The New Life Mission

Sermones

Tema 13: Evangelio de Mateo

[Capítulo 28-3] < Mateo 28, 16-20 > El Señor vendrá como el Juez

< Mateo 28, 16-20 >
«Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»
 

¿Cómo están hoy? Vivir en el mundo hoy en día es muy difícil y extraño. El precio de la gasolina ha llegado a los 60 dólares por barril y muchos expertos predicen que pronto llegará a los 100 dólares. La legislación que permitirá la implantación de chips con códigos de barras en la piel de la gente ha sido aprobada en los Estados Unidos. Asimismo, constantemente escuchamos noticias sobre todo tipo de desastres naturales y sobre la gripe aviar y otras enfermedades contagiosas. Es un mundo bastante decadente. Esto me hace pensar que el fin del mundo está cerca. En realidad el futuro del mundo es bastante deprimente. No hay esperanza. Todo lo que hay en el mundo es deprimente, incluso la política y la economía. 
Hoy en día nuestro país está revolucionado por las elecciones a la presidencia. Ahora mismo, nuestro país, Corea, está alborotado por la posibilidad de que el candidato del partido minoritario se pueda convertir en el próximo presidente, y toda la sociedad está nerviosa porque la batalla por la presidencia se está haciendo muy intensa. La batalla se está librando de manera muy intensa. Los políticos desean obtener cualquier vestigio de poder y piensan que hay esperanza en el mundo. Es muy triste verlos luchar por el placer de su propia carne, no por el bien de los demás. Por eso no debemos seguir las modas del mundo. No hay ninguna esperanza en el mundo, y la única esperanza en Jesucristo. 
El libro del Apocalipsis afirma que Dios traerá siete calamidades al mundo en el fin de los tiempos. Jesús recibe el libro de los siete sellos de Dios Padre y las calamidades empiezan a suceder cada vez que abre un sello. Hasta la quinta calamidad, la gente podrá aguantar la destrucción, pero después de la sexta calamidad la gente será obligada a recibir la marca de la bestia mientras las calamidades siguen cayendo del cielo. El sufrimiento será tan horrible que las personas pedir que las montañas se les vengan encima. Caerá granizo del tamaño de un talento (40 kilos o 100 libras) y la gente sufrirá todo tipo de enfermedades con heridas por todo el cuerpo.
La calamidad que el séptimo ángel traerá, la última, moverá las placas continentales por completo. Las islas no podrán quedarse en el sitio y la tierra se partirá y moverá, de manera que el mapa geográfico del mundo cambiará. Entonces una gran estrella encendida como una antorcha caerá sobre las aguar y muchas personas morirás cuando beban de esa agua. La Palabra de Dios dice que un tercio de las criaturas vivientes y un tercio de las personas morirán. En realidad, estamos viviendo en este período que describe el libro del Apocalipsis como el fin de los tiempos. La Palabra del Apocalipsis es muy deprimente y ahora estamos en ese tiempo. 
Después de terminar la exhortación a las siete iglesias de Asia, Jesús llevó al Apóstol Juan al cielo y le enseñó lo que ocurriría. Asimismo se manifestó como el Rey de reyes. El Apocalipsis revela al Apóstol Juan la escena en que Jesús está sentado en el trono alto, y en la que Jesús abre los siete sellos como el Juez. Los siete sellos representan la historia de aquel entonces y el período de las catástrofes. El Apocalipsis dice que hay un período del caballo blanco, un periodo del caballo rojo y que ahora vivimos en el período del caballo negro. El período de guerra y hambruna es el período del caballo negro. Dice que un cuarto de trigo costará un denario y tres cuartos de cebada costarán un denario en este período (Apocalipsis 6, 6). Este período, el período del caballo negro, es el período de hambruna cuando la gente tendrá que pagar mucho dinero por los alimentos. 
Entonces aparecerá el Anticristo y habrá una catástrofe, ya que matará a mucha gente y la obligará a recibir su marca. Habrá martirio y éxtasis para los justos en este período. El éxtasis ocurrirá cuando el Señor descienda y se lleve a los justos en la mitad de la Gran Tribulación que durará siete años. Las Escrituras dicen que los justos serán llevados al Reino Milenario o Reino eterno de los Cielo, y los pecadores irán al infierno donde sufrirán el castigo eterno. 
¿Saben lo que hay escrito al final de las Escrituras? Leamos juntos los últimos versículos del último capítulo del Apocalipsis. Leamos los versículos 18 al 21 juntos: «Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.»
Cuando el Señor dijo: «Ciertamente vengo en breve», el Apóstol Juan recibió la Palabra y respondió: «Amén, sí, ven rápidamente Señor. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todo el mundo. Amén.» El Apóstol Juan esperó la venida de Jesús. Los justos que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu esperan la venida del Señor también. Cuando el Señor venga de nuevo, todas las profecías escritas en el Apocalipsis se cumplirán tal y como están escritas para aquellos que hayan recibido la remisión de los pecados. Los que han nacido de nuevo con el agua y el Espíritu no recibirán la marca del 666 e irán al Reino Milenario como sus reyes. 
