The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 5-1] (Gálatas 5, 1-16) Vivan en Cristo confiando en el Evangelio del agua y el Espíritu

(Gálatas 5, 1-16)
«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea. Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz. ¡Ojalá se mutilasen los que os perturban! Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros. Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne».
 

¿Han muerto y resucitado con Jesucristo?

El Apóstol Pablo dijo en Gálatas 2, 20: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí». Si creemos en esta Palabra de que hemos sido crucificados con Cristo y ahora vive en nosotros, entonces hemos muerto con Él y el Señor vive en nosotros. Cristo cargó con todos los pecados que cometemos en este mundo, desde estos pecados pasados hasta los presentes y los futuros, a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, y murió en la Cruz para resucitar de entre los muertos. Ahora, como nuestros Señor vive en nosotros, nos ha permitido hacer todo lo que nos pide. Nuestros Señor ya vive en nuestros corazones bajo la forma del Espíritu Santo y nos guía.
Pasemos a Gálatas 5, 6: «Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor».
Nuestro Señor obra en nuestros corazones como Espíritu Santo y nos dice que ha borrado todos nuestros pecados. Creemos en el Espíritu Santo que viven en nuestros corazones. A través de Su bautismo nuestro Señor tomó todos nuestros pecados cometidos en la Tierra, tanto antes de recibir la remisión de los pecados como después; murió en la Cruz en nuestro lugar; se levantó de entre los muertos y así ha borrado nuestros pecados. Cuando tenemos fe en este Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos permite dejar atrás estos pecados que cometemos a causa de nuestras debilidades e insuficiencias, porque nos ha salvado de todos nuestros pecados.
 

¿Qué necesitamos ahora?

Cuando la Biblia dice: «Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor» (Gálatas 5, 6), significa que todo lo que deben hacer es creer que nuestro Señor ha borrado todos los pecados por Su amor hacia nosotros. Por naturaleza somos insuficientes y malvados, así que mientras vivamos en el mundo, no podemos evitar revelar nuestros defectos. Además es fácil estar atados a nuestras insuficiencias y debilidades. En otras palabras, hay veces en que nuestra fe peligrará, porque pensaremos: «Por ser quien soy, ¿cómo puedo predicar el Evangelio a otros y mucho menos salvar a otros del pecado?». Cuando nos examinamos a nosotros mismos nos desalentamos y queremos abandonar nuestra fe.
Sin embargo el Apóstol Pablo, que tenía la misma naturaleza humana que nosotros, dijo: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (Gálatas 2, 20). Así que ahora vivimos por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Los que crean en el bautismo de Jesús y Su muerte en la Cruz ya no son los que eran en el pasado. Esto se debe a que si creemos que nuestros pecados se pasaron a Jesucristo cuando fue bautizado y que murió en la Cruz en nuestro lugar, entonces hemos muerto con el Señor en la Cruz y Cristo vive en nosotros. Ahora somos nuevas criaturas en Jesucristo.
Si creemos sinceramente que nuestro Señor ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos creer que el Señor vive en nuestros corazones. Esta es la fe que nos hace nacer de nuevo. Si tenemos esa fe seremos obreros del Evangelio de Dios como el Apóstol Pablo.
Dios dijo: «Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor» (Gálatas 5, 6). Si nuestro Señor tomó todos los pecados al ser bautizado y después murió en la Cruz, esto significa que sus pecados pasaron a Su cuerpo y murieron con Él; y si Cristo se levantó de entre los muertos, entonces nosotros nos hemos levantado a través de nuestra fe en Jesucristo. Este Señor resucitado ahora vive en nuestros corazones. Ahora, al poner nuestra fe en el amor expiatorio de Jesucristo, hemos sido liberados de los pecados de este mundo.
