos con Jesucristo. ¿De qué sirve nuestra fe si no hay resurrección aunque Jesús hubiese exterminado el juicio de los pecados al cargar con ellos en Su bautismo y al morir en la Cruz? Nuestras vidas justas y benditas tienen más significado porque creemos que recibiremos cuerpos perfectos y entraremos en el Reino de Dios en el futuro. 
La resurrección de Jesús es la garantía de nuestra resurrección. Todas las cosas que el Señor ha hecho están relacionadas con nosotros porque vino como nuestro Señor y Salvador. Él resucitó de verdad. Nosotros viviremos de nuevo como Él. Tenemos que vivir con la fe que cree en el Señor en nuestras mentes. Debemos tener la fe que cree en lo que está escrito en esta Palabra: debemos tener fe en Su bautismo, Su muerte en la Cruz, y Su resurrección; y tenemos que creer que Jesucristo es Dios. Podemos ser dignos de ser llamados cristianos solo cuando tenemos esta fe. Solo entonces podremos superar las dificultades por fe, esperanza y amor. Así podemos ganar todo. 
No sabemos cuándo vendrán las últimas tribulaciones. Pero no tenemos nada de lo que preocuparnos. No tenemos que preocuparnos ahora, porque el Espíritu Santo está en nosotros nos dará las palabras que tenemos que decir cuando venga el momento. Jesús nos dijo: «Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo» (Marcos 13, 11). Por tanto, no debemos preocuparnos de la Gran Tribulación de los últimos días. El Señor nos dará las fuerzas para morir como mártires cuando tengamos que hacerlo, ya que Él está con nosotros a través del Espíritu Santo. No tenemos nada de lo que preocuparnos porque el Señor nos da fuerzas para luchar contra el anticristo, Satanás y sus seguidores. 
Lo más importante es recibir la remisión de los pecados al creer en la Verdad de que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz y fue resucitado. Quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu desde el fondo de su corazón será aprobado para ser un creyente en el nombre del Señor. Aquellas personas débiles que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu y en la resurrección del Señor se hacen fuertes. Queridos hermanos, les pido que crean en la resurrección del Señor de todo corazón si han nacido de nuevo por el agua y el Espíritu y que reciban la salvación. 
Debemos ser los discípulos de Jesucristo hasta el día en que venga el Señor, y debemos hacer discípulos de todas las naciones. ¿Vamos a estar satisfechos con tan solo estar sin pecado después de haber nacido de nuevo del agua y el Espíritu Santo? ¿No vamos a ser felices cuando vivamos el resto de nuestras vidas por el Señor? Tenemos que hacer un esfuerzo enorme y animar a todos los que no creen a que crean en este verdadero Evangelio. Debemos ser discípulos de Jesús que guían y enseñan a la gente que no conoce este Evangelio. Asimismo debemos hacer discípulos de todas las naciones. El último mandamiento del Señor en este mundo fue que hiciésemos discípulos de todas las naciones, y esto es todo lo que debemos hacer. 
¿Quién son sus discípulos? ¿Han hecho alguna vez un discípulo? Hagan sus propios discípulos. Los cristianos que no han hecho discípulos no se pueden considerar cristianos. Los cristianos que no tienen discípulos no han dado ningún fruto. Queridos hermanos, hagan discípulos. Hay mucha gente en el mundo que no conoce este Evangelio del agua y el Espíritu. Deben hacer discípulos de todas las naciones. Debemos hacer muchos discípulos en nuestro país y en otros países también. Hay muchas personas que son dignas de convertirse en discípulos. Si vivimos una vida buena y leal, los frutos empezarán a salir y estarán listos para ser cosechados. Estarán muy contentos cuando siendo nacidos de nuevo sigan la voluntad de Dios con la fe en que son maestros. Aunque parece que no sepamos nada, somos grandes hombres de fe cuando nos comparamos con los que no han recibido la remisión de los pecados. Somos la gente que es digna de ser respetada. 
Debemos recordar lo que el Señor nos ha dicho: debemos hacer discípulos de todas las naciones, bautizarles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñarles a cumplir todo lo que Él nos ha mandado. Ustedes y yo debemos ser los que viven la vida de discípulos hasta que venga el Señor. Solo los que reciben la remisión de los pecados pueden ser discípulos de Jesús, y solo los justos pueden vivir una vida así. Queridos hermanos, aunque seamos insuficientes, debemos vivir el resto de nuestras vidas como discípulos de Jesús viviendo junto, creyendo en la Palabra de Dios y haciendo discípulos de todas las naciones.