Hay algo que debemos hacer cuando llegue ese momento. Nosotros, los que hemos recibido la remisión de los pecados debemos hacer discípulos de todas las naciones y bautizarles en nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y ser testigos del Evangelio hasta los confines de la tierra. Lo único que los justos debemos hacer a través desde el final de los tiempos hasta el Reino Milenario es compartir el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos guardaremos nuestra fe hasta el fin de los tiempos como reyes durante mil años en el Reino Milenario cuando nuestro Señor venga a este mundo.
De verdad, ¿qué esperanza tenemos en estos tiempos? No hay ninguna esperanza en este mundo. Hemos llamado a nuestra iglesia en Chooncheon City, Iglesia de la Esperanza, porque esperamos la segunda venida del Señor, el Reino Milenario y el Reino de los Cielos. 
Ahora, lo último que debemos hacer es compartir el Evangelio hasta los confines del mundo. Debemos compartir el Evangelio con todo el mundo aunque el mundo se esté acabando. Nuestro Señor dijo: «Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 20). Por eso no debemos preocuparnos demasiado aunque el mundo llegue a su fin. Solo tenemos que creer que nuestro Señor vendrá, y así tenemos que preparar nuestros corazones y compartir el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el día de la venida del Señor. Los trabajadores de Dios deberían casarse y trabajar en el ministerio, bautizar a los nacidos de nuevo en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, hacer discípulos de todas las naciones, compartir el Evangelio del agua y el Espíritu, hacerlo lo mejor que puedan, y vivir triunfando en el mundo. Solo necesitamos vivir de esta manera e ir al Señor cuando venga de nuevo. 
Está claro cómo van a tener lugar los sucesos del mundo. Ocurrirá tal y como está escrito. El principio del fin ocurrirá con las guerras y hambrunas. Este será el principio de la Gran Tribulación, y la gente recibirá la marca del 666 en la mitad de la tribulación, mientras que los que rechacen la marca morirán, y el Señor vendrá y se nos llevará al cielo después de esto. Al principio recibir la marca del 666 será voluntario, pero entonces será imposible comprar o vender sin la marca, y los que no la reciban morirán de forma dolorosa.
En ese momento, el Anticristo aparecerá y le dirá a todo el mundo que le adore, pero nosotros nos resistiremos hasta el final. El mundo se unirá como una sola nación con el Anticristo en el centro de todo, y la marca del 666 será un requisito para gobernar a toda la gente unida. El Anticristo será el líder del mundo y tendrá gran habilidad en la política. Hará que todo el mundo reciba la marca del 666 en la mano derecha o en la frente para poder controlar a la gente. En realidad esta marca se está preparando en secreto en la actualidad. Todo estará preparado para entonces e intentarán crear una atmósfera positiva con un método no ofensivo para implantar la marca. Pero los que hayamos nacido de nuevo del agua y el Espíritu no recibiremos la marca hasta el final porque esta marca es el billete para el infierno. Nosotros seremos llevados por el Señor si aguantamos todas las calamidades hasta la venida del Señor. 
Como está escrito en el Apocalipsis 14, 13: «Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor», la tribulación será muy dura. Pero nosotros no tenemos miedo porque el Señor nos prometió que estaría con nosotros hasta el fin del mundo. Nosotros llegaremos al fin después de haber compartido el Evangelio en este mundo como lo hacemos ahora, y lo que está claro es que el Señor estará con nosotros. Por eso no tenemos mucho por lo que preocuparnos ahora. Pero sí que debemos tener cuidado de cómo vivimos en este período que se acerca al fin. La tierra ha seguido su curso y la tribulación está cerca, así que el reto importante es cómo debemos vivir si queremos mantener la fe. Debemos compartir el Evangelio con todo el mundo hasta que entremos en el paraíso, el Reino Milenario, y el Reino Eterno de los nuevos cielos y la tierra. La última tarea que debemos hacer es esforzarnos para expandir el Reino de Dios antes de encontrarnos con el Señor. 
Habrá muchas dificultades. Debemos vivir con fe ahora, para que podamos sobrevivir hasta entonces. Las Escrituras dicen que los que viven por fe serán preservados hasta la hora del juicio para soportar la tribulación (Apocalipsis 3, 10). Por eso debemos vivir por fe. Durante el fin de los tiempos, debemos mantener nuestra fe creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones y manteniéndolos firmes en vez de causar problemas en la Iglesia por miedo a la tribulación. Les estoy diciendo esto de antemano para que estén preparados con fe, no pretendo meterles miedo haciendo hincapié en la tribulación del fin de los tiempos, ni pedirles que entreguen todas sus posesiones materiales a la Iglesia. No quiero que me traigan todo su dinero, sus casas o sus tierras a la Iglesia. Lo que quiero es que administren bien su dinero y que sirvan al Evangelio bien porque el día del Señor está cerca, y así no tendrán que preocuparse por la comida y otras necesidades básicas. No tengo ninguna otra intención oculta.