Ustedes y yo continuamos pecando en este mundo. Aunque hayamos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, esto no significa que no tengamos insuficiencias. Todos somos insuficientes. Sabemos muy bien que nuestros defectos no son pocos. Pero no podemos esperar cambios en el futuro y por eso nos quedamos atrapados en nuestras debilidades. Nos atamos, pensando: «Aunque no cabe duda de que he recibido la remisión de mis pecados, todavía estoy podrido. Estoy decepcionado de ser quien soy incluso al haber recibido la remisión de los pecados».Y al pensar así nos confundimos y nos preocupamos cuestionándonos a nosotros mismos. Génesis 1, 2 dice: «Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». Como dice este pasaje, cuando estamos sometidos a nuestras debilidades e insuficiencias, nuestros corazones están confusos y vacíos.
El Señor está vivo en nuestros corazones. Como Jesús vino al mundo una vez, tomó los pecados del mundo sobre Sí mismo de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista, y murió en la Cruz, que el Señor esté vivo significa que ha borrado nuestros pecados de una vez por todas. Así que nos salvamos al creer en esta Verdad de salvación, la Verdad de que nuestro Señor ha borrado nuestros pecados. Y ahora ya no somos esclavos de nuestras debilidades, sino que hemos sido librados de nuestros pecados y transgresiones y por eso vivimos por fe en el Señor.
El Señor está vivo en nuestros corazones. Si es cierto, entonces llegamos inevitablemente a la conclusión de que el Señor ha borrado todos los pecados de toda nuestra vida. Por tanto el amor de nuestro Señor, que nos ha salvado del pecado, no sólo nos libra de los pecados, sino también de las insuficiencias y debilidades.
Nuestro Señor vive en nuestros corazones como Espíritu Santo. ¿Está el Señor vivo en nuestros corazones o no? Sí, está vivo. Entonces ¿murieron nuestros pasados? Sí. Si es así, han muerto y resucitado con Jesucristo. El Señor vive en los corazones de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y nuestros pasados han muerto completamente. Al alcanzar la salvación por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, estamos libres de pecados, de insuficiencias y debilidades para siempre.
Esta verdad es indiscutible. Todo lo que debemos hacer es creer en el Señor y darle gracias por borrar todos nuestros pecados de una vez por todas con el Evangelio del agua y el Espíritu y librarnos de todos los pecados del mundo. Si creemos que nuestro Señor vive en nuestros corazones, hemos sido salvados de nuestras insuficiencias. Así es como podemos empezar a hacer la obra de Dios, confiando en el Señor.
 

Somos del Señor

El Apóstol Pablo dijo: «Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne» (Gálatas 5, 16).
Como el Señor vive en nuestros corazones, es normal que queramos vivir siguiendo al Espíritu Santo, que hace que este deseo nazca de nuestros corazones. Precisamente como nuestro Señor está vivo en nuestros corazones, nacen los deseos del Espíritu Santo. En otras palabras, los corazones de los que han recibido la remisión de los pecados están obligados a hacer la obra del Señor, a predicar el Evangelio y servir al Señor. El Espíritu de nuestros Señor ha venido a los corazones de todos los que han recibido la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y este Espíritu nos inspira a servir al Evangelio del Señor, a amar a otras almas, predicarles el Evangelio y respaldar la predicación del Evangelio de muchas maneras distintas. En momentos como este ustedes y yo debemos caminar según los deseos del Espíritu Santo. El Señor dice que entonces no serviremos a los deseos de la carne.
Mis queridos hermanos, debemos creer que nuestros pasados han muerto en la Cruz con Cristo. Debemos creer que el Señor ha borrado nuestros pecados, desde que nacimos hasta los que cometimos por culpa de nuestras insuficiencias y debilidades, y que el Espíritu Santo está en nuestros corazones. Si tienen esta fe, murieron crucificados, y ahora han nacido de nuevo, Cristo vive en ustedes. Entonces tienen la misma fe que el Apóstol Pablo profesó en Gálatas 2, 20: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí». Lo único que tienen que hacer ahora es vivir por fe, confiando en que el amor de Dios les ha salvado, porque la Biblia dice que nada vale, sino la fe que obra por amor (Gálatas 5, 6).
 

¿Cuál es la fe correcta?

¿Cuál es el mensaje global del pasaje de las Escrituras del capítulo quinto de Gálatas?
El Apóstol Pablo había predicado el Evangelio en la región de Galacia, pero ahora los santos estaban sometidos a sus insuficiencias. Cuando los santos de las iglesias de Galacia se miraban a sí mismos, sólo veían lo insuficientes que eran y se desesperaban pensando: «¿Por qué soy tan miserable aún creyendo en Jesús como mi Salvador?». Y entonces pensaron en que debían circuncidarse para ser realmente el pueblo de Dios. Pensaban: «Si me circuncido, mi corazón tendrá una fe más fuerte». Había gente que les convencía para circuncidarse y prácticamente todos los santos de las iglesias de Galacia acabaron circuncidándose por su propia voluntad. Por eso querían recibir la circuncisión de la carne además de creer en Jesucristo.
Por eso el Apóstol Pablo estaba enfadado. Les dijo a los santos de Galacia: «Aunque no teníais más remedio que morir por vuestros pecados sentenciados por la Ley, ¿no cargó Cristo con vuestros pecados al ser bautizado, morir en la Cruz en vuestro lugar y levantarse de entre los muertos? ¿No os salvó Cristo de esta manera y no fuisteis salvados al creer en Jesucristo? Entonces ¿por qué os habéis sometido otra vez a los rituales del Antiguo Testamento?».
El Apóstol Pablo estaba tan furioso y frustrado que dijo: «Quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros» (Gálatas 4, 20). Cuando Pablo dijo que le gustaría cambiar su tono, quiso decir:«Os he respetado como pueblo de Dios, pero ahora os habéis convertido en hijos del Diablo y no puedo confiar en vosotros. Tengo serias dudas sobre vosotros».
Sin embargo el Apóstol Pablo siguió diciéndoles: «El que se circuncida está obligado a cumplir todos los requisitos de la Ley. Quien quiera volver a la Ley debe cumplirla al 100 por 100. Intentadlo si queréis. En Cristo Jesus ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. Dios nos ha salvado con el agua y Su sangre gracias a Su amor benevolente por nosotros, y al creer en Jesucristo de corazón hemos sido salvados. Todo lo que necesitáis es fe; ¿qué importa que estéis circuncidados o no? ¿Por qué seguís este ritual de la Ley?».
Así que el Apóstol Pablo advirtió a los santos de Galacia que estaban sujetos a las debilidades de la carne: «Si fuisteis crucificados con Cristo, ¿no moristeis con Cristo? ¿De verdad creéis en Jesús? Si creéis en Él, debéis creer que cuando tomó vuestros pecado y murió por vosotros, vosotros también moristeis. Nosotros hemos muerto. ¿Hemos muerto con Cristo o no? Hemos muerto con Cristo. Ahora Cristo vive en mí. Si el Señor se levantó de entre los muertos y ha venido a nuestros corazones por el Espíritu Santo, no tenemos porqué estar sujetos a la Ley. No tienen que estar atormentados por sus actos de debilidad. Habéis muerto. En Cristo, todos vuestros pecados y transgresiones mortales fueron condenados con Él y todos nuestros pecados se han borrado. Estáis salvados. No os atéis a vuestras debilidades. Nada nos es de provecho sino la fe que obra por el amor. ¿Creéis en el Señor? ¿Creéis que el Señor es mi Salvador y vuestro Salvador?».
Si el Apóstol Pablo nos hiciera esta pregunta ahora, ¿qué contestaríamos? Deberíamos decir: «Sí, creo».
«¿Creen que el Señor tomó todos sus pecados?».
«Sí, creemos que el Señor cargó con mis pecados».
«¿Creen que todos sus pecados se pasaron a Jesús cuando fue bautizado?».
«Sí, creemos».
«¿Creen que Jesús tomó todos los pecados del mundo, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos?».
«Sí, creemos».