Solo pienso en cómo podemos predicar este Evangelio del agua y el Espíritu en nuestro país y en el extranjero, a nuestras familias y cómo hacer que más almas escuchen el Evangelio. Creo que nuestro reto es ayudar a la gente del mundo a entender y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Creo en esto. 
Ahora compartimos el Evangelio del agua y el Espíritu con todo el mundo. Ahora mismo no hay muchas personas que acepten el Evangelio, pero la cosecha será enorme en el futuro. Cerca 4000 personas visitan nuestra página Web a diario. Pero, ¿no son muy pocas si tenemos en cuenta que hay 60.000 millones de personas en el mundo? Pero el Señor dijo que en el fin de los tiempos: «Enviaré dos olivos y compartiré el Evangelio con vigor de nuevo en el fin de los tiempos.» Por eso creo que habrá muchas personas que creerán en aquel entonces y muchas que serán martirizadas. Creo que si plantamos semillas ahora al compartir el Evangelio del agua y el Espíritu, los que no lo reciban ahora y nos persigan, creerán cuando los desastres ocurran. Cuando haya cambios en las condiciones climáticas y haya terremotos, creo que muchas personas recordarán el Evangelio del agua y el Espíritu que hemos predicado y creerán finalmente en el Evangelio de Verdad porque la Palabra en el Apocalipsis dice que una multitud innumerable de personas vestidas con túnicas blancas aparecerán ante el Señor (Apocalipsis 7, 9-14). El Apóstol Juan, quien escribió el Apocalipsis, conocía esta verdad también. Esto significa que no hay muchas personas que hayan recibido la remisión de los pecados en el mundo, pero una cantidad incontable de naciones, tribus, pueblos y lenguas creerán en medio de la tribulación y recibirán la salvación a través del martirio. Habrá muchos en el futuro que creerán en el Evangelio que hemos compartido si compartimos el Evangelio de manera poderosa mientras podamos.
Este Evangelio será predicado por todo el mundo porque esta es la voluntad del Señor. Jesús puede llegar lejos desde el techo aunque unos pocos de nosotros hablemos de este Evangelio escondidos. Todo lo que tenemos que hacer es predicar las buenas noticias: «Iréis al Cielo solo si nacéis de nuevo del agua y del Espíritu. Por eso debéis creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.» Creo que muchas personas recibirán la remisión de los pecados en ese momento. Por eso estamos predicando el Evangelio continuamente en la situación en la que estamos y estamos haciendo lo que podemos por predicarlo a través de nuestro ministerio literario a todas las naciones. 
No debemos preocuparnos demasiado aunque la venida del Señor esté cerca, y debemos vivir todos los días predicando el Evangelio leal, diligente y racionalmente. Debemos utilizar todos nuestros recursos para la predicación del Evangelio con una sola mente. Mantener nuestro estado actual es suficiente en el mundo y darlo todo por la predicación del Evangelio es lo mejor que podemos hacer. Nosotros debemos ir al Señor cuando venga después de entregar nuestras mentes, pensamientos, y tiempo para la predicación del Evangelio. Aunque utilicemos cosas materiales que Dios nos ha dado para cualquier necesidad que tengamos en nuestras vidas, no debemos olvidar que debemos darle al Señor todo lo que podamos. Por muchas riquezas que acumulemos en este mundo, no podremos gastarlas cuando venga el Señor. Es una bendición poder dar mientras se pueda utilizar para la obra valiosa de predicar el Evangelio. Puedo decirles con la conciencia limpia que debemos conocer al Señor después de haber servido al Evangelio y haberlo compartido en abundancia mientras vivimos. No tengo ninguna intención oculta en mi corazón cuando les aconsejo que se entreguen por el Evangelio. Quizás no me crean. Pero tengo una conciencia limpia ante Dios. Mi conciencia no está avergonzada ante el Señor porque he creído en el Evangelio del agua y el Espíritu, lo he guardado y lo he compartido con toda la gente, mientras lo he dado todo por esta obra que he hecho durante mi vida. 
Nuestro Señor resucitó y les dijo a los discípulos antes de Su ascensión: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mateo 28, 18-20). Asimismo prometió: «Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» ¿Cuál fue el mandamiento final que Jesús ordenó, junto con el Padre y el Espíritu, para que lo cumpliésemos? ¿Qué nos pidió que obedeciésemos? Que hiciésemos discípulos de todas las naciones y los bautizásemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Debemos enseñarles además a seguir las cosas que les dijo a Sus discípulos que hiciesen. Esta es la última voluntad de nuestro Señor. 