Esta fe es todo lo que tenemos. La fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es correcta a los ojos de Dios y sólo esta fe nos salva y nos libra de todos nuestros pecados, debilidades e insuficiencias. Esta fe es la que hace que Dios nos acepte. Esta es la única y verdadera fe. Esto es lo que el Apóstol Pablo proclamó.
¿Y qué pasa con ustedes y conmigo hoy en día? Mientras vivimos en este mundo, no siempre seguimos los deseos de la carne. A veces seguimos estos deseos, pero otras veces seguimos al Espíritu Santo. Pero, ¿qué hacen cuando ven que siguen los deseos de la carne y descubren sus insuficiencias? ¿Se condenan por esto? Puede que a veces se condenen a sí mismos diciendo: «Hace mucho que recibí la remisión de los pecados, pero sigo siendo un miserable.¡Soy un perdedor! ¡Qué tonto he sido! ¿Cómo puedo seguir al Señor hasta el final con estas debilidades?».
Mis queridos hermanos, mientras estamos en este mundo, vamos de un lado para otro haciendo dos tipos de obras. En nuestras vidas diarias oscilamos entre la obra del Espíritu y la de la carne. Lo hacemos constantemente. Mientras que los que no han nacido de nuevo no pueden evitar ser absorbidos por las obras de la carne, los justos van de un lado para otro, de la obra de la carne a la del Espíritu. Dicho de otra manera, incluso los justos caen en la obra de la carne si no están haciendo la obra del Espíritu. Nosotros, los justos, no podemos evitar pecar si no andamos en el Espíritu. Pero aún así, ¿debemos ofrecer oraciones de penitencia todos los días para intentar borrar nuestros pecados personales? ¿Están intentando borrar sus pecados mediante las oraciones de penitencia, tal y como hacían los Gálatas que se circuncidaban para ser el pueblo que Dios ha salvado? Esto sería lo mismo que volver a la Ley.
El Señor dijo que nada es de provecho si no es la fe que obra por el amor. A través de nuestra fe, al creer que el Señor tomó nuestros pecados, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos, hemos recibido la salvación. Pero a pesar de esto, ¿siguen intentando estar sin pecado mediante las oraciones de penitencia?
Mis queridos hermanos, cuando las insuficiencias de su carne se revelen, deben admitir quiénes son por naturaleza. En vez de decir: «En realidad no soy así», deben admitir su naturaleza débil. Esta es la naturaleza de nuestra carne y por eso no podemos evitar seguir los deseos de la carne si no caminamos en el Espíritu. Así somos nosotros. Por tanto no se sientan frustrados cuando pecan sin querer hacerlo. Si no admiten su naturaleza verdadera, seguirán culpándose a sí mismos pensando: «Yo no soy así, no debo cometer este error de nuevo».
Sin embargo si se dan cuenta de quiénes son en realidad, podrán encontrar la solución al problema. Cuando sus insuficiencias salgan a la luz, deben admitir en primer lugar que esa es su naturaleza. Entonces deben afirmar que han sido salvados y que son criaturas nuevas libres de todas sus insuficiencias por fe, creyendo que han muerto con Cristo, que ha borrado todos sus pecados y que el Señor ahora vive en ustedes.
Ahora que hemos sido salvados de todas nuestras insuficiencias por fe, ¿cómo debemos vivir? Debemos vivir según los deseos del Espíritu Santo que son deseos santos que Dios provoca en nuestros corazones. Cuanto más hacemos la obra de Dios, más obras santas queremos hacer. Los que sirven al Señor desean servirle cada vez más. Aunque les resulte difícil al principio, quieren servir al Señor más aún cuando se dan cuenta de lo maravilloso que es servirle. Es bastante difícil y extraño dar testimonio del Evangelio la primera vez, pero cuando uno se acostumbra, desea hacerlo aún más.
Este es el deseo del Espíritu Santo. Todo lo que tenemos que hacer es vivir según los deseos del Espíritu Santo. Ahora no hace falta que estemos controlados por nuestros pecados e insuficiencias. Hemos sido salvados por la fe. El pasaje de las Escritura de hoy nos dice que nada es de provecho sino «la fe que obra por el amor». Como hemos sido salvados por la fe, ¿qué es lo único que nos falta? Lo único que falta es que vivamos según los deseos del Espíritu Santo.
La circuncisión es un ritual de la Ley. Pero ¿de verdad nos convertimos en justos e hijos de Dios si nos cortamos el prepucio? Pueden cortarse todas las partes del cuerpo que quieran, desde los dedos de las manos hasta los de los pies, pero nada de esto les hará justos. Aunque tirarán sus cuerpos al fuego, sus almas no tendrían justificación.
¿Cómo podemos ser justos? Creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de Jesucristo que ha obrado por amor.
Por eso el Apóstol Pablo dijo: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (Gálatas 2, 20). El Apóstol Pablo siguió pidiéndonos que viviésemos según los deseos del Espíritu Santo.
Cuando la Biblia nos dice que caminemos según los deseos del Espíritu, puede que piensen que no es nada especial, pero no es así. El deseo de servir al Evangelio es el deseo del Espíritu Santo. Los deseos del Espíritu Santo no son tan exigentes; cuando deseamos vivir por Dios todo lo que tenemos que hacer es seguir este deseo, ya que este es el deseo del Espíritu Santo. Cuando los cristianos viven según los deseos del Espíritu Santo sus vidas obtienen un sobresaliente a los hijos de Dios. Sacarán matrícula de honor en este examen. Aunque oscilemos entre los deseos del Espíritu Santo y los de la carne, nuestras vidas cristianas sacarán buena nota si vivimos según los deseos del Espíritu Santo confiando en nuestra salvación. Esto es lo que el Apóstol Pablo nos está diciendo hoy.
Por eso tienen que deshacerse de sus pensamientos erróneos. «So soy así, ¿cómo puedo vivir por los demás, por la Iglesia y por el Evangelio si yo mismo no tengo remedio?». ¿Se preocupan ustedes? Sí. Pero aunque sean así, si creen en el hecho de que nuestro Señor ha borrado todos los pecados del mundo, incluidos los suyos, podrán vivir con fe y tener éxito. El Señor sabía que cometerían pecados y por eso los ha borrado, incluso los que cometen después de nacer de nuevo.
Si el Señor sólo se hubiera llevado el pecado original o sus pecados personales, entonces no hubiera sido el Cordero de Dios, ni podría haber dicho: «Está acabado» cuando murió. Pero Juan el Bautista dejó un claro testimonio de Jesús en la Biblia: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Al creer en esta Palabra todos nuestros pecados se pasaron a Jesús a través de Su bautismo y podemos ser crucificados y levantarnos de entre los muertos con Cristo. Somos el pueblo justo nacido de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, ¿tienen pecados o no? No. Y ahora ¿creen que sus pecados se han pasado a Jesucristo y que han muerto y resucitado con Él? ¿Qué hay en sus corazones? No tienen pecado, sino fe que obra por el amor. Mis queridos hermanos, están sin pecado por fe y por fe se han convertido en hijos de Dios. Al no tener pecado, desean hacer la obra de Dios por fe.
Por eso, de ahora en adelante, deben creer que no hay pecado en sus corazones y deben deshacerse del yugo de la carne. En el futuro, aunque sean insuficientes, deben seguir los deseos del Espíritu Santo por fe. Aunque los nacidos de nuevo no puedan seguir los deseos del Espíritu Santo siempre, en sus corazones quieren seguirlos por naturaleza. Un perro que sale a pasear con su dueño, puede separarse de él para ir a buscar un poco de basura y buscar algo de comer, pero enseguida vuelve a su dueño. Del mismo modo, aunque sigamos los deseos de la carne de vez en cuando y oscilemos entre la carne y el Espíritu, seguimos estando salvados y siguiendo al Señor hasta el final.