Las personas dejan un testamento antes de morir. Algunas personas temen no poder dejar las últimas voluntades cuando enferman de Alzheimer, así que dejan su testamento en una cinta. Como la gente que deja sus últimas palabras a sus hijos, debemos recordar que Jesús dejó un testamento después de haber resucitado y justo antes de ascender a los cielos. Dijo: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.» Esto significa que debemos creer en la Palabra de Dios y vivir por fe. 
Cuando dijo que tengo la conciencia limpia quiero decir que nunca omito el bautismo de Jesús cuando predico el Evangelio. Nunca he predicado el Evangelio sin Su bautismo para reunir a más gente. Nunca lo haré. Creer en Jesús sin creer en Su bautismo no vale para nada. El libro del Apocalipsis, el último libro de las Escrituras, dice que Dios borrará el nombre de las personas del Libro de la Vida omiten una sola parte de las Escrituras. También dice que Dios les añadirá plagas a las personas si añaden cualquier cosa a la Palabra de las Escrituras (Apocalipsis 22, 18-19). El que se añadan plagas o el que se borre el nombre del Libro de la Vida significa ir al infierno y recibir el castigo eterno. Por tanto, todo el mundo debe creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tal y como es. 
Qué maravilloso debe ser recibir el veredicto de no culpable por un pecado que le ha martirizado todos los días. El sentimiento de libertad será indescriptible. Todo el mundo sufre por el pecado que comete con el corazón, con las acciones y por el pecado con el que nacemos. Qué felices serían las personas si se les dijera: «No tienen pecados.» La gente creer sin pensarlo dos veces cuando alguien le dice: «Ahora no tienen pecados» mientras se le predica solo el evangelio de la sangre derramada en la Cruz en vez del Evangelio del agua y el Espíritu. Los evangélicos predican este evangelio. Sin embargo es inútil creer solamente en la sangre por muy fervientemente que se crea en Jesús y se diga Su nombre, si se omite Su bautismo en la fe. Debemos seguir Su mandamiento de bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en nuestros corazones y guardar nuestra fe firmemente. 
El Señor vino al mundo y nos pidió que celebrásemos dos ceremonias. Una es la Comunión. El Señor dijo: «Tomad y comed; este es Mi cuerpo. Bebed de esta copa, todos vosotros, porque esta es Mi sangre de la nueva alianza, que será derramada por la remisión de los pecados de muchos» (Mateo 26, 26-28). La otra ceremonia era el bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Todas las Iglesias deben celebrar estas ceremonias.
Hay un elemento común a estas dos ceremonias. El Señor nos dio el pan y el vino en la Comunión. El pan representaba que el Señor fue bautizado en Su cuerpo y cargó con todos los pecados sobre Sí mismo para borrarlos, y el vino representaba que el Señor nos dio Su vida al derramar Su sangre y morir en la Cruz.
La ceremonia del bautismo que el Señor estableció tiene el mismo significado. El Señor nos dijo que bautizásemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo cuando predicásemos el Evangelio del agua y el Espíritu a todas las naciones e hiciésemos que recibiesen la remisión de los pecados y las convirtiésemos en discípulos. El Padre planeó esta salvación y el Hijo cumplió el plan del Padre al venir al mundo y ser bautizado y derramar Su sangre en la Cruz y ser resucitado, y el Espíritu Santo viene a los corazones de los que creen en el Evangelio como el Consejero, y les pone un sello que dice: «Sí, vuestra fe es correcta», y así confirma su fe. 
Por eso predicamos la divinidad de Jesús, Su nacimiento, bautismo, muerte, resurrección y segunda venida y creemos en todo esto. Por muy insuficientes que seamos, creemos que todos los pecados de la humanidad se han pasado a Jesús a través de Su bautismo. Asimismo creemos que Jesús pagó por todos los pecados del mundo cuando fue bautizado y derramó Su sangre y murió a la Cruz. La persona que comparte este Evangelio de Verdad tiene una conciencia limpia. 
El que tiene conciencia de ladrón dice que no tiene pecados aunque omita el bautismo de Jesús y solo predique la sangre derramada en la Cruz. Esta gente sigue esta lógica: «Cuando una pareja se casa, ¿acaso no está casada aunque no les apeteciera casarse? Aunque no les guste, un matrimonio es un matrimonio. La prueba del matrimonio es que se llaman «cariño». Aunque no quieran estar casados, un matrimonio es un matrimonio. De la misma manera, una persona ha recibido la salvación si cree en Jesús aunque no haya confirmación de esta creencia en su corazón. Si alguien recibe a Jesús como Salvador y le llama Señor, esta es la prueba de que ha sido salvado.» Muchas personas del mundo creen así y predican el Evangelio de esta manera. Pero en realidad esto son tonterías.