Aunque seamos insuficientes, estamos sin pecado y debemos vivir según los deseos del Espíritu Santo. Cuando obramos cosas pequeñas porque Dios nos inspira, el Señor hace que nuestros corazones quieran hacer más obras. Si no saben qué hacer, sigan lo que la Iglesia les ha encomendado. Cuando servimos al Señor y al verdadero Evangelio de cualquier manera posible, somos justos ante Dios.
Mis queridos hermanos, Dios nos ha dado libertad, no esclavitud. Dios les ha librado de las ligaduras para que le sigan según los dictados de su corazón y lo hagan con gozo al tiempo en que le sirven. El Señor nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu para que no seamos esclavos del pecado ni del juicio.
Del mismo modo en que algunos miembros de la Iglesia Primitiva, que habían escuchado el Evangelio que Pablo predicaba, fueron circuncidados para cubrir sus defectos, los cristianos de hoy en día intentan cubrir sus pecados ofreciendo oraciones de penitencia cuando pecan. ¿Es correcta esta fe? No, por supuesto que no. Sin embargo, muchos cristianos no saben que los pecados del mundo se pasaron a Jesucristo en Su bautismo, y esto significa que no creen en Jesús. No saben que sus pasados han muerto con Cristo al unirse con Él en Su bautismo y crucifixión. Por eso recurren a las oraciones de penitencia. Si de verdad creyeran en Jesús, no intentarían borrar sus pecados mediante oraciones de penitencia.
Los cristianos de hoy en día que intentan recibir la remisión de sus pecados mediante oraciones de penitencia cada vez que pecan son los que han sido separados de Cristo y están condenados a ser malditos. No son los que creen de verdad en Cristo. Si alguien cree en Jesucristo, aunque sea insuficiente, le dará gracias por sus insuficiencias confiando en el Señor. Ustedes y yo debemos estar agradecidos a Dios cuando nos damos cuenta de nuestras insuficiencias porque el Señor ha borrado todos esos pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, ustedes y yo debemos llevar vidas de fe dando gracias Jesucristo por fe. No deben convertirse en gente que se auto compadece y acaba muriendo. Algunos santos confiesan que les gustaría comprarse ropa buena, ver cosas bonitas y hacer muchas otras cosas. Pero cuando le entra la fiebre por estas cosas, deben reconocer que esa es su verdadera naturaleza. Si de verdad necesitan comprarse ropa, háganlo para satisfacer su deseo y sigan al Señor. ¿Es esto un pecado? Por supuesto que no. Lo único que les digo es que no caigan en los deseos de la carne y se desesperen cuando vean su verdadera naturaleza, porque esa es sólo una parte de quiénes son. Su verdadera naturaleza quiere seguir los deseos de Dios. Aunque sean insuficientes son el pueblo justo. Les pido que entiendan quiénes son y vivan por fe como hijos de Dios.
Aunque sean insuficientes, son hijos de Dios que han sido salvados por el Evangelio del agua y el Espíritu. Quiero que sigan al Señor y lo alaben creyendo en que son el pueblo justo a los ojos de Dios, santos, los que disfrutan de la vida eterna y obreros de la justicia de Dios. Esa es su identidad.
Los que no se han identificado todavía consideran que el Libro de Gálatas es muy difícil de entender. No pueden comprender sus enseñanzas espirituales. Así que tienen a decir: «¿Qué está diciendo Pablo? No entiendo lo que dice. Lo que tiene que hacer es decirle a la gente que vivan decentemente, pero está diciendo algo muy complicado». Incluso los teólogos no saben por qué el Apóstol Pablo estaba tan enfadado con los defensores de la circuncisión en las Iglesias de Galacia. Sólo mencionan la definición y el léxico de los defensores de la circuncisión.
En los corazones de los nacidos nuevo los libros de Gálatas, Hebreos y Levítico están bien enraizados como la simple y clara Palabra de Verdad. Cuando los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu leen la Palabra de Dios pueden entenderla muy fácilmente y por eso la aceptan como la Verdad, tomándola como su alimento de fe.