El Señor tomó todos los pecados del mundo sobre Sí mismo a través de Su bautismo. Así es como todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús y vivimos sin pecado y predicamos la remisión de los pecados. ¿Cómo no puede haber pecado si no es por el bautismo de Jesús que se llevó nuestros pecados para siempre? Creer solamente en la sangre de Jesús es quitar un elemento de la Palabra de Jesús y así, los que comparten este pseudo-evangelio, no aparecerán en el Libro de la Vida. Esto no son tonterías. No deben creer solamente en la sangre derramada en la Cruz.
Lo que debemos hacer en este mundo hasta la segunda venida de nuestro Señor es hacer discípulos de todas las naciones y bautizarlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Debemos bautizar como señal de nuestra fe y hacer discípulos de los que digan que sí a la siguiente pregunta: «Jesús os ha dado la remisión de los pecados con el agua y el Espíritu. ¿Creéis en el Evangelio del agua y el Espíritu?» Entonces todo lo que necesitáis es enseñarles a seguir predicando el Evangelio. Esto es lo único que tenemos que hacer. 
Si Jesús dice que va a venir, no podemos hacer nada para impedirlo. Si Jesús decide venir, no podemos decir: «Por favor, espera un momento. Se paciente. Ven más tarde. No he ganado todo el dinero que quería ganar. Ven más tarde. No he vivido todo lo que quería vivir. Ven más tarde.» Estas tonterías no cambiarán nada porque Él vendrá si dice que vendrá, y se irá si dice que se irá. Las Escrituras dicen: «Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?» (Números 23, 19). El Señor es el Dios sincero que prometió salvar a la humanidad y que la ha salvado perfectamente. 
Por esta razón, los que vivimos en el fin de los tiempos, debemos recordar que tenemos que vivir en este mundo predicando el Evangelio hasta ese día. Esto es lo único que debemos hacer, lo único que debemos mantener, lo único que debe preocuparnos, y lo único por lo que debemos trabajar. No hay nada más para nosotros. ¿Qué más hay? ¿Qué puede hacer un hombre ante Dios con tan solo su poder y sus esfuerzos? No hay nada que una persona pueda hacer con los esfuerzos humanos para enfrentarse a lo que Dios ha planeado. Nosotros tenemos que creer en la promesa del Señor que estará con nosotros hasta el fin del mundo, y debemos dedicarnos a predicar el Evangelio por todo el mundo como Él nos lo ha ordenado. ¿Hay algo más en lo que debamos creer? ¿Qué más debemos hacer en el fin de los tiempos? Las cosas cambian cada año. En realidad las cosas cambian muy, muy deprisa. La venida del Señor está cerca. Pongan todos sus esfuerzos en la predicación del Evangelio. Preparen su fe, mantengan su fe y prediquen el Evangelio. 
Hay algo que deben recordar cuando venga el Señor. No deben someterse al Anticristo ni a sus seguidores que les dirán que reciban la marca de la bestia en el fin de los tiempos. Cuando nos digan que recibamos la marca en nuestro cuerpo, lo que tenemos que hacer es negarnos. Nos amenazarán cuando digamos que no queremos recibirla. Si cedemos ante la presión, será nuestro fin. Este mundo no será un lugar donde valga la pena vivir en el fin de los tiempos. Habrán desastres a gran escala. Caerá granizo del tamaño de un talento, así como fuego. Habrá todo tipo de desastres y la gente no podrá vivir en el mundo. ¿Creen que serán felices si reciben la marca? El mundo acabará pronto, ya reciban la marca o no. Si reciben la marca, podrán sobrevivir un poco más, pero recibirán el castigo del infierno eterno. Por tanto deben mantener su fe para poder resistirse a recibir la marca. 
En pocas palabras, el mundo estará arruinado por los desastres. Habrá terremotos, enfermedades, granizo, guerras y revueltas por todas partes. Como el mundo estará sumido en tal caos, un líder carismático se levantará y junto con sus seguidores intentará implantar un chip electrónico en todas las personas para controlarlas. Entonces se acabará todo. No hay mucha esperanza ahora, pero entonces no habrá nada de esperanza. No será necesario intentar complacer al Anticristo y sus seguidores para vivir un poco más diciendo: «Por favor, ayúdame. Haré todo lo que me pidas.»
Me estoy preparando para vivir sin la ayuda del mercado ni del gobierno. Sé que el fin está cerca y por eso me voy a preparar. ¿Cómo lo voy a hacer? Es un secreto. Pero lo que debemos hacer es volver a los métodos tradicionales de agricultura para poder vivir aunque no podamos comprar gasolina ni tengamos electricidad.
Todas estas cosas ocurrirán en el fin de los tiempos. Habrá coches con altavoces que pasen por el vecindario anunciando: «Fulano de tal de tal calle, venga a recibir su marca.»
«Oh no, no quiero. ¿Para qué? No quiero.»
«Entonces no recibirá su ración de comida.»
«Aún así no voy a recibir esa marca.»
«Entonces, ¿qué va a comer para sobrevivir?»
«No me de comida si no quiere. Me moriré de hambre.»
«Ya veremos si recibe la marca o no. Seguro que la aceptará si no le damos comida. Así ahórrese un disgusto y reciba la marca.»
«Si no me quiere dar comida, no me la de.»
El mundo estará sumido en un caos total y la gente no podrá vivir de ninguna manera. Es más sensato mantener la fe hasta el final y después ir al Reino del Señor, y es más estúpido traicionar a la fe para tener una comida más. Nuestro cuerpo puede sentir que no puede más pero no debemos preocuparnos porque el Señor estará con nosotros en ese momento. 
Cuando yo era pequeño, acababa de terminar la Guerra de Corea y no había casi nada que comer porque la nación estaba en ruinas. Sobrevivir era muy difícil. Era muy difícil conseguir arroz. En el fin de los tiempos sufriremos de hambre aún más, pero nuestra fe no se vendrá abajo porque el Señor estará con nosotros en ese momento. Debemos hacer lo que podamos predicando el Evangelio del agua y el Espíritu en esta era para poder mantener nuestra fe hasta el día en que vayamos al Señor.
El Señor está con nosotros ahora. El Señor está con nosotros cuando prosperamos; el Señor está con nosotros cuando nos reímos y disfrutamos; y el Señor está con nosotros cuando lo pasamos mal. ¿No les pasa lo mismo? El Señor está con ustedes cuando las cosas les van bien y cuando les van mal. El Señor está siempre con ustedes, ¿no es así? El Señor nos prometió: «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»
Por tanto, no se preocupen demasiado sobre el fin de los tiempos y recuerden que debemos predicar el Evangelio mientras podamos. Debemos publicar más libros para que todo el mundo conozca este Evangelio del agua y el Espíritu, y subir más libros electrónicos a nuestra página Web, para hacer todo lo que podamos y conocer al Señor. No saber que estamos en el fin de los tiempos, no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y seguir viviendo en pecado es el mayor problema.
Cuando el Anticristo aparezca en el fin de los tiempos y diga que debemos recibir la marca, los que no crean en el Evangelio del agua y el Espíritu serán los primeros en la cola para recibirla. Se reirán de los que no quieran recibirla y dirán: «No saben que morirán si no la reciben. Yo seré el primero en recibirla.» Incluso los que hayan creído en el Evangelio del agua y el Espíritu serán rechazados por el Señor si reciben la marca voluntariamente. El Señor dirá: «¿Me negáis? Yo tampoco os conozco. Vuestra salvación se ha anulado. ¡Se acabó!» 
Podemos vencer al fin de los tiempos con la fuerza que el Señor nos da. El Señor nos habla y no enseña qué debemos hacer. En ese momento, parecerá que no podremos superar la persecución, la tortura, y la intimidación. Pero el Señor, que está en nosotros, nos dará coraje en el corazón y dirá: «Sed fuertes y tened valor. Yo estoy con nosotros. Pronto estaréis en el paraiso.» Entonces diremos: «¡Eh! Hijos del Diablo. Matadme si queréis. Yo alabo a Jesús como nuestra patriota Kwan-soon Yoo gritó por la independencia de Corea cuando estaba en la cárcel durante el período de la colonización de Japón. Amenazadme todo lo que queráis. Ni parpadearé.»
¿Por qué hemos de tener miedo a la muerte? Pronto iremos al Reino de los Cielos y viviremos con el Señor para siempre. Si nos mantenemos firmes ante ellos de esta manera, los siervos del Diablo que nos estaban amenazando tendrán miedo. Entonces dirán: «Os mataremos ahora mismo, estúpidos, os vamos a disparar y matar.» Entonces moriremos.
¿Perderá el Señor contra Satanás, el Diablo? En realidad la batalla que estamos librando ahora es la batalla entre el Señor y Satanás, el Diablo. No estamos luchando contra seres físicos. Estamos luchando contra el espíritu que ha tomado el poder del aire. El Señor prometió que estaría con nosotros hasta ese día. Por tanto, todo lo que tenemos que hacer es creer en Su Palabra y ser fieles a la obra que nos ha encomendado hasta el final. Entonces solo tendremos que ir con el Señor. Todo lo que tenemos que hacer es ir al Señor cuando nos llame. ¿Qué más podemos hacer?
¿Qué fuerza tenemos para hacer algo espiritual? Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y no tenemos pecados debemos vivir por el bien de los demás con fe. Prediquemos diligentemente el Evangelio del agua y el Espíritu, creamos firmemente en la Palabra de Dios y establezcamos la Verdad del agua y el Espíritu mientras vivimos en este mundo. Esta es la vida más feliz. ¿Lo entienden? Lo que les quiero aconsejar es que se encuentren con el Señor después de haber creído de verdad en la Palabra de Dios y haber compartido diligentemente el Evangelio del agua y el Espíritu. Si lo invierten todo en el mundo como si fueran a vivir mil años, les esperará solo el día del juicio de Dios ante el Señor, y además lo perderán todo. No es una amenaza. Se lo digo por su propio bien.