Dios Padre nos amó y por eso envió a Su Único Hijo al mundo, hizo que lo bautizarán para aceptar todos los pecados y que lo crucificarán por nosotros. Así que cuando ustedes y yo decimos que creemos en Jesucristo, queremos decir que creemos que nuestros pecados se pasaron a Jesús cuando fue bautizado; que cuando Jesús murió, nosotros también morimos: y que cuando se levantó de entre los muertos, nosotros también resucitamos. Como Dios Padre entregó a Su Único Hijo por amor y lo condenó por todos nuestros pecados, al creer en Jesucristo estamos salvados. Como nuestras almas han sido salvadas por fe, desde ahora en adelante nuestros actos insuficientes no nos podrán molestar, porque todo lo que debemos hacer es seguir la voluntad de Dios por fe.
Mis queridos hermanos, somos los justos que hemos recibido la remisión de los pecados. Pero, a pesar de ellos, ¿sienten que deben ofrecer oraciones de penitencia cada vez que se revelan sus insuficiencias? «Señor, por favor, perdóname. He pecado. Por favor, borra mis pecados». Muchos cristianos de hoy en día se sienten así y rezan muchas oraciones de penitencia a cada pequeña falta que cometen. Sin embargo sus pecados nunca se borran así por mucho que recen a Dios para que borre sus pecados.
La salvación de Jesucristo se cumplió hace 2000 años, y sólo al creer en esta Verdad podemos recibir la remisión de los pecados. La salvación que Jesucristo les ha traído mediante el Evangelio del agua y el Espíritu vive ahora en sus corazones y por tanto están libres de los pecados que cometen incluso ahora. También han sido salvados de sus pecados futuros. Esta es la verdad. ¿Creen?
Los pastores del mundo confunden con sus sermones. Tiene que sonar pedantes porque no tienen nada que predicar en sus corazones. Y para explotar a su congregación por dinero, deben hacen surgir emociones en los fieles y hacer que entren en éxtasis. Cuando estos pastores dicen: «¡Fuego, fuego, fuego!», la congregación dice: «¡Amen! ¡Aleluya, aleluya!». Llevados por la emoción vacían sus bolsillos. Están llenos de emociones y sus mentes se confunden y no pueden pensar. Al estar en éxtasis, dan todo su dinero y cuando esto no es suficiente, se quitan las joyas y piedras preciosas. Estas personas no obedecen a los falsos profetas porque tengan un deseo genuino de servir al Señor, sino porque durante unos momentos no pueden pensar.
Puede que ustedes y yo seamos insuficientes, pero somos gente justa. Fuimos crucificados con Cristo y hemos resucitado. Aunque seamos insuficientes, somos hijos de Dios. Somos justo. Somos obreros de la justicia. Los que hemos nacido de nuevo queremos seguir los deseos del Espíritu Santo y servir al Señor de cualquier manera posible. La gente como nosotros tiene que vivir según los deseos del Espíritu Santo. Estos deseos nacen cuando hacemos la obra del Señor. Los deseos del Espíritu Santo se despiertan en sus corazones cuando dejan de vivir según los deseos de la carne, vienen a la Iglesia de Dios, escuchan la Palabra y unen sus corazones a la obra de Dios aunque sean insuficientes.
Cuando sus corazones quieran hacer la obra de Dios, no ignoren este deseo, síganlo aunque sea pequeño y únanse a los siervos de Dios y Su Iglesia. Cuando lo hagan, ese pequeño deseo crecerá como una bola de nieve bajando por un cuesta. Así podrán seguir tendiendo un deseo imparable de vivir para Dios, hacer la obra de Dios cada vez más y al final, sin darse cuenta, se convertirán en grandes obreros de Dios. Por muy insuficientes que sean, Dios les ha dado el Espíritu Santo en sus corazones. Se ha convertido en nuestro Salvador que vive en nosotros y que nos ha dado los deseos del Espíritu Santo para que hagamos obras benditas.
Doy gracias al Señor por darnos estos deseos. Rezo por que vivan según los deseos que el Espíritu Santo ha provocado en sus corazones. ¡Aleluya!