Por muy ricos que seamos y por mucho poder que tengamos, ¿podemos vivir sin comida? Por mucho que lo intentemos, ¿podemos sobrevivir si hay hambrunas, pestilencias y terremotos en varios lugares? No, no podemos sobrevivir. Hace unos pocos años, hubo un terremoto en una ciudad grande en Turquía y casi toda la gente de la ciudad murió a consecuencia del desastre, mientras que siguió habiendo más terremotos después de esta catástrofe. ¿Y el tsunami de Indonesia de las Navidades pasadas? Incluso nuestro país no está libre de terremotos en estas circunstancias. Cualquier día podría haber un terremoto y nuestro país sufrirá un desastre terrible aunque hasta ahora no haya sufrido ninguno porque la gracia de Dios ha estado con los justos como nosotros. Antes de que haya un desastre terrible, debemos ayudar a más personas a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y a recibir la remisión de los pecados. 
Les digo esto para que se preparen para ese momento, no porque tenga miedo o esté preocupado, o porque quiera que me den dinero al meterles miedo. No estoy preocupado para nada. Todos los que hemos nacido de nuevo del agua y el Espíritu compartiremos el Evangelio del agua y el Espíritu durante todas nuestras vidas aunque el fin del mundo llegue mañana. Les estoy diciendo que no debemos poner nuestros corazones en este mundo para pasar el tiempo que nos queda haciendo la obra justa. 
¿Saben cómo cultivar patatas grandes? Ahora les voy a enseñar cómo cultivar patatas grandes, así que escuchen con atención. Primero deben plantar el capullo y dejar que germine, y entonces plantar el capullo. Las patatas almacenan agua cuando llueve y echan raíces fuertes bajo tierra. Mientras crece la planta, las raíces se hacen más largas y se extienden por todo el suelo. Entonces las ramificaciones se enredan por todas partes y toda la raíz se queda cubierta de ramificaciones por completo. Al extenderse las ramificaciones por todas partes, cada ramificación echa raíces que dará patatas a su vez. Pero si se intenta cultivar todas las ramificaciones de la raíz las patatas crecerán pequeñas. Por tanto el agricultor debe averiguar qué ramificaciones han crecido mar. Entonces todas las raíces pequeñas se cortan. Si el agricultor los levanta y los vuelve a dejar en su sitio con regularidad, crecerán cinco o seis patatas de cada ramificación. Así es como un buen sembrador de patatas cultiva buenas patatas. Hace poco fui a una granja de patatas cuando mi hermano vivía allí. Esto es lo que me dijo mi hermano. Yo les estoy contando lo que me dijo él. 
La vida espiritual de los creyentes es como la cultivación de las patatas. Si malgastamos el tiempo con todas las preocupaciones que se nos presenten, no podremos entregar nuestros corazones a la obra más importante y fundamental de predicar el Evangelio. Cuando una persona justa tiene mucho interés en las cosas carnales o del mundo, cosecha frutos carnales, pero no puede dedicarse a predicar el Evangelio y no puede vivir por otras almas. Debemos concentrar todo nuestro interés en el Evangelio. Debemos deshacernos de las preocupaciones triviales del mundo y no dejar que echen raíces en nuestros corazones. Debemos entregar todo nuestros corazones a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y predicarlo. Así es la vida de una persona justa de verdad. 
Por eso sigo confiándoles la obra del Evangelio. Debemos trabajar mucho por el Evangelio si no queremos que nuestras mentes echen raíces en el mundo. Cuando digo: «Reunámonos y salgamos a predicar el Evangelio. ¿Qué están haciendo ahora? Olvidémonos de las tonterías y fundemos más iglesias rápidamente», lo digo porque no quiero que sus corazones se interesen por las cosas del mundo. A mí me pasa lo mismo. Si pierdo mi corazón y lo dejo interesarse por la obra del mundo y de mi carne, no puedo servir al Evangelio y no puedo hacer nada espiritual.
Cuando estoy escribiendo un libro, si tengo que terminar un manuscrito urgentemente, me preocupo mucho y no puedo ni dormir hasta que está terminado. Las hermanas en Cristo casadas han tenido hijos, ¿no es así? Escribir un libro es como tener un hijo. Cuando las mujeres sospechan que están embarazadas, van al hospital a hacerse una prueba, y entonces escuchan: «¡Enhorabuena! Está embarazada.» Entonces siente mucho dolor hasta el parto, ¿no? Una mujer embarazada va al hospital con regularidad para hacerse pruebas, cuando sospecha que algo va mal. Una mujer embarazada tiene tanto cuidado que incluso escucha música clásica cuando no la escucharía en otras circunstancias aunque le pagarán, lee novelas clásicas que nunca ha tocado antes, e intenta tener pensamientos positivos si puede. Cuida de su barriga hinchada tanto que lleva ropa holgada para tener más ventilación. Tiene mucho cuidado de sus pensamientos y de su cuerpo hasta que da a luz. ¿Y qué dolor siente cuando da a luz? Cuando da a luz sufre más dolor más veces que un paciente de cáncer. Entonces, finalmente suspira de alivio. Yo opino que nuestros esfuerzos por publicar nuestros libros cristianos y por servir al Evangelio del agua y el Espíritu son similares a un embarazo. 
¿No les ocurre lo mismo? Cuando tienen un plan, ¿no están ansiosos hasta que está completado? Nosotros estamos aún más preocupados porque la obra que hacemos es la obra de Dios, y no la obra de la carne. No podemos relajar nuestras mentes hasta que el Señor dé frutos de salvación después de que hayamos cumplido con la responsabilidad de compartir el Evangelio que Dios nos ha encomendado por todo el mundo. Debemos cultivar el Evangelio bien. ¿Lo entienden? Debemos cultivar el Evangelio bien y entregarle la cosecha del Evangelio al Señor cuando venga, diciendo: «Señor, aquí está Tu cosecha.» Lo importante no es que las almas reciban la remisión de los pecados ahora mismo, sino que obedezcamos el mandamiento del Señor, es decir: «Predicad el Evangelio del agua y la sangre»; que debemos predicar el Evangelio del agua y la sangre y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo a los que han recibido la remisión de los pecados, como Él nos lo ha ordenado; y que les enseñemos y les ayudemos a cumplir el mandamiento del Señor. Ya reciban la remisión de los pecados o no, nosotros debemos hacer lo que el Señor nos ha mandado. 
Hoy he ido a un hospital a compartir el Evangelio con los pacientes, y mientras una persona escuchaba atentamente el Evangelio, la persona que había a su lado estaba bastante enfadada y se mostraba poco contenta. La persona que estaba escuchando el Evangelio dijo: «No se preocupe por él, ayer estaba igual.» Aunque estaríamos más felices si fuesen más receptivos al Evangelio, no estamos preocupados por si les justa o no, porque estamos convencidos de que es nuestra misión predicar el Evangelio del agua y el Espíritu en obediencia al mandamiento del Señor. Nuestro trabajo es hacerlo lo mejor que podamos de todo corazón para continuar la obra que el Señor nos ha confiado, y el que la gente crea y reciba la remisión de los pecados o no, y que siga viviendo en pecado es responsabilidad de los que escuchan la Verdad. Predicar el Evangelio del agua y el Espíritu se hace por los que no han recibido la remisión de los pecados, pero a veces la gente que lo escucha no lo sabe. Esto nos duele en el corazón, pero no vamos a dejar de hacer la obra del Señor de predicar la Verdad de la remisión de los pecados, Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo. Esta es la obra que se nos ha confiado y creo que esta obra se cumplirá según la voluntad del Señor, que nos ha enviado. 
Los nacidos de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu viven para cumplir la voluntad del Señor. Por eso existe la Iglesia de Dios. La Iglesia es una organización establecida para cumplir los mandamientos del Maestro. La Iglesia no es una institución para el mundo o las cosas carnales. La Iglesia es una institución que cumple la obra del Señor. Por eso los miembros de Su Iglesia vivimos con el objetivo de cumplir los mandamientos del Señor hasta que vuelva. No vamos a perder la fe en la Palabra del Señor. Entonces no cebemos preocuparnos por nada venga cuando venga el Señor. 
Dentro de poco ocurrirán desastres antes sus ojos tal y como está escrito en el Apocalipsis, y sentirán la realidad de la Palabra en su propia piel. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, sufran un poco más y entreguen sus corazones al Evangelio para predicarlo por todo el mundo. ¿Lo entienden? Si vivimos con fe, orando para no traicionarla en ese momento, nunca perderemos ante Satanás, el Diablo. Pero si los nacidos de nuevo no se quedan en la Iglesia de Dios y viven vidas individualistas por su propia felicidad, caerán en las redes de Satanás y recibirán la marca en su momento. 
Debemos entender claramente lo que ocurrirá en el futuro. Debemos vivir en este mundo entendiendo las consecuencias. ¿Entienden que hagamos lo que hagamos debemos vivir en el presente conociendo las circunstancias futuras?
Hagamos lo que hagamos, debemos vivir por el Evangelio del Señor. Podemos mantener nuestra fe si entendemos que estamos predestinados a vivir por el Evangelio y vivir por fe. No debemos olvidar nuestra tarea hasta el final.
No nos debemos preocupar por nada, y debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el día en que venga el Señor. ¡Aleluya!